CD “Andamiento”, de Martín Muguerza

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Hoy quiero contarles un poco del CD “Andamiento”, del baterista Martín Muguerza. Este disco vino conmigo del Festival Jazz a la Calle, en la ciudad de Mercedes, y esperó casi dos meses hasta que tuviera tiempo de escucharlo bien. Le puse play por primera vez una noche de verano. La luz tenue de la habitación era la que entraba por las ventanas abiertas. Ya estaba baja, grande y roja la Luna creciente. Nuestro satélite volvió dos veces al mismo lugar y yo sigo escuchándolo en estado de asombro y fascinación.

Es un disco con tal riqueza musical que pedirá muchísimas escuchas hasta que puedas decir que realmente lo conoces. Presenta capas y más capas de significados, climas, interacciones, intenciones y demás, que es imposible captar de inmediato. Te ocurrirá que lo que captes de primera se irá desplegando y transformando infinitas veces.

Ninguno de los temas está compuesto por el líder y productor del disco, el gran baterista Martín Muguerza, y en el transcurso de los tracks participan varios músicos diferentes. Sin embargo, el disco tiene un hilo conductor, resulta una unidad de timbres y principalmente de impronta intencional y energética.

Me fascina el hecho de que a pesar de que a esta altura lo he escuchado muchísimas veces completo, este objeto tan finito aún me deparará horas y horas de descubrimientos y disfrutes.

Creo que en este disco más que hablar de “temas” tenemos que hablar de “obras”, pues cada uno de los tracks se vive como una obra musical completísima. Ocho de las obras son de autores uruguayos (Andrés Bedó, Sergio Fernández, Pedro Ferreira, Aïdita Martínez y Artigas Leal) y una es de un extranjero: Bob Mintzer.

Resumiendo algo que no es resumible, se trata de un disco que involucra una enorme madurez musical, profundo, hecho a conciencia, súper profesional. En cuanto a lo que dispara emocionalmente, tiene generadores de introspección que conviven con un espíritu positivo, tendiente al optimismo y por momentos a la alegría.

Cuando pensamos en un disco de un baterista siempre tememos –al menos yo– que se trate de un disco muy ruidoso o agresivo. Cuando el baterista líder de un disco tiene como prioridad la musicalidad, se da algo que me fascina: las elecciones musicales pueden responder a un sinfín de emociones e intereses personales pero el aspecto rítmico es tratado con impecabilidad. Que sea así marca una diferencia que me resulta muy disfrutable. Supongo que porque si lo rítmico es inmaculado, una puede dejarse llevar tranquilamente a sabiendas de que todo irá cuadrando en el lugar y momento indicados. Pero si además ese ritmo es amable, cuidadoso con la sensibilidad de quien escucha y profesa amor por la música y creatividad gozosa, entonces la experiencia pasa a ser aún más rica y valiosa. En este caso, además, Muguerza es un músico muy completo, quien tocó jazz desde su temprana juventud y luego se dedicó profesionalmente a tocar música clásica. “Andamiento” resulta ser, para mí, una obra de arte en el sentido más literal de la expresión, donde la música se despliega al máximo con todas sus posibilidades.

“El borderline” es el primer track, que fue compuesto por Andrés Bedó. Lo grabaron Bedó, Roberto De Bellis, Martín Muguerza, Javier Olivera y Artigas Leal. Es una obra que los primeros dos días me pidió escucharla vez tras vez una treintena de veces.

Lo primero que me impactó fue la impronta masculina, firme, sin pizca de duda, con una energía de certezas. Creo yo que esto está dado por el aspecto rítmico, que en este tema está llevado con igual prioridad por todos los instrumentos.

Es una obra inteligente y sensible a la vez, que contiene una cuota de virtuosismo en cada instrumento… pero porque así se requiere, no por ningún egotrip. Me parecen muy bellos los solos e igualmente hermosos el apoyo o diálogo de los otros instrumentos con el solista, generando así esa superposición de significados que decía al principio. Hay una conjunción permanente, donde toda frase presentada por un instrumento solista es apoyada y condimentada por los demás. La presencia de trompetas y trombones le da una fuerza y una amplitud genial como apertura del disco.

Bedó se pasa. Desde la claridad cristalina de sus notas a gran velocidad, el manejo rítmico espectacular, la capacidad para transmitir una sensibilidad exquisita en un tema que lo lleva rápido y, lo más llamativo: que suena nuevo, que suena original, que dice algo que no parece haber sido dicho antes, con lo difícil que sabemos que es eso.

Roberto De Bellis en el contrabajo se luce todo el tiempo. Cuando acompaña a otro solista, interactúa con ternura y pasión respetuosa. En su solo de tempo impecable me llamó la atención la articulación de las notas, lo cual permite una claridad de escucha que no es tan común con su instrumento, a la vez que es pura expresividad, en este tema con una buena cuota de alegría.

El solo de M. Muguerza aquí es genial pues siendo un solo del productor del disco, lo que se oye en él es el tema en sí: la melodía, intención musical, etc. Un solo profesional de verdad. Por otra parte, un detalle pero que para mí es llamativo: el trabajo de Muguerza con el Hi-Hat en todo el tema y especialmente durante el solo de bajo es fascinante: cómo sostiene la intención, el volumen, el sonido durante todo el acompañamiento. Y sé que no es un truco del estudio pues los vi tocar así mismo en vivo. Otra belleza es el acompañamiento que le hace al piano, tocando patrones insólitamente melódicos y originales.

Todos los sonidos de los instrumentos están impecables y el balance de volúmenes está genialmente logrado. Cuando un instrumento solea, los volúmenes de los demás instrumentos están algo más bajos y cuando están co-construyendo una parte, están perfectamente balanceados. El disco fue grabado en Berequetum Estudio y las tomas, mezcla y masterización son de Luis Ravizza, quien está claro que hizo un excelente trabajo.

El segundo track, “Cuidador de Sombras” es una composición de Sergio Fernández, de más de 6 minutos de duración, frente a la cual hay que sacarse el sombrero. Felizmente no es posible encasillarla en ninguna categoría. Bien podría tratarse de la banda de sonido de una película. A lo largo de su evolución va contando una historia que se siente avanzar por distintos paisajes. La música te va llevando a lugares móviles, como si estuvieras observando realidades a través de la ventana de un tren, o más aún, como si entraras y salieras de diferentes habitaciones donde pasan cosas diferentes. Ocurren virajes inquietantes que te detienen en lugares oscuros. Entre experiencia y experiencia se pasa por una escena circense, que extrañamente tiene aires candomberos y aroma a flamenco, y que tiene la peculiaridad de ser introducción y estribillo a la vez, que distiende tensiones, aunque te ofrece un sinfín de estímulos que te sostienen alerta. Los climas que se generan en los diferentes momentos de este track son perfectos para una película, o por qué no al revés: así como hay sonidos que se componen para acompañar las imágenes de una película en este caso creo que haría falta unas imágenes para acompañar a este track. Se me ocurre que este track necesita una “banda de imagen” al estilo de “The Straight Story” de David Lynch. Aquí también los sonidos se disponen en millones de estratos interrelacionados, entrecruzados, con una cantidad tal de información que una vez que termina, tenés que escucharlo de nuevo. El sonido de la guitarra tocada por S. Fernández es exquisito. Te infunde emoción intravenosa. Muguerza toca la batería y el vibráfono y es brutal cómo la presencia del vibráfono le inyecta a la música un matiz aún más mágico, con significados más intrincados. Aquí además hay capas generadas por varios saxos (Gustavo Villalba, Ricardo Figueira, Gonzalo Levin y Alejandra Genta), aunque de un modo muy discreto, subterráneo. El contrabajo, que aquí también está en las manos de Roberto De Bellis, proyecta pura sensibilidad, a la vez que demuestra un dominio técnico y un profesionalismo musical que por un lado es admirable y por otro hacen el viaje de escucha algo realmente cómodo y apasionante. La firmeza, la convicción, la limpieza de cada nota y el buen gusto son para prestarles real atención. Otra vez, al igual que en el track 1, los diálogos entre los instrumentos son maravillosos.

El tercer track es el candombe “Biricunyamba” (de Pedro Ferreira). Lo grabaron Ricardo Nolé (piano y arreglo), Miguel Pose (contrabajo) y Martín Muguerza (batería). Es una composición mucho menos densa de información que las dos anteriores. Genera ese efecto de uruguayez en notas que disfrutamos tanto. Vuelvo a admirarme de la regulación de los volúmenes de grabación que permiten escuchar cada uno de los sonidos a la perfección y encontrar, por ejemplo, que platillos y piano se amalgaman por momentos en sus timbres, y que parece que las cuerdas del contrabajo resonaran ante algunos martillos del piano. La impronta de las notas tocadas por Nolé es siempre de vitalidad, de actitud positiva y de confianza. Y su manejo del ritmo es genial, porque sabe ser decisivo sin imponer ningún componente violento. El timbre del contrabajo de Pose es un poco más agudo que el de Bellis y ese cambio en el transcurrir de la escucha del disco está interesante, porque nos corre un poco dentro del espectro sonoro y nos hace renovar la atención. Es buenísima la dupla de Muguerza y Pose en este candombe. Todo se siente infinitamente cómodo y gozado. De alguna forma el bajo con su cadencia y fluir evoca una parte sutil de los tambores del candombe. El trabajo de platillos de Martín es hermoso en todo el disco y en este tema también. La llevada de candombe de los tres juntos es genial. Da la impresión de que hubieran horas de ensayo atrás, pero conociendo un poco a los músicos uruguayos eso es muy poco probable, con lo cual es aún más llamativo.

El track 4 se llama “Una brisa”. Es otra obra de arte de Andrés Bedó. Tiene una intro y un final tocada a piano (¡por Martín Muguerza!), contrabajo (De Bellis) y batería (Muguerza) y en medio un festejo de sonidos del piano, tremendamente sentidos y generadores de emociones, que por momentos se afirman y son amplificados con los platillos de la batería. En la intro y el final, en la que hay más distancia entre los sonidos, se puede sentir claramente cómo el piano se apoya en la firmeza sólida de los sonidos del contrabajo. En la sección central del tema, a solo piano, se genera algo muy bello. Yo encuentro que con esa parte central vuelo e imagino muchísimas realidades alternativas y todo con amabilidad y belleza. Una hermosura muy especial, que agradezco tener la suerte de conocer e incluir en mi vida de ahora en más como un lugar al que acercarme de vez en cuando.

El track 5, “Imágenes ocultas”, es composición de Sergio Fernández. Este track tiene también unos toques de aire que se me ha dado por llamar circense, como el track 2 (también suyo), y comparte de alguna manera la forma general del track 4 de Bedó. En esto último me refiero a lo siguiente: la introducción y el final son más activos, con una impronta más polifónica (con excelentes momentos de unísonos de instrumentos, incluyendo cortes), y la parte central del tema es, en este caso, casi solo guitarra. En realidad es solo guitarra y únicamente aparecen los platillos en esa función que les otorga Muguerza de ensalzar el clímax de las cuerdas. Me resulta original que sea así. Me parece que estamos más acostumbrados a que un tema vaya creciendo en estímulos y esta forma que es quizás opuesta me resulta una novedad. Se siente especial cómo la composición pasa abruptamente de un lugar de mirada más externa, si se quiere con distracciones, a un lugar totalmente introspectivo y archisensible y me admira el sonido, el fraseo, la intención, el cuidado y la libertad que llegan con esas notas de la guitarra.

El track 6, “Lo que ya no es”, es una composición de Aïdita Martínez. En este track los músicos son: A. Martínez en voz, Ignacio Labrada en piano, Gerardo Alonso en contrabajo y Martín Muguerza en batería. Te invita a un viaje introspectivo, dulce y algo triste, con un ritmo lento y firme. Al foco de mi atención se lo robaron los juegos melódicos de un instrumento y otro. La voz de Aïdita se siente muy dulce y profunda y una se queda con ganas de que el track tenga el doble de duración para conocer más de esa historia que llega en ese formato sonoro y que genera curiosidad. Vaya, un tema sin letra compuesto por una cantante… que elije en su composición participar con su voz como un instrumento musical más. Otra vez estamos delante de un hecho musical propiamente dicho, donde el mensaje nos atraviesa y nos transforma. Dudo que alguien pueda escuchar este tema y ser el mismo antes y después de hacerlo, porque abre posibilidades, invita a mirar en lugares nuevos de uno mismo y del otro.

“Quartet #2 in three movements” (de Bob Mintzer) nos llega de parte de Gustavo Villalba (saxo soprano), Ricardo Figueira (saxo alto), Gonzalo Levin (saxo tenor), Alejandra Genta (saxo barítono) y Martín Muguerza (batería). Es maravilloso escuchar el arreglo del tema y el entrecruzamiento sonoro que se da entre todos estos metales, con sus diferentes texturas, y la batería. El sonido de cada uno de ellos está profundamente trabajado y aquí se confirma lo que se viene escuchando en todo el disco: el profesionalismo, la firmeza, la confianza, la destreza de los músicos y ese trabajo conjunto para un fin común. También el balance perfecto de los volúmenes que nos permite identificar con claridad cada nota.

“Seba” (de Artigas Leal) es el track 10. Los músicos que tocan este tema son: Martín Acosta (piano eléctrico), Gerardo Alonso (bajo eléctrico), Martín Muguerza (batería), Miguel Leal (trompeta), Artigas Leal (bombardino y trombón) y Natalia Castellini (flauta). Se trata de un tema que genera alegría y ternura y que, en la misma línea del resto del disco, está impecablemente presentado, con fraseos certeros, con melodías inteligentes y un entretejido sonoro que te genera ganas de volver a escucharlo. Es un tema bien jazzero, con solos de casi todos los instrumentos. Me encantó, obviamente, como suele suceder, el solo co-creado por el bajo y la bata con escobillas… es muy hermoso el resultado de esa combinación. El sonido general de este tema es de esos que te hace sentir el sol de la primavera, que te hace recordar momentos felices, aunque te encuentres en medio de una cuarentena por pandemia internacional.

Martín Muguerza es de los bateristas uruguayos que emocionan. Tiene una técnica asombrosa que encima solo usa con fines musicales y que le permite hacer con su instrumento básicamente lo que quiera. Ese es uno de los objetivos mayores de cualquier músico pero Martín ha logrado además algo que ni siquiera todos los músicos son conscientes de buscar: ser uno solo con su instrumento. Al verlo presentar este disco en vivo (en la ciudad de Mercedes) pude notar que él y su instrumento son una unidad, los palos son extensiones de sus brazos y cada sonido que emite con la batería es un reflejo exterior de un sonido interno que habita en él y que, por suerte para nosotros, se ve que pide ser expresado hacia el exterior. Bienvenido sea.

El último track, llamado “El mundo sin mal” es el tercer tema de Sergio Fernández en el disco pero sin guitarra, tocado a fiscorno (Javier Olivera), piano y platos (Martín Muguerza). Tiene una dinámica circular. Me resultó algo contradictorio su sonido y su título. Es complicado de explicar pero siento que el sonido incluye “el mal”. Hay algo en la armonía que no me evoca un mundo despojado de maldad sino más bien un mundo… como el que tenemos, con todos los colores. Me genera algo de incomodidad celular… me lleva a un lugar un poco diferente al recorrido de los diez tracks anteriores. La combinación sonora está muy buena y el tema es suficientemente inquietante como para pararse a pensar en qué mundo vivimos, en qué mundo queremos vivir y qué podremos hacer al respecto.

 

No son demasiados los discos que me han generado la necesidad de parar y retroceder, para volver a escuchar pasaje tras pasaje, o que una vez terminado un tema necesite volver a escucharlo entero varias veces antes de seguir con el siguiente. Sinceramente creo que este disco es una genialidad como pocos. Un aplauso de pie para Martín Muguerza y todos los músicos que participaron en él. Una masterpiece. ¡Gracias por regalarnos esta gozadera a quienes escuchamos!

Sesiones Sondor. Diálogos de jazz.

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A María Noel Taranto la escuché cantar por primera vez en el año 1988. Recuerdo que me impactó cómo una uruguaya podía vibrar de esa manera con el jazz y transmitirlo como si estuviéramos en New York o New Orléans. A partir de ahí la he escuchado en vivo muchas veces, en diferentes propuestas musicales (Jazz por supuesto, música Gospel, repertorio de Édith Piaf, etc.) y siempre me sorprende su garra, su comodidad en el escenario, su nivel de energía y su capacidad de colocarse interna y actitudinalmente en el lugar exacto que el estilo musical requiere.

Este CD y yo nos encontramos en un evento mágico que sucede en la ciudad de Mercedes, en el que por diez días pululan por sus calles músicos de jazz provenientes de diferentes países, quienes ofrecen conciertos alucinantes tanto en el escenario principal, como en la jam y en los toques callejeros. Claro… era el mejor contexto para que este objeto sonoro entrara en mi vida.

Así y todo me tomó desprevenida. Puse el CD en el equipo y le di play con un gesto automático. Pero el efecto inmediato de ese primer tema fue sacarme del automatismo y transportarme a un tiempo y espacio que me habría gustado habitar: New York, años 20-60.

Sesiones Sondor contiene 11 clásicos del jazz interpretados maravillosamente por María Noel Taranto (voz) y Raúl Medina (piano).

 

  1. Aint’ Misbehavin’
  2. Cry Me a River
  3. L.O.V.E.
  4. Every Time We Say Goodbye
  5. On The Sunny Side Of The Street
  6. I Can’t Give You Anything But Love
  7. Misty
  8. Do Nothing Till You Hear From Me
  9. Embraceable You
  10. My favorite Things
  11. Georgia On My Mind

 

Todos somos únicos pero no todas las voces son únicas. María Noel Taranto tiene una voz completamente identificable con un par de notas. Por un lado, tiene una característica ronca, que se asemeja a las voces de las hermosas cantantes negras de jazz de Estados Unidos, y por otro tiene una cristalinidad vibrante y libre de cualquier ronquera cuando se desplaza hacia las zonas más agudas. Y por algunos momentos suceden ambas características simultáneamente, cosa que genera en quien escucha una sensación física nueva, cuyo efecto más notorio es el impulso a la acción, al movimiento, a la vida.

Hay mucho más que voz en lo que pone aquí Taranto. Su gran contribución incluye una enormidad de elementos, algunos fácilmente perceptibles de primera y otros quizás más sutiles. Lo primero que llama la atención es su estrecha conexión con el espíritu del jazz: tanto el dominio de los diferentes ritmos de la voz del jazz y los más variados fraseos cantados de taquito, como la expresión de la diferente gama de sentimientos e improntas (como ser introspección, celebración, amorosidad, inocencia o picardía). Otra característica particular de su canto es su característica vital, energética, de pura vibración de vida. Todo esto unificado a partir de una forma de vivir la música, con el alma puesta en el goce, conectando con el juego y el amor.

En el tema número 11, “Georgia on My Mind”, Taranto invitó a Julieta Rada, quien canta hermoso este tema con María Noel, aportándole sus matices. Ambas ofrendan un espacio de confianza y calma, desplegando sus rangos vocales y tratando toda la canción con un cuidado y amor que hacen muchísimo bien. Es muy bello escucharlas tanto a cada una en su parte como juntas el interjuego final de voces.

La enorme participación del Maestro Raúl Medina en este disco es brillante. Su dominio absoluto del lenguaje del jazz hace que pasen cosas diferentes, y más cosas, todo a lo largo del disco. Su toque tiene muchísima certeza y soltura, evidentemente dadas por los años de experiencia profesional. Los climas generados por el piano son exquisitos y son completamente cómplices de la voz. También se siente que con Taranto hay un conocimiento musical mutuo que hace todo tan fluido que bien podría ser una sola persona en piano y voz.

Creo que fue una decisión muy acertada que este disco fuera solo voz y piano pues nos permite escuchar y disfrutar cada uno de los sonidos con claridad y plenitud.

Por último, hay que decirlo: maravillosa la pronunciación de “La Taranto” en inglés. Ese plus no es nada menor a la hora de escuchar un disco de jazz. Es la cereza necesaria para poder acomodarse con una luz baja, una copa de vino y abandonarse placenteramente a viajar en tiempo y espacio.

 

Domingo de jazz con Nolé – De Bellis – Romano

 

Vengo del Teatro Solís, pero bien podría venir del Lincoln Center en NY. El trío de Ricardo Nolé, Roberto De Bellis y Miguel Romano tocó hoy, en el marco del Ciclo Internacional de Piano de Montevideo, en la Sala Delmira Agustini, un hermoso repertorio de jazz, con localidades agotadas.

Comenzaron con un standard que fue compuesto en 1931: “Beautiful Love“. Esta primera ofrenda ya destacó por varios aspectos que se repetirían a lo largo del toque: un enorme respeto por la música y por la audiencia; una escucha atenta; una cohesión importante entre los tres y un ánimo enérgico, masculino y profundo.

Luego vino “Whisper Not“. Se dice que acerca de esta composición Golson contó: “La escribí en Boston, en el club Storyville de George Wein, cuando estaba con la big band de Dizzy Gillespie. La escribí en 20 minutos”. Eso fue en 1956 y después fue grabada, por ej., por Art Blakey, Ella Fitzgerald, y el Lee Morgan Sextet (con Horace Silver y Hank Mobley). Y aquí estamos en 2019, emocionándonos hasta la médula con esa misma composición tocada por Nolé, De Bellis y Romano.

Lo primero que destacó fue lo tremendamente rítmico que es el trío. Si bien es una realidad que tanto piano, como contrabajo y batería son instrumentos percutivos, no todos los músicos llevan el ritmo tan en la sangre como escuchamos aquí. Ricardo Nolé en este tema “Whisper Not” dio gala de una combinación poderosa de dulzura y energía, y Roberto De Bellis y Miguel Romano le ofrecieron la base rítmica perfecta para que pudiera lucirse a gusto.

La música que surge del contrabajo tocado por De Bellis tiene peculiaridades bien bonitas. Por un lado, el ataque es en un timing perfecto y con una gran presencia, en el sentido más espiritual del término. Luego, las notas se sostienen claras y firmes, con mucha elegancia y una buena razón de existencia sonora.

En tercer lugar escuchamos “Celia“. Compuesto por Bud Powell para su hija, y grabado con Ray Brown y Max Roach en el año 1949 en una salida transitoria del hospital psiquiátrico donde estaba internado. Primero lo editaron en un single en 1950 y después fue parte del disco “Jazz Giant” que salió a la luz en 1956 [no sé ustedes, pero yo será a la década del 50 a la que iré en cuanto se pueda viajar en el tiempo].

Es fantástico el dominio técnico de estos tres músicos. Se lucieron tocando a una gran velocidad y a la vez con claridad y expresividad totales. Cada nota de tantas era distinguible y el conjunto sumamente disfrutable. Hubo aquí un solo de piano y un solo de batería espectaculares. Y el bajo “la rompió”, pues inclusive a esa altísima velocidad, cada sonido estuvo repleto de musicalidad.

A continuación tocaron una balada que yo no conocía hasta hoy y ya habita en mi corazón: “Danny Boy“. Esta es una de las canciones más representativas de la cultura irlandesa y si bien no se sabe su origen, el primer registro que hay de ella dicen que se remonta a 1855. En 1910 Frederic Edward Weatherley compuso la letra de Danny Boy para una música diferente pero al conocer la tonada de “Londonberry Air”, ajustó la letra para que se adaptara a ella. Comenzó Nolé en el piano, con tremenda expresividad, un excelente manejo de dinámicas, y con esa sensibilidad que solo puede surgir de quien ya hace rato que es una unidad con su instrumento. Se agregó De Bellis, aportando una magia muy especial con el arco en el contrabajo. ¡Un sonido dulce que va directo al alma! Y en tercer lugar, bastante avanzados los minutos, Miguel Romano y el embrujo de sus escobillas cálidas y certeras.

Luego de esa maravilla, el bajo y la bata se llamaron a silencio y Nolé nos ofreció un tema solo: “Chovendo Na Roseira” (de Tom Jobim). ¡Una cosa impresionante lo que tocó Nolé en ese Steinway! Es genial observar toda su expresividad corporal mientras toca. Hay una entrega completa en su ejecución. Y, como todo en esta vida, entonces una también se entrega completamente a escucharlo.

El siguiente tema fue “Black Nile“, perteneciente a “Night Dreamer”, ese disco de Wayne Shorter (lanzado en 1964) en su etapa entre Art Blakey’s Jazz Messengers y Miles Davis. Fue emocionante escuchar este tema por este trío. Es muy admirable el fraseo de De Bellis en el contrabajo, siempre manteniendo la calidad de cada nota inclusive a esa velocidad exigente. Estuvo todo súper cuidado por los tres. Sobre el final del tema Miguel Romano nos regaló un precioso solo de batería, musical a más no poder.

Con el Nilo negro la adrenalina había llegado a niveles altísimos y entonces “I Loves You, Porgy“, de George Gershwin (1935), nos llevó a aguas más calmas pero no menos atrapantes. Ricardo Nolé se pasó todo el tema creando climas mágicos y recordándonos por qué nos gusta ir a escuchar música en vivo, Miguel Romano construía castillos con sus escobillas y platos maravillosos (unos Zildjian oscuros impresionantes), y Roberto De Bellis le puso todo el amor del planeta, primero apoyando con maestría la conversación del piano y la batería, y después con un solo buenísimo que tuvo todo lo que un solo profesional tiene que tener para ser grandioso: gran aplomo, presencia, una conexión musical total con el tema, y una elección de notas nada predecible pero que calzan como un guante.  El tema finalizó con el piano y la batería abrazándonos a todos con firmeza y calidez.

El último tema fue “Billy’s Bounce“, tema compuesto por Charlie Parker en el año 1945 (año oscuro para la humanidad). Es muy difícil escuchar este tema y quedarse quieto. Los arreglos de toda la noche estuvieron impecables y este tema no fue la excepción. Los tres instrumentos convivieron y se conjugaron de la mejor manera para ofrecer un final tan profesional como todo el concierto.

Por último Ricardo Nolé tocó solo en el piano un bis bellísimo, “Someone to Watch Over Me” (de Gershwin), que se vivió como demasiado breve y nos dejó con ganas de escucharlo a él y a este trío de nuevo lo más pronto posible.

Fue una tarde musical de lujo. Ojalá que esta reseña contribuya con que perdure de algún modo en la memoria de los que ahí tuvimos la suerte y sabiduría de estar.

 

 

Cd “El Fondito” – de Fede Righi

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Hacía flojo un año que este CD me esperaba en un estante a que yo lo escuchara entero. Todo un sacrilegio haberlo obligado a permanecer en silencio, siendo que encerraba estos sonidos tan bienvenidos.

Yo divido al mundo de los bajistas en dos grandes categorías: aquellos que disfrutan con un sonido gravísimo y aquellos que eligen un sonido más agudo. Fede está en el segundo grupo y eso me fascina.

El Fondito tiene todas composiciones suyas, excepto Naima (de J. Coltrane) y un tema que me puede, “Fuego Lento”, cuya composición es de Fede, Nico Mora, Cachi Bacheta y Horacio Di Yorio.

La lista de músicos es más que jugosa:

Fede Righi: bajos, bolsa de nylon en 6
Martín Ibarburu: batería en 1,2,4,5,7,9,10 y cajón en 3
Nacho Labrada: Rhodes en 1,2,4,10; piano en 5,7,9
Benji Barreiro: saxo tenor en 1,4,7; saxo soprano en 2,9,10
Gustavo Montemurro: acordeón en 3
Mauro Pérez: armónica en 5
Alberto Magnone: piano en 6
Nico Ibarburu: guitarra en 4
Jorge Trasante: percusiones en 1,2,3,6 y 7
Fernando Lobo Núñez: tambor piano en 4 y 8
Noe Núñez: tambor repique en 4 y 8
Fernandito Núñez: tambor chico en 4 y 8

El viaje gozado te lleva a visitar 10 lugares especiales.

1 – Candombe raro es un candombe divinísimo, veloz y súper fusionado con jazz. Aquí se combina un ritmo bestial, con una melodía bonita e inteligente, y mil capas y subcapas de diálogos y comentarios. En este tema tocan nada más ni nada menos que Fede, Martín, Nacho, Benji y Trasante. ¿Qué más se puede pedir?

2 – Dale, dale también es un candombe y uno que obligatoriamente tenés que bailar. Es rapidísimo… posiblemente de ahí venga el nombre. Al escuchar esto se impone una reverencia a estos seres de luz que este país insólitamente alberga. ¡Tremendos todos! Algo impresionante el despliegue musical en todo lo que eso implica: buen gusto compositivo, conocimiento del lenguaje, dominio técnico de cada instrumento, arreglos impecables, sonido y volúmenes, maestría a la hora de transmitir a través de notas… una belleza multidimensional.

3 – El fondito tiene la presencia imponente del acordeón, la calidez del cajón peruano y ese bajo que emociona. El nivel de Fede tanto como compositor como bajista es brutal. Este track te llega profundo, te cuenta toda una historia llena de humanidad, de sentires, de imágenes que van pasando como si fueras atravesando un paisaje sentado en la ventana de un tren. A mí me habla de aconteceres del pasado, con un aire algo nostálgico pero con un toque optimista.

4 – Fuego lento. A este tema lo escuché en vivo hace un tiempo y me quedé admirada y con ganas de escucharlo mil veces más. ¡Para mí es perfecto! Tiene todo el swing del planeta, sonidos que te acarician el alma, ánimo alegre, y una buena razón de existir. De nuevo el sonido del bajo te emociona hasta la médula. La guitarra de Nico Ibarburu le pone el broche de oro a la gozadera del Rhodes de Nacho, el saxo tenor de Benji, la bata de Martín y los tambores de los Núñez. Este es mi tema favorito de todo el disco… bueno, o eso creo.

5 – Vals de Clarita es una dulzura. El piano de Nacho y la armónica de Mauro te contactan con asuntos muy internos y el bajo te arropa el alma, yendo en andas sobre las escobillas de Martín que te acarician y te arrullan. No es una canción de cuna pero tiene todo el carácter para serlo. Siendo aquí domingo pasada la medianoche, esta canción es perfecta para terminar el día.

6 – Naima (de J. Coltrane) es la única canción del disco que no fue compuesta por Fede Righi. Gran curiosidad me da qué hará que este tema sea tan importante para él como para que lo haya incluido en un CD de todas composiciones suyas. Hermosísima versión hicieron. Todo profundamente sentido: el bajo de Fede, el piano de Alberto Magnone y la percusión de Jorge Trasante. Una obra maestra, de verdad. Una versión que se ve que necesitaba existir.

7 – Que pasó? Un tema de ritmo latino para levantarle el ánimo a todo el que se exponga a él. Todos los músicos dan todo de sí y el resultado es grandioso. En lo personal, a priori estos ritmos latinos no me gustan, pero este tema me hace bien y lo disfruto.

8 – A Tiomono es tremendo candombe a bajo y tambores. Una belleza escuchar esta combinación no tan frecuente: tambor chico, repique y piano y bajo eléctrico. Las melodías en el bajo sobre el colchón rítmico de los tambores tienen un efecto realmente hermoso. De algún modo este tema es como un divino solo de bajo, sideralmente musical, con base de tambores. Bellísimo.

9 – Tarde de lluvia es una buenaza mezcla de samba, candombe y jazz con el saxo soprano y el piano liderando la melodía, con la bata perfecta detrás y el bajo on fire. (Y además, aquí y ahora llueve).

10 – Tintín (dedicado a Martín Ibarburu) es un candombe profundo, que arranca con un tinte de tristeza o de severidad y que va creciendo hacia un optimismo medido. Supongo (sin saber nada del asunto) que la armonía es menor, porque escucharlo me lleva más para adentro que hacia afuera, más a la introspección que al festejo. Al escucharlo no puedo evitar notar que esto suena, desde todo punto de vista, como algo que bien podría haber surgido de un Coltrane o un Miles Davis. Este track se pelea el primer puesto en mi corazón con “Fuego Lento”. La combinación de bajo y batería en este track en particular es algo muy mágico. No parecen tocados por dos personas diferentes… parecen surgir de un mismo y solo sentir.

La verdad es que me arrepiento de haberlo tenido tanto tiempo esperando hasta que yo me decidiera a darle la oportunidad que se merecía. Pero me alegro de por fin haberlo escuchado en serio y de ahora en adelante poder contar con estos sonidos como compañía cotidiana.

Creo que es un disco hermoso que le aporta a la discografía uruguaya una personalidad y madurez especiales.

Información de producción, grabación y fotos:
Grabado por Daniel Báez en estudio Octopus en Abril de 2009.
Asistentes de grabación: Rodrigo Jasa y Nico Belisonda.
Tomas de armónica en estudio Monte por Gustavo Montemurro.
Mezclado y masterizado Daniel Báez en estudio Octopus entre Febrero y Abril de 2010.
Fotografías de Pablo Meneses y Rodolfo Fuentes.
Diseño gráfico de Rodolfo Fuentes.
Producido por Fede Righi y Ángel Atienza.

 

 

 

 

Dos Orientales en Uruguay: intercambio con Tomohiro Yahiro

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Todavía suena en algunos de nosotros el toque, tremendo, de Hugo Fattoruso en La Trastienda. Por eso recibimos con el alma abierta la noticia de que el dúo “Dos Orientales“, formado por Hugo Fattoruso y Tomohiro Yahiro, hará una serie de presentaciones en nuestro país en este mes de noviembre.

La colaboración entre Hugo Fattoruso y Tomohiro Yahiro ha sido llamativamente extensa en años, teniendo en cuenta la distancia en kilómetros que los separa. Comenzaron a hacer música juntos en el año 2005. Hasta el momento hicieron 13 giras y grabaron 3 discos:

  • Dos Orientales” – (2007, ganador de Premio Graffiti y pre-nominado al Latin Grammy en 2012).
  • Orienta” – (2011, ganador de Premio Graffiti)

(Ambos editados en Japón, Uruguay y Argentina)

  • Tercer Viaje” – (2016) editado en Japón y próximo a editarse en Uruguay.

En Montevideo, el 19 de noviembre Tomohiro Yahiro dará una clínica de percusión en AUDEM (Maldonado 983, Montevideo).

En los días anteriores, los Dos Orientales se presentarán en Paysandú (16 de noviembre), Fray Bentos (17 de noviembre) y Florida (18 de noviembre).

A continuación compartimos un intercambio con Tomohiro Yahiro, que tuvimos por correo electrónico.

 

¿Cómo y cuándo conociste a Hugo Fattoruso?

Antes de conocer a Hugo personalmente ya lo había escuchado, en los 70. Lo conocí personalmente en Japón en 1986, cuando vino a Japón con Djavan.

¿Qué es lo que te atrae de hacer música con Hugo?

Todo es posible con Hugo e incluso me guía a ayudarme a tocar mejor y crear nuevas ideas rítmicas y musicales, siempre con alegría.

¿Con qué otros músicos latinoamericanos has tocado?

En los 80 tuve chance de acompañar a artistas brasileros como Joyce, Toninho Horta, Joan Bosco o Nara Leon cuando venían a Japón.
Desde mediados de los 90 empecé a montar mi propio proyecto musical y empecé a invitar músicos latinoamericanos: Jorge Cumbo, Gladston Galliza y en esos proyectos siempre participaba Hugo.

Actualmente tengo 3 proyectos con músicos latinoamericanos: Dos Orientales (con Hugo), Gaia Cuatro (con músicos argentinos que viven en Europa) y Florencia Ruiz (cantautora argentina).

¿Qué hace que estés tan abierto a relacionarte con músicos de esta región?

Porque muchos de ellos están abiertos a colaborar y crear intercambio musical con Japón.

También sucede que los japoneses son muy curiosos, siempre andan buscando algo nuevo. El candombe o Uruguay mismo es un nuevo interés para muchos japoneses que están interesados en Latinoamérica.

¿Cómo es tu relación con el candombe? ¿Qué tipo de emociones te genera?

Para mí el candombe es justo lo que buscaba, con la raíz de ritmo africano pero sin raíz religiosa.

No hay palabras para expresar la emoción cuando estoy tocando el tambor chico. Tengo que estudiar más español para poder expresar esa pasión. Jajajá.

Si a un uruguayo le preguntan qué tipo de música es típica de este país, contestamos el tango y el candombe. ¿Qué estilos de música son típicos de Japón?

En Japón hay de todo pero mucho es superficial. Hay varias músicas típicas de Japón, tradicionales, pero quedan totalmente conservadas y totalmente afuera de lo que es fashion o modernización.

De tus trabajos musicales hasta el momento, ¿cuáles son tus favoritos? ¿Por qué?

Todos, porque tengo la suerte de poder crear música con músicos muy destacados y todos son excelentes profesionales. Pero permíteme decir que Dos Orientales o, mejor dicho, tocar con Hugo en dúo, es algo muy, muy especial para mí.

¿Qué se prioriza en Japón cuando se estudia percusión? 

Si es percusion occidental, lo primero es a base del sistema americano, rudimentos, stick control, etc. Pero como estamos informados superficialmente, aquí pueden estudiar cualquier ritmo étnico (ojo!! superficialmente).

¿Qué tipo de clínica vas a dar en Montevideo? ¿Qué pueden esperar quienes vayan?

Más que clínica, me gustaría tener un momento de intercambio cultural con ustedes. Yo no puedo enseñarles a los uruguayos el ritmo latino pero puedo mostrar cómo un japonés va aprendiendo los códigos rítmicos de África, Brasil, Cuba, etc.

Muchos músicos que hacen giras opinan que cada público tiene sus características. Si estás de acuerdo con esto, ¿cuáles son las principales diferencias entre el público japonés y el público uruguayo?

Son muy diferentes. En Japón el público es demasiado tranquilo. Muchos musicos sienten “¿estarán aburridos?” pero a último momento aplauden con toda emoción. O sea, si al final recibimos el mismo aplauso que al principio, querría decir que esa musica estuvo más o menos. Jajajá.

En cambio en Uruguay ¡me trataron como a una estrella! Incluso alguien me gritó a la cara: “Vooo, ponjaaaa, ¡te estábamos esperando!!!” ¡Todo muy alegre!

 

Biografía de Tomohiro Yahiro:

Nacido en Tokyo de 1961, pasó su infancia en Islas Canarias (Palmas de Gran Canaria, España), donde comenzó su carrera musical, tocando con bandas de rock locales. Vuelve a Japón en 1979, debutando profesionalmente en 1980. En ese entonces, fue miembro de bandas rockeras como Jagatara, S-Ken y Hot Bomboms.

Simultáneamente, tocó con varios artistas japoneses muy representativos del jazz: Yosuke Yamashita, Kazumi Watanabe, Kazutoki Umezu, Shigeharu Mukai, Fumio Itabashi, Shuichi Ponta Murakami, etc.

Participó en muchas grabaciones y giras, como Masashi Sada, Joe Hisaishi, Lisa Ono, Taeko Ohnuki, Yasuko Agawa, etc. Fue miembro de uno de los grupos más destacados de fusión-brasilera, Spick and Span. Tocó con artistas brasileros como Joyce Moreno, Toninho Horta, Joan Bosco, Leila Pinheiro, Alcione, etc.

En 1998 fue productor del grupo de percusión de África “Sophie Ker Gui” cuando se realizó la Copa Mundial de Fútbol en Japón. A partir de ese momento, fue invitado incontables veces a ceremonias relacionadas a la copa mundial de fútbol.

Desde los años 90 a la actualidad crea y desarrolla giras en Japón (en ocasiones, incluyendo otro país) en conjunto con artistas internacionales, enfatizando en Latinoamérica. Hugo Fattoruso, Osvaldo Fattoruso, Francisco Fattoruso, Toninho Horta, Jorge Cumbo, Pedro Aznar, Horacio Burgos, Daniel Maza, Martín Ibarburu, Gladston Galliza, entre otros, son algunos de los músicos que ya participaron en sus proyectos.

En la actualidad, tiene endorsement de Pearl y Korg.

En el año 2013 se comenzó a rodar un documental sobre el dúo bajo las cámaras de SADHU producciones, el cual fue filmado en Uruguay y Japón. El mismo se pre-estrenó en ambos países, en octubre de 2017, y está próximo a estrenarse en 2018.

En el año 2016 la Embajada de Japón en Uruguay hace entrega de una distinción, junto al deportista Diego Forlán, por la contribución y lazos de amistad que ambos han cultivado, enorgulleciendo a ambos países.

 

Repetimos las fechas y lugares de las presentaciones en Uruguay durante el mes de noviembre:

– 16/11 Teatro Florencio Sánchez – Paysandú

– 17/11 Teatro Young – Fray Bentos

– 18/11 Teatro 25 de agosto – Florida

– 19/11 Clínica de percusión, AUDEM (Maldonado 983) – Montevideo

 

¡A disfrutarlos!

José San Martín – Parte 1: “En esta esquina”

en esta esquina

Que te venga a visitar alguien que hace muchos años que no ves es de por sí emocionante. Que además te regale cinco CDs, en formato físico, es algo impactante. Que encima ese alguien sea un excelente baterista hace que la cosa se torne paradisíaca.

Lo loco es el tiempo que tardé en escuchar estos cinco discos. Estuve mucho esperando el momento ideal, reservándolos inclusive en sus envoltorios, esperando ese día perfecto. Bueno, ese día fue hoy. Este sábado lluvioso y frío de principios de agosto de 2018.

Pero antes de escucharlos me quedé un ratito sintiendo y pensando toda la simpatía y cercanía que genera José. Hacía veintitantos años de la última vez que nos habíamos visto y su visita y toda la charla fue como si nos hubiésemos visto el día anterior, súper amena y muy cálida. Desde ese sentimiento de sorpresa y agradecimiento, fue que empecé a indagar en el orden de los discos.

  • “En esta esquina” – 1999
  • “Artesano” – 2006
  • “Triovivo” – 2007
  • “Tres calles” – 2014
  • “Otros palos”  – 2015

Los músicos de “En esta esquina” son:

Nicolás Mora – Guitarra

Juan San Martín – Bajo

José San Martín – Batería

Temas:

  1. Vino y casera
  2. Camino al abrevadero
  3. Ese aire (Bulerdombe)
  4. Sarunga
  5. Vilariño
  6. Candombe diciembre
  7. El estelazo
  8. Ahora sí
  9. La esperanza rochense

Ya los primeros segundos de “Vino y casera” me fascinaron. Tremenda emoción escuchar esta amalgama preciosa de estilos que me son queridos y que en mi corazón los identifico, por mi propia historia, como la unión entre Montevideo y Boston: el candombe y el jazz. Una guitarra nítida, clara, de sonidos dulces y decididos, con aires que amo profundamente, un bajo despierto y corpulento y una batería riquísima en sus detalles y con esa impronta feliz, tremendamente rítmica y creativa característica de José.

Entonces voy a mirar el librillo del CD: “Todos los temas de José San Martín. Grabado en Madrid”. Lo que es este mundo globalizado. Esta mixtura africano-bostoniense se graba en Madrid con músicos de Uruguay. Y a la vez se siente tan pero tan propio que es una demencia.

Me detengo antes de escuchar el segundo, para disfrutar un poco la reminiscencia del primero. José evidentemente viene del linaje de Roy Haynes, Tony Williams, Jack DeJohnette y demás, quienes se han caracterizado por llevar el tiempo de la manera más creativa posible. Su ride tocado con una delicadeza total contrasta bellamente con la decisión y firmeza de los cuerpos de la batería. El sonido seco, que me encanta, del HH. La elección del silencio con salpicaduras de platos acompañando momentos protagónicos de la guitarra y la unión perfecta entre candombe y jazz como clímax.

¿Ustedes qué dicen? A este paso, ¿cuán largo puede llegar a quedar este texto sobre cinco CDs? Siendo que la atención promedio de un lector de estos días es de tres líneas, estamos en problemas. Ustedes y yo. Ya veremos como sorteamos ese detalle.

Si en el primer tema José dio cátedra de independencia y creatividad musical, en el segundo, “Camino al abrevadero”, impresiona la aplicación musicalísima de los queridos rudimentos. Este es un ejemplo de cómo usar una técnica virtuosa para lo que la música pida… y con buen gusto. Aquí la guitarra protagoniza quizás un poco más pero con una impronta reflexiva, más profunda, menos festiva, muy sentida.

“Ese aire” es bastante diferente. Aunque la batería es potente, aquí fue el bajo el que me atrapó la escucha. En realidad los tres tienen protagonismo pero yo sentí como si tanto guitarra como batería estuvieran para condimentar las notas del bajo. Un placer escucharlo a Juan. Me da la impresión de que hay una madurez especial en el ataque y llega una dosis de confianza que siempre hace bien.

“Sarunga” baja las revoluciones que venían bastante altas. Es una canción dulce pero no melosa. Tiene el tipo de ánimo que identifico con una tardecita calma, en la que el mundo gira a buen ritmo y una se siente en paz con la existencia. Aquí el trío se da un espacio donde los sonidos y los silencios danzan sin urgencia, con gozo, con presencia.

A “Vilariño” lo percibí más pensado que sentido. Si bien es compacto, con una buena dinámica entre el trío, fue el primero de los temas hasta ahora que no sentí la necesidad de escuchar por segunda vez. Hubo también algún acorde que sentí incómodo.

“Candombe diciembre” me resultó un banquete de calidez, belleza, dulzura, groove y sensibilidad. Y de nuevo siento fundirse el candombe con el estilo de jazz que supe escuchar durante una década sin parar y que de alguna manera me identifica y me regala imágenes de jams y noches estrelladas de verano. Desde acá les envío un gracias enorme a estos tres músicos por este regalito, que mi alma recibe con agradecimiento total. Es seguro que esta pasará a estar en mi lista de músicas para escuchar cada pocos días.

Me parece apasionante la dinámica que se da con este fenómeno de la música. El que compone un tema lo hace por sus propias necesidades. Veinte años después alguien lo escucha, como es mi caso hoy, y esas notas traen asociaciones concretas, que hasta tienen imágenes, olores y sensaciones físicas. Entonces surge el agradecimiento por la oportunidad de recordar memorias que el compositor ni siquiera imaginó. Es un mecanismo extraño y bello.

“El estelazo” arranca con un caminante más convencional y por unos momentos no me impresiona tanto. También es cierto que le toca competir con los sentimientos generados por el tema anterior que fueron fuertes. Y como escribo esto para compartir lo que siento, me doy la libertad de decirles que a este en realidad me lo perdí, porque estoy todavía resonando con el anterior. Lo que hago en estos casos es: la siguiente vez que escucho el disco arranco por esos tracks que no me llamaron tanto la atención, para poder individualizarlos mejor y realmente escuchar lo que tienen para decirme, sin interferencias. Así que “El estelazo” tendrá que esperar a mi próxima escucha para poder vivirlo mejor. Pero eso sí, por el minuto 5 pasa algo impresionante.

Con “Ahora sí” retomé mi capacidad de sorpresa y enamoramiento. El trío suena compactísimo y crean algo muy hermoso, magnífico. El corazón se expande. Se siente idéntico que cuando en medio de un día muy gris aparece ese arcoíris enorme y nítido: esperanza, certeza de vida, fe.

Y con pena de que se termine, llego a “La esperanza rochense”, que veo que está dedicada a Pollo Píriz, ese musicazo que logra emocionar desde un lugar de pura humanidad. Esta pieza es una mezcla perfecta de cortesía, ternura, sencillez y afabilidad. Tiene el ritmo más lento de las ciudades del interior y un poco de su nostalgia también. Al menos de esa nostalgia que nos viene a quienes vivimos en el interior y desde Montevideo recordamos el ritmo pausado y los cielos más despejados. Es una ofrenda suave que me deja en un ánimo especialmente armonioso.

Por poner en tres líneas aquello que no se puede explicar de ninguna forma, “En esta esquina” es un disco de alto nivel musical, de muy buen gusto, tocado por un trío que sabe lo que hace, muy sensible, y que tiene algo con sentido para decir, tanto en forma individual como en conjunto.

Somos varios los amantes del formato trío y son discos como este los que refuerzan esa preferencia.

Por hoy les cuento hasta aquí pero esto continuará, porque es evidente que lo que tengo conmigo es un tesoro musical. El cofre ya fue abierto y la curiosidad es total. Espero que ustedes puedan conseguir “En esta esquina” y disfrutarlo también.

5 de agosto de 2018.

Radios on-line de todo el mundo

Esta entrada será brevísima, solo para contarles o recordarles que en el siguiente sitio pueden escuchar radios, que transmiten on-line, de todo el mundo.

¡Me parece tan fascinante esto!

Pueden alejarse y acercarse, rotar el mundo, etc. Donde hay puntos verdes, están las radios. Abajo a la derecha aparecen los nombres de las radios de esa ciudad (puede haber solo una o varias).

http://radio.garden/live/

¡Que se diviertan tanto como yo!

Corea/Gadd Band en el Teatro de Verano: magistral

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Foto: Ricardo Gómez

 

El show de la banda de Corea y Gadd en el Teatro de Verano…

Esperen. Vuelvan atrás y lean eso de nuevo: “el show de la banda de Corea y Gadd en el Teatro de Verano”. ¿No se les sacuden de éxtasis todas las células? A mí sí. El corazón bombea a mil por hora. Respiro profundo y vuelvo a empezar.

Amo con toda mi alma cuando voy a escuchar música y estoy rodeada de músicos que admiro. Hay algo en el hecho de que los músicos vayan a escuchar música que me genera una alegría especial, desbordante. Ha de ser porque sospecho que los músicos deben de disfrutar el triple que yo de estar presentes en estos momentos religiosos. Anoche, miraras para donde miraras veías músicos, y todos con su adrenalina a todo trapo, con ese cosquilleo energético que precede a ver un show de quienes fueron tus ídolos toda la vida. Ese paisaje humano, de corazones musicales ilusionados, tiene para mí un impacto y un valor de gran significado emocional. Es casi como si hubiera un show debajo del escenario y otro arriba. Y, por supuesto, es impagable la experiencia energética de ver una música que te fascina cuando alrededor tuyo todo el mundo está exactamente en la misma sintonía.

Algo muy gracioso de anoche fue que según con quién te cruzaras te hablaba de “él”. Por ejemplo: “¡Al fin lo voy a ver!”, o “Lo vi hace 20 años”, o “¡Qué bueno que vino!”. Entonces tenías que detenerte un segundo y razonar: “es pianista, habla de Corea” o “es baterista, obvio que habla de Gadd”. Eso fue muy genial de vivir. A la salida hubo un instante en que nos cruzamos tres personas. Dos hablábamos de cuándo “lo” habíamos visto por última vez y el tercero compartía fervorosamente. De repente se dio cuenta, paró, nos miró y dijo: “ahh, ustedes hablan de Gadd… claro”. ¡Qué absolutamente genial que haya un concierto en el que pase esto!

El momento en que la banda apareció en el escenario tuvo una particularidad: la actitud terrenal y humilde de esos seres que saludaban y se iban acomodando a sus instrumentos. Ahí estaba Corea, sacándole fotos al público, ahí estaba Gadd, quien en mi imaginario es tanto más gigante físicamente que en la tridimensionalidad física. Entonces Corea tomó el micrófono y saludó: “Gracias”, dijo en un buen español, y luego presentó a cada uno de los músicos de la banda:

Steve Gadd en la batería

Luisito Quintero en percusión

Steve Wilson en saxos y flauta

Carlitos del Puerto en bajo

Lionel Loueke en guitarra

Ya ahí, en ese momento de presentaciones, se respiró el ánimo que habría durante todo el toque: relajación, simpatía, alegría, diversión.

El primer regalo que nos hicieron estos seres fue el tema “Night Streets”, del disco “My Spanish Heart”. Pero al acercarse al piano y antes de comenzar, Corea llamó a uno de los asistentes de escenario y le pidió que encendieran las luces para poder ver al público. Ese gesto me pareció alucinante. Aunque en ese momento no lo sabía, luego me di cuenta de que fue el primer indicio de una actitud que sería muy marcada toda la noche y que hizo una gran diferencia: Chick Corea estaba plenamente atento a lo que pasaba encima del escenario, al acto de creación con el resto de los músicos, y muy, muy atento al público, a quienes nos incluyó todo el tiempo con miradas, gestos y, sobre el final, invitándonos a cantar sus melodías. Así arrancó la noche, que para mejor tenía una temperatura perfecta y, lo más importante para escucharlos bien, sin pizca de viento.

Un hurra especial a quienes definieron el volumen: era ideal como para poder escuchar con claridad cada elemento de la música. Quizás habría subido un poco la voz de Loueke, pero todo lo demás estaba al volumen exacto.

Ya que lo mencioné, pongo mi foco primero en el guitarrista. Loueke, quien nació en Benin (país africano que queda al lado de Nigeria, Niger, Togo y Burkina Faso) y estudió en la Berklee College of Music, es una pieza extraordinaria en el tablero que configura esta banda. Sus elecciones son muy personales. Desde los sonidos que eligió, que eran más de sintetizador que de guitarra, la personalidad de sus intervenciones, y su voz que tiene una impronta conmovedora, su presencia musical fue un aporte muy marcado para la cualidad del show en su conjunto. Cuando soleaba él todos los sentidos se agudizaban.

Loueke ha tocado en los discos Possibilities (2006) y River: The Joni Letters (2007), ambos de Herbie Hancock y ha trabajado, entre otros, con Alphonso Johnson, Jack de Johnette, Kenwood Dennard, George Garzone, Bob Hurst, Angelique Kidjo, Dianne Reeves, Cassandra Wilson, Wayne Shorter, Jeff ‘Tain’ Watts, Charlie Haden, Nathan East, Vinnie Colaiuta, Marcus Miller, Sting, Brian Blade, John Patitucci, Terri Lyne Carrington, Kenny Garrett, Roy Hargrove, Santana y Dennis Chambers. Como líder tiene seis discos, cuatro de los cuales son del sello Blue Note.

El frente y centro del escenario lo compartió con Steve Wilson. Wilson es un músico muy reconocido en el mundo del jazz. Ha participado hasta el momento en más de 150 discos liderados por artistas de la talla de Chick Corea, George Duke, Michael Brecker, Dave Holland, Dianne Reeves, Bill Bruford, Gerald Wilson, Maria Schneider, Joe Henderson, Charlie Byrd, Billy Childs, Karrin Allyson, Don Byron, y Mulgrew Miller. Hasta hoy grabó ocho discos como líder y actualmente está presentando su último álbum con el cuarteto integrado por Bill Stewart, Orrin Evan y Ugonna Okegwo. Anoche tocó saxo alto y soprano y flauta, con un sonido espectacular y aportando al todo con un gusto exquisito. Me encantó también cómo Wilson estuvo durante todo el show disfrutando de cada uno de los acontecimientos musicales con un grado importante de conexión con cada uno de los integrantes. Hubo, particularmente, momentos de diálogo musical con Corea que fueron una maravilla.

Al fondo del escenario, sobre nuestra derecha, estaba Luis Quintero, con tremendo kiosco, como decimos por acá. Quintero nació en Caracas donde desde muy temprana edad se dedicó a la música en forma profesional. Luego se instaló en Nueva York y ha tocado y grabado con una lista impresionante de músicos reconocidos: Celia Cruz y Tito Puente, The Rolling Stones, Vanessa Williams, Paul Simon, Santana, Jack De Johnette, David Sanborn, George Benson, Joe Sample, Bill Cosby, Eddie Palmieri, Marc Anthony, Gloria Estefan, Richard Bona, Ravi Coltrane, Nathalie Cole, Diana Krall, Giovanni Hidalgo, Toshiko Akiyoshi, Spanish Harlem, Willie Colon y muchos otros grandes músicos. Tiene al menos tres álbumes grabados como líder. En el show de anoche Quintero y Gadd se complementaron de maravilla, generando un espíritu general de alegría, de felicidad y dando cátedra de cómo conviven la batería y la percusión sin avasallarse y co-construyendo algo significativo.

Antes de que comenzara el show, le comenté a alguien que los bajistas solían ser inexpresivos, bastante inmóviles, y que algunas veces me dan ganas de sacudirlos un poco. El bajista de la banda, Carlitos del Puerto, me regaló poder escuchar a un bajista que siente con todo su cuerpo la gozadera de música que toca. ¡Tremendo disfrute! Carlitos del Puerto es cubano y ha tocado y grabado con artistas tales como Bruce Springsteen, Quincy Jones, Stevie Wonder y Herbie Hancock, entre muchos otros. Su contribución a la alegría y genialidad de la noche fue, desde mi perspectiva, muy destacada, con un swing impresionante y con un gusto excelente. Habrá que seguir escuchándolo y habrá que buscar más material suyo para conocerlo mejor, porque es excepcional.

Tener a la izquierda a Chick Corea y a la derecha a Steve Gadd fue infartante.

Corea tocó en un piano Yamaha y también en un piano acústico, de cola. Tanto en uno como en el otro lo suyo fue sublime, siempre con esa actitud de disfrute y de liviandad, donde inexplicablemente para la razón, cada intervención fue virtuosa y sencilla a la vez.

Hubo tres aspectos que, si me siguen, me gustaría destacar.

Por un lado, la cantidad de “subdiálogos” entre los músicos, de co-creaciones de a dos en varios momentos del show, y cómo esos subdiálogos agrupados formaban una gran conversación que era perfecta y deliciosa. Para quienes no estuvieron, imagínense a la izquierda a Corea y Wilson dialogando entre sí y a la derecha a del Puerto con Gadd y Quintero en una charla perfecta. Y todo en conjunto formando algo absolutamente grandioso y exquisito para los oídos y el corazón. Así fue toda la noche… algo espectacular.

En segundo lugar, hay un arte de doble cara en esta realidad de las giras internacionales: por un lado, y quizás más obvio, tocar tanto el mismo repertorio les da un dominio y un ensamble impresionante. Pero del otro lado, algo que anoche me resultó muy llamativo: cómo tocando tan seguido el mismo repertorio pueden presentarlo en cada escenario con una frescura tal que parece que fuera la primera vez y divertirse en esa creación como si estuvieran recién descubriendo las composiciones.

En tercer lugar me impactó el gusto exquisito, auténticamente magistral. El show de anoche nos colocó a todos automáticamente en un lugar aristocrático, en un lugar de exclusividad al que quizás no pertenezcamos todos los días de la vida pero que del que anoche pudimos vivir una muestra.

A la derecha y adelante, bellísimamente colocado a la vista de todos, estaba ese gran ídolo de muchos de nosotros: Steve Gadd. Si le preguntás a cualquier baterista experiente cuáles le parecen los mejores cinco bateristas del mundo, hay grandes chances de que todos incluyan a Gadd en su respuesta. Su aporte a la música ha sido tan enorme que es auténticamente imposible resumirlo. Siento que decir cualquier cosa acerca de su música sería una perogrullada. Vengan, impresiónense: hagan click aquí y vean la discografía de Steve Gadd que aparece en su página web.

Abstrayéndonos de toda esa historia incomensurable, lo que anoche impresionó muchísimo fue su contundencia y la profundidad de su toque por un lado, el arte insólito que demuestra tocando con las escobillas, y la genialidad musical a la hora de co-construir con los demás músicos. Algo de todo lo que me impactó fue cómo al final de los solos de los otros músicos él tocaba los compases más maravillosos, justo cuando todos estaban aplaudiendo al solista. Sería fascinante poder extraer todos esos grupos de pocos compases y repetirlos hasta el infinito. Gadd también se apiadó de nuestra desesperación por tener el mayor contacto posible con él y presentó uno de los temas, transmitiendo también el mismo espíritu de comodidad que Chick Corea. ¡Impresiona que se muevan y hablen como seres terrenales! Porque en realidad todos sabemos que ni son de este planeta ni de esta galaxia.

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Foto: Ricardo Gómez

Al final del toque muchos coincidimos en que el show pareció de veinte minutos. Qué corto que se nos hizo, a pesar de haber durado lo normal.

Sobre el final, Corea nos invitó a cantar breves melodías. El 90% de la audiencia eran músicos, así que, gracias al cielo, a pesar de la típica timidez uruguaya, cantamos y creo que se puede decir que cantamos bastante bien.

Este será uno de los shows que comentaremos durante muchos años, cuando nos juntemos con amigos melómanos. Algunos, con orgullo, diremos: “Yo lo vi ¡dos! veces”. Y el otro en la conversación tendrá que detenerse un segundo y evaluar si estamos hablando de Corea o de Gadd. En lo personal, y disculpen la fanfarronería, estaré hablando de los dos.

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Foto: Ricardo Gómez

 

Para ver el álbum completo de fotos, de Ricardo Gómez, hacer CLICK AQUÍ

 

 

 

Joni Mitchell

Joni-Mitchell-photo-by-Dan-Beach

Foto: Dan Beach.

 

A través de vericuetos asociativos, hoy volví a escuchar a Joni Mitchell y me está resultando tan pero tan adictiva que intentaré la estrategia de escribir una entrada, a ver si logro soltarla.

Este es el tema que suena por aquí ahora:

 

¡Qué mujer tan especial, por favor! Su música me viene acompañando desde ¡hace 29 años! Y en todo ese tiempo, siempre me ha pasado lo mismo: si hago sonar alguna de sus canciones, luego no puedo parar de escucharla.

Siempre se dice de ella que fue revolucionaria en usar la voz como si fuera un instrumento más. Es cierto, pero asombra con la maestría que lo usa.

 

 

Me quedo pensando que las dificultades que enfrentó en su vida personal solo pueden haber contribuido con toda esa carga emocional que nos llega al escucharla. [Si aún no lo hiciste, te recomiendo ver la documental “Woman of Heart and Mind”.] Aunque no entendiéramos una palabra de sus letras, la emoción que se recibe es gigante, en cada nota que sale de su garganta y en cada nota tocada por ella en la guitarra o en el piano. En una misma canción me llega tristeza, ilusión, esperanza, enojo. Me llega su inocencia y su madurez, su fuerza y su fragilidad, su disposición a los otros y su encierro en sí misma.

¿Cómo será que las notas pueden llevar toda esa información? ¿Será que viene con la vibración del sonido o será que recibimos, de algún modo misterioso, la propia emoción del cantante, atravesando espacio y tiempo?

Pasé recién por Wikipedia a ver su discografía. Su producción es algo bestial. Copio y pego:

Álbumes

Singles

(Wikipedia)

Y fue también ahí que me enteré que la insólita variedad de sonidos está dada por la afinación abierta de la guitarra y no tanto por la complejidad de lo que tocaba. Eso para mí es una sorpresa. Siempre me imaginé que ella generaba acordes y melodías con una libertad bestial. De todos modos sí que lo logró, pero con otro sistema, con afinar la guitarra de maneras diferentes.

En fin… faltaba Joni en este rinconcito atresillado.

 

Xa compartir belleza: Galemire

Tierra llamando a Atresillados… ¿queda alguno por ahí? Me sospecho que no, pero igual hago el intento. Como decía Wayne Dyer: “Nunca nos arrepentimos de lo que hacemos. A menudo nos arrepentimos de lo que no hicimos”.

Hoy ando arrepentida de no haber ido a ver más seguido a Galemire. De hecho lo fui a ver cuando todavía no podía valorarlo en su justa medida… allá por los años 88 – 89 – 90, algo así. Con 18 ó 20 años todavía me faltaba vivir alguna cosita para que resonara en mí su belleza.

Ir a verlo en vivo ya no me es posible, porque tuvo la mala idea de cambiar de plano muy temprano. A pesar de todo, por fortuna, Youtube me permite deleitarme con esta belleza y sentí ganas de compartirla por acá.

 

Un abrazo en forma de

tresillo

Espero que anden muy bien,

Patricia

 

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