Carmen Pi Caleidoscópica

Entrevista hecha para Cooltivarte. 22-07-2015.


Como previa a la presentación del show “Atemporal”, compartimos una entrevista en formato de charla, o una charla en formato de entrevista, en la que esta música de apellido infinito comparte, con simpatía y generosidad, pensamientos, sentires y detalles acerca de su relación con la música, la composición, la producción de su disco Jardín Carmín, la docencia y el show del próximo 31 de julio. Notarán que se alterna texto con audio. ¡Que la disfruten tanto como se disfrutó la entrevista misma!

¿Normalmente suena música en tu hogar?

Suena música. Suena menos que antes porque a veces, con mi hija, no pongo toda la música que quisiera y también estoy menos en casa. Pero sí, suenan músicas infantiles y distinta música que tengo ganas de escuchar en cada momento. Por ejemplo, me gusta poner música para cocinar; para comer me gusta la música clásica, o algo así, como tranquilón. Hace poco me traje el disco de Julieta Rada, que está hermoso; el de Mateo Moreno, donde yo había grabado y quería escucharlo, y un disco que se llama “Encanto al Alma”, de una agrupación que se llama Sí, que es para niños y es muy bonito. Eso es lo que estoy escuchando últimamente… pero depende.

¿Se puede decir que sos ecléctica a la hora de escuchar música?

Sí, totalmente. Depende del ánimo con el que te levantás, o algo que te sonó en la cabeza. También en casa suena música de la que hacemos. Es decir, se abre el piano, se toca. Nacho está tocando permanentemente la guitarra, entonces siempre alguien está tocando algo. Nina también… ahora empezó a sacar melodías en el piano y jugamos, chiveamos. Esas son instancias lindas de exploración, momentos musicales que están buenos. Quizás ahora no estoy encontrando tanto el tiempo tranquilo para escuchar algo específico. Sí me gusta escuchar música con el disco. Me gusta tener el disco, me gusta leer los créditos. Me gusta escucharlo en el equipo de sonido, que suene bien. No me gusta escuchar tanto en la computadora, no me entusiasma. Es otra la calidad y es otra cosa. Me gusta ese ritual, el elemento físico, y en lo posible tener todo el objeto, poder mirar el arte y ver quiénes tocaron.

¿Cómo se mueve un artista hoy con la realidad de que la gente se puede bajar música de internet, gratis? ¿Les complica la vida?

Principalmente creo que eso les complica a las disqueras, pues son los directamente implicados y esto por supuesto que repercute también en el artista. Aunque no necesariamente tiene por qué repercutir negativamente, ya que vos podés acceder a un montón de música que de otro modo no se podría. Es como que hay una libertad de escuchar y conseguir cosas aleatorias, cosas underground, cosas no tan conocidas, otras que sí, de un modo bastante libre. Supongo que es algo a lo que todas las partes tendrán que ir adaptándose de a poco, ya que es algo inevitable.

¿Cuáles son las razones para hacer un disco?

Yo creo que es una necesidad, más bien una realización personal. Es la necesidad de poder ver eso que vos hacés plasmado en un objeto. Es cierto que hoy en día no es necesario: podés grabar y hacer discos on-line y que la gente los baje. Pero soy todavía un poco anticuada y me gusta el objeto. Me gusta poner mi música en un disco. Creo que se vive como una necesidad de plasmar lo que uno está haciendo. Y una necesidad de ir avanzando. Por más que no sean las únicas canciones que estás haciendo, es como un momento de tu vida plasmado en ese objeto. Cuando los músicos dicen “es un parto”, sí, es como un parto: es anhelado, cuidado, visto en detalle. Es difícil sacar un disco.

¿Cuáles son los desafíos de sacar un disco en Uruguay ahora?

El principal desafío es el económico. Sacar un disco es algo caro si se hace como se hace habitualmente, con músicos excelentes y dándote esos lujos, bueno, tienen que cobrar los técnicos, los músicos, el productor, el arte, etc. y además son horas en las que uno está grabando, también editando, etc. pero es un proceso tan maravilloso y es tan lindo ver cómo se va construyendo eso de a poco. Vas sumando las bases. Luego va una persona y graba su parte y deja su pequeño granito de arte y amor, poniendo un solo maravilloso o tocando de una manera impresionante y vos ves cómo se va construyendo eso. Yo estuve en todas las etapas del proceso y es fascinante.

Haga clic en el siguiente enlace para escuchar la primera parte:

  1. PRODUCCIÓN Y VERSIONES

Hablaste de tus alumnos. ¿Qué es lo que más te gusta de ser docente?

  1. DOCENCIA

¿Qué es lo que hace que sigas eligiendo a la música en tu vida?

No sé si la elijo yo. Creo que me elige ella. Pero bueno, también es una elección…

  1. CALEIDOSCOPIO MUSICAL

Entre Puntos Cardinales y Jardín Carmín hay una diferencia notoria en cuanto a la cercanía de los afectos. ¿Qué pasó en el medio?

  1. COMPOSICIÓN Y EJECUCIÓN

¿Te gustaría tocar en el exterior?

Sí, me encantaría salir un poco a tocar mi música en otros países. Eso está entre los proyectos que me gustaría plasmar en un futuro.

¿Qué músicos van a tocar contigo contigo el 31 de julio en la Hugo Balzo?

  1. MÚSICOS Y SHOW

Les preguntamos a algunos de los músicos que van a participar en ATEMPORAL si querían comentarnos qué admiraban de Carmen o qué les gustaba de tocar con ella. Con placer compartimos las respuestas que recibimos, ya que nos dan una idea del ambiente tan agradable que hay en el backstage de este show.

Yisela Sosa

“Carmen es luz. Agradezco a la música el haberla conocido y el poder compartir su magia”.

Janisse Richard:

Conozco a Carmen desde hace años y fue un honor y una alegría que me pidiera que cante con ella. Además de que me encantan sus canciones, participar en este proyecto es una experiencia súper disfrutable. Carmen te transmite esa pasión por la música de una forma increíble y se genera una energía re-linda. Como dice ella, de “música y amor”.

Camila Ferrari:

Con Carmen viví mis primeros encuentros con la música en el coro de la escuela, a los 8, 9 años. Nos enseñaba canciones de Cabrera, Rada, Stevie Wonder, Beatles y muchos más. De ahí en más entendí que la música iba a ocupar un lugar muy importante en mi vida para siempre. Fui creciendo junto a ella y compartiendo momentos muy lindos, como el lanzamiento de sus discos, el nacimiento de Nina (la niña más feliz del universo), la grabación del disco de Coralinas… en fin, todas cosas lindas. Es un honor para mí poder participar de este hermoso proyecto que es Jardín Carmín. Carmen no solo es una excelente música y profesora sino que también es una gran amiga y le debo gran parte de mi aprendizaje musical, así que no queda mucho más para decir que un gigantesco gracias!!!!! Cami.

Maxi Suárez:

No puedo hablar objetivamente de Carmen. Tengo la subjetividad del cariño, de la admiración, del respeto, de las interminables risas y asombros. Sé de dónde viene, de su nido, su familia, de la sensibilidad y la inteligencia… También fui testigo—y a veces parte—de hacia dónde va: un puerto cálido, seguro, maduro, sincero, auténtico.

Como artista, lo mejor que me ha pasado es poder ser amigo de las personas que admiro, trabajar con ellas, pero más que nada disfrutar de un eterno backstage de vida. Es imposible no ser una gran artista si se tiene talento… pero más si se es un ser de luz. Una hermana de las que uno sigue eligiendo sin dudar, todos los días.

Nacho Imbellone

Lo que admiro principalmente es su voz: su timbre, la forma en que la utiliza, sus dinámicas y matices. Adoro tocar con ella porque sus canciones me dejan flotando en una nube de paz.

La comunicación pasa a un plano estrictamente musical y fluye.

Sin entrar en detalles de la maravillosa atmósfera que generan los demás músicos en lo musical y lo humano.

Gerardo Alonso:

Doña Pi: Tocamos juntos desde hace casi 10 años y seguimo’ en este duro pero lindo camino que es la música. Está bueno como metés pa delante con tu proyecto. Presentaste tu primer disco con tremenda Nina contigo!! jaja. Vamo arriba y a seguirla.

Palito Elissalde:

Te cuento que trabajar con Carmencita es un placer por varias razones. Algunas muy obvias, como ser su talento artístico innegable, ya sea como compositora como también como instrumentista; su capacidad de desprenderse de los prejuicios, que le permite transitar por caminos musicales a veces muy diferentes con total naturalidad; y ni que hablar de esa voz tan linda y tan dulce. Pero lo más importante es que detrás de todo eso hay una persona linda y súper agradable que hace que el trabajo de ensayos, etc. se haga en un clima cálido y de mucho respeto. Un gusto y un honor ser su guitarrista! Desde acá, un saludo para ella.

Martín Ibarburu:

Con Carmen creo que empezamos con la música casi al mismo tiempo. De hecho estuvimos en una banda con Tabaré Cardozo, Pomo Vera, Montemurro, Carini y Nico hace algunos añitos.

Carmen es una crack, tremenda cantante y compositora. Pero también toca fenómeno el piano, la viola, dirige coros, es madre… y todo eso con la misma frescura de siempre.
Para mí es un placer y una alegría trabajar con ella por lo que es como músico y como persona.

Dany López:

Con Carmen nos empezamos a conocer trabajando con Jorge Schellemberg. Jorge es un tipo muy crack que naturalmente genera encuentros. En ese momento hacía relativamente poco que yo había comenzado a laburar con él, primero como tecladista y músico multifunción (coros, etc.) y luego como arreglador y productor en dos discos: ¨Estás de vivo¨ (disco orientado a público infantil y preadolescente editado por Papagayo azul)y ¨Antropopfagia¨ (editado por Zapatito records) y un show filmado por Autores en vivo con la Borocotó Jazz dance. Pocos meses después de estar tocando juntos Jorge me plantea que estaría buenísimo integrar a Carmen Pi al equipo de trabajo (en esa época: Pomo Vera, Juan Pablo Chapital y Gustavo Echenique) como corista y también como teclado adicional. Yo conocía a Carmen muy poco, pero tenía una idea de su calidad como cantante y pianista, de modo que la idea me pareció muy buena. Además de los primeros shows en vivo que compartimos, lo primero que hicimos juntos fue el trabajo de voces en ¨Estás de vivo¨. Tengo el recuerdo muy claro de esas primeras grabaciones juntos en el homestudio de mi casa. Carmen hipertalentosa aportando su voz mágica y su asombrosa facilidad para los arreglos vocales. Noté que sintonizábamos muchísimo. Nos entusiasmaba el mismo tipo de ¨menjunge¨ musical, entre rock-pop-jazz- clásico y canción popular donde todo vale sin prejuicio y también un sentido del humor muy similar y la capacidad de disfrutar de hacer música. Luego trabajamos juntos en ¨Antropopfagia¨ y la Borocotó Jazz Dance con Jorge y la invité a participar cantando en algunos discos donde trabajé como productor. Carmen grabó muchas de las voces de ¨Acuario¨ (mi primer disco) por ej: en ¨Asteroide¨ hacemos un dueto que luego repetimos varias veces en vivo, también en ¨Lugar donde nunca fui¨. ¨Ñacurutú¨ tiene dos versiones grabadas (una en Estás de vivo y otra en Acuario). Carmen grabo para las dos versiones coros super divertidos, con tremendas dosis de swing y creatividad. Me acude el recuerdo de Carmen mostrándome algunas músicas suyas que estaba preparando cuando estaba armando el repertorio de su primer disco. Me viene a la cabeza una versión increíble de ¨Time after Time¨. Me acuerdo de grabar en mi homestudio a Carmen cantando esa versión hiper-emocionante de un tema al que yo creía que ya no se le podían encontrar más vueltas. Quedé muy impresionado por su capacidad de tocar emociones con la voz. Carmen es un ser musical por naturaleza. Me corrijo: por nurtura y por cultura. Tiene un vínculo súper natural con la música; la música en ella sucede naturalmente, como nos sucede respirar. Al mismo tiempo tiene muchísima música escuchada y tocada en distintos momentos de su vida, de orígenes muy distintos; desde música Barroca hasta Rock pasando por todo lo que se te ocurra en el medio. A Carmen le encanta la cocina de la música, le encanta cocinar y saborear música. Podés estar conversando con ella y hablar de un tema equis de Sting, de los Beatles o de Jaime y ocurre que si hay una guitarra o un piano cerca, es probable que Carmen comience a tocarlo como si lo hubiera tocado toda la vida y te muestre determinado detalle que le llama la atención en la evolución armónica o la melodía. A medida que fuimos compartiendo mucho tiempo de música y trabajo juntos nos hicimos muy amigos. Una persona increible, muy generosa, con una sensibilidad impresionante y tremenda capacidad para transformar eso en música. Hace un par de años me invitó a trabajar con ella en su segundo disco como productor.

Tremendo honor. Disfruté enormemente acompañarla en ese disco. Cuando un artista te invita a producir su disco te está abriendo la puerta para participar en algo muy valioso. Te abre la puerta de su mundo a través de sus canciones y te invita a ser parte a comentar, sugerir, intervenir. Esa invitación es un gesto de generosidad y confianza muy grande que agradezco pila. Meterme en el mundo de canciones de “Jardín Carmín” fue tremendo viaje. Siempre valoré mucho a la Carmen creadora. Es la Carmen que me resulta más interesante desde lo musical. El tema es que Carmen siempre es súper creadora. Cuando versiona una cancion la re-crea. A mí me interesa particularmente la Carmen compositora de sus propias canciones y decidora de sus propios decires. Trabajando con ella en “Jardín Carmín” me encontré con esa compositora poderosa que también escribe preciosos versos. Recuerdo estar en casa de Carmen escuchando muchas de las primeras versiones de las canciones del disco, peloteando ideas, buscando soluciones para un verso o para la salida de una estrofa. Carmen es una bestia musical (una bestia en una buenisima, jejejeje). Es una fuerza natural haciendo música. Para hacer Jardín Carmín estuvimos un buen buen rato sumergidos en ese torbellino creativo de inspiración carminística hasta resolver que teníamos las canciones que armaban el disco. Luego nos metimos en el estudio, con una tropa de músicos divinos (Gerardo Alonso, Tato Bolognini, Palito Elissalde, Ángelo Primón, Chancho Blois, Nacho Imbellone) e ingenieros capos (Diego Rey y Nico Panzl) y fue una experiencia igual de linda. Fue un placer ser parte de ese disco y estoy muy agradecido a Carmen por su amistad y por permitirme ser parte de su música.

 

Entrevistadora: Patricia Schiavone

Dos horas en un instante

“Es un show largo, como de dos horas”, había adelantado él. Entonces, cuando anoche avisó que el show se había terminado, fruncí el ceño pensando por qué habría cambiado de opinión; por qué lo había reducido de esa manera. Pero no, no lo había reducido nada. Las dos horas se habían encogido en un instante. Y así fue cómo sucedió para mí una comprensión nueva del título de su último disco.

Hoy escuché a Sergi Torres decir que la mayor revolución que podemos hacer como seres humanos es estar agradecidos por el instante presente. Se puede decir que anoche fui tremendamente revolucionaria. El agradecimiento como sentimiento benditamente invasivo estuvo acompañándome durante todo ese instante.

A continuación voy a intentar transformar en palabras comprensibles lo que sucedió anoche en el Teatro Metro.

Luces apagadas, telón rojo cerrado, surge su voz, anhelada y anhelante. El público retiene la respiración. Ahí mismo nos colocamos todos en el lugar del que no saldríamos más. La canción: “Una palabra” de Carlos Varela. Fíjense qué elección más bella y más significativa comenzar su show cantando, a capela, lo siguiente:

Una palabra no dice nada y al mismo tiempo lo esconde todo. Igual que el viento que esconde el agua; como las flores que esconde el lodo.

Una mirada no dice nada y al mismo tiempo lo dice todo. Como la lluvia sobre tu cara o el viejo mapa de algún tesoro.

Una verdad no dice nada y al mismo tiempo lo esconde todo. Como una hoguera que no se apaga, como una piedra que nace polvo.

Si un día me faltas, no seré nada y al mismo tiempo lo seré todo. Porque en tus ojos están mis alas y está la orilla donde me ahogo.

Desde las butacas se vivió profundamente. Arrancaba un viaje a la vez introspectivo y contemplativo.

Como confirmándolo y venerándolo, nos ofreció “Joya tu corazón”. Bueno, gracias, Pedro. Nosotros pensamos que el tuyo es una joya.

Si recuerdo bien, la siguiente canción fue “Cuerpo y Alma”. Sonó especialmente dulce y contenta, llena de vida. Y ¡santo Dios! El silbido en este tema fue algo tan pero tan bonito, tan atrapante, que yo deseaba que no tuviera fin. ¿Cómo hace para afinar así un silbido y con esa variedad de notas tan impresionante? Qué belleza fue eso…. De alguna manera sigue siendo, porque cierro los ojos y lo oigo.

Y cuando todavía no salía yo de mi asombro con el silbido, arrancó a cantar el tema “Nubes” de Nano Stern. Aquí Pedro hizo un despliegue absolutamente sobrecogedor de unos sonidos graves que me resultaron un goce vibrante en el medio del pecho. Y segundos después, unos agudos hermosos, a los que aunque estoy más acostumbrada, no dejan de sorprenderme y hacerme feliz. Lo que sentí con esta canción fue que la música estaba trabajando su magia en mí de manera extremadamente eficiente y con una forma sencilla. Aclaro que cantarlo no parece nada sencillo; estoy hablando de que las notas no se empujaban unas a otras sino que cada una tenía su momento, su espacio individual. Me regocijé con cada sonido en sí mismo.

Entonces vino el rock and roll. “Ideología”, un tema impactante de Roberto Frejat y Cazuza (del año 1988). [El primero de los temas del primer disco, también llamado Ideología, que sacó Cazuza después de enterarse de que tenía sida]. “Mis héroes murieron de sobredosis, mis enemigos están en el poder”. El Pedro rockero es muy pero muy impresionante. La polenta que tiene sin permitirse perder ni por un segundo la musicalidad y la fineza es algo de otro planeta. Cada vez que le oigo un tema así pienso que sería genial que nos regalara la experiencia de un grupo de rock, aunque fuera por una temporadita. Obviamente, si mi deseo se hiciera realidad, a la vez daría por tierra ese eclecticismo refrescante, abarcativo y multicultural que hace de Pedro Aznar un comunicador de emociones, vivencias y culturas tan diversas. Un crisol que este mundo necesita y más vale que bendiga.

Entonces trajo, tomándola suavemente de la cintura, a la zamba “Las manos de mi madre” de Peteco Carabajal. Le queda lindo el folclore; no hay nada que hacerle.

Luego nos pidió paciencia. Compuso un tema para dos bajos que haría en un show unipersonal y para eso debía grabar primero uno, en frente nuestro, y encima de esa grabación tocar una segunda vez. Aquí es donde la escena idílica a mí se me desajusta por un segundo y no es justamente por Pedro sino por el público. ¿Será posible que los montevideanos no sepamos mantenernos en silencio? ¿Será posible que a un montón de apestados (más apestados de desconexión que de gripe) se les ocurra toser cuando lo que había que hacer era mantenerse en el lugar del respeto y la atención? Gracias a Dios el aparatejo en cuestión no tomó las toses. “El que no escucha es solo víctima de sí”. Fue bonito, bonito oírlo tocando solo bajo y cantando. Y la letra me pegó fuerte. “Cómo duele en el orgullo la verdad cuando buenas intenciones hacen mal”. Y me gustó, claro, la frase “lo urgente mata lo importante”, porque ocupándome de dar vuelta esa priorización es que vengo hace rato, encontrando que la vida tiene otro sabor si se hace primero lo importante y a lo urgente se lo mira apenas de reojo… o no se le permite llegar a ser urgente porque uno se ocupó de eso en la etapa de importante no urgente. En fin, yo me entiendo. Ustedes no sé, pero.

Y ahí nos fuimos al litoral. Nos contó sobre un festival de chamamé y su encuentro con Teresa Parodi, sobre cómo ella le envió un texto y él le compuso una música. Y cómo cuando le envía a un autor su musicalización, luego de apretar el botón de “send”, se encoje con el temor o duda de qué le parecerá. Entonces uno lo mira y piensa que claro, que es humano también, pero que no lo parece. La canción se llama “Río Secreto” y la guitarra de Pedro en ella fue como saborear por primera vez una frutilla: mágico, embelesante.

Aquí ya no parecía que pudiéramos sorprendernos mucho más pero evidentemente no era cierto. Aclaro que en lo personal no me gusta el tango. Suelo descartarlo rápidamente porque hace vibrar fibras que no quiero que vibren. Bueno, a partir de anoche, tengo que cambiar esa opinión y decir: pucha, el tango tiene lo suyo. Cantó “Crisis”, un tango que compusieron juntos con Horacio Ferrer, que fue un despelote, despelote, despelote. Me llevó a un tremendo viaje emocional. Espero que lo grabe y lo podamos escuchar muchas veces más. De la letra recuerdo solo esta frase, que ya dice bastante: “con cáncer en la ética”.

Entonces tocó “Si llega a ser Tucumana” (Música: Gustavo ‘Cuchi’ Leguizamón; Letra: Miguel Ángel Pérez). Yo la había escuchado ya dos o quizás tres veces en vivo, pero anoche me impactó la energía con la que la tocó. Transformó esa guitarra en un instrumento percutivo muy maravilloso, y el resultado general de esa canción fue una amalgama perfecta de fuerza y dulzura. Detrás se proyectaban fotos de Mercedes Sosa jovencita, preciosa.

“Zamba para olvidar” me desgarró. Su canto, su guitarra y mi corazón se hicieron un bollo ahí mismo. El remate del tema fue como un golpe de gracia.

En ese preciso instante de extinción este Ser de Luz trae a Luis Alberto Spinetta y el cuore, que ya parecía que no daba más, escuchó, como pudo, “Si no canto lo que siento me voy a morir por dentro. He de gritarle a los vientos hasta reventar, aunque solo quede tiempo en mi lugar”. Sí, “Barro tal vez”. Y ahí fue donde Pedro me “miró” burlón y me “dijo”: ¿Querías rock and roll? ¿Querías folclore? ¿Pensabas que tenía que hacer músicas diferentes para ambos? ¿Sabés qué? No. Toco las dos cosas en una si se me ocurre… y hoy, aquí y ahora, se me ocurre. Fijate cómo hacés para sobrevivir. 🙂 Ay, Dios, en serio… muy fuerte la combinación. Y muy fuerte la voz de Pedro, la energía, la decisión, el sentimiento, y esa guitarra increíble… y ese final arrasador.

Hagamos una pausa acá. ¿Cómo piensan que la íbamos llevando? Sí, el corazón al recontra galope con la respiración archi cortada. Pero la cosa seguía y seguía con platos fuertes.

¡Blackbird! Yo creo que es una de mis canciones favoritas y oírla surgir de él es algo muy, muy especial. Anoche me llegó especialmente. Con su guitarra combinó otra vez más, de manera magistral, la percusión con la melodía. “Into the light of the dark black night” cantado por él me desarma.

¡Strawberry Fields Forever! Belleza y fuerza, belleza y fuerza, rock and roll a full… ah, por favor, no se puede pedirle mucho más a la vida.

El viaje fascinante siguió con “Because”. Me hizo redescubrir la frase “Love is old, love is new” y caer en la cuenta de que si bien el amor siempre existió en el mundo y en mi vida, porque si no para empezar no estaría aquí, a su vez el amor es nuevo en cada instante, porque yo voy cambiando y una persona diferente necesariamente ama diferente. Primero grabó el teclado y la voz. Luego la guitarra y otra voz. Y por último encima de todo eso tocó el bajo y cantó nuevamente. Fue en ese momento que balbuceé: “Esto es el pa-ra-í-so”.

Después tocó “Quebrado” para un público que no se lo mereció. ¡Vo! ¿No la habían oído nunca? ¡Cómo puede ser que Pedro Aznar nos invite a cantar el coro y todos se queden callados! Ay, Dios… Antes del próximo show, habría que escuchar un poco, me parece. Pero bueno, más allá de ese momento incomodísimo en el que la gente no fue capaz de cantar la palabra “Quebrado” dos veces, el tema obviamente estuvo perfecto.

“Confesiones de invierno” siempre me traslada en tiempo y espacio a mi adolescencia, a las guitarreadas, a dos amigos en particular. Y bajito, bajito, hubo un corito de gente cantándola, pero sospecho que Pedro no pudo oírlo.

Anoche tuve la oportunidad de ser baterista de Pedro Aznar, je. Bueno, para ser honesta la tuvimos todos. Nos pidió que le hiciéramos la base rítmica del tema “Traición” y yo, con mi cabecita delirante, pensé qué bueno que es tocar con él. En fin, delirios.

Luego sonó “Lina de luto” (de su autoría), donde Pedro dejó de ser un solo hombre y se transformó en una banda completa. Tremenda energía y un sonido impecable. Y una sonrisa hermosa. “Maldigo del alto cielo” (de Violeta Parra) nos regaló unos unísonos de voz y guitarra divinos.

Creo que fue en este momento que tocó “A primera vista” y gracias al cielo este coro sí lo supimos cantar. Yo con todas las ganas y la libertad del mundo. Se sintió bonito.

Narrado por escrito, de esta manera, una tiene mejor noción del tiempo transcurrido, pero sinceramente cuando a esta altura Pedro dijo que el concierto se había terminado, parecía que recién había comenzado.

El público aplaudió de pie, a rabiar, y nadie tenía la mínima intención de retirarse. Cuando reapareció sobre el escenario, llovieron los pedidos de canciones, y la que sonó fue “Lisa” de Gustavo Cerati. Qué coros más divinos. Luego sonó “Quedándote o yéndote” de Spinetta… hermosa, hermosa. Qué juegos tan espectaculares que hace con la voz. Es muy fuerte, en serio. El corazón no sabe si sonreír, llorar, gritar, susurrar o qué. Al menos el mío se queda perdido.

El fin del fin fue con el tema de Cazuza “Todo amor que exista en esta vida”, que es un tema que me fascina. Detrás de Pedro se proyectaban en una pantalla besos muy, muy hermosos. Me vine pensando que si fuéramos bichos menos civilizados, habríamos terminado ese concierto como la escena final de la película* que se hizo del libro “El Perfume” de Süskind. O si no tanto, al menos besándonos con la gente a nuestro lado, fueran conocidos o desconocidos. Porque al fin de cuentas se trata de todo amor que exista en esta vida.

“Hasta pronto” fueron las últimas palabras. Sí, señor. “Hasta pronto”.

Me vine con dos discos suyos. Me impactó la textura y la fotografía de Mil noches y un instante. ¡Qué objeto más maravilloso! Me hizo notar que en la era de internet sigue habiendo buenas razones para comprar discos.

Agradezco a Cooltivarte por haber confiado en mí para cubrir este show.

* Si recuerdo bien, el libro tiene una escena más que la película y la película termina con una orgía multitudinaria.

Entrevista a Pedro Aznar

Mañana, 15 de julio, a las 21:00 hrs, los montevideanos tendremos la dicha de asistir al show unipersonal de Pedro Aznar, que ofrecerá en el Teatro Metro.

A continuación transcribo la entrevista que, con generosidad y amabilidad absolutas, Pedro otorgó a Cooltivarte.com, y a mí en representación de este portal de información artística.

Fue un enorme placer poder hacerle estas preguntas. Cada una de sus respuestas habría fácilmente sido un puntapié para una charla extensa y me quedé con las ganas de ahondar en cada una. Qué tema el tiempo, pero cuando lean, más abajo, verán que solo se trata de… bueno, si quieren saber, ¡adelante! Mi recomendación es que se pongan cómodos, porque es una charla para degustar. De ser posible, para degustar con paso calmo, con el disfrute de saber que uno está en este preciso instante exactamente donde tiene que estar.

Foto: Federico Meneses

Foto: Federico Meneses (Cooltivarte)

Nota: Si prefieren escucharla en lugar de leerla, pueden hacer clic en este enlace:

https://soundcloud.com/entrevistaspat/entrevista-pedro-aznar

 

—En tu disco “Contemplación” hay un tema en el que toca la percusión Osvaldo Fattoruso y en “Cuerpo y Alma” dos temas de Eduardo Mateo. ¿Cómo se dio tu acercamiento a esos músicos uruguayos?

Empezó con los Shakers, cuando yo era muy chico. Escuchando a Los Shakers. Me fascinaban, me encantaban. Y, bueno, después siguió con OPA y con Rubén Rada. Después tuve el gusto de compartir escenarios y grabaciones con Osvaldo, con Hugo, con Rubén. Hicimos alguna cosa con Jorge Drexler también. En este show estreno un tango que compusimos con el querido maestro Horacio Ferrer, también. Así que la música uruguaya ha tenido siempre un lugar en mi vida y en mi música.

—¿Conociste personalmente a Eduardo Mateo?

No, lamentablemente no lo llegué a conocer.

—¿Te habría gustado?

Me habría encantado tener una charla con él, sí.

—¿Qué te gustó tanto del tema “Cuerpo y alma” como para ponerle ese título a un disco tuyo?

Ah, es bellísimo. Es un mantra. Es como una celebración de la belleza de la vida. Y, además, hubo una circunstancia muy hermosa, que no me voy a olvidar nunca. Estábamos con Hugo Fattoruso haciendo una gira por Japón junto a Toninho Horta y a un vientista japonés llamado Takamasa Segi y me acuerdo que íbamos en un tren, atravesando unos campos nevados, en pleno invierno. Ya el paisaje era sobrecogedor. Me acuerdo que Hugo estaba sentado en el asiento de atrás y en un momento se acerca con un par de auriculares y me dice: “Escuchá esto, vo”. Y me calza los auriculares y empieza a sonar “Cuerpo y Alma” de Eduardo Mateo, mientras atravesábamos ese campo nevado y fue un momento inolvidable, fue una epifanía. Esa canción cobró en ese momento un significado muy mágico.

—Ayer la miraba y la escuchaba y no sabía qué te había llamado más la atención, si la poesía, si la música.

Las dos cosas. Bueno, Mateo tenía esa magia. Mateo era un tremendo arquitecto musical. Un tipo con un manejo de la matemática musical. En el sentido poético de la matemática, ¿eh? No en un sentido frío. Era capaz de crear cosas de una complejidad geométrica absolutamente hermosa, como la imagen de un caleidoscopio. Y hacerla, además, sonar natural, espontánea, fluida, fresca, cálida. Como los grandes arquitectos que construyen esos espacios intrincados pero bellos. Que son sobrecogedores y a la vez se sienten como tu casa. Y como poeta, bueno… maravilloso.

Foto: Federico Meneses

Foto: Federico Meneses (Cooltivarte)

—Te hago saltar unos años: “Caja de Música”.

Bueno, hablando de grandes arquitectos [se ríe, con toda la frescura].

—¿Qué te atrapó de los poemas de Borges como para hacer un disco entero, musicalizando sus poemas?

Mirá, lo hice en principio porque me convocaron de la Secretaría de Cultura de Buenos Aires. Cosa que me dio, en iguales medidas, susto, responsabilidad, honor y alegría, pero predominantemente susto, te diría. Meterse con Borges es una cosa un poco complicada pero siempre digo que como los que se jugaron esa carta fueron ellos, si me sale mal [risas], no fue por una torpeza mía sino que se equivocó otro. Eso yo creo que me liberó a poder jugar de una manera un poco más… menos comprometida.

—¿A los poemas los elegiste tú?

—Los elegí yo. Me dieron carta blanca, me tiraron la idea. Me dijeron: “Nos gustaría que musicalices poemas de Borges”, que fue una linda justificativa para volver a leer toda la obra poética de Borges, maravillosa.

—Esa era mi otra pregunta, si su prosa también te gusta.

—Sí, por supuesto. Pero el Borges poeta es tal vez el Borges menos conocido y es maravilloso.

—Y es un poeta original, ¿verdad?

—Absolutamente original. Y tiene también una cosa de arquitectura. Es un constructor soberbio, con lo que hace con la palabra, cómo la maneja. Y yo creo que es hasta más líquido su trabajo con la palabra que en la prosa, que bueno ya su prosa es… en realidad su prosa está toda llena de poesía. O sea, es poesía escrita a la manera de la prosa, pero cuando él deliberadamente hace poesía en la forma poesía, es insuperable, es increíble. Además conserva una elegancia, como en toda su obra, una elegancia que tal vez pertenece más al siglo XIX que al XX. Él amaba profundamente a muchos escritores del siglo XIX y yo creo que él, con una mirada de siglo XX, conservaba una cierta, sí, elegancia y sofisticación de los escritores del siglo XIX.

—Siento que él maneja el idioma de tal manera que nuestras neuronas lo leen cómodas. O sea, leerlo es un deleite y un descanso. No sé si es porque maneja el sistema de la lengua de una manera determinada.

—Sí, es como escuchar a Beethoven. Hay algo ahí muy profundo en nosotros que dice “Claro, es esto, y se dice así” y entonces, claro, no tenés que esforzar tu máquina intelectual para dejarte llevar por eso, porque te das cuenta que el que te está guiando, el que te está llevando de la mano, conoce el paisaje a la perfección. Entonces decís: “Magnífico guía, llevame”.

—Temas que aparecen en tus músicas: el tiempo. Aparece, allá, en el 86 con “Quantum”; “No hay tiempo (hoy es hoy)”; “Esto lo estoy tocando mañana”.

—Sí, es verdad.

—Y en el año 2012, tu CD se llama “Ahora”. ¿Qué significa el instante presente para vos como persona y como músico?

—Es la única posibilidad que tenemos del infinito. El poder concentrar verdaderamente nuestra atención en el momento presente. Porque cuando la cabeza se dispara hacia adelante o hacia atrás, lo que estás viendo es una traslación, que es en realidad una abstracción humana. Es una idea que nosotros construimos del tiempo y que además, a partir de la aparición del tiempo mecánico en nuestras vidas, de los relojes, y más tarde de los dispositivos electrónicos, de las computadoras, y esa medición científica, o cientificista, absolutamente precisa del tiempo, empezamos a pensar el tiempo como una sucesión de momentos, y dejamos de sentirlo como kayros, como tiempo interno. Y en el momento presente del tiempo interno, lo que hay es un eterno presente: el ahora es siempre. En lo otro no. En lo otro hay una sucesión.

—La letra del tema “Ahora” me sorprendió. Describiste el ahora por la negativa. ¿Eso fue un recurso poético tuyo o fue más porque hay cosas que son muy difíciles de explicar si no es por la negativa?

—Sí, es eso. Hay cosas que si las tratás de definir, las rompés. Y las volvés a cosificar. Es un poco un recurso tomado prestado del Zen. Un maestro Zen lo que hace es ponerte en un brete, te tiró un kōan, que es un dilema que tenés que resolver, y en realidad el propio resolver el dilema y el tiempo que vos te pasás rompiéndote la cabeza buscando soluciones racionales a ese dilema hace que tu cabeza se tenga que rendir. El Zen también lo que hace es quebrar lo racional a través de darle a la mente un dilema irresoluble. Te planta con una cosa y tu maestro te dice: “No, no es eso”. Y vas día tras día con ideas diferentes y te dice: “No, no es eso”. Hasta que te quiebra. Cuando te quebró, logró su cometido. Cuando tu mente racional baja los brazos y dice: “Ah, bueno, no puedo con esto”.

—Cuando entendés que no sabés nada, básicamente.

—Así es, o que en realidad estar preguntándose insistentemente sobre cosas que no tienen respuesta no es el camino.

—Yo tardé en asimilar “Ahora”, porque me pegó fuerte.

—El disco como un todo.

—Sí.

—Ah, mirá.

—Sí. En las canciones que son tan profundas, así, ¿surge primero la emoción y de la emoción vos componés una canción o te surge primero la canción, como te he escuchado decir que a veces soñás una parte de canción, y eso te permite conectarte mejor con tus emociones?

—Yo creo que es un ida y vuelta. El hecho de que vos estés atravesado por una emoción, hace que busques determinadas cosas en lo artístico. Y a medida que vas encontrando, te vas quedando con ciertas cosas que van saliendo, porque sintonizan con la emoción que vos tenés en ese momento. Entonces es la emoción la que va diciendo: “Sí, por acá sí”; “No, por acá no”. Y se va haciendo ese proceso de selección. Entonces la emoción que a vos te traspase en ese momento particular es como si fuera un patrón vibratorio. Como si vos pusieras un alto parlante debajo de la tabla de esta mesa y tiraras arena arriba de la mesa, y tuvieras un generador de sonido, y pusieras: ¿A ver una frecuencia de cien ciclos? La arena va a hacer una cosa. ¿A ver una de quinientos? Va a hacer otra. Una de dos mil y va hacer otra cosa. Esa resonancia elige cosas y acomoda la arena de maneras diferentes. Esto es lo mismo: vos tenés un material a tu disposición y te ponés a jugar con un instrumento y van apareciendo cosas. El tipo de vibración que vos tengas en ese momento emocional hace que, espontáneamente, elijas determinadas cosas; es como ida y vuelta. Entonces cuando terminás la canción o el poema, y ves reflejado cómo vos te estabas sintiendo en el papel o en el sonido es muy conmovedor, porque logró salir una cosa que no estaba puesta en palabras, que era una vibración.

Foto: Federico Meneses

Foto: Federico Meneses (Cooltivarte)

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Foto: Federico Meneses (Cooltivarte)

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Foto: Federico Meneses (Cooltivarte)

Foto: Federico Meneses

Foto: Federico Meneses (Cooltivarte)

—¿Vos lográs escucharte como si fueras otra persona?

—No. Pero disfruto de escuchar. No lo hago frecuentemente. Tengo que poder alejarme de la agenda de las giras, suponte. Tengo que poder estar de vacaciones. Tienen que haber pasado varios días de no tocar. Estar alejado.

—¿Y vas y ponés un disco tuyo?

—Y por ahí sí. Cuando dejo de ser el músico, me dan ganas y digo: “¿A ver hoy cómo suena esto?” De verdad que no lo hago muy frecuentemente [risas], la última vez que lo hice fue cuando estaba de vacaciones en Australia, el año pasado, en enero de 2014. Y me vino necesidad de escuchar “Quebrado”. Lo escuché casi completo. Me salteé tal vez algunas canciones que son las que más toco en vivo, porque se me volvieron un poco repetidas ya, pero escuché casi todo el disco y lo disfruté muchísimo, me encantó.

—¿Y cómo hacés para poder tocar una misma canción durante tantos años y mantenerle esa emoción que quería transmitir originalmente? ¿A qué recurso apelás?

—Mirá, yo siempre comparo el trabajo de los cantantes con el trabajo de los actores.

—Pero un actor es muy difícil que esté diez años actuando lo mismo.

—No te creas; a veces pasa. Y aun cuando sean obras diferentes, tienen que representar cosas que tal vez se parecen emotivamente, o los personajes tienen características similares. Y lo que hacen es recurrir a recuerdos emotivos personales, como disparadores. Y un cantante con las canciones también usa esas imágenes.

—¿Y no terminás destruido después de un toque, con tantas emociones?

—No, si lo hacés bien. Buena pregunta. No, si lo hacés bien. ¿Qué sería hacerlo bien? Sería no ponerte a transitar tu dolor sino usar una imagen de tu dolor que comunique, si estás hablando de dolor en una canción, para sensibilizar al que escucha, pero vos no estás de nuevo poniéndole el pecho a esas balas.

—Pero cuando lo compusiste, casi seguro que sí.

—Cuando lo compusiste sí. Pero hay maneras de cantarlo y maneras de cantarlo. Si vos te vas a volver a meter en esa misma oscuridad, terminás hecho puré. Pero hay una manera de ser genuino y de comunicarlo usando las imágenes pero no metiéndote en el pozo. Y es un equilibrio delicado, pero me sale, felizmente, casi siempre. Y no es no involucrarse, ¿eh? Es involucrarse cuidadosamente. Es decir: “Okay, sí, yo sé por qué escribí esto, yo sé a quién se lo escribí, pero no me voy a meter ahí de una manera sufriente”. Ya está expresado. Esta letra ya lo dice. No me hace falta a mí meter las manos en el barro de nuevo. Yo sé lo que pasa acá. Entonces yo paso y te lo cuento. Y en contártelo, ya te lo estoy diciendo.

—¿Qué es para vos la nostalgia?

—Mmm.

—¿Algo positivo? ¿Algo negativo?

—El lado negativo es que no te suelte y que te deje empantanado en un lugar querido pero ya inexistente. Esa es la nostalgia que inmoviliza. Y hay una nostalgia porque sí. Una nostalgia de lo que todavía no conocemos.

—¿Futura?

—Llamale. Infinita, diría yo. Porque ni siquiera es un llamado de algo de “qué bueno que sería que ocurriera equis cosa”, que esa sería futura. Si no que saliste un día de tu casa, y hay una luz sobre un árbol, o un chiquito que pasa, o algo, que… que te atraviesa. Y no sabés muy bien qué es. Y es como una nostalgia. Es como un “a la puta, la vida, está acá. Y no se fue nunca y siempre estuvo acá y yo estaba mirando para otro lado”.

—En tu canción “Cuando el amor” decís: “a reparo de la nostalgia y todo mal”.

—Sí, en el sentido de “y cualquier mal”.

—¿Pero la estás comparando?

—No, no la igualo. Por eso digo “y”. Si no, habría dicho “o cualquier otro mal”. No digo que la nostalgia sea un mal. La nostalgia puede ser eso; puede ser un momento de revelación, en que la vida se te revela como algo maravilloso, inagotable y que un día la vas a tener que dejar. Y es una nostalgia dulce, una tristeza dulce, de alguna manera.

—¿Y la nostalgia cómo se lleva con el presente? Porque en principio parecen cosas distintas.

—Esa nostalgia se puede llevar muy bien. Porque no es ni de pasado ni de futuro. Pero en realidad yo sospecho—apenas digo sospecho—que el estado de presencia verdadera en el ahora es gozoso de una manera calma: no se va para un lado ni se va para el otro. No es maníaco, y tampoco es nostálgico. Está colocado en un lugar perfecto. Es un lugar de conexión con tu parte esencial, con lo que te hace humano.

—Y con lo que observa, quizás, cosas pasadas.

—Observa pero no se involucra. Es el observador de la conciencia. Que eso es lo que somos. Cuando meditás—por ejemplo—sos un observador de tu propia conciencia. Y podés ver a la mente desde afuera relatando cosas y parloteando, pero cuando te das cuenta decís “ah”, y te volvés a poner.

—Eso no soy yo; soy otra cosa.

—Claro, eso es mi cabeza que relata cosas pero yo soy esto; yo soy esta otra paz; soy este lago calmo que está ahí.

—Ahora que traés eso, qué conexión te parece que hay entre un músico que hace lo suyo muy bien hecho, como lo hacés tú arriba del escenario, y una audiencia totalmente extasiada, como he visto viéndote a ti. ¿Qué te parece que pasa ahí con respecto a esto? Pasan cosas, ¿no?

—Yo creo que eso es sintonía. Cuando la gente está así es porque hizo clic y se metió en el viaje, y está viajando en vos.

—¿Y ese viaje es tuyo? ¿Es compartido?

—No, es de todos. Yo no me lo arrogo como propio. En realidad yo soy un comunicador de mi mundo interno para quien resuene con eso. El que resuena dice: “Oh, mirá. Mirá lo que está diciendo este. Este está hablando de eso”.

—Esa es tu obra. Es lo que le estás regalando al mundo, ¿no? Esa sintonía.

—Sí… e incluso la obra trasciende mi propio estado de ánimo. Yo puedo estar en un mal día, puedo estar triste, puedo estar disperso, puedo estar cansado, puedo estar estresado, pero si yo no la entorpezco, la obra habla sola. A veces la entorpezco por tarado, porque [risas] hago cosas disparatadas, o trato de meterme yo a salvar las papas y no hace falta.

—Pero se trata de jugar un poco también, ¿no?

—Eh…, sí.

—Porque ¿si no…? “Cosas disparatadas” me sonó a diversión.

—No, cosas disparatadas en el sentido de desatinadas. Es decir: “Uy, estoy disperso, me tengo que poder meter en esto”. Y al meterme, por ahí la pifio, porque ya estaba bien, no había que hacer un esfuerzo demasiado grande.

—Bueno, sos humano también.

—Es como “no aclares, que oscurece”; “no hagas un esfuerzo demasiado grande”; “dejá que fluya, dejá que ocurra”. Y en eso está el juego también: en dejar que ocurra.

—Una pregunta rara, quizás.

—A ver…

—¿Hay alguna nota o algún acorde musical que vos sientas que te sale naturalmente, por ejemplo cuando estás tarareando, o que suele suceder en las composiciones?

—Excelente pregunta. Una vez nos pusimos con Charly García a pensar qué nota éramos cada uno. Creo que en ese momento yo le dije que era Fa# . Pero Fa# en la tonalidad de Re, que no es lo mismo.

—A mí me fascina una nota que no sé cuál es. En la frase “en medio de las lluvias del invierno”, la “u”, ¿qué nota es?

—A ver. Mi.

—¿Y es la misma “para quien busca una respuesta”, la u de “busca”.

—Sí.

—Esa suena tan a Pedro Aznar para mí.

—¿Cómo?

—Me suena tan a Pedro Aznar.

—Ah, creí que decías “suena ‘tana’ ”, de italiana [se ríe con ganas]. Habría sido genial [carcajada]. Tana, como Rossini, Puccini.

—¿Vos decís que sos Fa#?

—Sí. No sé. Lo dije hace muchos años. No sé ahora. Pero Fa# en la tonalidad de Re. Porque a pesar de que en el sistema temperado lo que se hizo fue que todas las distancias de las notas son iguales para que se pueda modular a cualquier lado para que todo suene siempre…, en realidad, en la afinación natural, que es la que hace por ejemplo un grupo de violinistas tocando juntos, no están a las mismas distancias, entonces el Fa# cuando se toca en la tonalidad de Re no es lo mismo que el Fa# cuando se toca en la tonalidad de Si, ni el Fa# de cuando se toca en Fa#. Es un poquito distinto y tiene una brillantez diferente. Entonces el Fa# que sería, es el Fa# de la tonalidad de Re.

—¿Y eso trae algo consigo? ¿Alguna emoción? Alguna descripción de “por tal cosa”, ¿o no?

—Yo creo que es una nota eléctrica. Es vibrante, es… luminosa. Pero con una luz eléctrica. Cálida pero eléctrica.

—¿Me podrías contar algo de cómo fue esa composición de “Tu Amor” con Charly García?

—[Se ríe con ganas] Empezó con él diciendo: “Hagamos un tema que diga ‘oh, oh, oh’, porque es buenísimo, después todo el mundo lo canta” [carcajada].

—No te puedo creer [risas].

Foto: Federico Meneses

Foto: Federico Meneses

 

—Y no se equivocó. Qué genial. Gran arquitecto de canciones. Gran arquitecto.

—Fascinante. Ese tema es una maravilla. Y “Mientes” es otro, que va a durar por los siglos de los siglos. Ese también lo hicieron juntos, ¿no?

—Mientes es más un tema mío. Yo lo había escrito originalmente en inglés, porque era una cosa medio Beatles, medio Shakers, y después hicimos juntos la versión en castellano. O sea que fue como versionar un tema en inglés de otros.

—Y, Pedro, ¿qué te hace traducir canciones al castellano?

—Lo hago cuando me parece que pueden vivir bien y cómodamente en nuestro idioma. Y las que me parece que no, no me meto. No todas las canciones se llevan bien.

—¿Hacer esas traducciones te es fácil o te da trabajo? Porque quedan maravillosas.

—A veces dan trabajo. Hay que estar buscando una palabra una semana. Pero la mayoría de las veces no. Es fluido. Yo como escritor soy rápido y no me doy demasiado tiempo; no me gusta detenerme demasiado tiempo en la re-escritura. Soy más espontáneo. Después lo miro, lo reviso un poquito… por ahí al día siguiente digo: “Ah, sí, esto no me gustaba del todo como quedó; ya sé cómo es”. Tic, tic, tic, cambio dos cosas de lugar y arrancó, ya está. Por ahí hago un cambio, dos. Pero no soy de esos escritores que van y reescriben, trabajosamente. No, a mí me gusta lo que sale “pim”, así. Porque además soy como adicto a la adrenalina esa de terminar de escribir algo. Es maravilloso. Ahí pasa algo. El momento de plasmar la creación de una obra artística, cuando está ahí, puesta sobre la mesa, y te mira, y lo leés, y decís: “Sí, señor, esto está bien”. Eso es un éxtasis maravilloso.

—¿Hay muchos temas que no mostrás? Porque con lo que acabás de decir te imagino muy prolífico.

—No, no soy tan prolífico. Y lo que no muestro se quedó en el camino y difícilmente vuelvo sobre algo que lo dejé por la mitad. Si lo dejé por la mitad, siento que por alguna razón se quedó ahí. Y tiene que ver con esto de la espontaneidad, de buscar lo que sale fluido y lo que ya es. Entonces siempre priorizo eso. Lo que se quedó en el camino es porque, precisamente, no está terminado.

—¿Querés contarnos algo de lo que podemos esperar para el show del miércoles?

—Sí. Voy a presentar los mejores momentos de “Mil noches y un instante”, que es mi último disco. Que es también así, en formato unipersonal y se grabó en vivo. Voy a estrenar algunas cosas mías nuevas, como este tango que hicimos con Horacio, va a haber clásicos, por supuesto, y también música de otros autores que incorporé recién este año al repertorio. Así que va a haber varias sorpresitas. Es un show largo, como de dos horas.

—¿Estás trabajando en un disco nuevo, ya?

—Estoy ya componiendo, sí, para un disco nuevo.

—Bueno, mucha suerte.

—Muchas gracias.

 

Entrevistadora: Patricia Schiavone

Hildegard von Bingen (segunda versión)

El 18 de octubre del año pasado (2014) escribí una entrada sobre Hildegard, completamente a las apuradas, pues me vino la ansiedad de compartir el descubrimiento que era muy reciente. Hoy tengo ganas de re-escribir esa entrada pero con algunos datos más que he ido recogiendo y confirmando.

Como conté antes, fue gracias a las piedras semipreciosas que llegué a saber de la existencia de Hildegard von Bingen, pues la persona que me vende las piedras me la mencionó con tal fascinación, que salí volando a buscar más datos.

Hildegard vivió en Alemania entre 1098 y 1179. Fue entregada por sus padres a un claustro como una ofrenda al señor. El claustro donde creció era mixto y Hildegard fue una rebelde, con deseo de aprender, deseo de sanar, voluntad y carisma.

Además de ser una adelantada en su concepción de género, fue una mujer super culta, con muchísima iniciativa, y con una sensibilidad especial. Desde chica tuvo visiones que incidieron en que su vida estuviese dedicada a la religión y completa de misticismo. Veía luces y oía voces que le indicaban qué hacer en algunas circunstancias. Estaba convencida de que esas voces provenían de Dios y escuchando esas voces fue que escribió muchísima música y escritos. Pero claro, no podía contarlo, pues la iban a tildar de loca. Por lo tanto se cuidó mucho de decirlo. Tuvo un compañero de claustro que fue su gran amigo y confidente con quien habló de estas visiones y posteriormente llegó a compartirlo con personas de influencia de la época que inclusive la apoyaron para abrir un claustro únicamente de mujeres e irse del claustro mixto donde había pasado buena parte de su vida. La razón por la que decidió esto fue que estaba en desacuerdo con el trato que recibían las mujeres, y algunas veces el abuso hacia ellas.

Estudió y experimentó mucho tanto con hierbas como con cristales y llegó un momento en que la gente viajaba desde lugares lejanos para ser atendida por Hildegard von Bingen.

Dejó como legado varios escritos. El más famoso es Physica, un libro donde habla, entre otras cosas, de los efectos sanadores de algunos cristales. Sin embargo, al parecer, hay dudas de cuánto del original tienen las diferentes versiones de Physica que se vienen comercializando desde el siglo 14 y 15 .

Scivias es el primero de tres libros ilustrados que Hildegard escribió narrando sus visiones. Tiene 600 páginas y 35 ilustraciones hechas por ella. En la primera parte cuenta cómo se le solicitó que escribiera el libro.

La siguiente imagen muestra a Hildegard recibiendo información de Dios, dictándole a Volmar (ella no sabía, o le daba mucho trabajo escribir) y haciendo un dibujo en una tabla de cera.

Hildegard_von_Bingen

Tengo entendido que las pinturas eran de tamaño pequeño, pero miren cuánto detalle.

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Hildegard consideraba que la música acercaba a la gente a Dios. Compuso 77 obras, que se cantaban en misa, para Dios. De ellas hoy obviamente conocemos solo interpretaciones, pero escuchando unas y otras tienen a mi parecer una impronta diferente, por lo cual espero que esas interpretaciones sean bastante fieles a la intención original de la autora. Se las recomiendo para todo: para despertarse y no perder la conexión con lo divino; para avanzar en el día y mantenerse bien plantado; para meditar; para trabajar; para prepararse para el descanso. Yo también la uso para pasar reiki.

El efecto que siento que esta música tiene sobre mí es ayudarme a centrarme en lo que quiero, pero no desde el cerebro, sino desde el corazón. Si respiro hondo escuchando esta música, siento que todos mis chakras se alinean y me acerco muchísimo a mi conciencia. Es muy difícil sentir lo que siento y no pensar que Hildegard tenía razón con sus creencias al respecto de que esta música acercaba a Dios.

Si buscan por su nombre en los servidores de torrents, encontrarán algunas cosas. También en Youtube hay varias. Les dejo el vínculo a la lista de reproducción que me he hecho en este tiempo. Para mí es esa música que me acomoda esté como esté, y que me acompaña bien cualquier estado emocional que pueda estar viviendo. Y si la pongo a cierto volumen (más bien alto) siento que me cambia la vibración para bien, de manera muy rápida y se siente bonito. Ah, mis gatos también la disfrutan.

Lista de Reprod. Hildegard von Bingen

On it I saw a light shining through the air and in a miraculous way heard manifold sounds coming out of it. It was hymns of praise for the ones living in heaven (…)“.

Repito el párrafo que había copiado de algún blog el año pasado, pues está jugoso:

From a letter to the prelates of Mainz, who declared the interdict on the monastery on the Ruperstberg in 1178, we learn the important role music played for Hildegard in the overall context of her theology: Before the Original Sin, it was possible for the people to participate in the praise of God by the angels. Only the prophets got back some of the knowledge that had then been lost. With the songs and the sound of their instruments, the people should be instructed and motivated to lead a life pleasing to God. From then, the devil made every effort to prevent the hymns of praise for God. He was deeply concerned about the regained ability of people to sing, because the hymns would come from the Holy Spirit and would be the echo of heavenly harmony.
Within the musical work of Hildegard, the Singspiel Ordo virtutum held a special status. It has the form of a sung liturgical drama: Similar to the Liber Vitae Meritorum, the virtues fight against the devil and his machinations for the souls of the people. As the harmony of music is always aimed at praising God, the devil is only able to produce arrhythmic noise in this play. Hildegard and her nuns probably performed this play at church feasts on the Rupertsberg and in Eibingen.
The liturgical songs Hildegard composed, were sung during mass or the horary prayer, as we know through Guibert: „These liturgical songs that were composed for praising God and for honouring the saints, are publicly performed in church.“ Whether she first wrote the texts and later composed the melodies, which were written in neumes, an ancient form of musical notation, or whether she composed both at the same time, was not handed down. It also cannot be said with any conviction today how the music really sounded during Hildegard’s time. Today’s versions of the songs can only be similar to a limited extent.

Ahora sí estoy en condiciones de confirmar que la música de Hildegard limpia energéticamente a los cristales. Mi Ametrino adora la música de Hildegard y brilla más cada vez que lo expongo a esta música por unas horas.

Les recomiendo la película “La visión”. Está bien interesante porque viéndola uno comprende mucho mejor todo lo que vivió esta mujer y lo sorprendente, inteligente y valiente que fue. (Esas eran feministas, no como las de ahora, jeje).

En mayo de 2012 el Papa Benedicto XVI la canonizó (tuvo que esperar un poco la mujer para obtener reconocimiento de la iglesia, pero supongo que donde está no tiene problemas con la paciencia).

Maravilla que existan este tipo de seres en el mundo.

Gracias, Hildegard.

Una canción y un músico resonando y multiplicándose en muchos corazones

Hace un par de días que me pegó muy fuerte esa conciencia de la abundancia de músicos impresionantes que tenemos en este paisito. He recorrido muchas músicas, muchos autores, y hoy, por alguna razón, no puedo parar de escuchar esta canción en particular, composición de Eduardo Mateo. Anduve visitando versiones, y se me antojó una buena idea compartirlas, por si a alguien también lo puede hacer vibrar. Por lo que se ve de la cantidad de versiones disponibles, parece que no soy la única a la que le gusta. He aquí apenas una muestrita de todas las versiones que andan por ahí.

 

Diane Denoir y Eduardo Mateo

Mateo x seis

Hugo Fattoruso y Juliano Barreto

Edu “Pitufo” Lombardo

Álvaro Fenocchi

Fernando Cabrera y Javier Malosetti

Triple Nelson

Mio Matsuda y Hugo Fattoruso

Ruben Rada

Hugo Fattoruso

Sandra Mihanovich

Como por acá somos varios los que amamos a Keith Jarrett, les dejo esta joyita: Eduardo Mateo tocando percusión encima de Keith Jarrett:

Eduardo Mateo haciéndole la percu a Keith Jarrett

Si andan con ganas, vean este programa especial sobre Eduardo Mateo:

Programa Eduardo Mateo

En esta entrada de Wikipedia hay mucho dato, bien interesante. Les recomiendo leerla: https://es.wikipedia.org/wiki/Eduardo_Mateo

Supe tener mis (pocos) encuentros callejeros con él. Los diálogos eran un viaje. Creo que ya les conté en algún momento (pero en otro blog) de la vez en que yo cruzaba la Plaza Independencia bajo lluvia torrencial y él estaba parado en medio de la plaza. Me acerqué y le ofrecí acompañarlo con mi paraguas y me miró como si yo fuera extraterrestre. “¡Estoy sintiendo la lluvia!”, me dijo con cara de asombro de que yo no estuviese haciendo lo mismo. Ese día no podía pararme con él, porque andaba en vueltas laborales, pero pocos días después me paré bajo la lluvia a sentir algo que no había sentido en mucho tiempo. He aquí esta fotito que me recuerda que todo eso sucedió.

Con Mateo

Quién pudiera hoy charlar con ese ser.