Mágico. Carta de Amor.

Mágico. Carta de Amor.

Mágico. Carta de Amor.

26 de diciembre de 2012.  Este mismo día hace un año yo andaba caminando de la mano de un Ser de Luz muy bonito, muy especial, por unas rocas al borde del Mar Mediterráneo. Los dos pasamos ese día con el pecho bastante apretado porque faltaban solo dos días para separarnos y no sabíamos si la vida nos daría la oportunidad de encontrarnos otra vez o no.  Quedaron muchas fotos hermosas de ese día, que ayer y hoy estuve reviviendo, con el esternón presionando empecinadamente, no sé si para ahogarme, para resolverme a meter cosas en cajas selladas con Poxipol, o qué exactamente.

Y ahora, llegó la tardecita (debe ser la hora más maldita para quienes sufrimos de falta de amor), y recorriendo mentalmente los discos que podía escuchar, el que levantó su cabeza y dijo presente fue este CD doble, regalo de cumpleaños de Napi y sugerencia de un tiempito atrás de mi amigo virtual Rodolfo.

Nada es por acaso. Los amigos son sabios y tienen ese oportunismo especial para hacernos llegar exactamente lo que necesitamos. Gracias.

Napi escribió una entrada sobre este disco que pueden leer AQUÍ. Tiene toda la información importante sobre el disco. Lo que yo estoy escribiendo aquí es una especie de exorcismo de emociones generadas, o más bien vehiculizadas, por este disco. Pueden parar la lectura aquí mismo, porque todo lo que sigue es un viaje personal sin rumbo y sin razón.

Al CD Mágico de 1979, de este mismo trío, lo tengo asociado a uno de mis tres grandes amores. Era uno de los aprox. 300 cassettes que me dejó un Ser especial cuando se fue a vivir a la otra punta del continente, el primero de enero de 1989. Durante la primera mitad de ese año yo escuchaba cada uno de aquellos cassettes intentando percibir lo que ese Ser había sentido al escucharlos, compartiendo en un tiempo posterior muchas notas y las sensaciones creadas por ellas. Así fue que me introduje en el mundo Gismonti, Garbarek y Haden, no solo en esta formación sino en varias diferentes. También en el mundo Jarret, Scofield, Metheny, Aznar… en el mundo Breckers, Chick Corea, Hancock… en fin, creo que en el mismo mundo musical en el que habito hasta ahora. Por aquel entonces no existía internet y las comunicaciones con la otra punta del continente debían ser a través de cartas que un cartero amable llevaba y traía, tomándose un tiempo loco, desquiciante. Aquel año 1989 fue un año de esperas exageradamente largas y de esperanzas sin asidero, que terminaron descuartizadas con el correr de los meses. Yo tenía 19 años y me costó muchísimo volver a sentirme contenta y, especialmente, dejar de pensar en lo que podría haber sido. Un apego al dolor nada sano que me llevó como 2 años sacudirme de encima.

Ahora tengo 43 años, escucho este (casi) mismo disco y sus notas me generan una nostalgia muy pero muy parecida, que reconozco y asocio con cada sonido. Es como si estas notas vibraran igual que mis células tristes y en esa resonancia los poros de mi piel se abrieran para permitir que fluya todo eso de adentro para afuera y de afuera para adentro.

Me quedo pensando en el título doble: “Mágico. Carta de Amor.”

Enamorarse es mágico y estar enamorado parece producto de magia. ¿Por qué te enamora un ser con apenas un mínimo contacto? ¿Cuál es la conexión que genera esa alteración al estado normal de las cosas? No es el aroma ni está ubicado en el sentido del olfato de ningún modo, porque Skype no transmite aromas. No es el tacto ni el gusto, por lo mismo. Nos queda la vista y el oído… pero me parece que tampoco. Porque al momento del inicio de mi enamoramiento apenas había unos mensajes escritos. Y cuando llegué a ver al Ser bonito, por razones técnicas no se veía tan hermoso tampoco. Y su voz tampoco tenía nada especialmente enamorador. Así que ¿dónde está o cuál es el mecanismo? Para mí es un misterio y me da la sensación de que hay magia metida en este asunto de cruzarse con almas y enredarse con ellas en viajes profundos o no.

Uno de mis mayores desafíos es el hacer de cuenta que la magia no existe en este caso y lograr que una imagen me abandone de una vez, para poder seguir viviendo otros caminos. Ya sucederá seguramente pero por ahora está instalada en algún lugar detrás de mi frente y ojos y se proyecta cada pocos minutos, como para confundirme más y hacerme las cosas más difíciles. El tema Folk Song del CD1 da buena cuenta de esto. Me trae toda la belleza, comodidad y liviandad de dos seres conectados en una cocina soleada y me susurra: “dejame ir… que igual todo estará bien”. Y yo debería confiar, porque las notas y las resonancias no saben de mentiras.

¿Qué es una carta de amor? Una carta de amor puede ser lo más bello del mundo si quien la manda y quien la recibe están mutuamente sintonizados. Pero una carta de amor puede ser lo más espantoso del mundo si solo una de las dos personas siente amor. Es más, ni siquiera es posible escribirla, porque no hay forma de volcar amor en un mensaje cuando sabemos que el que lo leerá rechazará cada palabra con todas sus vísceras. Y ahí empezamos a pelear con los molinos de viento de Don Quijote, sin saber muy bien dónde colocar tanta frustración y tanto dolor.

En estos discos yo no oigo alegría, ni esperanza, ni celebración del amor. Quizá sea debido a los momentos en los que “justo” los escuché, con 23 años de diferencia. Es posible. Lo que siento con estas notas es la imposibilidad del amor, la nostalgia de quien ama a alguien que no está, que se fue, quizás murió. ¿Alguna vez estuvo? … Buena pregunta, pero sin respuesta. ¿La magia incluye la materialización ante nuestros ojos de algo que no existe en realidad? Es posible. ¿Y para qué, Universo? No, esa respuesta no me sirve. Tendrás que pensar una mejor.

Y suena Spor y me recuerda que la vida es demasiado monótona si no le damos pinceladas de colores diferentes. Hay tiempos tranquilos, enloquecidos, de aislamiento y de comunicación. Hay tiempos de escuchar a Madonna y tiempos de escuchar a Gismonti. Hay tiempos para todo. Incluso para momentos optimistas, como los minutos 8 y 9 de Spor, que nos abre una ventanita hacia horizontes matinales, con gaviotas acercándose a la costa y rayos de luz entrando por una ventana de una cocina en alguna dimensión ahora mismo.

Si uno no se zambulle con alma y vida en un amor, se asegura que nunca sufrirá por él. Sabia decisión, quizás, pero hay veces que la magia sucede y nadie nos da opción de elegir el nivel de profundidad en el que queremos nadar. En algún momento llegamos a la calma del minuto 13 de Spor. Es solo cuestión de paciencia. A veces mucha. Y confianza.

Del CD2, Branquinho me invita a hacer las paces conmigo misma. A perdonarme por haberme perdido un poco bastante en el contacto con el otro. Las notas acarician mi alma, abrazan mi esternón y susurran palabras reconfortantes. Aparezco sentada en el piso, piernas arrolladas, brazos alrededor y cabeza sobre las rodillas. Si es amor de verdad, no tiene por qué irse. Se trata solo de encontrarle un espacio, un poco más abajo del esternón, donde se pueda quedar y me deje respirar también. Perderlo o ignorarlo sería asesinarlo, como si su existencia no tuviera el valor que tuvo, que tiene, que seguramente tendrá. Pero lógico… para todo esto hay que confiar en que podré, confiar en que todo saldrá bien y en que llegado el momento logrará ubicarse en algún rincón que no haga daño. ¿Y mientras tanto? Algunas notas ayudan a ver y de a poco a procesar.

All that is beautiful tiene la contracara de que su ausencia duele. Pero las notas del trío en este tema presentan lo hermoso con una tristeza tan importante que me genera la duda de cuán beautiful realmente es. Porque la tristeza tiñe de invalidez y eso no es bello.

La Carta de Amor del CD2 está en un sobre cerrado que se me antoja colocado encima de un ataúd. Yo siento resignación a la pérdida permanente en estas notas pero todavía las escucho ajenas; no son parte de mí. Seguramente lo serán en algún momento y resonarán en el mismo rinconcito donde habrá quedado todo lo sentido y vibrado con tanto amor. Es solo cuestión de tiempo, igual que la música.