Magia Ibarburense en formato de CD: Ultramarino

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Foto: Florencia Veres

El Trío Ibarburu: Andrés en el bajo, Nicolás en la guitarra, Martín en la batería, junto con Juan Pablo Di Leone en armónica y flauta se mandaron tremenda presentación del disco “Ultramarino” en la Sala Hugo Balzo, el día 29 de julio. Tocaron todos los temas de este último disco y también algunos de “Huella Digital”.

El aplauso del público al terminar el primer tema, y el segundo, y el tercero, duró lo que normalmente dura un aplauso al final de un concierto. Su música es algo descomunalmente bella a lo que se le agrega un cariño enorme por parte del público. Son queribles por su calidez y por esa sencillez y humildad que no deja de asombrar.

Entre el 29 de julio y hoy, 25 de agosto, una sucesión de hechos me fue impidiendo escribir esta reseña. Hoy finalmente encontré el momento perfecto. Sin embargo constaté, con gran desilusión, que la grabación ayuda-memoria en la que confiaba para este relato trasnochado decidió no existir.

Ante esta circunstancia, me quedan dos opciones: una, dejar la página en blanco; la otra, hacer una reseña del disco en sí. Con cierto atrevimiento, opto por la segunda, con la esperanza de animarlos a buscarlo y escucharlo, porque es, de veras, un disco esencial y demasiado hermoso como para pasar por esta vida sin conocerlo.

El universo “Ultramarino” está constituido por 9 galaxias, que se llaman: Membrana, Komora, Otro mar, Neurology, Mandala, El zorro, Nuevas cuerdas, Snorkel y Para rumbear mi camino. En los nueve temas se oye algo nuevo, que complementa perfecto lo que ya conocíamos de ellos: un saboreo más pausado de los sonidos y una maestría muy particular en cuanto a cómo los sonidos comparten y conviven en ese espacio multidimensional. Hay menos urgencia y hay en general menos cantidad de sonidos que antes y un arte aumentado en cuanto a la creación musical en su totalidad.

Membrana es una composición de Nicolás que tiene una magia increíble. Lo más sano para hacer con la música es sentirla y no describirla, pero haré mi intento de explicar lo que en esta canción me hizo sentir especialmente feliz. Este tema podría tomarse como ícono de lo que constituye a estos músicos y sus influencias. La canción tiene en igual medida carácter de candombe, de folclore y de jazz, y es en cinco tiempos. Además, tiene un ritmo marcado y simultáneamente una melodía dulcísima que comparten entre la guitarra y la armónica. En la entrevista que pudimos hacer antes del toque, contaron que no fue una búsqueda consciente la de conjugar todos esos elementos; la aventura de Membrana sí estuvo guiada por los cinco tiempos pero el resto emergió simplemente porque es su esencia, y ya sabemos que solo puede surgir a la superficie aquello que se posee en el interior. En este tema Nicolás toca guitarra eléctrica, también con ebow, y acústica. Los sonidos que logra él con sus guitarras y la combinación de ellos con la armónica de Juan Pablo son un deleite melódico, que cala tan profundo que emociona muchísimo. A su vez, la conjunción de Nicolás con Martín en especial pero también con Andrés en cuanto a la intención de cada apoyo, de cada corte y de cada arreglo es perfecta. El si se quiere “contraste” entre el agudo de la armónica y las guitarras y la profundidad de los toms de la batería es algo bellísimo. Eso y que ninguna nota topa a ninguna nota. No hay ni por un instante una insistencia ni petulancia por parte de ninguno de los instrumentos. Cada nota está en su sitio, compartiendo el espacio ese, multidimensional, y juntas, en perfecta armonía de presencias, crean esta belleza extraordinaria. Me parece especialmente llamativo que las frases musicales están verdaderamente co-construidas por todos los instrumentos. Algunas son rematadas por el redoblante o algún tom de la batería, otras por el bajo. Por supuesto que la guitarra y la armónica también, pero eso es más esperable. Lo de que frases que comienzan dichas por la guitarra o la armónica terminen de decirse por el bajo o la batería es algo que me resultó maravilloso. Hay una musicalidad aquí que supera cualquier cosa que yo haya escuchado en mi vida.

Komora es una composición de Andrés, extraordinaria. Arranca con el charleston de la bata y la guitarra y por esos instantes una siente, auténticamente, que no hace falta nada más. Suena hermosa esa dupla hasta con algo tan minimalista. Luego se transforma en la antesala perfecta para que cuando entra el bajo, una casi se quede sin respiración. Cuán bello suena ese bajo. ¿Y cómo puede a la misma vez ser el ritmo y ser la melodía, haciendo tan hermosas ambas funciones? Otra cosa que se disfruta desde el primer instante es el balance de la batería en los dos canales. Está muy bien grabado y no sé si es solo por mi chifladura natural pero que la batería se administre de esa manera entre el canal derecho y el izquierdo a mí me dio la sensación de algo cuatridimensional (las 3D que conocemos tan bien y una dimensión extra que incluye esa otra cosa que se genera en este disco). El diálogo entre la bata y el bajo en este tema es impactante al comienzo. Después entra con más garra la guitarra de Nicolás y una ya no sabe cómo hacer para poder absorber todo eso y no perderse detalle. Nicolás solea y el mundo se detiene. A eso hay que agregarle que el bajo y la bata siguen haciendo una magia impresionante y auténticamente dan ganas de pasar el tema en cámara lenta. Entonces los demás achican un poco y Andrés se manda un solo hermosísimo. Y cuando ya se siente que aquello es demasiado, Martín nos regala un solo de su instrumento mágico y el mundo no puede ser más perfecto. El charleston en este tema me deleitó. En esta pista Agustín Ibarburu toca “monotron”, que lamentablemente yo no pude diferenciar. Me recuerda a la época en que, decenas de años atrás, no era capaz de diferenciar el sonido del bajo. El observador crea su mundo según los recursos que tiene. En lo personal por ahora me faltan recursos para poder identificar al monotron.

Otro mar es súper alegre, súper para arriba. El candombe sigue diciendo presente y fusionándose con el jazz. En la tapa dice: “Cuando nos juntamos en Praga por primera vez, Nico completó este tema una noche en el jardín”. Seguramente estaban muy felices por el rencuentro porque lo que se siente al escucharlo es una alegría emocionada. Martín toca batería, tambor piano y chicos. ¡Cómo suena! Es como si hubiesen diecisiete músicos y no uno. Candombe que podríamos bautizar como “Candomartín” o “Martímbe”: fresco, alegre, bailable, contundente, con su ingrediente pop y jazz a la vez y con una profundidad esencial que lo identificará siempre. ¡Belleza de la vida musical uruguaya! Nicolás produce perfección sonora, que auténticamente acomoda células y almas a su paso. Las notas que surgen de su guitarra tienen una convicción total y un cuidado muy bonito. Siento como si una mano firme me agarrara, con delicadeza, y me llevara a conocer mundos nuevos. Y Andrés la descose con ese bajo que es también firme, creativo, melódico, increíblemente poderoso, siendo a la vez dulce y sensible. Qué sé yo… por momentos es demasiado el éxtasis que genera este disco.

Neurology es un tema con gran densidad de notas. Lo loco del asunto es que a pesar de tener muchísimas notas a una velocidad importante, el aplomo del que hablaba al principio sigue presente. Encontrar aplomo en un candombe tan rápido debe ser cualquier cosa menos fácil, pero no da la sensación de que les resulte un esfuerzo ni nada parecido. Creo que se puede decir sin riesgo a equivocarse que estamos siendo testigos de algo muy especial que hacen estos tres seres de luz. Una amiga muy querida, a quien le agradezco con el corazón exaltado y agradecido que me haya regalado esta joya de disco, me dijo el día de la presentación: “En un futuro los van a estudiar como un fenómeno musical”. Es muy probable que tenga razón. Yo agrego: el fenómeno está sucediendo ahora. Si recién los estudian en el futuro es por ese empecinado gesto de idiotez que los seres humanos desarrollan frente a los artistas especiales. Pero volviendo a Neurology, me resulta algo insólito cómo pueden tocar tantas notas a esa velocidad y que ninguno pise a ninguno, que cada nota tenga su razón de ser y su lugar específico, y que cada uno de los tres pueda contribuir como lo hace a la creación de una pieza tan pero tan hermosa. Creo que el mejor resumen es que es un tema para pirar, para gritar, para saltar de la alegría.

El quinto tema del disco es Mandala. Aquí, Nicolás toca guitarra acústica, Andrés un bajo fretless y Martín el cajón. Este es un tema más manso que Neurology, como para que no nos estalle el corazón (gesto que se agradece), pero el detalle es que igual, a medida que van pasando los segundos, el corazón empieza a desbordarse, a pesar de la inicial aparente inocencia de Mandala: el sonido del cajón es demasiado bonito como para no sentir alteración, y la guitarra y el bajo tocan unos unísonos de esos que te desgarran el alma a fuerza de belleza. Por momentos vuelven a hacer esto impresionante de que la guitarra arranca una frase y el bajo la termina o viceversa y ¡pffff! No hay palabras ni que se acerquen a explicar la sensación física que se vive escuchándolo. Alineación circular y vibración total, quizás. Con Mandala me permití observar en qué centros energéticos sentía más cada instrumento y si bien hay momentos en que la guitarra resuena solo en los chakras superiores (al principio, sobre todo) y momentos en que el cajón resuena claramente en el tercero, tengo la impresión de que es el bajo el que los junta a todos en un efecto mágico que a partir de unos poquitos segundos de haber empezado el tema hace que los siete centros se sensibilicen de un modo supremo e increíblemente disfrutable.

El zorro tiene un fraseo archioriginal y genial y es el tema en el que escuchando el disco, me pongo a llorar cada vez. Me encantaría saber si fue el mismo en el que pianté el lagrimón (que después no podía detener) en el concierto. Todo es perfecto: las melodías tocadas por el bajo son impresionantes, el sonido y la penetración en las células de la guitarra es de morirse y la batería tiene indudable influencia divina. ¿Cómo puede Martín oír todo eso en su alma? Y después, ¿cómo lo plasma así?… es demasiado. Esta galaxia tiene un groove tan gozado que da gusto estar vivo un ratito extra solo para poder escucharlo una vez más.

En la tapa dice que Nuevas cuerdas fue un experimento sonoro grabado de a partes, un poco acá y otro poco allá. La verdad que no hay manera de darse cuenta de que fue grabado así. Podrían estar los tres en la misma sala. Lo que más me sorprendió es que tiene un dejo de tristeza y es extraño que un experimento grabado por partes pueda transmitir esa emoción de esa manera, con una unidad muy potente. Pero bueno, aceptemos que no todo en la vida tiene explicación.

La galaxia 8 se llama Snorkel y es un tema de Nicolás Ibarburu y Nicolás Varela. Está grabado con Martín en cajón, Andrés en bajo fretless y Nicolás en guitarra acústica. Con este tema en particular me pasa que al escucharlo, lo veo a Martín tocando el cajón en el concierto. Es una demencia lo bien que toca, cómo genera matices asombrosos con esa caja de madera, y el sonido tan increíblemente dulce que produce. Y como me sucede a veces, la realidad es que en este tema se me nublan los sentidos para los otros instrumentos. Por instantes noto la belleza del conjunto pero en primerísimo plano tengo al cajón y tan empecinadamente que finalmente opto por dejarla por esa y admitir que ese sonido de mano y madera me pudo tanto que por más que puedo sentir una guitarra hermosa y un bajo bastante juguetón, me voy con el ritmo y sus matices perfectos, que dicen tanto.

Y así llega, sin anestesia, el final de un disco que una no querría que terminara nunca. El último tema se llama Para rumbear mi camino. Martín en la batería, Andrés en bajo y cellos, Nicolás en guitarra acústica, R. Jochmann en piano y Juan Pablo Di Leone en armónica. Es un tema lleno de sensibilidad. Tiene una mezcla de optimismo y nostalgia. Tiene una melodía hermosísima extrapolada con la dulzura del cello y la armónica, y una delicadeza zarpada del piano y de la guitarra. Yo no creo que sea a propósito que se oyen los dedos de la guitarra desplazarse sobre algunas cuerdas en algún momento, pero ¡qué efecto bello tiene eso en mí! En cuanto al cello, amo tanto su sonido en esta creación mágica que va desde acá un pedido especial a incluir más a este instrumento en futuras creaciones del trío. Del minuto 2:20 en adelante hay una creación conjunta entre el piano y la batería que eriza el alma y me hace encargarle al Universo que por favor me permita ser música en la próxima vida. Dudo que haya sido pensado pero bien podría haberlo sido: el final de este tema es de esos que te obligan a ponerle play de nuevo al disco. Es un final que queda suspendido, como diciéndote: “no tenés otra que volver a escucharme”. Y supongo que es por ese final que este disco no se ha movido de mi reproductor en un mes.

A esta joya la podría haber grabado el sello ECM perfectamente. Que estos seres estén tocando en Montevideo es un capricho del destino que bien haríamos en agradecer a conciencia y aprovechar a ultranza. Desde este rinconcito yo les digo un tímido “gracias por existir, Ibarburus… y por las múltiples dimensiones que nos regalaron con Ultramarino. Es enorme la admiración y el agradecimiento”.

Foto: Patricia

Foto: Patricia

Foto de portada: Florencia Veres.

Candombe World Temátika: Entrevista a Hugo Fattoruso y Quinteto Barrio Sur

Foto: Sebastián Bednarik

Foto: Sebastián Bednarik

La esquina de Isla de Flores y Cuareim tiene un efecto transportador inmediato. Al llegar a ese lugar, donde el aire que se respira está en clave de candombe, las células se alborotan de uruguayez. En la puerta de la Asociación C 1080 me preguntan con simpatía: “¿Venís para la entrevista con Hugo Fattoruso?” y me animan a entrar sin ceremonia. Ingreso a ese templo candombero con el corazón en la mano. Alrededor de una mesa están los integrantes del Quinteto Barrio Sur hojeando recortes de diarios y cancioneros históricos. Una rápida mirada despierta todo tipo de sensaciones, mientras descubro tambores en cantidades a la izquierda, en frente vestuario carnavalero en un perchero y paredes tapizadas de fotos que evocan sonidos de mano en lonja, de madera, de palo y toda una construcción enorme, en varios sentidos, de vínculos humanos y sonoros.

Albana Barrocas me recibe con su sonrisa característica y su calidez de siempre y me presenta a Mathías Silva, Guillermo Díaz Silva y Wellington Silva. Saludo a Hugo Fattoruso, con esa mezcla inevitable de admiración y agradecimiento, y me dispongo a conocer más sobre la propuesta llamada “Quinteto Barrio Sur”. Afuera comienza a llover y yo lo interpreto como una señal de arropamiento, de protección de la naturaleza.

¿Cómo nace este Quinteto Barrio Sur?

Mathías: Hugo y Albana nos componen las melodías para nuestro espectáculo de la comparsa C 1080, entonces Barrio Sur nació en ese intercambio, en esas líneas de tambores que les enviábamos nosotros y las canciones mágicas que nos devolvían ellos. Así empezamos a trabajar en conjunto. A finales del año pasado Hugo nos propuso formar este grupo y nosotros encantados.

¿Las canciones que van a tocar ahora están compuestas por los cinco?

Albana: Hay de todo.

Hugo: También tocamos temas de otros autores y de otros compositores que versionamos, en diferentes ritmos. Y sí, composiciones nuestras.

¿Por qué “Candombe World Temátika”?

Hugo: Bueno, es candombe world porque si bien hay candombes más para el lado tradicional, como hacemos una versión de algún tema de Pedro Ferreira, y algunas composiciones con ese tipo de formato, hay temas que tienen otro andar. No es todo un candombe atrás de otro. Hay otros ritmos. Obviamente la máquina aquí, la locomotora, son ellos tres y ella que es percusionista. Ese ritmo es lo que comanda el espectáculo nuestro. Después hay temas que son instrumentales y hay temas que son con letras. Las letras cuentan una historia determinada, puede ser una historia de amor, una historia del barrio, una situación como si fuera una pinturita, así, las esquinas, los tambores, en fin… pero hay letras de amor también.

Hugo dice esto último, mira a Albana y se ríe con una risa de adolescente enamorado. Con picardía, le pregunto:

¿Hechas por quién las letras de amor?

Hugo: Por la pasión humana. La pasión humana genera letras de amor, sí.

¿Qué es lo nuevo que tienen ustedes para decir en el ámbito del candombe? ¿Qué sienten que hacen distinto a los demás?

Hugo: Es una buena pregunta. Yo diría que es la manifestación del entusiasmo permanente. Porque no es ni antiguo ni nuevo. No hay nada nuevo pero a la misma vez, es fresco. Es lo que sale de estos cinco músicos.

Mathías: Por el lado nuestro es mostrar todo lo que durante años venimos tocando nosotros tres y ahora tenemos esta oportunidad de mostrarnos en otra parte del mundo de la música. Siempre estuvimos en la parte de Carnaval pero ahora es entrar al otro ámbito y queremos mostrar todo lo que sabemos.

Albana: Es la mezcla de los cinco, donde cada uno pone lo suyo, y esa mezcla se podría decir que es lo nuevo.

Mathías: Nosotros venimos de una historia de grandes tocadores, nuestros tíos, nuestros abuelos, y cada uno en su momento le puso su impronta al candombe. También nuestras inquietudes nos hacen proponer cosas nuevas. Algunos están de acuerdo con esas cosas nuevas y otros no, pero bueno, queremos mostrarlo.

¿Cuántos años tienen ustedes?

Nosotros estamos por los 27, 30 y 33.

¿Y desde qué edad tocan?

Mathías: La primera llamada a los cinco años. Y a partir de ahí vamos ininterrumpidos. Como quien dice, nacimos adentro de un tambor. Esta es nuestra vida, así, rodeados de tambores. Nuestros hijos ahora también están en esto, nuestras hijas chicas ya subieron al teatro en las entregas de premios y ya están bailando.

¿Qué es lo que sentís que estás haciendo diferente con respecto a los tambores?

Mathías: Quizás lo que nosotros buscamos es mostrar que el tamborilero puede dar un pasito más. Tenemos toda la historia pero podemos llevarlo un poquito más. Fusionarlo con otros ritmos. Quizás cuando hacemos una muestra de tambores buscar una puesta en escena, que el tamborilero también se preocupe por presentar un show. Con esta explosión que se le está dando al candombe ahora está bueno mostrar eso. Y a partir de ahí marcar un camino donde el tamborilero sea un poco más completo. Capaz que nos siguen, capaz que no.

¿Y qué tambores toca cada uno?

Mathías: Los tres tocamos los tres, pero cada uno se especializa en uno. A mí me gusta más el Piano. Yo creo que también va por el carácter. A mí me gusta planificar todo, entonces creo que el Piano es el que va con eso. Guille es el más serio, el más derechito, entonces él va con el Chico. Y después está el talentoso, el irreverente, Wellington (risas)… creo que cada uno se refleja en el tambor que toca.

Wellington: Sí, básicamente yo creo que los tambores nos representan. Justo en la pregunta anterior de qué le podemos dar nosotros es justamente lo que somos nosotros. Más organizador, más tranquilo, un poco más inquieto… es por ahí.

¿Dónde han tocado ya?

Albana: Hubo toques en Buenos Aires. Después cuando hicimos los toques en las plazas de HA Dúo, la mitad del show era HA Dúo y la otra mitad era Barrio Sur. Ahora en mayo, que se hizo el homenaje a Osvaldo en Río Negro, tocamos también. Y ahora la idea es invitar a la gente a la Sala Camacuá el 6 de agosto. Las entradas se van a vender por Tickantel.

Hugo: Después del 6 de agosto, que como dijo Albana vamos a tocar en la Sala Camacuá, Barrio Sur está invitado a tocar en un homenaje que están organizando a Beto Satragni, en el Politeama de Canelones. El homenaje va a ser durante varias noches, va a haber varios músicos tocando y nosotros vamos a tocar el sábado 27 de agosto.

El 18 y 19 de agosto vamos a grabar nuestro primer disco para Montevideo Music Group y para el año que viene también hay proyectos, pero bueno, lo concreto en realidad es esto que te contamos, estos dos toques y la grabación de nuestro primer disco como grupo. En eso estamos.

Mathías: Nosotros estamos muy agradecidos con Hugo y Albana por esta oportunidad. Nosotros teníamos muchas ganas de participar con nuestros tambores en un proyecto musical de este tipo, pudiendo llevarla a una sala, y nunca habíamos tenido la oportunidad.

Guillermo: Y para nosotros es un honor tocar con músicos de primera línea como son Hugo y Albana. El poder acompañarlos es un honor muy grande por su calidad como músico y por la química muy especial que generamos, como contó Mathías, con el trabajo que hicimos juntos en carnaval. Para nosotros que Hugo nos haya invitado a participar de un proyecto como este, siendo reconocido como es en todo el mundo, es un honor.

¿Qué les pasa a ustedes cuando toca Hugo?

Wellington: Abrimos las orejas. Se aprende todos los días, a cada rato, en cualquier momento, siempre se está aprendiendo. Esto yo también lo tomo como un aprendizaje. Es de los músicos más grandes que conozco con paciencia, que no es fácil de encontrar. De repente hay alguna cosita que todavía nos cuesta y él tiene esa paciencia con nosotros, que es súper importante. Y cuando toca, escuchamos para aprender lo máximo que se pueda, para crecer como tamborilero y percusionista.

¿Y qué tal Albana?

Mathías: Fa, nosotros la descubrimos, la verdad. Porque al principio era la señora de Hugo, después era Albana, y después pasó a ser la muchacha que toca todo.

Wellington: ¡Y toca todo junto!

Mathías: ¡Y canta! En la versión de La Casa de al Lado nos sorprendió… y a toda la gente de la comparsa que ya la conocía le pasa lo mismo. ¡No pueden creer cómo hace todo eso! Porque ella venía a la comparsa pero de repente la empezamos a descubrir y… fue increíble.

Wellington: Y la rapidez mental… porque de repente está tocando y ¡te comenta algo!

Risas generales. Yo le digo que me asombra su velocidad al tocar. Albana dice que se pone colorada. Las palabras de unos y otros se agolpan hablando de las diferentes influencias y de cómo Barrio Sur tiene justamente una impronta diferente porque tiene las influencias tan variadas de unos y otros.

¿Cómo es tu participación en Barrio Sur?

Albana: Depende. En algunos temas en que los protagonistas absolutos son los tambores, no toco. En un par de temas toco la batería y en otros hago percusiones o voces.

¿Qué significa para ti, Hugo, tocar con los Silva?

Hugo: Mirá, tocar con ellos es un privilegio. Yo he tocado con muchos músicos, en muchos lados, pero tocar con una gente que tenga la musicalidad como la que tienen ellos, la disciplina y el rendimiento real es asombroso. Yo soy muy fan de ellos. Porque hay gente que va a las grandes universidades y estudian esto y aquello y hacen unos malabares increíbles, pero la universidad de esta gente está en la sangre, o en esta esquina, o en esta calle, o desde los abuelos de ellos. Así que eso a mí ya me deja de boca abierta, perplejo y lleno de honra y de respeto, porque estoy tocando con algo que no se puede ni planificar, ni aprender, ni pasar. Es una condición natural, la cual me deja así de boca abierta y con esta felicidad. Es la verdad. Se tocan todo. Impresionante. Un baterista que vaya a una gran universidad jamás podrá inmiscuirse con este lenguaje. Podrá merodear pero conversar… acá se conversa. Yo voy en coche, no hago nada. Hago unos acordes con el piano y aquella máquina está funcionando ya sabés cómo. Así que es un honor y una alegría muy grande.

Además ya hace tiempo que trabajamos juntos. Hace 5 años que cuando llega carnaval me dan una tarea de todas las tareas que tiene la gente que trabaja para 1080, la tarea mía es armar una melodía con letras que me dan letristas, y con pistas que me dan ellos de cómo sería este tema, cuál es la velocidad, cuál es la duración, si este es un Afro, si este es un Milongón, si este es un Candombe rápido, un Candombe picante. Así que aparte de todo, otra alegría, que estoy acá. En los últimos años anduvo tan bien que llevaron primer premio. El trabajo es un trabajo descomunal de mucha gente. Estoy muy contento de ser parte de eso también. Estoy muy contento. Y tener este quinteto nos permite mostrar, de la manera que lo hacemos, lo que nos gusta.

Afuera ya paró de llover. Les agradezco y los invito a dar por terminada la entrevista, afirmando que si es demasiado larga, pocos lectores llegan al final. Hugo me responde: “En una época, si componías un tema que duraba más de tres minutos, te hacían cortarlo. Tres minutos y medio ya era demasiado largo. Pero en un momento aparecieron discos con unos temas buenísimos, que duraban cinco, siete, diez minutos. Depende del arte que tú le pongas a lo que hagas”.

 Asentí agradecida. Hugo acababa de implantar en mí una semillita de desafío nuevo. Me despedí, salí, di un vistazo más a esa esquina y plaza mágicas, y me fui caminando lentamente por la calle Cuareim pensando en lo afortunada que soy de ser uruguaya y de tener la posibilidad de conversar con estos seres tan especiales que son los músicos y de verlos tocar en vivo en proyectos tan diversos e interesantes. Espero que algunos lectores hayan llegado leyendo hasta por acá y que con algunos de ustedes nos crucemos en la Sala Camacuá. Una notita final: La sala tiene un tamaño perfecto para ver esta propuesta, ya que no es muy grande y tiene una acústica muy buena. Por esto mismo, les recomiendo asegurarse las entradas con anticipación.

 

El Quinteto Barrio Sur está formado por:

Hugo Fattoruso

Albana Barrocas

Mathías Silva

Wellington Silva

Guillermo Díaz Silva

Foto: Robert Urgoite

Foto: Robert Urgoite

Entrevista hecha para COOLTIVARTE

Entrevistadora: Patricia Schiavone