Exaltación musical con Taddei e Ibarburu

Primero aclaro: Hoy necesito exorcisar un poco la locura. O sea, esto será desordenado. Es que a la locura no se la exorcisa con orden, amigos míos. Además, hoy pinta no mendigar libertad sino tomarla.

 

LPM, ¡qué genio que es NICO IBARBURU!!!!!!

Ustedes dirán: “¿Recién te das cuenta?”
Y les responderé: “No, no… pero de alguna manera, sí”. Porque lo de hoy fue diferente… al menos adentro mío.

¡El corazón casi me explota hoy con Nico! Escucharlo hoy fue algo MUY mágico.

Alternó temas instrumentales con temas cantados de una forma tan bien sentipensada que sucedió orgánico, fluido, cómodo y tremendamente emocionante… con momentos de éxtasis absoluto, durante los cuales deseé ser argentina y pertenecer a un público un poco más participativo. Y eso que yo siempre agradezco ser uruguaya y pertenecer a un público silencioso y atento. Pero hoy… hoy fue hoy y hubiese querido oír a toda la platea cantando “Si te escucho cantar” y “Mapa Tesoro”, o a todos haciendo la clave de candombe que solo nos animamos 3 o 4, y despacito, a desembuchar. Es que sépanlo: hay veces que participar de la gozadera en forma activa es una cuestión de vida o muerte. Si todavía no les ha tocado esa emoción desbocada, les faltan unos cuantos shows musicales por ir a ver o algunos cerrojos internos que abrir.

Este musicazo increíble, que tenemos la suerte demencial de poder escuchar en vivo en este paisito, hoy se mandó el mejor show que yo haya visto de él desde que empezó a cantar en vivo. Alineadísimo, gozándose la vida, nos deleitó con una voz duuuuuuulce a más no poder, con una ternura infinita, y con una cualidad de sonido de voz que se zarpó de hermosura.

Pero a ver, ustedes que no estuvieron ahí, déjenme ver si puedo explicarles esto: ¿Vieron que Nico siempre fue un genio absoluto con la guitarra? Pero genio, genio, posta, de veras, de esos que no hay dos iguales. Imagínense un toque en el que todo el tiempo había un balance perfecto de su canto, realmente mágico, conmovedor y deconstructor de almas, con pasajes insólitamente geniales y maravillosos en la guitarra. La emoción solo aumentaba. Y cuando creías que ya no dabas más, aumentaba más todavía. De pronto cantaba y sentías que el amor era demasiado. Y cuando estabas en medio de esa operación cardíaca, él agarraba carretera con el guitarrón o la guitarra eléctrica y fa, en serio, ¡muy fuerte!

¡¡¡El PRI-VI-LE-GIO que tenemos de poder verlo en vivo!!! Es uno de los grandes regalos de haber nacido en este país y vivir en este tiempo. De verdad. Yo lo vivo así.

Otra cosa muy impresionante de esta noche en El Solís fue que ¡en una noche vimos y escuchamos a los dos mejores bateristas uruguayos!!!!! Gustavo Cheche Etchenique y Martín Ibarburu. ¿Cómo se sobrevive a esa emoción? No muy bien; ya se estarán dando cuenta.

El gigante de Martín Ibarburu. Martín me hace feliz cuando lo oigo tocar. Es como si él tuviera la llave de mi centro cardíaco con sus ritmos y con su redoblante. Y con sus platos, y su tom de pie. Hasta hace unos años la felicidad para mí era un helado de dulce de leche. Ahora la felicidad es, sin lugar a dudas, escuchar en vivo a Martín tocando la batería. Listo. Todo el resto del mundo se puede autodestruir y a mí no me importa nada si Martín está tocando. Hoy, para variar, hizo lo que quiso con su instrumento. Hoy me llamó mucho la atención, además, su especial cuidado, todo el tiempo, de no tener nada de protagonismo [que con algunos seres de la audiencia es bastante imposible que lo logre] y para apoyar al hecho musical fenomenal que estaba pasando ahí. Su pulcritud y perfección son casi indecentes. El buen gusto y la flexibilidad para atravesar fronteras musicales son para pellizcarse infinitas veces. Hoy, por ejemplo, volvió a hacer eso de tocar en un mismo tema algo que tenés que catalogarlo de candombe, jazz, pop y folclore, todo a la vez, y que suene formidable. Nadie sabe cómo logra lo que hace. Estamos los que lagrimeamos escuchándolo, porque emociona más de lo sostenible sin algún tipo de liberación.

En el piano, Manuel Contrera, que es maravilloso. Ya saben que yo no puedo discernir como para contarles qué hace, pero lo que sí noto es que su elección de notas no es la típica… te lleva a lugares que otros no te llevan, y eso está buenísimo. Lo que sí puedo identificar es que tiene ese no sé qué de la nueva generación de músicos grossos. Hay algo que seguramente sea una elección de determinados intervalos y vaya Dios a saber qué, que insólitamente los identifica. Una escucha sin saber quién es y puede fácilmente decir: tiene menos de 30 años. Y por suerte eligió tocar el piano de cola del Solís, que amamos tanto. La participación del piano en ese todo pulsante, es un ingrediente que hace que toda la música sea más cercana y más íntima.

Fernando “Pomo” Vera es un músico que me intriga pila y algún día espero poder escuchar separado del resto de los otros instrumentos. Elige un registro que a mis oídos un poco les cuesta escucharlo… simplemente porque se ve que soy medio sorda de esa frecuencia, y vaya si lo lamento. Pero pongo un esfuerzo importante para identificarlo y lo logro la mayoría del tiempo. Cuando lo escucho bien, ¡me dan unas ganas de subirle el volumen que no puedo explicarles! Lo que toca es buenísimo, groovero a más no poder y con la misma impronta anímica de los Ibarburu, con todo ese aire entre notas, con toda esa comodidad con la que tocan ellos y hacen su magia. Se nota además que con Martín se llevan impresionante musicalmente… como que se adivinan uno al otro, y entonces se da esa química que cuando sucede en una base rítmica lleva al tren con maestría.

Para cerrar, dos veces el público se puso de pie para aplaudir a Nicolás, Martín, Pomo y Manuel. Dos veces. Eso en Uruguay significa mucho.

 

En este desbarajuste exorcístico en el que ando hoy, voy a terminar contándoles sobre la primera parte del toque: ROSSANA TADDEI y su banda. No, no es una crónica, es un relato desordenado. Un compartir de algarabía. Un saltar regocijada por la maravilla de show al que tuve el buen tino de ir.

Inicio del show: Un ritmo de rock y Rossana de espaldas al público en actitud rockera a full. Y ahí arranca, esta monstruita increíble, esta capa del arte del escenario.

Hoy más que nunca, quizás por la charla que habíamos tenido pocos días atrás, noté cómo su atención estaba en cada momento, en cada detalle, en cada músico, en cada movimiento suyo. Si fuera algo completamente preparado, el asombro sería total. Siendo que es algo no tan preparado y más improvisado, una no da crédito. Y a la vez se divierte estrepitosamente, e improvisa magias de todo tipo.  ¿Cómo hace? Y bueno, siendo ella y con sus dotes artísticas despegadas.

Rossana tiene tremenda comodidad para cantar cualquier cosa y un dominio rítmico apabullante. Y ella juega y se divierte. Y juega y se divierte más, y más, y más.

Vestida de rockera sexy (muy sexy), mostrando sus impresionantes piernas largas, con medias de gata y una minifalda de cuero negra, embrujó durante todo el show, demostrando que el rol de la mujer encima de un escenario es exactamente el que esa mujer quiere que sea. En este caso yo la interpreté poderosa y seductora, inteligente y muy atractiva, tremenda música, tremenda compositora, tremenda cantante y tremenda artista, con todas las letras.

Los temas “Fábrica” y “Destellos”, que me intrigaban, me parecieron geniales. La letra de “Fábrica” es brutal. Es que esta mujer tiene todo lo que un artista desearía tener: comodidad total en el escenario; diálogo fluido con el público; se va hacia los graves y agudos como quien se toma un vaso de agua; su timbre de voz que te envuelve y hechiza; su movilidad en el escenario; interactúa de manera relevante con los otros músicos; sus letras son obras de arte en sí mismas; sus musicalizaciones son originalísimas y maravillosas. Y encima es simpática y divertida, y se le ocurre chivear con la voz en el momento más inesperado… y eso hace bien. Te abre una puertita a que tú también te tomes libertades y disfrutes de la vida.

¡Rossana también tiene una banda de genios, de capos, de músicos cracks!

Para arrancar, tiene a Cheche, que no es de este planeta, y que es de los mejores bateristas que un cantante puede tener, porque está realmente por dentro del canto, de la letra, de la intención profunda del asunto. El gigante de Cheche Etchenique tiene esa habilidad, que no todos los bateristas tienen, de hacerte bailar [bueno, somos uruguayos y estábamos pegados con Novopren a las butacas, así que en vez de bailar como era debido, ahí estábamos cabeceando, moviendo las piernas, los dedos, las manos y hasta los dientes… pero no bailamos… ¡grrrr!]. Retomo. Decía, si le ponés atención a la batería, Cheche tiene gran parte de la responsabilidad de que tengas muchas ganas de saltar de la butaca. Él con sus miles de subdivisiones, su habilidad para tocar una música integral, completa, entera, íntegra, redondita en la batería, su relojito bestial, su sensibilidad infinita… sus patrones delicatessen, tan melódicos como rítmicos, su rock and roll apabullante, su candombe intravenoso… Cheche, ¡que es uno de los dos mejores bateristas de este país! [por no decir “del mundo”, que siento que lo es también… pero ahí me van a decir que soy una exagerada y no… aquí estoy mostrándoles mi siempre cabal mesura y centramiento a la hora de escuchar música] le puso a la noche eso que sólo él sabe. Porque los musicazos de este calibre aportan una impronta tan personal que no es reproducible, que va por un carril completamente distinto que su dominio técnico. Sí lo que logra hacer tiene todo que ver con su conocimiento musical, ese que hace que él sea parte profunda e importante de cualquier canción en la que participe. Pero hay un plus, una cosa personal, que es lo que hace que te emocione tanto escucharlo. Es una de esas antenas que te conectan con la divinidad. Solo queda hacerle reverencias cada vez que una se lo cruce.

Para seguir, cuenta con Santiago Montoro, que le puso tantísimo rock, finura y sabores exquisitos a los temas. El sonido de Santiago mata. Sus notas matan. Su alegría en el escenario mata. Su capacidad para meter 2 notas en el ángulo o despacharse con tremendo solo gozado mata. Al igual que Manuel Contrera, tengo la impresión de que sus elecciones musicales son distintas, inteligentes, muy muy interesantes [si supiera de notas, podría quizás contarles más, pero no sé].

Luego, a Alejandro Moya. Hoy se sentía notoriamente la complicidad, musical y también humana, de Moya con todos los músicos. Sus líneas de bajo dicen muchas cosas, cuentan historias con muchos personajes, arman una base sobre la cual es imposible decir bobadas y solo queda generar algo valioso y significativo.

El otro integrante de la banda, Gastón Ackermann, desde mi punto de vista hoy jugó un papel primordial con la trompeta. Tocó el teclado, pero me resultó difícil escucharlo pues el volumen no estaba muy bien balanceado, al menos desde donde yo estaba sentada. La trompeta fue esencial para darle al show de Rossana un matiz de carácter atrapante, sólido, con un cuerpo especial, de madurez y decisión.  Además, la textura del sonido de la trompeta combinaba perfectamente con la textura de la voz de Rossana. Había una amalgama mágica entre esos dos sonidos. Nota: se mandó un solo absolutamente espectacular, que no aplaudimos mucho solo por no romper el hechizo. [Ah, déjenme decir que a Cheche lo aplaudieron por un solo pero a Cheche habría que haberlo aplaudido también por todos los contratiempos, por los hi-hats de sonido mágico, por los fills aplanadores, por los patrones de métrica insondable… y por todo lo demás].

En fin… esto no iba a ser una reseña. De alguna manera no lo fue y fue más un exorcismo. Y como no lo fue, puedo darme el gustito de mandarles ¡abrazos gozados!!!

 

Fotos: Ivonne Morales

 

 

 

 

 

 

“Cada escenario es como un nuevo juego”. Entrevista a Rossana Taddei.

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¿Cómo surge este toque del Solís? ¿Tenés algún propósito especial para este show?

Este Solís surge de una manera muy sorpresiva, porque nos avisan en enero que disponemos de la sala para hacer el concierto que corresponde al Fortalecimiento de las Artes. Inclusive la idea es que todos los que nos hemos anotado para el Fortalecimiento para este año podamos hacer los conciertos antes del segundo llamado, que se hará este año. Así es que construyen esta modalidad, que me parece súper linda, que es la de las duplas. Por eso tuve esta gran suerte y alegría de que me tocara compartir escenario con Nico.

Como me enteré en enero, la información casi que me está cayendo ahora, inclusive cuando charlo contigo, y voy tomando conciencia rápidamente de que en febrero vamos a estar haciendo un Solís. Cuando en realidad a un Solís uno lo prepara con un año de anticipación. Ya tocamos dos veces ahí y tenés que pedir la sala y tener también la suerte de que justo haya disponibilidad e interés por parte de la programación en tu espectáculo. Entonces, que te la ofrezcan para el programa de Fortalecimiento de las Artes es como algo que cae del cielo de golpe, y que no te da mucho tiempo para toda la maquinaria de difundir, generar muchas entrevistas, o lo que sea para poder llenar esta sala. Me lo estoy tomando con muchísimo relax, como que es una fiesta, un encuentro con Nico y con la banda. Es un hermoso regalo, en una de las salas más lindas de Uruguay. En ese contexto vamos a estar tocando con la banda: Cheche en la batería, Alejandro Moya en el bajo, Santiago Montoro en la guitarra y Gastón Ackermann en trompeta y teclados. Al disco “Cuerpo Eléctrico” lo grabamos con dos guitarristas: con Santiago Montoro y con Alejandro “Cubano” Reyes, y vamos alternando en los shows en vivo, según su disponibilidad.

Seguimos presentando nuestro disco “Cuerpo Eléctrico”. Voy a disfrutar nuevamente de presentar las canciones del nuevo disco y algunas canciones del disco anterior, “Semillas”. Estos discos salieron muy cerca uno del otro y siguen coexistiendo, porque nos sigue emocionando tocar canciones del disco anterior que es muy fresco, y obviamente estamos con toda la energía para el disco nuevo.

¿Cuándo dejás de cantar una canción? ¿Cuando te deja de emocionar?

Sí, pero es difícil que ocurra. Salvo que uno haya cambiado mucho en su paisaje interno, como para que la canción ya no te emocione. Si son canciones de mi autoría, sucede que a veces no las siento en un momento determinado. Porque es un sentimiento muy puntual en el que deambula la poesía, o temática, o el texto, y a veces pasan los años y uno cambió tanto que se aleja de determinadas palabras, sensaciones, emociones.

¿Has, por ejemplo, reconstruido canciones viejas?

Sí, y a veces las modifico en el vivo. O canciones que están en construcción, se terminan de construir en el vivo. Me gusta el desafío o la adrenalina que genera eso. No ir con todo pronto. Es decir, tenés un repertorio que repetís, porque hay una médula de los conciertos que es un repertorio que vengo cantando hace muchos años, ¿verdad? pero dentro de ese concierto lo que mantiene la llama encendida es incorporar cosas nuevas, mías o de otros autores que nos gusta versionar, o a veces hacer directamente covers. O sea, tocar el tema entero como es. Eso me está pasando ahora con un tema de Gustavo Cerati, el tema “Magia”. Con esta canción me estoy sintiendo en una aventura nueva que es sacar el tema tal cual es. En general yo los saco como son pero rápidamente les busco una versión. En este estoy tratando de seguirlo porque me encanta el tema. En mi disco anterior hay otro tema de Cerati, “Cactus”. Hace un par de años que vengo escuchándolo mucho y profundizando en sus letras. Me conmueve mucho su música.

De las canciones que ya no me emocionan lo que me pasa es que o las reversiono, y trato de modificarles alguna cosa que me rechina, o le cambio la estructura, o le agrego una cita, por ejemplo. Pero no me pasa que haya canciones que dejé de tocar y no tocaría nunca. En general a las que fueron grabadas les conservo mucho afecto.

Cuando uno te ve en el escenario da la sensación de que sos una mujer completamente libre, que no permitís que las cosas te limiten. ¿Es tan así?

En el territorio escenario, territorio de arte, sí. Me nace funcionar de esa manera, y me gusta. Es un sitio también que transito desde muy niña. Empecé a los ocho años. Y creo que a los nueve tuve la primera aparición con un grupo frente a un público muy numeroso y en familia. Es como un territorio familiar. No me asusta, no es como el que llega a estas tareas con miedo, o más grande. Nunca tuve la oportunidad de poder sentir ese miedo que te puede paralizar o una de esas experiencias que te pueden traumatizar en los comienzos. Es un lugar que ya lo habito desde la libertad, desde la conexión con la niña, y me siento muy segura en ese espacio. Pienso que a muchos actores del palo del teatro les pasa, dentro de ese contexto, que es ese espacio en el que vos te podés permitir todo lo que tenés ganas de hacer.

Es cierto que siempre hay un observar la platea. Es como si hubieran varios hilitos conectando entre lo que estás haciendo, que es de un plano ligado a lo emocional y la energía, intangible, y la audiencia. Hay momentos de gran conexión en los que puedo llegar a decir: “Pah, estoy sintiendo a toda esta platea”. Hay como una medida de hasta dónde vos podés soltar toda esa libertad, para que haya un equilibrio y no haya una desmesura. Es un juego difícil de expresar con palabras porque ocurre en ese plano invisible. Entonces cada escenario es como un nuevo juego, una nueva experiencia. Pero siempre es desde ese lugar de disfrutar.

Si las condiciones técnicas son buenísimas, la posibilidad de improvisar y jugar en ese plano que estamos hablando se amplifican. Porque estás haciendo de canal entre la música y el otro que la recibe, que es un hecho de entrega, de amor, de energía a través de la música. Y si tenés todas las condiciones a favor (por poner un ejemplo, buen retorno, o sea que te escuchás bien), estás calmo a nivel técnico, en el otro plano de realizar tu acción artística estás mucho más libre y abierto que si no tenés eso. También influye si alguien de la banda no está bien. Son muchísimas piezas y cuanto mejor está todo, mucho mejor. Inclusive influye la disposición y apertura del público.

Si tuvieras que definir cuánto porcentaje de tu atención está en el público, en las letras y la guitarra, y en los demás músicos, ¿cuánto sería?

Va alternando y es algo que sucede. No es que yo ponga intención. Mi única acción es estar atenta a eso, abriendo los canales. Y los canales van pasando según los momentos. Presto mucha atención, sí, a cómo está el equipo. Por eso el dúo funciona con tanta fluidez, porque son dos personas. Cuando son tres ya son más almas ahí. Cuanto más grande es el marco quizás yo estoy más repartida en la atención. A veces pienso que debería cortar esos canales pero no podés, porque es un hecho colectivo, y vos estás al timón, porque estás manejando el barquito, pero estás pensando hasta qué está haciendo el iluminador.

¡Siempre me pregunté si los músicos eran conscientes de lo que hacía el iluminador!

Sí, con los años se van abriendo más canales. En el primer concierto te diré que no sabía ni que había un iluminador, obviamente. Pero a medida que vas avanzando vas entendiendo que aquello es un colectivo y que no termina donde estás parado. Es un colectivo que tiene muchas ramificaciones. Y a ese colectivo se le suma la platea. O sea, el hecho de la música en vivo reúne un montón de partes. Y cuando todas están en su mejor momento, es “aquel concierto”. Esas cosas suceden.

Bueno, sucedió cuando presentamos “Cuerpo Eléctrico” en el Auditorio del Sodre, que es una sala con toda la técnica. El sonido lo hizo Gonzalo Novoa y las luces Claudia Sánchez, que siempre trabajo con ella. Y también proyecciones, que están relacionadas, que sostienen el arte del disco, que las hizo Vika Fleitas.

¿Es cierta la anécdota del colibrí?

Sí, el colibrí entró en nuestro ensayo en casa, y revoloteó y revoloteó hasta que se cansó y se agarró de un tapiz, y se empezó a caer y se desmayó en mi mano. Yo justo había preparado para él un agua con azúcar, pensando en poder asistirlo cuando bajara, y después lo llevé al jardín a ver si libaba alguna de las campanitas que tengo por ahí… pero nada. De a poquito empezó a tomar agua y agarró energía enseguida, porque ellos tienen que tomar cada 20 minutos, porque con el aleteo consumen mucha energía. Ahí ya se recuperó. Y justo estaba Camilo, que sacó fotos, y esas son las fotos del arte del disco.

Al otro día puse un bebedero y vino y siguió viniendo. Esto pasó hace un año y pico ya y a ese bebedero siguen viniendo. No sé si es él, porque después se trajo a otros y se hizo una comunidad.

Nico Ibarburu comentó que compusieron un par de temas juntos.

Sí, son dos temas: “Si se diera” y “Quise todo”. La letra es mía y la música es de Nico. Cuando compusimos “Quise todo” él tocó unas cosas maravillosamente elaboradas, que después cuando yo lo seguí tocando sola lo simplifiqué. Él no tocó en la grabación pero la música es de él. Y claro que cuando la tocaba él tenía mucho más vuelo, porque es una bestia.

¿Ya tocaron juntos en algún show antes?

Sí, tocamos. Lo invité muchas veces. Hubo un momento que tocó bastante conmigo. Tengo el recuerdo de que tocamos en El Notariado presentando un disco; en el disco “Alas de Mariposa” tocaron él y el hermano; y muchas participaciones como invitado en discos. Tengo recuerdos de esos momentos cuando componíamos, tomando tecito de Cedrón.

Soy muy fan de los hermanos. Los voy a ver siempre que puedo. Ahora los acabo de ir a ver a Punta del Este. ¡Te explota el cerebro! Tocan la primera nota y ya estás colgado en una estrella volando, y después bajan del escenario y vos seguís en la estrella y les vas a decir algo y ellos te dicen “Hola, ¿cómo te va?”, como diciendo “no pasa nada”. Y vos estás dando vueltas en el universo. Qué fuerte. Qué belleza.

¿Cuerpo eléctrico qué carácter tiene?

Bueno, es rock and roll. En el 88, después de la dictadura, aparecen todas las bandas de rock and roll. Ese movimiento fue muy intenso y fue lo que yo viví en mi juventud. Nosotros recién veníamos saliendo del folclore y estábamos empezando a componer cosas influenciados también por el rock argentino, y empezamos con la banda Camarón Bombay. A las canciones las componía Claudio. Yo componía pero todavía no me animaba mucho a mostrarlas, y las guardaba. Esa banda era una banda de rock and roll con cierto corte latino. Tenía guitarras con distorsiones, batería rockera, viola con muchos riffs y aquellas congas. Fue la primera banda aquí sonando con esa cosa de caños y latino, tirando para ese lado. Este disco, “Cuerpo eléctrico”, tiene toda esa energía, un volver a, o un fractal, de ese momento. Así que vengo trabajando el homenaje a “Semillas” y a la veta más rockera.

Sucede que donde vivo hace tres años hay mucha paz. En invierno es súper calmo y hay mucho silencio. Y salimos de un “Semillas” que es bastante minimalista en cuanto al concepto. Entonces, empecé a componer con las ganas de hacer un poco más de ruido, con distorsión. Y claro, ya cuando componés con la guitarra eléctrica cambia todo, y con un poquito de distorsión ya empiezan a funcionar los riffs, y melodías un poco más acotadas en cuanto a la tesitura, no jugando mucho ni en graves ni en agudos, y textos que mezclan la ciudad y el entorno más natural.

¿Pintás?

Sí, pinto y hago bordado. Y me gusta comparar estos procesos porque tienen cosas parecidas. Si bien en la música a veces es más difícil entenderlo porque no es tangible. Pero hacés una melodía, que es en el aire y es una energía. Pero cuando lo querés ver o visualizar si esa melodía es un color o un trazo, o una pintura: ¿Qué pintura es? ¿Es un acrílico o un óleo? ¿Es una composición donde tenés que hacer capas y esperar que sequen o es una composición que es un acrílico, que vos lo podés sobrepasar con otro color porque seca muy rápido. O es como un óleo en el que tenés que estar un mes esperando a que seque y ver ¿qué hago con esta letra? ¿La cambio? ¿La conservo? Y pasa todo eso junto, según con qué elemento te ponés a crear. Así, con la guitarra distorsionada y las impresiones y sensaciones, fue saliendo. Pero si agarrás un charanguito, un ukelele, o un xilofón, sale para otro lado.

A mí me gusta esto. Por ejemplo yo no domino el piano pero componiendo con un piano salió “Anémona” que canto con Sarita [Sara Sabah] en el disco, y ese tema no es rockero. Quedó otra cosa, una mezcla que parece un clavicémbalo y una melodía que parece una mezcla de Levrero y Leo Maslíah. A ese tema lo quise incluir porque estuvo en la camada de todos pero la diferencia es que fue parido con un piano.

En el disco además de invitar a Sarita en ese tema, invité a Mandrake Wolf en “Fábrica”, y tengo dos temas en coautoría con el Moya: “Fábrica” y “Destellos”.

En esas dos pasaron cosas muy mágicas. Un día estaba en Facebook mirando muros, que viste que entrás como en un túnel, y termino en el muro de Moya, que me encantan las cosas que publica. Ese día él publicó: “Nuestra mente es como una fábrica abandonada, con recovecos, pasillos y pisos enteros que desconocemos. Nos movemos a tientas con el ritmo permanente de pisar vidrios rotos o caer por la escalera”. Y dije: “¡esto es genial!”. Empecé a escribirlo y después seguí: “Las canciones son flores, lámparas iluminando emociones…” y se arma “Fábrica”. Esos días nos juntamos mucho a tallerear. Entonces llega Moya y le digo: “tengo un tema nuevo, ¿a ver si te gusta? Y arranco. Y me quedó mirando… claro, le sonaba, ¡si lo escribió él! El Moya es como un hermano. Llevamos toda la vida laburando juntos. ¡Él tocó en “Tu luz violeta”!

Con “Destellos”, en una de esas juntadas, él empieza a tocar una línea de bajo. Yo volvía de caminar por la playa y había anotado toda una letra, ¡y coincidió perfecto! Esto me ha pasado en otras coautorías o coproducciones, que lo que toca tu amigo coincide perfectamente con lo que escribiste. Yo piro. Y me emociona mucho. Cuando estás en armonía con el equipo ocurren estos milagros, cosas que parece que se armaran en el inconsciente colectivo.

Con Gustavo Etchenique pasarán esas cosas también, ¿no?

Claro. Con él pasan esas cosas multiplicadas, porque hay un convivir, entonces a nivel inconsciente estamos en contacto.

¿En la convivencia está la música o la música es solo en el estudio y no en el cotidiano?

La música está siempre. Pasa, por ejemplo, que estamos preparando un almuerzo pero estamos hablando de música y de todo lo que tiene que ver con eso. Viste todas las patas que tiene el hecho de ser músico, ¿no? Está la parte donde vos construís un espectáculo, hacés la producción, contactás con quiénes vas a tocar, organizás los horarios de ensayo, las entrevistas, etc. Y al mismo tiempo hay una agenda para el año, que hay que ir organizando. Este año vamos a estar tocando en Santiago de Cuba, en un festival donde vamos a representar con otros colegas a Uruguay, vamos México, luego volvemos, y después, en octubre, nos vamos a París.

 

Como dijo Rossana, “podríamos hablar horas”. Pero en la habitación de al lado la esperaban para ensayar, así que le pusimos un punto final a esa charla que ofrecía muchísimas puntas para seguir intercambiando.

El encuentro musical con Rossana Taddei y Nicolás Ibarburu es el sábado 9 de febrero en el Teatro Solís. Sin lugar a dudas será una fiesta.

 

Foto de portada: gentileza de la producción.

 

Rossana Taddei: ReUnión. Treinta años de música.

Entró Rossana Taddei al escenario, sola con su guitarra, y al sonar la primera nota comenzaron unos de los aplausos más largos que he oído al comienzo de un show. Treinta y cinco segundos de aplausos sostenidos son muestra de que el público que llenó El Solís la aprecia mucho.

La iluminación fue intimista toda la noche. Un escenario casi a media luz nos mantuvo muy atentos a cada sonido que partía desde ahí.

Rossana Taddei

Como les decía, el show arrancó con Rossana sola. Ya desde el comienzo cantó toda una canción haciendo magia con unas luces verdes que movía y hacía desaparecer a la vez que cantaba con una voz super dulce. Rossana para mí representa la conjunción perfecta entre una mujer muy bien plantada en el mundo y una niña traviesa y divertida.

Luego se fueron agregando los diferentes músicos que la fueron acompañando en formato de dúo, trío, cuarteto, quinteto y sexteto: Gustavo Etchenique, Herman Klang, Alejandro Moya, Santiago Montoro y Alejandro “cubano” Reyes.

Como suele hacer, Rossana invitó en varias oportunidades a que participáramos en la creación de sus canciones. La primera invitación fue a chasquear los dedos y crear el sonido de una lluvia de domingo, apasiguada. El resultado del tema “Llueve” fue realmente bonito.

Entre canciones nos regaló, como nos tiene acostumbrados, sus anécdotas disparatadas y alegres, que le dan un dinamismo bien interesante al show.

Fue escuchando “Luz que llega” que me impresionó algo que me sorprendería todo el resto de la noche: Ella canta con total comodidad cualquier tipo de nota a la vez que toca (cada vez mejor) la guitarra. Al mismo tiempo, levanta pierna derecha, levanta pierna izquierda, levanta hombro izquierdo, etc. como señales para que el público produzca sus partes previamente establecidas (por ej., caballos, vacas, gaviotas). Y en otras canciones pone y saca cosas de su baúl mágico, tira papelitos picados, le tira burbujas a Cheché, toca una corneta, toca un timbre, silba como los dioses, etcétera, etcétera. Y está atenta a que si el músico que tenía que entrar está enchufado, o si tiene que presentar a otro… es un disparate de despliegue de gestión, arte, creatividad, musicalidad y humor que hipnotiza.

 

Rossana y Gustavo

 

burbujas

El viaje musical abarcó una cantidad enorme de ritmos y estilos. Hablando desde una perspectiva más cerebral, es admirable el dominio de ritmos tan variados y que todos le suenen tan pero tan hechos a su medida. Hablando desde mi perspectiva completamente personal, cuando el viaje hacía escala en el rock and roll, me resultó monumental. Creo que la primera escala de ese tipo fue con el tema “Prímulas rubias”. No sé por qué diablos ese tema me tocó tanto. Quizás por la anécdota que contó Rossana antes sobre esa canción… no lo sé, pero terminé lagrimeando.

Al sonar “Imposibles” (de Fernando Cabrera), lo que se siente por encima de todo es la libertad extraordinaria que despliega Rossana cantando, en todo: las notas (agudas y graves), los ritmos, las velocidades y los efectos especiales que va metiendo mientras tanto, como ser trompetas cantadas, shakers producidos con la boca y más. Eran otra vez Rossana y Cheche, solos los dos, sonando como si fueran una banda gigante.

La esperanza y la alegría que me llegan a través del tema “Uruguay/Lo dedo negro” son algo impresionante, así como el deleite de escuchar la percusión candombera por parte de Gustavo Etchenique, tan impecable, tan sentida y tan musical. Bien dicen los bateristas que Gustavo tiene un reloj en la cabeza. Qué gustazo fue tener la oportunidad de escuchar unos compases de Gustavo solo, tanto en este tema como al comienzo del siguiente. Él toca y al público se le moviliza todo.

Pero no fue solo Gustavo el que impactó. Cada uno de los otros músicos aportó algo archipersonal a los temas en los que participaron: Alejandro Moya se lució con su bajo toda la noche. Fue un placer escucharlo contribuir como lo hizo a ese todo mágico que fue este show. Tremendo ritmo y muy buen sonido. Herman Klang, desde el teclado, aportó notas magníficas que generaron en más de una ocasión un clima atrapante. Santiago Montoro siempre me llama mucho la atención tocando con Rossana porque lo que él toca le da una polenta estupenda pero con gran personalidad musical. Anoche, además, colaboró con unos coros geniales en un par de temas. La voz de él con la de Rossana queda buenísima. Y el aporte de Alejandro “cubano” Reyes es monumental por donde se lo mire, o mejor dicho, se lo escuche: rock and roll a tope y con un buen gusto sublime. Desde acá me saco el sombrero porque todos los músicos se pasaron anoche. Temas como “La Celestina” fueron fantásticos, donde a pesar de haber mucha nota de varios músicos, cada una tenía su razón de ser, su lugar, su magia.

Alejandro “cubano” Reyes, Santiago Montoro y Alejandro Moya.

 

Herman Klang

La ruta polifacética recorrió temas de los diferentes discos y etapas y nos mantuvo a todos atentísimos todo el tiempo. En mi opinión, la experiencia de treinta años de música quedan evidenciados en dos aspectos: la soltura y libertad de la que hablé más arriba para jugar con las notas que se le antoja y con toda la parafernalia extramusical y por otro lado la sabiduría de elegir solamente los sonidos y notas que realmente aportan a la música y ni uno más. Eso es algo que suele no suceder en los comienzos de la carrera de un artista y que hacen una gran diferencia en el efecto general de un toque.

Su musicalización de poemas me resulta una genialidad importante. Los poemas de Humberto Megget transformados en canciones, por ejemplo, son brillantes. Es muy misterioso que ella juega con sus sonidos extraños y una los recibe como una sucesión lógica de acontecimientos musicales. La guitarra de “cubano” Reyes en “Legión de girasoles” fue algo de alquilar balcones. Si recuerdo bien, fue en ese tema que Rossana se acostó en el piso a gozarse con esas notas. Fue un deleite.

Estuvo presente Teresa, claro. Acompañada por Herman, Rossana cantó tremenda canción lírica a la vez que manejaba al títere. Son esas cosas suyas que te dejan helada.

Más adelante sucedió algo hermoso: desde el público, con un micrófono que alguien le acercó, su mamá cantó con ella el tango Cambalache. Fa. ¡Qué preciosa la voz de su mamá! ¡Muy bueno estuvo eso! Me dieron ganas de un día verlas juntas en el escenario.

Pocos temas después Rossana y sus músicos se despidieron diciendo que nos esperan encontrar el 4 y 5 de setiembre en el Tartamudo. Así que ya saben… si alguien se perdió este show, puede ir agendando, cosa que de corazón le recomiendo. Rossana es una artista como pocas y tiene la buena costumbre de estar acompañada por músicos excelentes. Todo en sus shows es disfrutable, todo.

Esta crónica fue escrita para Cooltivarte.com, a quienes les agradezco la confianza que depositan en mí para narrar las maravillas musicales que pasan en esta ciudad.

Todas las fotos que aparecen en esta crónica son de Ivonne Morales (Jáibon Fotografía).

MINIMALmambo en Lalá café con libros

MINIMALmambo en Lalá café con libros

 

Foto: Ivonne Morales y Agustín Cuervo

Foto: Ivonne Morales

 

Noche ventosa pero estrellada a más no poder. ¿Que eso no es antagónico? Puede ser, pero a mí me sorprendió que ese viento no trajese nubes.

Lalá café con libros es uno de los rinconcitos encantadores de esta ciudad. Muy poquitas mesas, propuestas ricas y ¡libros! Sí, sí, libros. Qué genial. Una se siente a gusto ahí.

Y en ese lugar íntimo anoche hubo ese banquete musical pantagruélico: MINIMALmambo, la gigante banda de Rossana Taddei y Gustavo Etchenique (Cheche) que nos deleitó con sabores muy variados, recorriendo sus discos MINIMALmambo y Pescando en el cielo.

Rossana y su despliegue de dotes me volvió a hipnotizar. Mire que he visto a estos dos seres chiquicientas veces ya, y siempre quedo embobada y admirada de todo el arte que ella domina al ponerse detrás de un micrófono. Es admirable su simpatía, sus permanentes ocurrencias que emergen como a borbotones y con un humor fantástico, su comodidad extrema con la voz, sus agudos hermosos, sus graves íntimos, los arreglos musicales endemoniados que se manda con todo tipo de parafernalia: corneta, shaker, castañuelas, semillas, un timbre (sí, un timbre), y su guitarra, que a mí me vuelve a impactar cada vez por el ritmo arrollador que logra en sus acompañamientos. Un capítulo aparte son las musicalizaciones de textos de poetas varios. Anoche, además, nos dio una clase cultural al respecto de la tarantella y hasta nos recomendó ver esta documental: https://youtu.be/dyDXNUeJ5_s.

Yo me sigo pellizcando en cuanto a la bendición que significa tener la oportunidad de ver y oír a Gustavo Etchenique a una distancia de 2 metros, haciendo la magia increíble que hace al crear a dúo con Rossana. El despliegue de sabiduría percutiva es muy fuerte. En primer lugar, tiene un metrónomo adentro del cerebro, lo cual ya es una característica esencial para un batero pero él logra que eso termine pasando a segundo o tercer plano. La creatividad y la sensibilidad que tiene es de otro planeta. Anoche, a mi entender, llegó al colmo del baterista genio: En un par de compases utilizó la vibración de la bordona para acompañar la voz de Rossana. Y como a la bordona se le ocurrió ir bajando su “redoble” natural quizás un par de tiempos antes de lo necesario, él se las ingenió para estimular el parche de tal manera de que siguiera sonando ese par de segundos extra. Chapeau, Etchenique. Pero esto es un detalle más de los suyos. Lo que impacta es la solidez sensible, los matices de volumen, el groove –mejor dicho la infinidad de grooves–  y bue, cuando le llega el turno al candombe, la mínima uruguayez que corre por mis venas bulle llevándome al éxtasis musical. Anoche en particular al sonar el tema “Uruguay” cerré los ojos y aquello sonaba a una cuerda de tambores y un baterista. ¿Cómo? Qué sé yo, pero así era. Y tanto era así que nos enteramos de que algún vecino “se quejó porque había tambores en la cuadra”.

Si quieres, en este enlace puedes leer un intercambio con Etchenique donde cuenta cosas que me parecieron muy interesantes, sobre sus comienzos, sus maestros, etc. https://clubdebateristasdeluruguay.wordpress.com/2012/09/19/entrevista-a-gustavo-etchenique/  y la reseña de la clínica espectacular que nos regaló ese mismo año, junto a Carlos Quintana, también con la participación de Rossana:  https://clubdebateristasdeluruguay.wordpress.com/2012/10/07/resena-de-la-master-class-de-gustavo-etchenique/

En marzo de 2013 yo escribía: “Si tengo que describir el disco [MINIMALmambo] en pocas palabras, elijo: fresco, positivo, optimista, creativo, diferente, auténtico, profesional, original, imprevisible, MUSICAL. Si tengo que describir el show en pocas palabras, elegiría las mismas y le agregaría: divertido, interesante, íntimo, generoso y con una energía divina contagiosa que se queda instalada por días en la piel”.

Sigo pensando y sintiendo lo mismo, y agrego una mención a un complemento de índole más energética: la química que tienen ellos dos es tan pero tan bonita de presenciar. El pecho de todos se expande al sentir ese amor que fluye en el escenario. Supongo que ese ingrediente tiene mucho que ver con el efecto que tiene la música en el alma de quienes nos acercamos voluntariamente para ser hechizados. Este video muestra alguito de esa magia: https://youtu.be/JRnbbvIURNM

Anoche comentaron sobre sus próximos toques:

25 de abril en la IMM con banda. Quinteto con Herman Klang, Santiago Montoro y Alejandro Moya.

Y en formato Minimalmambo: 8 de mayo en Casa de la Cultura de Maldonado y 14 de mayo en El Galpón.

Mi sugerencia a corazón abierto es que vayan.

Posdata:
Documental disfrutable a más no poder sobre la grabación de “Pescando en el cielo”:
https://youtu.be/803xuYf0GpE

MINIMALmambo

Mañana miércoles 6 de marzo será la última oportunidad, al menos por un rato, de escuchar y ver MINIMALmambo… un show de Rossana Taddei y Gustavo Etchenique que me encanta. Y yo me boludeé mal y no fui todavía a buscar mi entrada a la Sala Zitarrosa, así que aquí estoy cruzando los dedos para que mañana todavía queden y pueda disfrutarlo una vez más. Ojalá.

Todo tiene su momento en la vida y a fines del año pasado me llegó el momento de gozarme con este dúo, al que nunca antes le había dado pelota. Había escuchado alguna cosa suelta de Rossana, había escuchado a Gustavo con Jaime… pero a ellos dos juntos, nunca. Y el año pasado después de la clínica de batería que me fascinó, fui a verlos al Tartamudo. Y lo mismo al viernes siguiente. Y me regalaron el CD, y a su vez yo también lo regalé (otro, no el mismo!), y ese CD ha sonado fácil un centenar de veces en mi casa. Y luego en Paullier y Guaná y luego en la rambla de Trouville, y así vamos… Y cada vez, me encanta.

Es mucho lo que me gusta de MINIMALmambo, tanto que varias veces he pensado en escribir esto y me he achicado por la enormidad de la empresa. Pero como mañana es este último show antes de que se vayan de viaje, lejos de Montevideo, creo que será mejor que resuma, pero que hable de una vez o se me quedará atragantado.

Si tengo que describir el disco en pocas palabras, elijo: fresco, positivo, optimista, creativo, diferente, auténtico, profesional, original, imprevisible, MUSICAL.

Si tengo que describir el show en pocas palabras, elegiría las mismas y le agregaría: divertido, interesante, íntimo, generoso y con una energía divina contagiosa que se queda instalada por días en la piel.

Algo que me llamó especialmente la atención: en este CD (y show) Rossana musicalizó al menos 3 textos de escritores uruguayos (Sara de Ibañez, Humberto Megget, Alfonsina Storni) , generándome un poco asiduo sentimiento de pertenencia, que me sorprendió. [Alfonsina Storni no era uruguaya, ver comentario corrigiendo bestialidad debajo de esta entrada].  La presentación de Rossana, además, me causó mucha curiosidad… aunque admito que todavía no busqué nada de todo lo que esperaba leer. Estas 3 canciones son obras de arte y desde mi punto de vista, una demostración de creatividad extrema, tanto por parte de Rossana como por parte de Gustavo, que colabora con su batería a construir el carácter perfecto para cada canción de este disco.

Rossana se arriesga con desparpajo casi en cada tema. Algunas veces con unos agudos impresionantes, otras veces simulando un instrumento de viento utilizando únicamente sus cuerdas vocales y su aparato respiratorio; otras veces improvisando con Teresa, un títere de características particulares (que no develaré, para no restar sorpresa al show).

Los temas de Rossana tienen todos los ingredientes necesarios para que a mí me gusten mucho: son algo románticos, optimistas, de lo más variados rítmicamente, con letras inteligentes y sensibles. Rossana tiene un ritmo impresionante tanto al cantar como al tocar su acompañamiento en la guitarra y Gustavo Etchenique la gasta con la batería, con su manejo de las escobillas, con su tiempo perfecto, con su sensibilidad para co-construir la canción como una totalidad compuesta de melodía, ritmo y letra. Pero no, no voy a hacer una deconstrucción ni de lo que hace ella ni de lo que hace él, entre otras cosas porque sería una atrevida.

Yo creo que queda muy poca gente sin haber escuchado MINIMALmambo al menos en Youtube (que no tiene NADA que ver con verlos en vivo!). Pero si queda alguien y duda si ir mañana o no, les pido que vichen algunos de los videos que hay en este canal de Youtube. Yo voy a compartir el tema Uruguay/Lo dedo negro, que me gusta mucho, porque me llena de esperanza… pero todos, realmente todos, son hermosos.

youtube=http://youtu.be/-Bn4zW8O4s4

Y Luz que llega porque el ritmo es divino, la letra es divina, y advierto: después de escucharla una vez, se instala ahí, en el algún lado del cerebro, y es imposible no encontrarse tarareándola durante días completos… así que escúchenla pero ya saben, je.

http://youtu.be/dZ2DUA1yOmM

Bueno, ojalá mañana encontremos entradas. Y en caso de que no, va por acá mi agradecimiento a estos dos seres especiales por las muchas horas de emociones (y hasta lágrimas) que me ha generado este disco y los shows que vi en el último tiempo. Que tengan muy buen viaje y experiencias bonitas. Acá los estaremos esperando cuando vuelvan.