Bryan Adams: máquina de hits

Bryan Adams se presentó en el Antel Arena, ofreciendo un show excelente, profesional, donde todo funcionó como esperábamos. Su público cantó todas las canciones, siendo el punto alto del entusiasmo “Summer of 69”.

Hay muchos músicos que componen un puñado de hits pero hay muy pocos de los que podamos decir que su repertorio entero es un hit. Bryan Adams está entre estos últimos.

Mis preferencias personales suelen inclinarse hacia otros lados del espectro sonoro, así que en varias oportunidades me he cuestionado qué es lo que me gusta tanto de su música. Si bien es cierto que es parte de la banda sonora de mi adolescencia, aquí encuentro algo especial.

Tengo casi 50 años y lo que en mi juventud me parecían letras muy románticas, como por ejemplo “Everything I do, I do it for you” (trad: todo lo que hago, lo hago por vos), hoy hacen chirriar todas mis células por desacuerdo… filosófico, digamos. Hoy me cuelgo un poco más con los momentos humorísticos que tienen algunas letras, como “If you wanna leave me, can I come too?” (trad: si querés dejarme, puedo acompañarte?).

Esta vez me decidí a descubrir cuál era el enganche y, si me permiten, voy a compartir esa búsqueda.

Primero, me detengo a observar al instrumento que más termina definiendo mis gustos musicales: la batería. Claro que es buenísima. Es extremadamente precisa, tiene un sonido despierto, una intención muy positiva, a Mickey Curry le encantan los fills que entonan melodías y los adorados flams, mientras su crash te lleva de paseo a Saturno cada vez que apoya alguna cuestión. Macanudo, pero eso no parece suficiente para que yo no me canse nunca de escuchar estas canciones.

¿Qué hay de la voz? Tiene esa cualidad ronca que es tan agradable, también agudos alucinantes y, que yo sepa, no se le conoce desafinación alguna.  Sin embargo, no termina de convencerme que sea por eso que me gusta tanto.

¿Y las guitarras? Bryan Adams tiene con la guitarra la misma convicción que al cantar: una firmeza rítmica maravillosa y una delicadeza extrema cuando así lo desea. Keith Scott, por su parte, armoniza, solea, apoya y dialoga con B. A., eligiendo riffs súper rockeros, con distorsiones que le meten garra a todo y a la vez son muy amables para el oído.

En toda banda que te haga bailar o moverte hay un excelente bajo haciendo su trabajo… aunque por ahí no lo oigas (le puede haber faltado un poco de volumen en este show). Aquí es firme como una roca y logra que todo calce como un guante. El teclado (con aspecto de piano) hace su aporte también. La banda entera está perfectamente medida, con todo en su lugar justo (inclusive las luces).

Pero si no es nada de eso lo que genera adicción… ¿cuál es el secreto de la fórmula?

Admitamos que la combinación casi perfecta de rebeldía y de romanticismo juega un rol importante. Todos los de mi edad tenemos una cuota importante de rebeldía (algunos la tienen más resguardada y otros la tenemos más a flor de piel) pero a esta altura sabemos que todo tiene que estar equilibrado con el amor.

Bien, pero ¿qué más hay?

Para mi sorpresa finalmente encontré dónde está la clave de la atracción que ejerce en mí: se trata de la forma de “pregunta y respuesta” con la que están hechas casi cada una de las frases musicales de estas canciones. Permanentemente hay una tensión que crece y una tensión que se resuelve. Eso te engancha, te genera una expectativa que es seguida por un inmediato descanso, y así sucesivamente… de principio a fin de cada tema y de principio a fin del disco o show. Y eso te mantiene en estado de alerta y relajación, de alerta y relajación.

Descubrir los ingredientes de la fórmula no redujo mi disfrute pero por suerte sí calmó mi intriga.

Por otra parte, así, desde lejos, Bryan Adams parece ser un hombre comprometido con causas humanas y ambientales. Antes de comenzar el show, un video nos informó que por cada entrada de la Shine a Light tour, la empresa DHL plantaría un árbol y el video de su hit “Heaven” nos empujaba a observar nuestro planeta como un paraíso. También aparecieron en las redes fotos suyas recogiendo basura en las playas de Montevideo. Esto recibió críticas en algunos comentarios que pude ver y no comprendí. Desde mi rinconcito humano le doy gracias a cualquier celebridad que haga pública su preocupación medioambiental y que se ocupe de fomentar el cuidado de nuestro planeta y la conciencia de que estamos abusando de él.

Que vuelva será siempre una alegría.

Para ver fotos del show, ir a: http://cooltivarte.com/portal/bryan-adams-maquina-de-hits/

Arte para trascender el tiempo

El 21 de setiembre (de 2019), en la Sala Zavala Muniz del Teatro Solís, sucedió “De espinas y flores”.

“De espinas y flores” es una obra musical extraordinaria creada por Carmen Pi y Gustavo Reyna, donde se da un entrelazamiento en el plano sonoro de dimensiones temporales separadas por unas centenas de años.

Canciones de autores uruguayos de los años 1940 a 1970 se relacionan con obras musicales de 1700-1800, a través de un trabajo exquisito de armonización y arreglos hechos por estos músicos. Así, por ejemplo, Eduardo Darnauchans coexiste con G.F. Haendel, J. S. Bach con Eduardo Mateo, y por espacio de una hora y media, músicos y público trascienden fronteras, reconectando con lo esencial del sentir humano más allá de épocas y geografías.

Carmen Pi posee una voz embriagadora y un gran nivel de presencia escénica. Gustavo Reyna destaca por su enorme dulzura y destreza tanto con el archilaúd, como con la guitarra y voz.

Tres invitados de gran nivel aumentaron aún más la emotividad: Isabel Barrios (voz), Betina Chaves (en violín) y Gonzalo Rey (en guitarra).

A lo largo del espectáculo se fueron combinando de modo diferente todos estos sonidos, generando un entramado de texturas sonoras, con efecto envolvente y muy emocionante. Cada combinación abría las puertas a sensaciones diferentes: el archilaúd con la guitarra -que dialogaban con inteligencia y sensibilidad-, la voz con el violín -que te operaban el corazón sin piedad-, las dos voces -insólitamente complementarias-, las tres voces -en arreglos realmente bonitos-, la voz con el archilaúd -en comunión sentida-, y así continuamente.

Atrás de ellos, se proyectaron imágenes relativas a la belleza y el dolor e iban indicándose los autores de las canciones y los años de composición con algunas imágenes de los músicos bellamente amalgamadas con las imágenes de espinas y flores. Gastón Ackermann fue el creador del elemento visual.

El sonido fue perfecto, como nos tiene acostumbrados el sonidista Pablo Avellino.

Es un concierto para ir sin maquillaje, porque emociona hasta la médula. Es una obra de arte, en el sentido más completo de la expresión.

Maravilha da vida: Joao Bosco y banda en la Zitarrosa

El 29 de setiembre tendremos la enorme bendición de poder escuchar en vivo a João Bosco y banda en la Sala Zitarrosa.

Para algunos de nosotros, quienes nos gozamos la vida con la música de este ser, es un hito histórico, una sorpresota que la vida nos regala, y ante la cual solo podemos abrir el pecho y los brazos, mirar hacia el cielo y decir “GRACIAS”.

Presentar a João Bosco es casi un sacrilegio. ¿Quién puede quedar en este planeta sin saber quién es este ser? Lo que me mueve a contarles hoy un poco es el pánico de que alguno de ustedes deje pasar esta oportunidad grandiosa de escuchar a un Músico, así, con mayúscula, que es la personificación de la genialidad musical.

Este extraterrestre es uno de los compositores, guitarristas y cantantes más originales de Brasil.

Nació en el año 1946 en Ponte Nova, Minas Gerais. Su padre era libanés y su madre de Minas. Su infancia estuvo marcada por la cultura de la colonia árabe y por partidos de fútbol, pues su padre era jugador de fútbol. João Bosco de Freitas Mucci fue el sexto hijo y primer hijo varón, lo cual fue un acontecimiento familiar. Luego nacerían cuatro hermanos más.

Su familia amaba la música y muchos de sus miembros tocaban instrumentos. Su madre era violinista, una de sus hermanas pianista, su abuela bandolinista . A sus 10 años heredó una guitarra de una de sus hermanas y así fue que este músico entró en relación con ese instrumento al que terminaría conociendo a un nivel despegado. Sus influencias musicales eran muy pero muy variadas, incluyendo por ejemplo la música de Elvis Presley.

João Bosco cuenta que en su tiempo y contexto no existía la posibilidad de pensarse músico profesional. En 1961 se mudó a Ouro Preto, para estudiar ingeniería civil. Esta nueva ciudad le ofrecería además el jazz y la bossa nova.

En 1970, en Ouro Preto, donde estudiaba, conoció a Aldir Blanc, con quien haría una “parceria” musical impresionante y con quien compuso una gran cantidad de canciones (“O Bêbado e a Equilibrista”, “Falso Brilhante”, “Kid Cavaquinho”, “Caça à Raposa”, Falso Brilhante, O Ronco da Cuíca, Corsário, O Rancho da Goiabada, De Frente pro Crime, Fantasia y muchas más). Bosco ha contado que la relación de Aldir con su padre fue especial y por lo tanto lo sentía como de su propia familia.

También conocería a los pintores Carlos Scliar e Ivan Marchetti y, nada menor, a Vinicius de Moraes. La primera canción que compusieron juntos fue “Samba do Pouso”.

En 1972 ya venía componiendo con Aldir Blanc y fue invitado a inaugurar una serie de discos que traía de un lado un artista nuevo y de otro lado a un artista consagrado. De un lado estaría la canción “Agnus sei” de Bosco y Blanc y del otro la primera grabación del clásico “Águas de Março”, de Tom Jobim. Ese mismo año grabó con Elis Regina “Bala com Bala”.

Al año siguiente se mudó a Rio de Janeiro, donde grabó su primer LP, llamado “João Bosco”, compuesto con Aldir Blanc y otros músicos. Un año más tarde Elis Regina incluiría en uno de sus discos las canciones “O mestre-sala dos mares”, “Dois pra lá, dois pra cá” y “Caça à raposa”, todas compuestas por J. Bosco com A. Blanc.

De ahí en adelante no solo fue exitoso sino que se volvió un referente para músicos en Brasil y mucho más allá de Brasil.

De sus trabajos más recientes yo destaco el DVD “Obrigado Gente”, que editó en el año 2006 y que para muchos de nosotros es un DVD al que volvemos y volvemos cada poco tiempo. Yo bromeo que me genera “síndrome de abstinencia” si pasan dos meses y no lo veo.

Su último disco grabado y que presentará en la Zitarrosa, junto con sus clásicos, se titula “Mano que Zuera”.

Lo que caracteriza a Bosco es difícil de poner en palabras, pues es él como un todo lo que es extraordinario. Por nombrar algunos aspectos: su gran capacidad para mezclar estilos, sus melodías habladas, su dominio rítmico asombroso tanto con la guitarra como con la voz, sus armonías disonantes y esa manera de gozarse mientras hace su música que es tan contagiosa.

La banda que lo acompañará en Montevideo está compuesta por: Ricardo Silveira (guitarra), Guto Wirtti (bajo) y Kiko Freitas (batería).

Ricardo Silveira tocó con Herbie Mann en Nueva York. Actuó con Elis Regina, Milton Nascimento, Hermeto Pascoal, Gilberto Gil y Banda Chicago, entre otros. Tiene una gran y alucinante discografía, que se puede escuchar, y les súper recomiendo que lo hagan, en su web:  http://www.ricardosilveira.com

Guto Wirtti es otro demonio. Ha trabajado extensamente con Yamandú Costa y con muchos otros grandes músicos, tales como João Bosco, Leo Gandelman, Maurício Einhorn, Marco Pereira, Toninho Ferragutti, Celso Fonseca, Ed Motta, Luis Melodia, Wilson das Neves, Milton Nascimento, Jorge BenJor, Kassim, Duduka da Fonseca, Mart’nália, Gabriel Grossi, Nicolas Krassik, Alessandro Kramer, Zé Paulo Becker y más.

Kiko Freitas. ¡No les puedo explicar la expectativa y fascinación con la que estoy esperando escuchar a Kiko Freitas en vivo! Y sé que no soy la única. Quienes disfrutamos especialmente de la batería tenemos a Kiko Freitas en el altar de los bateristas genios. En su página web se lee que ha tocado con: Michel Legrand, João Bosco, John Patitucci, John Beasley, China Moses, Magnus Lindgren, Peter Asplund, Toninho Horta, Milton Nascimento, Ivan Lins, Francis Hime, Nico Assumpção, Gonzalo Rubalcaba, Lee Ritenour, Leila Pinheiro, Fátima Guedes, David Goldblatt, Lars Janson, Jeff Andrews, Frank Gambale, Jeff Richman, Hubert Laws, Alon Yavnai, Joca Perpignam, Vitor Ramil, Marc Kakon, John Leftwich, Wolf Kershek, Daniel Santiago, Ricardo Silveira, NDR Big Band, Vladyslav Sendecki, Nils Landgren, Paula Santoro, Chico Pinheiro, Hamilton de Holanda y muchísimos músicos más. Entre otros, ha estado influenciado por los bateristas Buddy Rich, Gene Krupa, Art Blakey, Elvin Jones y Jack DeJohnette.

Su banda con Nelson Farias y Ney Conceição, “Nosso Trio” es absolutamente de otro planeta. Quizás sea de un planeta cercano al del que vino João Bosco… no me extrañaría.

En la web de Kiko, https://kikofreitas.com.br/ leemos estas palabras de Aldir Blanc: “Pra ser inteiramente sincero, NUNCA vi um baterista melhor do que você. Você é, sem favor algum, o melhor batera do MUNDO!!!”

No exagero cuando les digo: es una bendición poder escucharlos en una sala como la Zitarrosa.

Nunca algo se repite, ni siquiera cuando se desea repetir tal cual. Sabemos que no hay dos momentos iguales en esta vida.

De corazón, les deseo que tengan la sabiduría de ir a este concierto.

Les dejo un video de ellos en nada más ni nada menos que Birdland.

 

 

Fuentes consultadas: https://web.archive.org/web/20120721123007/http://tulipio.uol.com.br/menulateral_mesa_01.htm

http://dicionariompb.com.br/joao-bosco/dados-artisticos

https://kikofreitas.com.br

http://www.ricardosilveira.com

 

Entrevista a Nandor Nácar

Foto Nandor Nácar

¿Quiénes forman la banda Nandor Nácar?

En la actualidad, la formación de Nandor Nácar está compuesta por:
Agustín Cáceres (guitarra y voz)
Gabriela Cano (voz, flauta traversa y saxofón)
Flavio Giordano (bajo) y
Marcos Berón (batería).

¿De dónde surge el nombre de la banda?

Surge a partir de dos palabras con un gran contenido espiritual. La palabra “Nandor” es extraída del libro “El Silmarillion”; representa a unos seres mitológicos, que rechazan la vida en la ciudad para vivir en pleno contacto con la naturaleza. Es a partir de esa vida natural y de plena búsqueda espiritual donde desarrollan saberes relacionados a la curación a partir de hierbas. Además, los Nandor eran seres que hacían una música que se podía oír hasta abajo del agua.

La palabra “Nácar” representa la regeneración y potencia la sensibilidad. Representa la conjunción armónica entre la Luna y Venus.

La unión de estas dos palabras de alto poder espiritual nos representa, ya que nuestro sonido se encuentra enraizado con la música de nuestra región, sumada a la música de nuestra principales influencias, volviendo a esos sonidos pero trayendo algo nuevo, regenerando esa raíz musical, desde nuestro propio sentir y nuestro propio camino musical y poético.

¿Qué tipo de música hacen?

Tal vez la mejor respuesta para esta pregunta sea definir el estilo de la banda como una especie de “Rock Influenciado”. Las canciones contienen un sonido rockero, en su gran mayoría, pero cada una de ellas, guarda una interesante relación con otros estilos, tal vez fuera del rock tradicional. Por ejemplo, la canción “París” tiene una variación rítmica muy particular, que lleva a la canción a la estructura de un vals. O la canción “Dos Sanduceros en Praga”, que tiene un corte rítmico que se puede entender como chacarera. Pero a la vez la textura armónica de las canciones está construida desde conceptos muy jazzeros. Por esto mismo es que es bueno definirnos como un estilo de “Rock influenciado”.

¿Quiénes son sus influencias musicales más notorias?

Son muchas. Cada uno de nosotros tenemos una amplia lista de música y músicos que influyen en nuestro sonido. Pero a la hora de nombrar algunas ponemos énfasis en la música que ha ido construyendo el sonido de nuestra región y el sonido de Paysandú. Uno de los principales artistas que marca el sonido de nuestro lugar es Aníbal Sampayo, por esto es que en cada presentación de Nandor Nácar, tocamos una versión de algunas de sus canciones. También bandas como “Aprenda Electrónica en15 Días”, “Desolángeles”, entre otros.

En cuanto al sonido que la banda despliega actualmente, hay una gran influencia del rock progresivo y sinfónico. El sonido rockero característico de los años 60 y 70, con bandas como “Invisible” y todo el gran legado que nos dejó Spinetta en sus diferentes etapas. Y tal vez la incorporación del sonido de una flauta traversa en el sonido rockero, hable claramente de influencias como Jethro Tull.

¿Cómo empezaron a tocar juntos? ¿Hace cuánto tiempo?

La banda surge a comienzos del año 2015, siendo fundada por los integrantes Agustín Cáceres y Flavio Giordano, en el marco de una comprometida búsqueda de conocer a fondo los sonidos que nos representaban como seres y como región. En esta etapa de inicio de la banda, el sonido era acústico, integrando por una guitarra acústica, violoncello, saxofón, cajón peruano y dos voces. Pero a lo largo de estos años, como resultado del camino creativo que fue generándose en la banda, actualmente, en abril de este año, llegamos a este formato eléctrico.

¿Tienen grabaciones en formato de disco o video?

Ahora estamos en el proceso de grabación del primer disco, en el estudio “La Colina Records” de Paysandú. Pero tenemos en nuestro canal de YouTube, algunos videos de algunos conciertos en vivo.

¿Qué de la experiencia musical es lo que los impulsa a dedicarse a esto?

Los que realmente nos impulsa es el amor eterno a la música. La experiencia nos va alimentando ese amor constantemente y nos reafirma en este sueño de vivir transmitiendo a partir de nuestras canciones, desde una transparencia absoluta. Sentimos que cada vez que estamos sobre un escenario nos podemos mostrar tal como somos y eso es algo hermoso y profundamente mágico. Por eso mismo es que estamos muy felices de esta oportunidad de mostrarnos desde nuestra música en Montevideo, en una hermosa sala, como es la sala Hugo Balzo del SODRE.

¿Desde qué lugar emocional componen los temas?

Desde varios puntos emocionales diferentes. Pero sin dudas que el máximo desafío se encuentra en una apuesta incondicional a la belleza y la esperanza. Si bien hay canciones que tal vez surgieron en momentos de enojo, buscamos la transmutación de esa energía y transmitir nuestro sentir posicionándonos en un lugar que aporte a la belleza universal y a las emociones puras de esperanza y cambio. Creo que el lugar donde más nos encontramos identificados a la hora de componer y transmitir es desde el amor, sintiendo al amor como la fuerza más poderosa y cristalina, siendo la fuerza que de verdad puede producir cambios en nosotros y en los demás.

¿Hay alguno de ustedes que es más responsable que otros de la composición, de los arreglos o de las letras?

Si bien las canciones del repertorio son escritas por Agustín Cáceres, esta etapa de composición y de arreglos se va generando entre toda la banda. Los ensayos son momentos de intercambio puro. Cuando trabajamos sobre una canción van surgiendo sugerencias por parte de cualquier integrante de la banda, y se van viendo y trabajando. Es apropiado decir que cada uno de los integrantes de la banda trabaja en pro de la música, para que esta sea la total protagonista y las canciones luzcan la belleza que merecen y que se merecen las personas que nos van a escuchar.

¿A qué aspectos de la música le ponen especial cuidado al preparar un toque en vivo?

Ponemos énfasis en generar un espectáculo sólido, que tenga un hilo conductor de comienzo a fin. En este momento nuestro espectáculo tiene una equilibrada relación entre la poesía, la música y aspectos audiovisuales que colaboran en la generación de un ambiente interesante en todo el show.

 

foto fecha

“Paysandú en la Balzo” es una propuesta integradora que prestigiará y dará más visibilidad a muchos artistas talentosos, y que permitirá además el reencuentro con otros músicos que ya son referentes, y que están comprometidos con el crecimientos artístico de Paysandú.

El Ciclo es gestionado por la Intendencia Departamental de Paysandú y el Auditorio Nacional del Sodre. Con el apoyo de la Dirección de Cultural de MEC, a través de la Usina Cultural de Paysandú.

Fotos: gentileza de la producción.

Entrevista por: Patricia Schiavone

Fecha: Setiembre 2019.

Los conciertos como templos

Hola, hola. ¿Me permiten compartir con ustedes lo que me fascina (últimamente) de los conciertos?

Como en todo acontecimiento humano, la experiencia concierto sucede en al menos tres planos: físico y energético, mental y emocional.

En el plano físico la música tiene un efecto muy perceptible: nuestro cuerpo se vuelve una caja de resonancia que recibe las vibraciones que llegan del escenario y vibramos en la misma frecuencia. Según el caso, también a veces sumamos armónicos propios a ese mar de frecuencias. Ese aumento llega a ser tan fuerte que en ocasiones perdemos totalmente la conciencia de nuestra piel o huesos, y nos sentimos flotar.

En el plano mental sucede una convergencia poderosísima de atención. Las decenas, cientos o miles de personas escuchando juntas una misma canción focalizan su mente en un trozo idéntico o muy cercano del continuum de pensamientos posibles. Y, entre las tantas posibilidades, existe también esa chance divina de que por un lapso determinado toda la audiencia deje de pensar, que esté completamente atenta a una frase sonora o a una cualidad de sonido específico y los pensamientos se detengan.

Por último pero para nada menor, en el plano emocional lo que emana del escenario va descorriendo cortinas, abriendo y cerrando ventanas, iluminando y oscureciendo zonas superficiales y profundas, generando conexiones previamente olvidadas o inclusive completamente nuevas. En los conciertos se da un acercamiento emocional común hacia un mismo punto. Por ese tiempo y en ese espacio todos estamos unidos en emoción y sentimos que el mundo está en perfecto orden. Los problemas individuales o colectivos o desaparecen o toman una relevancia primordial, según la propuesta del músico. Se da una conjunción de sentires que en términos físicos nos lleva otra vez a lo vibratorio, a lo energético.

Es así que encuentro una decisión verdaderamente importante a qué música exponerse y de cual abstenerse.

Es así que a la hora de comprar una entrada, yo evalúo que estoy anotándome para un retiro espiritual.

Es así que cada uno de los músicos con los que quiero invertir tamaña movilización se vuelve un líder espiritual y el facilitador de un espacio-tiempo que solo puedo comparar con un templo.

En fin… era eso que quería contarles.

 

PS: Si tienen ganas, fíjense cómo cada aplauso fuerte les sacude la sintonía en la que entraron con la canción.

 

 

Christian Cary: Solo voz y guitarras

Chri


Christian Cary
, bien conocido como líder de la banda La Triple Nelson, se presentó en formato unipersonal, con invitados especiales, el pasado 31 de julio, en su show titulado “Solo voz y guitarras”, frente a un público que agotó las entradas de la sala principal del Teatro Solís.

La experiencia comenzó con la artista argentina Roma Roldán, quien abrió la noche con sus canciones propias. Para quienes no la conocíamos fue un muy agradable descubrimiento. Con su voz cristalina, tono brillante, excelente manejo rítmico, letras significativas y poéticas, y con una gran cancha para manejar situaciones imprevistas, Roma –acompañada muy profesionalmente, por Gonzalo de Lizarza en la guitarra en algunas canciones– hizo de una presentación telonera un show hermoso que fue un gusto vivir.

Christian Cary eligió comenzar su concierto “Solo voz y guitarras” cantando al piano. Me encantó ese guiño a la razón –quien sabe si decidido como tal o no–. Desplegó desde ese primer momento su abanico de virtudes, que en conjunto forman el fenómeno tan particular que es este artista.

Le gusta jugar con los sonidos, divertirse, nadar a sus anchas por todo el espectro de posibilidades. Cary no tiene ni miedo ni dudas con respecto a la música, o mejor dicho tiene puras certezas, convicción plena de que tiene que estar exactamente ahí y haciendo exactamente eso. Se entrega por completo, en cuerpo, mente y espíritu.

El despojo de toda traba y ese afán de vivirlo enteramente genera en la audiencia una fuertísima conexión individual y colectiva con muchas cosas. Menciono apenas algunas de ellas.

En primer lugar, con la libertad. Todos fuimos libres esa noche, durante ese tiempo-espacio generado por este ser especial.

Con la autenticidad. Cary le canta y toca de frente a tu corazón, así que no hay forma de hacerse el distraído, no hay manera de que no veas clara y sensiblemente tu paleta emocional, a medida que él va abriendo las puertas para que vayan apareciendo tu amor, tristeza, rabia, esperanza, aceptación, calma y todo lo que necesite ser visto, reconocido, transmutado o no según el caso.

Con el momento presente. De alguna manera hay de su parte un sacrificio de su intimidad y una apertura completa a compartirla con toda la masa de gente que lo escucha. A cambio, el impulso para ser conscientes de ese aquí y ahora es irresistible. Te embarga una especie de fuerza en espiral que te coloca en el centro mismo del instante.

Con la honestidad y nuestro sentir de compañía. Todos los matices de la vida pasan por delante a través de las diferentes canciones y una se siente acompañada en la Montaña Rusa de la vida. Lo llamativo es que en un concierto de estas características te sentís escoltada no solo por Cary, sino por todas esas almas que están ahí en ese momento, vibrando con lo mismo. Es entonces cuando se comprende que no se fue solo a escuchar, no. Se fue a confirmar que no estamos solos en la necesidad de conectar con lo que nos hace humanos, y que alcanza que nos juntemos físicamente con el mismo objetivo, para recordar lo que tenemos en común.

Déjenme detenerme un momento en su canto.

Es de lo más llamativo cómo hace lo que quiere con los graves y los agudos. El concepto de escala parece ser parte fundamental de su música y siento que eso le pone ese condimento especial de libertad del que hablaba antes. Por otra parte, tiene un dominio admirable del volumen, y tiene la capacidad para ser desgarrador o increíblemente dulce, de movilizar multitudes en reclamos enojados o de regalarte una canción de cuna que te haga sentir completamente a salvo.

¿Y qué hay del manejo archipersonal de los tiempos? ¡Y de los silencios! Si tuviera que elegir una característica como su marca personal, creo que sería esta. Estira o acorta las notas a su antojo, con maestría, con una creatividad infinita. Es impredecible [aunque mi vecina de asiento, que por cierto cantaba muy bien, acompañaba su extravagancia a la perfección] y a la vez, tiene una singularidad musicalmente hermosa. El secreto, creo, está en que nada de su originalidad surge para destacarse. Parece una necesidad auténtica que crece en las entrañas y desborda en forma de sonidos que bien podrían ubicarse sobre pentagramas ondulantes, con barras corredizas, cayendo, eso sí, misteriosamente a tiempo.

De la mano con su capacidad vocal está su relación con sus guitarras (¡sus varias guitarras!). Son una unidad indivisible, cómplices de pura creación. [Si nos ponemos exquisitos, claro… todas son cuerdas, solo que algunas están adentro del cuerpo y otras afuera].

Hubo varios invitados. Roma Roldán, Gonzalo de Lizarza [hermosa la intención sobre esas notas; disfrutable a más no poder ese sonido profundo], Laura Canoura [¿Cómo no amarla? Su espontaneidad, esa voz que nos identifica, esa fuerza… toda ella], Fernando “Paco” Pintos [hermosísima canción, “Caballos”, y dupla querible con Cary], Rafael Ugo [¡qué placer escucharlo tocar así el piano! y un lujo en la percusión], Manuel Contrera [gran arreglo para piano y cuerdas de un tema fantástico y siempre un gusto escucharlo en el piano o teclados], Camila Suárez y Lucía Arimon (violín), Bruno Genta (viola), Matías Fernández (cello) [impecables esas capas de profundidad, esas múltiples dimensiones vibratorias], Mariana Labrada y Lucas Cary [tremenda garra, buenas voces y muy buen ensamblaje con Christian], Luciana Mocchi [siempre es transformador escucharla y comparte con Cary la entrega absoluta con su voz y la frontalidad sin negociaciones, también el sentido de libertad y juego].

Hubo también un momento memorable, de Cary a solas, con sus loops, pedales, guitarras y demás, que bien podría abrir otra ventana más de posibilidades. Yo iría también, y con avidez, a un toque enteramente instrumental liderado por este musicazo con mayúsculas.

Porque queremos más, Cary, mucho más. Y te agradecemos con una reverencia por todo lo que entregás, por tanto talento, por tanta generosidad.

Foto de portada: Mathías Arizaga

De Espinas y Flores – Carmen Pi y Gustavo Reyna

Aquí es sábado de noche, de una semana tremendamente exigente en todo sentido, y tuve la bendita buena idea de ponerle “play” al video que comparto. Sé que vengo atrasada con esta escucha, así que pregunto: ¿escucharon esta belleza sideral?

¡Hacía tanto que venía esperando tener el tiempo para esto! Y como no llegaba más, y gracias a mi querida intuición, hoy, con un gran agotamiento encima, puse “play”.

Hace rato que perdí la objetividad con esta mujer divina, porque además de amar su música, la quiero mucho a ella. Así que desde un lugar archisubjetivo, escribo estas palabras, seguramente torpes, para compartir y decirles, de corazón: disfruten este masaje al alma.

No les quiero estropear la sorpresa a quienes aún no lo hayan escuchado. Para mí fue hermosa la experiencia de que fueran apareciendo las joyitas sonoras, sorprendiéndome en cada track, así que si quieren, paren de leer, pongan “play”, cierren los ojos… y permítanse viajar. Permítanse mimar… permítanse soñar y volar a un espacio sin tiempo, o a un espacio multitemporal y multiespacial.

La voz de Carmen a mí me hace de trapo. Su registro me encanta… se ve que tengo una cantidad de células a las que les gusta vibrar en esa misma frecuencia.

En este disco, además, todos los sonidos y no solo la voz tienen una textura especial.

Los hechiceros que hacen la magia con ella (¡y cómo!) son otros músicos enormes, genios increíbles: Gustavo Reyna en el archilaúd, Gastón Gerónimo en violín moderno y barroco (tracks 03, 04, 11, 12), Nicolás Ibarburu en guitarra y voz (tracks 07, 11 y 12), Diego Carbonell en laúd y guitarra (tracks 09, 10, 11 y 12) e Isabel Barrios en voz (tracks 10, 11, 12).

Es muy sorprendente que fue grabado en vivo (en la Sala Hugo Balzo, en 2018). Suena tan impecable que si no te cuentan que es en vivo, no podrías adivinarlo. La sabiduría de Gastón Ackermann y su estudio Mastodonte seguramente hayan influido en este producto impecable.

Las canciones forman un tapiz hecho de composiciones uruguayas de los últimos 40 años y obras compuestas en los años 1700 y 1800. Algo que dicho así parece raro y difícil se despliega con total naturalidad y belleza. Cosas que solo músicos muy genios pueden lograr.

En Carmen se combinan muchas características que permiten una obra como esta, a saber: su formación musical clásica, su experiencia con la música popular uruguaya, su habilidad para versionar, su buen gusto compositivo y esa voz bellísima, con la que hace lo que quiere.

Quienes la acompañan lo hacen con exactamente la misma intención, el mismo detenimiento, cuidado y amor que su voz.

Me llamaré a silencio porque no quiero que usen ni un minuto más de su tiempo de vida para leer este palabrerío. Es momento de usar los oídos y dejar que el corazón sea feliz con esta hermosura.

Abrazos, y un brindis por la música: la de Carmen, la de Cabrera, la de Eduardo Mateo, la de Nico Ibarburu… y la de quienes vivieron hace 300 años. De otra forma este planeta sería inhabitable.

Patricia

PS: El 21/9/19 se presentan en El Solís!!! (Sala Zavala Muniz)

Domingo de jazz con Nolé – De Bellis – Romano

 

Vengo del Teatro Solís, pero bien podría venir del Lincoln Center en NY. El trío de Ricardo Nolé, Roberto De Bellis y Miguel Romano tocó hoy, en el marco del Ciclo Internacional de Piano de Montevideo, en la Sala Delmira Agustini, un hermoso repertorio de jazz, con localidades agotadas.

Comenzaron con un standard que fue compuesto en 1931: “Beautiful Love“. Esta primera ofrenda ya destacó por varios aspectos que se repetirían a lo largo del toque: un enorme respeto por la música y por la audiencia; una escucha atenta; una cohesión importante entre los tres y un ánimo enérgico, masculino y profundo.

Luego vino “Whisper Not“. Se dice que acerca de esta composición Golson contó: “La escribí en Boston, en el club Storyville de George Wein, cuando estaba con la big band de Dizzy Gillespie. La escribí en 20 minutos”. Eso fue en 1956 y después fue grabada, por ej., por Art Blakey, Ella Fitzgerald, y el Lee Morgan Sextet (con Horace Silver y Hank Mobley). Y aquí estamos en 2019, emocionándonos hasta la médula con esa misma composición tocada por Nolé, De Bellis y Romano.

Lo primero que destacó fue lo tremendamente rítmico que es el trío. Si bien es una realidad que tanto piano, como contrabajo y batería son instrumentos percutivos, no todos los músicos llevan el ritmo tan en la sangre como escuchamos aquí. Ricardo Nolé en este tema “Whisper Not” dio gala de una combinación poderosa de dulzura y energía, y Roberto De Bellis y Miguel Romano le ofrecieron la base rítmica perfecta para que pudiera lucirse a gusto.

La música que surge del contrabajo tocado por De Bellis tiene peculiaridades bien bonitas. Por un lado, el ataque es en un timing perfecto y con una gran presencia, en el sentido más espiritual del término. Luego, las notas se sostienen claras y firmes, con mucha elegancia y una buena razón de existencia sonora.

En tercer lugar escuchamos “Celia“. Compuesto por Bud Powell para su hija, y grabado con Ray Brown y Max Roach en el año 1949 en una salida transitoria del hospital psiquiátrico donde estaba internado. Primero lo editaron en un single en 1950 y después fue parte del disco “Jazz Giant” que salió a la luz en 1956 [no sé ustedes, pero yo será a la década del 50 a la que iré en cuanto se pueda viajar en el tiempo].

Es fantástico el dominio técnico de estos tres músicos. Se lucieron tocando a una gran velocidad y a la vez con claridad y expresividad totales. Cada nota de tantas era distinguible y el conjunto sumamente disfrutable. Hubo aquí un solo de piano y un solo de batería espectaculares. Y el bajo “la rompió”, pues inclusive a esa altísima velocidad, cada sonido estuvo repleto de musicalidad.

A continuación tocaron una balada que yo no conocía hasta hoy y ya habita en mi corazón: “Danny Boy“. Esta es una de las canciones más representativas de la cultura irlandesa y si bien no se sabe su origen, el primer registro que hay de ella dicen que se remonta a 1855. En 1910 Frederic Edward Weatherley compuso la letra de Danny Boy para una música diferente pero al conocer la tonada de “Londonberry Air”, ajustó la letra para que se adaptara a ella. Comenzó Nolé en el piano, con tremenda expresividad, un excelente manejo de dinámicas, y con esa sensibilidad que solo puede surgir de quien ya hace rato que es una unidad con su instrumento. Se agregó De Bellis, aportando una magia muy especial con el arco en el contrabajo. ¡Un sonido dulce que va directo al alma! Y en tercer lugar, bastante avanzados los minutos, Miguel Romano y el embrujo de sus escobillas cálidas y certeras.

Luego de esa maravilla, el bajo y la bata se llamaron a silencio y Nolé nos ofreció un tema solo: “Chovendo Na Roseira” (de Tom Jobim). ¡Una cosa impresionante lo que tocó Nolé en ese Steinway! Es genial observar toda su expresividad corporal mientras toca. Hay una entrega completa en su ejecución. Y, como todo en esta vida, entonces una también se entrega completamente a escucharlo.

El siguiente tema fue “Black Nile“, perteneciente a “Night Dreamer”, ese disco de Wayne Shorter (lanzado en 1964) en su etapa entre Art Blakey’s Jazz Messengers y Miles Davis. Fue emocionante escuchar este tema por este trío. Es muy admirable el fraseo de De Bellis en el contrabajo, siempre manteniendo la calidad de cada nota inclusive a esa velocidad exigente. Estuvo todo súper cuidado por los tres. Sobre el final del tema Miguel Romano nos regaló un precioso solo de batería, musical a más no poder.

Con el Nilo negro la adrenalina había llegado a niveles altísimos y entonces “I Loves You, Porgy“, de George Gershwin (1935), nos llevó a aguas más calmas pero no menos atrapantes. Ricardo Nolé se pasó todo el tema creando climas mágicos y recordándonos por qué nos gusta ir a escuchar música en vivo, Miguel Romano construía castillos con sus escobillas y platos maravillosos (unos Zildjian oscuros impresionantes), y Roberto De Bellis le puso todo el amor del planeta, primero apoyando con maestría la conversación del piano y la batería, y después con un solo buenísimo que tuvo todo lo que un solo profesional tiene que tener para ser grandioso: gran aplomo, presencia, una conexión musical total con el tema, y una elección de notas nada predecible pero que calzan como un guante.  El tema finalizó con el piano y la batería abrazándonos a todos con firmeza y calidez.

El último tema fue “Billy’s Bounce“, tema compuesto por Charlie Parker en el año 1945 (año oscuro para la humanidad). Es muy difícil escuchar este tema y quedarse quieto. Los arreglos de toda la noche estuvieron impecables y este tema no fue la excepción. Los tres instrumentos convivieron y se conjugaron de la mejor manera para ofrecer un final tan profesional como todo el concierto.

Por último Ricardo Nolé tocó solo en el piano un bis bellísimo, “Someone to Watch Over Me” (de Gershwin), que se vivió como demasiado breve y nos dejó con ganas de escucharlo a él y a este trío de nuevo lo más pronto posible.

Fue una tarde musical de lujo. Ojalá que esta reseña contribuya con que perdure de algún modo en la memoria de los que ahí tuvimos la suerte y sabiduría de estar.

 

 

Cd “El Fondito” – de Fede Righi

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Hacía flojo un año que este CD me esperaba en un estante a que yo lo escuchara entero. Todo un sacrilegio haberlo obligado a permanecer en silencio, siendo que encerraba estos sonidos tan bienvenidos.

Yo divido al mundo de los bajistas en dos grandes categorías: aquellos que disfrutan con un sonido gravísimo y aquellos que eligen un sonido más agudo. Fede está en el segundo grupo y eso me fascina.

El Fondito tiene todas composiciones suyas, excepto Naima (de J. Coltrane) y un tema que me puede, “Fuego Lento”, cuya composición es de Fede, Nico Mora, Cachi Bacheta y Horacio Di Yorio.

La lista de músicos es más que jugosa:

Fede Righi: bajos, bolsa de nylon en 6
Martín Ibarburu: batería en 1,2,4,5,7,9,10 y cajón en 3
Nacho Labrada: Rhodes en 1,2,4,10; piano en 5,7,9
Benji Barreiro: saxo tenor en 1,4,7; saxo soprano en 2,9,10
Gustavo Montemurro: acordeón en 3
Mauro Pérez: armónica en 5
Alberto Magnone: piano en 6
Nico Ibarburu: guitarra en 4
Jorge Trasante: percusiones en 1,2,3,6 y 7
Fernando Lobo Núñez: tambor piano en 4 y 8
Noe Núñez: tambor repique en 4 y 8
Fernandito Núñez: tambor chico en 4 y 8

El viaje gozado te lleva a visitar 10 lugares especiales.

1 – Candombe raro es un candombe divinísimo, veloz y súper fusionado con jazz. Aquí se combina un ritmo bestial, con una melodía bonita e inteligente, y mil capas y subcapas de diálogos y comentarios. En este tema tocan nada más ni nada menos que Fede, Martín, Nacho, Benji y Trasante. ¿Qué más se puede pedir?

2 – Dale, dale también es un candombe y uno que obligatoriamente tenés que bailar. Es rapidísimo… posiblemente de ahí venga el nombre. Al escuchar esto se impone una reverencia a estos seres de luz que este país insólitamente alberga. ¡Tremendos todos! Algo impresionante el despliegue musical en todo lo que eso implica: buen gusto compositivo, conocimiento del lenguaje, dominio técnico de cada instrumento, arreglos impecables, sonido y volúmenes, maestría a la hora de transmitir a través de notas… una belleza multidimensional.

3 – El fondito tiene la presencia imponente del acordeón, la calidez del cajón peruano y ese bajo que emociona. El nivel de Fede tanto como compositor como bajista es brutal. Este track te llega profundo, te cuenta toda una historia llena de humanidad, de sentires, de imágenes que van pasando como si fueras atravesando un paisaje sentado en la ventana de un tren. A mí me habla de aconteceres del pasado, con un aire algo nostálgico pero con un toque optimista.

4 – Fuego lento. A este tema lo escuché en vivo hace un tiempo y me quedé admirada y con ganas de escucharlo mil veces más. ¡Para mí es perfecto! Tiene todo el swing del planeta, sonidos que te acarician el alma, ánimo alegre, y una buena razón de existir. De nuevo el sonido del bajo te emociona hasta la médula. La guitarra de Nico Ibarburu le pone el broche de oro a la gozadera del Rhodes de Nacho, el saxo tenor de Benji, la bata de Martín y los tambores de los Núñez. Este es mi tema favorito de todo el disco… bueno, o eso creo.

5 – Vals de Clarita es una dulzura. El piano de Nacho y la armónica de Mauro te contactan con asuntos muy internos y el bajo te arropa el alma, yendo en andas sobre las escobillas de Martín que te acarician y te arrullan. No es una canción de cuna pero tiene todo el carácter para serlo. Siendo aquí domingo pasada la medianoche, esta canción es perfecta para terminar el día.

6 – Naima (de J. Coltrane) es la única canción del disco que no fue compuesta por Fede Righi. Gran curiosidad me da qué hará que este tema sea tan importante para él como para que lo haya incluido en un CD de todas composiciones suyas. Hermosísima versión hicieron. Todo profundamente sentido: el bajo de Fede, el piano de Alberto Magnone y la percusión de Jorge Trasante. Una obra maestra, de verdad. Una versión que se ve que necesitaba existir.

7 – Que pasó? Un tema de ritmo latino para levantarle el ánimo a todo el que se exponga a él. Todos los músicos dan todo de sí y el resultado es grandioso. En lo personal, a priori estos ritmos latinos no me gustan, pero este tema me hace bien y lo disfruto.

8 – A Tiomono es tremendo candombe a bajo y tambores. Una belleza escuchar esta combinación no tan frecuente: tambor chico, repique y piano y bajo eléctrico. Las melodías en el bajo sobre el colchón rítmico de los tambores tienen un efecto realmente hermoso. De algún modo este tema es como un divino solo de bajo, sideralmente musical, con base de tambores. Bellísimo.

9 – Tarde de lluvia es una buenaza mezcla de samba, candombe y jazz con el saxo soprano y el piano liderando la melodía, con la bata perfecta detrás y el bajo on fire. (Y además, aquí y ahora llueve).

10 – Tintín (dedicado a Martín Ibarburu) es un candombe profundo, que arranca con un tinte de tristeza o de severidad y que va creciendo hacia un optimismo medido. Supongo (sin saber nada del asunto) que la armonía es menor, porque escucharlo me lleva más para adentro que hacia afuera, más a la introspección que al festejo. Al escucharlo no puedo evitar notar que esto suena, desde todo punto de vista, como algo que bien podría haber surgido de un Coltrane o un Miles Davis. Este track se pelea el primer puesto en mi corazón con “Fuego Lento”. La combinación de bajo y batería en este track en particular es algo muy mágico. No parecen tocados por dos personas diferentes… parecen surgir de un mismo y solo sentir.

La verdad es que me arrepiento de haberlo tenido tanto tiempo esperando hasta que yo me decidiera a darle la oportunidad que se merecía. Pero me alegro de por fin haberlo escuchado en serio y de ahora en adelante poder contar con estos sonidos como compañía cotidiana.

Creo que es un disco hermoso que le aporta a la discografía uruguaya una personalidad y madurez especiales.

Información de producción, grabación y fotos:
Grabado por Daniel Báez en estudio Octopus en Abril de 2009.
Asistentes de grabación: Rodrigo Jasa y Nico Belisonda.
Tomas de armónica en estudio Monte por Gustavo Montemurro.
Mezclado y masterizado Daniel Báez en estudio Octopus entre Febrero y Abril de 2010.
Fotografías de Pablo Meneses y Rodolfo Fuentes.
Diseño gráfico de Rodolfo Fuentes.
Producido por Fede Righi y Ángel Atienza.

 

 

 

 

Pedro Aznar: amor, justicia social y conciencia

 

El viernes 12 de julio de 2019 sucedió que pudimos escuchar en vivo a Pedro Aznar por segunda vez en tres meses. Viviendo en Uruguay eso es un hito, una bendición. Es de esos regalos que sería un sacrilegio vivir sin detenerse a agradecerlos.

La vida combina el azar y el destino de una manera aparentemente caprichosa. El 26 de abril la mejor ubicación que encontré fue la mesa 21, un poco atrás pero al centro. En julio me tocó la misma mesa y silla. Así que el punto de vista espacial era el mismo y el climático también, con una noche fría, invernal, muy húmeda. Sin embargo, el punto de partida emocional nunca es el mismo.

El acto musical es un acto de resonancia entre el músico, la música y el público. En palabras de Pedro, “remite a una interacción. Cuando dos cuerpos resuenan, uno genera y el otro resuena a su manera, con sus propios armónicos, color, característica”. Y si al cuerpo físico le agregamos el cuerpo emocional, el caleidoscopio de interacciones y sus posibilidades se vuelve más infinito aún. Así es que un mismo músico, ejecutando una misma secuencia de notas, que parta de un lugar emocional diferente, nos lleva en otra dirección. Y esto a su vez varía según el lugar emocional de quien escucha.

Con lo anterior, entre otras cosas, queda claro que ninguna reseña es objetiva, por lo que convendría no esperar encontrar en las palabras de otro lo que uno vivió en un toque. Es apenas otra experiencia.

Haciéndome cargo de los colores de mi propia resonancia, sentí que anoche Pedro Aznar comenzó con cierta rigidez, con cierto malestar. Las notas sobre el teclado e inclusive su canto me llegaban duros, quizás molestos o preocupados. Soy consciente de que esos ingredientes podían residir en mí únicamente.

Sabido es que no se puede sentir mucho y pensar a la vez, ni viceversa. Ese principio de show –que por una vez no me secuestró emocionalmente– me permitió una mirada desde otro ángulo.

Por ejemplo, me detuve en los ejes temáticos de su obra:

-el amor
-la justicia social
-la conciencia

¿El amor observado desde qué lugar?
Desde el análisis introspectivo que denota conciencia.

Por saberlo todo me olvidé lo que aprendí
que el que no escucha es solo víctima de sí
Por querer cambiarte casi casi te perdí
por enjuiciarte desde mí

¿Qué mirada de nuestra sociedad?
Una que reclama dignidad para todos y se rebela ante la indiferencia del hombre distraído. Esa que sacude a su audiencia pidiéndole que despierte, se levante y haga algo por detener a quienes abusan de su poder y por ayudar a quienes sufren. Esa que desea la convivencia respetuosa y solidaria de todos los humanos sobre el planeta.

Los chicos de la calle
dónde viven, nadie sabe
sus historias nunca nadie guardará
con el viento volarán

Los chicos de la calle
se imaginan desde el margen
que en el centro de la hoja alguien podrá
escribir “felicidad”

Andando entre los autos
nadie acierta con su edad
Sus ojos, piedra como la ciudad

Los chicos de la calle
no eligieron lo que hacen
ni el futuro les permitirá elegir
quiénes ser o adónde ir

Andando entre los autos
lo que esperan no es piedad,
apenas enfrentar un día más

Los chicos de la calle
dignidad en rotos trajes
pobre Dios en carne viva y sin altar
no los baja de su cruz solo rezar

Los chicos de la calle
no tendrán adulto el talle
más de veinte casi nadie cumplirá,
rara vez algunos más

Los chicos de la calle
son un grito aunque los callen
ya son tantos que serían un país
donde nadie fue feliz

Los chicos de la calle
dignidad en rotos trajes,
pobre Dios en carne viva y sin altar
no los baja de su cruz solo rezar
no los libra de su cruz solo rezar
no los salva de su cruz solo rezar

¿Qué conciencia?
La que para empezar busca no “morir antes de saber vivir” y se sabe una con todo lo que la rodea.

Quiero decirte que sí,
como aquel árbol que muere de pie,
como esta tierra que lucha por ser,
como el constante fluir de los ríos.
Como un guerrero que vuelve al hogar,
como sendero que deja pasar
desde el primero hasta el último día.

La primera canción del toque en la que lo sentí conectar más con lo divino fue en su canción “Fotos de Tokyo”. Quizás su ánimo (o el mío) andaba más por ahí que por “Because” (aunque otra vez su juego de voces en “Because” fue magistral).

Con “Fotos de Tokyo” pasan muchas cosas. Aquí conviven una letra espectacular, que es universal e íntima a la vez; una melodía que no tiene nada para ser pegadiza, sin embargo se te instala y no te suelta; y ese ritmo bestial tocado en la guitarra de doce cuerdas, que transmite hartazgo y dolor, firmeza y profundidad.

“Lo más loco de todo” es su mano derecha y esa voz tan expresiva sucediendo simultáneamente. La combinación del ritmo brutal con sus melodías trabajadas es, para mí, una de las marcas de agua de la música de Pedro Aznar. Eso, el sonido de su bajo de siempre y el de la guitarra de doce cuerdas.

Entre muchas otras, nos regaló “Cuerpo y Alma”, canción que le presentó Hugo Fattoruso mientras viajaban por los campos nevados de Japón. Contó que esa canción lo conmovió de tal manera que decidió ponerle ese título a su siguiente disco.

Con una enormidad de emociones encontradas en la voz cantó “Buenos Aires”, ese poema de J. L. Borges que Aznar musicalizó de forma fenomenal, incluyendo unos pasajes hermosos de tango en el teclado y ese final potente, a cappella, que repite “no nos une el amor sino el espanto; será por eso que la quiero tanto” a medida que él se aleja del micrófono, se gira a mirar su ciudad proyectada y abre los brazos.

Gracias al cielo tocó “Muñequitos de Papel”. ¡Y cómo! Es inexplicable la percusión que logra en las cuerdas del bajo eléctrico con un destornillador. Y no es solo con la derecha que hace magia… la mano izquierda es un viaje aparte.

“Voy a hacer ahora otra canción más de Eduardo Mateo. Esta es una canción que es un ‘candombe pitagórico’, por así decirlo. Mateo tenía esa manera hermosa de componer, que era una mezcla de intuición genial con altísima arquitectura, con una matemática exquisita y profunda. Este es un candombe en 6/4 y… me hace acordar a una frase que leí una vez en una entrevista que le hicieron a Joni Mitchell. Le preguntaban de dónde salían esos ritmos tan lindos y tan extraños que ella hacía. Ella dijo que era algo así como Senegal pero de Marte. Esta canción de Eduardo Mateo tiene un poquito de eso”. Y sonó “El Tungue Le”.

Pedro cambió de instrumento casi en cada canción. Del teclado a la guitarra, al bajo, a la guitarra de 12 cuerdas, de 6, de nylon, de acero, otro bajo, otra guitarra… y así toda la noche.

Uno de los misterios para mí fue esa mano tan suelta, relajada, que genera esa firmeza sonora tan rotunda. En “Quiero decirte que sí” hubo, por ej., momentos en los que el rasgado hacia abajo sonaba tal cual como si fuera un platillo tipo crash de una batería.

La cualidad de Pedro Aznar como músico excepcional es reconocida internacionalmente. Internamente muchos lo reconocemos además como ese ser especial que nos viene acompañando hace años, ayudándonos a sanar heridas y a abrir los ojos y la cabeza en varios sentidos.

Al momento de los bises, ante los muchos pedidos de la audiencia, sugirió: “tranquilicémonos”, y nos leyó el contexto de un tema nuevo.

“Vivimos en una época en que las corporaciones tienen más poder que los gobiernos.

Un puñado de megamillonarios empuja al planeta a una ruina inhabitable, como si no hubiera otra opción.

Y los medios de comunicación son manipulados para adormecernos y hacernos olvidar que, como ciudadanos, somos los protagonistas de la historia. Y que en nuestro trabajo y en los frutos de la generosa tierra reside la fuente de toda riqueza.

Hoy la democracia, la dignidad humana, la vida misma están en peligro.

La “Corpoland”, la tierra al servicio del dinero sangriento, se tiene que acabar.

Nuestra mejor herramienta, como siempre, es la conciencia”.

A continuación, otra vez una letra consciente y comprometida con la humanidad, tocada con su bajo legendario y con bellísimos slaps. La sensación fue casi como si tocara un tambor pero con el bajo. El mensaje fue muy claro: estamos en el horno; a ver si nos despertamos.

¿Qué dicen?

¿Nos despertamos?

 

Foto: Andrea Silvera

Posdata: Aquí mi reseña de Resonancia en abril.

 

Estas reseñas fueron escritas para el portal COOLTIVARTE.

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