Pedro Aznar ∞ + 1

G-r-a-c-i-a-s

Gracias por haber abierto el show con un tema de Mateo y así haber honrado su memoria y también homenajearnos a los uruguayos con ese gesto.

Gracias por haber hecho un gran esfuerzo para sobreponerte a ¿tu dolor de garganta? y meterle toda la garra del mundo. El universo te retribuyó con un final de show alucinante.

Gracias por habernos dejado cantar. Si no lo hacías, la energía acumulada quién sabe adónde nos hubiera llevado.

Gracias por haber tocado ese recorrido por tu repertorio y no haberte centrado en un solo disco.

Gracias por habernos contado la trastienda de algunos temas. No te imaginás el placer que es para el público enterarnos de algunos detalles de la cocina de los temas que nos hacen vibrar tan alto.

Gracias por “Romance de la luna tucumana”. Qué hermoso tema que compusiste con ese poema de Atahualpa Yupanqui.

Gracias por esa estrofa a cappella en “A primera vista” (creo que no me equivoco y fue en ese tema divino que todos amamos).

Gracias por cantar “Amelia”.

Gracias por hacer esa magia con el destornillador.

Gracias por tocar así de maravillosamente la guitarra en “Lina de luto” y meterle esa alegría tan impresionante, esa energía positiva y contagiosa que generás siempre.

Gracias por ese profesionalismo, virtuosismo y sensibilidad. Gracias por esa amabilidad. Gracias.

Yo anoche llevé a alguien que nunca te había visto en vivo y a quien “no le gustabas tanto”. Creo que fue la persona que aplaudió más y más fuerte de todo el teatro. Detrás nuestro había una chica que no lograba aguantarse callada y al menos una partecita de cada canción la cantaba contigo. En la fila detrás de ella había un hombre que festejaba cada cosa que decías, y que cada tanto explotaba cantando alguna estrofa (no siempre atinada, jaja).

Anoche todo hubiese sido perfecto si el sonidista (ni idea si es del Solís o tuyo) se hubiese dado cuenta un poco antes de que los instrumentos estaban disparatadamente altos y la voz penosamente baja. Me tuvo más de medio show sufriendo por la injusticia imperdonable que estaba pasando por sus manos.

Otra falta de alineación fue que el público no se diera cuenta de dejar unos segundos de silencio luego de tu bis de Spinetta, “Ella también”. La gente seguía aplaudiendo y yo sentía que tú querías otra cosa.

Gracias por haber venido a Montevideo y haber venido al Teatro Solís, que es el lugar que nos da mejor oportunidad de disfrutarte.

Gracias por haber demostrado tu respeto y amor hacia otros artistas (Mateo, Cerati, Charlie, Gal Costa, Atahualpa Yupanqui, Spinetta).

Gracias por hacer esa música tan divina.

Gracias por ser argentino y estar tan cerca.

Gracias por ese “Hasta pronto”. ¡Mirá que te tomamos la palabra!

Silencio

– Ayer escuché una explicación de Vinnie Colaiuta de por qué la batería de Seven Days es como es (en 5, pero acentuando en 4): porque Sting había querido que la gente sintiera una pausa.

– Hace no demasiado tiempo un amigo mío, un amigo de verdad, de esos que nos han acompañado muchos años y que siempre han estado al firme cuando los necesitamos, me contó que había viajado al lado de Peter Erskine y que entre otras cosas Peter Erskine le había dicho que muy importante en la música era el manejo de los silencios.

– Anoche fui a ver un buen show de música (un compositor, Erik Couts, tocando sus propias canciones y acompañado por Naty Giachino en el cajón). Los temas me gustaron mucho y disfruté del espectáculo, notando especialmente que Naty maneja muy bien los silencios. En el entretiempo entre las dos partes del show, el local puso otra música. Esa otra música me sorprendió para bien, porque justo la conocía y nunca la había escuchado en Uruguay hasta anoche. Y como las casualidades existen, quien me regaló ese disco es el mismo amigo que mencioné en el párrafo de arriba. A pesar de la feliz coincidencia algo me rechinaba. Pensé que era que la música elegida tenía puntos de contacto con la música del show y yo hubiese preferido algo diferente. Pero no era eso. Hoy me di cuenta que hubiese preferido silencio. Un silencio que me permitiera seguir sintiendo las canciones de la primera parte y estar en sintonía para la segunda. Sin embargo, no se estila dejar un boliche en completo silencio.

– Cuando nos encontramos con alguna persona en algún lugar, la mayoría de las veces impedimos el silencio, porque estar en silencio nos resulta incómodo.

Estas ideas de arriba -que a primera vista parecen sueltas y sin conexión- me han hecho hurgar en las profundidades de mis necesidades y descubrir que estoy necesitando silencio. Silencio de sonidos por un lado, quizás, pero más que nada ponerle un “estate quieto” al barullo que me rodea, conformado de elementos externos e internos. El barullo más ruidoso externo que sufro hoy proviene de Facebook. Cada cosa que alguien postea y que yo veo me genera un pensamiento, una opinión, una reacción. A lo largo del día el resultado es un exceso que es innecesario y me hace daño. Incluso cuando las ideas son positivas y me inspiran emociones constructivas.

Quizás logre estar en silencio más seguido a partir de hoy. Al menos lo intentaré.

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