Agustina Canavesi Cuarteto

 

 

Dando mis primeros pasos en el mundo del budismo, hoy fui a escuchar enseñanzas de un gran Instructor. Al salir de ahí, tenía más ánimo de volverme a mi casa a seguir elaborando todo lo recibido que de ir a escuchar música. Sin embargo hubo una fuerza que me empujó a ir a ver a Agustina Canavesi Cuarteto.

Esta formación con la que tocó hoy Agustina es muy reciente y yo iba con poca expectativa. Sin embargo, este toque me resultó un enorme y muy placentero disfrute.

Les conté de dónde venía porque quizás eso les dé una pauta de mi ánimo al llegar: la voluntad de ser amorosa y compasiva con todos los seres y con una actitud introspectiva importante. Pues, sucedió que la música del cuarteto me acompañó en mi estado anímico.

La música de Agus es súper delicada, muy sentida, hecha con muchísimo cariño. También es muy “craneada”. O sea, es evidente que cada nota fue elegida a conciencia a la hora de componer y de arreglar los temas.

Me impactó pero no me sorprendió la gran sensibilidad que Agus está teniendo y transmitiendo al tocar la guitarra. Me impactó porque la conozco hace tiempo y lo que ha mejorado como música es algo grandioso. Y no me sorprendió nada porque he sido testigo de sus búsquedas y trabajos internos a través de la meditación y técnicas varias y evidentemente todo su crecimiento interior se plasma en su creación musical de la mejor manera.

El sonido de Agustina, y también sus composiciones, transmite un montón de su personalidad y esencia. Sus notas hoy eran dulces, alegres, arriesgadas, valientes, cariñosas, pensativas y con chispazos de inocencia y de sex appeal. También poderosas.

Los músicos con los que está tocando son perfectos para su creación. Tanto de Damián Taveira (batería), como de Juan Correa (bajo) y Germán Carceles (flauta) me sorprendió especialmente la sensibilidad y la creatividad. Porque de alguna manera la música que escuché hoy fue “femenina”, dicho en el sentido de con mucha delicadeza y sensibilidad. Y los hombres se plegaron muy cómodamente a eso.

Damián tocó toda la noche con un gran cuidado y con mucha creatividad y diversión. No fue a los lugares esperables y manejó los volúmenes y las intensidades de la mejor manera para la creación que estaba teniendo lugar. Germán le puso a todo un toque de dulzura y sensibilidad impresionante. Y Juan Correa generó algo muy hermoso con su sonido limpio, claro, cómodo y muy alegre.

Por momentos daba miedo aplaudir porque sentía que se rompería la magia.

Hubo varias instancias en las que la música fue muy optimista, muy alegre, sin dejar de ser introspectiva. Como por ejemplo el tema precioso “Nostálgica montevideana”, de autoría de Agustina.

Por la mitad del toque Agustina invitó al escenario a Karen Martínez (clarinete) y ellas dos, solas, a guitarra y clarinete, tocaron “Candombe p’al Piti”, un tema que ya conocía y que me gusta un montón. Y un segundo tema, que tocaron con todos los músicos, que no conocía y que me pareció genial: “Felipe”.  En este tema por momentos parecía haber un tren, por otros olas de mar golpeándose contra el casco de un barco. Tuvo algo que me hizo pensar en música circense. Y aunque en sí no se parecía, también me hizo pensar en música country. Sin duda un tema muy original y muy fascinante, con mucho ritmo y con algo muy especial. Hay que escucharlo.

El contrabajo de Juan le da a toda la música mucha vida, mucha alegría. Era un placer ver la actitud suya y de Damián: la estaban pasando muy bien y eso llegaba hasta el público. En este tema me impactaron especialmenten las escobillas en el tambor. ¡Precioso sonido logró Damián! Y otra cosa que me encantó de este tema fue escuchar (y ver) a Karen y Germán tocando juntos. Busqué cómo describirlo y solo me surge la palabra “amor”. Ya verán ustedes si me comprenden a lo que me refiero.

Luego invitó a Gabriela Cohen (voz), quien cantó “I Fall in Love Too Easily”, de Chet Baker. ¡Muy buena su participación! Fue el toque que se necesitaba para que la noche fuera perfecta. Me encantó la actitud de Gabriela, que combinaba perfecto con el resto de la banda y con el espíritu general, de humildad frente a la música y de deseo de co-construir magia. Su voz tierna, sensible, delicada, tranquila combinó perfecto con el ánimo general.

Y finalmente anunciaron el último tema: “Summertime”. Yo pensé que la elección era rara. Me imaginé que me iba a tirar un poco para abajo pero me equivoqué de acá a Saturno. La versión que hicieron de Summertime fue muy genial. Tanto que fui a preguntarle después al baterista qué ritmo era y me dijo que era el ritmo tradicional de New Orleans. La verdad que justamente me sorprendió como un “Summertime negro”, muy, muy cool, muy, muy groovy. Gabriela Cohen en Summertime hizo mucha magia.

Ante la insistencia del público, tocaron un bis: “Blues for Alice” (el standard de Charlie Parker). En este tema en particular me pareció escuchar, escondido entre las cuerdas de Agustina, a Django Reinhardt.

Van desde acá mis muchas felicitaciones a Agustina por su evolución musical y a toda la banda porque hicieron algo muy, muy hermoso. También les agradezco, pues lejos de sacarme de mi estado anímico tan agradable, lo profundizaron y lo condimentaron bellamente.

Nota: las fotos son de Gabriela Cohen y yo. Hicimos lo que pudimos con humildes celulares. Más fotos en el álbum: https://www.facebook.com/luna.llena.568294/media_set?set=a.701793803340055&type=3&pnref=story