Show gozado de La Triple Nelson

Debo admitir que mis cuadrantes cardíacos no son muy rockeros… tienden a ser algo maricones. Por eso me vengo perdiendo mucha cosa. No tanto porque me niegue a escuchar, sino más bien porque tiendo a agendarme toques más… atresillados, valga la redundancia. Hoy sucedió que los astros se alinearon y allí estuve, escuchando a esta banda uruguaya tan conocida por todos… excepto por mí. No me enorgullezco de esa ignorancia pero me alegro de que ahora comience a disiparse.

Papina de Palma

La noche comenzó con la presentación de la cantante Papina de Palma, con quien me colgué mucho. Hace poco alguien me envió un audio de ella y no supe apreciarla en su real dimensión. No hay caso… una cosa es ver a un artista en vivo y otra cosa, muy diferente, escuchar un audio suelto o ver un video en Youtube. Que nunca falte el escenario, por favor, y que nunca me falte la energía para ir a ver artistas en vivo. Su estilo me recordó un poco a Jorge Drexler, a Rossana Taddei y en algún plano a Joni Mitchell. Todo cantante usa la voz como instrumento pero Papina me impresionó como especialmente original. La transición entre una nota y otra es creativa, muchas veces inesperada y a menudo con más distancias tonales de las que se puede encontrar en cantantes más tradicionales. Por un lado la melodía me resultó difícil de “atrapar”. Creo que sería incapaz de tararear una de sus canciones hasta no escucharla setenta veces. Pero me gustó muchísimo la presencia bien definida que tiene cada nota y que la experiencia de escucharla es semejante a la experiencia de escuchar a algún instrumento melódico en un contexto de jazz. Me pasó que me perdí completamente de las letras porque me colgaba a escuchar las notas, sus brillos, su cristalinidad, su honestidad, y los juegos entre ellas (como me pasa con Joni y con Drexler, que indefectiblemente tengo que ir a leer sus letras para saber de qué van). Papina en sí, como artista, me transmitió una agradable tranquilidad y seguridad y emocionalmente me generó cosas asombrosamente fuertes para ser una telonera… hasta lagrimeé en un momento porque me tocó alguna fibra interna, que no terminé de identificar. Habrá que escucharla más. Fue una buena sorpresa. Sentí un poco de incomodidad con el público, que no paraba de hablar mientras ella regalaba esa magia digna de experimentarse. Había como un desbalance entre el respeto que ella le ofrecía al público y el poco respeto que el público le ofrecía a ella. Un dolor, eso, pero por suerte igual se podía escuchar bien.

La Triple Nelson

Un arranque de show impresionante, impecable, súper profesional. Eso continuaría toda la noche: todos los comienzos y finales de los temas logrados con total profesionalismo. De mi parte, eso ya me pone en el lugar de espectadora feliz y lo agradezco mucho. Demuestra respeto y seriedad por un lado y genera comodidad celular por otro. Esto no es menor. Es como que arranca bien el primer tema y una ya siente “ah, ta, esto está muy ensayado, puedo aflojarme, puedo entregarme que sé que me llevarán por buen camino”. Eso me pasa en los primeros 10 segundos. Mi siguiente momento de tensión es cuando está por terminar el primer tema. ¿Terminó impecable? Listo. Ya me pongo en estado receptivo total por el tiempo que me lleven de viaje.

Anoche tuve la inmensa suerte de quedar sentada en un lugar privilegiado para ver a Rafa Ugo (batería), justito en línea recta, frente a mí.

En el primer y segundo tema ya hizo un despliegue bestial de buen gusto, solidez, seguridad y creatividad. Él iba eligiendo notas muy bonitas y con la elaboración justa para hacer del ritmo una parte muy especial de la banda pero sin agregarle ni una nota que sobrara en el todo. Pero sin sobrar, había elaboración, había cuidado, había arte exquisito. Se pasó con su gran trabajo de acentos y con un manejo de matices (de volumen) de soltura envidiable y archi disfrutable. Todos sus fills son una obra de arte, medida y creativa, con elementos de sobriedad respetuosa y con una enorme originalidad.

Hoy me pasó algo que no me había pasado todavía con ningún baterista y que me apretujó el corazón: en las notas tocadas por Rafa oí la presencia de Osvaldo Fattoruso. Me impactó tanto y me generó un agradecimiento gigante hacia Rafa, por mantener vivo hoy, aquí y ahora, el espíritu musical de Osvaldo. Me refiero a las características de los sonidos en sí. Por ejemplo, las notas tocadas en cualquiera de las partes de la batería (redo, bombo, pero también aro del redo, HH y hasta crashes) perduran, quedan vibrando para erizarte toda la piel. Esa característica expansiva del sonido caracterizó el toque de Osvaldo y no lo había oído así en nadie hasta hoy. Rafa heredó (con estudio, claro) ese modo hermoso de tocar, que hasta desafía algunas leyes físicas. Porque ¿cómo puede ser que un golpe dado con la intención de hundir el palo sobriamente y sin rebote genere un sonido que perdure? No sé cómo, pero lo logra. También la solidez al tocar los grooves, su actitud corporal y por momentos el aplomo del toque de cada nota me recuerda al Maestro. Tiene el sello de él y eso me emocionó mucho.

Un par de curiosidades técnicas, que seguramente solo me interesan a mí. ¡Agarra los palos desde muy, muy a la punta! Es extraño cómo puede tener ese dominio perfecto del tempo agarrándolos tan atrás. Y usa los crashes completamente horizontales, que también me llamó la atención… porque en varias ocasiones los toca con gran decisión pero los platos no se levantan tanto como para complicarle el segundo golpe. Y, por otro lado, varias veces tocó rulos en los platos y es medio extraño que le quede cómodo con los crashes tan altos y tan horizontales… pero ta, no me hagan caso.

Con las escobillas hizo mucha magia. Hubo momentos donde la definición era perfecta y el pulso insólitamente bien marcado para ser hilos de metal. Y por otra parte el barrido de Rafa te envuelve como si fuera un abrazo muy amoroso: dulce, encantador. Hubo dos o tres temas en los que me enamoré del sonido de las escobillas, de los acentos preciosamente logrados y del tempo impecable, firme, decidido, dentro de un ambiente general de dulzura, de amor. Con las escobillas Rafa hizo especial gala de buen gusto y maestría.

Con los platos tiene una relación especial también. Cada golpe más perfecto que el anterior, cada combinación de platos más interesante y cada apoyo y remate hechos con maestría. La decisión, firmeza y confianza con la que toca los remates bastaría para que tuviera sentido ir a ver un toque de La Triple.

En un tema dedicado a L. A. Spinetta, que era muy lento, a Rafa se lo veía con una calma zen pero generando una tensión archi destacada. ¿Cómo? Creo que con la intención del golpe, con algo de índole casi mística, que puede tener que ver con la proyección del sonido, con el deseo de que esa nota tenga un carácter concreto pero es algo muy llamativo cómo eso sucede, cómo logra generar esa atmósfera impresionante. El “aplomo activo” [me faltan palabras para definir estas sensaciones, hago lo que puedo] de los golpes en el tambor tienen algo que ver en esa creación, me parece. Este tema me fascinó. Todos los músicos influyeron en que resultara esa belleza, tensa y atrapante. El bajo, la guitarra, el teclado. Y el final de este tema fue especialmente bello.

Este batero capo tocó un enorme y genial solo de batería que lo viví como un monólogo divino, como si estuviera escuchando toda una anécdota con elementos descriptivos y narrativos: súper musical, contundente, bonito, con varios momentos virtuosos, haciendo despliegue de genialidad técnica (por ejemplo ciertos rulos simples muy perfectos) y priorizando la historia que contar por encima de cualquier otra cosa.

Por supuesto no hay manera de que se luzca la batería si el bajo no es impecable, porque donde haya un desfasaje entre estos dos elementos de la base, ninguno sale bien parado. Paco Pintos la rompió con su instrumento toda la noche, generando buena parte de todo eso que se siente y que a veces algunos no tomamos tanta conciencia de que surge de estas 5 cuerdas. Su música es muy firme y a la vez producida con mucha calidez y con una sonoridad… especialmente optimista, digamos. Creo que es su instrumento el que le da a La Triple ese carácter amigable que me gustó tanto, y sin duda está en sintonía perfecta con la impronta de Christian Cary.

Me fascinó Manuel Contrera en el teclado, a quien hace poco vi (y piré) con su banda G.A.S. Él tiene una personalidad musical muy marcada y su aporte a esta banda de rock es enorme. Quizás sea ese teclado lo que me hizo pensar que no era tan grave que no pudiera ir a escuchar a U2 si tenía la chance de ver un concierto como este. Creo que su teclado hace todo más interesante y le otorga una gran profundidad a la creación total. Disfruté especialmente de sus diálogos (y por momentos unísonos) con la guitarra de Christian Cary y de lo inesperado de los sonidos que surgían de él. Es como si Manuel le agregara capas y más capas al todo, dándole un carácter muy sólido y atrapante a la banda.

Christian Cary se pasa. Me genera piel de gallina. Es un fenómeno. Me impactó mucha cosa. Su comodidad en el escenario: con su canto (a pesar de que venía con la voz tomada), con la guitarra y con el público (que le hace todos los gustos y lo acompaña coreando, bailando, chasqueando dedos o lo que sea que le pida). Sus composiciones. Su actitud de respeto y profesionalismo. Y la polenta total que le mete a todo.

Rítmicamente tanto su toque como su canto son una maravilla de creación. Su guitarra llora, implora, se desgarra, te pone contra la pared. Al igual que las notas de la voz de Papina, y al igual que las notas que salen de las manos de Rafa, las notas de la guitarra de Christian tienen una vida como entidades bien identificadas, con personalidad, con un lugar ganado a conciencia. Es como si Christian viviera en un mundo de notas más presentes que otros músicos, o que las notas lo atraparan más.

Él canta con un grado gigante de amor, con entrega total, con fuerza y con delicadeza también. Y quizás lo más importante: tiene cosas que decir que te impactan, que te llegan hondo, que te transforman [aunque seas tan despistada como yo y no entiendas del todo las letras… son los sonidos los que te narran las historias]. Sin entender demasiado, creo que no me equivoco si digo que tiene también un manejo peculiar de la armonía, que te lleva por lugares poco visitados.

Las frases en la guitarra son un caso aparte. Lo primero que una percibe es que son súper potentes y sensibles a la vez. Dicen historias, te intrigan, ¡te dan muchas ganas de saber cómo siguen! Parecen de repertorio infinito. Son hermosamente rítmicas y melódicas a la vez. Y Cary tiene otra peculiaridad compositiva curiosa: maneja perfectamente el balance de longitud de las frases musicales, resultando en algo muy fascinante. Hace muchísimos años un profesor de Semiótica y de Inglés (Fernando Andacht) nos enseñó en una clase que para escribir un texto que no aburriera era buena cosa alternar el largo de las frases en forma creativa. A veces una larga seguida de una corta. Quizás dos breves seguidas. Y dos largas. Jugar con eso. En este sentido Christian Cary hace lo mismo que un buen escritor y el resultado es que te atrapa, te deja enganchadísimo. Esta característica se mantiene en sus solos… que no querés que terminen nunca.

Del mismo modo, maneja muy bien las dinámicas entre los diferentes temas del show, alternando los temas más fuertes y los más dulces, los más distorsionados y los más cristalinos, por lo que la experiencia general es despierta y dinámica.

Hubo músicos invitados. Gonzalo de Lizarza en la guitarra parecía pertenecer a la banda, pues su sonido y su forma de tocar tenían todo que ver con la propuesta general. Seguramente hay mucho ensayo detrás o hay un conocimiento de hace tiempo, porque verdaderamente no parecía un invitado. Su participación en varios temas le permitió a Cary solear a gusto y hubo algunos momentos en que su toque resaltó y fue un deleite oírlo.

Las capas totales de Jimena Molina y Gabriela Rodríguez (integrantes estables de Montevideo Gospel, entre otros) le dieron al show con sus coros ese toque de profesionalismo que no se suele ver en bandas uruguayas pero que sabemos que es imprescindible para que cualquier buena banda de rock suene con mayor presencia. [Quien aún no haya visto el documental titulado “20 Feet from Stardom”, tiene que verlo]. Expreso mi ¡hurra! por la buena idea de la banda de incluir sus coros. Poniéndome a opinar [como si no viniera haciéndolo, ¿no?], de atrevida, para mi gusto sus voces estaban un poco bajas de volumen. Siguiendo con mi atrevimiento, propongo que para la próxima les den un poco más de relevancia. En ese momento de presentación en que cada una hizo un despliegue individual de sus habilidades con la voz, el disfrute fue gigante. ¿Y si también cantaran algún tema como solistas? ¿O a dúo con Christian? Pienso en la corista que canta con Sting (Jo Lawry) y a la que él siempre le da algún momento de brillo personal, cantando alguna canción, y me dan ganas de que pase lo mismo con Jimena y Gabriela.

Otro músico invitado que me tomó de sorpresa fue Emiliano Brancciari (de NTVG). Para mejor apareció de la nada, impactante. Ese tema cantado juntos fue un momento muy particular, que yo disfruté mucho, mucho. Dos estrellas auténticamente brillando en comunidad sobre ese escenario. Es tan bello presenciar esas colaboraciones. Me movió mucha cosa interna, mucho agradecimiento. Los aplausos fueron muy fuertes. Creo que varios sintieron como yo.

Christian también cantó un tema con su hijo Lucas Cary, que cantó con una voz clara, potente, también dulce y con sentimiento. Preciosa combinación musical.

Hoy fue la primera vez que fui a ver y a escuchar a La Triple Nelson pero seguro que no será la última.

Nota: Apenas contaba con mi celular para sacar alguna fotito. La foto es mía y la incluyo como algo simbólico, nada más.

G.A.S. “Made in Uruguay”

 

La presentación de G.A.S. del día martes 2 de mayo fue el punto de partida del ciclo “ENCUENTROS CON EL JAZZ – Made in Uruguay” organizado por Jazz Tour. Este ciclo contará con una presentación mensual de aquí a octubre.

G.A.S. tocó un martes y el resto de las actuaciones al parecer serán entre lunes y miércoles. Es una contribución muy generosa de parte de Jazz Tour para quienes amamos escuchar jazz el poder darle a un día de semana un toque de deleite musical, con músicos uruguayos excelentes. De mi parte agradezco que se valore el talento de los músicos de jazz de nuestro país y que se valore a la audiencia, permitiéndonos asistir a estos momentos musicales en una sala tan íntima y exquisita como es la Zavala Muniz del Teatro Solís.

Los músicos que integran G.A.S. son:

Manuel Contrera en teclados. Antonino Restuccia en bajo eléctrico. Mateo Ottonello en batería acústica.

Hubo dos grandes músicos invitados: Jhonny Neves en percusión y Santiago Olariaga en guitarra eléctrica.

La formación de trío es posiblemente mi tipo de formación preferida a la hora de escuchar jazz. Sucede que habiendo tres instrumentos me siento que puedo hacerles un lugar en mí a todos los sonidos. Esto no quita que después se van agregando instrumentos y sonidos, como sucedió hoy, y me atrapa mucho también, y admito que mi nivel de entusiasmo aumenta notoriamente, pero el trío tiene sus peculiaridades especialmente fascinantes, que hoy, antes de saber que habría invitados, fue algo que agradecí explícitamente. Ese juego creativo entre tres instrumentos tan diferentes en cuanto a su sonoridad me resultó un deleite.

El comienzo del show fue muy bien pensado y plasmado. De alguna manera sentí que la música iba llegando, como nosotros, los de la audiencia, y se iba armando gradualmente, generando una atmósfera muy interesante y muy atrapante que iba acompañando ese ajuste que uno necesita al venir de la calle y sentarse a escuchar por primera vez algo completamente nuevo.

Por el primer minuto de música a mí ya me quedó claro que iba a ser una noche excelente. Me acomodé en la butaca y me permití aflojarme para recibir eso que se notaba que iba a estar muy bueno. Pero ni sospechaba lo que vendría.

La música en su totalidad me enganchó porque si bien es jazz, con algún elemento de fusión también, tiene una personalidad específica, que hasta el momento yo no había escuchado en ninguna formación. Por un lado, es netamente lenguaje de jazz. Por otro, tiene dos condimentos notorios que podrían llegar a ser opuestos, a algún nivel: una gran dulzura y unos momentos destemplados, disonantes, que juntos arman un combinado interesantísimo de escuchar. Y también existe un componente de juego, percibible, que se agradece.

Hasta el momento había escuchado a Manuel Contrera en proyectos ajenos y no propios y hoy le encontré un ángulo nuevo. Me sorprendió muchísimo cómo conviven en su música una gran firmeza y decisión, un manejo bellísimo del fraseo, de los matices y evidentemente del lenguaje del jazz, y el ingrediente ternura, pero también otro del que hablaré más adelante. La integración de todos esos elementos se siente completamente natural y nada forzada y el viaje al que te invitan es uno en el que hay una paleta extensa de emociones. Al preguntarle después del toque, nos contó que la mayoría de los temas tocados hoy son de su autoría y luego trabajados con el resto del grupo. Su propuesta, entonces, abraza un rango interesante de emociones y eso la hace, en mi opinión, muy viva, muy dinámica y muy atrapante.

Hoy mientras tocaban me llamaron especialmente la atención las manos de Manuel y de Antonino. Las de Manuel expresaban mucho de todo esto que les conté antes, a través de diferentes grados de tensión, de estiramiento y de un movimiento por momentos muy veloz y por otros momentos más distendido. Las manos de Antonino Restuccia me atraparon también. ¿Vieron que los bajistas tienen que tener su mano izquierda  bastante recta todo el tiempo? Me sorprendió muchísimo cómo, con esa postura, sus dedos iban y venían arqueados combinándose en nuevas y nuevas posiciones. Mientras lo observaba se me vino a la memoria una expresión que le oí a Aznar: “aquello era como una araña pollito”. Lo más loco del asunto es que en esas acrobacias digitales el rey seguía siendo el tiempo, con una exactitud de relojería y con una onda impresionante. La verdad que para aplaudir de pie. Y, ahora que digo eso, no pudimos aplaudir alguno de sus solos porque no queríamos perdernos ni una nota de lo que seguía surgiendo.

Otro aspecto que resalté en este toque fue que las composiciones a pesar de ser composiciones de jazz, que me da la impresión de que contienen mucho lugar a la libertad y a la improvisación, igual incluyen una cierta repetición de algunas frases melódicas y rítmicas que para quien escucha lo hacen algo muy disfrutable. Percibí un movimiento interno diferente a, por ejemplo, cuando escucho una jam. En ese caso, generalmente, la conversación es algo deshilvanada y difícilmente una se quede tarareando un tema. Con los temas de G.A.S. sí existe ese elemento unidad melódica, unidad rítmica, unidad de sentido, que está muy bueno de vivir.

Quiero creer que aunque la batería no fuera mi debilidad, Mateo igualmente me hubiese hechizado. Lo suyo es auténticamente descollante. Acá me van a perdonar pero voy a tener que detenerme y explicarles por qué me parece esto. Y les pido que me sigan con algo de paciencia. ¿Cuál es el camino más común al tocar la batería? Primero ir a clases, aprender diferentes patrones (ritmos), luego empezar a copiar a algún baterista que a uno le guste, ir cambiando de baterista favorito, ir buscando tener un set que suene medio parecido al de ese ídolo, seguir copiando, y de a poco ir soltándose a permitir que lo que hay adentro fluya y finalmente, un día, cuando ya se tiene buena experiencia, sucede que alguien escucha y dice que hay un estilo propio. Se gana confianza en ese estilo y un día se asume esa realidad. Bueno, Mateo Ottonello es un veinteañero que encontró su estilo propio muchísimo antes de haber comenzado a estudiar. Sin saberlo, me animo a decir que jamás se le cruzó por la cabeza copiar a ningún baterista. Y ahora, en este trío fantástico, está mostrando lo que para mí es su mejor versión musical hasta el momento. Pero claro, con la edad que tiene, su carrera musical apenas comienza y la imaginación me explota pensando a los lugares que puede llegar.

En la presentación de G.A.S. daba la impresión de que Mateo tiene una información musical sin límites y que la procesa de alguna manera tal que la vive con el cuerpo y el alma y se traduce con completa naturalidad en movimientos de manos y pies, que a su vez se transmiten al instrumento creando algo completamente original. Por una vez no voy a exagerar: lo de Mateo es demencial. Casi que no cabe en la cabeza. Y no estoy hablando de la técnica, no. La capacidad de ejecución es asombrosa pero ya sabemos que eso no hace a un músico. Mateo es un Músico, así, con mayúsculas. No hubo frase del teclado, de la guitarra, del tambor o del bajo en la que no estuviera completamente por dentro. Un diálogo permanente con todos los instrumentos pero sin esa verborragia imparable que a veces sufrimos por ahí. Todo lo “dicho” tenía lugar, y tenía un lugar de creación, de coconstrucción, de interpretación absolutamente inteligente y sensible. Si bien su volumen natural tiende a ser muy fuerte (si yo lo tuviera en una banda le pondría una de esas pantallas que achican un poco el volumen), con G.A.S. se lo aprecia capaz de matizar y tocar bien chiquito en algunos momentos, así como de componer con silencios inesperados.

Bueno, el adjetivo “inesperado” va con G.A.S. en más de un sentido. Primeramente, una no espera que estos tres músicos tan jóvenes manejen ese vocabulario musical y tengan esa soltura y libertad que tienen. Además, la música como unidad es inesperada. Como les decía más arriba, contiene dulzura y ternura. También es una música nada dubitativa, decidida, firme. Y, como ingrediente exótico, si se quiere, eso que les anticipé que mencionaría: un toque de fricción. Sonidos chirriantes, provenientes de cualquiera de los instrumentos. La sensación que experimenté fue como que me estaban hablando con dulzura en un oído y por el otro me estaban hablando con algo/bastante de agresividad. La combinación me generó un efecto tan diferente, nunca antes experimentado, que me hizo detener a observar de qué se trataba. Llegué a la conclusión de que esta música me invita a hacer resonar simultáneamente emociones que en la vida solemos sentir separadas, y eso se me antojó como una invitación generosa a beberse la vida completa, con todo lo dulce, lo amargo, lo cálido y lo congelante que tiene. Vivirlo desde la música está buenísimo.

Mateo no toca patrones. Mateo no toca ritmos prefabricados. Mateo hace música, de una forma impresionantemente creativa y original.

Queda mucho más por contar, pero lo más generoso que puedo hacer por ustedes es proponerles que por un lado, compren su disco y que, por otro lado, estén muy atentos a cuándo tocan otra vez y no pierdan la oportunidad de ir a verlos. Me atrevo a decir que G.A.S. me dio la misma sensación de por fin escuchar algo valioso y diferente, a base de jazz, que cuando escuché a Esbjörn Svensson Trio por primera vez. No es que sean comparables estas dos bandas. No, no digo eso. Lo que estoy diciendo es que G.A.S. está haciendo una propuesta jazzera de tal originalidad y valor que verdaderamente sorprende. Y es responsabilidad de nosotros, el público, que propuestas como esta sigan gozando de buena salud. O sea, tenemos que ir a verlos cuando toquen, por favor.

Al trío se le sumaron dos invitados fenomenales. Santiago Olariaga en guitarra y Jhonny Neves en percusión (tambor repique y cajón). Recibimos comentarios de que hay grandes posibilidades de que continúen su participación en la banda. Ambos se acoplaron perfecto a la propuesta del trío, con dos roles muy importantes en el crecimiento de la expansión sonora. No hubo una sola nota de Santiago que no fuera inesperada, en el mejor sentido del término. En esta presentación mostró cierta predilección por esos sonidos disonantes a la vez que sus frases conversaban genialmente con el resto de los sonidos.

Lo de Jhonny me dejó completamente extasiada, especialmente con el Repique. Y tuve la misma sensación que con Mateo: que la música iba directo de su cuerpo al tambor y que había una unidad orgánica entre instrumentista y sonido. Un capítulo aparte fue la interacción entre Jhonny y Mateo… pero bueno, es imposible contarles todo.

Ya saben: si no los van a ver, marcan bobera.

Y recuerden que el ciclo continúa. La próxima fecha es el 19 de julio con Marcos Caula Quinteto.

 

Foto: mía.

Para ver más fotos, de un fotógrafo de verdad, Javier Fuentes, ir a la entrada original, en COOLTIVARTE.