Cautivado por el Hard Rock. Entrevista a Llambo.

Llambo, cantante de Hard Rock, es de las mejores voces masculinas uruguayas. Es imposible escuchar un tema suyo y no ponerle “play again”. Sus videos en Youtube tienen cientos de comentarios de admiradores internacionales. Luego de esta charla, que comparto a continuación, también puedo afirmar que es un ser humano muy cálido y generoso.

Gracias por hacerte el tiempo para esta entrevista, Llambo. Sabemos que estás muy ocupado y es un honor poder conversar un poco contigo. Sos un referente muy admirado y querido del Hard Rock en Uruguay.

Para mí es un gusto poder compartir sobre música.

¿Cómo fue que empezó todo?

Yo ya venía escuchando bandas como AC/DC desde niño, desde que tenía diez años, pero fue una noche escuchando el “ranking 100.3” en la radio cuando todo cambió. Pasaron “Welcome to the jungle” de Guns N’ Roses y escuchar aquello me provocó algo especial. Esa música me hacía sacar algo que estaba en mí y me hacía bien. Así fue que me hice una guitarra de cartón y empecé a sacar los temas.

¿Sacabas los temas con una de cartón?

¡No! (risas). Esa guitarra me la hice antes de tener una guitarra de verdad pero con esa guitarra no sacaba los temas, solo la usaba para hacer mímica de rockero sin saber tocar. Empecé a sacar temas ya cuando mi tío me prestó su guitarra para aprender y luego mis padres me compraron mi primera Les Paul a los 14 años.

¿En aquel tiempo te imaginabas que algún músico de Guns N’ Roses pudiera escucharte?

No, la verdad que no.

Antes de meternos en ese capítulo, ¿nos contarías un poco cómo fue la experiencia con Gotthard?

A partir de un video mío que vieron en Youtube, me escribió Marc Lynn, bajista de Gotthard. Estaban seleccionando un nuevo cantante porque Steve Lee había fallecido en un accidente el año anterior. Les había gustado mi voz y me escribieron diciendo que si me interesaba, me pusiera en contacto con su manager.

Gotthard es la banda número uno de Suiza, y la parte rockera de su música se alineaba con la música que a mí me gusta. Primero me pidieron que cantara encima de unas pistas que me mandaron, también quisieron escuchar material mío y finalmente quisieron que fuera a audicionar a Suiza. La experiencia fue buenísima y quedé entre los tres finalistas de más de cuatrocientos cantantes. Me enteré que competí, por ejemplo, con Jeff Scott Soto, que es tremendo cantante.

¿Y cómo fue que Steven Adler entró en contacto contigo?

Al volver de Suiza, me llegó un e-mail de alguien que trabajaba con Steven Adler, que fue batero de Guns N’ Roses, diciéndome que Steven había visto un video mío que le había encantado y quería que fuera allá a cantar con él en una banda suya, en la que tocan temas de Guns N’ Roses. Poco después empecé a recibir mensajes diciéndome que Steven Adler había twitteado uno de mis videos, preguntándole a sus seguidores qué les parecía, así que empecé a recibir comentarios en mi video de gente que llegaba a él por Steven Adler. Pero si bien recibí esa invitación, no fui porque la propuesta no terminó de concretarse en los aspectos logísticos y me pareció arriesgado, porque no me daba mucha garantía. Pero fue interesante porque me dijeron que ya estaba seleccionado, sin audición ni nada. Unos años después lo contacté cuando estuve por Los Ángeles y llegué a audicionar con él pero tampoco esa vez se concretó una colaboración, por otros motivos.

¿Por qué te dedicás a tocar Hard Rock?

Es que yo siempre vibré con esa música. Me cautivó la expresividad, la fuerza. Por ejemplo el Rock más suave también me gusta pero no me moviliza tanto. Si bien empecé queriendo cantar Hard Rock no fue tan directo como todo sucedió, ya que yo estudiaba y tocaba la guitarra y ya había formado una banda. Cuando quise cantar, vi que tenía que estudiar canto para hacerlo mejor. Así fue que busqué una profesora de canto y terminé estudiando canto lírico durante ocho años y medio, con Alicia Pietrafesa. Ella me enseñó la técnica y vi que podía aplicarlo a lo que quisiera. El canto lírico tenía mucho de lo que me gustaba, sobre todo esa expresividad máxima. Inclusive entré al coro del Sodre allá por el año 97… pero me quedé muy poco. No era lo mío.

Luego ya me dediqué al Hard Rock y por suerte he participado de varios proyectos.

¿Cuánto has compuesto en esos proyectos?

Bastante. Los temas de la banda que tuve antes de Doberman, Muromets, son todos míos. Y con Doberman, cuando me contactaron porque buscaban cantante, una de las condiciones que puse fue que no quería ir sólo como suplente a cantar las canciones anteriores de la banda. Así que hicimos un disco nuevo, que se llamó “Insoportable”, que lo fuimos armando en mi estudio. Muchas veces los muchachos venían con ideas armadas o riffs sueltos y de ahí se iban definiendo las ideas y se iban transformando en canciones. Yo fui creando las melodías de los temas, escribí algunas de las letras y hay solamente un track que lo compuse entero yo.

También participé en varios otros proyectos en los que canto canciones de otros artistas donde lo único que pongo es mi voz y mi interpretación.

Y también he grabado varios jingles, unos sesenta hasta el momento, como por ejemplo el comercial de Pepsi que se filmó con Luis Suárez y se pasó durante el último mundial de fútbol.

Volviendo a tu música favorita, ¿qué es lo que hace que noche tras noche tengas ganas de cantar Hard Rock?

Es cómo me siento en el momento en que lo estoy haciendo. Para mí este estilo es como una válvula que me permite liberar emociones contenidas.

Cuando por ejemplo estás cantando una nota grave y le sigue una nota muy aguda, desde afuera se ve que vas hacia esa nota con una enorme confianza.

Eso lo gané con muchos años de estudio, y sigo estudiando. Soy profesor de canto hace muchos años y siempre les digo a mis alumnos que estudiar no se termina nunca. Siempre estás buscando cómo hacerlo mejor y más fácil.

¿Hay un aprendizaje muscular?

Sí, tenés al instrumento adentro tuyo. Tenés que aprender a conocer tu cuerpo. Hay un trabajo muscular para tener apoyo o soporte de aire, pero todo se trata de soltar la voz para que fluya, de no tensar los músculos de la mandíbula y cuello, mantener abierta la garganta. El músculo que realmente hay que utilizar es el diafragma, que es el que va a mover tu “combustible”, que es el aire.

¿Y cómo llegás a una nota en particular?

Las pienso, las imagino, las visualizo. También las podés buscar en el momento, pero esa manera es menos precisa.

Cuando te vemos cantar parece que para ti fuera increíblemente cómodo y fácil.

La gente me dice eso pero no es tan así. Depende de lo que vaya a hacer. La gente me dice que llego a las notas agudas con una comodidad tremenda y eso no es así. Cuando canto una nota aguda y con cierta potencia tengo que apoyarla bien con el diafragma para que no se quiebre o se debilite. A medida que se consume el aire cuesta cada vez más, y muchas veces termino haciendo una fuerza tremenda acá abajo para completar alguna frase. Lo que busco constantemente es la manera de hacerlo lo más fácil posible, que no quiere decir que sea fácil. Cantar estilos como el Hard Rock o la Ópera requiere de cierta fortaleza física en ciertos músculos, justamente para no tener que forzar otros músculos mas delicados que pueden terminar arruinándote la voz.

¿Y dónde te parece que está el secreto de realmente llegarle a la gente con lo que hacés?

Hace unos 27 años que canto. En un momento me di cuenta de que cantaba como si tuviera un vidrio adelante. Me grababa, lo encontraba bien técnicamente pero no me gustaba tanto como otros cantantes. Me di cuenta que me faltaban detalles que son los que hacen a la expresividad. [Canta una frase primero sin tanta expresividad y luego con mucha más expresividad].

¿Qué es lo que estás haciendo cuando lográs más expresividad?

Trato de transformar notas musicales, sonidos en belleza. Trato de que me genere algo a mí y transmitirlo. Si no me genera nada, no sirve.

Cuando estás cantándolo y buscando generar algo, ¿a su vez te está transformando a vos?

Sí. Por decirlo de alguna manera, es como que me hago un masaje a mí mismo pero cerebral, o al alma.

¿Energético quizás?

Sí, sin duda. En un caso no se mueve energía y en el otro sí. Algo que he hablado con varios músicos es que cuando dejás de pensar, abrís como un canal, y te conectás con, llamale como quieras: Universo, Ser Superior, lo que sea. Todo se empieza a hacer solo y ahí no te podés equivocar.

¿Entonces vos hacés esa conexión?

Sí, es lo que más busco, siempre. A veces sale mejor y otras no tanto. Pero tomé conciencia de eso.

¿Y cómo escuchás cuando estás tocando con la banda?

Antes escuchaba con detenimiento qué tocaba cada uno y luego fui aprendiendo a aflojar. Es como nadar en un fluido. Vos tenés que transformarte en parte de. Se canta, se toca para la canción. Hay que escuchar a los demás músicos y participar de eso.

Gracias de nuevo, Llambo. Hasta pronto.

Hasta pronto. Gracias a ustedes.


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Entrevista hecha para COOLTIVARTE.

Chango Spasiuk: bella conexión cielo-tierra

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Anoche, 12 de mayo de 2018, Chango Spasiuk se presentó en Montevideo con su grupo y ofreció un concierto generoso y memorable.

Hay varias formas emocionales de llegar a un toque. A veces llego expectante, entusiasmada o escéptica. Otras cansada o distraída, o pasada de rosca. Anoche llegué a la querida Sala Zitarrosa con calma y con la única expectativa de aprovechar la experiencia Chango Spasiuk en toda su dimensión.

Por otra parte, hay dos grandes maneras de salir a un escenario: conectado con uno mismo y con la puerta a las estrellas, o no. Es cierto que hay quienes conectan más tarde pero cuando un músico ya inicia su presentación desde ese espacio vacío y fértil, la experiencia suele ser genial.

Hay un tercer elemento en esta fórmula química de la magia: el público como unidad, ese conjunto de individuales energéticas que se amalgaman más o menos armónicamente, entre sí y con el artista, y que de principio a fin interactuarán contribuyendo más o menos con lo que suceda.

El gran cuarto elemento de un show musical es el sonidista y sus habilidades para que estés donde estés sentado en la sala, escuches cada sonido con la nitidez y el volumen más conveniente.

Anoche, para regocijo de todos, conjugaron las cuatro condiciones de la mejor manera.

Como público, los uruguayos somos poco expresivos, pero se puede reconocer la admiración en la calidad y duración de los aplausos. A la entrada de Chango el aplauso fue compacto y extenso y al terminar el primer tema el público aplaudió intensamente por largos veinticinco segundos. Eso en términos montevideanos implica fascinación.

Comenzó el viaje con su “Tristeza”, a dos guitarras (Diego Arolfo y Marcos Villalba), violín (Juan Pablo Farhat) y acordeón. Una música intensa, profunda, que te acoge y te desgarra a la vez. Hubo un momento de protagonismo de una de las guitarras que fue especialmente bonito e inmediatamente una comunión gozosa del violín y el acordeón, que juntos generaron una cualidad de sonido a la que no nos exponemos tan seguido y que es muy placentera.

A medida que avanzaba, la trama sonora iba conformando diferentes paisajes, manteniendo siempre ese carácter introspectivo y a la vez festivo, nostálgico y jovial, íntimo y radiante. A lo largo del concierto la antorcha líder fue pasándose de músico a músico, lo que derivó en una experiencia rica y no predecible.

Marcos Villalba en la percusión es gran responsable del espíritu y la energía del show. Lo que gesta en el cajón me genera mucha admiración. Con escobillas, manos, puños, dedos este hombre logra una enorme paleta de colores sonoros que impulsan el barco con arte y decisión. ¡Tiene una energía arrolladora con efecto hechizante! Me fascinó escuchar cómo su impronta personal sigue intacta cuando pasa a la guitarra y cuando canta. Cambia de instrumentos, cambian los sonidos en sí, pero el efecto profundo es muy similar, lo cual para mí es una prueba más de que lo que sucede en estas instancias musicales tiene además de la sonora, la dimensión energética.

Diego Arolfo en la guitarra tiene un papel importante también en el componente rítmico del grupo. Llaman la atención los arreglos rítmicos entre ambas guitarras cuando tocan juntas y entre la guitarra de Arolfo y los demás instrumentos en la mayoría del show. El trabajo armónico de toda la banda sorprende por su riqueza y originalidad. Es una música diferente pero que se siente cómoda y es bienvenida desde el corazón. Arolfo cantó un par de canciones y en su voz podía sentirse la misma impronta de generosidad y honestidad de todo el resto de los sonidos de la noche. Hay una pureza de intención en el regalo de esta banda que es compacta encima del escenario y que llega nítidamente a las butacas.

A modo de apunte entre paréntesis, me resultó llamativa la ausencia del bajo y notar que en verdad, aquí, no hacía falta.

La participación de Juan Pablo Farhat con su violín fue otra genialidad. Nos trasladó a un tiempo-espacio diferente. Elijo recordar para siempre su diálogo con el acordeón, algunos únisonos, ciertas melodías, una nota aguda que cual flecha encendida desató toda la festividad de forma magistral por el cuarto tema, y los punteos con los dedos que generaban unos sonidos mágicamente profundos.

A la media hora de comenzar, Chango Spasiuk explicó que tocaría músicas que había compuesto para películas y que no habían sido tocadas en vivo ni editadas hasta que sacó el CD “Otras músicas”. Para esta segunda parte convocó al escenario al pianista Matías Martino, quien participaría de todo el resto del concierto, al principio tocando el piano acústico de la sala y más adelante un piano eléctrico.

La calidez y amabilidad de los sonidos de Martino en el piano fueron un deleite aparte. Le agregó a toda la convivencia ese ingrediente tan particularmente cálido y gentil que dan las cuerdas y la madera, con un toque de su parte muy cuidadoso y respetuoso pero distendido y feliz.

Estas composiciones hechas para películas te inundan de emociones y paisajes. Por un lado, se las siente más pensadas que las canciones chamameceras y por otro lado tienen un vuelo diferente y generan múltiples realidades.

En esta sección del show tocaron una canción, con aire de cuna, en la que un mismo motivo, descendente, iba pasando por los diferentes instrumentos, inundando todo con amor. Me resultó brevísimo. Al terminar, el hombre delante mío le pasa el brazo por el hombro a su compañera y esta apoya su cabeza en él. ¡Cuánto bien nos hace lo que surge del lugar adecuado!

Luego siguió un momento con mucho aire, a dos guitarras, piano, violín y acordeón, con unos arreglos preciosos y muchos paisajes de la naturaleza llegándonos en forma de notas.

“En Uruguay algunos andan con el termo y el mate y otros andan con el acordeón”, bromeó Chango Spasiuk, y presentó al gran Hugo Fattoruso.

Lo que se divirtieron esos dos, no tiene nombre. Se los notaba a ambos en su salsa, disfrutando a más no poder del encuentro, con cara de felicidad extrema. Fue un privilegio y una gozadera ese instante compartido, exultante, probablemente irrepetible y maravilloso.

Al comenzar el siguiente tema, con una intro de piano tranquilísima, dulce, introspectiva, amorosa, luego el violín y el acordeón con la más alta dulzura imaginables, surge mi reverencia absoluta a esa versatilidad emocional que tienen los grandes músicos que les permite pasar de un universo a otro en cuestión de segundos. Al finalizar, un señor sentado atrás mío comenta: “mañana voy a buscar la guitarra”. Yo continúo observando las capas y más capas de efectos disparados porque a un ser humano se le ocurre expresarse con un instrumento musical y hacerlo desde la honestidad y la coherencia.

Sigue el tema “Infancia”, donde otra vez quedo boquiabierta con Villalba, el jarrón, el shaker y el cajón, y los matices geniales de volumen y sentimiento de todos los músicos. El sentimiento profundo con el que toca Chango, las sonrisas, la complicidad, la hermosura de la generosidad y del deseo colectivo de compartir.

Al momento siguiente, visiblemente emocionado, Chango Spasiuk presentó a su siguiente invitada: Ana Prada, quien aportó, con su actitud y voz bellas, un precioso toque de alegría, ternura y confianza. Cantó una canción de cuna con música de Spasiuk y una letra con historia interesante, “Sueños de niñez”, y su propia canción, “Brillantina de agua”. La letra de “Sueños de niñez” fue escrita por un niño en situación de calle, en el marco de un taller literario organizado por una ONG.

Todo seguiría desplegándose por muy diferentes áreas: zonas tangueras, un solo de percusión arrollador y fascinante y mucha más inspiración de sentimientos.

Para mi regocijo, Chango Spasiuk nos regaló también algunas palabras durante el toque. Sobre el final, le pidieron que volviera pronto a Montevideo y él respondió:

“Ojalá. Realmente es un momento del mundo interesante y todos necesitamos vernos más seguido. Como dice Atahualpa, tenemos que tratar de encontrar la sombra que el corazón ansía. Eso se hace colectivamente, viendo la diversidad no como un problema sino como un tesoro. En América todos tenemos sangre de indios en las venas y otros las tienen en las manos. La diversidad en muchos lugares del mundo parece que es un problema. Acá tenemos que aprender que es un tesoro del cual nos podemos nutrir todos. Estamos hechos de diversidad. El problema a veces es la ignorancia, el profundo desconocimiento. Cuando aparece el conocimiento, echa luz y ve que hay tantos vasos comunicantes. Y la música crea esa oportunidad, nos da esa posibilidad”.

Presenciar un concierto de Chango Spasiuk es muchísimo más que disfrutar de la maestría musical. La maestría y el buen gusto son características intrínsecas de Spasiuk pero también lo es su habilidad personal para conectar al cielo con la tierra. El espacio desde el que él crea y ejecuta tiene para nosotros, audiencia, un valor adicional y esencial: nos ayuda a conectar mejor con nuestro interior y con nuestro gozo, y nos abre la puerta para que podamos expandir nuestra propia conciencia, instalándonos en ese espacio de amplia riqueza emocional, de autenticidad, disfrute expansivo y existencia significativa.

Escuchando sonidos que hacen emerger en nosotros, simultáneamente, de forma palpable, emociones variadas, a veces inclusive contradictorias, es más fácil poder observar nuestro mundo interior multifacético. Lo cual deriva, necesariamente, en eso que Spasiuk suele mencionar: “sentirse un poco más a salvo”. ¿Cómo no agradecer tal regalo? Gracias sentidas.

Patricia Schiavone