CD “Andamiento”, de Martín Muguerza

CD-Andamiento-Martin-Muguerza.jpg

Hoy quiero contarles un poco del CD “Andamiento”, del baterista Martín Muguerza. Este disco vino conmigo del Festival Jazz a la Calle, en la ciudad de Mercedes, y esperó casi dos meses hasta que tuviera tiempo de escucharlo bien. Le puse play por primera vez una noche de verano. La luz tenue de la habitación era la que entraba por las ventanas abiertas. Ya estaba baja, grande y roja la Luna creciente. Nuestro satélite volvió dos veces al mismo lugar y yo sigo escuchándolo en estado de asombro y fascinación.

Es un disco con tal riqueza musical que pedirá muchísimas escuchas hasta que puedas decir que realmente lo conoces. Presenta capas y más capas de significados, climas, interacciones, intenciones y demás, que es imposible captar de inmediato. Te ocurrirá que lo que captes de primera se irá desplegando y transformando infinitas veces.

Ninguno de los temas está compuesto por el líder y productor del disco: el gran baterista Martín Muguerza y en el transcurso de los tracks participan varios músicos diferentes. Sin embargo, el disco tiene un hilo conductor, resulta una unidad de timbres y principalmente de impronta intencional y energética.

Me fascina el hecho de que a pesar de que a esta altura lo he escuchado muchísimas veces completo, este objeto tan finito aún me deparará horas y horas de descubrimientos y disfrutes.

Creo que en este disco más que hablar de “temas” tenemos que hablar de “obras”, pues cada uno de los tracks se vive como una obra musical completísima. Ocho de las obras son de autores uruguayos (Andrés Bedó, Sergio Fernández, Pedro Ferreira, Aïdita Martínez y Artigas Leal) y una es de un extranjero: Bob Mintzer.

Resumiendo algo que no es resumible, se trata de un disco que involucra una enorme madurez musical, profundo, hecho a conciencia, súper profesional. En cuanto a lo que dispara emocionalmente, tiene generadores de introspección que conviven con un espíritu positivo, tendiente al optimismo y por momentos a la alegría.

Cuando pensamos en un disco de un baterista siempre tememos –al menos yo– que se trate de un disco muy ruidoso o agresivo. Cuando el baterista líder de un disco tiene como prioridad la musicalidad, se da algo que me fascina: las elecciones musicales pueden responder a un sinfín de emociones e intereses personales pero el aspecto rítmico es tratado con impecabilidad. Que sea así marca una diferencia que me resulta muy disfrutable. Supongo que porque si lo rítmico es inmaculado, una puede dejarse llevar tranquilamente a sabiendas de que todo irá cuadrando en el lugar y momento indicados. Pero si además ese ritmo es amable, cuidadoso con la sensibilidad de quien escucha y profesa amor por la música y creatividad gozosa, entonces la experiencia pasa a ser aún más rica y valiosa. En este caso, además, Muguerza es un músico muy completo, quien tocó jazz desde su temprana juventud y luego se dedicó profesionalmente a tocar música clásica. “Andamiento” resulta ser, para mí, una obra de arte en el sentido más literal de la expresión, donde la música se despliega al máximo con todas sus posibilidades.

“El borderline” es el primer track, que fue compuesto por Andrés Bedó. Lo grabaron Bedó, Roberto De Bellis, Martín Muguerza, Javier Olivera y Artigas Leal. Es una obra que los primeros dos días me pidió escucharla vez tras vez una treintena de veces.

Lo primero que me impactó fue la impronta masculina, firme, sin pizca de duda, con una energía de certezas. Creo yo que esto está dado por el aspecto rítmico, que en este tema está llevado con igual prioridad por todos los instrumentos.

Es una obra inteligente y sensible a la vez, que contiene una cuota de virtuosismo en cada instrumento… pero porque así se requiere, no por ningún egotrip. Me parecen muy bellos los solos e igualmente hermosos el apoyo o diálogo de los otros instrumentos con el solista, generando así esa superposición de significados que decía al principio. Hay una conjunción permanente, donde toda frase presentada por un instrumento solista es apoyada y condimentada por los demás instrumentos. La presencia de trompetas y trombones le da una fuerza y una amplitud genial como apertura del disco.

Bedó se pasa. Desde la claridad cristalina de sus notas a gran velocidad, el manejo rítmico espectacular, la capacidad para transmitir una sensibilidad exquisita en un tema que lo lleva rápido y, lo más llamativo: que suena nuevo, que suena original, que dice algo que no parece haber sido dicho antes, con lo difícil que sabemos que es eso.

Roberto De Bellis en el contrabajo se luce todo el tiempo. Cuando acompaña a otro solista, interactúa con ternura y pasión respetuosa. En su solo de tempo impecable me llamó la atención la articulación de las notas, lo cual permite una claridad de escucha que no es tan común con su instrumento, a la vez que es pura expresividad, en este tema con una buena cuota de alegría.

El solo de M. Muguerza aquí es genial pues siendo un solo del productor del disco lo que se oye en él es el tema en sí: la melodía, intención musical, etc. Un solo profesional de verdad. Por otra parte, un detalle pero que para mí es llamativo: el trabajo de Muguerza con el Hi-Hat en todo el tema y especialmente durante el solo de bajo es fascinante: cómo sostiene la intención, el volumen, el sonido durante todo el acompañamiento. Y sé que no es un truco del estudio pues los vi tocar así mismo en vivo. Otra belleza es el acompañamiento que le hace al piano, tocando patrones insólitamente melódicos y originales.

Todos los sonidos de los instrumentos están impecables y el balance de volúmenes está genialmente logrado. Cuando un instrumento solea, los volúmenes de los demás instrumentos están algo más bajos y cuando están co-construyendo una parte, están perfectamente balanceados. El disco fue grabado en Berequetum Estudio y las tomas, mezcla y masterización son de Luis Ravizza, quien está claro que hizo un excelente trabajo.

El segundo track, “Cuidador de Sombras” es una composición de Sergio Fernández, de más de 6 minutos de duración, frente a la cual hay que sacarse el sombrero. Felizmente no es posible encasillarla en ninguna categoría. Bien podría tratarse de la banda de sonido de una película. A lo largo de su evolución va contando una historia que se siente avanzar por distintos paisajes. La música te va llevando a lugares móviles, como si estuvieras observando realidades a través de la ventana de un tren, o más aún, como si entraras y salieras de diferentes habitaciones donde pasan cosas diferentes. Ocurren virajes inquietantes que te detienen en lugares oscuros. Entre experiencia y experiencia se pasa por una escena circense, que extrañamente tiene aires candomberos y aroma a flamenco, y que tiene la peculiaridad de ser introducción y estribillo a la vez, que distiende tensiones, aunque te ofrece un sinfín de estímulos que te sostienen alerta. Los climas que se generan en los diferentes momentos de este track son perfectos para una película, o por qué no al revés: así como hay sonidos que se componen para acompañar las imágenes de una película en este caso creo que haría falta unas imágenes para acompañar a este track. Se me ocurre que este track necesita una “banda de imagen” al estilo de “A Straight Story” de David Lynch. Este track es otro en que los sonidos se disponen en millones de estratos interrelacionados, entrecruzados, con una cantidad tal de información que una vez que termina, tenés que escucharlo de nuevo. El sonido de la guitarra tocada por S. Fernández es exquisito. Te infunde emoción intravenosa. En este track Muguerza toca la batería y el vibráfono y es brutal cómo la presencia del vibráfono le inyecta a la música un matiz aún más mágico, con significados más intrincados. Aquí además hay capas generadas por varios saxos (Gustavo Villalba, Ricardo Figueira, Gonzalo Levin y Alejandra Genta), aunque de un modo muy discreto, subterráneo. El contrabajo, que aquí también está en las manos de Roberto De Bellis, proyecta pura sensibilidad, a la vez que demuestra un dominio técnico y un profesionalismo musical que por un lado es admirable y por otro hacen el viaje de escucha algo realmente cómodo y apasionante. La firmeza, la convicción, la limpieza de cada nota y el buen gusto son para prestarles real atención. Otra vez, al igual que en el track 1, los diálogos entre los instrumentos son maravillosos.

El tercer track es el candombe “Biricunyamba” (de Pedro Ferreira). Lo grabaron Ricardo Nolé (piano y arreglo), Miguel Pose (contrabajo) y Martín Muguerza (batería). Es una composición mucho menos densa de información que las dos anteriores. Genera ese efecto de uruguayez en notas que disfrutamos tanto. Vuelvo a admirarme de la regulación de los volúmenes de grabación que permiten escuchar cada uno de los sonidos a la perfección y encontrar, por ejemplo, que platillos y piano se amalgaman por momentos en sus timbres, y que parece que las cuerdas del contrabajo resonaran ante algunos martillos del piano. La impronta de las notas tocadas por Nolé es siempre de vitalidad, de actitud positiva y de confianza. Y su manejo del ritmo es genial, porque sabe ser decisivo sin imponer ningún componente violento. El timbre del contrabajo de Pose es un poco más agudo que el de Bellis y ese cambio en el transcurrir de la escucha del disco está interesante, porque nos corre un poco dentro del espectro sonoro y nos hace renovar la atención. Es buenísima la dupla de Muguerza y Pose en este candombe. Todo se siente infinitamente cómodo y gozado. De alguna forma el bajo con su cadencia y fluir evoca una parte sutil de los tambores del candombe. El trabajo de platillos de Martín es hermoso en todo el disco y en este tema también. La llevada de candombe de los tres juntos es genial. Da la impresión de que hubieran horas de ensayo atrás, pero conociendo un poco a los músicos uruguayos eso es muy poco probable, con lo cual es aún más llamativo.

El track 4 se llama “Una brisa”. Es otra obra de arte de Andrés Bedó. Tiene una intro y un final tocada a piano (¡por Martín Muguerza!), contrabajo (De Bellis) y batería (Muguerza) y en medio un festejo de sonidos del piano, tremendamente sentidos y generadores de emociones, que por momentos se afirman y son amplificados con los platillos de la batería. En la intro y el final, en la que hay más distancia entre los sonidos, se puede sentir claramente cómo el piano se apoya en la firmeza sólida de los sonidos del contrabajo. En la sección central del tema, a solo piano, se genera algo muy bello. Yo encuentro que con esa parte central vuelo e imagino muchísimas realidades alternativas y todo con amabilidad y belleza. Una hermosura muy especial, que agradezco tener la suerte de conocer e incluir en mi vida de ahora en más como un lugar al que acercarme de vez en cuando.

El track 5, “Imágenes ocultas” es composición de Sergio Fernández. Este track tiene también unos toques de aire que se me ha dado por llamar circense, como el track 2 (también de Fernández), y comparte de alguna manera la forma general del track 4 de Bedó. En esto último me refiero a lo siguiente: la introducción y el final son más activos, con una impronta más polifónica (con excelentes momentos de unísonos de instrumentos, incluyendo cortes), y la parte central del tema es, en este caso, casi solo guitarra. En realidad es solo guitarra y únicamente aparecen los platillos en esa función que les otorga Muguerza de ensalzar el clímax de las cuerdas. Me resulta original que sea así. Me parece que estamos más acostumbrados a que un tema vaya creciendo en estímulos y esta forma que es quizás opuesta me resulta una novedad. Se siente especial cómo la composición pasa abruptamente de un lugar de mirada más externa, si se quiere con distracciones, a un lugar totalmente introspectivo y archisensible y me admira el sonido, el fraseo, la intención, el cuidado y la libertad que llegan con esas notas de la guitarra.

El track 6, “Lo que ya no es”, es una composición de Aïdita Martínez. En este track los músicos son: A. Martínez en voz, Ignacio Labrada en piano, Gerardo Alonso en contrabajo y Martín Muguerza en batería. Te invita a un viaje introspectivo, dulce y algo triste, con un ritmo lento y firme. Al foco de mi atención se lo robaron los juegos melódicos de un instrumento y otro. La voz de Aïdita se siente muy dulce y profunda y una se queda con ganas de que el track tenga el doble de duración para conocer más de esa historia que llega en ese formato sonoro y que genera curiosidad. Vaya, un tema sin letra compuesto por una cantante… que elije en su composición participar con su voz como un instrumento musical más. Otra vez estamos delante de un hecho musical propiamente dicho, donde el mensaje nos atraviesa y nos transforma. Dudo que alguien pueda escuchar este tema y ser el mismo antes y después de hacerlo, porque abre posibilidades, invita a mirar en lugares nuevos de uno mismo y del otro.

“Quartet #2 in three movements” (de Bob Mintzer) nos llega de parte de Gustavo Villalba (saxo soprano), Ricardo Figueira (saxo alto), Gonzalo Levin (saxo tenor), Alejandra Genta (saxo barítono) y Martín Muguerza (batería). Es maravilloso escuchar el arreglo del tema y el entrecruzamiento sonoro que se da entre todos estos metales, con sus diferentes texturas, y la batería. El sonido de cada uno de ellos está profundamente trabajado y aquí se confirma lo que se viene escuchando en todo el disco: el profesionalismo, la firmeza, la confianza, la destreza de los músicos y ese trabajo conjunto para un fin común. También el balance perfecto de los volúmenes que nos permite identificar con claridad cada nota.

“Seba” (de Artigas Leal) es el track 10. Los músicos que tocan este tema son: Martín Acosta (piano eléctrico), Gerardo Alonso (bajo eléctrico), Martín Muguerza (batería), Miguel Leal (trompeta), Artigas Leal (bombardino y trombón) y Natalia Castellini (flauta). Se trata de un tema que genera alegría y ternura y que, en la misma línea del resto del disco, está impecablemente presentado, con fraseos certeros, con melodías inteligentes y un entretejido sonoro que te genera ganas de volver a escucharlo. Es un tema bien jazzero, con solos de casi todos los instrumentos. Me encantó, obviamente, como suele suceder, el solo co-creado por el bajo y la bata con escobillas… es muy hermoso el resultado de esa combinación. El sonido general de este tema es de esos que te hace sentir el sol de la primavera, que te hace recordar momentos felices, aunque te encuentres en medio de una cuarentena por pandemia internacional.

Martín Muguerza es de los bateristas uruguayos que emocionan. Tiene una técnica asombrosa que encima solo usa con fines musicales y que le permite hacer con su instrumento básicamente lo que quiera. Ese es uno de los objetivos mayores de cualquier músico pero Martín ha logrado además algo que ni siquiera todos los músicos son conscientes de buscar: ser uno solo con su instrumento. Al verlo presentar este disco en vivo (en la ciudad de Mercedes) pude notar que él y su instrumento son una unidad, los palos son extensiones de sus brazos y cada sonido que emite con la batería es un reflejo exterior de un sonido interno que habita en él y que, por suerte para nosotros, se ve que pide ser expresado hacia el exterior. Bienvenido sea.

El último track, llamado “El mundo sin mal” es el tercer tema de Sergio Fernández en el disco pero sin guitarra, tocado a fiscorno (Javier Olivera), piano y platos (Martín Muguerza). Tiene una dinámica circular, que me resultó algo contradictorio su sonido y su título. Es complicado de explicar pero siento que el sonido incluye “el mal”. Hay algo en la armonía que no me evoca un mundo despojado de maldad sino más bien un mundo… como el que tenemos, con todos los colores. Me genera algo de incomodidad celular… me lleva a un lugar un poco diferente al recorrido de los diez tracks anteriores. La combinación sonora está muy buena y el tema es suficientemente inquietante como para pararse a pensar en qué mundo vivimos, en qué mundo queremos vivir y qué podremos hacer al respecto.

 

No son demasiados los discos que me han generado la necesidad de parar y retroceder, para volver a escuchar pasaje tras pasaje, o que una vez terminado un tema necesite volver a escucharlo entero varias veces antes de seguir con el siguiente. Sinceramente creo que este disco es una genialidad como pocos. Un aplauso de pie para Martín Muguerza y todos los músicos que participaron en él. Una masterpiece. ¡Gracias por regalarnos esta gozadera a quienes escuchamos!

 

Domingo de jazz con Nolé – De Bellis – Romano

 

Vengo del Teatro Solís, pero bien podría venir del Lincoln Center en NY. El trío de Ricardo Nolé, Roberto De Bellis y Miguel Romano tocó hoy, en el marco del Ciclo Internacional de Piano de Montevideo, en la Sala Delmira Agustini, un hermoso repertorio de jazz, con localidades agotadas.

Comenzaron con un standard que fue compuesto en 1931: “Beautiful Love“. Esta primera ofrenda ya destacó por varios aspectos que se repetirían a lo largo del toque: un enorme respeto por la música y por la audiencia; una escucha atenta; una cohesión importante entre los tres y un ánimo enérgico, masculino y profundo.

Luego vino “Whisper Not“. Se dice que acerca de esta composición Golson contó: “La escribí en Boston, en el club Storyville de George Wein, cuando estaba con la big band de Dizzy Gillespie. La escribí en 20 minutos”. Eso fue en 1956 y después fue grabada, por ej., por Art Blakey, Ella Fitzgerald, y el Lee Morgan Sextet (con Horace Silver y Hank Mobley). Y aquí estamos en 2019, emocionándonos hasta la médula con esa misma composición tocada por Nolé, De Bellis y Romano.

Lo primero que destacó fue lo tremendamente rítmico que es el trío. Si bien es una realidad que tanto piano, como contrabajo y batería son instrumentos percutivos, no todos los músicos llevan el ritmo tan en la sangre como escuchamos aquí. Ricardo Nolé en este tema “Whisper Not” dio gala de una combinación poderosa de dulzura y energía, y Roberto De Bellis y Miguel Romano le ofrecieron la base rítmica perfecta para que pudiera lucirse a gusto.

La música que surge del contrabajo tocado por De Bellis tiene peculiaridades bien bonitas. Por un lado, el ataque es en un timing perfecto y con una gran presencia, en el sentido más espiritual del término. Luego, las notas se sostienen claras y firmes, con mucha elegancia y una buena razón de existencia sonora.

En tercer lugar escuchamos “Celia“. Compuesto por Bud Powell para su hija, y grabado con Ray Brown y Max Roach en el año 1949 en una salida transitoria del hospital psiquiátrico donde estaba internado. Primero lo editaron en un single en 1950 y después fue parte del disco “Jazz Giant” que salió a la luz en 1956 [no sé ustedes, pero yo será a la década del 50 a la que iré en cuanto se pueda viajar en el tiempo].

Es fantástico el dominio técnico de estos tres músicos. Se lucieron tocando a una gran velocidad y a la vez con claridad y expresividad totales. Cada nota de tantas era distinguible y el conjunto sumamente disfrutable. Hubo aquí un solo de piano y un solo de batería espectaculares. Y el bajo “la rompió”, pues inclusive a esa altísima velocidad, cada sonido estuvo repleto de musicalidad.

A continuación tocaron una balada que yo no conocía hasta hoy y ya habita en mi corazón: “Danny Boy“. Esta es una de las canciones más representativas de la cultura irlandesa y si bien no se sabe su origen, el primer registro que hay de ella dicen que se remonta a 1855. En 1910 Frederic Edward Weatherley compuso la letra de Danny Boy para una música diferente pero al conocer la tonada de “Londonberry Air”, ajustó la letra para que se adaptara a ella. Comenzó Nolé en el piano, con tremenda expresividad, un excelente manejo de dinámicas, y con esa sensibilidad que solo puede surgir de quien ya hace rato que es una unidad con su instrumento. Se agregó De Bellis, aportando una magia muy especial con el arco en el contrabajo. ¡Un sonido dulce que va directo al alma! Y en tercer lugar, bastante avanzados los minutos, Miguel Romano y el embrujo de sus escobillas cálidas y certeras.

Luego de esa maravilla, el bajo y la bata se llamaron a silencio y Nolé nos ofreció un tema solo: “Chovendo Na Roseira” (de Tom Jobim). ¡Una cosa impresionante lo que tocó Nolé en ese Steinway! Es genial observar toda su expresividad corporal mientras toca. Hay una entrega completa en su ejecución. Y, como todo en esta vida, entonces una también se entrega completamente a escucharlo.

El siguiente tema fue “Black Nile“, perteneciente a “Night Dreamer”, ese disco de Wayne Shorter (lanzado en 1964) en su etapa entre Art Blakey’s Jazz Messengers y Miles Davis. Fue emocionante escuchar este tema por este trío. Es muy admirable el fraseo de De Bellis en el contrabajo, siempre manteniendo la calidad de cada nota inclusive a esa velocidad exigente. Estuvo todo súper cuidado por los tres. Sobre el final del tema Miguel Romano nos regaló un precioso solo de batería, musical a más no poder.

Con el Nilo negro la adrenalina había llegado a niveles altísimos y entonces “I Loves You, Porgy“, de George Gershwin (1935), nos llevó a aguas más calmas pero no menos atrapantes. Ricardo Nolé se pasó todo el tema creando climas mágicos y recordándonos por qué nos gusta ir a escuchar música en vivo, Miguel Romano construía castillos con sus escobillas y platos maravillosos (unos Zildjian oscuros impresionantes), y Roberto De Bellis le puso todo el amor del planeta, primero apoyando con maestría la conversación del piano y la batería, y después con un solo buenísimo que tuvo todo lo que un solo profesional tiene que tener para ser grandioso: gran aplomo, presencia, una conexión musical total con el tema, y una elección de notas nada predecible pero que calzan como un guante.  El tema finalizó con el piano y la batería abrazándonos a todos con firmeza y calidez.

El último tema fue “Billy’s Bounce“, tema compuesto por Charlie Parker en el año 1945 (año oscuro para la humanidad). Es muy difícil escuchar este tema y quedarse quieto. Los arreglos de toda la noche estuvieron impecables y este tema no fue la excepción. Los tres instrumentos convivieron y se conjugaron de la mejor manera para ofrecer un final tan profesional como todo el concierto.

Por último Ricardo Nolé tocó solo en el piano un bis bellísimo, “Someone to Watch Over Me” (de Gershwin), que se vivió como demasiado breve y nos dejó con ganas de escucharlo a él y a este trío de nuevo lo más pronto posible.

Fue una tarde musical de lujo. Ojalá que esta reseña contribuya con que perdure de algún modo en la memoria de los que ahí tuvimos la suerte y sabiduría de estar.