De Espinas y Flores – Carmen Pi y Gustavo Reyna

Aquí es sábado de noche, de una semana tremendamente exigente en todo sentido, y tuve la bendita buena idea de ponerle “play” al video que comparto. Sé que vengo atrasada con esta escucha, así que pregunto: ¿escucharon esta belleza sideral?

¡Hacía tanto que venía esperando tener el tiempo para esto! Y como no llegaba más, y gracias a mi querida intuición, hoy, con un gran agotamiento encima, puse “play”.

Hace rato que perdí la objetividad con esta mujer divina, porque además de amar su música, la quiero mucho a ella. Así que desde un lugar archisubjetivo, escribo estas palabras, seguramente torpes, para compartir y decirles, de corazón: disfruten este masaje al alma.

No les quiero estropear la sorpresa a quienes aún no lo hayan escuchado. Para mí fue hermosa la experiencia de que fueran apareciendo las joyitas sonoras, sorprendiéndome en cada track, así que si quieren, paren de leer, pongan “play”, cierren los ojos… y permítanse viajar. Permítanse mimar… permítanse soñar y volar a un espacio sin tiempo, o a un espacio multitemporal y multiespacial.

La voz de Carmen a mí me hace de trapo. Su registro me encanta… se ve que tengo una cantidad de células a las que les gusta vibrar en esa misma frecuencia.

En este disco, además, todos los sonidos y no solo la voz tienen una textura especial.

Los hechiceros que hacen la magia con ella (¡y cómo!) son otros músicos enormes, genios increíbles: Gustavo Reyna en el archilaúd, Gastón Gerónimo en violín moderno y barroco (tracks 03, 04, 11, 12), Nicolás Ibarburu en guitarra y voz (tracks 07, 11 y 12), Diego Carbonell en laúd y guitarra (tracks 09, 10, 11 y 12) e Isabel Barrios en voz (tracks 10, 11, 12).

Es muy sorprendente que fue grabado en vivo (en la Sala Hugo Balzo, en 2018). Suena tan impecable que si no te cuentan que es en vivo, no podrías adivinarlo. La sabiduría de Gastón Ackermann y su estudio Mastodonte seguramente hayan influido en este producto impecable.

Las canciones forman un tapiz hecho de composiciones uruguayas de los últimos 40 años y obras compuestas en los años 1700 y 1800. Algo que dicho así parece raro y difícil se despliega con total naturalidad y belleza. Cosas que solo músicos muy genios pueden lograr.

En Carmen se combinan muchas características que permiten una obra como esta, a saber: su formación musical clásica, su experiencia con la música popular uruguaya, su habilidad para versionar, su buen gusto compositivo y esa voz bellísima, con la que hace lo que quiere.

Quienes la acompañan lo hacen con exactamente la misma intención, el mismo detenimiento, cuidado y amor que su voz.

Me llamaré a silencio porque no quiero que usen ni un minuto más de su tiempo de vida para leer este palabrerío. Es momento de usar los oídos y dejar que el corazón sea feliz con esta hermosura.

Abrazos, y un brindis por la música: la de Carmen, la de Cabrera, la de Eduardo Mateo, la de Nico Ibarburu… y la de quienes vivieron hace 300 años. De otra forma este planeta sería inhabitable.

Patricia

PS: El 21/9/19 se presentan en El Solís!!! (Sala Zavala Muniz)

Domingo de jazz con Nolé – De Bellis – Romano

 

Vengo del Teatro Solís, pero bien podría venir del Lincoln Center en NY. El trío de Ricardo Nolé, Roberto De Bellis y Miguel Romano tocó hoy, en el marco del Ciclo Internacional de Piano de Montevideo, en la Sala Delmira Agustini, un hermoso repertorio de jazz, con localidades agotadas.

Comenzaron con un standard que fue compuesto en 1931: “Beautiful Love“. Esta primera ofrenda ya destacó por varios aspectos que se repetirían a lo largo del toque: un enorme respeto por la música y por la audiencia; una escucha atenta; una cohesión importante entre los tres y un ánimo enérgico, masculino y profundo.

Luego vino “Whisper Not“. Se dice que acerca de esta composición Golson contó: “La escribí en Boston, en el club Storyville de George Wein, cuando estaba con la big band de Dizzy Gillespie. La escribí en 20 minutos”. Eso fue en 1956 y después fue grabada, por ej., por Art Blakey, Ella Fitzgerald, y el Lee Morgan Sextet (con Horace Silver y Hank Mobley). Y aquí estamos en 2019, emocionándonos hasta la médula con esa misma composición tocada por Nolé, De Bellis y Romano.

Lo primero que destacó fue lo tremendamente rítmico que es el trío. Si bien es una realidad que tanto piano, como contrabajo y batería son instrumentos percutivos, no todos los músicos llevan el ritmo tan en la sangre como escuchamos aquí. Ricardo Nolé en este tema “Whisper Not” dio gala de una combinación poderosa de dulzura y energía, y Roberto De Bellis y Miguel Romano le ofrecieron la base rítmica perfecta para que pudiera lucirse a gusto.

La música que surge del contrabajo tocado por De Bellis tiene peculiaridades bien bonitas. Por un lado, el ataque es en un timing perfecto y con una gran presencia, en el sentido más espiritual del término. Luego, las notas se sostienen claras y firmes, con mucha elegancia y una buena razón de existencia sonora.

En tercer lugar escuchamos “Celia“. Compuesto por Bud Powell para su hija, y grabado con Ray Brown y Max Roach en el año 1949 en una salida transitoria del hospital psiquiátrico donde estaba internado. Primero lo editaron en un single en 1950 y después fue parte del disco “Jazz Giant” que salió a la luz en 1956 [no sé ustedes, pero yo será a la década del 50 a la que iré en cuanto se pueda viajar en el tiempo].

Es fantástico el dominio técnico de estos tres músicos. Se lucieron tocando a una gran velocidad y a la vez con claridad y expresividad totales. Cada nota de tantas era distinguible y el conjunto sumamente disfrutable. Hubo aquí un solo de piano y un solo de batería espectaculares. Y el bajo “la rompió”, pues inclusive a esa altísima velocidad, cada sonido estuvo repleto de musicalidad.

A continuación tocaron una balada que yo no conocía hasta hoy y ya habita en mi corazón: “Danny Boy“. Esta es una de las canciones más representativas de la cultura irlandesa y si bien no se sabe su origen, el primer registro que hay de ella dicen que se remonta a 1855. En 1910 Frederic Edward Weatherley compuso la letra de Danny Boy para una música diferente pero al conocer la tonada de “Londonberry Air”, ajustó la letra para que se adaptara a ella. Comenzó Nolé en el piano, con tremenda expresividad, un excelente manejo de dinámicas, y con esa sensibilidad que solo puede surgir de quien ya hace rato que es una unidad con su instrumento. Se agregó De Bellis, aportando una magia muy especial con el arco en el contrabajo. ¡Un sonido dulce que va directo al alma! Y en tercer lugar, bastante avanzados los minutos, Miguel Romano y el embrujo de sus escobillas cálidas y certeras.

Luego de esa maravilla, el bajo y la bata se llamaron a silencio y Nolé nos ofreció un tema solo: “Chovendo Na Roseira” (de Tom Jobim). ¡Una cosa impresionante lo que tocó Nolé en ese Steinway! Es genial observar toda su expresividad corporal mientras toca. Hay una entrega completa en su ejecución. Y, como todo en esta vida, entonces una también se entrega completamente a escucharlo.

El siguiente tema fue “Black Nile“, perteneciente a “Night Dreamer”, ese disco de Wayne Shorter (lanzado en 1964) en su etapa entre Art Blakey’s Jazz Messengers y Miles Davis. Fue emocionante escuchar este tema por este trío. Es muy admirable el fraseo de De Bellis en el contrabajo, siempre manteniendo la calidad de cada nota inclusive a esa velocidad exigente. Estuvo todo súper cuidado por los tres. Sobre el final del tema Miguel Romano nos regaló un precioso solo de batería, musical a más no poder.

Con el Nilo negro la adrenalina había llegado a niveles altísimos y entonces “I Loves You, Porgy“, de George Gershwin (1935), nos llevó a aguas más calmas pero no menos atrapantes. Ricardo Nolé se pasó todo el tema creando climas mágicos y recordándonos por qué nos gusta ir a escuchar música en vivo, Miguel Romano construía castillos con sus escobillas y platos maravillosos (unos Zildjian oscuros impresionantes), y Roberto De Bellis le puso todo el amor del planeta, primero apoyando con maestría la conversación del piano y la batería, y después con un solo buenísimo que tuvo todo lo que un solo profesional tiene que tener para ser grandioso: gran aplomo, presencia, una conexión musical total con el tema, y una elección de notas nada predecible pero que calzan como un guante.  El tema finalizó con el piano y la batería abrazándonos a todos con firmeza y calidez.

El último tema fue “Billy’s Bounce“, tema compuesto por Charlie Parker en el año 1945 (año oscuro para la humanidad). Es muy difícil escuchar este tema y quedarse quieto. Los arreglos de toda la noche estuvieron impecables y este tema no fue la excepción. Los tres instrumentos convivieron y se conjugaron de la mejor manera para ofrecer un final tan profesional como todo el concierto.

Por último Ricardo Nolé tocó solo en el piano un bis bellísimo, “Someone to Watch Over Me” (de Gershwin), que se vivió como demasiado breve y nos dejó con ganas de escucharlo a él y a este trío de nuevo lo más pronto posible.

Fue una tarde musical de lujo. Ojalá que esta reseña contribuya con que perdure de algún modo en la memoria de los que ahí tuvimos la suerte y sabiduría de estar.

 

 

Cd “El Fondito” – de Fede Righi

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Hacía flojo un año que este CD me esperaba en un estante a que yo lo escuchara entero. Todo un sacrilegio haberlo obligado a permanecer en silencio, siendo que encerraba estos sonidos tan bienvenidos.

Yo divido al mundo de los bajistas en dos grandes categorías: aquellos que disfrutan con un sonido gravísimo y aquellos que eligen un sonido más agudo. Fede está en el segundo grupo y eso me fascina.

El Fondito tiene todas composiciones suyas, excepto Naima (de J. Coltrane) y un tema que me puede, “Fuego Lento”, cuya composición es de Fede, Nico Mora, Cachi Bacheta y Horacio Di Yorio.

La lista de músicos es más que jugosa:

Fede Righi: bajos, bolsa de nylon en 6
Martín Ibarburu: batería en 1,2,4,5,7,9,10 y cajón en 3
Nacho Labrada: Rhodes en 1,2,4,10; piano en 5,7,9
Benji Barreiro: saxo tenor en 1,4,7; saxo soprano en 2,9,10
Gustavo Montemurro: acordeón en 3
Mauro Pérez: armónica en 5
Alberto Magnone: piano en 6
Nico Ibarburu: guitarra en 4
Jorge Trasante: percusiones en 1,2,3,6 y 7
Fernando Lobo Núñez: tambor piano en 4 y 8
Noe Núñez: tambor repique en 4 y 8
Fernandito Núñez: tambor chico en 4 y 8

El viaje gozado te lleva a visitar 10 lugares especiales.

1 – Candombe raro es un candombe divinísimo, veloz y súper fusionado con jazz. Aquí se combina un ritmo bestial, con una melodía bonita e inteligente, y mil capas y subcapas de diálogos y comentarios. En este tema tocan nada más ni nada menos que Fede, Martín, Nacho, Benji y Trasante. ¿Qué más se puede pedir?

2 – Dale, dale también es un candombe y uno que obligatoriamente tenés que bailar. Es rapidísimo… posiblemente de ahí venga el nombre. Al escuchar esto se impone una reverencia a estos seres de luz que este país insólitamente alberga. ¡Tremendos todos! Algo impresionante el despliegue musical en todo lo que eso implica: buen gusto compositivo, conocimiento del lenguaje, dominio técnico de cada instrumento, arreglos impecables, sonido y volúmenes, maestría a la hora de transmitir a través de notas… una belleza multidimensional.

3 – El fondito tiene la presencia imponente del acordeón, la calidez del cajón peruano y ese bajo que emociona. El nivel de Fede tanto como compositor como bajista es brutal. Este track te llega profundo, te cuenta toda una historia llena de humanidad, de sentires, de imágenes que van pasando como si fueras atravesando un paisaje sentado en la ventana de un tren. A mí me habla de aconteceres del pasado, con un aire algo nostálgico pero con un toque optimista.

4 – Fuego lento. A este tema lo escuché en vivo hace un tiempo y me quedé admirada y con ganas de escucharlo mil veces más. ¡Para mí es perfecto! Tiene todo el swing del planeta, sonidos que te acarician el alma, ánimo alegre, y una buena razón de existir. De nuevo el sonido del bajo te emociona hasta la médula. La guitarra de Nico Ibarburu le pone el broche de oro a la gozadera del Rhodes de Nacho, el saxo tenor de Benji, la bata de Martín y los tambores de los Núñez. Este es mi tema favorito de todo el disco… bueno, o eso creo.

5 – Vals de Clarita es una dulzura. El piano de Nacho y la armónica de Mauro te contactan con asuntos muy internos y el bajo te arropa el alma, yendo en andas sobre las escobillas de Martín que te acarician y te arrullan. No es una canción de cuna pero tiene todo el carácter para serlo. Siendo aquí domingo pasada la medianoche, esta canción es perfecta para terminar el día.

6 – Naima (de J. Coltrane) es la única canción del disco que no fue compuesta por Fede Righi. Gran curiosidad me da qué hará que este tema sea tan importante para él como para que lo haya incluido en un CD de todas composiciones suyas. Hermosísima versión hicieron. Todo profundamente sentido: el bajo de Fede, el piano de Alberto Magnone y la percusión de Jorge Trasante. Una obra maestra, de verdad. Una versión que se ve que necesitaba existir.

7 – Que pasó? Un tema de ritmo latino para levantarle el ánimo a todo el que se exponga a él. Todos los músicos dan todo de sí y el resultado es grandioso. En lo personal, a priori estos ritmos latinos no me gustan, pero este tema me hace bien y lo disfruto.

8 – A Tiomono es tremendo candombe a bajo y tambores. Una belleza escuchar esta combinación no tan frecuente: tambor chico, repique y piano y bajo eléctrico. Las melodías en el bajo sobre el colchón rítmico de los tambores tienen un efecto realmente hermoso. De algún modo este tema es como un divino solo de bajo, sideralmente musical, con base de tambores. Bellísimo.

9 – Tarde de lluvia es una buenaza mezcla de samba, candombe y jazz con el saxo soprano y el piano liderando la melodía, con la bata perfecta detrás y el bajo on fire. (Y además, aquí y ahora llueve).

10 – Tintín (dedicado a Martín Ibarburu) es un candombe profundo, que arranca con un tinte de tristeza o de severidad y que va creciendo hacia un optimismo medido. Supongo (sin saber nada del asunto) que la armonía es menor, porque escucharlo me lleva más para adentro que hacia afuera, más a la introspección que al festejo. Al escucharlo no puedo evitar notar que esto suena, desde todo punto de vista, como algo que bien podría haber surgido de un Coltrane o un Miles Davis. Este track se pelea el primer puesto en mi corazón con “Fuego Lento”. La combinación de bajo y batería en este track en particular es algo muy mágico. No parecen tocados por dos personas diferentes… parecen surgir de un mismo y solo sentir.

La verdad es que me arrepiento de haberlo tenido tanto tiempo esperando hasta que yo me decidiera a darle la oportunidad que se merecía. Pero me alegro de por fin haberlo escuchado en serio y de ahora en adelante poder contar con estos sonidos como compañía cotidiana.

Creo que es un disco hermoso que le aporta a la discografía uruguaya una personalidad y madurez especiales.

Información de producción, grabación y fotos:
Grabado por Daniel Báez en estudio Octopus en Abril de 2009.
Asistentes de grabación: Rodrigo Jasa y Nico Belisonda.
Tomas de armónica en estudio Monte por Gustavo Montemurro.
Mezclado y masterizado Daniel Báez en estudio Octopus entre Febrero y Abril de 2010.
Fotografías de Pablo Meneses y Rodolfo Fuentes.
Diseño gráfico de Rodolfo Fuentes.
Producido por Fede Righi y Ángel Atienza.

 

 

 

 

Pedro Aznar: amor, justicia social y conciencia

 

El viernes 12 de julio de 2019 sucedió que pudimos escuchar en vivo a Pedro Aznar por segunda vez en tres meses. Viviendo en Uruguay eso es un hito, una bendición. Es de esos regalos que sería un sacrilegio vivir sin detenerse a agradecerlos.

La vida combina el azar y el destino de una manera aparentemente caprichosa. El 26 de abril la mejor ubicación que encontré fue la mesa 21, un poco atrás pero al centro. En julio me tocó la misma mesa y silla. Así que el punto de vista espacial era el mismo y el climático también, con una noche fría, invernal, muy húmeda. Sin embargo, el punto de partida emocional nunca es el mismo.

El acto musical es un acto de resonancia entre el músico, la música y el público. En palabras de Pedro, “remite a una interacción. Cuando dos cuerpos resuenan, uno genera y el otro resuena a su manera, con sus propios armónicos, color, característica”. Y si al cuerpo físico le agregamos el cuerpo emocional, el caleidoscopio de interacciones y sus posibilidades se vuelve más infinito aún. Así es que un mismo músico, ejecutando una misma secuencia de notas, que parta de un lugar emocional diferente, nos lleva en otra dirección. Y esto a su vez varía según el lugar emocional de quien escucha.

Con lo anterior, entre otras cosas, queda claro que ninguna reseña es objetiva, por lo que convendría no esperar encontrar en las palabras de otro lo que uno vivió en un toque. Es apenas otra experiencia.

Haciéndome cargo de los colores de mi propia resonancia, sentí que anoche Pedro Aznar comenzó con cierta rigidez, con cierto malestar. Las notas sobre el teclado e inclusive su canto me llegaban duros, quizás molestos o preocupados. Soy consciente de que esos ingredientes podían residir en mí únicamente.

Sabido es que no se puede sentir mucho y pensar a la vez, ni viceversa. Ese principio de show –que por una vez no me secuestró emocionalmente– me permitió una mirada desde otro ángulo.

Por ejemplo, me detuve en los ejes temáticos de su obra:

-el amor
-la justicia social
-la conciencia

¿El amor observado desde qué lugar?
Desde el análisis introspectivo que denota conciencia.

Por saberlo todo me olvidé lo que aprendí
que el que no escucha es solo víctima de sí
Por querer cambiarte casi casi te perdí
por enjuiciarte desde mí

¿Qué mirada de nuestra sociedad?
Una que reclama dignidad para todos y se rebela ante la indiferencia del hombre distraído. Esa que sacude a su audiencia pidiéndole que despierte, se levante y haga algo por detener a quienes abusan de su poder y por ayudar a quienes sufren. Esa que desea la convivencia respetuosa y solidaria de todos los humanos sobre el planeta.

Los chicos de la calle
dónde viven, nadie sabe
sus historias nunca nadie guardará
con el viento volarán

Los chicos de la calle
se imaginan desde el margen
que en el centro de la hoja alguien podrá
escribir “felicidad”

Andando entre los autos
nadie acierta con su edad
Sus ojos, piedra como la ciudad

Los chicos de la calle
no eligieron lo que hacen
ni el futuro les permitirá elegir
quiénes ser o adónde ir

Andando entre los autos
lo que esperan no es piedad,
apenas enfrentar un día más

Los chicos de la calle
dignidad en rotos trajes
pobre Dios en carne viva y sin altar
no los baja de su cruz solo rezar

Los chicos de la calle
no tendrán adulto el talle
más de veinte casi nadie cumplirá,
rara vez algunos más

Los chicos de la calle
son un grito aunque los callen
ya son tantos que serían un país
donde nadie fue feliz

Los chicos de la calle
dignidad en rotos trajes,
pobre Dios en carne viva y sin altar
no los baja de su cruz solo rezar
no los libra de su cruz solo rezar
no los salva de su cruz solo rezar

¿Qué conciencia?
La que para empezar busca no “morir antes de saber vivir” y se sabe una con todo lo que la rodea.

Quiero decirte que sí,
como aquel árbol que muere de pie,
como esta tierra que lucha por ser,
como el constante fluir de los ríos.
Como un guerrero que vuelve al hogar,
como sendero que deja pasar
desde el primero hasta el último día.

La primera canción del toque en la que lo sentí conectar más con lo divino fue en su canción “Fotos de Tokyo”. Quizás su ánimo (o el mío) andaba más por ahí que por “Because” (aunque otra vez su juego de voces en “Because” fue magistral).

Con “Fotos de Tokyo” pasan muchas cosas. Aquí conviven una letra espectacular, que es universal e íntima a la vez; una melodía que no tiene nada para ser pegadiza, sin embargo se te instala y no te suelta; y ese ritmo bestial tocado en la guitarra de doce cuerdas, que transmite hartazgo y dolor, firmeza y profundidad.

“Lo más loco de todo” es su mano derecha y esa voz tan expresiva sucediendo simultáneamente. La combinación del ritmo brutal con sus melodías trabajadas es, para mí, una de las marcas de agua de la música de Pedro Aznar. Eso, el sonido de su bajo de siempre y el de la guitarra de doce cuerdas.

Entre muchas otras, nos regaló “Cuerpo y Alma”, canción que le presentó Hugo Fattoruso mientras viajaban por los campos nevados de Japón. Contó que esa canción lo conmovió de tal manera que decidió ponerle ese título a su siguiente disco.

Con una enormidad de emociones encontradas en la voz cantó “Buenos Aires”, ese poema de J. L. Borges que Aznar musicalizó de forma fenomenal, incluyendo unos pasajes hermosos de tango en el teclado y ese final potente, a cappella, que repite “no nos une el amor sino el espanto; será por eso que la quiero tanto” a medida que él se aleja del micrófono, se gira a mirar su ciudad proyectada y abre los brazos.

Gracias al cielo tocó “Muñequitos de Papel”. ¡Y cómo! Es inexplicable la percusión que logra en las cuerdas del bajo eléctrico con un destornillador. Y no es solo con la derecha que hace magia… la mano izquierda es un viaje aparte.

“Voy a hacer ahora otra canción más de Eduardo Mateo. Esta es una canción que es un ‘candombe pitagórico’, por así decirlo. Mateo tenía esa manera hermosa de componer, que era una mezcla de intuición genial con altísima arquitectura, con una matemática exquisita y profunda. Este es un candombe en 6/4 y… me hace acordar a una frase que leí una vez en una entrevista que le hicieron a Joni Mitchell. Le preguntaban de dónde salían esos ritmos tan lindos y tan extraños que ella hacía. Ella dijo que era algo así como Senegal pero de Marte. Esta canción de Eduardo Mateo tiene un poquito de eso”. Y sonó “El Tungue Le”.

Pedro cambió de instrumento casi en cada canción. Del teclado a la guitarra, al bajo, a la guitarra de 12 cuerdas, de 6, de nylon, de acero, otro bajo, otra guitarra… y así toda la noche.

Uno de los misterios para mí fue esa mano tan suelta, relajada, que genera esa firmeza sonora tan rotunda. En “Quiero decirte que sí” hubo, por ej., momentos en los que el rasgado hacia abajo sonaba tal cual como si fuera un platillo tipo crash de una batería.

La cualidad de Pedro Aznar como músico excepcional es reconocida internacionalmente. Internamente muchos lo reconocemos además como ese ser especial que nos viene acompañando hace años, ayudándonos a sanar heridas y a abrir los ojos y la cabeza en varios sentidos.

Al momento de los bises, ante los muchos pedidos de la audiencia, sugirió: “tranquilicémonos”, y nos leyó el contexto de un tema nuevo.

“Vivimos en una época en que las corporaciones tienen más poder que los gobiernos.

Un puñado de megamillonarios empuja al planeta a una ruina inhabitable, como si no hubiera otra opción.

Y los medios de comunicación son manipulados para adormecernos y hacernos olvidar que, como ciudadanos, somos los protagonistas de la historia. Y que en nuestro trabajo y en los frutos de la generosa tierra reside la fuente de toda riqueza.

Hoy la democracia, la dignidad humana, la vida misma están en peligro.

La “Corpoland”, la tierra al servicio del dinero sangriento, se tiene que acabar.

Nuestra mejor herramienta, como siempre, es la conciencia”.

A continuación, otra vez una letra consciente y comprometida con la humanidad, tocada con su bajo legendario y con bellísimos slaps. La sensación fue casi como si tocara un tambor pero con el bajo. El mensaje fue muy claro: estamos en el horno; a ver si nos despertamos.

¿Qué dicen?

¿Nos despertamos?

 

Foto: Andrea Silvera

Posdata: Aquí mi reseña de Resonancia en abril.

 

Estas reseñas fueron escritas para el portal COOLTIVARTE.

Meditaciones para Ser, Sentir y Hacer

Cuando meditamos pasan cosas muy variadas y en una pasó algo que me sorprendió. Sentí como que me golpeaban en la cabeza y me decían que tenía que grabar meditaciones guiadas, bien grabadas, en un estudio y con músicos. Es difícil no hacer caso cuando te dicen algo tan clarito en ese contexto.

Y así nació este conjunto de ejercicios de meditación, que lleva la intención profunda de acompañar amorosamente en viajes interiores.

La música fue creada por dos músicos que admiro de aquí a Saturno: los capos de Gastón Ackermann, con el piano de cola, y Juan Pablo Chapital, con guitarra eléctrica y efectos pedalísticos varios.

Déjenme contarles que todo salió así como lo oyen en el momento. No cabe duda de que eso solo pudo pasar porque Juan Pablo y Gastón son dos musicazos, que pudieron zambullirse en el ánimo y en la experiencia con maestría que no es solo musical, sino también humana, en todo lo que eso abarca.

Pasaron cosas asombrosas, como que Juan Pablo evidenciara con algunos sonidos que estaba sabiendo de antemano información que todavía no había sido dicha, o que los sonidos de ambos se entrelazaran en intención como si hubieran ensayado previamente.

Para que la dinámica tuviera una base más real, participó meditando Estefanía Mari, con quien salimos flotando luego de esta experiencia.

Gastón Ackermann fue el geniecillo detrás de la grabación, en su hermoso estudio Mastodonte, en Punta Gorda.

Los 9 ejercicios apuntan a que el trabajo interior sea profundo y abarque el plano físico (incluyendo el cuerpo físico y el cuerpo energético), el plano mental, el plano emocional y el plano espiritual.

Ej. 1: “Relajación”

Un ejercicio sencillo que profundiza la relación con el cuerpo físico y que ejercita la comunicación entre el cuerpo y la mente. Facilita la meditación.

Ej. 2: “Agradecimiento”

Agradecer es la vía más rápida para aumentar la frecuencia de nuestra vibración, nos ofrece una mayor conciencia de la abundancia en la que vivimos, nos permite ver la razón detrás del desafío y es la vía más rápida a plasmar nuestros deseos. Este ejercicio te acompaña en ese camino.

Ej. 3: “Atención a la respiración”

La respiración es la principal aliada de nuestra conciencia. Llevando la atención a la respiración gradualmente la mente se va calmando y eso nos permite abrirnos a encontrar la inmensidad que hay más allá de la mente. Gautama Siddharta (Buda) describió 16 maneras de prestarle atención a la respiración. En este ejercicio practicamos algunas de ellas.

Ej. 4: “Amor a uno mismo”

Aquí usamos una estrategia simple para literalmente sentir amor por uno mismo. Es imposible amar al prójimo si no sabemos cómo es amar, cómo se siente amar, y si no lo sentimos por nosotros primero. Este ejercicio te ofrece esa experiencia y también te permite diagnosticar qué tipo de amor es el que estás ofreciéndole a los demás.

Ej. 5: “Pensamiento y chakra del corazón”

El pensamiento tiene una fuerte influencia en nuestras emociones y en nuestros cuerpos físico y energético. Con este ejercicio lo observamos claramente.

Ej. 6: “Conexión cielo-tierra y mente-corazón”

El mejor lugar para encontrar las respuestas que importan está adentro de cada uno. Este ejercicio te muestra un camino que quizás quieras seguir utilizando tanto para recordar el sostén que siempre tiene tu vida como para preguntarte tus propias preguntas y encontrar respuestas sagradas, las que provienen de tu yo superior y de la conciencia del corazón.

Ej. 7: “Observación de las emociones”

Una emoción mirada de frente tiene un tiempo de vida limitado. Este ejercicio nos entrena en el arte de observar las emociones y así nos ofrece la libertad detrás de cada emoción: un espacio amplio, de paz y amor universal.

Ej. 8: “Visualización”

La visualización es un camino muy sencillo (y agradable) para obtener lo que deseamos. Este ejercicio te acompaña en la tarea, para ayudarte a mantenerte focalizado en el objetivo, no distraerte, y lograr eso que deseás más fácilmente. Nota al pie: si sientes incomodidad al visualizar, es mejor trabajar sobre las creencias limitantes que puedas tener sobre el asunto y también revisar si realmente deseamos eso o necesita algún ajuste.

Ej. 9: “Armonización energética”

Este ejercicio de respiración por cada chakra es una maravilla para desbloquear cualquier centro energético, para revitalizarnos, y para mantenernos en estado óptimo.

La invitación es a que bajes un poco la luz, si quieres prendas una vela y un incienso, y le des play:

Un abrazo,

Patricia

Patricia Schiavone

Juan Pablo Chapital

Gastón Ackermann

Con Estefanía

Estafanía

Estefanía, Patricia, Juan Pablo y Gastón

NTVG: Despliegue de calidad en “Otras canciones”

NTVG, ¡qué banda que hipnotiza, ¿eh?!

Estuve el 4 de junio de este 2019 en el primero de los 8 (¡ocho!) conciertos que dieron en el Auditorio Nacional Adela Reta, todos ellos con entradas agotadas. Ese fue el comienzo de una enorme gira que de aquí al 1º de setiembre los llevará por varias ciudades argentinas y uruguayas.

La banda cumple 25 años. Recientemente lanzaron su libro “Memorias del Olvido” y el disco y audiovisual “Otras canciones. 25 años”, con una serie de invitados internacionales de lujo: Julieta Venegas; Hugo Fattoruso; Jorge Drexler; Catalina García; Guzmán Mendaro; Draco Rosa; Shae Fiol, Mireya Ramos y Noemí Gasparini (Flor de Toloache). El concierto en el Auditorio mantuvo el mismo espíritu del audiovisual, tanto en lo que refiere al ambiente y la intención como en la presencia de invitados, quienes le agregaron distintos matices a un concierto completamente profesional.

El show de más de veinte canciones abrió con un Emiliano cercano, dulce y decidido. Eligieron “Solo” para ese primer contacto íntimo y firme con el público, que marcaría bastante el tono de la noche.

La audiencia de esta banda sorprende por la variedad: desde niños pequeños hasta personas realmente mayores y un porcentaje similar de hombres y mujeres. Y sí, es que NTVG reúne en su música características que atraen ampliamente: tienen fuerza y contenido melódico, tienen ritmo atrapante, arreglos finos y letras con sentidos universales. Sus músicos tienen presencia, una actitud respetuosa y ninguna nota falta ni sobra.

Esta propuesta es diferente a las que hacen en espacios abiertos y multitudinarios. Por ejemplo, los músicos estuvieron sentados casi todo el tiempo. Hay algo en la música de NTVG que a mí me genera cierto agite celular que tiende a la euforia y me admira cómo ellos sostienen esa máquina sin sucumbir ante esa tensión “forward” que yo siento. En el lugar del cantante, yo no habría podido quedarme sentada. Y ni que hablar del bajista, baterista y percusionista: chapeau para ellos, especialmente -aunque no solo- en este sentido del sostén, del ancla a tierra. El rol de los vientos tuvo el mismo profesionalismo llamativo y alegría de siempre pero con una participación mucho más medida que en otros conciertos. Es que aquí había más instrumentos en juego y un sonido general que tendía a un concierto “unplugged” o “de cámara”, por decirle de alguna manera que no es exacta en absoluto. Había viola y violín, y piano y teclados, y más guitarras… hasta contrabajo y acordeón. La sonoridad general tenía profundidad y elaboración, y todo con un sentido de necesidad musical.

Son 9 los miembros estables de la banda:
Emiliano Brancciari (voz, guitarra y composición)
Guzmán Silveira (bajo y coros)
Diego Bartaburu (batería)
Denis Ramos (trombón)
Gonzalo Castex (percusión)
Mauricio Ortiz (saxos)
Martín Gil (trompeta y coros)
Pablo «Bambino» Coniberti(guitarra)
Francisco Nasser (teclados)

En esta noche del Sodre participaron como invitadas pero también de algún modo como parte de la banda: Mint Parker en voz, guitarras y demás, Leticia Gambaro en viola y Nikole Cedeño en violín. Y hubo invitados de una sola canción, como ser Coti (de Argentina), Ernesto Tabárez (de Eté & Los Problems), Coby Acosta (percusión), Nacho Algorta (acordeón) y Florencia Núñez, quien también ofició de telonera y nos impactó por su dulzura y calidez. Todos los invitados le pusieron un color particular a las canciones en las que participaron, una entrega apasionada, y fue un gusto su presencia en este viaje.

Detengámonos un momento en uno de los músicos y su instrumento, pues estoy convencida de que su rol en esta banda es mucho más enorme de lo que alguna gente podrá quizá darse cuenta: Diego Bartaburu en la batería. Tengo la impresión de que es la intención, la decisión y la confianza de la batería lo que genera esa comodidad generalizada con la que una se entrega a la música. Se siente como si nada fuera de lugar pudiera suceder. La perfección de balance entre fuerza y cualidad de sonido impacta. La calidad de sus elecciones: grooves bellos y aplanadores, administración súper inteligente de platos, de fills, un bombo inamovible y musical, un sonido de tambor que te desarma y te vuelve a armar, un “timing” absoluto y un control completo de sensibilidad y emoción a la vez que sostiene con bravura esa megabanda que es NTVG. Este baterista en particular les da buena parte de su identidad y características fundamentales.

Me permití parar y llevarles hacia quien está al centro al fondo pero todos los músicos contribuyen con que NTVG sea el éxito que es y ninguno sería fácilmente remplazable, partiendo, claro está, de Emiliano Brancciari, quien tiene un no sé qué en su forma de cantar que ingresa tan fácil y profundamente a la cocina de nuestras emociones, y siguiendo por todos y cada uno de ellos.

Este es un show de calidad, con arreglos musicales muy inteligentes y cuidados, con un gran despliegue de músicos sobre el escenario, y con un repertorio que repasa la historia de la banda pero con una impronta nueva, más íntima, que la que suelen tener en vivo. Para no perdérselo, créanme.

https://youtu.be/Yq-Kfc81h5s

Entrada escrita para COOLTIVARTE.

Pedro Aznar: Resonancia en Montevideo

 

Presenciar un show de Pedro Aznar es una experiencia espiritual. Lo comparo a la lectura de un libro transformador y la percepción del cambio propio a medida que avanzan las páginas. Del mismo modo, repetir la experiencia profundiza la toma de conciencia.

La inmediatez de su concentración quedó demostrada en la primera nota. Hombre e instrumento como unidad. Coherencia notoria de presencia, intención y acción.

Eligió comenzar con su versión de “Because”. Eso me habla de la confianza y el respeto que le tiene a su público. Hay artistas que transmiten confianza hacia sí mismos únicamente; él confía claramente en tres direcciones: hacia adentro, hacia afuera y hacia lo invisible, y eso marca una diferencia.

Con cada zona de resonancia que elige para su voz se despliegan infinitas texturas, que en forma de vibración nos atraviesan y modifican, haciéndonos compartir asuntos humanos tales como la curiosidad o la dulzura, la incredulidad, el dolor o la rabia, la generosidad, el amor… y otros demonios, diría G.G.M.

Al hablar, su caja de resonancia es esa que no falla: el centro del pecho, y ahí uno se entrega, porque siente que no hay nada que temer.

“Les traigo un espectáculo que para mí es muy emocionante llevar adelante. Hace ya más de año y medio que estamos haciendo esta gira. Es una celebración importante. Treinta y cinco años de carrera como solista”, dijo.

Seguramente muchos del público habrán conectado inmediatamente con el primer contacto que tuvieron con su música. Si bien lo había escuchado antes, esa frase me llevó directo a la primera vez que lo vi en vivo, cuando me emocionó tanto que lloré de principio a fin: él con Suna Rocha en Laskina, hace la friolera de veintinueve años.

Continuó contando del trabajo profundo que hizo de remasterización y reedición de sus discos y de la publicación del libro. Luego, agregó, con esa elegancia y gentileza que lo caracterizan: “El título ‘Resonancia’ está elegido de manera muy deliberada. Porque sentí que todo este viaje no habla solamente ni de mí ni de la música que yo hice en este tiempo, sino que remite a una interacción. Cuando dos cuerpos resuenan, uno genera y el otro resuena a su manera, con sus propios armónicos, color, característica, y siento que eso es lo que nos pasa –y me pongo yo también como oyente y como degustador de la música– con el arte en general y con la música en particular: cuando nos dejamos atravesar por una música, la hacemos parte de nuestra vida pero ya empieza a resonar con nuestros propios armónicos, empieza a hacerse carne en nuestra propia historia y pasa a ser otra cosa. Y esa interacción es lo hermoso que tiene esto. ‘Resonancia’ habla de nuestra música, así que es también una forma de agradecimiento a ustedes”.

Entonces presentó la joya “Fotos de Tokyo”, diciendo: “Es una de mis favoritas. Es además una canción que quiero mucho porque abrió para mí una nueva manera de escribir en cuanto a las letras, una canción crudamente honesta”.

Y ahí es imposible no preguntarse cuántos niveles de resonancia hay en realidad o cómo una canción puede generar tal nivel de sintonización humana, tal desgarro, tal conexión con el misterio y a la vez tal inquietud intelectual y tanta admiración por su virtuosismo musical. Agradezco estas oportunidades de escucharlo a él a solas, sin banda, para poder apreciar completamente su tarea colosal con la voz, la dulzura en los agudos, las muchas capas de profundidad en los graves, sus momentos cristalinos y esos otros que te ayudan a exteriorizar tu propio desgarro y tu propia asfixia.

¿Con qué se asfixia tu alma? La mía se asfixia y avergüenza al escuchar las letras de “Los chicos de la calle” y “Barrio Marginal”. Imposible no tomar diez centímetros de distancia y no pensar: “yo, cómodamente aquí sentada, disfrutando de un hecho artístico, y ahí, a tres pasos, los montevideanos que viven en la calle se multiplican cada día”. Son canciones hechas al menos hace veinte años y en este sentido la realidad argentina y uruguaya lejos de mejorar, empeora amparada por nuestra falta de empatía. ¿De quién son hoy los ojos de piedra? Sacudo afirmativamente la cabeza al escucharlo cantar: “No nos une el amor sino el espanto”. Aunque él hablaba de él y su ciudad Buenos Aires, en lo que refiere a la situación de pobreza de buena parte de la población, el mundo entero está hermanado por la falta de amor.

“Son el baterista; no se pueden ir”, nos conminó. Y cumplimos tan bien que nos halagó. Era el tema “Traición”, que forma parte de su disco “Cuerpo y Alma”, con el que Uruguay tiene un par de cosas, o mejor dicho un par de seres, que ver.

El momento más sagrado para mí fue su interpretación de “Romance de la luna tucumana”. Esa canción tocó alguna fibra de mi alma quebrada. Alguna relación vibratoria habrá habido entre esas notas y mi dolor profundo del último mes. Juro que la belleza de la voz de Pedro aquí, la maravilla de sus notas en la guitarra, y la combinación de una y otras, desarmaron por completo el andamio que venía sosteniendo mis días luego de una catástrofe personal. Es que de todo está hecha la vida y la música que nace desde un lugar auténtico resulta un vehículo de observación y sanación, que se inmiscuye en nuestras realidades individuales. Si resonaremos con el arte… y si será importante la labor del artista.

Me encantó que tocara y cantara “A cada hombre, a cada mujer” porque es una de mis favoritas. Como me moría de ganas de cantar, cosa que hice lo más bajito posible, noté el silencio del público uruguayo. El año pasado en Buenos Aires no hubo ni una sola canción que Aznar cantara sin un coro de cientos. Aquí en Montevideo todo es silencio. Ambas experiencias están buenas; solo comento que me impresiona lo diferentes que son y me pregunto cómo lo vivirá el que está sobre el escenario. Esperemos que sea consciente de que el móvil es el respeto y no vaya a creer que es desconexión.

Y como Aznar adivina pensamientos, al tema siguiente nos pidió que cantáramos con él “Tan alta que está la luna”. Y por una vez en nuestra historia, los uruguayos cantamos… por tres minutos… nada de exagerar.

Hubo más, claro. Hubo mucho más de lo que podría narrar, porque el universo artístico titulado “Pedro Aznar” es multidimensional e incluye cuestiones que intuimos, que se perciben, que se vibran y resuenan, pero que no se ponen en palabras, pues hay cosas que no resisten pronunciación sin hacerse añicos.

Sí puedo, y me hace enormemente feliz, darles la mejor noticia de todas: Pedro Aznar vuelve a Montevideo, a La Trastienda, el día 12 de julio. Y estaríamos locos si nos lo perdiéramos.

 

Patricia Schiavone

CD Steppin’ de Chester Thompson

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Hola a todos. Hoy voy a compartir mis impresiones sobre una nueva joya musical: Steppin’, un CD del que me enamoré, del gran baterista Chester Thompson.

Luego de la reconocida e impresionante carrera musical de Thompson con Frank Zappa, Weather Report, Genesis, Phil Collins, y su participación en muchos otros proyectos musicales, su trabajo en este CD nos permite llegar a conocer las capas más profundas de su contribución personal a la música.

Steppin’ es un disco que hace que te sientas realmente respetado como audiencia y te recuerda que la vida merece ser vivida y disfrutada. El sentimiento general luego de escuchar el disco completo es armonía personal profunda, coloreada con un optimismo radical y un entusiasmo honesto.

Los músicos que hicieron esta obra de arte junto con Chester Thompson son: Alphonso Johnson (bajo), Joe Davidian (piano y teclados), Roderick McGaha (trompeta), Tony Carpenter (percusión) y Akil Thompson (guitarra).

La combinación de Chester Thompson y Alphonso Johnson es mágica en sí misma, y le genera al que escucha una experiencia de alegría, dulzura y fascinación. Su combinación se siente increíblemente cómoda, como un hogar seguro, cálido, amoroso… y ¡tan brillante! La juventud y energía que transmiten es una bendición. Su música para mí es la definición de júbilo sonoro, “cool” y “groovy”.

Como si eso no fuera suficiente, la escena va completándose hasta el éxtasis con Joe Davidian en piano y teclados, Rod McGaha en trompeta, Tony Carpenter en percusión y Akil Thompson en guitarra.

Tony Carpenter y Chester Thompson son auténticos maestros del arte de tocar batería y percusión de forma musical. No hay ni un solo sonido que sea innecesario para la música y juntos, con el resto de la banda, dibujan un paisaje que en mi mente se representa como un follaje verde, con árboles muy altos, cascadas y mucha fauna… algo así como un destino tropical y pintoresco.

Akil Thompson contribuye con el ritmo y la atmósfera en los temas 1 y 4. Su guitarra le aporta al todo un toque importante de liviandad y felicidad. Me llamó la atención lo divinamente impredecible que fueron sus elecciones durante el solo de bajo en el primer tema.

Los sonidos de la trompeta de McGaha son cálidos y maravillosamente intrusivos en nuestros corazones abiertos, lo que le agregó matices que me hicieron mirar hacia adentro, con algunos instantes de nostalgia y otros de celebración. Por ejemplo, en el track “You and Me” la trompeta te desmonta cualquier armadura que puedas haberte puesto por cualquier razón y en “My Beautiful Rae” te convence de que el agradecimiento y la alegría son las únicas opciones para tu día.

Ya sea creando la atmósfera o proveyendo varias conversaciones celestiales, la contribución de Joe Davidian con el piano y el teclado es simplemente perfecta, adaptándose a los diferentes ánimos con belleza y calidez. Su solo en el track “Inversion” es uno de varios momentos en los que uno agradece que esto sea un disco y que se pueda escuchar otra vez.

En el track “Emmanuel”, McGaha y Davidian son los responsables de recordarte que elijas el equilibrio entre la alegría y la paz, con Johnson y el resto de la tripulación agregando su soporte gozoso.

Otro aspecto que me gustó del CD Steppin’ es que aunque virtuosos, los solos no son una exhibición de virtuosismo estéril sino la expresión natural de voces que realmente tienen algo que decir, y que amorosamente te movilizan cuerpo y alma, mientras todos los músicos se escuchan mutuamente, sacándole el mayor provecho a la música, ese regalo maravilloso para todos los involucrados en su magia.

La estructura de este disco de 14 pistas incluye una sorpresa especial para nosotros, los amantes de los tambores: cinco “interludes”, que son pistas cortas de percusión, que creativamente te transportan desde un matiz musical al siguiente y son regalos para aquellos de nosotros que tenemos en nuestros corazones un lugar reservado para el ritmo.

El toque de Chester Thompson hace que el mío dé saltos y me fascinó cómo este disco otra vez despliega sus rasgos más característicos: la feroz y al mismo tiempo amable llevada del tiempo en forma creativa, su backbeat súper cool, sus breaks y fills 100% musicales con sus toms cautivadores, y todo sostenido por el maravilloso toque del bombo, que no deja lugar ni a un nanosegundo de duda, llevándote a un viaje sólido, confiado, celestial y a la vez enraizado.

También amo cómo toca los platos. Lo considero uno de los maestros del hi-hat. Por ejemplo, en la pista “Morning” escuchen lo delicioso que suena el HH tanto abierto como cerrado, y en el track “The New Four” escuchen esas subdivisiones, que siendo complejas suenan increíblemente naturales y cómodas. Y sus elecciones al respecto del resto de los platos siempre son pertinentes, equilibradas, agregando la cantidad exacta de vigor pero nunca exagerando. Solo por mencionar uno de mis momentos favoritos de platos, en el track “Amari” pueden escuchar el ride más dulce del mundo… ¡y también el cross-stick más dulce!

El track “Conflagration” de alguna manera nos da la oportunidad de zambullirnos en el toque de Thompsony saborear a gusto su maravilla percutiva. El dominio que tiene de los volúmenes es, para mis oídos, algo fuera de este mundo.

Considero a Chester Thompson un baterista sabio, que hace lo que pregona: de verdad escucha cuando toca y el resultado de eso es música que uno quiere escuchar una y otra vez, por horas.

Este disco completo es una expresión de interconexión. En él se encuentra una buena representación de la vida con sus muchas capas, resaltando aquellas instancias de alegría y confianza, y sentimientos dulces y amorosos.

 

STEPPIN’

Lista de pistas y sus compositores:

Steppin’ – Chester Thompson, Joe Davidian

Inversion – Chester Thompson, Joe Davidian

Interlude 1 – Chester Thompson, Anthony Carpenter

Morning – Chester Thompson, Joe Davidian

Interlude 2 – Chester Thompson, Anthony Carpenter

Emmanuel – Rosalind Clark Thompson

Interlude 3 – Chester Thompson, Anthony Carpenter, Roderick McGaha

Conflagration – Chester Thompson

You and Me – Joe Davidian

My Beautiful Rae – Roderick McGaha

Interlude 4 – Chester Thompson, Anthony Carpenter, Roderick McGaha

The New Four – Joe Davidian

Interlude 5 – Chester Thompson, Anthony Carpenter

Amari – Roderick McGaha

 

Este CD se lanza hoy, 1º de mayo de 2019.
https://store.cdbaby.com/cd/chesterthompson

CD Steppin’ by Chester Thompson

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Hi everyone. Today I’ll share my impressions on a musical jewel: Steppin’, a CD I have fallen in love with, by the great drummer Chester Thompson.

After Thompson’s renown outstanding musical career with Frank Zappa, Weather Report, Genesis, Phil Collins, and his participation in several other music projects, his work in this CD enables us to get to know the deepest layers of his personal contribution to music.

Steppin’ is a record that makes you feel truly respected as a listener and reminds you that life deserves being lived and enjoyed. The general feeling after listening to the whole CD is deep personal harmony colored with radical optimism and honest excitement.

Musicians who made this piece of art together with Chester Thompson are Alphonso Johnson (bass), Joe Davidian (piano and keyboards), Roderick McGaha (trumpet), Tony Carpenter (percussion) and Akil Thompson (guitar).

The combination of Chester Thompson and Alphonso Johnson is magical in itself, generating a joyful, sweet, and mesmerizing time to the listener. Their combination feels amazingly comfortable, like a secure, warm, loving home… and crazily brilliant! The youth and energy they transmit is a blessing and their playing is to me the definition of cool, groovy, sound elation.

As if that was not enough, everything builds up to an ecstatic scene with Joe Davidian on piano and keyboards, Rod McGaha on trumpet, Tony Carpenter on percussion and Akil Thompson in guitar.

Tony Carpenter and Chester Thompson really master the art of playing drums and percussion in a musical way. There’s not one sound that is unnecessary for the music and they, together with the rest of the band, design a landscape that keeps forming in my mind as rich in green foliage, with very high trees, cascades and lots of fauna… kind of a tropical picturesque destination.

Akil Thompson contributes to the rhythm and atmosphere in songs 1 and 4. His guitar gives an important touch of lightness, of happiness to the whole thing. It called my attention how beautifully unpredictable were the choices of the guitarist during the bass solo in song one.

McGaha’s trumpet sounds are warm and wonderfully intrusive into our welcoming hearts, which added shades that make me look within, with instants of both longing and celebration. For example, on track “You and Me” the trumpet dismantles any armor you may have put around for any reason and on “My Beautiful Rae” it convinces you that gratefulness and joy are the only options for your day.

Either creating the atmosphere or providing a thousand divine conversations, Joe Davidian’s contribution with the piano and keyboards is just perfect, blending into different moods with beauty and warmth. His solo on track “Inversion” is one of the several moments when one thanks this is a record and replaying is possible.

On track “Emmanuel”, McGaha and Davidian are responsible for reminding you to choose balance between joy and peace, with Johnson and the rest of the crew adding his cheerful support.

Another aspect I liked about CD Steppin’ is the fact that though virtuous, solos in it are not an exhibition of sterile virtuosity but the natural expression of voices that really have something to say, lovingly moving your body and soul, while all musicians listen to one another, making the most out of music, such marvelous gift to all involved in its magic.

The structure of this 14-track record includes a special treat for us, drum lovers: five so called “interludes”, short tracks of percussion only, which creatively lead you from one musical hue to the next and are gifts for those who have a distinct place for rhythm in their hearts.

Chester Thompson’s drumming makes mine jump of excitement and I loved how this record again displays his characteristic traits: creative, fierce yet gentle time keeping,  super cool backbeat, one hundred percent musical breaks and fills with his enthralling toms, and all supported by the great bass drum playing which gives no room to a nanosecond of doubt, taking you into a solid, confident, heavenly yet grounded ride.

I also love how he uses all cymbals. I consider him one of the masters of hi-hat playing. Check, for example, track “Morning” and listen how delightful the open and closed HH sound, and to track “The New Four” and listen to those subdivisions, which being complex, sound amazingly natural and comfortable. And his choices when it comes to the rest of cymbals are always pertinent, balanced, adding just the right amount of stamina but never overreacting. Just to mention one of my favorite cymbal moments, on track “Amari” you may listen to the sweetest ride playing… and the sweetest cross-stick playing too!

Track “Conflagration” somehow gives you the opportunity to plunge into Thompson’s drumming and fully savoring his drum wonder. His command of volumes is, to my ears, something out of this world.

I consider Chester Thompson a wise drummer who does what he preaches: he really listens when he plays, the result being music you want to play again and again for hours.

This whole record is an expression of interconnectedness. In it you find a good representation of life with its many layers and highlighting those instances of joy and confidence and sweet, loving feelings.

STEPPIN’

List of tracks and composers:

Steppin’ – Chester Thompson, Joe Davidian

Inversion – Chester Thompson, Joe Davidian

Interlude 1 – Chester Thompson, Anthony Carpenter

Morning – Chester Thompson, Joe Davidian

Interlude 2 – Chester Thompson, Anthony Carpenter

Emmanuel – Rosalind Clark Thompson

Interlude 3 – Chester Thompson, Anthony Carpenter, Roderick McGaha

Conflagration – Chester Thompson

You and Me – Joe Davidian

My Beautiful Rae – Roderick McGaha

Interlude 4 – Chester Thompson, Anthony Carpenter, Roderick McGaha

The New Four – Joe Davidian

Interlude 5 – Chester Thompson, Anthony Carpenter

Amari – Roderick McGaha

This CD is being released today, on May 1st, 2019.

https://store.cdbaby.com/cd/chesterthompson

Exaltación musical con Taddei e Ibarburu

Primero aclaro: Hoy necesito exorcisar un poco la locura. O sea, esto será desordenado. Es que a la locura no se la exorcisa con orden, amigos míos. Además, hoy pinta no mendigar libertad sino tomarla.

 

LPM, ¡qué genio que es NICO IBARBURU!!!!!!

Ustedes dirán: “¿Recién te das cuenta?”
Y les responderé: “No, no… pero de alguna manera, sí”. Porque lo de hoy fue diferente… al menos adentro mío.

¡El corazón casi me explota hoy con Nico! Escucharlo hoy fue algo MUY mágico.

Alternó temas instrumentales con temas cantados de una forma tan bien sentipensada que sucedió orgánico, fluido, cómodo y tremendamente emocionante… con momentos de éxtasis absoluto, durante los cuales deseé ser argentina y pertenecer a un público un poco más participativo. Y eso que yo siempre agradezco ser uruguaya y pertenecer a un público silencioso y atento. Pero hoy… hoy fue hoy y hubiese querido oír a toda la platea cantando “Si te escucho cantar” y “Mapa Tesoro”, o a todos haciendo la clave de candombe que solo nos animamos 3 o 4, y despacito, a desembuchar. Es que sépanlo: hay veces que participar de la gozadera en forma activa es una cuestión de vida o muerte. Si todavía no les ha tocado esa emoción desbocada, les faltan unos cuantos shows musicales por ir a ver o algunos cerrojos internos que abrir.

Este musicazo increíble, que tenemos la suerte demencial de poder escuchar en vivo en este paisito, hoy se mandó el mejor show que yo haya visto de él desde que empezó a cantar en vivo. Alineadísimo, gozándose la vida, nos deleitó con una voz duuuuuuulce a más no poder, con una ternura infinita, y con una cualidad de sonido de voz que se zarpó de hermosura.

Pero a ver, ustedes que no estuvieron ahí, déjenme ver si puedo explicarles esto: ¿Vieron que Nico siempre fue un genio absoluto con la guitarra? Pero genio, genio, posta, de veras, de esos que no hay dos iguales. Imagínense un toque en el que todo el tiempo había un balance perfecto de su canto, realmente mágico, conmovedor y deconstructor de almas, con pasajes insólitamente geniales y maravillosos en la guitarra. La emoción solo aumentaba. Y cuando creías que ya no dabas más, aumentaba más todavía. De pronto cantaba y sentías que el amor era demasiado. Y cuando estabas en medio de esa operación cardíaca, él agarraba carretera con el guitarrón o la guitarra eléctrica y fa, en serio, ¡muy fuerte!

¡¡¡El PRI-VI-LE-GIO que tenemos de poder verlo en vivo!!! Es uno de los grandes regalos de haber nacido en este país y vivir en este tiempo. De verdad. Yo lo vivo así.

Otra cosa muy impresionante de esta noche en El Solís fue que ¡en una noche vimos y escuchamos a los dos mejores bateristas uruguayos!!!!! Gustavo Cheche Etchenique y Martín Ibarburu. ¿Cómo se sobrevive a esa emoción? No muy bien; ya se estarán dando cuenta.

El gigante de Martín Ibarburu. Martín me hace feliz cuando lo oigo tocar. Es como si él tuviera la llave de mi centro cardíaco con sus ritmos y con su redoblante. Y con sus platos, y su tom de pie. Hasta hace unos años la felicidad para mí era un helado de dulce de leche. Ahora la felicidad es, sin lugar a dudas, escuchar en vivo a Martín tocando la batería. Listo. Todo el resto del mundo se puede autodestruir y a mí no me importa nada si Martín está tocando. Hoy, para variar, hizo lo que quiso con su instrumento. Hoy me llamó mucho la atención, además, su especial cuidado, todo el tiempo, de no tener nada de protagonismo [que con algunos seres de la audiencia es bastante imposible que lo logre] y para apoyar al hecho musical fenomenal que estaba pasando ahí. Su pulcritud y perfección son casi indecentes. El buen gusto y la flexibilidad para atravesar fronteras musicales son para pellizcarse infinitas veces. Hoy, por ejemplo, volvió a hacer eso de tocar en un mismo tema algo que tenés que catalogarlo de candombe, jazz, pop y folclore, todo a la vez, y que suene formidable. Nadie sabe cómo logra lo que hace. Estamos los que lagrimeamos escuchándolo, porque emociona más de lo sostenible sin algún tipo de liberación.

En el piano, Manuel Contrera, que es maravilloso. Ya saben que yo no puedo discernir como para contarles qué hace, pero lo que sí noto es que su elección de notas no es la típica… te lleva a lugares que otros no te llevan, y eso está buenísimo. Lo que sí puedo identificar es que tiene ese no sé qué de la nueva generación de músicos grossos. Hay algo que seguramente sea una elección de determinados intervalos y vaya Dios a saber qué, que insólitamente los identifica. Una escucha sin saber quién es y puede fácilmente decir: tiene menos de 30 años. Y por suerte eligió tocar el piano de cola del Solís, que amamos tanto. La participación del piano en ese todo pulsante, es un ingrediente que hace que toda la música sea más cercana y más íntima.

Fernando “Pomo” Vera es un músico que me intriga pila y algún día espero poder escuchar separado del resto de los otros instrumentos. Elige un registro que a mis oídos un poco les cuesta escucharlo… simplemente porque se ve que soy medio sorda de esa frecuencia, y vaya si lo lamento. Pero pongo un esfuerzo importante para identificarlo y lo logro la mayoría del tiempo. Cuando lo escucho bien, ¡me dan unas ganas de subirle el volumen que no puedo explicarles! Lo que toca es buenísimo, groovero a más no poder y con la misma impronta anímica de los Ibarburu, con todo ese aire entre notas, con toda esa comodidad con la que tocan ellos y hacen su magia. Se nota además que con Martín se llevan impresionante musicalmente… como que se adivinan uno al otro, y entonces se da esa química que cuando sucede en una base rítmica lleva al tren con maestría.

Para cerrar, dos veces el público se puso de pie para aplaudir a Nicolás, Martín, Pomo y Manuel. Dos veces. Eso en Uruguay significa mucho.

 

En este desbarajuste exorcístico en el que ando hoy, voy a terminar contándoles sobre la primera parte del toque: ROSSANA TADDEI y su banda. No, no es una crónica, es un relato desordenado. Un compartir de algarabía. Un saltar regocijada por la maravilla de show al que tuve el buen tino de ir.

Inicio del show: Un ritmo de rock y Rossana de espaldas al público en actitud rockera a full. Y ahí arranca, esta monstruita increíble, esta capa del arte del escenario.

Hoy más que nunca, quizás por la charla que habíamos tenido pocos días atrás, noté cómo su atención estaba en cada momento, en cada detalle, en cada músico, en cada movimiento suyo. Si fuera algo completamente preparado, el asombro sería total. Siendo que es algo no tan preparado y más improvisado, una no da crédito. Y a la vez se divierte estrepitosamente, e improvisa magias de todo tipo.  ¿Cómo hace? Y bueno, siendo ella y con sus dotes artísticas despegadas.

Rossana tiene tremenda comodidad para cantar cualquier cosa y un dominio rítmico apabullante. Y ella juega y se divierte. Y juega y se divierte más, y más, y más.

Vestida de rockera sexy (muy sexy), mostrando sus impresionantes piernas largas, con medias de gata y una minifalda de cuero negra, embrujó durante todo el show, demostrando que el rol de la mujer encima de un escenario es exactamente el que esa mujer quiere que sea. En este caso yo la interpreté poderosa y seductora, inteligente y muy atractiva, tremenda música, tremenda compositora, tremenda cantante y tremenda artista, con todas las letras.

Los temas “Fábrica” y “Destellos”, que me intrigaban, me parecieron geniales. La letra de “Fábrica” es brutal. Es que esta mujer tiene todo lo que un artista desearía tener: comodidad total en el escenario; diálogo fluido con el público; se va hacia los graves y agudos como quien se toma un vaso de agua; su timbre de voz que te envuelve y hechiza; su movilidad en el escenario; interactúa de manera relevante con los otros músicos; sus letras son obras de arte en sí mismas; sus musicalizaciones son originalísimas y maravillosas. Y encima es simpática y divertida, y se le ocurre chivear con la voz en el momento más inesperado… y eso hace bien. Te abre una puertita a que tú también te tomes libertades y disfrutes de la vida.

¡Rossana también tiene una banda de genios, de capos, de músicos cracks!

Para arrancar, tiene a Cheche, que no es de este planeta, y que es de los mejores bateristas que un cantante puede tener, porque está realmente por dentro del canto, de la letra, de la intención profunda del asunto. El gigante de Cheche Etchenique tiene esa habilidad, que no todos los bateristas tienen, de hacerte bailar [bueno, somos uruguayos y estábamos pegados con Novopren a las butacas, así que en vez de bailar como era debido, ahí estábamos cabeceando, moviendo las piernas, los dedos, las manos y hasta los dientes… pero no bailamos… ¡grrrr!]. Retomo. Decía, si le ponés atención a la batería, Cheche tiene gran parte de la responsabilidad de que tengas muchas ganas de saltar de la butaca. Él con sus miles de subdivisiones, su habilidad para tocar una música integral, completa, entera, íntegra, redondita en la batería, su relojito bestial, su sensibilidad infinita… sus patrones delicatessen, tan melódicos como rítmicos, su rock and roll apabullante, su candombe intravenoso… Cheche, ¡que es uno de los dos mejores bateristas de este país! [por no decir “del mundo”, que siento que lo es también… pero ahí me van a decir que soy una exagerada y no… aquí estoy mostrándoles mi siempre cabal mesura y centramiento a la hora de escuchar música] le puso a la noche eso que sólo él sabe. Porque los musicazos de este calibre aportan una impronta tan personal que no es reproducible, que va por un carril completamente distinto que su dominio técnico. Sí lo que logra hacer tiene todo que ver con su conocimiento musical, ese que hace que él sea parte profunda e importante de cualquier canción en la que participe. Pero hay un plus, una cosa personal, que es lo que hace que te emocione tanto escucharlo. Es una de esas antenas que te conectan con la divinidad. Solo queda hacerle reverencias cada vez que una se lo cruce.

Para seguir, cuenta con Santiago Montoro, que le puso tantísimo rock, finura y sabores exquisitos a los temas. El sonido de Santiago mata. Sus notas matan. Su alegría en el escenario mata. Su capacidad para meter 2 notas en el ángulo o despacharse con tremendo solo gozado mata. Al igual que Manuel Contrera, tengo la impresión de que sus elecciones musicales son distintas, inteligentes, muy muy interesantes [si supiera de notas, podría quizás contarles más, pero no sé].

Luego, a Alejandro Moya. Hoy se sentía notoriamente la complicidad, musical y también humana, de Moya con todos los músicos. Sus líneas de bajo dicen muchas cosas, cuentan historias con muchos personajes, arman una base sobre la cual es imposible decir bobadas y solo queda generar algo valioso y significativo.

El otro integrante de la banda, Gastón Ackermann, desde mi punto de vista hoy jugó un papel primordial con la trompeta. Tocó el teclado, pero me resultó difícil escucharlo pues el volumen no estaba muy bien balanceado, al menos desde donde yo estaba sentada. La trompeta fue esencial para darle al show de Rossana un matiz de carácter atrapante, sólido, con un cuerpo especial, de madurez y decisión.  Además, la textura del sonido de la trompeta combinaba perfectamente con la textura de la voz de Rossana. Había una amalgama mágica entre esos dos sonidos. Nota: se mandó un solo absolutamente espectacular, que no aplaudimos mucho solo por no romper el hechizo. [Ah, déjenme decir que a Cheche lo aplaudieron por un solo pero a Cheche habría que haberlo aplaudido también por todos los contratiempos, por los hi-hats de sonido mágico, por los fills aplanadores, por los patrones de métrica insondable… y por todo lo demás].

En fin… esto no iba a ser una reseña. De alguna manera no lo fue y fue más un exorcismo. Y como no lo fue, puedo darme el gustito de mandarles ¡abrazos gozados!!!

 

Fotos: Ivonne Morales

 

 

 

 

 

 

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