“Nadie sabe lo que va a pasar” – Dany López

La invitación hoy es a detenernos juntos en la canción “Nadie sabe lo que va a pasar” de Dany López. Cuando digo “juntos”, digo: ustedes, el autor de la canción y yo. Espero que se enganchen tanto como yo. Y si pueden, sacúdanse esa timidez y comenten abajo. Si son amables, todo comentario es bienvenido.

Antes de que arranquemos el tren, sugiero darle click a la canción, para que todos sintonicemos la misma frecuencia.

 

¿Cuál es la primera sensación que les genera? ¿Y la segunda? Sería ideal que se lo preguntaran antes de seguir leyendo.

Ahora les voy a contar mi viaje de escucha y luego lo más preciado: la mirada del autor. Si se aburren con mi viaje, lo bueno de un texto escrito es que se pueden saltar líneas. 😉

En mi caso cuando escucho por primera vez una canción casi nunca entiendo el mensaje global de la letra. Oigo quizás combinaciones de palabras que me llaman la atención pero solo leyendo la letra logro hincarle cerebro al mensaje de la palabra. El acercamiento que me resulta natural es prestarle atención más que nada a cómo me hace sentir y luego empezar a desmenuzar los elementos sonoros que me lo generan.

Con esta canción lo primero que siento es una combinación bastante balanceada de alegría e introspección. Es como si tuviera el potencial para desbocar el sentimiento de alegría pero aparecieran elementos que te la contienen, con algún matiz de tristeza, y con otros tintes de aceptación y despreocupación.

El siguiente nivel de escucha al que fui es la voz de Dany y la batería juntos. Es como si en esta instancia fueran una unidad indivisible. Y ahí empiezo a comprender un poco más cómo es que me genera todo eso.

La voz de Dany tiene en sí esa misma mezcla de emociones: dulzura e introspección por un lado, optimismo y liviandad por otro. O será mi interpretación, que ya sabemos que es lo único con lo que contamos los seres humanos.

Todas las voces son particulares, claro, en su timbre, en todas sus características, pero la de Dany a mí me impacta especialmente. Me paré a tratar de comprender un poco más su efecto y lo que vi fue que por un lado me llega como con un deseo de comunicación muy honesto, muy directo, como si no estuviera midiendo ni retaceando nada. También recibo inexistencia de miedo y eso me resulta sanador… como si por lo que dura la canción yo pudiera deshacerme del miedo también. En cuanto al sonido en sí, es muy, muy cercano y agradable, es entrañable, es dulce y sincero. Tiene una cualidad amorosa hacia todo: hacia la canción, hacia él mismo, y de algún modo hacia la vida toda. Es como si en una nota se condensara la existencia humana. Sé que suena exagerado pero realmente lo siento así y me emociona.

El mismo doble efecto de disfrute y profundidad introspectiva me llega desde la batería con tres elementos sonoros.

Primeramente, hay un impacto directo al centro del pecho con la apertura de los platos del charleston. Aquí ese sonido es maravilloso porque cumple dos funciones. Por un lado, te moviliza nada más ni nada menos que el centro del pecho, te abre a sentir, casi que a la fuerza. Por otro lado te genera a la perfección esa sensación de algo “que pasa”… casi como si uno estuviera sentado en una ventanilla de un coche o tren atravesando el campo uruguayo y viera pasar un árbol, un poste, una vaca, una casa. Me resulta fascinante que eso lo logra con dos platillos que se abren, disimulando el golpe del palillo que ni se adivina, con un efecto similar al de las escobillas pero mucho más brillante y decidido. Si hubiesen sido escobillas, pasaba a tener un tinte completamente introspectivo y con mucha menos vitalidad. Y, no puedo obviarlo, esos palos que sí se sienten en algunas subdivisiones aquí y allí en el HH me maravillan… le ponen un toque de polvo mágico, a lo Campanita de Peter Pan, que conjuga perfecto con la ternura de la voz de Dany.

En segundo lugar, cada golpe del palo en el redoblante tiene, fíjense, ¡la mismísima intención sonora que la voz de Dany! Sospecho que comparten armónicos porque la semejanza es enorme. Además, esos golpes en el tambor son grandes responsables de la sensación de alegría y vitalidad. Ese “backbeat” de Ibarburu es buen responsable de mi fascinación por muchísimos temas. Tiene un efecto sensorial muy específico e identificable.

En tercer lugar, el gran toque introspectivo lo recibo del sonido del bombo. Ese sonido -mezcla perfecta de grave y agudo- me conecta hacia adentro.

A esta altura, me abro a los demás sonidos de la canción.

El bajo de Gerardo Alonso le da contundencia de principio a fin y, por ejemplo, acompaña genialmente esas aperturas del HH. Pero al escucharlo más detenidamente descubro que el bajo tiene la misma textura sonora del bombo de la batería y me genera una clara excitación, en algunos momentos por el groove y en otros también por el sonido. Y me cuelgo con algo: noto que es el bajo el que me genera un anclaje a la tierra… ¿será gran responsabilidad del bajo que mi alegría no se desboque y se vuelva insoportable? Por momentos creo que sí pero hay otros en los que es lo opuesto: por ejemplo cuando quedan solo el bajo y la voz, el bajo es el que me sigue empujando hacia una zona exaltada.

Entonces voy a prestarle atención a las guitarras. No soy capaz de identificar claramente qué guitarra es la de quién a excepción de algunas notas que tienen un nombre y apellido clarísimo: Palito Elissalde. Y entonces creo sentir su impronta de energía poderosa atravesando toda la canción. Identifico “momentos Elissalde” que en esta escucha a nivel micro me dejan con las ganas de más, pero que en la escucha a nivel macro queda claro que están en la medida justa.

Como paso siguiente busco las voces femeninas, que las encuentro aparentemente muy sutiles, aunque sabemos que esas sutilezas pueden ser definitivas a la hora del efecto final. [Un paréntesis: ¿Vieron la peli “Twenty Feet from Stardom”? Si no, tienen que.] El efecto del teclado es de alguna manera similar al de las voces: para notarlo tengo que poner empeño y una vez que lo descubro digo: “Fa, ¡cómo aporta!”

En fin… todo eso sucedió conmigo antes de saber genuinamente de qué iba la letra. Aquí la comparto:

Pasa algo mientras prendo el fuego
pasan cosas que no sé explicar
pasatiempos de un duende noruego
fin de año y viene Navidad

Pasa un tren y te corta el aliento
pasó el día ni cuenta te das
todo cambia mientras va pasando
nadie sabe lo que va a pasar

Pasa un árbol y allá viene un perro
oigo un tango saliendo de un bar
pasamanos y pasamontañas
pasaplatos y publicidad

Mientras cambias algo va pasando
lo que fue ya nunca más será
pestañás y lo perdés de nuevo
otro tren ya volverá a pasar

Pasa algo que detiene el tiempo
pasa algo que lo pone a andar
las agujas van blanqueando el pelo
mi tatuaje biomolecular
el reloj se anuncia en el espejo
y el espejo también cambiará

Algo raro debe andar pasando
si no algo raro pasará 
todo cambia mientras va pasando
solo es cierto que habrá novedad

Nadie sabe lo que va a pasar

Del CD Acuario – del año 2007

Músicos:

Batería: Martín Ibarburu
Bajo: Gerardo Alonso
Guitarras eléctricas y acústica: Palito Elissalde
Percusión, guitarra eléctrica: César Lamschtein
Teclados, programaciones y voz: Dany López
Voz: Carmen Pi, Inés Saavedra y María José Bentancur
Guitarra acústica y voz: Dany López
Ingeniero de sonido: César Lamschtein

 

Letra hermosa, ¿eh? Pero no me voy a detener en ella, no por falta de interés, porque verdaderamente me colgué con esta letra mucho más que con otras, sino porque prefiero ahora darle paso a las impresiones de Dany López acerca de su canción.

 

Filosóficamente y del modo que vivo la vida, veo la cosa bastante así. No tengo un librito que me explique el universo. Me desapego de querer comprender el misterio y me entrego bastante a eso. Trato de vivir una vida con una ética que se corresponda con esa forma de ver las cosas.

Hay varios libritos de esos por ahí (desde el 3.000 ac). Son todos lindos, muy poéticos y con su porción de sabiduría. Uno aprende cosas de ellos. Pero conservo una distancia prudencial y me atengo a mi religión personal, a mi forma de re-ligar con lo trascendente, que es absolutamente personal y muy agnóstica. 

Uno va cambiando de perspectiva. Yo con 18 o 20 años tenía un cristianismo liberal y a mi modo, por llamarlo de alguna manera. Había visto “Jesucristo Superstar” siete veces. El Nuevo Testamento era libro de cabecera y tenía una versión de un neocristianismo que en definitiva quería parecerse a lo que supongo sería la verdadera filosofía de Jesús, no la de los concilios a partir del siglo II, que empezaron a hacer mierda todo lo que el tipo realmente pensaba, por lo menos en lo que dejan entrever los evangelios.

Luego se me pasó el cristianismo. Me quedé con algunos cuantos valores rectores que aún conservo: el amor al prójimo, la empatía, el no sentirse mejor que el otro, no tirar la primera piedra (tolerancia), el desapego, etc.

Desde que se me pasó el cristianismo soy agnóstico (con algunas ideas borderline con el budismo).

Pero esta canción habla más de cómo tomar la vida en general, sin sentir todo acabado, predefinido o predestinado. Da libertad.

Una de las cosas que más me divierte de esta canción es la estructura. Se sale del formato clásico A B A B. Es A A2 A3 A4 A5 A6 B 2 B2 B3 B4 B5, etc. La propia estructura habla como el texto: no es predecible. Todas las estrofas son distintas rítmicamente, muda el groove, la escena poética, los riffs… Musicalmente está construida sobre un riff groove en 3 x 4
toda la primera parte. Hay un slow down como en la estrofa 6, donde cambia a 4 x 4. 

El final también podría ser pensado en 12, quién sabe, pero lo importante es que tiene un punto de partida minimalista: la celula de groove de la guitarra de nylon, medio folky, en 3. Luego se va deformando: entran riffs rock, arreglos. 

El groove tiene el bombo en el tiempo 1 y el redoblante en el 3.

El tipo de poesía, más allá de lo filosófico, toma prestado del concretismo usar la propia palabra como objeto sonoro, la palabra cosa, que es algo que también uso mucho en mis canciones. Y la permanente tensión de opuestos
dentro de los propios versos, o entre las estrofas.

Lo otro que hago es no tratar de dar lecciones de vida. Más allá de que acá hay una generalización: ¨Nadie sabe lo que va a pasar¨, no pienso aleccionar a nadie acerca de qué hacer con su vida. 

Mis canciones por lo general escarban en:

mí mismo
mis propios monstruos
mis fantasmas
mis paraísos
mis visiones

 

Bueno, suena el silbato de la locomotora y el tren va frenando. Llegamos a la estación de destino. Ojalá hayan disfrutado el viaje. Si lo desean, pueden tomar el espacio para comentarios como si fuera un cuaderno en el que compartir impresiones con futuros pasajeros.

Sepan que la música de Dany López se puede comprar o regalar a través de Bandcamp. Aquí el link a esta canción:

https://danylopez.bandcamp.com/track/nadie-sabe-lo-que-va-a-pasar

COSSI: una banda para escuchar

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Los integrantes son:

Carlos Cossi: composiciones, voz y guitarra

Waldo Melgar: bajo eléctrico

Pablo Nión: batería

Nacho Imbellone: guitarra eléctrica

También estuvieron de invitados:

Dany López: teclado y guitarra (Productor del disco de COSSI que está por salir)

Carmen Pi: voz

Fernando Cortizo (telonero)

La noche abrió con Fernando Cortizo tocando algunos de sus temas, a quien también escuché por primera vez. En ese contacto relativamente fugaz, lo sentí cómodo y cercano, con un sonido nítido de guitarra y con un toque muy rítmico e interesante.

Luego comenzó el show de Cossi. No con afán de etiquetar sino con el interés de ubicar estilísticamente a quienes no los han escuchado, cuento que es una banda de rock. El sonido general tiene algo de rock inglés, aunque tiene algunos ingredientes de latitudes más cercanas. Como buena parte de la música uruguaya tiene ese no sé qué ya conocido y ese otro no sé qué nuevo e intrigante.

Una de las cosas que más admiré fue lo empastados que suenan, siendo que son una banda que está empezando (este era uno de sus primeros toques en vivo).

La batería (Pablo Nión) y el bajo (Waldo Melgar) tienen, para mi deleite, una presencia destacada y desde el mejor lugar: la contundencia del sonido, la confianza y el engranaje cómodo entre ambos. A esta dupla potente se suma Nacho Imbellone con un sonido poderoso y con unas intervenciones especiales que dan tremenda fuerza y riqueza musical.

Todos los temas son de Carlos Cossi, quien me sorprendió en varios sentidos. Por un lado, los temas están buenísimos. Bueno, nobleza obliga, a mí hay uno que no me gusta, pero que de una banda de rock haya un solo tema que no me guste es que la banda me gusta un disparate. Son temas con la elaboración justa, con melodías no tan predecibles y amigables, y con un aprovechamiento de cada instrumento que me pareció ideal. Por el momento los dos temas que más me conmovieron fueron “Diez mil pies” y “Cinemascope”, aunque hay otros como “Espía” que me llaman mucho la atención. Por otro lado, Carlos Cossi canta requete bien. Tiene una cualidad maravillosa: canta cómodo, sin estrés aparente, y ¡proyecta su voz con confianza! Cómo se agradece esto último desde la butaca. Es eso que si no está, le quita buena parte del disfrute a la experiencia musical. Carlos canta para compartirse, para realmente llegarle al otro y, encima, canta bien. Por eso les digo, de verdad: estén atentos a COSSI y vayan a escucharlos, que está buenísimo lo que hacen.

Dany López contribuyó tanto con el teclado como con la guitarra y con la voz. Disfrutó muchísimo y metió gozadera a full, aquí y allá, en cada tema. Su versatilidad musical no deja de asombrarme. Lo vi dos veces esta semana y lejos de repetirse, se adaptó como un guante a ambas propuestas, que no eran similares.

La genia de Carmen Pi fue invitada en un tema. Cantaron con ella el tema “Completely Wasted”, de Dany López. Fa, fue un momento potente, superlativo. Carmen Pi y Dany López generan algo especial juntos y las voces de Carmen y Carlos son muy compatibles. Este es un temazo de López que si el mundo fuera justo, ya estaría entre los número más altos de los charts internacionales. Es una canción que me tiene agarrada por completo durante todo el tema y que cuando termina, indefectiblemente, quiero que empiece otra vez.

Waldo Melgar me fascinó con el bajo eléctrico. Es la primera vez que lo veo en vivo y ya lo puse en la lista de bajistas a tener en cuenta para ir a escuchar. Toca con alegría y con creatividad y, lo menciono de nuevo, con el baterista hicieron una dupla muy genial. Waldo también hizo algunos coros que quedaron buenísimos. Para mejor, contribuyó con una actitud distendida y alegre, que generaba una buena vibra general.

Detrás del escenario hubo proyecciones. Vengo deteniéndome en este tema pues lo siento delicado: si son pocas, quedan descolgadas; si son demasiadas, la atención se dispara para ahí y lo musical pierde protagonismo. Las proyecciones estuvieron bien elegidas y dosificadas. En definitiva, fueron un condimento que además de aportar estímulos visuales, hablan de los intereses del compositor y a los que tenemos más de cuarenta años nos genera un acercamiento emocional nada menor.

La iluminación del toque fue especialmente buena. Como público a veces me incomoda que los focos me den de lleno en la cara pero el juego de luces, a pesar de tener eso cada tanto, estuvo creativo y realmente le aportó belleza de ambiente y de color.

El sonido de la sala de Tractatus estuvo bien también y la sala en sí es cómoda y de un tamaño ideal para bandas que estén comenzando. Anoche estaba llena con un público por demás colaborador, respondió algunas preguntas que les llegaban del escenario y también acompañó efusivamente con palmas.

Fue un toque sorprendentemente disfrutado para ser una banda que casi no se conoce y cuyos temas estamos empezando a incorporar. Habrá que seguir yendo a verlos, porque si arrancan así, dentro de un par de años van a ser algo increíble.

Foto de portada: gentileza de Soledad Ávila

Carmen Pi y Tato Bolognini: alquimistas musicales

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Carmen Pi y Tato Bolognini en la Sala Podestá, anoche, 20 de setiembre de 2017, fue una experiencia tan emocionante que si bien no estaba en los planes contarles nada, aquí estoy escribiendo, especialmente para yo misma poder volver a pasarlo por el corazón en el futuro.

Admito que dudé si ir otra vez más a ver a Carmen. Luego de anoche, no vuelvo a dudarlo. Siempre hay que ir, porque, aunque parezca tan difícil, cada vez se revelan nuevas capas de genialidad.

A la derecha del escenario nos esperaba un despliegue llamativo de instrumentos de percusión, batería incluida.  En el centro, un par de guitarras y a la derecha el piano de Carmen.

Para poder ponerse en mi piel tienen que saber que a los dos CDs de Carmen los tengo gastados. Amo todas sus canciones y la amo a ella también, pues es un ser querible de acá a Saturno. Y, para mejor, estaría acompañada por Tato, ese gran músico, con un gusto y una energía excepcionales. Así que iba a ver a estos dos monstruos pero con una expectativa muy medida, debido a la cantidad de veces que los he escuchado e, ilusa yo, pues pensaba que no podrían sorprenderme demasiado.

El show comenzó poniéndonos a todos a escuchar con todos nuestros sentidos y toda la atención: dúo de flauta y voz, entretejiendo con todo cuidado sonidos atrapantes con resonancias árabes. Que una cantante pueda comenzar así una noche musical no es nada común. Se puede esperar ese despliegue vocal quizás sobre la mitad del toque, pero ¿al comienzo? Solo Carmen puede hacer algo así. Bueno, Carmen y Tato, que no hace nada tocaba sus primeras notas en la flauta y ahora está tocando ese instrumento melódico con toda la musicalidad del mundo, con mucha dulzura y, claro, esa alegría que es su marca registrada. Ese primer minuto y medio o dos hubiese sido razón suficiente para ir. Pero obviamente era apenas el aperitivo.

Lo de anoche fue una muestra de alquimia musical. Como jugando, con mucha simpatía, y a la vez cuidando cada detalle, transmutando el silencio en mil y un sonidos bellos que, elegidos a conciencia por parte de los dos, crearon una textura mágica, con hilos multicolores de sinergia sin fin.

En este toque descubrí que si por momentos cerraba los ojos, encontraba una frescura y una vitalidad muy amplificada en relación a las grabaciones. Sí, dicho es obvio. Claro que un toque en vivo es más fresco y más vital que una grabación. Bueno, pero una cosa es la obviedad teórica y otra cosa es vivirlo. Aquí yo percibí en todas mis células cómo mi amado “Puntos Cardinales” me generaba, asombrosamente, emociones nuevas.

Tato siempre se pasa, digamos la verdad. No ha de haber un solo toque suyo en el que alguien pueda haber dicho que no fue musical. Lo que asombra, de todas formas, es cómo se supera a sí mismo. Viene a ser un Chomsky de la batería, digamos. Cada año es un músico más completo, más enorme. Es un enorme deleite escucharlo.

En esta noche tocó la flauta a la vez que tocaba el bombo y el HH y una máquina de efectos. Cantó mientras tocaba en la batería asuntos que estaban muy lejos de ser patrones automatizables. No se puede decir que acompañó, pues fue tanto lo que embelleció cada canción que por esta noche, para mí, él fue coautor de los temas de Carmen.

El tema “Buen día”, esa maravilla de canción que Carmen compuso para su hijita Nina, tiene una particularidad: alterna momentos de enorme dulzura con momentos un poco más enérgicos. La diferencia de intención, volumen y sensibilidad del toque de Tato, siempre con las escobillas, en una y otra parte de la canción fue algo impresionante. Y así, millones de magias, que obviamente no se han hecho para narrar sino para vivir, para escuchar.

Carmen desborda calidez hacia el público. Y su buena química con Tato es evidente. Otra cosa que siempre me llama mucho la atención es lo bien que se acompaña con la guitarra y con el piano mientras con la voz genera tanto, tanto amor.

Anoche, por fin, me fui a verla sin maquillaje. A Don Prudencio Navarro sigue haciéndome lagrimear. Igual voy mejor… ayer no lloré durante horas sino apenas se cayeron un par de lagrimitas.

En lo personal tuve un regalo extra. Carmen cantó dos temas que son composiciones hermosas de Dany López: Baguala de la Piedra y Completely Wasted. Ambos son muy introspectivos; te sensibilizan aunque estés hecho de hielo. El presente especial que me tenía preparado la vida fue tener a Dany López sentado al lado mío y oír su canto en algunos momentos de sus propios temas, muy bajito pero audible para mí que estaba tan cerca. La emoción venía de todas las direcciones, me atravesaba sin piedad, y luego de dar vueltas por todos lados, se reacomodaba en mi alma… donde pienso conservarla por todo el tiempo que mi memoria celular me lo permita. La emoción de Carmen cantando el tema de Dany, que estaba presente; la emoción de Dany escuchando esas versiones maravillosas de sus propios temas; y yo ahí pudiendo vivirlo todo. La verdad que si la vida me amara más, me destrozaría en mil pedazos con su abrazo.

Cada uno de mis aplausos fueron la mano derecha para Carmen y la mano izquierda para Tato.

Que se repita esta maravilla mil y una veces. Yo me prometo que seguiré yendo.

Acuario – de Dany López

¿Vieron esos días que resultan ser increíblemente especiales? Hablo de esos que marcan un antes y un después en la vida. Bueno, hoy es uno de esos para mí. Sucedió algo que resultó en una sacudida emocional y espiritual verdaderamente trascendente.

Y cuando estaba volviendo a aterrizar en el planeta Tierra, sentí que una ayudita musical podía venir bien… pero no podía ser cualquier música. Un “impulso”, por decirle así, me hizo hurgar entre los discos que tengo en formato físico. De alguna manera necesitaba que todo a mi alrededor hiciera tierra. Que el disco fuera tridimensional y girara, contribuía.

Y tuve la buena idea de elegir “Acuario”, de Dany López.

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Lo había escuchado varias veces antes, pero hoy estoy en el lugar emocional perfecto para él. Hoy este disco y yo nos encontramos en un espacio común, complementario y muy cálido, al que espero que algún día ingresen ustedes también, porque el nivel de bienestar es inmenso.

Las canciones de esta hermosura te generan una sensación envolvente de protección (¿universal?… puede ser) y de un piso firme, en el que sí o sí te querés parar, quedar. Tienen un grado gigante de dulzura y de intimidad… y de humanidad ecosistémica, sideral.

Acuario contiene catorce temas compuestos por Dany. Tres de ellos los compuso con Manuel Mendizábal. La lista de los músicos que grabaron estos catorce mimos le para la respiración a cualquiera que conozca un poco de qué estamos hablando. Tomen aire. Aquí va, en orden de aparición:

Gastón Contenti

Nicolás Arnicho

Gerardo Alonso

Federico Navarro

Palito Elissalde

Georgina Hassan

Gustavo Etchenique

César Lamschtein

Pomo Vera

Carmen Pi

Maximiliano Bozza

Gerónimo de León

Manuel Mendizábal

Daniel Drexler

Inés Saavedra

Tato Bolognini

Martín Ibarburu

Guzmán Escardó

María José Bentancur

Jorge Schellemberg

y el propio Dany López.

Es sorprendente que a pesar de alternar entre los músicos, el disco sigue siendo una unidad indudable, una sola pieza, que bien podría haber sido tocada por los mismos músicos de principio a fin. Es raro eso, ¿eh? Pero así es. Me tiento de empezar a “vericuetear” acerca de cómo pasó todo esto pero me voy a abstener, porque justamente no es mi cabeza la que está disfrutando a pata suelta este disco hermoso. Esta vez mi alma prohibe cualquier explicación.

Y como no puedo explicarles, opto por mostrarles. Creo que es lo mejor para hacerles llegar la magia que estoy viviendo en este preciso momento. En loop.

https://danylopez.bandcamp.com/album/acuario

Abrazos musicales,

Patricia

Jardín Carmín (de Carmen Pi)

Tapa del CD Jardín Carmín

Tapa del CD Jardín Carmín

 

No sé ustedes, pero yo hace ya un rato que antes de comprar un disco, lo escucho de alguna manera (en Youtube, le pido a algún amigo que me pase algún tema, etc.). La excepción a esta regla, han sido los dos discos de Carmen Pi.

A su primer CD, “Puntos Cardinales”, me lo regalé para mi cumpleaños sin conocerlo. Había oído tres temas en Youtube y había quedado prendada de su trabajo, por lo que al enterarme de que había salido un disco de ella, corrí a comprármelo. Y me enamoré de ese disco, como ya saben por un par de cosas que escribí antes aquí. Creo que hace apenas unos tres meses que el disco no suena a diario en casa. Lo gasté.

Ahora Carmen lanzó Jardín Carmín y, qué sé yo, sinceramente, pensaba que no me gustaría mucho, porque iba a ser casi imposible no compararlo con el otro que me fascina tanto. Pero entonces, cuando yo estaba en medio de la duda, aparece el querido de Napi, desde el viejo continente, empujándome: “Eh, eh, Patricia, ¿ya compraste el nuevo CD de Carmen? ¿Qué tal es? Voy a querer uno. Te envío el dinero y me lo mandas, ¿sí?” Y así fue que le prometí a Napi que lo compraría para ambos.

Fue tenerlo en mis manos y me vino una ansiedad tan enorme por escucharlo que no se sabe.

Aclaro que estoy escribiendo esto a dos días de tener el disco conmigo, por lo tanto, son las primeras impresiones, nada elaboradas, como surgen al primer contacto.

La primera canción es “Flor”, que también es parte de Puntos Cardinales (NSEO, como yo lo abrevio con enorme originalidad). “Flor” fue de NSEO el tema que menos me gustó las primeras veces que lo escuché. No le encontraba la magia. Hasta que un día me agarró en el momento emocional justo y me pareció de una belleza tan gigante, una mezcla de dolor y optimismo, que resonó en todas mis células y que nunca más dejó de hacerlo. En este disco aparece otra versión de “Flor”, con otro ritmo. El ritmo no es lo mío pero creo que la versión original estaba en 4/4 y la nueva en 6/8. Cuando una canción cala hondo y la versionan normalmente cuesta adaptarse pero Carmen es una enorme genia haciendo versiones. En NSEO le conocí la faceta de versionar temas de otros (“Can’t Buy Me Love” es una obra maestra) y ahora “Jardín Carmín” me enseñó que también es una genia versionando sus propios temas. Esta nueva versión me transmite una mujer más madura, más tranquila, más segura, y quizás más profunda. No conviene ver al artista detrás de su arte y creerse que son identificables, pero me parece que con los artistas que admiramos mucho es difícil no hacerlo. ¿Qué fan de Sting no está convencido de que lo conoce al dedillo? ¿Qué fan de John Lennon no cree que sabe lo que él sentía? Y bueno, soy fan de Carmen, así que caigo en ese despropósito.

Al segundo tema, “Carmín”, hay que escucharlo con detenimiento. Está dedicado a Nacho, su pareja de vida. Tiene una percusión muy bonita y una letra muy sentida. No es para gente apurada.

Luego viene “Dance” que es el único tema que había escuchado en algunas entrevistas que hizo Carmen, en las que eligió cantarlo como corte de promoción. Es de bienvenida frescura, muy alegre, muy divertido. Es simple, de alguna manera, y en la letra mezcla palabras en inglés con palabras en español, que es algo muy común en algunos uruguayos que hemos estado muy expuestos al inglés. Ese aspecto de los idiomas (que se repite en el disco en otros lados) en particular me disparó el cuestionamiento de si no será que se está gestando una especie de lengua combinada entre ambos idiomas. Quizás se esté dando un cambio en el estilo de evolución de las lenguas. Antes evolucionaron más bien adoptando palabras extranjeras y metiéndolas en el sistema de la propia (cambiándoles la grafía o la pronunciación). Quizás en el próximo tiempo cambiarán simplemente tomando palabras de unos y otros y hablando todo junto, todo combinado. No me extrañaría nada. Pero volviendo a la canción, tengo que advertirles una cosa: tiene ese efecto que tienen algunas tonadas de instalarse en el cerebro… y no te la sacás en todo el día. Es pegadiza de una manera casi desesperante. Les juro. Uno la sigue cantando internamente sin parar. Así que ya saben: úsenla con responsabilidad. Y dicho esto, aquí les dejo un video de esta canción:

http://youtu.be/TlJviX57YO0

“Café et chocolat” tiene un espíritu no muy diferente al de Dance, en el sentido de que sigue siendo alegre, sigue siendo una canción que da ánimos de salir a vivir. La letra está más que nada en francés pero con un “toque” de castellano. Por ahí me equivoco, porque no es que conozca toda la música uruguaya, pero me da la impresión de que Carmen es una excepción en esto de cantar alguna canción en francés. En NSEO el tema Petit Nounours fue el primer paso en este sentido y ahora ya se percibe como normal algo que antes no lo era. La cultura uruguaya hasta hace unos años recibía mucha influencia de la cultura francesa, y el pensamiento académico en el área de las humanidades sigue siendo hasta hoy más parecido al francés que al inglés. O sea, creo que lo que hace Carmen incluyendo al francés en su repertorio es un rescate interesante, desde el arte, de un vínculo cultural de larga duración.

“Buen día” es la “cancionización” de la ternura [porque “personalización” no es]. La dedicatoria que figura en el folleto (que, by the way, acabo en este instante de descubrir adentro de la tapa del CD, jeje) dice así: “Para ti, hijita, con todo el amor de mamá”. Y fa, es eso, una canción que acuna, que abraza, que concentra amor en grandes cantidades. Y a quién no le hace bien escuchar algo que transmita mucho amor. Es divinísima. ¡Tienen que escucharla! Es la canción que yo vengo poniendo para escuchar de nuevo varias veces. Como comentario adicional, tengo la impresión de que tiene una brevísima combinación de notas que mi cerebro reconoce de algún tema de NSEO, pero quién sabe si no le erro. Comparto la letra, aunque me temo que sin la música no les hará llegar lo que yo quisiera hacerles llegar.

Brisa de verano entrando en la ventana

Tus soles brillando al amanecer

Todos los colores rodeando tu cama

por la mañana

Mi mundo girando a tu alrededor

Y yo te digo

Buen día, buen día mi amor

Buen día, buen día mi amor

A través de las cortinas sueñan tornasoles

anaranjados

Es tu sonrisa la más linda que vi

Oigo tus sonidos tenues que de a poco

Van despertando al sol

Que salió solo para ti

Y es un nuevo día, hoy, es un nuevo día, hoy es un nuevo día, hoy es un nuevo día

Abrí las ventanas

Que siempre entre el sol

No olvides dar cuerda a tu pequeño tambor

Que el viento te silbe canciones de amor

Que siempre sea siempre

Y que hoy sea hoy

Y hoy es un nuevo día, hoy es un nuevo día, hoy es un nuevo día

Good morning, good morning

Good morning my love

 

Que siempre sea siempre y que hoy sea hoy” me deja pensando en tantas cosas… pero no, no los voy a atomizar con esos vericuetos de mi mente.

Luego viene “Completely Wasted”, un tema cuya letra y música es de Dany López y que a Carmen le queda como anillo al dedo. Tiene un aire a rock inglés, quizás a U2, o a R.E.M., y es tan, tan bonito, que desde este rincón atresillado, envío mi voto por una banda de rock and roll con estos aires, formada por Dany y Carmen. Es otro de los temas que me he detenido a repetir. Es maravilloso cómo Carmen puede ser miss ternura en el tema anterior, y miss … fa, cuál es la palabra no sé, anda entre protesta/guerrera/rockera/firmeza… tú le pondrás el nombre adecuado, seguramente. ¡Me encanta esta canción! Felicitaciones a Dany por este tema. Me en-can-ta.

“Pasos semifusos” me fascinó. La letra juguetea con muchas palabras y rimas, cosa que me gusta mucho. Creo que tanto en lo que tiene que ver con la letra como en lo musical tiene una doble influencia interesante: Fernando Cabrera y Jorge Drexler. Al menos a mí me es imposible no acordarme de ambos mientras escucho esta canción, que me resulta algo intrigante y bastante fascinante.

“A Don Prudencio Navarro” tiene la siguiente dedicatoria: “Mi viejito, esta es para vos”. El papá de Carmen fue un antropólogo muy admirado en este país, y muy querido. No hace mucho que falleció. Esta canción es algo increíblemente bello. Por una parte, la ternura con la que la canta, es algo que se mete en los huesos. Me impresiona la belleza que hay en la amalgama entre la letra, la música y la voz. Supongo que una canción así de bella pensada para alguien solo puede suceder entre dos seres que se conocen muchísimo, y que se aman, y que solo un corazón muy bonito puede poner en notas algo tan enorme y tan mágico, logrando que uno sienta en carne propia una relación que obviamente es ajena. Hermosísima canción. Pero eso sí, aquí se complica para poner que repita. Al menos a mí me cierra un poco la garganta cada vez que la escucho.

“Canción madre”, que está dedicada a su mamá, tiene letra de Carmen y música de Dany. La voz de Carmen aquí es tan pero tan Carmen Pi que no se puede creer. Y tiene unos coros (también de Carmen) tan pero tan bonitos. Es una hermosísima canción. Profunda, sentida. Algo realmente especial.

La última es “Esta vidalita”, que es un tema triste, pero con esa vocecita dulce compensa el dolor que llega a través de los parlantes.

Es un disco que nos pasea por estados de ánimo diferentes, que es muy íntimo y muy sentido. Mayoritariamente dedicado a los afectos más importantes de la vida, es imposible escucharlo y no sentirse movilizado por amores, imágenes y emociones propias.

Todas las letras y músicas son de Carmen Pi, excepto “Completely Wasted” que es de Dany López y “Esta vidalita” que es de Dana Nicola.

Además de Carmen y Dany, los músicos que participaron en la creación de este objeto mágico son:

Tato Bolognini, Gerardo Alonso, Palito Elissalde, Ángelo Primón, Freddy Pérez, Federico Blois y Nacho Imbellone.

Desde aquí envío mi deseo de que Carmen nos siga deleitando con su música, que moviliza, hace vibrar, hace sentir… o sea, que cumple con eso tan importante que se espera del arte: que sirva de vehículo para los sentimientos, que sirva de resonador para permitirnos sentir algunas emociones que por ahí quedan atrapadas y necesitan una válvula, para la conexión entre nosotros los humanos y para la conexión con nosotros mismos, para disfrute y para crecimiento.

Gracias, Carmen. “Que siempre sea siempre, y que hoy sea hoy.”

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