Entrevista a Sebastián Caldas y Antyram

Caldas-Antyram-Zavala-Muniz-foto-Patricia-Schiavone.jpg

En un sábado soleado e hiperventoso —hace un tiempo que los vientos y Montevideo se atraen— nos encontramos con Sebastián Caldas, Andrés Montaldo y Diego Fernández para conocerlos un poco más, en vistas al toque de este jueves 13 de abril.

Sebastián Caldas y Antyram se presentarán en la sala Zavala Muniz del Teatro Solís, a las 21 horas. Las entradas se pueden comprar en Tickantel o en la boletería del teatro.

Sebastián Caldas es un músico uruguayo, guitarrista de formación fundamentalmente clásica, que hace años vive en Suecia, que viaja con cierta frecuencia a estas latitudes.

Antyram está integrado por Popo Romano (tiple), Andrés Montaldo (contrabajo) y Diego Fernández (guitarra). Para esta presentación se unirá también a la formación Ismael Bértola (percusión).

¿Cómo conociste a Popo Romano?

Sebastián: Este caballero [Andrés Montaldo] es mi primo segundo. Nos pusimos en contacto por Facebook. La verdad es que yo no sabía que Andrés había estudiado música. Hacía mil años que no nos veíamos. Yo me fui primero para Suecia y después para España y perdimos contacto. Luego, cuando nos contactamos él venía estudiando con Popo Romano y me contó del proyecto Antyram, con quienes venían tocando hacía unos años. Y por ahí salió la propuesta de hacer algo conjuntamente. Yo ya había trabajado con Ismael Bértola y Fernanda Bértola, de Latasónica, haciendo un proyecto que llamamos “Moviendo horizontes”, en el que aproximamos la guitarra clásica a la percusión montevideana, latinoamericana. Esto va a incluir un paso más, que es la improvisación. Mi experiencia en improvisación fue en los grupos de rock que tuve cuando fui adolescente, también estudié improvisación en el conservatorio en el País Vasco pero nunca lo apliqué en un concierto. Por lo cual la colaboración con Antyram busca llevar la improvisación a la guitarra clásica y viceversa, aproximar mis piezas a Antyram.

¿Qué te pareció interesante de las obras de Antyram?

Sebastián: Me gusta el ambiente que crean y el sonido. Me gusta la aparente sencillez pero que a la vez no es tan sencillo crear el ambiente que crean ellos, realmente con melodías muy interesantes y una armonía no siempre evidente. Y a la vez es un lenguaje tonal, con lo cual es más sencillo aproximarse a la improvisación que lo que sería, por ej., improvisar música que modula muy seguido, que sería un paso muy grande para mí. Entonces, por un lado el repertorio es interesante y por otro, es posible para mí.

¿Cómo se dio tu aproximación a la improvisación?

Sebastián: En la carrera que hice en el Centro Superior de Música del País Vasco hay dos años de materia obligatoria de improvisación pero con lenguaje clásico. Y es una tradición que no se conoce mucho, pero en la música clásica siempre ha habido buenos improvisadores. Nosotros estudiamos improvisación con Löic Mallié, discípulo de Olivier Messiaen. Mallié continúa la tradición del órgano, que siempre ha tenido grandes improvisadores… Bach era un gran improvisador también. Creo que es un fenómeno del Romanticismo fijarse más en la partitura y no desarrollar tanto la habilidad de improvisar, también por el virtuosismo que implicó el Romanticismo, que se centraba mucho en la ejecución perfecta de las obras y del estilo.

¿De qué estilo son las piezas que vos componés?

Sebastián: “Es una buena pregunta” —dice y lo mira a Andrés, animándolo a que él responda.

Andrés: El lenguaje es bien clásico. Pero es una fusión interesante, porque Sebastián agarra músicas populares, que no tienen por qué ser siempre uruguayas o suecas. Si bien tiene candombes, etc., pero les da ese color de su formación que los hace muy distintos. Si les das un candombe de Sebastián a alguien del Barrio Sur, no va a saber qué hacer. Ya su música es muy interesante y creo que eso lo hace más abierto a proyectos colaborativos. Porque si fuera simplemente un guitarrista clásico que solamente ejecuta perfectamente piezas que otros escriben, sería bastante más difícil trabajar con él y para él trabajar con nosotros.

Cuando tocás una pieza netamente clásica ¿en qué parte del cuerpo sentís esa música principalmente?

Sebastián: Es muy interesante la pregunta pero yo creo que es diferente en cada interpretación. La psicología de la interpretación en público es todo un mundo. Dependiendo de cómo te prepares y cómo lo afrontes, vas a tener una experiencia u otra. Y te podés entrenar para miles de variantes diferentes. Ha sido todo un proceso. Cuando empecé era muy muscular la cosa, de memoria muscular, y de evadirse. Hoy en día es más entrar en estado meditativo, de relajación, y luego ir como un halcón mirando hacia dónde voy y tratar de armar esa cosa que uno va armando. Eso es lo interesante, el arte del tiempo. Según lo que hiciste antes, armás lo que viene. Es en la mente y en los dedos. El ritmo dicen que se siente en las vísceras, en el estómago. Para mí es ir rearmando ese castillo, ver lo que toqué recién y ahí es donde yo siempre he improvisado. No cien por ciento, porque están pensadas, pero nunca salen dos interpretaciones iguales, porque justamente lo vas armando en el tiempo. No es como un cuadro que lo pintaste y ya está, sino que cada vez vas a pintar el cuadro y va a salir diferente.

Cuando tocás una música netamente clásica  o un candombe, ¿notás alguna diferencia en el lugar en que te coloca una música o la otra?

Sebastián: La verdad que no. Pero cuando toco solo, puedo ser mucho más flexible, puedo jugar mucho más con la intensidad del tiempo, que es un parámetro que me gusta mucho. Y cuando toco con percusión, por ejemplo, tengo que ser mucho más estricto, con lo cual gano algo y pierdo algo.

Y para ustedes, Andrés y Diego, ¿qué le aporta a Antyram tocar con Sebastián?

Diego: Le aportó muchas cosas que nosotros no tenemos. Ya desde el punto de vista clásico, la parte de técnica, cómo se para él frente a las piezas que compone, que es un enfoque distinto al que tenemos nosotros. Nosotros trabajamos más armando temas particulares y encastrándolos dentro de un todo. Sebastián tiene una manera muy particular, muy interesante, de ensamblar, y eso nos provocó a nosotros algo muy interesante.

Desde que estuvimos tocando en Suecia a mí Sebastián me marcó desde el punto de vista interpretativo. Eso que dice él, de la flexibilidad que maneja, cuando uno lo escucha tocar solo entiende los motivos por lo que lo hace y entiende la belleza también.

¿Qué prima para ti? ¿La melodía, la armonía, etc.?

Sebastián: Según el momento. Como compositor no siento que prime ninguna en especial. Como intérprete hay que ver cuál es la jerarquía que buscó el compositor. A veces es un timbre, o el color que crea un cluster. Un cluster son varias notas a la vez que crean un color en sí. Normalmente están cerca, con lo cual la relación armónica de la serie armónica es muy compleja, con lo cual muy poca gente puede distinguir qué notas están ahí pero el efecto es el color. Ahí si buscás dónde está la melodía, no es lo principal sino ese color.

Me tomó por sorpresa el tiple. ¿Hace mucho que Popo toca este instrumento? ¿Y por qué el tiple?

Andrés: Hará unos cuatro o cinco años que Popo toca el tiple. Yo estudié con Popo, como te dijo Sebastián, y luego nos hicimos amigos. Yo vivía afuera y un día que estaba Diego en casa él fue y lo escuchó y como tenía los instrumentos nos pusimos a tocar algo y cuando quisimos acordar habían pasado como cuatro horas. Y ahí él dijo que teníamos que armar algo. Después, como a los seis meses, un día yo fui por la casa y lo primero que me dijo fue: “Tenemos que armar algo con aquello que hicimos. Ya estuve pensando y voy a tocar el tiple”. Y a la semana siguiente nos juntamos con él y con Diego y empezamos a armar esos temas con ideas que teníamos. Y creo que el tiple fue primordial en el trío.

¿Qué características sonoras tiene un tiple?

Andrés: Son cuatro cuerdas triples, de metal, de sonido muy agudo.

¿Y qué guitarra tocás vos, Diego?

Diego: Toco de seis cuerdas y de doce. Los registros son diferentes. La diferencia del tiple con la guitarra va más que nada en el hecho que sean triples. Es distinto cuando son dobles. Al ser tres entra mucho más la variación de la afinación, que son variaciones mínimas, entonces hace un sonido más lleno, más completo, y también la forma del instrumento, que es una guitarra bastante más chica, pero la caja es también bastante más gruesa. Tiene varias particularidades que hacen que la sonoridad se distinga de la guitarra de Sebastián y de las que toco yo. Y en conjunto con el contrabajo genera un montón de sonidos dentro de las cuerdas, un registro súper amplio.

Andrés: Tanto en Antyram como en lo que estamos armando en conjunto la voz tanto melódica como al momento de solear va rotando. Ese fue uno de los feedbacks que tuvimos en Suecia. Una persona dijo que lo que le había encantado era que nunca sabía de dónde iba a venir lo que iba a pasar. Que es también la idea. Así como Seba es súper metódico para componer y para estudiar, lo nuestro es más de sensación. A veces nos pasa que él nos manda una partitura y le decimos “nos estás matando” y a veces le pasamos una cosa a él y nos pregunta qué estamos haciendo. Por ej., nos dice: “Ese fa sostenido, ¿qué está haciendo ahí? Es una ambigüedad armónica” [risas]. Eso es lo que más disfrutamos de trabajar en conjunto.

Hay temas que preparamos específicamente para el Solís pero el año pasado estuvimos en Suecia, Dinamarca y Noruega. Y estuvo divino. Buscándole el valor a lo que estamos haciendo, creemos que no hay muchas formaciones como la nuestra, que hagan una amalgama de estos estilos de música yendo a un punto medio.

¿Cómo es la escena musical sueca en este momento?

Sebastián: Hay de todo. Suecia se caracteriza por tener una buena escuela de jazz. Yo además soy profesor, ¿no? y hay mucho apoyo a la formación, desde muy pequeños, y sin cerrar ni poner etiquetas. Yo doy clase de guitarra. Y puede ser que arregle un tema de ABBA para mi orquesta de guitarras y que toque con teorías clásicas. Todo esto se ve en la escena también. En lo que más tiene éxito Suecia es en sacar músicos pop, rock y compositores, pero compositores en la música popular. Hay un montón. En lo que es la música clásica creo que ahora tiene problemas de formar nuevos músicos, por lo que están viniendo músicos de otro lados de Europa a las orquestas, pero igual es una crisis de los instrumentos tradicionales global, no sé. Pero ahora tienen una nueva estrategia para eso. Hay mucho apoyo. Yo he recibido mucho apoyo del Estado Sueco, del Ministerio de Cultura. Cinco proyectos me han aprobado. Esto es muy importante para alguien que hace una música que no va a vender lo que vende Max Martin para Madonna, por ejemplo. Ese es un compositor sueco, pop, de los que llaman del milagro musical sueco.

Volviendo entonces a Montevideo, creemos que el encuentro de Sebastián Caldas y Antyram de este jueves será una buena oportunidad para escuchar una música diferente que puede resultar atractiva e interesante tanto a músicos de tradición clásica como a músicos de tradición más popular y, por supuesto, a aquellos que disfruten de ampliar los horizontes de su escucha musical.

Foto de portada: Patricia Schiavone

Foto final: gentileza de la producción