Entrevista a Nano Stern

¿Cómo viviste el show de anoche?

Ah, con mucha alegría. Muy rico, muy rico. Yo venía saliendo de tres semanas sin hacer concierto, que es lo más que he pasado sin tocar en el último tiempo, porque justo ha sido un verano muy intenso en Chile. Entre medio fui a Nueva York, también, que fue un concierto muy grande. Fue muy ajetreado. Luego paré. Entonces ayer era esa sensación como de nerviosismo que da solamente una vez al año, si es que, ¿no?, como decir: “Uh, ¿me acuerdo o no me acuerdo?”. Me pillé en el camarín también repasando algunas canciones, que es algo que no hago nunca, porque toco tres, cuatro veces a la semana. Y por lo mismo fue un concierto para el cual tuve mucho más tiempo que lo normal para imaginármelo, como para prepararme psicológicamente, para decir: “Bueno, es importante, vamos a Montevideo con Loli. Es un lugar muy hermoso con una tradición gigantesca, que admiro mucho pero que no conozco en profundidad, y que por otro lado también me parece que no me conoce nadie aquí”. Lo cual es como un contexto muy ideal para mí, porque es venir a tocar a una sala linda, que estaba llena, con un público que no conoce mucho mi música pero que conoce mucho de música y siento que es una energía con la cual me es muy natural sincronizar. Con lo que pasa acá, con las miradas de la gente. Yo creo que testimonio de eso es el silencio, así, impresionante que había cuando tenía que haberlo y la efusividad y cariño que había también en otros momentos. Fue muy lindo eso. Así que muy feliz, creo que también es un privilegio tocar con Loli también. Yo creo que el arte de ella es muy sublime. Esa sería la palabra que elegiría para describirla a ella y a lo que ella hace. Y somos muy amigos y nos queremos mucho, entonces es muy natural subirnos a un escenario y cantar juntos. Era la primera vez que hacíamos un concierto así, entero, compartido. Tocar juntos fue muy lindo, muy refrescante. Por ejemplo, lo dije ayer en el concierto, que es muy emocionante que “Luchín” –la canción con la que abrimos– y “Puerta de los dos” –con la que cerramos– son canciones que nos hemos enseñado el uno al otro. Entonces es muy genuino, ¿no? Y como estamos recién haciendo un concierto así, quién sabe si se repite, no solo es genuino sino también es único. Como una joyita, una cosa que me dan ganas de haber ido también a escuchar ese concierto. Así que estoy muy contento, con una sensación linda. También pudimos cubrir nuestros pasajes que no es algo que uno dé por hecho. Muchas veces los músicos terminamos pagando de nuestro bolsillo para poder vivir situaciones como esta, de ir a otro país a mostrar lo que uno hace. Ayer apostamos y la gente nos acompañó. Entonces también eso se agradece mucho porque implica la posibilidad de seguir haciéndolo. Que no estamos inventándonos unas ideas como medio locas en la cabeza, sino que de verdad hay un lenguaje en común y hay unas ganas de conocer lo que está pasando en otros lados.

Durante esta estadía ¿pudiste escuchar algo de música de acá?

Sí, la primera noche que estuve acá, con Pablo Fagúndez, mi compadre, fuimos a La Terca, y hubo una sesión de esas cuando se junta la gente a tocar. El formato era muy lindo: un guitarrista tremendo, un trompetista español, un cajón, Pablo en el contrabajo, dos violines (con el primer violín de la Filarmónica de la ciudad), y un bandoneón. Entonces también era muy especial porque de repente tocaban milonga, tango, y yo decía: “Bueno, para mí esto es como un safari”. Es decir, escuchar música que para nosotros existe como en el mundo del costumbrismo, como de la imagen que uno se hace de este lugar, pero venir acá e ir a un lugar súper under y terminar en eso me pareció muy real. Y eso versus la opción de no ir, conscientemente, al Estadio, de repente. Yo atesoro mucho más estar en un subterráneo escuchando lo que se toca acá que en un estadio, con las luces y todo. En ese sentido fue muy nutritivo.

Cuando tocás vos, ¿a ti te gusta más también un lugar chico?

A mí me gusta tocar en todo tipo de lugares. Este verano quedé un poco traumado de los festivales muy masivos, donde no hay mucho criterio de curatería, de lo que está pasando, sino que hay lo que sea. Y ahora yo en Chile estoy entrando de a poco a un nivel de masividad que me permite ir a esos festivales, que en realidad son importantes por dos razones: una, porque pagan bien, y es importante poder sustentar los proyectos. Es un tema muchas veces tabú, pero para ser músico hoy día hay que bancársela y en pos de poder tener un proyecto, de hacer cosas lindas, como decir “voy a Uruguay a riesgo, vamos a ver qué pasa”, también hay que hacer lo otro. Pero por otro lado, mucho más importante, es que son festivales que te permiten acceder a todo el público, a toda la gente. Y por supuesto que eso también es exponerse. Hay un riesgo de llegar a lugares donde las cosas que yo hago en Chile, a pesar de que ya soy más conocido, no es una música directamente masiva. Por ejemplo no me tocan mucho en la radio, ni salgo mucho en la tele, sin embargo hoy se puede prescindir de eso porque obviamente existen muchas otras maneras de promocionar lo que uno hace. Pero respondiendo a tu pregunta, me gusta tocar en todos lados. Y sobre todo el cambio, porque pasar de una a otra te hace mantenerte en punta de pie. Si no, uno puede achancharse. Yo he tenido la experiencia de hacer giras grandes, de quince conciertos seguidos con el mismo equipo, el mismo crew, en teatros. A veces se vuelve un poco irreal… la maquinaria ya te traga. Entonces cambiar de chico a grande, solo, trío, en otro idioma, es como que hay que estar despierto y estar presente. Y estar muy atento a lo que está sucediendo.

Y también para que no se vuelva rutinario.

Ahí yo creo que también está el oficio, de no solo hacerlo bien hacia afuera sino también de tocar esa fibra, el lugar desde el cual uno comunica de verdad. Que tampoco necesariamente significa desangrarse cada vez, porque no tiene sentido, y no es un camino sustentable. Ayer, por ejemplo, con Loli, cantando La Flor del Cactus: Si yo me sumerjo en lo que realmente me estaba pasando cuando escribí esa canción, entonces no la puedo cantar. Entonces hay que aprender también a encontrar ese lugar en el cual uno canta de verdad pero uno se mantiene a cargo. En ese sentido yo admiro mucho, mucho el oficio de los chamanes. Y creo que el escenario tiene un poco de eso también. Yo creo que el concierto es un rito, estoy muy convencido de eso y nosotros por ese momento, por el rato que nos toca estar ahí, estamos a cargo de llevarlos a todos, de guiarlos a todos. Y los chamanes en las ceremonias de medicina ancestrales, ellos toman la misma medicina que todos pero tienen el oficio para mantenerse a cargo, para llevar las riendas del bicho y decir: “Por más intenso que sea lo que yo estoy provocando, yo tengo la capacidad de dar un pasito para afuera, mirarlo, observarlo, entenderlo…” casi con una frialdad pero una frialdad que no es calculadora, sino que es cauta. Es como de decir “estamos muy exaltados, pero aun así tengo una parte de mí que está mirando todo y diciendo ‘después vamos a ir allá’ ” y agarra el timón.

Eso no se aprende en un día, ¿no?

No. Yo creo que no se termina de aprender nunca. Porque además depende completamente del contexto al cual te enfrentas. Quizás uno aprende a ir manejando la situación, pero la situación es siempre otra. No es como una receta. Es más bien herramientas que uno va desarrollando. Y bueno, a mí me pasa todavía, no mucho pero me pasa. Que de repente se me va de las manos, ya sea porque no logro emocionar, o porque me emociono demasiado y como que me involucro más de la cuenta y entonces eso tampoco está bueno. Bueno, a veces sí, ¿no? Pero creo que hay una línea también en pos de la música. Quizás antes, más pendejo, yo también tenía más esa búsqueda de ir a la máxima intensidad emocional todo el rato, todo el concierto, dos horas de absoluta… pero ahora entiendo que es como la vida misma. Hay momentos en que hay que ir ahí y momentos en que no, porque si no, no hay contraste, entonces uno pierde la noción de la intensidad. No se puede ser completamente intenso todo el rato, no tiene sentido, duele. Termina por hacer como un daño, igual.

Con lo que estás diciendo estás hablando de lo que entregás. ¿Y cuánto recibís vos del público?

Uno de mis propósitos actuales y de los desafíos que me planteo es recurrir menos al recurso de “vamos, participemos juntos”, que yo lo hago mucho. Incluso anoche, dentro de lo que acostumbro, fui tranquilo. Tengo un poco la necesidad de escuchar que cantan fuerte, aplauden, y se involucran. Y de repente yo digo: “no es necesario, ¿no?”. Es como tener la certeza de que uno está calando sin tener que recibirlo de manera explícita de vuelta. Porque tampoco es que me interese llegar al contexto ese de música de salón en que la gente educadamente solo aplaude al final. Pero un punto medio. Siento que por mis propias inseguridades de repente abuso del recibir la energía de vuelta. Y también es como una energía muy adictiva. Como es mucha, te nutre. Pero insisto, y tiene que ver nuevamente con los chamanes: Yo creo que lo que intento ser es un canal, más que una fuente. No me interesa sacar de mi energía para entregarla, sino que me interesa utilizar mi energía para poder canalizar la energía y compartirla. Siento que uno es como el centro de un reloj de arena. Hay que saber convertir eso que está ahí y entregarlo, y eso por supuesto es mucho menos carga que si uno fuera a poner esa energía. Es algo más energizado que cansado.

¿Me contarías alguna experiencia musical que vos te acuerdes y consideres que ha sido de las mejores que has vivido?

Uh, me acuerdo de muchas. Me acuerdo del abuelo tocar el acordeón. Se murió cuando yo cumplí 5 años, entonces fue por ahí… no sé cuándo pero me acuerdo de eso. Mi primer recuerdo nítido es mi primera clase de violín a los 4 años. No me acuerdo de la clase, me acuerdo saliendo de la clase y que iba saltando de alegría por una calle. Y de grande son muchos momentos muy sublimes, muy increíbles. Muchas veces me ha pasado de decir “qué mierda estoy haciendo acá”, y me sigue pasando. Y espero que me siga pasando siempre. Procuro mantener una inocencia al respecto. Y creo que parte de eso es no darlo por hecho. Todos los días decir “qué suerte más tremenda; qué privilegio; qué regalo de la vida poder hacer esto”. Es lo que hablaba ayer de los espejos, de verse… y claro, cuando me siento una mierda también me recuerdo de lo afortunado que soy, que tengo que ser consciente de eso.

La tristeza forma parte de ser ser humano, tengas la vida que tengas.

Sí, pero más allá de la tristeza o la alegría es la certeza de que la vida nos sonríe. Yo pienso que la vida está llena de catástrofes y cosas que pasan pero mientras no pasen, que nosotros estemos felices. Un amigo mío, Joe Vasconcellos, dice: “La alegría es algo que yo me tomo muy en serio”. Es una frase muy, muy bella.

¿Qué otras cosas, además de la música, te hacen feliz?

Bueno, hacer un asado con los amigos. Por supuesto que el amor, el enamoramiento, la complicidad, la intimidad tranquila. Y por sobre todo, pero por lejos, la naturaleza. El momento en el que uno se quita el velo y se vuelve a dar cuenta de lo que uno es. Que no estamos en, sino que somos. Y en Chile, afortunadamente, eso es una realidad bastante cotidiana para mí, porque de partida tenemos los Andes, cerca. Yo voy mucho al cerro. Y el país que es gigantesco, con 6 millones de personas que están la mitad en Santiago y la otra mitad repartidas muy de a pocos. Entonces siempre que voy de gira procuro ir a los parques. Yo creo que nada me hace más feliz que eso en la vida. Es lo máximo. Para mí eso es la máxima expresión de ser humano. Bien lo dijo un amigo mío en Australia: “Yo creo que nosotros estamos aquí para contemplar”. Somos la conciencia de este mundo. Nos tocó, nos tocó esa habilidad de ser conscientes de la belleza que nos rodea.

Cuando componés, ¿se da un patrón de que siempre compongas desde el mismo lugar emocional o no?

Hay varios distintos. Soy poco eufórico. Más bien diría que hay algunos lugares desde los que no me surge. Tengo hace un tiempo un cierto bloqueo con escribir canciones de amor. Hace mucho que no escribo. Y ahora estoy muy enamorado. Entonces como que me es raro. Pero también me doy cuenta que entre más canciones he hecho, me voy frenando más también. Como que aporta madurez pero quita ingenuidad. Algunas de mis canciones más conocidas en Chile son muy, muy inocentes, muy ingenuas. Anoche de esas no toqué casi ninguna, pero yo digo: “Al día de hoy, ni cagando escribiría esa canción, … pero imposible”. Pero sí las canto y hago el ejercicio consciente de amigarme con ese mismo que era yo un tiempo atrás y soy capaz de aprender de esa persona que ya no soy yo pero que cantó honestamente eso y que resuena con la gente. En ese sentido sí que me viene de vuelta más que de ida. Como que yo canto la canción, como cuando uno está triste y sonríe por sonreír y te hace bien y te sientes mejor… es como eso. Bueno, yo la voy a cantar a ver qué pasa e inevitablemente pasa, y después me pasa a mí de vuelta.

Es que a medida que avanza la carrera de un artista la responsabilidad empieza a pesar, ¿no?

Sí, la exposición también. Yo siento que los cabros de 19 años que están tocando en la calle están parados en una esquina contándote su máxima intimidad y yo cuando estoy en un estadio y hay 10.000 personas cantando la canción… como que chucha, no sé si te quiero contar mi verdadera intimidad, porque la protejo también. Pero lamentable, porque claro, ahí está el condicionamiento un poco inevitable en el mundo mercantilizado que vivimos, y más encima el mundo del espectáculo, en que es imposible en realidad ser un artista exitoso y no ser famoso como persona. Es una mierda, también. Porque ser famoso te roba o te hace muy celoso de tu intimidad, y eso no necesariamente te hace bien como artista. Pero también a mí me ha enseñado a escribir desde otro lugar. Desde una noción quizás menos intimista y más descriptiva con respecto a lo que nos pasa como sociedad. O de repente apreciaciones muy puntuales pero de cosas que nos pasan a todos. En ese sentido yo creo que Cabrera es como el Máster. Cómo saber sintetizar en una poesía y en una música muy sutil algo que en el fondo es lo que le está pasando a través de él pero que está pasando ahí afuera. Es muy hermoso. Es muy bello. Por eso lo admiro mucho, mucho. Tanto que es como un pintor o un fotógrafo, en realidad, más que un músico.

¿Y musicalmente qué te dice la música de Cabrera, más allá de las letras?

Me dice que menos es más. Si alguien quiere hablar de eso, ahí está. Basta con escucharlo a él. Yo he tenido la suerte enorme de poder  –una vez en realidad– tocar con él. O sea, hemos tocado en conciertos un par de veces, pero una vez fue a mi casa y pasamos la noche entera cantando y fue una experiencia muy transformadora. Poder conversar juntos de música, de su música. Que él mismo me explicara por qué toca esa nota en ese momento y no antes ni después, ni el acorde. Siendo que es un guitarrista que podría hacer cosas muy complejas y ser muy barroco, es todo lo contrario. Como un minimalismo muy increíble. Y yo siento que tengo mucho que aprender porque mi instinto es más bien barroco.

Pero llega lindo, llega lindo.

Sí, y tampoco tengo cómo negar mi manera de ser. Es lo que es. Pero qué rico que es poder aprender de alguien que es tan distinto, tan hermoso y poderoso al mismo tiempo. Cómo generar tanta, tanta energía con algo tan sutil. Cabrera es algo así como la mariposa que causa el huracán del otro lado del mundo.

¿Querés contarme algo de tu último disco, “Mil 500 Vueltas”?

Es un disco que me gusta mucho. Estoy muy orgulloso de él. Fue una producción muy grande, con más de treinta músicos y varios invitados y ahora, a fin de mes, vamos a presentarlo en vivo. Yo todavía no tengo la distancia suficiente como para poder hablarte mucho más.

No soy de escuchar mucho mi música. Quizás al principio lo hacía un poco más pero ahora no. Y eso está bueno porque como dejo pasar bastante tiempo, cuando la escucho, ya se me olvidó, y entonces me llevo sorpresas.

Ahora dejo pasar más tiempo entre grabar un disco y otro. Antes hacía uno al año, algo así. Y ahora pasan dos o tres años. Incluso ahora me pregunto si volveré a hacer discos. Porque en realidad no tiene mucho sentido. A menos que uno de verdad haya escrito un disco, como una obra. Pero en realidad mis discos son más bien colecciones de canciones. Y las canciones van surgiendo a su ritmo. Hoy en día tenemos la posibilidad de producirla y compartirla al toque. El otro día escribí una canción, la grabé en el estudio porque justo fui y la filmamos en video con el iPhone. Se veía increíble y ta… la escribí ayer y la puedo compartir mañana a todo el mundo. Creo que está bueno hacer eso. Tiene sentido. Cada tiempo tiene sus soportes técnicos y te permiten distintas cosas. Y da un poco de risa ver a los viejos estandartes de la industria retorciéndose para detener el cambio. Es tan ridículo. Si el cambio está, siempre ha estado y siempre estará. Claro, siempre que ha habido un cambio mayor de formato, que permite siempre mayor accesibilidad, ha habido reaccionarios, pero siempre son los que en algún momento irrumpieron con uno nuevo. O sea, capaz que cuando los de mi generación seamos viejos, los jóvenes inventen otra cosa y nosotros queramos proteger internet. Espero que no pero parece que siempre pasa. Es parte de ser joven y ser viejo. Será. No sé todavía.

¿Qué proyectos tenés para adelante?

Este año tengo el proyecto de girar mucho. Voy a estar tres meses entre Canadá, EEUU y México. Voy a estar en Argentina, en La Trastienda, pronto. Mucho por Chile, por supuesto. Por ahí sale una gira por Europa. Ahora voy a tocar en Madrid y en Roma, en abril. Entonces tengo de aquí a octubre: gira, gira, gira, mucho fuera de Chile. Y luego ya empieza la temporada de conciertos en Chile, durante todo el verano. Y entre medio voy a cantar como solista en un concierto sinfónico de tributo a la obra de Congreso, que es una banda emblemática del rock en Chile. Así que eso me tiene muy contento también. Si no conoces Congreso, te la recomiendo. Las bandas más importantes de Chile serían: Quilapayún, Illapu, Inti Illimani, Los Jaivas y Congreso. Y también tengo ganas de meter segunda, dar una vuelta y… porque siento que en los últimos dos años de mi carrera, hablando en sentido figurado, es como que ampliamos la casa mucho. Ahora toca decorarla, ponerle las velitas… toca habitarla. Tengo que sentirme cómodo.

Muchas gracias por tu tiempo y por tu calidez, Nano. Fue un placer.

Entrevista publicada también en COOLTIVARTE.

Entrevistadora: Patricia Schiavone

Reseña de Loli Molina y Nano Stern en Sala Zitarrosa (12/03/2016)

Reseña escrita para COOLTIVARTE.

El 12 de marzo en una Sala Zitarrosa colmada de público se presentaron dos músicos enormes, entrañables y fascinantes: Loli Molina y Nano Stern. Loli es argentina, Nano chileno, y el público en su mayoría fue uruguayo (había algunos chilenos también). Pero la magia de la música fue tal que lo de tres territorios distintos no fue más que anecdótico. Estos dos seres generaron algo muy poderoso y mágico. Salimos todos con el centro del pecho mucho más abierto que cuando entramos, dándonos unos abrazos largos. El efecto “música bella” se hizo sentir.

Pero perdón, me estoy adelantando un poco. De telonera estuvo Luciana Mocchi. En lo personal, me gustó mucho escucharla. Cantó y tocó muy bien, tiene tremenda proyección de voz y demostró tener algo que yo valoro un disparate en los cantantes: que realmente ofrezcan su voz a los demás, sin regateos. Su música fue potente y tenía algo para decir. No fue un relleno, sino una participación importante.

Luego de un brevísimo entretiempo, surgieron en el escenario Loli y Nano. Ambos súper simpáticos y comunicativos con el público. Es brutal cómo se nota la presencia antes de que un músico toque. Ellos dos impactaron fuerte en este sentido. Desde el segundo uno se sentía que sería un show conectado y significativo.

Comenzaron presentando juntos parte del tema “Luchín”, de Víctor Jara, y parte del tema “Brillo y Relieve”, de Loli Molina. La voz de Loli tiene una dulzura enorme y una característica especial que hace que uno conecte con algo muy interno y profundo. También siento que, hablando de los cuatro elementos, tiene mucho aire. Nano, por su parte, siempre desde mi opinión personal, lo siento como con mucha tierra. Entonces esa combinación de ambos me generó una sensación de complementariedad y unidad que gusta y que hace bien.

Luego de esta canción introductoria Nano se retiró y Loli nos explicó que quedaríamos a solas con ella por un rato. Que durante el show tocarían temas de los dos y de sus héroes.

La dulzura de Loli, que a mí se me antoja nostálgica y magnífica, no se limita a su voz. Los sonidos que emergen de su guitarra eléctrica están en sintonía completa con su voz. La relación de ella con su instrumento es algo muy hermoso de escuchar y de ver. Se siente como muy cómoda, muy natural, que es algo tan importante para que uno como público pueda aflojarse y disfrutar. Nos entregamos por completo, con confianza.

Después de cantar su segunda canción a solas (“En la noche”), que finaliza con la frase “y ahí se fue mi corazón”, nos dio una explicación del contexto de composición. Nos reímos y la mayoría de las mujeres de la sala la entendimos… ¡vaya que la entendimos!

La canción siguiente fue “Hamacas”. Este tema es diferente y no solo por la letra sino también por la música. Hay una maestría interesante en la combinación del carácter de letra y música acá. Va por un camino más sinuoso y menos inocente, con notas que resuenan en sitios más oscuros. Un tema que inquieta y que por algún momento se vuelve incómodo, movilizante. Pero ojo que no estoy diciendo que una no quiera escucharlo… todo lo contrario. Es atractivo en esa incomodidad.

Lo que pudimos ver de ella en los momentos en que se dirigió al público fue un humor irónico y una visión más empírica de lo que uno lee en sus canciones.

Al presentar su tema “Viajando”, dijo: “Es un poco sobre aquel estado del ser en que ingreso por ejemplo yendo a tocar en Tucumán, en bondi, desde Buenos Aires. Son como unas 17 horas para reflexionar sobre la profundidad de la vida y después otras 17 horas”. En Uruguay no existe trayecto que lleve 17 horas… y así es como una recuerda el mapa de un país y de otro y reflexiona sobre la relatividad de las distancias. La canción es preciosísima. Bella poesía y la reaparición de esa dulzura impactante de la voz, y un acompañamiento estupendo en la guitarra. Insisto: guitarra y cantante se experimentan como una unidad cómoda y hermosa que a mí me llamó poderosamente la atención.

La presentación de la siguiente canción, “A la próxima”, tampoco tiene desperdicio (ni la canción lo tiene… es genial). Nos contó: “La canción que voy a cantar a continuación es una canción que tiene una historia. Una amiga que yo quiero mucho tuvo un novio. Como el tiempo lo destruye todo, en un momento la relación se terminó. Dos años después de que la relación se había terminado, él le mandó un mail diciéndole ‘a mí me habría gustado darte más besos’. Y mi amiga, que es muy inteligente y muy cruel, le respondió: ‘¿Sabés qué? A la próxima dale más besos’. Me contó esa historia y me pareció muy buena. Y llegué a mi casa y escribí esta canción. Se la quiero dedicar a todos aquellos que a) no entendieron nada o b) nunca más bajarán los brazos”.

Entonces llegó “Tonada de la Luna Llena” (de Simón Díaz), una canción que le queda fenomenal.

Para que quienes no pudieron ir tengan una idea mínima del nivel de poesía que vivimos esta noche, voy a compartir con ustedes dos letras que me gustan muy especialmente:

 

Las cosas que se quedan en vos (canción de L. M.)

 

Tengo tiempo para amanecer; tengo tiempo para entender

Que es la forma de mirar las cosas cuando llegan

lo que hace que se queden de otra manera en vos

Y es la forma de nombrar las cosas cuando queman

lo que hace que se queden de otra manera en vos

Se quedan con vos

 

 Tengo tiempo para elegir; tengo tiempo para compartir

 Que es la forma de mirar las cosas cuando llegan

lo que hace que se queden de otra manera en vos

Y es la forma de nombrar las cosas cuando queman

lo que hace que se queden de otra manera en vos

Se quedan con vos

 

 Y es tu forma de abrazar las cosas cuando llegan

lo que hace que se queden de otra manera en vos.

 

Y

 

Eco (Una canción de David Aguilar. En Youtube pueden encontrar la versión de Loli con David)

 

Le tocó a Saturno turno entre tu mirada hada

pues con telescopio copio en si lo que retracta tracta

de que yo alucine cine

Nunca tu palabra labra a mi sentimiento miento

y es que tu planeta neta siendo paraíso hizo

a todo el universo verso

Una mariposa posa sobre tu cabello bello

por que tu tardanza danza hace una atadura dura

mientras yo a cupido pido que entre mis compases pases

a dejar de hacer en este hueco eco

Le tocó a Saturno turno entre tu mirada hada

pues con telescopio copio en si lo que retracta tracta

de que yo alucine cine

Nunca tu palabra labra a mi sentimiento miento

y es que tu planeta neta siendo paraíso hizo

a todo el universo verso

Una mariposa posa sobre tu cabello bello

por que tu tardanza danza hace una atadura dura

mientras yo a cupido pido que entre mis compases pases

a dejar de ser tan solo imaginada nada más

 

Luego nos regaló “Sé como el sol”. Lo que más me impactó de este tema fueron los coros tan disfrutables que tiene.

Entonces volvió Nano Stern al escenario, algo así como una hora después de comenzado el show y una hora antes de que terminase. Tuvimos música abundante para disfrutar.

La combinación de sus dos guitarras y sus dos voces es extraordinaria, digna de ser experimentada varias veces en esta vida. De veras, les recomiendo: no se vayan a perder un próximo concierto de estos dos seres de luz juntos.

Arrancaron esta parte con la canción “Gorrión”. Un tema que cala hondo. Hubo algunas armonías que me hicieron acordar a Spinetta. Últimamente cuando descubro momentos spinetteanos en músicas de otros me emociono un montón. Creo que por aquello de ver la inmortalidad del ser plasmada en la música.

La siguiente canción de Nano súper, súper sentida, sonó como si fuera realmente de ambos. Enorme el desgarro y la fuerza que generaron con este tema. La poesía de Nano es gigante. Les dejo la letra:

 

Flor del cactus (de Nano Stern)

 

El perfume de la flor del cactus

esconde detrás del buen olor

un veneno que te va matando

poco a poco de tanto dolor

 

Con sus pétalos tan coloridos

te seduce y erra la razón

y con sus espinas camufladas

luego te perfora el corazón

 

Ni los brujos ni los cirujanos

tienen cura pa’ este padecer

que te ahoga y que te quita el sueño

y que te despoja de tu ser

 

Por adentro de sus venas verdes

lleva el cactus sangre de verdad

algo mata el alma se despierta

y alucina de felicidad

 

Luego te visitan las serpientes

te levantan y te hacen volar

pero cuando salen por la boca

duele tanto que hay que vomitar

 

Ni los brujos ni los cirujanos

tienen cura pa’ este padecer

que te ahoga y que te quita el sueño

y que te despoja de tu ser

 

Solo el tiempo hará que me acostumbre

a vivir con esta enfermedad

y así como quedan cicatrices

su recuerdo no me dejará

su recuerdo no me dejará

su recuerdo no me dejará

 

Al terminar este momento tan profundo, Nano se apiadó de nuestras almas leyéndonos una simpática poesía que escribió en la espera que tuvo viniendo hacia Montevideo, en su escala en Ezeiza.

Y como para reforzarnos la alegría en los corazones, cantó “Mil 500 Vueltas”, tema que da título a su disco y que es, si se quiere, extraño, en el siguiente sentido: su letra es muy introspectiva pero su música es muy extrovertida. Me resultó una combinación extraordinaria, algo inquietante y sin dudas genera ganas de escuchar la canción otra y otra vez. Y acá fue donde a Nano se le ocurrió invitarnos a acompañarlo con las palmas. Ay, Dios… ¿cuándo los uruguayos aprenderemos a no seguir aplaudiendo más allá de lo que el estribillo requiere? Un cursillo rápido al respecto nos vendría bien de bien, ¿eh? 😉 Ya, ya… no será grave pero me pone muy incómoda.

“Ley de vida” es un festejo de un amor que se terminó, que tiene gran poesía en su letra y también en su guitarra. Es otro ejemplo de maravillosa unidad entre compositor, cantante e instrumentista. Este tema como el anterior transmiten mucha energía, mucha alegría de vivir. Es como un manantial de sonidos frescos y nuevos, que por mi parte agradezco muchísimo.

“Festejo de color” fue una diversión impresionante gracias a nuestra incapacidad para cantar el coro que Nano creía que era tan sencillo. Jajá. Qué momento. A ver si nos espabilamos, che, que como público damos un poco de vergüenza.

“Voy y vuelvo” es una divinísima canción. Nano la tocó en el piano y fue un momento especialmente movilizador de la noche. ¡El vozarrón maravilloso que tiene nos dejaba a todos vibrando a la par de sus notas! Pero esa fuerza formidable, cuando tiene que dejar paso a la dulzura, se lo deja y cómo. Nano tiene, como se dice, ángel. Y una gran presencia.

Después cantó “Para cantores que reflexionan”, de Violeta Parra, tocando el instrumento con el que hace más tiempo que tiene relación: el violín (lo estudió desde sus 4 años). El nivel energético de la sala iba subiendo y subiendo.  ¡Qué belleza haber estado ahí siendo parte de eso!

Haciendo gala de un excelente manejo de matices, nos cantó su tema “Nube” -al que le debo el gusto de conocer su música-. La característica más particular de esta canción es cómo pasa de un grave muy grave a un agudo muy agudo en algo así como ocho notas. También su ritmo y su forma son muy originales, todo unido con una melodía que se siente bella.

Continuó con “Necesito una canción”, volviendo a ponernos él y su guitarra –casi poseída–  en un estado alegre, exaltado. Y a continuación “Tejequeteteje”, donde volvimos a golpear palmas horrorosamente mal, jua… (sí, quedé traumada).

La canción siguiente, imponente, fue “Los espejos”, escrita en honor a su padre y al consejo que le dio: que lo que importa es que cada día al mirarse al espejo encuentre a un hombre feliz. Fue un momento muy emotivo, con el que Nano cerró su sección a solas con el público.

Fue entonces cuando estos dos personajes simpáticos se regalaron, en el escenario, sus discos mutuamente: “Rubí” de Loli y “Mil 500 Vueltas” de Nano.

Se nos terminaba el show. Juntos nos ofrecieron “Árbol del bosque”, de Nano. Nos volvimos a deleitar con esa combinación de ambos, que es serena y bonita.

Y por último, para cerrar, anunció Loli: “Una de las canciones más hermosas que escuché mi vida…de uno de nuestros próceres, ‘Puerta de los dos’, de Fernando Cabrera”. Y la verdad es que no hay forma de ser uruguaya y no emocionarse hasta las lágrimas sintiendo la admiración de dos musicazos como estos, siendo jóvenes como son, a Cabrera. Y en la voz de estos dos músicos esa canción sonó con toda su uruguayez, pero con una uruguayez nueva, latinoamericana. Admito que fue el tercer momento del toque en el que se me cayeron las lágrimas.

Gracias Loli y Nano por emocionarme como lo hicieron. Muchos de los que fuimos conocíamos poquitas canciones de cada uno y sin embargo disfrutamos apasionadamente de cada uno de los sonidos que compartieron. Que nos gusten muchísimo sonidos que escuchamos por primera vez no es para nada común. Tienen algo especial y fuimos muy afortunados en tenerlos por aquí. Ojalá vuelvan… y que sea pronto.

Entrevista a Juan Pablo Chapital

IBARBURU – CHAPITAL

20 DE MARZO DE 2016 – 21:00 h

Sala Zitarrosa

Venta de entradas: Tickantel (Abitab y Red Pagos)

 

Entrevista realizada para Cooltivarte: http://cooltivarte.com/portal/lo-que-te-toca-el-corazon-lo-que-te-eriza/#.VuYKPi3H-ZY.facebook

 

Fotografía de: María Birba

Fotografía de: María Birba


¿Te gustaría empezar por contar un poco lo que va a ser el show del 20 de marzo en la sala Zitarrosa?

Bueno. Nico y yo somos del mismo año: 1975. Se da el fenómeno de que yo, siendo muy chico —16 o 17 años— toqué por primera vez en un colegio, en el Latinoamericano, en un taller de música, que dirigía Jorge Schellemberg en aquel entonces, y cerraba el evento un grupo que se llamaba “Lahermosabanda”, que eran los tres hermanos Ibarburu, o sea Andrés, Martín y Nico, con Montemurro y Diego Varela y cantaba Martín Paolillo, un cantante que ahora es periodista deportivo pero que canta muy bien. Y claro, yo vi unos tipos que tenían mi edad pero que tocaban como los que yo escuchaba en los discos. Desde muy chicos ellos tocaban como tocan ahora. Tienen como una cosa increíble, que generan una cosa cuando los escuchás por primera vez de una admiración… y a la vez son tipos tan sencillos y tan queribles que uno se embelesa con eso. Yo había oído hablar de ellos pero siempre escuchaba músicos más grandes. Entonces, a partir de ahí, empecé a seguirlos musicalmente. Iba a los shows de Pepe González, que fue la banda que después tuvieron. Después empezaron a tocar con Jaime. Iba a Utopías a verlos; iba a Clave de Fu a verlos… entonces era rarísimo porque eran personas contemporáneas a mí pero con una cosa musical muy conectada y muy salada. Entonces, bueno, tomé clases de guitarra con él. Después, obviamente, generé una amistad. Después empiezo a tocar con él con Francisco Fattoruso, que armó un grupo con dos guitarras, y para mí era algo increíble poder tocar al lado de Nico. Y desde aquel entonces no hemos vuelto a tocar juntos. Hemos tocado juntos con Urbano, también informalmente en diferentes cosas, o divagues que hemos hecho mil veces pero hacía mucho que no hacíamos algo juntos. Y como yo tengo mis discos y él tiene su proyecto y su disco también, y compartimos músicos en los proyectos, siempre tuve la idea de poder hacer un show como este que va a pasar el 20. Él va a tocar en su proyecto, yo en el mío, y obviamente vamos a mezclarnos, yo tocar en el suyo y él en el mío, y vamos a tocar a dúo algunas cosas también. Así que es todo muy desde la amistad y desde las ganas de compartir con alguien que siempre fue una referencia musical, contemporánea, y con quien además está todo súper bien, nos cagamos de la risa, es como súper orgánico también, no es algo forzado. Al contrario, hay una cosa muy afín. Está buenísimo.

¿Qué es lo que te gusta de la música de Nico?

A mí me gusta él como músico integral. Él es un loco con una personalidad única… y Martín, su hermano, Andrés también pero me detengo en ellos dos porque considero que tienen algo especial. Luis Salinas define a Martín de una manera que también se podría definir a Nicolás. De Martín dice que es un “reloj sensible”. Como que el loco tiene una precisión y una cosa, y a la vez tiene una sensibilidad y una capacidad increíble de acoplarse a la música que está tocando. Y con Nicolás los dos son unos virtuosos, pero no es eso lo que más me llamó la atención. Sí me llamó la atención eso en un principio, el virtuosismo, o cuando toca la eléctrica en los solos con Jaime, o con Pepe González, pero hay una zona de ellos que es la que más me gusta. Una vez los escuché en un festival de música instrumental, que se llamaba “Instrumenta”, donde yo toqué en una fecha y ellos tocaron en otra a dúo: Guitarra criolla y cajón. Eso es lo que más me gusta de ellos. Más allá de que cuando hace un solo en un funk te mata, y hay como un lenguaje muy en común que a mí me gusta mucho también, como eso del funk, el blues, el jazz. Pero lo que más me mata de ellos, hoy en día, es eso, esa parte acústica. Y cuando tocan a dúo es algo especial. Porque ahí se nota que hay algo… tipos muy muy conectados. Son locos con una conexión especial con la música, … o sea, es algo que es una búsqueda mía también. Ellos naturalmente lo tienen desde que yo los escucho.

La cabeza para mí siempre ha sido algo que ha interferido mucho en mí como músico. Hoy en día estoy mucho más cercano a ese lugar y me he abierto el espacio mío a través del trabajo a través de otras cosas, pero me parece que ellos lo tienen naturalmente eso. ¡Y ni te digo si están copados con el proyecto! Pero sobre todo esa investigación acústica que hacen que tiene que ver como con lo folclórico, el candombe, el pop. Digamos que su zona pop no es lo que a mí más me emociona. Son impecables en eso pero no es lo que más me emociona de ellos.

¿Cuál es el hilo conductor musical entre los cinco de este quinteto con el que vas a tocar?

Yo creo que son las canciones, porque si bien es música instrumental, yo fui mutando en mi objetivo musical. Cuando volví de Buenos Aires, después de haber tocado con Malosetti, con Liliana Herrero, con gente muy cercana como a lo jazzístico en cuanto a la experimentación y concepto, mi ilusión musical era mucho más cercana a eso. Hoy estoy mucho más cerca de las canciones. O sea, son canciones instrumentales. No es solo jazz. Hay elementos del jazz, del blues, de la música uruguaya que escuché toda mi vida. De hecho siempre trato de homenajear a la gente con la que he trabajado y que he escuchado toda mi vida, porque se ha escuchado en mi casa: Cabrera, Mateo, Rada, Hugo. Pero yo también soy como un melómano. No que sepa mucho de las formaciones de los discos pero sí me sigo comprando discos. Tengo 500 o 600 discos y sigo pidiéndome discos, y encaro discos, y me regalan discos y los escucho. Estoy todo el tiempo fijándome qué disco me puedo comprar. Me gusta mucho y tengo todo bastante organizado. Por un lado el jazz, Brasil -que también me gusta mucho-, por otro lado todos los discos de Uruguay, por otro los pianistas de jazz, los trompetistas, los saxofonistas, los guitarristas de blues. Hay como un orden. Sin llegar a la obsesión total, pero me gusta el objeto disco y me gusta escuchar.

Yo te escuché decir que te movían la misma fibra Miles Davis, Coltrane, Hendrix y…

Y Gardel, y los Beatles.

¿Cuál es esa fibra?

Y es la que no hace juicio de valor de qué es esta música. La fibra es lo que te toca el corazón, lo que te eriza.

O sea que vos, a pesar de ser músico, sos capaz de escuchar esa música y sentirla, y no dedicarte a entenderla.

Por ejemplo, por hablar de una música diferente a la que yo toco, pasé mucho tiempo sin escuchar a Los Buenos Muchachos. Y un amigo mío me decía: “vo, mirá que te va a encantar”. Y fui a La Trastienda ¡y piré! ¡Me encantó! Me encanta lo que hacen con las violas, me encanta el loco, y el cantante, Pedro Dalton. Me gusta todo lo que sea visceral. Así como me encanta Robert Johnson, un bluesero de los primeros, y escucho a Gardel y me pasa lo mismo, y escucho un coro de murga que está afinado y se canta todo y me pasa lo mismo, y escucho a Joao Gilberto y me pasa lo mismo, y escucho a Coltrane tocar una balada y me pasa lo mismo. Y me encanta cuando descubro. Hace un tiempo ya, yo venía en un viaje re-jazzístico y me pasaron a José González, ¿lo conocés?

No. ¿De dónde es?

Es un sueco con padres argentinos y él toca la viola acústica y canta canciones. Y flasheé, ¿viste? Me encanta. Es un loco que me llega también. Estoy todo el tiempo buscando escuchar cosas nuevas que me lleguen al mismo lugar. Para no estar siempre rondando en lo mismo.

¿Y cuando vos tocás tu propia música sentís algo parecido a eso? ¿Te mueve algo parecido?

Sí, cada vez más. Por suerte, cada vez más. Pero depende de la situación, de lo que esté pasando. O sea, admiro músicos que siempre tocan de la misma manera ante cualquier circunstancia. Yo hay circunstancias en las que me coloco mucho más.

¿Qué se precisa para colocarse siempre y en cualquier circunstancia?

Yo calculo que tiempo. Y trabajo que no tiene que ver con lo musical.

¿Qué tienen que ver el aikido y la música? Vos has dicho que son lo mismo y que son complementarios.

Lo que pasa es que el Aikido es un arte marcial que ha acompañado mi  vida de hace 16 años a esta parte. Hoy sigo entrenando, soy cinturón negro, doy clases también, pero también me considero que soy un principiante, exactamente igual que en la música. Y tiene que ver con muchos aspectos, con la interacción con el otro. Uno tiene una idea del arte marcial que muchas veces no es la realidad. Uno se imagina que quiere aprender un arte marcial para usarlo como defensa en la calle. No tiene nada que ver con eso. El fundador del Aikido de lo único que hablaba era de que la verdadera historia está adentro, que la verdadera lucha es con tu historia, con tu pasado y con tu presente y con lo que vas viviendo. Esa es la lectura que yo hago.

Para mí siempre fue y es un camino paralelo. Y seguirá siendo. Es algo que no va a caducar nunca.

¿Podés describir qué es lo que te pasa cuando estás en un escenario con cuatro músicos más?

Y bueno… eso es lo que no se puede explicar. Pero es casi como que no te das cuenta de que estás ahí. Hay veces que no me pasa, pero cuando me pasa, es alucinante. Por lo general llego a mi casa y me siento en un sofá y me paso media hora o cuarenta y cinco minutos en silencio, y ahí tomo conciencia de todo lo que pasó. Pero bueno, hay veces que sucede y veces que no sucede.

¿Qué músicos forman el quinteto que va a tocar el 20 de marzo en la Sala Zitarrosa?

Van a tocar Manuel Contrera el teclado, Hernán Peyrou el teclado (va a haber dos teclados), Nacho Echeverría, que es el bajista del Experimental Trío, que es con quien grabé mi último disco, y Gerónimo de León en batería. Toda gente amiga, básicamente.

¿En qué proyectos estás tocando ahora?

Bueno, ahora estoy con este quinteto, con un proyecto de blues con Santiago Cutinella, que es una música con la cual me conecto mucho y me gusta. Después toco en la banda de Cabrera, cuando toca con banda. También toco con Alfonsina, con quien tengo muy buena conexión en el escenario. Y después, no sé… ahora el viernes toqué con Las Coralinas en la Sala Zitarrosa, y también hay algo ahí que me gusta de esa energía. Son 15 mujeres que se cantan todo, dirigidas por Carmen Pi. Hay como una cosa energética, como una polenta especial.

¿A vos qué te tiene que pasar para que te sientes a componer?

Algo. Por lo general lo triste viene con alguna música. Por eso tengo como una faceta muy baladística, o una expresión en las melodías cuando toco la guitarra que es como melancólica. Esas son las devoluciones que me han hecho. Por lo menos en mis dos discos fue así. Las canciones salen de hechos específicos. Después sí, ta, tengo mil ideas por redondear, pero me conecto más con esa parte más íntima, con lo chiquito, más que con los solos, bla bla.

¿Qué es un solo de guitarra para vos?

Depende del contexto pero es intentar contar una historia. En eso he cambiado mucho también. Antes escuchaba guitarristas que tocaban cincuenta mil notas por… que lo veo y me encanta, pero por lo general tuve como una vuelta al blues desde ese lugar, ta, cómo el tipo con una nota hace “pin” y te pone la piel de gallina, entonces en mi búsqueda de hoy en día está mucho más eso: intentar decir con menos cosas. Como que abandoné un poco esa cosa de querer tocar de determinada manera. De hecho, hace poco estuve en Estados Unidos y vi miles de guitarristas tremendos. Está buenísimo. Pero bueno, también las devoluciones que yo recibí cuando toqué fueron lo que más me interesa de la música. Me gustan los solistas que cuentan una historia. Hay mucho guitarrista así, y hay mucho que no. Hay mucho que solo tira data. Está bien… es una búsqueda también.

¿No te hacen falta las letras?

No, como que mi gran desafío está en poder transmitir lo mismo que dice una letra a través de una melodía en la guitarra. Mi búsqueda es esa. Yo sé que no es tan lineal como la palabra, pero puede llegar a serlo. Lo que pasa es que también depende de la recepción del que está del otro lado.

¿Cómo se conjuga la búsqueda del silencio interno con ser músico, donde hay mucho sonido?

Yo creo que es primero una cosa para que después suceda la otra. En mi caso la búsqueda del silencio, así como la música, fue y es una necesidad. Eso aparece en mi música naturalmente. Sin yo buscar… Bueno, tengo un tema que se llama “Silence, please”, que es el que compuse cuando vine de vivir en Buenos Aires, y me senté en ese sofá que te digo y dije: “Ta, volví a Montevideo. Estaba necesitando esto”. Ese tema salió así, en ese sofá. Me pasaron muchas cosas en el último tiempo en las cuales necesitaba volver a estar en silencio otra vez, entrenar aikido en mi lugar, donde yo entrenaba. Entonces por eso creo que si está una cosa, está la otra. Si vos tenés esa inquietud… uno toca como es uno, exactamente. Ni mucho más ni menos. Si uno no tiene búsqueda, en la música se nota.

¿Qué papel juega el silencio en tu música?

No sé si es el silencio técnico. Sé que hay como aires de eso. Hay como atmósferas que generan un estado equis, ¿viste?

Dicen algunos bateristas que lo más importante en la música son los silencios

Eso se puede interpretar de muchas maneras y está buenísimo, porque también que lo diga un baterista es increíble, porque en general los bateristas lo que quieren es tocar, tocar, tocar. A mí, por lo general cuando escucho un baterista me gusta Steve Jordan, Al Foster, bateristas de jazz, Paul Motian… bateristas mínimos. No tanto los que reparten.

¿Hay algún músico con el que no hayas tocado de Uruguay o de alguna otra parte del mundo con el que te encantaría tocar?

Fa, de Uruguay con el que no toqué nunca, que fue una referencia para mí, de ver de pendejo la banda y decir “yo quiero estar ahí”, fue Jaime, siempre. Después con Rada toqué en muchas circunstancias, con Cabrera también, con Urbano también. Pero Jaime es un loco que siempre quedó como una cosa ahí “pah, lo que debe ser” ¿no? Y después… del mundo… yo qué sé, miles, hay muchos.

La pregunta iba por si había alguien en especial con quien te imaginaras tocando.

Bueno, hay un violero que me mostró Nicolás Ibarburu a mí, en esas clases que tuvimos, que me lo presentó y me dijo “vo, vos tenés que escuchar esto que te va a encantar”. Es un loco que se llama Robben Ford.

Me pasó algo muy loco porque cuando vino me propusieron que fuera el telonero.

No podía creerlo. Y todo lo que me sucedió con él fue muy mágico, además. Porque llegó el día del show. Yo estaba súper nervioso por conocerlo, más que por tocar. Yo iba a tocar en el Solís, solo con la guitarra. Me importaba más qué me iba a pasar cuando lo conociera a él. Entonces, cuando viene y me saluda, me miraba y me decía: “Y qué tocás? ¿Blues?”. Yo le dije, “No, no sé… yo toco mi música, no tengo idea”. Y me miraba. Yo iba a tocar tres temas míos. Mi música no tiene nada que ver en concepto con la de Robben Ford. Y toqué guitarra de nylon. Entonces, se hace el momento de ir a tocar, voy a abrir el show, me siento en el Solís y empiezo a tocar. Invité a Manuel Contrera a tocar un tema que yo hice en el segundo disco. Y yo escuchaba unos pasos y decía en broma: “Debe estar Rúben por ahí atrás caminando”, le decía a la gente. Y se reían. Y cuando me bajo de tocar, el manager argentino me dice: “Chabón, Robben salió del escenario y vino a escucharte. Se sentó acá en esta silla con la viola sobre las piernas, y le encantó tu música, dice que sos un gran músico, que tenés terrible sonido”. Me termina de decir eso y viene Robben y me dijo exactamente lo mismo: “Me encantó tu música, me encantó desde el lugar que tocás, podés abrir un show para mí cuando quieras”. Yo me quería morir. Directamente me quería morir. Robben Ford, de quien me escuché toda su discografía. Además, que tocó con Joni Mitchell, que tocó con George Harrison que lo amo, que tocó con Miles Davis que lo amo. Es como un guitarrista que estuvo en todos los lugares donde a uno le habría gustado estar. Fue muy surrealista, muy increíble. Tuve esa suerte, y de hecho, todas las suertes. Porque tocar con Cabrera para mí también era como un sueño, tocar con Rada también.

¿Cómo fue la gira por el interior del Uruguay?

Fue buenísimo porque mismo que no sabía qué me iba a encontrar. Si iba a ir una persona o cien, pero me entregué, dije “Bueno, ta, va a ser lo que tenga que ser y van a estar los que tengan que estar”. Y la verdad que estuvo bárbaro. Me quedé súper contento porque por ahí es gente que va a un evento porque es gratis, y porque es algo diferente y que no está acostumbrado, hay gente que no va por eso mismo. Pero me quedé súper contento sobretodo con el intercambio después del show. Que venga un tipo con el hijo, como me pasó en Rocha, súper emocionados a sacarse una foto, y que te digan “Loco me encantó”. Cuando se da el intercambio así, y cuando pudiste llegar y transmitir algo, está buenísimo. Es como misión cumplida, me voy contento. En Treinta y Tres, que está el festival del Olivar, que son súper folclóricos. Yo concibo mucho eso que hablábamos al principio: si vos estás colocado, el público lo recibe. Por lo general si uno está colocado, el hielo se derrite solo. Para mí fue súper positivo. Todo lo que no tiene que ver con lo burocrático, de todo lo que te pide el MEC después para certificar… tenés que presentar factura del agua del viático. Toda la parte organizativa me estresó pero lo otro, que es lo más importante, estuvo alucinante.

 

Esta charla no habría tenido fin si no fuera por la variable tiempo con la que hemos resuelto convivir los seres humanos. Va un gracias gigante a Juan Pablo Chapital por esta entrevista tan disfrutable.

 

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Foto: Federico Meneses

Entrevistadora: Patricia Schiavone

Noche de descubrimiento de un mundo musical nuevo: SNARKY PUPPY en el Teatro Solís

Reseña escrita por mí para COOLTIVARTE: Si hacen click en la publicación de Cooltivarte, pueden ver las fotos buenísimas de Ricardo Gómez. O sea, en el siguiente enlace: http://cooltivarte.com/portal/noche-de-descubrimiento-de-un-mundo-musical-nuevo-snarky-puppy-en-el-teatro-solis/

 

Luego de la mayoría de los toques que me gustan llego desesperada por pasar las emociones a palabras escritas pero anoche, después del show de Snarky Puppy, salí desesperada por oír silencio (interno y externo). Fue hoy de mañana que empezaron a caerme algunas fichas y recién 24 horas después del toque, puedo encarar mínimamente esto de reseñar lo que sucedió. Quienes fueron, me entenderán. Pero a este texto lo escribo más para quienes no estuvieron ahí, con el objetivo de acercarles desde algún ángulo a esta banda que implica una experiencia musical muy particular.

Francisco Fattoruso fue el telonero, en una formación que incluyó a Federico Navarro en guitarra, Álvaro Torres y Manuel Contrera en teclados, Pablo González en batería, Federico Blois en Percusión y Juan Pablo di Leone en Flauta. Tocaron tres temas. En honor a las estrellas de la noche tocaron dos temas bien funkies (y me sorprendieron demostrando una agitación y alegría en el escenario que no suele ser tan uruguaya) y luego, cuando yo ya estaba sintiendo que eran demasiadas notas, cerraron con una balada muy bonita y bienvenida. Me gustaron un montón unos compases unísonos entre bajo, guitarra, flauta y teclados. Francisco y su grupo nos dejaron bien parados. Tengo entendido que es fan de Snarky Puppy, así que debe haber sido una noche muy emocionante para él.

Se apagaron las luces pero estuvimos unos minutos esperando a que los utileros adecuaran los instrumentos para lo que seguiría. Fueron unos minutos algo extensos para estar a oscuras y la gente se comportó bastante bien.

Ahí salieron al escenario casi todos los músicos de Snarky Puppy con Magda Giannikou, una griega increíblemente simpática, alegre y llena de energía que tocó (acordeón) y cantó una música no encasillable, que viene a ser una mezcla de tango, música brasileña, pop francés y hasta algo de cumbia. Nos hizo corear, hacer palmas (no, muchachos extranjeros: a los uruguayos no nos hagan seguir el ritmo con las palmas… porque nunca sabemos detenernos a tiempo), y finalmente la aplaudimos a rabiar, tanto que ella se fue del escenario dando saltitos y gritando que quiere volver muchas veces. Fue interesantísimo lo que presentó. Muy diferente también, por lo que a algunos nos llevó un ratito ajustar el dial, pero había varias bocas abiertas. Nos habló en nuestro idioma, mezclando un poquito de inglés.

Magda estudió composición de música para cine en Berklee School of Music y compone música para cine y teatro en francés, español, inglés, portugués, italiano y griego.  Su grupo, Banda Magda, está formado por músicos colombianos, argentinos, japoneses e italianos. En 2013 Banda Magda debuta con su álbum “Amour t’es lá” con el cual llegan al top 10 en World Music Charts de Billboard.

Nuevamente quedamos a oscuras observando por minutos el ir y venir de los utileros que ajustaban perillas y repartían toallas. Y ahí, cosa mágica, los uruguayos del público, probablemente contagiados por la energía y alegría proveniente de Grecia, comenzaron a hacer ruidos de animales. ¡Resultó un mini concierto muy entretenido y divertido! Y nos reíamos cómodamente, y ¡se disfrutó!

Antes de entrar había en las caras y en los cuerpos de todos una expectativa impresionante. Alguno explicaba: “Hasta hace dos semanas no había oído hablar de ellos pero me metí a buscarlos y no pude parar de escucharlos”. Otro: “¡Cómo va a estar esto!”. O: “¡Qué increíble que vengan estos locos acá!”, y así.

Al instante de comenzar el toque de Snarky Puppy en sí, con todos sus músicos, quedó claro por qué tienen tantos seguidores: todo suena impecable, cómodo, divinamente funk y con un swing increíble.

Quien fundó la banda y claramente lleva la batuta (después veremos de qué) es Michael League… ¡el bajista! Espero que mis amigos bajistas no se ofendan, pero todavía me dura la sorpresa de ver al bajista del grupo ¡sonriendo! Y ¡bailando con libertad de movimientos! ¡Inclusive blandito! Y ubicando en el centro del escenario, resolviendo a quién le tocaba cuándo el solo, etc. También fue el presentador de la noche y mantuvo su sonrisa enorme y espíritu feliz todo el tiempo, carcajadas incluidas. Fue una base perfecta para nada más ni menos que 9 músicos haciendo algo que raya la demencia. League es el compositor, arreglador, productor, líder de la banda y dueño del sello discográfico.

Michael League armó la banda porque según él era demasiado malo para entrar en cualquiera de las bandas de donde estudiaba música jazz. Un año después tocó con algunos de sus compañeros en iglesias, cinco días a la semana, y ahí está la explicación de cómo pasó del jazz convencional a esta música con tanto swing, groove, alegría y ritmo.

Si bien algunos de nosotros no los conocíamos hasta que Jazz Tour tuvo la excelente idea de traerlos a Montevideo, estos músicos están de gira desde hace doce años y tienen grabados 11 discos.

Con el disco “Sylva” ganaron el premio Grammy este año.

Quince días atrás salió el CD “Family Dinner, volume II” y en abril sale “Culcha Vulcha”.

“Porque nos aburrimos fácilmente”, dijo League.

 

Al escenario y al Teatro Solís entero anoche lo llenaban los siguientes músicos:

Michael League: bajo

Justin Stanton: trompeta y piano

Chris McQueen: guitarra

Mike Maher: trompeta

Jay Jennings: trompeta

Chris Bullock – saxo tenor, flauta, clarinete

Caleb Sean: teclados y voz

Nate Werth: percusión

Marcelo Wolowsky: percusión

Jason “JT” Thomas: batería

 

La primera percepción es que se trata de algo completamente profesional, donde cada músico suena con enorme definición y comodidad, eso que hace que la música nos llegue mejor.

Después una va observando que esa perfección surge de una improvisación muy extraña. Por un lado es evidente que están improvisando, porque vemos la construcción que se va dando ahí mismo, en frente nuestro. Pero por otro es algo de no creerse que estén improvisando, porque están cambiando de métricas, está lleno de matices, ningún músico pisa a otro… cada uno tiene su lugar en el continuum musical perfectamente delimitado. También hay silencios perfectos (pocos, pero los hay) y parece tan imposible que todo eso suceda tan bien coordinado en una improvisación. La receta, al parecer, está en que todos los músicos se escuchan todo el tiempo entre todos y que hay una actitud de apertura y co-creación feliz que no excluye a ninguno de los diez seres. Por supuesto hay composiciones y hay arreglos también, pero la conjunción de lo libre y lo pautado tiene una perfección que creo que no habíamos visto por estas latitudes.

Hoy se me antojó que ver en vivo a Weather Report debió de generar algo parecido y hoy un amigo me lo confirmó. Yo lamentablemente no tuve la experiencia W.R. Me habría gustado y mucho.

La ejecución de cada instrumento es perfecta. Me asombraron todos individualmente y también las combinaciones.

El baterista y los dos percusionistas, tanto por separados como combinados entre sí, fueron una gozadera total.  Marcelo Wolowsky, que es argentino, junto con Nate Werth se divirtieron un disparate anoche y eso es tan contagioso que se agradece muchísimo. Jason Thomas un crack perdido… llevaba toda la máquina con una combinación perfecta de certeza y soltura… admirable por completo.

Anoche hubo buen gusto todo el tiempo, ya fuera que tocara un músico, dos, tres, o los diez a la vez.

En un momento Michael League cuenta que estuvieron grabando con la Metropole Orkest (el CD Sylva que mencioné antes) y que uno de sus músicos era uruguayo: Federico Nathan. Da la casualidad que él estaba en Montevideo anoche y tocó con ellos una chacarera, que estuvo de lo más diferente e interesante. Y también fue emocionante verlo a Nathan tocando con ellos.

Los vientos eran por momentos tres y por momentos cuatro. El sonido que surgía de todos ellos era exquisito, tanto individualmente como tocando todos juntos. Evidentemente es gente que tiene muchísimas horas de estudio y de toques… se nota, se disfruta, se agradece, se registra y se guarda como experiencia disfrutada y recordable.

La guitarra de Chris McQueen me encantó. Su sonido podía ser muy, muy dulce y calmo y de a ratos tenía una fuerza poderosa increíble.

Dejé para lo último mencionar lo que para mí, desde mi perspectiva muy personal, fue el descubrimiento más fantástico de la noche: el tecladista y cantante Caleb Sean.

Cada vez que se cruza en mi camino una nueva música fascinante siento que me expando y albergo nuevos mundos emocionales. En este caso fue el descubrimiento de este músico que me conmovió con su canto al unísono con su teclado en un solo que fue maravilloso. Les recomiendo hacer una búsqueda en Youtube con su nombre y se llevarán muy buenas sorpresas. (Su nombre completo es Caleb Sean McCampbell y el nombre de su banda es The Funky Knuckles). No vayan a perderse el video de él tocando [¡cómo suena ese piano!] y cantando el tema “All of Me” de John Legend.

Fue un concierto bastante extenso, con muchos bises. Los comentarios finales del público eran del estilo de: “me quedé sin palabras”, “lo mejor que he visto”, “no entiendo nada”.

Va desde aquí un agradecimiento a los que decidieron traer a Snarky Puppy a Montevideo anoche. No nos molestará para nada que los traigan otra vez.

CD “En Construcción” de Juan Pablo Chapital

Hacía tiempo que no escribía sobre un disco, no porque no haya escuchado varios en este tiempo sino porque no me había pasado todavía que un disco nuevo me disparase esa motivación (cuasi desesperación) por poner la experiencia en palabras. Hoy sí que sucedió.

El CD que hizo efecto en mí fue “En Construcción” de Juan Pablo Chapital, un guitarrista y compositor uruguayo, a quien yo -haciendo gala de gran tontería- no le había prestado la atención debida hasta hace unos pocos días.

Lo primero que me gustó mucho fue el CD en sí. La tapa está preciosa y el disco también. Tiene un diseño que genera una alegría mesurada, diría yo, que a mí me ubicó en el lugar perfecto para comenzar a escucharlo.

Foto tomada sin permiso de "El Espectador".

Foto tomada sin permiso de “El Espectador”.

 

Tema 1: 23 de diciembre

La intro de guitarra en este tema, que también viene a ser la intro al disco, es mansa, sentida, con notas dulces que tienen brillo, y que a mí me colocaron en ese rincón que reconozco y que me gusta tanto. Es el mismo lugar emocional donde también me ponen músicos como Scofield y quizás Lyle Mays, algunas veces Metheny. Después de haberme reacomodado en el asiento, dispuesta a pasarla bien, empezó la parte A y ya supe que todo lo que vendría después me gustaría. La guitarra súper decidida, maravillosamente firme, una base de acordes de esos con garra, de los que a una la hacen vibrar; un bajo que se oye al volumen perfecto y una batería que se oye con comodidad, que se ajusta muy bien al carácter de la música en su totalidad, con un sonido que me resultó especialmente bonito en cuanto a los platos y al aro del redoblante (no ha de ser coincidencia que el baterista es Francisco Etchenique, hijo del gran Cheché). Que las guitarras y los teclados no se “tironeen” en la música es un arte. En este primer tema todo sonido tiene su lugar y su razón de ser. Todo fluye cómodo y creativo. Con sorpresa noté que me encantó el teclado (ya sabemos que no suelo disfrutar especialmente de ese instrumento).

 

Antes de seguir adelante, les cuento qué MÚSICOS hicieron este objeto mágico:

Juan Pablo Chapital: composiciones 1, 3, 4 y 6. Guitarras y voces en todos los temas.

Nacho Echeverría: bajo en temas 1,2 y 4 y contrabajo en temas 3 y 5.

Francisco Etchenique: Batería en temas 1, 2, 3, 4 y 6.

 

Músicos invitados:

Hernán Jacinto: Piano acústico, rhodes, sintetizador y voces en todos los temas

Juan Jacinto: Djembé en tema 4

Mariella Vitale: Voces en tema 4

Fernando Cabrera: guitarra y voz en tema 2

Ferna Núñez, Noe Núñez y Diego Paredes: Cuerda de tambores en tema 5.

 

Y el diseño de la tapa es de Felipe Fuentes.

 

Tema 2: Milonga de pelo largo (versión del tema de Gastón Ciarlo “Dino”)

La guitarra de nuevo a pura dulzura y sentimiento con el complemento perfecto de una fuerza poderosa. El redoblante de la batería acompaña perfectamente esa intención y es un goce el balance de volúmenes. Yo oigo esto y siento que fue una grabación muy cuidada y muy sentida.

Esta canción tiene la participación especialísima de Fernando Cabrera en guitarra y voz. No hay cómo ser uruguayo y no emocionarse al escuchar a Cabrera. Mueve una fibra particular que nadie más lo logra.

 

Tema 3: L.A.S. (Dedicado a Luis Alberto Spinetta)

Para cuando escuché el disco ya había escuchado este tema unas cuántas veces (aprovecho a ponerlo abajo, para que lo puedan oír también). Arranca con esas palabras fantásticas del “flaco” apoyadas en un colchón musical que nos trae nostalgia y amor por partes iguales. Que Spinetta ya no esté entre nosotros es algo que muchos no terminamos de asimilar. Se fue demasiado joven y formó parte de nuestra identidad, por lo cual admitir su partida es un poco jodido. Juan Pablo Chapital explica por ahí que compuso (o terminó de componer) este tema el día que falleció Spinetta. Lo que a mí me sorprende es que lo que me llega con esta canción más que la sorpresa del día de su muerte es ese extrañar nostálgico que nos envuelve en la actualidad, cuando ya pasaron algunos años desde que osó decirnos adiós.

https://youtu.be/rLFrOQB_BR8

 

Tema 4: Mundo Derek (Dedicado a Derek Trucks)

Aquí yo sentí un “cambio de dial”, digamos. Lamentablemente para mí no conozco el trabajo de Derek Trucks [las puertas musicales se siguen abriendo sin pausa]. Por lo tanto, solo puedo contarles lo que siento con los sonidos despojados de historia: rock and roll y un cierto traslado a flashes de mi adolescencia, especialmente a discos que sonaban en el tocadiscos de mi padre, a quien le gustaban cosas que yo por aquel entonces no lograba acoger (y todavía no logro del todo): la música de los 70. A este tema en especial lo voy a tener que escuchar más veces para encontrarle el gustito que todavía no le encontré, pero soy consciente de que es por mis propias limitaciones.

 

Tema 5: Santanita (Composición de Rada y Hugo Fattoruso)

Este es un temazo del acervo musical uruguayo y esta versión está divina. La guitarra de Chapital habla, sonríe, llora… todo eso a la misma vez. El piano está especial… precioso sonido tiene. La cuerda de tambores es un deleite. Me llamó la atención la amalgama de intención que hay entre todos los instrumentos en este tema.

 

Tema 6: En construcción

Este tema al día de hoy es mi favorito del disco. Hoy aquí está gris y está lloviendo un poco, cosa rara en este tiempo, pues veníamos de un largo tiempo de soles. Quizás el gris exterior esté tiñendo un poco mi percepción de esta música hoy, pero la siento muy introspectiva… como si fuera un hurgar interior que va descubriendo mundos diferentes adentro de un ser de luz. Claro, el título indica algo (o todo) de eso, pero independientemente del título, las notas traen un viaje querible e interesante. Empieza y termina con sonidos de niños que quizás están en un patio de escuela y sigue con una guitarra que arranca con toda la nostalgia del planeta pero después va “construyendo” momentos más seguros, pasos más firmes, aunque sin soltar del todo las notas iniciales y su intención. La batería re-ubicada, haciendo lo que tiene que hacer para el bien de la música (últimamente agradezco mucho esto). El bajo, como en todas las canciones del disco, sintonizando perfecto con la intención del tema y de la guitarra. Y el Chapa demostrando una serenidad y solvencia que a mí me hace pensar en los discos más recientes de genios que ya están de vuelta en sus carreras musicales, como ser “You Never Know” de Erskine, por nombrar uno.

 

En la tapa del disco hay una dedicatoria que merece ser compartida:

A mis amigos y amigas, en especial a los pocos con los cuales puedo compartir todas mis facetas, lo bueno y lo malo, porque ese compartir me ayuda mucho y me hace estar siempre “en construcción”

 

En fin… un músico para prestarle oreja y atención. Tengo también en mi poder su primer CD: “Fotografía Silenciosa”. Me alegra un montón saber que me está esperando más música del Chapa. Me gustaría que en lugar de dos tuviese diez discos, pero eso seguramente será cuestión de tiempo. Por ahora a disfrutar lo que hay, y a alegrarse de que el 20 de marzo habrá la posibilidad de escucharlo con su quinteto en la Sala Zitarrosa, en un toque conjunto con Nico Ibarburu y su grupo, en un show que promete estar buenísimo.

 

Abrazos contentos, vibrando con notas bellas.