Bryan Adams: máquina de hits

Bryan Adams se presentó en el Antel Arena, ofreciendo un show excelente, profesional, donde todo funcionó como esperábamos. Su público cantó todas las canciones, siendo el punto alto del entusiasmo “Summer of 69”.

Hay muchos músicos que componen un puñado de hits pero hay muy pocos de los que podamos decir que su repertorio entero es un hit. Bryan Adams está entre estos últimos.

Mis preferencias personales suelen inclinarse hacia otros lados del espectro sonoro, así que en varias oportunidades me he cuestionado qué es lo que me gusta tanto de su música. Si bien es cierto que es parte de la banda sonora de mi adolescencia, aquí encuentro algo especial.

Tengo casi 50 años y lo que en mi juventud me parecían letras muy románticas, como por ejemplo “Everything I do, I do it for you” (trad: todo lo que hago, lo hago por vos), hoy hacen chirriar todas mis células por desacuerdo… filosófico, digamos. Hoy me cuelgo un poco más con los momentos humorísticos que tienen algunas letras, como “If you wanna leave me, can I come too?” (trad: si querés dejarme, puedo acompañarte?).

Esta vez me decidí a descubrir cuál era el enganche y, si me permiten, voy a compartir esa búsqueda.

Primero, me detengo a observar al instrumento que más termina definiendo mis gustos musicales: la batería. Claro que es buenísima. Es extremadamente precisa, tiene un sonido despierto, una intención muy positiva, a Mickey Curry le encantan los fills que entonan melodías y los adorados flams, mientras su crash te lleva de paseo a Saturno cada vez que apoya alguna cuestión. Macanudo, pero eso no parece suficiente para que yo no me canse nunca de escuchar estas canciones.

¿Qué hay de la voz? Tiene esa cualidad ronca que es tan agradable, también agudos alucinantes y, que yo sepa, no se le conoce desafinación alguna.  Sin embargo, no termina de convencerme que sea por eso que me gusta tanto.

¿Y las guitarras? Bryan Adams tiene con la guitarra la misma convicción que al cantar: una firmeza rítmica maravillosa y una delicadeza extrema cuando así lo desea. Keith Scott, por su parte, armoniza, solea, apoya y dialoga con B. A., eligiendo riffs súper rockeros, con distorsiones que le meten garra a todo y a la vez son muy amables para el oído.

En toda banda que te haga bailar o moverte hay un excelente bajo haciendo su trabajo… aunque por ahí no lo oigas (le puede haber faltado un poco de volumen en este show). Aquí es firme como una roca y logra que todo calce como un guante. El teclado (con aspecto de piano) hace su aporte también. La banda entera está perfectamente medida, con todo en su lugar justo (inclusive las luces).

Pero si no es nada de eso lo que genera adicción… ¿cuál es el secreto de la fórmula?

Admitamos que la combinación casi perfecta de rebeldía y de romanticismo juega un rol importante. Todos los de mi edad tenemos una cuota importante de rebeldía (algunos la tienen más resguardada y otros la tenemos más a flor de piel) pero a esta altura sabemos que todo tiene que estar equilibrado con el amor.

Bien, pero ¿qué más hay?

Para mi sorpresa finalmente encontré dónde está la clave de la atracción que ejerce en mí: se trata de la forma de “pregunta y respuesta” con la que están hechas casi cada una de las frases musicales de estas canciones. Permanentemente hay una tensión que crece y una tensión que se resuelve. Eso te engancha, te genera una expectativa que es seguida por un inmediato descanso, y así sucesivamente… de principio a fin de cada tema y de principio a fin del disco o show. Y eso te mantiene en estado de alerta y relajación, de alerta y relajación.

Descubrir los ingredientes de la fórmula no redujo mi disfrute pero por suerte sí calmó mi intriga.

Por otra parte, así, desde lejos, Bryan Adams parece ser un hombre comprometido con causas humanas y ambientales. Antes de comenzar el show, un video nos informó que por cada entrada de la Shine a Light tour, la empresa DHL plantaría un árbol y el video de su hit “Heaven” nos empujaba a observar nuestro planeta como un paraíso. También aparecieron en las redes fotos suyas recogiendo basura en las playas de Montevideo. Esto recibió críticas en algunos comentarios que pude ver y no comprendí. Desde mi rinconcito humano le doy gracias a cualquier celebridad que haga pública su preocupación medioambiental y que se ocupe de fomentar el cuidado de nuestro planeta y la conciencia de que estamos abusando de él.

Que vuelva será siempre una alegría.

Para ver fotos del show, ir a: http://cooltivarte.com/portal/bryan-adams-maquina-de-hits/

La música que me gustaría tocar todos los días de mi vida

Todos tenemos alguna fantasía…  una de las mías es tocar con Bryan Adams algún día.

Este disco se llama “Waking Up The Neighbours” (Despertando a los vecinos).

Si alguno de ustedes decide escuchar este disco, les pido un favor enorme: ¡pónganlo a un volumen alto!

¡Y escuchen la batería! Es super sólido lo que toca, el sonido es profundo, la afinación es bonita, el tiempo es tan impecable que obviamente está grabado con click (metrónomo) – pero eso no lo hace menos perfecto, porque no pierde ni sensibilidad ni gracia ni naturalidad – y los cortes son simples y caen exactos. Combina el golpe a tierra, requisito básico del rock, con acentos al aire, que para mi gusto le agregan riqueza a la cosa. Los toms tienen un sonido medio psicodélico, quase electrónico sin serlo… y los platos son usados con gusto y exactitud… el batero no duda ni un instante qué tocar.

La guitarra toca lo necesario y no más, tiene la cantidad de distorsión perfecta (se me viene a la mente el tema “Not Guilty” y “House Arrest”), la fuerza exacta para ser agresiva pero no ensordecedora, y se combina perfecto con el teclado en cuanto al sonido. Tanto que no me sorprendería que el tecladista y el guitarrista hubieran ido juntos a comprar sus instrumentos 😉 . El sonido de las guitarras es del que me gusta a mí: ronquito, como la voz de Bryan… no es de esas guitarras agudísimas que perforan oídos. La distorsión, además, no opaca en nada a la voz. El balance de todos los instrumentos y la voz no podría ser mejor en cuanto a frecuencias y volúmenes.

La voz tiene una combinación mágica de sensualidad, sensibilidad, ternura y fuerza. Algo que he notado en los cantantes de rock es que o afinan, o tienen fuerza. Que tengan las dos cualidades no es tan común… Para mejor, el manejo rítmico es buenísimo. Y hay que sacarse el sombrero frente a este hombre que sigue cantando con sentimiento canciones que compuso hace una eternidad… algo que no debe ser fácil.

Yo encuentro fantásticos tanto las melodías como los acordes… expresan exactamente lo que yo expresaría si tuviera la habilidad de componer… (“Depend on me” es un ejemplo de melodía que me encanta).

En cuanto a las letras,  tienen la misma característica que las de Sting: cuentan historias que se “ven” completas: tienen imágenes que están cargadas de sentimientos – en las que nos podemos meter de cabeza, o sentirnos identificados – con una pizca de humor cada tanto (“If you wanna leave me, can I come too?” – “si me vas a dejar, ¿puedo ir también?”), con otra pizca de picardía (la mejor de todas: “I wanna be your underware” – “quiero ser tu ropa interior”), con un romanticismo a ultranza (de todos sus temas “Heaven” debe ser la canción romántica por excelencia) y con una rima que suena natural y no forzada. Y, jaja, logra hacer un himno (con una fuerza absolutamente arrolladora) con una letra completamente anti-machista como “Touch the hand”.

Sin duda es un disco para escuchar cuando uno necesita energizarse; cuando uno tiene que descargar; cuando uno quiere sentirse adolescente de nuevo; cuando uno tiene que aguantar despierto dos horas antes de que llegue la hora de salir con amigos. Tiene los ingredientes necesarios para dejar atrás penas y encarar cosas nuevas, o para tomar coraje frente a una situación que genera miedo. Y claro… también para morirse de amor con alguien que nos guste.

¿Puede haber un disco más perfecto?

Por último: ¿quiénes son los músicos detrás de este disco, además de BA?

Keith Scott – lead guitar

Tommy Mandel – Hammond organ

Dave Taylor – bass

Mickey Curry – batería

Phil Nicholas – keyboards and programming

Robbie King – Hammond organ

Bill Paine – Piano and Hammond organ

Larry Klein – bass

Ed Shearmur – keyboards

The Tuck Back Twins – background vocals