Blues a todo trapo con Chris Cain y Chapital Grooving the Blues

Chris-Cain-Chapital-Grooving-The-Blues-Camacua-foto-Daniel-Arregui

 

El 16 de noviembre se presentaron Chris Cain y Chapital Grooving the Blues en la Sala Camacuá.

Tuvimos una suerte bastante increíble, pues habíamos podido vivir un show genial de estos musicazos en mayo y apenas seis meses después, ahí estábamos otra vez, preparados para lo mejor.

La banda formada por Juan Pablo Chapital (en guitarra), Camila Ferrari (en voz), Valentín Cabrera (en bajo), Sebastián Zinola (en teclado) y Gerónimo de León (en batería) abrió el show, con muchísima calidad. Desde la primera nota, ya estaban colocados ahí, en ese lugar misterioso en el que viven los buenos músicos. Camila Ferrari se pasó. Cantó esos dos temas con una musicalidad y actitud muy impresionantes. Ya he dicho esto, pero lo repito para quienes no lo hayan leído antes: Camila está por dentro de la cosa y en la banda es un músico más. Su actitud es de respeto total por la música. Chapeau para Camila, por escuchar como escucha, por su voz, por su actitud, su garra bluesera y por su profesionalismo adentro de la banda.

Luego de esos dos temas impecables, muchas palmas emocionadas recibieron al gran Chris Cain, quien saludó con su simpatía y amabilidad características y arrancó de una, junto con la Chapital Grooving the Blues, la locomotora a vapor que nos tendría viajando por el resto del show.

Esta vez lo que más me impactó fue su relación con la guitarra. Sin mirar ni una sola vez, sus dedos caían perfectos, sin titubeo alguno, en acordes, melodías y escalas, como si se tratara de un miembro más de su cuerpo. Esta unidad increíble entre músico e instrumento me asombró toda la noche. Por otro lado, fue notoria la montaña rusa de emociones que nos fue generando: por momentos, la tristeza más desgarrada, y al instante siguiente estábamos a punto de ebullición con el acúmulo de tensión eufórica.

Dio todo arriba de ese escenario: volvió a desbordar simpatía con el público y con los demás habitantes del escenario; se cantó y tocó todo; y estuvo muy atento a todo lo que pasaba arriba y abajo del escenario… siempre acompañado de una tocaya mía de 250 ml, con la cual de a ratos hablaba, poniéndosela en la oreja como si fuera un teléfono.

La sinergia generada entre Cain y la Chapital Grooving the Blues es bonita de vivir. Da gusto estar ahí sintiendo el respeto entre todos, la actitud de entrega total y la preocupación por ofrecer un show verdaderamente pro. Zinola nuevamente le metió toda su alegría musical, que dialogó muchísimo con Cain. De León estuvo al firme con la batería, logrando que todo se mantuviera en su cauce y sosteniendo con muchísimo control un caballo que sin él tendría grandes chances de salir desbocado quién sabe adónde. Cabrera otra vez me dejó boquiabierta con lo que nos hace bailar en la butaca y con su capacidad para percibir todo lo que le llega y traducirlo en magia con su bajo. Y Chapital, definitivamente mi guitarrista uruguayo preferido, con su sensibilidad y ese algo inexplicable que acontece cuando toca. Camila también participó en algunos temas con Cain, haciendo un excelente papel.

Si bien en Montevideo venimos recibiendo a muchos músicos extranjeros, no es tan común recibir blueseros de este nivel. Las oportunidades de tener a un embajador del blues como él en una sala de tamaño tan amigable como es la Camacuá, que además tiene una acústica privilegiada, hacen que podamos sentirnos bendecidos y las aprovechemos con agradecimiento.

Fue una noche en la que nos transportaron al sur de Estados Unidos. Al salir del toque, daba trabajo entender cómo era que íbamos caminando por la calle Juncal y que no veíamos el delta del río Mississippi.

 

Foto: Cortesía de Daniel Arregui

 

 

 

Chapital Grooving the Blues: ¡Gozado!

Abajo les cuento algo de una propuesta musical que les recomiendo de corazón.

Chapital Grooving the Blues está formado por:

Juan Pablo Chapital (guitarra eléctrica y coros)

Camila Ferrari (voz)

Sebastián Zinola (teclado)

Valentín Cabrera (bajo eléctrico)

Gerónimo de León (batería)

 

 

Chris Cain & Chapital Grooving the Blues: What a Night!

Cain-Chapital-foto-María-Magdalena-Paredes

 

Insólitamente genial el toque de Chris Cain & Chapital Grooving the Blues.

Además de su música, de la que ya hablaremos, tengo que agradecerle a Chris Cain el haber tenido mi primer contacto con Chapital Grooving the Blues. Esta formación es: Juan Pablo Chapital (guitarra), Valentín Cabrera (bajo), Gerónimo de León (bata), Sebastián Zinola (teclado) y Camila Ferrari (voz).

Siento gran debilidad por la música que toca Juan Pablo. Le he dado vueltas al asunto para tratar de dilucidar qué es lo que me engancha tanto y la conclusión es que cuando toca cada nota, toca cada nota. O sea, no está en ningún otro lado ni pensando en ninguna otra cosa. Está presente, en ese aquí y ahora, en ese preciso instante, creando música. Eso es mucho menos obvio de lo que puede parecer al leerlo. Lo más común entre los mortales de 2017 es estar haciendo una cosa y estar pensando en otra. “El Chapa” tiene una calma y una aceptación del momento que es maravillosa. Y como todo se contagia desde el escenario hacia las butacas, es un placer estar de público porque se puede experimentar un poco de esa conexión. En cuanto a la formación entera: suena muy, muy pro. Tocaron dos temas al inicio del show, antes de que se les uniera Chris Cain. En apenas unos segundos, el público estaba colocado en el lugar emocional en el que nos necesitaban. Camila Ferrari despliega una dosis de confianza que influye mucho en que una se tire para atrás en la butaca, tranquila de que el barco irá por buena senda. La confianza proveniente de una cantante modifica por completo la experiencia del que oye. Camila en ese sentido hace una contribución muy importante. Además, canta muy bien.

Para quien pueda no saberlo, Chris Cain es un guitarrista de blues y jazz, nacido en San José, California, en el año 1955. Su primer disco, “Late Night City Blues” (1987) recibió 4 nominaciones del premio W.C. Handy Blues, incluyendo “guitarrista del año”. Además de guitarra, toca piano, bajo, clarinete, saxo alto y saxo tenor. Creció escuchando blues y sus estudios musicales anduvieron por el área del jazz. En la Sala Camacuá, agradeció y homenajeó especialmente a B.B. King, Albert King y Ray Charles. Joe Bonamassa dijo de él: “Uno de mis músicos de blues favoritos de todos los tiempos, y no debidamente valorado.  Chris es una de mis influencias desde que tengo guitarra. Tono y fraseo mágicos, voz y temas matadores”. Y B. B. King dijo: “¡Ese chico sí que sabe tocar la guitarra!”.

Así fue que sucedió que un jueves 11 de mayo de 2017, en esta sala de tamaño y disposición tan pero tan agradables, la Sala Camacuá de Montevideo, tuvimos esta oportunidad digna de mucho agradecimiento: trasladarnos por un par de horas a un mundo sonoro intenso y muy emocional.

Una no sabe los entretelones pero puede adivinar que demasiado tiempo de ensayo no pudieron tener. Sin embargo, el toque tuvo un profesionalismo y una contundencia que para quien no sepa que uno era de California y los otros eran de Montevideo, bien podría creer que se trata de una banda estable con años de experiencia conjunta. Es muy admirable esa capacidad que tienen los buenos músicos de entrar en eso que ellos están creando y que a su vez los está creando a ellos de algún modo. Es muy hermoso vivir eso desde el público.

Chris Cain fue pura simpatía, amabilidad y alegría. Generó una gran fiesta de tributo a la música, con mucha comunicación, con muestras de agradecimiento hacia los músicos que lo acompañaron y también hacia el público y hacia la vida. La música creada por él traía también todos esos elementos: felicidad de estar ahí, respeto por todo, comodidad y mucha, mucha presencia. Me impresionó la intensidad de sus frases en la guitarra y de sus solos. Su música genera una fuerza impactante. Cantando, otro tanto. Tiene una gran fuerza y se canta todo. Deja el alma en cada nota y la encuentra en la siguiente. Es admirable su poderío y su entrega.

No cualquiera puede acompañar a este hombre y les digo la verdad, yo me pasé todo el toque admirando al bajista, a Valentín Cabrera. Lo de Valentín fue verdaderamente asombroso. Los temas parecían suyos; daba la impresión de que había tocado con Chris toda la vida, y la onda increíble que le metió a cada nota fue bestial. En un par de temas funkies (no me pidan los nombres), yo me hubiera parado y le hubiera tirado pétalos de flores si hubiera llevado. Me tuvo boquiabierta todo, todo el toque. ¡Y el sonido de ese bajo lo que fue! Una maravilla, admirable, recomendable por demás.

Gerónimo de León en la batería también estuvo impecable. Ya lo conocemos y sabemos que se toca todo pero me dejó admirada que pudiera tocar blues con esa intensidad y atención durante todo el toque, siempre dentro del vocabulario bluesero y teniendo el protagonismo justo que el Blues requiere de la batería. Que es un tema no sencillo, porque el blues pide una batería con protagonismo acotado pero muy exacto. En los momentos en que se le pide a la batería destacar, tiene que destacar y sin error alguno, y Gerónimo lo maneja muy, muy bien. Con hermosos fills, y una llevada firme y dulce a la vez.

En cuanto a los teclados, una disfrutaba con el goce de Sebastián Zinola. Contagiaba esa alegría de estar haciendo lo que evidente ama. Dialogaba con Chris y con el resto de los instrumentos con total soltura. Se lo sentía contagiado de la propuesta de Chris, pura alegría de vivir. Sus solos estuvieron muy bien articulados con el resto de la música y su contribución general todo el tiempo fue lo que esa música necesitaba.

Les voy a pedir que me acompañen en un intento de transmitirles algo de lo que se percibió kinestésicamente. No sé si lo lograré… ya veremos. Imagínense una sala semicircular completamente llena de público y en total oscuridad. En el centro izquierdo del escenario, tres focos entrecruzados de luz blanca por la que atraviesa bastante humo. Debajo de esos focos, una figura humana inclinada sobre su guitarra con todos los sentidos alertas y con un nivel máximo de calma y conciencia. A su alrededor se intuyen las otras figuras, inclusive la de Cain, y se las siente algo nerviosas, algo excitadas. Esta, debajo del foco, en cambio, se para como un guerrero  de la paz. A cada nota que emerge de sí le dedica todo un acto de creación: le regala la vida, le regala la duración exacta y el ánimo perfecto. Por ese lapso lo único que existe es esa nota, que a ti, que estás sentado en la butaca, te atraviesa el alma, recordándote que tu existencia es de índole divina. Sí, Juan Pablo Chapital. Mi reverencia hoy es para ti.

 

Fotos: María Magdalena Paredes

Para ver más fotos, ir a la entrada original en COOLTIVARTE.