“Cada escenario es como un nuevo juego”. Entrevista a Rossana Taddei.

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¿Cómo surge este toque del Solís? ¿Tenés algún propósito especial para este show?

Este Solís surge de una manera muy sorpresiva, porque nos avisan en enero que disponemos de la sala para hacer el concierto que corresponde al Fortalecimiento de las Artes. Inclusive la idea es que todos los que nos hemos anotado para el Fortalecimiento para este año podamos hacer los conciertos antes del segundo llamado, que se hará este año. Así es que construyen esta modalidad, que me parece súper linda, que es la de las duplas. Por eso tuve esta gran suerte y alegría de que me tocara compartir escenario con Nico.

Como me enteré en enero, la información casi que me está cayendo ahora, inclusive cuando charlo contigo, y voy tomando conciencia rápidamente de que en febrero vamos a estar haciendo un Solís. Cuando en realidad a un Solís uno lo prepara con un año de anticipación. Ya tocamos dos veces ahí y tenés que pedir la sala y tener también la suerte de que justo haya disponibilidad e interés por parte de la programación en tu espectáculo. Entonces, que te la ofrezcan para el programa de Fortalecimiento de las Artes es como algo que cae del cielo de golpe, y que no te da mucho tiempo para toda la maquinaria de difundir, generar muchas entrevistas, o lo que sea para poder llenar esta sala. Me lo estoy tomando con muchísimo relax, como que es una fiesta, un encuentro con Nico y con la banda. Es un hermoso regalo, en una de las salas más lindas de Uruguay. En ese contexto vamos a estar tocando con la banda: Cheche en la batería, Alejandro Moya en el bajo, Santiago Montoro en la guitarra y Gastón Ackermann en trompeta y teclados. Al disco “Cuerpo Eléctrico” lo grabamos con dos guitarristas: con Santiago Montoro y con Alejandro “Cubano” Reyes, y vamos alternando en los shows en vivo, según su disponibilidad.

Seguimos presentando nuestro disco “Cuerpo Eléctrico”. Voy a disfrutar nuevamente de presentar las canciones del nuevo disco y algunas canciones del disco anterior, “Semillas”. Estos discos salieron muy cerca uno del otro y siguen coexistiendo, porque nos sigue emocionando tocar canciones del disco anterior que es muy fresco, y obviamente estamos con toda la energía para el disco nuevo.

¿Cuándo dejás de cantar una canción? ¿Cuando te deja de emocionar?

Sí, pero es difícil que ocurra. Salvo que uno haya cambiado mucho en su paisaje interno, como para que la canción ya no te emocione. Si son canciones de mi autoría, sucede que a veces no las siento en un momento determinado. Porque es un sentimiento muy puntual en el que deambula la poesía, o temática, o el texto, y a veces pasan los años y uno cambió tanto que se aleja de determinadas palabras, sensaciones, emociones.

¿Has, por ejemplo, reconstruido canciones viejas?

Sí, y a veces las modifico en el vivo. O canciones que están en construcción, se terminan de construir en el vivo. Me gusta el desafío o la adrenalina que genera eso. No ir con todo pronto. Es decir, tenés un repertorio que repetís, porque hay una médula de los conciertos que es un repertorio que vengo cantando hace muchos años, ¿verdad? pero dentro de ese concierto lo que mantiene la llama encendida es incorporar cosas nuevas, mías o de otros autores que nos gusta versionar, o a veces hacer directamente covers. O sea, tocar el tema entero como es. Eso me está pasando ahora con un tema de Gustavo Cerati, el tema “Magia”. Con esta canción me estoy sintiendo en una aventura nueva que es sacar el tema tal cual es. En general yo los saco como son pero rápidamente les busco una versión. En este estoy tratando de seguirlo porque me encanta el tema. En mi disco anterior hay otro tema de Cerati, “Cactus”. Hace un par de años que vengo escuchándolo mucho y profundizando en sus letras. Me conmueve mucho su música.

De las canciones que ya no me emocionan lo que me pasa es que o las reversiono, y trato de modificarles alguna cosa que me rechina, o le cambio la estructura, o le agrego una cita, por ejemplo. Pero no me pasa que haya canciones que dejé de tocar y no tocaría nunca. En general a las que fueron grabadas les conservo mucho afecto.

Cuando uno te ve en el escenario da la sensación de que sos una mujer completamente libre, que no permitís que las cosas te limiten. ¿Es tan así?

En el territorio escenario, territorio de arte, sí. Me nace funcionar de esa manera, y me gusta. Es un sitio también que transito desde muy niña. Empecé a los ocho años. Y creo que a los nueve tuve la primera aparición con un grupo frente a un público muy numeroso y en familia. Es como un territorio familiar. No me asusta, no es como el que llega a estas tareas con miedo, o más grande. Nunca tuve la oportunidad de poder sentir ese miedo que te puede paralizar o una de esas experiencias que te pueden traumatizar en los comienzos. Es un lugar que ya lo habito desde la libertad, desde la conexión con la niña, y me siento muy segura en ese espacio. Pienso que a muchos actores del palo del teatro les pasa, dentro de ese contexto, que es ese espacio en el que vos te podés permitir todo lo que tenés ganas de hacer.

Es cierto que siempre hay un observar la platea. Es como si hubieran varios hilitos conectando entre lo que estás haciendo, que es de un plano ligado a lo emocional y la energía, intangible, y la audiencia. Hay momentos de gran conexión en los que puedo llegar a decir: “Pah, estoy sintiendo a toda esta platea”. Hay como una medida de hasta dónde vos podés soltar toda esa libertad, para que haya un equilibrio y no haya una desmesura. Es un juego difícil de expresar con palabras porque ocurre en ese plano invisible. Entonces cada escenario es como un nuevo juego, una nueva experiencia. Pero siempre es desde ese lugar de disfrutar.

Si las condiciones técnicas son buenísimas, la posibilidad de improvisar y jugar en ese plano que estamos hablando se amplifican. Porque estás haciendo de canal entre la música y el otro que la recibe, que es un hecho de entrega, de amor, de energía a través de la música. Y si tenés todas las condiciones a favor (por poner un ejemplo, buen retorno, o sea que te escuchás bien), estás calmo a nivel técnico, en el otro plano de realizar tu acción artística estás mucho más libre y abierto que si no tenés eso. También influye si alguien de la banda no está bien. Son muchísimas piezas y cuanto mejor está todo, mucho mejor. Inclusive influye la disposición y apertura del público.

Si tuvieras que definir cuánto porcentaje de tu atención está en el público, en las letras y la guitarra, y en los demás músicos, ¿cuánto sería?

Va alternando y es algo que sucede. No es que yo ponga intención. Mi única acción es estar atenta a eso, abriendo los canales. Y los canales van pasando según los momentos. Presto mucha atención, sí, a cómo está el equipo. Por eso el dúo funciona con tanta fluidez, porque son dos personas. Cuando son tres ya son más almas ahí. Cuanto más grande es el marco quizás yo estoy más repartida en la atención. A veces pienso que debería cortar esos canales pero no podés, porque es un hecho colectivo, y vos estás al timón, porque estás manejando el barquito, pero estás pensando hasta qué está haciendo el iluminador.

¡Siempre me pregunté si los músicos eran conscientes de lo que hacía el iluminador!

Sí, con los años se van abriendo más canales. En el primer concierto te diré que no sabía ni que había un iluminador, obviamente. Pero a medida que vas avanzando vas entendiendo que aquello es un colectivo y que no termina donde estás parado. Es un colectivo que tiene muchas ramificaciones. Y a ese colectivo se le suma la platea. O sea, el hecho de la música en vivo reúne un montón de partes. Y cuando todas están en su mejor momento, es “aquel concierto”. Esas cosas suceden.

Bueno, sucedió cuando presentamos “Cuerpo Eléctrico” en el Auditorio del Sodre, que es una sala con toda la técnica. El sonido lo hizo Gonzalo Novoa y las luces Claudia Sánchez, que siempre trabajo con ella. Y también proyecciones, que están relacionadas, que sostienen el arte del disco, que las hizo Vika Fleitas.

¿Es cierta la anécdota del colibrí?

Sí, el colibrí entró en nuestro ensayo en casa, y revoloteó y revoloteó hasta que se cansó y se agarró de un tapiz, y se empezó a caer y se desmayó en mi mano. Yo justo había preparado para él un agua con azúcar, pensando en poder asistirlo cuando bajara, y después lo llevé al jardín a ver si libaba alguna de las campanitas que tengo por ahí… pero nada. De a poquito empezó a tomar agua y agarró energía enseguida, porque ellos tienen que tomar cada 20 minutos, porque con el aleteo consumen mucha energía. Ahí ya se recuperó. Y justo estaba Camilo, que sacó fotos, y esas son las fotos del arte del disco.

Al otro día puse un bebedero y vino y siguió viniendo. Esto pasó hace un año y pico ya y a ese bebedero siguen viniendo. No sé si es él, porque después se trajo a otros y se hizo una comunidad.

Nico Ibarburu comentó que compusieron un par de temas juntos.

Sí, son dos temas: “Si se diera” y “Quise todo”. La letra es mía y la música es de Nico. Cuando compusimos “Quise todo” él tocó unas cosas maravillosamente elaboradas, que después cuando yo lo seguí tocando sola lo simplifiqué. Él no tocó en la grabación pero la música es de él. Y claro que cuando la tocaba él tenía mucho más vuelo, porque es una bestia.

¿Ya tocaron juntos en algún show antes?

Sí, tocamos. Lo invité muchas veces. Hubo un momento que tocó bastante conmigo. Tengo el recuerdo de que tocamos en El Notariado presentando un disco; en el disco “Alas de Mariposa” tocaron él y el hermano; y muchas participaciones como invitado en discos. Tengo recuerdos de esos momentos cuando componíamos, tomando tecito de Cedrón.

Soy muy fan de los hermanos. Los voy a ver siempre que puedo. Ahora los acabo de ir a ver a Punta del Este. ¡Te explota el cerebro! Tocan la primera nota y ya estás colgado en una estrella volando, y después bajan del escenario y vos seguís en la estrella y les vas a decir algo y ellos te dicen “Hola, ¿cómo te va?”, como diciendo “no pasa nada”. Y vos estás dando vueltas en el universo. Qué fuerte. Qué belleza.

¿Cuerpo eléctrico qué carácter tiene?

Bueno, es rock and roll. En el 88, después de la dictadura, aparecen todas las bandas de rock and roll. Ese movimiento fue muy intenso y fue lo que yo viví en mi juventud. Nosotros recién veníamos saliendo del folclore y estábamos empezando a componer cosas influenciados también por el rock argentino, y empezamos con la banda Camarón Bombay. A las canciones las componía Claudio. Yo componía pero todavía no me animaba mucho a mostrarlas, y las guardaba. Esa banda era una banda de rock and roll con cierto corte latino. Tenía guitarras con distorsiones, batería rockera, viola con muchos riffs y aquellas congas. Fue la primera banda aquí sonando con esa cosa de caños y latino, tirando para ese lado. Este disco, “Cuerpo eléctrico”, tiene toda esa energía, un volver a, o un fractal, de ese momento. Así que vengo trabajando el homenaje a “Semillas” y a la veta más rockera.

Sucede que donde vivo hace tres años hay mucha paz. En invierno es súper calmo y hay mucho silencio. Y salimos de un “Semillas” que es bastante minimalista en cuanto al concepto. Entonces, empecé a componer con las ganas de hacer un poco más de ruido, con distorsión. Y claro, ya cuando componés con la guitarra eléctrica cambia todo, y con un poquito de distorsión ya empiezan a funcionar los riffs, y melodías un poco más acotadas en cuanto a la tesitura, no jugando mucho ni en graves ni en agudos, y textos que mezclan la ciudad y el entorno más natural.

¿Pintás?

Sí, pinto y hago bordado. Y me gusta comparar estos procesos porque tienen cosas parecidas. Si bien en la música a veces es más difícil entenderlo porque no es tangible. Pero hacés una melodía, que es en el aire y es una energía. Pero cuando lo querés ver o visualizar si esa melodía es un color o un trazo, o una pintura: ¿Qué pintura es? ¿Es un acrílico o un óleo? ¿Es una composición donde tenés que hacer capas y esperar que sequen o es una composición que es un acrílico, que vos lo podés sobrepasar con otro color porque seca muy rápido. O es como un óleo en el que tenés que estar un mes esperando a que seque y ver ¿qué hago con esta letra? ¿La cambio? ¿La conservo? Y pasa todo eso junto, según con qué elemento te ponés a crear. Así, con la guitarra distorsionada y las impresiones y sensaciones, fue saliendo. Pero si agarrás un charanguito, un ukelele, o un xilofón, sale para otro lado.

A mí me gusta esto. Por ejemplo yo no domino el piano pero componiendo con un piano salió “Anémona” que canto con Sarita [Sara Sabah] en el disco, y ese tema no es rockero. Quedó otra cosa, una mezcla que parece un clavicémbalo y una melodía que parece una mezcla de Levrero y Leo Maslíah. A ese tema lo quise incluir porque estuvo en la camada de todos pero la diferencia es que fue parido con un piano.

En el disco además de invitar a Sarita en ese tema, invité a Mandrake Wolf en “Fábrica”, y tengo dos temas en coautoría con el Moya: “Fábrica” y “Destellos”.

En esas dos pasaron cosas muy mágicas. Un día estaba en Facebook mirando muros, que viste que entrás como en un túnel, y termino en el muro de Moya, que me encantan las cosas que publica. Ese día él publicó: “Nuestra mente es como una fábrica abandonada, con recovecos, pasillos y pisos enteros que desconocemos. Nos movemos a tientas con el ritmo permanente de pisar vidrios rotos o caer por la escalera”. Y dije: “¡esto es genial!”. Empecé a escribirlo y después seguí: “Las canciones son flores, lámparas iluminando emociones…” y se arma “Fábrica”. Esos días nos juntamos mucho a tallerear. Entonces llega Moya y le digo: “tengo un tema nuevo, ¿a ver si te gusta? Y arranco. Y me quedó mirando… claro, le sonaba, ¡si lo escribió él! El Moya es como un hermano. Llevamos toda la vida laburando juntos. ¡Él tocó en “Tu luz violeta”!

Con “Destellos”, en una de esas juntadas, él empieza a tocar una línea de bajo. Yo volvía de caminar por la playa y había anotado toda una letra, ¡y coincidió perfecto! Esto me ha pasado en otras coautorías o coproducciones, que lo que toca tu amigo coincide perfectamente con lo que escribiste. Yo piro. Y me emociona mucho. Cuando estás en armonía con el equipo ocurren estos milagros, cosas que parece que se armaran en el inconsciente colectivo.

Con Gustavo Etchenique pasarán esas cosas también, ¿no?

Claro. Con él pasan esas cosas multiplicadas, porque hay un convivir, entonces a nivel inconsciente estamos en contacto.

¿En la convivencia está la música o la música es solo en el estudio y no en el cotidiano?

La música está siempre. Pasa, por ejemplo, que estamos preparando un almuerzo pero estamos hablando de música y de todo lo que tiene que ver con eso. Viste todas las patas que tiene el hecho de ser músico, ¿no? Está la parte donde vos construís un espectáculo, hacés la producción, contactás con quiénes vas a tocar, organizás los horarios de ensayo, las entrevistas, etc. Y al mismo tiempo hay una agenda para el año, que hay que ir organizando. Este año vamos a estar tocando en Santiago de Cuba, en un festival donde vamos a representar con otros colegas a Uruguay, vamos México, luego volvemos, y después, en octubre, nos vamos a París.

 

Como dijo Rossana, “podríamos hablar horas”. Pero en la habitación de al lado la esperaban para ensayar, así que le pusimos un punto final a esa charla que ofrecía muchísimas puntas para seguir intercambiando.

El encuentro musical con Rossana Taddei y Nicolás Ibarburu es el sábado 9 de febrero en el Teatro Solís. Sin lugar a dudas será una fiesta.

 

Foto de portada: gentileza de la producción.