José San Martín – Parte 1: “En esta esquina”

en esta esquina

Que te venga a visitar alguien que hace muchos años que no ves es de por sí emocionante. Que además te regale cinco CDs, en formato físico, es algo impactante. Que encima ese alguien sea un excelente baterista hace que la cosa se torne paradisíaca.

Lo loco es el tiempo que tardé en escuchar estos cinco discos. Estuve mucho esperando el momento ideal, reservándolos inclusive en sus envoltorios, esperando ese día perfecto. Bueno, ese día fue hoy. Este sábado lluvioso y frío de principios de agosto de 2018.

Pero antes de escucharlos me quedé un ratito sintiendo y pensando toda la simpatía y cercanía que genera José. Hacía veintitantos años de la última vez que nos habíamos visto y su visita y toda la charla fue como si nos hubiésemos visto el día anterior, súper amena y muy cálida. Desde ese sentimiento de sorpresa y agradecimiento, fue que empecé a indagar en el orden de los discos.

  • “En esta esquina” – 1999
  • “Artesano” – 2006
  • “Triovivo” – 2007
  • “Tres calles” – 2014
  • “Otros palos”  – 2015

Los músicos de “En esta esquina” son:

Nicolás Mora – Guitarra

Juan San Martín – Bajo

José San Martín – Batería

Temas:

  1. Vino y casera
  2. Camino al abrevadero
  3. Ese aire (Bulerdombe)
  4. Sarunga
  5. Vilariño
  6. Candombe diciembre
  7. El estelazo
  8. Ahora sí
  9. La esperanza rochense

Ya los primeros segundos de “Vino y casera” me fascinaron. Tremenda emoción escuchar esta amalgama preciosa de estilos que me son queridos y que en mi corazón los identifico, por mi propia historia, como la unión entre Montevideo y Boston: el candombe y el jazz. Una guitarra nítida, clara, de sonidos dulces y decididos, con aires que amo profundamente, un bajo despierto y corpulento y una batería riquísima en sus detalles y con esa impronta feliz, tremendamente rítmica y creativa característica de José.

Entonces voy a mirar el librillo del CD: “Todos los temas de José San Martín. Grabado en Madrid”. Lo que es este mundo globalizado. Esta mixtura africano-bostoniense se graba en Madrid con músicos de Uruguay. Y a la vez se siente tan pero tan propio que es una demencia.

Me detengo antes de escuchar el segundo, para disfrutar un poco la reminiscencia del primero. José evidentemente viene del linaje de Roy Haynes, Tony Williams, Jack DeJohnette y demás, quienes se han caracterizado por llevar el tiempo de la manera más creativa posible. Su ride tocado con una delicadeza total contrasta bellamente con la decisión y firmeza de los cuerpos de la batería. El sonido seco, que me encanta, del HH. La elección del silencio con salpicaduras de platos acompañando momentos protagónicos de la guitarra y la unión perfecta entre candombe y jazz como clímax.

¿Ustedes qué dicen? A este paso, ¿cuán largo puede llegar a quedar este texto sobre cinco CDs? Siendo que la atención promedio de un lector de estos días es de tres líneas, estamos en problemas. Ustedes y yo. Ya veremos como sorteamos ese detalle.

Si en el primer tema José dio cátedra de independencia y creatividad musical, en el segundo, “Camino al abrevadero”, impresiona la aplicación musicalísima de los queridos rudimentos. Este es un ejemplo de cómo usar una técnica virtuosa para lo que la música pida… y con buen gusto. Aquí la guitarra protagoniza quizás un poco más pero con una impronta reflexiva, más profunda, menos festiva, muy sentida.

“Ese aire” es bastante diferente. Aunque la batería es potente, aquí fue el bajo el que me atrapó la escucha. En realidad los tres tienen protagonismo pero yo sentí como si tanto guitarra como batería estuvieran para condimentar las notas del bajo. Un placer escucharlo a Juan. Me da la impresión de que hay una madurez especial en el ataque y llega una dosis de confianza que siempre hace bien.

“Sarunga” baja las revoluciones que venían bastante altas. Es una canción dulce pero no melosa. Tiene el tipo de ánimo que identifico con una tardecita calma, en la que el mundo gira a buen ritmo y una se siente en paz con la existencia. Aquí el trío se da un espacio donde los sonidos y los silencios danzan sin urgencia, con gozo, con presencia.

A “Vilariño” lo percibí más pensado que sentido. Si bien es compacto, con una buena dinámica entre el trío, fue el primero de los temas hasta ahora que no sentí la necesidad de escuchar por segunda vez. Hubo también algún acorde que sentí incómodo.

“Candombe diciembre” me resultó un banquete de calidez, belleza, dulzura, groove y sensibilidad. Y de nuevo siento fundirse el candombe con el estilo de jazz que supe escuchar durante una década sin parar y que de alguna manera me identifica y me regala imágenes de jams y noches estrelladas de verano. Desde acá les envío un gracias enorme a estos tres músicos por este regalito, que mi alma recibe con agradecimiento total. Es seguro que esta pasará a estar en mi lista de músicas para escuchar cada pocos días.

Me parece apasionante la dinámica que se da con este fenómeno de la música. El que compone un tema lo hace por sus propias necesidades. Veinte años después alguien lo escucha, como es mi caso hoy, y esas notas traen asociaciones concretas, que hasta tienen imágenes, olores y sensaciones físicas. Entonces surge el agradecimiento por la oportunidad de recordar memorias que el compositor ni siquiera imaginó. Es un mecanismo extraño y bello.

“El estelazo” arranca con un caminante más convencional y por unos momentos no me impresiona tanto. También es cierto que le toca competir con los sentimientos generados por el tema anterior que fueron fuertes. Y como escribo esto para compartir lo que siento, me doy la libertad de decirles que a este en realidad me lo perdí, porque estoy todavía resonando con el anterior. Lo que hago en estos casos es: la siguiente vez que escucho el disco arranco por esos tracks que no me llamaron tanto la atención, para poder individualizarlos mejor y realmente escuchar lo que tienen para decirme, sin interferencias. Así que “El estelazo” tendrá que esperar a mi próxima escucha para poder vivirlo mejor. Pero eso sí, por el minuto 5 pasa algo impresionante.

Con “Ahora sí” retomé mi capacidad de sorpresa y enamoramiento. El trío suena compactísimo y crean algo muy hermoso, magnífico. El corazón se expande. Se siente idéntico que cuando en medio de un día muy gris aparece ese arcoíris enorme y nítido: esperanza, certeza de vida, fe.

Y con pena de que se termine, llego a “La esperanza rochense”, que veo que está dedicada a Pollo Píriz, ese musicazo que logra emocionar desde un lugar de pura humanidad. Esta pieza es una mezcla perfecta de cortesía, ternura, sencillez y afabilidad. Tiene el ritmo más lento de las ciudades del interior y un poco de su nostalgia también. Al menos de esa nostalgia que nos viene a quienes vivimos en el interior y desde Montevideo recordamos el ritmo pausado y los cielos más despejados. Es una ofrenda suave que me deja en un ánimo especialmente armonioso.

Por poner en tres líneas aquello que no se puede explicar de ninguna forma, “En esta esquina” es un disco de alto nivel musical, de muy buen gusto, tocado por un trío que sabe lo que hace, muy sensible, y que tiene algo con sentido para decir, tanto en forma individual como en conjunto.

Somos varios los amantes del formato trío y son discos como este los que refuerzan esa preferencia.

Por hoy les cuento hasta aquí pero esto continuará, porque es evidente que lo que tengo conmigo es un tesoro musical. El cofre ya fue abierto y la curiosidad es total. Espero que ustedes puedan conseguir “En esta esquina” y disfrutarlo también.

5 de agosto de 2018.