Comunión Total de Fede Blois. Entrevista.

A Federico Blois lo venimos viendo y escuchando en toques con muchos músicos y ahora él está editando su propio disco, titulado “Comunión Total”, para el cual organizó un pedido a través de la plataforma de financiamiento colectivo Ideame. Quedan apenas 12 días para colaborar.

Para hacerlo hay que entrar en http://www.idea.me/proyectos/46281/fede-blois–disco–videos y elegir el monto con el que se quiere colaborar. Hay varias opciones según las cuales el colaborador recibe el disco en formato digital y/o físico, entradas para la presentación del disco, clases e inclusive participación y grabación de Fede en un tema musical del financiador. ¡Los animo a investigar las opciones!

El objetivo es recaudar el dinero suficiente para imprimir 350 discos, editar tres videos que saldrán con el CD y lanzar el disco en diferentes plataformas digitales (Spotify, Amazon, iTunes).

En esa página de Ideame pueden ver el video de promoción del disco, donde Fede cuenta sobre el proyecto, los apoyos que ha recibido hasta el momento y nos da una buena idea de lo que podemos esperar en materia sonora.

En su página web, http://www.fedeblois.com/grabaciones , se puede observar la amplia experiencia discográfica de Fede Blois, quien hasta el momento de esta grabación de su disco personal ya había participado en veintinueve grabaciones con varias bandas y con diferentes artistas (Don Nadie, Abuela Coca, El Congo, Beto Ponce, 4 pesos de propina, La Calenda Beat, Métis, Rossana Taddei, Tatocando, Santiago Montoro, NTVG, Tunda Prada, Francisco Fattoruso, Belén Cuturi, Florencia Núñez, Carmen Pi, Marcelo Fontanini, Don Godie, Mateo Moreno, Alfredo “Chole” Gianotti).

Será en el mes de marzo que podremos asistir a la presentación de Comunión Total, que promete ser un disco con algunas peculiaridades de las que en lo personal considero bien interesantes. A continuación encontrarán la conversación que tuvimos con Fede al respecto del disco y de la música en general.

fede-blois-foto-julieta-raso

Foto: Julieta Raso

¿Qué significa “Comunión Total”?

Antes de comenzar a grabar el disco hice un banco de datos de cosas sampleadas. Samplear es ir agarrando pedacitos de audios. Y hay un tema en el que sampleé una entrevista a Perico Gularte, que es un percusionista que a mí me encanta – soy fanático de él – y ahí él va contando sobre el candombe. En una parte dice “Cuareim, Ansina y Cordón” y habla de la comunión total entre esos barrios y cómo forman el candombe. Yo agarré esa idea, la amplié a los ritmos y al folclore en general. Y también lo podés tomar para el lado de la música, que es la comunión entre todos.

Conociendo a tantos músicos, ¿cómo elegiste quiénes tocarían en tu disco?

Fue complicado, porque he tocado con tanta gente y me he hecho amigo de todos ellos. También fue difícil porque si bien Uruguay es chico, hay muchos músicos y gran variedad de estilos. Cuando empecé a armar el disco pensaba invitar a muchas personas más pero después, cuando lo llevás a la práctica, es imposible, por un tema de agenda, por miles de cosas. Entonces lo que hice fue armar una banda con la que también pudiera proyectar salir a tocar después de grabarlo. Gente que se pudiera copar con la música, que tuviera el tiempo para dedicarle, y con quienes tuviera afinidad. Armé una banda con Nicolás Parrillo (batería), Manu Contrera (teclados), Guzmán Silveira (bajo, voces y productor), Santiago Acosta (percusión), Leo Giovanini (percusión) y Joel Capdeville (guitarra). Esa es la banda estable. Pero me habría gustado que grabaran millones de músicos. En el disco hay también músicos invitados, que son: Miguel Leal, Aníbal González, Martín Paladino, Nicolás Ibarburu, Sebastián Prada, Sebastián Jantos, Cecilia Rodríguez, Lucía Tolomei, Benji Barreiro, Pedro Alemany, Martín Morón, Martín Gil y Fran Nasser.

Al disco lo grabamos durante una semana de convivencia y se armó un grupete humano increíble. Yo quedé re copado. Lo grabamos en Elefante Blanco, el estudio de NTVG. El bajista que es el productor del disco es el bajista de No te va gustar. Con Guzmán íbamos juntos a la escuela. Él fundó Don Nadie. Él me ayudó a producir el disco. Esa semana fue increíble… ver a la gente coparse como si fuera un proyecto de ellos… eso está buenísimo.

¿Qué fue diferente entre grabar en discos de otros y grabar tu propio disco?

Primero que nada, la organización. Porque es un disco independiente de verdad. Lo hicimos todo nosotros dos, mi compañera (Fernanda Piñeirúa) y yo. Así que toda la parte de la producción fue algo diferente. Pero después, en la parte artística, creo que es lo mismo. Cuando yo voy a tocar con alguien me pongo como si fuera un proyecto mío. No siento que haya una diferencia. Cuando uno toca en un disco ajeno siempre elige tocar lo que precisa el disco, y siento que en este caso todos se pusieron en la cabeza de mi disco. Todos, hasta el que lo mezcló. Generalmente a la percusión la ponen baja, y el día que fui a escuchar las primeras mezclas sentía fuerte a la percusión. Él me dijo: “No, pero es un disco de un percusionista”. Todos se metieron en el concepto del disco.

¿Cómo se compone desde la percusión?

Yo empecé tocando con Don Nadie, que es una banda de canciones, y seguí laburando con canciones. Siempre tuve ganas de componer y componía desde la guitarra o el piano pero no me convencía. El año pasado, cuando tuve la idea de hacer el disco, empecé a componer desde lo que yo hago. Yo estudio muchas horas de percusión y después iba y quería hacer un tema con el piano. Eso no tenía mucho sentido. Y además las cosas que tengo para decir son a través del instrumento. Una vez que tuve eso claro, hice una investigación, que estuvo increíble, de buscar compositores percusionistas. El que me partió más la cabeza fue Naná Vasconcelos.

Hacer una canción desde la percusión te permite jugar mucho y divertirte. Lo primero que me imaginaba era combinaciones de ritmos. Hay una música que se llama “Liberté”, que es un ritmo de Guinea, que se toca con djembé y dun dun. Con el djembé yo escuchaba un ritmo agresivo, intenso, y me imaginaba guitarras eléctricas arriba de eso, como un rock and roll. En ese caso particular tenía esa idea de mezclar ese ritmo de Guinea con un rock. Hice la base de esa mezcla, una base de percusión con una batería rockera y a partir de ahí vi qué podía convivir con eso. Yo tampoco tengo mucha técnica ni de guitarra ni de piano, entonces para ponerle la melodía iba probando. Eso fue lo que más me llevó tiempo porque grababa, regrababa y editaba. Grabé todas las maquetas de los temas y se los llevé a los músicos. Ahí fue increíble porque fue como si los temas antes tuvieran cuatro colores y cuando los agarraron ellos apareció toda la paleta.

¿Cuánto tiempo te llevó desde que resolviste hacer el disco hasta que lo terminaste?

Como un año y medio. Inicialmente hice más temas. En el disco quedaron solo siete pero hice entre diez y doce. Traté de darle una coherencia, que no sé si logré. Algunos temas no combinaban con los otros y quedaron afuera.

¿Para qué hacés un disco en este momento en el que podés grabar un tema de mañana y colgarlo de tarde en Youtube?

Es como una cosa romántica que tengo. Quizás las generaciones que vienen no lo tengan tanto. Más allá de que yo no tengo muchos discos me parece que el disco transforma a la música en algo más real, más tangible. Por otro lado, a la hora de compartir, de darle a la gente, me parece que el disco tiene algo diferente, más romántico. Y es lindo ver la estética, leer quién grabó, etcétera.

Desde el lado del que va a consumir tu música, ¿por qué dirías tú que compren un disco y no te escuchen por Youtube?

[Risas]. La verdad es que yo prefiero que escuchen mi música. No hago esto para vender discos, lo hago para compartir la música y para salir a tocar. Si me quieren escuchar por internet, está todo bien. Pero lo que le encuentro de bueno al disco físico es poder ver quién grabó, ver cosas de la interna.

Habiendo estudiado con tanta gente y en tantos lugares, ¿qué enseñanzas fueron más importantes?

Tuve la suerte de encontrarme con Nico Arnicho que para mí es uno de los mejores percusionistas del mundo y lo tenemos acá y eso es increíble. Nico está todo el tiempo pensando en hacer cosas y eso es un gran ejemplo. Lo vi por primera vez con La Tribu Mandril y me volví loco. Además, en ese tiempo mi banda de cabecera era Pepe González, era fanático. Y en el disco “Faros” Nico canta un tema (El misterio del pueblo). Así fue que lo conocí. Me parece increíble técnicamente y lo que sabe, compone, canta, se toca todo y la dedicación y la seriedad con la que se toma la música también es otra gran enseñanza. Tuve la suerte de estudiar con él y después cuando me fui de viaje a estudiar en otros lugares me sentí que iba con algo de verdad, estaba por dentro. Estuve años estudiando música cubana con Nico y cuando fui a Cuba me di cuenta que lo de Nico era verdad.

Hay algo que me repito, que me dijo Fernando (Cachito) Rodríguez, ex percusionista de La Abuela Coca, refiriéndose a los ritmos: “Hay que aprender todo para a la hora de hacer lo tuyo, desaprender y hacer algo nuevo”. Y este disco es así. Tiene esa búsqueda de desarmar los elementos tradicionales, que es una búsqueda de toda la vida. Me gusta especialmente cuando escucho y no logro definir bien qué es lo que toco en una canción, cuando es una mezcla de cosas.

Hay un tema que hice con este instrumento, la embira [me lo muestra]. Yo en realidad nunca estudié este instrumento pero empecé haciendo algo con esto y quedó una cosa rarísima que está buenísima. Con los otros instrumentos tengo una base teórica más fuerte y sin embargo ese es el tema que me parece más que tiene algo particular. Mi acercamiento a este instrumento fue cuando quedamos embarazados y busqué música para bebés recién nacidos y lo primero que apareció fue música con embira, así que le tocaba en la panza. Y a partir de eso hice ese tema. Pero si lo escuchás no es nada definible. Es un tema en 7, con unos bombos legüeros.

¿Buscás que sea un tema en siete o te sale un tema en siete?

Mirá, en ese tema en particular, que se llama 7 de enero, busqué hacer algo irregular. Porque el disco básicamente es todo bastante rítmico y como para bailar. Sentí que al disco le faltaba algún tema irregular y empecé a hacerlo en 7. Era con la embira, una calabaza y bombos legüeros. Al principio el tema había quedado afuera pero Morena nació el 7 de enero. Justo nació el 7 de enero y el tema era en 7, así que lo tuve que terminar e incluir.

Cuando te veo tocar, te bailás todo. ¿Esa alegría es permanente en ti o es algo característico de cuando tocás música?

Ojalá fuera todo el tiempo. Ser músico te requiere mucho esfuerzo de estudio, invertir horas, económicamente siempre estar atrás del peso, es muy difícil ser músico en Uruguay. Entonces cuando voy a tocar, después de haber ensayado miles de horas, después de haber cargado los instrumentos, tengo que pasarla bien. Si no, no tendría mucho sentido. Y me gusta mucho tocar, lo disfruto. También en la percusión pasa algo con la soltura y con el cuerpo.

¿Y te gusta bailar fuera del escenario?

Soy re tímido. Me encantaría hacer clases de danza. Nunca me he animado. Me insisten permanentemente que haga… me gustaría pero soy vergonzoso. Sin embargo, cuando toco no me da vergüenza. Se ve que como estoy tocando entro en un viaje. No te voy a decir que es un trance pero me genera cosas que están buenísimas. Me suelta, me libera. En la música pasa algo que supongo que debe pasar en cualquier actividad: que cuando realmente está bueno se forma como una bola de energía. Lamentablemente no pasa siempre, pero cuando pasa la sensación es increíble. Es como con los tambores o con la música folclórica, y más con la de religión. Por ejemplo tocando los tambores es un trance, realmente. Cuando viene sonando la cuerda y todo el mundo concentrándose y escuchándose está buenísimo. No se sabe qué es eso. Para mí que es eso, el conjunto de gente concentrada en lo mismo y tirando para el mismo lado.

De repente lo que hace que sea tan mágico es que todos están tirando para el mismo lado pero en algo externo a ellos mismos, generando algo en común, y no desde el ego.

Y cuando se forma esta bola de energía no importa nada, podés estar tocando para dos personas.

Entra Fernanda y dice a las risas: “¿Puedo aportar algo?” Fede la anima a que lo haga, y ella agrega:

“Para mí esa es la comunión total. Y tiene que ver con el disco y con todo. Hasta con lo religioso que puede tener la frase”. Y Fede se quedó pensando y asintiendo.

¿Cómo podés asegurarte de que eso suceda con la banda cuando salgas a tocar en vivo?

Y… creo que depende de que la gente esté realmente metida en la música, que le guste, y también de la relación humana que se construye.

Me da la impresión de que el percusionista tiene que estar más adelantado que los demás en cuanto a lo que pasa o va a suceder en la música, pues tiene que contar con ese par de segundos extra para dejar un instrumento y agarrar el otro. ¿Es así?

Nunca lo había pensado. Puede ser. Yo a los sets que tienen muchos instrumentos los pienso como si fueran las notas. Si voy a un toque con dos congas es como si tuviera el do y el re y si tengo un set grande tímbricamente tengo más notas. Lo relaciono igual que con cualquier instrumento. Y algunas veces necesitás, por ejemplo, el do sostenido y pensás: no lo traje porque era muy pesado. No sé si tenés que preverlo de antes. Lo que está bueno es que esas notas diferentes son de distintas músicas del mundo. Vos podés armar un set con instrumentos cubanos, africanos y latinos, y se juntan, formando la escala. Yo lo relaciono así. No es que lo piense como si fueran notas pero sí lo relaciono con lo melódico.

Algunas veces los percusionistas se fascinan con meter cosas y no tienen tan en cuenta lo que precisa la música, ¿no?

Bueno, yo en realidad puedo tocar solo una pandereta o un shaker y lo disfruto pero porque me copo con la música toda. Pero claro, en este disco aproveché a hacer mucha cosa que se puede hacer con la percusión y que de repente en otros proyectos no podía. Porque muchas veces pasa que te matás estudiando o investigando y después cuando vas a tocar tenés que tocar una cuarta parte y está bueno poder sacar algo más para afuera. Lo de componer a través de la percusión también es generar texturas diferentes. Y yo sentía que venía con una concepción de la música un poco estructurada de más. La música es muy amplia y la percusión tiene mucho de intuitivo. Me gustó explorar un poco más y generar cosas diferentes.

En términos generales, ¿qué estilo dirías que tiene el disco?

Si tuviera que etiquetarlo, creo que diría que entra en world music. Es un disco instrumental. Hay un tema cantado, al que yo le hice la música y Seba Prada le puso la letra. Después hay otra canción que cantó Seba Jantos que en verdad no es una canción sino un rezo a Ogum. Hay candombe también. Lo siento como música montevideana, muy uruguayo a pesar de que tenga ritmos de otros lugares.

Foto: Julieta Raso (facilitada por Fede Blois)

Entrevistadora: Patricia Schiavone

Fecha de la entrevista: 24 de octubre de 2016.

Esta entrevista también se publicó en COOLTIVARTE.

“Simpler Times” CD, by Chester Thompson Trio

Today I felt this urge to let all of you know about this record because I absolutely loved it from A to Z. So, here I am. Hopefully you’ll follow my advice, purchase the CD, and tell me whether you agree with me or not. I wholeheartedly promise you will thank me!

chester-thompson-trio-simpler-times-front-cover

“Love is the only force capable of transforming enemy into friend”, says a graffiti on the wall next to the musicians in one of the CD pictures (see below). While listening to this piece of art, the feeling one gets imbued with is clearly love, universal love. This is probably the utmost contribution a group of musicians can make to humanity.

 

chester-thompson-trio-inside-cover-simpler-times

This wonderful record has a wonderful-feeling name: “Simpler Times”. How does that feel to you? Yeah, I thought so.

The first two songs were written by pianist Joe Davidian. When playing first track “Elation”, one would easily think the trio is Brazilian. Learning Chester Thompson’s favorite rhythm is samba came as a big surprise to me. Well, this track sounds so Brazilian that it amazes to know musicians are from the U.S.! This song makes life seem easy, simpler than it really is, probably happier too. From this very first moment, something that called my attention was how the three members of the trio, being of different ages, can blend so masterfully. In fact, I think Thompson plays as if he were twenty years younger and the pianist and bass player sound much more mature musicians than their age would suggest. The three of them are virtuosos but their mastery of music and instruments are undoubtedly put at the service of music in this record. If you have read the interview I published some months ago, you’ll probably have the same perception I had: that the three of them are really, really listening as if they were in the audience. There is no hint of ego anywhere and the general feeling is of collective joy and collective creation. I guess that’s the reason why when I listen to this record I feel universal love emerging in me.

The co-creation among the three musicians in track number two, “You Are Sid” is so, so great! You have to listen to it! There is no way you miss having this experience if you are a music lover. This song is mostly jazzy, but it also has some hints of Brazilian feeling in it, probably given by the place where stress of phrases is. Its rhythm is jazz, though, and at this point one feels grateful for the trio formation. All notes are clearly heard and one can actually enjoy the three so distinct and so complementary sounds. How they co-create what happens here is out of this world, really.

“Joy Waltz” is a jubilant song by bass player Michael Rinne. Again, the three musicians make a wonderful piece together. There are great solos of the piano and the bass which are really enjoyable. I was elated by the choices of Chester Thompson when accompanying both the bass and the piano solos and by the magic he does with his cymbals. He plays them extremely lovingly, softly, yet so well defined. At times he chose to repeat what the bass was saying, sometimes he is highlighting one only note, creating a very distinct feeling, sometimes he fully underlines what is being said by the other two, but everything is done with such respect for music as a whole that the final result is remarkable. The bass sounds much more mature than it is logical to expect, with a superb feeling and sound, and the notes in the piano have a very crystalline quality, super well defined and beautiful.

Track 4 is beloved song “Naima” (by Coltrane). Kirk Whalum’s participation is most important in this track, which takes you to simpler times very easily. While listening to it, images of calm moments of my life kept coming. For example, one special afternoon that I spent reading a book about Kind of Blue at some wonderful flat facing the river. That afternoon I felt so much like time travelling to 1959. Well, this version of Naima took me in that same direction. I loved it, loved it, loved it. Again, his cymbals!!! Thompson transmits something very, very special through cymbals. There is something very lively with his hi-hat, and something really, really sweet in his playing of the other cymbals. His grooving is magical and the last sustained note by the bass and the sax is definitely a brilliant ending for this masterpiece.

Well, then comes “Desafinado”. How on Earth did they get the idea of changing its metric? That was such fantastic creative choice. Arrangement of this track is credited to Michael Rinne, so I take my hat off to his choices. This version sounds much more alive, much more interesting than the many versions I’ve heard of this song before. In my opinion, this trio really nailed it with this version. Again, Thompson’s co-creation of the bass solo is amazing, with so much gentleness and so lively, so musical… I fell in love with this version of this song. And the piano sounds so Tom Jobim here! This is a really great version.

“A Remark You Made” (by Zawinul) is a song that makes me so nostalgic of the early times when I first listened to Weather Report. It’s one of those songs that I’ve made mine, somehow. The piano in it is an absolute delight. The hi-hat in this song is a thrill. Due to my love for drums, I often linger my ear in the percussion section of tracks. By doing so in this one, I got a blissful sense of freedom when focusing on the hi-hat sounds. Another marvel is the double bass sound when played with the arch. And the bass keeps surprising me with its experienced sound and feeling.

“Better Get it in Your Soul”‘s version is so enjoyable. In Charles Mingus’ original version, to my taste, notes are a little too dense… like bumping into each other, or accumulated in a somehow disorderly way. However, in this Chester Thompson Trio’s version everything is clearly heard and savoring it is easy, wonderful. This is such an uplifting track! The double bass contribution is really fantastic here and the joy in the drumming is heart-warming. The piano in this track called my attention for its double quality of rhythm and melody so well unified, at the time that it creates a different, new atmosphere that feels so, so good. This is a track which had everything to become aggressive, yet it is sweet and happy.

“Serenity”, by Joe Davidian, drives us again to Brazil. I don’t know what relationship Davidian and Rinne may have with Brazil, but they seem to have listened to a lot of Brazilian music and they certainly took lots of it in with mastery. Although it is a calmer track, it is still joyful and uplifting. Those two are probably the better defining adjectives for this record. The ending notes are again a delight!

“Simpler Times”, by Rinne, should be the trio’s hit. Groovy, lively, an invitation to dance. If I loved the hi-hat in other tracks, the snare and toms fully hooked me in this one, and the whole co-creation among the three musicians. This is a song that is found live in Youtube. Go for it but there is no possible comparison of sounds with the CD. This CD is a treat worth having on our shelves.

The version of Cole Porter’s “So in Love” surprised me in the same way as Desafinado did. It’s super good. I loved the bass attitude and attack in this song. It’s as if the bass became especially lively in this song. Music becomes a perfect mix of jazz and Brazilian music, which ends up being a real delight. In this track I felt the need to bow at Chester Thompson’s amazing drumming experience, which transpires in this kind of musical gem.

“New Life”‘s calmer quality is greatly received after the increase in excitement of the previous tracks. This is a track where kindness and sweetness emerge in a very special way. It feels soothing and warm. I welcome it with much gratefulness. I ended up dancing with it. I think that’s the best thing a song can cause: the will to move, to dance, to accompany it somehow.

“Single Source” is the last track and one of the most uplifting ones from this beautiful record. When it finishes, you want to play the CD again!! This song in particular sounds amazingly young and mature at the same time. I think the mixture of ages and experiences shows here in a very special way. Sounds from this track reach several different memories and mechanisms inside… as if several worlds would suddenly become together. I cannot explain it better than that, but it’s a weird and very nice feeling.

What a wonderful CD “Simpler Times” is. I’m so very grateful to have become curious enough to really listen to it. I encourage you to do the same. Let me help you with the links where you can find it either for purchasing its digital version or its physical one:

CD Baby: http://www.cdbaby.com/cd/chesterthompsontrio2

Amazon: https://www.amazon.com/Simpler-Times-Chester-Thompson-Trio/dp/B0176Q47SQ/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1477273227&sr=8-1&keywords=simpler+times+chester+thompson+trio

A final note: Joe Davidian grew up in Vermont. He started studying classical music, then was introduced into jazz by his father. He’s been a teacher since he was very young and he is a professor at Belmont University, in Nashville, TN. Michael Rinne was born in Arkansas, but currently lives in Nashville, too. Both Davidian and Rinne have recorded with several well-known artists and toured nationally and internationally. Chester Thompson’s impressive music career includes his collaboration with Frank Zappa, Weather Report, Genesis, Phil Collins and a very long list of other musicians he has played and recorded with (I was really surprised when I learned–from Hugo Fattoruso–he had even recorded with Hermeto Pascoal). He currently teaches drums at Belmont University. He is widely known by his versatility to play all styles of music. I would like to add that his creativity, independence and how he surprises us with his choices when playing is something really amazing.

PS: Spanish version of this review will be coming as soon as possible. This one naturally came up in English first.

Notas graves y dulces. Entrevista a Federico Righi

El móvil que genera las entrevistas es muy variado. En este caso la entrevista fue disparada por una sospecha personal de que detrás de esas notas en el bajo había un ser humano que tenía cosas interesantes para decir. Hoy me alegro de haber tenido esa intuición y comparto con ustedes una entrevista que puede resultarles un poco larga pero que sospecho que coincidirán conmigo en que recortarla más sería un crimen.

Fede-Righi-entrevista-oct-2016

¿En qué proyectos andás hoy?

Hoy el principal proyecto que tenemos es con Sara Sabah, con quien armamos un dúo. Ahí yo toco el bajo y un poco la guitarra. Esto surgió porque con Sara hace tiempo que queremos armar un disco de música sefaradí. Hace un par de años que Sara empezó a incorporar en su repertorio alguna canción sefaradí y estamos viendo la posibilidad de ir a grabar un disco con unos productores en Israel.

¿Qué características tiene la música sefaradí?

Es una música que tiene múltiples orígenes. En cuanto a los instrumentos, siempre hay laúd, flautas y diferentes instrumentos de cuerda. Hay un grupo que es muy famoso en Europa y en Estados Unidos, que se llama Yemen Blues. Escuchalo porque está buenísimo. Está formado por músicos de Israel de diferentes orígenes (judíos, palestinos, sirios), también músicos de Nueva York y ahí toca un músico uruguayo, que se fue allá a estudiar de joven y era muy amigo de Sarita de chicos. Él nos conectó con esta gente, que son unos cracks. Tenemos que juntar el dinero y resolver la fecha de viaje. Ya tenemos los pasajes y la estadía, porque nos quedamos en un kibbutz. Y los músicos sesionistas que van a tocar ya están. Nos queda juntar para el estudio. Vamos a estar unos 20 días.

¿Hacen ensayos previos a distancia?

Lo que hicimos fue que yo le grabé a Sarita todas las melodías. Porque en realidad el origen de esta música era solamente cantada. Por ej., hay temas del año 1200 o 1300. Entonces, cuando mirás la partitura, es solamente melodía; no hay armonía. Hay pila de temas de los que tocamos a los que le armo yo la armonía. Trato de que suene al estilo, pero estoy en un 10% de saber algo de lo que es. Igual hace tiempo que estoy escuchando mucha música de esa, me compré un laúd, y un método de laúd, y estoy metiendo.

Este es uno de mis proyectos principales. Como compusimos muchos temas juntos, lo siento como mío también.

El fin de semana pasado debutamos como dúo. Fuimos a tocar a Piriápolis. Pero invitamos a Nelson Cedrez, a que tocara tres o cuatro temas, y al hijo que tocara la guitarra en dos temas. Porque imaginate, un concierto de voz y bajo durante veinte temas es difícil, ¿no?

¿Cuál es el rol del bajo cuando es el instrumento único acompañando a una voz?

Y bueno, en realidad yo trato de ser un poco más guitarrístico por momentos. En otros también busco acompañar la melodía, y por otro lado tocar como si fuera más percutivo.

¿Qué dirías que es lo que te une a vos con el bajo, en cuanto al sonido?

Bueno, no sé cómo explicarlo bien. El grave como que lo sentís acá en la panza. Es como una sensación física. Cuando toco este instrumento [el bajo acústico] me gusta como por otro lado: los graves son dulces y me gusta el tocar en sí, con los dedos, cómo se siente el instrumento, el sonido en general, todo. Pero cuando tocás en una banda grande, con un equipo grande y te parás y tocás, eso te genera una cosa que es increíble. ¡Te pega de una manera!

¿Importa más la sensación en el cuerpo que el sonido en sí?

No, es una combinación de las dos cosas. Cuando te gusta el sonido, eso se potencia. Cuando el sonido no es bueno, te desmotiva. Me ha pasado en pila de discos en los que grabé, que yo dejé un sonido pronto para que nadie lo toque y de repente escucho el disco y me encuentro con que no es el sonido que yo quería.

¿Tenés algún disco de composiciones tuyas?

Sí, disco personal, mío, tengo uno, que se llama “El Fondito”. Lo sacó Perro Andaluz en 2010. Fue justo cuando me jodí de la columna. El disco salió como en diciembre y yo en enero quedé duro como una tabla y ahí fue que me operaron. Y, en realidad, la única vez que toqué los temas del disco, dándoles más importancia, fue en la Sala Zitarrosa, que el sello Perro Andaluz hizo un toque de varios, y ahí toqué yo con mi grupo, tocó Urbano y el Chapa. Esa fue la única vez como presentación. Otras veces toqué temas de ese disco pero no con el grupo que yo quería tocar (Martín en la batería, Trasante en la percusión, Mauro Pérez en el piano y Benji Barreiro en el saxo). Pero el disco lo grabé con Martín, Trasante y Benji, todos los pianos, rhodes y sintes que están en el disco los grabó Nacho Labrada. De invitados tocaron Nico Ibarburu, Magnone en un tema y el Lobo con sus hijos.

¿Componés mucho?

Compongo bastante pero en este momento no estoy componiendo tanto solo. Estoy componiendo mucho con Sarita. Con ella componemos sin parar. A ella se le ocurre una idea, una melodía, y yo al toque se la armonizo, o ella tiene una letra y yo le pongo la melodía. Nos complementamos pila. Hace poco yo tenía una música y no lograba ponerle letra y ella en nada le escribió la letra.

Y ahora tengo temas como para otro disco pero que es muy diferente al otro. “El Fondito” fue como más eléctrico y muy variado. Ahora me inclino más por algo más folclórico. Tengo una vidala, un par de zambas, algún tema con un aire de chacarera. Mi idea es armar un grupo que sea percusión, no batería, bajo acústico, un viento y acordeón, o algo de eso.

Estoy más colgado con cantantes latinoamericanas. Susana Baca, por ejemplo, me arranca la cabeza. Los ritmos peruanos, el Perú negro. Hace tiempo que vengo estudiando todo eso. También me gustan pila los cantos indígenas. Que en realidad hay muchos folcloristas argentinos que lo hacen. Inclusive Aznar canta unos temas que son tipo… una baguala, una cosa así… increíble.

¿Se siente una mayor pertenencia con esa música?

Sí, totalmente.

Bueno, una música que en un momento me llegó pila, de la cual aprendí mucho, fue el Gospel. Porque una vez fui a la casa de Francisco [Fattoruso], cuando vivía allá en Atlanta, y fui a unos lugares que me mataron. O sea, todos cantaban como Stevie Wonder. Pero todos. Capaz que te parece que soy muy exagerado pero te lo juro. Ahí le hice un cambio a Francisco en un boliche. Era un trío: un baterista, un bajo y teclado. Y tocaban toda música onda R & B: temas de Beyoncé, Stevie Wonder, etc.

¿Cómo hacen para tocar sin ensayo?

Mirá, haber tocado jazz con pila de gente salada… Uno de mis maestros en ese sentido fue José Reinoso. Porque él había ido a estudiar a Berklee y antes de irse armaba unas jams. Eddy Porchile también. Y, obviamente, Nico y Martín [Ibarburu] y Montemurro. En esa época también tocaba con Mariana y Osvaldo y Osvaldo fue uno de los tipos que más me influyó musicalmente, pero no solamente por la batería. Por todo. Me sugería formas de poder tocar. Pero nunca me impuso nada. Cosas conceptuales, de notas, todo. Él agarraba el bajo y me decía, “a ver”… y se ponía a tocar. Sobre todo tumbado de candombe. Me acuerdo que yo en esa época estaba como enfermo con Pastorius y tocaba millones de notas, al pedo. Entonces Osvaldo un día me acuerdo que me dio un cassette y me dijo: “Escuchate esto”. Y era Anthony Jackson. ¡Cuando escuché esos graves que tocaba con el bajo de 6 cuerdas! Ahora se convirtió en mi bajista preferido. Osvaldo me iba dando cassettes y me sugería. Y después tocar con él, obviamente.

Pero en cuanto a tocar sin ensayo, cuando tocás standards de jazz te das cuenta de que hay muchas cosas armónicas que se repiten. Si te sabés la melodía y la armonía y estás tocando con gente que ya sabés que no tenés que explicarle nada, lo único que tenés que hacer es empezar a tocar. Me ha pasado con Martín y con Nico, y con Gastón Ackermann, de ir a tocar al interior y en el viaje armar el repertorio. Lo que sí, si querés hacer algo súper arreglado y hacer un final perfecto, ahí o escribís o ensayás.

¿Cómo escuchás cuando estás tocando?

Bueno. Yo toco a un volumen muy bajo. Antes tocaba mucho más fuerte pero me pasaba mucho más que escuchaba lo que yo tocaba que lo que tocaban los demás. Ahora hay un cierto volumen más allá del cual no me gusta tocar pero no porque no me guste el volumen en sí, sino porque no escucho a los demás que están tocando conmigo. Entonces eso no me llama. Necesito escuchar yo como si estuviera escuchando un disco: qué está tocando el baterista, el tecladista, etc. Sobre todo si estás tocando esta música que en realidad es interacción permanente, obviamente tenés que tocar en función a lo que pasa alrededor. Si no escucho qué acorde metió el guitarrista, o no escucho la melodía, es como que en realidad estás escuchando parcialmente la música que estás tocando.

¿Y cómo escuchás al bajo cuando estás escuchando a todos los instrumentos? ¿Les ponés el foco a todos los instrumentos a la vez?

Es como que vas monitoreando por momentos. Es como que escuchás un todo y de repente estás escuchando un poco más lo que vos estás tocando. O de repente el baterista hizo un fill y te llamó la atención ese fill y ahí co-creás con él. Te pongo un ejemplo: la banda de Fernando Cabrera. Es como si fuera un quinteto de jazz pero acompañando a un cantante. Ese es como el concepto. Porque nunca tocamos igual. Mismo ahora que hicimos tres fechas en Bluzz Live, en los tres toques hicimos el mismo repertorio y las tres veces salió totalmente diferente. Porque en realidad lo que hacemos es seguir a la voz de Cabrera. Lo principal es que se escuche perfecta la letra que él canta y hay que amoldarse al volumen. Esa es la consigna. Si yo no escucho a Cabrera, es como que no estoy tocando con él. Yo siento eso. Y siempre nos basamos en si él levanta, etc. Hay mucha interacción en ese grupo. Con Ricardo Gómez tocamos con Cabrera desde el 97, así que imaginate. El año que viene vamos a festejar los 20 años. Ya le dijimos a Cabrera: nosotros vamos a armar un concierto y vamos a elegir los temas. [Risas]

Para mí Cabrera fue otra persona que me cambió la manera de tocar el bajo. Porque por ejemplo me hizo escuchar otro tipo de música. Él nunca me dijo tocá así o asá. Pero me daba pautas, como: “acá tendrías que tocar menos notas”, o “más melódico”. Y ahí empecé a escuchar a McCartney, que es de los mejores bajistas… tocando canciones es una cosa increíble. Porque me da la impresión de que piensa el bajo desde otro lugar. No como un bajista. El bajo ya es como una melodía.

Con Cabrera durante un tiempo largo tocamos a trío, bien despojado. Cabrera me decía: “Olvidate que estás tocando el bajo. Imaginate que estás tocando un cello, o un oboe, y entonces salite del rol del bajo”. Entonces ahí empecé a buscar tocar de otra manera, pero que no fuera que estuviera haciendo un solo, sino que estuviera tocando una melodía que fuera con lo que él estaba cantando y lo que estaba tocando la guitarra. O simplemente dos notas, un ostinato, suponete. Creo que empecé a sentir que entendía cómo tocar con Cabrera por el 2004, 2005.

¿Y tocás con Rúben Rada?

Ahora no estoy tocando porque él está tocando mucho afuera y yo no estoy viajando. Toqué por última vez con él cuando hizo el espectáculo “Tango, Milonga y Candombe”. Cuando yo tenía más o menos 8 años, me regalaron un cassette de los Beatles y uno de Rada, que era lo que escuchaba sin parar. Era un disco que se llama “La cosa se pone negra”, que es en vivo, en Obras Sanitarias, en el año 82, creo. Ahí Rada tenía una banda que era asesina. Tocaba Osvaldo, Ricardo Nolé, Leu la guitarra, Urbano el bajo y había vientos también. No me acuerdo si había coristas también. Cuando empecé a tocar, saqué ese disco. Me lo sabía de memoria… hasta el solo de Osvaldo me sabía de memoria. Y con el correr del tiempo si me preguntabas con quién quería tocar acá en Uruguay, era con Rada.

¿Cómo empezaste a tocar con él?

Bueno, yo ya lo conocía de antes de empezar a tocar. Cuando los mellizos y Montemurro armaron Pepe González, en el segundo disco que grabamos, Rada había venido de México y fue y participó. Y él justo había armado Botijas Band, donde tocaban Andrés Ibarburu el bajo, Martín y Nico, y Montemurro. Y yo los iba a ver. Entonces ahí ya tenía una relación con él… hacíamos asados y cosas así. Después cuando acá en Malvín empezamos a tocar los tambores, la primera vez salimos los melli, el Nego, mi viejo, y tres o cuatro más del barrio y se iba juntando gente. Y ahí venía Rada también a tocar. Entonces ya lo conocía. Andrés Ibarburu estaba tocando con Rada y fue cuando lo llamó Jaime Roos para tocar que se fue de la banda de Rada y ahí me llamó a mí para tocar.

¿Cómo es tocar con Rada?

Es lo más divertido del planeta. Con él toco desde el 99. Rada es muy divertido. Todo el tiempo está rompiendo las bolas, sin parar. Aparte siento que con la banda somos súper unidos. Llegamos a ser 13 y nos llevábamos súper bien todos.

¿Me contarías algo del toque con Hiram Bullock?

Rada había arreglado con él para que viniera a tocar acá. Ahí me llamó y yo no lo podía creer. Con Martín, además. Hicieron un concierto juntos, que se llamaba Black y Black. Tocamos primero con Hiram Bullock en el Teatro de Verano y luego tocó Rada. Eso debe haber sido en el año 96, 97, una cosa así. Nos mandó un disco para que nos aprendiéramos y una cosa que estuvo buena, que me sorprendió, fue que el disco que me dieron era un trío en vivo, así como iba a tocar acá. Y tocaba un bajista que es un sesionista y bajista de Nueva York, salado, que se llama Will Lee. Estaba bueno el disco. A parte a mí me gustaba Hiram Bullock de antes, entonces me saqué todas las líneas de bajo que estaban en el disco. Todo lo que había tocado este tipo. Llegamos al ensayo… imaginate, había pila de gente. Y el loco cayó como una hora y media tarde. Con Martín estábamos esperando re-nerviosos, pasando arreglos. Y el loco llegó a mil por hora, agarró la guitarra y lo primero que nos dijo fue: “¿Escucharon el disco? Bueno, olvídense de todo lo que tocó el bajista y el baterista en el disco, ahora vamos a tocar nosotros, porque eso ya pasó”. Pah. Yo no sabía si era un alivio o no, porque ya me había aprendido todo. Y en realidad estuvo bueno porque el loco dijo: “Eso fue un toque que grabamos en vivo y ta, ya está. Olvídense. La música ahora la van a hacer ustedes dos conmigo”.

Está bueno, eso, ¿no? Porque cada acto musical es un acto de creación.

Sí, pero también depende de con quién toques. Hay música en la que tocás todos los shows lo mismo.

¿Cómo se vive eso?

Ah, yo me aburro. Por eso hay gente con la que prefiero no tocar. Yo soy más de improvisar. No de zarparme, pero me gusta mucho más lo que pase en el momento, que haya una variante. Con Rada podés hacer eso. Porque él se aburre también. ¿Tocar todas las veces lo mismo? No, no… Ta, si tenés que tocar en un grupo porque la línea de bajo es así, obviamente se toca. Pero a lo que voy es que te rompan las pelotas por una notita que metiste diferente, que en vez de tocar un mi tocaste un sol, que igual estaba bien con la armonía y te dicen: “ah, no, no, tenés que tocar el mi porque si no, me muero”. No va conmigo eso. Pero puedo tocar dos horas un groove, o una línea de bajo que sea solamente la tónica, todo bien, y me enrosco en esa.

¿Qué pasa cuando estás tocando una nota?

Y es una cosa como medio mántrica. Con Cabrera me pasa de tocar tres notas y me recontra gozo, pero me gozo por todo lo que pasa alrededor, no por esa nota que toco.

Con algunos músicos yo siento que son canales de algo que viene de arriba y que me termina llegando a mí. Cuando estás tocando en circunstancias en que te sentís especialmente cómodo, ¿sentís eso también?

Sí, claro, ni qué hablar. Por ejemplo, me ha pasado de ponerme a llorar. Sí, claro, tocando con Cabrera hay dos o tres temas que los toca y pah, loco, a mí por lo menos me moviliza. Y me doy cuenta que de repente cierro los ojos y estoy en otro lugar, no estoy ahí. Y cuando abro los ojos y veo que hay gente, pah. El otro día con Cabrera me pasó eso. Estuve casi todo el show como colgado, con los ojos cerrados. A mí me pasa que con los ojos cerrados escucho mejor. El otro día fue pah, increíble. Me pasaba eso, que terminaba el tema y abría los ojos y “ah, mierda, hay gente” [risas]. Me pasa con Cabrera y me ha pasado tocando con otros, claro.

¿Y el público influye?

Sí, sobre todo si es un público que se está copando. Eso te vibra a favor.

Y también influye cómo te lleves con quienes estés tocando. Porque al final yo creo que somos seres humanos que nos transmitimos de corazón a corazón, siempre. Me ha pasado de tocar con gente que no conocía, por primera vez, y fa, una vibración increíble. Y me ha pasado de tocar con músicos ultra consagrados y no me movieron un pelo. Pero ya desde el momento en que el tipo entró en el ensayo sentí como algo raro. Yo respeto pila la trayectoria de cada uno, pero eso no es determinante para mí en el momento de elegir a alguien para tocar. Prefiero elegir a alguien que se adecue a la situación para tocar, pero si tengo que elegir, elijo más por el corazón que por las aptitudes musicales.

Con el que me pasó así, que hace años tocamos, es con el Negro Aguirre, un músico de Paraná, compositor, arreglador y folclorista pero moderno. Pah, con él ya cuando entró. Íbamos a tocar una versión de “Zamba por vos”, arreglada por él y un arreglo complicado pero divino. Y otros temas de él. Era con Nico Ibarburu, Martín, el Chancho Peyrou. Era un proyecto que se llamaba Zamba por vos. Él vino de invitado. Y Dino. ¿Ves? Otro que no lo conocía y pah, un ser impresionante. Terminamos tocando “Milonga de Pelo Largo”, todos copados. Cuando se puso con la viola en el escenario a tocar ese tema, pah, era increíble. Entonces eso también es como transmisión de algo. Hay veces que me parece que me sensibilizo demasiado y como que es contraproducente. Con otro que me pasó de estar así, mano a mano, toda una noche así, tocando fue con Rubén Juárez, el bandoneonista. Estábamos de gira con Rada en Córdoba. Pah, ese tipo empezó a tocar y fue así como instantáneo. Me acuerdo que me alejé porque me puse a llorar a mares. Venía Anita Prada y me decía, ¿pero qué te pasa? Vo, no podía parar de llorar. Hay mucha gente así. Creo que Hugo [Fattoruso] también es un tipo así. Que ya cuando prueba el piano, pah loco. No sé, es como raro. Hay gente que tiene eso.

No quisiera despedirme sin preguntarte cuánto hace que estás dando clases

Desde que tenía veinte años.

¿En qué consisten los talleres que estás ofreciendo?

El objetivo en sí es poder explorar el instrumento desde otro lado. O sea, tocar lo que tengas que tocar como bajista pero poder también tocar acordes, o de repente tocar melodías, y poder entender armónicamente ciertas cosas. Porque los bajistas no estudiamos armonía. Porque en realidad nosotros tocamos notas. Sí tocamos notas que van con una armonía pero no siempre todos los bajistas saben que pueden tocar tal nota y que tal otra no va porque no va con el acorde. Entonces la idea es explorar eso y también estimular la composición. El año pasado lo hice y me acuerdo que se anotó una chiquilina que me dijo “mirá que yo no sé nada, me compré un bajo y estoy tocando 3 notas”. Yo le dije “bueno, vos vení y probá”. Y vino, le gustaba la música como de los 70, entonces sabía una línea de una canción y en base a lo que ella sabía fuimos armando lo que tocaban los demás. Y empezamos a ver qué otras cosas se podía hacer en ese estilo, como imitando una frase de otro instrumento, las articulaciones… tocar de determinada manera: más ligado, menos, más fuerte, muy suave, frasear algo rítmicamente… depende del estilo, pero por ejemplo que lo puedas amacar un poco aunque haya un tiempo. Y obviamente se iban rotando y esta gurisa que empezó tocando eso, se entró a copar y a estudiar y estudiar y en tipo cuatro clases estaba adelante, increíble. Es como explorar el instrumento desde otro lado y poder tocar cosas diferentes.

¿Cómo están estructurados los cursos?

Depende un poco de lo que sepan y quieran pero hay algunas cosas que las incluyo seguro: tocar un candombe,  aprender a tumbar, lo mínimo, y a tocar rítmicamente otras cosas, como si fuera una viola. Agarramos dos o tres temas que son conocidos, los analizamos armónicamente. También algo de música brasilera. Y también algunos ritmos en tres, que pueden ser ritmos folclóricos, como la chacarera, un chamamé, una zamba, un landó, una marinera, un joropo, muchos ritmos que pueden ser en 3/4 o en 6/8. Y también funk y slap, y todas esas cosas que les gustan a la mayoría de los músicos.

En realidad quiero poder llegar a armar ensambles con otros instrumentos: que haya por ejemplo batería, guitarra, teclado, vientos y violín.

¿Cómo te pueden contactar los interesados?

Por Facebook o por el celular 099-353012.

¿Te gusta enseñar?

Sí, me gusta. También hice carrera docente en Educación Física. Nunca lo terminé pero igual ejercí. Me doy cuenta que utilizo muchos de aquellos conceptos didácticos, de pedagogía, progresión, etc. en las clases de bajo. La verdad que me gusta.

Lo que sería media hora de entrevista fue una charla muchísimo más larga, en la cual conocí a un ser humano muy agradable, abierto y simpático que demostró ser un apasionado por la música y por el bajo y tener una paciencia infinita para explicarme todo tipo de cuestiones que tuve el atrevimiento de preguntar, varias de las cuales he resuelto no incluir aquí, en parte por no extender más esta lectura y en parte por no hacer público mi nivel de ignorancia en algunas cuestiones relativas al instrumento bajo. Siento un agradecimiento profundo y una gran alegría por todo lo intercambiado en esta conversación.

fede-righi-foto-de-mathias-arizaga

fede-righi-foto-sitio-mastodonte-fb

Fotos: facilitadas por Federico Righi.

Entrevistadora: Patricia Schiavone

Esta entrevista puede leerse también en COOLTIVARTE.

Manu Katché presentó “Unstatic” en Montevideo

manu-katche-sala-zitarrosa-10-de-octubre-2016-foto-ricardo-gomez

Foto: Ricardo Gómez

 

El cuerpo entero sigue vibrando por más que hace ya un buen rato que terminó el conciertazo alucinante que tuvimos la suerte de poder presenciar hoy de noche en la Sala Zitarrosa. ¡Qué experiencia fantástica!

Ya cuando iba llegando a la sala sentía ese asunto inexplicable que anticipa un toque memorable. Por un lado, el corazón va más acelerado y por otro, se percibe como algo en el aire. La sensación aumentaba a medida que se acercaba el comienzo y para cuando las luces se apagaron, a mí me daba la impresión de que algo verdaderamente grande iba a suceder. Se respiraba; se percibía. No me equivoqué.

La música comenzó con Nino Restuccia (contrabajo) y Marcos Caula (guitarra) tocando tres temas bellos, calmos, que llegaban profundo y que hicieron un gran papel en ayudar a centrarnos y dejarnos completamente abiertos y receptivos a lo que vendría después. Vaya desafío que es comenzar un toque con un contrabajo. Estos dos músicos uruguayos tocaron tres temas con una gran delicadeza y musicalidad. Fue particularmente hermoso y dulce, sin prisas, sin nervios, con mucho disfrute y presencia. Quien haya elegido a estos teloneros, tuvo una excelente idea.

Luego de un impasse que volvió a elevar un poco el nivel adrenalínico, comenzó a sonar una base alegre, rítmica, y emergieron en el escenario y fueron poniéndose en sus puestos: Tore Brunborg (saxo), Luca Aquino (trompeta), Ellen Andrea Wang (contrabajo) y Jim Watson (piano y teclados). Unos segundos después entró el Maestro Manu Katché… Y comenzó la diversión con la contundencia y certeza personificadas en este baterista grosso.

El primer tema fue lo más groovy que pueda imaginarse, con los dos vientos sonando a pleno, el bajo con toda la polenta, el piano alucinante. Y la batería. A ver… ¿por dónde empezamos?

Empecemos por la sonrisa de Manu Katché. ¡Estaba feliz!!!! Y nos contagió a todos la felicidad increíble que traía encima. Desde la fila 19 me sorprendió cuán atrás agarra sus palos y cómo estos se ven como extensiones flexibles de sus brazos y manos. Ciertamente es de los bateristas que usan la gravedad a su favor y es un deleite ver esos palos ondear en el aire.

No habían pasado más que unos compases y ya se sabía que sería un toque para bailarlo de principio a fin. Si bien no podíamos hacerlo con los pies, sí que lo hicimos con el corazón.

En el segundo tema me fascinó cómo dejó sonar las notas ese segundo extra tan pero tan bienvenido desde la butaca. A esta altura parecía que la batería estaba un poquitín más fuerte que los demás instrumentos, cosa que a algunos nos asustó, pero ya para el tema siguiente los volúmenes quedaron divinamente amalgamados y el show sería una lección de musicalidad para todos.

El toque de Manu Katché es juguetón, atrevido, impulsivo, enérgico, alegre, increíblemente vital y completamente vibrante. Para quienes investigamos un poco en las elecciones de apoyos: los crashes y apoyos varios tendieron a ser o bien en un tiempo 3, o en un “4y”, etc… con lo cual estábamos todos expectantes, alertas, bien despiertos… gozados. Pero lejos de tocar todo “al palo”, Manu dio cátedra de matices: el bombo súper definido y por momentos a un volumen hermosamente alto, por momentos su toque fue increíblemente “chiquito”, incluyendo unos bombos a una velocidad increíble y a un volumen casi de caricia… y cada tanto un latigazo divertido, estimulante, impactante.

Lo que tocó con las escobillas es un caso aparte. La cosa más creativa que se puedan imaginar, lo más dulce y lo más sensible del mundo. Es bien interesante cómo su toque con las escobillas también es tremendamente vibrante y enérgico, y dulce a la vez.

Me encantó cómo en alguna balada, que en principio uno esperaría que el baterista “haga molde”, Manu se divertía metiendo asuntos inesperados pero que resultaban completamente musicales, como ser un montón de notas juglarescas en el charleston, o un par de notas en los toms (¿a tierra? Jajá, ¡jamás!). Qué deleite de toque. Un verdadero placer musical, donde la batería tenía una libertad que pocas veces tiene. Evidentemente esas son las bondades de que el baterista sea el líder de la banda y ¡bien que se lo merece este monstruo! Y cómo se le agradece que se dé estos gustos… porque somos muchos los que disfrutamos como locos de su diversión.

Pero no quiero pecar en algo: si bien mi foco indefectiblemente se va hacia la batería, y hoy en particular más que otras veces, quienes estuvimos hoy en la Zitarrosa podemos coincidir plenamente en dos cosas: por un lado, que fue un toque enormemente musical, donde todos los músicos tuvieron un protagonismo importante. Por otro, que el nivel musical de todos ellos es enorme y que fue una hermosura total lo que tocó cada uno. Cada uno tuvo sus momentos de protagonismo y creo que hablo por todos cuando digo que uno no podía aplaudir a ninguno luego de un solo pues no se quería perder ni una nota de lo que seguía después. De todos modos hubo algún momento en que era imposible no estallar en aplausos, pero la mayoría de la noche aplaudimos solo al final de los temas.

Creo que lo que marcó el perfil de la noche íntegra fue la gran presencia de cada músico y su instrumento, la enorme confianza de cada uno de ellos, y las muchas horas de ensayo que estos músicos seguramente tienen juntos y que se traducen en esta comodidad y diversión total.

Cada uno de los músicos nos regaló una enorme dulzura, una claridad cristalina en el sonido de sus instrumentos, una musicalidad arrolladora y una actitud maravillosa de entrega y respeto, tanto por su creación como por la instancia que estábamos compartiendo. Fue un enorme regalo el que nos hicieron esta noche con el sonido hermoso del saxo, de la trompeta, el bajo y el piano.

La música fue tan atrapante durante toda la noche que por más que parezca extraño, ni siquiera esperaba un solo de batería. Los otros músicos sí habían hecho ya sus propios solos (por cierto, muy, muy bellos todos) pero la bata no, y sin embargo no era algo que yo estuviera esperando. Pero no les voy a mentir… cuando al segundo bis se apagaron todas las otras luces y quedó Manu Katché bajo los focos plateados, el corazón arrancó a galopar. Tocó un solo muy, muy hermoso, que fue un divino remate.

Nadie quería dejarlo ir… pero, bueno, dijo que le gustaría volver en un par de años. Ojalá así sea.