Joni Mitchell

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Foto: Dan Beach.

 

A través de vericuetos asociativos, hoy volví a escuchar a Joni Mitchell y me está resultando tan pero tan adictiva que intentaré la estrategia de escribir una entrada, a ver si logro soltarla.

Este es el tema que suena por aquí ahora:

 

¡Qué mujer tan especial, por favor! Su música me viene acompañando desde ¡hace 29 años! Y en todo ese tiempo, siempre me ha pasado lo mismo: si hago sonar alguna de sus canciones, luego no puedo parar de escucharla.

Siempre se dice de ella que fue revolucionaria en usar la voz como si fuera un instrumento más. Es cierto, pero asombra con la maestría que lo usa.

 

 

Me quedo pensando que las dificultades que enfrentó en su vida personal solo pueden haber contribuido con toda esa carga emocional que nos llega al escucharla. [Si aún no lo hiciste, te recomiendo ver la documental “Woman of Heart and Mind”.] Aunque no entendiéramos una palabra de sus letras, la emoción que se recibe es gigante, en cada nota que sale de su garganta y en cada nota tocada por ella en la guitarra o en el piano. En una misma canción me llega tristeza, ilusión, esperanza, enojo. Me llega su inocencia y su madurez, su fuerza y su fragilidad, su disposición a los otros y su encierro en sí misma.

¿Cómo será que las notas pueden llevar toda esa información? ¿Será que viene con la vibración del sonido o será que recibimos, de algún modo misterioso, la propia emoción del cantante, atravesando espacio y tiempo?

Pasé recién por Wikipedia a ver su discografía. Su producción es algo bestial. Copio y pego:

Álbumes

Singles

(Wikipedia)

Y fue también ahí que me enteré que la insólita variedad de sonidos está dada por la afinación abierta de la guitarra y no tanto por la complejidad de lo que tocaba. Eso para mí es una sorpresa. Siempre me imaginé que ella generaba acordes y melodías con una libertad bestial. De todos modos sí que lo logró, pero con otro sistema, con afinar la guitarra de maneras diferentes.

En fin… faltaba Joni en este rinconcito atresillado.

 

Carmen Pi y Tato Bolognini: alquimistas musicales

Carmen-Pi-Tato-Bolognini
Carmen Pi y Tato Bolognini en la Sala Podestá, anoche, 20 de setiembre de 2017, fue una experiencia tan emocionante que si bien no estaba en los planes contarles nada, aquí estoy escribiendo, especialmente para yo misma poder volver a pasarlo por el corazón en el futuro.

Admito que dudé si ir otra vez más a ver a Carmen. Luego de anoche, no vuelvo a dudarlo. Siempre hay que ir, porque, aunque parezca tan difícil, cada vez se revelan nuevas capas de genialidad.

A la derecha del escenario nos esperaba un despliegue llamativo de instrumentos de percusión, batería incluida.  En el centro, un par de guitarras y a la derecha el piano de Carmen.

Para poder ponerse en mi piel tienen que saber que a los dos CDs de Carmen los tengo gastados. Amo todas sus canciones y la amo a ella también, pues es un ser querible de acá a Saturno. Y, para mejor, estaría acompañada por Tato, ese gran músico, con un gusto y una energía excepcionales. Así que iba a ver a estos dos monstruos pero con una expectativa muy medida, debido a la cantidad de veces que los he escuchado e, ilusa yo, pues pensaba que no podrían sorprenderme demasiado.

El show comenzó poniéndonos a todos a escuchar con todos nuestros sentidos y toda la atención: dúo de flauta y voz, entretejiendo con todo cuidado sonidos atrapantes con resonancias árabes. Que una cantante pueda comenzar así una noche musical no es nada común. Se puede esperar ese despliegue vocal quizás sobre la mitad del toque, pero ¿al comienzo? Solo Carmen puede hacer algo así. Bueno, Carmen y Tato, que no hace nada tocaba sus primeras notas en la flauta y ahora está tocando ese instrumento melódico con toda la musicalidad del mundo, con mucha dulzura y, claro, esa alegría que es su marca registrada. Ese primer minuto y medio o dos hubiese sido razón suficiente para ir. Pero obviamente era apenas el aperitivo.

Lo de anoche fue una muestra de alquimia musical. Como jugando, con mucha simpatía, y a la vez cuidando cada detalle, transmutando el silencio en mil y un sonidos bellos que, elegidos a conciencia por parte de los dos, crearon una textura mágica, con hilos multicolores de sinergia sin fin.

En este toque descubrí que si por momentos cerraba los ojos, encontraba una frescura y una vitalidad muy amplificada en relación a las grabaciones. Sí, dicho es obvio. Claro que un toque en vivo es más fresco y más vital que una grabación. Bueno, pero una cosa es la obviedad teórica y otra cosa es vivirlo. Aquí yo percibí en todas mis células cómo mi amado “Puntos Cardinales” me generaba, asombrosamente, emociones nuevas.

Tato siempre se pasa, digamos la verdad. No ha de haber un solo toque suyo en el que alguien pueda haber dicho que no fue musical. Lo que asombra, de todas formas, es cómo se supera a sí mismo. Viene a ser un Chomsky de la batería, digamos. Cada año es un músico más completo, más enorme. Es un enorme deleite escucharlo.

En esta noche tocó la flauta a la vez que tocaba el bombo y el HH y una máquina de efectos. Cantó mientras tocaba en la batería asuntos que estaban muy lejos de ser patrones automatizables. No se puede decir que acompañó, pues fue tanto lo que embelleció cada canción que por esta noche, para mí, él fue coautor de los temas de Carmen.

El tema “Buen día”, esa maravilla de canción que Carmen compuso para su hijita Nina, tiene una particularidad: alterna momentos de enorme dulzura con momentos un poco más enérgicos. La diferencia de intención, volumen y sensibilidad del toque de Tato, siempre con las escobillas, en una y otra parte de la canción fue algo impresionante. Y así, millones de magias, que obviamente no se han hecho para narrar sino para vivir, para escuchar.

Carmen desborda calidez hacia el público. Y su buena química con Tato es evidente. Otra cosa que siempre me llama mucho la atención es lo bien que se acompaña con la guitarra y con el piano mientras con la voz genera tanto, tanto amor.

Anoche, por fin, me fui a verla sin maquillaje. A Don Prudencio Navarro sigue haciéndome lagrimear. Igual voy mejor… ayer no lloré durante horas sino apenas se cayeron un par de lagrimitas.

En lo personal tuve un regalo extra. Carmen cantó dos temas que son composiciones hermosas de Dany López: Baguala de la Piedra y Completely Wasted. Ambos son muy introspectivos; te sensibilizan aunque estés hecho de hielo. El presente especial que me tenía preparado la vida fue tener a Dany López sentado al lado mío y oír su canto en algunos momentos de sus propios temas, muy bajito pero audible para mí que estaba tan cerca. La emoción venía de todas las direcciones, me atravesaba sin piedad, y luego de dar vueltas por todos lados, se reacomodaba en mi alma… donde pienso conservarla por todo el tiempo que mi memoria celular me lo permita. La emoción de Carmen cantando el tema de Dany, que estaba presente; la emoción de Dany escuchando esas versiones maravillosas de sus propios temas; y yo ahí pudiendo vivirlo todo. La verdad que si la vida me amara más, me destrozaría en mil pedazos con su abrazo.

Cada uno de mis aplausos fueron la mano derecha para Carmen y la mano izquierda para Tato.

Que se repita esta maravilla mil y una veces. Yo me prometo que seguiré yendo.

Xa compartir belleza: Galemire

Tierra llamando a Atresillados… ¿queda alguno por ahí? Me sospecho que no, pero igual hago el intento. Como decía Wayne Dyer: “Nunca nos arrepentimos de lo que hacemos. A menudo nos arrepentimos de lo que no hicimos”.

Hoy ando arrepentida de no haber ido a ver más seguido a Galemire. De hecho lo fui a ver cuando todavía no podía valorarlo en su justa medida… allá por los años 88 – 89 – 90, algo así. Con 18 ó 20 años todavía me faltaba vivir alguna cosita para que resonara en mí su belleza.

Ir a verlo en vivo ya no me es posible, porque tuvo la mala idea de cambiar de plano muy temprano. A pesar de todo, por fortuna, Youtube me permite deleitarme con esta belleza y sentí ganas de compartirla por acá.

 

Un abrazo en forma de

tresillo

Espero que anden muy bien,

Patricia

 

Chapital Grooving the Blues: ¡Gozado!

Abajo les cuento algo de una propuesta musical que les recomiendo de corazón.

Chapital Grooving the Blues está formado por:

Juan Pablo Chapital (guitarra eléctrica y coros)

Camila Ferrari (voz)

Sebastián Zinola (teclado)

Valentín Cabrera (bajo eléctrico)

Gerónimo de León (batería)