Sesiones Sondor. Diálogos de jazz.

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A María Noel Taranto la escuché cantar por primera vez en el año 1988. Recuerdo que me impactó cómo una uruguaya podía vibrar de esa manera con el jazz y transmitirlo como si estuviéramos en New York o New Orléans. A partir de ahí la he escuchado en vivo muchas veces, en diferentes propuestas musicales (Jazz por supuesto, música Gospel, repertorio de Édith Piaf, etc.) y siempre me sorprende su garra, su comodidad en el escenario, su nivel de energía y su capacidad de colocarse interna y actitudinalmente en el lugar exacto que el estilo musical requiere.

Este CD y yo nos encontramos en un evento mágico que sucede en la ciudad de Mercedes, en el que por diez días pululan por sus calles músicos de jazz provenientes de diferentes países, quienes ofrecen conciertos alucinantes tanto en el escenario principal, como en la jam y en los toques callejeros. Claro… era el mejor contexto para que este objeto sonoro entrara en mi vida.

Así y todo me tomó desprevenida. Puse el CD en el equipo y le di play con un gesto automático. Pero el efecto inmediato de ese primer tema fue sacarme del automatismo y transportarme a un tiempo y espacio que me habría gustado habitar: New York, años 20-60.

Sesiones Sondor contiene 11 clásicos del jazz interpretados maravillosamente por María Noel Taranto (voz) y Raúl Medina (piano).

 

  1. Aint’ Misbehavin’
  2. Cry Me a River
  3. L.O.V.E.
  4. Every Time We Say Goodbye
  5. On The Sunny Side Of The Street
  6. I Can’t Give You Anything But Love
  7. Misty
  8. Do Nothing Till You Hear From Me
  9. Embraceable You
  10. My favorite Things
  11. Georgia On My Mind

 

Todos somos únicos pero no todas las voces son únicas. María Noel Taranto tiene una voz completamente identificable con un par de notas. Por un lado, tiene una característica ronca, que se asemeja a las voces de las hermosas cantantes negras de jazz de Estados Unidos, y por otro tiene una cristalinidad vibrante y libre de cualquier ronquera cuando se desplaza hacia las zonas más agudas. Y por algunos momentos suceden ambas características simultáneamente, cosa que genera en quien escucha una sensación física nueva, cuyo efecto más notorio es el impulso a la acción, al movimiento, a la vida.

Hay mucho más que voz en lo que pone aquí Taranto. Su gran contribución incluye una enormidad de elementos, algunos fácilmente perceptibles de primera y otros quizás más sutiles. Lo primero que llama la atención es su estrecha conexión con el espíritu del jazz: tanto el dominio de los diferentes ritmos de la voz del jazz y los más variados fraseos cantados de taquito, como la expresión de la diferente gama de sentimientos e improntas (como ser introspección, celebración, amorosidad, inocencia o picardía). Otra característica particular de su canto es su característica vital, energética, de pura vibración de vida. Todo esto unificado a partir de una forma de vivir la música, con el alma puesta en el goce, conectando con el juego y el amor.

En el tema número 11, “Georgia on My Mind”, Taranto invitó a Julieta Rada, quien canta hermoso este tema con María Noel, aportándole sus matices. Ambas ofrendan un espacio de confianza y calma, desplegando sus rangos vocales y tratando toda la canción con un cuidado y amor que hacen muchísimo bien. Es muy bello escucharlas tanto a cada una en su parte como juntas el interjuego final de voces.

La enorme participación del Maestro Raúl Medina en este disco es brillante. Su dominio absoluto del lenguaje del jazz hace que pasen cosas diferentes, y más cosas, todo a lo largo del disco. Su toque tiene muchísima certeza y soltura, evidentemente dadas por los años de experiencia profesional. Los climas generados por el piano son exquisitos y son completamente cómplices de la voz. También se siente que con Taranto hay un conocimiento musical mutuo que hace todo tan fluido que bien podría ser una sola persona en piano y voz.

Creo que fue una decisión muy acertada que este disco fuera solo voz y piano pues nos permite escuchar y disfrutar cada uno de los sonidos con claridad y plenitud.

Por último, hay que decirlo: maravillosa la pronunciación de “La Taranto” en inglés. Ese plus no es nada menor a la hora de escuchar un disco de jazz. Es la cereza necesaria para poder acomodarse con una luz baja, una copa de vino y abandonarse placenteramente a viajar en tiempo y espacio.

 

CD “Multiverso”, de Carlos Quintana

Hola amigos:

Hoy me enteré que Carlos Quintana editó un nuevo disco, llamado “Multiverso” y volé a escucharlo. ¿Por qué? Y… ¡porque es Quintana! Aquel tipo que literalmente nos volaba la cabeza ya allá por el 88-89, tocando con los músicos locales más exquisitos y que cada vez que participa en algún proyecto demuestra excelente gusto y tamaña originalidad.

Lo que me gusta es principalmente su actitud vibrante e inquieta y que cuando escucho su música siempre me sostiene expectante pues sé “desde el vamos” que la mano viene impredecible. La sorpresa puede venir de cualquiera de los aspectos del acto musical: melodía, armonía, ritmo, etc., …o de todos esos a la vez.

A los pocos segundos del primer tema ya estaba enganchada y agradecida. Es que vivo en un rincón del planeta en el que seres como Quintana han logrado fusionar el jazz, el rock y el candombe con verdadero amor y enorme belleza. Además de otros ritmos como la milonga y la zamba. Ah, y el fútbol [escuchar tema 9]. Solo cabe agradecer y escuchar… siempre escuchar y gozarse.

Podría ponerme a contarles de cada tema pero ¿les aportaría alguna cosa? Seguro que no. Regálense la oportunidad de escucharlo sin saber nada a priori y ver qué tal les llega a ustedes. ¿Después me cuentan ustedes a mí?

Este disco está hecho por un equipo al que la expresión “primer nivel” le queda chica. Fíjense:
Nelson Cedrez, Martín Ibarburu, Gustavo Etchenique, Fernando Lobo Núñez, Ferna Nuñez, Noé Núñez, Silvina Gomez G, Pablo Lolito Iribarne, Andrés Baba Lijtmaer, Ronald Arismendi, Federico Righi Alsina, Taquini Nuñez, Nacho Mateu , Hugo Fattoruso, Alberto Magnone, Mauro Pérez, Herman Klang, Inés Dabarca, Pablo Somma Gonzalez, Emiliano Pereira, Leo Méndez, Fernando Cabrera, Urbano Moraes, Rossana Taddei, Eduardo Toto Méndez, Gabriel Szilagyi, y Carlos Quintana en composiciones, guitarras y voz.

Todos y cada uno de los músicos de arriba son capos, súper profesionales en lo suyo, y aportan ese toque inconfundible de cada uno donde participan. Así la Zamba del Nacimiento cantada por Cabrera es un deleite, a Nelson Cedrez, Martín Ibarburu y Gustavo Etchenique los reconoceríamos por sus notas mágicas de aquí a Saturno y así todos, sin excepciones, le pusieron a cada tema ese no sé qué maravilloso de la crema musical de este recodo planetario.

No dejen de escuchar la Intro (al final) porque lo pinta a Quintana: genio y figura. Te hace reír y a la vez te quedás admirado con esa creatividad, o esa capacidad de juego que sostiene a lo largo de su vida musical. Creo que quizás sea eso lo que mantiene su música con una vitalidad diferente, explorando escapadas fuera de lo ya conocido y repetido y abriendo el abanico de sonoridades y mensajes un poco más allá de lo que prevería un mortal.

Otra cuestión que viene con la música de Quintana es un condimento que llamaría de “alegría crítica”. Su música es bastante más alegre que la media de la música de este país pero no es una alegría ingenua. Da la impresión de ser una alegría a la que llega luego de haber analizado las posibilidades, visto todo lo malo por ver, y entonces sí, habiendo tomado la decisión consciente de verle el lado bueno a la cosa. Estoy hablando de la música únicamente… no tengo idea de cómo es Quintana con su vida… pero su música me transmite esto. Y, como siempre, ese significado que llega por el aire en forma de vibración hace resonar las células que hay en mí que vibran de la misma manera.

Aquí pueden escuchar el disco completo. A ver si les gusta tanto como a mí. En mi opinión es irreductiblemente uruguayo, de tremenda prolijidad… y brillante.

 

Carlos Quintana estudió guitarra con los maestros Richard Varela, Numa Rey, José Pedro Beledo, Edgardo Rigaud y Abel Carlevaro. A lo largo de su extensa trayectoria ha participado en shows, giras y/o grabaciones con Hugo Fattoruso, Leo Masliah, Jaime Roos, Ruben Rada, Osvaldo Fattoruso y Mariana Ingold, Alberto Magnone, Horacio Ferrer, Jorge Galemire, Abuela Coca, Canario Luna, Los 8 de Momo, Curtidores de Hongos, Araca La Cana, José Carbajal “El Sabalero”, Pinocho Routin, Benjamín Medina, Bakiti Kumalo, Gabriel Estrada, Herman Klang y Truco de Tres, entre muchos otros.

Quintana como solista tiene tres discos anteriores: Ignominia (1993), Canciones Transparentes (2010) y Neuroexplosiones (2014). 

[Fuente de texto en letra cursiva: TUMP]

Tres novedades

 

Ando con pocas palabras últimamente, así que les dejo estos tres videos, que hablan por sí solos.

Son de amigos queridos que a su vez son capos en lo que hacen.

Que los disfruten,

Patricia

Bryan Adams: máquina de hits

Bryan Adams se presentó en el Antel Arena, ofreciendo un show excelente, profesional, donde todo funcionó como esperábamos. Su público cantó todas las canciones, siendo el punto alto del entusiasmo “Summer of 69”.

Hay muchos músicos que componen un puñado de hits pero hay muy pocos de los que podamos decir que su repertorio entero es un hit. Bryan Adams está entre estos últimos.

Mis preferencias personales suelen inclinarse hacia otros lados del espectro sonoro, así que en varias oportunidades me he cuestionado qué es lo que me gusta tanto de su música. Si bien es cierto que es parte de la banda sonora de mi adolescencia, aquí encuentro algo especial.

Tengo casi 50 años y lo que en mi juventud me parecían letras muy románticas, como por ejemplo “Everything I do, I do it for you” (trad: todo lo que hago, lo hago por vos), hoy hacen chirriar todas mis células por desacuerdo… filosófico, digamos. Hoy me cuelgo un poco más con los momentos humorísticos que tienen algunas letras, como “If you wanna leave me, can I come too?” (trad: si querés dejarme, puedo acompañarte?).

Esta vez me decidí a descubrir cuál era el enganche y, si me permiten, voy a compartir esa búsqueda.

Primero, me detengo a observar al instrumento que más termina definiendo mis gustos musicales: la batería. Claro que es buenísima. Es extremadamente precisa, tiene un sonido despierto, una intención muy positiva, a Mickey Curry le encantan los fills que entonan melodías y los adorados flams, mientras su crash te lleva de paseo a Saturno cada vez que apoya alguna cuestión. Macanudo, pero eso no parece suficiente para que yo no me canse nunca de escuchar estas canciones.

¿Qué hay de la voz? Tiene esa cualidad ronca que es tan agradable, también agudos alucinantes y, que yo sepa, no se le conoce desafinación alguna.  Sin embargo, no termina de convencerme que sea por eso que me gusta tanto.

¿Y las guitarras? Bryan Adams tiene con la guitarra la misma convicción que al cantar: una firmeza rítmica maravillosa y una delicadeza extrema cuando así lo desea. Keith Scott, por su parte, armoniza, solea, apoya y dialoga con B. A., eligiendo riffs súper rockeros, con distorsiones que le meten garra a todo y a la vez son muy amables para el oído.

En toda banda que te haga bailar o moverte hay un excelente bajo haciendo su trabajo… aunque por ahí no lo oigas (le puede haber faltado un poco de volumen en este show). Aquí es firme como una roca y logra que todo calce como un guante. El teclado (con aspecto de piano) hace su aporte también. La banda entera está perfectamente medida, con todo en su lugar justo (inclusive las luces).

Pero si no es nada de eso lo que genera adicción… ¿cuál es el secreto de la fórmula?

Admitamos que la combinación casi perfecta de rebeldía y de romanticismo juega un rol importante. Todos los de mi edad tenemos una cuota importante de rebeldía (algunos la tienen más resguardada y otros la tenemos más a flor de piel) pero a esta altura sabemos que todo tiene que estar equilibrado con el amor.

Bien, pero ¿qué más hay?

Para mi sorpresa finalmente encontré dónde está la clave de la atracción que ejerce en mí: se trata de la forma de “pregunta y respuesta” con la que están hechas casi cada una de las frases musicales de estas canciones. Permanentemente hay una tensión que crece y una tensión que se resuelve. Eso te engancha, te genera una expectativa que es seguida por un inmediato descanso, y así sucesivamente… de principio a fin de cada tema y de principio a fin del disco o show. Y eso te mantiene en estado de alerta y relajación, de alerta y relajación.

Descubrir los ingredientes de la fórmula no redujo mi disfrute pero por suerte sí calmó mi intriga.

Por otra parte, así, desde lejos, Bryan Adams parece ser un hombre comprometido con causas humanas y ambientales. Antes de comenzar el show, un video nos informó que por cada entrada de la Shine a Light tour, la empresa DHL plantaría un árbol y el video de su hit “Heaven” nos empujaba a observar nuestro planeta como un paraíso. También aparecieron en las redes fotos suyas recogiendo basura en las playas de Montevideo. Esto recibió críticas en algunos comentarios que pude ver y no comprendí. Desde mi rinconcito humano le doy gracias a cualquier celebridad que haga pública su preocupación medioambiental y que se ocupe de fomentar el cuidado de nuestro planeta y la conciencia de que estamos abusando de él.

Que vuelva será siempre una alegría.

Para ver fotos del show, ir a: http://cooltivarte.com/portal/bryan-adams-maquina-de-hits/

Arte para trascender el tiempo

El 21 de setiembre (de 2019), en la Sala Zavala Muniz del Teatro Solís, sucedió “De espinas y flores”.

“De espinas y flores” es una obra musical extraordinaria creada por Carmen Pi y Gustavo Reyna, donde se da un entrelazamiento en el plano sonoro de dimensiones temporales separadas por unas centenas de años.

Canciones de autores uruguayos de los años 1940 a 1970 se relacionan con obras musicales de 1700-1800, a través de un trabajo exquisito de armonización y arreglos hechos por estos músicos. Así, por ejemplo, Eduardo Darnauchans coexiste con G.F. Haendel, J. S. Bach con Eduardo Mateo, y por espacio de una hora y media, músicos y público trascienden fronteras, reconectando con lo esencial del sentir humano más allá de épocas y geografías.

Carmen Pi posee una voz embriagadora y un gran nivel de presencia escénica. Gustavo Reyna destaca por su enorme dulzura y destreza tanto con el archilaúd, como con la guitarra y voz.

Tres invitados de gran nivel aumentaron aún más la emotividad: Isabel Barrios (voz), Betina Chaves (en violín) y Gonzalo Rey (en guitarra).

A lo largo del espectáculo se fueron combinando de modo diferente todos estos sonidos, generando un entramado de texturas sonoras, con efecto envolvente y muy emocionante. Cada combinación abría las puertas a sensaciones diferentes: el archilaúd con la guitarra -que dialogaban con inteligencia y sensibilidad-, la voz con el violín -que te operaban el corazón sin piedad-, las dos voces -insólitamente complementarias-, las tres voces -en arreglos realmente bonitos-, la voz con el archilaúd -en comunión sentida-, y así continuamente.

Atrás de ellos, se proyectaron imágenes relativas a la belleza y el dolor e iban indicándose los autores de las canciones y los años de composición con algunas imágenes de los músicos bellamente amalgamadas con las imágenes de espinas y flores. Gastón Ackermann fue el creador del elemento visual.

El sonido fue perfecto, como nos tiene acostumbrados el sonidista Pablo Avellino.

Es un concierto para ir sin maquillaje, porque emociona hasta la médula. Es una obra de arte, en el sentido más completo de la expresión.

Maravilha da vida: Joao Bosco y banda en la Zitarrosa

El 29 de setiembre tendremos la enorme bendición de poder escuchar en vivo a João Bosco y banda en la Sala Zitarrosa.

Para algunos de nosotros, quienes nos gozamos la vida con la música de este ser, es un hito histórico, una sorpresota que la vida nos regala, y ante la cual solo podemos abrir el pecho y los brazos, mirar hacia el cielo y decir “GRACIAS”.

Presentar a João Bosco es casi un sacrilegio. ¿Quién puede quedar en este planeta sin saber quién es este ser? Lo que me mueve a contarles hoy un poco es el pánico de que alguno de ustedes deje pasar esta oportunidad grandiosa de escuchar a un Músico, así, con mayúscula, que es la personificación de la genialidad musical.

Este extraterrestre es uno de los compositores, guitarristas y cantantes más originales de Brasil.

Nació en el año 1946 en Ponte Nova, Minas Gerais. Su padre era libanés y su madre de Minas. Su infancia estuvo marcada por la cultura de la colonia árabe y por partidos de fútbol, pues su padre era jugador de fútbol. João Bosco de Freitas Mucci fue el sexto hijo y primer hijo varón, lo cual fue un acontecimiento familiar. Luego nacerían cuatro hermanos más.

Su familia amaba la música y muchos de sus miembros tocaban instrumentos. Su madre era violinista, una de sus hermanas pianista, su abuela bandolinista . A sus 10 años heredó una guitarra de una de sus hermanas y así fue que este músico entró en relación con ese instrumento al que terminaría conociendo a un nivel despegado. Sus influencias musicales eran muy pero muy variadas, incluyendo por ejemplo la música de Elvis Presley.

João Bosco cuenta que en su tiempo y contexto no existía la posibilidad de pensarse músico profesional. En 1961 se mudó a Ouro Preto, para estudiar ingeniería civil. Esta nueva ciudad le ofrecería además el jazz y la bossa nova.

En 1970, en Ouro Preto, donde estudiaba, conoció a Aldir Blanc, con quien haría una “parceria” musical impresionante y con quien compuso una gran cantidad de canciones (“O Bêbado e a Equilibrista”, “Falso Brilhante”, “Kid Cavaquinho”, “Caça à Raposa”, Falso Brilhante, O Ronco da Cuíca, Corsário, O Rancho da Goiabada, De Frente pro Crime, Fantasia y muchas más). Bosco ha contado que la relación de Aldir con su padre fue especial y por lo tanto lo sentía como de su propia familia.

También conocería a los pintores Carlos Scliar e Ivan Marchetti y, nada menor, a Vinicius de Moraes. La primera canción que compusieron juntos fue “Samba do Pouso”.

En 1972 ya venía componiendo con Aldir Blanc y fue invitado a inaugurar una serie de discos que traía de un lado un artista nuevo y de otro lado a un artista consagrado. De un lado estaría la canción “Agnus sei” de Bosco y Blanc y del otro la primera grabación del clásico “Águas de Março”, de Tom Jobim. Ese mismo año grabó con Elis Regina “Bala com Bala”.

Al año siguiente se mudó a Rio de Janeiro, donde grabó su primer LP, llamado “João Bosco”, compuesto con Aldir Blanc y otros músicos. Un año más tarde Elis Regina incluiría en uno de sus discos las canciones “O mestre-sala dos mares”, “Dois pra lá, dois pra cá” y “Caça à raposa”, todas compuestas por J. Bosco com A. Blanc.

De ahí en adelante no solo fue exitoso sino que se volvió un referente para músicos en Brasil y mucho más allá de Brasil.

De sus trabajos más recientes yo destaco el DVD “Obrigado Gente”, que editó en el año 2006 y que para muchos de nosotros es un DVD al que volvemos y volvemos cada poco tiempo. Yo bromeo que me genera “síndrome de abstinencia” si pasan dos meses y no lo veo.

Su último disco grabado y que presentará en la Zitarrosa, junto con sus clásicos, se titula “Mano que Zuera”.

Lo que caracteriza a Bosco es difícil de poner en palabras, pues es él como un todo lo que es extraordinario. Por nombrar algunos aspectos: su gran capacidad para mezclar estilos, sus melodías habladas, su dominio rítmico asombroso tanto con la guitarra como con la voz, sus armonías disonantes y esa manera de gozarse mientras hace su música que es tan contagiosa.

La banda que lo acompañará en Montevideo está compuesta por: Ricardo Silveira (guitarra), Guto Wirtti (bajo) y Kiko Freitas (batería).

Ricardo Silveira tocó con Herbie Mann en Nueva York. Actuó con Elis Regina, Milton Nascimento, Hermeto Pascoal, Gilberto Gil y Banda Chicago, entre otros. Tiene una gran y alucinante discografía, que se puede escuchar, y les súper recomiendo que lo hagan, en su web:  http://www.ricardosilveira.com

Guto Wirtti es otro demonio. Ha trabajado extensamente con Yamandú Costa y con muchos otros grandes músicos, tales como João Bosco, Leo Gandelman, Maurício Einhorn, Marco Pereira, Toninho Ferragutti, Celso Fonseca, Ed Motta, Luis Melodia, Wilson das Neves, Milton Nascimento, Jorge BenJor, Kassim, Duduka da Fonseca, Mart’nália, Gabriel Grossi, Nicolas Krassik, Alessandro Kramer, Zé Paulo Becker y más.

Kiko Freitas. ¡No les puedo explicar la expectativa y fascinación con la que estoy esperando escuchar a Kiko Freitas en vivo! Y sé que no soy la única. Quienes disfrutamos especialmente de la batería tenemos a Kiko Freitas en el altar de los bateristas genios. En su página web se lee que ha tocado con: Michel Legrand, João Bosco, John Patitucci, John Beasley, China Moses, Magnus Lindgren, Peter Asplund, Toninho Horta, Milton Nascimento, Ivan Lins, Francis Hime, Nico Assumpção, Gonzalo Rubalcaba, Lee Ritenour, Leila Pinheiro, Fátima Guedes, David Goldblatt, Lars Janson, Jeff Andrews, Frank Gambale, Jeff Richman, Hubert Laws, Alon Yavnai, Joca Perpignam, Vitor Ramil, Marc Kakon, John Leftwich, Wolf Kershek, Daniel Santiago, Ricardo Silveira, NDR Big Band, Vladyslav Sendecki, Nils Landgren, Paula Santoro, Chico Pinheiro, Hamilton de Holanda y muchísimos músicos más. Entre otros, ha estado influenciado por los bateristas Buddy Rich, Gene Krupa, Art Blakey, Elvin Jones y Jack DeJohnette.

Su banda con Nelson Farias y Ney Conceição, “Nosso Trio” es absolutamente de otro planeta. Quizás sea de un planeta cercano al del que vino João Bosco… no me extrañaría.

En la web de Kiko, https://kikofreitas.com.br/ leemos estas palabras de Aldir Blanc: “Pra ser inteiramente sincero, NUNCA vi um baterista melhor do que você. Você é, sem favor algum, o melhor batera do MUNDO!!!”

No exagero cuando les digo: es una bendición poder escucharlos en una sala como la Zitarrosa.

Nunca algo se repite, ni siquiera cuando se desea repetir tal cual. Sabemos que no hay dos momentos iguales en esta vida.

De corazón, les deseo que tengan la sabiduría de ir a este concierto.

Les dejo un video de ellos en nada más ni nada menos que Birdland.

 

 

Fuentes consultadas: https://web.archive.org/web/20120721123007/http://tulipio.uol.com.br/menulateral_mesa_01.htm

http://dicionariompb.com.br/joao-bosco/dados-artisticos

https://kikofreitas.com.br

http://www.ricardosilveira.com

 

Los conciertos como templos

Hola, hola. ¿Me permiten compartir con ustedes lo que me fascina (últimamente) de los conciertos?

Como en todo acontecimiento humano, la experiencia concierto sucede en al menos tres planos: físico y energético, mental y emocional.

En el plano físico la música tiene un efecto muy perceptible: nuestro cuerpo se vuelve una caja de resonancia que recibe las vibraciones que llegan del escenario y vibramos en la misma frecuencia. Según el caso, también a veces sumamos armónicos propios a ese mar de frecuencias. Ese aumento llega a ser tan fuerte que en ocasiones perdemos totalmente la conciencia de nuestra piel o huesos, y nos sentimos flotar.

En el plano mental sucede una convergencia poderosísima de atención. Las decenas, cientos o miles de personas escuchando juntas una misma canción focalizan su mente en un trozo idéntico o muy cercano del continuum de pensamientos posibles. Y, entre las tantas posibilidades, existe también esa chance divina de que por un lapso determinado toda la audiencia deje de pensar, que esté completamente atenta a una frase sonora o a una cualidad de sonido específico y los pensamientos se detengan.

Por último pero para nada menor, en el plano emocional lo que emana del escenario va descorriendo cortinas, abriendo y cerrando ventanas, iluminando y oscureciendo zonas superficiales y profundas, generando conexiones previamente olvidadas o inclusive completamente nuevas. En los conciertos se da un acercamiento emocional común hacia un mismo punto. Por ese tiempo y en ese espacio todos estamos unidos en emoción y sentimos que el mundo está en perfecto orden. Los problemas individuales o colectivos o desaparecen o toman una relevancia primordial, según la propuesta del músico. Se da una conjunción de sentires que en términos físicos nos lleva otra vez a lo vibratorio, a lo energético.

Es así que encuentro una decisión verdaderamente importante a qué música exponerse y de cual abstenerse.

Es así que a la hora de comprar una entrada, yo evalúo que estoy anotándome para un retiro espiritual.

Es así que cada uno de los músicos con los que quiero invertir tamaña movilización se vuelve un líder espiritual y el facilitador de un espacio-tiempo que solo puedo comparar con un templo.

En fin… era eso que quería contarles.

 

PS: Si tienen ganas, fíjense cómo cada aplauso fuerte les sacude la sintonía en la que entraron con la canción.

 

 

Christian Cary: Solo voz y guitarras

Chri


Christian Cary
, bien conocido como líder de la banda La Triple Nelson, se presentó en formato unipersonal, con invitados especiales, el pasado 31 de julio, en su show titulado “Solo voz y guitarras”, frente a un público que agotó las entradas de la sala principal del Teatro Solís.

La experiencia comenzó con la artista argentina Roma Roldán, quien abrió la noche con sus canciones propias. Para quienes no la conocíamos fue un muy agradable descubrimiento. Con su voz cristalina, tono brillante, excelente manejo rítmico, letras significativas y poéticas, y con una gran cancha para manejar situaciones imprevistas, Roma –acompañada muy profesionalmente, por Gonzalo de Lizarza en la guitarra en algunas canciones– hizo de una presentación telonera un show hermoso que fue un gusto vivir.

Christian Cary eligió comenzar su concierto “Solo voz y guitarras” cantando al piano. Me encantó ese guiño a la razón –quien sabe si decidido como tal o no–. Desplegó desde ese primer momento su abanico de virtudes, que en conjunto forman el fenómeno tan particular que es este artista.

Le gusta jugar con los sonidos, divertirse, nadar a sus anchas por todo el espectro de posibilidades. Cary no tiene ni miedo ni dudas con respecto a la música, o mejor dicho tiene puras certezas, convicción plena de que tiene que estar exactamente ahí y haciendo exactamente eso. Se entrega por completo, en cuerpo, mente y espíritu.

El despojo de toda traba y ese afán de vivirlo enteramente genera en la audiencia una fuertísima conexión individual y colectiva con muchas cosas. Menciono apenas algunas de ellas.

En primer lugar, con la libertad. Todos fuimos libres esa noche, durante ese tiempo-espacio generado por este ser especial.

Con la autenticidad. Cary le canta y toca de frente a tu corazón, así que no hay forma de hacerse el distraído, no hay manera de que no veas clara y sensiblemente tu paleta emocional, a medida que él va abriendo las puertas para que vayan apareciendo tu amor, tristeza, rabia, esperanza, aceptación, calma y todo lo que necesite ser visto, reconocido, transmutado o no según el caso.

Con el momento presente. De alguna manera hay de su parte un sacrificio de su intimidad y una apertura completa a compartirla con toda la masa de gente que lo escucha. A cambio, el impulso para ser conscientes de ese aquí y ahora es irresistible. Te embarga una especie de fuerza en espiral que te coloca en el centro mismo del instante.

Con la honestidad y nuestro sentir de compañía. Todos los matices de la vida pasan por delante a través de las diferentes canciones y una se siente acompañada en la Montaña Rusa de la vida. Lo llamativo es que en un concierto de estas características te sentís escoltada no solo por Cary, sino por todas esas almas que están ahí en ese momento, vibrando con lo mismo. Es entonces cuando se comprende que no se fue solo a escuchar, no. Se fue a confirmar que no estamos solos en la necesidad de conectar con lo que nos hace humanos, y que alcanza que nos juntemos físicamente con el mismo objetivo, para recordar lo que tenemos en común.

Déjenme detenerme un momento en su canto.

Es de lo más llamativo cómo hace lo que quiere con los graves y los agudos. El concepto de escala parece ser parte fundamental de su música y siento que eso le pone ese condimento especial de libertad del que hablaba antes. Por otra parte, tiene un dominio admirable del volumen, y tiene la capacidad para ser desgarrador o increíblemente dulce, de movilizar multitudes en reclamos enojados o de regalarte una canción de cuna que te haga sentir completamente a salvo.

¿Y qué hay del manejo archipersonal de los tiempos? ¡Y de los silencios! Si tuviera que elegir una característica como su marca personal, creo que sería esta. Estira o acorta las notas a su antojo, con maestría, con una creatividad infinita. Es impredecible [aunque mi vecina de asiento, que por cierto cantaba muy bien, acompañaba su extravagancia a la perfección] y a la vez, tiene una singularidad musicalmente hermosa. El secreto, creo, está en que nada de su originalidad surge para destacarse. Parece una necesidad auténtica que crece en las entrañas y desborda en forma de sonidos que bien podrían ubicarse sobre pentagramas ondulantes, con barras corredizas, cayendo, eso sí, misteriosamente a tiempo.

De la mano con su capacidad vocal está su relación con sus guitarras (¡sus varias guitarras!). Son una unidad indivisible, cómplices de pura creación. [Si nos ponemos exquisitos, claro… todas son cuerdas, solo que algunas están adentro del cuerpo y otras afuera].

Hubo varios invitados. Roma Roldán, Gonzalo de Lizarza [hermosa la intención sobre esas notas; disfrutable a más no poder ese sonido profundo], Laura Canoura [¿Cómo no amarla? Su espontaneidad, esa voz que nos identifica, esa fuerza… toda ella], Fernando “Paco” Pintos [hermosísima canción, “Caballos”, y dupla querible con Cary], Rafael Ugo [¡qué placer escucharlo tocar así el piano! y un lujo en la percusión], Manuel Contrera [gran arreglo para piano y cuerdas de un tema fantástico y siempre un gusto escucharlo en el piano o teclados], Camila Suárez y Lucía Arimon (violín), Bruno Genta (viola), Matías Fernández (cello) [impecables esas capas de profundidad, esas múltiples dimensiones vibratorias], Mariana Labrada y Lucas Cary [tremenda garra, buenas voces y muy buen ensamblaje con Christian], Luciana Mocchi [siempre es transformador escucharla y comparte con Cary la entrega absoluta con su voz y la frontalidad sin negociaciones, también el sentido de libertad y juego].

Hubo también un momento memorable, de Cary a solas, con sus loops, pedales, guitarras y demás, que bien podría abrir otra ventana más de posibilidades. Yo iría también, y con avidez, a un toque enteramente instrumental liderado por este musicazo con mayúsculas.

Porque queremos más, Cary, mucho más. Y te agradecemos con una reverencia por todo lo que entregás, por tanto talento, por tanta generosidad.

Foto de portada: Mathías Arizaga

De Espinas y Flores – Carmen Pi y Gustavo Reyna

Aquí es sábado de noche, de una semana tremendamente exigente en todo sentido, y tuve la bendita buena idea de ponerle “play” al video que comparto. Sé que vengo atrasada con esta escucha, así que pregunto: ¿escucharon esta belleza sideral?

¡Hacía tanto que venía esperando tener el tiempo para esto! Y como no llegaba más, y gracias a mi querida intuición, hoy, con un gran agotamiento encima, puse “play”.

Hace rato que perdí la objetividad con esta mujer divina, porque además de amar su música, la quiero mucho a ella. Así que desde un lugar archisubjetivo, escribo estas palabras, seguramente torpes, para compartir y decirles, de corazón: disfruten este masaje al alma.

No les quiero estropear la sorpresa a quienes aún no lo hayan escuchado. Para mí fue hermosa la experiencia de que fueran apareciendo las joyitas sonoras, sorprendiéndome en cada track, así que si quieren, paren de leer, pongan “play”, cierren los ojos… y permítanse viajar. Permítanse mimar… permítanse soñar y volar a un espacio sin tiempo, o a un espacio multitemporal y multiespacial.

La voz de Carmen a mí me hace de trapo. Su registro me encanta… se ve que tengo una cantidad de células a las que les gusta vibrar en esa misma frecuencia.

En este disco, además, todos los sonidos y no solo la voz tienen una textura especial.

Los hechiceros que hacen la magia con ella (¡y cómo!) son otros músicos enormes, genios increíbles: Gustavo Reyna en el archilaúd, Gastón Gerónimo en violín moderno y barroco (tracks 03, 04, 11, 12), Nicolás Ibarburu en guitarra y voz (tracks 07, 11 y 12), Diego Carbonell en laúd y guitarra (tracks 09, 10, 11 y 12) e Isabel Barrios en voz (tracks 10, 11, 12).

Es muy sorprendente que fue grabado en vivo (en la Sala Hugo Balzo, en 2018). Suena tan impecable que si no te cuentan que es en vivo, no podrías adivinarlo. La sabiduría de Gastón Ackermann y su estudio Mastodonte seguramente hayan influido en este producto impecable.

Las canciones forman un tapiz hecho de composiciones uruguayas de los últimos 40 años y obras compuestas en los años 1700 y 1800. Algo que dicho así parece raro y difícil se despliega con total naturalidad y belleza. Cosas que solo músicos muy genios pueden lograr.

En Carmen se combinan muchas características que permiten una obra como esta, a saber: su formación musical clásica, su experiencia con la música popular uruguaya, su habilidad para versionar, su buen gusto compositivo y esa voz bellísima, con la que hace lo que quiere.

Quienes la acompañan lo hacen con exactamente la misma intención, el mismo detenimiento, cuidado y amor que su voz.

Me llamaré a silencio porque no quiero que usen ni un minuto más de su tiempo de vida para leer este palabrerío. Es momento de usar los oídos y dejar que el corazón sea feliz con esta hermosura.

Abrazos, y un brindis por la música: la de Carmen, la de Cabrera, la de Eduardo Mateo, la de Nico Ibarburu… y la de quienes vivieron hace 300 años. De otra forma este planeta sería inhabitable.

Patricia

PS: El 21/9/19 se presentan en El Solís!!! (Sala Zavala Muniz)

Domingo de jazz con Nolé – De Bellis – Romano

 

Vengo del Teatro Solís, pero bien podría venir del Lincoln Center en NY. El trío de Ricardo Nolé, Roberto De Bellis y Miguel Romano tocó hoy, en el marco del Ciclo Internacional de Piano de Montevideo, en la Sala Delmira Agustini, un hermoso repertorio de jazz, con localidades agotadas.

Comenzaron con un standard que fue compuesto en 1931: “Beautiful Love“. Esta primera ofrenda ya destacó por varios aspectos que se repetirían a lo largo del toque: un enorme respeto por la música y por la audiencia; una escucha atenta; una cohesión importante entre los tres y un ánimo enérgico, masculino y profundo.

Luego vino “Whisper Not“. Se dice que acerca de esta composición Golson contó: “La escribí en Boston, en el club Storyville de George Wein, cuando estaba con la big band de Dizzy Gillespie. La escribí en 20 minutos”. Eso fue en 1956 y después fue grabada, por ej., por Art Blakey, Ella Fitzgerald, y el Lee Morgan Sextet (con Horace Silver y Hank Mobley). Y aquí estamos en 2019, emocionándonos hasta la médula con esa misma composición tocada por Nolé, De Bellis y Romano.

Lo primero que destacó fue lo tremendamente rítmico que es el trío. Si bien es una realidad que tanto piano, como contrabajo y batería son instrumentos percutivos, no todos los músicos llevan el ritmo tan en la sangre como escuchamos aquí. Ricardo Nolé en este tema “Whisper Not” dio gala de una combinación poderosa de dulzura y energía, y Roberto De Bellis y Miguel Romano le ofrecieron la base rítmica perfecta para que pudiera lucirse a gusto.

La música que surge del contrabajo tocado por De Bellis tiene peculiaridades bien bonitas. Por un lado, el ataque es en un timing perfecto y con una gran presencia, en el sentido más espiritual del término. Luego, las notas se sostienen claras y firmes, con mucha elegancia y una buena razón de existencia sonora.

En tercer lugar escuchamos “Celia“. Compuesto por Bud Powell para su hija, y grabado con Ray Brown y Max Roach en el año 1949 en una salida transitoria del hospital psiquiátrico donde estaba internado. Primero lo editaron en un single en 1950 y después fue parte del disco “Jazz Giant” que salió a la luz en 1956 [no sé ustedes, pero yo será a la década del 50 a la que iré en cuanto se pueda viajar en el tiempo].

Es fantástico el dominio técnico de estos tres músicos. Se lucieron tocando a una gran velocidad y a la vez con claridad y expresividad totales. Cada nota de tantas era distinguible y el conjunto sumamente disfrutable. Hubo aquí un solo de piano y un solo de batería espectaculares. Y el bajo “la rompió”, pues inclusive a esa altísima velocidad, cada sonido estuvo repleto de musicalidad.

A continuación tocaron una balada que yo no conocía hasta hoy y ya habita en mi corazón: “Danny Boy“. Esta es una de las canciones más representativas de la cultura irlandesa y si bien no se sabe su origen, el primer registro que hay de ella dicen que se remonta a 1855. En 1910 Frederic Edward Weatherley compuso la letra de Danny Boy para una música diferente pero al conocer la tonada de “Londonberry Air”, ajustó la letra para que se adaptara a ella. Comenzó Nolé en el piano, con tremenda expresividad, un excelente manejo de dinámicas, y con esa sensibilidad que solo puede surgir de quien ya hace rato que es una unidad con su instrumento. Se agregó De Bellis, aportando una magia muy especial con el arco en el contrabajo. ¡Un sonido dulce que va directo al alma! Y en tercer lugar, bastante avanzados los minutos, Miguel Romano y el embrujo de sus escobillas cálidas y certeras.

Luego de esa maravilla, el bajo y la bata se llamaron a silencio y Nolé nos ofreció un tema solo: “Chovendo Na Roseira” (de Tom Jobim). ¡Una cosa impresionante lo que tocó Nolé en ese Steinway! Es genial observar toda su expresividad corporal mientras toca. Hay una entrega completa en su ejecución. Y, como todo en esta vida, entonces una también se entrega completamente a escucharlo.

El siguiente tema fue “Black Nile“, perteneciente a “Night Dreamer”, ese disco de Wayne Shorter (lanzado en 1964) en su etapa entre Art Blakey’s Jazz Messengers y Miles Davis. Fue emocionante escuchar este tema por este trío. Es muy admirable el fraseo de De Bellis en el contrabajo, siempre manteniendo la calidad de cada nota inclusive a esa velocidad exigente. Estuvo todo súper cuidado por los tres. Sobre el final del tema Miguel Romano nos regaló un precioso solo de batería, musical a más no poder.

Con el Nilo negro la adrenalina había llegado a niveles altísimos y entonces “I Loves You, Porgy“, de George Gershwin (1935), nos llevó a aguas más calmas pero no menos atrapantes. Ricardo Nolé se pasó todo el tema creando climas mágicos y recordándonos por qué nos gusta ir a escuchar música en vivo, Miguel Romano construía castillos con sus escobillas y platos maravillosos (unos Zildjian oscuros impresionantes), y Roberto De Bellis le puso todo el amor del planeta, primero apoyando con maestría la conversación del piano y la batería, y después con un solo buenísimo que tuvo todo lo que un solo profesional tiene que tener para ser grandioso: gran aplomo, presencia, una conexión musical total con el tema, y una elección de notas nada predecible pero que calzan como un guante.  El tema finalizó con el piano y la batería abrazándonos a todos con firmeza y calidez.

El último tema fue “Billy’s Bounce“, tema compuesto por Charlie Parker en el año 1945 (año oscuro para la humanidad). Es muy difícil escuchar este tema y quedarse quieto. Los arreglos de toda la noche estuvieron impecables y este tema no fue la excepción. Los tres instrumentos convivieron y se conjugaron de la mejor manera para ofrecer un final tan profesional como todo el concierto.

Por último Ricardo Nolé tocó solo en el piano un bis bellísimo, “Someone to Watch Over Me” (de Gershwin), que se vivió como demasiado breve y nos dejó con ganas de escucharlo a él y a este trío de nuevo lo más pronto posible.

Fue una tarde musical de lujo. Ojalá que esta reseña contribuya con que perdure de algún modo en la memoria de los que ahí tuvimos la suerte y sabiduría de estar.

 

 

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