Wind Rose – Susana Raya

Tengo una enorme bendición en esta vida: que hay seres queridos a los que se les ocurre regalarme música.

En el último tiempo he recibido regalos hermosos en formato cuadrado que me han tenido que esperar bastante, porque a la vida se le ocurrió volverse ocupada. Y no hay nada que me genere más ansiedad que ver estos objetos y no poder dedicarles el tiempo o la atención que se merecen.

Este disco, Wind Rose, me llegó de regalo de cumpleaños, de parte de uno de mis killos más queridos y con quien compartimos mucho el gusto musical. Y así resulta que hoy, mientras todos andan ocupándose de la Noche Buena, yo escucho y escribo, y me embeleso… y agradezco. Y vuelvo a agradecer.

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Susana Raya es cordobesa (España). Vive, según tengo entendido, en Amsterdam, y grabó este disco en New York. Lo hizo con una compañía que ¡madre mía! Vean:

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Para mi deleite, en este disco no hay ni una sola nota de más. Lo que sí hay es una enorme cantidad de respeto, de sensibilidad, de sutileza, de cuidado extremo, de ternura y de honestidad, que generan una obra que me ha resultado encantadora.

El proyecto fue financiado con el sistema “crowdfunding”. Les dejo aquí el video con el que Susana Raya lo presentaba, pues me parece que transmite muchísimo del espíritu y del sonido del disco.

Los animo a que procuren este disco. Apuesto que me lo agradecerán. Especialmente aquellos seres que le estén prestando especial atención a aquellos estímulos sonoros que despierten lo mejor de ustedes, esas zonas bellas, que todos tenemos más o menos en la superficie. Se vende, por ejemplo, en Amazon.

Este disco, especialmente luego de los días ajetreados de diciembre, me llega como una medicina para el alma que recibo con el corazón abierto.

Es complicado contar cómo suena una música… hace tiempo que hago mis intentos pero por supuesto no lo logro. Puedo decirles que tiene ingredientes brasileños, jazzeros y españoles, con mucho espacio y mucho aire. La voz de Susana es tierna, es dulce y madura a la vez, es vehículo de paz, de aceptación y de conexión con nuestro interior.

Ya sea que Susana Raya haya compuesto pensando en estos músicos o que estos músicos se hayan ocupado de ajustarse a su propuesta, todo suena con un grado absoluto de entendimiento y de comunidad. El espíritu general es de calma consciente. Entre todos han logrado una obra hermosa.

Quienes disfrutamos de escuchar tenemos una suerte inmensa de que haya seres así ocupándose de crear sonidos así.

El puro oficio del sol – de Joaquín Lapetina

Ya hace como un mes o más que Joaquín, que es un tipo increíblemente simpático, me regaló, casi sin conocerme, su disco que estaba recién salido del horno. Hoy era el día indicado para escucharlo: un domingo de diciembre, soleado, con un aire fresco, primaveral.

Para que tengan una idea general, es un disco de rock (con momentos pop-rock) que, para mi suerte, es un disco claro y optimista que también es un disco convencido, con momentos de fuerza, de garra, pero siempre en un canal de comunicación despejado de cualquier agresividad. Tiene mucho que ver con el clima que hubo hoy, 11 de diciembre de 2016. Tiene la claridad del cielo, la frescura de la brisa y la calidez de los rayos del sol que hubo más temprano. Y tiene también algo de la fruta cítrica, color verde manzana, que aparece en el diseño del CD, que dicho sea de paso está muy, muy bien logrado. Aquí pongo una foto donde solo se ve el frente, pero la imagen completa de frente y parte posterior, y también el diseño interior, está genial (obra de Matìas Bervejillo y Santiago Guidotti).

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Cada tema tiene algo inesperado, algo que te hace parar la oreja y decir “¿a ver eso?” En algunos temas es la composición (por ej. “Desnudo pero arropado”), en otros es algún instrumento en particular que tiene una impronta especial, y en otros la voz te genera cosas diferentes. La voz me impactó como novedosa en la música uruguaya.

Intentando deconstruir un poco el por qué de la diferencia, siempre desde este lugar de absoluta ignorancia musical, pero de curiosidad también, se me ocurre que puede ser porque tiene menos nostalgia de la que generalmente tiene la música pop-rock uruguaya. Y claro, está bueno que zafemos un poco de ese lamento largo y profundo con el que, sin duda, todos sintonizamos con facilidad, pero que bien nos haría quitarnos de encima con un poco más de asiduidad.

En cuanto a las letras de las canciones, se percibe dedicación y apuesto que fueron creadas con una buena cuota de amor y de paciencia.

Escuché todo el disco sin tener ni idea de qué musicos tocaban. Me fascinó la solvencia de todos los músicos y la sensación en el cuerpo de todos los sonidos. Cuando fui a leer quiénes estaban detrás de esta creación tan interesante me encontré nada más ni nada menos que a: Martín-Dios-Ibarburu, Fede Righi y Gastón Ackermann, tres musicazos. Además de estos tres monstruitos, las guitarras eléctricas que se escuchan a lo largo de todo el CD son algo especial. Están tocadas por Francisco Lapetina en algunos temas y por Fernando Flores en otros, de quienes vengo a conocer su música a través de este CD. El aporte de Juan Rodríguez con su violoncello y de Daniel Falero con la guitarra eléctrica en un par de temas está buenazo. Joaquín Lapetina canta y también toca la guitarra electroacústica en dos temas. Ana Laura Pena, Lucía Ferreira y Ney Peraza cantan coros en diferentes canciones. El conjunto de la creación: divino.

Si andan buscando regalos de Navidad, mi sugerencia es que regalen discos de músicos nacionales. Este sería un divinísimo autorregalo o presente para alguien querido.

Les dejo dos canciones que encontré en Youtube, pero como siempre, el disco suena mucho mejor.

 

Peces: https://youtu.be/BTP9y70I7N4

Tan blancas: