Dos entrevistas sobre Reiki

Estimados:

Actualmente las tres coordenadas favoritas de mi vida son la música, el Reiki y la meditación.

Hoy cambio por un minuto de lado del mostrador y comparto un par de entrevistas que me hicieron recientemente sobre una de mis pasiones: el Reiki.

Fecha de ambas: febrero-marzo 2020.

Patricia-Schiavone-Reiki.jpg
Link:

https://www.canal10.com.uy/tecnica-sanacion-imposicion-manos-n604653

 

 

 

 

“Tocar en vivo es incomparable, estamos todos en un mismo viaje”. Entrevista a Fernando Cabrera

Foto: Eduardo Fisicaro

 

Los montevideanos siempre festejamos la noticia de un nuevo concierto de Fernando Cabrera. Personalmente considero que este músico uruguayo es parte integrante de un puñado de músicos que tienen la característica muy poco común de ser insólitamente originales y a la vez y sin embargo identificarnos en nuestra uruguayez.

El show que podremos ver y escuchar el 15 de febrero en el Teatro Solís tiene además la particularidad de que será en conjunto con el excelente músico rosarino Jorge Fandermole.

A continuación podrán encontrar una conversación en formato entrevista con Fernando Cabrera, realizada a partir de la noticia de este concierto, que dio la oportunidad de indagar un poco acerca del mismo y también de hurgar sobre algunos aspectos de la relación de Fernando Cabrera con la música.

 

¿Qué te entusiasma del concierto con Jorge Fandermole?

Me entusiasman muchas cosas a la vez. La primera de ellas es haberlo conocido hace pocos meses. Fue el año pasado, con motivo de un recital que hicimos en Buenos Aires, en el Teatro Ópera. Unas semanas antes nos juntamos para organizarlo, hacer el repertorio, elegir las canciones y ensayar. Para mí fue una sorpresa muy linda conocer su obra más en profundidad y además conocerlo a él, que es una persona muy rica, en todo sentido. Así que me entusiasmó eso, abrí un poco mi cabeza a otras formas, otras maneras de encarar el fenómeno de la canción. No tengo los suficientes elogios para describirlo porque es un autor de primerísima calidad. Fue muy lindo para mí aprender su obra y también muy desafiante, porque es un compositor complejo, profundo, y meterme en sus canciones me significó un gran trabajo porque si bien sus canciones son muy fluidas y muy agradables de escuchar, esconden también muchas dificultades y muchas complejidades técnicas, que tuve que estudiar y profundizar. O sea que para mí fue todo un desafío. A su vez, me gusta mucho cómo toca la guitarra, cómo canta, como escribe las letras y cómo compone la música.

Si tuvieras que decirle a alguien que no se ha acercado a la música de ustedes en qué se parecen sus músicas, ¿qué dirías?

En unas cuantas cosas y también somos muy diferentes, si no el espectáculo sería muy aburrido. Hay unas cuantas cosas que nos unen. Por ejemplo, el tipo de ciudad en la que hemos nacido: Rosario y Montevideo, que tienen características en común. Nos unen las inquietudes que tenemos los dos por tratar de ser músicos de nuestra región, de nuestro entorno, de nuestra cultura, y por consiguiente investigar en nuestros géneros, en nuestros ritmos, como él ha hecho y yo también. Y yo creo que una profunda convicción, necesidad o ganas de comunicarnos con la gente de una manera sensible y que no sea banal. Que nuestro trabajo no sea pasajero, sino que la gente cuando escuche nuestras canciones tenga ganas de volver a escucharlas un tiempo después y de algún modo integrarlas a su vida y a su memoria. Creo que todo eso nos empareja y nos hace dos músicos parecidos. También somos parecidos en la edad que tenemos.

¿Qué te aporta grabar y qué te aporta tocar tus canciones en vivo?

Bueno, tocar en vivo es incomparable, porque estás en contacto con una cantidad de personas que están vibrando en la misma sintonía de onda al mismo tiempo. Estamos todos como en un mismo viaje. Eso es lo que más lo distingue o diferencia de grabar.

Grabar es un acto, no sé cómo llamarlo… mucho más de laboratorio, más de cabeza fría, en donde uno tiene la posibilidad, por ejemplo, de repetir algo todas las veces que sea necesario hasta que quede bien. Además no hay público, entonces hay ciertos canales emocionales que no están presentes; uno tiene que arreglarse consigo mismo, ¿no? Tratar de encontrar la inspiración y la emoción uno solo, que no es tan fácil, porque no hay retorno. Son las máquinas, el sonidista, un vidrio, los micrófonos… es otra cosa completamente diferente.

Pero no quiero con esto decir que sea un acto del todo frío ni mucho menos porque fijate que en las grabaciones también nos estamos jugando las futuras escuchas de la gente que nos va a oír en los discos, o en la radio, o por internet, entonces ahí tenés que ponerte en un lugar espiritual muy fuerte, también, ¿no? Porque eso va a quedar… va a quedar para siempre. Entonces ahí también entra en juego una enorme responsabilidad.

A mí los dos procesos, que son muy diferentes, me gustan mucho, porque exigen mucho de mí. Y bueno, con tantos años ya de trabajo, se han convertido en las dos cosas, junto con una tercera —que es la composición, que es absolutamente privada, ¿verdad?— en las tres patas que le dan a mi vida más fundamento y más razón de ser.

Me da la impresión de que cuando cantás alternás bastante entre la ternura y el desahogo. ¿Hay algo de eso en tu vida personal o es algo que aparece en la música pero no necesariamente en tu vida?

Bueno, yo pienso que algo de reflejo tiene que haber. Sería imposible hacer composiciones musicales y poéticas ajenas a lo que yo soy. Las podría hacer pero sería un acto como de desdoblamiento.

Quizás es una percepción mía y vos me decís que no, que de desahogo no hay nada.

Puede haber. Lo que pasa es que vos nombraste dos cosas: desahogo y ternura. Pero yo creo que aparecen esas dos cosas y otras muchas cosas más también. No solo esas dos. En pequeñas proporciones yo creo que aparecen muchas facetas del interior de uno. A veces el desahogo, a veces la alegría, a veces el querer comunicar algo o describir algo, a veces la ternura, a veces no la ternura. A veces pueden aparecer sentimientos más negativos, también, ¿por qué no? Yo creo que en la composición aparece todo lo que uno tiene.

¿A veces te das cuenta y a veces no?

Sí, exacto. Porque a veces es también un acto de catarsis, de abrir la canilla para que el inconsciente salga y uno no siempre tiene un absoluto control del inconsciente, ni un panorama exactamente claro de qué pasa en la cabeza de uno. Los que nos dedicamos al arte tenemos ese privilegio de poder hurgar y sacar para afuera muchas cosas.

¿Te ha pasado que hayas volcado algo de tu inconsciente en una canción y que lo notaras después?

Sí. No toda la canción pero de repente una frase, una línea, un breve momento. En cada canción seguramente hay cosas que salen de manera automática y al tiempo uno se da cuenta o empieza a comprender por qué, cuál es el origen de eso.

¿Tuvo alguna ventaja para vos que el reconocimiento masivo te llegara más bien tardíamente en tu carrera?

Bueno… la otra cosa no la conocí. El reconocimiento desde mis inicios y en la juventud no lo conocí así que no puedo opinar cómo hubiera sido o cómo me hubiera caído. Pero esto que me pasa ahora me resulta más que interesante, porque fijate que en la vida del ser humano cuando avanzan los años, que uno se acerca a la vejez, las expectativas se empiezan a achicar, los horizontes se empiezan a cerrar. Se acerca la época llamémosle de la jubilación, en que las fuerzas y los entusiasmos disminuyen. En cambio a mí, por un extraño privilegio, me ha tocado lo contrario, o sea, que cuando yo voy envejeciendo me van pasando cada vez cosas más lindas relacionadas con la profesión.

Tampoco es que yo sea una persona sumamente famosa ni célebre, ni que me haya hecho rico con esto ni nada que se le parezca, ¿no? Es apenas que soy un poco más conocido que antes pero que sea así me parece bárbaro, porque también te agarra maduro, ya nada te puede confundir. A veces pienso que la persona que en la juventud, a los dieciocho o veinte años, se hace mega famoso y adquiere un poder enorme, capaz que es todavía muy joven e inmaduro para poder manejar eso.

En algunas canciones, que me parece que son especialmente las últimas, parece que hicieras un estilo de música de película. Como que la guitarra genera climas o termina frases que vos arrancás con la voz o la palabra. ¿Vos lo ves así?

Bueno, me resulta muy interesante que me digas eso y también muy satisfactorio, porque me encantaría que fuera así. Porque también disfruto de ciertas transformaciones que me parece que yo he ido haciendo a lo largo de mi vida en el acto de tocar la guitarra y cantar. Yo ahora no toco y canto igual que hace treinta años. Y bueno, eso que vos describís, que no lo había pensado así pero me parece que tenés razón, tiene que ver con esos cambios, con el hecho de tratar de tocar el instrumento de una manera menos convencional, y por supuesto muy ligada, muy matrimoniada con el canto, ¿no? Que todo sea una misma cosa.

Foto: Eduardo Fisicaro

Tomada de la página web del Teatro Solís, reproducimos la siguiente información:

Jorge Fandermole y Fernando Cabrera por primera vez en Uruguay. Dos referentes de la canción iberoamericana, en un concierto que recrea buena parte de sus repertorios.

Jorge Fandermole nació en enero de 1956, en Rosario, formó parte del movimiento de la Trova Rosarina y su primer disco “Pájaros de fin de invierno” salió en 1983. Tiene siete trabajos editados como solista, y dos como parte de diferentes grupos. El último, “Fander” de 2014, ganó el Premio Gardel a Mejor Disco de Folclore Alternativo. Además, tocó con Lucho González, Carlos “Negro” Aguirre y Juan Quintero, entre otros. Algunas de sus composiciones más conocidas son: Era en Abril, Canción del Pinar, Cárcara, Oración del Remanso y Sueñero. “La canción es el vehículo de la intuición poética. La primera experiencia de lo poético. Por lo general esa intuición no llega leyendo sino escuchando una canción”, afirma Fandermole.

Fernando Cabrera nació también en 1956 pero en diciembre y en Montevideo. Es un artista único, referente de la identidad del Río de la Plata con una trayectoria de más de treinta años, premios en festivales internacionales, una producción de más de diez discos propios y otros tantos en calidad de productor y de arreglador. Ha hecho bandas sonoras para cine, documental y teatro. Entre sus composiciones se destacan El Tiempo Está Después, Viveza, Por ejemplo, Te abracé en la noche, Puerta de los dos, Dulzura distante y La Casa de al Lado, entre otras.

Confluyeron en el Teatro Opera de la ciudad de Buenos Aires en el marco del FestiBAl de Otoño 2019, ofreciendo un espectáculo que el público que colmó la gran sala de la calle Corrientes disfrutó expectante.

El santafesino y el montevideano le han sumado al prestigio de sus respectivas obras un reconocimiento masivo cada vez mayor. La reunión ante una multitud dispuesta al disfrute ratificó un camino que es también un alegato acerca del impacto de la canción.

Coinciden en el año de nacimiento, en sus notables herramientas líricas y expresivas, en la paulatina y segura popularidad de sus obras, pero lo que destaca de esta unión es la audacia para encontrarse desde sus enriquecedoras diferencias.

“Somos autores con un lenguaje propio y una familiaridad en nuestras músicas que nos permite sentirnos cómodos”, señala Jorge Fandermole. Agrega Cabrera: “la canción no es letra y música; es una tercera cosa que surge de esa mezcla. Por algo la canción es uno de los formatos artísticos más populares del mundo. Viaja en la memoria. No necesita otro vehículo”.

Fotos: Eduardo Fisicaro.

Concierto: Fernando Cabrera y Jorge Fandermole
Lugar: Teatro Solís (sala principal)
Fecha: 15 de febrero de 2020
Hora: 21:00
Entradas: Tickantel y boletería del Teatro Solís

 

Entrevista hecha por Patricia Schiavone para Cooltivarte.com

 

Sesiones Sondor. Diálogos de jazz.

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A María Noel Taranto la escuché cantar por primera vez en el año 1988. Recuerdo que me impactó cómo una uruguaya podía vibrar de esa manera con el jazz y transmitirlo como si estuviéramos en New York o New Orléans. A partir de ahí la he escuchado en vivo muchas veces, en diferentes propuestas musicales (Jazz por supuesto, música Gospel, repertorio de Édith Piaf, etc.) y siempre me sorprende su garra, su comodidad en el escenario, su nivel de energía y su capacidad de colocarse interna y actitudinalmente en el lugar exacto que el estilo musical requiere.

Este CD y yo nos encontramos en un evento mágico que sucede en la ciudad de Mercedes, en el que por diez días pululan por sus calles músicos de jazz provenientes de diferentes países, quienes ofrecen conciertos alucinantes tanto en el escenario principal, como en la jam y en los toques callejeros. Claro… era el mejor contexto para que este objeto sonoro entrara en mi vida.

Así y todo me tomó desprevenida. Puse el CD en el equipo y le di play con un gesto automático. Pero el efecto inmediato de ese primer tema fue sacarme del automatismo y transportarme a un tiempo y espacio que me habría gustado habitar: New York, años 20-60.

Sesiones Sondor contiene 11 clásicos del jazz interpretados maravillosamente por María Noel Taranto (voz) y Raúl Medina (piano).

 

  1. Aint’ Misbehavin’
  2. Cry Me a River
  3. L.O.V.E.
  4. Every Time We Say Goodbye
  5. On The Sunny Side Of The Street
  6. I Can’t Give You Anything But Love
  7. Misty
  8. Do Nothing Till You Hear From Me
  9. Embraceable You
  10. My favorite Things
  11. Georgia On My Mind

 

Todos somos únicos pero no todas las voces son únicas. María Noel Taranto tiene una voz completamente identificable con un par de notas. Por un lado, tiene una característica ronca, que se asemeja a las voces de las hermosas cantantes negras de jazz de Estados Unidos, y por otro tiene una cristalinidad vibrante y libre de cualquier ronquera cuando se desplaza hacia las zonas más agudas. Y por algunos momentos suceden ambas características simultáneamente, cosa que genera en quien escucha una sensación física nueva, cuyo efecto más notorio es el impulso a la acción, al movimiento, a la vida.

Hay mucho más que voz en lo que pone aquí Taranto. Su gran contribución incluye una enormidad de elementos, algunos fácilmente perceptibles de primera y otros quizás más sutiles. Lo primero que llama la atención es su estrecha conexión con el espíritu del jazz: tanto el dominio de los diferentes ritmos de la voz del jazz y los más variados fraseos cantados de taquito, como la expresión de la diferente gama de sentimientos e improntas (como ser introspección, celebración, amorosidad, inocencia o picardía). Otra característica particular de su canto es su característica vital, energética, de pura vibración de vida. Todo esto unificado a partir de una forma de vivir la música, con el alma puesta en el goce, conectando con el juego y el amor.

En el tema número 11, “Georgia on My Mind”, Taranto invitó a Julieta Rada, quien canta hermoso este tema con María Noel, aportándole sus matices. Ambas ofrendan un espacio de confianza y calma, desplegando sus rangos vocales y tratando toda la canción con un cuidado y amor que hacen muchísimo bien. Es muy bello escucharlas tanto a cada una en su parte como juntas el interjuego final de voces.

La enorme participación del Maestro Raúl Medina en este disco es brillante. Su dominio absoluto del lenguaje del jazz hace que pasen cosas diferentes, y más cosas, todo a lo largo del disco. Su toque tiene muchísima certeza y soltura, evidentemente dadas por los años de experiencia profesional. Los climas generados por el piano son exquisitos y son completamente cómplices de la voz. También se siente que con Taranto hay un conocimiento musical mutuo que hace todo tan fluido que bien podría ser una sola persona en piano y voz.

Creo que fue una decisión muy acertada que este disco fuera solo voz y piano pues nos permite escuchar y disfrutar cada uno de los sonidos con claridad y plenitud.

Por último, hay que decirlo: maravillosa la pronunciación de “La Taranto” en inglés. Ese plus no es nada menor a la hora de escuchar un disco de jazz. Es la cereza necesaria para poder acomodarse con una luz baja, una copa de vino y abandonarse placenteramente a viajar en tiempo y espacio.

 

CD “Multiverso”, de Carlos Quintana

Hola amigos:

Hoy me enteré que Carlos Quintana editó un nuevo disco, llamado “Multiverso” y volé a escucharlo. ¿Por qué? Y… ¡porque es Quintana! Aquel tipo que literalmente nos volaba la cabeza ya allá por el 88-89, tocando con los músicos locales más exquisitos y que cada vez que participa en algún proyecto demuestra excelente gusto y tamaña originalidad.

Lo que me gusta es principalmente su actitud vibrante e inquieta y que cuando escucho su música siempre me sostiene expectante pues sé “desde el vamos” que la mano viene impredecible. La sorpresa puede venir de cualquiera de los aspectos del acto musical: melodía, armonía, ritmo, etc., …o de todos esos a la vez.

A los pocos segundos del primer tema ya estaba enganchada y agradecida. Es que vivo en un rincón del planeta en el que seres como Quintana han logrado fusionar el jazz, el rock y el candombe con verdadero amor y enorme belleza. Además de otros ritmos como la milonga y la zamba. Ah, y el fútbol [escuchar tema 9]. Solo cabe agradecer y escuchar… siempre escuchar y gozarse.

Podría ponerme a contarles de cada tema pero ¿les aportaría alguna cosa? Seguro que no. Regálense la oportunidad de escucharlo sin saber nada a priori y ver qué tal les llega a ustedes. ¿Después me cuentan ustedes a mí?

Este disco está hecho por un equipo al que la expresión “primer nivel” le queda chica. Fíjense:
Nelson Cedrez, Martín Ibarburu, Gustavo Etchenique, Fernando Lobo Núñez, Ferna Nuñez, Noé Núñez, Silvina Gomez G, Pablo Lolito Iribarne, Andrés Baba Lijtmaer, Ronald Arismendi, Federico Righi Alsina, Taquini Nuñez, Nacho Mateu , Hugo Fattoruso, Alberto Magnone, Mauro Pérez, Herman Klang, Inés Dabarca, Pablo Somma Gonzalez, Emiliano Pereira, Leo Méndez, Fernando Cabrera, Urbano Moraes, Rossana Taddei, Eduardo Toto Méndez, Gabriel Szilagyi, y Carlos Quintana en composiciones, guitarras y voz.

Todos y cada uno de los músicos de arriba son capos, súper profesionales en lo suyo, y aportan ese toque inconfundible de cada uno donde participan. Así la Zamba del Nacimiento cantada por Cabrera es un deleite, a Nelson Cedrez, Martín Ibarburu y Gustavo Etchenique los reconoceríamos por sus notas mágicas de aquí a Saturno y así todos, sin excepciones, le pusieron a cada tema ese no sé qué maravilloso de la crema musical de este recodo planetario.

No dejen de escuchar la Intro (al final) porque lo pinta a Quintana: genio y figura. Te hace reír y a la vez te quedás admirado con esa creatividad, o esa capacidad de juego que sostiene a lo largo de su vida musical. Creo que quizás sea eso lo que mantiene su música con una vitalidad diferente, explorando escapadas fuera de lo ya conocido y repetido y abriendo el abanico de sonoridades y mensajes un poco más allá de lo que prevería un mortal.

Otra cuestión que viene con la música de Quintana es un condimento que llamaría de “alegría crítica”. Su música es bastante más alegre que la media de la música de este país pero no es una alegría ingenua. Da la impresión de ser una alegría a la que llega luego de haber analizado las posibilidades, visto todo lo malo por ver, y entonces sí, habiendo tomado la decisión consciente de verle el lado bueno a la cosa. Estoy hablando de la música únicamente… no tengo idea de cómo es Quintana con su vida… pero su música me transmite esto. Y, como siempre, ese significado que llega por el aire en forma de vibración hace resonar las células que hay en mí que vibran de la misma manera.

Aquí pueden escuchar el disco completo. A ver si les gusta tanto como a mí. En mi opinión es irreductiblemente uruguayo, de tremenda prolijidad… y brillante.

 

Carlos Quintana estudió guitarra con los maestros Richard Varela, Numa Rey, José Pedro Beledo, Edgardo Rigaud y Abel Carlevaro. A lo largo de su extensa trayectoria ha participado en shows, giras y/o grabaciones con Hugo Fattoruso, Leo Masliah, Jaime Roos, Ruben Rada, Osvaldo Fattoruso y Mariana Ingold, Alberto Magnone, Horacio Ferrer, Jorge Galemire, Abuela Coca, Canario Luna, Los 8 de Momo, Curtidores de Hongos, Araca La Cana, José Carbajal “El Sabalero”, Pinocho Routin, Benjamín Medina, Bakiti Kumalo, Gabriel Estrada, Herman Klang y Truco de Tres, entre muchos otros.

Quintana como solista tiene tres discos anteriores: Ignominia (1993), Canciones Transparentes (2010) y Neuroexplosiones (2014). 

[Fuente de texto en letra cursiva: TUMP]

Tres novedades

 

Ando con pocas palabras últimamente, así que les dejo estos tres videos, que hablan por sí solos.

Son de amigos queridos que a su vez son capos en lo que hacen.

Que los disfruten,

Patricia

Bryan Adams: máquina de hits

Bryan Adams se presentó en el Antel Arena, ofreciendo un show excelente, profesional, donde todo funcionó como esperábamos. Su público cantó todas las canciones, siendo el punto alto del entusiasmo “Summer of 69”.

Hay muchos músicos que componen un puñado de hits pero hay muy pocos de los que podamos decir que su repertorio entero es un hit. Bryan Adams está entre estos últimos.

Mis preferencias personales suelen inclinarse hacia otros lados del espectro sonoro, así que en varias oportunidades me he cuestionado qué es lo que me gusta tanto de su música. Si bien es cierto que es parte de la banda sonora de mi adolescencia, aquí encuentro algo especial.

Tengo casi 50 años y lo que en mi juventud me parecían letras muy románticas, como por ejemplo “Everything I do, I do it for you” (trad: todo lo que hago, lo hago por vos), hoy hacen chirriar todas mis células por desacuerdo… filosófico, digamos. Hoy me cuelgo un poco más con los momentos humorísticos que tienen algunas letras, como “If you wanna leave me, can I come too?” (trad: si querés dejarme, puedo acompañarte?).

Esta vez me decidí a descubrir cuál era el enganche y, si me permiten, voy a compartir esa búsqueda.

Primero, me detengo a observar al instrumento que más termina definiendo mis gustos musicales: la batería. Claro que es buenísima. Es extremadamente precisa, tiene un sonido despierto, una intención muy positiva, a Mickey Curry le encantan los fills que entonan melodías y los adorados flams, mientras su crash te lleva de paseo a Saturno cada vez que apoya alguna cuestión. Macanudo, pero eso no parece suficiente para que yo no me canse nunca de escuchar estas canciones.

¿Qué hay de la voz? Tiene esa cualidad ronca que es tan agradable, también agudos alucinantes y, que yo sepa, no se le conoce desafinación alguna.  Sin embargo, no termina de convencerme que sea por eso que me gusta tanto.

¿Y las guitarras? Bryan Adams tiene con la guitarra la misma convicción que al cantar: una firmeza rítmica maravillosa y una delicadeza extrema cuando así lo desea. Keith Scott, por su parte, armoniza, solea, apoya y dialoga con B. A., eligiendo riffs súper rockeros, con distorsiones que le meten garra a todo y a la vez son muy amables para el oído.

En toda banda que te haga bailar o moverte hay un excelente bajo haciendo su trabajo… aunque por ahí no lo oigas (le puede haber faltado un poco de volumen en este show). Aquí es firme como una roca y logra que todo calce como un guante. El teclado (con aspecto de piano) hace su aporte también. La banda entera está perfectamente medida, con todo en su lugar justo (inclusive las luces).

Pero si no es nada de eso lo que genera adicción… ¿cuál es el secreto de la fórmula?

Admitamos que la combinación casi perfecta de rebeldía y de romanticismo juega un rol importante. Todos los de mi edad tenemos una cuota importante de rebeldía (algunos la tienen más resguardada y otros la tenemos más a flor de piel) pero a esta altura sabemos que todo tiene que estar equilibrado con el amor.

Bien, pero ¿qué más hay?

Para mi sorpresa finalmente encontré dónde está la clave de la atracción que ejerce en mí: se trata de la forma de “pregunta y respuesta” con la que están hechas casi cada una de las frases musicales de estas canciones. Permanentemente hay una tensión que crece y una tensión que se resuelve. Eso te engancha, te genera una expectativa que es seguida por un inmediato descanso, y así sucesivamente… de principio a fin de cada tema y de principio a fin del disco o show. Y eso te mantiene en estado de alerta y relajación, de alerta y relajación.

Descubrir los ingredientes de la fórmula no redujo mi disfrute pero por suerte sí calmó mi intriga.

Por otra parte, así, desde lejos, Bryan Adams parece ser un hombre comprometido con causas humanas y ambientales. Antes de comenzar el show, un video nos informó que por cada entrada de la Shine a Light tour, la empresa DHL plantaría un árbol y el video de su hit “Heaven” nos empujaba a observar nuestro planeta como un paraíso. También aparecieron en las redes fotos suyas recogiendo basura en las playas de Montevideo. Esto recibió críticas en algunos comentarios que pude ver y no comprendí. Desde mi rinconcito humano le doy gracias a cualquier celebridad que haga pública su preocupación medioambiental y que se ocupe de fomentar el cuidado de nuestro planeta y la conciencia de que estamos abusando de él.

Que vuelva será siempre una alegría.

Para ver fotos del show, ir a: http://cooltivarte.com/portal/bryan-adams-maquina-de-hits/

Arte para trascender el tiempo

El 21 de setiembre (de 2019), en la Sala Zavala Muniz del Teatro Solís, sucedió “De espinas y flores”.

“De espinas y flores” es una obra musical extraordinaria creada por Carmen Pi y Gustavo Reyna, donde se da un entrelazamiento en el plano sonoro de dimensiones temporales separadas por unas centenas de años.

Canciones de autores uruguayos de los años 1940 a 1970 se relacionan con obras musicales de 1700-1800, a través de un trabajo exquisito de armonización y arreglos hechos por estos músicos. Así, por ejemplo, Eduardo Darnauchans coexiste con G.F. Haendel, J. S. Bach con Eduardo Mateo, y por espacio de una hora y media, músicos y público trascienden fronteras, reconectando con lo esencial del sentir humano más allá de épocas y geografías.

Carmen Pi posee una voz embriagadora y un gran nivel de presencia escénica. Gustavo Reyna destaca por su enorme dulzura y destreza tanto con el archilaúd, como con la guitarra y voz.

Tres invitados de gran nivel aumentaron aún más la emotividad: Isabel Barrios (voz), Betina Chaves (en violín) y Gonzalo Rey (en guitarra).

A lo largo del espectáculo se fueron combinando de modo diferente todos estos sonidos, generando un entramado de texturas sonoras, con efecto envolvente y muy emocionante. Cada combinación abría las puertas a sensaciones diferentes: el archilaúd con la guitarra -que dialogaban con inteligencia y sensibilidad-, la voz con el violín -que te operaban el corazón sin piedad-, las dos voces -insólitamente complementarias-, las tres voces -en arreglos realmente bonitos-, la voz con el archilaúd -en comunión sentida-, y así continuamente.

Atrás de ellos, se proyectaron imágenes relativas a la belleza y el dolor e iban indicándose los autores de las canciones y los años de composición con algunas imágenes de los músicos bellamente amalgamadas con las imágenes de espinas y flores. Gastón Ackermann fue el creador del elemento visual.

El sonido fue perfecto, como nos tiene acostumbrados el sonidista Pablo Avellino.

Es un concierto para ir sin maquillaje, porque emociona hasta la médula. Es una obra de arte, en el sentido más completo de la expresión.

Maravilha da vida: Joao Bosco y banda en la Zitarrosa

El 29 de setiembre tendremos la enorme bendición de poder escuchar en vivo a João Bosco y banda en la Sala Zitarrosa.

Para algunos de nosotros, quienes nos gozamos la vida con la música de este ser, es un hito histórico, una sorpresota que la vida nos regala, y ante la cual solo podemos abrir el pecho y los brazos, mirar hacia el cielo y decir “GRACIAS”.

Presentar a João Bosco es casi un sacrilegio. ¿Quién puede quedar en este planeta sin saber quién es este ser? Lo que me mueve a contarles hoy un poco es el pánico de que alguno de ustedes deje pasar esta oportunidad grandiosa de escuchar a un Músico, así, con mayúscula, que es la personificación de la genialidad musical.

Este extraterrestre es uno de los compositores, guitarristas y cantantes más originales de Brasil.

Nació en el año 1946 en Ponte Nova, Minas Gerais. Su padre era libanés y su madre de Minas. Su infancia estuvo marcada por la cultura de la colonia árabe y por partidos de fútbol, pues su padre era jugador de fútbol. João Bosco de Freitas Mucci fue el sexto hijo y primer hijo varón, lo cual fue un acontecimiento familiar. Luego nacerían cuatro hermanos más.

Su familia amaba la música y muchos de sus miembros tocaban instrumentos. Su madre era violinista, una de sus hermanas pianista, su abuela bandolinista . A sus 10 años heredó una guitarra de una de sus hermanas y así fue que este músico entró en relación con ese instrumento al que terminaría conociendo a un nivel despegado. Sus influencias musicales eran muy pero muy variadas, incluyendo por ejemplo la música de Elvis Presley.

João Bosco cuenta que en su tiempo y contexto no existía la posibilidad de pensarse músico profesional. En 1961 se mudó a Ouro Preto, para estudiar ingeniería civil. Esta nueva ciudad le ofrecería además el jazz y la bossa nova.

En 1970, en Ouro Preto, donde estudiaba, conoció a Aldir Blanc, con quien haría una “parceria” musical impresionante y con quien compuso una gran cantidad de canciones (“O Bêbado e a Equilibrista”, “Falso Brilhante”, “Kid Cavaquinho”, “Caça à Raposa”, Falso Brilhante, O Ronco da Cuíca, Corsário, O Rancho da Goiabada, De Frente pro Crime, Fantasia y muchas más). Bosco ha contado que la relación de Aldir con su padre fue especial y por lo tanto lo sentía como de su propia familia.

También conocería a los pintores Carlos Scliar e Ivan Marchetti y, nada menor, a Vinicius de Moraes. La primera canción que compusieron juntos fue “Samba do Pouso”.

En 1972 ya venía componiendo con Aldir Blanc y fue invitado a inaugurar una serie de discos que traía de un lado un artista nuevo y de otro lado a un artista consagrado. De un lado estaría la canción “Agnus sei” de Bosco y Blanc y del otro la primera grabación del clásico “Águas de Março”, de Tom Jobim. Ese mismo año grabó con Elis Regina “Bala com Bala”.

Al año siguiente se mudó a Rio de Janeiro, donde grabó su primer LP, llamado “João Bosco”, compuesto con Aldir Blanc y otros músicos. Un año más tarde Elis Regina incluiría en uno de sus discos las canciones “O mestre-sala dos mares”, “Dois pra lá, dois pra cá” y “Caça à raposa”, todas compuestas por J. Bosco com A. Blanc.

De ahí en adelante no solo fue exitoso sino que se volvió un referente para músicos en Brasil y mucho más allá de Brasil.

De sus trabajos más recientes yo destaco el DVD “Obrigado Gente”, que editó en el año 2006 y que para muchos de nosotros es un DVD al que volvemos y volvemos cada poco tiempo. Yo bromeo que me genera “síndrome de abstinencia” si pasan dos meses y no lo veo.

Su último disco grabado y que presentará en la Zitarrosa, junto con sus clásicos, se titula “Mano que Zuera”.

Lo que caracteriza a Bosco es difícil de poner en palabras, pues es él como un todo lo que es extraordinario. Por nombrar algunos aspectos: su gran capacidad para mezclar estilos, sus melodías habladas, su dominio rítmico asombroso tanto con la guitarra como con la voz, sus armonías disonantes y esa manera de gozarse mientras hace su música que es tan contagiosa.

La banda que lo acompañará en Montevideo está compuesta por: Ricardo Silveira (guitarra), Guto Wirtti (bajo) y Kiko Freitas (batería).

Ricardo Silveira tocó con Herbie Mann en Nueva York. Actuó con Elis Regina, Milton Nascimento, Hermeto Pascoal, Gilberto Gil y Banda Chicago, entre otros. Tiene una gran y alucinante discografía, que se puede escuchar, y les súper recomiendo que lo hagan, en su web:  http://www.ricardosilveira.com

Guto Wirtti es otro demonio. Ha trabajado extensamente con Yamandú Costa y con muchos otros grandes músicos, tales como João Bosco, Leo Gandelman, Maurício Einhorn, Marco Pereira, Toninho Ferragutti, Celso Fonseca, Ed Motta, Luis Melodia, Wilson das Neves, Milton Nascimento, Jorge BenJor, Kassim, Duduka da Fonseca, Mart’nália, Gabriel Grossi, Nicolas Krassik, Alessandro Kramer, Zé Paulo Becker y más.

Kiko Freitas. ¡No les puedo explicar la expectativa y fascinación con la que estoy esperando escuchar a Kiko Freitas en vivo! Y sé que no soy la única. Quienes disfrutamos especialmente de la batería tenemos a Kiko Freitas en el altar de los bateristas genios. En su página web se lee que ha tocado con: Michel Legrand, João Bosco, John Patitucci, John Beasley, China Moses, Magnus Lindgren, Peter Asplund, Toninho Horta, Milton Nascimento, Ivan Lins, Francis Hime, Nico Assumpção, Gonzalo Rubalcaba, Lee Ritenour, Leila Pinheiro, Fátima Guedes, David Goldblatt, Lars Janson, Jeff Andrews, Frank Gambale, Jeff Richman, Hubert Laws, Alon Yavnai, Joca Perpignam, Vitor Ramil, Marc Kakon, John Leftwich, Wolf Kershek, Daniel Santiago, Ricardo Silveira, NDR Big Band, Vladyslav Sendecki, Nils Landgren, Paula Santoro, Chico Pinheiro, Hamilton de Holanda y muchísimos músicos más. Entre otros, ha estado influenciado por los bateristas Buddy Rich, Gene Krupa, Art Blakey, Elvin Jones y Jack DeJohnette.

Su banda con Nelson Farias y Ney Conceição, “Nosso Trio” es absolutamente de otro planeta. Quizás sea de un planeta cercano al del que vino João Bosco… no me extrañaría.

En la web de Kiko, https://kikofreitas.com.br/ leemos estas palabras de Aldir Blanc: “Pra ser inteiramente sincero, NUNCA vi um baterista melhor do que você. Você é, sem favor algum, o melhor batera do MUNDO!!!”

No exagero cuando les digo: es una bendición poder escucharlos en una sala como la Zitarrosa.

Nunca algo se repite, ni siquiera cuando se desea repetir tal cual. Sabemos que no hay dos momentos iguales en esta vida.

De corazón, les deseo que tengan la sabiduría de ir a este concierto.

Les dejo un video de ellos en nada más ni nada menos que Birdland.

 

 

Fuentes consultadas: https://web.archive.org/web/20120721123007/http://tulipio.uol.com.br/menulateral_mesa_01.htm

http://dicionariompb.com.br/joao-bosco/dados-artisticos

https://kikofreitas.com.br

http://www.ricardosilveira.com

 

Los conciertos como templos

Hola, hola. ¿Me permiten compartir con ustedes lo que me fascina (últimamente) de los conciertos?

Como en todo acontecimiento humano, la experiencia concierto sucede en al menos tres planos: físico y energético, mental y emocional.

En el plano físico la música tiene un efecto muy perceptible: nuestro cuerpo se vuelve una caja de resonancia que recibe las vibraciones que llegan del escenario y vibramos en la misma frecuencia. Según el caso, también a veces sumamos armónicos propios a ese mar de frecuencias. Ese aumento llega a ser tan fuerte que en ocasiones perdemos totalmente la conciencia de nuestra piel o huesos, y nos sentimos flotar.

En el plano mental sucede una convergencia poderosísima de atención. Las decenas, cientos o miles de personas escuchando juntas una misma canción focalizan su mente en un trozo idéntico o muy cercano del continuum de pensamientos posibles. Y, entre las tantas posibilidades, existe también esa chance divina de que por un lapso determinado toda la audiencia deje de pensar, que esté completamente atenta a una frase sonora o a una cualidad de sonido específico y los pensamientos se detengan.

Por último pero para nada menor, en el plano emocional lo que emana del escenario va descorriendo cortinas, abriendo y cerrando ventanas, iluminando y oscureciendo zonas superficiales y profundas, generando conexiones previamente olvidadas o inclusive completamente nuevas. En los conciertos se da un acercamiento emocional común hacia un mismo punto. Por ese tiempo y en ese espacio todos estamos unidos en emoción y sentimos que el mundo está en perfecto orden. Los problemas individuales o colectivos o desaparecen o toman una relevancia primordial, según la propuesta del músico. Se da una conjunción de sentires que en términos físicos nos lleva otra vez a lo vibratorio, a lo energético.

Es así que encuentro una decisión verdaderamente importante a qué música exponerse y de cual abstenerse.

Es así que a la hora de comprar una entrada, yo evalúo que estoy anotándome para un retiro espiritual.

Es así que cada uno de los músicos con los que quiero invertir tamaña movilización se vuelve un líder espiritual y el facilitador de un espacio-tiempo que solo puedo comparar con un templo.

En fin… era eso que quería contarles.

 

PS: Si tienen ganas, fíjense cómo cada aplauso fuerte les sacude la sintonía en la que entraron con la canción.

 

 

Christian Cary: Solo voz y guitarras

Chri


Christian Cary
, bien conocido como líder de la banda La Triple Nelson, se presentó en formato unipersonal, con invitados especiales, el pasado 31 de julio, en su show titulado “Solo voz y guitarras”, frente a un público que agotó las entradas de la sala principal del Teatro Solís.

La experiencia comenzó con la artista argentina Roma Roldán, quien abrió la noche con sus canciones propias. Para quienes no la conocíamos fue un muy agradable descubrimiento. Con su voz cristalina, tono brillante, excelente manejo rítmico, letras significativas y poéticas, y con una gran cancha para manejar situaciones imprevistas, Roma –acompañada muy profesionalmente, por Gonzalo de Lizarza en la guitarra en algunas canciones– hizo de una presentación telonera un show hermoso que fue un gusto vivir.

Christian Cary eligió comenzar su concierto “Solo voz y guitarras” cantando al piano. Me encantó ese guiño a la razón –quien sabe si decidido como tal o no–. Desplegó desde ese primer momento su abanico de virtudes, que en conjunto forman el fenómeno tan particular que es este artista.

Le gusta jugar con los sonidos, divertirse, nadar a sus anchas por todo el espectro de posibilidades. Cary no tiene ni miedo ni dudas con respecto a la música, o mejor dicho tiene puras certezas, convicción plena de que tiene que estar exactamente ahí y haciendo exactamente eso. Se entrega por completo, en cuerpo, mente y espíritu.

El despojo de toda traba y ese afán de vivirlo enteramente genera en la audiencia una fuertísima conexión individual y colectiva con muchas cosas. Menciono apenas algunas de ellas.

En primer lugar, con la libertad. Todos fuimos libres esa noche, durante ese tiempo-espacio generado por este ser especial.

Con la autenticidad. Cary le canta y toca de frente a tu corazón, así que no hay forma de hacerse el distraído, no hay manera de que no veas clara y sensiblemente tu paleta emocional, a medida que él va abriendo las puertas para que vayan apareciendo tu amor, tristeza, rabia, esperanza, aceptación, calma y todo lo que necesite ser visto, reconocido, transmutado o no según el caso.

Con el momento presente. De alguna manera hay de su parte un sacrificio de su intimidad y una apertura completa a compartirla con toda la masa de gente que lo escucha. A cambio, el impulso para ser conscientes de ese aquí y ahora es irresistible. Te embarga una especie de fuerza en espiral que te coloca en el centro mismo del instante.

Con la honestidad y nuestro sentir de compañía. Todos los matices de la vida pasan por delante a través de las diferentes canciones y una se siente acompañada en la Montaña Rusa de la vida. Lo llamativo es que en un concierto de estas características te sentís escoltada no solo por Cary, sino por todas esas almas que están ahí en ese momento, vibrando con lo mismo. Es entonces cuando se comprende que no se fue solo a escuchar, no. Se fue a confirmar que no estamos solos en la necesidad de conectar con lo que nos hace humanos, y que alcanza que nos juntemos físicamente con el mismo objetivo, para recordar lo que tenemos en común.

Déjenme detenerme un momento en su canto.

Es de lo más llamativo cómo hace lo que quiere con los graves y los agudos. El concepto de escala parece ser parte fundamental de su música y siento que eso le pone ese condimento especial de libertad del que hablaba antes. Por otra parte, tiene un dominio admirable del volumen, y tiene la capacidad para ser desgarrador o increíblemente dulce, de movilizar multitudes en reclamos enojados o de regalarte una canción de cuna que te haga sentir completamente a salvo.

¿Y qué hay del manejo archipersonal de los tiempos? ¡Y de los silencios! Si tuviera que elegir una característica como su marca personal, creo que sería esta. Estira o acorta las notas a su antojo, con maestría, con una creatividad infinita. Es impredecible [aunque mi vecina de asiento, que por cierto cantaba muy bien, acompañaba su extravagancia a la perfección] y a la vez, tiene una singularidad musicalmente hermosa. El secreto, creo, está en que nada de su originalidad surge para destacarse. Parece una necesidad auténtica que crece en las entrañas y desborda en forma de sonidos que bien podrían ubicarse sobre pentagramas ondulantes, con barras corredizas, cayendo, eso sí, misteriosamente a tiempo.

De la mano con su capacidad vocal está su relación con sus guitarras (¡sus varias guitarras!). Son una unidad indivisible, cómplices de pura creación. [Si nos ponemos exquisitos, claro… todas son cuerdas, solo que algunas están adentro del cuerpo y otras afuera].

Hubo varios invitados. Roma Roldán, Gonzalo de Lizarza [hermosa la intención sobre esas notas; disfrutable a más no poder ese sonido profundo], Laura Canoura [¿Cómo no amarla? Su espontaneidad, esa voz que nos identifica, esa fuerza… toda ella], Fernando “Paco” Pintos [hermosísima canción, “Caballos”, y dupla querible con Cary], Rafael Ugo [¡qué placer escucharlo tocar así el piano! y un lujo en la percusión], Manuel Contrera [gran arreglo para piano y cuerdas de un tema fantástico y siempre un gusto escucharlo en el piano o teclados], Camila Suárez y Lucía Arimon (violín), Bruno Genta (viola), Matías Fernández (cello) [impecables esas capas de profundidad, esas múltiples dimensiones vibratorias], Mariana Labrada y Lucas Cary [tremenda garra, buenas voces y muy buen ensamblaje con Christian], Luciana Mocchi [siempre es transformador escucharla y comparte con Cary la entrega absoluta con su voz y la frontalidad sin negociaciones, también el sentido de libertad y juego].

Hubo también un momento memorable, de Cary a solas, con sus loops, pedales, guitarras y demás, que bien podría abrir otra ventana más de posibilidades. Yo iría también, y con avidez, a un toque enteramente instrumental liderado por este musicazo con mayúsculas.

Porque queremos más, Cary, mucho más. Y te agradecemos con una reverencia por todo lo que entregás, por tanto talento, por tanta generosidad.

Foto de portada: Mathías Arizaga

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