Chapital Quinteto en Inmigrantes

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Foto: Carlos Cossi

Tú tendrás tus razones por las que te gusta Montevideo. La mía es la posibilidad que me regala muy seguido de escuchar y ver, a metro y medio, a músicos que me generan un estado emocional que justifica pasar por esta experiencia 3D.

La cita de anoche fue en Inmigrantes (en la esquina de Paullier y Guaná), donde Juan Pablo Chapital tocó temas de su autoría, y algunas versiones exquisitas de temas de otros grandes músicos (Mandrake y Rada, por ejemplo).

El quinteto está formado por:

Juan Pablo Chapital en guitarra y voz

Martín -Dios- Ibarburu en la batería

Fernando “Pomo” Vera en el bajo eléctrico

Hernán Peyrou en teclados

Guillermo Olivera en trombón

Les cuente lo que les cuente, caeré en repetirme, pues lo que me generan Chapital e Ibarburu es algo que ya describí mil veces. O sea, seré brevísima para no aburrir.

Sí quiero contarles algunas cosillas:

La combinación de sonidos del trombón  y la guitarra está buenísima. Guillermo le mete mucha alegría, pero también un gran cuidado a no aplastar a todo el mundo con ese sonido fuerte que tiene el trombón. Un placer su contribución.

La base rítmica (y, obvio, no solo rítmica) de Fernando Vera y Martín Ibarburu fue perfecta, también muy respetuosa y con momentos de brillantez, que son como codazos en las costillas que te ponen súper alerta y te aceleran el ritmo cardíaco (ta, codazos que no duelen).

Hernán, con el teclado, aportó mucho a generar el clima místico de la noche.

Juan Pablo presentó dos temazos nuevos, alucinantes. Tanto que cuando el público le pidió “otra”, le pidió justamente su nuevo tema “Bushido”. ¿Cuántas veces creen que pasa que se pida de bis un tema nuevo? ¡Ninguna!!!! Solo Juan Pablo logra eso.

Mi foco de atención suele irse siempre hacia la batería, y anoche fue brutal verles las caras de goce a Pomo Vera y a Juan Pablo Chapital cuando Martín tocaba una genialidad. Martín logra eso, que el resto de los músicos disfruten especialmente de las notas de la batería, que es algo que tampoco es tan común de observar. Justamente en el tema “Bushido” el aporte de la batería fue algo endemoniadamente disfrutable.

Al presentar a Martín, Juan Pablo dijo: “Tocar con el mejor baterista del mundo es…” No completó la frase, pero seguro que el final era algo parecido a “impagable”, “fascinante”, “algo de no creerse”.

¿Que resuma qué me gusta de la música de Juan Pablo? Es muy sencillo:

  • Que sus temas no son demostraciones de virtuosismo sino que son expresiones de emociones y son significativos para el corazón
  • Que cuando toca cada nota la hace sonar como si fuera la única nota que va a tocar en su vida, que la sostiene, que su sonido es límpido, vibrante, amoroso. Anoche en particular, algunas notas no le sonaron, quién sabe por qué. Y sin embargo esos silencios no fueron nada incómodos. Es como si la música anoche hubiese necesitado pausitas extras.
  • Que si bien son temas instrumentales, tienen mucho de canciones, por las melodías hermosas
  • Y creo que lo que más me toca el alma es la actitud general de veneración hacia la música

Esperemos que sigan presentando estos temas. Es un regalo que yo les agradezco.

Gracias a Carlos Cossi tenemos estos recuerdos gráficos de la noche:

 

 

 

Chapital Grooving the Blues: ¡Gozado!

Abajo les cuento algo de una propuesta musical que les recomiendo de corazón.

Chapital Grooving the Blues está formado por:

Juan Pablo Chapital (guitarra eléctrica y coros)

Camila Ferrari (voz)

Sebastián Zinola (teclado)

Valentín Cabrera (bajo eléctrico)

Gerónimo de León (batería)

 

 

Chris Cain & Chapital Grooving the Blues: What a Night!

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Insólitamente genial el toque de Chris Cain & Chapital Grooving the Blues.

Además de su música, de la que ya hablaremos, tengo que agradecerle a Chris Cain el haber tenido mi primer contacto con Chapital Grooving the Blues. Esta formación es: Juan Pablo Chapital (guitarra), Valentín Cabrera (bajo), Gerónimo de León (bata), Sebastián Zinola (teclado) y Camila Ferrari (voz).

Siento gran debilidad por la música que toca Juan Pablo. Le he dado vueltas al asunto para tratar de dilucidar qué es lo que me engancha tanto y la conclusión es que cuando toca cada nota, toca cada nota. O sea, no está en ningún otro lado ni pensando en ninguna otra cosa. Está presente, en ese aquí y ahora, en ese preciso instante, creando música. Eso es mucho menos obvio de lo que puede parecer al leerlo. Lo más común entre los mortales de 2017 es estar haciendo una cosa y estar pensando en otra. “El Chapa” tiene una calma y una aceptación del momento que es maravillosa. Y como todo se contagia desde el escenario hacia las butacas, es un placer estar de público porque se puede experimentar un poco de esa conexión. En cuanto a la formación entera: suena muy, muy pro. Tocaron dos temas al inicio del show, antes de que se les uniera Chris Cain. En apenas unos segundos, el público estaba colocado en el lugar emocional en el que nos necesitaban. Camila Ferrari despliega una dosis de confianza que influye mucho en que una se tire para atrás en la butaca, tranquila de que el barco irá por buena senda. La confianza proveniente de una cantante modifica por completo la experiencia del que oye. Camila en ese sentido hace una contribución muy importante. Además, canta muy bien.

Para quien pueda no saberlo, Chris Cain es un guitarrista de blues y jazz, nacido en San José, California, en el año 1955. Su primer disco, “Late Night City Blues” (1987) recibió 4 nominaciones del premio W.C. Handy Blues, incluyendo “guitarrista del año”. Además de guitarra, toca piano, bajo, clarinete, saxo alto y saxo tenor. Creció escuchando blues y sus estudios musicales anduvieron por el área del jazz. En la Sala Camacuá, agradeció y homenajeó especialmente a B.B. King, Albert King y Ray Charles. Joe Bonamassa dijo de él: “Uno de mis músicos de blues favoritos de todos los tiempos, y no debidamente valorado.  Chris es una de mis influencias desde que tengo guitarra. Tono y fraseo mágicos, voz y temas matadores”. Y B. B. King dijo: “¡Ese chico sí que sabe tocar la guitarra!”.

Así fue que sucedió que un jueves 11 de mayo de 2017, en esta sala de tamaño y disposición tan pero tan agradables, la Sala Camacuá de Montevideo, tuvimos esta oportunidad digna de mucho agradecimiento: trasladarnos por un par de horas a un mundo sonoro intenso y muy emocional.

Una no sabe los entretelones pero puede adivinar que demasiado tiempo de ensayo no pudieron tener. Sin embargo, el toque tuvo un profesionalismo y una contundencia que para quien no sepa que uno era de California y los otros eran de Montevideo, bien podría creer que se trata de una banda estable con años de experiencia conjunta. Es muy admirable esa capacidad que tienen los buenos músicos de entrar en eso que ellos están creando y que a su vez los está creando a ellos de algún modo. Es muy hermoso vivir eso desde el público.

Chris Cain fue pura simpatía, amabilidad y alegría. Generó una gran fiesta de tributo a la música, con mucha comunicación, con muestras de agradecimiento hacia los músicos que lo acompañaron y también hacia el público y hacia la vida. La música creada por él traía también todos esos elementos: felicidad de estar ahí, respeto por todo, comodidad y mucha, mucha presencia. Me impresionó la intensidad de sus frases en la guitarra y de sus solos. Su música genera una fuerza impactante. Cantando, otro tanto. Tiene una gran fuerza y se canta todo. Deja el alma en cada nota y la encuentra en la siguiente. Es admirable su poderío y su entrega.

No cualquiera puede acompañar a este hombre y les digo la verdad, yo me pasé todo el toque admirando al bajista, a Valentín Cabrera. Lo de Valentín fue verdaderamente asombroso. Los temas parecían suyos; daba la impresión de que había tocado con Chris toda la vida, y la onda increíble que le metió a cada nota fue bestial. En un par de temas funkies (no me pidan los nombres), yo me hubiera parado y le hubiera tirado pétalos de flores si hubiera llevado. Me tuvo boquiabierta todo, todo el toque. ¡Y el sonido de ese bajo lo que fue! Una maravilla, admirable, recomendable por demás.

Gerónimo de León en la batería también estuvo impecable. Ya lo conocemos y sabemos que se toca todo pero me dejó admirada que pudiera tocar blues con esa intensidad y atención durante todo el toque, siempre dentro del vocabulario bluesero y teniendo el protagonismo justo que el Blues requiere de la batería. Que es un tema no sencillo, porque el blues pide una batería con protagonismo acotado pero muy exacto. En los momentos en que se le pide a la batería destacar, tiene que destacar y sin error alguno, y Gerónimo lo maneja muy, muy bien. Con hermosos fills, y una llevada firme y dulce a la vez.

En cuanto a los teclados, una disfrutaba con el goce de Sebastián Zinola. Contagiaba esa alegría de estar haciendo lo que evidente ama. Dialogaba con Chris y con el resto de los instrumentos con total soltura. Se lo sentía contagiado de la propuesta de Chris, pura alegría de vivir. Sus solos estuvieron muy bien articulados con el resto de la música y su contribución general todo el tiempo fue lo que esa música necesitaba.

Les voy a pedir que me acompañen en un intento de transmitirles algo de lo que se percibió kinestésicamente. No sé si lo lograré… ya veremos. Imagínense una sala semicircular completamente llena de público y en total oscuridad. En el centro izquierdo del escenario, tres focos entrecruzados de luz blanca por la que atraviesa bastante humo. Debajo de esos focos, una figura humana inclinada sobre su guitarra con todos los sentidos alertas y con un nivel máximo de calma y conciencia. A su alrededor se intuyen las otras figuras, inclusive la de Cain, y se las siente algo nerviosas, algo excitadas. Esta, debajo del foco, en cambio, se para como un guerrero  de la paz. A cada nota que emerge de sí le dedica todo un acto de creación: le regala la vida, le regala la duración exacta y el ánimo perfecto. Por ese lapso lo único que existe es esa nota, que a ti, que estás sentado en la butaca, te atraviesa el alma, recordándote que tu existencia es de índole divina. Sí, Juan Pablo Chapital. Mi reverencia hoy es para ti.

 

Fotos: María Magdalena Paredes

Para ver más fotos, ir a la entrada original en COOLTIVARTE.

 

Entrevista a Juan Pablo Chapital

IBARBURU – CHAPITAL

20 DE MARZO DE 2016 – 21:00 h

Sala Zitarrosa

Venta de entradas: Tickantel (Abitab y Red Pagos)

 

Entrevista realizada para Cooltivarte: http://cooltivarte.com/portal/lo-que-te-toca-el-corazon-lo-que-te-eriza/#.VuYKPi3H-ZY.facebook

 

Fotografía de: María Birba

Fotografía de: María Birba


¿Te gustaría empezar por contar un poco lo que va a ser el show del 20 de marzo en la sala Zitarrosa?

Bueno. Nico y yo somos del mismo año: 1975. Se da el fenómeno de que yo, siendo muy chico —16 o 17 años— toqué por primera vez en un colegio, en el Latinoamericano, en un taller de música, que dirigía Jorge Schellemberg en aquel entonces, y cerraba el evento un grupo que se llamaba “Lahermosabanda”, que eran los tres hermanos Ibarburu, o sea Andrés, Martín y Nico, con Montemurro y Diego Varela y cantaba Martín Paolillo, un cantante que ahora es periodista deportivo pero que canta muy bien. Y claro, yo vi unos tipos que tenían mi edad pero que tocaban como los que yo escuchaba en los discos. Desde muy chicos ellos tocaban como tocan ahora. Tienen como una cosa increíble, que generan una cosa cuando los escuchás por primera vez de una admiración… y a la vez son tipos tan sencillos y tan queribles que uno se embelesa con eso. Yo había oído hablar de ellos pero siempre escuchaba músicos más grandes. Entonces, a partir de ahí, empecé a seguirlos musicalmente. Iba a los shows de Pepe González, que fue la banda que después tuvieron. Después empezaron a tocar con Jaime. Iba a Utopías a verlos; iba a Clave de Fu a verlos… entonces era rarísimo porque eran personas contemporáneas a mí pero con una cosa musical muy conectada y muy salada. Entonces, bueno, tomé clases de guitarra con él. Después, obviamente, generé una amistad. Después empiezo a tocar con él con Francisco Fattoruso, que armó un grupo con dos guitarras, y para mí era algo increíble poder tocar al lado de Nico. Y desde aquel entonces no hemos vuelto a tocar juntos. Hemos tocado juntos con Urbano, también informalmente en diferentes cosas, o divagues que hemos hecho mil veces pero hacía mucho que no hacíamos algo juntos. Y como yo tengo mis discos y él tiene su proyecto y su disco también, y compartimos músicos en los proyectos, siempre tuve la idea de poder hacer un show como este que va a pasar el 20. Él va a tocar en su proyecto, yo en el mío, y obviamente vamos a mezclarnos, yo tocar en el suyo y él en el mío, y vamos a tocar a dúo algunas cosas también. Así que es todo muy desde la amistad y desde las ganas de compartir con alguien que siempre fue una referencia musical, contemporánea, y con quien además está todo súper bien, nos cagamos de la risa, es como súper orgánico también, no es algo forzado. Al contrario, hay una cosa muy afín. Está buenísimo.

¿Qué es lo que te gusta de la música de Nico?

A mí me gusta él como músico integral. Él es un loco con una personalidad única… y Martín, su hermano, Andrés también pero me detengo en ellos dos porque considero que tienen algo especial. Luis Salinas define a Martín de una manera que también se podría definir a Nicolás. De Martín dice que es un “reloj sensible”. Como que el loco tiene una precisión y una cosa, y a la vez tiene una sensibilidad y una capacidad increíble de acoplarse a la música que está tocando. Y con Nicolás los dos son unos virtuosos, pero no es eso lo que más me llamó la atención. Sí me llamó la atención eso en un principio, el virtuosismo, o cuando toca la eléctrica en los solos con Jaime, o con Pepe González, pero hay una zona de ellos que es la que más me gusta. Una vez los escuché en un festival de música instrumental, que se llamaba “Instrumenta”, donde yo toqué en una fecha y ellos tocaron en otra a dúo: Guitarra criolla y cajón. Eso es lo que más me gusta de ellos. Más allá de que cuando hace un solo en un funk te mata, y hay como un lenguaje muy en común que a mí me gusta mucho también, como eso del funk, el blues, el jazz. Pero lo que más me mata de ellos, hoy en día, es eso, esa parte acústica. Y cuando tocan a dúo es algo especial. Porque ahí se nota que hay algo… tipos muy muy conectados. Son locos con una conexión especial con la música, … o sea, es algo que es una búsqueda mía también. Ellos naturalmente lo tienen desde que yo los escucho.

La cabeza para mí siempre ha sido algo que ha interferido mucho en mí como músico. Hoy en día estoy mucho más cercano a ese lugar y me he abierto el espacio mío a través del trabajo a través de otras cosas, pero me parece que ellos lo tienen naturalmente eso. ¡Y ni te digo si están copados con el proyecto! Pero sobre todo esa investigación acústica que hacen que tiene que ver como con lo folclórico, el candombe, el pop. Digamos que su zona pop no es lo que a mí más me emociona. Son impecables en eso pero no es lo que más me emociona de ellos.

¿Cuál es el hilo conductor musical entre los cinco de este quinteto con el que vas a tocar?

Yo creo que son las canciones, porque si bien es música instrumental, yo fui mutando en mi objetivo musical. Cuando volví de Buenos Aires, después de haber tocado con Malosetti, con Liliana Herrero, con gente muy cercana como a lo jazzístico en cuanto a la experimentación y concepto, mi ilusión musical era mucho más cercana a eso. Hoy estoy mucho más cerca de las canciones. O sea, son canciones instrumentales. No es solo jazz. Hay elementos del jazz, del blues, de la música uruguaya que escuché toda mi vida. De hecho siempre trato de homenajear a la gente con la que he trabajado y que he escuchado toda mi vida, porque se ha escuchado en mi casa: Cabrera, Mateo, Rada, Hugo. Pero yo también soy como un melómano. No que sepa mucho de las formaciones de los discos pero sí me sigo comprando discos. Tengo 500 o 600 discos y sigo pidiéndome discos, y encaro discos, y me regalan discos y los escucho. Estoy todo el tiempo fijándome qué disco me puedo comprar. Me gusta mucho y tengo todo bastante organizado. Por un lado el jazz, Brasil -que también me gusta mucho-, por otro lado todos los discos de Uruguay, por otro los pianistas de jazz, los trompetistas, los saxofonistas, los guitarristas de blues. Hay como un orden. Sin llegar a la obsesión total, pero me gusta el objeto disco y me gusta escuchar.

Yo te escuché decir que te movían la misma fibra Miles Davis, Coltrane, Hendrix y…

Y Gardel, y los Beatles.

¿Cuál es esa fibra?

Y es la que no hace juicio de valor de qué es esta música. La fibra es lo que te toca el corazón, lo que te eriza.

O sea que vos, a pesar de ser músico, sos capaz de escuchar esa música y sentirla, y no dedicarte a entenderla.

Por ejemplo, por hablar de una música diferente a la que yo toco, pasé mucho tiempo sin escuchar a Los Buenos Muchachos. Y un amigo mío me decía: “vo, mirá que te va a encantar”. Y fui a La Trastienda ¡y piré! ¡Me encantó! Me encanta lo que hacen con las violas, me encanta el loco, y el cantante, Pedro Dalton. Me gusta todo lo que sea visceral. Así como me encanta Robert Johnson, un bluesero de los primeros, y escucho a Gardel y me pasa lo mismo, y escucho un coro de murga que está afinado y se canta todo y me pasa lo mismo, y escucho a Joao Gilberto y me pasa lo mismo, y escucho a Coltrane tocar una balada y me pasa lo mismo. Y me encanta cuando descubro. Hace un tiempo ya, yo venía en un viaje re-jazzístico y me pasaron a José González, ¿lo conocés?

No. ¿De dónde es?

Es un sueco con padres argentinos y él toca la viola acústica y canta canciones. Y flasheé, ¿viste? Me encanta. Es un loco que me llega también. Estoy todo el tiempo buscando escuchar cosas nuevas que me lleguen al mismo lugar. Para no estar siempre rondando en lo mismo.

¿Y cuando vos tocás tu propia música sentís algo parecido a eso? ¿Te mueve algo parecido?

Sí, cada vez más. Por suerte, cada vez más. Pero depende de la situación, de lo que esté pasando. O sea, admiro músicos que siempre tocan de la misma manera ante cualquier circunstancia. Yo hay circunstancias en las que me coloco mucho más.

¿Qué se precisa para colocarse siempre y en cualquier circunstancia?

Yo calculo que tiempo. Y trabajo que no tiene que ver con lo musical.

¿Qué tienen que ver el aikido y la música? Vos has dicho que son lo mismo y que son complementarios.

Lo que pasa es que el Aikido es un arte marcial que ha acompañado mi  vida de hace 16 años a esta parte. Hoy sigo entrenando, soy cinturón negro, doy clases también, pero también me considero que soy un principiante, exactamente igual que en la música. Y tiene que ver con muchos aspectos, con la interacción con el otro. Uno tiene una idea del arte marcial que muchas veces no es la realidad. Uno se imagina que quiere aprender un arte marcial para usarlo como defensa en la calle. No tiene nada que ver con eso. El fundador del Aikido de lo único que hablaba era de que la verdadera historia está adentro, que la verdadera lucha es con tu historia, con tu pasado y con tu presente y con lo que vas viviendo. Esa es la lectura que yo hago.

Para mí siempre fue y es un camino paralelo. Y seguirá siendo. Es algo que no va a caducar nunca.

¿Podés describir qué es lo que te pasa cuando estás en un escenario con cuatro músicos más?

Y bueno… eso es lo que no se puede explicar. Pero es casi como que no te das cuenta de que estás ahí. Hay veces que no me pasa, pero cuando me pasa, es alucinante. Por lo general llego a mi casa y me siento en un sofá y me paso media hora o cuarenta y cinco minutos en silencio, y ahí tomo conciencia de todo lo que pasó. Pero bueno, hay veces que sucede y veces que no sucede.

¿Qué músicos forman el quinteto que va a tocar el 20 de marzo en la Sala Zitarrosa?

Van a tocar Manuel Contrera el teclado, Hernán Peyrou el teclado (va a haber dos teclados), Nacho Echeverría, que es el bajista del Experimental Trío, que es con quien grabé mi último disco, y Gerónimo de León en batería. Toda gente amiga, básicamente.

¿En qué proyectos estás tocando ahora?

Bueno, ahora estoy con este quinteto, con un proyecto de blues con Santiago Cutinella, que es una música con la cual me conecto mucho y me gusta. Después toco en la banda de Cabrera, cuando toca con banda. También toco con Alfonsina, con quien tengo muy buena conexión en el escenario. Y después, no sé… ahora el viernes toqué con Las Coralinas en la Sala Zitarrosa, y también hay algo ahí que me gusta de esa energía. Son 15 mujeres que se cantan todo, dirigidas por Carmen Pi. Hay como una cosa energética, como una polenta especial.

¿A vos qué te tiene que pasar para que te sientes a componer?

Algo. Por lo general lo triste viene con alguna música. Por eso tengo como una faceta muy baladística, o una expresión en las melodías cuando toco la guitarra que es como melancólica. Esas son las devoluciones que me han hecho. Por lo menos en mis dos discos fue así. Las canciones salen de hechos específicos. Después sí, ta, tengo mil ideas por redondear, pero me conecto más con esa parte más íntima, con lo chiquito, más que con los solos, bla bla.

¿Qué es un solo de guitarra para vos?

Depende del contexto pero es intentar contar una historia. En eso he cambiado mucho también. Antes escuchaba guitarristas que tocaban cincuenta mil notas por… que lo veo y me encanta, pero por lo general tuve como una vuelta al blues desde ese lugar, ta, cómo el tipo con una nota hace “pin” y te pone la piel de gallina, entonces en mi búsqueda de hoy en día está mucho más eso: intentar decir con menos cosas. Como que abandoné un poco esa cosa de querer tocar de determinada manera. De hecho, hace poco estuve en Estados Unidos y vi miles de guitarristas tremendos. Está buenísimo. Pero bueno, también las devoluciones que yo recibí cuando toqué fueron lo que más me interesa de la música. Me gustan los solistas que cuentan una historia. Hay mucho guitarrista así, y hay mucho que no. Hay mucho que solo tira data. Está bien… es una búsqueda también.

¿No te hacen falta las letras?

No, como que mi gran desafío está en poder transmitir lo mismo que dice una letra a través de una melodía en la guitarra. Mi búsqueda es esa. Yo sé que no es tan lineal como la palabra, pero puede llegar a serlo. Lo que pasa es que también depende de la recepción del que está del otro lado.

¿Cómo se conjuga la búsqueda del silencio interno con ser músico, donde hay mucho sonido?

Yo creo que es primero una cosa para que después suceda la otra. En mi caso la búsqueda del silencio, así como la música, fue y es una necesidad. Eso aparece en mi música naturalmente. Sin yo buscar… Bueno, tengo un tema que se llama “Silence, please”, que es el que compuse cuando vine de vivir en Buenos Aires, y me senté en ese sofá que te digo y dije: “Ta, volví a Montevideo. Estaba necesitando esto”. Ese tema salió así, en ese sofá. Me pasaron muchas cosas en el último tiempo en las cuales necesitaba volver a estar en silencio otra vez, entrenar aikido en mi lugar, donde yo entrenaba. Entonces por eso creo que si está una cosa, está la otra. Si vos tenés esa inquietud… uno toca como es uno, exactamente. Ni mucho más ni menos. Si uno no tiene búsqueda, en la música se nota.

¿Qué papel juega el silencio en tu música?

No sé si es el silencio técnico. Sé que hay como aires de eso. Hay como atmósferas que generan un estado equis, ¿viste?

Dicen algunos bateristas que lo más importante en la música son los silencios

Eso se puede interpretar de muchas maneras y está buenísimo, porque también que lo diga un baterista es increíble, porque en general los bateristas lo que quieren es tocar, tocar, tocar. A mí, por lo general cuando escucho un baterista me gusta Steve Jordan, Al Foster, bateristas de jazz, Paul Motian… bateristas mínimos. No tanto los que reparten.

¿Hay algún músico con el que no hayas tocado de Uruguay o de alguna otra parte del mundo con el que te encantaría tocar?

Fa, de Uruguay con el que no toqué nunca, que fue una referencia para mí, de ver de pendejo la banda y decir “yo quiero estar ahí”, fue Jaime, siempre. Después con Rada toqué en muchas circunstancias, con Cabrera también, con Urbano también. Pero Jaime es un loco que siempre quedó como una cosa ahí “pah, lo que debe ser” ¿no? Y después… del mundo… yo qué sé, miles, hay muchos.

La pregunta iba por si había alguien en especial con quien te imaginaras tocando.

Bueno, hay un violero que me mostró Nicolás Ibarburu a mí, en esas clases que tuvimos, que me lo presentó y me dijo “vo, vos tenés que escuchar esto que te va a encantar”. Es un loco que se llama Robben Ford.

Me pasó algo muy loco porque cuando vino me propusieron que fuera el telonero.

No podía creerlo. Y todo lo que me sucedió con él fue muy mágico, además. Porque llegó el día del show. Yo estaba súper nervioso por conocerlo, más que por tocar. Yo iba a tocar en el Solís, solo con la guitarra. Me importaba más qué me iba a pasar cuando lo conociera a él. Entonces, cuando viene y me saluda, me miraba y me decía: “Y qué tocás? ¿Blues?”. Yo le dije, “No, no sé… yo toco mi música, no tengo idea”. Y me miraba. Yo iba a tocar tres temas míos. Mi música no tiene nada que ver en concepto con la de Robben Ford. Y toqué guitarra de nylon. Entonces, se hace el momento de ir a tocar, voy a abrir el show, me siento en el Solís y empiezo a tocar. Invité a Manuel Contrera a tocar un tema que yo hice en el segundo disco. Y yo escuchaba unos pasos y decía en broma: “Debe estar Rúben por ahí atrás caminando”, le decía a la gente. Y se reían. Y cuando me bajo de tocar, el manager argentino me dice: “Chabón, Robben salió del escenario y vino a escucharte. Se sentó acá en esta silla con la viola sobre las piernas, y le encantó tu música, dice que sos un gran músico, que tenés terrible sonido”. Me termina de decir eso y viene Robben y me dijo exactamente lo mismo: “Me encantó tu música, me encantó desde el lugar que tocás, podés abrir un show para mí cuando quieras”. Yo me quería morir. Directamente me quería morir. Robben Ford, de quien me escuché toda su discografía. Además, que tocó con Joni Mitchell, que tocó con George Harrison que lo amo, que tocó con Miles Davis que lo amo. Es como un guitarrista que estuvo en todos los lugares donde a uno le habría gustado estar. Fue muy surrealista, muy increíble. Tuve esa suerte, y de hecho, todas las suertes. Porque tocar con Cabrera para mí también era como un sueño, tocar con Rada también.

¿Cómo fue la gira por el interior del Uruguay?

Fue buenísimo porque mismo que no sabía qué me iba a encontrar. Si iba a ir una persona o cien, pero me entregué, dije “Bueno, ta, va a ser lo que tenga que ser y van a estar los que tengan que estar”. Y la verdad que estuvo bárbaro. Me quedé súper contento porque por ahí es gente que va a un evento porque es gratis, y porque es algo diferente y que no está acostumbrado, hay gente que no va por eso mismo. Pero me quedé súper contento sobretodo con el intercambio después del show. Que venga un tipo con el hijo, como me pasó en Rocha, súper emocionados a sacarse una foto, y que te digan “Loco me encantó”. Cuando se da el intercambio así, y cuando pudiste llegar y transmitir algo, está buenísimo. Es como misión cumplida, me voy contento. En Treinta y Tres, que está el festival del Olivar, que son súper folclóricos. Yo concibo mucho eso que hablábamos al principio: si vos estás colocado, el público lo recibe. Por lo general si uno está colocado, el hielo se derrite solo. Para mí fue súper positivo. Todo lo que no tiene que ver con lo burocrático, de todo lo que te pide el MEC después para certificar… tenés que presentar factura del agua del viático. Toda la parte organizativa me estresó pero lo otro, que es lo más importante, estuvo alucinante.

 

Esta charla no habría tenido fin si no fuera por la variable tiempo con la que hemos resuelto convivir los seres humanos. Va un gracias gigante a Juan Pablo Chapital por esta entrevista tan disfrutable.

 

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Foto: Federico Meneses

Entrevistadora: Patricia Schiavone

CD “En Construcción” de Juan Pablo Chapital

Hacía tiempo que no escribía sobre un disco, no porque no haya escuchado varios en este tiempo sino porque no me había pasado todavía que un disco nuevo me disparase esa motivación (cuasi desesperación) por poner la experiencia en palabras. Hoy sí que sucedió.

El CD que hizo efecto en mí fue “En Construcción” de Juan Pablo Chapital, un guitarrista y compositor uruguayo, a quien yo -haciendo gala de gran tontería- no le había prestado la atención debida hasta hace unos pocos días.

Lo primero que me gustó mucho fue el CD en sí. La tapa está preciosa y el disco también. Tiene un diseño que genera una alegría mesurada, diría yo, que a mí me ubicó en el lugar perfecto para comenzar a escucharlo.

Foto tomada sin permiso de "El Espectador".

Foto tomada sin permiso de “El Espectador”.

 

Tema 1: 23 de diciembre

La intro de guitarra en este tema, que también viene a ser la intro al disco, es mansa, sentida, con notas dulces que tienen brillo, y que a mí me colocaron en ese rincón que reconozco y que me gusta tanto. Es el mismo lugar emocional donde también me ponen músicos como Scofield y quizás Lyle Mays, algunas veces Metheny. Después de haberme reacomodado en el asiento, dispuesta a pasarla bien, empezó la parte A y ya supe que todo lo que vendría después me gustaría. La guitarra súper decidida, maravillosamente firme, una base de acordes de esos con garra, de los que a una la hacen vibrar; un bajo que se oye al volumen perfecto y una batería que se oye con comodidad, que se ajusta muy bien al carácter de la música en su totalidad, con un sonido que me resultó especialmente bonito en cuanto a los platos y al aro del redoblante (no ha de ser coincidencia que el baterista es Francisco Etchenique, hijo del gran Cheché). Que las guitarras y los teclados no se “tironeen” en la música es un arte. En este primer tema todo sonido tiene su lugar y su razón de ser. Todo fluye cómodo y creativo. Con sorpresa noté que me encantó el teclado (ya sabemos que no suelo disfrutar especialmente de ese instrumento).

 

Antes de seguir adelante, les cuento qué MÚSICOS hicieron este objeto mágico:

Juan Pablo Chapital: composiciones 1, 3, 4 y 6. Guitarras y voces en todos los temas.

Nacho Echeverría: bajo en temas 1,2 y 4 y contrabajo en temas 3 y 5.

Francisco Etchenique: Batería en temas 1, 2, 3, 4 y 6.

 

Músicos invitados:

Hernán Jacinto: Piano acústico, rhodes, sintetizador y voces en todos los temas

Juan Jacinto: Djembé en tema 4

Mariella Vitale: Voces en tema 4

Fernando Cabrera: guitarra y voz en tema 2

Ferna Núñez, Noe Núñez y Diego Paredes: Cuerda de tambores en tema 5.

 

Y el diseño de la tapa es de Felipe Fuentes.

 

Tema 2: Milonga de pelo largo (versión del tema de Gastón Ciarlo “Dino”)

La guitarra de nuevo a pura dulzura y sentimiento con el complemento perfecto de una fuerza poderosa. El redoblante de la batería acompaña perfectamente esa intención y es un goce el balance de volúmenes. Yo oigo esto y siento que fue una grabación muy cuidada y muy sentida.

Esta canción tiene la participación especialísima de Fernando Cabrera en guitarra y voz. No hay cómo ser uruguayo y no emocionarse al escuchar a Cabrera. Mueve una fibra particular que nadie más lo logra.

 

Tema 3: L.A.S. (Dedicado a Luis Alberto Spinetta)

Para cuando escuché el disco ya había escuchado este tema unas cuántas veces (aprovecho a ponerlo abajo, para que lo puedan oír también). Arranca con esas palabras fantásticas del “flaco” apoyadas en un colchón musical que nos trae nostalgia y amor por partes iguales. Que Spinetta ya no esté entre nosotros es algo que muchos no terminamos de asimilar. Se fue demasiado joven y formó parte de nuestra identidad, por lo cual admitir su partida es un poco jodido. Juan Pablo Chapital explica por ahí que compuso (o terminó de componer) este tema el día que falleció Spinetta. Lo que a mí me sorprende es que lo que me llega con esta canción más que la sorpresa del día de su muerte es ese extrañar nostálgico que nos envuelve en la actualidad, cuando ya pasaron algunos años desde que osó decirnos adiós.

https://youtu.be/rLFrOQB_BR8

 

Tema 4: Mundo Derek (Dedicado a Derek Trucks)

Aquí yo sentí un “cambio de dial”, digamos. Lamentablemente para mí no conozco el trabajo de Derek Trucks [las puertas musicales se siguen abriendo sin pausa]. Por lo tanto, solo puedo contarles lo que siento con los sonidos despojados de historia: rock and roll y un cierto traslado a flashes de mi adolescencia, especialmente a discos que sonaban en el tocadiscos de mi padre, a quien le gustaban cosas que yo por aquel entonces no lograba acoger (y todavía no logro del todo): la música de los 70. A este tema en especial lo voy a tener que escuchar más veces para encontrarle el gustito que todavía no le encontré, pero soy consciente de que es por mis propias limitaciones.

 

Tema 5: Santanita (Composición de Rada y Hugo Fattoruso)

Este es un temazo del acervo musical uruguayo y esta versión está divina. La guitarra de Chapital habla, sonríe, llora… todo eso a la misma vez. El piano está especial… precioso sonido tiene. La cuerda de tambores es un deleite. Me llamó la atención la amalgama de intención que hay entre todos los instrumentos en este tema.

 

Tema 6: En construcción

Este tema al día de hoy es mi favorito del disco. Hoy aquí está gris y está lloviendo un poco, cosa rara en este tiempo, pues veníamos de un largo tiempo de soles. Quizás el gris exterior esté tiñendo un poco mi percepción de esta música hoy, pero la siento muy introspectiva… como si fuera un hurgar interior que va descubriendo mundos diferentes adentro de un ser de luz. Claro, el título indica algo (o todo) de eso, pero independientemente del título, las notas traen un viaje querible e interesante. Empieza y termina con sonidos de niños que quizás están en un patio de escuela y sigue con una guitarra que arranca con toda la nostalgia del planeta pero después va “construyendo” momentos más seguros, pasos más firmes, aunque sin soltar del todo las notas iniciales y su intención. La batería re-ubicada, haciendo lo que tiene que hacer para el bien de la música (últimamente agradezco mucho esto). El bajo, como en todas las canciones del disco, sintonizando perfecto con la intención del tema y de la guitarra. Y el Chapa demostrando una serenidad y solvencia que a mí me hace pensar en los discos más recientes de genios que ya están de vuelta en sus carreras musicales, como ser “You Never Know” de Erskine, por nombrar uno.

 

En la tapa del disco hay una dedicatoria que merece ser compartida:

A mis amigos y amigas, en especial a los pocos con los cuales puedo compartir todas mis facetas, lo bueno y lo malo, porque ese compartir me ayuda mucho y me hace estar siempre “en construcción”

 

En fin… un músico para prestarle oreja y atención. Tengo también en mi poder su primer CD: “Fotografía Silenciosa”. Me alegra un montón saber que me está esperando más música del Chapa. Me gustaría que en lugar de dos tuviese diez discos, pero eso seguramente será cuestión de tiempo. Por ahora a disfrutar lo que hay, y a alegrarse de que el 20 de marzo habrá la posibilidad de escucharlo con su quinteto en la Sala Zitarrosa, en un toque conjunto con Nico Ibarburu y su grupo, en un show que promete estar buenísimo.

 

Abrazos contentos, vibrando con notas bellas.