Entrevista a Ernesto Díaz

Ernesto Díaz, compositor artiguense, está presentando sus canciones el 23 de junio, en el Teatro Victoria. Interesados en su propuesta, le solicitamos esta entrevista para COOLTIVARTE.

 

Foto Ernesto Díaz

Foto: Martín Lalinde

Me gustaría empezar por saber un poco más del show que darás esta semana

El 23 de junio vamos a presentarnos en el Teatro Victoria, en la calle Río Negro y Mercedes, a las 21 h. De músicos invitados van a estar Fernando Ulivi y Diego Casas, y de la banda estable, Luis Gutiérrez en percusión, Pancho Rey en guitarra y Andrés Wels en bajo.

La idea era tocar canciones del disco, canciones que quedaron afuera del disco también y canciones más nuevas que integran la tanda que tengo para el segundo disco. Algunas ni siquiera las voy a grabar en el segundo disco, tampoco. Este segundo disco es un disco tardío, porque ya no pensaba grabar. Estoy trabajando con una banda estable, que son mis amigos de siempre. Por ejemplo, con Ney Peraza, que ahora no puede tocar esta vez pero yo siempre estoy en los proyectos de él y él está en los míos. Tenemos colaboraciones así desde hace años. Además, son todos hermanos míos.

¿Es cierto que la grabación del primer disco fue un poco a pesar de ti?

Sí, sí. El disco existe porque Fernando Ulivi lo quiso grabar. Me dijo: “Vas a grabar pero no tocás el material. Vos venís de funcionario”. Y Guilherme De Alencar Pinto, que iba a producir un tema y terminó haciendo la producción de todo el disco con él, también estaba de acuerdo. Me dijeron: “Vos vení y sos sesionista de tu música”. Por eso la producción es de ellos. Hay muchas cuestiones de producción que de repente hicimos entre los tres, pero se hacen concesiones. Hay anécdotas. Hay cosas que están grabadas que yo no quería incluir. A veces me citaban dos horas después porque iban a hacer una mezcla sin mí, porque sabían que yo iba a querer sacar una guitarra. Eso me lo hicieron. Esa me la deben [risas]. Yo había impugnado una guitarra por una razón compositiva y ellos la defendían. Entonces dijeron: “Este miércoles nos vamos a juntar más tarde” y cuando llegué ya habían mezclado el tema. Pero me conocen. Son amigos de hace mucho tiempo. Me ganaron esta, malandrearon conmigo, pero entre fantasmas…

¿Y el segundo disco cómo va a ser?

En el segundo quiero que me asistan pero quiero producirlo todo yo. También pasa que es imposible presentar el primer disco en vivo porque participaron veintidós músicos. En cada canción participó una banda distinta. No puedo llevarlo a escena tal cual. Disco es disco. A mí no me gusta ese compromiso de grabar un disco y después ser servil del disco para tocar. Para mí son cosas distintas.

Alguien puede grabar el disco y no tocar el disco. Eso lo hizo Alessandro Podestá, que es uno de los compositores jóvenes más interesantes e inteligentes. Él hizo un disco que me encanta, que se llama “Partido el ganado” y no sabe ni tocar los temas. Se los olvidó porque no iba a tocarlos, los hizo para el disco. Y no tiene por qué, también. También puede ser. Depende un poco del mercado, de las ganas que tenga el autor.

También está el caso de Edu Lobo, que una vez vi una entrevista con Jo Suarez, un entrevistador brasilero muy importante, que fue un gran humorista y después se puso a hacer entrevistas, medio de rebote, y terminó siendo el mayor entrevistador de Brasil. Edu Lobo, en los 90, compuso un disco, contactó a los músicos que grabaron. En la entrevista tuvieron el siguiente diálogo:

Jo Suarez leyendo el librillo, le comenta: “¡Pero vos no tocás nada! No estás en ningún tema!”
Edu Lobo: “¿Cómo no? Yo compuse todo”.
Jo Suarez: “Ah, qué raro”.
Edu Lobo: “Decime una cosa. A vos te gusta la música clásica. ¿Vos tenés discos de Beethoven?”
Jo Suarez: “Tengo”.
Edu Lobo: “¿Y él toca?”

Bueno, también es eso, ¿no? Ahí Alessandro fue intérprete de su música para el disco y no lo motivó llevar eso a música en vivo. Tanto es así que tiene una canción –hermosa–  que se llama “Reto Sano” y yo la quiero tocar. Así que fui a la casa, pero no se acordaba cómo era. Empezó a sacarla. Le dije: “No, dejá que la saco yo y le hago un arreglo”. Quería hacerla para este show y no me dio el tiempo.

Es muy recomendable eso también y es de mucho coraje porque en el mercado parece que vos tenés que grabar y poder tocar eso. E ir a tocar tal cual el disco. Hay gente que trabaja así. Y hay gente de la vieja cepa que trabaja así y es muy admirable eso también.

Por ejemplo, otro caso es Chito de Melo, un amigo mío de Rivera. Él graba lo que puede tocar. Él tiene un compromiso con lo que grabó porque así la gente escucha y después va a comprar el disco y escucha lo mismo. También es una estética y una forma de trabajar.

Alan Gómez, un músico artiguense que ya falleció, que es un referente de la música popular, folclorística, decía que nunca se dejó acompañar por nadie. Era él y su guitarra. Ese era como un rasgo estético. Son maneras de trabajar.

¿No vas a hacer canciones del primer disco?

Sí, yo hago canciones de ahí, pero siempre son versiones, porque en casi ninguna tengo exactamente la banda y los timbres. Es un disco de laboratorio. Estuvimos cuatro años grabando. Y además quiero tocar otras cosas. A las canciones del primer disco no las elegí yo. Las eligieron mis amigos. Yo estuve tocando dos sesiones y ellos anotando y eligiendo las canciones. Hubo canciones que yo ni soñaba con grabarlas. Y hubo otras que yo pensé que de cabeza las iba a grabar y quedaron afuera del disco.

¿Te gusta tanto grabar como tocar en vivo?

No, no. Mirá, a mí no me gusta ninguna de las dos, por decir así. A mí me gusta componer y me gusta tocar con mis amigos. Pero después de que toco, me gusta. Yo digo que es un poco como cuando vas al arroyo y decís “pa, está linda el agua pero hace frío” y no te querés tirar, pero después de que entrás no querés salir.

¿En qué momento te engancha el show? ¿Enseguida o tiene que pasar un rato?

Es antes. Vienen como unos nervios, que se transforman un poco en fobia escénica, que no llega a ser pánico, es una cosa medio fóbica, pero después también el histrionismo. Y después empezás a sentir la compenetración de tus compañeros y ta… funciona como una nave. Y a veces sentís que despega y otras no.

Bueno, hay gente que apela a cábalas. Se pone a tocar antes con los compañeros y ya entra colocado. Hay gente que utiliza alguna toxina. Y sí… hay gente que reza, hay gente que se encierra y no habla con  nadie.

Yo hago las canciones y después no las adorno. Las canto como las hice. Las toco y las canto tal cual. No tengo un personaje trabajado que vaya y cante las canciones.

¿Cuando estás tocando frente al público sentís que hay algún viaje distinto que cuando estás tocando solo en tu cuarto?

Ah, sí, totalmente. Es totalmente distinto. Creo que tiene que ver con la concentración. Con alguna comunicación que hay ahí. Depende también dónde estés tocando. Si estás en un boliche que la gente está al lado del escenario y que no le importa ni si existís o no… y de repente tenés la mala suerte de que la gente que más hace bardo está sentada arriba del escenario, y que de repente empieza a reírse en medio de una canción, ahí es difícil concentrarse, aguantarse para no decir algo. Después tenés que pensar que bueno, que esa gente no te vino a ver, vino a tomar una cerveza. Y también pasa al revés, gente que no te conoce y se engancha. El boliche es especial por eso pero también sucede que cuando hay gancho en un boliche suceden cosas, de interacción, de tuco, de coloque, de calor, que en un teatro no pueden suceder. Y en teatro a veces puede pasar que no despegue porque vos no te colocaste. En música popular tiene mucho que ver el coloque. Porque en la música erudita, si el tipo ensayó y la orquesta interpreta tal cual, puede salir mejor o peor pero si está ensayado, la obra va a estar. Pero en música popular pasa que hay momentos que son más improvisados o más de coloque del momento. Y músicos que exploran más eso que otros.

¿Vos trabajás eso?

Bueno, no tengo demasiadas herramientas. Pero uno aprende también de la gente con la que uno toca que tiene mucha carpeta. Te das cuenta cuando hay que apelar a levantar un show, por ejemplo.

A veces los organizadores cometen errores. Yo toco con Braulio López y vamos a festivales. Que dicho sea de paso no a muchos, porque yo hace 8 o 9 años que toco con él y hay festivales importantes de música criolla a los que no hemos ido porque no lo llaman a él. Otros tocan el repertorio de Los Olimareños pero a él no lo llaman. Pero hay otras veces que lo dejan para lo último y tocamos a las tres de la mañana cuando ya la mayoría de las familias se fueron porque hace frío, y queda alguna barra ahí medio de joda, y ya bastante entrada en alcohol, y entonces el espectáculo no se disfruta igual, y él preferiría tocar en un horario en que haya más gente. Por otro lado es gracioso que a veces esperamos para entrar y tres grupos anteriores tocaron La Sencillita, por ejemplo, que está en nuestro repertorio y es la voz de él. Y nos reímos. Y también está bueno que la canten porque es una canción importante en nuestro acervo cultural. Ha coincidido que justo hay tres números seguidos que la cantan y después vamos nosotros y arrancamos con esa. Esas cosas son graciosas.

Los Olimareños tienen una importancia tal. No digo esto porque lo conozca a Braulio. Tienen una importancia muy grande. Marcaron una manera y una poética nueva en la música popular uruguaya.

¿Qué hace que todos los días elijas seguir adelante con la música?

El otro día hablábamos con Andrés Wels, que es un músico que yo admiro muchísimo y con quien tenemos cosas en común. Él es un tipo muy inteligente y muy intuitivo, que tiene esa voracidad de aprender por el lado de la sensibilidad más que por el lado del estudio, y hablábamos de eso, que no podemos dejar de hacer música.

¿Es sacrificada la vida del músico en Uruguay?

Sí, claro, un día hacés un peso y dos días no hacés nada. Y hay una rosca muy importante por una galletita. Hay una galleta para doscientos y en esos doscientos hay diez que comen la mitad de la galleta, porque es como se van dando las cosas. Y muchas veces esos diez no tienen ni culpa. Hay tipos que son rosqueros en todos lados, pero también hay tipos que la rosca los agarra. Yo no estoy cuestionando el talento ni el mérito que tengan. Digo que la rosca a veces es injusta. Como en todo, ¿no? También pasa en el fútbol. Aquí en Uruguay los músicos siguen haciendo música de modo artesanal, sin ganar plata. Y se hace una música buena por eso. Porque uno dice “Bueno, igual yo no voy a ganar plata. Voy a hacer lo que me gusta y voy a tratar de hacerlo bien”. Termina siendo por el amor a la camiseta y eso le da un condimento interesante al asunto. Hay muchos músicos muy valiosos en Uruguay.

También pasa a veces que tenés dos toques en una misma noche. En el último espectáculo fue divino porque Ney terminaba una actividad y se venía. Yo le dije: “Cuando vos vengas, entrás. Sin avisar”. Y él llegó para el bis. Y se metió en la mitad de la canción del bis y agarró la guitarra.

Yo agradezco ser fronterizo, ser de un lugar que es un no lugar. Guilherme De Alencar Pinto dice que soy tan brasilero como uruguayo, pero políticamente hablando soy uruguayo y haber nacido de este lado a mí me propició conocer cosas que no hubiera conocido si hubiese nacido un kilómetro al norte. Porque allá no escuchan ni a Los Olimareños, ni a Viglietti, y mucho menos a Lazaroff, o a Maslíah o a Mateo, o a Rada. No saben que existe el candombe. Y en la frontera del lado uruguayo no llega mucho eso pero sabés que existe. Entonces a mí me interesó venir a Montevideo a escuchar música uruguaya que se tamizaba acá. Porque siempre se tamiza en los centros.

Sin embargo los uruguayos siempre somos de estar mirando para afuera, ¿no?

Menos mal. Tenés que conocer a tus amigos y a tus enemigos que están afuera.

¿Vos pensás que el brasileño no escucha música de afuera?

El brasileño se escucha a sí mismo o música importada de los centros del poder, más que nada. Lo pop, o lo que está canonizado. Es muy difícil que el brasilero promedio o que el músico promedio brasilero escuche música de otro lado pero que no venga importada. Y se escuchan a sí mismos. En Uruguay es distinto. Yo soy uruguayo, soy de la frontera, soy de otra uruguayez, pero soy uruguayo. No tengo nada que ver con un montevideano y tengo mucho que ver. Depende con qué nos compares.

¿Naciste allá?

Nací allá y me vine a estudiar acá. Me quedé casi 23 años y después me volví a Artigas pero estoy yendo y viniendo. Y ahí se dan cuestiones importantes. Yo siempre digo que veo que la influencia de la música brasilera en el sur de Uruguay es tan importante como en el norte. Solo que en el sur fue más intelectual la búsqueda. Cuando salieron los Demonios da Garoa, los músicos entraron a escuchar, a hacer algún cover. Después salió Joao Gilberto, Tom Jobim, Chico, la Tropicália, y los músicos acá interesados con eso, por una cuestión vanguardista. Pero en el norte no pasó eso. En el norte estaba más en el aire y era más samba canción, música nordestina, música tradicionalista del sur, rock brasilero que no tiene nada que ver con el argentino o el uruguayo, música negra brasilera, que sonaba en las radios, se veía en la tele y acá no. Era otra música brasilera que yo escuchaba. En la frontera no se curtía mucho la bossa nova. Se curtía más en Montevideo que en la frontera. Curtían más samba, samba más de morro y “marchinhas” de caranaval, que acá nunca sonó mucho.

¿Cómo llegaste a la música de Rada y Mateo?

A mí me interesó mucho el candombe, el candombe que hacía el Sabalero o Los Olimareños, lo que Rada llama “candombe rural”.  Era una lectura del candombe hecho por la gente del interior, que después marcó el canto popu. Ese era el candombe que me había llegado. Que a veces tenía un bongó o unas congas. O Zitarrosa en “Doña Soledad” que golpeaba en la guitarra. Después mi padre consiguió el Brindis por Pierrot. Justo antes de que yo viniera a Montevideo. Mi padre se emocionaba mucho con ese disco. Vinimos a Montevideo y justo me quedé en la ciudad vieja, y era como que estaba adentro de ese disco. Y ahí mi padre me mencionó a Rada y conseguí el primer disco de Rada, que lo gasté. Y después, al poco tiempo, vino alguien de Montevideo que escuchaba todo el día “La cosa se pone negra”, del año 83, de Rada. Y yo quedé paralizado escuchándolo. Traté de hacer algo como el chico pero lo acentuaba mal y él nos enseñó. Hasta el 92 tuve todo lo que había de Rada, hasta los simples.

¿Te acordás de la primera vez que viste una cuerda de tambores?

Eso fue increíble. Yo quedé extasiado. Estaba como en otro planeta. Me habían hablado y yo pensaba qué bueno la poesía de eso, pero no lo había sentido en el pecho. Fue como distraído un día que venía Sarabanda. Venía la mama vieja, el gramillero y los tambores. Me impactó de tal manera que les hice una canción, de homenaje a aquella foto que tuve. Pero nunca la canté.

Y después surgió Mateo. Salió la noticia de que había fallecido y me intrigó quién era. Yo tenía 15 o 16 años. Fui a Salto a comprarme dos discos. Me traje “i lique rock” de Leo Maslíah y “La Mosca” de Mateo. Y para mí Mateo era increíble pero todos dicen que ese es el disco más oscuro e impenetrable. Hice el viaje al revés con Mateo.

Esa manera de respirar la música fue la que me hizo venir para acá y no irme a Brasil a estudiar. Yo quería estar cerca de eso.

¿Te recibieron bien en Montevideo?

Sí, sí. Les debo todo a Montevideo y a mis amigos de Montevideo. Además me hicieron darme cuenta de que era de frontera y que hablaba distinto. Porque yo no tenía autoconciencia de mi lengua. Yo tenía conciencia pero no de que era tan diferente. Nosotros somos todos bilingües. En la escuela se habla español pero en casa hablamos ese portugués de la frontera. Después me di cuenta de que la lengua materna de cualquier ser del planeta es una de las cosas más ligadas a su espíritu libre y a su libertad. La lengua materna te elige. Vos nacés en una familia y la situación íntima y todo lo afectivo es la que te va agasajando con una lengua, que no es ni la de la tele ni la de los gobiernos. Es un mimo de la cultura. En la frontera hay quien la niega y no la usa, y yo los respeto. Pero en la frontera hablamos ese portugués por una razón histórica. En esa zona se hablaba portugués antes de que el Uruguay se delimitara. Eso evolucionó adentro del Uruguay. No es que entró de afuera sino que ya estaba. Por eso hay una comunidad entera que habla esa lengua.

Tus canciones tienen mucho de tu variedad lingüística. ¿Vos tomás la música como una reivindicación de identidad o está incluido porque vos sos así pero no tiene esa intención?

Bueno, a mí me gusta la música que es una lectura de eso.

Te voy a dar un ejemplo. A la salida de la dictadura, el canto popu tuvo como influencias principales a Viglietti, Zitarrosa, el Sabalero, Los Olimareños, Numa Moraes, que ya lo habían hecho antes. Pero esa gente era más suelta, tenía una búsqueda artística más suelta, incluso más bailable. Después la gente que tomó todo eso e hizo el movimiento canto popu en esa época se volvió muy rígida, porque había una reivindicación rígida que dejó una solemnidad y rigidez hasta en la forma de cantar. Entonces, por ejemplo, cuando Cabrera cantaba su repertorio, no se alineaba con una estética para reivindicar su identidad y su necesidad de libertad. Cabrera, Lazaroff, Leo Maslíah, Mateo. Y era gente a la que le costaba entrar a las radios, grabar un disco y que los escucharan. Sigue siendo igual. Ahora a Cabrera no le cuesta, porque ahora es un top, pero en esa época sí le costaba, como ahora a muchos les cuesta y para conocerlos tenés que irlos a escuchar a los bajos. Pienso que esas situaciones se van repitiendo.

¿De dónde salen las canciones?

Salen de diferentes lugares. A veces salen del dolor, de la euforia, de la necesidad de expresar algo que no sale de otra manera. A veces es como un vicio. No diría un hobby porque no es un entretenimiento. Es como una labor no remunerada que necesitás hacer.

Recordamos, entonces, que hay una buena oportunidad para escuchar a Ernesto Díaz en el Teatro Victoria (Río Negro 1477, entre Mercedes y Uruguay), el próximo 23 de junio a las 21 horas. Las entradas pueden adquirirse en la boletería del teatro.

 

Músicos invitados: Fernando Ulivi y Diego Casas

Banda estable: Luis Gutiérrez en percusión; Pancho Rey en guitarra; Andrés Wels en bajo.

Foto de portada: Martín Lalinde.

Entrevistadora: Patricia Schiavone

Rock de raíz: Entrevista a Dinamita Pereda

New York 2014 by David Carlo

 

Banda uruguaya de rock and roll, con sonido de los años 60, Dinamita & La Swing Factory se presenta en la Sala Zitarrosa este 21 de junio. Conversamos con (Federico) Dinamita Pereda. Compartimos el diálogo y también la recomendación de agendarse este show que promete. Si no has escuchado a la banda, te recomiendo que antes del toque te des una vuelta por Youtube y escuches un par de videos. Apuesto que coincidirás conmigo en que es una banda que sorprende.    

 

¿Cómo fue tu formación musical?

Autodidacta. Mi padre me pasó los primeros rudimentos de guitarra. Después me dediqué a aprender algunas canciones clásicas del rock de la época en que estaba aprendiendo, esa época de los 90, en la que yo era pre-adolescente (Nirvana, Green Day, etc.). Enseguida me conecté con un amigo que tenía una gran experiencia y formación en los discos de rock viejo, de los 60. Ahí fue donde empecé a experimentar lo que es tocar en una banda. A los dos años de empezar a tocar, estaba tocando en esa banda que armamos con él. Aprendí mucho ahí. Así que mi formación musical fue principalmente escuchando discos y tocando. Después tuve una segunda etapa que fue tomar clases de guitarra con el Pájaro Gara, que es un profesor muy grosso, que le ha enseñado a medio Uruguay. Gran docente y gran violero, gran persona también. Todos los guitarristas de la vuelta han estudiado con el Pájaro y él me aclaró un montón de tantos de la teoría de la guitarra rock. A partir de eso fue aprender música por aprender canciones y por tocar mucho. Nunca hice un entrenamiento formal.

¿Tomaste clases de canto?

No, no hice clases de canto. Pero bueno, está ahí. En la banda está también la familia, mis dos hermanas en las voces. Naturalmente hay ahí un gen musical.

Ellas hicieron algo de clases de canto lírico, una vez que ya cantaban bien. Pero no, es una cosa más orgánica. En la banda actual tenemos al bajista que hizo universidad de música. Él toca música clásica, jazz, funk, candombe, rock and roll, toca lo que venga. Pero yo nunca tuve una formación clásica. Siempre fue de pasarnos piques con amigos. Siempre aprender mucho de escuchar y de mirar. Y no cerrarte nunca a ningún estilo, que eso siempre suma. Aprender canciones de Zitarrosa, de los Beatles, Bob Marley, etc.

¿Te gusta escuchar música?

Me encanta. Hubo una época en que había dejado de escuchar pero hace un tiempo que volví fuerte a escuchar música. Siempre vuelvo a escuchar los discos que me han marcado: los primeros discos de Led Zeppelin, los primeros de los Doors, los Stones. Sigo escuchando eso. Hay mucha música que me gusta, no soy cerrado a nada, pero hay ciertos mojones que para mí son como biblias. También escucho todo el tiempo otro montón de bandas oscuras de la época: Free, Humble Pie, Johnny Winter, Mountain… toda esa generación de Woodstock.

De hecho nosotros ahora estamos sacando un disco en vivo, que se llama “Totalmente vivo”. Lo colgamos en las redes y en ese disco hacemos unas versiones de Janis Joplin, Aretha Franklin, los Stones, Jefferson Airplane… toda la generación de los años 60. A lo que voy, sigo escuchando a artistas de ayer y de hoy. Los de hoy son menos, pero sigo encontrando artistas que me copan mucho.

Hoy es tan vasta la biblioteca de música que hay en internet, que es difícil llegar a cosas nuevas que realmente te motiven. Antes se filtraba más, por ejemplo en un programa de radio o en una revista especializada. Hoy por hoy hay tantos medios que suben música que más allá de que sea buena o mala, la oferta es enorme, y antes de llegar a algo que le guste, el público tiene que bucear en la red por horas.

También están los servicios de streaming con sus recomendaciones. Por ejemplo, Spotify. ¿Quién es el señor Spotify para recomendar música? Hay todo un sistema de empresas que se dedican a eso, a linkear para que el tipo que escuchó un disco conocido, tenga una recomendación del artista nuevo.

Pero bueno, nosotros elegimos el camino independiente y estamos trabajando a full en eso. De hecho no creo que la nuestra sea una música que esté de moda pero tampoco creo que esté pasada de moda. El rock siempre está ahí. Tendrá más o menos seguidores según la época. El rock que yo busco predicar está fuera de la órbita de lo que a la gente le parece que está de moda, pero en realidad cuando salgo a tocar me doy cuenta de que mucha gente se siente identificada, y me dice cosas como “Qué bueno esto y qué buena esta onda, que hace mucho que no veo una banda que me transmita este rock and roll de raíz”.

Lo que yo noto con tanta oferta es que, por lo menos en el rock, no hay tanto compromiso con la música. Es más como una receta: filmo un video, lo estreno por Youtube, tiene que pegar. Si la canción no tiene 50.000 vistas, no es una buena canción, entonces la banda no funciona. Y están mas pendientes de eso, de pegarla. Pero, al fin y al cabo, son las canciones las que perduran en el tiempo.

¿Vos qué buscás transmitir?

Yo soy como un activista de ese rock and roll, de una manera de vivir la música, que para mí es mucho menos pensada y estructurada. Es más cómo lo siento. Experimento mucho en el momento, con la vivencia, con el happening. Improviso un solo, cambio una letra. En los shows a veces no sabemos en qué orden vamos a tocar las canciones. Elijo tocar una canción porque es la mejor para ese momento. Esa es una manera de vivir la música que yo defiendo. Más allá del estilo, para mí es una manera de interpretar la música. Muchos amigos músicos me han expresado sus respetos porque mantengo un estilo propio y lo defiendo con amor.

Trato de captar la esencia del rock de los 60, cuando todo era un poco más libre. No estaban pensando en el hit. Se dio naturalmente que esas bandas se transformaron en hits pero no lo buscaban. Los Rolling Stones querían ser la mejor banda de blues de Londres. No arrancaron a tocar blues porque estaba de moda. Ellos lo pusieron de moda. Y pasó todo lo que pasó porque ellos estaban convencidos de lo que querían hacer.  Yo quiero tocar las canciones que me pinta tocar, con la gente que me gusta tocar y gracias a Dios hay un montón de gente que se viene copando, orgánicamente.

Hay un montón de bandas que están en la misma: en la búsqueda de la canción, en laburar, en tocar en los bares. Tenemos una especie de conglomerado de bandas amigas, que se llama Bestiario, y estamos ahí para armar festivales y ciclos juntos, compartirnos ideas, piques de sonidista, de salas, y ahí hay un montón de bandas en el mismo camino. Con sus diferencias de sonido, etc.

Nosotros quizás tenemos una estética marcada bien arraigada a la música de esa época. Aunque lo que nosotros estamos haciendo es música de 2016, pero tiene ese sabor. Y a mí me encanta que tenga ese sabor. Por lo menos tiene un sabor definido. Yo sé que estoy convencido de lo que estoy tocando. No lo cambiaría.

A la hora de componer, ¿por dónde surgen generalmente tus canciones?

Generalmente compongo desde un riff, o un arreglo, o una progresión de acordes en la guitarra y una melodía que se me ocurre para la voz. A veces compongo directamente melodía y letra, como “La canción solitaria” que fue así. Pero otras veces se me ocurre alguna temática para escribir, una idea. Por decirte algo, un título, y a través de ese título con la música y con una idea vocal, a veces por fonética y a veces por destruir la fonética. Es eso… se me ocurre un título y a través de ese título desarrollo la letra. El proceso de composición puede llegar a ser muy inconstante. A veces una canción la componés en cinco minutos y a otra en tres años.

¿Componés todo vos?

Generalmente compongo solo yo, pero a veces componemos con amigos. No es fácil que todos los intérpretes lleguen al lugar de compositor, aunque siempre pueden aportar ideas. Ahora en la Zitarrosa vamos a presentar una canción nueva, que hacía como dos o tres años que la venía trabajando, y ahora la voy a presentar porque ya está sonando como quiero.

¿Te gusta más tocar en vivo o grabar un disco?

Me gustan las dos cosas por igual; me excitan demasiado. Me gusta mucho tocar en vivo. De ahí el título de este disco “Totalmente vivo”. Habla un poco de la sensación que te da cuando estás tocando, que es realmente precioso. Poder estar tocando y sentir que está saliendo todo bien, porque estás tocando con gente buena onda, con quienes nos entendemos en un mismo lenguaje. Eso también lo transmite La Swing Factory: una buena onda, descontracturada, energía, familia. Aflojar un poco la campera y disfrutar. No es un rock que te ponga tenso o loco. Lo que transmite La Swing Factory es gozadera y rock and roll desconstracturado y no duro.

Generalmente después de tocar me siento realizado. Como es un proyecto autogestionado, nosotros trabajamos mucho: desde la prensa, las redes, los ensayos, armar el show, cargar todo, bajar todo, invitar a la gente, el desarme, etc. Siempre doy todo en el escenario. Después de los shows quedo para tirar. Generalmente me duermo con la ropa puesta.

Pero el vivo me gusta tanto como el estudio. El estudio me encanta, porque es donde puedo dejar plasmado lo mejor que sé hacer. Pero las dinámicas son distintas. Podés estar un tiempo interminable grabando un disco y en el escenario está la inmediatez… es otra cosa. No tengo predilección. Yo sé  que hay gente que le gusta más grabar y sé que hay gente que no se lleva bien con el estudio, que le parece una tortura el proceso de grabación.

A mí me gusta mucho también grabar en vivo. Ya teníamos un disco anterior en vivo, que se llama “Río Bravo” y ahora este que estamos sacando. Cuando presentamos “Río Bravo” en el Notariado, grabamos el disco en vivo que se llamó “Río Bravo Live”. Y ahora “Totalmente vivo”, que es la versión en vivo de “No hay más tiempo que perder”. Como es independiente, saco un disco cuando se me da la gana. Tomo las grabaciones en vivo, crudas. Es el feeling de un concierto en vivo, sin ningún proceso extraño, directo del teatro. Es como en los años 60, que un disco en vivo era una foto de esa noche. No es como lo otro de tratar de que un disco en vivo suene como en el estudio, que entonces le volvés a grabar una voz, o una guitarra, y entonces ya no es ni una cosa ni la otra. No quiere decir que eso no esté bueno pero ta, me gusta mantener una impronta orgánica de lo que hacemos.

¿Cuál es la diferencia entre cantar rock and roll en español y en inglés?

En realidad todas las canciones que a mí me influenciaron de chico eran de rock en inglés. Cantar rock en español es más difícil. Es más difícil llegar a la fonética, que suene bien. También porque hubo años de ese prejuicio. Ahora ya está más que instaurado el rock en español. A mí me nace hacerlo de las dos maneras instintivamente. Si pienso que una canción va a sonar mejor en inglés, la hago así, o si pienso que va a sonar mejor en español, la hago en español.

Tocar en inglés me ha facilitado tocar en Estados Unidos, en el circuito de los bares de New York. El primer disco, que es mitad en inglés y mitad en español, me sirvió de carta de presentación y me permitió tocar ahí.

¿Qué te dejaron esas experiencias?

De todo. Mucha música. Las relaciones humanas con músicos grossos, muy comprometidos con su instrumento, con la dinámica de tocar, de ensayar, de estar siempre dispuestos a la próxima oportunidad. Allá es diferente porque se puede vivir profesionalmente de eso y porque el músico tiene otro respeto. Cuando el artista es bueno, la gente lo respeta mucho. Allá el público en general valora más al músico,  cuando hace algo que ellos consideran que está bueno. Y por otro lado, tuve experiencias hermosas en estudios de grabación. También pude conocer el negocio de la música. Como allá el mercado es tan grande hay un montón de eslabones en el negocio de la música, de puestos de trabajo que acá no existen, porque no son viables.

¿Teniendo esa posibilidad elegís tocar en Uruguay?

Yo soy de acá, y el proyecto con el que estoy ahora es defender mi música, la banda, el repertorio de la banda, y aportarle al Uruguay algo que es difícil de encontrar. Quizás el trabajo es doble pero creo que quedar bien representado en las raíces de tu pueblo, de tu ciudad, es muy importante y eso después te ayuda. Grabo un disco en español y lo quiero defender acá. Puedo llevar un disco en español a EEUU pero la idea es defenderlo acá. Y este show en la Zitarrosa es una gran presentación donde vamos a repasar y representar y reivindicar todo lo que ya hicimos.

¿Qué músicos forman La Swing Factory?

Tenemos un cambio en la formación. Volvió el bajista original de la banda y entró un guitarrista nuevo. En el show de la Zitarrosa vamos a tocar: Federico Dinamita Pereda en guitarra y voz; mis hermanas Lucía y Josefina Pereda en voces y percusión; Esteban “Chicu” López en batería; Juan Correa, alias “El Mucho”, en el bajo; Javi González en guitarra; Marcelo Castro en percusión y Pablo Marichal en pianos.

 

Sesiones Para Pardelion Music Tv

 

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Fotos: cedidas por la producción.

Entrevista hecha para COOLTIVARTE.

Entrevistadora: Patricia Schiavone

 

Supernova y Federico Nathan Project: viaje y pico

Reseña hecha para COOLTIVARTE.

En la Sala Camacuá del Teatro Aebu se está llevando adelante un Festival de Música Instrumental con propuestas buenísimas. En ese marco, el viernes pasado, 3 de junio, tuve la dicha de escuchar a Supernova y a Federico Nathan Project. Suelo escribir al regresar de los toques. Esta vez no pude hacerlo hasta ahora y han sido cuarenta y ocho horas de ansiedad burbujeante, así que aquí me dispongo no solo a contarles lo que sucedió sino también a liberar un poco de esa energía que acumulé pantagruélicamente y sin empacho.

Para quienes todavía no lo sepan, les cuento que Supernova es una agrupación de musicazos que hace quince años que se juntan a improvisar en público. Por lo tanto la experiencia Supernova siempre es un signo de interrogación, lo cual da un toque extra de expectativa y curiosidad.

El otro día escuche a Stewart Copeland decir, en una entrevista, que le parecía que el jazz era mucho más divertido de tocar que de escuchar. Si bien es fácil tanto entender desde dónde lo dijo este ídolo —a quien le encanta ser provocador— como no estar de acuerdo con él, debo admitir que no todas las jams están buenas para la audiencia, por razones varias. Sin embargo, presenciar una jam cuyos integrantes son todos muy buenos músicos, que se conocen y tocan juntos desde hace mucho tiempo, y que tienen un gusto musical finísimo, es un verdadero placer. Si le agregamos el ingrediente de que esta presentación fue en una sala de teatro con una acústica privilegiada, entonces ya pueden empezar a hacerse una idea del disfrute que generaron.

En la noche de este viernes Supernova estuvo formada, nombrándolos de derecha a izquierda —según su posición en el escenario— por Claudio Martínez (guitarras), Daniel Escanellas (vientos), Miguel Romano (batería), Luis Gutiérrez (percusión) y Popo Romano (bajo). Considero que ser testigo del acto de creación musical entre estos músicos es un privilegio enorme, que haríamos bien en valorar como tal y aprovecharlo al máximo.

Los colores fueron variados: desde la música hindú hasta el candombe, pasando por áreas jazzeras y varios momentos no etiquetables. Daniel con sus múltiples instrumentos de viento tuvo un papel enorme en la variedad de propuestas, porque bastaba que él dejase el saxo y agarrase la flauta traversa o la flauta Bansuri para que transportase a todos a otros mundos. Claudio, a su vez, tenía todo un universo de sonidos adentro de una de sus guitarras… y una entrega al presente que da gusto observar. La combinación Popo y Miguel es maravillosa: apenas precisan mirarse y saben lo que quiere uno y otro. En lo personal tengo gran debilidad tanto por el sonido de Popo en el bajo como por Miguel en la batería. Es interesante cómo en este grupo Popo toma un perfil mucho más bajo a como lo vemos cuando está tocando con los grupos que lidera, pero solo en cuanto a su actitud, porque su estilo empuja a todo Supernova a arriesgarse por caminos especiales: a veces alternativos, de a ratos más funk y con algo que yo llamo “optimismo profundo”, o sea una música positiva pero que no pierde por eso cierta elaboración y profundidad. En cuanto a Miguel, es una hermosura poder escucharlo en vivo. El viernes tocó en una batería que no era la suya y sin embargo él y el instrumento eran una unidad indivisible, mágica. En Miguel conviven de la mejor manera el jazz, el candombe, los matices de volumen, el buen gusto a la hora de elegir silencios, y un arte especial para hacer todo eso que hace un baterista y que incluye tantas y tantas elecciones. En este toque me enamoré especialmente de su relación con los platillos y de algunos bombos que hicieron una diferencia real en la experiencia general. Participando activamente del mundo percutivo, Luis hizo una contribución de mucha importancia al todo y se notó maestría tanto en él como en Miguel al no pisarse y no pecharse, cosa que no es deseable pero que sí es común que suceda entre batería y percu en una improvisación. Los dos fueron construyendo, respetando el todo musical. Ese creo que es el hilo conductor más fuerte de estos seres:  además de que son excelentes en lo que hacen, el gran respeto con que lo viven y lo transmiten.

 

Luego de un entretiempo, el escenario pasó a ser de Federico Nathan Project.

Todavía me emociono recordando el viaje que Federico y sus colegas nos hicieron dar con su música… de hecho creo que sigo viajando, y que seguiré por bastante tiempo más, gracias a que tuve la buena idea de traerme su CD “FNQ”.

Comenzaron su toque con un tema increíblemente dulce y bello, tocado por Federico Nathan con su violín encantado y Joaquín Baranzano con sus teclas. Solo haber escuchado este tema habría sido una buena razón para salir un viernes tan frío. Les aseguro que generó una calidez que bien puede durar hasta octubre. No nos daban las manos para aplaudir.

Todos los temas que tocaron fueron de autoría de Federico. En vibráfono tocó Maximiliano Nathan y en batería Felipe Badaró. (Sí, así mismo como te lo estás preguntando, me lo pregunté yo: ¿no hay bajo? No, no había bajo, y no se acabó el mundo).

Me impresionó mucho la cantidad de emociones que me generaron. Hacía tiempo que no escuchaba una música que me movilizara así en este sentido: me dio un sacudón, me recordó que acá venimos a experimentar cosas y que hay muchísimo por descubrir.

El segundo tema me llevó por áreas circenses… me generó mucha intriga y me corrió de la zona de confort a un lugar de expansión, de avidez de aventuras. ¡Cómo agradezco esta experiencia! La música es transformadora y no hay caso.

El grupo tiene un estilo propio que está formado por muchos estilos: jazz, candombe, tango, funk y hasta algún ritmo caribeño pero está lejos de parecer un “recorte y pegue”… tienen un sonido bien particular y definido que hace de la combinación un resultado disfrutable al máximo, evidentemente porque todos los músicos son especialmente buenos.

Las músicas y las emociones fueron sucediéndose. Hubo una gran comunicación entre estos cuatro músicos e hicieron entre todos algo diferente para la escena montevideana. Presenciar la ejecución de Federico es algo notable, porque vive todo lo que está transmitiendo. En lugar de contarles yo más sobre esto, prefiero invitarlos a hacer click en el enlace de abajo, así pueden escuchar al propio Federico, que me hizo el honor de responderme a unas pocas preguntas inmediatamente después del show.

 

Breve entrevista a Federico Nathan:

 

Hablar de la música queriendo transmitir al lector las emociones que generan los sonidos es muy complicado. Sí, ya sé… yo me meto sola en este baile, pero conozco mis límites. De veras, les recomiendo contactar a Federico Nathan y comprar su disco y estar atentos a cualquier oportunidad en la que toque cerca de ustedes para ir a experimentar esto que es algo digno de ser vivido.

Desde acá, va un agradecimiento a la Sala Camacuá por una noche súper especial y el deseo de que el público aproveche este Festival de Música Instrumental durante junio, que incluirá los próximos viernes a Gabriel Estrada Quinteto y Trío Nolé; Gustavo Ripa y Horacio Di Yorio Cuarteto; Nacho Mateu y los Ents y Gerardo Alonso (entradas por Tickantel o en Tienda Inglesa).