NTVG: Despliegue de calidad en “Otras canciones”

NTVG, ¡qué banda que hipnotiza, ¿eh?!

Estuve el 4 de junio de este 2019 en el primero de los 8 (¡ocho!) conciertos que dieron en el Auditorio Nacional Adela Reta, todos ellos con entradas agotadas. Ese fue el comienzo de una enorme gira que de aquí al 1º de setiembre los llevará por varias ciudades argentinas y uruguayas.

La banda cumple 25 años. Recientemente lanzaron su libro “Memorias del Olvido” y el disco y audiovisual “Otras canciones. 25 años”, con una serie de invitados internacionales de lujo: Julieta Venegas; Hugo Fattoruso; Jorge Drexler; Catalina García; Guzmán Mendaro; Draco Rosa; Shae Fiol, Mireya Ramos y Noemí Gasparini (Flor de Toloache). El concierto en el Auditorio mantuvo el mismo espíritu del audiovisual, tanto en lo que refiere al ambiente y la intención como en la presencia de invitados, quienes le agregaron distintos matices a un concierto completamente profesional.

El show de más de veinte canciones abrió con un Emiliano cercano, dulce y decidido. Eligieron “Solo” para ese primer contacto íntimo y firme con el público, que marcaría bastante el tono de la noche.

La audiencia de esta banda sorprende por la variedad: desde niños pequeños hasta personas realmente mayores y un porcentaje similar de hombres y mujeres. Y sí, es que NTVG reúne en su música características que atraen ampliamente: tienen fuerza y contenido melódico, tienen ritmo atrapante, arreglos finos y letras con sentidos universales. Sus músicos tienen presencia, una actitud respetuosa y ninguna nota falta ni sobra.

Esta propuesta es diferente a las que hacen en espacios abiertos y multitudinarios. Por ejemplo, los músicos estuvieron sentados casi todo el tiempo. Hay algo en la música de NTVG que a mí me genera cierto agite celular que tiende a la euforia y me admira cómo ellos sostienen esa máquina sin sucumbir ante esa tensión “forward” que yo siento. En el lugar del cantante, yo no habría podido quedarme sentada. Y ni que hablar del bajista, baterista y percusionista: chapeau para ellos, especialmente -aunque no solo- en este sentido del sostén, del ancla a tierra. El rol de los vientos tuvo el mismo profesionalismo llamativo y alegría de siempre pero con una participación mucho más medida que en otros conciertos. Es que aquí había más instrumentos en juego y un sonido general que tendía a un concierto “unplugged” o “de cámara”, por decirle de alguna manera que no es exacta en absoluto. Había viola y violín, y piano y teclados, y más guitarras… hasta contrabajo y acordeón. La sonoridad general tenía profundidad y elaboración, y todo con un sentido de necesidad musical.

Son 9 los miembros estables de la banda:
Emiliano Brancciari (voz, guitarra y composición)
Guzmán Silveira (bajo y coros)
Diego Bartaburu (batería)
Denis Ramos (trombón)
Gonzalo Castex (percusión)
Mauricio Ortiz (saxos)
Martín Gil (trompeta y coros)
Pablo «Bambino» Coniberti(guitarra)
Francisco Nasser (teclados)

En esta noche del Sodre participaron como invitadas pero también de algún modo como parte de la banda: Mint Parker en voz, guitarras y demás, Leticia Gambaro en viola y Nikole Cedeño en violín. Y hubo invitados de una sola canción, como ser Coti (de Argentina), Ernesto Tabárez (de Eté & Los Problems), Coby Acosta (percusión), Nacho Algorta (acordeón) y Florencia Núñez, quien también ofició de telonera y nos impactó por su dulzura y calidez. Todos los invitados le pusieron un color particular a las canciones en las que participaron, una entrega apasionada, y fue un gusto su presencia en este viaje.

Detengámonos un momento en uno de los músicos y su instrumento, pues estoy convencida de que su rol en esta banda es mucho más enorme de lo que alguna gente podrá quizá darse cuenta: Diego Bartaburu en la batería. Tengo la impresión de que es la intención, la decisión y la confianza de la batería lo que genera esa comodidad generalizada con la que una se entrega a la música. Se siente como si nada fuera de lugar pudiera suceder. La perfección de balance entre fuerza y cualidad de sonido impacta. La calidad de sus elecciones: grooves bellos y aplanadores, administración súper inteligente de platos, de fills, un bombo inamovible y musical, un sonido de tambor que te desarma y te vuelve a armar, un “timing” absoluto y un control completo de sensibilidad y emoción a la vez que sostiene con bravura esa megabanda que es NTVG. Este baterista en particular les da buena parte de su identidad y características fundamentales.

Me permití parar y llevarles hacia quien está al centro al fondo pero todos los músicos contribuyen con que NTVG sea el éxito que es y ninguno sería fácilmente remplazable, partiendo, claro está, de Emiliano Brancciari, quien tiene un no sé qué en su forma de cantar que ingresa tan fácil y profundamente a la cocina de nuestras emociones, y siguiendo por todos y cada uno de ellos.

Este es un show de calidad, con arreglos musicales muy inteligentes y cuidados, con un gran despliegue de músicos sobre el escenario, y con un repertorio que repasa la historia de la banda pero con una impronta nueva, más íntima, que la que suelen tener en vivo. Para no perdérselo, créanme.

https://youtu.be/Yq-Kfc81h5s

Entrada escrita para COOLTIVARTE.