Información infiltrada: taller on-line de Intro a la Meditación

Hola atresilladillos:

Podrán apreciar que hoy pego un salto cuántico en el tópico de mi publicación. La razón es sencilla: estoy promocionando esta belleza de taller on-line y no quiero que ustedes se queden sin saberlo.

Por supuesto esto proviene de uno de mis otros mundos, que ya saben que tengo varios.

Si es que hay alguien del otro lado leyendo: va un abrazo.

Patricia

Introducción a la Meditación (on-line)

 

¿Cuánto te simplificaría hacer el Taller Introducción a la Meditación desde tu casa, en el horario que prefieras?

¿Qué tan valioso sería eso para ti?

¡Tus deseos se acaban de hacer realidad! ¡Sí! ¡Sí!

Y yo estoy súper feliz de poder ofrecer este taller introductorio en forma on-line.

El lanzamiento será el lunes 8 de mayo de 2017

Adquiriendo el Taller de Introducción a la Meditación recibirás:

  • Un primer video explicativo, con recomendaciones generales.
  • Ese mismo día recibirás un segundo video, de 1 hora de duración, con la primera sesión del taller y un archivo PDF con el resumen de la misma.
  • Una vez por semana, durante 4 semanas más, recibirás un nuevo video con una nueva sesión y su correspondiente archivo PDF.
    • Cada sesión incluye:
      • Un ejercicio de relajación
      • Un ejercicio de mayor conocimiento de nuestro cuerpo energético
      • Un ejercicio de meditación
  • Acceso durante 3 meses al grupo de Facebook “Meditadores”, exclusivo para los concurrentes a mis talleres de meditación y a las prácticas de meditación, donde compartir tu experiencia con otros que están recorriendo tu mismo camino.
  • Una sesión individual por Skype, de 30 minutos de duración, en la que podrás preguntarme personalmente cualquier duda que puedas tener.

La dinámica está propuesta como para que tú practiques lo recibido en cada video durante todos los días de la semana, y que al llegar el segundo video, ya tengas el paso previo incorporado.

El precio para obtener acceso al taller completo, incluyendo las 6 horas de video, los PDFs correspondientes, el acceso libre al grupo “Meditadores” y la sesión de 30 minutos de sesión individual por Skype, es

$ 2.000 (pesos uruguayos) o

US$ 70 (dólares americanos)

Como te decía, el lanzamiento es el lunes 8 de mayo de 2017. Y como estoy súper feliz con mi primer lanzamiento on-line, voy a hacerte una propuesta imperdible:

Si adquieres el taller ANTES de esa fecha, o sea, hasta el 7 de mayo de 2017 inclusive, podrás acceder a él por

$ 1.700 (pesos uruguayos) o

US$ 60 (dólares americanos)

Este es el precio que le he puesto teniendo en cuenta que quiero que todos puedan dar este primer paso. El valor de lo que obtienes con este taller es incalculable en verdad.

Párate un segundo a calcular el valor real de lo siguiente:

  1. Incorporar a tu vida diferentes técnicas de relajación y de conexión con el aquí y ahora
  2. Aprender a percibir y reconocer el estado de tu cuerpo interno, de tu cuerpo energético
  3. Reconocer los bloqueos energéticos y eliminarlos
  4. Revitalizar tu cuerpo físico, mental, emocional y energético con una sola herramienta: la respiración
  5. Practicar tres modos diferentes de meditación, que desde el primer día te otorgarán:
  6. Más claridad mental,
  7. Más bienestar emocional,
  8. Más vitalidad,
  9. Un gran entusiasmo por reconquistarte a ti mismo y descubrir nuevas formas de sentirte y vivirte.

Y esto es solo la punta del iceberg, te lo aseguro. Cuando hayan pasado unos pocos días de practicar los ejercicios propuestos, empezarás a experimentar todo tipo de mejoría, que puede incluir una disminución del apetito causado por ansiedad, un deseo de alimentarte mejor, un mejor descanso nocturno, mejor toma de decisiones y un aumento en tu intuición y tu creatividad.

Aquí debajo te dejo dos videos de obsequio. En el primero te cuento acerca del enfoque que tiene el taller (práctico, práctico, práctico) y en el segundo comparto contigo un hermoso descubrimiento y cómo lo estoy aplicando en mi vida y en mis meditaciones.

Pero antes de que vayas a ver estos videos, déjame contarte la logística para adquirir el taller.

  1. Me envías un e-mail a pazenmentecorazonycuerpo@gmail.com o directamente AQUÍ.
  2. Te respondo con las formas de pago posibles.
  3. Luego de la confirmación del mismo, y a partir del 8 de mayo, recibirás en tu e-mail todo el material, con separación de una semana cada vez.
  4. Si lo deseas y en el momento que tú lo desees (dentro de las 5 semanas de duración del taller), coordinamos un encuentro por Skype para evacuar todas tus dudas directamente conmigo.

No te preocupes si vives fuera de Montevideo o inclusive fuera de Uruguay, pues igual puedes adquirir el taller. Justamente lo que más me fascina de este proyecto es saber que les estoy dando una solución a todas esas personas que viven lejos, o que tienen horarios diferentes, o que prefieren estar más tiempo en sus hogares por razones varias.

Ahora sí, te dejo los dos videos.

Con mucho amor,

Patricia Schiavone

Hoy es 25 de abril de 2017

Disfrutar del disfrute de cantar

Vengo de presenciar algo que me dejó el alma tibiecita, así que es mejor compartirlo. Hoy los alumnos de La Escuela de la Voz hicieron una muestra de fin de cursos ante sus familiares y amigos.

La invitación de La Escuela es a cantar y a pasarla bien, a mejorar las habilidades de canto y a divertirse, y hoy quedó clarísimo que ambos objetivos se logran por completo.

La tarde arrancó con los más chiquitos, que fueron los que menos nerviosos llegaron. Se subieron al escenario como si lo hicieran todos los días y disfrutaron a pleno de cantar su repertorio. Fue genial verlos bailar al compás de la música y vivir esa instancia como un auténtico equipo y con muchísimo disfrute. La profe a cargo, Ximena Bedó, me maravilla por su compromiso y por cómo logra tal concentración con este alumnado tan pequeñín. Verlos y escucharlos a ella con su grupo fue un deleite musical y humano. Algunas caritas mostraban que estaban muy concentrados para hacer todo lo mejor posible, otras que aquello era completamente natural y que se disfrutaba a pleno. Aunque no era posible adivinarlo, hubo niños que practicaron todo el año y otros que hace muy poquito que se incorporaron. Lo que se percibía desde la audiencia era que el grupo estaba muy, muy unido y que todos estaban para colaborar con la misma causa: cantar y disfrutar mucho, haciendo algo bello entre todos.

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En la segunda parte de la noche cantaron los alumnos adolescentes y los adultos. Hay algunos alumnos que tienen una voz privilegiada en la potencia, otros que tienen una voz especialmente dulce, otros que transmiten una enormidad, algo que resulta sorprendente para su corta edad o para su corta experiencia con el canto. Fue muy bello ver con el cariño que los acompañaron sus profesores: Diego Cotelo, Elena Ciavaglia, Ximena Bedó y Yaneya Salabarria. La feliz participación de Pablo Gularte (guitarra) y Luis Mercader (cajón y armónica) le puso aún más alegría y ritmo a la despedida de año.

Solemos decir que todos somos especiales pero ¿lo entendemos cabalmente? Verlos, uno a uno, y escucharlos, dejó esto en evidencia absoluta. Entre los alumnos hay historias de vida que son impresionantes y verlos defender su canción en el escenario con toda la convicción y con toda la garra del mundo, conociendo algunas de sus historias y esfuerzos, fue muy conmovedor pensando en ellos individualmente. En tanto grupos, lo más emocionante fue ver cómo los alumnos se apoyaron unos a otros y la camaradería especial que existió entre todos, alumnos y profesores, a lo largo de una noche que se disfrutó muchísimo.

Las edades de los alumnos que cantaron hoy van de cinco a setenta y pico. A todos los une el mismo gozo por la música y la misma ilusión de compartir ese disfrute con sus más allegados. Me saco el sombrero ante todos y cada uno.

Así como quizás no sean tan evidentes las historias detrás de cada persona al cantar, tampoco es tan evidente todo lo que sucede detrás para que algo así pueda suceder. Mozos acomodando mesas desde temprano, el sonidista enchufando cada micrófono y colocándolo en lugares estratégicos, un cocinero trabajando a doble marcha por circunstancias bellas de la vida, una presentadora de lujo que viene cuidando cada detalle desde hace mucho tiempo con una gran dedicación y amor, muchos mensajes de whatsapp mencionando nervios, preguntando horarios y compartiendo una complicidad bellísima de aquello que se hace por placer.

Como espectadora me dediqué a disfrutar del disfrute de todos ellos. Les agradezco profundamente por haberme permitido ser testigo de la belleza de disfrutar de la vida a través del canto y del aprendizaje del canto. Me llegó con mucha más profundidad de la que soy capaz de expresar aquí y ahora. Hoy se me ensanchó el alma con esta muestra de amor, de alegría, de perseverancia, de esfuerzo, confianza y generosidad y me impactó bellísimamente la diversidad humana compartiendo un camino común.

Y mañana vamos por otra experiencia similar, de la mano de Carmen Pi y Mariana Labrada.

A seguir disfrutando con el disfrute de cantar.

 

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Soleo de Ximo Tébar

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Ximo Tébar Soleo. Foto tomada de ximotebar.net

Hacía meses que este CD estaba esperando que yo tuviese el tiempo para escucharlo como sospechaba que se lo merecía. Cuando un disco físico llega a mis manos me gusta dedicarle mi atención y escucharlo verdaderamente, como una unidad indivisible. Soleo por suerte me tuvo la paciencia necesaria y hoy, finalmente, nos encontramos en ese espacio sonidos-oreja-alma que sigue resultándome mágico.

A Soleo lo crearon Ximo Tébar (guitarra y voz), Orrin Evans (piano), John Benítez (bajos), Donald Edwards (batería) e invitados (Santi Navalón, Ramón Cardo,Ricardo Belda, Claudia Tébar y Fernando García). Toda su música está compuesta por Ximo Tébar, excepto el tema Nardis, por supuesto de Miles.

Gracias al amigo Pepe, Ximo y su estilo no me es del todo desconocido, pero Soleo me llevó a lugares nuevos, disfrutables al máximo. Les contaré un poco, con la esperanza de que si alguno de ustedes también lo escuchó, comparta a su vez conmigo lo que sienta compartible. Según mi punto de vista, así se disfruta más.

El disco abre con el tema “Jaco Opus Town” (tributo a Jaco Pastorius). Esta me resultó una puerta de recepción a Soleo animada y cuidada. Para mi disfrute, arranca con la batería, siguen unos unísonos instrumentales a los que de inmediato se suma la voz. Amo los unísonos entre los instrumentos y amo los unísonos de instrumento(s) y voz. Se genera algo especial en mí cuando los escucho. ¿Será que las células se alinean vibratoriamente con ese conjunto sonoro? Sospecho que hay algo de eso. Al ánimo alegre lo acompaña la buena nueva de que los volúmenes están preciosamente balanceados y es posible escuchar cada instrumento de la mejor manera durante todo el disco. Agradecí que el tributo fuera en este ánimo de alegría. Todos amamos la música de Jaco y es bueno poder recordarlo con una sonrisa respetuosa en el corazón.

El segundo tema es “Soleo”. La guitarra transmite una dulzura impresionante y una profundidad especial, pero no nostálgica sino fresca y juguetona. Es un tema que me puso en un lugar emocional bonito, en un lugar tranquilo pero curioso. Hay un solo de piano lindísimo y las voces tienen un papel especial. Este tema tiene la peculiaridad de que los instrumentos tocan bastante rápido y sin embargo el sentimiento general es de calma y parsimonia, que me parece que es generado por las voces y el fraseo de los instrumentos.

“Luna llena”es un tema instrospectivo, con aire de bossa nova, con aroma a noche de verano. Lo sentí un poco diferente en carácter a todos los otros temas. Quizás el ingrediente faltante sea la alegría. Lo que me llegó a mí con estos sonidos fue una sensación de aplomo, de aceptación madura. ¿De la vida? Quizás.

Sigue una versión muy interesante de “Nardis” al estilo “son mediterráneo”. Tiene esa impronta vívida y alegre de Ximo, con elementos del jazz y del flamenco por igual. Por momentos una se traslada a los años 50 y 60 en Estados Unidos y por momentos se nos representa una bailaora de flamenco. Un homenaje a Miles Davis siempre es bienvenido y nos hace sentir en terreno familiar. Bueno, en este caso es un terreno familiar y completamente nuevo a la vez, que a mí me resultó una aventura atrapante.

“Soliloquio” está dedicada a la memoria de George Duke. Yo destaco la dulzura y el cariño de todos los sonidos de Soliloquio. Además de la guitarra, me llamó mucho la atención la batería, pues parece acariciada. Marca perfectamente el pulso y hasta con decisión, pero a pesar de ser con palos y no escobillas, Edwards logra que quienes estamos de este otro lado del disco nos sintamos acariciados… surge mucho amor de ese instrumento percutivo.

En “Tarantza”se introduce el saxo (de Ramón Cardo) y elementos musicales que recibo como árabes. Es aquí donde observo que mi cuerpo nunca escuchó algo parecido y se me genera toda la curiosidad de escuchar más por este lado. Me gusta mucho esta composición y cada uno de los instrumentos forma un todo muy bello. Hay un alto dinámico por el minuto 8 y un retomar interesantísimo, que creo que es digno de experimentar como oyentes.

El último tema es “Son Mediterráneo”. Cuenta con la participación de Ricardo Belda en el piano, que es el que nos regala las notas iniciales: una invitación a abrir el corazón, a entregarnos a la experiencia sonora, que supe aceptar sin titubeos. Luego piano y guitarra se entrelazan con muy buen gusto, sin apresuramiento, sin urgencia, con certezas que se sienten muy bien. Después de esta introducción hermosa, el tema se sigue desarrollando, incorporando todos los elementos que se percibieron antes en cada tema del disco y es un verdadero gozo permitirles a estos sonidos que se apoderen de una.

Cada tema de “Soleo” tiene su peculiaridad que lo hace una contribución importante a la obra entera, que me parece un disco con enorme buen gusto, con mucho cuidado y cariño; con una combinación hermosa de dulzura, alegría y belleza.

Da la impresión de que quienes participaron en Soleo pusieron mucho más que su virtuosismo musical. Es un disco que transmite amor y respeto hacia la música y hacia la audiencia.

Desde este rinconcito escondido en Uruguay me gustaría darle las gracias a Ximo Tébar por haber creado este disco que me ha parecido un regalo hermoso.

 

“Simpler Times” CD, by Chester Thompson Trio

Today I felt this urge to let all of you know about this record because I absolutely loved it from A to Z. So, here I am. Hopefully you’ll follow my advice, purchase the CD, and tell me whether you agree with me or not. I wholeheartedly promise you will thank me!

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“Love is the only force capable of transforming enemy into friend”, says a graffiti on the wall next to the musicians in one of the CD pictures (see below). While listening to this piece of art, the feeling one gets imbued with is clearly love, universal love. This is probably the utmost contribution a group of musicians can make to humanity.

 

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This wonderful record has a wonderful-feeling name: “Simpler Times”. How does that feel to you? Yeah, I thought so.

The first two songs were written by pianist Joe Davidian. When playing first track “Elation”, one would easily think the trio is Brazilian. Learning Chester Thompson’s favorite rhythm is samba came as a big surprise to me. Well, this track sounds so Brazilian that it amazes to know musicians are from the U.S.! This song makes life seem easy, simpler than it really is, probably happier too. From this very first moment, something that called my attention was how the three members of the trio, being of different ages, can blend so masterfully. In fact, I think Thompson plays as if he were twenty years younger and the pianist and bass player sound much more mature musicians than their age would suggest. The three of them are virtuosos but their mastery of music and instruments are undoubtedly put at the service of music in this record. If you have read the interview I published some months ago, you’ll probably have the same perception I had: that the three of them are really, really listening as if they were in the audience. There is no hint of ego anywhere and the general feeling is of collective joy and collective creation. I guess that’s the reason why when I listen to this record I feel universal love emerging in me.

The co-creation among the three musicians in track number two, “You Are Sid” is so, so great! You have to listen to it! There is no way you miss having this experience if you are a music lover. This song is mostly jazzy, but it also has some hints of Brazilian feeling in it, probably given by the place where stress of phrases is. Its rhythm is jazz, though, and at this point one feels grateful for the trio formation. All notes are clearly heard and one can actually enjoy the three so distinct and so complementary sounds. How they co-create what happens here is out of this world, really.

“Joy Waltz” is a jubilant song by bass player Michael Rinne. Again, the three musicians make a wonderful piece together. There are great solos of the piano and the bass which are really enjoyable. I was elated by the choices of Chester Thompson when accompanying both the bass and the piano solos and by the magic he does with his cymbals. He plays them extremely lovingly, softly, yet so well defined. At times he chose to repeat what the bass was saying, sometimes he is highlighting one only note, creating a very distinct feeling, sometimes he fully underlines what is being said by the other two, but everything is done with such respect for music as a whole that the final result is remarkable. The bass sounds much more mature than it is logical to expect, with a superb feeling and sound, and the notes in the piano have a very crystalline quality, super well defined and beautiful.

Track 4 is beloved song “Naima” (by Coltrane). Kirk Whalum’s participation is most important in this track, which takes you to simpler times very easily. While listening to it, images of calm moments of my life kept coming. For example, one special afternoon that I spent reading a book about Kind of Blue at some wonderful flat facing the river. That afternoon I felt so much like time travelling to 1959. Well, this version of Naima took me in that same direction. I loved it, loved it, loved it. Again, his cymbals!!! Thompson transmits something very, very special through cymbals. There is something very lively with his hi-hat, and something really, really sweet in his playing of the other cymbals. His grooving is magical and the last sustained note by the bass and the sax is definitely a brilliant ending for this masterpiece.

Well, then comes “Desafinado”. How on Earth did they get the idea of changing its metric? That was such fantastic creative choice. Arrangement of this track is credited to Michael Rinne, so I take my hat off to his choices. This version sounds much more alive, much more interesting than the many versions I’ve heard of this song before. In my opinion, this trio really nailed it with this version. Again, Thompson’s co-creation of the bass solo is amazing, with so much gentleness and so lively, so musical… I fell in love with this version of this song. And the piano sounds so Tom Jobim here! This is a really great version.

“A Remark You Made” (by Zawinul) is a song that makes me so nostalgic of the early times when I first listened to Weather Report. It’s one of those songs that I’ve made mine, somehow. The piano in it is an absolute delight. The hi-hat in this song is a thrill. Due to my love for drums, I often linger my ear in the percussion section of tracks. By doing so in this one, I got a blissful sense of freedom when focusing on the hi-hat sounds. Another marvel is the double bass sound when played with the arch. And the bass keeps surprising me with its experienced sound and feeling.

“Better Get it in Your Soul”‘s version is so enjoyable. In Charles Mingus’ original version, to my taste, notes are a little too dense… like bumping into each other, or accumulated in a somehow disorderly way. However, in this Chester Thompson Trio’s version everything is clearly heard and savoring it is easy, wonderful. This is such an uplifting track! The double bass contribution is really fantastic here and the joy in the drumming is heart-warming. The piano in this track called my attention for its double quality of rhythm and melody so well unified, at the time that it creates a different, new atmosphere that feels so, so good. This is a track which had everything to become aggressive, yet it is sweet and happy.

“Serenity”, by Joe Davidian, drives us again to Brazil. I don’t know what relationship Davidian and Rinne may have with Brazil, but they seem to have listened to a lot of Brazilian music and they certainly took lots of it in with mastery. Although it is a calmer track, it is still joyful and uplifting. Those two are probably the better defining adjectives for this record. The ending notes are again a delight!

“Simpler Times”, by Rinne, should be the trio’s hit. Groovy, lively, an invitation to dance. If I loved the hi-hat in other tracks, the snare and toms fully hooked me in this one, and the whole co-creation among the three musicians. This is a song that is found live in Youtube. Go for it but there is no possible comparison of sounds with the CD. This CD is a treat worth having on our shelves.

The version of Cole Porter’s “So in Love” surprised me in the same way as Desafinado did. It’s super good. I loved the bass attitude and attack in this song. It’s as if the bass became especially lively in this song. Music becomes a perfect mix of jazz and Brazilian music, which ends up being a real delight. In this track I felt the need to bow at Chester Thompson’s amazing drumming experience, which transpires in this kind of musical gem.

“New Life”‘s calmer quality is greatly received after the increase in excitement of the previous tracks. This is a track where kindness and sweetness emerge in a very special way. It feels soothing and warm. I welcome it with much gratefulness. I ended up dancing with it. I think that’s the best thing a song can cause: the will to move, to dance, to accompany it somehow.

“Single Source” is the last track and one of the most uplifting ones from this beautiful record. When it finishes, you want to play the CD again!! This song in particular sounds amazingly young and mature at the same time. I think the mixture of ages and experiences shows here in a very special way. Sounds from this track reach several different memories and mechanisms inside… as if several worlds would suddenly become together. I cannot explain it better than that, but it’s a weird and very nice feeling.

What a wonderful CD “Simpler Times” is. I’m so very grateful to have become curious enough to really listen to it. I encourage you to do the same. Let me help you with the links where you can find it either for purchasing its digital version or its physical one:

CD Baby: http://www.cdbaby.com/cd/chesterthompsontrio2

Amazon: https://www.amazon.com/Simpler-Times-Chester-Thompson-Trio/dp/B0176Q47SQ/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1477273227&sr=8-1&keywords=simpler+times+chester+thompson+trio

A final note: Joe Davidian grew up in Vermont. He started studying classical music, then was introduced into jazz by his father. He’s been a teacher since he was very young and he is a professor at Belmont University, in Nashville, TN. Michael Rinne was born in Arkansas, but currently lives in Nashville, too. Both Davidian and Rinne have recorded with several well-known artists and toured nationally and internationally. Chester Thompson’s impressive music career includes his collaboration with Frank Zappa, Weather Report, Genesis, Phil Collins and a very long list of other musicians he has played and recorded with (I was really surprised when I learned–from Hugo Fattoruso–he had even recorded with Hermeto Pascoal). He currently teaches drums at Belmont University. He is widely known by his versatility to play all styles of music. I would like to add that his creativity, independence and how he surprises us with his choices when playing is something really amazing.

PS: Spanish version of this review will be coming as soon as possible. This one naturally came up in English first.

Manu Katché presentó “Unstatic” en Montevideo

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Foto: Ricardo Gómez

 

El cuerpo entero sigue vibrando por más que hace ya un buen rato que terminó el conciertazo alucinante que tuvimos la suerte de poder presenciar hoy de noche en la Sala Zitarrosa. ¡Qué experiencia fantástica!

Ya cuando iba llegando a la sala sentía ese asunto inexplicable que anticipa un toque memorable. Por un lado, el corazón va más acelerado y por otro, se percibe como algo en el aire. La sensación aumentaba a medida que se acercaba el comienzo y para cuando las luces se apagaron, a mí me daba la impresión de que algo verdaderamente grande iba a suceder. Se respiraba; se percibía. No me equivoqué.

La música comenzó con Nino Restuccia (contrabajo) y Marcos Caula (guitarra) tocando tres temas bellos, calmos, que llegaban profundo y que hicieron un gran papel en ayudar a centrarnos y dejarnos completamente abiertos y receptivos a lo que vendría después. Vaya desafío que es comenzar un toque con un contrabajo. Estos dos músicos uruguayos tocaron tres temas con una gran delicadeza y musicalidad. Fue particularmente hermoso y dulce, sin prisas, sin nervios, con mucho disfrute y presencia. Quien haya elegido a estos teloneros, tuvo una excelente idea.

Luego de un impasse que volvió a elevar un poco el nivel adrenalínico, comenzó a sonar una base alegre, rítmica, y emergieron en el escenario y fueron poniéndose en sus puestos: Tore Brunborg (saxo), Luca Aquino (trompeta), Ellen Andrea Wang (contrabajo) y Jim Watson (piano y teclados). Unos segundos después entró el Maestro Manu Katché… Y comenzó la diversión con la contundencia y certeza personificadas en este baterista grosso.

El primer tema fue lo más groovy que pueda imaginarse, con los dos vientos sonando a pleno, el bajo con toda la polenta, el piano alucinante. Y la batería. A ver… ¿por dónde empezamos?

Empecemos por la sonrisa de Manu Katché. ¡Estaba feliz!!!! Y nos contagió a todos la felicidad increíble que traía encima. Desde la fila 19 me sorprendió cuán atrás agarra sus palos y cómo estos se ven como extensiones flexibles de sus brazos y manos. Ciertamente es de los bateristas que usan la gravedad a su favor y es un deleite ver esos palos ondear en el aire.

No habían pasado más que unos compases y ya se sabía que sería un toque para bailarlo de principio a fin. Si bien no podíamos hacerlo con los pies, sí que lo hicimos con el corazón.

En el segundo tema me fascinó cómo dejó sonar las notas ese segundo extra tan pero tan bienvenido desde la butaca. A esta altura parecía que la batería estaba un poquitín más fuerte que los demás instrumentos, cosa que a algunos nos asustó, pero ya para el tema siguiente los volúmenes quedaron divinamente amalgamados y el show sería una lección de musicalidad para todos.

El toque de Manu Katché es juguetón, atrevido, impulsivo, enérgico, alegre, increíblemente vital y completamente vibrante. Para quienes investigamos un poco en las elecciones de apoyos: los crashes y apoyos varios tendieron a ser o bien en un tiempo 3, o en un “4y”, etc… con lo cual estábamos todos expectantes, alertas, bien despiertos… gozados. Pero lejos de tocar todo “al palo”, Manu dio cátedra de matices: el bombo súper definido y por momentos a un volumen hermosamente alto, por momentos su toque fue increíblemente “chiquito”, incluyendo unos bombos a una velocidad increíble y a un volumen casi de caricia… y cada tanto un latigazo divertido, estimulante, impactante.

Lo que tocó con las escobillas es un caso aparte. La cosa más creativa que se puedan imaginar, lo más dulce y lo más sensible del mundo. Es bien interesante cómo su toque con las escobillas también es tremendamente vibrante y enérgico, y dulce a la vez.

Me encantó cómo en alguna balada, que en principio uno esperaría que el baterista “haga molde”, Manu se divertía metiendo asuntos inesperados pero que resultaban completamente musicales, como ser un montón de notas juglarescas en el charleston, o un par de notas en los toms (¿a tierra? Jajá, ¡jamás!). Qué deleite de toque. Un verdadero placer musical, donde la batería tenía una libertad que pocas veces tiene. Evidentemente esas son las bondades de que el baterista sea el líder de la banda y ¡bien que se lo merece este monstruo! Y cómo se le agradece que se dé estos gustos… porque somos muchos los que disfrutamos como locos de su diversión.

Pero no quiero pecar en algo: si bien mi foco indefectiblemente se va hacia la batería, y hoy en particular más que otras veces, quienes estuvimos hoy en la Zitarrosa podemos coincidir plenamente en dos cosas: por un lado, que fue un toque enormemente musical, donde todos los músicos tuvieron un protagonismo importante. Por otro, que el nivel musical de todos ellos es enorme y que fue una hermosura total lo que tocó cada uno. Cada uno tuvo sus momentos de protagonismo y creo que hablo por todos cuando digo que uno no podía aplaudir a ninguno luego de un solo pues no se quería perder ni una nota de lo que seguía después. De todos modos hubo algún momento en que era imposible no estallar en aplausos, pero la mayoría de la noche aplaudimos solo al final de los temas.

Creo que lo que marcó el perfil de la noche íntegra fue la gran presencia de cada músico y su instrumento, la enorme confianza de cada uno de ellos, y las muchas horas de ensayo que estos músicos seguramente tienen juntos y que se traducen en esta comodidad y diversión total.

Cada uno de los músicos nos regaló una enorme dulzura, una claridad cristalina en el sonido de sus instrumentos, una musicalidad arrolladora y una actitud maravillosa de entrega y respeto, tanto por su creación como por la instancia que estábamos compartiendo. Fue un enorme regalo el que nos hicieron esta noche con el sonido hermoso del saxo, de la trompeta, el bajo y el piano.

La música fue tan atrapante durante toda la noche que por más que parezca extraño, ni siquiera esperaba un solo de batería. Los otros músicos sí habían hecho ya sus propios solos (por cierto, muy, muy bellos todos) pero la bata no, y sin embargo no era algo que yo estuviera esperando. Pero no les voy a mentir… cuando al segundo bis se apagaron todas las otras luces y quedó Manu Katché bajo los focos plateados, el corazón arrancó a galopar. Tocó un solo muy, muy hermoso, que fue un divino remate.

Nadie quería dejarlo ir… pero, bueno, dijo que le gustaría volver en un par de años. Ojalá así sea.

 

Magia Ibarburense en formato de CD: Ultramarino

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Foto: Florencia Veres

El Trío Ibarburu: Andrés en el bajo, Nicolás en la guitarra, Martín en la batería, junto con Juan Pablo Di Leone en armónica y flauta se mandaron tremenda presentación del disco “Ultramarino” en la Sala Hugo Balzo, el día 29 de julio. Tocaron todos los temas de este último disco y también algunos de “Huella Digital”.

El aplauso del público al terminar el primer tema, y el segundo, y el tercero, duró lo que normalmente dura un aplauso al final de un concierto. Su música es algo descomunalmente bella a lo que se le agrega un cariño enorme por parte del público. Son queribles por su calidez y por esa sencillez y humildad que no deja de asombrar.

Entre el 29 de julio y hoy, 25 de agosto, una sucesión de hechos me fue impidiendo escribir esta reseña. Hoy finalmente encontré el momento perfecto. Sin embargo constaté, con gran desilusión, que la grabación ayuda-memoria en la que confiaba para este relato trasnochado decidió no existir.

Ante esta circunstancia, me quedan dos opciones: una, dejar la página en blanco; la otra, hacer una reseña del disco en sí. Con cierto atrevimiento, opto por la segunda, con la esperanza de animarlos a buscarlo y escucharlo, porque es, de veras, un disco esencial y demasiado hermoso como para pasar por esta vida sin conocerlo.

El universo “Ultramarino” está constituido por 9 galaxias, que se llaman: Membrana, Komora, Otro mar, Neurology, Mandala, El zorro, Nuevas cuerdas, Snorkel y Para rumbear mi camino. En los nueve temas se oye algo nuevo, que complementa perfecto lo que ya conocíamos de ellos: un saboreo más pausado de los sonidos y una maestría muy particular en cuanto a cómo los sonidos comparten y conviven en ese espacio multidimensional. Hay menos urgencia y hay en general menos cantidad de sonidos que antes y un arte aumentado en cuanto a la creación musical en su totalidad.

Membrana es una composición de Nicolás que tiene una magia increíble. Lo más sano para hacer con la música es sentirla y no describirla, pero haré mi intento de explicar lo que en esta canción me hizo sentir especialmente feliz. Este tema podría tomarse como ícono de lo que constituye a estos músicos y sus influencias. La canción tiene en igual medida carácter de candombe, de folclore y de jazz, y es en cinco tiempos. Además, tiene un ritmo marcado y simultáneamente una melodía dulcísima que comparten entre la guitarra y la armónica. En la entrevista que pudimos hacer antes del toque, contaron que no fue una búsqueda consciente la de conjugar todos esos elementos; la aventura de Membrana sí estuvo guiada por los cinco tiempos pero el resto emergió simplemente porque es su esencia, y ya sabemos que solo puede surgir a la superficie aquello que se posee en el interior. En este tema Nicolás toca guitarra eléctrica, también con ebow, y acústica. Los sonidos que logra él con sus guitarras y la combinación de ellos con la armónica de Juan Pablo son un deleite melódico, que cala tan profundo que emociona muchísimo. A su vez, la conjunción de Nicolás con Martín en especial pero también con Andrés en cuanto a la intención de cada apoyo, de cada corte y de cada arreglo es perfecta. El si se quiere “contraste” entre el agudo de la armónica y las guitarras y la profundidad de los toms de la batería es algo bellísimo. Eso y que ninguna nota topa a ninguna nota. No hay ni por un instante una insistencia ni petulancia por parte de ninguno de los instrumentos. Cada nota está en su sitio, compartiendo el espacio ese, multidimensional, y juntas, en perfecta armonía de presencias, crean esta belleza extraordinaria. Me parece especialmente llamativo que las frases musicales están verdaderamente co-construidas por todos los instrumentos. Algunas son rematadas por el redoblante o algún tom de la batería, otras por el bajo. Por supuesto que la guitarra y la armónica también, pero eso es más esperable. Lo de que frases que comienzan dichas por la guitarra o la armónica terminen de decirse por el bajo o la batería es algo que me resultó maravilloso. Hay una musicalidad aquí que supera cualquier cosa que yo haya escuchado en mi vida.

Komora es una composición de Andrés, extraordinaria. Arranca con el charleston de la bata y la guitarra y por esos instantes una siente, auténticamente, que no hace falta nada más. Suena hermosa esa dupla hasta con algo tan minimalista. Luego se transforma en la antesala perfecta para que cuando entra el bajo, una casi se quede sin respiración. Cuán bello suena ese bajo. ¿Y cómo puede a la misma vez ser el ritmo y ser la melodía, haciendo tan hermosas ambas funciones? Otra cosa que se disfruta desde el primer instante es el balance de la batería en los dos canales. Está muy bien grabado y no sé si es solo por mi chifladura natural pero que la batería se administre de esa manera entre el canal derecho y el izquierdo a mí me dio la sensación de algo cuatridimensional (las 3D que conocemos tan bien y una dimensión extra que incluye esa otra cosa que se genera en este disco). El diálogo entre la bata y el bajo en este tema es impactante al comienzo. Después entra con más garra la guitarra de Nicolás y una ya no sabe cómo hacer para poder absorber todo eso y no perderse detalle. Nicolás solea y el mundo se detiene. A eso hay que agregarle que el bajo y la bata siguen haciendo una magia impresionante y auténticamente dan ganas de pasar el tema en cámara lenta. Entonces los demás achican un poco y Andrés se manda un solo hermosísimo. Y cuando ya se siente que aquello es demasiado, Martín nos regala un solo de su instrumento mágico y el mundo no puede ser más perfecto. El charleston en este tema me deleitó. En esta pista Agustín Ibarburu toca “monotron”, que lamentablemente yo no pude diferenciar. Me recuerda a la época en que, decenas de años atrás, no era capaz de diferenciar el sonido del bajo. El observador crea su mundo según los recursos que tiene. En lo personal por ahora me faltan recursos para poder identificar al monotron.

Otro mar es súper alegre, súper para arriba. El candombe sigue diciendo presente y fusionándose con el jazz. En la tapa dice: “Cuando nos juntamos en Praga por primera vez, Nico completó este tema una noche en el jardín”. Seguramente estaban muy felices por el rencuentro porque lo que se siente al escucharlo es una alegría emocionada. Martín toca batería, tambor piano y chicos. ¡Cómo suena! Es como si hubiesen diecisiete músicos y no uno. Candombe que podríamos bautizar como “Candomartín” o “Martímbe”: fresco, alegre, bailable, contundente, con su ingrediente pop y jazz a la vez y con una profundidad esencial que lo identificará siempre. ¡Belleza de la vida musical uruguaya! Nicolás produce perfección sonora, que auténticamente acomoda células y almas a su paso. Las notas que surgen de su guitarra tienen una convicción total y un cuidado muy bonito. Siento como si una mano firme me agarrara, con delicadeza, y me llevara a conocer mundos nuevos. Y Andrés la descose con ese bajo que es también firme, creativo, melódico, increíblemente poderoso, siendo a la vez dulce y sensible. Qué sé yo… por momentos es demasiado el éxtasis que genera este disco.

Neurology es un tema con gran densidad de notas. Lo loco del asunto es que a pesar de tener muchísimas notas a una velocidad importante, el aplomo del que hablaba al principio sigue presente. Encontrar aplomo en un candombe tan rápido debe ser cualquier cosa menos fácil, pero no da la sensación de que les resulte un esfuerzo ni nada parecido. Creo que se puede decir sin riesgo a equivocarse que estamos siendo testigos de algo muy especial que hacen estos tres seres de luz. Una amiga muy querida, a quien le agradezco con el corazón exaltado y agradecido que me haya regalado esta joya de disco, me dijo el día de la presentación: “En un futuro los van a estudiar como un fenómeno musical”. Es muy probable que tenga razón. Yo agrego: el fenómeno está sucediendo ahora. Si recién los estudian en el futuro es por ese empecinado gesto de idiotez que los seres humanos desarrollan frente a los artistas especiales. Pero volviendo a Neurology, me resulta algo insólito cómo pueden tocar tantas notas a esa velocidad y que ninguno pise a ninguno, que cada nota tenga su razón de ser y su lugar específico, y que cada uno de los tres pueda contribuir como lo hace a la creación de una pieza tan pero tan hermosa. Creo que el mejor resumen es que es un tema para pirar, para gritar, para saltar de la alegría.

El quinto tema del disco es Mandala. Aquí, Nicolás toca guitarra acústica, Andrés un bajo fretless y Martín el cajón. Este es un tema más manso que Neurology, como para que no nos estalle el corazón (gesto que se agradece), pero el detalle es que igual, a medida que van pasando los segundos, el corazón empieza a desbordarse, a pesar de la inicial aparente inocencia de Mandala: el sonido del cajón es demasiado bonito como para no sentir alteración, y la guitarra y el bajo tocan unos unísonos de esos que te desgarran el alma a fuerza de belleza. Por momentos vuelven a hacer esto impresionante de que la guitarra arranca una frase y el bajo la termina o viceversa y ¡pffff! No hay palabras ni que se acerquen a explicar la sensación física que se vive escuchándolo. Alineación circular y vibración total, quizás. Con Mandala me permití observar en qué centros energéticos sentía más cada instrumento y si bien hay momentos en que la guitarra resuena solo en los chakras superiores (al principio, sobre todo) y momentos en que el cajón resuena claramente en el tercero, tengo la impresión de que es el bajo el que los junta a todos en un efecto mágico que a partir de unos poquitos segundos de haber empezado el tema hace que los siete centros se sensibilicen de un modo supremo e increíblemente disfrutable.

El zorro tiene un fraseo archioriginal y genial y es el tema en el que escuchando el disco, me pongo a llorar cada vez. Me encantaría saber si fue el mismo en el que pianté el lagrimón (que después no podía detener) en el concierto. Todo es perfecto: las melodías tocadas por el bajo son impresionantes, el sonido y la penetración en las células de la guitarra es de morirse y la batería tiene indudable influencia divina. ¿Cómo puede Martín oír todo eso en su alma? Y después, ¿cómo lo plasma así?… es demasiado. Esta galaxia tiene un groove tan gozado que da gusto estar vivo un ratito extra solo para poder escucharlo una vez más.

En la tapa dice que Nuevas cuerdas fue un experimento sonoro grabado de a partes, un poco acá y otro poco allá. La verdad que no hay manera de darse cuenta de que fue grabado así. Podrían estar los tres en la misma sala. Lo que más me sorprendió es que tiene un dejo de tristeza y es extraño que un experimento grabado por partes pueda transmitir esa emoción de esa manera, con una unidad muy potente. Pero bueno, aceptemos que no todo en la vida tiene explicación.

La galaxia 8 se llama Snorkel y es un tema de Nicolás Ibarburu y Nicolás Varela. Está grabado con Martín en cajón, Andrés en bajo fretless y Nicolás en guitarra acústica. Con este tema en particular me pasa que al escucharlo, lo veo a Martín tocando el cajón en el concierto. Es una demencia lo bien que toca, cómo genera matices asombrosos con esa caja de madera, y el sonido tan increíblemente dulce que produce. Y como me sucede a veces, la realidad es que en este tema se me nublan los sentidos para los otros instrumentos. Por instantes noto la belleza del conjunto pero en primerísimo plano tengo al cajón y tan empecinadamente que finalmente opto por dejarla por esa y admitir que ese sonido de mano y madera me pudo tanto que por más que puedo sentir una guitarra hermosa y un bajo bastante juguetón, me voy con el ritmo y sus matices perfectos, que dicen tanto.

Y así llega, sin anestesia, el final de un disco que una no querría que terminara nunca. El último tema se llama Para rumbear mi camino. Martín en la batería, Andrés en bajo y cellos, Nicolás en guitarra acústica, R. Jochmann en piano y Juan Pablo Di Leone en armónica. Es un tema lleno de sensibilidad. Tiene una mezcla de optimismo y nostalgia. Tiene una melodía hermosísima extrapolada con la dulzura del cello y la armónica, y una delicadeza zarpada del piano y de la guitarra. Yo no creo que sea a propósito que se oyen los dedos de la guitarra desplazarse sobre algunas cuerdas en algún momento, pero ¡qué efecto bello tiene eso en mí! En cuanto al cello, amo tanto su sonido en esta creación mágica que va desde acá un pedido especial a incluir más a este instrumento en futuras creaciones del trío. Del minuto 2:20 en adelante hay una creación conjunta entre el piano y la batería que eriza el alma y me hace encargarle al Universo que por favor me permita ser música en la próxima vida. Dudo que haya sido pensado pero bien podría haberlo sido: el final de este tema es de esos que te obligan a ponerle play de nuevo al disco. Es un final que queda suspendido, como diciéndote: “no tenés otra que volver a escucharme”. Y supongo que es por ese final que este disco no se ha movido de mi reproductor en un mes.

A esta joya la podría haber grabado el sello ECM perfectamente. Que estos seres estén tocando en Montevideo es un capricho del destino que bien haríamos en agradecer a conciencia y aprovechar a ultranza. Desde este rinconcito yo les digo un tímido “gracias por existir, Ibarburus… y por las múltiples dimensiones que nos regalaron con Ultramarino. Es enorme la admiración y el agradecimiento”.

Foto: Patricia

Foto: Patricia

Foto de portada: Florencia Veres.

Viaje intergaláctico con Alphonso Johnson Quartet en el Teatro Solís

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Foto: Ricardo Gómez

Mientras la voz sensual del Teatro Solís nos invitaba a apagar los teléfonos celulares, a mi lado mi amigo Julio decía: “Bueno, se empieza a escribir la historia. Ommm”. Y todo el teatro aplaudió la entrada de los genios al escenario.

Como si quisieran alargar ese Ommm de mi amigo, el Alphonso Johnson Quartet inició su toque con una combinación mística de sonidos, creando un clima de expectativa, que sería venerablemente honrado durante todo el toque. Esa introducción precedió a una fantástica versión del tema “Resolution” de John Coltrane.

La emoción con la que escuché ese primer tema fue tal que tuve que hacer algunas respiraciones profundas y decirme que me convenía calmarme. Pero mi emoción tenía grandes razones para existir y ser muy grande esa noche. Entre otras cosas, en el año 1988 la vida hizo que yo descubriese la música de Weather Report, de la mano de un gran profesor que me prestaba cada clase cassettes grabados con la música de estos genios y yo los devoraba, y por supuesto copiaba. Ni por un instante imaginé en ese tiempo, cuando me admiraba sobremanera cómo podían tocar esas maravillas y cuando daba mis primeros pasos en poder identificar el sonido del bajo (ja) entre todos los sonidos del jazz, que casi 30 años después podría ver a un cuarteto formado por dos de esos músicos en el Solís, tocando en directo algunos de esos mismos temas. Espero que me disculpen este momento nostálgico pero este trasfondo personal influyó en que este concierto del Alphonso Johnson Quartet fuera para mí muy, muy especial.

El cuarteto ya sonó a pleno en ese primer tema. Federico Ramos en la guitarra y Gary Fukushima en teclados transmitían una seguridad inmensa con las melodías. Alphonso Johnson y Chester Thompson bien podrían ser una sola persona, y una persona muy firmemente plantada en la vida: fue impactante escucharlos y verlos… es una dupla genial.

Siguió la versión de Equinox con más swing que se haya oído hasta ahora. Todos contribuyeron desde su instrumento y su presencia con esa belleza, de una forma muy espectacular. Federico con su guitarra nos instaló en el corazón una combinación muy mágica de belleza y nostalgia en iguales medidas. El yin y el yang podrían representar gráficamente lo que sentí yo con esos sonidos de Federico. Gary a su vez eligió unos sonidos (durante toda la noche, ¿eh?) que fueron bien originales y que te trasladaban a un sitio nuevo. Chester y Alphonso demostraron toda la noche lo que habían explicado en una clínica en conjunto el día anterior: todos los instrumentos tocan melodía, todos los instrumentos son responsables de mantener el ritmo y el trabajo principal de todos los músicos es escuchar el todo. ¡Pero cómo tocan, por favor!

Alphonso es el swing personificado. Equinox en particular le pide que toque muchas veces la misma combinación de notas. Es admirable cómo las toca cada vez con exactamente la misma intención y la misma energía gozada. ¡Y ese swing! No, no, no… ¡increíble!

Siempre me nace agradecerles a los músicos que dejan las notas sonando un instante más, porque me dan la oportunidad de disfrutarlas un poquitito más. Con los bajistas esto es variable pero Alphonso les permite siempre a las notas esa duración máxima que tanto agradezco. ¡Qué lindo! Permanecen flotando y hay una unidad muy especial de las notas entre sí.

El tema siguiente fue ese tema tan divino, compuesto por Alphonso Johnson, que se llama “Bahama Mama”, en el que Alphonso se mandó uno de los muchos solos hermosos de la noche. Tremenda emoción. Fue a partir de este tema que yo hubiera dado la vida por poder bailar durante todo el resto del concierto. La alegría y el swing tan brutal que generaron esta noche iba literalmente aumentando las vibraciones de las células del cuerpo de los que estábamos escuchando y era muy difícil quedarse quietos en las butacas. La melodía tocada en el bajo es algo de locos. Es indescriptible con palabras la emoción, pero vayan a Youtube y busquen el tema. ¡No lo posterguen ni un segundo más! Denme el gusto de ponerlo de banda de sonido al leer el resto de esta reseña. El bajo aquí es pura melodía hermosa y súper rítmica. Y verlo a él tocar es un goce adicional. Todo su cuerpo resuena con lo que está tocando. De a ratos sutilmente y de a ratos bastante más evidente, cada célula suya baila lo que toca. Es bellísimo de presenciar y nutre lo mejor de todos nosotros. Contagia vitalidad.

Además, él es la simpatía personificada. Por ejemplo, un gesto bonito fue que cuando nos habló, trató de mechar las palabras que sabía en español. Además, presentó a sus músicos con enorme respeto y cariño y con una actitud humilde, calma, bella.

En el tema siguiente Gary Fukushima nos regaló un solo divino, con esos sonidos extraterrestres suyos, que me encantaron. Él y Alphonso en un momento de este tema entretejieron sus sonidos de tal manera que daba la impresión de que hacía años que tocaban juntos, y todos sabíamos que no, que este grupo se formó muy recientemente. Me dejó asombradísima eso. Después se agregó Freddy, con su guitarra, y me sorprendió lo mismo: ¿cómo puede ser que suenen así haciendo tan poco tiempo que tocan juntos?  Supongo que la respuesta es que son músicos profesionales y el lenguaje de la música no tiene mayores misterios para ellos.

Mientras sonaba la introducción del bajo del tema siguiente yo le agradecía a la vida por la oportunidad mágica de estar recibiendo en el cuerpo las vibraciones de esas notas directamente, sin ningún aparato mediador. Son notas que sanan el espíritu. ¡Gracias!

La versión del tema Giant Steps fue algo de locos, demoledor. Parecía que nos habían transportado a otro plano, al plano ese donde se cumplen los sueños más preciados. Gary la descosió de nuevo con su teclado mágico. El bajo de Alphonso seguía esculpiendo sonidos que generaban una alegría mayúscula de estar vivos (tocó un solo muy bonito, pero durante toda la canción tocó sonidos increíblemente hermosos). La guitarra le dio un toque maravilloso al final de esta canción, con una presencia y una decisión que pah, impactaba y me dejó completamente admirada y con ganas de buscar más música de Freddy.

Cuando iban hora y media de concierto, anunciaron el tema Naima, y acá es donde pongo el freno general y no tengo más remedio que mencionar muy especialmente a Chester.  Esto que voy a decir lo hizo durante todo el toque pero en este tema en particular fue algo increíble. Haciendo una simplificación bastante brutal de mi parte, los bateristas hacen principalmente dos cosas: una, llevan el tiempo con lo que se puede llamar “el groove”, y dos, apoyan determinados momentos del fluir musical. Como cada uno de los otros instrumentos tiene a su vez su dinámica individual, por lo general el baterista apoya momentos de “la voz cantante”, la que “resalta más”, ya sea esa una voz humana o una melodía tocada en cualquiera de los instrumentos. Bueno, lo que me admiró por completo durante todo el toque, y muy especialmente en este tema, fue la maestría de Chester Thompson para ir apoyando a todos y cada uno de los instrumentos en ese entretejido mágico de melodías que se daba, manteniendo todo el tiempo el groove ese que le da cohesión a la canción. Él dijo que el secreto está en escuchar como si se estuviera sentado en el lugar de la audiencia. Desde mi butaca en la novena fila mi cuerpo no podía creer cómo él era capaz de anticiparse al protagonismo momentáneo de cada sonido proveniente de cada uno de los otros tres instrumentos y apoyarlos a todos en el momento exacto como para que la totalidad de la creación tuviera una presencia impactante, con la mayor musicalidad del planeta, manteniendo el groove base, de cohesión, y con un gusto musical absolutamente exquisito. Ah, y todo fluyendo con una naturalidad que parecía que estaba tarareando una tonada bajo la ducha. No sé si en algún momento caeremos en la cuenta de lo que presenciamos ese día. A mí la ficha todavía no terminada de caerme, la verdad. En uno de los momentos en que sentí que la excitación era demasiado desbordante llevé los ojos al cielo, buscando a alguien para agradecer, y me encontré con que en la esquina frontal derecha del techo del teatro un foco estaba haciendo algo muy hermoso: se proyectaba uno de los parches de la batería de Chester… ¡se lo veía vibrar en el techo! y la sombra de su mano izquierda. Como si el teatro estuviera buscando maneras de quedarse con ese recuerdo incrustado. No lo culpo. Yo también estoy haciendo lo posible por mantener este recuerdo para siempre.

Poder escuchar y ver a Chester Thompson en acción fue uno de los mejores regalos que he recibido en mi vida. Me atrapó el sonido de sus platos, cuán sueltos usa los platos del HH y cómo esa comodidad hace que esos platos fluyan con la música con maestría. Su independencia es algo absolutamente increíble de presenciar y cómo ella le permite que verdaderamente pueda estar adentro de la música por completo y pueda tocar con libertad lo que sea que sienta que precisa ser tocado. Me llamó la atención cómo puede tocar con tanta decisión y a la vez con tanta calidez en los sonidos que produce. Esto es un poco loco, lo sé, pero pienso que su música proyecta la presencia que tiene su persona. Escuchar las notas que surgían de la batería fue transformador, así como observar la manera en que su escucha especial sucedía. No sé cuántos músicos se habrán llevado esta bendición consigo. Espero que hayan sido varios.

Lo que sucedió después fue un viaje intergaláctico. El techo del que hablaba recién se abrió como una compuerta y el escenario y todas las butacas levantamos vuelo. El destino era: visitar galaxias lejanas. Déjenme respirar hondo antes de decirlo, porque me tiembla el pulso: tocaron BLACK MARKET. ¡Black Market tocado por este cuarteto increíble! ¡Black Market tocado por dos de los músicos de Weather Report! ¡Black Market tocado a pasitos nuestros, dirigido a nosotros! ¡Black Market vibrando en nuestras células y nuestra alma! No quiero invocar a deidades para no ofender a nadie pero ahhh, eso no fue solo obra de humanos. Quienes estuvieron podrán decir si estoy exagerando o no. Yo sigo en éxtasis hasta el día de hoy. ¡Y fantástico cómo Gary y Freddy se amalgamaron con Alphonso y Chester de esa manera! Esos dos monstruos han tocado juntos desde el año 1969 y son una aplanadora impresionante en el escenario, pero Gary y Freddy se unieron a esa aplanadora de la mejor manera, brillaron increíble los dos durante todo el toque, se mandaron unos solos increíbles y entre los cuatro generaron un concierto que no nos vamos a olvidar nunca más.

Quiero cerrar esta nota con un gracias gigante a todas las personas que tuvieron que ver con que esta noche existiera en el Teatro Solís. Cada una sabe quién es y cada una sabe qué parte le agradezco. Desde la generosidad de mi profe en el año 1988 hasta todos los que hicieron posible que el 28 de julio de 2016 viviéramos semejante experiencia. Y por supuesto a los músicos, esos seres de luz que hacen que nuestra vida sea tanto más disfrutable.

Feliz a más no poder

Feliz a más no poder

 

Fascinación post concierto

Fascinación post concierto

 

Con la artesana de toda esta magia

Con la artesana de toda esta magia

Foto de portada: Ricardo Gómez

Posdata: Aquí se puede leer la entrevista a Chester Thompson, realizada pocos días antes del concierto.

Disfrutables a más no poder. Inés Estévez y Javier Malosetti en la Sala Zitarrosa

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Foto: Karen Bernardi

Entrada escrita para COOLTIVARTE.

Hace unos días los montevideanos tuvimos la asombrosa oportunidad de escuchar y ver en la Sala Zitarrosa a Inés Estévez y Javier Malosetti, quienes nos ofrecieron un show divino.

Somos muchos los que admiramos a Javier Malosetti, en mi caso por su trayectoria como bajista increíble. A Inés Estévez también somos un montón quienes la admiramos, solo que como actriz, pues no le conocíamos la veta musical. Cuando vi el afiche me intrigó un montón la propuesta así que allá fui a despejar mi curiosidad.

No hay nada mejor en materia de arte que ir a ver algo sin saber de qué se trata, ¿no? Fui completamente despojada de expectativas y ni siquiera hice una búsqueda previa para tener una idea de lo que iba a escuchar. Hoy me felicito; fue la mejor decisión.

Ahora, en lo que sigue, me voy a dedicar a estropearles la sorpresa a quienes todavía no los hayan visto. [Perdón, perdón… no pude evitar darme cuenta de que había una contradicción entre lo que estaba diciendo y lo que estaba a punto de hacer].

La noche tuvo todos los ingredientes necesarios para un show excelente y algunos otros muy extraordinarios.

Ya en el momento en que este par de seres bonitos salieron al escenario, se generó una atmósfera transportadora en tiempo y espacio: él, vestido con un traje oscuro, muy elegante, con corbata por supuesto, y ella con un vestido de color plateado, con muchísimo brillo. Ese primer instante ya nos colocó en un lugar nuevo que prometía un toque diferente, un toque cuidado, un show en el sentido más completo de esa palabra. Y vaya si cumplieron esa promesa.

Es cierto que no lo pensé mucho pero mi inconsciente esperaba escuchar a Javier en el bajo únicamente. Bueno, los primeros compases de la noche fueron con él tocando la guitarra divina, divinamente, y cantando con un estilo y un encanto arrolladores. A su lado, Inés parecía un poco intimidada o tímida, pero ¡cuando empezó a cantar! Qué belleza de voz, por favor. Qué viaje que fue escucharla y verla. Una experiencia súper especial, súper bonita, que desde acá agradezco con todo mi corazón.

Estuvieron acompañados por tres músicos fantásticos: Javier Martínez Vallejos (batería), Ezequiel Dutil (contrabajo) y Mariano Agustoni (piano). Los tres la rompieron, haciendo que el todo sonara impecable. Mi corazoncito siempre tiende hacia la batería y en este caso me invadió por completo la alegría, creo que mitad por contagio del regocijo que se notaba que sentía Javier Martínez y mitad la alegría que me generaban las elecciones musicales preciosas que hacía con sus palos y sus escobillas (por dar un ejemplo de todas las fascinaciones: gran misterio cómo hacía para tocar en un mismo tiempo y con la misma mano el ride y el tom de pie… y que sonaran tan bien y tan a tiempo). Mariano Agustoni se lució hermosamente con el piano de la Zitarrosa toda la noche y nos regaló algunos momentos de introducción y solos que fueron un deleite para los oídos. Javier Malosetti contó que Ezequiel Dutil tocó música con su padre, Walter Malosetti. A mí me dio la sensación de que Dutil era el que proporcionaba la cuota necesaria de aplomo para que nos mantuviéramos medianamente conectados con la tierra. Con el cielo había muchas conexiones.

Tomando una pizca de distancia, lo que me surge con mucha fuerza es que fue un toque en el que sentí muy notorio que los músicos eran argentinos y no uruguayos. Sin querer generalizar, pero generalizando, el músico uruguayo tiende a tener una actitud de introspección pseudo nostálgica -muchas veces sin pseudo-, que invita a un viaje distinto. Lo que hicieron estos cinco músicos en la Zitarrosa tuvo una impronta de energía absoluta que se me antojó argentina. ¿Vieron que cuando vamos a Buenos Aires volvemos recargados? Bueno, el toque transmitió eso mismo. Desde mi lugar, me pareció que esa característica en particular venía especialmente de la mano de los dos Javieres (Malosetti y Martínez), que con sus notas transmiten algo muy potente y muy para arriba.

El repertorio consistió más que nada en standards de jazz, con algunos toquecitos de bossa nova y canción francesa.

La voz de Inés Estévez es una belleza en varios sentidos. Por un lado es muy, muy dulce. Su sonido en sí es cristalino, fresco y absolutamente directo. No cabe ninguna duda de que esa música viene dirigida directamente a uno. Por otro lado, la actitud con la que canta parte de un lugar que me pareció completamente despojado de ego; desde un deseo auténtico de generar algo hermoso para los oídos, para ser compartido. Eso se agradece muchísimo, porque en este ir y venir energético que se genera entre el escenario y la platea, todos nos nutrimos de lo que parte de un lado y del otro. El efecto en el cuerpo de quien estaba escuchando el otro día era una enorme comodidad y tranquilidad, todos los músculos relajados, permitiéndonos disfrutar de aquello que a poco de empezar ya no teníamos duda de que sería muy agradable durante todo el concierto.

A los veinte minutos de show me sorprendí especialmente disfrutando de Corcovado como nunca antes. Es una canción que, quizás por sobreexposición, no suelo disfrutar. Bueno, esta vez la disfruté y mucho, porque la dulzura con la que me llegaba la voz de Inés (¡y el contrabajo! ¡y la guitarra! ¡y las escobillas de a ratos dulces y de a ratos muy decididas de Javier!) fue realmente especial. Estos músicos me reconciliaron con ese tema.

Al principio yo decía que nos habían trasladado en tiempo y espacio. Tanto el repertorio como la puesta en escena y la intención que llegaba eran típicos de un club de jazz en Estados Unidos, en los años 50 o 60. Y la vocecita tan dulce de Inés supo transformarse por momentos en una de esas voces típicas de las cantantes de jazz al estilo de Ella, o de Billie. ¡Fascinante transformación! Temas como Moonglow nos hicieron emigrar por un rato pero con una autenticidad jazzera que me parece que nunca antes había experimentado en estas tierras.

Mariano Agustoni tocó una introducción de La Vie en Rose en el piano que me enamoró por completo. Fue algo muy, muy hermoso. Y, puede parecer extraño pero les juro que sus sonidos tenían las mismas características de dulzura, humildad y cristalinidad de la voz de Inés.

Fue una noche de glamour y desenfado, en la que la pasamos verdaderamente bien, con un show musicalmente impecable, con momentos de distensión, chistes, y algún disparate también (bienvenidos sean).

Javier Malosetti tocó la guitarra durante la mitad del show (¡y qué bonito!). Mezcla de dulzura con garra… algo bastante difícil de explicar. Hay que escucharlo. Y a la mitad del show, cuando yo ya no pensaba que pudiera pasar, agarró el bajo. Qué brutal ese primer tema solo de bajo (y voz) que tocó. No les puedo explicar lo que fue. Bestial y sublime. Desde mi ignorancia yo siento que hay dos tipos de sonidos en el bajo eléctrico, que supongo que los bajistas elegirán por preferencia personal. Están los que eligen un bajo que tiende a un sonido grave y están los que eligen un bajo que tiende a un sonido agudo. Sí, sí… no se emocionen con mis tecnicismos… ni me los envidien, porque estoy dispuesta a compartirlos sin problemas. Bueno, en mis términos pobres es así que puedo explicarlo: me gusta el sonido agudo de su bajo, con esa impronta de “me llevo el mundo por delante pero con conocimiento de lo que hago, con certeza de que vos querés que yo te empuje un poquito para sentir cosas que están un poco más allá de lo que vos acostumbrás a sentir”. Me permito hacer una reverencia en este plano de papel y agradecerle a este ser impresionante que me haya hecho sentir lo que me hizo sentir cuando tocó y cantó este tema, Roble (de los Fabulosos Cadillacs), con esa introducción imponente.

No contento con la guitarra, el bajo, su canto y su charme, Javier terminó sacando una cigar box guitar -la primera que me cruzo en la vida-, instrumento que me dejó hipnotizada. No se puede creer lo divino que suena.

Sobre el final del toque, invitaron a Juan Pablo Chapital a tocar un blues. Juan Pablo la descosió, con toda esa entrega que le pone a la música y con esa presencia muy especial… y esas notas sostenidas, nada tacañas, que permiten un saboreo especial con el corazón.

Durante todo el show Inés y Javier tuvieron un gesto que desde mi perspectiva fue el mejor regalo que nos podían hacer a todos los presentes: compartir una parte de su amor. A este mundo le hace falta que todos pongamos de moda al amor. A este mundo le hace falta que aquellos que tienen la suerte de encontrar en el camino una compañía que los haga felices, lo compartan y así planten en los demás la semilla necesaria para que ese sentimiento y esa actitud se multipliquen. Yo les agradezco especialmente por ese ejemplo bello de felicidad.

Foto de Portada: Karen Bernardi

Hablemos de música ultramarina: Entrevista a Trío Ibarburu

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El 29 de julio, en la Sala Hugo Balzo del Sodre, a las 21 horas, el Trío Ibarburu estará presentando su nuevo disco, titulado “Ultramarino”. Sepan desde ya que no se lo pueden perder por nada, nada del mundo.

Al saber que las puertas cósmicas se habían abierto para que pudiera entrevistar al Trío Ibarburu, pensé que era prudente escuchar algunos de los temas del disco nuevo. Claro, puede ser que haya sido una decisión atinada desde el punto de vista de la responsabilidad de ir a hablar de algo conocido, pero fue completamente imprudente en lo que respecta a mantener mi centro emocional. Para cuando llegué a hacer la nota mi contacto con la tierra era efímero y me llevaban en andas la fascinación, la incredulidad, el asombro y especialmente la admiración, que si bien son todas emociones muy positivas y disfrutables, a la hora de entrevistar no son la compañía más conveniente. Entonces, la invitación es a leer una entrevista que tiene como trasfondo vibratorio un estado alterado.

Si bien —como sabemos— el trío está formado por Nicolás Ibarburu (guitarra), Andrés Ibarburu (bajo y cello) y Martín Ibarburu (batería y percusión), en esta entrevista no pudo estar presente Martín. Es así que lo que leerán a continuación es una conversación con Nicolás y Andrés. Sin embargo, con una pregunta en particular sentí que hacía falta incorporar la voz de Martín, así que lo contacté después y pude agregar una respuesta de parte suya.

Patricia Schiavone: ¿Cómo son las composiciones del disco?

Nicolás: Son de Andrés y mías, mitad y mitad.

Andrés: Pero también cada uno desarrolla mucho su parte. Por ejemplo, en los temas que son míos hay cosas que son de él o hay cosas que son de Martín. Ninguno compuso una partitura, nota por nota. Es como una idea original y un concepto.

Nicolás: Y después cada uno desde su instrumento, juntos, construimos el sonido del trío.

PS: ¿Pero en algún momento se escriben los temas?

Nicolás: Bueno, sí, los temas están escritos.

Andrés: Claro, a mí me gusta más escribir, porque como estudio música clásica estoy como más acostumbrado y me siento como más cómodo. Nico labura más de memoria… y también escribe algunas cosas. Que tampoco es todo, ¿no? Son como algunas referencias de algunas partes. Porque es un concepto. En general dicen que eso es del jazz pero la música folclórica en general tiene eso, ¿no? Por ejemplo, cuando un guitarrista te dice: “Yo sé un tango”, lo que él tiene es como una especie de esqueleto, de guía. Después cuando va a tocar, sobre eso él va a elaborar algo. Un buen músico de tango se espera que sea así. En el jazz es como muy típico tener un cifrado, los acordes y la melodía pero en esto no es tan así. Hay cosas que están muy arregladas y muy armadas y hay cosas que son mucho más libres.

Nicolás: Claro, hay partes que están arregladas y luego hay partes que se rellenan con improvisación. Eso es lo que hace también que cada toque sea diferente al otro. Este también es el objetivo de este encuentro: tocar con mucha libertad, improvisar mucho y dejar salir cosas del momento pero siempre con un laburo de arreglos y de composición, de experimentación para buscar el sonido y hacer rendir los temas, que ahí es donde ponemos todo de todos.

Andrés: Además, el disco está grabado con esa técnica. Está la composición, entonces hay como una parte que está armada, pero todo lo que está improvisado en la grabación del disco es así. No es como cuando se graba un disco pop, que se graban varios solos y después se elige uno. Acá es como grabar un disco de jazz: cada uno toca su solo y su improvisación y queda lo que queda. Hay una espontaneidad en lo que queda grabado. Creo que según la música se usan diferentes criterios.

PS: Pero entonces, Andrés, o tienen invitados, o vos tenés un clon que toca bajo y tocás cello a la vez.

Andrés: Eso sí. Hicimos lo que se llama “overdub”, que es que el mismo músico toca de nuevo otro instrumento. Hay temas que tienen dos guitarras o tres guitarras, en los que Nico toca varias veces. Eso sí lo hacemos. Hay temas en que Martín toca la batería y después toca los tambores o percusión.

Nicolás: Pero siempre sobre una toma en la que tocamos los tres juntos a la vez. Y después le ponemos algún adorno, alguna cosa. Te podés dar ese lujo porque es un disco de estudio. Si fuera un disco en vivo, no podés.

PS: Escuché “Para rumbear mi camino”.

Nicolás: Esa es una canción que hicimos con un amigo. Él le puso la letra, la música es mía, y nosotros hicimos una versión instrumental.

PS: ¿Y quién toca el piano?

Andrés: Un amigo que vive en República Checa pero en realidad es Eslovaco. Se llama Tomas Jochmann. Yo he hecho mucho con él allá. Es muy delicado. Es uno de esos pianistas que disfrutan mucho tocar el piano acústico.

PS: En el tema “Membrana”, ¿pusieron voluntad explícita en que ese tema fuera de jazz y a la vez de candombe, y a la vez de folclore y tuviera toques de pop/rock o surgió así porque ustedes llevan todo eso adentro?

Nicolás: Y… yo creo que es eso último que dijiste. Porque se va dando naturalmente y vas volcando cosas. Pero sí, ese tema en particular tiene una cosa medio folclórica, que también es un candombe, pero está en 5, o sea que no es un candombe tampoco… pero tiene aires así de candombe, de repente los fraseos… pero es un ejemplo de bastantes corrientes convergiendo ahí en un punto. Hay varios temas así en el disco.

Andrés: Es que también esas fusiones que decís en la música está bueno cuando suceden espontáneamente, ¿no? Cuando un grupo empieza a hacer algo y vos decís: “Ay, pero esto ¿qué es? Es esto… Entonces viene un crítico y dice “esto es una mezcla de tal y tal”. Pero cuando uno dice “voy a mezclar esto con lo otro…” como que no se puede hacer así. En realidad te sale naturalmente y a la hora de describirlo, ahí empezás a encontrar cosas. Pero la música no piensa ella en sí misma “soy un candombe”, por ejemplo.

Escuchar “Membrana

 

PS: ¿Me contarían cómo nació ese tema?

Nicolás: Sí, Membrana fue una música que yo armé en casa, que después obviamente cuando la tocamos juntos floreció y salieron un montón de cosas más y quedó mucho más lindo el tema, por el tratamiento que siempre les hacemos a las canciones con el trío. Pero fue así, una exploración en eso del 5, buscando un poco… de esas charlas que siempre tenemos con Andrés y con Martín. A veces nos quedamos explorando cosas así, de compases irregulares… mismo en algún almuerzo. Y fue un poco en ese espíritu, explorar por ahí, y salió Membrana.

PS: Qué pena que no está Martín, porque yo me pregunto en este tema “Membrana” cómo será que le habrá surgido tocar eso que toca. Vos lo escuchás y es un candombe, pero a la vez es jazz por la llevada en el plato, por el feeling general. Y sin embargo el tambor ¡es pop!

Nicolás: [risas] Claro. Ahí va.

Andrés: Creo que también está bueno que a nosotros nos pase eso porque es lo que es nuestra cultura. Como latinoamericanos somos una mezcla de muchas culturas, de muchos pedazos de muchas culturas: tenemos cosas de los indios, de los negros, de los españoles, de los italianos… entonces me parece que es lógico que pase eso que vos decís que salgan cosas de muchas vertientes.

PS: ¿En qué encuentran que este disco se diferencia del anterior?

Andrés: Son propuestas completamente diferentes. Para grabar el otro disco lo que hicimos fue encerrarnos en una casa preciosa que nos prestaron en Punta del Este, llevamos el estudio armado y nos quedamos solos con los instrumentos cinco días. Nos grabamos nosotros. Que por eso tiene ese nombre “Huella Digital”, porque es una cosa que tiene mucho que ver con nuestra identidad. Yo nunca había hecho eso de grabar sin técnico. No había nadie por fuera. Limpiábamos nosotros, comíamos la comida que teníamos adentro de una heladera. Sí nos fueron a visitar amigos e hicimos algún asado pero a la hora de laburar, estábamos solos. Sin ni siquiera un técnico. El coloque de ese disco es la concentración de nosotros tres solos. Lo hicimos también por una cuestión histórica, de que veníamos por mucho tiempo acompañando a otros músicos. Ellos nos dieron lugar para nuestra creatividad: Jaime, Rada, etc. pero claro, ellos tienen una personalidad tan grande, y además nosotros tocamos con ellos desde muy jóvenes, entonces como que decidimos arrancar de lo que éramos nosotros sin ninguna influencia externa.

Y este otro disco es una cuestión bien diferente. Porque este es un disco que hicimos mientras yo vivía allá y ellos acá. Por eso se llama “Ultramarino”. Es como a través del mar. Yo vine de visita y grabamos. Después fueron ellos de visita y grabamos allá. Después hicimos algunas cosas por internet.

PS: ¿Cómo la llevan que Andrés viva en Praga?

Nicolás: Bueno, con internet es más fácil, porque tenemos contacto permanente y fluido.

Andrés: Hoy nos acordábamos cuando Martín estuvo en Holanda, que había que llamar por teléfono, encontrar al otro, valía una fortuna. Y además, claro, la comunicación en ese contexto se vuelve una cosa súper concreta. Uno no podía ponerse a contar anécdotas, y ahora con Skype sí. Dejás la computadora en la mesa y es como si fuera una ventana.

PS: ¿Qué es notoriamente diferente cuando tocan entre ustedes tres y cuando tocan con otra persona?

Nicolás: Sin duda que tenemos muchas horas de vuelo y mucha experimentación, camino recorrido juntos, que eso suma muchísimo a la “conecta” pero creo que donde más la siento reflejada es más que nada en proyectos jazzeros de improvisación, donde vos tenés que soltarte para tirar una idea nueva o diferente y al mismo tiempo saber que podés volver con familiaridad, sin irte al carajo y caer en cualquier lado. En ese sentido tenemos mucha conexión y entonces cada uno de nosotros puede abrir diferentes momentos musicales o frases o cosas y siempre estamos enganchados igual. Me parece que eso se da más —por lo menos para mí— que en cualquier otro proyecto en que haya estado.

Andrés: Para mí también. Y agregaría una cosa más. Que hay cosas que siempre hay que estarlas hablando entre los músicos, o explicando, o escribiendo y entre nosotros pasa mucho que hay mucha cosa que directamente no se dice, que es mucho más claro si lo tocás que si lo decís. Incluso nos ha pasado también —pasó el otro día— de tener alguna discusión personal por una cosa extramusical y como que tocando resolvés de alguna manera el problema. Es medio misterioso.

Nicolás: Y sí, se mueven muchas cosas. Con la música se mueve todo, ¿no? La espiritualidad, los sentimientos. Eso es lo lindo también.

Andrés: Se acomodan cosas que por ahí hablando no se acomodan tan fácilmente. Tocando hacés algo que el otro lo entiende, o vos le entendés algo al otro y se crea una conexión y se disuelve ese conflicto. Pasa. Y creo que también pasa con el público. Cuando vas a ver un concierto, a veces se te resuelven cosas.

PS: Les traje algunas palabras y quisiera saber a cuál de ellas la asocian más con este disco: Libertad – Felicidad – Plenitud – Paz – Evolución – Amor

Andrés y Nicolás (a la vez): Evolución.

Nicolás: Todas las palabras están. Pero me parece que al ser un tercer disco tenés que priorizar el crecimiento, la evolución. Este es un disco más evolucionado a nivel de búsqueda, buscamos por otros lados, de intentar otros climas, otras instrumentaciones, que por ahí no están en los otros dos. Por eso me identifiqué con esa palabra. Evolucionar no quiere decir hacerlo más complejo o cargarlo de elementos. A veces es al revés. Evolucionar es vivir lo que estamos viviendo ahora, que es la música con un océano en el medio, como dice Andrés, y siguiendo en esas búsquedas que van a estar más allá de la distancia. Este proyecto es eso: cada vez que nos veamos, vamos a juntarnos a tocar y explorar.

PS: Yo encontré una madurez especial en esos temas que escuché. Un aplomo que me pareció nuevo y como si la fuente fuera más el corazón que la cabeza. “Neurology” tiene muchas más notas pero igual tiene una solidez especial. ¿Cómo surgió?

Nicolás: Ese tema es de Andrés.

Andrés: Ese tema yo lo hice porque quería que tocáramos un candombe rápido con el trío. En ese sentido fue como una cosa que busqué. Pero después también le encontré… A veces la composición es un proceso muy misterioso y es muy diferente para todo el mundo. Pero hay veces que es como te dijo Nico de Membrana, que es como que encontrás algo. Y otras veces tenés algo y construís arriba de eso, sin haber tenido un motivo inicial. Es como que vos lo proyectaste. En el caso de este tema fue más así, de ir a buscar un candombe rápido para tocar juntos. Después el nombre… el que ponía nombres así era Charlie Parker: Ornithology, Anthropology… que en realidad es para ponerle un nombre, usando una palabra que te gusta como suena. En mi caso también tiene el significado de que mi mujer es neuróloga y también tiene que ver con cosas que yo hablo con ella, que es interesante, de cómo funciona el cerebro, señales que se pasan de un lado para el otro, impulsos eléctricos que se van conectando, se hacen como redes.

PS: Supongo que es difícil verse como si no fueran hermanos. Pero les pregunto, ¿qué admiran más uno del otro como músico?

Nicolás: Yo admiro su curiosidad de siempre, de seguir estudiando y explorando mucha música. Nosotros, con Martín, como hermanos menores, toda la vida nos beneficiamos de esa curiosidad. También su originalidad. Me parece que es quien le da el mayor toque de originalidad al trío. Tiene la visión musical diferente a lo estándar.

Andrés: ¡Muchas gracias! Yo lo que más admiro de Nicolás es directamente la genialidad. Cuando algo es especial y es muy difícil entender por qué es especial, ¿viste? Hay cosas que vos ves y están buenas, otras mejores y peores, pero hay otras que son geniales. Ya no tienen medida, ya no se puede calificar o medir. No es analizable. Está como más allá de lo que se entiende o lo que se explica. Que eso también es otra cosa de la música, ¿no? Cuánto entra el lenguaje, cuánto entra la racionalidad y cuánto viene del corazón y cuánto viene del espíritu. Pero la genialidad tiene como algo más, como un sello especial que ta. Que uno lo reconoce pero no sabe explicarlo.

PS: ¿Y qué admiran de Martín?

Andrés: Es una persona que domina el sonido como si fuera… no sé, un barco, un avión, que tiene ochocientos cincuenta mil botoncitos y cosas y el tipo lo hace volar como si fuera una seda, todo, sin chocar contra nada, todo suave, todo perfecto.

Nicolás: Martín es el caso de esos tipos que te hacen sentir que tocás bien. Y en realidad es porque estás tocando con Martín. Aparte que tiene una musicalidad y una administración del fraseo y de las notas que es como muy refinado. Es como que te prende el Rolls Royce y te saca a pasear por la rambla. Te hace sentir como que estás en algo elevado. Es tremendo.

Andrés: Totalmente.

Nicolás: Y también creo que la búsqueda del proyecto, que siempre mencionamos, que tiene al candombe, es esencialmente por Martín, porque Martín es el que hace todas esas adaptaciones del candombe en la bata. Me parece que es el que lleva la parte más importante, más trascendente de esa búsqueda. Y creo que Martín —dicho mismo por Osvaldo, incluso por Hugo—, es como el continuador de esa búsqueda del candombe en la batería. Como muchos bateros, ¿no? Pero sin duda Martín es uno de los referentes a ese aspecto.

Andrés: Sí, en este trío es fundamental. Pasa mucho por ahí. ¡Realmente todo sale con una facilidad! No tranca nada. Al revés, impulsa todo. Y cualquier idea es como que se despliega, sin chocarse contra nada, ¿viste? Todo se vuelve fluido, limpio, cómodo, flexible.

PS: A mí me emocionó que en uno de los temas que escuché hay frases que las inician ustedes dos pero las termina Martín con la batería.

Nicolás: Sí, total.

Andrés: Sí, realmente es una cosa muy increíble. Como un lenguaje del ritmo que no es el típico lenguaje del ritmo que es simplemente acentuar. Hay momentos en que realmente habla con el ritmo. Eso también lo hace en el solo de Huella Digital. Todo el significado está ahí. No hace falta ningún acorde, ninguna melodía. El mensaje está todo en el ritmo. No hace falta colorear eso de ninguna manera; no hay que agregarle nada.

PS: Y vos, Andrés, hay momentos en que llevás la melodía y está buenísimo.

Andrés: Eso es algo que hacemos, que nos rotamos… que dos aguantan a uno. No hay puestos fijos.

PS: ¿Eso surge naturalmente? ¿No está planificado?

Andrés: Sí, son cosas que se dan. Es que ahora estamos como descubriendo todo eso porque nos ponemos a pensar pero en verdad son cosas que pasan solas. No hay necesidad de entender exactamente qué es. Ahora que vos lo preguntás, decís: “Claro, pasa esto”, pero en verdad simplemente pasa.

PS: Después de la entrevista, Martín Ibarburu respondió telefónicamente a mi consulta: ¿Qué admirás de Nicolás y Andrés como músicos?

Martín: Muchas cosas, vo. Como guitarrista, para mí es el guitarrista. Yo aprendí a tocar con él. Mi idea de lo que es tocar la guitarra es lo que toca él. Y lo que me pasa es que conecto con mucha cosa de toda la vida. Cualquier composición de él o solo que haga, o hasta a veces escucharlo acompañar, me conecta con un montón de cosas que hemos vivido juntos. Lo escucho tocar y es como… como eso. Es como una mezcla de admiración con algo muy familiar que siento con él.

PS: ¿Como mellizo sentís que tenés alguna conexión distinta a la que podés sentir de repente con Andrés?

Martín: Es diferente, sí. Pero con Andrés igual me pasa algo parecido, porque aprendimos a tocar juntos. Cuando pienso en una manera de tocar el bajo, es Andrés. Yo toco con muchos bajistas y hay muchos que son excelentes pero siempre tengo que estar pendiente de ensamblar con ellos. Con Andrés no pienso en eso, es como algo muy visceral, de una conexión muy profunda que me parece que viene por el lado ese, de haber aprendido a tocar juntos.

Y los admiro profundamente a los dos como músicos, como compositores. Tienen eso, hacen parecer fácil cosas que no son tan fáciles. Yo me doy cuenta, tocando con otra gente, que no es tan fácil (él se ríe… y yo también, porque pienso en cómo Nico y él dijeron lo mismo uno del otro).

Andrés por ejemplo tiene una cuestión de su fraseo muy salada, muy profunda, como que la agarra por lugares que te sorprenden pero con una conciencia salada, con un piso muy grande en su improvisación. Tiene eso.

Y Nico tiene esa capacidad de tocar cosas difíciles. O aunque toque cosas muy sencillas, las hace sonar mejor. Tiene una capacidad para armar voicings, para elegir cómo armar acordes, cómo tocarlos. De repente puede ser una composición súper sencilla y el tipo siempre le encuentra la vuelta para ponerle algo, un chispazo. Eso de Nicolás me genera mucha admiración.

PRESENTACIÓN DEL CD ULTRAMARINO

La presentación del disco contará con un invitado especial: Juan Pablo Di Leone (en armónica y flauta). A continuación comparto los detalles de día, lugar, hora, entradas, para que nadie quede sin la oportunidad de ir a vivir esto:

Viernes 29 de julio a las 21 horas.

Sala Hugo Balzo (Auditorio del Sodre)

Mercedes y Andes.

Entradas: por Tickantel

Foto de portada: Valentina Romano

Entrevista publicada también en Cooltivarte

Listen! Entrevista a Chester Thompson

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El próximo 28 de julio de 2016, Alphonso Johnson’s Quartet estará tocando en el Teatro Solís, en Montevideo. Esto significa que los uruguayos vamos a tener la rara oportunidad de escuchar en vivo a estos cuatro músicos maravillosos: Alphonso Johnson (bajo), Chester Thompson (batería), Federico Ramos (guitarra) y Gary Fukushima (teclados). Algunos de nosotros estamos realmente sorprendidos por el hecho de que podremos ir a un concierto en el que van a tocar dos músicos que formaron parte de la banda Weather Report. Esto es algo muy inesperado y a algunos nos vuela la cabeza.  

Hablando de oportunidades sorprendentes, los invito a leer mi entrevista a Chester Thompson.

 

Patricia Schiavone: Estamos fascinados de que está viniendo a Uruguay con el Alphonso Johnson’s Quartet. Usted ha tocado durante décadas con Alphonso. Me gustaría saber qué se siente bien acerca de tocar con él en este cuarteto en particular.

Chester Thompson: No hemos tocado aún juntos con este cuarteto. Cuando yo llegue a Los Ángeles tocaremos por primera vez. Pienso que ellos sí han tocado, pero será la primera vez para mí. Pero yo he tocado con él muchas, muchas veces y respiramos lo mismo cuando tocamos.

PS: ¿Qué significa que respiran lo mismo cuando tocan?

CT: Es como que estamos tan cerca que somos como un mismo instrumento.

PS: Los cantantes a menudo buscan un estado emocional especial antes de cantar una canción. ¿Usted hace algo similar?

CT: A veces… Depende de lo que esté haciendo. Para mí es muy simple. Mi trabajo es escuchar. Confío en eso: si escucho, sucederá lo correcto.

PS: ¿Qué escucha?

CT: Cuando estoy tocando no me escucho a mí. Solo escucho a los otros músicos. Es como que estoy sentado en la audicencia y estoy escuchando a una banda. Si escuchas a una banda, sabes que todo está funcionando bien. Y si no está funcionando bien, significa que alguien no está escuchando; significa que alguien sobre el escenario solo se está escuchando a sí mismo.

PS: Usted se concentra mucho cuando toca.

CT: Sí, no sonrío mucho [se ríe].

PS: ¿Ha practicado esa concentración de alguna manera?

CT: Sí, sí. Si estoy practicando, especialmente si estoy practicando algo muy difícil, muy desafiante, si escucho, surge mucho mejor que si pienso. Si pienso, el cerebro lo volverá confuso. Yo les digo a mis alumnos lo siguiente: “No piensen tanto; solo escuchen”. Porque si no, te pierdes. La música es para ser escuchada.

PS: Me pregunto cómo ha logrado no lastimarse al ensayar por tantas horas y hacer tantas giras.

CT: Es muy simple. Si hago algo que duele, no lo hago más. De hecho he cambiado mi técnica muchas, muchas veces. Si duele, la cambio. Es un instrumento muy físico. Tienes que escuchar lo que te dice tu cuerpo. La mayoría de los bateristas se sientan muy, muy bajo. Yo me siento muy, muy alto. Tengo piernas muy largas y siento natural sentarme alto, como para que las piernas estén abajo. Si toco con las piernas arriba, enseguida me duele la espalda, así que me parece una tontería hacer eso.

Por otro lado, no hay que tocar la batería con los codos hacia afuera. Cuando tocas en una orquesta, aprendes a tocar con tus codos un poco para afuera, pero en la batería eso no funciona. En la batería hay que estar completamente relajado.

Y con los palillos se trata mucho más de dedos que de cualquier otra cosa. Un poquito de muñeca y mucho de dedos. No tanto de muñecas y no tanto de brazos.

PS: ¿Ha pasado por momentos de estancamiento, en los que ha sentido que no avanzaba en su toque?

CT: Sí, por supuesto. Muchas veces.

PS: ¿Y cómo se supera eso?

CT: Bueno, practicando más [risas].

Pero cuando aprendes a escuchar, todo tiene más sentido, está más conectado. Porque solemos pensar demasiado. Estamos siempre pensando en lo que hacemos. Y esto [tocar] sucede demasiado rápido para poder pensarlo. Inclusive ahora, si yo toco algo que sepa y empiezo a pensar, voy a cometer un error.

PS: Tomando esto acerca de la concentración y no pensar, ¿practica meditación?

CT: No. Rezo mucho. Soy cristiano. Pero para mí en verdad se trata de focalizar en lo que estoy haciendo.

PS: Si pudiera darle un consejo al Chester de trece años, ¿cuál sería?

CT: [Se ríe] ¡Dios mío! Pah. Muy interesante. Me acuerdo de ese joven [más risas]. Porque ese fue el año en que empecé a tocar en clubes. Y esta también fue la razón por la que cuando mi hijo tenía trece años, yo dejé de hacer giras, para estar con él. Para un joven esa es una época muy loca, porque internamente estás volviéndote un hombre pero la mente todavía no es de un hombre, y el cuerpo está cambiando. Es muy confuso. Mmm, no sé… pienso que me diría que aprendiera a relajarme. Creo que habría practicado diferente si en aquel tiempo hubiese sabido lo que sé ahora. Nunca tuve problema con practicar. Lo disfrutaba. Pero le diría que escuchara más. No solo música sino también a la gente. Yo no era un muchacho duro. Uno de mis placeres era leer. Leía mucho en ese tiempo y todavía me gusta leer. Quizás me diría que fuera más paciente, aunque ya lo era en ese tiempo. Pero recuerdo que era un momento de confusión. Yo crecí sin padre. Mi madre fue fantástica pero a esa edad un chico necesita un padre para hablar. Creo que habría sido más disciplinado si hubiese tenido padre. No más disciplinado con la batería, porque lo era, pero en todo lo demás.

PS: Si sus alumnos se llevaran un solo aprendizaje, ¿cuál le gustaría que fuera?

CT: Bueno, hay un par de cosas. Primero, si es difícil, tócalo muy despacio… muchas, muchas veces, y oirás que mejora cada vez. Esto combinándolo con la escucha. Porque no podemos estar apurados para lograr velocidad. Si lo haces vez tras vez, la velocidad vendrá de todos modos. Y a veces, cuando mis alumnos están en ese punto en que casi lo logran pero no del todo, les digo: “OK, la próxima vez que lo toques quiero que escuches y te imagines que le estás enseñando a otra persona cómo se hace, y que estás escuchando para ver si lo está tocando correctamente”. Ahí siempre lo tocan bien.

PS: ¿Por qué pasa eso? ¿Qué tiene que ver la enseñanza?

CT: Es porque cambia el lado del cerebro que se usa. El lado de la escucha y la creatividad es diferente al lado intelectual. Es por eso que podemos disfrutar la música: porque la música nos puede llevar a otro lugar. O sea, algunas veces necesitas hacer ambas cosas [escuchar y pensar]. Cuando tengo que leer música, tengo que hacer ambas, y lleva un tiempo largo poder hacer las dos. Pero al principio, cuando estás recién tratando de aprender, es importante enlentecer, usar el cerebro para mantener el tiempo. Si escuchas y no te detienes cuando cometes un error, si simplemente lo haces vez tras vez y mejora un poquito cada vez, entonces está bien. No tiene que salir perfecto la primera o la segunda vez.

PS: ¿Cómo se dio la elección de enseñar?

CT: Ah, empecé a enseñar solo porque en la universidad a la que va mi hijo se fue el profesor de batería. Me preguntaron si yo podría ir a enseñar. Y no me gustaba lo que le enseñaba a mi hijo; no me gustaba la forma en que enseñaba. Siempre quiero darle todo a mi hijo, pero es muy difícil enseñarle a tu hijo. De pronto estuve en la situación en la que podía enseñarle y si él no me escuchaba, en lugar de ponerle un 10, le podía poner un 5. ¡Y además me pagaban! [risas]. Así que fue solo para enseñarle a mi hijo, porque quería asegurarme de que recibiera una buena enseñanza.

PS: ¿Y qué pasó después? ¿Enseñar se volvió disfrutable?

CT: Sí, descubrí que me gustaba mucho. Porque debo decir que antes no enseñaba nunca. Si alguien me preguntaba, solía responder: “No, yo no enseño”. Pero luego de esto descubrí que realmente disfrutaba enseñar. Realmente me gusta… pero me gusta más tocar [se sonríe].

PS: ¿Ha estado antes en Sudamérica?

CT: No en Uruguay. Hace tres años hice una gira para DW y estuve en Brasil algunas veces, en Ecuador, Lima (Perú), en América Central, algunas veces, en Salvador… He estado en Buenos Aires (Argentina) pero nunca he estado en Montevideo.

PS: Ahora que menciona a Brasil, ¿cómo conoció a Hermeto Pascoal?

CT: Pah. Yo estaba tocando con Airto y Flora. Los conocía de Weather Report. Y me preguntaron si quería grabar con Hermeto y me entusiasmó.

PS: ¿Conoció a los cerditos durante la grabación?

CT: [Risas]. No, no, no. No conocí a los cerdos. Y luego de la grabación estuve en su casa, en Brasil, y no había cerdos. [Risas].

[Chester Thompson grabó, junto con Alphonso Johnson, 3 pistas del CD “Slaves Mass” de Hermeto Pascoal, año 1977. Se llevaron dos cerditos al estudio para incluirlos en la grabación].

PS: ¿Se acuerda del sentimiento al tocar con Weather Report?

CT: [Se sonríe de una forma muy bella]. ¡Por Dios! Era mágico. Realmente, realmente sorprendente. Antes de empezar a tocar con ellos, yo había tocado con Frank Zappa, que era completamente diferente. Yo había ido a Los Angeles a ensayar y alguien me dijo que Weather Report estaba buscando un nuevo baterista y me dijo que fuera a una jam con ellos. Yo le dije que me gustaba la idea de ir y tocar con ellos pero que no quería audicionar.  Él insistía: “No, no, no es una audición”. Así que fui y, por supuesto había otro baterista. Tuve mucha suerte de que me hayan elegido. El otro baterista era muy bueno. Me preguntaron si yo podría tocar con otro baterista también pero yo ya había tocado con otro baterista con Zappa y les dije que no quería hacerlo de nuevo.

PS: ¿Por qué no?

CT: Porque para tocar con Weather Report tienes que tener libertad.

PS: ¡Pero luego tocó con otro baterista, con Phil Collins!

CT: Sí. Él me pidió porque sabía que había tocado con otro baterista con Zappa. O sea, Ralph Humphrey es un baterista fantástico, pero sentimos la música de manera muy diferente. Si escuchábamos muy bien, todo salía bien. Pero con Phil Collins desde la primera vez que tocamos se sentía como si fuésemos una sola persona; se sentía como si hubiésemos tocado juntos por años. Así que fue muy fácil.

PS: Eso me sorprende, porque los estilos de música que usted tocaba antes eran completamente diferentes.

CT: Sí, pero él escuchaba a la misma gente que yo escuchaba: Elvin Jones, Max Roach, Tony Williams. Así que crecimos escuchando la misma música. Yo no había escuchado a muchos músicos británicos, que él sí, pero ambos habíamos escuchado a los mismos músicos de jazz. Tocar juntos fue muy natural.

PS: ¿Ha tenido la oportunidad de escuchar algo de candombe o no?

CT: No mucho. Tengo curiosidad.

PS: Ha estado en bandas que se separaron y en bandas que han permanecido juntas por un tiempo largo. ¿Qué es necesario para que una banda se mantenga junta por un buen tiempo?

CT: Qué pregunta difícil. No sé… la química. Todos tienen que querer lo mismo. Y ser pacientes. No se puede ser egoísta. Es importante observar qué es lo mejor para todos. En Genesis teníamos una química muy inusual. Yo nunca había visto algo como eso. No había líder. La gente piensa que había un líder pero no había. Todos éramos iguales. Y el manager era igual de importante que los músicos.

PS: ¿Por qué no vendió muchas copias del primer disco solista, “A Joyful Noise” (1999)? (*)

CT: Bueno, hay que hacer propaganda. El sello era muy chico y las copias se distribuían con otra empresa, la cual hacía más esfuerzos por los músicos que graban bajo su sello.

PS: Chester Thompson, será un verdadero placer recibirlo aquí. Lo oí decir que si tuviera un superpoder, le gustaría hacer que todo el mundo sintiera alegría. Me gustaría decirle que usted ya está generando alegría con su música. Gracias.

Gracias a ti.

 

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(*) Su primer álbum solista, “A Joyful Noise”, fue editado en 1991, recibiendo excelentes críticas en los círculos de jazz. Este disco se reeditó en 1999 con otro sello. En 2013 editó su segundo álbum “Approved”. Debo decir que escuché ambos y son, como me lo esperaba, un par de obras de arte maravillosas. Les recomiendo totalmente conseguirlos .

Chester Thompson tocó, grabó y participó en giras con Frank Zappa, Weather Report, Genesis, y Phil Collins.

Como músico sesionista, trabajó con varios músicos de pop, rock, jazz, rhythm and blues y música religiosa, entre los cuales están Neil Diamond, Ron Kenoly, Duane Eddy, John Fogerty, George Duke, Michael McDonald, Steve Hackett, Kirk Whalum, Andy Williams, Denny Jiosa, Donna Summer, Napoleon Murphy Brock, Andrew Oh, Hermeto Pascoal, y otros.

Aunque cueste creerlo: Alphonso Johnson’s Quartet tocará en el Teatro Solís. El 28 de julio de 2016.

Una nota adicional acerca del show del 28: El guitarrista Federico Ramos es uruguayo, nacido en Treinta y Tres. Ha tocado con una gran cantidad de músicos: Eduardo Mateo, Ruben Rada, Hugo Fattoruso, José Luis Pérez, Dr. Yusef Lateef, Jon Anderson, Milton Nascimento, Ray Brown, Jr., Freddie Hubbard, Cheb Mami, Joan Sebastian, Alejandro Fernández, Vicente Fernández, Jon Hassell, Mark Isham, Elton John, James Moody, Terry Plumeri, Hans Zimmer, John Powell, etc.

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