La música no es para entenderla, es para sentirla. Entrevista a Nicolás Ibarburu.

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En el Teatro Solís, el 9 de febrero, a las 20:00 horas, en el marco de “MVD de las Artes, del Programa Fortalecimiento de las Artes del Departamento de Cultura”, en coordinación con la Asociación Uruguaya de Músicos (AUDEM) y el Sindicato de Músicos y Afines (Agremyarte), se presentará el show: Nicolás Ibarburu & Rossana Taddei. La curiosidad sobre este espectáculo fue el disparador de esta conversación, con uno de los músicos más maravillosos que tiene este bendito país: el gran Nicolás Ibarburu.

 

¿Qué te resulta interesante de este show que van a hacer en El Solís el 9 de febrero?

Por un lado, la instancia de compartir con Rossana, que es una amiga querida de hace muchos años. De hecho tenemos un par de temas que hicimos juntos. Y por otro, seguir haciendo lo que vengo haciendo, que por suerte le vengo agarrando cada vez más el gusto.

En esta oportunidad va a ser un formato más reducido: un cuarteto. En realidad me siento más cómodo. Porque al principio uno trata de cubrir sus inseguridades con más amigos y obviamente que la banda grande es un swing, porque dos guitarras, flauta, dos teclas y percu te abre un montón el abanico sonoro. Al no tener tremenda potencia vocal, uno cree que está más resguardado llenándose de músicos… pero no es tan así. Ahora estoy explorando algo diferente, un poco más de aire.

¿Ese aire qué te da a vos?

Me gusta tener más aire para lo que pueda tocar en la guitarra y me gusta la sonoridad un poco más minimalista, digamos.

¿Esta vez quiénes tocan contigo?

Martín Ibarburu en la batería, Fernando “Pomo” Vera en el bajo y Manuel Contrera en las teclas. Vamos a hacer las canciones de “Casa Rodante”, algunas de “Anfibio” y también algunas músicas nuevas que venimos cocinando para un próximo disco.

También es la excusa para encontrarnos, porque es la banda pero también son hermanos de la vida y siempre es un festejo juntarnos.

¿Cómo es que te surgen las ganas de cantar en un primer momento?

Bueno, uno siempre canta en situaciones, como los asados y eso. El canto es de todos los seres humanos. Eso es algo que tuve que reaprender. Porque hubo un momento en que yo mismo me censuré para cantar. Creo que mi peor enemigo fui yo mismo, como nos pasa mucho a los seres humanos. Pero siempre sentí el disfrute de la sensación física de cantar. A la vez, siempre mi mayor autocrítica fue con el canto. Que a la vez es algo que nos ocurre a todos. ¿Viste que la primera vez que te sentís la voz grabada es terrible? Como hablaba con un amigo que es foniatra, cuando uno cambia la voz, en la adolescencia, uno trata de seguir dando la voz aguda que tenés cuando sos niño, pero las cuerdas vocales se engrosaron. Y a mí me pasó eso con el canto.

Aunque al principio no cantaba en público, siempre compuse canciones cantadas. En un momento me di cuenta de que las hacía re agudas y me quedaban re tirantes. Claro, quería mantener esa voz de los 12 o 13 años. Cuando encontré el guitarrón fue alucinante porque con él naturalmente bajás todas las tonalidades.

Tengo muchos recuerdos relativos al canto, por ejemplo, con la banda de Jaime Roos. Antes de salir a tocar, siempre cantábamos dos o tres murgas viejas en el camarín, como de camaradería. Y me acuerdo de estar cantando y sentir esa emoción, esa mística increíble que se da al cantar. También mi viejo salió en una murga de joven y conectaba mucho con todo eso y yo lo disfrutaba. Siempre sentí el disfrute y la profundidad de expresar con el canto… pero con demasiada autocrítica. Ahora, de a poquito, vengo bajando esa autocrítica y aceptándome más.

Cuando componías con letras, ¿no las cantabas? ¿Las cantaban otros?

Claro, o se las cantaba solo a mis amigos. De hecho en el segundo disco de Pepe González (“Febrero”), que yo tenía veinte años, canto en dos o tres temas. O sea que ya me estaba mandando algún paso en este sentido, aunque como estaba muy mal con mi aceptación, canté en los temas a medias con algún amigo. Con los años, cantar se me fue volviendo una necesidad. Se trata de no renunciar a ciertos sueños de uno. No se trataba de que fuera un éxito. También por dar lo mejor de uno e ir mejorando. Aceptarse no es solo cuestión de ampliar tu aceptación sino también de estudiar y mejorar tu performance.

En la Balzo, cuando cantaste en el show con Chapital, lloré de principio a fin de tu canción. Fue increíble el salto que diste con el canto en unos meses. ¿Qué pasó ahí?

Fui encontrándole el disfrute. También fui aprendiendo algunas cosas, como por ejemplo a manejar el micrófono. Además pasó que toqué tanto fondo que en un momento me dije: “Vo, si quiero tocar mis canciones, es ahora”. Te juro, hubo un momento en que pensé en no cantar más.

¿Cuál fue ese fondo?

Tristeza. Este año pasado fue muy fuerte para mí: separación, mudanza, se murió mi abuela que era muy querida, y los cuarenta. Ahora voy a cumplir 44.

[Risas] Yo tengo 49… impresionan pero en verdad adentro no se sienten.

Claro, para nada. Y creo que es ahora, estamos en la flor de la edad [más risas] pero a veces caen fichas como “no tengo todo el tiempo que quiero para hacer algunas cosas”.

También durante muchos años tuve una contradicción muy extraña: me daba cuenta de que necesitaba cantar mis canciones pero no sabía si iba a poder disfrutarlo.

Pero cuando cantás solo en tu casa lo re disfrutás, porque si no, ni se te ocurriría.

Sí, claro. Es eso.

¿Y cuando estás en el escenario qué pasa?

Pah, pasan muchas cosas. Me hiciste acordar a la película “Roma Amor”, de Woody Allen, en la que el loco canta bien en la ducha pero no en el escenario y le llevan una ducha al escenario. [Risas] Por ahí necesitaría eso, ¡una ducha! Hay que intentar hacerlo adentro, como una ducha interna.

También se aprende mucho de grandes maestros. Por ejemplo, tipos como Mandrake, que no son perfectos cantando pero a mí me encanta como canta. Tiene una soltura y a nivel de expresión es buenísimo. Lo prefiero a algunos cantantes súper técnicos que no te mueven nada.

¿Podrías tomar algo de tu relación con la guitarra y pasarlo a tu relación con el canto?

Tremenda pregunta. ¿Sabés? Me di cuenta de algo que me sirvió para desbloquear. Vi un tributo a Buscaglia que hicimos en la televisión, donde toqué dos temas de él. Con la guitarra muy seguido agarro la melodía y cambio la métrica, la hago a mi aire. Si vos la hacés tuya, muchas limitaciones se desvanecen. Y eso es lo que estoy tratando de hacer. Tratar de hacer en la voz esa adaptación que hago en la guitarra.

Cuando te veo con la guitarra, no parece que sean dos entidades. Son una sola. ¿Vos lo vivís así?

Sí, por momentos lo vivo así. La guitarra para mí es como parte de mí. Por ejemplo, cuando me siento algo desbalanceado, o enojado o triste, o re eufórico, agarro la viola. Con un amigo bromeábamos con el concepto de “guitairbag”. Cuando te vas a dar contra algo, agarrás la guitarra. Y sí… sin duda esa naturalidad que me pasa con la guitarra es completamente diferente con la voz. ¿Viste que para dormir hay gente que cuenta ovejas? Yo sigo tocando la viola.

Cuando logro eso mismo, esa conexión, con la voz me hace mucho bien. Es terapéutico, sanador.

Con la viola me pasa que me voy. Con la voz me voy dando cuenta de pequeñas cosas. En realidad lo importante termina siendo no estorbar. Es confiar y sin querer que te salga perfecto.

Hay una película alucinante, llamada “Contacto”. Una novela de Carl Sagan que la hicieron película. A los tipos les llega un plano para hacer una nave espacial y como ven que no tiene asientos, le ponen a la mina, que es Jodie Foster, una silla con un cinturón. Bueno, el cinto casi la mata. Es eso, a veces querer aferrarse, estar más seguro, es lo que más te obstaculiza.

Vos hablaste de tener éxito. ¿Qué más éxito se puede pedir que el que ya tenés vos con la música?

Estoy muy agradecido. Si a mí me hubieran dicho hace diez años que yo iba a tener dos discos míos e iba a poder tocar ahora en El Solís con Rossana como dos propuestas de cancioneros, a la par, más allá de que Rossana es una genia, que me lleva años luz en un montón de cosas… Para mí es alucinante.

Porque está el falso éxito, que nos tratan de encajar en la cabeza: que ser exitoso es hacer guita con la música, o la cantidad de personas que te van a ver, que seas masivo. A mí me importa el respeto de mis amigos, de mis colegas y las devoluciones que he tenido de la gente. Estar logrando cosas de a poquito, cantando, me llena de felicidad. En ese sentido sin duda me siento exitoso.  Y nunca transé ni transaré con hacer música que no me gusta, porque me haría muy infeliz. Imaginate que lo peor que puede pasarte es meter un hit con algo que no te gusta. Ahí te arruinás la vida, porque después tenés que volver a hacer esa fórmula.

Esta canción que termina y uno la tiene que volver a poner: “Mapa Tesoro”. ¿De qué habla?

En realidad está hecha para mi hijo y con mi hijo. Él me tiró un par de frases y todo. La hice desde un lugar de mucha tristeza, que atravesaba en aquel momento. Y a la vez habla también de la amistad, de parejas, pero primordialmente de mi hijo. Cuando dice “el mapa que encontré se volvió tesoro, se fundió en el oro de los ojos que te vieron crecer” es para mi hijo. Y también es para uno mismo. Cuando te ves crecer. El premio de poder usar lo malo para crecer.

¿Y el viento?

Bueno, la búsqueda de las canciones como para poder transitar las tormentas. Dice “aprendí a escuchar la canción del viento, por necesidad, como respirar, y eso que escuché se volvió velero”… o sea, para poder surfar el tsunami. En un momento entendí que venía por ahí, que yo inconscientemente tocaba para eso. Escuché canciones que había hecho antes y noté eso. Como una canción que le hice a una casa queridísima en Atlántida, otras que le hice a amores. Y cuando lo ves así, claro, pasa a ser una forma de vida.

Es muy fácil cuando pasa como nos pasó a nosotros cuando empezamos a tocar con Jaime, que haya veinte lucas de gente, te arman la viola, los pedales… en parte empezamos así. Y después de haber vivido todo eso, vas a hacer lo tuyo y con suerte hay dos mesas. Entonces te planteás por qué tocás. Y a la vez, la satisfacción es muy grande a medida que vas logrando que a alguien le guste un tema tuyo o que se acerque más gente a tus toques.

¿Y qué hay de tocar en el exterior?

Bueno, ahora estamos moviéndonos un poco en ese sentido. Incluso aprovechar que la imagen internacional de Uruguay ha cambiado mucho, en forma positiva (algo para reconocerles a los gobiernos del Frente, inclusive también al Maestro Tabárez). Pero también generar cosas desde acá.

En la época de Fito también era muy tentador quedarme allá. Sin embargo, me gusta vivir acá.

¿Cómo fue que Fito Páez te llamó para tocar con él? Vos eras un chiquilín.

Surreal. Fue en el 99 y 2000. Tenía 24, 25 años. Claro, ahí yo me había ido a la casa de Martín, que vivía en Holanda. Me llamó el manager de Fito a la casa de Martín. Creí que era joda. En un momento me pasó con Fito, que me tiró terrible onda. Para mí era como un sueño; no podía entender.

En aquel momento Fito era zarpado. Justo después de “Euforia”. Él había sacado “El Amor después del Amor”, “Circo Beat” y “Euforia”, que son los dos discos más zarpados de Fito. Y el tercero, que fue una recopilación en vivo de todo. Yo toqué en las presentaciones en vivo de los dos discos siguientes: “Abre” y “Rey Sol”. En estudio grabé en 9 temas del disco “Mi vida con ellas”. Fueron dos años increíbles.

¿Y Martín?

Martín hizo los últimos 15 shows, en el 2000. Ahí fue cuando Fito se abrió de la música unos meses y nos volvimos a tocar acá, con Jaime y demás. Pero fue increíble todo. Conocer a Guillermo Vadalá, Claudio Cardone (que tocaba también con Spinetta) y trabajar así, como en primera, en Argentina. Tremenda experiencia.

¿Cuánto público había en los shows?

El más zarpado que recuerdo fueron 120.000 personas. Además Fito de locatario, en Rosario. Era todo como muy delirante.

Hoy me siento muy identificado con la cosa más artesanal, de autogestión. Porque esas giras son muy impersonales. Inclusive toqué en muchas ciudades que no pude conocer. Ahora, en las giras de autogestión, vas y compartís. Siempre hacés talleres, te quedás en la casa de la gente, cocinás con ellos, te reciben con otro cariño, y eso ¡sabés cómo te alimenta! Obviamente tratando de cobrar lo que uno merece pero para mí ahora eso tiene más sentido que los contratos.

[Se hace el primer breve silencio en una hora de conversación… y Nico retoma una idea sobre el show del Solís]

Con respecto a este show, que vamos a hacer en El Solís, me gustaría aclararte que es un show de la banda de Rossana y de mi banda. Algún tema vamos a hacer juntos también pero la idea es que toquen las dos bandas.

[La banda de Rossana Taddei en esta oportunidad estará integrada por Gustavo Etchenique, Santiago Montoro, Alejandro Moya y Gastón Ackermann, y presentarán el trabajo “Cuerpo Eléctrico“]

¿Tocarán una banda primero y luego la otra o un poco y un poco?

Bueno… en realidad tuvimos una pelea porque los dos queríamos tocar primero [risas]. Al revés de siempre, ¿no? Es que para mí Rossana es alucinante. Tiene una conecta tremenda con la gente. ¡Cómo la hace cantar! Y con el Cheche, que es una hermosura verlos juntos. Un superpoder, porque es el amor y la música en su máximo esplendor. Cheche, que es uno de los mejores bateristas de la historia…

Bueno, vos también tenés a uno de los mejores bateristas de la historia.

¡Que fue alumno de Cheche! Yo no me puedo quejar [se ríe]. Ando flojito de batero.

¿Puedo hacerte otra pregunta con respecto a la guitarra?

Sí, claro.

Cuando estás tocando uno de esos solos que desarman el alma. Ahí algo tenés que pensar, ¿no? Pero… ¿estás pensando o no estás pensando?

Buena pregunta. Son como momentos. Yo puedo, por un tema de oficio y de muchos años de tocar, tocar un solo que esté más o menos bueno sin estar re colocado. Pero hay veces que logro otra cosa, que es como un viaje astral. Y ahora me doy cuenta de las cosas que me llevan ahí. Por ejemplo, hacer una especie de diálogo conmigo mismo. Tocar una frase y contestar esa frase yo mismo.

O cuando estoy en ese coloque, que no es siempre, a veces veo imágenes. Por suerte cada vez sé mejor cómo llegar. Es con el sentido melódico. Lo que me lleva ahí es escuchar a los demás instrumentos, estar conectado en esa sintonía, y viajar.

¿Qué tipo de imágenes ves?

A veces veo como los dibujos de la viola [hace gestos como que está tocando] pero como proyectados en colores, o en otras cosas.

¿En serio? [asombro de mi parte]

[Se ríe]. Bueno, debo reconocer que fumo bastante también [se ríe más].

¿Fumar para vos es necesario?

No, no es imprescindible. Es como un aliado en algunas situaciones. Por ejemplo, fuimos a tocar a La Cúpula de La Tahona, que es una cúpula de barro. Ahí tenés que entrar descalzo, se toca acústico, no hay amplificación, y veníamos de un día en que habíamos hecho meditación y para mí fue un viaje increíble, sin haber fumado nada. Pero cuando estás tocando en un boliche en el que prenden la licuadora… son sistemas para amortiguar.

¿Los músicos se conectan con un sentido diferente a los cinco?

Sí, yo creo que la música es una de las pruebas de que existe la telepatía. Obviamente en Occidente, con todo el escepticismo hemos retrocedido en ese tipo de potencialidades que hay en el ser humano. Cuando podemos cortar un poco el ego, el ¿qué piensan de mí?, ¿qué pienso de lo que piensan de mí?, si te podés alinear, afloran cosas que uno ni se imagina.

Y ahí el que te está escuchando se muere, porque si vos te conectás, podés ayudar al que escucha a conectarse también.

Fa, sí, lo que pasa con la música en ese sentido es muy fuerte. La música no es para entenderla, es para sentirla.

 

Entrevista por Patricia Schiavone
Fecha: 31 de enero de 2019

Publicada también en COOLTIVARTE.com.

Notas graves y dulces. Entrevista a Federico Righi

El móvil que genera las entrevistas es muy variado. En este caso la entrevista fue disparada por una sospecha personal de que detrás de esas notas en el bajo había un ser humano que tenía cosas interesantes para decir. Hoy me alegro de haber tenido esa intuición y comparto con ustedes una entrevista que puede resultarles un poco larga pero que sospecho que coincidirán conmigo en que recortarla más sería un crimen.

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¿En qué proyectos andás hoy?

Hoy el principal proyecto que tenemos es con Sara Sabah, con quien armamos un dúo. Ahí yo toco el bajo y un poco la guitarra. Esto surgió porque con Sara hace tiempo que queremos armar un disco de música sefaradí. Hace un par de años que Sara empezó a incorporar en su repertorio alguna canción sefaradí y estamos viendo la posibilidad de ir a grabar un disco con unos productores en Israel.

¿Qué características tiene la música sefaradí?

Es una música que tiene múltiples orígenes. En cuanto a los instrumentos, siempre hay laúd, flautas y diferentes instrumentos de cuerda. Hay un grupo que es muy famoso en Europa y en Estados Unidos, que se llama Yemen Blues. Escuchalo porque está buenísimo. Está formado por músicos de Israel de diferentes orígenes (judíos, palestinos, sirios), también músicos de Nueva York y ahí toca un músico uruguayo, que se fue allá a estudiar de joven y era muy amigo de Sarita de chicos. Él nos conectó con esta gente, que son unos cracks. Tenemos que juntar el dinero y resolver la fecha de viaje. Ya tenemos los pasajes y la estadía, porque nos quedamos en un kibbutz. Y los músicos sesionistas que van a tocar ya están. Nos queda juntar para el estudio. Vamos a estar unos 20 días.

¿Hacen ensayos previos a distancia?

Lo que hicimos fue que yo le grabé a Sarita todas las melodías. Porque en realidad el origen de esta música era solamente cantada. Por ej., hay temas del año 1200 o 1300. Entonces, cuando mirás la partitura, es solamente melodía; no hay armonía. Hay pila de temas de los que tocamos a los que le armo yo la armonía. Trato de que suene al estilo, pero estoy en un 10% de saber algo de lo que es. Igual hace tiempo que estoy escuchando mucha música de esa, me compré un laúd, y un método de laúd, y estoy metiendo.

Este es uno de mis proyectos principales. Como compusimos muchos temas juntos, lo siento como mío también.

El fin de semana pasado debutamos como dúo. Fuimos a tocar a Piriápolis. Pero invitamos a Nelson Cedrez, a que tocara tres o cuatro temas, y al hijo que tocara la guitarra en dos temas. Porque imaginate, un concierto de voz y bajo durante veinte temas es difícil, ¿no?

¿Cuál es el rol del bajo cuando es el instrumento único acompañando a una voz?

Y bueno, en realidad yo trato de ser un poco más guitarrístico por momentos. En otros también busco acompañar la melodía, y por otro lado tocar como si fuera más percutivo.

¿Qué dirías que es lo que te une a vos con el bajo, en cuanto al sonido?

Bueno, no sé cómo explicarlo bien. El grave como que lo sentís acá en la panza. Es como una sensación física. Cuando toco este instrumento [el bajo acústico] me gusta como por otro lado: los graves son dulces y me gusta el tocar en sí, con los dedos, cómo se siente el instrumento, el sonido en general, todo. Pero cuando tocás en una banda grande, con un equipo grande y te parás y tocás, eso te genera una cosa que es increíble. ¡Te pega de una manera!

¿Importa más la sensación en el cuerpo que el sonido en sí?

No, es una combinación de las dos cosas. Cuando te gusta el sonido, eso se potencia. Cuando el sonido no es bueno, te desmotiva. Me ha pasado en pila de discos en los que grabé, que yo dejé un sonido pronto para que nadie lo toque y de repente escucho el disco y me encuentro con que no es el sonido que yo quería.

¿Tenés algún disco de composiciones tuyas?

Sí, disco personal, mío, tengo uno, que se llama “El Fondito”. Lo sacó Perro Andaluz en 2010. Fue justo cuando me jodí de la columna. El disco salió como en diciembre y yo en enero quedé duro como una tabla y ahí fue que me operaron. Y, en realidad, la única vez que toqué los temas del disco, dándoles más importancia, fue en la Sala Zitarrosa, que el sello Perro Andaluz hizo un toque de varios, y ahí toqué yo con mi grupo, tocó Urbano y el Chapa. Esa fue la única vez como presentación. Otras veces toqué temas de ese disco pero no con el grupo que yo quería tocar (Martín en la batería, Trasante en la percusión, Mauro Pérez en el piano y Benji Barreiro en el saxo). Pero el disco lo grabé con Martín, Trasante y Benji, todos los pianos, rhodes y sintes que están en el disco los grabó Nacho Labrada. De invitados tocaron Nico Ibarburu, Magnone en un tema y el Lobo con sus hijos.

¿Componés mucho?

Compongo bastante pero en este momento no estoy componiendo tanto solo. Estoy componiendo mucho con Sarita. Con ella componemos sin parar. A ella se le ocurre una idea, una melodía, y yo al toque se la armonizo, o ella tiene una letra y yo le pongo la melodía. Nos complementamos pila. Hace poco yo tenía una música y no lograba ponerle letra y ella en nada le escribió la letra.

Y ahora tengo temas como para otro disco pero que es muy diferente al otro. “El Fondito” fue como más eléctrico y muy variado. Ahora me inclino más por algo más folclórico. Tengo una vidala, un par de zambas, algún tema con un aire de chacarera. Mi idea es armar un grupo que sea percusión, no batería, bajo acústico, un viento y acordeón, o algo de eso.

Estoy más colgado con cantantes latinoamericanas. Susana Baca, por ejemplo, me arranca la cabeza. Los ritmos peruanos, el Perú negro. Hace tiempo que vengo estudiando todo eso. También me gustan pila los cantos indígenas. Que en realidad hay muchos folcloristas argentinos que lo hacen. Inclusive Aznar canta unos temas que son tipo… una baguala, una cosa así… increíble.

¿Se siente una mayor pertenencia con esa música?

Sí, totalmente.

Bueno, una música que en un momento me llegó pila, de la cual aprendí mucho, fue el Gospel. Porque una vez fui a la casa de Francisco [Fattoruso], cuando vivía allá en Atlanta, y fui a unos lugares que me mataron. O sea, todos cantaban como Stevie Wonder. Pero todos. Capaz que te parece que soy muy exagerado pero te lo juro. Ahí le hice un cambio a Francisco en un boliche. Era un trío: un baterista, un bajo y teclado. Y tocaban toda música onda R & B: temas de Beyoncé, Stevie Wonder, etc.

¿Cómo hacen para tocar sin ensayo?

Mirá, haber tocado jazz con pila de gente salada… Uno de mis maestros en ese sentido fue José Reinoso. Porque él había ido a estudiar a Berklee y antes de irse armaba unas jams. Eddy Porchile también. Y, obviamente, Nico y Martín [Ibarburu] y Montemurro. En esa época también tocaba con Mariana y Osvaldo y Osvaldo fue uno de los tipos que más me influyó musicalmente, pero no solamente por la batería. Por todo. Me sugería formas de poder tocar. Pero nunca me impuso nada. Cosas conceptuales, de notas, todo. Él agarraba el bajo y me decía, “a ver”… y se ponía a tocar. Sobre todo tumbado de candombe. Me acuerdo que yo en esa época estaba como enfermo con Pastorius y tocaba millones de notas, al pedo. Entonces Osvaldo un día me acuerdo que me dio un cassette y me dijo: “Escuchate esto”. Y era Anthony Jackson. ¡Cuando escuché esos graves que tocaba con el bajo de 6 cuerdas! Ahora se convirtió en mi bajista preferido. Osvaldo me iba dando cassettes y me sugería. Y después tocar con él, obviamente.

Pero en cuanto a tocar sin ensayo, cuando tocás standards de jazz te das cuenta de que hay muchas cosas armónicas que se repiten. Si te sabés la melodía y la armonía y estás tocando con gente que ya sabés que no tenés que explicarle nada, lo único que tenés que hacer es empezar a tocar. Me ha pasado con Martín y con Nico, y con Gastón Ackermann, de ir a tocar al interior y en el viaje armar el repertorio. Lo que sí, si querés hacer algo súper arreglado y hacer un final perfecto, ahí o escribís o ensayás.

¿Cómo escuchás cuando estás tocando?

Bueno. Yo toco a un volumen muy bajo. Antes tocaba mucho más fuerte pero me pasaba mucho más que escuchaba lo que yo tocaba que lo que tocaban los demás. Ahora hay un cierto volumen más allá del cual no me gusta tocar pero no porque no me guste el volumen en sí, sino porque no escucho a los demás que están tocando conmigo. Entonces eso no me llama. Necesito escuchar yo como si estuviera escuchando un disco: qué está tocando el baterista, el tecladista, etc. Sobre todo si estás tocando esta música que en realidad es interacción permanente, obviamente tenés que tocar en función a lo que pasa alrededor. Si no escucho qué acorde metió el guitarrista, o no escucho la melodía, es como que en realidad estás escuchando parcialmente la música que estás tocando.

¿Y cómo escuchás al bajo cuando estás escuchando a todos los instrumentos? ¿Les ponés el foco a todos los instrumentos a la vez?

Es como que vas monitoreando por momentos. Es como que escuchás un todo y de repente estás escuchando un poco más lo que vos estás tocando. O de repente el baterista hizo un fill y te llamó la atención ese fill y ahí co-creás con él. Te pongo un ejemplo: la banda de Fernando Cabrera. Es como si fuera un quinteto de jazz pero acompañando a un cantante. Ese es como el concepto. Porque nunca tocamos igual. Mismo ahora que hicimos tres fechas en Bluzz Live, en los tres toques hicimos el mismo repertorio y las tres veces salió totalmente diferente. Porque en realidad lo que hacemos es seguir a la voz de Cabrera. Lo principal es que se escuche perfecta la letra que él canta y hay que amoldarse al volumen. Esa es la consigna. Si yo no escucho a Cabrera, es como que no estoy tocando con él. Yo siento eso. Y siempre nos basamos en si él levanta, etc. Hay mucha interacción en ese grupo. Con Ricardo Gómez tocamos con Cabrera desde el 97, así que imaginate. El año que viene vamos a festejar los 20 años. Ya le dijimos a Cabrera: nosotros vamos a armar un concierto y vamos a elegir los temas. [Risas]

Para mí Cabrera fue otra persona que me cambió la manera de tocar el bajo. Porque por ejemplo me hizo escuchar otro tipo de música. Él nunca me dijo tocá así o asá. Pero me daba pautas, como: “acá tendrías que tocar menos notas”, o “más melódico”. Y ahí empecé a escuchar a McCartney, que es de los mejores bajistas… tocando canciones es una cosa increíble. Porque me da la impresión de que piensa el bajo desde otro lugar. No como un bajista. El bajo ya es como una melodía.

Con Cabrera durante un tiempo largo tocamos a trío, bien despojado. Cabrera me decía: “Olvidate que estás tocando el bajo. Imaginate que estás tocando un cello, o un oboe, y entonces salite del rol del bajo”. Entonces ahí empecé a buscar tocar de otra manera, pero que no fuera que estuviera haciendo un solo, sino que estuviera tocando una melodía que fuera con lo que él estaba cantando y lo que estaba tocando la guitarra. O simplemente dos notas, un ostinato, suponete. Creo que empecé a sentir que entendía cómo tocar con Cabrera por el 2004, 2005.

¿Y tocás con Rúben Rada?

Ahora no estoy tocando porque él está tocando mucho afuera y yo no estoy viajando. Toqué por última vez con él cuando hizo el espectáculo “Tango, Milonga y Candombe”. Cuando yo tenía más o menos 8 años, me regalaron un cassette de los Beatles y uno de Rada, que era lo que escuchaba sin parar. Era un disco que se llama “La cosa se pone negra”, que es en vivo, en Obras Sanitarias, en el año 82, creo. Ahí Rada tenía una banda que era asesina. Tocaba Osvaldo, Ricardo Nolé, Leu la guitarra, Urbano el bajo y había vientos también. No me acuerdo si había coristas también. Cuando empecé a tocar, saqué ese disco. Me lo sabía de memoria… hasta el solo de Osvaldo me sabía de memoria. Y con el correr del tiempo si me preguntabas con quién quería tocar acá en Uruguay, era con Rada.

¿Cómo empezaste a tocar con él?

Bueno, yo ya lo conocía de antes de empezar a tocar. Cuando los mellizos y Montemurro armaron Pepe González, en el segundo disco que grabamos, Rada había venido de México y fue y participó. Y él justo había armado Botijas Band, donde tocaban Andrés Ibarburu el bajo, Martín y Nico, y Montemurro. Y yo los iba a ver. Entonces ahí ya tenía una relación con él… hacíamos asados y cosas así. Después cuando acá en Malvín empezamos a tocar los tambores, la primera vez salimos los melli, el Nego, mi viejo, y tres o cuatro más del barrio y se iba juntando gente. Y ahí venía Rada también a tocar. Entonces ya lo conocía. Andrés Ibarburu estaba tocando con Rada y fue cuando lo llamó Jaime Roos para tocar que se fue de la banda de Rada y ahí me llamó a mí para tocar.

¿Cómo es tocar con Rada?

Es lo más divertido del planeta. Con él toco desde el 99. Rada es muy divertido. Todo el tiempo está rompiendo las bolas, sin parar. Aparte siento que con la banda somos súper unidos. Llegamos a ser 13 y nos llevábamos súper bien todos.

¿Me contarías algo del toque con Hiram Bullock?

Rada había arreglado con él para que viniera a tocar acá. Ahí me llamó y yo no lo podía creer. Con Martín, además. Hicieron un concierto juntos, que se llamaba Black y Black. Tocamos primero con Hiram Bullock en el Teatro de Verano y luego tocó Rada. Eso debe haber sido en el año 96, 97, una cosa así. Nos mandó un disco para que nos aprendiéramos y una cosa que estuvo buena, que me sorprendió, fue que el disco que me dieron era un trío en vivo, así como iba a tocar acá. Y tocaba un bajista que es un sesionista y bajista de Nueva York, salado, que se llama Will Lee. Estaba bueno el disco. A parte a mí me gustaba Hiram Bullock de antes, entonces me saqué todas las líneas de bajo que estaban en el disco. Todo lo que había tocado este tipo. Llegamos al ensayo… imaginate, había pila de gente. Y el loco cayó como una hora y media tarde. Con Martín estábamos esperando re-nerviosos, pasando arreglos. Y el loco llegó a mil por hora, agarró la guitarra y lo primero que nos dijo fue: “¿Escucharon el disco? Bueno, olvídense de todo lo que tocó el bajista y el baterista en el disco, ahora vamos a tocar nosotros, porque eso ya pasó”. Pah. Yo no sabía si era un alivio o no, porque ya me había aprendido todo. Y en realidad estuvo bueno porque el loco dijo: “Eso fue un toque que grabamos en vivo y ta, ya está. Olvídense. La música ahora la van a hacer ustedes dos conmigo”.

Está bueno, eso, ¿no? Porque cada acto musical es un acto de creación.

Sí, pero también depende de con quién toques. Hay música en la que tocás todos los shows lo mismo.

¿Cómo se vive eso?

Ah, yo me aburro. Por eso hay gente con la que prefiero no tocar. Yo soy más de improvisar. No de zarparme, pero me gusta mucho más lo que pase en el momento, que haya una variante. Con Rada podés hacer eso. Porque él se aburre también. ¿Tocar todas las veces lo mismo? No, no… Ta, si tenés que tocar en un grupo porque la línea de bajo es así, obviamente se toca. Pero a lo que voy es que te rompan las pelotas por una notita que metiste diferente, que en vez de tocar un mi tocaste un sol, que igual estaba bien con la armonía y te dicen: “ah, no, no, tenés que tocar el mi porque si no, me muero”. No va conmigo eso. Pero puedo tocar dos horas un groove, o una línea de bajo que sea solamente la tónica, todo bien, y me enrosco en esa.

¿Qué pasa cuando estás tocando una nota?

Y es una cosa como medio mántrica. Con Cabrera me pasa de tocar tres notas y me recontra gozo, pero me gozo por todo lo que pasa alrededor, no por esa nota que toco.

Con algunos músicos yo siento que son canales de algo que viene de arriba y que me termina llegando a mí. Cuando estás tocando en circunstancias en que te sentís especialmente cómodo, ¿sentís eso también?

Sí, claro, ni qué hablar. Por ejemplo, me ha pasado de ponerme a llorar. Sí, claro, tocando con Cabrera hay dos o tres temas que los toca y pah, loco, a mí por lo menos me moviliza. Y me doy cuenta que de repente cierro los ojos y estoy en otro lugar, no estoy ahí. Y cuando abro los ojos y veo que hay gente, pah. El otro día con Cabrera me pasó eso. Estuve casi todo el show como colgado, con los ojos cerrados. A mí me pasa que con los ojos cerrados escucho mejor. El otro día fue pah, increíble. Me pasaba eso, que terminaba el tema y abría los ojos y “ah, mierda, hay gente” [risas]. Me pasa con Cabrera y me ha pasado tocando con otros, claro.

¿Y el público influye?

Sí, sobre todo si es un público que se está copando. Eso te vibra a favor.

Y también influye cómo te lleves con quienes estés tocando. Porque al final yo creo que somos seres humanos que nos transmitimos de corazón a corazón, siempre. Me ha pasado de tocar con gente que no conocía, por primera vez, y fa, una vibración increíble. Y me ha pasado de tocar con músicos ultra consagrados y no me movieron un pelo. Pero ya desde el momento en que el tipo entró en el ensayo sentí como algo raro. Yo respeto pila la trayectoria de cada uno, pero eso no es determinante para mí en el momento de elegir a alguien para tocar. Prefiero elegir a alguien que se adecue a la situación para tocar, pero si tengo que elegir, elijo más por el corazón que por las aptitudes musicales.

Con el que me pasó así, que hace años tocamos, es con el Negro Aguirre, un músico de Paraná, compositor, arreglador y folclorista pero moderno. Pah, con él ya cuando entró. Íbamos a tocar una versión de “Zamba por vos”, arreglada por él y un arreglo complicado pero divino. Y otros temas de él. Era con Nico Ibarburu, Martín, el Chancho Peyrou. Era un proyecto que se llamaba Zamba por vos. Él vino de invitado. Y Dino. ¿Ves? Otro que no lo conocía y pah, un ser impresionante. Terminamos tocando “Milonga de Pelo Largo”, todos copados. Cuando se puso con la viola en el escenario a tocar ese tema, pah, era increíble. Entonces eso también es como transmisión de algo. Hay veces que me parece que me sensibilizo demasiado y como que es contraproducente. Con otro que me pasó de estar así, mano a mano, toda una noche así, tocando fue con Rubén Juárez, el bandoneonista. Estábamos de gira con Rada en Córdoba. Pah, ese tipo empezó a tocar y fue así como instantáneo. Me acuerdo que me alejé porque me puse a llorar a mares. Venía Anita Prada y me decía, ¿pero qué te pasa? Vo, no podía parar de llorar. Hay mucha gente así. Creo que Hugo [Fattoruso] también es un tipo así. Que ya cuando prueba el piano, pah loco. No sé, es como raro. Hay gente que tiene eso.

No quisiera despedirme sin preguntarte cuánto hace que estás dando clases

Desde que tenía veinte años.

¿En qué consisten los talleres que estás ofreciendo?

El objetivo en sí es poder explorar el instrumento desde otro lado. O sea, tocar lo que tengas que tocar como bajista pero poder también tocar acordes, o de repente tocar melodías, y poder entender armónicamente ciertas cosas. Porque los bajistas no estudiamos armonía. Porque en realidad nosotros tocamos notas. Sí tocamos notas que van con una armonía pero no siempre todos los bajistas saben que pueden tocar tal nota y que tal otra no va porque no va con el acorde. Entonces la idea es explorar eso y también estimular la composición. El año pasado lo hice y me acuerdo que se anotó una chiquilina que me dijo “mirá que yo no sé nada, me compré un bajo y estoy tocando 3 notas”. Yo le dije “bueno, vos vení y probá”. Y vino, le gustaba la música como de los 70, entonces sabía una línea de una canción y en base a lo que ella sabía fuimos armando lo que tocaban los demás. Y empezamos a ver qué otras cosas se podía hacer en ese estilo, como imitando una frase de otro instrumento, las articulaciones… tocar de determinada manera: más ligado, menos, más fuerte, muy suave, frasear algo rítmicamente… depende del estilo, pero por ejemplo que lo puedas amacar un poco aunque haya un tiempo. Y obviamente se iban rotando y esta gurisa que empezó tocando eso, se entró a copar y a estudiar y estudiar y en tipo cuatro clases estaba adelante, increíble. Es como explorar el instrumento desde otro lado y poder tocar cosas diferentes.

¿Cómo están estructurados los cursos?

Depende un poco de lo que sepan y quieran pero hay algunas cosas que las incluyo seguro: tocar un candombe,  aprender a tumbar, lo mínimo, y a tocar rítmicamente otras cosas, como si fuera una viola. Agarramos dos o tres temas que son conocidos, los analizamos armónicamente. También algo de música brasilera. Y también algunos ritmos en tres, que pueden ser ritmos folclóricos, como la chacarera, un chamamé, una zamba, un landó, una marinera, un joropo, muchos ritmos que pueden ser en 3/4 o en 6/8. Y también funk y slap, y todas esas cosas que les gustan a la mayoría de los músicos.

En realidad quiero poder llegar a armar ensambles con otros instrumentos: que haya por ejemplo batería, guitarra, teclado, vientos y violín.

¿Cómo te pueden contactar los interesados?

Por Facebook o por el celular 099-353012.

¿Te gusta enseñar?

Sí, me gusta. También hice carrera docente en Educación Física. Nunca lo terminé pero igual ejercí. Me doy cuenta que utilizo muchos de aquellos conceptos didácticos, de pedagogía, progresión, etc. en las clases de bajo. La verdad que me gusta.

Lo que sería media hora de entrevista fue una charla muchísimo más larga, en la cual conocí a un ser humano muy agradable, abierto y simpático que demostró ser un apasionado por la música y por el bajo y tener una paciencia infinita para explicarme todo tipo de cuestiones que tuve el atrevimiento de preguntar, varias de las cuales he resuelto no incluir aquí, en parte por no extender más esta lectura y en parte por no hacer público mi nivel de ignorancia en algunas cuestiones relativas al instrumento bajo. Siento un agradecimiento profundo y una gran alegría por todo lo intercambiado en esta conversación.

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Fotos: facilitadas por Federico Righi.

Entrevistadora: Patricia Schiavone

Esta entrevista puede leerse también en COOLTIVARTE.

Hablemos de música ultramarina: Entrevista a Trío Ibarburu

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El 29 de julio, en la Sala Hugo Balzo del Sodre, a las 21 horas, el Trío Ibarburu estará presentando su nuevo disco, titulado “Ultramarino”. Sepan desde ya que no se lo pueden perder por nada, nada del mundo.

Al saber que las puertas cósmicas se habían abierto para que pudiera entrevistar al Trío Ibarburu, pensé que era prudente escuchar algunos de los temas del disco nuevo. Claro, puede ser que haya sido una decisión atinada desde el punto de vista de la responsabilidad de ir a hablar de algo conocido, pero fue completamente imprudente en lo que respecta a mantener mi centro emocional. Para cuando llegué a hacer la nota mi contacto con la tierra era efímero y me llevaban en andas la fascinación, la incredulidad, el asombro y especialmente la admiración, que si bien son todas emociones muy positivas y disfrutables, a la hora de entrevistar no son la compañía más conveniente. Entonces, la invitación es a leer una entrevista que tiene como trasfondo vibratorio un estado alterado.

Si bien —como sabemos— el trío está formado por Nicolás Ibarburu (guitarra), Andrés Ibarburu (bajo y cello) y Martín Ibarburu (batería y percusión), en esta entrevista no pudo estar presente Martín. Es así que lo que leerán a continuación es una conversación con Nicolás y Andrés. Sin embargo, con una pregunta en particular sentí que hacía falta incorporar la voz de Martín, así que lo contacté después y pude agregar una respuesta de parte suya.

Patricia Schiavone: ¿Cómo son las composiciones del disco?

Nicolás: Son de Andrés y mías, mitad y mitad.

Andrés: Pero también cada uno desarrolla mucho su parte. Por ejemplo, en los temas que son míos hay cosas que son de él o hay cosas que son de Martín. Ninguno compuso una partitura, nota por nota. Es como una idea original y un concepto.

Nicolás: Y después cada uno desde su instrumento, juntos, construimos el sonido del trío.

PS: ¿Pero en algún momento se escriben los temas?

Nicolás: Bueno, sí, los temas están escritos.

Andrés: Claro, a mí me gusta más escribir, porque como estudio música clásica estoy como más acostumbrado y me siento como más cómodo. Nico labura más de memoria… y también escribe algunas cosas. Que tampoco es todo, ¿no? Son como algunas referencias de algunas partes. Porque es un concepto. En general dicen que eso es del jazz pero la música folclórica en general tiene eso, ¿no? Por ejemplo, cuando un guitarrista te dice: “Yo sé un tango”, lo que él tiene es como una especie de esqueleto, de guía. Después cuando va a tocar, sobre eso él va a elaborar algo. Un buen músico de tango se espera que sea así. En el jazz es como muy típico tener un cifrado, los acordes y la melodía pero en esto no es tan así. Hay cosas que están muy arregladas y muy armadas y hay cosas que son mucho más libres.

Nicolás: Claro, hay partes que están arregladas y luego hay partes que se rellenan con improvisación. Eso es lo que hace también que cada toque sea diferente al otro. Este también es el objetivo de este encuentro: tocar con mucha libertad, improvisar mucho y dejar salir cosas del momento pero siempre con un laburo de arreglos y de composición, de experimentación para buscar el sonido y hacer rendir los temas, que ahí es donde ponemos todo de todos.

Andrés: Además, el disco está grabado con esa técnica. Está la composición, entonces hay como una parte que está armada, pero todo lo que está improvisado en la grabación del disco es así. No es como cuando se graba un disco pop, que se graban varios solos y después se elige uno. Acá es como grabar un disco de jazz: cada uno toca su solo y su improvisación y queda lo que queda. Hay una espontaneidad en lo que queda grabado. Creo que según la música se usan diferentes criterios.

PS: Pero entonces, Andrés, o tienen invitados, o vos tenés un clon que toca bajo y tocás cello a la vez.

Andrés: Eso sí. Hicimos lo que se llama “overdub”, que es que el mismo músico toca de nuevo otro instrumento. Hay temas que tienen dos guitarras o tres guitarras, en los que Nico toca varias veces. Eso sí lo hacemos. Hay temas en que Martín toca la batería y después toca los tambores o percusión.

Nicolás: Pero siempre sobre una toma en la que tocamos los tres juntos a la vez. Y después le ponemos algún adorno, alguna cosa. Te podés dar ese lujo porque es un disco de estudio. Si fuera un disco en vivo, no podés.

PS: Escuché “Para rumbear mi camino”.

Nicolás: Esa es una canción que hicimos con un amigo. Él le puso la letra, la música es mía, y nosotros hicimos una versión instrumental.

PS: ¿Y quién toca el piano?

Andrés: Un amigo que vive en República Checa pero en realidad es Eslovaco. Se llama Tomas Jochmann. Yo he hecho mucho con él allá. Es muy delicado. Es uno de esos pianistas que disfrutan mucho tocar el piano acústico.

PS: En el tema “Membrana”, ¿pusieron voluntad explícita en que ese tema fuera de jazz y a la vez de candombe, y a la vez de folclore y tuviera toques de pop/rock o surgió así porque ustedes llevan todo eso adentro?

Nicolás: Y… yo creo que es eso último que dijiste. Porque se va dando naturalmente y vas volcando cosas. Pero sí, ese tema en particular tiene una cosa medio folclórica, que también es un candombe, pero está en 5, o sea que no es un candombe tampoco… pero tiene aires así de candombe, de repente los fraseos… pero es un ejemplo de bastantes corrientes convergiendo ahí en un punto. Hay varios temas así en el disco.

Andrés: Es que también esas fusiones que decís en la música está bueno cuando suceden espontáneamente, ¿no? Cuando un grupo empieza a hacer algo y vos decís: “Ay, pero esto ¿qué es? Es esto… Entonces viene un crítico y dice “esto es una mezcla de tal y tal”. Pero cuando uno dice “voy a mezclar esto con lo otro…” como que no se puede hacer así. En realidad te sale naturalmente y a la hora de describirlo, ahí empezás a encontrar cosas. Pero la música no piensa ella en sí misma “soy un candombe”, por ejemplo.

Escuchar “Membrana

 

PS: ¿Me contarían cómo nació ese tema?

Nicolás: Sí, Membrana fue una música que yo armé en casa, que después obviamente cuando la tocamos juntos floreció y salieron un montón de cosas más y quedó mucho más lindo el tema, por el tratamiento que siempre les hacemos a las canciones con el trío. Pero fue así, una exploración en eso del 5, buscando un poco… de esas charlas que siempre tenemos con Andrés y con Martín. A veces nos quedamos explorando cosas así, de compases irregulares… mismo en algún almuerzo. Y fue un poco en ese espíritu, explorar por ahí, y salió Membrana.

PS: Qué pena que no está Martín, porque yo me pregunto en este tema “Membrana” cómo será que le habrá surgido tocar eso que toca. Vos lo escuchás y es un candombe, pero a la vez es jazz por la llevada en el plato, por el feeling general. Y sin embargo el tambor ¡es pop!

Nicolás: [risas] Claro. Ahí va.

Andrés: Creo que también está bueno que a nosotros nos pase eso porque es lo que es nuestra cultura. Como latinoamericanos somos una mezcla de muchas culturas, de muchos pedazos de muchas culturas: tenemos cosas de los indios, de los negros, de los españoles, de los italianos… entonces me parece que es lógico que pase eso que vos decís que salgan cosas de muchas vertientes.

PS: ¿En qué encuentran que este disco se diferencia del anterior?

Andrés: Son propuestas completamente diferentes. Para grabar el otro disco lo que hicimos fue encerrarnos en una casa preciosa que nos prestaron en Punta del Este, llevamos el estudio armado y nos quedamos solos con los instrumentos cinco días. Nos grabamos nosotros. Que por eso tiene ese nombre “Huella Digital”, porque es una cosa que tiene mucho que ver con nuestra identidad. Yo nunca había hecho eso de grabar sin técnico. No había nadie por fuera. Limpiábamos nosotros, comíamos la comida que teníamos adentro de una heladera. Sí nos fueron a visitar amigos e hicimos algún asado pero a la hora de laburar, estábamos solos. Sin ni siquiera un técnico. El coloque de ese disco es la concentración de nosotros tres solos. Lo hicimos también por una cuestión histórica, de que veníamos por mucho tiempo acompañando a otros músicos. Ellos nos dieron lugar para nuestra creatividad: Jaime, Rada, etc. pero claro, ellos tienen una personalidad tan grande, y además nosotros tocamos con ellos desde muy jóvenes, entonces como que decidimos arrancar de lo que éramos nosotros sin ninguna influencia externa.

Y este otro disco es una cuestión bien diferente. Porque este es un disco que hicimos mientras yo vivía allá y ellos acá. Por eso se llama “Ultramarino”. Es como a través del mar. Yo vine de visita y grabamos. Después fueron ellos de visita y grabamos allá. Después hicimos algunas cosas por internet.

PS: ¿Cómo la llevan que Andrés viva en Praga?

Nicolás: Bueno, con internet es más fácil, porque tenemos contacto permanente y fluido.

Andrés: Hoy nos acordábamos cuando Martín estuvo en Holanda, que había que llamar por teléfono, encontrar al otro, valía una fortuna. Y además, claro, la comunicación en ese contexto se vuelve una cosa súper concreta. Uno no podía ponerse a contar anécdotas, y ahora con Skype sí. Dejás la computadora en la mesa y es como si fuera una ventana.

PS: ¿Qué es notoriamente diferente cuando tocan entre ustedes tres y cuando tocan con otra persona?

Nicolás: Sin duda que tenemos muchas horas de vuelo y mucha experimentación, camino recorrido juntos, que eso suma muchísimo a la “conecta” pero creo que donde más la siento reflejada es más que nada en proyectos jazzeros de improvisación, donde vos tenés que soltarte para tirar una idea nueva o diferente y al mismo tiempo saber que podés volver con familiaridad, sin irte al carajo y caer en cualquier lado. En ese sentido tenemos mucha conexión y entonces cada uno de nosotros puede abrir diferentes momentos musicales o frases o cosas y siempre estamos enganchados igual. Me parece que eso se da más —por lo menos para mí— que en cualquier otro proyecto en que haya estado.

Andrés: Para mí también. Y agregaría una cosa más. Que hay cosas que siempre hay que estarlas hablando entre los músicos, o explicando, o escribiendo y entre nosotros pasa mucho que hay mucha cosa que directamente no se dice, que es mucho más claro si lo tocás que si lo decís. Incluso nos ha pasado también —pasó el otro día— de tener alguna discusión personal por una cosa extramusical y como que tocando resolvés de alguna manera el problema. Es medio misterioso.

Nicolás: Y sí, se mueven muchas cosas. Con la música se mueve todo, ¿no? La espiritualidad, los sentimientos. Eso es lo lindo también.

Andrés: Se acomodan cosas que por ahí hablando no se acomodan tan fácilmente. Tocando hacés algo que el otro lo entiende, o vos le entendés algo al otro y se crea una conexión y se disuelve ese conflicto. Pasa. Y creo que también pasa con el público. Cuando vas a ver un concierto, a veces se te resuelven cosas.

PS: Les traje algunas palabras y quisiera saber a cuál de ellas la asocian más con este disco: Libertad – Felicidad – Plenitud – Paz – Evolución – Amor

Andrés y Nicolás (a la vez): Evolución.

Nicolás: Todas las palabras están. Pero me parece que al ser un tercer disco tenés que priorizar el crecimiento, la evolución. Este es un disco más evolucionado a nivel de búsqueda, buscamos por otros lados, de intentar otros climas, otras instrumentaciones, que por ahí no están en los otros dos. Por eso me identifiqué con esa palabra. Evolucionar no quiere decir hacerlo más complejo o cargarlo de elementos. A veces es al revés. Evolucionar es vivir lo que estamos viviendo ahora, que es la música con un océano en el medio, como dice Andrés, y siguiendo en esas búsquedas que van a estar más allá de la distancia. Este proyecto es eso: cada vez que nos veamos, vamos a juntarnos a tocar y explorar.

PS: Yo encontré una madurez especial en esos temas que escuché. Un aplomo que me pareció nuevo y como si la fuente fuera más el corazón que la cabeza. “Neurology” tiene muchas más notas pero igual tiene una solidez especial. ¿Cómo surgió?

Nicolás: Ese tema es de Andrés.

Andrés: Ese tema yo lo hice porque quería que tocáramos un candombe rápido con el trío. En ese sentido fue como una cosa que busqué. Pero después también le encontré… A veces la composición es un proceso muy misterioso y es muy diferente para todo el mundo. Pero hay veces que es como te dijo Nico de Membrana, que es como que encontrás algo. Y otras veces tenés algo y construís arriba de eso, sin haber tenido un motivo inicial. Es como que vos lo proyectaste. En el caso de este tema fue más así, de ir a buscar un candombe rápido para tocar juntos. Después el nombre… el que ponía nombres así era Charlie Parker: Ornithology, Anthropology… que en realidad es para ponerle un nombre, usando una palabra que te gusta como suena. En mi caso también tiene el significado de que mi mujer es neuróloga y también tiene que ver con cosas que yo hablo con ella, que es interesante, de cómo funciona el cerebro, señales que se pasan de un lado para el otro, impulsos eléctricos que se van conectando, se hacen como redes.

PS: Supongo que es difícil verse como si no fueran hermanos. Pero les pregunto, ¿qué admiran más uno del otro como músico?

Nicolás: Yo admiro su curiosidad de siempre, de seguir estudiando y explorando mucha música. Nosotros, con Martín, como hermanos menores, toda la vida nos beneficiamos de esa curiosidad. También su originalidad. Me parece que es quien le da el mayor toque de originalidad al trío. Tiene la visión musical diferente a lo estándar.

Andrés: ¡Muchas gracias! Yo lo que más admiro de Nicolás es directamente la genialidad. Cuando algo es especial y es muy difícil entender por qué es especial, ¿viste? Hay cosas que vos ves y están buenas, otras mejores y peores, pero hay otras que son geniales. Ya no tienen medida, ya no se puede calificar o medir. No es analizable. Está como más allá de lo que se entiende o lo que se explica. Que eso también es otra cosa de la música, ¿no? Cuánto entra el lenguaje, cuánto entra la racionalidad y cuánto viene del corazón y cuánto viene del espíritu. Pero la genialidad tiene como algo más, como un sello especial que ta. Que uno lo reconoce pero no sabe explicarlo.

PS: ¿Y qué admiran de Martín?

Andrés: Es una persona que domina el sonido como si fuera… no sé, un barco, un avión, que tiene ochocientos cincuenta mil botoncitos y cosas y el tipo lo hace volar como si fuera una seda, todo, sin chocar contra nada, todo suave, todo perfecto.

Nicolás: Martín es el caso de esos tipos que te hacen sentir que tocás bien. Y en realidad es porque estás tocando con Martín. Aparte que tiene una musicalidad y una administración del fraseo y de las notas que es como muy refinado. Es como que te prende el Rolls Royce y te saca a pasear por la rambla. Te hace sentir como que estás en algo elevado. Es tremendo.

Andrés: Totalmente.

Nicolás: Y también creo que la búsqueda del proyecto, que siempre mencionamos, que tiene al candombe, es esencialmente por Martín, porque Martín es el que hace todas esas adaptaciones del candombe en la bata. Me parece que es el que lleva la parte más importante, más trascendente de esa búsqueda. Y creo que Martín —dicho mismo por Osvaldo, incluso por Hugo—, es como el continuador de esa búsqueda del candombe en la batería. Como muchos bateros, ¿no? Pero sin duda Martín es uno de los referentes a ese aspecto.

Andrés: Sí, en este trío es fundamental. Pasa mucho por ahí. ¡Realmente todo sale con una facilidad! No tranca nada. Al revés, impulsa todo. Y cualquier idea es como que se despliega, sin chocarse contra nada, ¿viste? Todo se vuelve fluido, limpio, cómodo, flexible.

PS: A mí me emocionó que en uno de los temas que escuché hay frases que las inician ustedes dos pero las termina Martín con la batería.

Nicolás: Sí, total.

Andrés: Sí, realmente es una cosa muy increíble. Como un lenguaje del ritmo que no es el típico lenguaje del ritmo que es simplemente acentuar. Hay momentos en que realmente habla con el ritmo. Eso también lo hace en el solo de Huella Digital. Todo el significado está ahí. No hace falta ningún acorde, ninguna melodía. El mensaje está todo en el ritmo. No hace falta colorear eso de ninguna manera; no hay que agregarle nada.

PS: Y vos, Andrés, hay momentos en que llevás la melodía y está buenísimo.

Andrés: Eso es algo que hacemos, que nos rotamos… que dos aguantan a uno. No hay puestos fijos.

PS: ¿Eso surge naturalmente? ¿No está planificado?

Andrés: Sí, son cosas que se dan. Es que ahora estamos como descubriendo todo eso porque nos ponemos a pensar pero en verdad son cosas que pasan solas. No hay necesidad de entender exactamente qué es. Ahora que vos lo preguntás, decís: “Claro, pasa esto”, pero en verdad simplemente pasa.

PS: Después de la entrevista, Martín Ibarburu respondió telefónicamente a mi consulta: ¿Qué admirás de Nicolás y Andrés como músicos?

Martín: Muchas cosas, vo. Como guitarrista, para mí es el guitarrista. Yo aprendí a tocar con él. Mi idea de lo que es tocar la guitarra es lo que toca él. Y lo que me pasa es que conecto con mucha cosa de toda la vida. Cualquier composición de él o solo que haga, o hasta a veces escucharlo acompañar, me conecta con un montón de cosas que hemos vivido juntos. Lo escucho tocar y es como… como eso. Es como una mezcla de admiración con algo muy familiar que siento con él.

PS: ¿Como mellizo sentís que tenés alguna conexión distinta a la que podés sentir de repente con Andrés?

Martín: Es diferente, sí. Pero con Andrés igual me pasa algo parecido, porque aprendimos a tocar juntos. Cuando pienso en una manera de tocar el bajo, es Andrés. Yo toco con muchos bajistas y hay muchos que son excelentes pero siempre tengo que estar pendiente de ensamblar con ellos. Con Andrés no pienso en eso, es como algo muy visceral, de una conexión muy profunda que me parece que viene por el lado ese, de haber aprendido a tocar juntos.

Y los admiro profundamente a los dos como músicos, como compositores. Tienen eso, hacen parecer fácil cosas que no son tan fáciles. Yo me doy cuenta, tocando con otra gente, que no es tan fácil (él se ríe… y yo también, porque pienso en cómo Nico y él dijeron lo mismo uno del otro).

Andrés por ejemplo tiene una cuestión de su fraseo muy salada, muy profunda, como que la agarra por lugares que te sorprenden pero con una conciencia salada, con un piso muy grande en su improvisación. Tiene eso.

Y Nico tiene esa capacidad de tocar cosas difíciles. O aunque toque cosas muy sencillas, las hace sonar mejor. Tiene una capacidad para armar voicings, para elegir cómo armar acordes, cómo tocarlos. De repente puede ser una composición súper sencilla y el tipo siempre le encuentra la vuelta para ponerle algo, un chispazo. Eso de Nicolás me genera mucha admiración.

PRESENTACIÓN DEL CD ULTRAMARINO

La presentación del disco contará con un invitado especial: Juan Pablo Di Leone (en armónica y flauta). A continuación comparto los detalles de día, lugar, hora, entradas, para que nadie quede sin la oportunidad de ir a vivir esto:

Viernes 29 de julio a las 21 horas.

Sala Hugo Balzo (Auditorio del Sodre)

Mercedes y Andes.

Entradas: por Tickantel

Foto de portada: Valentina Romano

Entrevistadora: Patricia Schiavone

Entrevista publicada también en Cooltivarte

Listen! Drummer Chester Thompson

Screen print by Patricia

Screen print by Patricia

Next July 28th, 2016, Alphonso Johnson’s Quartet will be playing in Teatro Solís, in Montevideo. This means Uruguayans will have the rare chance of listening live to four wonderful musicians: Alphonso Johnson (bass), Chester Thompson (drums), Federico Ramos (guitar) and Gary Fukushima (keyboards). Some of us are really amazed at the fact that we will be able to attend a concert in which two ex Weather Report musicians will play on stage. This is something so unexpected as mind blowing.

Talking about surprising chances, please be my guest to read my interview to Chester Thompson.

 

Patricia Schiavone: We are really delighted that you are coming to Uruguay with Alphonso Johnson’s Quartet. You have played with Alphonso for a long time. I’d like to know what feels good about playing with this particular quartet with him.

Chester Thompson: We have not played together yet with this quartet. When I get to Los Angeles we will play for the first time. I think he has been playing with them, yes, but it will be the first time to me. But I’ve played with him many, many times and I think we breathe the same when we play.

PS: What does it mean to breathe the same when you play?

CT: It’s like we are so close, we are like one instrument.

PS: Singers usually seek a special emotional state before singing a song. Do you do anything similar?

CT: Sometimes… It depends on what I’m doing. To me it’s very simple. My very simple job is to listen. And I trust it: If I’m listening, then the right thing will happen.

PS: What do you listen to?

CT: When I’m playing, I don’t listen to me. I only listen to the other musicians. It’s like if I’m sitting in the audience and I’m listening to a band. If you listen to a band, you know everything is working ok. And if it’s not working ok, that means somebody is not listening. It means somebody on the stage is only listening to themselves.

PS: I’ve heard you really concentrate when you play.

CT: Yes, I don’t smile much [he laughs].

PS: Have you practiced that concentration somehow?

CT: Yes, yes. If I’m practicing, especially if I’m practicing something very difficult, very challenging, if I listen it comes much more cooked than if I think about it. If I think about it, the brain will make it confusing. I tell my students this: “Don’t think so much; only listen.” Because if not, you lose it. Music is to be listened to.

PS: You know, I wonder how did you manage not to hurt yourself when rehearsing for so many hours and touring so much.

CT: It’s very simple. If I’m doing something that hurts, I don’t do it anymore. Actually I’ve changed my technique many, many times. The moment it hurts, I change it. It’s a very physical instrument. You have to hear what your body says. Most drummers sit very, very low. I sit very, very high. My legs are very long and it feels natural to sit high, so that my legs are down. If I play with my legs up, it hurts my back very quickly, so to me it’s silly to do that. Also the drums should not be played with the elbows out. When you play in an orchestra, you learn to play with your elbows out a little bit, but in the drumset that does not work. In the drumset you have to be completely relaxed. And it’s really more fingers than anything with the sticks. A little bit of wrist and a lot of fingers. Not so much wrist and not so much arms.

PS: Tell me, have you had moments of stagnation, when you didn’t advance in your playing?

CT: Yes, of course. Many times.

PS: And how have you dealt with that?

CT: Well, you practice more [laughs].

But when you learn about listening… everything makes more sense. It’s more connected. Because there’s too much thinking, you are always thinking about what you do. And it is happening too fast to think about it. Even now, if I play something I know, if I start to think about it, I will make a mistake.

PS: Taking what you said about concentration and not thinking, do you practice meditation?

CT: No. I pray a lot. I’m a Christian. But to me it’s really about focusing on what I’m doing.

PS: If you could give a piece of advice to 13-year-old Chester, which would it be?

CT: [He laughs]. Oh, My Goodness! Wow. This is very interesting. I remember this guy [more laughs]. Because this is the year when I started playing in nightclubs. And this is also the reason why when my son was 13, I stopped touring, to be with him. For a boy it’s a crazy time, because inside you’re becoming a man but your mind is not of a man yet, and your body is changing. It’s very confusing. Mmm, I don’t know… I think I would tell me to just learn to relax. I think I would practice differently if I knew at that age what I know now. I enjoyed practicing. I never had a problem to practice. But, I would tell him to listen more. Not only to music but also to people. I was not a tough guy. One of my pleasures was reading. I used to read a lot, and I still like reading. Maybe, I’d tell me to be patient, although I was at that age. But I remember that it was a confusing time. I grew without a father. My mother was great, but at that age a boy needs a father to talk to. I think I would have had more discipline if I had had a father. Not in drums, because I had discipline in it, but in everything else.

PS: If your students took home only one lesson from you, which one would you like it to be?

CT: Well, there’s a couple of things. First, if it’s difficult, play it very slowly… many, many times and you will hear it get better each time. And this in combination with the listening. Because we cannot be in hurry to be fast. If you do it over and over, speed will come anyway. And sometimes I tell my students, if they almost have it but not quite, I tell them: “OK, next time when you play it, I want you to listen and to imagine that you are teaching someone else how to do this, and that you are listening to see if they are playing it correctly”. Then, they always play it right.

PS: Why is that so? What does teaching have to do with it?

CT: Because it changes the side of the brain. The listening side and the creative side is different to the intellectual side. That is why we can enjoy music: because music can take us to another place. I mean, sometimes you need to do both [listening and thinking]. When I have to read music, I have to do both and it takes a long time to be able to do both. But in the beginning, when you are just trying to learn, it’s important to slow it down, use the brain to keep the time. If you listen and not stop when you make a mistake, if you just do it over and over and over, if it gets a little bit better each time, then it’s good. It doesn’t have to be perfect the first time or the second time.

PS: Why did you choose to teach?

CT: Oh, I only started teaching because in the university where my son is going the drum teacher left. They asked if I would come and teach. And I didn’t like what he was teaching my son; I didn’t like the way he taught. I always want to give my son everything, but it’s very difficult to teach your son. Suddenly, I had the situation that I could teach him and if he didn’t listen to me, instead of giving him an A, I’d give him an F. And I get paid, also! [laughs]. So, it was only to teach my son, because I wanted to make sure he had the right thing.

PS: And what happened then. Did you enjoy teaching?

CT: Yes, I found that I really liked it. Because I used to never teach, I have to say. If somebody asked me, I used to answer “No, I don’t teach”. But after this I found I really enjoyed teaching, I really like it… but I like playing more [he smiles].

PS: Have you been in South America before?

CT: Not in Uruguay. You see, three years ago I made a tour for DW drums and I’ve been to Brazil a few times, to Ecuador, Lima, Perú, Central America a few times, Salvador. I’ve been to Buenos Aires in Argentina, but I’ve never been to Montevideo.

PS: Now that you mention Brazil. How did you meet Hermeto Pascoal?

CT: Oh, man. I was playing with Airto and Flora. I knew these people from Weather Report. And they asked me if I wanted to record with Hermeto and I was very excited.

PS: Did you meet the pigs during the recording?

CT: [Laughs]. No, no, no. I didn’t meet the pigs. And after the recording I was in his house, in Brazil, and there were no pigs. [Laughs].

[Chester Thompson recorded, together with Alphonso Johnson, 3 tracks of Hermeto Pascoal’s CD “Slaves Mass”, 1977. Two pigs were taken to the studio to be included in the recording].

PS: Do you remember how did playing with Weather Report feel?

CT: [He smiles in a very beautiful way]. Oh, goodness. It was magic. Really, really amazing. By the time I started playing with them I had played with Frank Zappa, which was completely different. I had gone to rehearse in Los Angeles and somebody told me that Weather Report was looking for a new drummer and he told me to come and jam with them. I told him that I’d like to come and jam but I did not want to audition. He kept saying, oh, no, it’s not an audition. So I went there, and of course there was another drummer there. I was very fortunate to have been chosen. The other drummer was very good. They asked me if I could play with another drummer but I had already played with another drummer with Zappa and I told them I didn’t want to do that again.

PS: Why not?

CT: Because to play with Weather Report you have to have freedom.

PS: But then you played with another drummer, with Phil Collins!

CT: Oh, yes. He asked me because he knew I had played with another drummer with Zappa. I mean, Ralph Humphrey is a fantastic drummer, but we feel music very different. It we listened very closely, it was ok. But with Phil Collins, from the very first time we played it felt like we were one person; it felt as if we were playing together for a few years. So it was very easy.

PS: That amazes me, because the styles of music you played before were completely different.

CT: Yes, but he listened to the same people I listened to: Elvin Jones, Max Roach, Tony Williams. So we grew up listening to the same music. I had not listened to so many British musicians as him, but we both listened to the same jazz musicians. Playing together was very natural.

PS: Have you had the chance to listen to some candombe or not?

CT: Not so much. I’m curious.

PS: You have been in bands that have split apart and you have been in bands that have stayed together for a long time. What do you think it is necessary for a band to stay together long.

CT: It’s such a difficult question. I don’t know… chemistry. Everybody has to want the same thing. And you have to be patient. You cannot be selfish. It’s important to see what is best for everybody. In Genesis we had a very unusual chemistry. I had never seen something like this. There was no leader. People think there was a leader, but there was no leader. We were all equal. And the Manager was just as important as musicians.

PS: Why is it that you sold not many copies of your first solo album, “A Joyful Noise” (1999)? (*)

CT: Well, you have to have promotion, advertising. The company is very small and the copies are distributed by another company, which makes more efforts for musicians who record under their label.

PS: Chester Thompson, it will be a real pleasure to have you here. I heard you say that if you had a superpower you would like to make everybody feel joy. I would like to tell you that you are already making people feel joy with your playing. Thank you.

 CT: Thank you!

Screen print by Patricia

Screen print by Patricia

(*) His first solo album, “A Joyful Noise” was released in 1991, receiving excellent critic in the jazz circles. This record was re-edited in 1999. In 2013 he released his album “Approved”. I must say I’ve listened to both and they are, as I expected, wonderful masterpieces. I fully recommend you to get a hold of both of them.

Chester Thompson has played, recorded and toured with Frank Zappa, Weather Report, Genesis, and Phil Collins.

As a session player, he worked with several pop, rock, jazz, rhythm and blues, and religious performers, including Neil Diamond, Ron Kenoly, Duane Eddy, John Fogerty, George Duke, Michael McDonald, Steve Hackett, Kirk Whalum, Andy Williams, Denny Jiosa, Donna Summer, Napoleon Murphy Brock, Andrew Oh, Hermeto Pascoal, and others.

Believe it or not: Alphonso Johnson’s Quartet will play in Teatro Solís

On July 28th, 2016.

An additional note on the 28th show: Guitar player Federico Ramos is Uruguayan, born in Treinta y Tres. He has played with several musicians: Eduardo Mateo, Ruben Rada, Hugo Fattoruso, José Luis Pérez, Dr. Yusef Lateef, Jon Anderson, Milton Nascimento, Ray Brown, Jr., Freddie Hubbard, Cheb Mami, Joan Sebastian, Alejandro Fernández, Vicente Fernández, Jon Hassell, Mark Isham, Elton John, James Moody, Terry Plumeri, Hans Zimmer, John Powell, etc.

Rock de raíz: Entrevista a Dinamita Pereda

New York 2014 by David Carlo

 

Banda uruguaya de rock and roll, con sonido de los años 60, Dinamita & La Swing Factory se presenta en la Sala Zitarrosa este 21 de junio. Conversamos con (Federico) Dinamita Pereda. Compartimos el diálogo y también la recomendación de agendarse este show que promete. Si no has escuchado a la banda, te recomiendo que antes del toque te des una vuelta por Youtube y escuches un par de videos. Apuesto que coincidirás conmigo en que es una banda que sorprende.    

 

¿Cómo fue tu formación musical?

Autodidacta. Mi padre me pasó los primeros rudimentos de guitarra. Después me dediqué a aprender algunas canciones clásicas del rock de la época en que estaba aprendiendo, esa época de los 90, en la que yo era pre-adolescente (Nirvana, Green Day, etc.). Enseguida me conecté con un amigo que tenía una gran experiencia y formación en los discos de rock viejo, de los 60. Ahí fue donde empecé a experimentar lo que es tocar en una banda. A los dos años de empezar a tocar, estaba tocando en esa banda que armamos con él. Aprendí mucho ahí. Así que mi formación musical fue principalmente escuchando discos y tocando. Después tuve una segunda etapa que fue tomar clases de guitarra con el Pájaro Gara, que es un profesor muy grosso, que le ha enseñado a medio Uruguay. Gran docente y gran violero, gran persona también. Todos los guitarristas de la vuelta han estudiado con el Pájaro y él me aclaró un montón de tantos de la teoría de la guitarra rock. A partir de eso fue aprender música por aprender canciones y por tocar mucho. Nunca hice un entrenamiento formal.

¿Tomaste clases de canto?

No, no hice clases de canto. Pero bueno, está ahí. En la banda está también la familia, mis dos hermanas en las voces. Naturalmente hay ahí un gen musical.

Ellas hicieron algo de clases de canto lírico, una vez que ya cantaban bien. Pero no, es una cosa más orgánica. En la banda actual tenemos al bajista que hizo universidad de música. Él toca música clásica, jazz, funk, candombe, rock and roll, toca lo que venga. Pero yo nunca tuve una formación clásica. Siempre fue de pasarnos piques con amigos. Siempre aprender mucho de escuchar y de mirar. Y no cerrarte nunca a ningún estilo, que eso siempre suma. Aprender canciones de Zitarrosa, de los Beatles, Bob Marley, etc.

¿Te gusta escuchar música?

Me encanta. Hubo una época en que había dejado de escuchar pero hace un tiempo que volví fuerte a escuchar música. Siempre vuelvo a escuchar los discos que me han marcado: los primeros discos de Led Zeppelin, los primeros de los Doors, los Stones. Sigo escuchando eso. Hay mucha música que me gusta, no soy cerrado a nada, pero hay ciertos mojones que para mí son como biblias. También escucho todo el tiempo otro montón de bandas oscuras de la época: Free, Humble Pie, Johnny Winter, Mountain… toda esa generación de Woodstock.

De hecho nosotros ahora estamos sacando un disco en vivo, que se llama “Totalmente vivo”. Lo colgamos en las redes y en ese disco hacemos unas versiones de Janis Joplin, Aretha Franklin, los Stones, Jefferson Airplane… toda la generación de los años 60. A lo que voy, sigo escuchando a artistas de ayer y de hoy. Los de hoy son menos, pero sigo encontrando artistas que me copan mucho.

Hoy es tan vasta la biblioteca de música que hay en internet, que es difícil llegar a cosas nuevas que realmente te motiven. Antes se filtraba más, por ejemplo en un programa de radio o en una revista especializada. Hoy por hoy hay tantos medios que suben música que más allá de que sea buena o mala, la oferta es enorme, y antes de llegar a algo que le guste, el público tiene que bucear en la red por horas.

También están los servicios de streaming con sus recomendaciones. Por ejemplo, Spotify. ¿Quién es el señor Spotify para recomendar música? Hay todo un sistema de empresas que se dedican a eso, a linkear para que el tipo que escuchó un disco conocido, tenga una recomendación del artista nuevo.

Pero bueno, nosotros elegimos el camino independiente y estamos trabajando a full en eso. De hecho no creo que la nuestra sea una música que esté de moda pero tampoco creo que esté pasada de moda. El rock siempre está ahí. Tendrá más o menos seguidores según la época. El rock que yo busco predicar está fuera de la órbita de lo que a la gente le parece que está de moda, pero en realidad cuando salgo a tocar me doy cuenta de que mucha gente se siente identificada, y me dice cosas como “Qué bueno esto y qué buena esta onda, que hace mucho que no veo una banda que me transmita este rock and roll de raíz”.

Lo que yo noto con tanta oferta es que, por lo menos en el rock, no hay tanto compromiso con la música. Es más como una receta: filmo un video, lo estreno por Youtube, tiene que pegar. Si la canción no tiene 50.000 vistas, no es una buena canción, entonces la banda no funciona. Y están mas pendientes de eso, de pegarla. Pero, al fin y al cabo, son las canciones las que perduran en el tiempo.

¿Vos qué buscás transmitir?

Yo soy como un activista de ese rock and roll, de una manera de vivir la música, que para mí es mucho menos pensada y estructurada. Es más cómo lo siento. Experimento mucho en el momento, con la vivencia, con el happening. Improviso un solo, cambio una letra. En los shows a veces no sabemos en qué orden vamos a tocar las canciones. Elijo tocar una canción porque es la mejor para ese momento. Esa es una manera de vivir la música que yo defiendo. Más allá del estilo, para mí es una manera de interpretar la música. Muchos amigos músicos me han expresado sus respetos porque mantengo un estilo propio y lo defiendo con amor.

Trato de captar la esencia del rock de los 60, cuando todo era un poco más libre. No estaban pensando en el hit. Se dio naturalmente que esas bandas se transformaron en hits pero no lo buscaban. Los Rolling Stones querían ser la mejor banda de blues de Londres. No arrancaron a tocar blues porque estaba de moda. Ellos lo pusieron de moda. Y pasó todo lo que pasó porque ellos estaban convencidos de lo que querían hacer.  Yo quiero tocar las canciones que me pinta tocar, con la gente que me gusta tocar y gracias a Dios hay un montón de gente que se viene copando, orgánicamente.

Hay un montón de bandas que están en la misma: en la búsqueda de la canción, en laburar, en tocar en los bares. Tenemos una especie de conglomerado de bandas amigas, que se llama Bestiario, y estamos ahí para armar festivales y ciclos juntos, compartirnos ideas, piques de sonidista, de salas, y ahí hay un montón de bandas en el mismo camino. Con sus diferencias de sonido, etc.

Nosotros quizás tenemos una estética marcada bien arraigada a la música de esa época. Aunque lo que nosotros estamos haciendo es música de 2016, pero tiene ese sabor. Y a mí me encanta que tenga ese sabor. Por lo menos tiene un sabor definido. Yo sé que estoy convencido de lo que estoy tocando. No lo cambiaría.

A la hora de componer, ¿por dónde surgen generalmente tus canciones?

Generalmente compongo desde un riff, o un arreglo, o una progresión de acordes en la guitarra y una melodía que se me ocurre para la voz. A veces compongo directamente melodía y letra, como “La canción solitaria” que fue así. Pero otras veces se me ocurre alguna temática para escribir, una idea. Por decirte algo, un título, y a través de ese título con la música y con una idea vocal, a veces por fonética y a veces por destruir la fonética. Es eso… se me ocurre un título y a través de ese título desarrollo la letra. El proceso de composición puede llegar a ser muy inconstante. A veces una canción la componés en cinco minutos y a otra en tres años.

¿Componés todo vos?

Generalmente compongo solo yo, pero a veces componemos con amigos. No es fácil que todos los intérpretes lleguen al lugar de compositor, aunque siempre pueden aportar ideas. Ahora en la Zitarrosa vamos a presentar una canción nueva, que hacía como dos o tres años que la venía trabajando, y ahora la voy a presentar porque ya está sonando como quiero.

¿Te gusta más tocar en vivo o grabar un disco?

Me gustan las dos cosas por igual; me excitan demasiado. Me gusta mucho tocar en vivo. De ahí el título de este disco “Totalmente vivo”. Habla un poco de la sensación que te da cuando estás tocando, que es realmente precioso. Poder estar tocando y sentir que está saliendo todo bien, porque estás tocando con gente buena onda, con quienes nos entendemos en un mismo lenguaje. Eso también lo transmite La Swing Factory: una buena onda, descontracturada, energía, familia. Aflojar un poco la campera y disfrutar. No es un rock que te ponga tenso o loco. Lo que transmite La Swing Factory es gozadera y rock and roll desconstracturado y no duro.

Generalmente después de tocar me siento realizado. Como es un proyecto autogestionado, nosotros trabajamos mucho: desde la prensa, las redes, los ensayos, armar el show, cargar todo, bajar todo, invitar a la gente, el desarme, etc. Siempre doy todo en el escenario. Después de los shows quedo para tirar. Generalmente me duermo con la ropa puesta.

Pero el vivo me gusta tanto como el estudio. El estudio me encanta, porque es donde puedo dejar plasmado lo mejor que sé hacer. Pero las dinámicas son distintas. Podés estar un tiempo interminable grabando un disco y en el escenario está la inmediatez… es otra cosa. No tengo predilección. Yo sé  que hay gente que le gusta más grabar y sé que hay gente que no se lleva bien con el estudio, que le parece una tortura el proceso de grabación.

A mí me gusta mucho también grabar en vivo. Ya teníamos un disco anterior en vivo, que se llama “Río Bravo” y ahora este que estamos sacando. Cuando presentamos “Río Bravo” en el Notariado, grabamos el disco en vivo que se llamó “Río Bravo Live”. Y ahora “Totalmente vivo”, que es la versión en vivo de “No hay más tiempo que perder”. Como es independiente, saco un disco cuando se me da la gana. Tomo las grabaciones en vivo, crudas. Es el feeling de un concierto en vivo, sin ningún proceso extraño, directo del teatro. Es como en los años 60, que un disco en vivo era una foto de esa noche. No es como lo otro de tratar de que un disco en vivo suene como en el estudio, que entonces le volvés a grabar una voz, o una guitarra, y entonces ya no es ni una cosa ni la otra. No quiere decir que eso no esté bueno pero ta, me gusta mantener una impronta orgánica de lo que hacemos.

¿Cuál es la diferencia entre cantar rock and roll en español y en inglés?

En realidad todas las canciones que a mí me influenciaron de chico eran de rock en inglés. Cantar rock en español es más difícil. Es más difícil llegar a la fonética, que suene bien. También porque hubo años de ese prejuicio. Ahora ya está más que instaurado el rock en español. A mí me nace hacerlo de las dos maneras instintivamente. Si pienso que una canción va a sonar mejor en inglés, la hago así, o si pienso que va a sonar mejor en español, la hago en español.

Tocar en inglés me ha facilitado tocar en Estados Unidos, en el circuito de los bares de New York. El primer disco, que es mitad en inglés y mitad en español, me sirvió de carta de presentación y me permitió tocar ahí.

¿Qué te dejaron esas experiencias?

De todo. Mucha música. Las relaciones humanas con músicos grossos, muy comprometidos con su instrumento, con la dinámica de tocar, de ensayar, de estar siempre dispuestos a la próxima oportunidad. Allá es diferente porque se puede vivir profesionalmente de eso y porque el músico tiene otro respeto. Cuando el artista es bueno, la gente lo respeta mucho. Allá el público en general valora más al músico,  cuando hace algo que ellos consideran que está bueno. Y por otro lado, tuve experiencias hermosas en estudios de grabación. También pude conocer el negocio de la música. Como allá el mercado es tan grande hay un montón de eslabones en el negocio de la música, de puestos de trabajo que acá no existen, porque no son viables.

¿Teniendo esa posibilidad elegís tocar en Uruguay?

Yo soy de acá, y el proyecto con el que estoy ahora es defender mi música, la banda, el repertorio de la banda, y aportarle al Uruguay algo que es difícil de encontrar. Quizás el trabajo es doble pero creo que quedar bien representado en las raíces de tu pueblo, de tu ciudad, es muy importante y eso después te ayuda. Grabo un disco en español y lo quiero defender acá. Puedo llevar un disco en español a EEUU pero la idea es defenderlo acá. Y este show en la Zitarrosa es una gran presentación donde vamos a repasar y representar y reivindicar todo lo que ya hicimos.

¿Qué músicos forman La Swing Factory?

Tenemos un cambio en la formación. Volvió el bajista original de la banda y entró un guitarrista nuevo. En el show de la Zitarrosa vamos a tocar: Federico Dinamita Pereda en guitarra y voz; mis hermanas Lucía y Josefina Pereda en voces y percusión; Esteban “Chicu” López en batería; Juan Correa, alias “El Mucho”, en el bajo; Javi González en guitarra; Marcelo Castro en percusión y Pablo Marichal en pianos.

 

Sesiones Para Pardelion Music Tv

 

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Fotos: cedidas por la producción.

Entrevista hecha para COOLTIVARTE.

Entrevistadora: Patricia Schiavone

 

Entrevista a Nano Stern

¿Cómo viviste el show de anoche?

Ah, con mucha alegría. Muy rico, muy rico. Yo venía saliendo de tres semanas sin hacer concierto, que es lo más que he pasado sin tocar en el último tiempo, porque justo ha sido un verano muy intenso en Chile. Entre medio fui a Nueva York, también, que fue un concierto muy grande. Fue muy ajetreado. Luego paré. Entonces ayer era esa sensación como de nerviosismo que da solamente una vez al año, si es que, ¿no?, como decir: “Uh, ¿me acuerdo o no me acuerdo?”. Me pillé en el camarín también repasando algunas canciones, que es algo que no hago nunca, porque toco tres, cuatro veces a la semana. Y por lo mismo fue un concierto para el cual tuve mucho más tiempo que lo normal para imaginármelo, como para prepararme psicológicamente, para decir: “Bueno, es importante, vamos a Montevideo con Loli. Es un lugar muy hermoso con una tradición gigantesca, que admiro mucho pero que no conozco en profundidad, y que por otro lado también me parece que no me conoce nadie aquí”. Lo cual es como un contexto muy ideal para mí, porque es venir a tocar a una sala linda, que estaba llena, con un público que no conoce mucho mi música pero que conoce mucho de música y siento que es una energía con la cual me es muy natural sincronizar. Con lo que pasa acá, con las miradas de la gente. Yo creo que testimonio de eso es el silencio, así, impresionante que había cuando tenía que haberlo y la efusividad y cariño que había también en otros momentos. Fue muy lindo eso. Así que muy feliz, creo que también es un privilegio tocar con Loli también. Yo creo que el arte de ella es muy sublime. Esa sería la palabra que elegiría para describirla a ella y a lo que ella hace. Y somos muy amigos y nos queremos mucho, entonces es muy natural subirnos a un escenario y cantar juntos. Era la primera vez que hacíamos un concierto así, entero, compartido. Tocar juntos fue muy lindo, muy refrescante. Por ejemplo, lo dije ayer en el concierto, que es muy emocionante que “Luchín” –la canción con la que abrimos– y “Puerta de los dos” –con la que cerramos– son canciones que nos hemos enseñado el uno al otro. Entonces es muy genuino, ¿no? Y como estamos recién haciendo un concierto así, quién sabe si se repite, no solo es genuino sino también es único. Como una joyita, una cosa que me dan ganas de haber ido también a escuchar ese concierto. Así que estoy muy contento, con una sensación linda. También pudimos cubrir nuestros pasajes que no es algo que uno dé por hecho. Muchas veces los músicos terminamos pagando de nuestro bolsillo para poder vivir situaciones como esta, de ir a otro país a mostrar lo que uno hace. Ayer apostamos y la gente nos acompañó. Entonces también eso se agradece mucho porque implica la posibilidad de seguir haciéndolo. Que no estamos inventándonos unas ideas como medio locas en la cabeza, sino que de verdad hay un lenguaje en común y hay unas ganas de conocer lo que está pasando en otros lados.

Durante esta estadía ¿pudiste escuchar algo de música de acá?

Sí, la primera noche que estuve acá, con Pablo Fagúndez, mi compadre, fuimos a La Terca, y hubo una sesión de esas cuando se junta la gente a tocar. El formato era muy lindo: un guitarrista tremendo, un trompetista español, un cajón, Pablo en el contrabajo, dos violines (con el primer violín de la Filarmónica de la ciudad), y un bandoneón. Entonces también era muy especial porque de repente tocaban milonga, tango, y yo decía: “Bueno, para mí esto es como un safari”. Es decir, escuchar música que para nosotros existe como en el mundo del costumbrismo, como de la imagen que uno se hace de este lugar, pero venir acá e ir a un lugar súper under y terminar en eso me pareció muy real. Y eso versus la opción de no ir, conscientemente, al Estadio, de repente. Yo atesoro mucho más estar en un subterráneo escuchando lo que se toca acá que en un estadio, con las luces y todo. En ese sentido fue muy nutritivo.

Cuando tocás vos, ¿a ti te gusta más también un lugar chico?

A mí me gusta tocar en todo tipo de lugares. Este verano quedé un poco traumado de los festivales muy masivos, donde no hay mucho criterio de curatería, de lo que está pasando, sino que hay lo que sea. Y ahora yo en Chile estoy entrando de a poco a un nivel de masividad que me permite ir a esos festivales, que en realidad son importantes por dos razones: una, porque pagan bien, y es importante poder sustentar los proyectos. Es un tema muchas veces tabú, pero para ser músico hoy día hay que bancársela y en pos de poder tener un proyecto, de hacer cosas lindas, como decir “voy a Uruguay a riesgo, vamos a ver qué pasa”, también hay que hacer lo otro. Pero por otro lado, mucho más importante, es que son festivales que te permiten acceder a todo el público, a toda la gente. Y por supuesto que eso también es exponerse. Hay un riesgo de llegar a lugares donde las cosas que yo hago en Chile, a pesar de que ya soy más conocido, no es una música directamente masiva. Por ejemplo no me tocan mucho en la radio, ni salgo mucho en la tele, sin embargo hoy se puede prescindir de eso porque obviamente existen muchas otras maneras de promocionar lo que uno hace. Pero respondiendo a tu pregunta, me gusta tocar en todos lados. Y sobre todo el cambio, porque pasar de una a otra te hace mantenerte en punta de pie. Si no, uno puede achancharse. Yo he tenido la experiencia de hacer giras grandes, de quince conciertos seguidos con el mismo equipo, el mismo crew, en teatros. A veces se vuelve un poco irreal… la maquinaria ya te traga. Entonces cambiar de chico a grande, solo, trío, en otro idioma, es como que hay que estar despierto y estar presente. Y estar muy atento a lo que está sucediendo.

Y también para que no se vuelva rutinario.

Ahí yo creo que también está el oficio, de no solo hacerlo bien hacia afuera sino también de tocar esa fibra, el lugar desde el cual uno comunica de verdad. Que tampoco necesariamente significa desangrarse cada vez, porque no tiene sentido, y no es un camino sustentable. Ayer, por ejemplo, con Loli, cantando La Flor del Cactus: Si yo me sumerjo en lo que realmente me estaba pasando cuando escribí esa canción, entonces no la puedo cantar. Entonces hay que aprender también a encontrar ese lugar en el cual uno canta de verdad pero uno se mantiene a cargo. En ese sentido yo admiro mucho, mucho el oficio de los chamanes. Y creo que el escenario tiene un poco de eso también. Yo creo que el concierto es un rito, estoy muy convencido de eso y nosotros por ese momento, por el rato que nos toca estar ahí, estamos a cargo de llevarlos a todos, de guiarlos a todos. Y los chamanes en las ceremonias de medicina ancestrales, ellos toman la misma medicina que todos pero tienen el oficio para mantenerse a cargo, para llevar las riendas del bicho y decir: “Por más intenso que sea lo que yo estoy provocando, yo tengo la capacidad de dar un pasito para afuera, mirarlo, observarlo, entenderlo…” casi con una frialdad pero una frialdad que no es calculadora, sino que es cauta. Es como de decir “estamos muy exaltados, pero aun así tengo una parte de mí que está mirando todo y diciendo ‘después vamos a ir allá’ ” y agarra el timón.

Eso no se aprende en un día, ¿no?

No. Yo creo que no se termina de aprender nunca. Porque además depende completamente del contexto al cual te enfrentas. Quizás uno aprende a ir manejando la situación, pero la situación es siempre otra. No es como una receta. Es más bien herramientas que uno va desarrollando. Y bueno, a mí me pasa todavía, no mucho pero me pasa. Que de repente se me va de las manos, ya sea porque no logro emocionar, o porque me emociono demasiado y como que me involucro más de la cuenta y entonces eso tampoco está bueno. Bueno, a veces sí, ¿no? Pero creo que hay una línea también en pos de la música. Quizás antes, más pendejo, yo también tenía más esa búsqueda de ir a la máxima intensidad emocional todo el rato, todo el concierto, dos horas de absoluta… pero ahora entiendo que es como la vida misma. Hay momentos en que hay que ir ahí y momentos en que no, porque si no, no hay contraste, entonces uno pierde la noción de la intensidad. No se puede ser completamente intenso todo el rato, no tiene sentido, duele. Termina por hacer como un daño, igual.

Con lo que estás diciendo estás hablando de lo que entregás. ¿Y cuánto recibís vos del público?

Uno de mis propósitos actuales y de los desafíos que me planteo es recurrir menos al recurso de “vamos, participemos juntos”, que yo lo hago mucho. Incluso anoche, dentro de lo que acostumbro, fui tranquilo. Tengo un poco la necesidad de escuchar que cantan fuerte, aplauden, y se involucran. Y de repente yo digo: “no es necesario, ¿no?”. Es como tener la certeza de que uno está calando sin tener que recibirlo de manera explícita de vuelta. Porque tampoco es que me interese llegar al contexto ese de música de salón en que la gente educadamente solo aplaude al final. Pero un punto medio. Siento que por mis propias inseguridades de repente abuso del recibir la energía de vuelta. Y también es como una energía muy adictiva. Como es mucha, te nutre. Pero insisto, y tiene que ver nuevamente con los chamanes: Yo creo que lo que intento ser es un canal, más que una fuente. No me interesa sacar de mi energía para entregarla, sino que me interesa utilizar mi energía para poder canalizar la energía y compartirla. Siento que uno es como el centro de un reloj de arena. Hay que saber convertir eso que está ahí y entregarlo, y eso por supuesto es mucho menos carga que si uno fuera a poner esa energía. Es algo más energizado que cansado.

¿Me contarías alguna experiencia musical que vos te acuerdes y consideres que ha sido de las mejores que has vivido?

Uh, me acuerdo de muchas. Me acuerdo del abuelo tocar el acordeón. Se murió cuando yo cumplí 5 años, entonces fue por ahí… no sé cuándo pero me acuerdo de eso. Mi primer recuerdo nítido es mi primera clase de violín a los 4 años. No me acuerdo de la clase, me acuerdo saliendo de la clase y que iba saltando de alegría por una calle. Y de grande son muchos momentos muy sublimes, muy increíbles. Muchas veces me ha pasado de decir “qué mierda estoy haciendo acá”, y me sigue pasando. Y espero que me siga pasando siempre. Procuro mantener una inocencia al respecto. Y creo que parte de eso es no darlo por hecho. Todos los días decir “qué suerte más tremenda; qué privilegio; qué regalo de la vida poder hacer esto”. Es lo que hablaba ayer de los espejos, de verse… y claro, cuando me siento una mierda también me recuerdo de lo afortunado que soy, que tengo que ser consciente de eso.

La tristeza forma parte de ser ser humano, tengas la vida que tengas.

Sí, pero más allá de la tristeza o la alegría es la certeza de que la vida nos sonríe. Yo pienso que la vida está llena de catástrofes y cosas que pasan pero mientras no pasen, que nosotros estemos felices. Un amigo mío, Joe Vasconcellos, dice: “La alegría es algo que yo me tomo muy en serio”. Es una frase muy, muy bella.

¿Qué otras cosas, además de la música, te hacen feliz?

Bueno, hacer un asado con los amigos. Por supuesto que el amor, el enamoramiento, la complicidad, la intimidad tranquila. Y por sobre todo, pero por lejos, la naturaleza. El momento en el que uno se quita el velo y se vuelve a dar cuenta de lo que uno es. Que no estamos en, sino que somos. Y en Chile, afortunadamente, eso es una realidad bastante cotidiana para mí, porque de partida tenemos los Andes, cerca. Yo voy mucho al cerro. Y el país que es gigantesco, con 6 millones de personas que están la mitad en Santiago y la otra mitad repartidas muy de a pocos. Entonces siempre que voy de gira procuro ir a los parques. Yo creo que nada me hace más feliz que eso en la vida. Es lo máximo. Para mí eso es la máxima expresión de ser humano. Bien lo dijo un amigo mío en Australia: “Yo creo que nosotros estamos aquí para contemplar”. Somos la conciencia de este mundo. Nos tocó, nos tocó esa habilidad de ser conscientes de la belleza que nos rodea.

Cuando componés, ¿se da un patrón de que siempre compongas desde el mismo lugar emocional o no?

Hay varios distintos. Soy poco eufórico. Más bien diría que hay algunos lugares desde los que no me surge. Tengo hace un tiempo un cierto bloqueo con escribir canciones de amor. Hace mucho que no escribo. Y ahora estoy muy enamorado. Entonces como que me es raro. Pero también me doy cuenta que entre más canciones he hecho, me voy frenando más también. Como que aporta madurez pero quita ingenuidad. Algunas de mis canciones más conocidas en Chile son muy, muy inocentes, muy ingenuas. Anoche de esas no toqué casi ninguna, pero yo digo: “Al día de hoy, ni cagando escribiría esa canción, … pero imposible”. Pero sí las canto y hago el ejercicio consciente de amigarme con ese mismo que era yo un tiempo atrás y soy capaz de aprender de esa persona que ya no soy yo pero que cantó honestamente eso y que resuena con la gente. En ese sentido sí que me viene de vuelta más que de ida. Como que yo canto la canción, como cuando uno está triste y sonríe por sonreír y te hace bien y te sientes mejor… es como eso. Bueno, yo la voy a cantar a ver qué pasa e inevitablemente pasa, y después me pasa a mí de vuelta.

Es que a medida que avanza la carrera de un artista la responsabilidad empieza a pesar, ¿no?

Sí, la exposición también. Yo siento que los cabros de 19 años que están tocando en la calle están parados en una esquina contándote su máxima intimidad y yo cuando estoy en un estadio y hay 10.000 personas cantando la canción… como que chucha, no sé si te quiero contar mi verdadera intimidad, porque la protejo también. Pero lamentable, porque claro, ahí está el condicionamiento un poco inevitable en el mundo mercantilizado que vivimos, y más encima el mundo del espectáculo, en que es imposible en realidad ser un artista exitoso y no ser famoso como persona. Es una mierda, también. Porque ser famoso te roba o te hace muy celoso de tu intimidad, y eso no necesariamente te hace bien como artista. Pero también a mí me ha enseñado a escribir desde otro lugar. Desde una noción quizás menos intimista y más descriptiva con respecto a lo que nos pasa como sociedad. O de repente apreciaciones muy puntuales pero de cosas que nos pasan a todos. En ese sentido yo creo que Cabrera es como el Máster. Cómo saber sintetizar en una poesía y en una música muy sutil algo que en el fondo es lo que le está pasando a través de él pero que está pasando ahí afuera. Es muy hermoso. Es muy bello. Por eso lo admiro mucho, mucho. Tanto que es como un pintor o un fotógrafo, en realidad, más que un músico.

¿Y musicalmente qué te dice la música de Cabrera, más allá de las letras?

Me dice que menos es más. Si alguien quiere hablar de eso, ahí está. Basta con escucharlo a él. Yo he tenido la suerte enorme de poder  –una vez en realidad– tocar con él. O sea, hemos tocado en conciertos un par de veces, pero una vez fue a mi casa y pasamos la noche entera cantando y fue una experiencia muy transformadora. Poder conversar juntos de música, de su música. Que él mismo me explicara por qué toca esa nota en ese momento y no antes ni después, ni el acorde. Siendo que es un guitarrista que podría hacer cosas muy complejas y ser muy barroco, es todo lo contrario. Como un minimalismo muy increíble. Y yo siento que tengo mucho que aprender porque mi instinto es más bien barroco.

Pero llega lindo, llega lindo.

Sí, y tampoco tengo cómo negar mi manera de ser. Es lo que es. Pero qué rico que es poder aprender de alguien que es tan distinto, tan hermoso y poderoso al mismo tiempo. Cómo generar tanta, tanta energía con algo tan sutil. Cabrera es algo así como la mariposa que causa el huracán del otro lado del mundo.

¿Querés contarme algo de tu último disco, “Mil 500 Vueltas”?

Es un disco que me gusta mucho. Estoy muy orgulloso de él. Fue una producción muy grande, con más de treinta músicos y varios invitados y ahora, a fin de mes, vamos a presentarlo en vivo. Yo todavía no tengo la distancia suficiente como para poder hablarte mucho más.

No soy de escuchar mucho mi música. Quizás al principio lo hacía un poco más pero ahora no. Y eso está bueno porque como dejo pasar bastante tiempo, cuando la escucho, ya se me olvidó, y entonces me llevo sorpresas.

Ahora dejo pasar más tiempo entre grabar un disco y otro. Antes hacía uno al año, algo así. Y ahora pasan dos o tres años. Incluso ahora me pregunto si volveré a hacer discos. Porque en realidad no tiene mucho sentido. A menos que uno de verdad haya escrito un disco, como una obra. Pero en realidad mis discos son más bien colecciones de canciones. Y las canciones van surgiendo a su ritmo. Hoy en día tenemos la posibilidad de producirla y compartirla al toque. El otro día escribí una canción, la grabé en el estudio porque justo fui y la filmamos en video con el iPhone. Se veía increíble y ta… la escribí ayer y la puedo compartir mañana a todo el mundo. Creo que está bueno hacer eso. Tiene sentido. Cada tiempo tiene sus soportes técnicos y te permiten distintas cosas. Y da un poco de risa ver a los viejos estandartes de la industria retorciéndose para detener el cambio. Es tan ridículo. Si el cambio está, siempre ha estado y siempre estará. Claro, siempre que ha habido un cambio mayor de formato, que permite siempre mayor accesibilidad, ha habido reaccionarios, pero siempre son los que en algún momento irrumpieron con uno nuevo. O sea, capaz que cuando los de mi generación seamos viejos, los jóvenes inventen otra cosa y nosotros queramos proteger internet. Espero que no pero parece que siempre pasa. Es parte de ser joven y ser viejo. Será. No sé todavía.

¿Qué proyectos tenés para adelante?

Este año tengo el proyecto de girar mucho. Voy a estar tres meses entre Canadá, EEUU y México. Voy a estar en Argentina, en La Trastienda, pronto. Mucho por Chile, por supuesto. Por ahí sale una gira por Europa. Ahora voy a tocar en Madrid y en Roma, en abril. Entonces tengo de aquí a octubre: gira, gira, gira, mucho fuera de Chile. Y luego ya empieza la temporada de conciertos en Chile, durante todo el verano. Y entre medio voy a cantar como solista en un concierto sinfónico de tributo a la obra de Congreso, que es una banda emblemática del rock en Chile. Así que eso me tiene muy contento también. Si no conoces Congreso, te la recomiendo. Las bandas más importantes de Chile serían: Quilapayún, Illapu, Inti Illimani, Los Jaivas y Congreso. Y también tengo ganas de meter segunda, dar una vuelta y… porque siento que en los últimos dos años de mi carrera, hablando en sentido figurado, es como que ampliamos la casa mucho. Ahora toca decorarla, ponerle las velitas… toca habitarla. Tengo que sentirme cómodo.

Muchas gracias por tu tiempo y por tu calidez, Nano. Fue un placer.

Entrevista publicada también en COOLTIVARTE.

Entrevistadora: Patricia Schiavone

Entrevista a Cynthia González: “Tacones Altos 5” y “Mujer Guerra”

En este sitio nunca lo aclaro, porque me parece obvio, pero dicen algunos amigos que no lo es. Así que aclaro: Entrevistadora (como en todas las entrevistas que he subido hasta ahora): Yo.

Cynthia González nació en La Paz, Bolivia y actualmente vive en Berna, Suiza. Es la Directora y Coreógrafa de la obra “Tacones Altos 5” a presentarse el 9 de diciembre en la Sala Hugo Balzo (Auditorio El Sodre). En Montevideo ofrecerá también su unipersonal “Mujer Guerra”, en Casarrodante, el día 4 de diciembre. Ambas obras luego se presentarán en Buenos Aires y Santiago de Chile.

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Fotos: Hartmut Wöhrle

¿De qué se trata “Tacones Altos 5”?

Es una obra de danza-teatro contemporánea que trata sobre la feminidad. Esta obra ya fue presentada en el Teatro Tojo de Berna (Suiza) y en Dresden (Alemania). A través del humor y del ingenio cinco mujeres y un músico se muestran en situaciones de la vida real: mujeres hermosas, brutales, divertidas, enojadas, amables, seductoras, en un estilo narrativo inusual. Los tacones altos enfatizan aspectos específicos de la feminidad en las diferentes escenas como símbolo estético, social y político.

“Tacones altos” es una metáfora de lo que una persona se impone a sí misma o lo que como sociedad nos imponemos.  Hacer frente al dolor, la gloria y los altibajos para ser aceptados en un mundo acelerado de glamour, éxito y supervivencia; en un mundo en el que tenemos que agradar y funcionar a la perfección y sin interrupción. ¿Qué pasa con las mujeres de tacos? ¿Qué significa ser mujer? Con todo lo dicho antes yo, como directora, juego. Es una obra muy compleja porque hay uso del idioma, se canta y se baila.

Las bailarinas y actrices son cinco: Andrea Arobba, Lilen Halty, Mijal Katzowicz, María Noel Rosas y Daniela Ziegert. Cuatro son uruguayas y una es argentina. Participa también un músico alemán, Krishan Zeigner, que tocará la batería en vivo.

Esta obra y esta gira están apoyadas por la Comisión de Arte de la ciudad de Berna, el Cantón de Berna y la fundación suiza Joringo. Se va a mostrar en Montevideo en El Sodre, en Buenos Aires en el Café Müller y el teatro El Extranjero, y en Santiago de Chile en el Teatro Camino. Es una co-producción con Casarrodante, un lugar muy profesional, con todo tipo de residencias, clases de danza contemporánea para niños, jóvenes y adultos. Fue por Casarrodante que vine a presentar esta obra, que es una reconstrucción de una obra que se estrenó en Berna en 2012.

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¿Cómo estás viendo la obra con las nuevas actrices?

Bueno, yo vine con la idea de montar con diferentes mujeres esta obra que ya existía. Si bien es una reconstrucción, luego de estas dos semanas de ensayo hay cosas muy diferentes, y esto es muy bello porque si bien la idea de las escenas es la misma, el resultado es completamente diferente. También hay trabajos solitarios que son nuevos.

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¿Qué es lo que tú como directora quieres transmitir con respecto a la feminidad?

Ser mujer hoy no solamente significa ser elegante, poder caminar bien, poder presentarse, también hay un poder muy fuerte detrás de una mujer. Hay algo que se esconde. Hay cosas que uno ignora. Hay cosas malas, feas, horribles. También tener que ser exitosa, glamorosa, bella, y a la vez trabajar, tener hijos, hacer esto, lo otro. Lo que quiero mostrar en esta obra es que ser femenina significa también tener que aguantar mucho dolor.

¿Desde cuándo bailás?

A los diez años empecé a bailar para ser una profesional. Estudié clásico, etc. Pero los primeros pasos de baile los empecé a dar cuando tenía seis o siete años, en la Selva Boliviana, con una tribu de indios. Ahí aprendí a escuchar el ritmo de la música de los indígenas. Fue muy especial aprender con ellos. Ellos tienen sus rituales, sus maneras de bendecir a sus dioses. Era una mezcla de indios muy rara: Guaraníes y Quechuas. En aquella época, después de la dictadura, hubo en Bolivia un movimiento contra los militares y hubo un serio problema económico. Faltaba la comida, etc. Yo nací en La Paz pero por razones políticas y económicas nos fuimos a Santa Cruz de la Sierra, que hace treinta años era selva y campo y nada más. Luego nos fuimos a Miami, porque nos tuvimos que ir del país.

Estoy también mostrando una obra completamente diferente a Tacones Altos 5. Es una obra en solitario que se llama “Mujer Guerra”. Es muy fuerte y muy política en el sentido de que trato de mostrar cómo es, o cómo podría ser, estar en una cárcel, tener que aguantar todo tipo de tortura… Yo odio todo eso. Estoy en contra de todo tipo de tortura de personas, animales, etc. Mi papá estuvo en un movimiento en Bolivia, contra el presidente de esa época, porque era un presidente de derecha muy fuerte y yo tuve mucho miedo. Fue una época muy difícil para mí, en la que no entendí muchas cosas, tenía mucho miedo, disparaban, había sangre, etc. Su primera mujer fue una mujer que estaba peleando con Che Guevara. Eso lo persiguió hasta el final, aunque mi mamá es otra mujer. Y bueno, cuento esa historia a mi manera. Es una obra fuerte, que no es para todos, pero quise mostrarla y la voy a mostrar acá. En Casarrodante, el día 4 de diciembre (a las 20:30 hrs). También la voy a mostrar en Buenos Aires y en Chile.

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¿Qué sentís tú cuando estás bailando sobre un escenario?

Honestamente, antes de que existiera Celeste, mi hija, era el único momento en mi vida en el que yo podía sentirme completamente feliz, con una felicidad indescriptible. Y también es cuando estoy completamente metida en algo. Yo soy muy desenchufada, estoy siempre en varias cosas, pero cuando estoy en el escenario… ¡estoy! Algo pasa… es como que trasciendo a otro mundo. Depende un poco de la obra. Me encanta dirigir pero es más especial estar sobre el escenario. Creo que mueve otra alegría en la vida. Mi hija y el baile me dan el sentido de vivir.

En ese estado de conexión en que te sentís feliz, ¿sentís la presencia del público o estás como en una burbuja?

Eso depende de si yo logro trascender con lo que estoy haciendo. De vez en cuando sí siento al público. Depende de la obra. Si es una obra en la que yo tengo que hablar y coquetear con el público, ahí necesito al público, es otra cosa. Pero si estoy inmersa en un mundo completamente diferente, inmersa por ejemplo en mis movimientos, es más posible trascender. Siento a Dios; siento algo espiritual que no puedo explicar. Es algo que no siento en la vida normal, en cualquier momento. En los momentos en que estoy con mi hija Celeste sí, hay momentos muy lindos, pero eso de trascender a otra cosa es difícil de hacer, es como una meditación. Creo que quizás no muchos artistas logran trascender en un escenario. Yo tuve suerte de poder hacerlo pero no es siempre posible.

¿Qué te hizo traer estas obras a Uruguay, Argentina y Chile?

Tengo un muy buen amigo, un bailarín suizo, al que le encanta Montevideo. Él hizo muchos amigos acá y siempre hablaba de Casarrodante, Montevideo, etc. y le pedí que me contara más, y es por él que estoy acá. También hacía muchos años que quería hacer una gira por Latinoamérica, y al final salió.

¿En Suiza es fácil vivir de esto que hacés tú?

En mi caso, ahora, sin mi esposo, no podría. El costo de vida es alto, en mi opinión es ridículo, no hay un seguro de enfermedad para artistas, no hay ayuda social para la gente que no gana tan bien. Pero en Alemania del Este sí he podido vivir de esto. Porque el costo de vida no es tan alto, Alemania del Este es otra cosa, es otro mundo. Y en ese caso, en Alemania, tenía seguro social, apoyo para artistas… era otra cosa. Viví ahí desde el año 2000 al 2008. Ahí empezó todo. Ahí empecé a hacer mi primera compañía de danza. Como bailarina me formé en Miami, en un colegio normal, público, pero donde también había arte. Te tomaban una audición y podías al final de la tarde hacer diferentes cosas, con estupendos maestros y gratis. Eso fue una maravilla porque me formé como bailarina y empecé a hacer las primeras coreografías. Luego, como me gustan los desafíos, a pesar de que en Estados Unidos tenía varias posibilidades de becas, resolví irme a Alemania.

 

Direccion y puesta en escena: Cynthia González.
Artistas (Bailarinas/Actrices): María Noel Rosas, Lilén Halty, Danielle Probstner, Mijal Katzowicz, Andrea Arobba.
Música: Krishan Zeigner (bateria).
Diseno de Iluminación: Petra Waldinsperger (Suiza), Leticia Martínez (Uruguay).
Dramaturgia: Leonie Stein.
Vestuario: Nina Stadler.
Video/Fotos: Hartmut Wöhrle.
Co-producción: Taller Casarrodante y Cynthia González dance Theater.

Evento “Tacones Altos 5” en Facebook: https://www.facebook.com/events/191530077853258/

 

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Entrevistadora: Patricia Schiavone

Entrevista a Crysler

Crysler recibió a Cooltivarte en su sala de ensayo. Bruno Ribeca (voz y guitarra), Martín Verde (guitarras), Guillermo Larrosa (bajo) y Tote Fernández (batería) nos ofrecieron su tiempo y con gran apertura nos contaron cómo se vive Crysler desde adentro.

 

Cooltivarte (C): ¿Qué cambios notan entre la banda de hoy y la de cuando comenzaron, hace once años?

Bruno: Bueno, más que nada fueron cambios de personajes, si se tratara de una película, que en verdad fue cómo nos pasó todo hasta ahora. Por suerte y desde muy chiquitos, que fue cuando arrancamos con esta idea loca que hoy día es una realidad pero que en su momento no fue más que un sueño, siempre le dimos muchísima prioridad a lo que es el esqueleto. En su momento, cuando largamos, no había nada. Ni instrumentos teníamos pero sí siempre le dimos mucha prioridad al tema humano. Con Martín somos los fundadores y siempre quisimos hacer hincapié en eso. Lo importante es que vamos a compartir mucho tiempo juntos y es importante que estemos sólidos en ese sentido. Eso quizás es la base y no noto cambios respecto a eso. Guillermo es el integrante que entró a principio de año. Lo que decimos es lo que somos. Estamos todo el día acá y se trata de humildad, trabajar, hacer las cosas serias y no mucho más.

Martín: Otro punto que cambió en estos años es en lo musical: en el sonido y en las composiciones. Creo que como toda banda, pero que es un detalle a marcar, los primeros años te estás hallando con tu instrumento y nosotros con Bruno también en la composición. Cuando llegaron los primeros demos del primer disco, que hicimos con Christian [Cary], de ahí en adelante logramos una etapa diferente, un paso más en la composición y en el sonido propio de la banda.

C: ¿Cómo suelen ser las composiciones?

Martín: Cada canción llega por un canal distinto. Por más que pueden haber muchas que trae Bruno, otras que nacen de un riff, o de dos acordes que después en la sala los vamos ampliando.

Bruno: Igual, si hablamos de que como banda llevamos unos ciento y algo de temas, muchos surgieron de Martín que, como le llamo yo, es el proveedor de acordes. Nos tira ciertos acordes y en base a eso yo armo la melodía, o yo traigo alguna melodía de versos y jugamos más o menos con eso.

C: ¿Y las letras?

Martín: Ahí sí, es Bruno. Letra y melodía. Por más que últimamente estamos mechando sugerencias, en realidad a la letra y la melodía las cocina él.

C: ¿Qué temas eligieron para el toque del sábado 14?

Martín: La gran mayoría son del disco Bastones y Ciegos, que lo presentamos en La Trastienda en el año 2013. También hay algunos de El Gran Bonsai que fue el primer disco y hay alguna sorpresita nueva también… temas que estamos preparando para el tercer disco.

Cooltivarte los invitó a tomar un papel al azar. Adentro encontraron un nombre y luego les preguntó qué aportaba musicalmente y humanamente esa persona al grupo.

Foto: Federico Meneses (Cooltivarte)

Foto: Federico Meneses (Cooltivarte)

Bruno: A mí me tocó Martín. Realmente creo que aporta muchísimo. Hay que separarlo por dos grandes columnas. La primera sería en lo humano. Como decía antes él fue fundador y hemos recorrido tanto camino juntos. Él ya me conoce cuando vengo enojado, cuando no vengo enojado, lo conozco a él cuando le pasa algo. Son demasiados años juntos, estamos hablando de casi quince años, es mucho tiempo, y convivimos casi diariamente. Entonces en lo humano la verdad que es como un hermano, es un respaldo, es de esas personas que la vida te da y uno tiene que estar inmensamente agradecido. Y no lo digo porque esté acá, realmente lo creo y él lo sabe. Filosofamos mucho juntos… sobre todo cuando tomamos (risas). Por él aprendí a tocar guitarra; fue él quien me enseñó. Y es un eje fundamental en cuanto a lo que es mi función de compositor. Él es un tipo que sabe muchísimo de guitarra, entonces hace que pueda resolver mejor mi tarea respecto a eso, pese a mi ignorancia en muchos aspectos del instrumento. Muchos de los resultados que vemos en las canciones son gracias a él. Es un eje para mí fundamental y central de la banda.

Martín: En cuanto a Guillermo también me gustaría separar los dos aspectos. Musicalmente, con la llegada de Guille noto que en ciertos aspectos la banda tiene otro peso y estoy como deslumbrado. En lo personal en realidad es un camino que estamos recorriendo todos, porque lo estamos conociendo. Hace 8 meses que estamos tocando juntos. La relación que tenemos es en la banda, más allá de alguna salida que hemos tenido juntos; nos estamos conociendo de a poco. Me parece una persona excelente.

Guillermo: A mí me tocó hablar de Bruno. Gran ficha. Cuando entré a la banda lo escuchaba cantar y me parecía una voz súper excelente. Para mí es una voz de las mejores de aquí del Uruguay. Y que pueda también solventar eso con la guitarra… No es fácil para alguien que está cantando frente al público llegar a cierto nivel. Él es el mismo tanto en un ensayo como en vivo. Lo podés escuchar en un disco y canta igual que si lo escuchás en una esquina. Tiene todas las condiciones como para seguir creciendo muchísimo más. Y en lo personal, en este poco tiempo que llevo con la banda me doy cuenta de que Bruno es como un capataz, que cuando hay que poner los puntos sobre las íes, los pone, y hace entender su manera de laburo. Él toma esto también como un trabajo, no es un chiche. Si bien hay momentos de disfrute para todos también es un trabajo, como otras personas tienen en su oficina, por ejemplo. Eso habla muy bien de él, de lo que él quiere para el futuro de la banda. Realmente es un tipazo, macanudo, nos podemos reír, pero destaco eso de él, un gran crecimiento y como comandante de este barco tiene todas: responsable; cuando hay que ponerse serio, se pone serio; cuando hay que bromear, bromeamos… y cuando hay que laburar se labura. Es el frontman. Tiene todo.

C: Tote, el azar hizo que hablaras de ti mismo. ¿Qué te parece que aportás a la banda desde la batería y como persona?

Tote: Qué pregunta. Es muy complicada de contestar. Lo que te puedo decir es que a nivel humano trato de aportar lo que yo soy y dentro de la seriedad con la que nos manejamos, que es realmente serio lo que hacemos, distender un poco y acordarnos que el objetivo desde chicos siempre fue (al menos para mí) tocar, estar enfocados en el momento y disfrutar lo que estamos haciendo. Ese es el objetivo uno mío. Trato de aportar esa distensión y humor lo más que puedo, ser como un eje que equilibre lo otro. Eso es lo que trato de hacer humanamente y creo que desde la batería también un poco. O sea, aportar solidez, tocar para la canción, ser coherente. Yo entré en 2009 y tuve una evolución como baterista, acerca de lo que es tocar en una banda. Yo venía más del palo del jazz y fusión, con mucha técnica, rulos y todo eso, que me encantaba pero claro, cuando entré a la banda me di cuenta que estaba medio, por decirlo mal, en bolas. Y fuimos evolucionando juntos. Ahora siento que estoy apto para tocar en una banda de rock.

C: Mucha gente cree que es difícil pasar de tocar rock a tocar jazz pero no sos el primero que me dice que es muy difícil pasar de tocar jazz a tocar rock.

Tote: Sí, es muy difícil porque tenés un montón de vicios que vienen del otro género que no tienen nada que ver, es otro lenguaje.

C: ¿Cuánto te llevó sentirte cómodo?

Es un ajuste que lo sigo haciendo siempre pero cómodo me sentí después de que grabamos el primer disco. Después de escucharme ahí me sentí más cómodo. Cada vez que te metés en un género musical a fondo siempre hay algo que vas a encontrar para mejorar, siempre, así hayas tocado cincuenta años. Yo sigo buscando mil detalles para hacer que la banda suene mejor.

Martín: Hay una anécdota, ¿se acuerdan?, cuando el Tote se vino a probar, que tocamos temas que ya los teníamos de antes, y ¡era una de rulos! Hacía mil cosas. (Risas)

C: ¿Cuál es la diferencia entre grabar una canción y tocarla en vivo?

Bruno: Son dos mundos distintos. Yo no sabía lo que era grabar un disco hasta que grabé un disco. No sabía de los procesos que existían para grabar un disco y no sabía que eso iba a hacer que me hartara la canción. Realmente las canciones a mí me cansan muchísimo en los procesos de discos, porque estás hablando que a una canción podés llegar a tocarla unas cien o ciento cincuenta veces, y es mucho. Evidentemente eso te lleva a que no haya margen de error. Uno de los ejercicios que hago es tocar toda la canción con los ojos cerrados. No por emoción sino para decir “listo, tengo todo bajo control, no importa lo que esté haciendo, sé dónde voy a caer” y eso sí te lo da la repetición y repetición. Entonces en esa parte sucede lo que yo le llamo el lado oscuro de la canción porque te llega a cansar, a aburrir. A mí me pasó con los dos discos que una vez que los terminamos de grabar no los escuché por dos o tres meses, porque les agarré una especie de fobia. Ahí necesito descansar. Incluso parte del proceso del disco es eso, dejarlo un tiempo, un par de meses, o incluso volver a hacer la mezcla, porque el oído se cansa. Con esto no estoy quejándome, estoy contando la realidad. Pero te aseguro que lo más magnífico es después de que dejaste pasar un tiempo sin escuchar una canción, volver a escucharla. Es como volver a escucharla por primera vez. Es algo muy loco pero realmente para mí es así. No sé para los demás.

Tote: Sí, sí, tal cual. Pasa que depende mucho del estado de ánimo y del tiempo que hayas dejado pasar. A mí me pasa lo mismo. Cuando estamos grabando los discos, al estar tan metido en el proceso y no tener perspectiva de afuera, digamos, estás contaminado. No es que te parezca malo, porque creés en lo que hacés y te gusta, pero precisás un tiempo. Ahora escucho los discos y me gustan muchísimo más que cuando los grabé. Y descubro cosas tocadas por mí o por ellos que me encantan y que antes no notaba.

C: ¿Normalmente primero graban el disco y luego lo salen a tocar en vivo o al revés?

Bruno:  Por ejemplo ahora, el sábado 14, que vamos a estar en La Trastienda, vamos a hacer lo mismo que el año pasado. Vamos de a poco tirando temas, testeando qué recepción tienen. Evidentemente te van a aplaudir, etc. pero hay pequeñas cositas del público que vos te podés dar cuenta si realmente gustó o si está bien pero no gustó tanto.

C: ¿En qué te das cuenta?

Guillermo: En el movimiento de cabezas, por ejemplo.

Martín: Nos pasó con uno de los temas, que quizá sea un buen termómetro, que lo tocamos por primera vez el año pasado en el show de los 10 años. A los dos, tres días nos encontramos a alguien en Facebook poniendo el estribillo. Un tema que aparte no lo vas a encontrar en Youtube ni en ningún otro lado. Capaz que lo grabó con un celular, no sé.

C: ¿Cómo es la relación de Crysler con su público? ¿Les gusta su público?

Bruno: Sí, nos gusta nuestro público. Y se sucedió todo tan de golpe. Lo que sucedió en la banda es lo mismo que por poner un ejemplo, un amigo nuestro tuvo un hijo y esa persona no se va dando cuenta del crecimiento día a día. Pero cuando ese amigo viene a tu casa después de cuatro meses con su hijo, vos ya lo ves mucho más grande. El tema es que nosotros somos ese padre y no nos dimos cuenta de lo que pasó. Sí, obviamente, por cosas que se materializaron. Nosotros en 2009 o 2010 estábamos tocando para veinte personas. Y hoy pasaron cuatro o cinco años y estamos frente a la realidad de que estamos haciendo una tercera Trastienda en dos años. La otra vez nos subimos por primera vez a un avión como banda y fuimos a Brasil y Argentina. Entonces es un cuento, es como una película. Varios de los objetivos que tenía cada uno en su cuarto de la niñez ya los cumplimos. Obviamente falta mucho más pero la cuestión es mantenerse en eso. Ahora ya hay algo importante, algo que siempre soñamos y lo materializamos. El tema es que también está en la naturaleza del hombre desear más.

Tote: Es cierto lo que decía Bruno de que es difícil darse cuenta del crecimiento desde adentro pero a su vez es como lógico para nosotros porque estamos acá trabajando todos los días, no solo tocando y componiendo, porque una banda lleva una infraestructura que va mucho más allá. Para nosotros es como un segundo trabajo y bueno, por eso pasan las cosas. A veces nos cuesta creer lo que sucede pero después te das cuenta de que hubo laburo.

Guillermo: Apoyo lo que dice Tote. Porque si bien yo venía de tocar con otras personas no sabía lo que era tomar la música como un verdadero laburo. Tenemos días que estamos una semana entera ensayando de 7:00 a 10:00, reuniones con el manager, reuniones para un show, ir de acá para allá, cosas que antes jamás hice, realmente como un laburo.

C: Y qué difícil debe ser—o no, ustedes me dirán—conjugar la parte formal de la cosa, que es la promoción, etc., con la creatividad y seguir manteniendo la pasión por la música.

Tote: Es un tema ese.

Bruno: Es un gran tema.

Tote: Como yo lo veo, está el tema de la creatividad de la música pero a su vez necesitás sí o sí de eso otro para que el proyecto crezca realmente. Porque solamente con la creatividad, nos quedamos tocando acá.

Bruno: Sí, pero más allá de que sea parte para que la cosa ruede, que por ejemplo estés acá, como que vengan otros medios también, para nosotros es fundamental porque es nuestro teléfono a la gente. Estar hablando estas cosas contigo nos da la posibilidad de que la gente las escuche o las lea y para nosotros es importante. Son vías que uno tiene para comunicarse. Es fundamental.

C: ¿Qué tienen ganas de contar acerca del show del sábado 14 de noviembre en La Trastienda?

Guillermo: Va a estar una banda invitada, de Florida. Se llama Media Hora. Son muy buenos músicos y van a abrir el show. Quien quiera escucharlos antes, puede encontrar material de ellos en Facebook y en la web. Nosotros venimos preparando y trabajando muy fuerte y se viene un show lindísimo, en todo tipo de aspectos: visual, auditivo.

Martín: Quizás está bueno decir que el show será el cierre de la gira de los diez años. El año pasado festejamos los diez años y a partir de ahí empezamos una gira. No es que comenzamos la gira teniendo ya marcados veinticinco toques. Cada show que vino lo fuimos enmarcando en la gira de los diez años y con este show cerramos esos festejos de los diez años. Entonces no vamos a plasmar una temática en la escenografía, ni nosotros ningún guión ni nada, pero esa es la temática en sí.

Con respecto a la escenografía vamos a incursionar en lo que es el mapping. Vamos a mandar ahí unas proyecciones, a ver qué sale.

Bruno: Va a haber varios músicos invitados en el show: Francisco Fattoruso, Fede Navarro en guitarras, Chirola Martino, Pepe Pereira en percusión, Fabián Prado, que es el productor de nuestro último disco, tecladista, Fede Vaz en armónica y Pablo Fernández en guitarra acústica.

C: ¿Algo más que quieran agregar?

Bruno: Que el show empieza a las 21 horas puntual, así que a tenerlo en cuenta.

Crysler nos regaló un minishow privado, oportunidad que aprovechamos para robarles algunas capturas externas de su momento creativo. Es digno de mencionar cómo los cuatro integrantes tomaron sus instrumentos y sin ningún preámbulo la banda sonó exactamente igual que suena en sus discos o en sus shows.

Foto: Federico Meneses (Cooltivarte)

Foto: Federico Meneses (Cooltivarte)

Entrevistadora: Patricia Schiavone

Entrevista a Dany López

Dany López presenta su disco Polk en la Sala Hugo Balzo mañana, 30 de setiembre. A continuación comparto la entrevista hecha para Cooltivarte.com el día viernes 25 de setiembre de 2015.

Detrás nuestro crepitaba una estufa a leña y por la ventana se veía la rambla fría y desierta de Piriápolis. La transcripción es tremendamente extensa, pero el contenido es demasiado jugoso como para cortarlo. Ojalá lo disfruten.

Siempre fuiste de escuchar un montón de música. ¿A pesar de estar trabajando en la música seguís escuchando mucho?

Escucho menos. Cuando era niño escuchaba todo el tiempo y ahora no; ahora escucho muchísimo menos. Escucho música cuando estoy trabajando y cuando la estoy haciendo con otros, con muchos otros. Por lo general la música que escucho es música que no escucha nadie, porque está siendo compuesta por quienes están haciendo sus discos; entonces tengo primicias. Eso es parte del rol del productor. Entonces yo escucho muchísimo esas músicas que aún no fueron escuchadas por mucha gente. Las escucho muchísimo, hasta el cansancio, porque es parte de mi trabajo. Y las crío desde que nacen, desde bebé. Las escucho desde que apenas las leo hasta que se vuelven más fuertes, grandes, y salen a correr por el patio, hasta que no sé… están en el liceo. Las escucho durante todo el proceso. Y estoy mucho rato en eso. Entonces mi oreja queda un poco cansada. Por ejemplo, no me pongo auriculares para salir a la calle porque quiero escuchar la calle y porque me gusta estar con las orejas destapadas, escuchar otro tipo de información. De repente escucho música en el auto. Pongo discos de alguna gente que me copa.

¿Cómo descubrís música nueva?

En una época descubrí mucho a través de Youtube o de internet por referencias de revistas. Seguía la recomendación y me lo bajaba como el peor de los piratas. Porque por un lado, eran discos que no encontrabas en ningún lado y por otro, si te gustaban mil discos no te podías comprar mil discos. No estoy defendiendo la piratería de un modo explícito acá porque sí soy un gran comprador de discos también. En una época compré mucho disco. En este momento soy muy curioso de la música. Cada tanto amigos me recomiendan que escuche algo, lo rastreo, termino bajando el disco, termino comprando el disco. Dependiendo de cuánto me guste el disco, lo compro.

Compro mucha música de acá. Hago una especie de campaña pro artista nacional… si me copa. Incluso compro música nacional aunque no me cope, también. Compro de alguna gente que me cae divino, no me copé del todo pero igual compro el disco, porque siento que están en un camino y yo capaz que no lo entendí del todo todavía, o capaz que no me copo pero está en un camino y el tipo va a llegar y va a hacer algo alucinante, y si yo estoy apoyando eso, está bueno. En mi discoteca tengo abundante música uruguaya.

Cuando decís “no la entendí todavía”, para entender una música no en la primera escucha sino después, hay que escucharla más veces. ¿Vos hacés eso de escuchar una música que no te termina de convencer pero que sentís que tiene alguna cosa para dar?

Sí. Hay músicas que son de un nivel de “horrendez” que te espantan de una patada en el pecho [risas]. Aun a esas las pongo en situación de duda socrática, digamos. Luego, hay algunas músicas con las que me pasó algo que no me conecté pero te dan un indicio de que pasa más. La experiencia me ha enseñado que por lo general son universos complejos, o bosques intrincados, que para entrarles hay que andar por algún sendero más difícil de encontrar. Entonces he descubierto cosas que me han fascinado de esa manera, porque adentro de ese bosque había algo increíble. Pero había que desmalezar ese bosque; entrar al universo. Hay muchos ejemplos así. Te digo con nombre y apellido, Fernando Cabrera es un clarísimo ejemplo de un bosque complejo.

¿Cabrera te gustó de una?

Vos sabés que me gustaron más algunas canciones pero me costó más acostumbrarme a la voz. Me costó mucho que no me gustara Cabrera por la música, porque las melodías son intrínsecamente hermosas. La voz me costó un poco más porque cuando empecé a escuchar a Cabrera estaba escuchando otras cosas de otros lugares donde las voces eran bien distintas.

¿Y hoy qué te pasa con la voz de Cabrera?

La amo. Tuve una especie de conversión. Como aquello de Saulo en Pablo del Nuevo Testamento, ¿viste? De detractor de la voz, en particular, a ser un fan. Me encanta que cante así y me eriza los pelitos cuando canta así. Y cuando me encuentro con gente que está afuera del bosque, hago el esfuerzo. Les digo: “Pero escuchá, porque mirá que cuando encuentres esto, es un tesoro”. Yo creo que eso pasa con muchos compositores. No soy tan Spinetteano pero reconozco que hay un mundo, un universo Spinetteano que hay que entrarle. Si no le entraste, bueno, seguramente te estás perdiendo de algo y no es un universo inmediato. Y hay mucha música así, que no es inmediata.

Bueno, como te decía, tengo esa cuestión con internet. Estoy seguro que democratiza la información. Entonces podés escuchar gente que en realidad sería imposible acceder… o sea, podés entrar en el under de cualquier lugar hoy y en el under pasan cosas buenísimas. Yo cada tanto converso con otros músicos que me dicen cosas como “No, lo que pasa que cancionistas como en la época de los Beatles no hay”. Hay. Están en un lugar de under al que es difícil acceder. Me encuentro con joyas alucinantes en ese universo sumergido. Hay autores de puta madre, que no los conoce nadie… pero genios totales.

¿Qué tiene que pasar para que nazca una canción nueva de ti? ¿Hay alguna especie de patrón? ¿Que, por ejemplo, tengas que estar en determinada circunstancia? ¿O se da normalmente con determinado instrumento musical?

Mirá, no soy un trabajador de la canción ni de la escritura. Debe haber infinitas maneras posibles de componer pero conozco laburadores de la canción y de la escritura, que hacen el ejercicio permanente de sentarse todos los días a escribir o a agarrar la guitarra y luchar con una progresión de acordes, o con no sé qué. Cuando era muy chico capaz que lo hice un poquito, pero ahora no lo hago nunca… ni en cuete. La canción siempre aparece sola. No la voy a buscar nunca.

¿Y qué aparece normalmente primero, música o letra? ¿O no hay patrón?

Mmm, las últimas veces las dos cosas juntas, pero no aparece entero, aparece un hilito… a veces una frase. Apareció un pedacito de melodía con un verso y entonces tu tarea es ir tirando de la madeja e ir tirando y tirando. Lo que aparece en ocasiones es la necesidad de ir al encuentro de un instrumento porque… no sé, es muy raro, como algo corporal. Es una necesidad, un instinto, como un apetito. ¿Viste cuando te vienen ganas de comer una sustancia? Hoy quiero comer sambayón, ponele. Bueno, entonces pasa que sentís hoy quiero ir a la guitarra porque va a salir algo. Por lo general para componer a mí me gusta perderme en la guitarra. Como no es mi primer instrumento, es un instrumento donde fácilmente me pierdo. Me gusta no ir a los acordes que conozco. Voy y me pierdo. Voy a un lugar que no conozco, que no sé cuál es y ahí me meto e investigo. Eso cuando compongo desde el instrumento. Si, ponele, cuando estoy paseando, me viene una frase… cuando tenía perro me gustaba pasear el perro y siempre alguna cosa venía a revolotear. O cuando andás en auto. “Fauna” por ejemplo es una canción de tránsito.  Estaba manejando, rodeado de muchos autos. Mucha gente muy demente, otra gente muy gentil, otra gente cruzando en la cebra, la típica madre que adelante pone el cochecito del bebé… la fauna, ¿no? Y bueno, empecé a pensar “Fa, somos una fauna tremenda”, y ahí me vino todo el tema que dice del sentimiento al cuete de superioridad que tenemos como especie y siempre esa cosa llamativa de hacer esa particular distinción de somos humanos como si fuera un reino distinto al animal… que no. Estamos en el mismo reino pero hacemos ese esfuerzo de “están los animales y nosotros”, que a mí me cuesta mucho creerme. Eso me hace mucha gracia, me genera mucha empatía con los animales y me da también una cierta compasión con los humanos que tenemos esa patética soberbia y que la padecemos en nuestras relaciones y bueno. Entonces, por  ejemplo, “Fauna” bajó entera andando en auto desde el centro hasta mi casa. Vivía en esa época con mi mamá y ella tenía un piano de cola hermoso en el living. Llegué, me senté en el piano y salió entera. Después la grabé con guitarra porque me sonaba más para un costado folclórico, como una especie de chacarera.

Tengo la teoría absoluta de que la melodía es la reina. Bah, no. La reina es la canción. Es una monarquía matriarcal y la melodía es la princesa. Entonces, desde ese lugar que yo miro las cosas, aparece una melodía y la melodía manda. Después me ordena todo el resto. Va ordenando la progresión armónica, y todo va funcionando desde ahí. Después suceden todas las excepciones a la regla que se te puedan ocurrir.

“Libélula”, por ejemplo, bajó entera. Con texto y música. Estaba afuera, en casa de balneario, con la guitarra acústica en un living que resuena muy lindo, tiene un reverb muy bonito. Venía de la playa. Hay una estación del año en Punta del Este, entre febrero y marzo, que hay mucha libélula que ya le pasó la hora y las encontrás a todas con las alitas ahí, reposando en la arena. Y es una imagen muy linda, muy tierna… muy tremenda también. Y muy bella. Porque es un animalito absolutamente bello y como totalmente sutil y frágil. Bicho más metafórico que la libélula… que a parte vive toda una vida de capullo para volar creo que no más de un día o dos. Tiene una vida de vuelo, adulta, muy escasa. Llegué a casa, agarré la guitarra y bajó entera. En ese caso a la progresión en la guitarra la pedía la melodía, ¿no?. Es una progresión muy “acaetanada”. Yo me la imaginé como una especie de bolerito hecho por Caetano Veloso. Después le quité un poco ese tufo, lo dejé más como una especie de samba a lo Joao Gilberto, con una batida muy sobria y quedó así. Es una especie de samba melancólica de Joao Gilberto Caetanesca. La magia de esa canción es la melodía. La gracia está ahí. La melodía es como el vuelo del bichito. Para mí es la melodía la que como lengua de sapo fue formando la canción. O no sé cómo fue bien. Capaz que fue a partir de la palabra “libélula”, que es una palabra hiper sonora. Supongo que en ese caso la palabra libélula armó la melodía: Li-bé-lu-la… Sí, seguro.

Tus canciones, y cuando digo tus canciones digo todo, la letra, la música pero también el carácter que tienen, ¿te reflejan a ti en tu vida cotidiana o en las canciones salen aristas que no salen en la vida de todos los días?

Fa, creo que el que me conoce bien te diría que sí. El que me conoce poquito, capaz que dice “no… ese no es Dany”. Porque para el que me conoce así más rápido, soy una especie de tipo bonachón, simpático, así, permanente. Es que bueno, cuando me encuentro con gente por lo general mi actitud es esa. Pero soy bastante meditabundo; tengo un montón de pulsiones existenciales pasándome por dentro. Yo soy muy eso también: hipersensible, con una especie de antena que me duele todo. Reverbero con pila de cosas que pasan afuera y me paso sintiendo tocado. Yo soy mucho ese bicho que sí transitan las canciones. Y sí, soy un tipo que reflexiona mucho acerca del tiempo y esas cosas que hablan mis canciones. Pienso en eso.

¿Qué pensás del tiempo?

En realidad más que pienso lo padezco, en la mejor y en la peor. Yo soy muy de los vínculos, de mis quereres. Y mis quereres son las personas que quiero. El paso del tiempo, la gente que se te va yendo, tus viejos… yo qué sé. La gente que está en paralelo a vos y disfrutarla.

La contracara de que la gente se va es que la gente está.

Claro, y el disfrute de este momento. Creo que soy hiperconsciente de esas cosas. Hiperconsciente y eso me vuelve… estoy en carne viva todo el tiempo. Yo creo que me volví un tipo bastante más inteligente después de los veintisiete o veintiocho años, cuando entré más en conciencia de eso. Con esa ficha caída, yo me siento bastante un gourmet de la vida, la gourmeteo. Básicamente me cago de la risa todo el tiempo que puedo. Hago mimos y abrazo a todo el mundo cada vez que puedo y me gusta que me mimen. Tengo ese aspecto y después tengo el opuesto y, entonces, cada tanto saco mi bestia en algunas canciones. Mi bestia neurótica… no es un malo obvio, es un neuro. “Ya no me pregunto por qué siempre yo me pregunto por qué en cada rincón cada segundo…” Ah, es como agobiante ese bicho. Pero ese también soy yo, absolutamente. O “El tiempo vive en mí”: “Cada cosa en su lugar, cada cosa en su momento, siento que me falta algo, siempre que me sobra el tiempo. ¿Qué pasa? ¡El tiempo no para! Qué pasa con el tiempo que parece que no pasa, cuando si pasa el tiempo es pasado, pisado, siempre que algo ha pasado, pesado de tanta posibilidad pasada por alto en el momento. Y yo aquí me encuentro parado, sin saber qué hacer, mientras se pasa el tiempo”. Bueno, ese hiper neurótico estoy seguro de que soy yo también. O “Adrenalina”: “No me quedo amarrado a esta pena, a este mal de amor. Ya no quiero estar atado a esta pena, que me maten las espinas, que me moje el chaparrón”. Esa es una frase de Anita Prada. Tenía la melodía pero no le encontraba la letra y apareció Ana y dijo eso, y  yo dije: “Ah, pero ese soy yo tal cual; me pintaste”. Eso es una frase bien Anita, con mucha lucidez para escribir con los elementos: el chaparrón, las espinas… sanducera.

Dicen que todos los seres humanos tendemos a buscar seis valores fundamentales. Estamos como persiguiendo seis cosas: felicidad, plenitud, libertad, paz, amor y evolución.

Fa, sí, concuerdo.

Yo te las voy a decir de a una y quiero que me digas qué canción tuya se te viene a la mente.

Felicidad:

Capaz que “Lugar donde nunca fui”.

Plenitud:

Lo primero que me salió fue Nada” que dice: “Nada me alegra si vos no estás; nada me alerta si vos no estás; me desintegro si vos no estás. Todo parece si vos no estás. Nada como nada, nada como nadie, nada como nunca, nada como stop”. Y bueno… y capaz que tiene que ver con cómo yo encuentro la plenitud, yo soy mucho de encontrarla con otros. Me pintó por ahí.

Libertad:

De libertad hay varias pero “Lugar donde nunca fui” es de un neurótico que en un momento abre el plexo y sale. Después, “Nadie sabe lo que va a pasar”, que es una canción que me divierte mucho, que para mí es una especie de autoeslogan. Es indeterminista, es muy explícita. Yo realmente tengo ese credo: nadie sabe lo que va a pasar. No tengo ningún cálculo; no hago predicciones; trato de no condenar a nadie tampoco. Esa canción me resuena mucho.

Paz:

“Libélula” es una canción que me da paz. Después hay una canción del disco nuevo, que se llama “Milonga de arena”, que es muy bonita y me lleva ahí.

Amor:

Yo tengo mucha canción de desamor. Me ha resultado más fácil escribir desde el desamor que desde el amor. Pero “Perdido por perdido” es una canción de amor. Un amor medio tremendo, posesivo. Un tipo muy destrozado, muy desarmado… bueno yo fui así buena parte de mi vida. “Noche de San Juan”, que es una canción de un amor extraño. En realidad en esa canción me posiciono frente al amor desde otro lugar, quizás también viendo en la vida muchos amigos que luchan porque su amor no sea mirado mal. Estoy hablando abiertamente del tema gay. La canción te habla de que todas las formas de amor valen la pena. “Musa” también es una canción de amor. Quizás de ese amor más adolescente, en el que siempre quiere esa cosa absolutamente ideal, ese abrazo con el infinito, de esa cosa completísima, la plenitud. “Milonga de arena” es una canción de amor. “Rubí” es de las más románticas; es para ganar chicas. Se la debo haber hecho a González.

Evolución:

Creo que en general mis canciones están paradas en ese lugar. Del tránsito de una persona en el nivel del tiempo y en este mundo real. Entonces, todas hablan del tiempo vivido, pero evolución a nivel de la vivencia, de cómo evolucionás en tu vida. Jung diría la individuación.  “El tiempo vive en mí” habla de eso. Muchísimas… todas están hablando un poco de eso: “Vidala del tiempo”, “Baguala de la Piedra”, “Radical”. Este último disco habla mucho de eso.

En la canción Germinal, ¿qué es la gota de azul suspendida en el aire?

Es la canción entera. Esa es una de las canciones que más me gusta del disco. Vos sabés que estaba un día en la cabaña en Punta del Este. Es una casita de troncos y estaba solo con la guitarra. Compuse varias canciones esa semana. Esa cabaña suena precioso. Era uno de esos días como pesados, en que va a llover pero no llueve. Se siente el peso. Y en un momento parece como que el paisaje se congelara: todo quieto, hasta el último pastito. No se mueven las hojas de los árboles, nada. Hay una especie de pausa. Toda la canción habla de ese universo en pausa. Entonces es un poco ficción, también. Un poco disloco la poesía del lugar y hago un panorama un poco más seco para que me permita escribir.

¿Y no tiene nada que ver con el bar?

Bueno, acá viene el asunto. Tiene que ver con el bar, sí, pero muy lejanamente. Pero viene a propósito. Yo al principio muestro: “Ya viene llegando, puedo adivinarlo, en el aire quieto del lugar. Ni una hoja se mueve cuando calla el viento, cuando no habla el viento solo cabe esperar. Solo el tiempo sabrá lo que el viento traerá”. Es la suspensión del tiempo, es el tiempo suspendido. En este caso por el clima o por cómo vos te colocaste con el clima. En el segundo párrafo habla de una semilla: “La semilla espera bajo la tierra seca transformarse en piedra o germinar en un brote verde al fin. Solo el tiempo sabrá lo que florecerá”.

O sea, en la primera estrofa te presento el anhelo de que pase algo. No se mueve nada. Después, ¿por qué ese anhelo? Bueno, hay cosas que están esperando para crecer. En este caso una semilla bajo la tierra seca esperando germinar. La canción se llamó “Sertão” durante mucho tiempo en mi maqueta en la computadora. Porque me imaginé una especie de nordeste brasileño. Una semilla mucho más desesperada porque cayera agua que una semilla uruguaya. Una semilla uruguaya es una semilla bastante feliz, con oportunidades [risas]. Entonces me puse en plan más dramático, una semilla en un lugar más árido. Termino la canción y al final le grabo una especie de final feliz. Entonces dice: “una gota de azul suspendida en el tiempo, una gota de azul suspendida, una gota de azul”. Le voy sacando palabras al verso. Voy haciendo poesía quitando partes y dejando la imagen, quitando el verbo. Quedándome con el sustantivo. El sustantivo es lo poderoso, la gota que está por caer pero nunca cayó. La canción termina y la gota no cayó, está ahí. A mí me pareció mágico poder hacer toda la canción sin que se resolviera. El asunto es que no le encontraba el nombre y uno de los ingenieros de sonido, creo que Nicolás, me dijo: “Dany, el bar de tu padrino, Germinal. Claro, la semilla, Germinal”.

En mi familia ese bar fue algo muy germinal; ese bar fue muy generoso. Mi padrino, inmigrante llegado de España a Argentina, y de Argentina a Uruguay, que se encuentra con mi abuelo, que también había venido a Uruguay, trabajan en una fábrica de vidrio como obreros, se deciden a asociarse para poner un negocio, con los ahorros que juntaron como obreros, en una época en que la ascenso social era más posible que ahora. Compran o alquilan la esquina de 8 de Octubre y Berro. Mi abuelo Rodríguez, que tenía un espíritu como socialista, había leído a Émile Zola, o le había llegado Émile Zola por algún lado, y de ahí viene “Germinal”. Y también el nombre de mi mamá, que es un personaje de una obra de Zola. De ahí viene todo eso. Entonces ese bar fue como una cuestión floreciente. Pusieron el bar, lo laburaron, salieron de una industria e hicieron su iniciativa personal. Prosperaron. Entonces, en el sentido familiar, el bar fue un pasito, pero importante… con una apuesta ganada. Capaz que también por ahí vino pero no habla de eso.

Te voy a cambiar de tema. ¿Qué hace un productor de discos?

Cuando se dice “Productor” se habla de muchas cosas a la vez y hay muchas formas de ser productor. Vos podés ser Productor Ejecutivo, que son los que ponen el dinero. Pero yo tengo más asimilado el nombre de Productor Artístico, que también puede hacer muchas cosas.

El primer productor de discos que hubo fue un tipo que iba a algún lugar donde había música que le interesaba, ponía algún sistema de grabación y recolectaba esa información, la juntaba en un medio vendible y la vendía, como para que estuviera en la radio. Era como un musicólogo interesado en distribuir. Después eso fue mutando. Cuando empezó a ser lucrativo el asunto, cuando encontraba esa gema que valía la pena grabar, se preocupó de grabarlo mejor y se empezó a cruzar con otros roles: ingeniero de sonido, etc. Yo notoriamente no soy un ingeniero de sonido. Me parezco más a un rol que empezó, te digo, George Martin, que es uno de los ejemplos más claros del productor. Él era empleado de la discográfica que contrató a los Beatles, EMI, y le pagaban un sueldo por producir. El tipo construyó el rol del productor independiente.

Mi forma de encarar la producción es que el artista abre su corazón, abre su casa de canciones y me dice “Che, Dany, tengo estas canciones, escuchalas” y ahí vamos trabajando. Leemos cuarenta mil veces estrofa por estrofa, línea por línea, palabra por palabra. Vemos si está resuelta la escritura, la poesía de la canción, la melodía, las partes… vemos si falta una parte. En muchas producciones he terminado siendo coautor porque faltaba una parte y no salía, y bueno. O me parece que está todo bien, estás bárbaro como músico pero te falta hacer crecer tu poeta… laburemos la poesía, a estudiar. Entonces cuando trabajás con gente que es muy joven está buenísimo poder hacer eso. “Estudiá… averiguá qué es la poesía concreta; metete con los brasileros”. Los mando a leer… O “estás siendo demasiado catártico en lo que escribís” o “tu literatura está plagada de verbos y no me mostrás nada del mundo”. Me meto mucho con la escritura; después me meto con la composición. “Bueno, sí, está todo bien pero aburre”. Todo esto ocurre en una buenísima, en la mejor. No está pasando nada porque en la A estás haciendo una melodía que es lineal y la B sigue siendo lineal. No cambia la métrica ni la interválica, ¿qué pasó?” Entonces, a mi gusto, la mejor forma de trabajar una producción es empezando por la canción. Pero eso no es compartido por todo el mundo.

Después de que vos hacés eso con la canción, de laburarla mucho, porque para mí es importante… porque la canción tiene que ser muy honesta y tiene que aguantar huracanes. La canción tiene que ser guapa. No tiene que ser una cosa que venga un productor que te la maquille. Me parece que le estoy vendiendo un decorador de tortas. Después de que la canción está fuerte sí hacemos todo lo que tiene que ver con cómo la vamos a grabar, con qué sonidos. Después arranca todo otro camino: los arreglos, en qué estudio, los músicos. En casi todos los casos yo me encargo de escribir los arreglos, manejar el groove. Después vienen los músicos, ensayan… y acompañé todo el proceso desde el principio hasta el fin, la mezcla, etc. Ese es el trabajo mío. No siempre se hace así. A veces el productor toma la canción como hecho consumado y de ahí parte.

¿Qué diferencias hay entre ser productor de tu propio disco o de un disco ajeno?

Hay muchas diferencias. El primer disco, “Acuario”, lo hice con dos productores más. Con Inés Saavedra, una gran amiga mía. Yo había producido dos discos de Inés antes y teníamos un vínculo muy confiado, entonces Inés me ayudó muchísimo a ver mis puntos ciegos. Después, con César Lamschtein, el ingeniero de sonido, que también hacía más producción de estudio, de cómo quería que sonara cada instrumento.

“Canciones cruzadas” y “Polk” los trabajé distinto. Canciones cruzadas lo produje yo, también con Marcelo Delacroix, el otro autor, y Polk fue una producción mía.

A Polk lo fui haciendo muy despacito. En cuanto baja una canción, la grabo lo antes posible de alguna forma. Entra la melodía a la máquina, y por lo general compongo de una forma en que la trama y melodías ocurren en simultáneo a esa melodía líder. Sucede de manera muy natural. Sale la canción, grabo la guitarra, la melodía, y empiezan a volar en mi cabeza un montón de voces que conversan con esta voz. Grabo un montón de elementos. En ese caso, como productor lo tengo un poco más organizado. Hay una etapa que la producción es la maqueta, después tengo que elegir el estudio, los músicos. El arreglo por lo general siempre está hecho y lo que tengo que hacer es pensar quién va a tocar. Después sí hago más de productor de estudio. Me divierto mucho. No lo disocio en nada a esta altura. La autoría se funde con el de arreglador y productor hasta que no me doy mucho cuenta. Me divierte mucho. Soy muy celoso de ese laburo. Soy una especie de mastín, soy un doberman con mi música últimamente. Acepto que me den miles de consejos pero con mis músicas estoy muy arriba. Me costaría mucho en este momento coproducir. Lo disfruto como loco. Soy como un nene agarrado a su juguete.

 

¿Qué va a pasar el 30?

El 30 de setiembre presento Polk en la Sala Hugo Balzo del complejo Adela Reta.

Viene una barra que es dream team. Te lo digo como si fuera un cuadro de fútbol: Martín Ibarburu en el arco. Tremendo arquero. No entra un solo gol ahí. Ahí tenemos el arco asegurado. Después de back tenemos a uno de los mejores bajistas de Uruguay, Gerardo Alonso. Luego de puntero derecho tenemos a Eduardo Mauris, que es un guitarrista finísimo, elegante, un coloreador, un tipo súper sutil. Va a tocar tres guitarras distintas. Después de puntero izquierdo voy a tener a Palito Elissalde, guitar hero, solo guitarra eléctrica. También de backs vamos a tener a Camila Ferrari y Janisse Richards, dos coristas que conocí en el show de Carmen Pi que me parecieron alucinantes, divinas ellas. Ahí se arma como la herradura de músicos. Yo no voy a tocar piano en este show, voy a tocar guitarra, porque me siento muy cómodo escénicamente con la guitarra, y también porque los conciertos son más fáciles de hacer sonar en este tipo de concierto en particular sin el piano de cola, que es difícil de microfonear en vivo, sobre todo cuando todo el mundo está tocando fuerte. Opté por sacar el piano. Toco la guitarra.

En el concierto se van a hacer muchísimas canciones Polk. Hay bagualas, milongas, zambas. Va a haber algunas de Acuario. Algunas van a sonar más a pop rock.
Tengo de invitada a Carmen Pi, que es una maravillosa cantante y amiga, con quien hemos compartido mucho. El año pasado laburamos en Jardín Carmín. A Samantha Navarro, otra amiga alucinante, una de las capas compositoras de Uruguay. Y Fabricio Guaragna, también conocido como Astromelia, es un performer audiovisual que nos va a sorprender. Waldo Melgar haciendo mapping sobre una superficie, diseñada por Alejandra Gonzalez Soca en colaboración con Fernando Foglino. Diego Viera en iluminación, en el sonido Diego Rey, Pedro Capote como asistente de escenario, producción Carolina López, y en el telón va a estar Pría, una artista uruguayo-brasileña que va a venir acompañada por dos músicos que los dos se llaman Camilo.

¿Dónde se compran las entradas?

Tickantel (eso es Abitab y Redpagos) y la boletería del Sodre.

Foto: Federico Meneses (Cooltivarte.com)

Foto: Federico Meneses (Cooltivarte.com)

Queda aquí una de las canciones que mencionamos en la entrevista: Germinal.

 

Entrevistadora: Patricia Schiavone

Carmen Pi Caleidoscópica

Entrevista hecha para Cooltivarte. 22-07-2015.


Como previa a la presentación del show “Atemporal”, compartimos una entrevista en formato de charla, o una charla en formato de entrevista, en la que esta música de apellido infinito comparte, con simpatía y generosidad, pensamientos, sentires y detalles acerca de su relación con la música, la composición, la producción de su disco Jardín Carmín, la docencia y el show del próximo 31 de julio. Notarán que se alterna texto con audio. ¡Que la disfruten tanto como se disfrutó la entrevista misma!

¿Normalmente suena música en tu hogar?

Suena música. Suena menos que antes porque a veces, con mi hija, no pongo toda la música que quisiera y también estoy menos en casa. Pero sí, suenan músicas infantiles y distinta música que tengo ganas de escuchar en cada momento. Por ejemplo, me gusta poner música para cocinar; para comer me gusta la música clásica, o algo así, como tranquilón. Hace poco me traje el disco de Julieta Rada, que está hermoso; el de Mateo Moreno, donde yo había grabado y quería escucharlo, y un disco que se llama “Encanto al Alma”, de una agrupación que se llama Sí, que es para niños y es muy bonito. Eso es lo que estoy escuchando últimamente… pero depende.

¿Se puede decir que sos ecléctica a la hora de escuchar música?

Sí, totalmente. Depende del ánimo con el que te levantás, o algo que te sonó en la cabeza. También en casa suena música de la que hacemos. Es decir, se abre el piano, se toca. Nacho está tocando permanentemente la guitarra, entonces siempre alguien está tocando algo. Nina también… ahora empezó a sacar melodías en el piano y jugamos, chiveamos. Esas son instancias lindas de exploración, momentos musicales que están buenos. Quizás ahora no estoy encontrando tanto el tiempo tranquilo para escuchar algo específico. Sí me gusta escuchar música con el disco. Me gusta tener el disco, me gusta leer los créditos. Me gusta escucharlo en el equipo de sonido, que suene bien. No me gusta escuchar tanto en la computadora, no me entusiasma. Es otra la calidad y es otra cosa. Me gusta ese ritual, el elemento físico, y en lo posible tener todo el objeto, poder mirar el arte y ver quiénes tocaron.

¿Cómo se mueve un artista hoy con la realidad de que la gente se puede bajar música de internet, gratis? ¿Les complica la vida?

Principalmente creo que eso les complica a las disqueras, pues son los directamente implicados y esto por supuesto que repercute también en el artista. Aunque no necesariamente tiene por qué repercutir negativamente, ya que vos podés acceder a un montón de música que de otro modo no se podría. Es como que hay una libertad de escuchar y conseguir cosas aleatorias, cosas underground, cosas no tan conocidas, otras que sí, de un modo bastante libre. Supongo que es algo a lo que todas las partes tendrán que ir adaptándose de a poco, ya que es algo inevitable.

¿Cuáles son las razones para hacer un disco?

Yo creo que es una necesidad, más bien una realización personal. Es la necesidad de poder ver eso que vos hacés plasmado en un objeto. Es cierto que hoy en día no es necesario: podés grabar y hacer discos on-line y que la gente los baje. Pero soy todavía un poco anticuada y me gusta el objeto. Me gusta poner mi música en un disco. Creo que se vive como una necesidad de plasmar lo que uno está haciendo. Y una necesidad de ir avanzando. Por más que no sean las únicas canciones que estás haciendo, es como un momento de tu vida plasmado en ese objeto. Cuando los músicos dicen “es un parto”, sí, es como un parto: es anhelado, cuidado, visto en detalle. Es difícil sacar un disco.

¿Cuáles son los desafíos de sacar un disco en Uruguay ahora?

El principal desafío es el económico. Sacar un disco es algo caro si se hace como se hace habitualmente, con músicos excelentes y dándote esos lujos, bueno, tienen que cobrar los técnicos, los músicos, el productor, el arte, etc. y además son horas en las que uno está grabando, también editando, etc. pero es un proceso tan maravilloso y es tan lindo ver cómo se va construyendo eso de a poco. Vas sumando las bases. Luego va una persona y graba su parte y deja su pequeño granito de arte y amor, poniendo un solo maravilloso o tocando de una manera impresionante y vos ves cómo se va construyendo eso. Yo estuve en todas las etapas del proceso y es fascinante.

Haga clic en el siguiente enlace para escuchar la primera parte:

  1. PRODUCCIÓN Y VERSIONES

Hablaste de tus alumnos. ¿Qué es lo que más te gusta de ser docente?

  1. DOCENCIA

¿Qué es lo que hace que sigas eligiendo a la música en tu vida?

No sé si la elijo yo. Creo que me elige ella. Pero bueno, también es una elección…

  1. CALEIDOSCOPIO MUSICAL

Entre Puntos Cardinales y Jardín Carmín hay una diferencia notoria en cuanto a la cercanía de los afectos. ¿Qué pasó en el medio?

  1. COMPOSICIÓN Y EJECUCIÓN

¿Te gustaría tocar en el exterior?

Sí, me encantaría salir un poco a tocar mi música en otros países. Eso está entre los proyectos que me gustaría plasmar en un futuro.

¿Qué músicos van a tocar contigo contigo el 31 de julio en la Hugo Balzo?

  1. MÚSICOS Y SHOW

Les preguntamos a algunos de los músicos que van a participar en ATEMPORAL si querían comentarnos qué admiraban de Carmen o qué les gustaba de tocar con ella. Con placer compartimos las respuestas que recibimos, ya que nos dan una idea del ambiente tan agradable que hay en el backstage de este show.

Yisela Sosa

“Carmen es luz. Agradezco a la música el haberla conocido y el poder compartir su magia”.

Janisse Richard:

Conozco a Carmen desde hace años y fue un honor y una alegría que me pidiera que cante con ella. Además de que me encantan sus canciones, participar en este proyecto es una experiencia súper disfrutable. Carmen te transmite esa pasión por la música de una forma increíble y se genera una energía re-linda. Como dice ella, de “música y amor”.

Camila Ferrari:

Con Carmen viví mis primeros encuentros con la música en el coro de la escuela, a los 8, 9 años. Nos enseñaba canciones de Cabrera, Rada, Stevie Wonder, Beatles y muchos más. De ahí en más entendí que la música iba a ocupar un lugar muy importante en mi vida para siempre. Fui creciendo junto a ella y compartiendo momentos muy lindos, como el lanzamiento de sus discos, el nacimiento de Nina (la niña más feliz del universo), la grabación del disco de Coralinas… en fin, todas cosas lindas. Es un honor para mí poder participar de este hermoso proyecto que es Jardín Carmín. Carmen no solo es una excelente música y profesora sino que también es una gran amiga y le debo gran parte de mi aprendizaje musical, así que no queda mucho más para decir que un gigantesco gracias!!!!! Cami.

Maxi Suárez:

No puedo hablar objetivamente de Carmen. Tengo la subjetividad del cariño, de la admiración, del respeto, de las interminables risas y asombros. Sé de dónde viene, de su nido, su familia, de la sensibilidad y la inteligencia… También fui testigo—y a veces parte—de hacia dónde va: un puerto cálido, seguro, maduro, sincero, auténtico.

Como artista, lo mejor que me ha pasado es poder ser amigo de las personas que admiro, trabajar con ellas, pero más que nada disfrutar de un eterno backstage de vida. Es imposible no ser una gran artista si se tiene talento… pero más si se es un ser de luz. Una hermana de las que uno sigue eligiendo sin dudar, todos los días.

Nacho Imbellone

Lo que admiro principalmente es su voz: su timbre, la forma en que la utiliza, sus dinámicas y matices. Adoro tocar con ella porque sus canciones me dejan flotando en una nube de paz.

La comunicación pasa a un plano estrictamente musical y fluye.

Sin entrar en detalles de la maravillosa atmósfera que generan los demás músicos en lo musical y lo humano.

Gerardo Alonso:

Doña Pi: Tocamos juntos desde hace casi 10 años y seguimo’ en este duro pero lindo camino que es la música. Está bueno como metés pa delante con tu proyecto. Presentaste tu primer disco con tremenda Nina contigo!! jaja. Vamo arriba y a seguirla.

Palito Elissalde:

Te cuento que trabajar con Carmencita es un placer por varias razones. Algunas muy obvias, como ser su talento artístico innegable, ya sea como compositora como también como instrumentista; su capacidad de desprenderse de los prejuicios, que le permite transitar por caminos musicales a veces muy diferentes con total naturalidad; y ni que hablar de esa voz tan linda y tan dulce. Pero lo más importante es que detrás de todo eso hay una persona linda y súper agradable que hace que el trabajo de ensayos, etc. se haga en un clima cálido y de mucho respeto. Un gusto y un honor ser su guitarrista! Desde acá, un saludo para ella.

Martín Ibarburu:

Con Carmen creo que empezamos con la música casi al mismo tiempo. De hecho estuvimos en una banda con Tabaré Cardozo, Pomo Vera, Montemurro, Carini y Nico hace algunos añitos.

Carmen es una crack, tremenda cantante y compositora. Pero también toca fenómeno el piano, la viola, dirige coros, es madre… y todo eso con la misma frescura de siempre.
Para mí es un placer y una alegría trabajar con ella por lo que es como músico y como persona.

Dany López:

Con Carmen nos empezamos a conocer trabajando con Jorge Schellemberg. Jorge es un tipo muy crack que naturalmente genera encuentros. En ese momento hacía relativamente poco que yo había comenzado a laburar con él, primero como tecladista y músico multifunción (coros, etc.) y luego como arreglador y productor en dos discos: ¨Estás de vivo¨ (disco orientado a público infantil y preadolescente editado por Papagayo azul)y ¨Antropopfagia¨ (editado por Zapatito records) y un show filmado por Autores en vivo con la Borocotó Jazz dance. Pocos meses después de estar tocando juntos Jorge me plantea que estaría buenísimo integrar a Carmen Pi al equipo de trabajo (en esa época: Pomo Vera, Juan Pablo Chapital y Gustavo Echenique) como corista y también como teclado adicional. Yo conocía a Carmen muy poco, pero tenía una idea de su calidad como cantante y pianista, de modo que la idea me pareció muy buena. Además de los primeros shows en vivo que compartimos, lo primero que hicimos juntos fue el trabajo de voces en ¨Estás de vivo¨. Tengo el recuerdo muy claro de esas primeras grabaciones juntos en el homestudio de mi casa. Carmen hipertalentosa aportando su voz mágica y su asombrosa facilidad para los arreglos vocales. Noté que sintonizábamos muchísimo. Nos entusiasmaba el mismo tipo de ¨menjunge¨ musical, entre rock-pop-jazz- clásico y canción popular donde todo vale sin prejuicio y también un sentido del humor muy similar y la capacidad de disfrutar de hacer música. Luego trabajamos juntos en ¨Antropopfagia¨ y la Borocotó Jazz Dance con Jorge y la invité a participar cantando en algunos discos donde trabajé como productor. Carmen grabó muchas de las voces de ¨Acuario¨ (mi primer disco) por ej: en ¨Asteroide¨ hacemos un dueto que luego repetimos varias veces en vivo, también en ¨Lugar donde nunca fui¨. ¨Ñacurutú¨ tiene dos versiones grabadas (una en Estás de vivo y otra en Acuario). Carmen grabo para las dos versiones coros super divertidos, con tremendas dosis de swing y creatividad. Me acude el recuerdo de Carmen mostrándome algunas músicas suyas que estaba preparando cuando estaba armando el repertorio de su primer disco. Me viene a la cabeza una versión increíble de ¨Time after Time¨. Me acuerdo de grabar en mi homestudio a Carmen cantando esa versión hiper-emocionante de un tema al que yo creía que ya no se le podían encontrar más vueltas. Quedé muy impresionado por su capacidad de tocar emociones con la voz. Carmen es un ser musical por naturaleza. Me corrijo: por nurtura y por cultura. Tiene un vínculo súper natural con la música; la música en ella sucede naturalmente, como nos sucede respirar. Al mismo tiempo tiene muchísima música escuchada y tocada en distintos momentos de su vida, de orígenes muy distintos; desde música Barroca hasta Rock pasando por todo lo que se te ocurra en el medio. A Carmen le encanta la cocina de la música, le encanta cocinar y saborear música. Podés estar conversando con ella y hablar de un tema equis de Sting, de los Beatles o de Jaime y ocurre que si hay una guitarra o un piano cerca, es probable que Carmen comience a tocarlo como si lo hubiera tocado toda la vida y te muestre determinado detalle que le llama la atención en la evolución armónica o la melodía. A medida que fuimos compartiendo mucho tiempo de música y trabajo juntos nos hicimos muy amigos. Una persona increible, muy generosa, con una sensibilidad impresionante y tremenda capacidad para transformar eso en música. Hace un par de años me invitó a trabajar con ella en su segundo disco como productor.

Tremendo honor. Disfruté enormemente acompañarla en ese disco. Cuando un artista te invita a producir su disco te está abriendo la puerta para participar en algo muy valioso. Te abre la puerta de su mundo a través de sus canciones y te invita a ser parte a comentar, sugerir, intervenir. Esa invitación es un gesto de generosidad y confianza muy grande que agradezco pila. Meterme en el mundo de canciones de “Jardín Carmín” fue tremendo viaje. Siempre valoré mucho a la Carmen creadora. Es la Carmen que me resulta más interesante desde lo musical. El tema es que Carmen siempre es súper creadora. Cuando versiona una cancion la re-crea. A mí me interesa particularmente la Carmen compositora de sus propias canciones y decidora de sus propios decires. Trabajando con ella en “Jardín Carmín” me encontré con esa compositora poderosa que también escribe preciosos versos. Recuerdo estar en casa de Carmen escuchando muchas de las primeras versiones de las canciones del disco, peloteando ideas, buscando soluciones para un verso o para la salida de una estrofa. Carmen es una bestia musical (una bestia en una buenisima, jejejeje). Es una fuerza natural haciendo música. Para hacer Jardín Carmín estuvimos un buen buen rato sumergidos en ese torbellino creativo de inspiración carminística hasta resolver que teníamos las canciones que armaban el disco. Luego nos metimos en el estudio, con una tropa de músicos divinos (Gerardo Alonso, Tato Bolognini, Palito Elissalde, Ángelo Primón, Chancho Blois, Nacho Imbellone) e ingenieros capos (Diego Rey y Nico Panzl) y fue una experiencia igual de linda. Fue un placer ser parte de ese disco y estoy muy agradecido a Carmen por su amistad y por permitirme ser parte de su música.

 

Entrevistadora: Patricia Schiavone

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