Pedro Aznar: Resonancia

Pedro-Aznar-Teatro-Opera-foto-Alexandra-Monges.jpg

Foto: Alexandra Monges

 

He tenido la fortuna de haber cruzado el charco y que mi cruce coincidiera con el show “Resonancia – 35 años” de Pedro Aznar, en el Teatro Ópera de Buenos Aires. La invitación ahora es a detenernos un momento en aquello particular que tuvo el show del sábado 30 de septiembre. Esa “p” va en honor a Aznar; los uruguayos solemos ahorrárnosla.

Fue un show doblemente especial. En primer lugar, porque fue mi primera experiencia de poder verlo en vivo con banda. En Montevideo siempre lo he visto solo, a excepción del año 1989, cuando vino a Laskina con Suna Rocha y Julio Gordillo, pero evidentemente me faltaba experimentar el formato quinteto. La expectativa de ver a la banda me generaba una insistente ebullición adrenalínica que al fin ha sido saciada. Por otra parte, si llegase a ser mi única oportunidad, es posible que haya sido el show más disfrutable de todos en este formato, pues el repertorio incluyó un repaso por absolutamente toda su carrera musical, desde el año 1982 hasta el presente, en orden cronológico.

Si bien yo sabía que repasaría su carrera, a mis células las alteró completamente el comienzo del show. “Conduciendo una locomotora” y “Septiembre” fueron dos temas que gasté en el año 1988, cuando tuve mi primer contacto con el disco Pedro Aznar, editado en 1982. Fue con ellos que comenzó la noche. ¡Qué impacto! Y qué maravilla poder sentir la interpretación con esos años de diferencia. Quien los ejecuta no es el mismo y yo tampoco, evidentemente. “Conduciendo una locomotora” trajo el mismo arrojo y vitalidad de la juventud pero la interpretación derrochó una cuota extra de solidez musical y emocional que me puso la piel de gallina. Qué maravilla poder vivir esa presencia y firmeza de cada nota. “Septiembre”, por su lado, quizás me llegó con un poquito menos de la enorme dulzura del disco pero, también, impactó desde otro lugar, quizás más real o, mejor dicho, más cercano a mi presente.

No reseñaré tema por tema, como he hecho en otras oportunidades, porque esta vez tengo ganas de transmitir desde otro lente. Es posible que el haber estado sentada bastante arriba y lejos me haya dado esta perspectiva algo diferente.

La banda de Pedro de esta gira está formada por:

Coqui Rodríguez (guitarra)

Federico Arreseygor (teclado y voz)

Alejandro Oliva (percusión) [¡Un genio!]

Julián Semprini (batería) [¡Solo Dios sabe cuánto yo quería tener la oportunidad de verlo en vivo!]

De la banda como un todo hay que decir que es como una máquina suiza. Si se miran, es más para gozarse juntos que por necesidad de coordinación; da la impresión de que los músicos hubieran tocado estos mismos temas durante milenios. Suenan como si fueran diez y no cinco. A su vez, cada uno por su lado es perfecto. Cada nota tiene la intención y el matiz exactos. No sobra ni falta nada de nada.

Disfruté muy especialmente de la dupla Oliva-Semprini. De Semprini me admiró la efectividad para generar todo lo imaginable y en particular la versatilidad de actitud e intención al pasar de un tema a otro, sosteniéndolos a rajatabla por la duración del tema. De Oliva, la enorme atención y cuidado al detalle, y el buen gusto en cada instante. Creo que de la interacción de ambos emergía una cuota enorme de la eficacia, emocionalidad y contundencia del show. Del teclado y la guitarra se sostuvieron buena parte de los climas de la noche.

A Pedro Aznar lo noté especialmente cómodo y pareció disfrutar mucho de sus temas. Quizás fuera mi perspectiva distante, pero me llamó la atención cuánto acompañó con su cuerpo y, en particular, cómo su movimiento corporal era fluido. De alguna manera me resultó contradictorio –nada incómodo; solo interesante– su movimiento con respecto a las notas del bajo, como si su cuerpo generara una onda más expandida sobre la cual el bajo cumplía su rol, obligatoriamente algo más rígido.

No quiero contar mucho del show para no arruinarle la sorpresa a quien todavía no lo haya visto. Apenas quiero mencionar que su trabajo para películas estuvo presente y me resultó un elemento emotivo muy importante.

Durante todo el toque se proyectaron imágenes encima del escenario. Por momentos las sentí excesivas y en ocasiones me descubrí ante la disyuntiva de prestarle atención a la música o a las imágenes. A pesar de este sentir algo tirante, el complemento visual resultó muy efectivo para acompasar los mensajes de ciertas canciones. Es muy difícil que puedas escuchar la canción “La Trampa” y que no te sacuda pero si a la música y letra le sumás la imagen que se mostró mientras la tocaban, la movilización es aún mayor.

Admiré el trabajo de iluminación de todo el show y cuatro días después me sigo sacando el sombrero con el efecto logrado al final de cada una de las canciones con cada postura física de Pedro y su correspondiente juego de luces. Si bien ya no necesito más confirmaciones de que es excepcional, me sigue sorprendiendo que pueda estar en ese tipo de detalles con esa exactitud al mismo tiempo que disfruta su fiesta musical e interpreta cada tema con el corazón en la mano.

Pedro-Aznar-Teatro-Opera-foto-Alexandra-Monges.jpg

Foto: Alexandra Monges

Fotos: Alexandra Monges Fotografía.

 

Video entrevista a Pedro Aznar

Me dio la impresión de que era buena cosa subir la entrevista a Pedro Aznar a Youtube. Como saben, no hay grabación de video.

Con el poquito material de imágenes que tengo, busqué ingeniármelas para que la entrevista tuviera una asociación visual que permitiera subirla a Youtube. También me las tuve que ingeniar para la confección del video. Parece que esta entrevista se decidió a ser la primera en varios asuntos.

Si comentan la realización “videográfica”, háganlo con cariño, que soy tan amateur que hoy tuve que buscar un tutorial en Youtube para poner transiciones entre las fotos. Pero quedo abierta a las críticas constructivas, porque seguramente habrá más videos y siempre hay lugar para mejorar.

 

Dos horas en un instante

“Es un show largo, como de dos horas”, había adelantado él. Entonces, cuando anoche avisó que el show se había terminado, fruncí el ceño pensando por qué habría cambiado de opinión; por qué lo había reducido de esa manera. Pero no, no lo había reducido nada. Las dos horas se habían encogido en un instante. Y así fue cómo sucedió para mí una comprensión nueva del título de su último disco.

Hoy escuché a Sergi Torres decir que la mayor revolución que podemos hacer como seres humanos es estar agradecidos por el instante presente. Se puede decir que anoche fui tremendamente revolucionaria. El agradecimiento como sentimiento benditamente invasivo estuvo acompañándome durante todo ese instante.

A continuación voy a intentar transformar en palabras comprensibles lo que sucedió anoche en el Teatro Metro.

Luces apagadas, telón rojo cerrado, surge su voz, anhelada y anhelante. El público retiene la respiración. Ahí mismo nos colocamos todos en el lugar del que no saldríamos más. La canción: “Una palabra” de Carlos Varela. Fíjense qué elección más bella y más significativa comenzar su show cantando, a capela, lo siguiente:

Una palabra no dice nada y al mismo tiempo lo esconde todo. Igual que el viento que esconde el agua; como las flores que esconde el lodo.

Una mirada no dice nada y al mismo tiempo lo dice todo. Como la lluvia sobre tu cara o el viejo mapa de algún tesoro.

Una verdad no dice nada y al mismo tiempo lo esconde todo. Como una hoguera que no se apaga, como una piedra que nace polvo.

Si un día me faltas, no seré nada y al mismo tiempo lo seré todo. Porque en tus ojos están mis alas y está la orilla donde me ahogo.

Desde las butacas se vivió profundamente. Arrancaba un viaje a la vez introspectivo y contemplativo.

Como confirmándolo y venerándolo, nos ofreció “Joya tu corazón”. Bueno, gracias, Pedro. Nosotros pensamos que el tuyo es una joya.

Si recuerdo bien, la siguiente canción fue “Cuerpo y Alma”. Sonó especialmente dulce y contenta, llena de vida. Y ¡santo Dios! El silbido en este tema fue algo tan pero tan bonito, tan atrapante, que yo deseaba que no tuviera fin. ¿Cómo hace para afinar así un silbido y con esa variedad de notas tan impresionante? Qué belleza fue eso…. De alguna manera sigue siendo, porque cierro los ojos y lo oigo.

Y cuando todavía no salía yo de mi asombro con el silbido, arrancó a cantar el tema “Nubes” de Nano Stern. Aquí Pedro hizo un despliegue absolutamente sobrecogedor de unos sonidos graves que me resultaron un goce vibrante en el medio del pecho. Y segundos después, unos agudos hermosos, a los que aunque estoy más acostumbrada, no dejan de sorprenderme y hacerme feliz. Lo que sentí con esta canción fue que la música estaba trabajando su magia en mí de manera extremadamente eficiente y con una forma sencilla. Aclaro que cantarlo no parece nada sencillo; estoy hablando de que las notas no se empujaban unas a otras sino que cada una tenía su momento, su espacio individual. Me regocijé con cada sonido en sí mismo.

Entonces vino el rock and roll. “Ideología”, un tema impactante de Roberto Frejat y Cazuza (del año 1988). [El primero de los temas del primer disco, también llamado Ideología, que sacó Cazuza después de enterarse de que tenía sida]. “Mis héroes murieron de sobredosis, mis enemigos están en el poder”. El Pedro rockero es muy pero muy impresionante. La polenta que tiene sin permitirse perder ni por un segundo la musicalidad y la fineza es algo de otro planeta. Cada vez que le oigo un tema así pienso que sería genial que nos regalara la experiencia de un grupo de rock, aunque fuera por una temporadita. Obviamente, si mi deseo se hiciera realidad, a la vez daría por tierra ese eclecticismo refrescante, abarcativo y multicultural que hace de Pedro Aznar un comunicador de emociones, vivencias y culturas tan diversas. Un crisol que este mundo necesita y más vale que bendiga.

Entonces trajo, tomándola suavemente de la cintura, a la zamba “Las manos de mi madre” de Peteco Carabajal. Le queda lindo el folclore; no hay nada que hacerle.

Luego nos pidió paciencia. Compuso un tema para dos bajos que haría en un show unipersonal y para eso debía grabar primero uno, en frente nuestro, y encima de esa grabación tocar una segunda vez. Aquí es donde la escena idílica a mí se me desajusta por un segundo y no es justamente por Pedro sino por el público. ¿Será posible que los montevideanos no sepamos mantenernos en silencio? ¿Será posible que a un montón de apestados (más apestados de desconexión que de gripe) se les ocurra toser cuando lo que había que hacer era mantenerse en el lugar del respeto y la atención? Gracias a Dios el aparatejo en cuestión no tomó las toses. “El que no escucha es solo víctima de sí”. Fue bonito, bonito oírlo tocando solo bajo y cantando. Y la letra me pegó fuerte. “Cómo duele en el orgullo la verdad cuando buenas intenciones hacen mal”. Y me gustó, claro, la frase “lo urgente mata lo importante”, porque ocupándome de dar vuelta esa priorización es que vengo hace rato, encontrando que la vida tiene otro sabor si se hace primero lo importante y a lo urgente se lo mira apenas de reojo… o no se le permite llegar a ser urgente porque uno se ocupó de eso en la etapa de importante no urgente. En fin, yo me entiendo. Ustedes no sé, pero.

Y ahí nos fuimos al litoral. Nos contó sobre un festival de chamamé y su encuentro con Teresa Parodi, sobre cómo ella le envió un texto y él le compuso una música. Y cómo cuando le envía a un autor su musicalización, luego de apretar el botón de “send”, se encoje con el temor o duda de qué le parecerá. Entonces uno lo mira y piensa que claro, que es humano también, pero que no lo parece. La canción se llama “Río Secreto” y la guitarra de Pedro en ella fue como saborear por primera vez una frutilla: mágico, embelesante.

Aquí ya no parecía que pudiéramos sorprendernos mucho más pero evidentemente no era cierto. Aclaro que en lo personal no me gusta el tango. Suelo descartarlo rápidamente porque hace vibrar fibras que no quiero que vibren. Bueno, a partir de anoche, tengo que cambiar esa opinión y decir: pucha, el tango tiene lo suyo. Cantó “Crisis”, un tango que compusieron juntos con Horacio Ferrer, que fue un despelote, despelote, despelote. Me llevó a un tremendo viaje emocional. Espero que lo grabe y lo podamos escuchar muchas veces más. De la letra recuerdo solo esta frase, que ya dice bastante: “con cáncer en la ética”.

Entonces tocó “Si llega a ser Tucumana” (Música: Gustavo ‘Cuchi’ Leguizamón; Letra: Miguel Ángel Pérez). Yo la había escuchado ya dos o quizás tres veces en vivo, pero anoche me impactó la energía con la que la tocó. Transformó esa guitarra en un instrumento percutivo muy maravilloso, y el resultado general de esa canción fue una amalgama perfecta de fuerza y dulzura. Detrás se proyectaban fotos de Mercedes Sosa jovencita, preciosa.

“Zamba para olvidar” me desgarró. Su canto, su guitarra y mi corazón se hicieron un bollo ahí mismo. El remate del tema fue como un golpe de gracia.

En ese preciso instante de extinción este Ser de Luz trae a Luis Alberto Spinetta y el cuore, que ya parecía que no daba más, escuchó, como pudo, “Si no canto lo que siento me voy a morir por dentro. He de gritarle a los vientos hasta reventar, aunque solo quede tiempo en mi lugar”. Sí, “Barro tal vez”. Y ahí fue donde Pedro me “miró” burlón y me “dijo”: ¿Querías rock and roll? ¿Querías folclore? ¿Pensabas que tenía que hacer músicas diferentes para ambos? ¿Sabés qué? No. Toco las dos cosas en una si se me ocurre… y hoy, aquí y ahora, se me ocurre. Fijate cómo hacés para sobrevivir. 🙂 Ay, Dios, en serio… muy fuerte la combinación. Y muy fuerte la voz de Pedro, la energía, la decisión, el sentimiento, y esa guitarra increíble… y ese final arrasador.

Hagamos una pausa acá. ¿Cómo piensan que la íbamos llevando? Sí, el corazón al recontra galope con la respiración archi cortada. Pero la cosa seguía y seguía con platos fuertes.

¡Blackbird! Yo creo que es una de mis canciones favoritas y oírla surgir de él es algo muy, muy especial. Anoche me llegó especialmente. Con su guitarra combinó otra vez más, de manera magistral, la percusión con la melodía. “Into the light of the dark black night” cantado por él me desarma.

¡Strawberry Fields Forever! Belleza y fuerza, belleza y fuerza, rock and roll a full… ah, por favor, no se puede pedirle mucho más a la vida.

El viaje fascinante siguió con “Because”. Me hizo redescubrir la frase “Love is old, love is new” y caer en la cuenta de que si bien el amor siempre existió en el mundo y en mi vida, porque si no para empezar no estaría aquí, a su vez el amor es nuevo en cada instante, porque yo voy cambiando y una persona diferente necesariamente ama diferente. Primero grabó el teclado y la voz. Luego la guitarra y otra voz. Y por último encima de todo eso tocó el bajo y cantó nuevamente. Fue en ese momento que balbuceé: “Esto es el pa-ra-í-so”.

Después tocó “Quebrado” para un público que no se lo mereció. ¡Vo! ¿No la habían oído nunca? ¡Cómo puede ser que Pedro Aznar nos invite a cantar el coro y todos se queden callados! Ay, Dios… Antes del próximo show, habría que escuchar un poco, me parece. Pero bueno, más allá de ese momento incomodísimo en el que la gente no fue capaz de cantar la palabra “Quebrado” dos veces, el tema obviamente estuvo perfecto.

“Confesiones de invierno” siempre me traslada en tiempo y espacio a mi adolescencia, a las guitarreadas, a dos amigos en particular. Y bajito, bajito, hubo un corito de gente cantándola, pero sospecho que Pedro no pudo oírlo.

Anoche tuve la oportunidad de ser baterista de Pedro Aznar, je. Bueno, para ser honesta la tuvimos todos. Nos pidió que le hiciéramos la base rítmica del tema “Traición” y yo, con mi cabecita delirante, pensé qué bueno que es tocar con él. En fin, delirios.

Luego sonó “Lina de luto” (de su autoría), donde Pedro dejó de ser un solo hombre y se transformó en una banda completa. Tremenda energía y un sonido impecable. Y una sonrisa hermosa. “Maldigo del alto cielo” (de Violeta Parra) nos regaló unos unísonos de voz y guitarra divinos.

Creo que fue en este momento que tocó “A primera vista” y gracias al cielo este coro sí lo supimos cantar. Yo con todas las ganas y la libertad del mundo. Se sintió bonito.

Narrado por escrito, de esta manera, una tiene mejor noción del tiempo transcurrido, pero sinceramente cuando a esta altura Pedro dijo que el concierto se había terminado, parecía que recién había comenzado.

El público aplaudió de pie, a rabiar, y nadie tenía la mínima intención de retirarse. Cuando reapareció sobre el escenario, llovieron los pedidos de canciones, y la que sonó fue “Lisa” de Gustavo Cerati. Qué coros más divinos. Luego sonó “Quedándote o yéndote” de Spinetta… hermosa, hermosa. Qué juegos tan espectaculares que hace con la voz. Es muy fuerte, en serio. El corazón no sabe si sonreír, llorar, gritar, susurrar o qué. Al menos el mío se queda perdido.

El fin del fin fue con el tema de Cazuza “Todo amor que exista en esta vida”, que es un tema que me fascina. Detrás de Pedro se proyectaban en una pantalla besos muy, muy hermosos. Me vine pensando que si fuéramos bichos menos civilizados, habríamos terminado ese concierto como la escena final de la película* que se hizo del libro “El Perfume” de Süskind. O si no tanto, al menos besándonos con la gente a nuestro lado, fueran conocidos o desconocidos. Porque al fin de cuentas se trata de todo amor que exista en esta vida.

“Hasta pronto” fueron las últimas palabras. Sí, señor. “Hasta pronto”.

Me vine con dos discos suyos. Me impactó la textura y la fotografía de Mil noches y un instante. ¡Qué objeto más maravilloso! Me hizo notar que en la era de internet sigue habiendo buenas razones para comprar discos.

Agradezco a Cooltivarte por haber confiado en mí para cubrir este show.

* Si recuerdo bien, el libro tiene una escena más que la película y la película termina con una orgía multitudinaria.

Una charla magnífica con Pedro Aznar

Mañana, 15 de julio, a las 21:00 hrs, los montevideanos tendremos la dicha de asistir al show unipersonal de Pedro Aznar, que ofrecerá en el Teatro Metro.

A continuación transcribo la entrevista que, con generosidad y amabilidad absolutas, Pedro otorgó a Cooltivarte.com, y a mí en representación de este portal de información artística.

Fue un enorme placer poder hacerle estas preguntas. Cada una de sus respuestas habría fácilmente sido un puntapié para una charla extensa y me quedé con las ganas de ahondar en cada una. Qué tema el tiempo, pero cuando lean, más abajo, verán que solo se trata de… bueno, si quieren saber, ¡adelante! Mi recomendación es que se pongan cómodos, porque es una charla para degustar. De ser posible, para degustar con paso calmo, con el disfrute de saber que uno está en este preciso instante exactamente donde tiene que estar.

Foto: Federico Meneses

Foto: Federico Meneses (Cooltivarte)

Nota: Si prefieren escucharla en lugar de leerla, hacer clic en este enlace:

https://soundcloud.com/entrevistaspat/entrevista-pedro-aznar

 

—En tu disco “Contemplación” hay un tema en el que toca la percusión Osvaldo Fattoruso y en “Cuerpo y Alma” dos temas de Eduardo Mateo. ¿Cómo se dio tu acercamiento a esos músicos uruguayos?

Empezó con los Shakers, cuando yo era muy chico.

—¿Escuchando a Los Shakers?

Escuchando a Los Shakers. Me fascinaban, me encantaban. Y, bueno, después siguió con OPA y con Rubén Rada. Después tuve el gusto de compartir escenarios y grabaciones con Osvaldo, con Hugo, con Rubén. Hicimos alguna cosa con Jorge Drexler también. En este show estreno un tango que compusimos con el querido maestro Horacio Ferrer, también, así que la música uruguaya ha tenido siempre un lugar en mi vida y en mi música.

—¿Conociste personalmente a Eduardo Mateo?

No, lamentablemente no lo llegué a conocer.

—¿Te habría gustado?

Me habría encantado tener una charla con él, sí.

—¿Qué te gustó tanto del tema “Cuerpo y alma” como para ponerle ese título a un disco tuyo?

Ah, es bellísimo. Es un mantra. Es como una celebración de la belleza de la vida. Y, además, hubo una circunstancia muy hermosa, que no me voy a olvidar nunca. Estábamos con Hugo Fattoruso haciendo una gira por Japón junto a Toninho Horta y a un vientista japonés llamado Takamasa Segi y me acuerdo que íbamos en un tren, atravesando unos campos nevados, en pleno invierno. Ya el paisaje era sobrecogedor. Me acuerdo que Hugo estaba sentado en el asiento de atrás y en un momento se acerca con un par de auriculares y me dice: “Escuchá esto, vo”. Y me calza los auriculares y empieza a sonar “Cuerpo y Alma” de Eduardo Mateo, mientras atravesábamos ese campo nevado y fue un momento inolvidable, fue una epifanía. Esa canción cobró en ese momento un significado muy mágico.

—Ayer la miraba y la escuchaba y no sabía qué te había llamado más la atención, si la poesía, si la música.

Las dos cosas. Bueno, Mateo tenía esa magia. Mateo era un tremendo arquitecto musical. Un tipo con un manejo de la matemática musical. En el sentido poético de la matemática, ¿eh? No en un sentido frío. Era capaz de crear cosas de una complejidad geométrica absolutamente hermosa, como la imagen de un caleidoscopio. Y hacerla, además, sonar natural, espontánea, fluida, fresca, cálida. Como los grandes arquitectos que construyen esos espacios intrincados pero bellos. Que son sobrecogedores y a la vez se sienten como tu casa. Y como poeta, bueno… maravilloso.

Foto: Federico Meneses

Foto: Federico Meneses (Cooltivarte)

—Te hago saltar unos años: “Caja de Música”.

Bueno, hablando de grandes arquitectos [se ríe, con toda la frescura].

—¿Qué te atrapó de los poemas de Borges como para hacer un disco entero, musicalizando sus poemas?

Mirá, lo hice en principio porque me convocaron de la Secretaría de Cultura de Buenos Aires. Cosa que me dio, en iguales medidas, susto, responsabilidad, honor y alegría, pero predominantemente susto, te diría. Meterse con Borges es una cosa un poco complicada pero siempre digo que como los que se jugaron esa carta fueron ellos, si me sale mal [risas], no fue por una torpeza mía, sino que se equivocó otro. Eso yo creo que me liberó a poder jugar de una manera un poco más… menos comprometida.

—¿A los poemas los elegiste tú?

—Los elegí yo. Me dieron carta blanca, me tiraron la idea. Me dijeron: “Nos gustaría que musicalices poemas de Borges”, que fue una linda justificativa para volver a leer toda la obra poética de Borges, maravillosa.

—Esa era mi otra pregunta, si su prosa también te gusta.

—Sí, por supuesto. Pero el Borges poeta es tal vez el Borges menos conocido y es maravilloso.

—Y es un poeta original, ¿verdad?

—Absolutamente original. Y tiene también una cosa de arquitectura. Es un constructor soberbio, con lo que hace con la palabra, cómo la maneja. Y yo creo que es hasta más líquido su trabajo con la palabra que en la prosa, que bueno ya su prosa es… en realidad su prosa está toda llena de poesía. O sea, es poesía escrita a la manera de la prosa, pero cuando él deliberadamente hace poesía en la forma poesía, es insuperable, es increíble. Además conserva una elegancia, como en toda su obra, una elegancia que tal vez pertenece más al siglo XIX que al XX. Él amaba profundamente a muchos escritores del siglo XIX y yo creo que él, con una mirada de siglo XX, conservaba una cierta, sí, elegancia y sofisticación de los escritores del siglo XIX.

—A ver si estás de acuerdo con esto que siento yo, no es que lo sepa: siento que él maneja el idioma de tal manera que nuestras neuronas lo leen cómodas. O sea, leerlo es un deleite y un descanso. No sé si es porque maneja el sistema de la lengua de una manera determinada.

—Sí, es como escuchar a Beethoven. Hay algo ahí muy profundo en nosotros que dice “Claro, es esto, y se dice así” y entonces, claro, no tenés que esforzar tu máquina intelectual para dejarte llevar por eso, porque te das cuenta que el que te está guiando, el que te está llevando de la mano conoce el paisaje a la perfección. Entonces decís: “Magnífico guía, llevame”.

—Temas que aparecen en tus músicas: El tiempo. Aparece, allá, en el 86 con “Quantum”, “No hay tiempo (hoy es hoy)”, “Esto lo estoy tocando mañana”.

—Sí, es verdad.

—Y en el año 2012, tu CD se llama “Ahora”. ¿Qué significa el instante presente para vos como persona y como músico?

—Es la única posibilidad que tenemos del infinito. El poder concentrar verdaderamente nuestra atención en el momento presente. Porque cuando la cabeza se dispara hacia adelante o hacia atrás, lo que estás viendo es una traslación, que es en realidad una abstracción humana. Es una idea que nosotros construimos del tiempo y que además a partir de la aparición del tiempo mecánico en nuestras vidas, de los relojes, y más tarde de los dispositivos electrónicos, de las computadoras, y esa medición científica, o cientificista absolutamente precisa del tiempo empezamos a pensar el tiempo como una sucesión de momentos, y dejamos de sentirlo como kayros, como tiempo interno. Y en el momento presente del tiempo interno, lo que hay es un eterno presente, el ahora es siempre. En lo otro no. En lo otro hay una sucesión.

—La letra del tema “Ahora” me sorprendió. Describiste el ahora por la negativa. ¿Eso fue un recurso poético tuyo o fue más porque hay cosas que son muy difíciles de explicar si no es por la negativa?

—Sí, es eso. Hay cosas que si las tratás de definir, las rompés. Y las volvés a cosificar. Y es un poco un recurso tomado prestado del Zen. Un maestro Zen lo que hace es ponerte en un brete, te tiró un kōan, que es un dilema que tenés que resolver, y en realidad el propio resolver el dilema y el tiempo que vos te pasás rompiéndote la cabeza buscando soluciones racionales a ese dilema hace que tu cabeza se tenga que rendir. El Zen también lo que hace es quebrar lo racional a través de darle a la mente un dilema irresoluble. Y te planta con una cosa y tu maestro te dice: “No, no es eso”. Y vas día tras día con ideas diferentes y te dice: “No, no es eso”. Hasta que te quiebra. Cuando te quebró, logró su cometido. Cuando tu mente racional baja los brazos y dice: “Ah, bueno, no puedo con esto”.

—Cuando entendés que no sabés nada, básicamente.

—Ahí es, o que en realidad estar preguntándose insistentemente sobre cosas que no tienen respuesta no es el camino.

—Yo tardé en asimilar “Ahora”, porque me pegó fuerte.

—El disco como un todo.

—Sí.

—Ah, mirá.

—Sí. En las canciones que son tan profundas, así, ¿surge primero la emoción y de la emoción vos componés una canción o te surge primero la canción, como te he escuchado decir que a veces soñás una parte de canción, y eso te permite conectarte mejor con tus emociones?

—Yo creo que es un ida y vuelta. El hecho de que vos estés atravesado por una emoción, hace que busques determinadas cosas en lo artístico. Y a medida que vas encontrando, te vas quedando con ciertas cosas que van saliendo, porque sintonizan con la emoción que vos tenés en ese momento. Entonces es la emoción la que va diciendo: “Sí, por acá sí”; “No, por acá no”. Y se va haciendo ese proceso de selección. Entonces la emoción que a vos te traspase en ese momento particular es como si fuera un patrón vibratorio. Como si vos pusieras un alto parlante debajo de la tabla de esta mesa y tiraras arena arriba de la mesa, y tuvieras un generador de sonido, y pusieras: ¿A ver una frecuencia de cien ciclos? La arena va a hacer una cosa. ¿A ver una de quinientos? Va a hacer otra. Una de dos mil y va hacer otra cosa. Esa resonancia elige cosas y acomoda la arena de maneras diferentes. Esto es lo mismo: vos tenés un material a tu disposición y te ponés a jugar con un instrumento y van apareciendo cosas. El tipo de vibración que vos tengas en ese momento emocional hace que, espontáneamente, elijas determinadas cosas; es como ida y vuelta. Entonces cuando terminás la canción o el poema, y ves reflejado cómo vos te estabas sintiendo en el papel o en el sonido es muy conmovedor, porque logró salir una cosa que no estaba puesta en palabras, que era una vibración.

Foto: Federico Meneses

Foto: Federico Meneses (Cooltivarte)

????????????????????????????????????

Foto: Federico Meneses (Cooltivarte)

????????????????????????????????????

Foto: Federico Meneses (Cooltivarte)

Foto: Federico Meneses

Foto: Federico Meneses (Cooltivarte)

—¿Vos lográs escucharte como si fueras otra persona?

—No. Pero disfruto de escuchar. No lo hago frecuentemente. Tengo que poder alejarme de la agenda de las giras, suponte. Tengo que poder estar de vacaciones. Tienen que haber pasado varios días de no tocar. Estar alejado.

—¿Y vas y ponés un disco tuyo?

—Y por ahí sí. Cuando dejo de ser el músico, me dan ganas y digo: “¿A ver hoy cómo suena esto?” De verdad que no lo hago muy frecuentemente [risas], la última vez que lo hice fue cuando estaba de vacaciones en Australia, el año pasado, en enero de 2014. Y me vino necesidad de escuchar “Quebrado” y lo escuché casi completo. Me salteé tal vez algunas canciones que son las que más toco en vivo, porque se me volvieron un poco repetidas ya, pero escuché casi todo el disco y lo disfruté muchísimo, me encantó.

—¿Y cómo hacés para poder tocar una misma canción durante tantos años y mantenerle esa emoción que creo yo que quería transmitir originalmente? ¿A qué recurso apelás?

—Mirá, yo siempre comparo el trabajo de los cantantes con el trabajo de los actores.

—Pero un actor es muy difícil que esté diez años actuando lo mismo.

—No te creas; a veces pasa. Y aun cuando sean obras diferentes, tienen que representar cosas que tal vez se parecen emotivamente, o los personajes tienen características similares. Y lo que hacen es recurrir a recuerdos emotivos personales, como disparadores. Y un cantante con las canciones también usa esas imágenes.

—¿Y no terminás destruido después de un toque, con tantas emociones?

—No, si lo hacés bien. Buena pregunta. No, si lo hacés bien. ¿Qué sería hacerlo bien? Sería no ponerte a transitar tu dolor sino usar una imagen de tu dolor que comunique, si estás hablando de dolor en una canción, para sensibilizar al que escucha, pero vos no estás de nuevo poniéndole el pecho a esas balas.

—Pero cuando lo compusiste, casi seguro que sí.

—Cuando lo compusiste sí. Pero hay maneras de cantarlo y maneras de cantarlo. Si vos te vas a volver a meter en esa misma oscuridad, terminás hecho puré. Pero hay una manera de ser genuino y de comunicarlo usando las imágenes pero no metiéndote en el pozo. Y es un equilibrio delicado, pero me sale, felizmente, casi siempre.

—Qué bueno.

—Y no es no involucrarse, ¿eh? Es involucrarse cuidadosamente. Es decir: “Okay, sí, yo sé por qué escribí esto, yo sé a quién se lo escribí, pero no me voy a meter ahí de una manera sufriente”. Ya está expresado. Esta letra ya lo dice. No me hace falta a mí meter las manos en el barro de nuevo. Yo sé lo que pasa acá. Entonces yo paso y te lo cuento. Y en contártelo, ya te lo estoy diciendo.

—¿Qué es para vos la nostalgia?

—Mmm.

—¿Algo positivo? ¿Algo negativo?

—El lado negativo es que no te suelte y que te deje empantanado en un lugar querido pero ya inexistente. Esa es la nostalgia que inmoviliza. Y hay una nostalgia porque sí. Una nostalgia de lo que todavía no conocemos.

—¿Futura?

—Llamale. Infinita, diría yo. Porque ni siquiera es un llamado de algo de “qué bueno que sería que ocurriera equis cosa”, que esa sería futura. Si no que saliste un día de tu casa, y hay una luz sobre un árbol, o un chiquito que pasa, o algo, que te… que te atraviesa. Y no sabés muy bien qué es. Y es como una nostalgia. Es como un “a la puta, la vida, está acá. Y no se fue nunca y siempre estuvo acá y yo estaba mirando para otro lado”.

—Vos en tu canción “Cuando el amor” decís: “a reparo de la nostalgia y todo mal”.

—Sí, en el sentido de “y cualquier mal”.

—¿Pero la estás comparando?

—No, no la igualo. Por eso digo “y”. Si no, habría dicho “o cualquier otro mal”. No digo que la nostalgia sea un mal. La nostalgia puede ser eso; puede ser un momento de revelación, en que la vida se te revela como algo maravilloso, inagotable y que un día la vas a tener que dejar. Y es una nostalgia dulce, es una tristeza dulce, de alguna manera.

—¿Y la nostalgia cómo se lleva con el presente? Porque en principio parecen cosas distintas.

—Esa nostalgia se puede llevar muy bien. Porque no es ni de pasado ni de futuro. Pero en realidad yo sospecho—apenas digo sospecho—que el estado de presencia verdadera en el ahora es gozoso de una manera calma: no se va para un lado ni se va para el otro. No es maníaco, y tampoco es nostálgico. Está colocado en un lugar perfecto. Es un lugar de conexión con tu parte esencial, con lo que te hace humano.

—Y con lo que observa, quizás, cosas pasadas.

—Observa pero no se involucra.

—Ahí está.

—Es el observador de la conciencia. Que eso es lo que somos.

—Sí, sí, sí.

—Cuando meditás—por ejemplo—sos un observador de tu propia conciencia. Y podés ver a la mente desde afuera relatando cosas y parloteando, pero cuando te das cuenta decís “ah”, y te volvés a poner.

—Eso no soy yo; soy otra cosa.

—Claro, eso es mi cabeza que relata cosas pero yo soy esto; yo soy esta otra paz; soy este lago calmo que está ahí.

—Ahora que traés eso, qué conexión te parece que hay entre un músico que hace lo suyo muy bien hecho, como lo hacés tú arriba del escenario, y una audiencia totalmente extasiada, como he visto viéndote a ti. ¿Qué te parece que pasa ahí con respecto a esto, ¿no? Con el presente. Pasan cosas, ¿no?

—Yo creo que eso es sintonía. Eso es sintonía. Cuando la gente está así es porque hizo clic y se metió en el viaje, y está viajando en vos.

—¿Y ese viaje es tuyo? ¿Es compartido?

—No, es de todos. Yo no me lo arrogo como propio. En realidad yo soy un comunicador de mi mundo interno para quien resuene con eso. El que resuena dice: “Oh, mirá. Mirá lo que está diciendo este. Este está hablando de eso”.

—Esa es tu obra. Es lo que le estás regalando al mundo, ¿no? Esa sintonía.

—Sí… e incluso la obra trasciende mi propio estado de ánimo. Yo puedo estar en un mal día, puedo estar triste, puedo estar disperso, puedo estar cansado, puedo estar estresado, pero si yo no la entorpezco, la obra habla sola. A veces la entorpezco por tarado, porque [risas] hago cosas disparatadas, o trato de meterme yo a salvar las papas y no hace falta.

—Pero se trata de jugar un poco también, ¿no?

—Eh…, sí.

—Porque ¿si no…? “Cosas disparatadas” me sonó a diversión.

—No, cosas disparatadas en el sentido de desatinadas. Es decir: “Uy, estoy disperso, me tengo que poder meter en esto”. Y al meterme, por ahí la pifio, porque ya estaba bien, no había que hacer un esfuerzo demasiado grande.

—Bueno, sos humano también.

—Es como “no aclares, que oscurece”; “no hagas un esfuerzo demasiado grande”; “dejá que fluya, dejá que ocurra”. Y en eso está el juego también: en dejar que ocurra.

—Una pregunta rara, quizás.

—A ver…

—¿Hay alguna nota o algún acorde musical que vos sientas que te sale naturalmente, por ejemplo cuando estás tarareando, o que suele suceder en las composiciones?

—Excelente pregunta. Una vez nos pusimos con Charly García a pensar qué nota éramos cada uno.

—¿Y? ¿Encontraste cuál es tu nota?

—Creo que en ese momento yo le dije que era Fa# . Pero Fa# en la tonalidad de Re, que no es lo mismo.

—A mí me fascina una nota que no sé cuál es. En la frase “en medio de las lluvias del invierno”, la “u”, ¿qué nota es?

—A ver. Mi.

—¿Y es la misma “para quien busca una respuesta”, la u de “busca”.

—Sí.

—Esa suena tan a Pedro Aznar para mí.

—¿Cómo?

—Me suena tan a Pedro Aznar.

—Ah, creí que decías “suena ‘tana’ ”, de italiana [vuelve a reírse con ganas].

—No, no, perdón.

—Habría sido genial [carcajada]. Tana, como Rossini, Puccini.

—¿Vos decís que sos Fa #?

—Sí.

—Bien. Lo voy a estudiar [risas].

—No sé. Lo dije hace muchos años. No sé ahora. Pero Fa # en la tonalidad de Re. Porque a pesar de que en el sistema temperado lo que se hizo fue que todas las distancias de las notas son iguales para que se pueda modular a cualquier lado para que todo suene siempre…, en realidad, en la afinación natural, que es la que hace por ejemplo un grupo de violinistas tocando juntos, no están a las mismas distancias, entonces el Fa # cuando se toca en la tonalidad de Re no es lo mismo que el Fa # cuando se toca en la tonalidad de Si, ni el Fa # de cuando se toca en Fa #. Es un poquito distinto y tiene una brillantez diferente. Entonces el Fa # que sería, es el Fa # de la tonalidad de Re.

—¿Y eso trae algo consigo? ¿Alguna emoción? Alguna descripción de “por tal cosa”, ¿o no?

—Yo creo que es una nota eléctrica. Es vibrante, es… es luminosa.

—Qué lindo.

—Pero con una luz eléctrica. Cálida pero eléctrica.

—¿Y vos me podrías contar algo de cómo fue esa composición de “Tu Amor” con Charly García?

—[Se ríe con ganas] Empezó con él diciendo: “Hagamos un tema que diga ‘oh, oh, oh’, porque es buenísimo, después todo el mundo lo canta” [carcajada].

—No te puedo creer [risas].

Foto: Federico Meneses

Foto: Federico Meneses

 

—Y no se equivocó. Qué genial. Gran arquitecto de canciones. Gran arquitecto.

—Fascinante. Ese tema es una maravilla. Y “Mientes” es otro, que va a durar por los siglos de los siglos. Ese también lo hicieron juntos, ¿no?

—Mientes es más un tema mío. Yo lo había escrito originalmente en inglés, porque era una cosa medio Beatles, medio Shakers, y después hicimos juntos la versión en castellano. O sea que fue como versionar un tema en inglés de otros.

—Y, Pedro, ¿qué te hace traducir canciones al castellano?

—Lo hago cuando me parece que pueden vivir bien y cómodamente en nuestro idioma. Y las que me parece que no, no me meto. No todas las canciones se llevan bien.

—¿Hacer esas traducciones te es fácil o te da trabajo? Porque quedan una maravilla esas traducciones.

—A veces dan trabajo. Hay que estar buscando una palabra una semana. Pero la mayoría de las veces no. Es fluido. Yo como escritor soy rápido y no me doy demasiado tiempo; no me gusta detenerme demasiado tiempo en la re-escritura. Soy más espontáneo. Después lo miro, lo reviso un poquito… por ahí al día siguiente digo: “Ah, sí, esto no me gustaba del todo como quedó; ya sé cómo es, tic, tic, tic”, cambio dos cosas de lugar, y arrancó, y ya está. Por ahí hago un cambio, dos. Pero no soy de esos escritores que van y re-escriben, trabajosamente. No, a mí me gusta lo que sale “pim”, así. Porque además soy como adicto a la adrenalina esa de terminar de escribir algo. Es maravilloso. Ahí pasa algo. El momento de plasmar la creación de una obra artística, cuando está ahí, puesta sobre la mesa, y te mira, y lo leés y decís: “Sí, señor, esto está bien. Eso es un éxtasis maravilloso.

—¿Hay muchos temas que no mostrás? Porque con lo que acabás de decir te imagino muy prolífico.

—No. No soy tan prolífico. Y lo que no muestro se quedó en el camino y difícilmente vuelvo sobre algo que lo dejé por la mitad. Si lo dejé por la mitad, siento que por alguna razón se quedó ahí. Y tiene que ver con esto de la espontaneidad, de buscar lo que sale fluido y lo que ya es. Entonces siempre priorizo eso. Difícilmente voy a buscar algo que se quedó en el camino. Lo que se quedó en el camino es porque, precisamente, no está terminado.

—¿Querés contarnos algo de lo que podemos esperar para el show del miércoles?

—Sí. Voy a presentar los mejores momentos de “Mil noches y un instante”, que es mi último disco. Que es también así, en formato unipersonal y se grabó en vivo. Voy a estrenar algunas cosas mías nuevas, como este tango que hicimos con Horacio, va a haber clásicos, por supuesto, y también música de otros autores que incorporé recién este año al repertorio. Así que va a haber varias sorpresitas. Es un show largo, como de dos horas.

—¿Estás trabajando en un disco nuevo, ya?

—Estoy ya componiendo, sí, para un disco nuevo.

—Bueno, mucha suerte.

—Muchas gracias.

 

Entrevistadora: Patricia Schiavone

Pedro Aznar ∞ + 1

G-r-a-c-i-a-s

Gracias por haber abierto el show con un tema de Mateo y así haber honrado su memoria y también homenajearnos a los uruguayos con ese gesto.

Gracias por haber hecho un gran esfuerzo para sobreponerte a ¿tu dolor de garganta? y meterle toda la garra del mundo. El universo te retribuyó con un final de show alucinante.

Gracias por habernos dejado cantar. Si no lo hacías, la energía acumulada quién sabe adónde nos hubiera llevado.

Gracias por haber tocado ese recorrido por tu repertorio y no haberte centrado en un solo disco.

Gracias por habernos contado la trastienda de algunos temas. No te imaginás el placer que es para el público enterarnos de algunos detalles de la cocina de los temas que nos hacen vibrar tan alto.

Gracias por “Romance de la luna tucumana”. Qué hermoso tema que compusiste con ese poema de Atahualpa Yupanqui.

Gracias por esa estrofa a cappella en “A primera vista” (creo que no me equivoco y fue en ese tema divino que todos amamos).

Gracias por cantar “Amelia”.

Gracias por hacer esa magia con el destornillador.

Gracias por tocar así de maravillosamente la guitarra en “Lina de luto” y meterle esa alegría tan impresionante, esa energía positiva y contagiosa que generás siempre.

Gracias por ese profesionalismo, virtuosismo y sensibilidad. Gracias por esa amabilidad. Gracias.

Yo anoche llevé a alguien que nunca te había visto en vivo y a quien “no le gustabas tanto”. Creo que fue la persona que aplaudió más y más fuerte de todo el teatro. Detrás nuestro había una chica que no lograba aguantarse callada y al menos una partecita de cada canción la cantaba contigo. En la fila detrás de ella había un hombre que festejaba cada cosa que decías, y que cada tanto explotaba cantando alguna estrofa (no siempre atinada, jaja).

Anoche todo hubiese sido perfecto si el sonidista (ni idea si es del Solís o tuyo) se hubiese dado cuenta un poco antes de que los instrumentos estaban disparatadamente altos y la voz penosamente baja. Me tuvo más de medio show sufriendo por la injusticia imperdonable que estaba pasando por sus manos.

Otra falta de alineación fue que el público no se diera cuenta de dejar unos segundos de silencio luego de tu bis de Spinetta, “Ella también”. La gente seguía aplaudiendo y yo sentía que tú querías otra cosa.

Gracias por haber venido a Montevideo y haber venido al Teatro Solís, que es el lugar que nos da mejor oportunidad de disfrutarte.

Gracias por haber demostrado tu respeto y amor hacia otros artistas (Mateo, Cerati, Charlie, Gal Costa, Atahualpa Yupanqui, Spinetta).

Gracias por hacer esa música tan divina.

Gracias por ser argentino y estar tan cerca.

Gracias por ese “Hasta pronto”. ¡Mirá que te tomamos la palabra!

Hallazgo de tesoro

Hola, amigos queridos.

En esta limpieza obligada de mi hogar han aparecido objetos que no recordaba y que hoy me han emocionado hasta el tuétano.

Pretendo escanearlos y subirlos en algún momento, pero por ahora simplemente les cuento.

Para Pepe: Encontré el programa del concierto de Paco de Lucía que vi en el Teatro Solís. Martes 6 de diciembre de 1988.
Lo que me dejó de una pieza fue descubrir que vi a Carles Benavent en vivo y por supuesto no lo registré como especial en su momento. Carles Benavent pasó a ser especial para mí después de conocerte a ti, Pepe.

Los músicos de esa noche fueron:

Ramón de Algeciras – Gtr
Pepe de Lucía – Gtr y voz
José Fernández Carmona – Bailaor
Carles Benavent – Bajo
Jorge Pardo – Vientos
Ruben Dantas – Perc.

El programa de Allan Holdsworth. Lamentablemente casi ningún programa y absolutamente ninguna entrada tiene escrito el año. Fue un 13 de abril a las 21:30 hrs… pero quién sabe el año.

Me impresionó que el baterista era nada más ni nada menos que Gary Husband… ¿Yo no me habré dado cuenta del batero genio que estaba viendo? Es lo más probable…
Además de Gary, tocaron Steve Hunt en teclados y Svell Sverisson en bajo. Asistente de sonido: Paio Robles.

Encontré varios programas más de varias toques y varias entradas a conciertos que no me pasaron desapercibidos: Paul Simon en el Centenario, Sting en Buenos Aires, UB-40 -donde los espectadores casi no contamos el cuento-, etc. Nota aparte: también encontré unas fotos de Sting infartantes.

Pero la ‘rosa da rosa’, lo que más me emocionó, fue encontrar las entradas de un 13 de agosto para Pedro Aznar en el Teatro del Círculo -donde los teloneros fueron Pepe González-.

Pedro Aznar T Círculo

Y… ta ta ta taaaaaaaaan, ¡el programa de Pedro Aznar en Laskina, en el año 90…! Aquel concierto donde lo vi por primera vez y que me emocionó hasta las lágrimas de una manera absolutamente brutal. Aquel concierto que se me marcó en los huesos para siempre. Aquel concierto donde quedé embelesada tanto de él como de la mujer que cantaba con él… Y pasaron todos estos años y yo no lograba recordar el nombre de la cantante… ya ahora lo sé… iupiti. Se llamaba Suna Rocha.

Les copio el texto del programa:

Este show marca una vuelta al escenario como solista después de 2 años de haberme dedicado por entero al estudio de grabación, a la composición, y a las giras junto al Pat Metheny Group.
En todo este tiempo me he encontrado con personas, eventos artísticos y formas del canto que me han cambiado profundamente.

Entre esos ‘remolinos de la existencia’ – para usar una expresión de las que le gustan usar a ella-, el más importante artísticamente es, sin duda, Leda Valladares, sacerdotisa del canto ancestral de América, de quien tengo el honor de haber recibido, en una suerte de bautismo musical, la apertura a un universo melódico de profundidad y belleza inagotables.

Fue ella quien propuso el dúo con Suna Rocha, a quien yo ya admiraba como una de las más bellas voces de la Argentina.

Lo que se produjo al unir nuestro canto nos dejó asombrados.

Así fue que Suna me invitó a grabar ‘Madre del maíz’ para su disco ‘Madre Tierra’, y hoy ella es mi invitada de lujo en este espectáculo.

En este último año, además, he estado dedicándome a la composición de nuevas canciones para mi próximo álbum, algunas de las cuales les mostraremos hoy en calidad de pre-estreno.

Estos conciertos en Montevideo pretenden mostrar el curso de estos intentos alquímicos, cuya efectividad queda a cargo de ustedes juzgar.

Muchísimas gracias,

Pedro

Agosto de 1990.

Pedro Aznar: Voz, guitarras, bajo
Mario Parmisano: Teclados

Invitados especiales:
Suna Rocha: Voz
Julio Gordillo: Percusión

PA Laskina 1990-1

 

PA Laskina 1990-2

Qué joyitas… y lo mejor fue la sorpresa que me llevé cuando las encontré.

El aprendizaje del día de hoy: si guardo algún programa o entrada en el futuro, le escribiré el año detrás.

A ver qué les parece la combinación de estas dos voces que a mí tanto me emocionó en su momento.

Entrevista a Pedro Aznar

Que la disfruten, killos!

http://www.youtube.com/watch?v=zTD9WfUvvj8&w=425&h=349

De ahí llegan fácilmente a las siguientes partes. (Tuve que quitar varios videos porque se había vuelto imposible la navegación por acá, pero copiando y pegando en el navegador, se resuelve el asunto).

 

 

Pedro Aznar III, IV, ∞

Hacía muy poco que mi amigo Pepe me había regalado toda la discografía de Pedro Aznar y como una niña perdida en medio de una juguetería, no sabía por dónde empezar. “Empecemos por el final”, pensé, ya que no conocía su último trabajo.

Hacía ya un rato que “A solas con el mundo” sonaba en mi apartamento a un volumen realmente alto, cuando una vecina me llamó a través de la ventana. Inmediatamente bajé el volumen y me asomé con culpa. Cabe aclarar que esta vecina es grande (tiene 75 años) y es amante del jazz, pero era obvio que se me había ido la mano con el volumen.

– “Qué es esa música tan hermosa que estás escuchando?” me preguntó.

– Aliviada, respondí: “Pedro Aznar, un músico argentino cuya música amo completamente… y este es su último disco”.

– “Pedro Aznar? Escuché en la radio que viene a Uruguay.”

La conversación continuó un poco más y terminó con ella diciéndome: “Por favor, volvé a ponerlo”.

Así fue cómo me enteré que Pedro Aznar cantaría casi un mes más tarde en Punta Ballena, a 120 kms de mi ciudad.

Lo fuimos a ver con unos amigos y el concierto fue lo que yo recordaba de los doce años que pasaron desde la última vez que estuve a pocos metros de él. Profesionalismo total, entrega total, musicalidad total, goce total. Hacer un show unipersonal y mantener la atención del público intacta por casi 2 horas es cosa de artistas geniales.

En lo que a mí respecta, su música me conecta con el amor. Yo siempre digo “me enamora”, pero no quiero decir que yo quede enamorada de él, sino que me transporta a un estado emocional que es amor. Tiene esa combinación de dulzura y fuerza que a mí me llegan mucho, y su canto tiene alguna característica que me desarma por completo. Hay sonidos que este hombre emite, que resuenan con las fibras más íntimas de mi alma y ahí es donde yo quedo completamente entregada a su embrujo. Cuando llegó el momento de que se fuera (después de dos bis), sinceramente, me dio pena. No quería que terminara esa noche. Quería que siguiese cantándome, sentado en el sofá del living de mi apartamento (como entre él y yo había 2 metros, me hice la cabeza de que el concierto era solo para mí). Pero la noche terminó y Pedro se fue, y mis amigas y yo quedamos especialmente felices porque pudimos saludarlo y decirle que amábamos su música.

Con mi historial de frecuencia de conciertos de Pedro Aznar (1990, 1998 y 2011) la verdad que si bien sabía que volvería a verlo… nunca esperé que fuese una semana después.

Estando en Buenos Aires por una noche, casualidad tras casualidad hicieron que yo tomase un diario cultural de un mostrador y leyese: “La ciudad al aire libre. Este fin de semana, al anochecer Pedro Aznar…” y media hora después estaba llegando al Anfiteatro de Costanera Sur, donde cinco minutos más tarde daría comienzo el concierto.

Pero, amigos, lo que viví ahí fue una experiencia que nunca había vivido antes ni con Pedro Aznar ni con ningún otro músico. Comenzó contando que 2 días antes había tenido una pérdida muy importante y para cuando terminó la primera canción quedaba casi claro que había fallecido su madre y no quedaba absolutamente ninguna duda de que el sufrimiento era atroz.

Yo empecé a sentirme mal, en un plano mayor de la vida. Me pareció que todos los que estábamos de espectadores, sobrábamos ahí esa noche. Estar presenciando ese dolor era algo que no correspondía. Éramos totalmente ajenos al vínculo madre-hijo y Pedro estaba haciendo lo que podía para llevar adelante ese concierto. Él le buscó la vuelta del homenaje y es posible que como artista encuentre alivio en expresarse sobre un escenario, pero desde un punto de vista universal, olvidándonos por un momento de la industria de la música, olvidándonos de compromisos, olvidándonos de su personalidad pública… ese era un momento de un dolor esencial y muy personal y se merecía estar rodeado de gente que lo amase y le pudiera ofrecer un abrazo contenedor.

Creo que este principio de concierto vale más que miles de palabras mías o de otros:

Como dice alguien en algún comentario del video, la garganta se me cerró en esa introducción y cada vez iba peor. El silencio del público era total, a excepción del señor que vendía cervezas y panchos, que obviamente estaba completamente ajeno a absolutamente todo.

Luego de la introducción del video (el poema dedicado a su madre… con qué sentimiento dijo “ahora me toca a mí sobrellevar los años sin anclas”) y la baguala de Alfredo Zitarrosa, “Vidala para mi sombra”, tocó los mismos temas que yo había visto una semana atrás. Pero lo que me enamoró 6 días antes, este viernes 4 de febrero me resultó tan doloroso que no pude resistirlo y tuve que irme a la sexta o séptima canción. Estábamos participando como espectadores de una puesta en escena a un duelo profundo y tan real que se transmitía en cada nota y en cada canto, y sentí que eso no estaba bien. Sentí que había que dejarlo en paz… por ahí me equivoqué y él necesitaba de su público… aunque lo dudo.

La coincidencia del título del disco con lo que él estaba viviendo me puso realmente triste y pasaron un par de horas y como 4 copas de vino antes de que yo pudiera dejar de sentir su tristeza por haberse quedado a solas con el mundo. En cada maldita letra de ese disco había alguna frase que podía estar refiriéndose a la muerte, o a su madre. No quiero imaginar el llanto con el que debe haber terminado la noche este ser de luz, que hace apenas una semana yo estaba deseándole que por cuestión de justicia universal fuera muy pero muy feliz, ya que a muchos nos ha regalado horas incontables de felicidad.

Como dijo mi amigo Pepe, el artista realmente puede transmitir sus sentimientos con su música.

Desde este lugar completamente aislado, yo le deseo muy humildemente que pueda transformar ese dolor en una dulce memoria que lo acompañe el resto de su vida y que le sirva de ancla. Puede haber fallecido su madre biológica, física, pero su madre interna seguirá estando con él para siempre y ojalá él ya la haya encontrado y ella esté abrazándolo con fuerza y ternura, como sus canciones.

Paz, amor, coraje. Abrazos amigos para ti (no míos, ni del público, sino de tus amigos).
Fuerza, músico impecable.

Pedro Aznar II

Hoy me fui de caminata con Pedro Aznar.

A solas con el mundo” a solas conmigo y yo caminando entreverada entre casi una multitud pero totalmente aislada del mundo alrededor, abriendo ventanas de mi alma que se desperezaron con cada golpecito mágico de Pedro Aznar.

La vida es una cárcel con las puertas abiertas (Media Verónica)

Qué gran verdad. Todos tenemos la posibilidad de hacer la vida que deseamos, de hacer con nuestros días lo que se nos plazca, de dibujar cada día a nuestro gusto y antojo, pero muchos de nosotros nos quedamos adentro de la cárcel y no nos animamos a salir caminando por la puerta abierta. Vivimos una vida que no es la que queremos para nosotros mismos, y ni siquiera sabemos muy bien por qué.

Quiere vivir una vida diferente cada día (Media Verónica)

Con esta frase me siento tan pero tan identificada. Es que la vida a mí me queda corta para todas las vidas que quiero vivir. Y en ese elegir entre una y otra, y en ese cambiar de rumbo hoy y mañana, hay algunas veces que siento que no fui para ningún lado, que me quedé en la encrucijada. Por cierto hay otras veces que miro y me felicito de haber probado un poco de cada cosa y haber conocido un poco de mucho. Y otras que me reprocho por qué no probé más caminos todavía. Y sin duda, cada domingo de tarde me vienen unas ganas incontenibles de probar una vida nueva al día siguiente!

Está en la flor de la edad pero está cansada de esperar (Media Verónica)

También me siento identificada con esta frase. Especialmente en mis momentos de bajón nunca falta alguien que me diga: 41 años? ¡Estás en la flor de la edad! Y tendrán razón, qué sé yo, pero la verdad es que la idea de vida que yo tenía para mí misma cuando tenía 7 años y me quedaba imaginando el futuro mientras miraba el arroyo correr, más rápido o más lento según las lluvias, no era muy parecida a la vida que tengo hoy. Diga que uno ha aprendido a aceptar, a conformarse, a disfrutar de lo que uno tiene, porque al fin de cuentas es lo único que existe.

Hago un alto en mi viaje filosófico, para un detalle: Este tema es de Andrés Calamaro. Por supuesto, una vez más, la versión de Pedro Aznar lo transforma en una maravilla. Al menos a mí el original me hubiese pasado completamente desapercibido. Pero esto ya es una obviedad. Lo que sí, amigos, a ver si ustedes pueden aclararme algo: acá les copio el video de Calamaro que comienza con una explicación del título del tema… que en lugar de aclarar, oscurece! ¿Si media Verónica es lo que es, qué diablos tiene eso que ver con el resto de la letra de la canción?

A mí me gustaba la idea de una mujer medio despierta, medio dormida… estos artistas están majaretas! 😉

Pero más allá del delirio del compositor, yo disfruté mucho la versión de Pedro, que la canta con un sentimiento!

Quiero la suerte de un amor tranquilo (…) bebernos la vida en hamaca de red, matando la sed con la saliva (…) Y ser artista de la convivencia (…) Y algún veneno anti-monotonía (…) Y algún remedio que me dé alegría. (Todo amor que existe en esta vida)

Nada de lo que dice esta letra me es ajeno. Hace mucho desde mi última relación de pareja y cada tanto fantaseo con alguna nueva posibilidad en este plano. Tanto en los recuerdos como en los deseos existe todo esto. No deseo para mí un amor complicado, como el de la película tan divina que me mandaste, Pepe (El Diario de Noah). Quiero un amor tranquilo. Pero tranquilo no es aburrido, por favor, y sin pasión no es amor de hombre y mujer, así que lo de matar la sed con la saliva me resulta de lo más tentador. Sé por experiencia cuán difícil es la convivencia y que hacer de ella algo disfrutable es cosa de artistas y más aún lograr que no sea monótona. En cuanto a la alegría… es más complicado. Por un lado, yo recuperé mi alegría perdida hace un tiempo, pero cada tanto me juega a las escondidas, así que cualquier remedio que me dé alegría estaría puesto sobre mi mesita de luz.

Y viene a cuento una frase de Pedro Aznar, en su poesía “La mañana es un grito”:

“La zanahoria del burro de la historia
ser feliz
ya bastante es dominar el asco en el estómago”

El original de este tema es de Cazuza: “Todo amor que houver nessa vida”.

Y me parece que vale también compartir la versión de Cássia Eller.

Esta es la de Pedro:

La gente te cuenta adónde fue; te dice adónde ir, pero hasta que vayas ahí, nunca podrás saber (Amelia)

Es así mismo. ¿Y entonces cuál es el sentido de querer saber todo de los demás? Vivamos cada uno la vida propia y dejemos a los demás vivir la suya. ¡Ya con la nuestra tenemos bastante! Y vivamos, que no hay vida que se pueda transmitir con cuentos. Vivamos que la vida es finita y tenemos que aprovechar mientras la tenemos. Vayamos a todos los lugares que queremos ir, veamos a todos los amigos que queremos ver, hablemos con todos los desconocidos que queremos hablar.

Y así la vida se torna un álbum, fetiche de postal (Amelia)

Para los usuarios de Facebook, esta frase no necesita explicaciones. Para los que bloggeamos, esta frase no necesita explicaciones. Para las personas que están más preocupadas en las apariencias que en la esencia, esta frase no necesita explicaciones. Para quienes no aman, esta frase simplemente es.

El tema “Amelia” es de la gran Joni Mitchell.

Y Pedro la traduce maravillosamente y hace de ella una belleza, para mi gusto aún más sentida y hermosa que la original (Napi no está de acuerdo! Jeje).

La verdad es que estoy ansiosa por que llegue el sábado 29 (13 días!).

Pedro Aznar

Aquí hay una de esas joyitas que hay que comprarse, que hay que tener en la biblioteca, que hay que poder sentarse cómodamente en un sillón a ver, escuchar y deleitarse. Les pongo acá lo que encontré en Youtube pero, al menos yo, me voy a comprar este DVD.

Siempre cuento cómo lloré la primera vez que vi a Pedro Aznar en un bolichito diminuto que había en mi ciudad cuando yo tenía 20 años. Se llamaba “Laskina” y el dueño era un saxofonista argentino que realmente ofrecía una música maravillosa en su lugar. Era de esos poquísimos boliches adonde uno entra y está sonando Miles Davis (Amandla, si no recuerdo mal), o cosas del estilo. Y ahí, en un lugar de poquitísimos metros cuadrados, vi a este genio hace ya muchos años. Después tuve la suerte de verlo una segunda vez y la verdad es que espero tener la suerte de verlo una tercera y muchas más.

Aquí les dejo estos videos maravillosos. Me encantaría saber qué opinan!

NOCTURNO SUBURBANO

CLAROSCURO

A CADA HOMBRE, A CADA MUJER

DEJA LA VIDA VOLAR

DÉCIMAS

JEALOUS GUY

Necesité incluir la versión original. No sé bien por qué. Creo que quise tener a Lennon y a Aznar juntos aunque sea en este espacio. ¡Lo que hubiese podido salir de una combinación así en el mundo real!

JEALOUS GUY BY JOHN LENNON

EL FARO DE LOS AHOGADOS

SI ME DAS TU AMOR

NO ES UNA PENA?

Posdata (sic): En los comentarios hay varios videos más.