Magia Ibarburense en formato de CD: Ultramarino

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Foto: Florencia Veres

El Trío Ibarburu: Andrés en el bajo, Nicolás en la guitarra, Martín en la batería, junto con Juan Pablo Di Leone en armónica y flauta se mandaron tremenda presentación del disco “Ultramarino” en la Sala Hugo Balzo, el día 29 de julio. Tocaron todos los temas de este último disco y también algunos de “Huella Digital”.

El aplauso del público al terminar el primer tema, y el segundo, y el tercero, duró lo que normalmente dura un aplauso al final de un concierto. Su música es algo descomunalmente bella a lo que se le agrega un cariño enorme por parte del público. Son queribles por su calidez y por esa sencillez y humildad que no deja de asombrar.

Entre el 29 de julio y hoy, 25 de agosto, una sucesión de hechos me fue impidiendo escribir esta reseña. Hoy finalmente encontré el momento perfecto. Sin embargo constaté, con gran desilusión, que la grabación ayuda-memoria en la que confiaba para este relato trasnochado decidió no existir.

Ante esta circunstancia, me quedan dos opciones: una, dejar la página en blanco; la otra, hacer una reseña del disco en sí. Con cierto atrevimiento, opto por la segunda, con la esperanza de animarlos a buscarlo y escucharlo, porque es, de veras, un disco esencial y demasiado hermoso como para pasar por esta vida sin conocerlo.

El universo “Ultramarino” está constituido por 9 galaxias, que se llaman: Membrana, Komora, Otro mar, Neurology, Mandala, El zorro, Nuevas cuerdas, Snorkel y Para rumbear mi camino. En los nueve temas se oye algo nuevo, que complementa perfecto lo que ya conocíamos de ellos: un saboreo más pausado de los sonidos y una maestría muy particular en cuanto a cómo los sonidos comparten y conviven en ese espacio multidimensional. Hay menos urgencia y hay en general menos cantidad de sonidos que antes y un arte aumentado en cuanto a la creación musical en su totalidad.

Membrana es una composición de Nicolás que tiene una magia increíble. Lo más sano para hacer con la música es sentirla y no describirla, pero haré mi intento de explicar lo que en esta canción me hizo sentir especialmente feliz. Este tema podría tomarse como ícono de lo que constituye a estos músicos y sus influencias. La canción tiene en igual medida carácter de candombe, de folclore y de jazz, y es en cinco tiempos. Además, tiene un ritmo marcado y simultáneamente una melodía dulcísima que comparten entre la guitarra y la armónica. En la entrevista que pudimos hacer antes del toque, contaron que no fue una búsqueda consciente la de conjugar todos esos elementos; la aventura de Membrana sí estuvo guiada por los cinco tiempos pero el resto emergió simplemente porque es su esencia, y ya sabemos que solo puede surgir a la superficie aquello que se posee en el interior. En este tema Nicolás toca guitarra eléctrica, también con ebow, y acústica. Los sonidos que logra él con sus guitarras y la combinación de ellos con la armónica de Juan Pablo son un deleite melódico, que cala tan profundo que emociona muchísimo. A su vez, la conjunción de Nicolás con Martín en especial pero también con Andrés en cuanto a la intención de cada apoyo, de cada corte y de cada arreglo es perfecta. El si se quiere “contraste” entre el agudo de la armónica y las guitarras y la profundidad de los toms de la batería es algo bellísimo. Eso y que ninguna nota topa a ninguna nota. No hay ni por un instante una insistencia ni petulancia por parte de ninguno de los instrumentos. Cada nota está en su sitio, compartiendo el espacio ese, multidimensional, y juntas, en perfecta armonía de presencias, crean esta belleza extraordinaria. Me parece especialmente llamativo que las frases musicales están verdaderamente co-construidas por todos los instrumentos. Algunas son rematadas por el redoblante o algún tom de la batería, otras por el bajo. Por supuesto que la guitarra y la armónica también, pero eso es más esperable. Lo de que frases que comienzan dichas por la guitarra o la armónica terminen de decirse por el bajo o la batería es algo que me resultó maravilloso. Hay una musicalidad aquí que supera cualquier cosa que yo haya escuchado en mi vida.

Komora es una composición de Andrés, extraordinaria. Arranca con el charleston de la bata y la guitarra y por esos instantes una siente, auténticamente, que no hace falta nada más. Suena hermosa esa dupla hasta con algo tan minimalista. Luego se transforma en la antesala perfecta para que cuando entra el bajo, una casi se quede sin respiración. Cuán bello suena ese bajo. ¿Y cómo puede a la misma vez ser el ritmo y ser la melodía, haciendo tan hermosas ambas funciones? Otra cosa que se disfruta desde el primer instante es el balance de la batería en los dos canales. Está muy bien grabado y no sé si es solo por mi chifladura natural pero que la batería se administre de esa manera entre el canal derecho y el izquierdo a mí me dio la sensación de algo cuatridimensional (las 3D que conocemos tan bien y una dimensión extra que incluye esa otra cosa que se genera en este disco). El diálogo entre la bata y el bajo en este tema es impactante al comienzo. Después entra con más garra la guitarra de Nicolás y una ya no sabe cómo hacer para poder absorber todo eso y no perderse detalle. Nicolás solea y el mundo se detiene. A eso hay que agregarle que el bajo y la bata siguen haciendo una magia impresionante y auténticamente dan ganas de pasar el tema en cámara lenta. Entonces los demás achican un poco y Andrés se manda un solo hermosísimo. Y cuando ya se siente que aquello es demasiado, Martín nos regala un solo de su instrumento mágico y el mundo no puede ser más perfecto. El charleston en este tema me deleitó. En esta pista Agustín Ibarburu toca “monotron”, que lamentablemente yo no pude diferenciar. Me recuerda a la época en que, decenas de años atrás, no era capaz de diferenciar el sonido del bajo. El observador crea su mundo según los recursos que tiene. En lo personal por ahora me faltan recursos para poder identificar al monotron.

Otro mar es súper alegre, súper para arriba. El candombe sigue diciendo presente y fusionándose con el jazz. En la tapa dice: “Cuando nos juntamos en Praga por primera vez, Nico completó este tema una noche en el jardín”. Seguramente estaban muy felices por el rencuentro porque lo que se siente al escucharlo es una alegría emocionada. Martín toca batería, tambor piano y chicos. ¡Cómo suena! Es como si hubiesen diecisiete músicos y no uno. Candombe que podríamos bautizar como “Candomartín” o “Martímbe”: fresco, alegre, bailable, contundente, con su ingrediente pop y jazz a la vez y con una profundidad esencial que lo identificará siempre. ¡Belleza de la vida musical uruguaya! Nicolás produce perfección sonora, que auténticamente acomoda células y almas a su paso. Las notas que surgen de su guitarra tienen una convicción total y un cuidado muy bonito. Siento como si una mano firme me agarrara, con delicadeza, y me llevara a conocer mundos nuevos. Y Andrés la descose con ese bajo que es también firme, creativo, melódico, increíblemente poderoso, siendo a la vez dulce y sensible. Qué sé yo… por momentos es demasiado el éxtasis que genera este disco.

Neurology es un tema con gran densidad de notas. Lo loco del asunto es que a pesar de tener muchísimas notas a una velocidad importante, el aplomo del que hablaba al principio sigue presente. Encontrar aplomo en un candombe tan rápido debe ser cualquier cosa menos fácil, pero no da la sensación de que les resulte un esfuerzo ni nada parecido. Creo que se puede decir sin riesgo a equivocarse que estamos siendo testigos de algo muy especial que hacen estos tres seres de luz. Una amiga muy querida, a quien le agradezco con el corazón exaltado y agradecido que me haya regalado esta joya de disco, me dijo el día de la presentación: “En un futuro los van a estudiar como un fenómeno musical”. Es muy probable que tenga razón. Yo agrego: el fenómeno está sucediendo ahora. Si recién los estudian en el futuro es por ese empecinado gesto de idiotez que los seres humanos desarrollan frente a los artistas especiales. Pero volviendo a Neurology, me resulta algo insólito cómo pueden tocar tantas notas a esa velocidad y que ninguno pise a ninguno, que cada nota tenga su razón de ser y su lugar específico, y que cada uno de los tres pueda contribuir como lo hace a la creación de una pieza tan pero tan hermosa. Creo que el mejor resumen es que es un tema para pirar, para gritar, para saltar de la alegría.

El quinto tema del disco es Mandala. Aquí, Nicolás toca guitarra acústica, Andrés un bajo fretless y Martín el cajón. Este es un tema más manso que Neurology, como para que no nos estalle el corazón (gesto que se agradece), pero el detalle es que igual, a medida que van pasando los segundos, el corazón empieza a desbordarse, a pesar de la inicial aparente inocencia de Mandala: el sonido del cajón es demasiado bonito como para no sentir alteración, y la guitarra y el bajo tocan unos unísonos de esos que te desgarran el alma a fuerza de belleza. Por momentos vuelven a hacer esto impresionante de que la guitarra arranca una frase y el bajo la termina o viceversa y ¡pffff! No hay palabras ni que se acerquen a explicar la sensación física que se vive escuchándolo. Alineación circular y vibración total, quizás. Con Mandala me permití observar en qué centros energéticos sentía más cada instrumento y si bien hay momentos en que la guitarra resuena solo en los chakras superiores (al principio, sobre todo) y momentos en que el cajón resuena claramente en el tercero, tengo la impresión de que es el bajo el que los junta a todos en un efecto mágico que a partir de unos poquitos segundos de haber empezado el tema hace que los siete centros se sensibilicen de un modo supremo e increíblemente disfrutable.

El zorro tiene un fraseo archioriginal y genial y es el tema en el que escuchando el disco, me pongo a llorar cada vez. Me encantaría saber si fue el mismo en el que pianté el lagrimón (que después no podía detener) en el concierto. Todo es perfecto: las melodías tocadas por el bajo son impresionantes, el sonido y la penetración en las células de la guitarra es de morirse y la batería tiene indudable influencia divina. ¿Cómo puede Martín oír todo eso en su alma? Y después, ¿cómo lo plasma así?… es demasiado. Esta galaxia tiene un groove tan gozado que da gusto estar vivo un ratito extra solo para poder escucharlo una vez más.

En la tapa dice que Nuevas cuerdas fue un experimento sonoro grabado de a partes, un poco acá y otro poco allá. La verdad que no hay manera de darse cuenta de que fue grabado así. Podrían estar los tres en la misma sala. Lo que más me sorprendió es que tiene un dejo de tristeza y es extraño que un experimento grabado por partes pueda transmitir esa emoción de esa manera, con una unidad muy potente. Pero bueno, aceptemos que no todo en la vida tiene explicación.

La galaxia 8 se llama Snorkel y es un tema de Nicolás Ibarburu y Nicolás Varela. Está grabado con Martín en cajón, Andrés en bajo fretless y Nicolás en guitarra acústica. Con este tema en particular me pasa que al escucharlo, lo veo a Martín tocando el cajón en el concierto. Es una demencia lo bien que toca, cómo genera matices asombrosos con esa caja de madera, y el sonido tan increíblemente dulce que produce. Y como me sucede a veces, la realidad es que en este tema se me nublan los sentidos para los otros instrumentos. Por instantes noto la belleza del conjunto pero en primerísimo plano tengo al cajón y tan empecinadamente que finalmente opto por dejarla por esa y admitir que ese sonido de mano y madera me pudo tanto que por más que puedo sentir una guitarra hermosa y un bajo bastante juguetón, me voy con el ritmo y sus matices perfectos, que dicen tanto.

Y así llega, sin anestesia, el final de un disco que una no querría que terminara nunca. El último tema se llama Para rumbear mi camino. Martín en la batería, Andrés en bajo y cellos, Nicolás en guitarra acústica, R. Jochmann en piano y Juan Pablo Di Leone en armónica. Es un tema lleno de sensibilidad. Tiene una mezcla de optimismo y nostalgia. Tiene una melodía hermosísima extrapolada con la dulzura del cello y la armónica, y una delicadeza zarpada del piano y de la guitarra. Yo no creo que sea a propósito que se oyen los dedos de la guitarra desplazarse sobre algunas cuerdas en algún momento, pero ¡qué efecto bello tiene eso en mí! En cuanto al cello, amo tanto su sonido en esta creación mágica que va desde acá un pedido especial a incluir más a este instrumento en futuras creaciones del trío. Del minuto 2:20 en adelante hay una creación conjunta entre el piano y la batería que eriza el alma y me hace encargarle al Universo que por favor me permita ser música en la próxima vida. Dudo que haya sido pensado pero bien podría haberlo sido: el final de este tema es de esos que te obligan a ponerle play de nuevo al disco. Es un final que queda suspendido, como diciéndote: “no tenés otra que volver a escucharme”. Y supongo que es por ese final que este disco no se ha movido de mi reproductor en un mes.

A esta joya la podría haber grabado el sello ECM perfectamente. Que estos seres estén tocando en Montevideo es un capricho del destino que bien haríamos en agradecer a conciencia y aprovechar a ultranza. Desde este rinconcito yo les digo un tímido “gracias por existir, Ibarburus… y por las múltiples dimensiones que nos regalaron con Ultramarino. Es enorme la admiración y el agradecimiento”.

Foto: Patricia

Foto: Patricia

Foto de portada: Florencia Veres.

Viaje intergaláctico con Alphonso Johnson Quartet en el Teatro Solís

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Foto: Ricardo Gómez

Mientras la voz sensual del Teatro Solís nos invitaba a apagar los teléfonos celulares, a mi lado mi amigo Julio decía: “Bueno, se empieza a escribir la historia. Ommm”. Y todo el teatro aplaudió la entrada de los genios al escenario.

Como si quisieran alargar ese Ommm de mi amigo, el Alphonso Johnson Quartet inició su toque con una combinación mística de sonidos, creando un clima de expectativa, que sería venerablemente honrado durante todo el toque. Esa introducción precedió a una fantástica versión del tema “Resolution” de John Coltrane.

La emoción con la que escuché ese primer tema fue tal que tuve que hacer algunas respiraciones profundas y decirme que me convenía calmarme. Pero mi emoción tenía grandes razones para existir y ser muy grande esa noche. Entre otras cosas, en el año 1988 la vida hizo que yo descubriese la música de Weather Report, de la mano de un gran profesor que me prestaba cada clase cassettes grabados con la música de estos genios y yo los devoraba, y por supuesto copiaba. Ni por un instante imaginé en ese tiempo, cuando me admiraba sobremanera cómo podían tocar esas maravillas y cuando daba mis primeros pasos en poder identificar el sonido del bajo (ja) entre todos los sonidos del jazz, que casi 30 años después podría ver a un cuarteto formado por dos de esos músicos en el Solís, tocando en directo algunos de esos mismos temas. Espero que me disculpen este momento nostálgico pero este trasfondo personal influyó en que este concierto del Alphonso Johnson Quartet fuera para mí muy, muy especial.

El cuarteto ya sonó a pleno en ese primer tema. Federico Ramos en la guitarra y Gary Fukushima en teclados transmitían una seguridad inmensa con las melodías. Alphonso Johnson y Chester Thompson bien podrían ser una sola persona, y una persona muy firmemente plantada en la vida: fue impactante escucharlos y verlos… es una dupla genial.

Siguió la versión de Equinox con más swing que se haya oído hasta ahora. Todos contribuyeron desde su instrumento y su presencia con esa belleza, de una forma muy espectacular. Federico con su guitarra nos instaló en el corazón una combinación muy mágica de belleza y nostalgia en iguales medidas. El yin y el yang podrían representar gráficamente lo que sentí yo con esos sonidos de Federico. Gary a su vez eligió unos sonidos (durante toda la noche, ¿eh?) que fueron bien originales y que te trasladaban a un sitio nuevo. Chester y Alphonso demostraron toda la noche lo que habían explicado en una clínica en conjunto el día anterior: todos los instrumentos tocan melodía, todos los instrumentos son responsables de mantener el ritmo y el trabajo principal de todos los músicos es escuchar el todo. ¡Pero cómo tocan, por favor!

Alphonso es el swing personificado. Equinox en particular le pide que toque muchas veces la misma combinación de notas. Es admirable cómo las toca cada vez con exactamente la misma intención y la misma energía gozada. ¡Y ese swing! No, no, no… ¡increíble!

Siempre me nace agradecerles a los músicos que dejan las notas sonando un instante más, porque me dan la oportunidad de disfrutarlas un poquitito más. Con los bajistas esto es variable pero Alphonso les permite siempre a las notas esa duración máxima que tanto agradezco. ¡Qué lindo! Permanecen flotando y hay una unidad muy especial de las notas entre sí.

El tema siguiente fue ese tema tan divino, compuesto por Alphonso Johnson, que se llama “Bahama Mama”, en el que Alphonso se mandó uno de los muchos solos hermosos de la noche. Tremenda emoción. Fue a partir de este tema que yo hubiera dado la vida por poder bailar durante todo el resto del concierto. La alegría y el swing tan brutal que generaron esta noche iba literalmente aumentando las vibraciones de las células del cuerpo de los que estábamos escuchando y era muy difícil quedarse quietos en las butacas. La melodía tocada en el bajo es algo de locos. Es indescriptible con palabras la emoción, pero vayan a Youtube y busquen el tema. ¡No lo posterguen ni un segundo más! Denme el gusto de ponerlo de banda de sonido al leer el resto de esta reseña. El bajo aquí es pura melodía hermosa y súper rítmica. Y verlo a él tocar es un goce adicional. Todo su cuerpo resuena con lo que está tocando. De a ratos sutilmente y de a ratos bastante más evidente, cada célula suya baila lo que toca. Es bellísimo de presenciar y nutre lo mejor de todos nosotros. Contagia vitalidad.

Además, él es la simpatía personificada. Por ejemplo, un gesto bonito fue que cuando nos habló, trató de mechar las palabras que sabía en español. Además, presentó a sus músicos con enorme respeto y cariño y con una actitud humilde, calma, bella.

En el tema siguiente Gary Fukushima nos regaló un solo divino, con esos sonidos extraterrestres suyos, que me encantaron. Él y Alphonso en un momento de este tema entretejieron sus sonidos de tal manera que daba la impresión de que hacía años que tocaban juntos, y todos sabíamos que no, que este grupo se formó muy recientemente. Me dejó asombradísima eso. Después se agregó Freddy, con su guitarra, y me sorprendió lo mismo: ¿cómo puede ser que suenen así haciendo tan poco tiempo que tocan juntos?  Supongo que la respuesta es que son músicos profesionales y el lenguaje de la música no tiene mayores misterios para ellos.

Mientras sonaba la introducción del bajo del tema siguiente yo le agradecía a la vida por la oportunidad mágica de estar recibiendo en el cuerpo las vibraciones de esas notas directamente, sin ningún aparato mediador. Son notas que sanan el espíritu. ¡Gracias!

La versión del tema Giant Steps fue algo de locos, demoledor. Parecía que nos habían transportado a otro plano, al plano ese donde se cumplen los sueños más preciados. Gary la descosió de nuevo con su teclado mágico. El bajo de Alphonso seguía esculpiendo sonidos que generaban una alegría mayúscula de estar vivos (tocó un solo muy bonito, pero durante toda la canción tocó sonidos increíblemente hermosos). La guitarra le dio un toque maravilloso al final de esta canción, con una presencia y una decisión que pah, impactaba y me dejó completamente admirada y con ganas de buscar más música de Freddy.

Cuando iban hora y media de concierto, anunciaron el tema Naima, y acá es donde pongo el freno general y no tengo más remedio que mencionar muy especialmente a Chester.  Esto que voy a decir lo hizo durante todo el toque pero en este tema en particular fue algo increíble. Haciendo una simplificación bastante brutal de mi parte, los bateristas hacen principalmente dos cosas: una, llevan el tiempo con lo que se puede llamar “el groove”, y dos, apoyan determinados momentos del fluir musical. Como cada uno de los otros instrumentos tiene a su vez su dinámica individual, por lo general el baterista apoya momentos de “la voz cantante”, la que “resalta más”, ya sea esa una voz humana o una melodía tocada en cualquiera de los instrumentos. Bueno, lo que me admiró por completo durante todo el toque, y muy especialmente en este tema, fue la maestría de Chester Thompson para ir apoyando a todos y cada uno de los instrumentos en ese entretejido mágico de melodías que se daba, manteniendo todo el tiempo el groove ese que le da cohesión a la canción. Él dijo que el secreto está en escuchar como si se estuviera sentado en el lugar de la audiencia. Desde mi butaca en la novena fila mi cuerpo no podía creer cómo él era capaz de anticiparse al protagonismo momentáneo de cada sonido proveniente de cada uno de los otros tres instrumentos y apoyarlos a todos en el momento exacto como para que la totalidad de la creación tuviera una presencia impactante, con la mayor musicalidad del planeta, manteniendo el groove base, de cohesión, y con un gusto musical absolutamente exquisito. Ah, y todo fluyendo con una naturalidad que parecía que estaba tarareando una tonada bajo la ducha. No sé si en algún momento caeremos en la cuenta de lo que presenciamos ese día. A mí la ficha todavía no terminada de caerme, la verdad. En uno de los momentos en que sentí que la excitación era demasiado desbordante llevé los ojos al cielo, buscando a alguien para agradecer, y me encontré con que en la esquina frontal derecha del techo del teatro un foco estaba haciendo algo muy hermoso: se proyectaba uno de los parches de la batería de Chester… ¡se lo veía vibrar en el techo! y la sombra de su mano izquierda. Como si el teatro estuviera buscando maneras de quedarse con ese recuerdo incrustado. No lo culpo. Yo también estoy haciendo lo posible por mantener este recuerdo para siempre.

Poder escuchar y ver a Chester Thompson en acción fue uno de los mejores regalos que he recibido en mi vida. Me atrapó el sonido de sus platos, cuán sueltos usa los platos del HH y cómo esa comodidad hace que esos platos fluyan con la música con maestría. Su independencia es algo absolutamente increíble de presenciar y cómo ella le permite que verdaderamente pueda estar adentro de la música por completo y pueda tocar con libertad lo que sea que sienta que precisa ser tocado. Me llamó la atención cómo puede tocar con tanta decisión y a la vez con tanta calidez en los sonidos que produce. Esto es un poco loco, lo sé, pero pienso que su música proyecta la presencia que tiene su persona. Escuchar las notas que surgían de la batería fue transformador, así como observar la manera en que su escucha especial sucedía. No sé cuántos músicos se habrán llevado esta bendición consigo. Espero que hayan sido varios.

Lo que sucedió después fue un viaje intergaláctico. El techo del que hablaba recién se abrió como una compuerta y el escenario y todas las butacas levantamos vuelo. El destino era: visitar galaxias lejanas. Déjenme respirar hondo antes de decirlo, porque me tiembla el pulso: tocaron BLACK MARKET. ¡Black Market tocado por este cuarteto increíble! ¡Black Market tocado por dos de los músicos de Weather Report! ¡Black Market tocado a pasitos nuestros, dirigido a nosotros! ¡Black Market vibrando en nuestras células y nuestra alma! No quiero invocar a deidades para no ofender a nadie pero ahhh, eso no fue solo obra de humanos. Quienes estuvieron podrán decir si estoy exagerando o no. Yo sigo en éxtasis hasta el día de hoy. ¡Y fantástico cómo Gary y Freddy se amalgamaron con Alphonso y Chester de esa manera! Esos dos monstruos han tocado juntos desde el año 1969 y son una aplanadora impresionante en el escenario, pero Gary y Freddy se unieron a esa aplanadora de la mejor manera, brillaron increíble los dos durante todo el toque, se mandaron unos solos increíbles y entre los cuatro generaron un concierto que no nos vamos a olvidar nunca más.

Quiero cerrar esta nota con un gracias gigante a todas las personas que tuvieron que ver con que esta noche existiera en el Teatro Solís. Cada una sabe quién es y cada una sabe qué parte le agradezco. Desde la generosidad de mi profe en el año 1988 hasta todos los que hicieron posible que el 28 de julio de 2016 viviéramos semejante experiencia. Y por supuesto a los músicos, esos seres de luz que hacen que nuestra vida sea tanto más disfrutable.

Feliz a más no poder

Feliz a más no poder

 

Fascinación post concierto

Fascinación post concierto

 

Con la artesana de toda esta magia

Con la artesana de toda esta magia

Foto de portada: Ricardo Gómez

Posdata: Aquí se puede leer la entrevista a Chester Thompson, realizada pocos días antes del concierto.

Intergalactic Trip with Alphonso Johnson Quartet

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Picture: Ricardo Gómez

While the sensual voice of Solís Theater invited us to switch off our mobile phones, my friend Julio said at my side: “Well, the story begins to get written. Ommm”, And the whole theater clapped at the entrance of those geniuses to the stage.

As if they wanted to extend that Ommm by my friend, the Alphonso Johnson Quartet began their concert with a mystic combination of sounds, creating an atmosphere full of expectation, which would be venerably honored during all night. That intro preceded a fantastic version of “Resolution”, by John Coltrane.

The emotion with which I listened to that first theme was such that I had to take some deep breaths and tell me that I’d better calm down. But my emotion had great reasons to exist and be huge that night. Among other things, in year 1988 life made me discover Weather Report’s music, by the hand of a great teacher, who in each lesson lent me recorded cassettes with music played by these geniuses. I devoured them and, of course, copied them. Not for an instant at that time did I imagine, when I was so impressed by how they could play those wonders, and when I was taking my first tiny steps in being able to identify the sound of the bass (ha!) among those jazz sounds, that almost thirty years later I would be able to see a quartet formed by two of those musicians in the Solís Theater, playing live some of those same themes. I hope you will forgive my nostalgic moment, but this personal background had an influence in the fact that this concert of Alphonso Johnson Quartet was very, very special to me.

The Quartet had its full sound at that first theme, already. Federico Ramos in the guitar and Gary Fukushima in keyboards exuded an immense confidence with melodies. Alphonso Johnson and Chester Thompson could well have been one only person, and one that is very firmly rooted in life: listening and watching them was stunning. It is a brilliant duo.

The most swing-filled version of Equinox I have so far heard followed. All musicians contributed from their instruments and with their presence with that beauty, in a spectacular way. Federico with his guitar installed in our hearts a very magical combination of 50% beauty and 50% nostalgia. The yin yang could graphically represent what I felt with those sounds emerging from Federico. Gary, in turn, chose some sounds (all night long, in fact) which were super original and which transported us to a new, unknown place. Chester and Alphonso demonstrated all the time what they had explained in a joint clinic the previous day: all instruments play melody, all instruments are responsible for keeping time, and the main job of all musicians is to listen to the whole musical result. But they play so great!

Alphonso is swing personified. Equinox, in particular, asks him to play several times the same combination of notes. It is remarkable how he plays them each time with exactly the same intention and the same enjoyable energy. And that swing! No, no, no… it’s incredible!

I always feel the urge to thank musicians who leave notes sounding for one more instant, because they give me the opportunity to enjoy them a little longer. With bass players this is variable, but Alphonso always enables them to last their maximum, which I thank so much. So beautiful! They linger in the air and there is a very special unity among his notes.

The following song was that superb one, composed by Alphonso Johnson, called “Bahama Mama”, in which Alphonso offered us one of the several wonderful solos of the night. Such an emotion! From this theme on, I would have given my life to be able to dance during the rest of the concert. Both joy and swing generated by them were so terrific that the cells of the body were literally increasing their vibrations in those of us who were listening and it was very hard to stay still in our seats. The melody played in the bass is something crazy. The emotion is indescribable with words, but do go to Youtube and search for the song. Do not postpone it for a second! Do me the favor of playing it as the soundtrack to the rest of this narration. The bass here is pure beautiful and super rhythmic melody. And watching him play is an additional joy. All his body resonates with what he plays. Subtly at times, and quite more evident at others, each cell of his dances with what he plays. It is super beautiful to witness this and it nourishes the best of all of us. He transmits vitality.

Besides, his friendly nature is evident. For example, a kind gesture of his was to talk some words he knew in Spanish. And he introduced his musicians with huge respect and warmth, and with a humble, calm and beautiful attitude.

At the following song Gary Fukushima gave us a wonderful solo as a present, with those extraterrestrial sounds of his, which I loved. At some point at this song, he and Alphonso intertwined their sounds in such a way that we got the impression of their being playing together for several years, when in fact we all know it was not so, as this band joined very recently.  That amazed me. Later Freddy added himself with his guitar and the same called my attention. How is it possible that they sound in that way, having played for such a short while together? I guess the answer is that they are professional musicians and music language is no bit mystery to them.

While the bass introduction of the next song was in the air, I thanked life for the magical opportunity of directly receiving on my body the vibrations of those notes, without any mediating appliance. These notes heal our spirit. Thank you!

Giant Steps’ version was something out of this world. As if they had taken us to another dimension, to the one where all precious dreams come true. Gary again did magic with his keyboards. Alphonso’s bass kept sculpting sounds, which generated a huge joy for being alive (he played a very beautiful solo, but let me stress that all along he played amazingly beautiful sounds). The guitar gave a marvelous touch to the end of this song, with a presence and a decision that wow, it caused a big impression on me and triggered my curiosity for more music by Freddy.

When one hour and a half of concert had gone by, they announced Naima, and here is where I press the break and I can’t help making a very special mention to Chester. What I’m about to say is something he did for the whole concert, but especially in this song it was something amazing. Doing a quite brutal simplification, I will state that drummers do mainly two things: one, they keep time with what can be called “the groove”, and two, they stress or support certain moments of the musical flow. As each one of the other instruments have, at their turn, their own individual dynamics, generally the drummer stresses moments of the “singing voice”, the one that is “more evident”. This may be a human voice or the melody played by any of the instruments. Well, what generated my full admiration during the whole concert, and especially in this song, was Chester Thompson’s mastery to gradually accent all and each one of the instruments in this magical texture of melodies that took place, permanently keeping the groove that gave cohesion to the song. He said: “the secret is in listening as if you were sitting in the audience”. From my seat in the ninth row, my body could not believe how he was capable of anticipating the momentary prominence of each sound coming from each one of the other three instruments and accent them all in the exact moment in such a way that the whole creation got a striking presence, with the planet’s greatest musicality, keeping the groove, the cohesion, and with an absolutely delicious musical taste. Oh, and everything flowing with such spontaneity that he seemed to be humming in the shower. I ignore whether we will at some point actually realize what we witnessed that day. I think I’ve not really, yet. At one of the moments when I felt my excitement was too overwhelming, I took my eyes to the sky, seeking someone to thank, and I found that at the front right corner of the theater’s roof a spotlight was doing something very beautiful: it was projecting one of the drumheads of Chester’s drumset… ¡one could see it vibrating at the roof! And the shadow of his left hand too. As if the theater would be looking for ways to embed that memory. I don’t blame it. I am also doing my best to keep this memory forever.

Being able to listen to and watch Chester Thompson in action was one of the best gifts I’ve received in my life. I was hooked by the sound of his cymbals, by how loose his HH cymbals are and how by being so comfortable, those cymbals flow with the music masterfully. His independence is something absolutely awesome to witness and how it enables him to actually be in the music completely and freely play whatever he feels should be played. It called my attention how he can play with such decision and at the same time with such warmth in the sounds he produces. This is a little crazy, and I know it, but I think his drumming projects the presence his person holds. Listening to the notes coming from the drumset was transforming and so was witnessing how his special listening took place. I don’t know how many musicians took this particular blessing home. I hope several did.

What happened later was an intergalactic trip. The roof I mentioned earlier opened as a gate and the stage and all the seats took off. Destination was: distant galaxies. Please allow me to take a deep breath before saying it, because my hands tremble: they played BLACK MARKET. Black Market played by that amazing quartet! Black Market played by two of Weather Report’s musicians! Black Market played some footsteps from us, directed to us! Black Market vibrating in our cells and in our soul! I don’t want to invoke any deities, so as to avoid offending anyone, but ohhh, that was not something human only.  Those who were there will be able to say whether I’m exaggerating or not. I am still in ecstasy today. And it was fantastic how Gary and Freddy amalgamated with Alphonso and Chester in such a way! These two giants have played together since 1969 and they are an amazing force on stage, but Gary and Freddy united to that force in the best way, they shone during the whole night, they played amazing solos and the four of them generated a concert that we will never, never forget.

I want to close this note with a huge thank you to all the persons who had something to do with this night taking place at the Solís Theater. Each one knows their role and they know what part I thank them for. From my teacher’s generosity in 1988 up to all those who made possible that on July 28th, 2016 we lived such an experience. And, of course, to the musicians, those light beings who make our life more enjoyable.

The original Spanish version of this note was published in COOLTIVARTE

At the original entry you can see several other pictures taken by great photographer Ricardo Gómez.

 

Disfrutables a más no poder. Inés Estévez y Javier Malosetti en la Sala Zitarrosa

Inés-Estévez-Javier-Malosetti-Sala-Zitarrosa-foto-KAREN-BERNARDI

Foto: Karen Bernardi

Entrada escrita para COOLTIVARTE.

Hace unos días los montevideanos tuvimos la asombrosa oportunidad de escuchar y ver en la Sala Zitarrosa a Inés Estévez y Javier Malosetti, quienes nos ofrecieron un show divino.

Somos muchos los que admiramos a Javier Malosetti, en mi caso por su trayectoria como bajista increíble. A Inés Estévez también somos un montón quienes la admiramos, solo que como actriz, pues no le conocíamos la veta musical. Cuando vi el afiche me intrigó un montón la propuesta así que allá fui a despejar mi curiosidad.

No hay nada mejor en materia de arte que ir a ver algo sin saber de qué se trata, ¿no? Fui completamente despojada de expectativas y ni siquiera hice una búsqueda previa para tener una idea de lo que iba a escuchar. Hoy me felicito; fue la mejor decisión.

Ahora, en lo que sigue, me voy a dedicar a estropearles la sorpresa a quienes todavía no los hayan visto. [Perdón, perdón… no pude evitar darme cuenta de que había una contradicción entre lo que estaba diciendo y lo que estaba a punto de hacer].

La noche tuvo todos los ingredientes necesarios para un show excelente y algunos otros muy extraordinarios.

Ya en el momento en que este par de seres bonitos salieron al escenario, se generó una atmósfera transportadora en tiempo y espacio: él, vestido con un traje oscuro, muy elegante, con corbata por supuesto, y ella con un vestido de color plateado, con muchísimo brillo. Ese primer instante ya nos colocó en un lugar nuevo que prometía un toque diferente, un toque cuidado, un show en el sentido más completo de esa palabra. Y vaya si cumplieron esa promesa.

Es cierto que no lo pensé mucho pero mi inconsciente esperaba escuchar a Javier en el bajo únicamente. Bueno, los primeros compases de la noche fueron con él tocando la guitarra divina, divinamente, y cantando con un estilo y un encanto arrolladores. A su lado, Inés parecía un poco intimidada o tímida, pero ¡cuando empezó a cantar! Qué belleza de voz, por favor. Qué viaje que fue escucharla y verla. Una experiencia súper especial, súper bonita, que desde acá agradezco con todo mi corazón.

Estuvieron acompañados por tres músicos fantásticos: Javier Martínez Vallejos (batería), Ezequiel Dutil (contrabajo) y Mariano Agustoni (piano). Los tres la rompieron, haciendo que el todo sonara impecable. Mi corazoncito siempre tiende hacia la batería y en este caso me invadió por completo la alegría, creo que mitad por contagio del regocijo que se notaba que sentía Javier Martínez y mitad la alegría que me generaban las elecciones musicales preciosas que hacía con sus palos y sus escobillas (por dar un ejemplo de todas las fascinaciones: gran misterio cómo hacía para tocar en un mismo tiempo y con la misma mano el ride y el tom de pie… y que sonaran tan bien y tan a tiempo). Mariano Agustoni se lució hermosamente con el piano de la Zitarrosa toda la noche y nos regaló algunos momentos de introducción y solos que fueron un deleite para los oídos. Javier Malosetti contó que Ezequiel Dutil tocó música con su padre, Walter Malosetti. A mí me dio la sensación de que Dutil era el que proporcionaba la cuota necesaria de aplomo para que nos mantuviéramos medianamente conectados con la tierra. Con el cielo había muchas conexiones.

Tomando una pizca de distancia, lo que me surge con mucha fuerza es que fue un toque en el que sentí muy notorio que los músicos eran argentinos y no uruguayos. Sin querer generalizar, pero generalizando, el músico uruguayo tiende a tener una actitud de introspección pseudo nostálgica -muchas veces sin pseudo-, que invita a un viaje distinto. Lo que hicieron estos cinco músicos en la Zitarrosa tuvo una impronta de energía absoluta que se me antojó argentina. ¿Vieron que cuando vamos a Buenos Aires volvemos recargados? Bueno, el toque transmitió eso mismo. Desde mi lugar, me pareció que esa característica en particular venía especialmente de la mano de los dos Javieres (Malosetti y Martínez), que con sus notas transmiten algo muy potente y muy para arriba.

El repertorio consistió más que nada en standards de jazz, con algunos toquecitos de bossa nova y canción francesa.

La voz de Inés Estévez es una belleza en varios sentidos. Por un lado es muy, muy dulce. Su sonido en sí es cristalino, fresco y absolutamente directo. No cabe ninguna duda de que esa música viene dirigida directamente a uno. Por otro lado, la actitud con la que canta parte de un lugar que me pareció completamente despojado de ego; desde un deseo auténtico de generar algo hermoso para los oídos, para ser compartido. Eso se agradece muchísimo, porque en este ir y venir energético que se genera entre el escenario y la platea, todos nos nutrimos de lo que parte de un lado y del otro. El efecto en el cuerpo de quien estaba escuchando el otro día era una enorme comodidad y tranquilidad, todos los músculos relajados, permitiéndonos disfrutar de aquello que a poco de empezar ya no teníamos duda de que sería muy agradable durante todo el concierto.

A los veinte minutos de show me sorprendí especialmente disfrutando de Corcovado como nunca antes. Es una canción que, quizás por sobreexposición, no suelo disfrutar. Bueno, esta vez la disfruté y mucho, porque la dulzura con la que me llegaba la voz de Inés (¡y el contrabajo! ¡y la guitarra! ¡y las escobillas de a ratos dulces y de a ratos muy decididas de Javier!) fue realmente especial. Estos músicos me reconciliaron con ese tema.

Al principio yo decía que nos habían trasladado en tiempo y espacio. Tanto el repertorio como la puesta en escena y la intención que llegaba eran típicos de un club de jazz en Estados Unidos, en los años 50 o 60. Y la vocecita tan dulce de Inés supo transformarse por momentos en una de esas voces típicas de las cantantes de jazz al estilo de Ella, o de Billie. ¡Fascinante transformación! Temas como Moonglow nos hicieron emigrar por un rato pero con una autenticidad jazzera que me parece que nunca antes había experimentado en estas tierras.

Mariano Agustoni tocó una introducción de La Vie en Rose en el piano que me enamoró por completo. Fue algo muy, muy hermoso. Y, puede parecer extraño pero les juro que sus sonidos tenían las mismas características de dulzura, humildad y cristalinidad de la voz de Inés.

Fue una noche de glamour y desenfado, en la que la pasamos verdaderamente bien, con un show musicalmente impecable, con momentos de distensión, chistes, y algún disparate también (bienvenidos sean).

Javier Malosetti tocó la guitarra durante la mitad del show (¡y qué bonito!). Mezcla de dulzura con garra… algo bastante difícil de explicar. Hay que escucharlo. Y a la mitad del show, cuando yo ya no pensaba que pudiera pasar, agarró el bajo. Qué brutal ese primer tema solo de bajo (y voz) que tocó. No les puedo explicar lo que fue. Bestial y sublime. Desde mi ignorancia yo siento que hay dos tipos de sonidos en el bajo eléctrico, que supongo que los bajistas elegirán por preferencia personal. Están los que eligen un bajo que tiende a un sonido grave y están los que eligen un bajo que tiende a un sonido agudo. Sí, sí… no se emocionen con mis tecnicismos… ni me los envidien, porque estoy dispuesta a compartirlos sin problemas. Bueno, en mis términos pobres es así que puedo explicarlo: me gusta el sonido agudo de su bajo, con esa impronta de “me llevo el mundo por delante pero con conocimiento de lo que hago, con certeza de que vos querés que yo te empuje un poquito para sentir cosas que están un poco más allá de lo que vos acostumbrás a sentir”. Me permito hacer una reverencia en este plano de papel y agradecerle a este ser impresionante que me haya hecho sentir lo que me hizo sentir cuando tocó y cantó este tema, Roble (de los Fabulosos Cadillacs), con esa introducción imponente.

No contento con la guitarra, el bajo, su canto y su charme, Javier terminó sacando una cigar box guitar -la primera que me cruzo en la vida-, instrumento que me dejó hipnotizada. No se puede creer lo divino que suena.

Sobre el final del toque, invitaron a Juan Pablo Chapital a tocar un blues. Juan Pablo la descosió, con toda esa entrega que le pone a la música y con esa presencia muy especial… y esas notas sostenidas, nada tacañas, que permiten un saboreo especial con el corazón.

Durante todo el show Inés y Javier tuvieron un gesto que desde mi perspectiva fue el mejor regalo que nos podían hacer a todos los presentes: compartir una parte de su amor. A este mundo le hace falta que todos pongamos de moda al amor. A este mundo le hace falta que aquellos que tienen la suerte de encontrar en el camino una compañía que los haga felices, lo compartan y así planten en los demás la semilla necesaria para que ese sentimiento y esa actitud se multipliquen. Yo les agradezco especialmente por ese ejemplo bello de felicidad.

Foto de Portada: Karen Bernardi

Visita de Chester Thompson a Uruguay

Quienes leen Atresillado saben que normalmente escribo sobre los toques musicales el mismo día, porque este hábito, en verdad, es catártico. Ahora ya pasaron tres días desde que sucedieron algunos hechos maravillosos y sus efectos me dieron tal sacudón que me está siendo difícil desplazarme del área del corazón a la del cerebro y traducir parte de todo eso en palabras. Pero aquí estoy y prometo que haré todo lo que pueda.

Como habrán leído hace algunos días, tuve la oportunidad fantástica de entrevistar al baterista Chester Thompson por Skype, antes de su llegada a Uruguay (y la publiqué por acá). En ese momento me sorprendió mucho encontrarme con un caballero súper amable. Hablaba con calma, realmente escuchaba, y demostró paciencia y buenos modales cuando nos enfrentamos a algunos problemas técnicos para comunicarnos. Fue un verdadero placer tener esa conversación tan humana y enriquecedora.

Llegó el día en que los músicos del Alphonso Johnson’s Quartet llegaron a este rincón del mundo. Sus planes incluían una clínica por el cuarteto, una clase magistral por Chester Thompson y el concierto en el Teatro Solís.

Para mi sorpresa y pánico la productora me pidió que interpretase la clínica de Chester Thompson. A pesar de que estoy traduciendo todo el tiempo nunca trabajo como intérprete porque estoy convencida de que mi memoria es demasiado reducida como para recordar oraciones largas. Sin embargo, superé el pánico y acepté, teniendo en cuenta que pondría todo de mí para que los bateristas entendieran todo lo que él dijera.

También para mi sorpresa y pánico, Chester Thompson me pidió que le mostrara cómo tocar algo de candombe. Imagínense la escena: Alphonso Johnson, Federico Ramos, Gary Fukushima y Chester Thompson más varios bateristas uruguayos ahí… y yo intentando tocar un patrón de candombe. Era una misión imposible. Lo que toqué fue algo diferente; creo que inventé un ritmo nuevo. Entonces, le ofrecí a Chester Thompson que tomara una clase con un baterista que seguramente lo podría ayudar a llevarse una idea de nuestro ritmo: el inigualable Martín Ibarburu, por supuesto. [Esto puede ser injusto con varios otros bateristas uruguayos que también tocan candombe muy bien, pero la mayoría de ustedes ya sabe cuánto me gusta la música de Martín]. Chester Thompson tuvo la buena idea de aceptar y yo tuve la tarea fantástica de llevarlo a la casa de Martín y presentarlos.

Martín siempre me sorprende por su humildad, generosidad y amabilidad con todos. Fue emocionante descubrir que Chester estaba cortado por la misma tijera. Ahora los invito a que se imaginen a Martín diciéndole a Chester que era un honor tenerlo en su casa y a Chester diciéndole a Martín que el honor era suyo. Presenciar ese encuentro fue algo absolutamente impresionante. Por suerte me invitaron a quedarme y es así que puedo contarles que estos dos son algo de otro mundo, y no solo como bateristas.

Luego de explicarle un poco acerca del ritmo, Martín se lo mostró en la batería. Fue un deleite oírlos hablar sobre la estructura del ritmo y cómo Chester asociaba con varios otros ritmos latinos que ya ha tocado. Sin exagerar, ¡cinco minutos después Chester estaba tocando su primer candombe y sonando casi uruguayo! La sonrisa de Martín no podía ser más grande y yo me sentí tremendamente afortunada de poder presenciar todo esto.

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Photo: Patricia

Chester terminó mostrándole a Martín un par de cosas también, por supuesto, y me pareció que por una hora el planeta entero estaba viviendo una transformación positiva.

Solo esta experiencia habría sido suficiente para sentir felicidad en mi alma por un año. Pero esto era únicamente el comienzo.

Ese mismo día, a las 6:00 pm, Chester Thompson estaría ofreciendo su clase magistral en el Teatro Solís. Así que yo, a las 5:30 pm, entraba por primera vez en mi vida por la puerta trasera del teatro. No podía creer lo grande y alta que es la parte de atrás del escenario y lo hermoso que se ve nuestro teatro adorado desde el escenario. Es una delicia.

Llegó Chester y repasamos un poco los conceptos que iba a presentar. También me mostró con un pad suyo cómo no perder contacto con los palos y cómo usar los dedos para tener un mejor control sobre ellos. Y ahí salimos, al escenario. Increíble: Chester y yo. ¿Loco, eh? Sí, estoy de acuerdo. Súper loco y fascinante. Sin embargo, debo admitir algo. Ya no estaba nerviosa y no sentía que estaba con una leyenda, con uno de los mejores bateristas del mundo. Estaba en calma y disfrutando ese momento a pleno, porque él facilitaba todo con su presencia y amabilidad.

Chester-Thompson-master-class-Patricia-Schiavone

Foto: Pablo Avellino

Clinic-Chester-Thompson-Teatro-Solís

Foto: Germán Suárez

(Gracias a Pablo Avellino y a Germán Suárez por las fotos).

 

Estuvo una hora compartiendo generosamente su experiencia, sus conocimientos y su sabiduría.

Insistió en que ha sido muy afortunado en su vida por haber tenido la oportunidad de hacer música con los músicos que ha tocado (Zappa, Weather Report, Genesis, Phil Collins y muchísimos otros).

Entre los conceptos que compartió, sugirió que practicáramos todo comenzando con la mano derecha y luego comenzando con la mano izquierda. Todo. Mostró un ejercicio de calentamiento en el que tocó unas pocas notas en el bombo y sobre ellas tocó con las manos en el tambor rulo simple, rulo doble y paradiddles (empezando con la derecha y luego con la izquierda). “Y si resulta demasiado fácil, tóquenlo más rápido”, dijo, y lo mostró. Fue divertido cuando dijo que su mano derecha era funky y su mano izquierda era “straight”, así que obtenía un “feeling” diferente si tocaba con una o con la otra.

Habló de usar la muñeca solo para el primer golpe y usar los dedos para todos los demás, con los codos no separados del cuerpo sino relajados, colgando a los lados de este.

Puso énfasis en la importancia de escuchar a toda la banda como si estuviésemos sentados en la audiencia. Que no escucháramos a la batería; que escucháramos a la banda. Dijo que siempre que uno escucha una banda desde la audiencia y algo suena mal es porque alguno de los músicos no está escuchando a la banda sino que está escuchándose a sí mismo. Debo decir que estuve practicando esta manera nueva de escuchar y hace una verdadera diferencia en el resultado. Y no solo en la batería sino también en la vida.

El público le preguntó cómo había sido la experiencia de tocar con dos baterías. Él respondió que era mucho más difícil de lo que la gente normalmente suponía. Dijo que era muy importante tener contacto visual con el otro baterista, prestar mucha atención y escuchar de verdad. Explicó cómo Ralph Humphrey y él sentían la música un poco diferente y cómo tuvieron que ensayar mucho para lograr tocar bien juntos. También dijo que con Phil Collins fue distinto porque ambos sentían la música de forma muy similar y desde el primer día tocaron como si fueran una sola persona.

Otra pregunta fue sobre la posición de sus pies. Dijo que se había dado cuenta de que la gravedad era su amiga y la usaba a su favor. Pone el talón ni muy alto ni abajo, en una posición media.

Lamento que cometí un grave error: me olvidé de grabar la clínica. Estando en el escenario, concentrada en traducir, sé que estoy olvidándome de mucha información aquí, pero si llego a recordarla, corregiré la entrada.

Después de que terminó la clínica, la magia continuó por largo rato: El Alphonso Johnson’s Quartet tocó su concierto en el Teatro Solís. Es probable que lean acerca de eso en una nueva entrada.

Pienso que no es por casualidad que su música es tan espectacular. Estoy convencida de que en los casos de músicos magníficos como él, lo que escuchamos expresándose es su alma. Se puede ser un músico razonablemente bueno y no transmitir mucho. Si se transmite tanto como en este caso, se ha aprendido a mostrarle el alma al mundo.

Agradezco a Jazz Tour y a Cecilia Martínez-Gil por haber traído a Chester Thompson con Alphonso Johnson’s Quartet, por hacer posible una clínica de batería gratis, y por haberme elegido como lazo entre este batero fantástico y los maravillosos bateristas de Montevideo, quienes quedaron fascinados de tener esta oportunidad y han expresado de muchas maneras lo buena que estuvo la clínica.

Chester Thompson siempre será bienvenido por acá. Esperemos que vuelva pronto.

Chester Thompson’s visit to Uruguay

Those who read Atresillado know I usually write about music shows on the same day because this habit is actually cathartic to me. Now it’s been three days since wonderful events took place and their effects shook me so much that I’m finding it hard to move from the heart area into the brain, and translate part of that into words. But here I am and I promise I’ll do my best.

As you read some days ago, I had the fantastic opportunity to interview drummer Chester Thompson through Skype, before he came to Uruguay (and I published it here). I was astonished to meet a super kind gentleman. He talked calmly, he actually listened, and he showed patience and good manners when we faced some initial technical problems to communicate. It was a real pleasure having that human and enriching conversation.

The day came when the musicians of Alphonso Johnson’s Quartet arrived in this end of the world. Their plans included a clinic by the quartet, a master class by Chester Thompson, and the concert at the Teatro Solís.

To my surprise and to my panic, I was asked by their producer to be the interpreter of Chester Thompson’s master class. Even though I translate all the time, I never work as an interpreter, because I am convinced that my memory is too “short-termed” to remember long sentences. However, I overcame the panic and accepted, considering that I would really do my best for drummers to grasp everything he said.

Also to my surprise and to my panic, I was asked by Chester Thompson to show him how to play some candombe. Imagine the scene: Alphonso Johnson, Federico Ramos, Gary Fukushima and Chester Thompson plus several Uruguayan drummers right there… and I attempting to play one candombe pattern. It was an impossible mission. I played something different, a new kind of rhythm. Therefore, I offered Chester Thompson to take a lesson with one drummer who would certainly help him grasp an idea of our rhythm: the one and only Martín Ibarburu, of course. [This may be unfair with several other Uruguayan drummers who also play candombe very well, I know, but most of you know how much I like Martín’s music]. Chester Thompson had the good idea to accept and I had the fantastic task to take him to Martin’s home and introduce them one to the other.

Martín always amazes me for his humbleness, generosity and kindness with everyone. It was thrilling to discover that Chester was cut from the same cloth. I now invite you to imagine Martín telling Chester that it was an honor to have him in his house and Chester telling Martin that the honor was his. Witnessing that meeting was something absolutely amazing. Luckily I was invited to stay. That’s how I can tell you that these two are out of this world and not only as drummers.

After explaining a little about the rhythm, Martín showed it to him at the drumset. It was a delight to hear them talk about the structure of the rhythm and how Chester associated with several other latin rhythms he has already played. Without exaggerating, five minutes later Chester was playing his first candombe and sounding nearly Uruguayan!! Martín’s smile couldn’t be wider and I felt blessed to be able to witness all that.

 

Chester-Thompson-Martín-Ibarburu-Uruguay

Photo: Patricia

Chester ended showing to Martin a couple of things too, of course, and I felt that for that hour the entire planet was living a positive transformation.

This experience only would have been enough for my heart to feel joy for a year. But this was just the beginning.

That same day, at 6:00 pm, Chester Thompson would be offering his Master Class in Teatro Solís. So, at 5:30 pm I was entering for the first time in my life through the back door of the theater. I couldn’t believe how big and tall the backstage of the theater is! And how beautiful our beloved theater is seen from the stage! It’s a delight.

Chester arrived and we went a little over the concepts he was going to present, and he showed me with a pad of his how not to lose contact with the sticks and how to use fingers to have a better control of them. And there we went, to the stage. Unbelievable: Chester and I. Crazy, ha? Yes. I agree. Super crazy and fascinating. However, I must be honest here. I was not nervous anymore and I was not feeling like I was with a legend, with one of the very top drummers of the world. I felt calm and having the best, best time, because he made everything easy with his presence and kindness.

 

Chester-Thompson-master-class-Patricia-Schiavone

Photo: Pablo Avellino

 

Clinic-Chester-Thompson-Teatro-Solís

Photo: Germán Suárez

(Thanks to Pablo Avellino and Germán Suárez for the pictures).

He spent one hour generously sharing his experience, his knowledge and his wisdom.

He insisted on his having had a very blessed life, having the chance to make music with the musicians he played (Zappa, Weather Report, Genesis, Phil Collins and so many others).

Among the concepts he shared, he suggested to practice everything starting with your right hand first and with your left hand later. Everything. He showed a warm up exercise, where he played a few notes on the bass drum and on them he played a single roll, a double roll and paradiddles with the hands (starting with R then L). “And if that is too easy, make it faster”, he said, and showed it. It was funny when he said that his right hand was funky and his left hand was straight, so he got a different feeling if he played with one or the other.

He talked about using the wrist only for the first hit but using fingers for all the others, with the elbows not separate from the body but loose, hanging at the sides.

He stressed the importance of listening to the whole band as if you were sitting at the audience. Not to listen to the drums; to listen to the band. He said that whenever you listen to a band from the audience and something sounds wrong is because some of the musicians is not listening to the band but to themselves. I must say I’ve been practicing this new perspective for listening and it makes a real difference in the outcome! And not only in the drumset but in life too.

People from the audience asked him how the experience of playing with two drums was. He said it was much more difficult than people usually think. He said that it was really important to have eye contact with the other drummer and to pay close attention and really listen. He explained how Ralph Humphrey and he felt music a little different and how they had to practice to manage to play well together. He also said that with Phil Collins it was different because they both felt music very similarly and from day one they played as if they were one only person.

Another question was about the position of his feet. He said he realized gravity was his friend and he used gravity in his favor. He places his heel not up and not down, somewhere in the middle.

I’m sorry that I made a big mistake: I forgot to record the clinic. Being on the stage, focused on translating, I know I am missing lots of information here, but if I get to remember, I’ll edit.

After the master class finished, magic went on and on: Alphonso Johnson’s Quartet played their concert in Solís Theater. You may read about that in a separate post.

I think it’s not by chance that his music is so outstanding. I’m convinced that in cases of superb musicians like him, it’s the soul we hear expressing. You may be a reasonably good musician and not transmit much. If you do transmit lots like in this case, you have learned to show your soul to the world.

I want to thank Jazz Tour and Cecilia Martínez-Gil for bringing Chester Thompson with Alphonso Johnson’s Quartet, for making a free master class possible, and for having chosen me as a link between this fantastic drummer and the wonderful drummers of Montevideo, who were delighted to have this opportunity and have expressed in several ways how good this clinic was.

Chester Thompson will always be welcomed here. Let us hope he will come again soon.