Dúo de guitarra y percusión: Entrevista con Albana Barrocas y Agustina Canavesi

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La ventanita que abro hoy es para poder asomarse una pizca al proyecto musical llamado Black Mamba.

Como es un proyecto que me tiene intrigada, y sé que no solo a mí, aquí les ofrezco una entrevista con Albana Barrocas y Agustina Canavesi, quienes, en el marco de Black Mamba, estarán presentándose en el Museo del Vino en unos pocos días.

Agustina y Albana son dos mujeres que quienes las conocemos un poco sabemos de su fuerza arrolladora y de su compromiso absoluto con la música y con el crecimiento musical.

Mi primer contacto con Albana fueron dos videos de dos concursos de bateristas y quedé muy impresionada con su toque. Asistí a una clínica de batería magistral que dio en Kalima, que quienes estuvimos no olvidaremos más. Luego la escuché con Hugo Fattoruso en varias instancias y cada vez que la veo me voy pensando que es increíble lo que toca, su actitud y todo su encare musical, que es notoriamente joven y a la vez increíblemente maduro en sus elecciones musicales.

Con Agustina tuve la oportunidad de compartir un camino de crecimiento musical y personal y la vengo viendo crecer musicalmente de manera sostenida y tomando direcciones bien interesantes en su toque. Hace quizás un año presentó algunas de sus composiciones en un toque en la Plaza Matriz y fuimos varios los que quedamos encantados.

Así que esta combinación de Agustina y Albana es muy bienvenida.

No he tenido la oportunidad de ver a Black Mamba todavía. Como imagino que algunos lectores pueden estar en mi misma situación, ¿podrían contarnos un poco cómo es la banda y cuál es la propuesta musical?

Somos un colectivo de músicos y con esto nos referimos a que las integrantes pueden ir variando en número, instrumento y persona. Por ejemplo, el año pasado éramos un quinteto integrado por Patricia Ligia (bajo), Patricia López (saxo y flauta traversa), Agustina Canavesi (guitarra), Alejandra Gómez (trompeta) y Albana Barrocas (batería). Este año pasó Sofía Mattsson con su trombón. Hoy en día somos Patricia Ligia, Agustina Canavesi, Alejandra Gomez y Albana Barrocas… y quién sabe mañana qué y quiénes.

Nuestra propuesta musical se  basa en  las formas y estructuras del jazz, abarcando diferentes géneros musicales, rioplatenses y extranjeros.

¿Para integrar este colectivo musical hay que ser mujer?

La idea de la banda básicamente es darle ese  toque diferente al grupo, pero no es lo fundamental ni excluyente. Por ejemplo, en abril de este año tocamos en el Festival del Día Internacional del Jazz en el Sosiego y dado a que Pati Ligia no podía presentarse por una grabación, fue Valentín Gómez y nos acompañó en el bajo. Además, cada una de nosotras, paralelamente, toca en grupos mixtos.

No queremos caer en la intención de que siempre sean mujeres, toquen como toquen. ¡NO! Cuando Pati Ligia nos convocó a todas, consideró que habíamos chicas con el suficiente nivel y responsabilidad para armar este proyecto… responsabilidad en el sentido de que nos preocupamos por estudiar el instrumento, que suene bien, que si hay algo difícil lo afrontamos en lo individual del instrumento y como banda. No hay intenciones de hacer diferencias de género, solo darnos la oportunidad de compartir esta experiencia con personas que nos enriquecen en muchos aspectos no solo lo musical. Y así se armó la banda y continúa en el mismo canal.

¿Cuánto hace que están tocando juntas con el grupo?

Pati Ligia nos convocó a todas en mayo del año pasado y desde entonces venimos tocando y experimentando.

¿Ahora se trata de adaptar Black Mamba al formato dúo o la propuesta es diferente?

Estuvimos de acuerdo en que la propuesta de Black Mamba sea adaptable a diferentes circunstancias. Ahora con la excusa de que Pati Ligia y Ale Gómez se encuentran de viaje en el exterior por un mes, creamos un repertorio a dúo, donde nos exprimimos musicalmente. Algún temita del repertorio de banda está, pero en general dentro del género interpretaremos otras obras y composiciones propias.

¿De qué generos son las composiciones propias?

Los géneros son variados. En su mayoría rioplatenses. Pasamos por candombe, milongas, marcha camión, zambas y también algunos ritmos de Brasil que nos parecieron interesantes versionar.

Muchas composiciones tienen letra o melodías cantadas, una estructura, y algunas presentan melodías y luego se improvisa. Para estas nos servimos de las herramientas que hemos aprendido con el jazz.

Cada una de nosotras trae variedad de composiciones y versiones, solo que tuvimos que elegir las músicas  que se prestaban para presentar a dúo y versionarlas con los instrumentos que vamos a usar.

¿Qué cosas especiales permite el formato dúo que no permite un formato más grande?

Para nosotras el dueto está siendo puerta abierta a la creatividad donde quedamos “audio-visiblemente” expuestas. Jugamos con distintas dinámicas, intensidades y colores generando distintos ambientes para que al espectador no le quede gusto a poco, y nosotras sentir que transitamos por distintas formas de expresión.

Ambas están participando de muchas propuestas musicales diferentes. ¿Qué las hace a cada una de ustedes elegir Black Mamba como uno de los proyectos a los cuales ponerle energía?

Agustina:

Cuando por primera vez nos juntamos y se propuso una lista de temas a explorar donde se convocaba además a la improvisación y creatividad, de inmediato me sedujo. También me interesaron mucho los autores que se sugerían. Pasaban músicos por ahí que son los que escucho, u otros que desconocía y fue un gusto descubrirlos. Citando algunos nombres pienso en Leonardo Amuedo, Daniel Maza, Hugo Fattoruso, Nico Mora, Hermeto Pascoal. Por mi lado vengo musicalizando jazz pero aquí la propuesta abarcaba estos autores rioplatenses que te exigen ir más allá de tus límites con un respeto y conocimiento de las raíces musicales del sur de América, lo que siginificó  transitar mi identidad cultural.

Black Mamba ha sido mi oportunidad de crecer como músico definitivamente y tener la oportunidad de tocar con músicos de un nivel muy exigente.

Albana:

Se despega a lo que venía tocando, como así también sus integrantes. Me exige y me ayuda a crecer musicalmente. Géneros como el jazz clásico, candombe (en batería), samba y otros son tan simples y complejos al mismo tiempo… tenés que saber ponerle el “jeitinho” a cada estilo y tocar lo justo.

¿Cuáles son las perspectivas que tienen con este dúo?

Que la gente disfrute lo que venimos preparando. Tenemos músicas propias, versiones, etc. Como dúo no hay proyectos, tal vez algún toque más. Lo lindo de este colectivo, es saber improvisar en el momento.

¿Y qué expectativas tienen con Black Mamba?

Las mismas que cualquier músico uruguayo… poder tocar seguido, generar un público seguidor, poder viajar con nuestra música, grabar un disco , etc., etc.

Entonces, ¿cuándo es la próxima oportunidad de escucharlas?

El jueves 4 de agosto a las 21 horas tocamos en El Museo del Vino, que queda en Maldonado 1150, esquina Gutiérrez Ruiz. Conviene reservar por el mail info@museodelvino.com.uy o por teléfono: 2908-3430.

Muchas gracias por dejarnos conocerlas un poco más.

Gracias a ustedes.

Foto de portada: Black Mamba.

Entrevistadora: Patricia Schiavone

Martín Buscaglia y sus Bochamakers

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Foto: Lucía Coppola

 

La manera más efectiva de sobrevivir a este invierno larguísimo viene siendo ir a escuchar buena música. Es eso o emigrar, y elegir el destino para lo segundo viene complicado, inclusive para quienes no leemos muchas noticias.

Al entrar al Teatro Solís el jueves 21 de julio, a eso de las 20:30 horas, yo me sentía como en un teatro de Buenos Aires, o como me imagino un teatro en París. ¡Había una cantidad maravillosa de personas! Se habían juntado dos toques interesantes y el hall y las escaleras estaban repletos de gente. Una ebullición linda de vivir, verdaderamente.

Quienes habíamos optado por la Sala Zavala Muniz nos acomodamos en nuestras butacas, en mi caso frotándome las manos con expectativa. La sala estaba completa y prometía.

El toque comenzó con Martín Buscaglia candombeando con su guitarra en el centro del escenario debajo de un foco que solo lo iluminaba a él. Encima de su ritmo Martín hablaba, como habla él, al ritmo de la música, con su poesía tan personal, ocurrente y que a una le dibuja una sonrisa de inmediato. “El unísono es una disciplina cuyo mismo nombre te indica cuando la estás realizando correctamente, ¿no? Cuando se canta juntos así, unís o no”.

Luego de un par de temas, Martín agarró un lap steel, lo apoyó en su falda y con un slide tocó un blues buenazo, con una maravillosa letra cabopoloniense y con la compañía percutiva exquisita de su Bochamaker Martín Ibarburu en el bombo legüero. La cadencia de la música y la letra fue un traslado inmediato a ese paraíso que algunos atesoramos. Muchas imágenes soñadas se me representaron mientras tocaron esa canción. Belleza para todos los sentidos.

Buscaglia te sorprende todo el tiempo. Si tomás casi cualquiera de sus canciones, las letras te van sorprendiendo a medida que van avanzando. Por dar un ejemplo de los que sonaron:

Cuando dice “El agua está divina”, uno se imagina a alguien metiéndose en el agua de la playa, una temperatura impecable, un cielo celeste y un paisaje de verano. Pero lo que sigue es: “Piensa el gallo en su veleta”, y ahí nos trasladamos a un día lluvioso, un cielo atiborrado de nubes negruzcas copiosas y poniéndonos en el lugar del gallo pensamos que no debe ser un día de tormenta ni lluvia torrencial… seguramente el gallo disfruta más de una lluvia tranquila. Entonces la letra sigue: “Y yo pienso en tu silueta”, lo que nos traslada a otra situación y lugar, y así continúa toda la noche.

El siguiente tema que tocó me pareció una obra de arte. Se llama “Muy feo” y es muy genial. Al parecer el compositor estaba muy molesto con alguna persona por alguna actitud o acción y en lugar de componer algo rabioso, algo que transmitiera con las notas o con el ritmo cualquier emoción negativa, compuso una canción que es alegre, divertida y que a la vez se burla con altura del objeto de la molestia, tanto con la música y su ánimo como con la letra: “Lo tuyo ni siquiera no me gusta”; “Te está faltando ejercicio… te está faltando satisfacción, estás muy solo en tu colchón”; “Pero tranquilo, no pasa na’, te quiero”. Escrito así y fuera de contexto sé que pierde gracia; tienen que escuchar ese tema.

Todos sabemos que no hay dos toques iguales (gracias al cielo, claro) y generalmente eso se asocia con el momento o el coloque de los músicos cada noche. Este toque del jueves tuvo la particularidad de que los músicos estaban conectados entre sí, entregando todo, y les tocó en suerte un público insólitamente tímido o reprimido, váyase a saber. Eso influyó un montón en que un toque que tenía todo para ser explosivo, y para mudarnos al calorcito por dos horas, fuera un toque manso, intachable desde el punto de vista musical, pero al que le faltó la colaboración activa de la otra mitad del show: el público.

La invitación de Buscaglia siempre es a que participemos, a que coreemos, etc. y es algo que se goza mucho, por la energía que se genera entre todos. Bueno, el jueves Martín la remó de una manera impresionante, tanto que me saco el sombrero y le hago una reverencia, pero la tarea era completamente titánica. Al público le costó tres cuartas partes del toque soltarse y formar parte de la propuesta.

Momento religioso ese en que entraron al escenario sus Bochamakers de la noche: Herman Klang (teclados), Matías Rada (guitarra), Mateo Moreno (bajo) y Martín Ibarburu (batería).

Musicalmente fue un toque buenísimo. Mateo Moreno y Martín Ibarburu juntos hacen la base más musical y copada del planeta. Lo que toca Mateo es cool, funky, tiene un sonido espectacular, tiene todo el groove del mundo y está todo el tiempo atento a la batería y a Buscaglia y a lo que pasa en todo el escenario. Herman Klang le puso mucha polenta y un carácter extraño y bien interesante al todo, que me dio la impresión que le dio una vuelta de tuerca diferente a los Bochamakers esta vez. Hubo un tema sobre el final que tocaron Buscaglia y él solos que despertaron varios “qué divino” a mi alrededor. Y Matías Rada tocó cosas buenísimas en la guitarra, se mandó unos solos que erizaban la piel y unas voces buenísimas también.

En cuanto al agite del show, Martín Buscaglia y Mateo Moreno le pusieron toda la garra que se puedan imaginar para que aquel show le llegara al público con todo. Le pusieron onda, le pusieron energía, se bailaron todo como acostumbran, había complicidad entre ellos y en el escenario, todo impecable.

Martín en la batería es algo indescriptible, ya. Y combinado con el ritmo que lleva en la sangre Buscaglia, y con los otros músicos termina siendo demoledor, arrollador, una propuesta verdaderamente disfrutable y muy prolija.

Fue después de una hora y media aproximadamente que Buscaglia tuvo la idea brillante de decirle al público más o menos esto: “Ahora se levantan, aplauden, cantan y reaccionan”. Jajajá. No, no. No dijo así. La invitación fue muy delicada y amable… y tremendamente efectiva. El público se levantó, y ¡bailó un montón!, y acompañó con palmas y cantaba. ¡Y no se volvió a sentar! Sinceramente fue inexplicable para mí por qué gente que sí conocía las canciones y sí le gustaba Buscaglia estuvo como anestesiada por tanto rato. ¿Serán los agroquímicos que nos están poniendo en la comida y en el agua? Quién sabe.

En definitiva: una propuesta musical buenísima, como nos tienen acostumbrados estos músicos maravillosos, pero un toque raro, que tenía una barrera energética misteriosa que partía desde el público. Ojo, así lo viví yo. Quizás otras personas observaron algo diferente y lo vivieron distinto… ojalá que en otros rincones de la sala se haya vivido con más frescura y con más recepción que desde mi butaca.

Desde acá hago un pedido especial a los músicos: no paren nunca, sigan cantando, sigan tocando, sigan desmorrugando, sigan componiendo y sigan confiando en que lo que hacen está muy pero muy bueno.

***

Crónica escrita para COOLTIVARTE.

Hablemos de música ultramarina: Entrevista a Trío Ibarburu

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El 29 de julio, en la Sala Hugo Balzo del Sodre, a las 21 horas, el Trío Ibarburu estará presentando su nuevo disco, titulado “Ultramarino”. Sepan desde ya que no se lo pueden perder por nada, nada del mundo.

Al saber que las puertas cósmicas se habían abierto para que pudiera entrevistar al Trío Ibarburu, pensé que era prudente escuchar algunos de los temas del disco nuevo. Claro, puede ser que haya sido una decisión atinada desde el punto de vista de la responsabilidad de ir a hablar de algo conocido, pero fue completamente imprudente en lo que respecta a mantener mi centro emocional. Para cuando llegué a hacer la nota mi contacto con la tierra era efímero y me llevaban en andas la fascinación, la incredulidad, el asombro y especialmente la admiración, que si bien son todas emociones muy positivas y disfrutables, a la hora de entrevistar no son la compañía más conveniente. Entonces, la invitación es a leer una entrevista que tiene como trasfondo vibratorio un estado alterado.

Si bien —como sabemos— el trío está formado por Nicolás Ibarburu (guitarra), Andrés Ibarburu (bajo y cello) y Martín Ibarburu (batería y percusión), en esta entrevista no pudo estar presente Martín. Es así que lo que leerán a continuación es una conversación con Nicolás y Andrés. Sin embargo, con una pregunta en particular sentí que hacía falta incorporar la voz de Martín, así que lo contacté después y pude agregar una respuesta de parte suya.

Patricia Schiavone: ¿Cómo son las composiciones del disco?

Nicolás: Son de Andrés y mías, mitad y mitad.

Andrés: Pero también cada uno desarrolla mucho su parte. Por ejemplo, en los temas que son míos hay cosas que son de él o hay cosas que son de Martín. Ninguno compuso una partitura, nota por nota. Es como una idea original y un concepto.

Nicolás: Y después cada uno desde su instrumento, juntos, construimos el sonido del trío.

PS: ¿Pero en algún momento se escriben los temas?

Nicolás: Bueno, sí, los temas están escritos.

Andrés: Claro, a mí me gusta más escribir, porque como estudio música clásica estoy como más acostumbrado y me siento como más cómodo. Nico labura más de memoria… y también escribe algunas cosas. Que tampoco es todo, ¿no? Son como algunas referencias de algunas partes. Porque es un concepto. En general dicen que eso es del jazz pero la música folclórica en general tiene eso, ¿no? Por ejemplo, cuando un guitarrista te dice: “Yo sé un tango”, lo que él tiene es como una especie de esqueleto, de guía. Después cuando va a tocar, sobre eso él va a elaborar algo. Un buen músico de tango se espera que sea así. En el jazz es como muy típico tener un cifrado, los acordes y la melodía pero en esto no es tan así. Hay cosas que están muy arregladas y muy armadas y hay cosas que son mucho más libres.

Nicolás: Claro, hay partes que están arregladas y luego hay partes que se rellenan con improvisación. Eso es lo que hace también que cada toque sea diferente al otro. Este también es el objetivo de este encuentro: tocar con mucha libertad, improvisar mucho y dejar salir cosas del momento pero siempre con un laburo de arreglos y de composición, de experimentación para buscar el sonido y hacer rendir los temas, que ahí es donde ponemos todo de todos.

Andrés: Además, el disco está grabado con esa técnica. Está la composición, entonces hay como una parte que está armada, pero todo lo que está improvisado en la grabación del disco es así. No es como cuando se graba un disco pop, que se graban varios solos y después se elige uno. Acá es como grabar un disco de jazz: cada uno toca su solo y su improvisación y queda lo que queda. Hay una espontaneidad en lo que queda grabado. Creo que según la música se usan diferentes criterios.

PS: Pero entonces, Andrés, o tienen invitados, o vos tenés un clon que toca bajo y tocás cello a la vez.

Andrés: Eso sí. Hicimos lo que se llama “overdub”, que es que el mismo músico toca de nuevo otro instrumento. Hay temas que tienen dos guitarras o tres guitarras, en los que Nico toca varias veces. Eso sí lo hacemos. Hay temas en que Martín toca la batería y después toca los tambores o percusión.

Nicolás: Pero siempre sobre una toma en la que tocamos los tres juntos a la vez. Y después le ponemos algún adorno, alguna cosa. Te podés dar ese lujo porque es un disco de estudio. Si fuera un disco en vivo, no podés.

PS: Escuché “Para rumbear mi camino”.

Nicolás: Esa es una canción que hicimos con un amigo. Él le puso la letra, la música es mía, y nosotros hicimos una versión instrumental.

PS: ¿Y quién toca el piano?

Andrés: Un amigo que vive en República Checa pero en realidad es Eslovaco. Se llama Tomas Jochmann. Yo he hecho mucho con él allá. Es muy delicado. Es uno de esos pianistas que disfrutan mucho tocar el piano acústico.

PS: En el tema “Membrana”, ¿pusieron voluntad explícita en que ese tema fuera de jazz y a la vez de candombe, y a la vez de folclore y tuviera toques de pop/rock o surgió así porque ustedes llevan todo eso adentro?

Nicolás: Y… yo creo que es eso último que dijiste. Porque se va dando naturalmente y vas volcando cosas. Pero sí, ese tema en particular tiene una cosa medio folclórica, que también es un candombe, pero está en 5, o sea que no es un candombe tampoco… pero tiene aires así de candombe, de repente los fraseos… pero es un ejemplo de bastantes corrientes convergiendo ahí en un punto. Hay varios temas así en el disco.

Andrés: Es que también esas fusiones que decís en la música está bueno cuando suceden espontáneamente, ¿no? Cuando un grupo empieza a hacer algo y vos decís: “Ay, pero esto ¿qué es? Es esto… Entonces viene un crítico y dice “esto es una mezcla de tal y tal”. Pero cuando uno dice “voy a mezclar esto con lo otro…” como que no se puede hacer así. En realidad te sale naturalmente y a la hora de describirlo, ahí empezás a encontrar cosas. Pero la música no piensa ella en sí misma “soy un candombe”, por ejemplo.

Escuchar “Membrana

 

PS: ¿Me contarían cómo nació ese tema?

Nicolás: Sí, Membrana fue una música que yo armé en casa, que después obviamente cuando la tocamos juntos floreció y salieron un montón de cosas más y quedó mucho más lindo el tema, por el tratamiento que siempre les hacemos a las canciones con el trío. Pero fue así, una exploración en eso del 5, buscando un poco… de esas charlas que siempre tenemos con Andrés y con Martín. A veces nos quedamos explorando cosas así, de compases irregulares… mismo en algún almuerzo. Y fue un poco en ese espíritu, explorar por ahí, y salió Membrana.

PS: Qué pena que no está Martín, porque yo me pregunto en este tema “Membrana” cómo será que le habrá surgido tocar eso que toca. Vos lo escuchás y es un candombe, pero a la vez es jazz por la llevada en el plato, por el feeling general. Y sin embargo el tambor ¡es pop!

Nicolás: [risas] Claro. Ahí va.

Andrés: Creo que también está bueno que a nosotros nos pase eso porque es lo que es nuestra cultura. Como latinoamericanos somos una mezcla de muchas culturas, de muchos pedazos de muchas culturas: tenemos cosas de los indios, de los negros, de los españoles, de los italianos… entonces me parece que es lógico que pase eso que vos decís que salgan cosas de muchas vertientes.

PS: ¿En qué encuentran que este disco se diferencia del anterior?

Andrés: Son propuestas completamente diferentes. Para grabar el otro disco lo que hicimos fue encerrarnos en una casa preciosa que nos prestaron en Punta del Este, llevamos el estudio armado y nos quedamos solos con los instrumentos cinco días. Nos grabamos nosotros. Que por eso tiene ese nombre “Huella Digital”, porque es una cosa que tiene mucho que ver con nuestra identidad. Yo nunca había hecho eso de grabar sin técnico. No había nadie por fuera. Limpiábamos nosotros, comíamos la comida que teníamos adentro de una heladera. Sí nos fueron a visitar amigos e hicimos algún asado pero a la hora de laburar, estábamos solos. Sin ni siquiera un técnico. El coloque de ese disco es la concentración de nosotros tres solos. Lo hicimos también por una cuestión histórica, de que veníamos por mucho tiempo acompañando a otros músicos. Ellos nos dieron lugar para nuestra creatividad: Jaime, Rada, etc. pero claro, ellos tienen una personalidad tan grande, y además nosotros tocamos con ellos desde muy jóvenes, entonces como que decidimos arrancar de lo que éramos nosotros sin ninguna influencia externa.

Y este otro disco es una cuestión bien diferente. Porque este es un disco que hicimos mientras yo vivía allá y ellos acá. Por eso se llama “Ultramarino”. Es como a través del mar. Yo vine de visita y grabamos. Después fueron ellos de visita y grabamos allá. Después hicimos algunas cosas por internet.

PS: ¿Cómo la llevan que Andrés viva en Praga?

Nicolás: Bueno, con internet es más fácil, porque tenemos contacto permanente y fluido.

Andrés: Hoy nos acordábamos cuando Martín estuvo en Holanda, que había que llamar por teléfono, encontrar al otro, valía una fortuna. Y además, claro, la comunicación en ese contexto se vuelve una cosa súper concreta. Uno no podía ponerse a contar anécdotas, y ahora con Skype sí. Dejás la computadora en la mesa y es como si fuera una ventana.

PS: ¿Qué es notoriamente diferente cuando tocan entre ustedes tres y cuando tocan con otra persona?

Nicolás: Sin duda que tenemos muchas horas de vuelo y mucha experimentación, camino recorrido juntos, que eso suma muchísimo a la “conecta” pero creo que donde más la siento reflejada es más que nada en proyectos jazzeros de improvisación, donde vos tenés que soltarte para tirar una idea nueva o diferente y al mismo tiempo saber que podés volver con familiaridad, sin irte al carajo y caer en cualquier lado. En ese sentido tenemos mucha conexión y entonces cada uno de nosotros puede abrir diferentes momentos musicales o frases o cosas y siempre estamos enganchados igual. Me parece que eso se da más —por lo menos para mí— que en cualquier otro proyecto en que haya estado.

Andrés: Para mí también. Y agregaría una cosa más. Que hay cosas que siempre hay que estarlas hablando entre los músicos, o explicando, o escribiendo y entre nosotros pasa mucho que hay mucha cosa que directamente no se dice, que es mucho más claro si lo tocás que si lo decís. Incluso nos ha pasado también —pasó el otro día— de tener alguna discusión personal por una cosa extramusical y como que tocando resolvés de alguna manera el problema. Es medio misterioso.

Nicolás: Y sí, se mueven muchas cosas. Con la música se mueve todo, ¿no? La espiritualidad, los sentimientos. Eso es lo lindo también.

Andrés: Se acomodan cosas que por ahí hablando no se acomodan tan fácilmente. Tocando hacés algo que el otro lo entiende, o vos le entendés algo al otro y se crea una conexión y se disuelve ese conflicto. Pasa. Y creo que también pasa con el público. Cuando vas a ver un concierto, a veces se te resuelven cosas.

PS: Les traje algunas palabras y quisiera saber a cuál de ellas la asocian más con este disco: Libertad – Felicidad – Plenitud – Paz – Evolución – Amor

Andrés y Nicolás (a la vez): Evolución.

Nicolás: Todas las palabras están. Pero me parece que al ser un tercer disco tenés que priorizar el crecimiento, la evolución. Este es un disco más evolucionado a nivel de búsqueda, buscamos por otros lados, de intentar otros climas, otras instrumentaciones, que por ahí no están en los otros dos. Por eso me identifiqué con esa palabra. Evolucionar no quiere decir hacerlo más complejo o cargarlo de elementos. A veces es al revés. Evolucionar es vivir lo que estamos viviendo ahora, que es la música con un océano en el medio, como dice Andrés, y siguiendo en esas búsquedas que van a estar más allá de la distancia. Este proyecto es eso: cada vez que nos veamos, vamos a juntarnos a tocar y explorar.

PS: Yo encontré una madurez especial en esos temas que escuché. Un aplomo que me pareció nuevo y como si la fuente fuera más el corazón que la cabeza. “Neurology” tiene muchas más notas pero igual tiene una solidez especial. ¿Cómo surgió?

Nicolás: Ese tema es de Andrés.

Andrés: Ese tema yo lo hice porque quería que tocáramos un candombe rápido con el trío. En ese sentido fue como una cosa que busqué. Pero después también le encontré… A veces la composición es un proceso muy misterioso y es muy diferente para todo el mundo. Pero hay veces que es como te dijo Nico de Membrana, que es como que encontrás algo. Y otras veces tenés algo y construís arriba de eso, sin haber tenido un motivo inicial. Es como que vos lo proyectaste. En el caso de este tema fue más así, de ir a buscar un candombe rápido para tocar juntos. Después el nombre… el que ponía nombres así era Charlie Parker: Ornithology, Anthropology… que en realidad es para ponerle un nombre, usando una palabra que te gusta como suena. En mi caso también tiene el significado de que mi mujer es neuróloga y también tiene que ver con cosas que yo hablo con ella, que es interesante, de cómo funciona el cerebro, señales que se pasan de un lado para el otro, impulsos eléctricos que se van conectando, se hacen como redes.

PS: Supongo que es difícil verse como si no fueran hermanos. Pero les pregunto, ¿qué admiran más uno del otro como músico?

Nicolás: Yo admiro su curiosidad de siempre, de seguir estudiando y explorando mucha música. Nosotros, con Martín, como hermanos menores, toda la vida nos beneficiamos de esa curiosidad. También su originalidad. Me parece que es quien le da el mayor toque de originalidad al trío. Tiene la visión musical diferente a lo estándar.

Andrés: ¡Muchas gracias! Yo lo que más admiro de Nicolás es directamente la genialidad. Cuando algo es especial y es muy difícil entender por qué es especial, ¿viste? Hay cosas que vos ves y están buenas, otras mejores y peores, pero hay otras que son geniales. Ya no tienen medida, ya no se puede calificar o medir. No es analizable. Está como más allá de lo que se entiende o lo que se explica. Que eso también es otra cosa de la música, ¿no? Cuánto entra el lenguaje, cuánto entra la racionalidad y cuánto viene del corazón y cuánto viene del espíritu. Pero la genialidad tiene como algo más, como un sello especial que ta. Que uno lo reconoce pero no sabe explicarlo.

PS: ¿Y qué admiran de Martín?

Andrés: Es una persona que domina el sonido como si fuera… no sé, un barco, un avión, que tiene ochocientos cincuenta mil botoncitos y cosas y el tipo lo hace volar como si fuera una seda, todo, sin chocar contra nada, todo suave, todo perfecto.

Nicolás: Martín es el caso de esos tipos que te hacen sentir que tocás bien. Y en realidad es porque estás tocando con Martín. Aparte que tiene una musicalidad y una administración del fraseo y de las notas que es como muy refinado. Es como que te prende el Rolls Royce y te saca a pasear por la rambla. Te hace sentir como que estás en algo elevado. Es tremendo.

Andrés: Totalmente.

Nicolás: Y también creo que la búsqueda del proyecto, que siempre mencionamos, que tiene al candombe, es esencialmente por Martín, porque Martín es el que hace todas esas adaptaciones del candombe en la bata. Me parece que es el que lleva la parte más importante, más trascendente de esa búsqueda. Y creo que Martín —dicho mismo por Osvaldo, incluso por Hugo—, es como el continuador de esa búsqueda del candombe en la batería. Como muchos bateros, ¿no? Pero sin duda Martín es uno de los referentes a ese aspecto.

Andrés: Sí, en este trío es fundamental. Pasa mucho por ahí. ¡Realmente todo sale con una facilidad! No tranca nada. Al revés, impulsa todo. Y cualquier idea es como que se despliega, sin chocarse contra nada, ¿viste? Todo se vuelve fluido, limpio, cómodo, flexible.

PS: A mí me emocionó que en uno de los temas que escuché hay frases que las inician ustedes dos pero las termina Martín con la batería.

Nicolás: Sí, total.

Andrés: Sí, realmente es una cosa muy increíble. Como un lenguaje del ritmo que no es el típico lenguaje del ritmo que es simplemente acentuar. Hay momentos en que realmente habla con el ritmo. Eso también lo hace en el solo de Huella Digital. Todo el significado está ahí. No hace falta ningún acorde, ninguna melodía. El mensaje está todo en el ritmo. No hace falta colorear eso de ninguna manera; no hay que agregarle nada.

PS: Y vos, Andrés, hay momentos en que llevás la melodía y está buenísimo.

Andrés: Eso es algo que hacemos, que nos rotamos… que dos aguantan a uno. No hay puestos fijos.

PS: ¿Eso surge naturalmente? ¿No está planificado?

Andrés: Sí, son cosas que se dan. Es que ahora estamos como descubriendo todo eso porque nos ponemos a pensar pero en verdad son cosas que pasan solas. No hay necesidad de entender exactamente qué es. Ahora que vos lo preguntás, decís: “Claro, pasa esto”, pero en verdad simplemente pasa.

PS: Después de la entrevista, Martín Ibarburu respondió telefónicamente a mi consulta: ¿Qué admirás de Nicolás y Andrés como músicos?

Martín: Muchas cosas, vo. Como guitarrista, para mí es el guitarrista. Yo aprendí a tocar con él. Mi idea de lo que es tocar la guitarra es lo que toca él. Y lo que me pasa es que conecto con mucha cosa de toda la vida. Cualquier composición de él o solo que haga, o hasta a veces escucharlo acompañar, me conecta con un montón de cosas que hemos vivido juntos. Lo escucho tocar y es como… como eso. Es como una mezcla de admiración con algo muy familiar que siento con él.

PS: ¿Como mellizo sentís que tenés alguna conexión distinta a la que podés sentir de repente con Andrés?

Martín: Es diferente, sí. Pero con Andrés igual me pasa algo parecido, porque aprendimos a tocar juntos. Cuando pienso en una manera de tocar el bajo, es Andrés. Yo toco con muchos bajistas y hay muchos que son excelentes pero siempre tengo que estar pendiente de ensamblar con ellos. Con Andrés no pienso en eso, es como algo muy visceral, de una conexión muy profunda que me parece que viene por el lado ese, de haber aprendido a tocar juntos.

Y los admiro profundamente a los dos como músicos, como compositores. Tienen eso, hacen parecer fácil cosas que no son tan fáciles. Yo me doy cuenta, tocando con otra gente, que no es tan fácil (él se ríe… y yo también, porque pienso en cómo Nico y él dijeron lo mismo uno del otro).

Andrés por ejemplo tiene una cuestión de su fraseo muy salada, muy profunda, como que la agarra por lugares que te sorprenden pero con una conciencia salada, con un piso muy grande en su improvisación. Tiene eso.

Y Nico tiene esa capacidad de tocar cosas difíciles. O aunque toque cosas muy sencillas, las hace sonar mejor. Tiene una capacidad para armar voicings, para elegir cómo armar acordes, cómo tocarlos. De repente puede ser una composición súper sencilla y el tipo siempre le encuentra la vuelta para ponerle algo, un chispazo. Eso de Nicolás me genera mucha admiración.

PRESENTACIÓN DEL CD ULTRAMARINO

La presentación del disco contará con un invitado especial: Juan Pablo Di Leone (en armónica y flauta). A continuación comparto los detalles de día, lugar, hora, entradas, para que nadie quede sin la oportunidad de ir a vivir esto:

Viernes 29 de julio a las 21 horas.

Sala Hugo Balzo (Auditorio del Sodre)

Mercedes y Andes.

Entradas: por Tickantel

Foto de portada: Valentina Romano

Entrevistadora: Patricia Schiavone

Entrevista publicada también en Cooltivarte

Listen! Drummer Chester Thompson

Screen print by Patricia

Screen print by Patricia

Next July 28th, 2016, Alphonso Johnson’s Quartet will be playing in Teatro Solís, in Montevideo. This means Uruguayans will have the rare chance of listening live to four wonderful musicians: Alphonso Johnson (bass), Chester Thompson (drums), Federico Ramos (guitar) and Gary Fukushima (keyboards). Some of us are really amazed at the fact that we will be able to attend a concert in which two ex Weather Report musicians will play on stage. This is something so unexpected as mind blowing.

Talking about surprising chances, please be my guest to read my interview to Chester Thompson.

 

Patricia Schiavone: We are really delighted that you are coming to Uruguay with Alphonso Johnson’s Quartet. You have played with Alphonso for a long time. I’d like to know what feels good about playing with this particular quartet with him.

Chester Thompson: We have not played together yet with this quartet. When I get to Los Angeles we will play for the first time. I think he has been playing with them, yes, but it will be the first time to me. But I’ve played with him many, many times and I think we breathe the same when we play.

PS: What does it mean to breathe the same when you play?

CT: It’s like we are so close, we are like one instrument.

PS: Singers usually seek a special emotional state before singing a song. Do you do anything similar?

CT: Sometimes… It depends on what I’m doing. To me it’s very simple. My very simple job is to listen. And I trust it: If I’m listening, then the right thing will happen.

PS: What do you listen to?

CT: When I’m playing, I don’t listen to me. I only listen to the other musicians. It’s like if I’m sitting in the audience and I’m listening to a band. If you listen to a band, you know everything is working ok. And if it’s not working ok, that means somebody is not listening. It means somebody on the stage is only listening to themselves.

PS: I’ve heard you really concentrate when you play.

CT: Yes, I don’t smile much [he laughs].

PS: Have you practiced that concentration somehow?

CT: Yes, yes. If I’m practicing, especially if I’m practicing something very difficult, very challenging, if I listen it comes much more cooked than if I think about it. If I think about it, the brain will make it confusing. I tell my students this: “Don’t think so much; only listen.” Because if not, you lose it. Music is to be listened to.

PS: You know, I wonder how did you manage not to hurt yourself when rehearsing for so many hours and touring so much.

CT: It’s very simple. If I’m doing something that hurts, I don’t do it anymore. Actually I’ve changed my technique many, many times. The moment it hurts, I change it. It’s a very physical instrument. You have to hear what your body says. Most drummers sit very, very low. I sit very, very high. My legs are very long and it feels natural to sit high, so that my legs are down. If I play with my legs up, it hurts my back very quickly, so to me it’s silly to do that. Also the drums should not be played with the elbows out. When you play in an orchestra, you learn to play with your elbows out a little bit, but in the drumset that does not work. In the drumset you have to be completely relaxed. And it’s really more fingers than anything with the sticks. A little bit of wrist and a lot of fingers. Not so much wrist and not so much arms.

PS: Tell me, have you had moments of stagnation, when you didn’t advance in your playing?

CT: Yes, of course. Many times.

PS: And how have you dealt with that?

CT: Well, you practice more [laughs].

But when you learn about listening… everything makes more sense. It’s more connected. Because there’s too much thinking, you are always thinking about what you do. And it is happening too fast to think about it. Even now, if I play something I know, if I start to think about it, I will make a mistake.

PS: Taking what you said about concentration and not thinking, do you practice meditation?

CT: No. I pray a lot. I’m a Christian. But to me it’s really about focusing on what I’m doing.

PS: If you could give a piece of advice to 13-year-old Chester, which would it be?

CT: [He laughs]. Oh, My Goodness! Wow. This is very interesting. I remember this guy [more laughs]. Because this is the year when I started playing in nightclubs. And this is also the reason why when my son was 13, I stopped touring, to be with him. For a boy it’s a crazy time, because inside you’re becoming a man but your mind is not of a man yet, and your body is changing. It’s very confusing. Mmm, I don’t know… I think I would tell me to just learn to relax. I think I would practice differently if I knew at that age what I know now. I enjoyed practicing. I never had a problem to practice. But, I would tell him to listen more. Not only to music but also to people. I was not a tough guy. One of my pleasures was reading. I used to read a lot, and I still like reading. Maybe, I’d tell me to be patient, although I was at that age. But I remember that it was a confusing time. I grew without a father. My mother was great, but at that age a boy needs a father to talk to. I think I would have had more discipline if I had had a father. Not in drums, because I had discipline in it, but in everything else.

PS: If your students took home only one lesson from you, which one would you like it to be?

CT: Well, there’s a couple of things. First, if it’s difficult, play it very slowly… many, many times and you will hear it get better each time. And this in combination with the listening. Because we cannot be in hurry to be fast. If you do it over and over, speed will come anyway. And sometimes I tell my students, if they almost have it but not quite, I tell them: “OK, next time when you play it, I want you to listen and to imagine that you are teaching someone else how to do this, and that you are listening to see if they are playing it correctly”. Then, they always play it right.

PS: Why is that so? What does teaching have to do with it?

CT: Because it changes the side of the brain. The listening side and the creative side is different to the intellectual side. That is why we can enjoy music: because music can take us to another place. I mean, sometimes you need to do both [listening and thinking]. When I have to read music, I have to do both and it takes a long time to be able to do both. But in the beginning, when you are just trying to learn, it’s important to slow it down, use the brain to keep the time. If you listen and not stop when you make a mistake, if you just do it over and over and over, if it gets a little bit better each time, then it’s good. It doesn’t have to be perfect the first time or the second time.

PS: Why did you choose to teach?

CT: Oh, I only started teaching because in the university where my son is going the drum teacher left. They asked if I would come and teach. And I didn’t like what he was teaching my son; I didn’t like the way he taught. I always want to give my son everything, but it’s very difficult to teach your son. Suddenly, I had the situation that I could teach him and if he didn’t listen to me, instead of giving him an A, I’d give him an F. And I get paid, also! [laughs]. So, it was only to teach my son, because I wanted to make sure he had the right thing.

PS: And what happened then. Did you enjoy teaching?

CT: Yes, I found that I really liked it. Because I used to never teach, I have to say. If somebody asked me, I used to answer “No, I don’t teach”. But after this I found I really enjoyed teaching, I really like it… but I like playing more [he smiles].

PS: Have you been in South America before?

CT: Not in Uruguay. You see, three years ago I made a tour for DW drums and I’ve been to Brazil a few times, to Ecuador, Lima, Perú, Central America a few times, Salvador. I’ve been to Buenos Aires in Argentina, but I’ve never been to Montevideo.

PS: Now that you mention Brazil. How did you meet Hermeto Pascoal?

CT: Oh, man. I was playing with Airto and Flora. I knew these people from Weather Report. And they asked me if I wanted to record with Hermeto and I was very excited.

PS: Did you meet the pigs during the recording?

CT: [Laughs]. No, no, no. I didn’t meet the pigs. And after the recording I was in his house, in Brazil, and there were no pigs. [Laughs].

[Chester Thompson recorded, together with Alphonso Johnson, 3 tracks of Hermeto Pascoal’s CD “Slaves Mass”, 1977. Two pigs were taken to the studio to be included in the recording].

PS: Do you remember how did playing with Weather Report feel?

CT: [He smiles in a very beautiful way]. Oh, goodness. It was magic. Really, really amazing. By the time I started playing with them I had played with Frank Zappa, which was completely different. I had gone to rehearse in Los Angeles and somebody told me that Weather Report was looking for a new drummer and he told me to come and jam with them. I told him that I’d like to come and jam but I did not want to audition. He kept saying, oh, no, it’s not an audition. So I went there, and of course there was another drummer there. I was very fortunate to have been chosen. The other drummer was very good. They asked me if I could play with another drummer but I had already played with another drummer with Zappa and I told them I didn’t want to do that again.

PS: Why not?

CT: Because to play with Weather Report you have to have freedom.

PS: But then you played with another drummer, with Phil Collins!

CT: Oh, yes. He asked me because he knew I had played with another drummer with Zappa. I mean, Ralph Humphrey is a fantastic drummer, but we feel music very different. It we listened very closely, it was ok. But with Phil Collins, from the very first time we played it felt like we were one person; it felt as if we were playing together for a few years. So it was very easy.

PS: That amazes me, because the styles of music you played before were completely different.

CT: Yes, but he listened to the same people I listened to: Elvin Jones, Max Roach, Tony Williams. So we grew up listening to the same music. I had not listened to so many British musicians as him, but we both listened to the same jazz musicians. Playing together was very natural.

PS: Have you had the chance to listen to some candombe or not?

CT: Not so much. I’m curious.

PS: You have been in bands that have split apart and you have been in bands that have stayed together for a long time. What do you think it is necessary for a band to stay together long.

CT: It’s such a difficult question. I don’t know… chemistry. Everybody has to want the same thing. And you have to be patient. You cannot be selfish. It’s important to see what is best for everybody. In Genesis we had a very unusual chemistry. I had never seen something like this. There was no leader. People think there was a leader, but there was no leader. We were all equal. And the Manager was just as important as musicians.

PS: Why is it that you sold not many copies of your first solo album, “A Joyful Noise” (1999)? (*)

CT: Well, you have to have promotion, advertising. The company is very small and the copies are distributed by another company, which makes more efforts for musicians who record under their label.

PS: Chester Thompson, it will be a real pleasure to have you here. I heard you say that if you had a superpower you would like to make everybody feel joy. I would like to tell you that you are already making people feel joy with your playing. Thank you.

 CT: Thank you!

Screen print by Patricia

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(*) His first solo album, “A Joyful Noise” was released in 1991, receiving excellent critic in the jazz circles. This record was re-edited in 1999. In 2013 he released his album “Approved”. I must say I’ve listened to both and they are, as I expected, wonderful masterpieces. I fully recommend you to get a hold of both of them.

Chester Thompson has played, recorded and toured with Frank Zappa, Weather Report, Genesis, and Phil Collins.

As a session player, he worked with several pop, rock, jazz, rhythm and blues, and religious performers, including Neil Diamond, Ron Kenoly, Duane Eddy, John Fogerty, George Duke, Michael McDonald, Steve Hackett, Kirk Whalum, Andy Williams, Denny Jiosa, Donna Summer, Napoleon Murphy Brock, Andrew Oh, Hermeto Pascoal, and others.

Believe it or not: Alphonso Johnson’s Quartet will play in Teatro Solís

On July 28th, 2016.

An additional note on the 28th show: Guitar player Federico Ramos is Uruguayan, born in Treinta y Tres. He has played with several musicians: Eduardo Mateo, Ruben Rada, Hugo Fattoruso, José Luis Pérez, Dr. Yusef Lateef, Jon Anderson, Milton Nascimento, Ray Brown, Jr., Freddie Hubbard, Cheb Mami, Joan Sebastian, Alejandro Fernández, Vicente Fernández, Jon Hassell, Mark Isham, Elton John, James Moody, Terry Plumeri, Hans Zimmer, John Powell, etc.

Listen! Entrevista a Chester Thompson

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El próximo 28 de julio de 2016, Alphonso Johnson’s Quartet estará tocando en el Teatro Solís, en Montevideo. Esto significa que los uruguayos vamos a tener la rara oportunidad de escuchar en vivo a estos cuatro músicos maravillosos: Alphonso Johnson (bajo), Chester Thompson (batería), Federico Ramos (guitarra) y Gary Fukushima (teclados). Algunos de nosotros estamos realmente sorprendidos por el hecho de que podremos ir a un concierto en el que van a tocar dos músicos que formaron parte de la banda Weather Report. Esto es algo muy inesperado y a algunos nos vuela la cabeza.  

Hablando de oportunidades sorprendentes, los invito a leer mi entrevista a Chester Thompson.

Estamos fascinados de que está viniendo a Uruguay con el Alphonso Johnson’s Quartet. Usted ha tocado durante décadas con Alphonso. Me gustaría saber qué se siente bien al tocar con él en este cuarteto en particular.

Con este cuarteto aún no hemos tocado juntos. Cuando llegue a Los Ángeles tocaremos los cuatro por primera vez. Pienso que ellos sí pero será la primera vez para mí. Pero con Alphonso sí toqué muchas, muchas veces. Y respiramos lo mismo cuando tocamos.

¿Qué significa que respiran lo mismo cuando tocan?

Estamos tan cerca que somos como un mismo instrumento.

Los cantantes a menudo buscan un estado emocional especial antes de cantar una canción. ¿Usted hace algo similar?

A veces… Depende de lo que esté haciendo. Para mí es muy simple. Mi trabajo es escuchar. Confío en eso: si escucho, sucederá lo correcto.

¿Qué escucha?

Cuando estoy tocando no me escucho a mí. Solo escucho a los otros músicos. Es como que estoy sentado en la audiencia y estoy escuchando a una banda. Si escuchas a una banda, sabes que todo está funcionando bien. Si no está funcionando, significa que alguien no está escuchando; significa que alguien sobre el escenario solo se está escuchando a sí mismo.

Usted se concentra mucho cuando toca.

Sí, no sonrío mucho [se ríe].

¿Ha practicado esa concentración de alguna manera?

Sí, sí. Si estoy practicando, especialmente si estoy practicando algo muy difícil, muy desafiante, si escucho, surge mucho mejor que si pienso. Si pienso, el cerebro lo vuelve confuso. Yo les digo a mis alumnos lo siguiente: “No piensen tanto; solo escuchen”. Porque si no, te pierdes. La música es para ser escuchada.

Me pregunto cómo ha logrado no lastimarse al ensayar por tantas horas y hacer tantas giras.

Es muy simple. Si hago algo que duele, no lo hago más. De hecho he cambiado mi técnica muchas, muchas veces. Si duele, la cambio. Es un instrumento muy físico. Hay que escuchar lo que te dice el cuerpo. La mayoría de los bateristas se sientan muy, muy bajo. Yo me siento muy, muy alto. Tengo piernas muy largas y siento natural sentarme alto, como para que las piernas estén abajo. Si toco con las piernas arriba, enseguida me duele la espalda, así que me parece una tontería hacer eso.

Por otro lado, no hay que tocar la batería con los codos hacia afuera. Cuando tocas en una orquesta, aprendes a tocar con tus codos un poco para afuera, pero en la batería eso no funciona. En la batería hay que estar completamente relajado.

Y con los palillos se trata mucho más de dedos que de cualquier otra cosa. Un poquito de muñeca y mucho de dedos. No tanto de muñecas y no tanto de brazos.

¿Ha pasado por momentos de estancamiento, en los que ha sentido que no avanzaba en su toque?

Sí, por supuesto. Muchas veces.

¿Y cómo se supera eso?

Bueno… practicando más [risas].

Pero cuando aprendes a escuchar, todo tiene más sentido, está más conectado. Porque solemos pensar demasiado. Estamos siempre pensando en lo que hacemos. Y esto [tocar] sucede demasiado rápido para poder pensarlo. Inclusive ahora, si toco algo que sepa y empiezo a pensar, cometo un error.

Teniendo en cuenta la concentración y el no pensar, ¿usted practica meditación?

No. Rezo mucho. Soy cristiano. Pero para mí en verdad se trata de focalizar en lo que estoy haciendo.

Si pudiera darle un consejo al Chester de trece años, ¿cuál sería?

[Se ríe] ¡Dios mío! Pah. Muy interesante. Me acuerdo de ese joven [más risas]. Porque ese fue el año en que empecé a tocar en clubes. Y esta también fue la razón por la que cuando mi hijo tenía trece años dejé de hacer giras, para estar con él. Para un joven esa es una época muy loca, porque internamente estás volviéndote un hombre pero la mente todavía no es de un hombre, y el cuerpo está cambiando. Es muy confuso. Mmm, no sé… pienso que me diría que aprendiera a relajarme. Creo que habría practicado diferente si en aquel tiempo hubiese sabido lo que sé ahora. Nunca tuve problema con practicar. Lo disfrutaba. Pero le diría que escuchara más. No solo música sino también a la gente. Yo no era un muchacho duro. Uno de mis placeres era leer. Leía mucho en ese tiempo y todavía me gusta hacerlo. Quizás me diría que fuera más paciente. Aunque ya lo era en ese tiempo. Pero recuerdo que era un momento de confusión. Yo crecí sin padre. Mi madre fue fantástica pero a esa edad un chico necesita un padre para hablar. Creo que habría sido más disciplinado si hubiese tenido padre. No con la batería, porque lo era, pero en todo lo demás.

Si sus alumnos se llevaran un solo aprendizaje, ¿cuál le gustaría que fuera?

Bueno, hay un par de cosas. Primero, si es difícil, tócalo muy despacio… muchas, muchas veces, y oirás que mejora cada vez. Esto combinándolo con la escucha. Porque no podemos estar apurados para lograr velocidad. Si lo haces vez tras vez, la velocidad vendrá de todos modos. Y a veces, cuando mis alumnos están en ese punto en que casi lo logran pero no del todo, les digo: “OK, la próxima vez que lo toques quiero que escuches y te imagines que le estás enseñando a otra persona cómo se hace, y que estás escuchando para ver si lo está tocando correctamente”. Ahí siempre lo tocan bien.

¿Por qué pasa eso? ¿Qué tiene que ver la enseñanza?

Es porque cambia el lado del cerebro que se usa. El lado de la escucha y la creatividad es diferente al lado intelectual. Es por eso que podemos disfrutar la música: porque la música nos puede llevar a otro lugar. O sea, algunas veces necesitas hacer ambas cosas [escuchar y pensar]. Cuando tengo que leer música, tengo que hacer ambas, y lleva un tiempo largo poder hacer las dos. Pero al principio, cuando estás recién tratando de aprender, es importante enlentecer, usar el cerebro para mantener el tiempo. Si escuchas y no te detienes cuando cometes un error, si simplemente lo haces vez tras vez y mejora un poquito cada vez, entonces está bien. No tiene que salir perfecto la primera o la segunda vez.

¿Cómo se dio la elección de enseñar?

Ah, empecé a enseñar solo porque en la universidad a la que va mi hijo se fue el profesor de batería. Me preguntaron si yo podría ir a enseñar. Y no me gustaba lo que le enseñaba a mi hijo; no me gustaba la forma en que enseñaba. Me gusta darle todo a mi hijo, pero es muy difícil enseñarle a tu hijo. De pronto estuve en la situación en la que podía enseñarle y si él no me escuchaba, en lugar de ponerle un 10, le podía poner un 5. ¡Y además me pagaban! [risas]. Así que fue solo para enseñarle a mi hijo, porque quería asegurarme de que recibiera una buena enseñanza.

¿Y qué pasó después? ¿Enseñar se volvió disfrutable?

Sí, descubrí que me gustaba mucho. Porque debo decir que antes no enseñaba nunca. Si alguien me preguntaba, solía responder: “No, yo no enseño”. Pero luego de esto descubrí que realmente disfrutaba enseñar. Realmente me gusta… pero me gusta más tocar [se sonríe].

¿Ha estado antes en Sudamérica?

No en Uruguay. Hace tres años hice una gira para DW y estuve en Brasil algunas veces, en Ecuador, Lima (Perú), en América Central también algunas veces, en Salvador… Estuve en Buenos Aires (Argentina) pero nunca en Montevideo.

Ahora que menciona a Brasil, ¿cómo conoció a Hermeto Pascoal?

Pah. Yo estaba tocando con Airto y Flora. Los conocía de Weather Report. Y me preguntaron si quería grabar con Hermeto y me entusiasmó.

¿Conoció a los cerditos durante la grabación?

[Risas]. No, no, no. No conocí a los cerdos. Y luego de la grabación estuve en su casa, en Brasil, y no había cerdos. [Risas].

[Chester Thompson grabó, junto con Alphonso Johnson, 3 pistas del CD “Slaves Mass” de Hermeto Pascoal, año 1977. Se llevaron dos cerditos al estudio para incluirlos en la grabación].

¿Se acuerda del sentimiento al tocar con Weather Report?

[Se sonríe de una forma muy bella]. ¡Por Dios! Era mágico. Realmente, realmente sorprendente. Antes de empezar a tocar con ellos, yo había tocado con Frank Zappa, que era completamente diferente. Había ido a Los Angeles a ensayar y alguien me dijo que Weather Report estaba buscando un nuevo baterista y que fuera a una jam con ellos. Yo dije que me gustaba la idea de ir y tocar con ellos pero que no quería audicionar.  Él insistía: “No, no, no es una audición”. Así que fui y, por supuesto había otro baterista. Tuve mucha suerte de que me hayan elegido. El otro baterista era muy bueno. Me preguntaron si yo podría tocar con otro baterista también pero yo ya había tocado con otro baterista con Zappa y les dije que no quería hacerlo de nuevo.

¿Por qué no?

Porque para tocar con Weather Report tienes que tener libertad.

Pero luego tocó con otro baterista, con Phil Collins.

Sí. Él me pidió porque sabía que había tocado con otro baterista con Zappa. O sea, Ralph Humphrey es un baterista fantástico, pero sentimos la música de manera muy diferente. Si escuchábamos muy bien, todo salía bien. Pero con Phil Collins desde la primera vez que tocamos se sentía como si fuésemos una sola persona; se sentía como si hubiésemos tocado juntos por años. Así que fue muy fácil.

Eso me sorprende, porque los estilos de música que usted tocaba antes eran completamente diferentes.

Sí, pero él escuchaba a la misma gente que yo escuchaba: Elvin Jones, Max Roach, Tony Williams. Así que crecimos escuchando la misma música. Yo no había escuchado a muchos músicos británicos que él sí, pero ambos habíamos escuchado a los mismos músicos de jazz. Tocar juntos fue muy natural.

¿Ha tenido la oportunidad de escuchar algo de candombe o no?

No mucho. Tengo curiosidad.

Ha estado en bandas que se separaron y en bandas que han permanecido juntas por un tiempo largo. ¿Qué es necesario para que una banda se mantenga junta por un buen tiempo?

Qué pregunta difícil. No sé… la química. Todos tienen que querer lo mismo. Y ser pacientes. No se puede ser egoísta. Es importante observar qué es lo mejor para todos. En Genesis teníamos una química muy inusual. Yo nunca había visto algo como eso. No había líder. La gente piensa que había un líder pero no había. Todos éramos iguales. Y el manager era igual de importante que los músicos.

¿Por qué no vendió muchas copias del primer disco solista, “A Joyful Noise” (1999)? (*)

Bueno, hay que hacer propaganda. El sello era muy chico y las copias se distribuían con otra empresa, la cual hacía más esfuerzos por los músicos que grababan bajo su sello.

Chester Thompson, será un verdadero placer recibirlo aquí. Lo oí decir que si tuviera un superpoder, le gustaría hacer que todo el mundo sintiera alegría. Me gustaría decirle que usted ya está generando alegría con su música. Gracias.

Gracias a ti.

 

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(*) Su primer álbum solista, “A Joyful Noise”, fue editado en 1991, recibiendo excelentes críticas en los círculos de jazz. Este disco se reeditó en 1999 con otro sello. En 2013 editó su segundo álbum “Approved”. Debo decir que escuché ambos y son, como me lo esperaba, un par de obras de arte maravillosas. Les recomiendo totalmente conseguirlos .

Chester Thompson tocó, grabó y participó en giras con Frank Zappa, Weather Report, Genesis, y Phil Collins.

Como músico sesionista, trabajó con varios músicos de pop, rock, jazz, rhythm and blues y música religiosa, entre los cuales están Neil Diamond, Ron Kenoly, Duane Eddy, John Fogerty, George Duke, Michael McDonald, Steve Hackett, Kirk Whalum, Andy Williams, Denny Jiosa, Donna Summer, Napoleon Murphy Brock, Andrew Oh, Hermeto Pascoal, y otros.

Aunque cueste creerlo: Alphonso Johnson’s Quartet tocará en el Teatro Solís. El 28 de julio de 2016.

Una nota adicional acerca del show del 28: El guitarrista Federico Ramos es uruguayo, nacido en Treinta y Tres. Ha tocado con una gran cantidad de músicos: Eduardo Mateo, Ruben Rada, Hugo Fattoruso, José Luis Pérez, Dr. Yusef Lateef, Jon Anderson, Milton Nascimento, Ray Brown, Jr., Freddie Hubbard, Cheb Mami, Joan Sebastian, Alejandro Fernández, Vicente Fernández, Jon Hassell, Mark Isham, Elton John, James Moody, Terry Plumeri, Hans Zimmer, John Powell, etc.

Entrevistadora: Patricia Schiavone

Lea Bensasson: Música, Alegría y Profesionalismo

Lea Bensasson

Foto: Ismael García

 

En nuestro hemisferio sur una noche de mitad de julio que se precie de tal incluye frío y lluvia. El jueves pasado estaba especialmente orgulloso de su característica invernal. Bajo lluvia torrencial, una amiga querida y yo resolvimos hacer unos treinta kilómetros, hasta “Los Faroles”, en El Pinar, para ir a escuchar a Lea Bensasson.

Fue instantáneo el cambio de estación al atravesar la puerta del lugar. Una salamandra y otros fueguitos se ocupaban del calor externo. La música que nacía en el escenario nos regaló un muy bienvenido estado interno de alegría y calidez.

Lea Bensasson, en guitarra, voz y anécdotas, y Gusmán Cajtak en guitarra y voces estrafalarias, nos regalaron una noche de esas que una querría repetir cuanto antes.

Es una realidad que entre un artista y el público se establece un intercambio que va por canales  kinestésicos, y que modifica la experiencia para ambos. Es un lujo ver a una artista que se siente artista y que da su show con confianza, seguridad y convencimiento. Me parece que eso hace buena parte de la diferencia entre un show profesional y un show amateur. Lo que Lea le ofrece a su público es un ancho canal de creatividad, profesionalismo y respeto. El público, por supuesto, le responde de la mejor manera.

Lea y Gusmán tienen una dinámica que se percibe muy cómoda entre ellos. Gusmán la acompaña muy lindo con la guitarra y cada tanto tira unas voces modificadas que están buenísimas. Siendo dos guitarras y la voz, me llamó la atención el tempo perfecto y el ritmo palpable que nos obligaba a movernos en las sillas. No había nadie quieto; acompañábamos con pies, con palmas y hasta con algún tenedor.

Antes de cada canción Lea contó, con gran chispa, con alegría, con diversión, la anécdota detrás de la composición. Fue un disfrute especial conocer el contexto de cada tema. De alguna manera sentí que podía comprenderlos mejor y me calaban más hondo. También noté que sus historias generaron cosas especiales en mí, que no había sentido en otros shows musicales. Por un lado, una distensión especial, una entrega muy bonita a la historia que se estaba contando y un disfrute del momento presente tal cual era, sin ningún apresuramiento, pero con imágenes de lugares desconocidos que Lea nos acercaba. Además, sentí especial disfrute con su voz también mientras narraba las anécdotas, y me hizo pensar cómo valoro mucho a los cantantes pero hasta hoy no había valorado tanto a la voz hablada.

Me llamaron la atención varias letras, varios pasajes, varias músicas. Por ejemplo, la canción “Crochet” (¡búsquenla en Youtube!) es una obra de arte especialmente bonita, en todos los aspectos. Hay varias otras canciones especiales, pero no quiero arruinarle la sorpresa a quien quizás vaya a verla por primera vez en un futuro próximo, ya que tener ese primer contacto con un artista es algo que no está bueno robarle a nadie.

Sí les cuento que Lea canta muy hermoso. Tiene una voz con muchos matices especiales que la hacen por momentos tierna, por otros momentos muy aguerrida y con mucha fuerza. Y tiene algo que tantas veces falta en cantantes uruguayos: una proyección espectacular de la voz, que me lleva de nuevo a pensar en la enorme diferencia que hace que un artista tenga la habilidad de ofrecer su arte sin restricciones, con libertad y, en este caso, con alegría también.

Fue una noche de risas, de complicidades, de identificaciones. Al volver a salir, me sorprendí de rencontrarme con el invierno.

El 27 de julio se presenta Lea en la Sala de AGADU (entradas por Tickantel). Yo que tú, no lo dejaría pasar.

 

Entrada publicada también en COOLTIVARTE

Mimos para el alma: Carmen Pi

Foto: Fati Velazco

Foto: Fati Velazco

 

Hay músicas montevideanas que funcionan como cables al cielo. Son esenciales para mantenerse conectado al universo, para no caer en la trampa de creernos que lo que vemos es lo que es, o que los días tienen sentido por cualquiera de las tareas —en definitiva nimias— que nos tocan hacer. Cerebro y corazón a veces se despistan uno de otro y lo mejor del mundo para alinearlos es un toque musical que a uno le colme de felicidad. La alineación es inmediata y el efecto dura por horas y horas.

Tengo un listadito de “píldoras musicales montevideanas para el alma” y Carmen Pi está entre mis “top 4”. Cuatro músicos uruguayos a los que no podría rankear entre sí. Están allá arriba en el ranking de mi alma. Bendigo su existencia.

Carmen Pi suele presentar sus canciones en diferentes formatos. La he visto a dúo, a trío, con una banda enorme y un coro fantástico. Anoche me tocó verla y escucharla por primera vez en formato cuarteto, con un grupo de músicos hermosos: Nacho Imbellone en guitarra, Gerardo Alonso en bajo y Juan Ibarra en batería. Eso sucedió en El Tartamudo, un lugar que está teniendo una gran oferta musical, que además de ser amplia, es buenísima para mi gusto.

Carmen hizo un recorrido por los temas de sus dos discos: Puntos Cardinales y  Jardín Carmín y también nos regaló algunos temas inéditos.

Hasta acá venimos bien, digamos. Una descripción razonable… “periodísticamente” hablando. Les aviso que lo que viene ahora no es tan razonable. Siempre pueden parar de leer aquí mismo. Pero aquí es donde yo empiezo a revivir y divertirme, así que.

La última vez que había visto a Carmen había sido desde la primera mesa, justito en frente a ella. Me fui de aquel toque sintiendo que ella me había cantado solo a mí. Anoche me tocó sentarme en el punto más lejano al escenario, desde donde tenía una perspectiva perfecta del local lleno de gente y toda la banda. Me fui pensando que habría que poder ver todos los toques desde ambas perspectivas.

Comenzó con “Blue Cadillac”: solo Carmen con Juan. Este es uno de los inéditos y es impresionantemente bello. Carmen tiene una versatilidad estilística impresionante y con Blue Cadillac muestra una de sus tantas aristas mágicas. Ahí nos colocó donde nos quería tener y a partir de ahí nos configuró y desconfiguró a su antojo. Fueron pasando las canciones y tuvimos que parar de respirar, amar con locura, lagrimear (¡tengo que recordar no maquillarme la próxima vez!), creernos coristas por un ratito y reírnos con ganas.

Me detengo un instante en Juan en la batería. El mismísimo Juan Ibarra. Juan no es un baterista más de la ciudad. Yo imagino que todos ya lo saben, pero por si hay cualquier ser humano por ahí que todavía no lo tiene claro: si ven que toca Juan, no se lo pierdan. Tiene una musicalidad encima que emociona, rotundamente. Y le mete a todo el toque un ingrediente… que yo llamaría “amor optimista”. Los bateristas hacen música dando golpes, pero los golpes que da él son golpes amorosos. Lo juro. Es como si cada vez que desciende uno de sus palos, escobillas, hot rods y demás sobre un plato o sobre un parche, fuera más un mimo que un golpe. Aunque sea a volumen alto, ¿eh? Igual es con amor. Y eso para acompañar a Carmen, que es “música y amor” personificada, es algo que clarísimamente está arreglado desde el cielo.

El segundo tema fue “Canción Madre”, que es una canción en la que ella se pasea por notas que van desde los bastante graves a los grandes agudos con una comodidad insólita y todo se siente naturalísimo.

Cuando empiezan las notas de “Buen Día” a mí se me ajusta la existencia.  La dulzura hecha canción y la canción hecha dulzura. Y morí especialmente con la dulzura de Juan acompañando esta belleza. Aquí es cuando no tengo más remedio que parar y decirles GRACIAS. La vida es más fácil con músicos como ustedes.

El hit “Dance” no podía faltar y nos distrajo un poquito de la introspección. Pero no era más que una artimaña estratégica. Je.

“A Don Prudencio Navarro” es la canción por la que no puedo maquillarme más. Cuando la oigo es tan brutal la conexión que siento con la tristeza de las despedidas. Para mejor Carmen la canta con un grado de ternura, amor, ¡hasta toques de alegría! y acompañándose tan divinamente con esa guitarra que suena como los dioses… A mí me descalabra, y de manera muy extraña me conecta con ese hombre al que no conocí pero de quien escuché muchos cuentos a través de seres que quise mucho y que hoy ya no están cerca de mí.

Carmen se pasa toda la noche de la guitarra al piano, del piano a la guitarra, y así. Y, pffff, es hermoso ver cómo se acompaña con ambos instrumentos. “Esta vidalita” fue en el piano y es otra canción que si te agarra medio floja, te tambalea el corazón.

Nos pasamos la vida haciendo de cuenta que las emociones son controlables. Pero entonces vas al Tartamudo, te sentás a ver a Carmen, y ta, sin escape, te conectás con todas y cada una de tus alegrías, tristezas, pasiones, miedos, amores, etc. Ni te cuento con “Si supiera” de Galemire. Es algo muy enorme ese tema en sí y la versión de Carmen, con guitarra y batería. Lamentablemente este todavía tampoco está grabado y es imperioso que lo esté, porque dan muchas ganas de escucharlo en loop. Ojalá lo grabe pronto, junto con Blue Cadillac.

Luego cantó un tema de Jaime Roos, que se llama “Una vez más”. Yo particularmente no le había encontrado hasta el momento el punto a esta canción. Es como que no me llega. Y no me alegra que no me llegue, porque es probable que si no me llega es porque yo no estoy suficientemente conectada con la emoción concreta que esta canción transmite… y eso no está bueno de mi parte. Anoche le puse más empeño que nunca a recibir sus notas y con lo único que pude quedarme, pero que no fue poco, fue la belleza infinita que transmitieron las notas tocadas al unísono por Gerardo en el bajo y Nacho en la guitarra. Ya me llegará esta canción por otro lado algún día, pero anoche esos unísonos me hicieron vibrar de manera muy especial.

¿Viste cuando admirás de acá a la luna a alguien? ¿Viste cuando estás extasiado mirando un show? Imaginate que en ese momento el objeto de tu admiración dice algo así como: “Este tema se lo quiero dedicar a una amiga…” y ahí suena tu nombre. Ahh. El tema que me dedicó este ser de luz es una versión de “Can’t Buy Me Love” que me da taquicardia de tanta admiración. Versionar a The Beatles ya no es sencillo, pero ¿hacerlo en clave de jazz? ¿A vos te parece que eso es de seres terrenales? Mmm, en Uruguay no tenemos “crop circles” hechos por platillos voladores pero tenemos a Carmen Pi versionando este tema como lo hace. Todo me emociona de esta versión. El piano de Carmen! El solo bestial de bajo de Gerardo!! Seguido de un solo pre-cio-so de Nacho en la guitarra!!! ¡El sonido de la guitarra en este tema fue algo brutal! Me encantó todo. Magia. Magia pura. Ídolos.

Como si nuestros corazones fueran invencibles, lo que siguió fue algo que al menos a mí me desborda de alegría: la unión de dos mundos que amo por completo, con ingredientes especiales. “Bring on the Night”, de Sting, en versión candombe. Sting en la voz de Carmen es algo muy, muy bello. Juan candombeando en la batería con sus hot rods, con el volumen exacto para no interferir con la voz pero lo suficientemente alto para que a una le dieran muchas ganas de pararse y bailar, y Gerardo y Nacho tocando bellísimo, bellísimo. La reflexión es: tenemos que traer a Sting a Uruguay. Lo que le falta a ese muchachito es conocer el candombe y componer en este ritmo por un rato. Hay que decírselo lo más pronto posible.

Haciendo gala de su comodidad musical, luego Carmen cantó “Angel Eyes”. Anoche ella venía saliendo de un resfrío y fue bien interesante escuchar su voz un poco transformadita.

Las letras de las composiciones de esta mujer son hermosas. Fluyen tan cómodas como sus agudos increíbles y cuentan historias con un contenido, con el que es fácil identificarse. Flor en 6/8 anoche me convenció tanto que aunque hice un esfuerzo no pude acordarme de Flor en 4/4 (que antes me gustaba más). Lo que sigue sonando hasta ahora, quince horas después, y dirán que estoy loca, es el HH abierto de Juan en esta canción. Una belleza absoluta ese sonido. Gracias, Juan.

“No tiene nada que ver conmigo”, dijo Carmen al presentar “Carmín”. Y ahí se cantó con la misma belleza y dulzura con la que canta Buen Día. Me viene el recuerdo de un ejemplo que ponía Wayne Dyer en sus conferencias: Si exprimes una naranja, ¿qué sale? Jugo de naranja. Y ¿por qué no sale jugo de zanahoria o de cualquier otra cosa? Porque lo que tiene adentro es jugo de naranja. O sea, no puede salir de uno lo que uno no es. Esta mujer obviamente es ternura y belleza. Y nosotros tenemos la suerte de tenerla tan cerca.

“Doctor” es un tema con inspiración brasileña, fresco, bonito, que se siente bien. Se nota que Gerardo Alonso lo disfruta a pata suelta y ese goce de él es contagioso. Sonó especialmente bello el bajo en este tema a ritmo de samba. Y Juan Ibarra se mandó un acompañamiento divinísimo con la mano izquierda (sin palo). El sonido de la guitarra de Nacho tiene una cuestión archi interesante, que lamento no tener mejores palabras para describir… es que hay cosas que no se explican, hay que escucharlas y dejarlas que se manden para adentro sin filtros.

Ahí pasamos a viajar por la luna: “Aire lunar”. Me quedé con lo siguiente como hitos: la combinación de la voz de Carmen con las notas en la guitarra… unísonos hermosísimos. Los agudos que otra vez me impactaron. Y una última nota imaginaria, que nadie tocó ni cantó, pero que Carmen marcó con su dedo en el aire, y que fue la nota que más presencia tuvo de todo el tema. ¿Suena muy loco, esto? Y bueno, quienes estuvieron saben que no miento.

Y ahí llegó, así, como agazapadito, “Puntos Cardinales”. Es uno de mis temas favoritos en la vida. Si Carmen fuera norteamericana, este tema estaría entre los más escuchados, sin lugar a duda. Acá ni lo pasan en la radio seguramente [digo “seguramente” porque no escucho radio jamás, así que me encantaría equivocarme]. El bombo y el tambor de Juan: ahh. Su toque con el “pompón”: ahh. Su palo en el aro: ahh. El acompañamiento de este tema grandioso de Juan en la bata fue increíblemente creativo. Y lo insólito fue ver la cara de Juan al final del tema, como pensando: “mmm, no sé…”. Come on, Juan! La des-co-sis-te.

“Pasos semifusos” se anda peleando adentro mío con “Puntos Cardinales” en cuanto al favoritismo. La versión de anoche fue buenaza. En esta canción Gerardo hizo un coro con una segunda letra que fue impresionantemente bueno.  Nacho tocó algo divinísimo en la guitarra, con una fuerza rockera que impulsaba a saltar de la silla (pero ta… lamentablemente estamos todos muy domesticados). Morí con esa guitarra. Y el ritmo de la bata era en seis pero con una impronta absoluta de rock and roll. Algo mágico, algo muy polentoso, muy atrapante. ¡Quiero escucharlo de nuevo, por favor!

Y ahí, cuando el corazón estaba en jirones, aparece ese tema del cual estoy absolutamente enamorada: “Completely Wasted”. No falla, cada vez que escucho a Carmen tocándolo, pienso: “Se impone un disco todo de rock hecho por ella”. En esta canción pasa algo rarísimo y transportador a otra dimensión: existen notas fantasmas. Si uno anota las notas que se tocan, juro que son un cincuenta porciento de las que uno percibe en el cuerpo. No entiendo cómo es que sucede eso pero juro que pasa y pasa. ¡Me siento el pájaro de Lenine que escuchaba notas antes de que sonaran! Qué sé yo… es raro, pero hace un efecto que… pffff, mi dios… es algo muy fuerte y ¡muy adictivo! Este tema en particular me transporta a una reunión que sucedió hace flojo 25-30 años, en la que había gente muy conectada con la vida, y las charlas eran fascinantes… iban de filosofía a literatura, a dioses, a cuestiones místicas y terminamos meditando. Cuál será la conexión emocional entre esas notas que suenan pero no y aquella reunión es un enorme misterio para mí… por ahora. Un detallito de este tema que me puede es la voz cargada de desgarro en un momento y el pasaje inmediato a una dulzura increíble en el piano y en la voz. Entre su compositor (Dany López) y Carmen que la versionó han creado una maravilla musical.

Terminó el show con “Cafet et Chocolat”, dos elementos que me habrían venido muy bien para acompañar la escritura de esta crónica pero que, sin embargo, no tuve a mano.

Hubo dos bises: “Petit Nounours” (en el que me reí a carcajadas por cosas que no quiero contar pero que fueron un deleite) y “Por Ejemplo”.

Ya termino. Solo déjenme contarles un detalle más. Cuando empecé a escribir este relato me dije: “esta vez, breve, Patricia”. Ja. Creo que no me salió mucho la brevedad.

Gracias a los cuatro seres que generaron esta magia anoche. Me hicieron viajar y viajar y viajar. Hacia adentro, hacia el cielo, hacia el pasado y el futuro. Gracias.

 

Foto: Fati Velazco

 

Esta crónica también fue publicada en COOLTIVARTE.

Khronos: innovándome a mí mismo. Entrevista a Francisco Fattoruso

Francisco Fattoruso hace la presentación oficial de KHRONOS, su tercer disco, el miércoles 13 de julio en La Trastienda Club, en Montevideo.

Este disco es particular en varios sentidos. Por un lado, se trata simultáneamente de un proyecto fonográfico y audiovisual. Por otro, la mitad de los músicos son uruguayos y la otra mitad argentinos. Además, la grabación se hizo con la presencia de público que fue invitado al estudio de grabación, algo que se está haciendo en otros países pero que en Uruguay es la primera vez que se hace. Los siete temas del disco se grabaron en dos días y estarán disponibles en formato video en el canal oficial de Youtube de Francisco Fattoruso.

En el show tocarán todos los músicos que participaron de la grabación. De Argentina: Pablo González (batería), Alvaro Torres (teclados), Juan Pablo di Leone (flauta y armónica) y Ramiro Flores (saxo). De Uruguay: Nicolás Ibarburu (guitarra), Manuel Contrera (teclados) y Federico Blois (percusión). Invitados especiales: Hugo Fattoruso (Rhodes), Julieta Rada (voz), Benji Barreiro (saxo), Miguel Leal (trompeta) y Gonzalo Levin (saxo).

Habrá banda telonera y será Los Cuerpos.

La razón oficial para hacer esta entrevista fue saber más sobre la presentación del disco. La razón no oficial —me sincero—, fue hurgar, dentro de límites razonables, en la conexión de Francisco con su instrumento, con su música y con el país. Su tono de voz y su manera de hablar tienen características parecidas a su música. Al igual que escuchar sus temas nos resulta una inyección de energía, esta conversación fue revitalizante.

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¿Qué implica para vos la palabra KHRONOS, como para que se la hayas puesto de título a tu disco?

Bueno, fue por el lado de una sincronización, como de engranajes sincronizados, que tiene que ver con el tiempo. En un lapso de tiempo se pensó en un proyecto que era expandir lo que yo hago, también con mi grupo, por el mundo, a través de videos. Entonces se empezó a buscar fondos para eso y a armar un proyecto. A la vez empecé a componer los temas. Después, trabajaron personas de diferentes generaciones y de diferentes países. En el estudio vino gente toda de diferentes rubros a escuchar lo que hacíamos, con auriculares. Presenciaron la grabación que fue abierta. Después se mandó a masterizar a Estados Unidos. Todo ocurrió en un tiempo marcado, en ese lapso, y la única forma era que fuera sincronizado, porque todos tenemos tiempos muy diferentes. Entonces tiene que ver con eso, con el tiempo pasado  y con el cálculo de tiempo.

¿Cómo te manejaste en esta grabación en cuanto a esa diferencia que hay entre tocarle a un micrófono que está a 10 cms tuyo y tocarle al público que está escuchando a una distancia mayor?

Bueno, esa es una de las razones por las que llevar gente al estudio. Porque cuando vas a tocar, de cierta forma tenés una conexión y un compromiso con esas personas que están asistiendo, que están esperando a ver qué les vas a entregar, y se forma una cosa seria, así, que es como una mezcla de adrenalina con emoción, y eso hace que musicalmente sucedan cosas que de otra forma no suceden. La idea era tratar de captar un poco de eso en el estudio. O sea, cuando vas a grabar, estás ahí, sentado, no sé. Pero si hay gente que te está mirando, te sentís que estás en un show y se genera un poco de esa energía.

Está bueno porque es como invitar a la gente a una fábrica. Otro ejemplo es la televisión, que el director te muestra lo que él quiere que veas, pero si vas al estudio, ves que el lugar es chiquito y alrededor hay un montón de gente corriendo para todos lados. Esto es algo así. Le pudimos dar a la gente la oportunidad de entrar al estudio, que es un lugar al que no entra nadie. De repente entra un familiar o un amigo un rato y ya se da cuenta como que no da, que se tiene que ir, para que se queden todos más tranquilos. Acá la gente venía y de repente había uno cambiando las cuerdas, el baterista practicando una cosa, uno escuchando la toma… o sea, veían exactamente lo que pasaba en la grabación.

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¿Cuánto componés vos para los otros instrumentos y qué libertad les dejás?

En realidad compongo el cien porciento, por decir así. Lo que sucede es que después, cuando lo voy a llevar a la realidad, se cambian algunas cosas. Porque, por ejemplo, yo toco el sonido de flauta en un teclado. Cuando lo va a tocar la flauta suena diferente y entonces puede pasar que el flautista diga: “¿Qué te parece si acá toco más agudo?” o “¿qué te parece si no toco acá y toco un poco después?”, entonces se van ajustando algunas cosas. Pero el concepto en sí lo creo y lo llevo para que se haga realidad.

¿Qué instrumentos tocás?

Principalmente toco el bajo eléctrico, después la guitarra eléctrica y los teclados.

¿Y qué tiene el bajo que te atrapó como para que sea tu instrumento principal?

No sé mucho cómo explicarlo, porque yo ya tocaba otros instrumentos y mi fuerte era la guitarra. En un momento, yo tenía un bajo eléctrico y estaba tocando siempre el bajo con una banda que tenía. No estudiaba tanto pero le había empezado a agarrar el gusto. Y me acuerdo que en un viaje que hice a Brasil, que fui a visitar a mi mamá y me quedé como dos meses, no llevé el bajo y extrañaba tocarlo. Y me dije que nunca más podía viajar sin un bajo. Iba a una tienda que quedaba cerca y me ponía a probar cualquier bajo para tocar uno, y a partir de ahí me di cuenta que había algo a lo que tenía que darle bola. Creo que lo que más extrañaba era la sensación de los dedos tocando las cuerdas… ya como que no me acuerdo bien qué pasó pero fue algo así; sentía la necesidad de tocar el instrumento.

¿Me contarías un poco el contexto compositivo del tema Sol, Luna y Agua? Me intriga porque el título me evocó vacaciones pero cuando lo escuché le encontré un aire circense.

Bueno, lo que pasa es que a las canciones instrumentales —a diferencia de las canciones con letra— es más difícil ponerles nombre. De hecho hay muchos discos instrumentales en los que los músicos no saben qué nombres ponerles y les ponen unos nombres ridículos, cualquier nombre. Salvo que te inspires concretamente en algo para hacerlo. Yo compongo los temas con un nombre de referencia, que no es nada. En este caso, como el disco se llama Khronos, eran una K y un número. Entonces, después, lo que hacía era escuchar la música y ver a qué me llevaba. Sol, Luna y Agua en realidad tiene que ver más con esos elementos en sí. El sol es la fuente máxima de energía nuestra, nos da calor y además es lindo. El agua que también es una gran fuente de energía increíble, sin la cual no podríamos estar. La luna, que tiene una energía también increíble, que afecta cómo nos comportamos… si está llena, si no está llena. La canción pasa por diferentes lugares. No son tres exactamente pero más o menos tiene tres colores, que representan el día, la noche y la vida.

¿Qué rol tiene el silencio en tu música?

Como en toda la música, es muy importante definir cuándo tocar y cuándo no tocar. Y muchas veces se discute que lo más difícil para un músico es saber cuándo no tocar. Tocar de más es fácil, porque te distraés un poquito y ta. Pero en el caso de este disco, como tengo músicos que son increíbles (los admiro a todos), se respetan mucho esos espacios. Otra cosa que a mí me gusta mucho es la dinámica. O sea, hay temas que son así, al palo de volumen e intensidad, y todo, pero hay otros que no tienen batería y tienen que sonar bajito. A esas cosas le doy mucha bola porque cambia cómo uno percibe la música.

¿En qué búsqueda musical andás vos ahora?

Intento seguir innovándome a mí mismo. Sigo estudiando y buscando caminos nuevos para poder desarrollar la música. O sea, tener más conocimientos, digamos, y lograr lo que imagino que es a lo que llegan los máximos músicos. Algún día, liberarme de todas las cosas que uno tiene ahí, como… ¿Cómo te explico? Cuando uno toca una cosa miles de veces, lo tocás y ya te suena muy natural, no lo tenés que practicar y ya te acordás. Si eso lo hacés con cada aspecto de la música, cuando vas a improvisar, cuando vas a componer, cuando tocás no pensás si está en Do, si es una escala mayor o menor. Simplemente son sensaciones, colores, muy libre, pero con mucha información de mucha experiencia. Entonces esa traducción es la que yo busco. Poder tener esa comunicación absoluta con la música.

Y por otro lado, también, a lo largo de mi vida quiero poder llenar algunos lugares que no he podido llenar con la música, por diferentes motivos. Compongo muchas canciones que son más rockeras, con una influencia más Beatlesca, o mezclado con algo más pesado. He compuesto cientos de temas, literalmente. En un momento, cuando era más guacho, toqué algunos, pero ahora entre la producción y también mi búsqueda en otros sentidos, eso quedó más resguardado. Pero son las cosas que voy a seguir desarrollando. Si todo sale bien, quiero seguir desarrollándome en la vida, seguir conociendo música nueva y seguir aprendiendo.

¿Escuchás mucha música diferente?

Bueno, estoy siempre intentando nutrirme de música nueva para mí. No solo nueva en el sentido de que salió ahora, sino músicas que descubro que muchas son de ahora y muchas son de otras épocas. Muchas veces aparece lo nuevo cuando no lo estás buscando, que es muy agradable, y a veces tengo que sentarme en Youtube y empezar a buscar a ver si encuentro algo que me emocione, me convenza. Como hay mucha cosa sonando, festejo cuando encuentro algo que me gusta, que me inspira.

Seguramente tengas muchas anécdotas musicales. ¿Me contarías alguna que recuerdes con especial emoción o cariño?

Bueno, sí, hay varias, pero una de las que fue más importante, así, que me marcó varias cosas, fue cuando tenía 17 años recién cumplidos y vivía en Estados Unidos. Mi papá vivía allá también en ese momento, y él tocaba con un trompetista, que había tocado con OPA en los años setenta. Eran amigos desde esa época, y dos por tres iba y hacía unos shows con él. Y él siempre tenía unos músicos que eran como una súper banda, grandes músicos. Por ejemplo, Victor Wooten tocaba siempre ahí, con él, y tocaba con mi padre. Y había otro bajista, que también tocaba, y a veces tocaban los dos juntos, que se llama Oteil Burbridge. Él tocó hasta ahora con los Allman Brothers. Pero no es original de los Allman Brothers, entró en esa época, de los noventa, y es un referente del bajo eléctrico muy importante. Yo lo seguía, tenía discos de él, siempre lo veía en la revista Bass Player, quería tener los bajos que usaba, todo. Y una vez que fue a tocar mi padre, que tenían cuatro shows, mi padre me llevó y me dijo que llevara los instrumentos que me iban a invitar a tocar un par de temas. Entonces, tocamos la primera noche. Yo tenía un bajo de marca era Samick, que es un bajo como para estudiante, coreano, muy barato, que a nivel profesional no se usa. Tocamos. Yo estaba muy nervioso, no podía creer lo que estaba viviendo, y al otro día tocamos y nos quedamos en la misma habitación de hotel. Entonces nos quedamos tocando toda la noche y él de repente iba y me decía: “Esperá, te voy a mostrar un bajo que tengo”. Iba al auto y sacaba un bajo, y tocábamos. Y yo no lo podía creer. Y al otro día, de mañana, me regaló uno de esos bajos. Me dijo: “Yo tengo un bajo de estos que nunca lo uso ni lo voy a usar. Y me regalan más. Te lo voy a regalar”.

A partir de ese gesto comencé a estudiar mucho más. Tenía un incentivo increíble. También por la onda que me tiró, que le siguiera metiendo con todo. Y me cambió la vida. Porque fue un gesto que me enseñó que las cosas materiales son solo cosas materiales, y que un instrumento es algo para crear música. A él no le servía tener ese instrumento guardado en un sótano, que era donde lo tenía. Ya no lo iba a tocar. Podría haberlo vendido y ganado unos pesos pero me ayudó a mí, que estaba muy lejos de poder comprar ese bajo. Eso me cambió la forma de ver las cosas materiales. Un instrumento es algo a lo que hay que tenerle mucho respeto. Un instrumento que no se usa… es como medio criminal.

En mi vida me ha pasado un fenómeno muy raro: me han regalado muchas veces bajos. Cuando entré en Illya Kuryaki, que tenía 18 años, en la primera gira, una marca me auspició y me regaló dos bajos. Que eran los mismos bajos que usaban los Red Hot Chili Peppers. Después mi hermano me regaló un bajo que no usaba, que me vino al pelo… Me pasaron unas cosas así, muy locas, que me hicieron no tener que gastar mucho en eso. Entonces yo también comparto todas mis cosas, mis pedales, mis bajos. También entre los músicos está bueno ayudarnos, porque algunas cosas son muy difíciles y si estamos unidos, es mucho más fácil. Unimos fuerzas.

Francisco, vos tenés toda la posibilidad de vivir en Estados Unidos, en Brasil, etc. ¿Qué hace que elijas vivir en Uruguay?

Como tengo una familia acá, mis hijas y todo, eso fue lo que terminó haciendo que estuviéramos acá. Pero sobre todo por una parte más humana, que se siente acá, que en Estados Unidos no. Eso que pasa en los lugares que son países primermundistas, que todo está muy aislado de todo. Tenés que usar muchas autopistas. La gente está acostumbrada a tener una rutina de trabajo que no hace nada… entonces es una vida más aislada y más fría, en la que el tiempo pasa más rápido y a la vez no pasa nada. Es como que la vida pierde un poco la gracia. Acá es como más dinámico todo. Todo el tiempo van pasando cosas diferentes, la gente se junta más. Y está toda la familia. En los países grandes, como Estados Unidos, no hay ninguna ciudad en la que un barrio se mantenga. Siempre hay gente que es de otra ciudad que se va a vivir ahí, y se van rotando constantemente. De cierta forma son todos inmigrantes. Yo me mudé de una ciudad a la otra y eran mil kilómetros de distancia. Y mi hermano se mudó y eran siete mil. Entonces cambia todo, el clima, los animales, las personas. Hablan inglés porque es Estados Unidos pero por una ley. Pero es tan grande que sucede eso. Creo que podría vivir en Brasil porque la gente es muy alegre y tengo familia allá. Mi mamá es de Rio de Janeiro. Pero nunca quise vivir allá de grande. Pero acá me gusta vivir. Sé que tiene una cantidad de limitaciones que no están buenas pero por otro lado la verdad que tiene cosas muy lindas, me encanta. Yo no tenía antes esta perspectiva. Como que te tenés que ir, vivir un tiempo afuera, después volver y recién ahí, al tiempo, es como que entendés bien.

Foto de Portada y foto de público durante grabación: Coral Cine

Entrevistadora: Patricia Schiavone

Entrevista hecha para COOLTIVARTE.

Candombe World Temátika: Entrevista a Hugo Fattoruso y Quinteto Barrio Sur

Foto: Sebastián Bednarik

Foto: Sebastián Bednarik

La esquina de Isla de Flores y Cuareim tiene un efecto transportador inmediato. Al llegar a ese lugar, donde el aire que se respira está en clave de candombe, las células se alborotan de uruguayez. En la puerta de la Asociación C 1080 me preguntan con simpatía: “¿Venís para la entrevista con Hugo Fattoruso?” y me animan a entrar sin ceremonia. Ingreso a ese templo candombero con el corazón en la mano. Alrededor de una mesa están los integrantes del Quinteto Barrio Sur hojeando recortes de diarios y cancioneros históricos. Una rápida mirada despierta todo tipo de sensaciones, mientras descubro tambores en cantidades a la izquierda, en frente vestuario carnavalero en un perchero y paredes tapizadas de fotos que evocan sonidos de mano en lonja, de madera, de palo y toda una construcción enorme, en varios sentidos, de vínculos humanos y sonoros.

Albana Barrocas me recibe con su sonrisa característica y su calidez de siempre y me presenta a Mathías Silva, Guillermo Díaz Silva y Wellington Silva. Saludo a Hugo Fattoruso, con esa mezcla inevitable de admiración y agradecimiento, y me dispongo a conocer más sobre la propuesta llamada “Quinteto Barrio Sur”. Afuera comienza a llover y yo lo interpreto como una señal de arropamiento, de protección de la naturaleza.

¿Cómo nace este Quinteto Barrio Sur?

Mathías: Hugo y Albana nos componen las melodías para nuestro espectáculo de la comparsa C 1080, entonces Barrio Sur nació en ese intercambio, en esas líneas de tambores que les enviábamos nosotros y las canciones mágicas que nos devolvían ellos. Así empezamos a trabajar en conjunto. A finales del año pasado Hugo nos propuso formar este grupo y nosotros encantados.

¿Las canciones que van a tocar ahora están compuestas por los cinco?

Albana: Hay de todo.

Hugo: También tocamos temas de otros autores y de otros compositores que versionamos, en diferentes ritmos. Y sí, composiciones nuestras.

¿Por qué “Candombe World Temátika”?

Hugo: Bueno, es candombe world porque si bien hay candombes más para el lado tradicional, como hacemos una versión de algún tema de Pedro Ferreira, y algunas composiciones con ese tipo de formato, hay temas que tienen otro andar. No es todo un candombe atrás de otro. Hay otros ritmos. Obviamente la máquina aquí, la locomotora, son ellos tres y ella que es percusionista. Ese ritmo es lo que comanda el espectáculo nuestro. Después hay temas que son instrumentales y hay temas que son con letras. Las letras cuentan una historia determinada, puede ser una historia de amor, una historia del barrio, una situación como si fuera una pinturita, así, las esquinas, los tambores, en fin… pero hay letras de amor también.

Hugo dice esto último, mira a Albana y se ríe con una risa de adolescente enamorado. Con picardía, le pregunto:

¿Hechas por quién las letras de amor?

Hugo: Por la pasión humana. La pasión humana genera letras de amor, sí.

¿Qué es lo nuevo que tienen ustedes para decir en el ámbito del candombe? ¿Qué sienten que hacen distinto a los demás?

Hugo: Es una buena pregunta. Yo diría que es la manifestación del entusiasmo permanente. Porque no es ni antiguo ni nuevo. No hay nada nuevo pero a la misma vez, es fresco. Es lo que sale de estos cinco músicos.

Mathías: Por el lado nuestro es mostrar todo lo que durante años venimos tocando nosotros tres y ahora tenemos esta oportunidad de mostrarnos en otra parte del mundo de la música. Siempre estuvimos en la parte de Carnaval pero ahora es entrar al otro ámbito y queremos mostrar todo lo que sabemos.

Albana: Es la mezcla de los cinco, donde cada uno pone lo suyo, y esa mezcla se podría decir que es lo nuevo.

Mathías: Nosotros venimos de una historia de grandes tocadores, nuestros tíos, nuestros abuelos, y cada uno en su momento le puso su impronta al candombe. También nuestras inquietudes nos hacen proponer cosas nuevas. Algunos están de acuerdo con esas cosas nuevas y otros no, pero bueno, queremos mostrarlo.

¿Cuántos años tienen ustedes?

Nosotros estamos por los 27, 30 y 33.

¿Y desde qué edad tocan?

Mathías: La primera llamada a los cinco años. Y a partir de ahí vamos ininterrumpidos. Como quien dice, nacimos adentro de un tambor. Esta es nuestra vida, así, rodeados de tambores. Nuestros hijos ahora también están en esto, nuestras hijas chicas ya subieron al teatro en las entregas de premios y ya están bailando.

¿Qué es lo que sentís que estás haciendo diferente con respecto a los tambores?

Mathías: Quizás lo que nosotros buscamos es mostrar que el tamborilero puede dar un pasito más. Tenemos toda la historia pero podemos llevarlo un poquito más. Fusionarlo con otros ritmos. Quizás cuando hacemos una muestra de tambores buscar una puesta en escena, que el tamborilero también se preocupe por presentar un show. Con esta explosión que se le está dando al candombe ahora está bueno mostrar eso. Y a partir de ahí marcar un camino donde el tamborilero sea un poco más completo. Capaz que nos siguen, capaz que no.

¿Y qué tambores toca cada uno?

Mathías: Los tres tocamos los tres, pero cada uno se especializa en uno. A mí me gusta más el Piano. Yo creo que también va por el carácter. A mí me gusta planificar todo, entonces creo que el Piano es el que va con eso. Guille es el más serio, el más derechito, entonces él va con el Chico. Y después está el talentoso, el irreverente, Wellington (risas)… creo que cada uno se refleja en el tambor que toca.

Wellington: Sí, básicamente yo creo que los tambores nos representan. Justo en la pregunta anterior de qué le podemos dar nosotros es justamente lo que somos nosotros. Más organizador, más tranquilo, un poco más inquieto… es por ahí.

¿Dónde han tocado ya?

Albana: Hubo toques en Buenos Aires. Después cuando hicimos los toques en las plazas de HA Dúo, la mitad del show era HA Dúo y la otra mitad era Barrio Sur. Ahora en mayo, que se hizo el homenaje a Osvaldo en Río Negro, tocamos también. Y ahora la idea es invitar a la gente a la Sala Camacuá el 6 de agosto. Las entradas se van a vender por Tickantel.

Hugo: Después del 6 de agosto, que como dijo Albana vamos a tocar en la Sala Camacuá, Barrio Sur está invitado a tocar en un homenaje que están organizando a Beto Satragni, en el Politeama de Canelones. El homenaje va a ser durante varias noches, va a haber varios músicos tocando y nosotros vamos a tocar el sábado 27 de agosto.

El 18 y 19 de agosto vamos a grabar nuestro primer disco para Montevideo Music Group y para el año que viene también hay proyectos, pero bueno, lo concreto en realidad es esto que te contamos, estos dos toques y la grabación de nuestro primer disco como grupo. En eso estamos.

Mathías: Nosotros estamos muy agradecidos con Hugo y Albana por esta oportunidad. Nosotros teníamos muchas ganas de participar con nuestros tambores en un proyecto musical de este tipo, pudiendo llevarla a una sala, y nunca habíamos tenido la oportunidad.

Guillermo: Y para nosotros es un honor tocar con músicos de primera línea como son Hugo y Albana. El poder acompañarlos es un honor muy grande por su calidad como músico y por la química muy especial que generamos, como contó Mathías, con el trabajo que hicimos juntos en carnaval. Para nosotros que Hugo nos haya invitado a participar de un proyecto como este, siendo reconocido como es en todo el mundo, es un honor.

¿Qué les pasa a ustedes cuando toca Hugo?

Wellington: Abrimos las orejas. Se aprende todos los días, a cada rato, en cualquier momento, siempre se está aprendiendo. Esto yo también lo tomo como un aprendizaje. Es de los músicos más grandes que conozco con paciencia, que no es fácil de encontrar. De repente hay alguna cosita que todavía nos cuesta y él tiene esa paciencia con nosotros, que es súper importante. Y cuando toca, escuchamos para aprender lo máximo que se pueda, para crecer como tamborilero y percusionista.

¿Y qué tal Albana?

Mathías: Fa, nosotros la descubrimos, la verdad. Porque al principio era la señora de Hugo, después era Albana, y después pasó a ser la muchacha que toca todo.

Wellington: ¡Y toca todo junto!

Mathías: ¡Y canta! En la versión de La Casa de al Lado nos sorprendió… y a toda la gente de la comparsa que ya la conocía le pasa lo mismo. ¡No pueden creer cómo hace todo eso! Porque ella venía a la comparsa pero de repente la empezamos a descubrir y… fue increíble.

Wellington: Y la rapidez mental… porque de repente está tocando y ¡te comenta algo!

Risas generales. Yo le digo que me asombra su velocidad al tocar. Albana dice que se pone colorada. Las palabras de unos y otros se agolpan hablando de las diferentes influencias y de cómo Barrio Sur tiene justamente una impronta diferente porque tiene las influencias tan variadas de unos y otros.

¿Cómo es tu participación en Barrio Sur?

Albana: Depende. En algunos temas en que los protagonistas absolutos son los tambores, no toco. En un par de temas toco la batería y en otros hago percusiones o voces.

¿Qué significa para ti, Hugo, tocar con los Silva?

Hugo: Mirá, tocar con ellos es un privilegio. Yo he tocado con muchos músicos, en muchos lados, pero tocar con una gente que tenga la musicalidad como la que tienen ellos, la disciplina y el rendimiento real es asombroso. Yo soy muy fan de ellos. Porque hay gente que va a las grandes universidades y estudian esto y aquello y hacen unos malabares increíbles, pero la universidad de esta gente está en la sangre, o en esta esquina, o en esta calle, o desde los abuelos de ellos. Así que eso a mí ya me deja de boca abierta, perplejo y lleno de honra y de respeto, porque estoy tocando con algo que no se puede ni planificar, ni aprender, ni pasar. Es una condición natural, la cual me deja así de boca abierta y con esta felicidad. Es la verdad. Se tocan todo. Impresionante. Un baterista que vaya a una gran universidad jamás podrá inmiscuirse con este lenguaje. Podrá merodear pero conversar… acá se conversa. Yo voy en coche, no hago nada. Hago unos acordes con el piano y aquella máquina está funcionando ya sabés cómo. Así que es un honor y una alegría muy grande.

Además ya hace tiempo que trabajamos juntos. Hace 5 años que cuando llega carnaval me dan una tarea de todas las tareas que tiene la gente que trabaja para 1080, la tarea mía es armar una melodía con letras que me dan letristas, y con pistas que me dan ellos de cómo sería este tema, cuál es la velocidad, cuál es la duración, si este es un Afro, si este es un Milongón, si este es un Candombe rápido, un Candombe picante. Así que aparte de todo, otra alegría, que estoy acá. En los últimos años anduvo tan bien que llevaron primer premio. El trabajo es un trabajo descomunal de mucha gente. Estoy muy contento de ser parte de eso también. Estoy muy contento. Y tener este quinteto nos permite mostrar, de la manera que lo hacemos, lo que nos gusta.

Afuera ya paró de llover. Les agradezco y los invito a dar por terminada la entrevista, afirmando que si es demasiado larga, pocos lectores llegan al final. Hugo me responde: “En una época, si componías un tema que duraba más de tres minutos, te hacían cortarlo. Tres minutos y medio ya era demasiado largo. Pero en un momento aparecieron discos con unos temas buenísimos, que duraban cinco, siete, diez minutos. Depende del arte que tú le pongas a lo que hagas”.

 Asentí agradecida. Hugo acababa de implantar en mí una semillita de desafío nuevo. Me despedí, salí, di un vistazo más a esa esquina y plaza mágicas, y me fui caminando lentamente por la calle Cuareim pensando en lo afortunada que soy de ser uruguaya y de tener la posibilidad de conversar con estos seres tan especiales que son los músicos y de verlos tocar en vivo en proyectos tan diversos e interesantes. Espero que algunos lectores hayan llegado leyendo hasta por acá y que con algunos de ustedes nos crucemos en la Sala Camacuá. Una notita final: La sala tiene un tamaño perfecto para ver esta propuesta, ya que no es muy grande y tiene una acústica muy buena. Por esto mismo, les recomiendo asegurarse las entradas con anticipación.

 

El Quinteto Barrio Sur está formado por:

Hugo Fattoruso

Albana Barrocas

Mathías Silva

Wellington Silva

Guillermo Díaz Silva

Foto: Robert Urgoite

Foto: Robert Urgoite

Entrevista hecha para COOLTIVARTE

Entrevistadora: Patricia Schiavone

Gozadera de Free Jazz por maestros: Ackermann, Righi e Ibarburu

Si de casualidad tú tenías pensado hacer alguna otra cosa los martes entre las 19:30 y las 00:00 hrs, debo advertirte: cancelá cualquier compromiso, porque surgió algo mucho más interesante e imperdible.

Resulta que está sucediendo algo buenísimo. Los martes, en El Tartamudo, está habiendo un ciclo, que se llama “Free Jazz”. Consiste en toques de excelentes músicos de nuestra ciudad con el adicional, maravilloso, de que los músicos ofrecen una clínica antes del toque. El público puede optar si desea asistir a ambas actividades o no. Esto es algo muy común en otras ciudades pero que no se venía viendo en Montevideo todavía. Buenísima iniciativa que aplaudo y agradezco.

El martes 28 de junio la propuesta fue de: Gastón Ackermann, Federico Righi y Martín Ibarburu

Trío

Seguramente haya sido porque este ciclo recién empieza que a las 19:30 hrs, al comenzar la clínica, el público consistía en tres seres humanos. Sí, como lo leyeron: tres. Ahí estaban tres de los mejores músicos montevideanos en el escenario, y dos músicos y una curiosa pellizcándose de la oportunidad insólita que se nos estaba ofreciendo. Evidentemente, no es lo deseable que tres musicazos como ellos ofrezcan una clínica para tres personas. Inclusive propusimos que se cancelara pero ellos quisieron hacerla de todos modos. ¡Quién sabe si imaginaron que tres locos sueltos les íbamos a preguntar tantas cosas! Nosotros pasamos genial. Ojalá que ellos hayan pasado bien también.

Lo que hicieron estos seres de luz fue contarnos, mostrarnos y enseñarnos los piques que tenían un interés especial dentro de la música que tocarían después en el show, además de respondernos todas las inquietudes.

Los tres tuvieron una actitud divina, generosa, didáctica a más no poder. Explicaron, por ejemplo, cómo hacían ciertos desplazamientos y luego tocaron un poco para que lo oyéramos. Luego preguntaron si lo habíamos notado. Lo tocaron más lento para que lo notáramos mejor. Y así siguió la clínica, pique tras pique, demostrándolo y ofreciéndolo con esa actitud tan impresionante y hermosa.

Luego, a las 21:30, comenzó el toque. Ahí sí ya había una cantidad de público muy razonable y ¡cómo se gozó! Fue brutal cómo después de la clínica nuestro ojo observador estaba muy modificado. Íbamos descubriendo cada una de las cosas que se habían hablado y mostrado antes. Ya al final del primer tema, luego de haber reconocido los desplazamientos mágicos, los tres estábamos con una sonrisa de oreja a oreja. ¡Gracias por esa experiencia!

Ellos tienen un conocimiento brutal, de años de tocar juntos, y se percibe la comodidad y la tranquilidad con la que se zambullen en sus vericuetos musicales. No hay caso, para el público la música que más se disfruta es la música que se toca con soltura y con certeza, sin temores ni dudas. Anoche fue una de esas noches musicales gozadas a pleno.

El repertorio estuvo súper bien armado en cuanto al balance entre tensiones y distensiones. Al tema más funky del mundo le seguía la balada más tranqui, y así sucesivamente.

Me vine con dos temas especialmente instalados en el corazón. El primero fue de Maceo Parker, en el que Gastón grabó una base en el teclado, lo pasó con el loop y encima de eso se tocó todo, todo con la trompeta. Un sonido increíble el de los tres. La base de Martín y Federico no podía ser más funky de lo que fue en ese tema. Luego Federico se mandó un solo de bajo que me desbordó de felicidad: gigantemente rítmico, funky y musical. Hermosísimo. En este tema lo que más me sorprendió de Martín fue cómo mantuvo su HH a mil durante todo el tema, sosteniendo la misma intensidad y el mismo feeling, con una maestría que solo él puede. Enormes ganas de bailar. Y pire total, pero eso no es nuevo, con el backbeat de Martín. No existe otro tambor que suene en dos y cuatro como el de él. No hay. No lo busquen. No lo encontrarán.

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Todo el toque fue un ir y venir entre ánimos, intenciones, velocidades, matices, etc. Gran maestría en esos virajes de coloque, que desde el público se viven con gran agradecimiento y resultan en una noche de gran espectro de experiencias emocionales.

La segunda parte arrancó con un tema de Sting: “Consider me gone”. En este tema reparé por primera vez en que el volumen del bajo estaba bastante alto, cosa que me gusta mucho, mucho. La combinación de Martín y Federico fue algo muy salado. Mi recomendación es que aprovechen a ver a Martín Ibarburu en vivo porque el día que Sting se lo cruce, se nos va de gira permanente. ¡Es tan bello lo que toca! La descosió toda la noche pero el final de este tema fue de alquilar balcones. Después no digan que no les avisé.

Gastón se pasó con la trompeta, el teclado y la voz (y en algún tema también con el saxo). Es tal el despliegue de dominio musical que hace este hombre, que impacta. Destila creatividad armónica y rítmica, madurez y aplomo, sea en el instrumento que sea. Y su voz al cantar es archi interesante. También imagino que tuvo mucha incidencia en las versiones que tocaron.

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Uno de los temas fue “Sorry seems to be the hardest word”, de Elton John. Tremendo viaje lo que hicieron con ese tema, cuya versión original es, para mi gusto, bastante insípida. Un pire la voz de Gastón en este tema… un viaje, mismo. En el teclado generó una enorme tensión y de a ratos tristeza, por momentos hasta sensación de desgarro. El bajo nos hizo vibrar de pies a cabeza durante todo el tema. Y manteniendo todo eso un aro fantástico de redoblante, clavado directo al centro del corazón.

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Una de las bellezas más notorias del repertorio, el segundo de los temas que decía arriba que me gustaron especialmente, fue un tema de Federico, que pude averiguar que se llama “Fuego lento”. Generalizar no está bueno pero ¡los temas compuestos por bajistas son un regalo de la vida! Volviendo a Federico, su sonido es vibrante, enérgico, limpio. Él es de los que sostiene las notas y eso me gusta porque a quienes amamos el sonido del bajo, nos da la oportunidad de disfrutarlas unos instantes extra. Encima el tema tuvo ingredientes maravillosos: unas notas y un timbre del teclado muy fantásticos, slaps en el bajo, solo de bajo muy bonito, y ritmo de candombe tocado por Martín Ibarburu. ¿Se le puede pedir algo más a la vida? No, no mucho más.

Sin embargo, de yapa nos regalaron un tema disco con chispazos de funk, que nos dejó enchufados a 220.

Es principalmente por estas noches musicales que yo amo Montevideo.

Quiero dejar un agradecimiento especial a Maximiliano Davyt (POGO TV) por las fotos.

Y no quiero cerrar esta nota sin contarles lo que sé que se viene en estos ciclos en El Tartamudo, como para que puedan aprovechar las próximas instancias mágicas. Y con cariño les digo: no marquen bobera; ¡no se pierdan las clínicas!

FREE JAZZ

05/07: Caula, Pigatto, Lenoble

Clínica: Balada jazzística. Conceptos básicos, acompañamiento, estilos e improvisación. La clínica estará a cargo del trío.

+ info:: https://www.facebook.com/events/1063006703783999/

12/07:  Andreucho Grupo

Clínica: Texturas, colores, alturas, contrastes y pautas para la improvisación. La clínica estará a cargo de Andrés Lena y Jeremías Di Polito. (Llevar instrumento).

+info: https://www.facebook.com/events/548202478720697/

19/07: Gabriel Estrada Trío

Clínica: La melodía y la armonía. Cómo vestir la melodía y el ritmo, tipo de compases. La clinica estará a cargo de Gabriel Estrada.

+ info: https://www.facebook.com/events/804756402988600/

26/07: El Conversatorio

Clínica: Práctica de Conjunto en Músicas Populares. La clínica estará dirigida por Andrés Bedó.

+ info: https://www.facebook.com/events/123446998083984/

CANDOMBE

Todos los miércoles, también en El Tartamudo, hay jam de candombe a cargo, del Combo Candombero. Los músicos que integran el Combo Candombero son:
Alejandro Luzardo (guitarra); Rodrigo Calzada (bajo); Leo Mendez (saxo); Martín Ibarburu (batería); Jhonny Neves (repique); Leroy Pérez (chico); Diego Paredes (piano) y algunos miércoles hay algunos cambios con otros monstruos del estilo.

Reservas: 097-293-333
Contacto: jamdecandombe@gmail.com
+info: https://www.facebook.com/events/1818722538350985/

Miercoles 6 de julio: Taller de Candombe
Vol 1. Introducción al Toque de Acompañamiento. A cargo de la batea del Combo: Jhonny Neves (repique); Leroy Pérez (chico); Diego Paredes (piano)

+ info: https://www.facebook.com/events/1780968042140756/

 

Imágenes: Pogo TV. Fotógrafo: Maximiliano Davyt

Entrada escrita para COOLTIVARTE.