Ready? – CANCEL CULT

Lo que tiene entrevistar a una banda es que te hace escuchar y re-escuchar su música. Para la entrevista de hoy tenía solo 1 track, 1 video para escuchar. En el proceso volví a ser consciente de todas las formas que hay de escuchar un tema y de ver y escuchar un video musical.

La 1a vez le agarré el sentido general, sentí el primer impacto: me gusta o… no me gusta; el video me dice algo o… no me dice nada; qué laburo y onda tiene este video o… es más de lo mismo.

La 2a vez me fijé en la forma general de la canción. Sí, sí, tiene esos cambios de registro y ritmo que me gustan tanto. Qué genio este Llambo, porque sus agudos son un delirio de bellos pero sus graves te sacuden el esqueleto. Qué bien que hay de ambos acá. Y la guitarra mete distorsión pero silencio también. Se siente bien.

La 3a vez: ¿Qué tal la letra? Súper acompasada con este momento de la humanidad. “You can still be free if you try”; “Facing all your demons there’s nowhere you can hide”, “I’m running out of time”, “Will the sun forever shine?”, “When your rights are over is the king who takes the prize”, “Bright enough to blind the eye”.

La 4a vez: A ver los instrumentos. Claro… son unos capos virtuosos y en cada nota se siente los kilos de música que tiene cada uno. El tema le pide mesura al virtuosismo la mayor parte del tiempo y estos capos le dan al tema exacto lo que precisa. Pero los kilos de música que tienen detrás se percibe en cada, cada nota tocada por cualquiera de ellos y también en la completud y certeza de la banda en su conjunto. Da la impresión de ser una banda armada hace decenas de años, aunque sabemos que no es así.

La 5a vez: “Che, qué bien está esto. Y el video tiene un laburo genial”.

A la 6a vez lo escuché con los ojos cerrados y con buenos auriculares y volumen. Pah! Se abrió el mundo y se multiplicaron las capas de todo. [“¿Por qué no lo escuché así desde la primera vez?”] Si bien escuchar música es muy personal, a mí me gusta compartirlo. Les cuento algo de lo que encontré.

Lo primero que noto en los primeros compases es la combinación de ambas guitarras, una con acordes y distorsión y la otra tocando una melodía, el bajo con esa energía re para arriba y el balance de los platos de la batería: 2 a la izquierda y 2 a la derecha.

Enseguida me impresiona la segunda voz que no había escuchado antes y el coro tremendo que hay del segundo 0:42 al 0:54, que también los había pasado por alto cuando lo escuché por los parlantes. Estas voces y otras que aparecen a lo largo del tema son de Navarro y Delfino.

Del 0:54 al 1:12 la voz me llegó directo al corazón. Por un lado la siento cercana, casi como si no estuviera afuera, y por otro certera, ofreciéndome un sostén firme para el viaje. [Juro que solo desayuné tangerinas hoy].

Del 1:12 al 1:34 hay un puente instrumental que con gran fuerza y aplomo, a la vez, ofrecen la transición a lo que sigue.

Del 1:34 al 1:48 es voz, bajo y bombo de la bata (maravillosa combinación). Otra vez la voz introspectiva cala hondo y me emociona cómo el bombo de la bata y el bajo, tocados al unísono, le agregan un toque de energía optimista a esos compases, que sí o sí te impulsa a la acción.

La tensión musical va en aumento gradual, con la participación de todos los instrumentos y voz hasta el minuto 2:28 en que hay un breve momento de calma para retomar el ascenso anterior, con un despliegue de sonidos que mata. La fuerza y la magia del bajo es algo increíble. La batería está genial porque le mete toda la garra necesaria pero no se roba el protagonismo en ningún momento, ensalzando todo y desplazando nada.

En el 3:28 al 3:43 hay otro puente musical con un riff poderoso a dos guitarras (bata y bajo también), que se vive brevísimo, porque dan ganas de más, pero está impecablemente administrado en el tema.

Del 3:43 al 3:59 el canto de Llambo es para morirse. Sube a los súper agudos y pasa a los graves con una soltura admirable, pero más allá de lo técnico o la dificultad que seguramente eso conlleve: ¡es hermoso de escuchar! Pienso que es tan fascinante porque vuelca todo su sentimiento en ese canto. Te va aumentando la tensión y la emoción hasta que sentís que no aguantás más, y ahí afloja, baja y te permite descansar un segundo para luego volver a llevarte hacia la expresión de todo lo que pudieras tener acumulado.

En el minuto 4:10 arranca un divino solo de guitarra. Ese comienzo de solo ya es genial y luego aumenta y aumenta la emoción (hasta el minuto 4:30).

El final del tema es como el final de un trailer de película de ciencia ficción. El efecto en mí es: “quiero escuchar ya el próximo tema de esta banda por favor!!”

Me quedo con la certeza de que no hay una nota puesta al azar en este tema. Todo fue pensado y colocado como si fuera una obra de ingeniería.

En fin… me gusta.

¿Será que grabaron esto por separado o lo habrán grabado juntos?
¿Quién es el que solea sobre el final?
¿Cómo componen sus temas?
Ya nos enteraremos hoy un poco más tarde.

Los músicos de la banda CANCEL CULT son:

Alejandro Llambías, “Llambo” (voz)

Federico Delfino (bajo)

Francisco Fattoruso (guitarra)

Federico Navarro (guitarra)

 

 

Por el momento la banda no tiene baterista fijo. En este tema el baterista invitado es Tote Fernández.

Homenaje a Chris Cornell en Inmigrantes

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El clima gélido montevideano del miércoles 5 de julio de 2018 a las 22:00 horas era un espejismo para ocultar una velada acalorada y con un nivel alto de frecuencia celular.

Calculé a qué distancia me pararía para que el volumen no fuera demasiado e incluso evalué la posibilidad de una huida discreta. Sin embargo terminé, por elección, en primera fila, recibiendo todo con las tripas, y gozándome la vida durante las dos brevísimas horas que duró el homenaje a Chris Cornell de Llambo (Alejandro Llambías), Tote FernándezJuan Eiraldi y Fernando “El Rengo” López.

Un Inmigrantes completamente lleno (“up to the balls”, como bromearon) se mantuvo al firme con mucho respeto, atención plena y satisfacción justificada.

Qué privilegiados los que estuvimos ahí. Fue un concierto compacto en su excelencia, con un nivel de energía sostenido hasta el último segundo. Inclusive la participación de varios invitados sucedió cómoda y coherente con esa unidad.

Llambo se pasa de genio. Cantó las dos horas con esa calidad que lo caracteriza. Lo más obvio y lo primero que atrapa es su dominio técnico para llegar a notas súper agudas o a un registro mucho más grave sin disminuir para nada la textura del sonido ni la afinación. Pero lo que a mí me embriaga es la convivencia en una sola voz de una buena dosis de garra, de potencia, también de tristeza, y una enorme porción de dulzura, suavidad, cordialidad. Llambo está al mismo nivel de cantantes gigantes como Chris Cornell o Myles Kennedy pero tiene un ángel especial que lo identifica y diferencia de cualquier otro. Él despierta una constelación de emociones y nos permite poner a la vista aspectos contradictorios que conviven en nuestro interior. Escucharlo no es algo que convenga hacer a la ligera… hay que saber que uno se está entregando a una transformación potente. Después de la experiencia es como si la filigrana de la vida tuviera hilos de más colores y todo brillara más.

Juan Eiraldi en la guitarra sostuvo el mundo melódico y armónico de la noche de manera admirable, con un toque optimista y corpulento, sensato pero vivaracho, alegre e inquieto. Me llamó la atención su genial ubicación para despegar cuando así convenía y para generar una base adecuada cuando otros tenían el protagonismo. Su sonido es limpio, decidido y su impronta es calma, segura y gozada. Sin duda un gran guitarrista.

A la izquierda del escenario, regocijado, Fernando “El Rengo” López llevó, sabio e incansable, la batuta con el bajo. La máxima “menos es más” se resignificó aquí para mí. Si bien por momentos aparecían más, me sorprendió -para bien- su efectividad con pocas notas. De la mano con esto disfruté tanto de los sonidos no tocados pero implícitos que sí sonaban en mi cerebro como de las notas sostenidas y saboreables durante tiempos completos. La buenísima comunicación con la batería fue otro de los hitos.

Lo que me lleva a situar la mirada en Tote Fernández. Antes de que comenzaran le pregunté qué le atrapaba más de este proyecto. Me respondió algo así: “Son las canciones que escuché durante toda una época, esta música corre por mí, y lo que más me gusta es tratar de generar lo mismo que los bateros de las canciones originales, que tienen sus diferencias”. [Matt Cameron, Brad Wilk y otros]. Durante el show fue fascinante presenciar ese cambio de energía entre los temas, con los diferentes vocabularios y enfoques, y sin embargo, detrás, en el fondo de esas variaciones, encontrar el sonido tan personal de Tote, que tiene una solidez extrema pero cómoda, una contundencia bestial y creativa, un gusto de chef francés al elegir sus fills y también sus silencios. Admiración total me generó su habilidad para disfrutar a tope, permitirse emocionar y excitar notoriamente por la energía de la música y a la vez mantener el tiempo y el temple con maestría. Si lo han visto, saben que es bastante alto. Para que se hagan una idea del volumen que hubo por momentos, déjenme contarles que subía los palos hasta encima de su cabeza para tomar impulso. “¿A vos no se te rompieron los oídos?”, me preguntó Llambo. Y no, porque me pasé el toque entero poniéndome y sacándome los protectores. Cada vez que él decía “vamos a tocar una baladita”, yo volaba a protegerme estos órganos de los que dependo para ser feliz. Y, nobleza obliga, hubo lapsos más calmos en los que fue muy placentero estar desprotegida.

Hubo varios invitados: Sebastian Casafúa (Voz), Leo Varga (Batería), Emiliano Pérez Saavedra (Batería), Gonzalo de Lizarza (Guitarra), Claudio Pintos (Guitarra), Diego Bustamante (Voz), Marcelo Leoni (Bajo) y Rosendo Saralegui (Bajo). Todos aportaron su color personal que combinaron a la perfección con la paleta de la noche.

En este encuentro de tributo sonaron, con todo el respeto del mundo, temas de Soundgarden, Temple of the Dog y Audioslave. Es doloroso detenerse a ver que un ser tan creativo y genial como Chris Cornell llegó a no encontrar motivación para continuar viviendo teniendo aún unos cuántos años por delante. También es emotivo que su obra continúe renovándose con músicos que le rinden homenaje de esta manera tan profesional.

 

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Foto de portada: facilitada por la Producción.