Magia Ibarburense en formato de CD: Ultramarino

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Foto: Florencia Veres

El Trío Ibarburu: Andrés en el bajo, Nicolás en la guitarra, Martín en la batería, junto con Juan Pablo Di Leone en armónica y flauta se mandaron tremenda presentación del disco “Ultramarino” en la Sala Hugo Balzo, el día 29 de julio. Tocaron todos los temas de este último disco y también algunos de “Huella Digital”.

El aplauso del público al terminar el primer tema, y el segundo, y el tercero, duró lo que normalmente dura un aplauso al final de un concierto. Su música es algo descomunalmente bella a lo que se le agrega un cariño enorme por parte del público. Son queribles por su calidez y por esa sencillez y humildad que no deja de asombrar.

Entre el 29 de julio y hoy, 25 de agosto, una sucesión de hechos me fue impidiendo escribir esta reseña. Hoy finalmente encontré el momento perfecto. Sin embargo constaté, con gran desilusión, que la grabación ayuda-memoria en la que confiaba para este relato trasnochado decidió no existir.

Ante esta circunstancia, me quedan dos opciones: una, dejar la página en blanco; la otra, hacer una reseña del disco en sí. Con cierto atrevimiento, opto por la segunda, con la esperanza de animarlos a buscarlo y escucharlo, porque es, de veras, un disco esencial y demasiado hermoso como para pasar por esta vida sin conocerlo.

El universo “Ultramarino” está constituido por 9 galaxias, que se llaman: Membrana, Komora, Otro mar, Neurology, Mandala, El zorro, Nuevas cuerdas, Snorkel y Para rumbear mi camino. En los nueve temas se oye algo nuevo, que complementa perfecto lo que ya conocíamos de ellos: un saboreo más pausado de los sonidos y una maestría muy particular en cuanto a cómo los sonidos comparten y conviven en ese espacio multidimensional. Hay menos urgencia y hay en general menos cantidad de sonidos que antes y un arte aumentado en cuanto a la creación musical en su totalidad.

Membrana es una composición de Nicolás que tiene una magia increíble. Lo más sano para hacer con la música es sentirla y no describirla, pero haré mi intento de explicar lo que en esta canción me hizo sentir especialmente feliz. Este tema podría tomarse como ícono de lo que constituye a estos músicos y sus influencias. La canción tiene en igual medida carácter de candombe, de folclore y de jazz, y es en cinco tiempos. Además, tiene un ritmo marcado y simultáneamente una melodía dulcísima que comparten entre la guitarra y la armónica. En la entrevista que pudimos hacer antes del toque, contaron que no fue una búsqueda consciente la de conjugar todos esos elementos; la aventura de Membrana sí estuvo guiada por los cinco tiempos pero el resto emergió simplemente porque es su esencia, y ya sabemos que solo puede surgir a la superficie aquello que se posee en el interior. En este tema Nicolás toca guitarra eléctrica, también con ebow, y acústica. Los sonidos que logra él con sus guitarras y la combinación de ellos con la armónica de Juan Pablo son un deleite melódico, que cala tan profundo que emociona muchísimo. A su vez, la conjunción de Nicolás con Martín en especial pero también con Andrés en cuanto a la intención de cada apoyo, de cada corte y de cada arreglo es perfecta. El si se quiere “contraste” entre el agudo de la armónica y las guitarras y la profundidad de los toms de la batería es algo bellísimo. Eso y que ninguna nota topa a ninguna nota. No hay ni por un instante una insistencia ni petulancia por parte de ninguno de los instrumentos. Cada nota está en su sitio, compartiendo el espacio ese, multidimensional, y juntas, en perfecta armonía de presencias, crean esta belleza extraordinaria. Me parece especialmente llamativo que las frases musicales están verdaderamente co-construidas por todos los instrumentos. Algunas son rematadas por el redoblante o algún tom de la batería, otras por el bajo. Por supuesto que la guitarra y la armónica también, pero eso es más esperable. Lo de que frases que comienzan dichas por la guitarra o la armónica terminen de decirse por el bajo o la batería es algo que me resultó maravilloso. Hay una musicalidad aquí que supera cualquier cosa que yo haya escuchado en mi vida.

Komora es una composición de Andrés, extraordinaria. Arranca con el charleston de la bata y la guitarra y por esos instantes una siente, auténticamente, que no hace falta nada más. Suena hermosa esa dupla hasta con algo tan minimalista. Luego se transforma en la antesala perfecta para que cuando entra el bajo, una casi se quede sin respiración. Cuán bello suena ese bajo. ¿Y cómo puede a la misma vez ser el ritmo y ser la melodía, haciendo tan hermosas ambas funciones? Otra cosa que se disfruta desde el primer instante es el balance de la batería en los dos canales. Está muy bien grabado y no sé si es solo por mi chifladura natural pero que la batería se administre de esa manera entre el canal derecho y el izquierdo a mí me dio la sensación de algo cuatridimensional (las 3D que conocemos tan bien y una dimensión extra que incluye esa otra cosa que se genera en este disco). El diálogo entre la bata y el bajo en este tema es impactante al comienzo. Después entra con más garra la guitarra de Nicolás y una ya no sabe cómo hacer para poder absorber todo eso y no perderse detalle. Nicolás solea y el mundo se detiene. A eso hay que agregarle que el bajo y la bata siguen haciendo una magia impresionante y auténticamente dan ganas de pasar el tema en cámara lenta. Entonces los demás achican un poco y Andrés se manda un solo hermosísimo. Y cuando ya se siente que aquello es demasiado, Martín nos regala un solo de su instrumento mágico y el mundo no puede ser más perfecto. El charleston en este tema me deleitó. En esta pista Agustín Ibarburu toca “monotron”, que lamentablemente yo no pude diferenciar. Me recuerda a la época en que, decenas de años atrás, no era capaz de diferenciar el sonido del bajo. El observador crea su mundo según los recursos que tiene. En lo personal por ahora me faltan recursos para poder identificar al monotron.

Otro mar es súper alegre, súper para arriba. El candombe sigue diciendo presente y fusionándose con el jazz. En la tapa dice: “Cuando nos juntamos en Praga por primera vez, Nico completó este tema una noche en el jardín”. Seguramente estaban muy felices por el rencuentro porque lo que se siente al escucharlo es una alegría emocionada. Martín toca batería, tambor piano y chicos. ¡Cómo suena! Es como si hubiesen diecisiete músicos y no uno. Candombe que podríamos bautizar como “Candomartín” o “Martímbe”: fresco, alegre, bailable, contundente, con su ingrediente pop y jazz a la vez y con una profundidad esencial que lo identificará siempre. ¡Belleza de la vida musical uruguaya! Nicolás produce perfección sonora, que auténticamente acomoda células y almas a su paso. Las notas que surgen de su guitarra tienen una convicción total y un cuidado muy bonito. Siento como si una mano firme me agarrara, con delicadeza, y me llevara a conocer mundos nuevos. Y Andrés la descose con ese bajo que es también firme, creativo, melódico, increíblemente poderoso, siendo a la vez dulce y sensible. Qué sé yo… por momentos es demasiado el éxtasis que genera este disco.

Neurology es un tema con gran densidad de notas. Lo loco del asunto es que a pesar de tener muchísimas notas a una velocidad importante, el aplomo del que hablaba al principio sigue presente. Encontrar aplomo en un candombe tan rápido debe ser cualquier cosa menos fácil, pero no da la sensación de que les resulte un esfuerzo ni nada parecido. Creo que se puede decir sin riesgo a equivocarse que estamos siendo testigos de algo muy especial que hacen estos tres seres de luz. Una amiga muy querida, a quien le agradezco con el corazón exaltado y agradecido que me haya regalado esta joya de disco, me dijo el día de la presentación: “En un futuro los van a estudiar como un fenómeno musical”. Es muy probable que tenga razón. Yo agrego: el fenómeno está sucediendo ahora. Si recién los estudian en el futuro es por ese empecinado gesto de idiotez que los seres humanos desarrollan frente a los artistas especiales. Pero volviendo a Neurology, me resulta algo insólito cómo pueden tocar tantas notas a esa velocidad y que ninguno pise a ninguno, que cada nota tenga su razón de ser y su lugar específico, y que cada uno de los tres pueda contribuir como lo hace a la creación de una pieza tan pero tan hermosa. Creo que el mejor resumen es que es un tema para pirar, para gritar, para saltar de la alegría.

El quinto tema del disco es Mandala. Aquí, Nicolás toca guitarra acústica, Andrés un bajo fretless y Martín el cajón. Este es un tema más manso que Neurology, como para que no nos estalle el corazón (gesto que se agradece), pero el detalle es que igual, a medida que van pasando los segundos, el corazón empieza a desbordarse, a pesar de la inicial aparente inocencia de Mandala: el sonido del cajón es demasiado bonito como para no sentir alteración, y la guitarra y el bajo tocan unos unísonos de esos que te desgarran el alma a fuerza de belleza. Por momentos vuelven a hacer esto impresionante de que la guitarra arranca una frase y el bajo la termina o viceversa y ¡pffff! No hay palabras ni que se acerquen a explicar la sensación física que se vive escuchándolo. Alineación circular y vibración total, quizás. Con Mandala me permití observar en qué centros energéticos sentía más cada instrumento y si bien hay momentos en que la guitarra resuena solo en los chakras superiores (al principio, sobre todo) y momentos en que el cajón resuena claramente en el tercero, tengo la impresión de que es el bajo el que los junta a todos en un efecto mágico que a partir de unos poquitos segundos de haber empezado el tema hace que los siete centros se sensibilicen de un modo supremo e increíblemente disfrutable.

El zorro tiene un fraseo archioriginal y genial y es el tema en el que escuchando el disco, me pongo a llorar cada vez. Me encantaría saber si fue el mismo en el que pianté el lagrimón (que después no podía detener) en el concierto. Todo es perfecto: las melodías tocadas por el bajo son impresionantes, el sonido y la penetración en las células de la guitarra es de morirse y la batería tiene indudable influencia divina. ¿Cómo puede Martín oír todo eso en su alma? Y después, ¿cómo lo plasma así?… es demasiado. Esta galaxia tiene un groove tan gozado que da gusto estar vivo un ratito extra solo para poder escucharlo una vez más.

En la tapa dice que Nuevas cuerdas fue un experimento sonoro grabado de a partes, un poco acá y otro poco allá. La verdad que no hay manera de darse cuenta de que fue grabado así. Podrían estar los tres en la misma sala. Lo que más me sorprendió es que tiene un dejo de tristeza y es extraño que un experimento grabado por partes pueda transmitir esa emoción de esa manera, con una unidad muy potente. Pero bueno, aceptemos que no todo en la vida tiene explicación.

La galaxia 8 se llama Snorkel y es un tema de Nicolás Ibarburu y Nicolás Varela. Está grabado con Martín en cajón, Andrés en bajo fretless y Nicolás en guitarra acústica. Con este tema en particular me pasa que al escucharlo, lo veo a Martín tocando el cajón en el concierto. Es una demencia lo bien que toca, cómo genera matices asombrosos con esa caja de madera, y el sonido tan increíblemente dulce que produce. Y como me sucede a veces, la realidad es que en este tema se me nublan los sentidos para los otros instrumentos. Por instantes noto la belleza del conjunto pero en primerísimo plano tengo al cajón y tan empecinadamente que finalmente opto por dejarla por esa y admitir que ese sonido de mano y madera me pudo tanto que por más que puedo sentir una guitarra hermosa y un bajo bastante juguetón, me voy con el ritmo y sus matices perfectos, que dicen tanto.

Y así llega, sin anestesia, el final de un disco que una no querría que terminara nunca. El último tema se llama Para rumbear mi camino. Martín en la batería, Andrés en bajo y cellos, Nicolás en guitarra acústica, R. Jochmann en piano y Juan Pablo Di Leone en armónica. Es un tema lleno de sensibilidad. Tiene una mezcla de optimismo y nostalgia. Tiene una melodía hermosísima extrapolada con la dulzura del cello y la armónica, y una delicadeza zarpada del piano y de la guitarra. Yo no creo que sea a propósito que se oyen los dedos de la guitarra desplazarse sobre algunas cuerdas en algún momento, pero ¡qué efecto bello tiene eso en mí! En cuanto al cello, amo tanto su sonido en esta creación mágica que va desde acá un pedido especial a incluir más a este instrumento en futuras creaciones del trío. Del minuto 2:20 en adelante hay una creación conjunta entre el piano y la batería que eriza el alma y me hace encargarle al Universo que por favor me permita ser música en la próxima vida. Dudo que haya sido pensado pero bien podría haberlo sido: el final de este tema es de esos que te obligan a ponerle play de nuevo al disco. Es un final que queda suspendido, como diciéndote: “no tenés otra que volver a escucharme”. Y supongo que es por ese final que este disco no se ha movido de mi reproductor en un mes.

A esta joya la podría haber grabado el sello ECM perfectamente. Que estos seres estén tocando en Montevideo es un capricho del destino que bien haríamos en agradecer a conciencia y aprovechar a ultranza. Desde este rinconcito yo les digo un tímido “gracias por existir, Ibarburus… y por las múltiples dimensiones que nos regalaron con Ultramarino. Es enorme la admiración y el agradecimiento”.

Foto: Patricia

Foto: Patricia

Foto de portada: Florencia Veres.

Viaje intergaláctico con Alphonso Johnson Quartet en el Teatro Solís

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Foto: Ricardo Gómez

Mientras la voz sensual del Teatro Solís nos invitaba a apagar los teléfonos celulares, a mi lado mi amigo Julio decía: “Bueno, se empieza a escribir la historia. Ommm”. Y todo el teatro aplaudió la entrada de los genios al escenario.

Como si quisieran alargar ese Ommm de mi amigo, el Alphonso Johnson Quartet inició su toque con una combinación mística de sonidos, creando un clima de expectativa, que sería venerablemente honrado durante todo el toque. Esa introducción precedió a una fantástica versión del tema “Resolution” de John Coltrane.

La emoción con la que escuché ese primer tema fue tal que tuve que hacer algunas respiraciones profundas y decirme que me convenía calmarme. Pero mi emoción tenía grandes razones para existir y ser muy grande esa noche. Entre otras cosas, en el año 1988 la vida hizo que yo descubriese la música de Weather Report, de la mano de un gran profesor que me prestaba cada clase cassettes grabados con la música de estos genios y yo los devoraba, y por supuesto copiaba. Ni por un instante imaginé en ese tiempo, cuando me admiraba sobremanera cómo podían tocar esas maravillas y cuando daba mis primeros pasos en poder identificar el sonido del bajo (ja) entre todos los sonidos del jazz, que casi 30 años después podría ver a un cuarteto formado por dos de esos músicos en el Solís, tocando en directo algunos de esos mismos temas. Espero que me disculpen este momento nostálgico pero este trasfondo personal influyó en que este concierto del Alphonso Johnson Quartet fuera para mí muy, muy especial.

El cuarteto ya sonó a pleno en ese primer tema. Federico Ramos en la guitarra y Gary Fukushima en teclados transmitían una seguridad inmensa con las melodías. Alphonso Johnson y Chester Thompson bien podrían ser una sola persona, y una persona muy firmemente plantada en la vida: fue impactante escucharlos y verlos… es una dupla genial.

Siguió la versión de Equinox con más swing que se haya oído hasta ahora. Todos contribuyeron desde su instrumento y su presencia con esa belleza, de una forma muy espectacular. Federico con su guitarra nos instaló en el corazón una combinación muy mágica de belleza y nostalgia en iguales medidas. El yin y el yang podrían representar gráficamente lo que sentí yo con esos sonidos de Federico. Gary a su vez eligió unos sonidos (durante toda la noche, ¿eh?) que fueron bien originales y que te trasladaban a un sitio nuevo. Chester y Alphonso demostraron toda la noche lo que habían explicado en una clínica en conjunto el día anterior: todos los instrumentos tocan melodía, todos los instrumentos son responsables de mantener el ritmo y el trabajo principal de todos los músicos es escuchar el todo. ¡Pero cómo tocan, por favor!

Alphonso es el swing personificado. Equinox en particular le pide que toque muchas veces la misma combinación de notas. Es admirable cómo las toca cada vez con exactamente la misma intención y la misma energía gozada. ¡Y ese swing! No, no, no… ¡increíble!

Siempre me nace agradecerles a los músicos que dejan las notas sonando un instante más, porque me dan la oportunidad de disfrutarlas un poquitito más. Con los bajistas esto es variable pero Alphonso les permite siempre a las notas esa duración máxima que tanto agradezco. ¡Qué lindo! Permanecen flotando y hay una unidad muy especial de las notas entre sí.

El tema siguiente fue ese tema tan divino, compuesto por Alphonso Johnson, que se llama “Bahama Mama”, en el que Alphonso se mandó uno de los muchos solos hermosos de la noche. Tremenda emoción. Fue a partir de este tema que yo hubiera dado la vida por poder bailar durante todo el resto del concierto. La alegría y el swing tan brutal que generaron esta noche iba literalmente aumentando las vibraciones de las células del cuerpo de los que estábamos escuchando y era muy difícil quedarse quietos en las butacas. La melodía tocada en el bajo es algo de locos. Es indescriptible con palabras la emoción, pero vayan a Youtube y busquen el tema. ¡No lo posterguen ni un segundo más! Denme el gusto de ponerlo de banda de sonido al leer el resto de esta reseña. El bajo aquí es pura melodía hermosa y súper rítmica. Y verlo a él tocar es un goce adicional. Todo su cuerpo resuena con lo que está tocando. De a ratos sutilmente y de a ratos bastante más evidente, cada célula suya baila lo que toca. Es bellísimo de presenciar y nutre lo mejor de todos nosotros. Contagia vitalidad.

Además, él es la simpatía personificada. Por ejemplo, un gesto bonito fue que cuando nos habló, trató de mechar las palabras que sabía en español. Además, presentó a sus músicos con enorme respeto y cariño y con una actitud humilde, calma, bella.

En el tema siguiente Gary Fukushima nos regaló un solo divino, con esos sonidos extraterrestres suyos, que me encantaron. Él y Alphonso en un momento de este tema entretejieron sus sonidos de tal manera que daba la impresión de que hacía años que tocaban juntos, y todos sabíamos que no, que este grupo se formó muy recientemente. Me dejó asombradísima eso. Después se agregó Freddy, con su guitarra, y me sorprendió lo mismo: ¿cómo puede ser que suenen así haciendo tan poco tiempo que tocan juntos?  Supongo que la respuesta es que son músicos profesionales y el lenguaje de la música no tiene mayores misterios para ellos.

Mientras sonaba la introducción del bajo del tema siguiente yo le agradecía a la vida por la oportunidad mágica de estar recibiendo en el cuerpo las vibraciones de esas notas directamente, sin ningún aparato mediador. Son notas que sanan el espíritu. ¡Gracias!

La versión del tema Giant Steps fue algo de locos, demoledor. Parecía que nos habían transportado a otro plano, al plano ese donde se cumplen los sueños más preciados. Gary la descosió de nuevo con su teclado mágico. El bajo de Alphonso seguía esculpiendo sonidos que generaban una alegría mayúscula de estar vivos (tocó un solo muy bonito, pero durante toda la canción tocó sonidos increíblemente hermosos). La guitarra le dio un toque maravilloso al final de esta canción, con una presencia y una decisión que pah, impactaba y me dejó completamente admirada y con ganas de buscar más música de Freddy.

Cuando iban hora y media de concierto, anunciaron el tema Naima, y acá es donde pongo el freno general y no tengo más remedio que mencionar muy especialmente a Chester.  Esto que voy a decir lo hizo durante todo el toque pero en este tema en particular fue algo increíble. Haciendo una simplificación bastante brutal de mi parte, los bateristas hacen principalmente dos cosas: una, llevan el tiempo con lo que se puede llamar “el groove”, y dos, apoyan determinados momentos del fluir musical. Como cada uno de los otros instrumentos tiene a su vez su dinámica individual, por lo general el baterista apoya momentos de “la voz cantante”, la que “resalta más”, ya sea esa una voz humana o una melodía tocada en cualquiera de los instrumentos. Bueno, lo que me admiró por completo durante todo el toque, y muy especialmente en este tema, fue la maestría de Chester Thompson para ir apoyando a todos y cada uno de los instrumentos en ese entretejido mágico de melodías que se daba, manteniendo todo el tiempo el groove ese que le da cohesión a la canción. Él dijo que el secreto está en escuchar como si se estuviera sentado en el lugar de la audiencia. Desde mi butaca en la novena fila mi cuerpo no podía creer cómo él era capaz de anticiparse al protagonismo momentáneo de cada sonido proveniente de cada uno de los otros tres instrumentos y apoyarlos a todos en el momento exacto como para que la totalidad de la creación tuviera una presencia impactante, con la mayor musicalidad del planeta, manteniendo el groove base, de cohesión, y con un gusto musical absolutamente exquisito. Ah, y todo fluyendo con una naturalidad que parecía que estaba tarareando una tonada bajo la ducha. No sé si en algún momento caeremos en la cuenta de lo que presenciamos ese día. A mí la ficha todavía no terminada de caerme, la verdad. En uno de los momentos en que sentí que la excitación era demasiado desbordante llevé los ojos al cielo, buscando a alguien para agradecer, y me encontré con que en la esquina frontal derecha del techo del teatro un foco estaba haciendo algo muy hermoso: se proyectaba uno de los parches de la batería de Chester… ¡se lo veía vibrar en el techo! y la sombra de su mano izquierda. Como si el teatro estuviera buscando maneras de quedarse con ese recuerdo incrustado. No lo culpo. Yo también estoy haciendo lo posible por mantener este recuerdo para siempre.

Poder escuchar y ver a Chester Thompson en acción fue uno de los mejores regalos que he recibido en mi vida. Me atrapó el sonido de sus platos, cuán sueltos usa los platos del HH y cómo esa comodidad hace que esos platos fluyan con la música con maestría. Su independencia es algo absolutamente increíble de presenciar y cómo ella le permite que verdaderamente pueda estar adentro de la música por completo y pueda tocar con libertad lo que sea que sienta que precisa ser tocado. Me llamó la atención cómo puede tocar con tanta decisión y a la vez con tanta calidez en los sonidos que produce. Esto es un poco loco, lo sé, pero pienso que su música proyecta la presencia que tiene su persona. Escuchar las notas que surgían de la batería fue transformador, así como observar la manera en que su escucha especial sucedía. No sé cuántos músicos se habrán llevado esta bendición consigo. Espero que hayan sido varios.

Lo que sucedió después fue un viaje intergaláctico. El techo del que hablaba recién se abrió como una compuerta y el escenario y todas las butacas levantamos vuelo. El destino era: visitar galaxias lejanas. Déjenme respirar hondo antes de decirlo, porque me tiembla el pulso: tocaron BLACK MARKET. ¡Black Market tocado por este cuarteto increíble! ¡Black Market tocado por dos de los músicos de Weather Report! ¡Black Market tocado a pasitos nuestros, dirigido a nosotros! ¡Black Market vibrando en nuestras células y nuestra alma! No quiero invocar a deidades para no ofender a nadie pero ahhh, eso no fue solo obra de humanos. Quienes estuvieron podrán decir si estoy exagerando o no. Yo sigo en éxtasis hasta el día de hoy. ¡Y fantástico cómo Gary y Freddy se amalgamaron con Alphonso y Chester de esa manera! Esos dos monstruos han tocado juntos desde el año 1969 y son una aplanadora impresionante en el escenario, pero Gary y Freddy se unieron a esa aplanadora de la mejor manera, brillaron increíble los dos durante todo el toque, se mandaron unos solos increíbles y entre los cuatro generaron un concierto que no nos vamos a olvidar nunca más.

Quiero cerrar esta nota con un gracias gigante a todas las personas que tuvieron que ver con que esta noche existiera en el Teatro Solís. Cada una sabe quién es y cada una sabe qué parte le agradezco. Desde la generosidad de mi profe en el año 1988 hasta todos los que hicieron posible que el 28 de julio de 2016 viviéramos semejante experiencia. Y por supuesto a los músicos, esos seres de luz que hacen que nuestra vida sea tanto más disfrutable.

Feliz a más no poder

Feliz a más no poder

 

Fascinación post concierto

Fascinación post concierto

 

Con la artesana de toda esta magia

Con la artesana de toda esta magia

Foto de portada: Ricardo Gómez

Posdata: Aquí se puede leer la entrevista a Chester Thompson, realizada pocos días antes del concierto.

Intergalactic Trip with Alphonso Johnson Quartet

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Picture: Ricardo Gómez

While the sensual voice of Solís Theater invited us to switch off our mobile phones, my friend Julio said at my side: “Well, the story begins to get written. Ommm”, And the whole theater clapped at the entrance of those geniuses to the stage.

As if they wanted to extend that Ommm by my friend, the Alphonso Johnson Quartet began their concert with a mystic combination of sounds, creating an atmosphere full of expectation, which would be venerably honored during all night. That intro preceded a fantastic version of “Resolution”, by John Coltrane.

The emotion with which I listened to that first theme was such that I had to take some deep breaths and tell me that I’d better calm down. But my emotion had great reasons to exist and be huge that night. Among other things, in year 1988 life made me discover Weather Report’s music, by the hand of a great teacher, who in each lesson lent me recorded cassettes with music played by these geniuses. I devoured them and, of course, copied them. Not for an instant at that time did I imagine, when I was so impressed by how they could play those wonders, and when I was taking my first tiny steps in being able to identify the sound of the bass (ha!) among those jazz sounds, that almost thirty years later I would be able to see a quartet formed by two of those musicians in the Solís Theater, playing live some of those same themes. I hope you will forgive my nostalgic moment, but this personal background had an influence in the fact that this concert of Alphonso Johnson Quartet was very, very special to me.

The Quartet had its full sound at that first theme, already. Federico Ramos in the guitar and Gary Fukushima in keyboards exuded an immense confidence with melodies. Alphonso Johnson and Chester Thompson could well have been one only person, and one that is very firmly rooted in life: listening and watching them was stunning. It is a brilliant duo.

The most swing-filled version of Equinox I have so far heard followed. All musicians contributed from their instruments and with their presence with that beauty, in a spectacular way. Federico with his guitar installed in our hearts a very magical combination of 50% beauty and 50% nostalgia. The yin yang could graphically represent what I felt with those sounds emerging from Federico. Gary, in turn, chose some sounds (all night long, in fact) which were super original and which transported us to a new, unknown place. Chester and Alphonso demonstrated all the time what they had explained in a joint clinic the previous day: all instruments play melody, all instruments are responsible for keeping time, and the main job of all musicians is to listen to the whole musical result. But they play so great!

Alphonso is swing personified. Equinox, in particular, asks him to play several times the same combination of notes. It is remarkable how he plays them each time with exactly the same intention and the same enjoyable energy. And that swing! No, no, no… it’s incredible!

I always feel the urge to thank musicians who leave notes sounding for one more instant, because they give me the opportunity to enjoy them a little longer. With bass players this is variable, but Alphonso always enables them to last their maximum, which I thank so much. So beautiful! They linger in the air and there is a very special unity among his notes.

The following song was that superb one, composed by Alphonso Johnson, called “Bahama Mama”, in which Alphonso offered us one of the several wonderful solos of the night. Such an emotion! From this theme on, I would have given my life to be able to dance during the rest of the concert. Both joy and swing generated by them were so terrific that the cells of the body were literally increasing their vibrations in those of us who were listening and it was very hard to stay still in our seats. The melody played in the bass is something crazy. The emotion is indescribable with words, but do go to Youtube and search for the song. Do not postpone it for a second! Do me the favor of playing it as the soundtrack to the rest of this narration. The bass here is pure beautiful and super rhythmic melody. And watching him play is an additional joy. All his body resonates with what he plays. Subtly at times, and quite more evident at others, each cell of his dances with what he plays. It is super beautiful to witness this and it nourishes the best of all of us. He transmits vitality.

Besides, his friendly nature is evident. For example, a kind gesture of his was to talk some words he knew in Spanish. And he introduced his musicians with huge respect and warmth, and with a humble, calm and beautiful attitude.

At the following song Gary Fukushima gave us a wonderful solo as a present, with those extraterrestrial sounds of his, which I loved. At some point at this song, he and Alphonso intertwined their sounds in such a way that we got the impression of their being playing together for several years, when in fact we all know it was not so, as this band joined very recently.  That amazed me. Later Freddy added himself with his guitar and the same called my attention. How is it possible that they sound in that way, having played for such a short while together? I guess the answer is that they are professional musicians and music language is no bit mystery to them.

While the bass introduction of the next song was in the air, I thanked life for the magical opportunity of directly receiving on my body the vibrations of those notes, without any mediating appliance. These notes heal our spirit. Thank you!

Giant Steps’ version was something out of this world. As if they had taken us to another dimension, to the one where all precious dreams come true. Gary again did magic with his keyboards. Alphonso’s bass kept sculpting sounds, which generated a huge joy for being alive (he played a very beautiful solo, but let me stress that all along he played amazingly beautiful sounds). The guitar gave a marvelous touch to the end of this song, with a presence and a decision that wow, it caused a big impression on me and triggered my curiosity for more music by Freddy.

When one hour and a half of concert had gone by, they announced Naima, and here is where I press the break and I can’t help making a very special mention to Chester. What I’m about to say is something he did for the whole concert, but especially in this song it was something amazing. Doing a quite brutal simplification, I will state that drummers do mainly two things: one, they keep time with what can be called “the groove”, and two, they stress or support certain moments of the musical flow. As each one of the other instruments have, at their turn, their own individual dynamics, generally the drummer stresses moments of the “singing voice”, the one that is “more evident”. This may be a human voice or the melody played by any of the instruments. Well, what generated my full admiration during the whole concert, and especially in this song, was Chester Thompson’s mastery to gradually accent all and each one of the instruments in this magical texture of melodies that took place, permanently keeping the groove that gave cohesion to the song. He said: “the secret is in listening as if you were sitting in the audience”. From my seat in the ninth row, my body could not believe how he was capable of anticipating the momentary prominence of each sound coming from each one of the other three instruments and accent them all in the exact moment in such a way that the whole creation got a striking presence, with the planet’s greatest musicality, keeping the groove, the cohesion, and with an absolutely delicious musical taste. Oh, and everything flowing with such spontaneity that he seemed to be humming in the shower. I ignore whether we will at some point actually realize what we witnessed that day. I think I’ve not really, yet. At one of the moments when I felt my excitement was too overwhelming, I took my eyes to the sky, seeking someone to thank, and I found that at the front right corner of the theater’s roof a spotlight was doing something very beautiful: it was projecting one of the drumheads of Chester’s drumset… ¡one could see it vibrating at the roof! And the shadow of his left hand too. As if the theater would be looking for ways to embed that memory. I don’t blame it. I am also doing my best to keep this memory forever.

Being able to listen to and watch Chester Thompson in action was one of the best gifts I’ve received in my life. I was hooked by the sound of his cymbals, by how loose his HH cymbals are and how by being so comfortable, those cymbals flow with the music masterfully. His independence is something absolutely awesome to witness and how it enables him to actually be in the music completely and freely play whatever he feels should be played. It called my attention how he can play with such decision and at the same time with such warmth in the sounds he produces. This is a little crazy, and I know it, but I think his drumming projects the presence his person holds. Listening to the notes coming from the drumset was transforming and so was witnessing how his special listening took place. I don’t know how many musicians took this particular blessing home. I hope several did.

What happened later was an intergalactic trip. The roof I mentioned earlier opened as a gate and the stage and all the seats took off. Destination was: distant galaxies. Please allow me to take a deep breath before saying it, because my hands tremble: they played BLACK MARKET. Black Market played by that amazing quartet! Black Market played by two of Weather Report’s musicians! Black Market played some footsteps from us, directed to us! Black Market vibrating in our cells and in our soul! I don’t want to invoke any deities, so as to avoid offending anyone, but ohhh, that was not something human only.  Those who were there will be able to say whether I’m exaggerating or not. I am still in ecstasy today. And it was fantastic how Gary and Freddy amalgamated with Alphonso and Chester in such a way! These two giants have played together since 1969 and they are an amazing force on stage, but Gary and Freddy united to that force in the best way, they shone during the whole night, they played amazing solos and the four of them generated a concert that we will never, never forget.

I want to close this note with a huge thank you to all the persons who had something to do with this night taking place at the Solís Theater. Each one knows their role and they know what part I thank them for. From my teacher’s generosity in 1988 up to all those who made possible that on July 28th, 2016 we lived such an experience. And, of course, to the musicians, those light beings who make our life more enjoyable.

The original Spanish version of this note was published in COOLTIVARTE

At the original entry you can see several other pictures taken by great photographer Ricardo Gómez.

 

Disfrutables a más no poder. Inés Estévez y Javier Malosetti en la Sala Zitarrosa

Inés-Estévez-Javier-Malosetti-Sala-Zitarrosa-foto-KAREN-BERNARDI

Foto: Karen Bernardi

Entrada escrita para COOLTIVARTE.

Hace unos días los montevideanos tuvimos la asombrosa oportunidad de escuchar y ver en la Sala Zitarrosa a Inés Estévez y Javier Malosetti, quienes nos ofrecieron un show divino.

Somos muchos los que admiramos a Javier Malosetti, en mi caso por su trayectoria como bajista increíble. A Inés Estévez también somos un montón quienes la admiramos, solo que como actriz, pues no le conocíamos la veta musical. Cuando vi el afiche me intrigó un montón la propuesta así que allá fui a despejar mi curiosidad.

No hay nada mejor en materia de arte que ir a ver algo sin saber de qué se trata, ¿no? Fui completamente despojada de expectativas y ni siquiera hice una búsqueda previa para tener una idea de lo que iba a escuchar. Hoy me felicito; fue la mejor decisión.

Ahora, en lo que sigue, me voy a dedicar a estropearles la sorpresa a quienes todavía no los hayan visto. [Perdón, perdón… no pude evitar darme cuenta de que había una contradicción entre lo que estaba diciendo y lo que estaba a punto de hacer].

La noche tuvo todos los ingredientes necesarios para un show excelente y algunos otros muy extraordinarios.

Ya en el momento en que este par de seres bonitos salieron al escenario, se generó una atmósfera transportadora en tiempo y espacio: él, vestido con un traje oscuro, muy elegante, con corbata por supuesto, y ella con un vestido de color plateado, con muchísimo brillo. Ese primer instante ya nos colocó en un lugar nuevo que prometía un toque diferente, un toque cuidado, un show en el sentido más completo de esa palabra. Y vaya si cumplieron esa promesa.

Es cierto que no lo pensé mucho pero mi inconsciente esperaba escuchar a Javier en el bajo únicamente. Bueno, los primeros compases de la noche fueron con él tocando la guitarra divina, divinamente, y cantando con un estilo y un encanto arrolladores. A su lado, Inés parecía un poco intimidada o tímida, pero ¡cuando empezó a cantar! Qué belleza de voz, por favor. Qué viaje que fue escucharla y verla. Una experiencia súper especial, súper bonita, que desde acá agradezco con todo mi corazón.

Estuvieron acompañados por tres músicos fantásticos: Javier Martínez Vallejos (batería), Ezequiel Dutil (contrabajo) y Mariano Agustoni (piano). Los tres la rompieron, haciendo que el todo sonara impecable. Mi corazoncito siempre tiende hacia la batería y en este caso me invadió por completo la alegría, creo que mitad por contagio del regocijo que se notaba que sentía Javier Martínez y mitad la alegría que me generaban las elecciones musicales preciosas que hacía con sus palos y sus escobillas (por dar un ejemplo de todas las fascinaciones: gran misterio cómo hacía para tocar en un mismo tiempo y con la misma mano el ride y el tom de pie… y que sonaran tan bien y tan a tiempo). Mariano Agustoni se lució hermosamente con el piano de la Zitarrosa toda la noche y nos regaló algunos momentos de introducción y solos que fueron un deleite para los oídos. Javier Malosetti contó que Ezequiel Dutil tocó música con su padre, Walter Malosetti. A mí me dio la sensación de que Dutil era el que proporcionaba la cuota necesaria de aplomo para que nos mantuviéramos medianamente conectados con la tierra. Con el cielo había muchas conexiones.

Tomando una pizca de distancia, lo que me surge con mucha fuerza es que fue un toque en el que sentí muy notorio que los músicos eran argentinos y no uruguayos. Sin querer generalizar, pero generalizando, el músico uruguayo tiende a tener una actitud de introspección pseudo nostálgica -muchas veces sin pseudo-, que invita a un viaje distinto. Lo que hicieron estos cinco músicos en la Zitarrosa tuvo una impronta de energía absoluta que se me antojó argentina. ¿Vieron que cuando vamos a Buenos Aires volvemos recargados? Bueno, el toque transmitió eso mismo. Desde mi lugar, me pareció que esa característica en particular venía especialmente de la mano de los dos Javieres (Malosetti y Martínez), que con sus notas transmiten algo muy potente y muy para arriba.

El repertorio consistió más que nada en standards de jazz, con algunos toquecitos de bossa nova y canción francesa.

La voz de Inés Estévez es una belleza en varios sentidos. Por un lado es muy, muy dulce. Su sonido en sí es cristalino, fresco y absolutamente directo. No cabe ninguna duda de que esa música viene dirigida directamente a uno. Por otro lado, la actitud con la que canta parte de un lugar que me pareció completamente despojado de ego; desde un deseo auténtico de generar algo hermoso para los oídos, para ser compartido. Eso se agradece muchísimo, porque en este ir y venir energético que se genera entre el escenario y la platea, todos nos nutrimos de lo que parte de un lado y del otro. El efecto en el cuerpo de quien estaba escuchando el otro día era una enorme comodidad y tranquilidad, todos los músculos relajados, permitiéndonos disfrutar de aquello que a poco de empezar ya no teníamos duda de que sería muy agradable durante todo el concierto.

A los veinte minutos de show me sorprendí especialmente disfrutando de Corcovado como nunca antes. Es una canción que, quizás por sobreexposición, no suelo disfrutar. Bueno, esta vez la disfruté y mucho, porque la dulzura con la que me llegaba la voz de Inés (¡y el contrabajo! ¡y la guitarra! ¡y las escobillas de a ratos dulces y de a ratos muy decididas de Javier!) fue realmente especial. Estos músicos me reconciliaron con ese tema.

Al principio yo decía que nos habían trasladado en tiempo y espacio. Tanto el repertorio como la puesta en escena y la intención que llegaba eran típicos de un club de jazz en Estados Unidos, en los años 50 o 60. Y la vocecita tan dulce de Inés supo transformarse por momentos en una de esas voces típicas de las cantantes de jazz al estilo de Ella, o de Billie. ¡Fascinante transformación! Temas como Moonglow nos hicieron emigrar por un rato pero con una autenticidad jazzera que me parece que nunca antes había experimentado en estas tierras.

Mariano Agustoni tocó una introducción de La Vie en Rose en el piano que me enamoró por completo. Fue algo muy, muy hermoso. Y, puede parecer extraño pero les juro que sus sonidos tenían las mismas características de dulzura, humildad y cristalinidad de la voz de Inés.

Fue una noche de glamour y desenfado, en la que la pasamos verdaderamente bien, con un show musicalmente impecable, con momentos de distensión, chistes, y algún disparate también (bienvenidos sean).

Javier Malosetti tocó la guitarra durante la mitad del show (¡y qué bonito!). Mezcla de dulzura con garra… algo bastante difícil de explicar. Hay que escucharlo. Y a la mitad del show, cuando yo ya no pensaba que pudiera pasar, agarró el bajo. Qué brutal ese primer tema solo de bajo (y voz) que tocó. No les puedo explicar lo que fue. Bestial y sublime. Desde mi ignorancia yo siento que hay dos tipos de sonidos en el bajo eléctrico, que supongo que los bajistas elegirán por preferencia personal. Están los que eligen un bajo que tiende a un sonido grave y están los que eligen un bajo que tiende a un sonido agudo. Sí, sí… no se emocionen con mis tecnicismos… ni me los envidien, porque estoy dispuesta a compartirlos sin problemas. Bueno, en mis términos pobres es así que puedo explicarlo: me gusta el sonido agudo de su bajo, con esa impronta de “me llevo el mundo por delante pero con conocimiento de lo que hago, con certeza de que vos querés que yo te empuje un poquito para sentir cosas que están un poco más allá de lo que vos acostumbrás a sentir”. Me permito hacer una reverencia en este plano de papel y agradecerle a este ser impresionante que me haya hecho sentir lo que me hizo sentir cuando tocó y cantó este tema, Roble (de los Fabulosos Cadillacs), con esa introducción imponente.

No contento con la guitarra, el bajo, su canto y su charme, Javier terminó sacando una cigar box guitar -la primera que me cruzo en la vida-, instrumento que me dejó hipnotizada. No se puede creer lo divino que suena.

Sobre el final del toque, invitaron a Juan Pablo Chapital a tocar un blues. Juan Pablo la descosió, con toda esa entrega que le pone a la música y con esa presencia muy especial… y esas notas sostenidas, nada tacañas, que permiten un saboreo especial con el corazón.

Durante todo el show Inés y Javier tuvieron un gesto que desde mi perspectiva fue el mejor regalo que nos podían hacer a todos los presentes: compartir una parte de su amor. A este mundo le hace falta que todos pongamos de moda al amor. A este mundo le hace falta que aquellos que tienen la suerte de encontrar en el camino una compañía que los haga felices, lo compartan y así planten en los demás la semilla necesaria para que ese sentimiento y esa actitud se multipliquen. Yo les agradezco especialmente por ese ejemplo bello de felicidad.

Foto de Portada: Karen Bernardi

Visita de Chester Thompson a Uruguay

Quienes leen Atresillado saben que normalmente escribo sobre los toques musicales el mismo día, porque este hábito, en verdad, es catártico. Ahora ya pasaron tres días desde que sucedieron algunos hechos maravillosos y sus efectos me dieron tal sacudón que me está siendo difícil desplazarme del área del corazón a la del cerebro y traducir parte de todo eso en palabras. Pero aquí estoy y prometo que haré todo lo que pueda.

Como habrán leído hace algunos días, tuve la oportunidad fantástica de entrevistar al baterista Chester Thompson por Skype, antes de su llegada a Uruguay (y la publiqué por acá). En ese momento me sorprendió mucho encontrarme con un caballero súper amable. Hablaba con calma, realmente escuchaba, y demostró paciencia y buenos modales cuando nos enfrentamos a algunos problemas técnicos para comunicarnos. Fue un verdadero placer tener esa conversación tan humana y enriquecedora.

Llegó el día en que los músicos del Alphonso Johnson’s Quartet llegaron a este rincón del mundo. Sus planes incluían una clínica por el cuarteto, una clase magistral por Chester Thompson y el concierto en el Teatro Solís.

Para mi sorpresa y pánico la productora me pidió que interpretase la clínica de Chester Thompson. A pesar de que estoy traduciendo todo el tiempo nunca trabajo como intérprete porque estoy convencida de que mi memoria es demasiado reducida como para recordar oraciones largas. Sin embargo, superé el pánico y acepté, teniendo en cuenta que pondría todo de mí para que los bateristas entendieran todo lo que él dijera.

También para mi sorpresa y pánico, Chester Thompson me pidió que le mostrara cómo tocar algo de candombe. Imagínense la escena: Alphonso Johnson, Federico Ramos, Gary Fukushima y Chester Thompson más varios bateristas uruguayos ahí… y yo intentando tocar un patrón de candombe. Era una misión imposible. Lo que toqué fue algo diferente; creo que inventé un ritmo nuevo. Entonces, le ofrecí a Chester Thompson que tomara una clase con un baterista que seguramente lo podría ayudar a llevarse una idea de nuestro ritmo: el inigualable Martín Ibarburu, por supuesto. [Esto puede ser injusto con varios otros bateristas uruguayos que también tocan candombe muy bien, pero la mayoría de ustedes ya sabe cuánto me gusta la música de Martín]. Chester Thompson tuvo la buena idea de aceptar y yo tuve la tarea fantástica de llevarlo a la casa de Martín y presentarlos.

Martín siempre me sorprende por su humildad, generosidad y amabilidad con todos. Fue emocionante descubrir que Chester estaba cortado por la misma tijera. Ahora los invito a que se imaginen a Martín diciéndole a Chester que era un honor tenerlo en su casa y a Chester diciéndole a Martín que el honor era suyo. Presenciar ese encuentro fue algo absolutamente impresionante. Por suerte me invitaron a quedarme y es así que puedo contarles que estos dos son algo de otro mundo, y no solo como bateristas.

Luego de explicarle un poco acerca del ritmo, Martín se lo mostró en la batería. Fue un deleite oírlos hablar sobre la estructura del ritmo y cómo Chester asociaba con varios otros ritmos latinos que ya ha tocado. Sin exagerar, ¡cinco minutos después Chester estaba tocando su primer candombe y sonando casi uruguayo! La sonrisa de Martín no podía ser más grande y yo me sentí tremendamente afortunada de poder presenciar todo esto.

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Photo: Patricia

Chester terminó mostrándole a Martín un par de cosas también, por supuesto, y me pareció que por una hora el planeta entero estaba viviendo una transformación positiva.

Solo esta experiencia habría sido suficiente para sentir felicidad en mi alma por un año. Pero esto era únicamente el comienzo.

Ese mismo día, a las 6:00 pm, Chester Thompson estaría ofreciendo su clase magistral en el Teatro Solís. Así que yo, a las 5:30 pm, entraba por primera vez en mi vida por la puerta trasera del teatro. No podía creer lo grande y alta que es la parte de atrás del escenario y lo hermoso que se ve nuestro teatro adorado desde el escenario. Es una delicia.

Llegó Chester y repasamos un poco los conceptos que iba a presentar. También me mostró con un pad suyo cómo no perder contacto con los palos y cómo usar los dedos para tener un mejor control sobre ellos. Y ahí salimos, al escenario. Increíble: Chester y yo. ¿Loco, eh? Sí, estoy de acuerdo. Súper loco y fascinante. Sin embargo, debo admitir algo. Ya no estaba nerviosa y no sentía que estaba con una leyenda, con uno de los mejores bateristas del mundo. Estaba en calma y disfrutando ese momento a pleno, porque él facilitaba todo con su presencia y amabilidad.

Chester-Thompson-master-class-Patricia-Schiavone

Foto: Pablo Avellino

Clinic-Chester-Thompson-Teatro-Solís

Foto: Germán Suárez

(Gracias a Pablo Avellino y a Germán Suárez por las fotos).

 

Estuvo una hora compartiendo generosamente su experiencia, sus conocimientos y su sabiduría.

Insistió en que ha sido muy afortunado en su vida por haber tenido la oportunidad de hacer música con los músicos que ha tocado (Zappa, Weather Report, Genesis, Phil Collins y muchísimos otros).

Entre los conceptos que compartió, sugirió que practicáramos todo comenzando con la mano derecha y luego comenzando con la mano izquierda. Todo. Mostró un ejercicio de calentamiento en el que tocó unas pocas notas en el bombo y sobre ellas tocó con las manos en el tambor rulo simple, rulo doble y paradiddles (empezando con la derecha y luego con la izquierda). “Y si resulta demasiado fácil, tóquenlo más rápido”, dijo, y lo mostró. Fue divertido cuando dijo que su mano derecha era funky y su mano izquierda era “straight”, así que obtenía un “feeling” diferente si tocaba con una o con la otra.

Habló de usar la muñeca solo para el primer golpe y usar los dedos para todos los demás, con los codos no separados del cuerpo sino relajados, colgando a los lados de este.

Puso énfasis en la importancia de escuchar a toda la banda como si estuviésemos sentados en la audiencia. Que no escucháramos a la batería; que escucháramos a la banda. Dijo que siempre que uno escucha una banda desde la audiencia y algo suena mal es porque alguno de los músicos no está escuchando a la banda sino que está escuchándose a sí mismo. Debo decir que estuve practicando esta manera nueva de escuchar y hace una verdadera diferencia en el resultado. Y no solo en la batería sino también en la vida.

El público le preguntó cómo había sido la experiencia de tocar con dos baterías. Él respondió que era mucho más difícil de lo que la gente normalmente suponía. Dijo que era muy importante tener contacto visual con el otro baterista, prestar mucha atención y escuchar de verdad. Explicó cómo Ralph Humphrey y él sentían la música un poco diferente y cómo tuvieron que ensayar mucho para lograr tocar bien juntos. También dijo que con Phil Collins fue distinto porque ambos sentían la música de forma muy similar y desde el primer día tocaron como si fueran una sola persona.

Otra pregunta fue sobre la posición de sus pies. Dijo que se había dado cuenta de que la gravedad era su amiga y la usaba a su favor. Pone el talón ni muy alto ni abajo, en una posición media.

Lamento que cometí un grave error: me olvidé de grabar la clínica. Estando en el escenario, concentrada en traducir, sé que estoy olvidándome de mucha información aquí, pero si llego a recordarla, corregiré la entrada.

Después de que terminó la clínica, la magia continuó por largo rato: El Alphonso Johnson’s Quartet tocó su concierto en el Teatro Solís. Es probable que lean acerca de eso en una nueva entrada.

Pienso que no es por casualidad que su música es tan espectacular. Estoy convencida de que en los casos de músicos magníficos como él, lo que escuchamos expresándose es su alma. Se puede ser un músico razonablemente bueno y no transmitir mucho. Si se transmite tanto como en este caso, se ha aprendido a mostrarle el alma al mundo.

Agradezco a Jazz Tour y a Cecilia Martínez-Gil por haber traído a Chester Thompson con Alphonso Johnson’s Quartet, por hacer posible una clínica de batería gratis, y por haberme elegido como lazo entre este batero fantástico y los maravillosos bateristas de Montevideo, quienes quedaron fascinados de tener esta oportunidad y han expresado de muchas maneras lo buena que estuvo la clínica.

Chester Thompson siempre será bienvenido por acá. Esperemos que vuelva pronto.

Chester Thompson’s visit to Uruguay

Those who read Atresillado know I usually write about music shows on the same day because this habit is actually cathartic to me. Now it’s been three days since wonderful events took place and their effects shook me so much that I’m finding it hard to move from the heart area into the brain, and translate part of that into words. But here I am and I promise I’ll do my best.

As you read some days ago, I had the fantastic opportunity to interview drummer Chester Thompson through Skype, before he came to Uruguay (and I published it here). I was astonished to meet a super kind gentleman. He talked calmly, he actually listened, and he showed patience and good manners when we faced some initial technical problems to communicate. It was a real pleasure having that human and enriching conversation.

The day came when the musicians of Alphonso Johnson’s Quartet arrived in this end of the world. Their plans included a clinic by the quartet, a master class by Chester Thompson, and the concert at the Teatro Solís.

To my surprise and to my panic, I was asked by their producer to be the interpreter of Chester Thompson’s master class. Even though I translate all the time, I never work as an interpreter, because I am convinced that my memory is too “short-termed” to remember long sentences. However, I overcame the panic and accepted, considering that I would really do my best for drummers to grasp everything he said.

Also to my surprise and to my panic, I was asked by Chester Thompson to show him how to play some candombe. Imagine the scene: Alphonso Johnson, Federico Ramos, Gary Fukushima and Chester Thompson plus several Uruguayan drummers right there… and I attempting to play one candombe pattern. It was an impossible mission. I played something different, a new kind of rhythm. Therefore, I offered Chester Thompson to take a lesson with one drummer who would certainly help him grasp an idea of our rhythm: the one and only Martín Ibarburu, of course. [This may be unfair with several other Uruguayan drummers who also play candombe very well, I know, but most of you know how much I like Martín’s music]. Chester Thompson had the good idea to accept and I had the fantastic task to take him to Martin’s home and introduce them one to the other.

Martín always amazes me for his humbleness, generosity and kindness with everyone. It was thrilling to discover that Chester was cut from the same cloth. I now invite you to imagine Martín telling Chester that it was an honor to have him in his house and Chester telling Martin that the honor was his. Witnessing that meeting was something absolutely amazing. Luckily I was invited to stay. That’s how I can tell you that these two are out of this world and not only as drummers.

After explaining a little about the rhythm, Martín showed it to him at the drumset. It was a delight to hear them talk about the structure of the rhythm and how Chester associated with several other latin rhythms he has already played. Without exaggerating, five minutes later Chester was playing his first candombe and sounding nearly Uruguayan!! Martín’s smile couldn’t be wider and I felt blessed to be able to witness all that.

 

Chester-Thompson-Martín-Ibarburu-Uruguay

Photo: Patricia

Chester ended showing to Martin a couple of things too, of course, and I felt that for that hour the entire planet was living a positive transformation.

This experience only would have been enough for my heart to feel joy for a year. But this was just the beginning.

That same day, at 6:00 pm, Chester Thompson would be offering his Master Class in Teatro Solís. So, at 5:30 pm I was entering for the first time in my life through the back door of the theater. I couldn’t believe how big and tall the backstage of the theater is! And how beautiful our beloved theater is seen from the stage! It’s a delight.

Chester arrived and we went a little over the concepts he was going to present, and he showed me with a pad of his how not to lose contact with the sticks and how to use fingers to have a better control of them. And there we went, to the stage. Unbelievable: Chester and I. Crazy, ha? Yes. I agree. Super crazy and fascinating. However, I must be honest here. I was not nervous anymore and I was not feeling like I was with a legend, with one of the very top drummers of the world. I felt calm and having the best, best time, because he made everything easy with his presence and kindness.

 

Chester-Thompson-master-class-Patricia-Schiavone

Photo: Pablo Avellino

 

Clinic-Chester-Thompson-Teatro-Solís

Photo: Germán Suárez

(Thanks to Pablo Avellino and Germán Suárez for the pictures).

He spent one hour generously sharing his experience, his knowledge and his wisdom.

He insisted on his having had a very blessed life, having the chance to make music with the musicians he played (Zappa, Weather Report, Genesis, Phil Collins and so many others).

Among the concepts he shared, he suggested to practice everything starting with your right hand first and with your left hand later. Everything. He showed a warm up exercise, where he played a few notes on the bass drum and on them he played a single roll, a double roll and paradiddles with the hands (starting with R then L). “And if that is too easy, make it faster”, he said, and showed it. It was funny when he said that his right hand was funky and his left hand was straight, so he got a different feeling if he played with one or the other.

He talked about using the wrist only for the first hit but using fingers for all the others, with the elbows not separate from the body but loose, hanging at the sides.

He stressed the importance of listening to the whole band as if you were sitting at the audience. Not to listen to the drums; to listen to the band. He said that whenever you listen to a band from the audience and something sounds wrong is because some of the musicians is not listening to the band but to themselves. I must say I’ve been practicing this new perspective for listening and it makes a real difference in the outcome! And not only in the drumset but in life too.

People from the audience asked him how the experience of playing with two drums was. He said it was much more difficult than people usually think. He said that it was really important to have eye contact with the other drummer and to pay close attention and really listen. He explained how Ralph Humphrey and he felt music a little different and how they had to practice to manage to play well together. He also said that with Phil Collins it was different because they both felt music very similarly and from day one they played as if they were one only person.

Another question was about the position of his feet. He said he realized gravity was his friend and he used gravity in his favor. He places his heel not up and not down, somewhere in the middle.

I’m sorry that I made a big mistake: I forgot to record the clinic. Being on the stage, focused on translating, I know I am missing lots of information here, but if I get to remember, I’ll edit.

After the master class finished, magic went on and on: Alphonso Johnson’s Quartet played their concert in Solís Theater. You may read about that in a separate post.

I think it’s not by chance that his music is so outstanding. I’m convinced that in cases of superb musicians like him, it’s the soul we hear expressing. You may be a reasonably good musician and not transmit much. If you do transmit lots like in this case, you have learned to show your soul to the world.

I want to thank Jazz Tour and Cecilia Martínez-Gil for bringing Chester Thompson with Alphonso Johnson’s Quartet, for making a free master class possible, and for having chosen me as a link between this fantastic drummer and the wonderful drummers of Montevideo, who were delighted to have this opportunity and have expressed in several ways how good this clinic was.

Chester Thompson will always be welcomed here. Let us hope he will come again soon.

Dúo de guitarra y percusión: Entrevista con Albana Barrocas y Agustina Canavesi

Albana-y-Agustina-Black-Mamba-Museo-del-Vino-foto-BLACK-MAMBA

La ventanita que abro hoy es para poder asomarse una pizca al proyecto musical llamado Black Mamba.

Como es un proyecto que me tiene intrigada, y sé que no solo a mí, aquí les ofrezco una entrevista con Albana Barrocas y Agustina Canavesi, quienes, en el marco de Black Mamba, estarán presentándose en el Museo del Vino en unos pocos días.

Agustina y Albana son dos mujeres que quienes las conocemos un poco sabemos de su fuerza arrolladora y de su compromiso absoluto con la música y con el crecimiento musical.

Mi primer contacto con Albana fueron dos videos de dos concursos de bateristas y quedé muy impresionada con su toque. Asistí a una clínica de batería magistral que dio en Kalima, que quienes estuvimos no olvidaremos más. Luego la escuché con Hugo Fattoruso en varias instancias y cada vez que la veo me voy pensando que es increíble lo que toca, su actitud y todo su encare musical, que es notoriamente joven y a la vez increíblemente maduro en sus elecciones musicales.

Con Agustina tuve la oportunidad de compartir un camino de crecimiento musical y personal y la vengo viendo crecer musicalmente de manera sostenida y tomando direcciones bien interesantes en su toque. Hace quizás un año presentó algunas de sus composiciones en un toque en la Plaza Matriz y fuimos varios los que quedamos encantados.

Así que esta combinación de Agustina y Albana es muy bienvenida.

No he tenido la oportunidad de ver a Black Mamba todavía. Como imagino que algunos lectores pueden estar en mi misma situación, ¿podrían contarnos un poco cómo es la banda y cuál es la propuesta musical?

Somos un colectivo de músicos y con esto nos referimos a que las integrantes pueden ir variando en número, instrumento y persona. Por ejemplo, el año pasado éramos un quinteto integrado por Patricia Ligia (bajo), Patricia López (saxo y flauta traversa), Agustina Canavesi (guitarra), Alejandra Gómez (trompeta) y Albana Barrocas (batería). Este año pasó Sofía Mattsson con su trombón. Hoy en día somos Patricia Ligia, Agustina Canavesi, Alejandra Gomez y Albana Barrocas… y quién sabe mañana qué y quiénes.

Nuestra propuesta musical se  basa en  las formas y estructuras del jazz, abarcando diferentes géneros musicales, rioplatenses y extranjeros.

¿Para integrar este colectivo musical hay que ser mujer?

La idea de la banda básicamente es darle ese  toque diferente al grupo, pero no es lo fundamental ni excluyente. Por ejemplo, en abril de este año tocamos en el Festival del Día Internacional del Jazz en el Sosiego y dado a que Pati Ligia no podía presentarse por una grabación, fue Valentín Gómez y nos acompañó en el bajo. Además, cada una de nosotras, paralelamente, toca en grupos mixtos.

No queremos caer en la intención de que siempre sean mujeres, toquen como toquen. ¡NO! Cuando Pati Ligia nos convocó a todas, consideró que habíamos chicas con el suficiente nivel y responsabilidad para armar este proyecto… responsabilidad en el sentido de que nos preocupamos por estudiar el instrumento, que suene bien, que si hay algo difícil lo afrontamos en lo individual del instrumento y como banda. No hay intenciones de hacer diferencias de género, solo darnos la oportunidad de compartir esta experiencia con personas que nos enriquecen en muchos aspectos no solo lo musical. Y así se armó la banda y continúa en el mismo canal.

¿Cuánto hace que están tocando juntas con el grupo?

Pati Ligia nos convocó a todas en mayo del año pasado y desde entonces venimos tocando y experimentando.

¿Ahora se trata de adaptar Black Mamba al formato dúo o la propuesta es diferente?

Estuvimos de acuerdo en que la propuesta de Black Mamba sea adaptable a diferentes circunstancias. Ahora con la excusa de que Pati Ligia y Ale Gómez se encuentran de viaje en el exterior por un mes, creamos un repertorio a dúo, donde nos exprimimos musicalmente. Algún temita del repertorio de banda está, pero en general dentro del género interpretaremos otras obras y composiciones propias.

¿De qué generos son las composiciones propias?

Los géneros son variados. En su mayoría rioplatenses. Pasamos por candombe, milongas, marcha camión, zambas y también algunos ritmos de Brasil que nos parecieron interesantes versionar.

Muchas composiciones tienen letra o melodías cantadas, una estructura, y algunas presentan melodías y luego se improvisa. Para estas nos servimos de las herramientas que hemos aprendido con el jazz.

Cada una de nosotras trae variedad de composiciones y versiones, solo que tuvimos que elegir las músicas  que se prestaban para presentar a dúo y versionarlas con los instrumentos que vamos a usar.

¿Qué cosas especiales permite el formato dúo que no permite un formato más grande?

Para nosotras el dueto está siendo puerta abierta a la creatividad donde quedamos “audio-visiblemente” expuestas. Jugamos con distintas dinámicas, intensidades y colores generando distintos ambientes para que al espectador no le quede gusto a poco, y nosotras sentir que transitamos por distintas formas de expresión.

Ambas están participando de muchas propuestas musicales diferentes. ¿Qué las hace a cada una de ustedes elegir Black Mamba como uno de los proyectos a los cuales ponerle energía?

Agustina:

Cuando por primera vez nos juntamos y se propuso una lista de temas a explorar donde se convocaba además a la improvisación y creatividad, de inmediato me sedujo. También me interesaron mucho los autores que se sugerían. Pasaban músicos por ahí que son los que escucho, u otros que desconocía y fue un gusto descubrirlos. Citando algunos nombres pienso en Leonardo Amuedo, Daniel Maza, Hugo Fattoruso, Nico Mora, Hermeto Pascoal. Por mi lado vengo musicalizando jazz pero aquí la propuesta abarcaba estos autores rioplatenses que te exigen ir más allá de tus límites con un respeto y conocimiento de las raíces musicales del sur de América, lo que siginificó  transitar mi identidad cultural.

Black Mamba ha sido mi oportunidad de crecer como músico definitivamente y tener la oportunidad de tocar con músicos de un nivel muy exigente.

Albana:

Se despega a lo que venía tocando, como así también sus integrantes. Me exige y me ayuda a crecer musicalmente. Géneros como el jazz clásico, candombe (en batería), samba y otros son tan simples y complejos al mismo tiempo… tenés que saber ponerle el “jeitinho” a cada estilo y tocar lo justo.

¿Cuáles son las perspectivas que tienen con este dúo?

Que la gente disfrute lo que venimos preparando. Tenemos músicas propias, versiones, etc. Como dúo no hay proyectos, tal vez algún toque más. Lo lindo de este colectivo, es saber improvisar en el momento.

¿Y qué expectativas tienen con Black Mamba?

Las mismas que cualquier músico uruguayo… poder tocar seguido, generar un público seguidor, poder viajar con nuestra música, grabar un disco , etc., etc.

Entonces, ¿cuándo es la próxima oportunidad de escucharlas?

El jueves 4 de agosto a las 21 horas tocamos en El Museo del Vino, que queda en Maldonado 1150, esquina Gutiérrez Ruiz. Conviene reservar por el mail info@museodelvino.com.uy o por teléfono: 2908-3430.

Muchas gracias por dejarnos conocerlas un poco más.

Gracias a ustedes.

Foto de portada: Black Mamba.

Martín Buscaglia y sus Bochamakers

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Foto: Lucía Coppola

 

La manera más efectiva de sobrevivir a este invierno larguísimo viene siendo ir a escuchar buena música. Es eso o emigrar, y elegir el destino para lo segundo viene complicado, inclusive para quienes no leemos muchas noticias.

Al entrar al Teatro Solís el jueves 21 de julio, a eso de las 20:30 horas, yo me sentía como en un teatro de Buenos Aires, o como me imagino un teatro en París. ¡Había una cantidad maravillosa de personas! Se habían juntado dos toques interesantes y el hall y las escaleras estaban repletos de gente. Una ebullición linda de vivir, verdaderamente.

Quienes habíamos optado por la Sala Zavala Muniz nos acomodamos en nuestras butacas, en mi caso frotándome las manos con expectativa. La sala estaba completa y prometía.

El toque comenzó con Martín Buscaglia candombeando con su guitarra en el centro del escenario debajo de un foco que solo lo iluminaba a él. Encima de su ritmo Martín hablaba, como habla él, al ritmo de la música, con su poesía tan personal, ocurrente y que a una le dibuja una sonrisa de inmediato. “El unísono es una disciplina cuyo mismo nombre te indica cuando la estás realizando correctamente, ¿no? Cuando se canta juntos así, unís o no”.

Luego de un par de temas, Martín agarró un lap steel, lo apoyó en su falda y con un slide tocó un blues buenazo, con una maravillosa letra cabopoloniense y con la compañía percutiva exquisita de su Bochamaker Martín Ibarburu en el bombo legüero. La cadencia de la música y la letra fue un traslado inmediato a ese paraíso que algunos atesoramos. Muchas imágenes soñadas se me representaron mientras tocaron esa canción. Belleza para todos los sentidos.

Buscaglia te sorprende todo el tiempo. Si tomás casi cualquiera de sus canciones, las letras te van sorprendiendo a medida que van avanzando. Por dar un ejemplo de los que sonaron:

Cuando dice “El agua está divina”, uno se imagina a alguien metiéndose en el agua de la playa, una temperatura impecable, un cielo celeste y un paisaje de verano. Pero lo que sigue es: “Piensa el gallo en su veleta”, y ahí nos trasladamos a un día lluvioso, un cielo atiborrado de nubes negruzcas copiosas y poniéndonos en el lugar del gallo pensamos que no debe ser un día de tormenta ni lluvia torrencial… seguramente el gallo disfruta más de una lluvia tranquila. Entonces la letra sigue: “Y yo pienso en tu silueta”, lo que nos traslada a otra situación y lugar, y así continúa toda la noche.

El siguiente tema que tocó me pareció una obra de arte. Se llama “Muy feo” y es muy genial. Al parecer el compositor estaba muy molesto con alguna persona por alguna actitud o acción y en lugar de componer algo rabioso, algo que transmitiera con las notas o con el ritmo cualquier emoción negativa, compuso una canción que es alegre, divertida y que a la vez se burla con altura del objeto de la molestia, tanto con la música y su ánimo como con la letra: “Lo tuyo ni siquiera no me gusta”; “Te está faltando ejercicio… te está faltando satisfacción, estás muy solo en tu colchón”; “Pero tranquilo, no pasa na’, te quiero”. Escrito así y fuera de contexto sé que pierde gracia; tienen que escuchar ese tema.

Todos sabemos que no hay dos toques iguales (gracias al cielo, claro) y generalmente eso se asocia con el momento o el coloque de los músicos cada noche. Este toque del jueves tuvo la particularidad de que los músicos estaban conectados entre sí, entregando todo, y les tocó en suerte un público insólitamente tímido o reprimido, váyase a saber. Eso influyó un montón en que un toque que tenía todo para ser explosivo, y para mudarnos al calorcito por dos horas, fuera un toque manso, intachable desde el punto de vista musical, pero al que le faltó la colaboración activa de la otra mitad del show: el público.

La invitación de Buscaglia siempre es a que participemos, a que coreemos, etc. y es algo que se goza mucho, por la energía que se genera entre todos. Bueno, el jueves Martín la remó de una manera impresionante, tanto que me saco el sombrero y le hago una reverencia, pero la tarea era completamente titánica. Al público le costó tres cuartas partes del toque soltarse y formar parte de la propuesta.

Momento religioso ese en que entraron al escenario sus Bochamakers de la noche: Herman Klang (teclados), Matías Rada (guitarra), Mateo Moreno (bajo) y Martín Ibarburu (batería).

Musicalmente fue un toque buenísimo. Mateo Moreno y Martín Ibarburu juntos hacen la base más musical y copada del planeta. Lo que toca Mateo es cool, funky, tiene un sonido espectacular, tiene todo el groove del mundo y está todo el tiempo atento a la batería y a Buscaglia y a lo que pasa en todo el escenario. Herman Klang le puso mucha polenta y un carácter extraño y bien interesante al todo, que me dio la impresión que le dio una vuelta de tuerca diferente a los Bochamakers esta vez. Hubo un tema sobre el final que tocaron Buscaglia y él solos que despertaron varios “qué divino” a mi alrededor. Y Matías Rada tocó cosas buenísimas en la guitarra, se mandó unos solos que erizaban la piel y unas voces buenísimas también.

En cuanto al agite del show, Martín Buscaglia y Mateo Moreno le pusieron toda la garra que se puedan imaginar para que aquel show le llegara al público con todo. Le pusieron onda, le pusieron energía, se bailaron todo como acostumbran, había complicidad entre ellos y en el escenario, todo impecable.

Martín en la batería es algo indescriptible, ya. Y combinado con el ritmo que lleva en la sangre Buscaglia, y con los otros músicos termina siendo demoledor, arrollador, una propuesta verdaderamente disfrutable y muy prolija.

Fue después de una hora y media aproximadamente que Buscaglia tuvo la idea brillante de decirle al público más o menos esto: “Ahora se levantan, aplauden, cantan y reaccionan”. Jajajá. No, no. No dijo así. La invitación fue muy delicada y amable… y tremendamente efectiva. El público se levantó, y ¡bailó un montón!, y acompañó con palmas y cantaba. ¡Y no se volvió a sentar! Sinceramente fue inexplicable para mí por qué gente que sí conocía las canciones y sí le gustaba Buscaglia estuvo como anestesiada por tanto rato. ¿Serán los agroquímicos que nos están poniendo en la comida y en el agua? Quién sabe.

En definitiva: una propuesta musical buenísima, como nos tienen acostumbrados estos músicos maravillosos, pero un toque raro, que tenía una barrera energética misteriosa que partía desde el público. Ojo, así lo viví yo. Quizás otras personas observaron algo diferente y lo vivieron distinto… ojalá que en otros rincones de la sala se haya vivido con más frescura y con más recepción que desde mi butaca.

Desde acá hago un pedido especial a los músicos: no paren nunca, sigan cantando, sigan tocando, sigan desmorrugando, sigan componiendo y sigan confiando en que lo que hacen está muy pero muy bueno.

***

Crónica escrita para COOLTIVARTE.

Hablemos de música ultramarina: Entrevista a Trío Ibarburu

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El 29 de julio, en la Sala Hugo Balzo del Sodre, a las 21 horas, el Trío Ibarburu estará presentando su nuevo disco, titulado “Ultramarino”. Sepan desde ya que no se lo pueden perder por nada, nada del mundo.

Al saber que las puertas cósmicas se habían abierto para que pudiera entrevistar al Trío Ibarburu, pensé que era prudente escuchar algunos de los temas del disco nuevo. Claro, puede ser que haya sido una decisión atinada desde el punto de vista de la responsabilidad de ir a hablar de algo conocido, pero fue completamente imprudente en lo que respecta a mantener mi centro emocional. Para cuando llegué a hacer la nota mi contacto con la tierra era efímero y me llevaban en andas la fascinación, la incredulidad, el asombro y especialmente la admiración, que si bien son todas emociones muy positivas y disfrutables, a la hora de entrevistar no son la compañía más conveniente. Entonces, la invitación es a leer una entrevista que tiene como trasfondo vibratorio un estado alterado.

Si bien —como sabemos— el trío está formado por Nicolás Ibarburu (guitarra), Andrés Ibarburu (bajo y cello) y Martín Ibarburu (batería y percusión), en esta entrevista no pudo estar presente Martín. Es así que lo que leerán a continuación es una conversación con Nicolás y Andrés. Sin embargo, con una pregunta en particular sentí que hacía falta incorporar la voz de Martín, así que lo contacté después y pude agregar una respuesta de parte suya.

Patricia Schiavone: ¿Cómo son las composiciones del disco?

Nicolás: Son de Andrés y mías, mitad y mitad.

Andrés: Pero también cada uno desarrolla mucho su parte. Por ejemplo, en los temas que son míos hay cosas que son de él o hay cosas que son de Martín. Ninguno compuso una partitura, nota por nota. Es como una idea original y un concepto.

Nicolás: Y después cada uno desde su instrumento, juntos, construimos el sonido del trío.

PS: ¿Pero en algún momento se escriben los temas?

Nicolás: Bueno, sí, los temas están escritos.

Andrés: Claro, a mí me gusta más escribir, porque como estudio música clásica estoy como más acostumbrado y me siento como más cómodo. Nico labura más de memoria… y también escribe algunas cosas. Que tampoco es todo, ¿no? Son como algunas referencias de algunas partes. Porque es un concepto. En general dicen que eso es del jazz pero la música folclórica en general tiene eso, ¿no? Por ejemplo, cuando un guitarrista te dice: “Yo sé un tango”, lo que él tiene es como una especie de esqueleto, de guía. Después cuando va a tocar, sobre eso él va a elaborar algo. Un buen músico de tango se espera que sea así. En el jazz es como muy típico tener un cifrado, los acordes y la melodía pero en esto no es tan así. Hay cosas que están muy arregladas y muy armadas y hay cosas que son mucho más libres.

Nicolás: Claro, hay partes que están arregladas y luego hay partes que se rellenan con improvisación. Eso es lo que hace también que cada toque sea diferente al otro. Este también es el objetivo de este encuentro: tocar con mucha libertad, improvisar mucho y dejar salir cosas del momento pero siempre con un laburo de arreglos y de composición, de experimentación para buscar el sonido y hacer rendir los temas, que ahí es donde ponemos todo de todos.

Andrés: Además, el disco está grabado con esa técnica. Está la composición, entonces hay como una parte que está armada, pero todo lo que está improvisado en la grabación del disco es así. No es como cuando se graba un disco pop, que se graban varios solos y después se elige uno. Acá es como grabar un disco de jazz: cada uno toca su solo y su improvisación y queda lo que queda. Hay una espontaneidad en lo que queda grabado. Creo que según la música se usan diferentes criterios.

PS: Pero entonces, Andrés, o tienen invitados, o vos tenés un clon que toca bajo y tocás cello a la vez.

Andrés: Eso sí. Hicimos lo que se llama “overdub”, que es que el mismo músico toca de nuevo otro instrumento. Hay temas que tienen dos guitarras o tres guitarras, en los que Nico toca varias veces. Eso sí lo hacemos. Hay temas en que Martín toca la batería y después toca los tambores o percusión.

Nicolás: Pero siempre sobre una toma en la que tocamos los tres juntos a la vez. Y después le ponemos algún adorno, alguna cosa. Te podés dar ese lujo porque es un disco de estudio. Si fuera un disco en vivo, no podés.

PS: Escuché “Para rumbear mi camino”.

Nicolás: Esa es una canción que hicimos con un amigo. Él le puso la letra, la música es mía, y nosotros hicimos una versión instrumental.

PS: ¿Y quién toca el piano?

Andrés: Un amigo que vive en República Checa pero en realidad es Eslovaco. Se llama Tomas Jochmann. Yo he hecho mucho con él allá. Es muy delicado. Es uno de esos pianistas que disfrutan mucho tocar el piano acústico.

PS: En el tema “Membrana”, ¿pusieron voluntad explícita en que ese tema fuera de jazz y a la vez de candombe, y a la vez de folclore y tuviera toques de pop/rock o surgió así porque ustedes llevan todo eso adentro?

Nicolás: Y… yo creo que es eso último que dijiste. Porque se va dando naturalmente y vas volcando cosas. Pero sí, ese tema en particular tiene una cosa medio folclórica, que también es un candombe, pero está en 5, o sea que no es un candombe tampoco… pero tiene aires así de candombe, de repente los fraseos… pero es un ejemplo de bastantes corrientes convergiendo ahí en un punto. Hay varios temas así en el disco.

Andrés: Es que también esas fusiones que decís en la música está bueno cuando suceden espontáneamente, ¿no? Cuando un grupo empieza a hacer algo y vos decís: “Ay, pero esto ¿qué es? Es esto… Entonces viene un crítico y dice “esto es una mezcla de tal y tal”. Pero cuando uno dice “voy a mezclar esto con lo otro…” como que no se puede hacer así. En realidad te sale naturalmente y a la hora de describirlo, ahí empezás a encontrar cosas. Pero la música no piensa ella en sí misma “soy un candombe”, por ejemplo.

Escuchar “Membrana

 

PS: ¿Me contarían cómo nació ese tema?

Nicolás: Sí, Membrana fue una música que yo armé en casa, que después obviamente cuando la tocamos juntos floreció y salieron un montón de cosas más y quedó mucho más lindo el tema, por el tratamiento que siempre les hacemos a las canciones con el trío. Pero fue así, una exploración en eso del 5, buscando un poco… de esas charlas que siempre tenemos con Andrés y con Martín. A veces nos quedamos explorando cosas así, de compases irregulares… mismo en algún almuerzo. Y fue un poco en ese espíritu, explorar por ahí, y salió Membrana.

PS: Qué pena que no está Martín, porque yo me pregunto en este tema “Membrana” cómo será que le habrá surgido tocar eso que toca. Vos lo escuchás y es un candombe, pero a la vez es jazz por la llevada en el plato, por el feeling general. Y sin embargo el tambor ¡es pop!

Nicolás: [risas] Claro. Ahí va.

Andrés: Creo que también está bueno que a nosotros nos pase eso porque es lo que es nuestra cultura. Como latinoamericanos somos una mezcla de muchas culturas, de muchos pedazos de muchas culturas: tenemos cosas de los indios, de los negros, de los españoles, de los italianos… entonces me parece que es lógico que pase eso que vos decís que salgan cosas de muchas vertientes.

PS: ¿En qué encuentran que este disco se diferencia del anterior?

Andrés: Son propuestas completamente diferentes. Para grabar el otro disco lo que hicimos fue encerrarnos en una casa preciosa que nos prestaron en Punta del Este, llevamos el estudio armado y nos quedamos solos con los instrumentos cinco días. Nos grabamos nosotros. Que por eso tiene ese nombre “Huella Digital”, porque es una cosa que tiene mucho que ver con nuestra identidad. Yo nunca había hecho eso de grabar sin técnico. No había nadie por fuera. Limpiábamos nosotros, comíamos la comida que teníamos adentro de una heladera. Sí nos fueron a visitar amigos e hicimos algún asado pero a la hora de laburar, estábamos solos. Sin ni siquiera un técnico. El coloque de ese disco es la concentración de nosotros tres solos. Lo hicimos también por una cuestión histórica, de que veníamos por mucho tiempo acompañando a otros músicos. Ellos nos dieron lugar para nuestra creatividad: Jaime, Rada, etc. pero claro, ellos tienen una personalidad tan grande, y además nosotros tocamos con ellos desde muy jóvenes, entonces como que decidimos arrancar de lo que éramos nosotros sin ninguna influencia externa.

Y este otro disco es una cuestión bien diferente. Porque este es un disco que hicimos mientras yo vivía allá y ellos acá. Por eso se llama “Ultramarino”. Es como a través del mar. Yo vine de visita y grabamos. Después fueron ellos de visita y grabamos allá. Después hicimos algunas cosas por internet.

PS: ¿Cómo la llevan que Andrés viva en Praga?

Nicolás: Bueno, con internet es más fácil, porque tenemos contacto permanente y fluido.

Andrés: Hoy nos acordábamos cuando Martín estuvo en Holanda, que había que llamar por teléfono, encontrar al otro, valía una fortuna. Y además, claro, la comunicación en ese contexto se vuelve una cosa súper concreta. Uno no podía ponerse a contar anécdotas, y ahora con Skype sí. Dejás la computadora en la mesa y es como si fuera una ventana.

PS: ¿Qué es notoriamente diferente cuando tocan entre ustedes tres y cuando tocan con otra persona?

Nicolás: Sin duda que tenemos muchas horas de vuelo y mucha experimentación, camino recorrido juntos, que eso suma muchísimo a la “conecta” pero creo que donde más la siento reflejada es más que nada en proyectos jazzeros de improvisación, donde vos tenés que soltarte para tirar una idea nueva o diferente y al mismo tiempo saber que podés volver con familiaridad, sin irte al carajo y caer en cualquier lado. En ese sentido tenemos mucha conexión y entonces cada uno de nosotros puede abrir diferentes momentos musicales o frases o cosas y siempre estamos enganchados igual. Me parece que eso se da más —por lo menos para mí— que en cualquier otro proyecto en que haya estado.

Andrés: Para mí también. Y agregaría una cosa más. Que hay cosas que siempre hay que estarlas hablando entre los músicos, o explicando, o escribiendo y entre nosotros pasa mucho que hay mucha cosa que directamente no se dice, que es mucho más claro si lo tocás que si lo decís. Incluso nos ha pasado también —pasó el otro día— de tener alguna discusión personal por una cosa extramusical y como que tocando resolvés de alguna manera el problema. Es medio misterioso.

Nicolás: Y sí, se mueven muchas cosas. Con la música se mueve todo, ¿no? La espiritualidad, los sentimientos. Eso es lo lindo también.

Andrés: Se acomodan cosas que por ahí hablando no se acomodan tan fácilmente. Tocando hacés algo que el otro lo entiende, o vos le entendés algo al otro y se crea una conexión y se disuelve ese conflicto. Pasa. Y creo que también pasa con el público. Cuando vas a ver un concierto, a veces se te resuelven cosas.

PS: Les traje algunas palabras y quisiera saber a cuál de ellas la asocian más con este disco: Libertad – Felicidad – Plenitud – Paz – Evolución – Amor

Andrés y Nicolás (a la vez): Evolución.

Nicolás: Todas las palabras están. Pero me parece que al ser un tercer disco tenés que priorizar el crecimiento, la evolución. Este es un disco más evolucionado a nivel de búsqueda, buscamos por otros lados, de intentar otros climas, otras instrumentaciones, que por ahí no están en los otros dos. Por eso me identifiqué con esa palabra. Evolucionar no quiere decir hacerlo más complejo o cargarlo de elementos. A veces es al revés. Evolucionar es vivir lo que estamos viviendo ahora, que es la música con un océano en el medio, como dice Andrés, y siguiendo en esas búsquedas que van a estar más allá de la distancia. Este proyecto es eso: cada vez que nos veamos, vamos a juntarnos a tocar y explorar.

PS: Yo encontré una madurez especial en esos temas que escuché. Un aplomo que me pareció nuevo y como si la fuente fuera más el corazón que la cabeza. “Neurology” tiene muchas más notas pero igual tiene una solidez especial. ¿Cómo surgió?

Nicolás: Ese tema es de Andrés.

Andrés: Ese tema yo lo hice porque quería que tocáramos un candombe rápido con el trío. En ese sentido fue como una cosa que busqué. Pero después también le encontré… A veces la composición es un proceso muy misterioso y es muy diferente para todo el mundo. Pero hay veces que es como te dijo Nico de Membrana, que es como que encontrás algo. Y otras veces tenés algo y construís arriba de eso, sin haber tenido un motivo inicial. Es como que vos lo proyectaste. En el caso de este tema fue más así, de ir a buscar un candombe rápido para tocar juntos. Después el nombre… el que ponía nombres así era Charlie Parker: Ornithology, Anthropology… que en realidad es para ponerle un nombre, usando una palabra que te gusta como suena. En mi caso también tiene el significado de que mi mujer es neuróloga y también tiene que ver con cosas que yo hablo con ella, que es interesante, de cómo funciona el cerebro, señales que se pasan de un lado para el otro, impulsos eléctricos que se van conectando, se hacen como redes.

PS: Supongo que es difícil verse como si no fueran hermanos. Pero les pregunto, ¿qué admiran más uno del otro como músico?

Nicolás: Yo admiro su curiosidad de siempre, de seguir estudiando y explorando mucha música. Nosotros, con Martín, como hermanos menores, toda la vida nos beneficiamos de esa curiosidad. También su originalidad. Me parece que es quien le da el mayor toque de originalidad al trío. Tiene la visión musical diferente a lo estándar.

Andrés: ¡Muchas gracias! Yo lo que más admiro de Nicolás es directamente la genialidad. Cuando algo es especial y es muy difícil entender por qué es especial, ¿viste? Hay cosas que vos ves y están buenas, otras mejores y peores, pero hay otras que son geniales. Ya no tienen medida, ya no se puede calificar o medir. No es analizable. Está como más allá de lo que se entiende o lo que se explica. Que eso también es otra cosa de la música, ¿no? Cuánto entra el lenguaje, cuánto entra la racionalidad y cuánto viene del corazón y cuánto viene del espíritu. Pero la genialidad tiene como algo más, como un sello especial que ta. Que uno lo reconoce pero no sabe explicarlo.

PS: ¿Y qué admiran de Martín?

Andrés: Es una persona que domina el sonido como si fuera… no sé, un barco, un avión, que tiene ochocientos cincuenta mil botoncitos y cosas y el tipo lo hace volar como si fuera una seda, todo, sin chocar contra nada, todo suave, todo perfecto.

Nicolás: Martín es el caso de esos tipos que te hacen sentir que tocás bien. Y en realidad es porque estás tocando con Martín. Aparte que tiene una musicalidad y una administración del fraseo y de las notas que es como muy refinado. Es como que te prende el Rolls Royce y te saca a pasear por la rambla. Te hace sentir como que estás en algo elevado. Es tremendo.

Andrés: Totalmente.

Nicolás: Y también creo que la búsqueda del proyecto, que siempre mencionamos, que tiene al candombe, es esencialmente por Martín, porque Martín es el que hace todas esas adaptaciones del candombe en la bata. Me parece que es el que lleva la parte más importante, más trascendente de esa búsqueda. Y creo que Martín —dicho mismo por Osvaldo, incluso por Hugo—, es como el continuador de esa búsqueda del candombe en la batería. Como muchos bateros, ¿no? Pero sin duda Martín es uno de los referentes a ese aspecto.

Andrés: Sí, en este trío es fundamental. Pasa mucho por ahí. ¡Realmente todo sale con una facilidad! No tranca nada. Al revés, impulsa todo. Y cualquier idea es como que se despliega, sin chocarse contra nada, ¿viste? Todo se vuelve fluido, limpio, cómodo, flexible.

PS: A mí me emocionó que en uno de los temas que escuché hay frases que las inician ustedes dos pero las termina Martín con la batería.

Nicolás: Sí, total.

Andrés: Sí, realmente es una cosa muy increíble. Como un lenguaje del ritmo que no es el típico lenguaje del ritmo que es simplemente acentuar. Hay momentos en que realmente habla con el ritmo. Eso también lo hace en el solo de Huella Digital. Todo el significado está ahí. No hace falta ningún acorde, ninguna melodía. El mensaje está todo en el ritmo. No hace falta colorear eso de ninguna manera; no hay que agregarle nada.

PS: Y vos, Andrés, hay momentos en que llevás la melodía y está buenísimo.

Andrés: Eso es algo que hacemos, que nos rotamos… que dos aguantan a uno. No hay puestos fijos.

PS: ¿Eso surge naturalmente? ¿No está planificado?

Andrés: Sí, son cosas que se dan. Es que ahora estamos como descubriendo todo eso porque nos ponemos a pensar pero en verdad son cosas que pasan solas. No hay necesidad de entender exactamente qué es. Ahora que vos lo preguntás, decís: “Claro, pasa esto”, pero en verdad simplemente pasa.

PS: Después de la entrevista, Martín Ibarburu respondió telefónicamente a mi consulta: ¿Qué admirás de Nicolás y Andrés como músicos?

Martín: Muchas cosas, vo. Como guitarrista, para mí es el guitarrista. Yo aprendí a tocar con él. Mi idea de lo que es tocar la guitarra es lo que toca él. Y lo que me pasa es que conecto con mucha cosa de toda la vida. Cualquier composición de él o solo que haga, o hasta a veces escucharlo acompañar, me conecta con un montón de cosas que hemos vivido juntos. Lo escucho tocar y es como… como eso. Es como una mezcla de admiración con algo muy familiar que siento con él.

PS: ¿Como mellizo sentís que tenés alguna conexión distinta a la que podés sentir de repente con Andrés?

Martín: Es diferente, sí. Pero con Andrés igual me pasa algo parecido, porque aprendimos a tocar juntos. Cuando pienso en una manera de tocar el bajo, es Andrés. Yo toco con muchos bajistas y hay muchos que son excelentes pero siempre tengo que estar pendiente de ensamblar con ellos. Con Andrés no pienso en eso, es como algo muy visceral, de una conexión muy profunda que me parece que viene por el lado ese, de haber aprendido a tocar juntos.

Y los admiro profundamente a los dos como músicos, como compositores. Tienen eso, hacen parecer fácil cosas que no son tan fáciles. Yo me doy cuenta, tocando con otra gente, que no es tan fácil (él se ríe… y yo también, porque pienso en cómo Nico y él dijeron lo mismo uno del otro).

Andrés por ejemplo tiene una cuestión de su fraseo muy salada, muy profunda, como que la agarra por lugares que te sorprenden pero con una conciencia salada, con un piso muy grande en su improvisación. Tiene eso.

Y Nico tiene esa capacidad de tocar cosas difíciles. O aunque toque cosas muy sencillas, las hace sonar mejor. Tiene una capacidad para armar voicings, para elegir cómo armar acordes, cómo tocarlos. De repente puede ser una composición súper sencilla y el tipo siempre le encuentra la vuelta para ponerle algo, un chispazo. Eso de Nicolás me genera mucha admiración.

PRESENTACIÓN DEL CD ULTRAMARINO

La presentación del disco contará con un invitado especial: Juan Pablo Di Leone (en armónica y flauta). A continuación comparto los detalles de día, lugar, hora, entradas, para que nadie quede sin la oportunidad de ir a vivir esto:

Viernes 29 de julio a las 21 horas.

Sala Hugo Balzo (Auditorio del Sodre)

Mercedes y Andes.

Entradas: por Tickantel

Foto de portada: Valentina Romano

Entrevista publicada también en Cooltivarte

Listen! Drummer Chester Thompson

Screen print by Patricia

Screen print by Patricia

Next July 28th, 2016, Alphonso Johnson’s Quartet will be playing in Teatro Solís, in Montevideo. This means Uruguayans will have the rare chance of listening live to four wonderful musicians: Alphonso Johnson (bass), Chester Thompson (drums), Federico Ramos (guitar) and Gary Fukushima (keyboards). Some of us are really amazed at the fact that we will be able to attend a concert in which two ex Weather Report musicians will play on stage. This is something so unexpected as mind blowing.

Talking about surprising chances, please be my guest to read my interview to Chester Thompson.

 

Patricia Schiavone: We are really delighted that you are coming to Uruguay with Alphonso Johnson’s Quartet. You have played with Alphonso for a long time. I’d like to know what feels good about playing with this particular quartet with him.

Chester Thompson: We have not played together yet with this quartet. When I get to Los Angeles we will play for the first time. I think he has been playing with them, yes, but it will be the first time to me. But I’ve played with him many, many times and I think we breathe the same when we play.

PS: What does it mean to breathe the same when you play?

CT: It’s like we are so close, we are like one instrument.

PS: Singers usually seek a special emotional state before singing a song. Do you do anything similar?

CT: Sometimes… It depends on what I’m doing. To me it’s very simple. My very simple job is to listen. And I trust it: If I’m listening, then the right thing will happen.

PS: What do you listen to?

CT: When I’m playing, I don’t listen to me. I only listen to the other musicians. It’s like if I’m sitting in the audience and I’m listening to a band. If you listen to a band, you know everything is working ok. And if it’s not working ok, that means somebody is not listening. It means somebody on the stage is only listening to themselves.

PS: I’ve heard you really concentrate when you play.

CT: Yes, I don’t smile much [he laughs].

PS: Have you practiced that concentration somehow?

CT: Yes, yes. If I’m practicing, especially if I’m practicing something very difficult, very challenging, if I listen it comes much more cooked than if I think about it. If I think about it, the brain will make it confusing. I tell my students this: “Don’t think so much; only listen.” Because if not, you lose it. Music is to be listened to.

PS: You know, I wonder how did you manage not to hurt yourself when rehearsing for so many hours and touring so much.

CT: It’s very simple. If I’m doing something that hurts, I don’t do it anymore. Actually I’ve changed my technique many, many times. The moment it hurts, I change it. It’s a very physical instrument. You have to hear what your body says. Most drummers sit very, very low. I sit very, very high. My legs are very long and it feels natural to sit high, so that my legs are down. If I play with my legs up, it hurts my back very quickly, so to me it’s silly to do that. Also the drums should not be played with the elbows out. When you play in an orchestra, you learn to play with your elbows out a little bit, but in the drumset that does not work. In the drumset you have to be completely relaxed. And it’s really more fingers than anything with the sticks. A little bit of wrist and a lot of fingers. Not so much wrist and not so much arms.

PS: Tell me, have you had moments of stagnation, when you didn’t advance in your playing?

CT: Yes, of course. Many times.

PS: And how have you dealt with that?

CT: Well, you practice more [laughs].

But when you learn about listening… everything makes more sense. It’s more connected. Because there’s too much thinking, you are always thinking about what you do. And it is happening too fast to think about it. Even now, if I play something I know, if I start to think about it, I will make a mistake.

PS: Taking what you said about concentration and not thinking, do you practice meditation?

CT: No. I pray a lot. I’m a Christian. But to me it’s really about focusing on what I’m doing.

PS: If you could give a piece of advice to 13-year-old Chester, which would it be?

CT: [He laughs]. Oh, My Goodness! Wow. This is very interesting. I remember this guy [more laughs]. Because this is the year when I started playing in nightclubs. And this is also the reason why when my son was 13, I stopped touring, to be with him. For a boy it’s a crazy time, because inside you’re becoming a man but your mind is not of a man yet, and your body is changing. It’s very confusing. Mmm, I don’t know… I think I would tell me to just learn to relax. I think I would practice differently if I knew at that age what I know now. I enjoyed practicing. I never had a problem to practice. But, I would tell him to listen more. Not only to music but also to people. I was not a tough guy. One of my pleasures was reading. I used to read a lot, and I still like reading. Maybe, I’d tell me to be patient, although I was at that age. But I remember that it was a confusing time. I grew without a father. My mother was great, but at that age a boy needs a father to talk to. I think I would have had more discipline if I had had a father. Not in drums, because I had discipline in it, but in everything else.

PS: If your students took home only one lesson from you, which one would you like it to be?

CT: Well, there’s a couple of things. First, if it’s difficult, play it very slowly… many, many times and you will hear it get better each time. And this in combination with the listening. Because we cannot be in hurry to be fast. If you do it over and over, speed will come anyway. And sometimes I tell my students, if they almost have it but not quite, I tell them: “OK, next time when you play it, I want you to listen and to imagine that you are teaching someone else how to do this, and that you are listening to see if they are playing it correctly”. Then, they always play it right.

PS: Why is that so? What does teaching have to do with it?

CT: Because it changes the side of the brain. The listening side and the creative side is different to the intellectual side. That is why we can enjoy music: because music can take us to another place. I mean, sometimes you need to do both [listening and thinking]. When I have to read music, I have to do both and it takes a long time to be able to do both. But in the beginning, when you are just trying to learn, it’s important to slow it down, use the brain to keep the time. If you listen and not stop when you make a mistake, if you just do it over and over and over, if it gets a little bit better each time, then it’s good. It doesn’t have to be perfect the first time or the second time.

PS: Why did you choose to teach?

CT: Oh, I only started teaching because in the university where my son is going the drum teacher left. They asked if I would come and teach. And I didn’t like what he was teaching my son; I didn’t like the way he taught. I always want to give my son everything, but it’s very difficult to teach your son. Suddenly, I had the situation that I could teach him and if he didn’t listen to me, instead of giving him an A, I’d give him an F. And I get paid, also! [laughs]. So, it was only to teach my son, because I wanted to make sure he had the right thing.

PS: And what happened then. Did you enjoy teaching?

CT: Yes, I found that I really liked it. Because I used to never teach, I have to say. If somebody asked me, I used to answer “No, I don’t teach”. But after this I found I really enjoyed teaching, I really like it… but I like playing more [he smiles].

PS: Have you been in South America before?

CT: Not in Uruguay. You see, three years ago I made a tour for DW drums and I’ve been to Brazil a few times, to Ecuador, Lima, Perú, Central America a few times, Salvador. I’ve been to Buenos Aires in Argentina, but I’ve never been to Montevideo.

PS: Now that you mention Brazil. How did you meet Hermeto Pascoal?

CT: Oh, man. I was playing with Airto and Flora. I knew these people from Weather Report. And they asked me if I wanted to record with Hermeto and I was very excited.

PS: Did you meet the pigs during the recording?

CT: [Laughs]. No, no, no. I didn’t meet the pigs. And after the recording I was in his house, in Brazil, and there were no pigs. [Laughs].

[Chester Thompson recorded, together with Alphonso Johnson, 3 tracks of Hermeto Pascoal’s CD “Slaves Mass”, 1977. Two pigs were taken to the studio to be included in the recording].

PS: Do you remember how did playing with Weather Report feel?

CT: [He smiles in a very beautiful way]. Oh, goodness. It was magic. Really, really amazing. By the time I started playing with them I had played with Frank Zappa, which was completely different. I had gone to rehearse in Los Angeles and somebody told me that Weather Report was looking for a new drummer and he told me to come and jam with them. I told him that I’d like to come and jam but I did not want to audition. He kept saying, oh, no, it’s not an audition. So I went there, and of course there was another drummer there. I was very fortunate to have been chosen. The other drummer was very good. They asked me if I could play with another drummer but I had already played with another drummer with Zappa and I told them I didn’t want to do that again.

PS: Why not?

CT: Because to play with Weather Report you have to have freedom.

PS: But then you played with another drummer, with Phil Collins!

CT: Oh, yes. He asked me because he knew I had played with another drummer with Zappa. I mean, Ralph Humphrey is a fantastic drummer, but we feel music very different. It we listened very closely, it was ok. But with Phil Collins, from the very first time we played it felt like we were one person; it felt as if we were playing together for a few years. So it was very easy.

PS: That amazes me, because the styles of music you played before were completely different.

CT: Yes, but he listened to the same people I listened to: Elvin Jones, Max Roach, Tony Williams. So we grew up listening to the same music. I had not listened to so many British musicians as him, but we both listened to the same jazz musicians. Playing together was very natural.

PS: Have you had the chance to listen to some candombe or not?

CT: Not so much. I’m curious.

PS: You have been in bands that have split apart and you have been in bands that have stayed together for a long time. What do you think it is necessary for a band to stay together long.

CT: It’s such a difficult question. I don’t know… chemistry. Everybody has to want the same thing. And you have to be patient. You cannot be selfish. It’s important to see what is best for everybody. In Genesis we had a very unusual chemistry. I had never seen something like this. There was no leader. People think there was a leader, but there was no leader. We were all equal. And the Manager was just as important as musicians.

PS: Why is it that you sold not many copies of your first solo album, “A Joyful Noise” (1999)? (*)

CT: Well, you have to have promotion, advertising. The company is very small and the copies are distributed by another company, which makes more efforts for musicians who record under their label.

PS: Chester Thompson, it will be a real pleasure to have you here. I heard you say that if you had a superpower you would like to make everybody feel joy. I would like to tell you that you are already making people feel joy with your playing. Thank you.

 CT: Thank you!

Screen print by Patricia

Screen print by Patricia

(*) His first solo album, “A Joyful Noise” was released in 1991, receiving excellent critic in the jazz circles. This record was re-edited in 1999. In 2013 he released his album “Approved”. I must say I’ve listened to both and they are, as I expected, wonderful masterpieces. I fully recommend you to get a hold of both of them.

Chester Thompson has played, recorded and toured with Frank Zappa, Weather Report, Genesis, and Phil Collins.

As a session player, he worked with several pop, rock, jazz, rhythm and blues, and religious performers, including Neil Diamond, Ron Kenoly, Duane Eddy, John Fogerty, George Duke, Michael McDonald, Steve Hackett, Kirk Whalum, Andy Williams, Denny Jiosa, Donna Summer, Napoleon Murphy Brock, Andrew Oh, Hermeto Pascoal, and others.

Believe it or not: Alphonso Johnson’s Quartet will play in Teatro Solís

On July 28th, 2016.

An additional note on the 28th show: Guitar player Federico Ramos is Uruguayan, born in Treinta y Tres. He has played with several musicians: Eduardo Mateo, Ruben Rada, Hugo Fattoruso, José Luis Pérez, Dr. Yusef Lateef, Jon Anderson, Milton Nascimento, Ray Brown, Jr., Freddie Hubbard, Cheb Mami, Joan Sebastian, Alejandro Fernández, Vicente Fernández, Jon Hassell, Mark Isham, Elton John, James Moody, Terry Plumeri, Hans Zimmer, John Powell, etc.

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