Corea/Gadd Band en el Teatro de Verano: magistral

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Foto: Ricardo Gómez

 

El show de la banda de Corea y Gadd en el Teatro de Verano…

Esperen. Vuelvan atrás y lean eso de nuevo: “el show de la banda de Corea y Gadd en el Teatro de Verano”. ¿No se les sacuden de éxtasis todas las células? A mí sí. El corazón bombea a mil por hora. Respiro profundo y vuelvo a empezar.

Amo con toda mi alma cuando voy a escuchar música y estoy rodeada de músicos que admiro. Hay algo en el hecho de que los músicos vayan a escuchar música que me genera una alegría especial, desbordante. Ha de ser porque sospecho que los músicos deben de disfrutar el triple que yo de estar presentes en estos momentos religiosos. Anoche, miraras para donde miraras veías músicos, y todos con su adrenalina a todo trapo, con ese cosquilleo energético que precede a ver un show de quienes fueron tus ídolos toda la vida. Ese paisaje humano, de corazones musicales ilusionados, tiene para mí un impacto y un valor de gran significado emocional. Es casi como si hubiera un show debajo del escenario y otro arriba. Y, por supuesto, es impagable la experiencia energética de ver una música que te fascina cuando alrededor tuyo todo el mundo está exactamente en la misma sintonía.

Algo muy gracioso de anoche fue que según con quién te cruzaras te hablaba de “él”. Por ejemplo: “¡Al fin lo voy a ver!”, o “Lo vi hace 20 años”, o “¡Qué bueno que vino!”. Entonces tenías que detenerte un segundo y razonar: “es pianista, habla de Corea” o “es baterista, obvio que habla de Gadd”. Eso fue muy genial de vivir. A la salida hubo un instante en que nos cruzamos tres personas. Dos hablábamos de cuándo “lo” habíamos visto por última vez y el tercero compartía fervorosamente. De repente se dio cuenta, paró, nos miró y dijo: “ahh, ustedes hablan de Gadd… claro”. ¡Qué absolutamente genial que haya un concierto en el que pase esto!

El momento en que la banda apareció en el escenario tuvo una particularidad: la actitud terrenal y humilde de esos seres que saludaban y se iban acomodando a sus instrumentos. Ahí estaba Corea, sacándole fotos al público, ahí estaba Gadd, quien en mi imaginario es tanto más gigante físicamente que en la tridimensionalidad física. Entonces Corea tomó el micrófono y saludó: “Gracias”, dijo en un buen español, y luego presentó a cada uno de los músicos de la banda:

Steve Gadd en la batería

Luisito Quintero en percusión

Steve Wilson en saxos y flauta

Carlitos del Puerto en bajo

Lionel Loueke en guitarra

Ya ahí, en ese momento de presentaciones, se respiró el ánimo que habría durante todo el toque: relajación, simpatía, alegría, diversión.

El primer regalo que nos hicieron estos seres fue el tema “Night Streets”, del disco “My Spanish Heart”. Pero al acercarse al piano y antes de comenzar, Corea llamó a uno de los asistentes de escenario y le pidió que encendieran las luces para poder ver al público. Ese gesto me pareció alucinante. Aunque en ese momento no lo sabía, luego me di cuenta de que fue el primer indicio de una actitud que sería muy marcada toda la noche y que hizo una gran diferencia: Chick Corea estaba plenamente atento a lo que pasaba encima del escenario, al acto de creación con el resto de los músicos, y muy, muy atento al público, a quienes nos incluyó todo el tiempo con miradas, gestos y, sobre el final, invitándonos a cantar sus melodías. Así arrancó la noche, que para mejor tenía una temperatura perfecta y, lo más importante para escucharlos bien, sin pizca de viento.

Un hurra especial a quienes definieron el volumen: era ideal como para poder escuchar con claridad cada elemento de la música. Quizás habría subido un poco la voz de Loueke, pero todo lo demás estaba al volumen exacto.

Ya que lo mencioné, pongo mi foco primero en el guitarrista. Loueke, quien nació en Benin (país africano que queda al lado de Nigeria, Niger, Togo y Burkina Faso) y estudió en la Berklee College of Music, es una pieza extraordinaria en el tablero que configura esta banda. Sus elecciones son muy personales. Desde los sonidos que eligió, que eran más de sintetizador que de guitarra, la personalidad de sus intervenciones, y su voz que tiene una impronta conmovedora, su presencia musical fue un aporte muy marcado para la cualidad del show en su conjunto. Cuando soleaba él todos los sentidos se agudizaban.

Loueke ha tocado en los discos Possibilities (2006) y River: The Joni Letters (2007), ambos de Herbie Hancock y ha trabajado, entre otros, con Alphonso Johnson, Jack de Johnette, Kenwood Dennard, George Garzone, Bob Hurst, Angelique Kidjo, Dianne Reeves, Cassandra Wilson, Wayne Shorter, Jeff ‘Tain’ Watts, Charlie Haden, Nathan East, Vinnie Colaiuta, Marcus Miller, Sting, Brian Blade, John Patitucci, Terri Lyne Carrington, Kenny Garrett, Roy Hargrove, Santana y Dennis Chambers. Como líder tiene seis discos, cuatro de los cuales son del sello Blue Note.

El frente y centro del escenario lo compartió con Steve Wilson. Wilson es un músico muy reconocido en el mundo del jazz. Ha participado hasta el momento en más de 150 discos liderados por artistas de la talla de Chick Corea, George Duke, Michael Brecker, Dave Holland, Dianne Reeves, Bill Bruford, Gerald Wilson, Maria Schneider, Joe Henderson, Charlie Byrd, Billy Childs, Karrin Allyson, Don Byron, y Mulgrew Miller. Hasta hoy grabó ocho discos como líder y actualmente está presentando su último álbum con el cuarteto integrado por Bill Stewart, Orrin Evan y Ugonna Okegwo. Anoche tocó saxo alto y soprano y flauta, con un sonido espectacular y aportando al todo con un gusto exquisito. Me encantó también cómo Wilson estuvo durante todo el show disfrutando de cada uno de los acontecimientos musicales con un grado importante de conexión con cada uno de los integrantes. Hubo, particularmente, momentos de diálogo musical con Corea que fueron una maravilla.

Al fondo del escenario, sobre nuestra derecha, estaba Luis Quintero, con tremendo kiosco, como decimos por acá. Quintero nació en Caracas donde desde muy temprana edad se dedicó a la música en forma profesional. Luego se instaló en Nueva York y ha tocado y grabado con una lista impresionante de músicos reconocidos: Celia Cruz y Tito Puente, The Rolling Stones, Vanessa Williams, Paul Simon, Santana, Jack De Johnette, David Sanborn, George Benson, Joe Sample, Bill Cosby, Eddie Palmieri, Marc Anthony, Gloria Estefan, Richard Bona, Ravi Coltrane, Nathalie Cole, Diana Krall, Giovanni Hidalgo, Toshiko Akiyoshi, Spanish Harlem, Willie Colon y muchos otros grandes músicos. Tiene al menos tres álbumes grabados como líder. En el show de anoche Quintero y Gadd se complementaron de maravilla, generando un espíritu general de alegría, de felicidad y dando cátedra de cómo conviven la batería y la percusión sin avasallarse y co-construyendo algo significativo.

Antes de que comenzara el show, le comenté a alguien que los bajistas solían ser inexpresivos, bastante inmóviles, y que algunas veces me dan ganas de sacudirlos un poco. El bajista de la banda, Carlitos del Puerto, me regaló poder escuchar a un bajista que siente con todo su cuerpo la gozadera de música que toca. ¡Tremendo disfrute! Carlitos del Puerto es cubano y ha tocado y grabado con artistas tales como Bruce Springsteen, Quincy Jones, Stevie Wonder y Herbie Hancock, entre muchos otros. Su contribución a la alegría y genialidad de la noche fue, desde mi perspectiva, muy destacada, con un swing impresionante y con un gusto excelente. Habrá que seguir escuchándolo y habrá que buscar más material suyo para conocerlo mejor, porque es excepcional.

Tener a la izquierda a Chick Corea y a la derecha a Steve Gadd fue infartante.

Corea tocó en un piano Yamaha y también en un piano acústico, de cola. Tanto en uno como en el otro lo suyo fue sublime, siempre con esa actitud de disfrute y de liviandad, donde inexplicablemente para la razón, cada intervención fue virtuosa y sencilla a la vez.

Hubo tres aspectos que, si me siguen, me gustaría destacar.

Por un lado, la cantidad de “subdiálogos” entre los músicos, de co-creaciones de a dos en varios momentos del show, y cómo esos subdiálogos agrupados formaban una gran conversación que era perfecta y deliciosa. Para quienes no estuvieron, imagínense a la izquierda a Corea y Wilson dialogando entre sí y a la derecha a del Puerto con Gadd y Quintero en una charla perfecta. Y todo en conjunto formando algo absolutamente grandioso y exquisito para los oídos y el corazón. Así fue toda la noche… algo espectacular.

En segundo lugar, hay un arte de doble cara en esta realidad de las giras internacionales: por un lado, y quizás más obvio, tocar tanto el mismo repertorio les da un dominio y un ensamble impresionante. Pero del otro lado, algo que anoche me resultó muy llamativo: cómo tocando tan seguido el mismo repertorio pueden presentarlo en cada escenario con una frescura tal que parece que fuera la primera vez y divertirse en esa creación como si estuvieran recién descubriendo las composiciones.

En tercer lugar me impactó el gusto exquisito, auténticamente magistral. El show de anoche nos colocó a todos automáticamente en un lugar aristocrático, en un lugar de exclusividad al que quizás no pertenezcamos todos los días de la vida pero que del que anoche pudimos vivir una muestra.

A la derecha y adelante, bellísimamente colocado a la vista de todos, estaba ese gran ídolo de muchos de nosotros: Steve Gadd. Si le preguntás a cualquier baterista experiente cuáles le parecen los mejores cinco bateristas del mundo, hay grandes chances de que todos incluyan a Gadd en su respuesta. Su aporte a la música ha sido tan enorme que es auténticamente imposible resumirlo. Siento que decir cualquier cosa acerca de su música sería una perogrullada. Vengan, impresiónense: hagan click aquí y vean la discografía de Steve Gadd que aparece en su página web.

Abstrayéndonos de toda esa historia incomensurable, lo que anoche impresionó muchísimo fue su contundencia y la profundidad de su toque por un lado, el arte insólito que demuestra tocando con las escobillas, y la genialidad musical a la hora de co-construir con los demás músicos. Algo de todo lo que me impactó fue cómo al final de los solos de los otros músicos él tocaba los compases más maravillosos, justo cuando todos estaban aplaudiendo al solista. Sería fascinante poder extraer todos esos grupos de pocos compases y repetirlos hasta el infinito. Gadd también se apiadó de nuestra desesperación por tener el mayor contacto posible con él y presentó uno de los temas, transmitiendo también el mismo espíritu de comodidad que Chick Corea. ¡Impresiona que se muevan y hablen como seres terrenales! Porque en realidad todos sabemos que ni son de este planeta ni de esta galaxia.

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Foto: Ricardo Gómez

Al final del toque muchos coincidimos en que el show pareció de veinte minutos. Qué corto que se nos hizo, a pesar de haber durado lo normal.

Sobre el final, Corea nos invitó a cantar breves melodías. El 90% de la audiencia eran músicos, así que, gracias al cielo, a pesar de la típica timidez uruguaya, cantamos y creo que se puede decir que cantamos bastante bien.

Este será uno de los shows que comentaremos durante muchos años, cuando nos juntemos con amigos melómanos. Algunos, con orgullo, diremos: “Yo lo vi ¡dos! veces”. Y el otro en la conversación tendrá que detenerse un segundo y evaluar si estamos hablando de Corea o de Gadd. En lo personal, y disculpen la fanfarronería, estaré hablando de los dos.

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Foto: Ricardo Gómez

 

Para ver el álbum completo de fotos, de Ricardo Gómez, hacer CLICK AQUÍ

 

 

 

Joni Mitchell

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Foto: Dan Beach.

 

A través de vericuetos asociativos, hoy volví a escuchar a Joni Mitchell y me está resultando tan pero tan adictiva que intentaré la estrategia de escribir una entrada, a ver si logro soltarla.

Este es el tema que suena por aquí ahora:

 

¡Qué mujer tan especial, por favor! Su música me viene acompañando desde ¡hace 29 años! Y en todo ese tiempo, siempre me ha pasado lo mismo: si hago sonar alguna de sus canciones, luego no puedo parar de escucharla.

Siempre se dice de ella que fue revolucionaria en usar la voz como si fuera un instrumento más. Es cierto, pero asombra con la maestría que lo usa.

 

 

Me quedo pensando que las dificultades que enfrentó en su vida personal solo pueden haber contribuido con toda esa carga emocional que nos llega al escucharla. [Si aún no lo hiciste, te recomiendo ver la documental “Woman of Heart and Mind”.] Aunque no entendiéramos una palabra de sus letras, la emoción que se recibe es gigante, en cada nota que sale de su garganta y en cada nota tocada por ella en la guitarra o en el piano. En una misma canción me llega tristeza, ilusión, esperanza, enojo. Me llega su inocencia y su madurez, su fuerza y su fragilidad, su disposición a los otros y su encierro en sí misma.

¿Cómo será que las notas pueden llevar toda esa información? ¿Será que viene con la vibración del sonido o será que recibimos, de algún modo misterioso, la propia emoción del cantante, atravesando espacio y tiempo?

Pasé recién por Wikipedia a ver su discografía. Su producción es algo bestial. Copio y pego:

Álbumes

Singles

(Wikipedia)

Y fue también ahí que me enteré que la insólita variedad de sonidos está dada por la afinación abierta de la guitarra y no tanto por la complejidad de lo que tocaba. Eso para mí es una sorpresa. Siempre me imaginé que ella generaba acordes y melodías con una libertad bestial. De todos modos sí que lo logró, pero con otro sistema, con afinar la guitarra de maneras diferentes.

En fin… faltaba Joni en este rinconcito atresillado.

 

Xa compartir belleza: Galemire

Tierra llamando a Atresillados… ¿queda alguno por ahí? Me sospecho que no, pero igual hago el intento. Como decía Wayne Dyer: “Nunca nos arrepentimos de lo que hacemos. A menudo nos arrepentimos de lo que no hicimos”.

Hoy ando arrepentida de no haber ido a ver más seguido a Galemire. De hecho lo fui a ver cuando todavía no podía valorarlo en su justa medida… allá por los años 88 – 89 – 90, algo así. Con 18 ó 20 años todavía me faltaba vivir alguna cosita para que resonara en mí su belleza.

Ir a verlo en vivo ya no me es posible, porque tuvo la mala idea de cambiar de plano muy temprano. A pesar de todo, por fortuna, Youtube me permite deleitarme con esta belleza y sentí ganas de compartirla por acá.

 

Un abrazo en forma de

tresillo

Espero que anden muy bien,

Patricia

 

Información infiltrada: taller on-line de Intro a la Meditación

Hola atresilladillos:

Podrán apreciar que hoy pego un salto cuántico en el tópico de mi publicación. La razón es sencilla: estoy promocionando esta belleza de taller on-line y no quiero que ustedes se queden sin saberlo.

Por supuesto esto proviene de uno de mis otros mundos, que ya saben que tengo varios.

Si es que hay alguien del otro lado leyendo: va un abrazo.

Patricia

Introducción a la Meditación (on-line)

 

¿Cuánto te simplificaría hacer el Taller Introducción a la Meditación desde tu casa, en el horario que prefieras?

¿Qué tan valioso sería eso para ti?

¡Tus deseos se acaban de hacer realidad! ¡Sí! ¡Sí!

Y yo estoy súper feliz de poder ofrecer este taller introductorio en forma on-line.

El lanzamiento será el lunes 8 de mayo de 2017

Adquiriendo el Taller de Introducción a la Meditación recibirás:

  • Un primer video explicativo, con recomendaciones generales.
  • Ese mismo día recibirás un segundo video, de 1 hora de duración, con la primera sesión del taller y un archivo PDF con el resumen de la misma.
  • Una vez por semana, durante 4 semanas más, recibirás un nuevo video con una nueva sesión y su correspondiente archivo PDF.
    • Cada sesión incluye:
      • Un ejercicio de relajación
      • Un ejercicio de mayor conocimiento de nuestro cuerpo energético
      • Un ejercicio de meditación
  • Acceso durante 3 meses al grupo de Facebook “Meditadores”, exclusivo para los concurrentes a mis talleres de meditación y a las prácticas de meditación, donde compartir tu experiencia con otros que están recorriendo tu mismo camino.
  • Una sesión individual por Skype, de 30 minutos de duración, en la que podrás preguntarme personalmente cualquier duda que puedas tener.

La dinámica está propuesta como para que tú practiques lo recibido en cada video durante todos los días de la semana, y que al llegar el segundo video, ya tengas el paso previo incorporado.

El precio para obtener acceso al taller completo, incluyendo las 6 horas de video, los PDFs correspondientes, el acceso libre al grupo “Meditadores” y la sesión de 30 minutos de sesión individual por Skype, es

$ 2.000 (pesos uruguayos) o

US$ 70 (dólares americanos)

Como te decía, el lanzamiento es el lunes 8 de mayo de 2017. Y como estoy súper feliz con mi primer lanzamiento on-line, voy a hacerte una propuesta imperdible:

Si adquieres el taller ANTES de esa fecha, o sea, hasta el 7 de mayo de 2017 inclusive, podrás acceder a él por

$ 1.700 (pesos uruguayos) o

US$ 60 (dólares americanos)

Este es el precio que le he puesto teniendo en cuenta que quiero que todos puedan dar este primer paso. El valor de lo que obtienes con este taller es incalculable en verdad.

Párate un segundo a calcular el valor real de lo siguiente:

  1. Incorporar a tu vida diferentes técnicas de relajación y de conexión con el aquí y ahora
  2. Aprender a percibir y reconocer el estado de tu cuerpo interno, de tu cuerpo energético
  3. Reconocer los bloqueos energéticos y eliminarlos
  4. Revitalizar tu cuerpo físico, mental, emocional y energético con una sola herramienta: la respiración
  5. Practicar tres modos diferentes de meditación, que desde el primer día te otorgarán:
  6. Más claridad mental,
  7. Más bienestar emocional,
  8. Más vitalidad,
  9. Un gran entusiasmo por reconquistarte a ti mismo y descubrir nuevas formas de sentirte y vivirte.

Y esto es solo la punta del iceberg, te lo aseguro. Cuando hayan pasado unos pocos días de practicar los ejercicios propuestos, empezarás a experimentar todo tipo de mejoría, que puede incluir una disminución del apetito causado por ansiedad, un deseo de alimentarte mejor, un mejor descanso nocturno, mejor toma de decisiones y un aumento en tu intuición y tu creatividad.

Aquí debajo te dejo dos videos de obsequio. En el primero te cuento acerca del enfoque que tiene el taller (práctico, práctico, práctico) y en el segundo comparto contigo un hermoso descubrimiento y cómo lo estoy aplicando en mi vida y en mis meditaciones.

Pero antes de que vayas a ver estos videos, déjame contarte la logística para adquirir el taller.

  1. Me envías un e-mail a pazenmentecorazonycuerpo@gmail.com o directamente AQUÍ.
  2. Te respondo con las formas de pago posibles.
  3. Luego de la confirmación del mismo, y a partir del 8 de mayo, recibirás en tu e-mail todo el material, con separación de una semana cada vez.
  4. Si lo deseas y en el momento que tú lo desees (dentro de las 5 semanas de duración del taller), coordinamos un encuentro por Skype para evacuar todas tus dudas directamente conmigo.

No te preocupes si vives fuera de Montevideo o inclusive fuera de Uruguay, pues igual puedes adquirir el taller. Justamente lo que más me fascina de este proyecto es saber que les estoy dando una solución a todas esas personas que viven lejos, o que tienen horarios diferentes, o que prefieren estar más tiempo en sus hogares por razones varias.

Ahora sí, te dejo los dos videos.

Con mucho amor,

Patricia Schiavone

Hoy es 25 de abril de 2017

Disfrutar del disfrute de cantar

Vengo de presenciar algo que me dejó el alma tibiecita, así que es mejor compartirlo. Hoy los alumnos de La Escuela de la Voz hicieron una muestra de fin de cursos ante sus familiares y amigos.

La invitación de La Escuela es a cantar y a pasarla bien, a mejorar las habilidades de canto y a divertirse, y hoy quedó clarísimo que ambos objetivos se logran por completo.

La tarde arrancó con los más chiquitos, que fueron los que menos nerviosos llegaron. Se subieron al escenario como si lo hicieran todos los días y disfrutaron a pleno de cantar su repertorio. Fue genial verlos bailar al compás de la música y vivir esa instancia como un auténtico equipo y con muchísimo disfrute. La profe a cargo, Ximena Bedó, me maravilla por su compromiso y por cómo logra tal concentración con este alumnado tan pequeñín. Verlos y escucharlos a ella con su grupo fue un deleite musical y humano. Algunas caritas mostraban que estaban muy concentrados para hacer todo lo mejor posible, otras que aquello era completamente natural y que se disfrutaba a pleno. Aunque no era posible adivinarlo, hubo niños que practicaron todo el año y otros que hace muy poquito que se incorporaron. Lo que se percibía desde la audiencia era que el grupo estaba muy, muy unido y que todos estaban para colaborar con la misma causa: cantar y disfrutar mucho, haciendo algo bello entre todos.

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En la segunda parte de la noche cantaron los alumnos adolescentes y los adultos. Hay algunos alumnos que tienen una voz privilegiada en la potencia, otros que tienen una voz especialmente dulce, otros que transmiten una enormidad, algo que resulta sorprendente para su corta edad o para su corta experiencia con el canto. Fue muy bello ver con el cariño que los acompañaron sus profesores: Diego Cotelo, Elena Ciavaglia, Ximena Bedó y Yaneya Salabarria. La feliz participación de Pablo Gularte (guitarra) y Luis Mercader (cajón y armónica) le puso aún más alegría y ritmo a la despedida de año.

Solemos decir que todos somos especiales pero ¿lo entendemos cabalmente? Verlos, uno a uno, y escucharlos, dejó esto en evidencia absoluta. Entre los alumnos hay historias de vida que son impresionantes y verlos defender su canción en el escenario con toda la convicción y con toda la garra del mundo, conociendo algunas de sus historias y esfuerzos, fue muy conmovedor pensando en ellos individualmente. En tanto grupos, lo más emocionante fue ver cómo los alumnos se apoyaron unos a otros y la camaradería especial que existió entre todos, alumnos y profesores, a lo largo de una noche que se disfrutó muchísimo.

Las edades de los alumnos que cantaron hoy van de cinco a setenta y pico. A todos los une el mismo gozo por la música y la misma ilusión de compartir ese disfrute con sus más allegados. Me saco el sombrero ante todos y cada uno.

Así como quizás no sean tan evidentes las historias detrás de cada persona al cantar, tampoco es tan evidente todo lo que sucede detrás para que algo así pueda suceder. Mozos acomodando mesas desde temprano, el sonidista enchufando cada micrófono y colocándolo en lugares estratégicos, un cocinero trabajando a doble marcha por circunstancias bellas de la vida, una presentadora de lujo que viene cuidando cada detalle desde hace mucho tiempo con una gran dedicación y amor, muchos mensajes de whatsapp mencionando nervios, preguntando horarios y compartiendo una complicidad bellísima de aquello que se hace por placer.

Como espectadora me dediqué a disfrutar del disfrute de todos ellos. Les agradezco profundamente por haberme permitido ser testigo de la belleza de disfrutar de la vida a través del canto y del aprendizaje del canto. Me llegó con mucha más profundidad de la que soy capaz de expresar aquí y ahora. Hoy se me ensanchó el alma con esta muestra de amor, de alegría, de perseverancia, de esfuerzo, confianza y generosidad y me impactó bellísimamente la diversidad humana compartiendo un camino común.

Y mañana vamos por otra experiencia similar, de la mano de Carmen Pi y Mariana Labrada.

A seguir disfrutando con el disfrute de cantar.

 

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Soleo de Ximo Tébar

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Ximo Tébar Soleo. Foto tomada de ximotebar.net

Hacía meses que este CD estaba esperando que yo tuviese el tiempo para escucharlo como sospechaba que se lo merecía. Cuando un disco físico llega a mis manos me gusta dedicarle mi atención y escucharlo verdaderamente, como una unidad indivisible. Soleo por suerte me tuvo la paciencia necesaria y hoy, finalmente, nos encontramos en ese espacio sonidos-oreja-alma que sigue resultándome mágico.

A Soleo lo crearon Ximo Tébar (guitarra y voz), Orrin Evans (piano), John Benítez (bajos), Donald Edwards (batería) e invitados (Santi Navalón, Ramón Cardo,Ricardo Belda, Claudia Tébar y Fernando García). Toda su música está compuesta por Ximo Tébar, excepto el tema Nardis, por supuesto de Miles.

Gracias al amigo Pepe, Ximo y su estilo no me es del todo desconocido, pero Soleo me llevó a lugares nuevos, disfrutables al máximo. Les contaré un poco, con la esperanza de que si alguno de ustedes también lo escuchó, comparta a su vez conmigo lo que sienta compartible. Según mi punto de vista, así se disfruta más.

El disco abre con el tema “Jaco Opus Town” (tributo a Jaco Pastorius). Esta me resultó una puerta de recepción a Soleo animada y cuidada. Para mi disfrute, arranca con la batería, siguen unos unísonos instrumentales a los que de inmediato se suma la voz. Amo los unísonos entre los instrumentos y amo los unísonos de instrumento(s) y voz. Se genera algo especial en mí cuando los escucho. ¿Será que las células se alinean vibratoriamente con ese conjunto sonoro? Sospecho que hay algo de eso. Al ánimo alegre lo acompaña la buena nueva de que los volúmenes están preciosamente balanceados y es posible escuchar cada instrumento de la mejor manera durante todo el disco. Agradecí que el tributo fuera en este ánimo de alegría. Todos amamos la música de Jaco y es bueno poder recordarlo con una sonrisa respetuosa en el corazón.

El segundo tema es “Soleo”. La guitarra transmite una dulzura impresionante y una profundidad especial, pero no nostálgica sino fresca y juguetona. Es un tema que me puso en un lugar emocional bonito, en un lugar tranquilo pero curioso. Hay un solo de piano lindísimo y las voces tienen un papel especial. Este tema tiene la peculiaridad de que los instrumentos tocan bastante rápido y sin embargo el sentimiento general es de calma y parsimonia, que me parece que es generado por las voces y el fraseo de los instrumentos.

“Luna llena”es un tema instrospectivo, con aire de bossa nova, con aroma a noche de verano. Lo sentí un poco diferente en carácter a todos los otros temas. Quizás el ingrediente faltante sea la alegría. Lo que me llegó a mí con estos sonidos fue una sensación de aplomo, de aceptación madura. ¿De la vida? Quizás.

Sigue una versión muy interesante de “Nardis” al estilo “son mediterráneo”. Tiene esa impronta vívida y alegre de Ximo, con elementos del jazz y del flamenco por igual. Por momentos una se traslada a los años 50 y 60 en Estados Unidos y por momentos se nos representa una bailaora de flamenco. Un homenaje a Miles Davis siempre es bienvenido y nos hace sentir en terreno familiar. Bueno, en este caso es un terreno familiar y completamente nuevo a la vez, que a mí me resultó una aventura atrapante.

“Soliloquio” está dedicada a la memoria de George Duke. Yo destaco la dulzura y el cariño de todos los sonidos de Soliloquio. Además de la guitarra, me llamó mucho la atención la batería, pues parece acariciada. Marca perfectamente el pulso y hasta con decisión, pero a pesar de ser con palos y no escobillas, Edwards logra que quienes estamos de este otro lado del disco nos sintamos acariciados… surge mucho amor de ese instrumento percutivo.

En “Tarantza”se introduce el saxo (de Ramón Cardo) y elementos musicales que recibo como árabes. Es aquí donde observo que mi cuerpo nunca escuchó algo parecido y se me genera toda la curiosidad de escuchar más por este lado. Me gusta mucho esta composición y cada uno de los instrumentos forma un todo muy bello. Hay un alto dinámico por el minuto 8 y un retomar interesantísimo, que creo que es digno de experimentar como oyentes.

El último tema es “Son Mediterráneo”. Cuenta con la participación de Ricardo Belda en el piano, que es el que nos regala las notas iniciales: una invitación a abrir el corazón, a entregarnos a la experiencia sonora, que supe aceptar sin titubeos. Luego piano y guitarra se entrelazan con muy buen gusto, sin apresuramiento, sin urgencia, con certezas que se sienten muy bien. Después de esta introducción hermosa, el tema se sigue desarrollando, incorporando todos los elementos que se percibieron antes en cada tema del disco y es un verdadero gozo permitirles a estos sonidos que se apoderen de una.

Cada tema de “Soleo” tiene su peculiaridad que lo hace una contribución importante a la obra entera, que me parece un disco con enorme buen gusto, con mucho cuidado y cariño; con una combinación hermosa de dulzura, alegría y belleza.

Da la impresión de que quienes participaron en Soleo pusieron mucho más que su virtuosismo musical. Es un disco que transmite amor y respeto hacia la música y hacia la audiencia.

Desde este rinconcito escondido en Uruguay me gustaría darle las gracias a Ximo Tébar por haber creado este disco que me ha parecido un regalo hermoso.

 

“Simpler Times” CD, by Chester Thompson Trio

Today I felt this urge to let all of you know about this record because I absolutely loved it from A to Z. So, here I am. Hopefully you’ll follow my advice, purchase the CD, and tell me whether you agree with me or not. I wholeheartedly promise you will thank me!

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“Love is the only force capable of transforming enemy into friend”, says a graffiti on the wall next to the musicians in one of the CD pictures (see below). While listening to this piece of art, the feeling one gets imbued with is clearly love, universal love. This is probably the utmost contribution a group of musicians can make to humanity.

 

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This wonderful record has a wonderful-feeling name: “Simpler Times”. How does that feel to you? Yeah, I thought so.

The first two songs were written by pianist Joe Davidian. When playing first track “Elation”, one would easily think the trio is Brazilian. Learning Chester Thompson’s favorite rhythm is samba came as a big surprise to me. Well, this track sounds so Brazilian that it amazes to know musicians are from the U.S.! This song makes life seem easy, simpler than it really is, probably happier too. From this very first moment, something that called my attention was how the three members of the trio, being of different ages, can blend so masterfully. In fact, I think Thompson plays as if he were twenty years younger and the pianist and bass player sound much more mature musicians than their age would suggest. The three of them are virtuosos but their mastery of music and instruments are undoubtedly put at the service of music in this record. If you have read the interview I published some months ago, you’ll probably have the same perception I had: that the three of them are really, really listening as if they were in the audience. There is no hint of ego anywhere and the general feeling is of collective joy and collective creation. I guess that’s the reason why when I listen to this record I feel universal love emerging in me.

The co-creation among the three musicians in track number two, “You Are Sid” is so, so great! You have to listen to it! There is no way you miss having this experience if you are a music lover. This song is mostly jazzy, but it also has some hints of Brazilian feeling in it, probably given by the place where stress of phrases is. Its rhythm is jazz, though, and at this point one feels grateful for the trio formation. All notes are clearly heard and one can actually enjoy the three so distinct and so complementary sounds. How they co-create what happens here is out of this world, really.

“Joy Waltz” is a jubilant song by bass player Michael Rinne. Again, the three musicians make a wonderful piece together. There are great solos of the piano and the bass which are really enjoyable. I was elated by the choices of Chester Thompson when accompanying both the bass and the piano solos and by the magic he does with his cymbals. He plays them extremely lovingly, softly, yet so well defined. At times he chose to repeat what the bass was saying, sometimes he is highlighting one only note, creating a very distinct feeling, sometimes he fully underlines what is being said by the other two, but everything is done with such respect for music as a whole that the final result is remarkable. The bass sounds much more mature than it is logical to expect, with a superb feeling and sound, and the notes in the piano have a very crystalline quality, super well defined and beautiful.

Track 4 is beloved song “Naima” (by Coltrane). Kirk Whalum’s participation is most important in this track, which takes you to simpler times very easily. While listening to it, images of calm moments of my life kept coming. For example, one special afternoon that I spent reading a book about Kind of Blue at some wonderful flat facing the river. That afternoon I felt so much like time travelling to 1959. Well, this version of Naima took me in that same direction. I loved it, loved it, loved it. Again, his cymbals!!! Thompson transmits something very, very special through cymbals. There is something very lively with his hi-hat, and something really, really sweet in his playing of the other cymbals. His grooving is magical and the last sustained note by the bass and the sax is definitely a brilliant ending for this masterpiece.

Well, then comes “Desafinado”. How on Earth did they get the idea of changing its metric? That was such fantastic creative choice. Arrangement of this track is credited to Michael Rinne, so I take my hat off to his choices. This version sounds much more alive, much more interesting than the many versions I’ve heard of this song before. In my opinion, this trio really nailed it with this version. Again, Thompson’s co-creation of the bass solo is amazing, with so much gentleness and so lively, so musical… I fell in love with this version of this song. And the piano sounds so Tom Jobim here! This is a really great version.

“A Remark You Made” (by Zawinul) is a song that makes me so nostalgic of the early times when I first listened to Weather Report. It’s one of those songs that I’ve made mine, somehow. The piano in it is an absolute delight. The hi-hat in this song is a thrill. Due to my love for drums, I often linger my ear in the percussion section of tracks. By doing so in this one, I got a blissful sense of freedom when focusing on the hi-hat sounds. Another marvel is the double bass sound when played with the arch. And the bass keeps surprising me with its experienced sound and feeling.

“Better Get it in Your Soul”‘s version is so enjoyable. In Charles Mingus’ original version, to my taste, notes are a little too dense… like bumping into each other, or accumulated in a somehow disorderly way. However, in this Chester Thompson Trio’s version everything is clearly heard and savoring it is easy, wonderful. This is such an uplifting track! The double bass contribution is really fantastic here and the joy in the drumming is heart-warming. The piano in this track called my attention for its double quality of rhythm and melody so well unified, at the time that it creates a different, new atmosphere that feels so, so good. This is a track which had everything to become aggressive, yet it is sweet and happy.

“Serenity”, by Joe Davidian, drives us again to Brazil. I don’t know what relationship Davidian and Rinne may have with Brazil, but they seem to have listened to a lot of Brazilian music and they certainly took lots of it in with mastery. Although it is a calmer track, it is still joyful and uplifting. Those two are probably the better defining adjectives for this record. The ending notes are again a delight!

“Simpler Times”, by Rinne, should be the trio’s hit. Groovy, lively, an invitation to dance. If I loved the hi-hat in other tracks, the snare and toms fully hooked me in this one, and the whole co-creation among the three musicians. This is a song that is found live in Youtube. Go for it but there is no possible comparison of sounds with the CD. This CD is a treat worth having on our shelves.

The version of Cole Porter’s “So in Love” surprised me in the same way as Desafinado did. It’s super good. I loved the bass attitude and attack in this song. It’s as if the bass became especially lively in this song. Music becomes a perfect mix of jazz and Brazilian music, which ends up being a real delight. In this track I felt the need to bow at Chester Thompson’s amazing drumming experience, which transpires in this kind of musical gem.

“New Life”‘s calmer quality is greatly received after the increase in excitement of the previous tracks. This is a track where kindness and sweetness emerge in a very special way. It feels soothing and warm. I welcome it with much gratefulness. I ended up dancing with it. I think that’s the best thing a song can cause: the will to move, to dance, to accompany it somehow.

“Single Source” is the last track and one of the most uplifting ones from this beautiful record. When it finishes, you want to play the CD again!! This song in particular sounds amazingly young and mature at the same time. I think the mixture of ages and experiences shows here in a very special way. Sounds from this track reach several different memories and mechanisms inside… as if several worlds would suddenly become together. I cannot explain it better than that, but it’s a weird and very nice feeling.

What a wonderful CD “Simpler Times” is. I’m so very grateful to have become curious enough to really listen to it. I encourage you to do the same. Let me help you with the links where you can find it either for purchasing its digital version or its physical one:

CD Baby: http://www.cdbaby.com/cd/chesterthompsontrio2

Amazon: https://www.amazon.com/Simpler-Times-Chester-Thompson-Trio/dp/B0176Q47SQ/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1477273227&sr=8-1&keywords=simpler+times+chester+thompson+trio

A final note: Joe Davidian grew up in Vermont. He started studying classical music, then was introduced into jazz by his father. He’s been a teacher since he was very young and he is a professor at Belmont University, in Nashville, TN. Michael Rinne was born in Arkansas, but currently lives in Nashville, too. Both Davidian and Rinne have recorded with several well-known artists and toured nationally and internationally. Chester Thompson’s impressive music career includes his collaboration with Frank Zappa, Weather Report, Genesis, Phil Collins and a very long list of other musicians he has played and recorded with (I was really surprised when I learned–from Hugo Fattoruso–he had even recorded with Hermeto Pascoal). He currently teaches drums at Belmont University. He is widely known by his versatility to play all styles of music. I would like to add that his creativity, independence and how he surprises us with his choices when playing is something really amazing.

PS: Spanish version of this review will be coming as soon as possible. This one naturally came up in English first.

Manu Katché presentó “Unstatic” en Montevideo

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Foto: Ricardo Gómez

 

El cuerpo entero sigue vibrando por más que hace ya un buen rato que terminó el conciertazo alucinante que tuvimos la suerte de poder presenciar hoy de noche en la Sala Zitarrosa. ¡Qué experiencia fantástica!

Ya cuando iba llegando a la sala sentía ese asunto inexplicable que anticipa un toque memorable. Por un lado, el corazón va más acelerado y por otro, se percibe como algo en el aire. La sensación aumentaba a medida que se acercaba el comienzo y para cuando las luces se apagaron, a mí me daba la impresión de que algo verdaderamente grande iba a suceder. Se respiraba; se percibía. No me equivoqué.

La música comenzó con Nino Restuccia (contrabajo) y Marcos Caula (guitarra) tocando tres temas bellos, calmos, que llegaban profundo y que hicieron un gran papel en ayudar a centrarnos y dejarnos completamente abiertos y receptivos a lo que vendría después. Vaya desafío que es comenzar un toque con un contrabajo. Estos dos músicos uruguayos tocaron tres temas con una gran delicadeza y musicalidad. Fue particularmente hermoso y dulce, sin prisas, sin nervios, con mucho disfrute y presencia. Quien haya elegido a estos teloneros, tuvo una excelente idea.

Luego de un impasse que volvió a elevar un poco el nivel adrenalínico, comenzó a sonar una base alegre, rítmica, y emergieron en el escenario y fueron poniéndose en sus puestos: Tore Brunborg (saxo), Luca Aquino (trompeta), Ellen Andrea Wang (contrabajo) y Jim Watson (piano y teclados). Unos segundos después entró el Maestro Manu Katché… Y comenzó la diversión con la contundencia y certeza personificadas en este baterista grosso.

El primer tema fue lo más groovy que pueda imaginarse, con los dos vientos sonando a pleno, el bajo con toda la polenta, el piano alucinante. Y la batería. A ver… ¿por dónde empezamos?

Empecemos por la sonrisa de Manu Katché. ¡Estaba feliz!!!! Y nos contagió a todos la felicidad increíble que traía encima. Desde la fila 19 me sorprendió cuán atrás agarra sus palos y cómo estos se ven como extensiones flexibles de sus brazos y manos. Ciertamente es de los bateristas que usan la gravedad a su favor y es un deleite ver esos palos ondear en el aire.

No habían pasado más que unos compases y ya se sabía que sería un toque para bailarlo de principio a fin. Si bien no podíamos hacerlo con los pies, sí que lo hicimos con el corazón.

En el segundo tema me fascinó cómo dejó sonar las notas ese segundo extra tan pero tan bienvenido desde la butaca. A esta altura parecía que la batería estaba un poquitín más fuerte que los demás instrumentos, cosa que a algunos nos asustó, pero ya para el tema siguiente los volúmenes quedaron divinamente amalgamados y el show sería una lección de musicalidad para todos.

El toque de Manu Katché es juguetón, atrevido, impulsivo, enérgico, alegre, increíblemente vital y completamente vibrante. Para quienes investigamos un poco en las elecciones de apoyos: los crashes y apoyos varios tendieron a ser o bien en un tiempo 3, o en un “4y”, etc… con lo cual estábamos todos expectantes, alertas, bien despiertos… gozados. Pero lejos de tocar todo “al palo”, Manu dio cátedra de matices: el bombo súper definido y por momentos a un volumen hermosamente alto, por momentos su toque fue increíblemente “chiquito”, incluyendo unos bombos a una velocidad increíble y a un volumen casi de caricia… y cada tanto un latigazo divertido, estimulante, impactante.

Lo que tocó con las escobillas es un caso aparte. La cosa más creativa que se puedan imaginar, lo más dulce y lo más sensible del mundo. Es bien interesante cómo su toque con las escobillas también es tremendamente vibrante y enérgico, y dulce a la vez.

Me encantó cómo en alguna balada, que en principio uno esperaría que el baterista “haga molde”, Manu se divertía metiendo asuntos inesperados pero que resultaban completamente musicales, como ser un montón de notas juglarescas en el charleston, o un par de notas en los toms (¿a tierra? Jajá, ¡jamás!). Qué deleite de toque. Un verdadero placer musical, donde la batería tenía una libertad que pocas veces tiene. Evidentemente esas son las bondades de que el baterista sea el líder de la banda y ¡bien que se lo merece este monstruo! Y cómo se le agradece que se dé estos gustos… porque somos muchos los que disfrutamos como locos de su diversión.

Pero no quiero pecar en algo: si bien mi foco indefectiblemente se va hacia la batería, y hoy en particular más que otras veces, quienes estuvimos hoy en la Zitarrosa podemos coincidir plenamente en dos cosas: por un lado, que fue un toque enormemente musical, donde todos los músicos tuvieron un protagonismo importante. Por otro, que el nivel musical de todos ellos es enorme y que fue una hermosura total lo que tocó cada uno. Cada uno tuvo sus momentos de protagonismo y creo que hablo por todos cuando digo que uno no podía aplaudir a ninguno luego de un solo pues no se quería perder ni una nota de lo que seguía después. De todos modos hubo algún momento en que era imposible no estallar en aplausos, pero la mayoría de la noche aplaudimos solo al final de los temas.

Creo que lo que marcó el perfil de la noche íntegra fue la gran presencia de cada músico y su instrumento, la enorme confianza de cada uno de ellos, y las muchas horas de ensayo que estos músicos seguramente tienen juntos y que se traducen en esta comodidad y diversión total.

Cada uno de los músicos nos regaló una enorme dulzura, una claridad cristalina en el sonido de sus instrumentos, una musicalidad arrolladora y una actitud maravillosa de entrega y respeto, tanto por su creación como por la instancia que estábamos compartiendo. Fue un enorme regalo el que nos hicieron esta noche con el sonido hermoso del saxo, de la trompeta, el bajo y el piano.

La música fue tan atrapante durante toda la noche que por más que parezca extraño, ni siquiera esperaba un solo de batería. Los otros músicos sí habían hecho ya sus propios solos (por cierto, muy, muy bellos todos) pero la bata no, y sin embargo no era algo que yo estuviera esperando. Pero no les voy a mentir… cuando al segundo bis se apagaron todas las otras luces y quedó Manu Katché bajo los focos plateados, el corazón arrancó a galopar. Tocó un solo muy, muy hermoso, que fue un divino remate.

Nadie quería dejarlo ir… pero, bueno, dijo que le gustaría volver en un par de años. Ojalá así sea.

 

Magia Ibarburense en formato de CD: Ultramarino

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Foto: Florencia Veres

El Trío Ibarburu: Andrés en el bajo, Nicolás en la guitarra, Martín en la batería, junto con Juan Pablo Di Leone en armónica y flauta se mandaron tremenda presentación del disco “Ultramarino” en la Sala Hugo Balzo, el día 29 de julio. Tocaron todos los temas de este último disco y también algunos de “Huella Digital”.

El aplauso del público al terminar el primer tema, y el segundo, y el tercero, duró lo que normalmente dura un aplauso al final de un concierto. Su música es algo descomunalmente bella a lo que se le agrega un cariño enorme por parte del público. Son queribles por su calidez y por esa sencillez y humildad que no deja de asombrar.

Entre el 29 de julio y hoy, 25 de agosto, una sucesión de hechos me fue impidiendo escribir esta reseña. Hoy finalmente encontré el momento perfecto. Sin embargo constaté, con gran desilusión, que la grabación ayuda-memoria en la que confiaba para este relato trasnochado decidió no existir.

Ante esta circunstancia, me quedan dos opciones: una, dejar la página en blanco; la otra, hacer una reseña del disco en sí. Con cierto atrevimiento, opto por la segunda, con la esperanza de animarlos a buscarlo y escucharlo, porque es, de veras, un disco esencial y demasiado hermoso como para pasar por esta vida sin conocerlo.

El universo “Ultramarino” está constituido por 9 galaxias, que se llaman: Membrana, Komora, Otro mar, Neurology, Mandala, El zorro, Nuevas cuerdas, Snorkel y Para rumbear mi camino. En los nueve temas se oye algo nuevo, que complementa perfecto lo que ya conocíamos de ellos: un saboreo más pausado de los sonidos y una maestría muy particular en cuanto a cómo los sonidos comparten y conviven en ese espacio multidimensional. Hay menos urgencia y hay en general menos cantidad de sonidos que antes y un arte aumentado en cuanto a la creación musical en su totalidad.

Membrana es una composición de Nicolás que tiene una magia increíble. Lo más sano para hacer con la música es sentirla y no describirla, pero haré mi intento de explicar lo que en esta canción me hizo sentir especialmente feliz. Este tema podría tomarse como ícono de lo que constituye a estos músicos y sus influencias. La canción tiene en igual medida carácter de candombe, de folclore y de jazz, y es en cinco tiempos. Además, tiene un ritmo marcado y simultáneamente una melodía dulcísima que comparten entre la guitarra y la armónica. En la entrevista que pudimos hacer antes del toque, contaron que no fue una búsqueda consciente la de conjugar todos esos elementos; la aventura de Membrana sí estuvo guiada por los cinco tiempos pero el resto emergió simplemente porque es su esencia, y ya sabemos que solo puede surgir a la superficie aquello que se posee en el interior. En este tema Nicolás toca guitarra eléctrica, también con ebow, y acústica. Los sonidos que logra él con sus guitarras y la combinación de ellos con la armónica de Juan Pablo son un deleite melódico, que cala tan profundo que emociona muchísimo. A su vez, la conjunción de Nicolás con Martín en especial pero también con Andrés en cuanto a la intención de cada apoyo, de cada corte y de cada arreglo es perfecta. El si se quiere “contraste” entre el agudo de la armónica y las guitarras y la profundidad de los toms de la batería es algo bellísimo. Eso y que ninguna nota topa a ninguna nota. No hay ni por un instante una insistencia ni petulancia por parte de ninguno de los instrumentos. Cada nota está en su sitio, compartiendo el espacio ese, multidimensional, y juntas, en perfecta armonía de presencias, crean esta belleza extraordinaria. Me parece especialmente llamativo que las frases musicales están verdaderamente co-construidas por todos los instrumentos. Algunas son rematadas por el redoblante o algún tom de la batería, otras por el bajo. Por supuesto que la guitarra y la armónica también, pero eso es más esperable. Lo de que frases que comienzan dichas por la guitarra o la armónica terminen de decirse por el bajo o la batería es algo que me resultó maravilloso. Hay una musicalidad aquí que supera cualquier cosa que yo haya escuchado en mi vida.

Komora es una composición de Andrés, extraordinaria. Arranca con el charleston de la bata y la guitarra y por esos instantes una siente, auténticamente, que no hace falta nada más. Suena hermosa esa dupla hasta con algo tan minimalista. Luego se transforma en la antesala perfecta para que cuando entra el bajo, una casi se quede sin respiración. Cuán bello suena ese bajo. ¿Y cómo puede a la misma vez ser el ritmo y ser la melodía, haciendo tan hermosas ambas funciones? Otra cosa que se disfruta desde el primer instante es el balance de la batería en los dos canales. Está muy bien grabado y no sé si es solo por mi chifladura natural pero que la batería se administre de esa manera entre el canal derecho y el izquierdo a mí me dio la sensación de algo cuatridimensional (las 3D que conocemos tan bien y una dimensión extra que incluye esa otra cosa que se genera en este disco). El diálogo entre la bata y el bajo en este tema es impactante al comienzo. Después entra con más garra la guitarra de Nicolás y una ya no sabe cómo hacer para poder absorber todo eso y no perderse detalle. Nicolás solea y el mundo se detiene. A eso hay que agregarle que el bajo y la bata siguen haciendo una magia impresionante y auténticamente dan ganas de pasar el tema en cámara lenta. Entonces los demás achican un poco y Andrés se manda un solo hermosísimo. Y cuando ya se siente que aquello es demasiado, Martín nos regala un solo de su instrumento mágico y el mundo no puede ser más perfecto. El charleston en este tema me deleitó. En esta pista Agustín Ibarburu toca “monotron”, que lamentablemente yo no pude diferenciar. Me recuerda a la época en que, decenas de años atrás, no era capaz de diferenciar el sonido del bajo. El observador crea su mundo según los recursos que tiene. En lo personal por ahora me faltan recursos para poder identificar al monotron.

Otro mar es súper alegre, súper para arriba. El candombe sigue diciendo presente y fusionándose con el jazz. En la tapa dice: “Cuando nos juntamos en Praga por primera vez, Nico completó este tema una noche en el jardín”. Seguramente estaban muy felices por el rencuentro porque lo que se siente al escucharlo es una alegría emocionada. Martín toca batería, tambor piano y chicos. ¡Cómo suena! Es como si hubiesen diecisiete músicos y no uno. Candombe que podríamos bautizar como “Candomartín” o “Martímbe”: fresco, alegre, bailable, contundente, con su ingrediente pop y jazz a la vez y con una profundidad esencial que lo identificará siempre. ¡Belleza de la vida musical uruguaya! Nicolás produce perfección sonora, que auténticamente acomoda células y almas a su paso. Las notas que surgen de su guitarra tienen una convicción total y un cuidado muy bonito. Siento como si una mano firme me agarrara, con delicadeza, y me llevara a conocer mundos nuevos. Y Andrés la descose con ese bajo que es también firme, creativo, melódico, increíblemente poderoso, siendo a la vez dulce y sensible. Qué sé yo… por momentos es demasiado el éxtasis que genera este disco.

Neurology es un tema con gran densidad de notas. Lo loco del asunto es que a pesar de tener muchísimas notas a una velocidad importante, el aplomo del que hablaba al principio sigue presente. Encontrar aplomo en un candombe tan rápido debe ser cualquier cosa menos fácil, pero no da la sensación de que les resulte un esfuerzo ni nada parecido. Creo que se puede decir sin riesgo a equivocarse que estamos siendo testigos de algo muy especial que hacen estos tres seres de luz. Una amiga muy querida, a quien le agradezco con el corazón exaltado y agradecido que me haya regalado esta joya de disco, me dijo el día de la presentación: “En un futuro los van a estudiar como un fenómeno musical”. Es muy probable que tenga razón. Yo agrego: el fenómeno está sucediendo ahora. Si recién los estudian en el futuro es por ese empecinado gesto de idiotez que los seres humanos desarrollan frente a los artistas especiales. Pero volviendo a Neurology, me resulta algo insólito cómo pueden tocar tantas notas a esa velocidad y que ninguno pise a ninguno, que cada nota tenga su razón de ser y su lugar específico, y que cada uno de los tres pueda contribuir como lo hace a la creación de una pieza tan pero tan hermosa. Creo que el mejor resumen es que es un tema para pirar, para gritar, para saltar de la alegría.

El quinto tema del disco es Mandala. Aquí, Nicolás toca guitarra acústica, Andrés un bajo fretless y Martín el cajón. Este es un tema más manso que Neurology, como para que no nos estalle el corazón (gesto que se agradece), pero el detalle es que igual, a medida que van pasando los segundos, el corazón empieza a desbordarse, a pesar de la inicial aparente inocencia de Mandala: el sonido del cajón es demasiado bonito como para no sentir alteración, y la guitarra y el bajo tocan unos unísonos de esos que te desgarran el alma a fuerza de belleza. Por momentos vuelven a hacer esto impresionante de que la guitarra arranca una frase y el bajo la termina o viceversa y ¡pffff! No hay palabras ni que se acerquen a explicar la sensación física que se vive escuchándolo. Alineación circular y vibración total, quizás. Con Mandala me permití observar en qué centros energéticos sentía más cada instrumento y si bien hay momentos en que la guitarra resuena solo en los chakras superiores (al principio, sobre todo) y momentos en que el cajón resuena claramente en el tercero, tengo la impresión de que es el bajo el que los junta a todos en un efecto mágico que a partir de unos poquitos segundos de haber empezado el tema hace que los siete centros se sensibilicen de un modo supremo e increíblemente disfrutable.

El zorro tiene un fraseo archioriginal y genial y es el tema en el que escuchando el disco, me pongo a llorar cada vez. Me encantaría saber si fue el mismo en el que pianté el lagrimón (que después no podía detener) en el concierto. Todo es perfecto: las melodías tocadas por el bajo son impresionantes, el sonido y la penetración en las células de la guitarra es de morirse y la batería tiene indudable influencia divina. ¿Cómo puede Martín oír todo eso en su alma? Y después, ¿cómo lo plasma así?… es demasiado. Esta galaxia tiene un groove tan gozado que da gusto estar vivo un ratito extra solo para poder escucharlo una vez más.

En la tapa dice que Nuevas cuerdas fue un experimento sonoro grabado de a partes, un poco acá y otro poco allá. La verdad que no hay manera de darse cuenta de que fue grabado así. Podrían estar los tres en la misma sala. Lo que más me sorprendió es que tiene un dejo de tristeza y es extraño que un experimento grabado por partes pueda transmitir esa emoción de esa manera, con una unidad muy potente. Pero bueno, aceptemos que no todo en la vida tiene explicación.

La galaxia 8 se llama Snorkel y es un tema de Nicolás Ibarburu y Nicolás Varela. Está grabado con Martín en cajón, Andrés en bajo fretless y Nicolás en guitarra acústica. Con este tema en particular me pasa que al escucharlo, lo veo a Martín tocando el cajón en el concierto. Es una demencia lo bien que toca, cómo genera matices asombrosos con esa caja de madera, y el sonido tan increíblemente dulce que produce. Y como me sucede a veces, la realidad es que en este tema se me nublan los sentidos para los otros instrumentos. Por instantes noto la belleza del conjunto pero en primerísimo plano tengo al cajón y tan empecinadamente que finalmente opto por dejarla por esa y admitir que ese sonido de mano y madera me pudo tanto que por más que puedo sentir una guitarra hermosa y un bajo bastante juguetón, me voy con el ritmo y sus matices perfectos, que dicen tanto.

Y así llega, sin anestesia, el final de un disco que una no querría que terminara nunca. El último tema se llama Para rumbear mi camino. Martín en la batería, Andrés en bajo y cellos, Nicolás en guitarra acústica, R. Jochmann en piano y Juan Pablo Di Leone en armónica. Es un tema lleno de sensibilidad. Tiene una mezcla de optimismo y nostalgia. Tiene una melodía hermosísima extrapolada con la dulzura del cello y la armónica, y una delicadeza zarpada del piano y de la guitarra. Yo no creo que sea a propósito que se oyen los dedos de la guitarra desplazarse sobre algunas cuerdas en algún momento, pero ¡qué efecto bello tiene eso en mí! En cuanto al cello, amo tanto su sonido en esta creación mágica que va desde acá un pedido especial a incluir más a este instrumento en futuras creaciones del trío. Del minuto 2:20 en adelante hay una creación conjunta entre el piano y la batería que eriza el alma y me hace encargarle al Universo que por favor me permita ser música en la próxima vida. Dudo que haya sido pensado pero bien podría haberlo sido: el final de este tema es de esos que te obligan a ponerle play de nuevo al disco. Es un final que queda suspendido, como diciéndote: “no tenés otra que volver a escucharme”. Y supongo que es por ese final que este disco no se ha movido de mi reproductor en un mes.

A esta joya la podría haber grabado el sello ECM perfectamente. Que estos seres estén tocando en Montevideo es un capricho del destino que bien haríamos en agradecer a conciencia y aprovechar a ultranza. Desde este rinconcito yo les digo un tímido “gracias por existir, Ibarburus… y por las múltiples dimensiones que nos regalaron con Ultramarino. Es enorme la admiración y el agradecimiento”.

Foto: Patricia

Foto: Patricia

Foto de portada: Florencia Veres.

Viaje intergaláctico con Alphonso Johnson Quartet en el Teatro Solís

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Foto: Ricardo Gómez

Mientras la voz sensual del Teatro Solís nos invitaba a apagar los teléfonos celulares, a mi lado mi amigo Julio decía: “Bueno, se empieza a escribir la historia. Ommm”. Y todo el teatro aplaudió la entrada de los genios al escenario.

Como si quisieran alargar ese Ommm de mi amigo, el Alphonso Johnson Quartet inició su toque con una combinación mística de sonidos, creando un clima de expectativa, que sería venerablemente honrado durante todo el toque. Esa introducción precedió a una fantástica versión del tema “Resolution” de John Coltrane.

La emoción con la que escuché ese primer tema fue tal que tuve que hacer algunas respiraciones profundas y decirme que me convenía calmarme. Pero mi emoción tenía grandes razones para existir y ser muy grande esa noche. Entre otras cosas, en el año 1988 la vida hizo que yo descubriese la música de Weather Report, de la mano de un gran profesor que me prestaba cada clase cassettes grabados con la música de estos genios y yo los devoraba, y por supuesto copiaba. Ni por un instante imaginé en ese tiempo, cuando me admiraba sobremanera cómo podían tocar esas maravillas y cuando daba mis primeros pasos en poder identificar el sonido del bajo (ja) entre todos los sonidos del jazz, que casi 30 años después podría ver a un cuarteto formado por dos de esos músicos en el Solís, tocando en directo algunos de esos mismos temas. Espero que me disculpen este momento nostálgico pero este trasfondo personal influyó en que este concierto del Alphonso Johnson Quartet fuera para mí muy, muy especial.

El cuarteto ya sonó a pleno en ese primer tema. Federico Ramos en la guitarra y Gary Fukushima en teclados transmitían una seguridad inmensa con las melodías. Alphonso Johnson y Chester Thompson bien podrían ser una sola persona, y una persona muy firmemente plantada en la vida: fue impactante escucharlos y verlos… es una dupla genial.

Siguió la versión de Equinox con más swing que se haya oído hasta ahora. Todos contribuyeron desde su instrumento y su presencia con esa belleza, de una forma muy espectacular. Federico con su guitarra nos instaló en el corazón una combinación muy mágica de belleza y nostalgia en iguales medidas. El yin y el yang podrían representar gráficamente lo que sentí yo con esos sonidos de Federico. Gary a su vez eligió unos sonidos (durante toda la noche, ¿eh?) que fueron bien originales y que te trasladaban a un sitio nuevo. Chester y Alphonso demostraron toda la noche lo que habían explicado en una clínica en conjunto el día anterior: todos los instrumentos tocan melodía, todos los instrumentos son responsables de mantener el ritmo y el trabajo principal de todos los músicos es escuchar el todo. ¡Pero cómo tocan, por favor!

Alphonso es el swing personificado. Equinox en particular le pide que toque muchas veces la misma combinación de notas. Es admirable cómo las toca cada vez con exactamente la misma intención y la misma energía gozada. ¡Y ese swing! No, no, no… ¡increíble!

Siempre me nace agradecerles a los músicos que dejan las notas sonando un instante más, porque me dan la oportunidad de disfrutarlas un poquitito más. Con los bajistas esto es variable pero Alphonso les permite siempre a las notas esa duración máxima que tanto agradezco. ¡Qué lindo! Permanecen flotando y hay una unidad muy especial de las notas entre sí.

El tema siguiente fue ese tema tan divino, compuesto por Alphonso Johnson, que se llama “Bahama Mama”, en el que Alphonso se mandó uno de los muchos solos hermosos de la noche. Tremenda emoción. Fue a partir de este tema que yo hubiera dado la vida por poder bailar durante todo el resto del concierto. La alegría y el swing tan brutal que generaron esta noche iba literalmente aumentando las vibraciones de las células del cuerpo de los que estábamos escuchando y era muy difícil quedarse quietos en las butacas. La melodía tocada en el bajo es algo de locos. Es indescriptible con palabras la emoción, pero vayan a Youtube y busquen el tema. ¡No lo posterguen ni un segundo más! Denme el gusto de ponerlo de banda de sonido al leer el resto de esta reseña. El bajo aquí es pura melodía hermosa y súper rítmica. Y verlo a él tocar es un goce adicional. Todo su cuerpo resuena con lo que está tocando. De a ratos sutilmente y de a ratos bastante más evidente, cada célula suya baila lo que toca. Es bellísimo de presenciar y nutre lo mejor de todos nosotros. Contagia vitalidad.

Además, él es la simpatía personificada. Por ejemplo, un gesto bonito fue que cuando nos habló, trató de mechar las palabras que sabía en español. Además, presentó a sus músicos con enorme respeto y cariño y con una actitud humilde, calma, bella.

En el tema siguiente Gary Fukushima nos regaló un solo divino, con esos sonidos extraterrestres suyos, que me encantaron. Él y Alphonso en un momento de este tema entretejieron sus sonidos de tal manera que daba la impresión de que hacía años que tocaban juntos, y todos sabíamos que no, que este grupo se formó muy recientemente. Me dejó asombradísima eso. Después se agregó Freddy, con su guitarra, y me sorprendió lo mismo: ¿cómo puede ser que suenen así haciendo tan poco tiempo que tocan juntos?  Supongo que la respuesta es que son músicos profesionales y el lenguaje de la música no tiene mayores misterios para ellos.

Mientras sonaba la introducción del bajo del tema siguiente yo le agradecía a la vida por la oportunidad mágica de estar recibiendo en el cuerpo las vibraciones de esas notas directamente, sin ningún aparato mediador. Son notas que sanan el espíritu. ¡Gracias!

La versión del tema Giant Steps fue algo de locos, demoledor. Parecía que nos habían transportado a otro plano, al plano ese donde se cumplen los sueños más preciados. Gary la descosió de nuevo con su teclado mágico. El bajo de Alphonso seguía esculpiendo sonidos que generaban una alegría mayúscula de estar vivos (tocó un solo muy bonito, pero durante toda la canción tocó sonidos increíblemente hermosos). La guitarra le dio un toque maravilloso al final de esta canción, con una presencia y una decisión que pah, impactaba y me dejó completamente admirada y con ganas de buscar más música de Freddy.

Cuando iban hora y media de concierto, anunciaron el tema Naima, y acá es donde pongo el freno general y no tengo más remedio que mencionar muy especialmente a Chester.  Esto que voy a decir lo hizo durante todo el toque pero en este tema en particular fue algo increíble. Haciendo una simplificación bastante brutal de mi parte, los bateristas hacen principalmente dos cosas: una, llevan el tiempo con lo que se puede llamar “el groove”, y dos, apoyan determinados momentos del fluir musical. Como cada uno de los otros instrumentos tiene a su vez su dinámica individual, por lo general el baterista apoya momentos de “la voz cantante”, la que “resalta más”, ya sea esa una voz humana o una melodía tocada en cualquiera de los instrumentos. Bueno, lo que me admiró por completo durante todo el toque, y muy especialmente en este tema, fue la maestría de Chester Thompson para ir apoyando a todos y cada uno de los instrumentos en ese entretejido mágico de melodías que se daba, manteniendo todo el tiempo el groove ese que le da cohesión a la canción. Él dijo que el secreto está en escuchar como si se estuviera sentado en el lugar de la audiencia. Desde mi butaca en la novena fila mi cuerpo no podía creer cómo él era capaz de anticiparse al protagonismo momentáneo de cada sonido proveniente de cada uno de los otros tres instrumentos y apoyarlos a todos en el momento exacto como para que la totalidad de la creación tuviera una presencia impactante, con la mayor musicalidad del planeta, manteniendo el groove base, de cohesión, y con un gusto musical absolutamente exquisito. Ah, y todo fluyendo con una naturalidad que parecía que estaba tarareando una tonada bajo la ducha. No sé si en algún momento caeremos en la cuenta de lo que presenciamos ese día. A mí la ficha todavía no terminada de caerme, la verdad. En uno de los momentos en que sentí que la excitación era demasiado desbordante llevé los ojos al cielo, buscando a alguien para agradecer, y me encontré con que en la esquina frontal derecha del techo del teatro un foco estaba haciendo algo muy hermoso: se proyectaba uno de los parches de la batería de Chester… ¡se lo veía vibrar en el techo! y la sombra de su mano izquierda. Como si el teatro estuviera buscando maneras de quedarse con ese recuerdo incrustado. No lo culpo. Yo también estoy haciendo lo posible por mantener este recuerdo para siempre.

Poder escuchar y ver a Chester Thompson en acción fue uno de los mejores regalos que he recibido en mi vida. Me atrapó el sonido de sus platos, cuán sueltos usa los platos del HH y cómo esa comodidad hace que esos platos fluyan con la música con maestría. Su independencia es algo absolutamente increíble de presenciar y cómo ella le permite que verdaderamente pueda estar adentro de la música por completo y pueda tocar con libertad lo que sea que sienta que precisa ser tocado. Me llamó la atención cómo puede tocar con tanta decisión y a la vez con tanta calidez en los sonidos que produce. Esto es un poco loco, lo sé, pero pienso que su música proyecta la presencia que tiene su persona. Escuchar las notas que surgían de la batería fue transformador, así como observar la manera en que su escucha especial sucedía. No sé cuántos músicos se habrán llevado esta bendición consigo. Espero que hayan sido varios.

Lo que sucedió después fue un viaje intergaláctico. El techo del que hablaba recién se abrió como una compuerta y el escenario y todas las butacas levantamos vuelo. El destino era: visitar galaxias lejanas. Déjenme respirar hondo antes de decirlo, porque me tiembla el pulso: tocaron BLACK MARKET. ¡Black Market tocado por este cuarteto increíble! ¡Black Market tocado por dos de los músicos de Weather Report! ¡Black Market tocado a pasitos nuestros, dirigido a nosotros! ¡Black Market vibrando en nuestras células y nuestra alma! No quiero invocar a deidades para no ofender a nadie pero ahhh, eso no fue solo obra de humanos. Quienes estuvieron podrán decir si estoy exagerando o no. Yo sigo en éxtasis hasta el día de hoy. ¡Y fantástico cómo Gary y Freddy se amalgamaron con Alphonso y Chester de esa manera! Esos dos monstruos han tocado juntos desde el año 1969 y son una aplanadora impresionante en el escenario, pero Gary y Freddy se unieron a esa aplanadora de la mejor manera, brillaron increíble los dos durante todo el toque, se mandaron unos solos increíbles y entre los cuatro generaron un concierto que no nos vamos a olvidar nunca más.

Quiero cerrar esta nota con un gracias gigante a todas las personas que tuvieron que ver con que esta noche existiera en el Teatro Solís. Cada una sabe quién es y cada una sabe qué parte le agradezco. Desde la generosidad de mi profe en el año 1988 hasta todos los que hicieron posible que el 28 de julio de 2016 viviéramos semejante experiencia. Y por supuesto a los músicos, esos seres de luz que hacen que nuestra vida sea tanto más disfrutable.

Feliz a más no poder

Feliz a más no poder

 

Fascinación post concierto

Fascinación post concierto

 

Con la artesana de toda esta magia

Con la artesana de toda esta magia

Foto de portada: Ricardo Gómez

Posdata: Aquí se puede leer la entrevista a Chester Thompson, realizada pocos días antes del concierto.

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