Dos palabras: Hugo Fattoruso

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Una dice “Hugo Fattoruso” y ya siente sonidos. Además de los sonidos, solo con nombrarlo, se siente una energía, una impronta especial, que me hace pararme más derecha, abrir el pecho, estar más receptiva… con oídos muy dispuestos y con certezas de todo tipo.

Saber a priori que un toque será excelente tiene un efecto claro en las células: por un lado las ordena a todas de golpe; por otro, genera una excitación anticipante, un burbujeo emocional que es disfrutable en sí mismo. Así, una Trastienda hasta las manos (sí, leíste bien: llenísima, ¡repleta!) se embarcó en la presentación de Hugo Fattoruso y Barrio Opa, el sábado 20 de octubre de 2018. Sabíamos que íbamos a gozar pero, así y todo, nos sorprendió el nivel de genialidad musical.

La cantidad de músicos que son identificables al escucharles unas pocas notas no son tantos en la historia de la música. Hugo Fattoruso tiene la característica asombrosa de ser uno de ellos. Apenas arrancar sus primeras notas en el teclado, ya estábamos inmersos en su hechizo. Él ha logrado poner en sonidos algo que lo atraviesa y algunos tenemos esta suerte increíble de haber nacido en su mismo espacio-tiempo y poder presenciar y participar de este fenómeno. Escucharlo emociona y punto. Le podremos buscar las mil y una explicaciones mentales pero lo que se vive al escuchar su música es una conmoción colosal. Todo lo demás, son vericuetos.

Pero como ustedes probablemente esperen algún vericueto mental, intentaré relatarles algo, con la esperanza de que por un lado, puedan acompañar lo que sucedió y, por otro, que a la próxima oportunidad que encuentren de ir a ver en vivo a este fenómeno, no vayan a perdérselo. Porque si les tocó coexistir con él en tiempo y espacio, se pueden considerar afortunados.

Melodía, armonía y ritmo confabulan en Hugo. Y también confabula la dimensión tiempo… porque simultáneamente, en cada instante, habitan los años de experiencia musical y una juventud sonora fascinante que hace que cada concierto suyo sea una novedad. No escuchamos a un músico de los 70 repitiéndose en 2018, sino que escuchamos a un músico que ya en los 70 era un genio y que continuó desarrollándose de manera tal que hoy su música es revolucionaria. Este hombre no hace música, es música. Él y su piano son una unidad indivisible.

La razón para este concierto fue presentar el disco “Hugo Fattoruso y Barrio Opa”, que grabaron en Montevideo, en Estudio Sondor, con un productor inglés, Joe Davis, un apasionado de la música brasileña.

Los músicos que tocaron en La Trastienda son: Albana Barrocas (batería y percusión), Francisco Fattoruso (bajo), Nicolás Ibarburu (guitarra), Andrés (Tato) Bolognini (batería), los hermanos Silva (MathíasGuillermo y Wellington) (tambores), Rubén Rada y Matías Rada (guitarra). Invitada: Luanda Fattoruso (voz).

El nivel musical de este show fue equivalente a la suma de la maestría musical que tienen todos estos músicos. Fue sideral la genialidad y cómo manejaron el lenguaje Fattoruso de la manera más auténtica y sentida.

El dominio musical de Albana Barrocas ha venido en aumento permanente desde hace años. Es impresionante escucharla y verla. Su marca personal le aporta a la música de Hugo un condimento que quizás no tenía antes de comenzar a tocar con ella. Hugo siempre tuvo su componente “electrónico” pero Albana subió esa perilla un poco más todavía y desde un ángulo distinto al que conocíamos antes de ella. Su conocimiento rítmico maravilla y su nivel técnico se va de tema. Tocó uno de los últimos temas con el berimbau y ¡la rompió de una forma! Cada instante de cocreación suya con Hugo tiene una cualidad particular, hay una sinergia mágica sucediendo entre los sonidos de uno y otro y una comprensión mutua que genera estabilidad y solidez rotundas.

Ya que llegué aquí, les cuento que fue un concierto en el que encontré muchas díadas dignas de reverencia. Esa es una cualidad particular del jazz, funk, candombe: la dinámica que se forma entre los instrumentos tomados de a dos, o de a tres, y cómo eso se inserta en un plan mayor que incluye a todos los instrumentos. Pero hay conciertos en los que hay un protagonismo clarísimo y no hay tanto lugar al despliegue de todos. Bueno, en este caso, siendo Hugo Fattoruso la figura principal se podría haber esperado que se robara toda la atención y, sin embargo, para mi deleite, hicieron música, se dejaron atravesar por la magia musical y eso, por supuesto, siempre es democrático. Y como estos músicos tenían con qué, pasaron cosas increíbles.

Cada diálogo de Tato y Albana fue de alquilar balcones. Daban ganas de ponerle pausa, retroceder, y “play” otra vez. ¡Fue una de repartir palos! Aquello era como una locomotora que de un empujón te podía dejar directo en Alaska. Y todo con un disfrute gigante y una razón musical de peso. Si me meto a escribir sobre Tato corro el riesgo de escribir tres horas. No lo haré, pero sí déjenme decir que llevar así al tren arrollador que fue este toque es de genios. Además, ¡siempre metiéndole esa alegría desbordante que transmite con sus palos!

Hugo y Francisco son un caso aparte. Francisco se toca todo desde siempre pero cada toque me deja con la boca más abierta. Aquí sentí que era como si ellos dos se leyeran la mente todo el tiempo. Ambos sabían lo que estaba por tocar el otro… era casi como si fueran uno solo tocando, solo que desde los dos extremos del escenario. Genialidad musical compartida y mucha gozadera mutua.

Nicolás Ibarburu es otro extraterrestre más. Al igual que Hugo, y que Francisco, una no siente que agarra una guitarra y se pone a tocarla sino que parece que él y la guitarra son una misma cosa. Y de esa unidad sale una magia sonora que genera un disfrute profundo, de tinte nostálgico y serio con recodos de optimismo y ternura. En este concierto estaba en su salsa y fue obvio todo el toque que entre Hugo y él había un entendimiento perfecto.

En un par de momentos Hugo, Nicolás y Francisco tocaron unas melodías al unísono, los tres. Creo que esa sería una buena manera de morir: con un éxtasis como ese.

Y así, tomándolos a todos de a dos, era un deleite atrás de otro. Ibas sumando eso de a 3 y a de a 4 y quizás puedas imaginar lo que estoy intentando transmitir: un alto viaje.

Vieron que por las venas uruguayas pasa sangre pero también candombe. Muchos conciertos uruguayos no tienen la participación de tambores y sin embargo los tambores de Barrio Sur están implícitos en muchísima música nuestra. Pero una cosa es que estén implícitos y otra cosa es la maravilla de tener al chico, repique y piano formando parte del desbunde sonoro. Los hermanos Silva vienen tocando con Hugo y Albana hace tiempo ya, con lo cual la sinergia colectiva es buenísima. Hubo un respeto notorio entre los tambores y los demás instrumentos en cuanto a la presencia y volúmenes de cada uno y un banquete de combinaciones rítmicas y tímbricas.

Un capítulo aparte fue la presencia de Rubén Rada en el escenario. Apareció con su simpatía y desparpajo de siempre, improvisando y haciendo surgir en todo el público las palmas y la algarabía, como solo él sabe hacer. Este genio pone un pie en el escenario y ya estamos todos, arriba y abajo, con una sonrisa de oreja a oreja y moviendo alguna parte del cuerpo. Y su voz… esa también anda por las venas de todos nosotros y se siente muy bien. Por ese rato nos hicimos todos la cabeza de estar escuchando a OPA, sí.

En algunos temas participó también Matías Rada, quien también tiene una personalidad firme y cada vez más definida en la guitarra.

Una invitada especial fue Luanda Fattoruso quien nos regaló su voz dulce, profunda e interesante. Un auténtico toque de distinción.

El concierto terminó con todos los músicos tocando candombe en los tambores. En ese momento una se pellizca y agradece haber nacido en este país. Y recuerda que ha sido un regalo tan increíble como inmerecido el que nos hizo la gente que vino de África. Vinieron por razones que avergüenzan y nos regalaron esta felicidad desbordante. Cuando decimos que el candombe es uruguayo, dediquémosle un momento a agradecerles a los africanos que nos regalaron algo que ha demostrado ser el vehículo perfecto para expresar una forma particular de ver la vida: mitad alegre, mitad nostálgica. Me queda un poco la duda de si vemos la vida así y el candombe nos calzó como un guante o si el candombe con el que crecemos en este país nos hace ver la vida como la vemos. Sea como sea, ya somos indivisibles.

Permítanme agregar aquí, porque así lo siento, una reverencia a Osvaldo Fattoruso también. Lo recordé mucho y sentí que si por las vueltas de las dimensiones, estuvo ahí escuchando, se tiene que haber gozado con lo que pasó esa noche. Elijo creer que así fue.

Al salir, muchos tarareaban la melodía de Goldenwings y había un sentimiento de unidad entre desconocidos palpable. De La Trastienda hasta mi casa hay unas cuadritas. Cuando iba llegando a mi hogar, por calles bastante vacías, oigo que una cuadra adelante iba un ser silbando Goldenwings otra vez. Es muy fuerte lo que significa Hugo Fattoruso y OPA. Los llevamos en el alma. Yo agradezco infinitamente.

Foto: Cortesía de Natalia Rovira.

Entrada escrita para COOLTIVARTE. En la entrada original encontrarán más fotos.

Candombe World Temátika: Entrevista a Hugo Fattoruso y Quinteto Barrio Sur

Foto: Sebastián Bednarik

Foto: Sebastián Bednarik

La esquina de Isla de Flores y Cuareim tiene un efecto transportador inmediato. Al llegar a ese lugar, donde el aire que se respira está en clave de candombe, las células se alborotan de uruguayez. En la puerta de la Asociación C 1080 me preguntan con simpatía: “¿Venís para la entrevista con Hugo Fattoruso?” y me animan a entrar sin ceremonia. Ingreso a ese templo candombero con el corazón en la mano. Alrededor de una mesa están los integrantes del Quinteto Barrio Sur hojeando recortes de diarios y cancioneros históricos. Una rápida mirada despierta todo tipo de sensaciones, mientras descubro tambores en cantidades a la izquierda, en frente vestuario carnavalero en un perchero y paredes tapizadas de fotos que evocan sonidos de mano en lonja, de madera, de palo y toda una construcción enorme, en varios sentidos, de vínculos humanos y sonoros.

Albana Barrocas me recibe con su sonrisa característica y su calidez de siempre y me presenta a Mathías Silva, Guillermo Díaz Silva y Wellington Silva. Saludo a Hugo Fattoruso, con esa mezcla inevitable de admiración y agradecimiento, y me dispongo a conocer más sobre la propuesta llamada “Quinteto Barrio Sur”. Afuera comienza a llover y yo lo interpreto como una señal de arropamiento, de protección de la naturaleza.

¿Cómo nace este Quinteto Barrio Sur?

Mathías: Hugo y Albana nos componen las melodías para nuestro espectáculo de la comparsa C 1080, entonces Barrio Sur nació en ese intercambio, en esas líneas de tambores que les enviábamos nosotros y las canciones mágicas que nos devolvían ellos. Así empezamos a trabajar en conjunto. A finales del año pasado Hugo nos propuso formar este grupo y nosotros encantados.

¿Las canciones que van a tocar ahora están compuestas por los cinco?

Albana: Hay de todo.

Hugo: También tocamos temas de otros autores y de otros compositores que versionamos, en diferentes ritmos. Y sí, composiciones nuestras.

¿Por qué “Candombe World Temátika”?

Hugo: Bueno, es candombe world porque si bien hay candombes más para el lado tradicional, como hacemos una versión de algún tema de Pedro Ferreira, y algunas composiciones con ese tipo de formato, hay temas que tienen otro andar. No es todo un candombe atrás de otro. Hay otros ritmos. Obviamente la máquina aquí, la locomotora, son ellos tres y ella que es percusionista. Ese ritmo es lo que comanda el espectáculo nuestro. Después hay temas que son instrumentales y hay temas que son con letras. Las letras cuentan una historia determinada, puede ser una historia de amor, una historia del barrio, una situación como si fuera una pinturita, así, las esquinas, los tambores, en fin… pero hay letras de amor también.

Hugo dice esto último, mira a Albana y se ríe con una risa de adolescente enamorado. Con picardía, le pregunto:

¿Hechas por quién las letras de amor?

Hugo: Por la pasión humana. La pasión humana genera letras de amor, sí.

¿Qué es lo nuevo que tienen ustedes para decir en el ámbito del candombe? ¿Qué sienten que hacen distinto a los demás?

Hugo: Es una buena pregunta. Yo diría que es la manifestación del entusiasmo permanente. Porque no es ni antiguo ni nuevo. No hay nada nuevo pero a la misma vez, es fresco. Es lo que sale de estos cinco músicos.

Mathías: Por el lado nuestro es mostrar todo lo que durante años venimos tocando nosotros tres y ahora tenemos esta oportunidad de mostrarnos en otra parte del mundo de la música. Siempre estuvimos en la parte de Carnaval pero ahora es entrar al otro ámbito y queremos mostrar todo lo que sabemos.

Albana: Es la mezcla de los cinco, donde cada uno pone lo suyo, y esa mezcla se podría decir que es lo nuevo.

Mathías: Nosotros venimos de una historia de grandes tocadores, nuestros tíos, nuestros abuelos, y cada uno en su momento le puso su impronta al candombe. También nuestras inquietudes nos hacen proponer cosas nuevas. Algunos están de acuerdo con esas cosas nuevas y otros no, pero bueno, queremos mostrarlo.

¿Cuántos años tienen ustedes?

Nosotros estamos por los 27, 30 y 33.

¿Y desde qué edad tocan?

Mathías: La primera llamada a los cinco años. Y a partir de ahí vamos ininterrumpidos. Como quien dice, nacimos adentro de un tambor. Esta es nuestra vida, así, rodeados de tambores. Nuestros hijos ahora también están en esto, nuestras hijas chicas ya subieron al teatro en las entregas de premios y ya están bailando.

¿Qué es lo que sentís que estás haciendo diferente con respecto a los tambores?

Mathías: Quizás lo que nosotros buscamos es mostrar que el tamborilero puede dar un pasito más. Tenemos toda la historia pero podemos llevarlo un poquito más. Fusionarlo con otros ritmos. Quizás cuando hacemos una muestra de tambores buscar una puesta en escena, que el tamborilero también se preocupe por presentar un show. Con esta explosión que se le está dando al candombe ahora está bueno mostrar eso. Y a partir de ahí marcar un camino donde el tamborilero sea un poco más completo. Capaz que nos siguen, capaz que no.

¿Y qué tambores toca cada uno?

Mathías: Los tres tocamos los tres, pero cada uno se especializa en uno. A mí me gusta más el Piano. Yo creo que también va por el carácter. A mí me gusta planificar todo, entonces creo que el Piano es el que va con eso. Guille es el más serio, el más derechito, entonces él va con el Chico. Y después está el talentoso, el irreverente, Wellington (risas)… creo que cada uno se refleja en el tambor que toca.

Wellington: Sí, básicamente yo creo que los tambores nos representan. Justo en la pregunta anterior de qué le podemos dar nosotros es justamente lo que somos nosotros. Más organizador, más tranquilo, un poco más inquieto… es por ahí.

¿Dónde han tocado ya?

Albana: Hubo toques en Buenos Aires. Después cuando hicimos los toques en las plazas de HA Dúo, la mitad del show era HA Dúo y la otra mitad era Barrio Sur. Ahora en mayo, que se hizo el homenaje a Osvaldo en Río Negro, tocamos también. Y ahora la idea es invitar a la gente a la Sala Camacuá el 6 de agosto. Las entradas se van a vender por Tickantel.

Hugo: Después del 6 de agosto, que como dijo Albana vamos a tocar en la Sala Camacuá, Barrio Sur está invitado a tocar en un homenaje que están organizando a Beto Satragni, en el Politeama de Canelones. El homenaje va a ser durante varias noches, va a haber varios músicos tocando y nosotros vamos a tocar el sábado 27 de agosto.

El 18 y 19 de agosto vamos a grabar nuestro primer disco para Montevideo Music Group y para el año que viene también hay proyectos, pero bueno, lo concreto en realidad es esto que te contamos, estos dos toques y la grabación de nuestro primer disco como grupo. En eso estamos.

Mathías: Nosotros estamos muy agradecidos con Hugo y Albana por esta oportunidad. Nosotros teníamos muchas ganas de participar con nuestros tambores en un proyecto musical de este tipo, pudiendo llevarla a una sala, y nunca habíamos tenido la oportunidad.

Guillermo: Y para nosotros es un honor tocar con músicos de primera línea como son Hugo y Albana. El poder acompañarlos es un honor muy grande por su calidad como músico y por la química muy especial que generamos, como contó Mathías, con el trabajo que hicimos juntos en carnaval. Para nosotros que Hugo nos haya invitado a participar de un proyecto como este, siendo reconocido como es en todo el mundo, es un honor.

¿Qué les pasa a ustedes cuando toca Hugo?

Wellington: Abrimos las orejas. Se aprende todos los días, a cada rato, en cualquier momento, siempre se está aprendiendo. Esto yo también lo tomo como un aprendizaje. Es de los músicos más grandes que conozco con paciencia, que no es fácil de encontrar. De repente hay alguna cosita que todavía nos cuesta y él tiene esa paciencia con nosotros, que es súper importante. Y cuando toca, escuchamos para aprender lo máximo que se pueda, para crecer como tamborilero y percusionista.

¿Y qué tal Albana?

Mathías: Fa, nosotros la descubrimos, la verdad. Porque al principio era la señora de Hugo, después era Albana, y después pasó a ser la muchacha que toca todo.

Wellington: ¡Y toca todo junto!

Mathías: ¡Y canta! En la versión de La Casa de al Lado nos sorprendió… y a toda la gente de la comparsa que ya la conocía le pasa lo mismo. ¡No pueden creer cómo hace todo eso! Porque ella venía a la comparsa pero de repente la empezamos a descubrir y… fue increíble.

Wellington: Y la rapidez mental… porque de repente está tocando y ¡te comenta algo!

Risas generales. Yo le digo que me asombra su velocidad al tocar. Albana dice que se pone colorada. Las palabras de unos y otros se agolpan hablando de las diferentes influencias y de cómo Barrio Sur tiene justamente una impronta diferente porque tiene las influencias tan variadas de unos y otros.

¿Cómo es tu participación en Barrio Sur?

Albana: Depende. En algunos temas en que los protagonistas absolutos son los tambores, no toco. En un par de temas toco la batería y en otros hago percusiones o voces.

¿Qué significa para ti, Hugo, tocar con los Silva?

Hugo: Mirá, tocar con ellos es un privilegio. Yo he tocado con muchos músicos, en muchos lados, pero tocar con una gente que tenga la musicalidad como la que tienen ellos, la disciplina y el rendimiento real es asombroso. Yo soy muy fan de ellos. Porque hay gente que va a las grandes universidades y estudian esto y aquello y hacen unos malabares increíbles, pero la universidad de esta gente está en la sangre, o en esta esquina, o en esta calle, o desde los abuelos de ellos. Así que eso a mí ya me deja de boca abierta, perplejo y lleno de honra y de respeto, porque estoy tocando con algo que no se puede ni planificar, ni aprender, ni pasar. Es una condición natural, la cual me deja así de boca abierta y con esta felicidad. Es la verdad. Se tocan todo. Impresionante. Un baterista que vaya a una gran universidad jamás podrá inmiscuirse con este lenguaje. Podrá merodear pero conversar… acá se conversa. Yo voy en coche, no hago nada. Hago unos acordes con el piano y aquella máquina está funcionando ya sabés cómo. Así que es un honor y una alegría muy grande.

Además ya hace tiempo que trabajamos juntos. Hace 5 años que cuando llega carnaval me dan una tarea de todas las tareas que tiene la gente que trabaja para 1080, la tarea mía es armar una melodía con letras que me dan letristas, y con pistas que me dan ellos de cómo sería este tema, cuál es la velocidad, cuál es la duración, si este es un Afro, si este es un Milongón, si este es un Candombe rápido, un Candombe picante. Así que aparte de todo, otra alegría, que estoy acá. En los últimos años anduvo tan bien que llevaron primer premio. El trabajo es un trabajo descomunal de mucha gente. Estoy muy contento de ser parte de eso también. Estoy muy contento. Y tener este quinteto nos permite mostrar, de la manera que lo hacemos, lo que nos gusta.

Afuera ya paró de llover. Les agradezco y los invito a dar por terminada la entrevista, afirmando que si es demasiado larga, pocos lectores llegan al final. Hugo me responde: “En una época, si componías un tema que duraba más de tres minutos, te hacían cortarlo. Tres minutos y medio ya era demasiado largo. Pero en un momento aparecieron discos con unos temas buenísimos, que duraban cinco, siete, diez minutos. Depende del arte que tú le pongas a lo que hagas”.

 Asentí agradecida. Hugo acababa de implantar en mí una semillita de desafío nuevo. Me despedí, salí, di un vistazo más a esa esquina y plaza mágicas, y me fui caminando lentamente por la calle Cuareim pensando en lo afortunada que soy de ser uruguaya y de tener la posibilidad de conversar con estos seres tan especiales que son los músicos y de verlos tocar en vivo en proyectos tan diversos e interesantes. Espero que algunos lectores hayan llegado leyendo hasta por acá y que con algunos de ustedes nos crucemos en la Sala Camacuá. Una notita final: La sala tiene un tamaño perfecto para ver esta propuesta, ya que no es muy grande y tiene una acústica muy buena. Por esto mismo, les recomiendo asegurarse las entradas con anticipación.

 

El Quinteto Barrio Sur está formado por:

Hugo Fattoruso

Albana Barrocas

Mathías Silva

Wellington Silva

Guillermo Díaz Silva

Foto: Robert Urgoite

Foto: Robert Urgoite

Entrevista hecha para COOLTIVARTE

Entrevistadora: Patricia Schiavone

HA DÚO (Hugo Fattoruso y Albana Barrocas): Música en la Ciudad

HA Dúo

HA Dúo

 

¿Cómo empezaron a hacer música juntos ustedes dos?

Hugo: Conocí a Albana aquí en casa. Ella venía a tocar un poco con Osvaldo, mi hermano, y también la vi tocar con Urbano y pude ver algo de lo que hacía ella. Muy poco pero me vinieron muchas ilusiones de hacer algo juntos porque ella tenía algo que yo no conocía a nadie que hiciera eso. Me parecía que si juntaba lo de ella con lo mío iba a salir una cosa tal cual salió. Así que así empezamos, de a poquito, a tocar algo. No teníamos ni idea. Pero bueno, todo lo que presenta Albana… Aparte de que es baterista, así, de aire, acústico, y percusionista, ella trabaja mucho con la electrónica. Me mandó unas cosas de ella por e-mail y me di cuenta de que le gustaba y que era una persona muy luchadora.

Y para vos, Albana, ¿cómo fue cuando empezaste a tocar con Hugo?

Albana: Pah, fue como abrir una puerta a otra dimensión (risas). Más allá de su carrera, su nivel, que claro por supuesto se respeta mucho, pero también por tocar con cierto tipo de gente, por manejar ciertos códigos. Yo creo que a cualquiera le pasaría. Como a mí me gusta investigar, pasar de un ambiente a otro fue muy interesante. Desde muchos puntos de vista, ya sea desde el punto de vista de tocar compases más complejos, otras melodías, manejar mejor la intensidad fuerte-suave. Un montón de cosas que por ahí conocía pero no había explorado mucho. Y arrancamos así, viendo qué ideas tenía cada uno.

De la música que resulta de la unión de los dos, ¿qué es lo que más les gusta?

Hugo: El resultado, valga la redundancia. Lo que pasa es que nosotros le ponemos mucho cariño a esto. Pero sale automáticamente. Nos encanta tocar, seguir agregando a nuestro repertorio nuevas formas e ideas, así que es una satisfacción muy grande tocar con este dúo. Para mí es fabuloso. Lo que hago con ella no lo puedo hacer con nadie más que con ella.

Es generalmente así. Si vos tenés tal trompetista en el grupo, cuando lo cambian el otro no va a ser como ese trompetista. De cualquier manera, lo que hacemos con Albana es de acá, entre ella y yo. Eso es lo que más me gusta.

¿Han tocado con el dúo en otros países?

Hugo: Hemos tocado en Argentina y en Japón. Lo que pasa es que yo viajo a Japón últimamente todos los años. Este año va a ser el décimo año consecutivo de gira del dúo Dos Orientales. Antes había estado siete otras veces pero salteado. Ahora en estos viajes a Japón ya viene Albana, entonces ahí somos tres orientales, aunque el grupo se sigue anunciando “Dos Orientales”. Es con Yahiro Tomohiro, así que por eso tocamos en Japón. Ella viene, se suma. Tenemos la cuerda de tambores allá para tocar los tres. Al final de los recitales yo le canto a la audiencia, fonéticamente, una música que es como “A la rueda rueda” pero de Japón. Es una historia de un cazador que anda buscando a un oso, que quería tomar una sopa, y todos lo conocen desde que eran niñitos, pero lo tocamos con ritmo de candombe y les encanta porque es una combinación, así, bastante sorpresiva pero queda muy bien.

Y en Argentina tocamos unas cuantas veces. Fuimos también por el AGADU, que nos envió a tocar. Tocamos en Rosario, en Mar del Plata, en La Plata y en Buenos Aires unas cuantas veces.

¿Cómo los reciben allá?

Hugo: A mí me tienen mucho cariño y lo que hace el dúo es muy bien recibido. En Rosario siempre invitamos al Chivo González, un músico local, invitamos a Quique Gule, otro músico local, para hacer un par de temas con nosotros. Hubo una vez que invitamos a unos chicos que tocaban candombe. Poner invitados está bueno porque cambia todo el eje de un recital. Si, nos reciben muy bien.

¿Cómo suceden las composiciones entre los dos?

Albana: Mirá, como tenemos un espacio donde tenemos todo prácticamente enchufado y por otro lado siempre tenemos a mano un grabador, bueno, prendés y justo estaba este ritmo, y él tira una nota y como quien no quiere la cosa… tenemos como sesenta grabaciones de veinte minutos.

Hugo: Sí, muchos borradores. Es el entusiasmo. Se genera solo. Hay que saber elegir, pesquisar y practicar, pero se genera, digo yo, con la alegría que nos produce tocar. Se genera solo. Cada uno pone lo que sabe, lo que tiene. Lo que dictamina mucho el resultado final es en qué ritmo y en qué velocidad está. Si es una cosa lenta, la melodía tiene una cadencia, y viceversa… bueno, en fin… Ahí es combinar. Es lo más difícil que hay porque nosotros tocamos con 12 notas pero hay que saber combinar. Hay gente que combina genialmente.

Albana: Que combina tres y es un disparate.

Hugo: Parece la pelota de fútbol. Que la misma pelota, con la misma forma y el mismo peso y el mismo fabricante, si la patea este es distinto que cuando la patea el otro. Y bueno, esto [toca notas en el piano] es lo mismo. Y percusión más todavía… tiene una cantidad de sonidos y después la combinación. Es entusiasmo, es pasión… y bueno, estar un poco baqueano. Porque estamos encima. Es como hacer monturas de cuero. Bueno de tanto hacer monturas, te ablandás como el cuero. Te vas sobando. Tocamos mucho y de repente pasan dos semanas que nadie prende nada. A veces el día queda corto y pasan dos semanas que no tocamos una nota. Ahora, cuando prendés, es como cuando viajás y después ves a tu novio o a tu novia. Viajás dos semanas y cuando la ves… bueno. Es igual con la música, con los instrumentos.

¿Tú llevas cuántos años tocando música, Hugo?

Hugo: Si tengo 72 y medio… toco desde los 7. Ya tendría que saber… (risas).

¿Qué pasa para que la música te siga apasionando como te apasiona?

Hugo: Es la fuerza de la música y a mí me agrada y me seduce… Hay gente a la que le pasa eso con álgebra. Yo no puedo ni agarrar un lápiz para hacer una cuenta. Hay otra gente a la que le pasa lo mismo con el teatro. En fin, es la pasión que producen en este caso las notas. Locura sin locura. Es automático. Desde niños.

En esta casa mis padres escuchaban música todo el tiempo, de todo tipo. Es como un entorno que sí se metió adentro. Mi padre iba a jugar al fútbol y yo nunca jugué al fútbol. Ese entorno no pero la música sí.

¿Y vos, Albana?

Albana: Bueno, más o menos lo mismo. A mi madre siempre le gustó mucho la música. Ella toca mucho la flauta. En casa siempre hubo un piano a disposición, también un teclado… Formalmente arranqué a estudiar a los 8 años, en la escuela pública Nº 310 y ahí hice cuatro años. Estudié piano, canto, rítmica, etc. Eso me dio una idea general. Casi enseguida de terminar comencé con batería. Mi hermano escuchaba El Dorado, X FM, le tiraba un poquito lo alternativo. Sus amigos también tocaban la guitarra y ahí yo me colgué.

¿Con quiénes estudiaste batería?

Albana: Arranqué sola. Ponía cassettes, play y todos los días dale, dale, dale. Así arranqué. Me sirvió un poco hasta que llegó un momento en que sentía que no avanzaba. Ahí arranqué con Irvin Carballo. Me sirvió pila como para repasar lo que había aprendido en la escuela de música y bueno, cómo leer batería en partitura, cómo tocar, los palos, montón de detalles que me quedaron grabados. Fui un tiempo con él y después seguí sola. Mi segundo profesor fue Farrugia. Hice lo mismo, estudié dos o tres años y después seguí sola. Y después con Osvaldo, también, unos años, y después lo último que hice como estudio fue con Coby Costa, percusión. Yo tenía alguna idea pero cuando empecé a tocar con Hugo era más preciso. Y yo personalmente sentía esa responsabilidad… de que si estoy al lado de alguien que tiene un trayecto y una carrera, por más simple el ritmo que haga, por ej., en un tambor piano, tengo que hacerlo bien. Y me gusta hacerlo bien. Aunque sea básico lo que toco, pero tocarlo bien.

¿Es cierto que Herbie Hancock te presentó la práctica del Budismo, Hugo?

Hugo: Sí. Conocí a estos dos músicos, que yo admiraba mucho. Herbie Hancock y Wayne Shorter… yo tenía un leve contacto en Los Ángeles. Me llamó la atención porque los considero unos músicos… Si bien hay miles, y conozco miles que no practican nada, no tiene nada que ver con esto. Pero ellos sí me llamaron la atención porque son fervientes practicantes de esta filosofía. Se trata de leer lo que dice el fundador de este budismo y practicarlo de determinada manera… las oraciones. Es eso.

¿Y lo seguiste practicando en tu día a día?

Hugo:

¿Meditas?

Hugo: No es meditación. Es acción.

¿Me darías un ejemplo de cómo sería esa acción?

Hugo: La acción es todo. Desde cómo ponés la sábana, la puerta de tu casa, el huevo duro, el huevo frito, es todo.

¿Y cómo tocás?

Hugo: Ahhhh. (Risas). Toco como Hugo.

¿Pero te influyó?

Hugo: Pienso que sí. Mudó mi vida. A estas palabras las dicen muchos con diferentes caminos, con diferentes opciones. Dicen: “mudó mi vida”. Bueno este budismo mudó mi vida.

¿Cómo se llama?

Hugo: El fundador es Nichiren Daishonin.

Porque uno te ve y sospecha que algún secreto tenés.

Hugo: ¿Te parece? Pero no sé si es por esto.

Si no fuera por esto, ¿por qué sería?

Hugo: Suerte genética. Pero bueno, la diferencia entre una persona que está dormida y la que está despierta es que la que está dormida nunca escuchó sobre budismo. La que está despierta sí. Pero esa persona que está despierta está dormida comparada con el Buda. Son tres estados. Así que en la práctica es una fuerza de vida. Por la filosofía de este señor que fundó este camino. Si hay 8.000 sutras u 80.000 sutras (como no se sabe, se dice 8.000 u 80.000)… Cada sutra genera una tendencia. No es una secta, pero son seguidores. Cada sutra fue escrito por el Buda. Pero ¿qué pasa? Este señor, que vivió entre 1222 y 1282, descubre que, y establece (y ahí es donde se armó el lío) que el Lotus Sutra es la enseñanza esencial y que todos los otros sutras son enseñanzas preparatorias. Ahí se armó el lío. Porque los otros sacerdotes lo exilaron, le querían cortar la cabeza. Hay sutras que dicen “vos durante diez mil años no podés comer”… para depurarte, qué sé yo, y él dijo “No, pero miren lo que dice el Sutra del Loto. Es el rey de los sutras porque dice que toda persona tiene el estado de Buda adentro y entonces al recitar esto, el estado de Buda aflora de la persona”.

Mirá, se me pone la piel de gallina. Yo no hablo de esto nunca a menos que alguien traiga el tema. Ahora apenas hablé de tres puntitos.

Sí, tampoco yo quería preguntarte mucho más. Muchas gracias.

Albana: ¿Vos también tenés tu búsqueda espiritual?

Albana: Mirá, antes dedicaba más tiempo y leía, leía mucho. Buscaba mucha información y leía de todo, de todo. Leía mucho a los hermetistas y las enseñanzas del Kybalión. El Kybalión es un libro que tiene algo así como dos mil años… que fue escrito por un grupo anónimo autodenominado “Los Tres Iniciados”, en base a siete principios que generan el universo, y tiene todo un punto de vista. He leído otras cosas. Por supuesto que con Hugo hemos hablado mucho de Budismo también. Pero en cuanto a mis lecturas, en un momento me di cuenta de que leía pero no entendía esas lecturas como tendría que entenderlas. Entonces dije “bueno, los dejo ahí, y cuando yo sienta que los pueda entender, ahí los agarraré y leeré, y entenderé mejor”. Claro que me quedaron montón de cosas de esas lecturas y de hablar con él de budismo. Y bueno, es como que uno termina sacando sus conclusiones y lo aplica a todo, a su vida, al día a día y, por qué no, a la música. No soy de ninguna doctrina, de ninguna religión. Pero me ha cambiado el punto de vista lo que he visto hasta el momento. Me ha servido y me sirve.

Cambiando de tema, ¿cuál es la idea detrás de estos toques que van a hacer en las plazas?

Hugo: Queremos que nos vean. Queremos tocar. Me paspa organizar una sala porque nuestro nombre tiene prestigio pero no va mucha gente. Tenés que ir a las radios, a los medios, pedir en los canales… y después van cien.  Yo no llevo gente. Mi nombre, mi apellido es conocido pero nadie sabe lo que hago. Pero bueno, con este dúo le pedimos una ayuda mínima a MMG: para cubrir costos de tres utileros, porque hay toda una movida grande. A pesar de que somos dos músicos, llevamos una cantidad de cosas. También a la plaza hay que dejarla limpita. Nos van ayudar pero nosotros vamos a meter el lomo. Ahora… lo que trabajó Albana para conseguir los permisos de la intendencia, de bomberos, etc. no tiene nombre. Te piden que lleves Policía, baño, arreglar la bajada de UTE…

Albana: Es mortal porque hace tres meses que empezamos con los trámites para hacer las cosas con tiempo y recién hoy a las dos de la tarde me dijeron: “Sí, las bajadas de Malvín y de Colón están prontas”. ¡Y empezamos mañana!

Pero bueno, la idea es salir de la propuesta convencional de siempre. Esta propuesta es tocar en un barrio para que la gente que pasa se acerque y quizás le gusta, y quizás se compra el disco. Y así puede conocerte gente que no te conocía. La idea es hacernos conocer, porque no nos pasan en la radio, para tocar es complejo, etc.

Hugo: La idea es musicalizar la ciudad en cualquier punto. Lo que pasa es que da tanto laburo que te dejen tocar. Yo tocaría todos los fines de semana que no tengo otro toque. Si se pudiera armar así nomás, me pongo a tocar en cualquier esquina, en cualquier plaza. Musicalizar la ciudad.

Y tocamos sin pasar el sombrero. Si quieren comprar el disco, bien. Pero el toque es gratis.

¿Cuándo y dónde tocan?

Sábado 2 de abril en Plaza de los Olímpicos (Malvín)

Domingo 3 de abril en Plaza Vidiella, Colón (si llueve, miércoles 6)

Lunes 4 de abril en Terminal Goes (si llueve, jueves 7)

Sábado 9 de abril en Plaza Seregni, Cordón (si llueve, martes 12)

Domingo 10 de abril en Espacio Barradas de Museo de Blanes, Prado.

La fecha en Plaza Libertad, Centro está a confirmarse. Iba a ser el 8 pero se canceló por una manifestación.

 

 

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Entrevista hecha para COOLTIVARTE.

Entrevistadora: Patricia Schiavone

Fattoruso – La gira continúa

 

Es imperdible. Pero imperdible, imperdible. Tanto si sos uruguayo como si no lo sos. Tanto si sos músico como melómano, o ninguno de los dos. Tanto si conocés la música de Hugo Fattoruso como si no la conocés. Tanto si te gusta la música de Hugo Fattoruso como si no te gusta nada. Tanto si peinás canas como si sos un adolescente. Cualquiera sea tu condición, esta película te va a interesar.

Debo admitir que fui sin expectativas. El cine uruguayo suele tirármelas abajo y por esa razón ya voy sin ellas. Para mi enorme asombro salí de ver la película con el deseo profundo de volver a verla, cosa que haré ni bien tenga la oportunidad. ¿Por qué? Porque era tal el nivel de excitación emocional mientras la miraba que quiero volver a verla más tranquila, sabiendo lo que vendrá y saborearlo más lentamente. Algo así como la torta de cumpleaños que sobra y te la comés tranquila con el café del desayuno del día siguiente.

Me pareció muy bien lograda. El comentario que se repetía en los pasillos, de gente que supo algo del proceso de creación, era la dificultad que seguramente habrá pasado el Director para seleccionar el material. Es que la vida y obra de Hugo Fattoruso ha sido muy prolífica y muy interesante. Bueno, la selección tiene que haber sido excelente pues una sale del cine con la sensación de saber todo lo que vivió e hizo Fattoruso. También se sale con un nivel alto de adrenalina.

No quiero arruinarles las sorpresas a quienes todavía no la vieron, así que no les contaré casi nada. Espero que me crean que es imperdible y que lo mejor que pueden hacer es ir a verla y recomendarla, llevar a amigos y parientes de cualquier edad.

La reflexión que sí dejaré por acá es que impresiona y cala muy hondo en el corazón sentir el respeto y la admiración que tienen por él músicos referentes de Uruguay y de países vecinos. Es una picardía decirles cuáles, pues forma parte de la magia de la película que todo eso llegue de sorpresa. Por eso, a pesar de que me dan muchas ganas, no les contaré los detalles.

Es maravilloso que esto se haya hecho en vida del homenajeado. Es hora de que como sociedad cambiemos esa torpe costumbre de demostrar mayor admiración una vez que los artistas o profesionales se despidieron de su cuerpo físico. Esta película es un gran ejemplo en este sentido, que aplaudo de pie. Que alguien tan enorme como Hugo Fattoruso pueda recibir este homenaje y disfrutarlo es un acto de sabiduría y generosidad, en este caso de parte del Director, Santiago Bednarik.

Durante el preestreno hubo también un aplauso caluroso, lleno de respeto, admiración y agradecimiento profundo para Osvaldo Fattoruso. A mi alrededor se sintió muy, muy fuerte ese momento y de solo pensarlo se me vuelve a nublar la vista. Hay poca gente que se extrañe como Osvaldo en la escena musical. Tanto él como Hugo son insustituibles, irremplazables e incomparables.

Luego del peliculón, Hugo Fattoruso hizo eso que hace tan genialmente: música. Con sus hijos (Francisco, Christian, Alexander y Luanda) y nietas (Luana y Mía Fattoruso), con Martín Ibarburu, Sara Sabah, María Bentancur, Patricia Duarte y Anna Pimentel, con Albana Barrocas, los hermanos Silva y, de yapa, toda la comparsa C1080, que llegaron de sorpresa para el propio Hugo Fattoruso.

La película es dinámica, interesantísima y logra con el espectador lo que debe lograr una buena película: transformarte. No sos el mismo cuando entrás a verla que cuando salís de haberla visto. Qué transformación tendrás tú quizás tenga un tinte personal, pero de ninguna manera te será indiferente.

Mi especie de reclamo personal hoy es: valoremos a los músicos, artistas y profesionales que tenemos ahora, mientras están acá. Y valorémoslos por lo que nos hacen sentir y vibrar. Que no tengan que venir personas de afuera para decirnos: “che, mirá que entre los tuyos hay un genio”, o “mi referente es tu compatriota”, para que podamos valorarlos en su real medida. De todos modos, en este caso, si todavía no te sucede de ver a Hugo Fattoruso como el genio que es, tenés la oportunidad de ir a ver la película y darte cuenta de quién es ese ser que ves dos por tres tocando en las calles montevideanas, ya sea en un teatro, en una cuerda de tambores, o en una plaza, tocando sus músicas y acompañando a una infinidad de otros músicos.

Hace un tiempo tuve el enorme honor de entrevistar a Hugo Fattoruso y a Albana Barrocas. Los astros se alinearon para esto en un par de ocasiones. La primera vez yo estaba muy nerviosa, porque sin conocerlo personalmente me inspiraba un respeto tan enorme que me costaba imaginar preguntas que estuvieran a su altura. Me recibió con una enorme amabilidad. Fue tan generoso con las respuestas y las anécdotas que por momentos se me olvidaba que estaba entrevistándolo, aunque enseguida caía en la cuenta de que estaba frente a un gigante de nuestra música –aunque sea feo comparar, en este caso no hay duda de que es el más gigante de todos- y me volvía a temblar la voz. Al terminar la entrevista me regaló un gesto maravilloso, que siempre honraré y llevaré en mi corazón. Disculpen que no lo cuente. Para mí eso ya fue tocar el cielo con las manos. Y cuando yo ya no podía creer lo que estaba viviendo, y me estaba despidiendo por respeto al valor del tiempo de este ser increíble, me detuvo y me hizo un regalo que conservo como uno de mis más grandes tesoros: ocho, ¡ocho! de sus discos. Lo que quiero transmitir con esta anécdota es que Hugo Fattoruso además de sentirse como un músico excepcional también se siente como una persona excepcional.

Este peliculón se está exhibiendo en las siguientes salas:

 

En Montevideo:

Movie – Movie Center Montevideo Shoping
A partir del 18/05 todos los días a las 17:30 y a las 20:30hs

Sala B – Sodre- Auditorio Nelly Goitiño
18 de mayo – 19:30 y 21:15
25 de mayo – 21:15
Horarios de Junio a confirmar

En otras ciudades:

Cine 4d Spathermaldayman – Paysandú
18 al 24 de mayo a las 20:00hs

Cine Doré
19 al 22 de mayo a las 20:00hs

Cine Teatro Municipal – Treinta y Tres
19 al 22 de mayo a las 20:00hs

Movie Club Durazno. – Durazno
26 al 28 de mayo 20:30hs

Movie Club – San José
26 al 28 de mayo 20:30hs

Cine Club – Rocha
11 y 13 de julio 20:30hs

 

 

Foto de portada: Pablo Meneses. Tomada en la Avant Première.

Álbum completo: AQUÍ

Khronos: innovándome a mí mismo. Entrevista a Francisco Fattoruso

Francisco Fattoruso hace la presentación oficial de KHRONOS, su tercer disco, el miércoles 13 de julio en La Trastienda Club, en Montevideo.

Este disco es particular en varios sentidos. Por un lado, se trata simultáneamente de un proyecto fonográfico y audiovisual. Por otro, la mitad de los músicos son uruguayos y la otra mitad argentinos. Además, la grabación se hizo con la presencia de público que fue invitado al estudio de grabación, algo que se está haciendo en otros países pero que en Uruguay es la primera vez que se hace. Los siete temas del disco se grabaron en dos días y estarán disponibles en formato video en el canal oficial de Youtube de Francisco Fattoruso.

En el show tocarán todos los músicos que participaron de la grabación. De Argentina: Pablo González (batería), Alvaro Torres (teclados), Juan Pablo di Leone (flauta y armónica) y Ramiro Flores (saxo). De Uruguay: Nicolás Ibarburu (guitarra), Manuel Contrera (teclados) y Federico Blois (percusión). Invitados especiales: Hugo Fattoruso (Rhodes), Julieta Rada (voz), Benji Barreiro (saxo), Miguel Leal (trompeta) y Gonzalo Levin (saxo).

Habrá banda telonera y será Los Cuerpos.

La razón oficial para hacer esta entrevista fue saber más sobre la presentación del disco. La razón no oficial —me sincero—, fue hurgar, dentro de límites razonables, en la conexión de Francisco con su instrumento, con su música y con el país. Su tono de voz y su manera de hablar tienen características parecidas a su música. Al igual que escuchar sus temas nos resulta una inyección de energía, esta conversación fue revitalizante.

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¿Qué implica para vos la palabra KHRONOS, como para que se la hayas puesto de título a tu disco?

Bueno, fue por el lado de una sincronización, como de engranajes sincronizados, que tiene que ver con el tiempo. En un lapso de tiempo se pensó en un proyecto que era expandir lo que yo hago, también con mi grupo, por el mundo, a través de videos. Entonces se empezó a buscar fondos para eso y a armar un proyecto. A la vez empecé a componer los temas. Después, trabajaron personas de diferentes generaciones y de diferentes países. En el estudio vino gente toda de diferentes rubros a escuchar lo que hacíamos, con auriculares. Presenciaron la grabación que fue abierta. Después se mandó a masterizar a Estados Unidos. Todo ocurrió en un tiempo marcado, en ese lapso, y la única forma era que fuera sincronizado, porque todos tenemos tiempos muy diferentes. Entonces tiene que ver con eso, con el tiempo pasado  y con el cálculo de tiempo.

¿Cómo te manejaste en esta grabación en cuanto a esa diferencia que hay entre tocarle a un micrófono que está a 10 cms tuyo y tocarle al público que está escuchando a una distancia mayor?

Bueno, esa es una de las razones por las que llevar gente al estudio. Porque cuando vas a tocar, de cierta forma tenés una conexión y un compromiso con esas personas que están asistiendo, que están esperando a ver qué les vas a entregar, y se forma una cosa seria, así, que es como una mezcla de adrenalina con emoción, y eso hace que musicalmente sucedan cosas que de otra forma no suceden. La idea era tratar de captar un poco de eso en el estudio. O sea, cuando vas a grabar, estás ahí, sentado, no sé. Pero si hay gente que te está mirando, te sentís que estás en un show y se genera un poco de esa energía.

Está bueno porque es como invitar a la gente a una fábrica. Otro ejemplo es la televisión, que el director te muestra lo que él quiere que veas, pero si vas al estudio, ves que el lugar es chiquito y alrededor hay un montón de gente corriendo para todos lados. Esto es algo así. Le pudimos dar a la gente la oportunidad de entrar al estudio, que es un lugar al que no entra nadie. De repente entra un familiar o un amigo un rato y ya se da cuenta como que no da, que se tiene que ir, para que se queden todos más tranquilos. Acá la gente venía y de repente había uno cambiando las cuerdas, el baterista practicando una cosa, uno escuchando la toma… o sea, veían exactamente lo que pasaba en la grabación.

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¿Cuánto componés vos para los otros instrumentos y qué libertad les dejás?

En realidad compongo el cien porciento, por decir así. Lo que sucede es que después, cuando lo voy a llevar a la realidad, se cambian algunas cosas. Porque, por ejemplo, yo toco el sonido de flauta en un teclado. Cuando lo va a tocar la flauta suena diferente y entonces puede pasar que el flautista diga: “¿Qué te parece si acá toco más agudo?” o “¿qué te parece si no toco acá y toco un poco después?”, entonces se van ajustando algunas cosas. Pero el concepto en sí lo creo y lo llevo para que se haga realidad.

¿Qué instrumentos tocás?

Principalmente toco el bajo eléctrico, después la guitarra eléctrica y los teclados.

¿Y qué tiene el bajo que te atrapó como para que sea tu instrumento principal?

No sé mucho cómo explicarlo, porque yo ya tocaba otros instrumentos y mi fuerte era la guitarra. En un momento, yo tenía un bajo eléctrico y estaba tocando siempre el bajo con una banda que tenía. No estudiaba tanto pero le había empezado a agarrar el gusto. Y me acuerdo que en un viaje que hice a Brasil, que fui a visitar a mi mamá y me quedé como dos meses, no llevé el bajo y extrañaba tocarlo. Y me dije que nunca más podía viajar sin un bajo. Iba a una tienda que quedaba cerca y me ponía a probar cualquier bajo para tocar uno, y a partir de ahí me di cuenta que había algo a lo que tenía que darle bola. Creo que lo que más extrañaba era la sensación de los dedos tocando las cuerdas… ya como que no me acuerdo bien qué pasó pero fue algo así; sentía la necesidad de tocar el instrumento.

¿Me contarías un poco el contexto compositivo del tema Sol, Luna y Agua? Me intriga porque el título me evocó vacaciones pero cuando lo escuché le encontré un aire circense.

Bueno, lo que pasa es que a las canciones instrumentales —a diferencia de las canciones con letra— es más difícil ponerles nombre. De hecho hay muchos discos instrumentales en los que los músicos no saben qué nombres ponerles y les ponen unos nombres ridículos, cualquier nombre. Salvo que te inspires concretamente en algo para hacerlo. Yo compongo los temas con un nombre de referencia, que no es nada. En este caso, como el disco se llama Khronos, eran una K y un número. Entonces, después, lo que hacía era escuchar la música y ver a qué me llevaba. Sol, Luna y Agua en realidad tiene que ver más con esos elementos en sí. El sol es la fuente máxima de energía nuestra, nos da calor y además es lindo. El agua que también es una gran fuente de energía increíble, sin la cual no podríamos estar. La luna, que tiene una energía también increíble, que afecta cómo nos comportamos… si está llena, si no está llena. La canción pasa por diferentes lugares. No son tres exactamente pero más o menos tiene tres colores, que representan el día, la noche y la vida.

¿Qué rol tiene el silencio en tu música?

Como en toda la música, es muy importante definir cuándo tocar y cuándo no tocar. Y muchas veces se discute que lo más difícil para un músico es saber cuándo no tocar. Tocar de más es fácil, porque te distraés un poquito y ta. Pero en el caso de este disco, como tengo músicos que son increíbles (los admiro a todos), se respetan mucho esos espacios. Otra cosa que a mí me gusta mucho es la dinámica. O sea, hay temas que son así, al palo de volumen e intensidad, y todo, pero hay otros que no tienen batería y tienen que sonar bajito. A esas cosas le doy mucha bola porque cambia cómo uno percibe la música.

¿En qué búsqueda musical andás vos ahora?

Intento seguir innovándome a mí mismo. Sigo estudiando y buscando caminos nuevos para poder desarrollar la música. O sea, tener más conocimientos, digamos, y lograr lo que imagino que es a lo que llegan los máximos músicos. Algún día, liberarme de todas las cosas que uno tiene ahí, como… ¿Cómo te explico? Cuando uno toca una cosa miles de veces, lo tocás y ya te suena muy natural, no lo tenés que practicar y ya te acordás. Si eso lo hacés con cada aspecto de la música, cuando vas a improvisar, cuando vas a componer, cuando tocás no pensás si está en Do, si es una escala mayor o menor. Simplemente son sensaciones, colores, muy libre, pero con mucha información de mucha experiencia. Entonces esa traducción es la que yo busco. Poder tener esa comunicación absoluta con la música.

Y por otro lado, también, a lo largo de mi vida quiero poder llenar algunos lugares que no he podido llenar con la música, por diferentes motivos. Compongo muchas canciones que son más rockeras, con una influencia más Beatlesca, o mezclado con algo más pesado. He compuesto cientos de temas, literalmente. En un momento, cuando era más guacho, toqué algunos, pero ahora entre la producción y también mi búsqueda en otros sentidos, eso quedó más resguardado. Pero son las cosas que voy a seguir desarrollando. Si todo sale bien, quiero seguir desarrollándome en la vida, seguir conociendo música nueva y seguir aprendiendo.

¿Escuchás mucha música diferente?

Bueno, estoy siempre intentando nutrirme de música nueva para mí. No solo nueva en el sentido de que salió ahora, sino músicas que descubro que muchas son de ahora y muchas son de otras épocas. Muchas veces aparece lo nuevo cuando no lo estás buscando, que es muy agradable, y a veces tengo que sentarme en Youtube y empezar a buscar a ver si encuentro algo que me emocione, me convenza. Como hay mucha cosa sonando, festejo cuando encuentro algo que me gusta, que me inspira.

Seguramente tengas muchas anécdotas musicales. ¿Me contarías alguna que recuerdes con especial emoción o cariño?

Bueno, sí, hay varias, pero una de las que fue más importante, así, que me marcó varias cosas, fue cuando tenía 17 años recién cumplidos y vivía en Estados Unidos. Mi papá vivía allá también en ese momento, y él tocaba con un trompetista, que había tocado con OPA en los años setenta. Eran amigos desde esa época, y dos por tres iba y hacía unos shows con él. Y él siempre tenía unos músicos que eran como una súper banda, grandes músicos. Por ejemplo, Victor Wooten tocaba siempre ahí, con él, y tocaba con mi padre. Y había otro bajista, que también tocaba, y a veces tocaban los dos juntos, que se llama Oteil Burbridge. Él tocó hasta ahora con los Allman Brothers. Pero no es original de los Allman Brothers, entró en esa época, de los noventa, y es un referente del bajo eléctrico muy importante. Yo lo seguía, tenía discos de él, siempre lo veía en la revista Bass Player, quería tener los bajos que usaba, todo. Y una vez que fue a tocar mi padre, que tenían cuatro shows, mi padre me llevó y me dijo que llevara los instrumentos que me iban a invitar a tocar un par de temas. Entonces, tocamos la primera noche. Yo tenía un bajo de marca era Samick, que es un bajo como para estudiante, coreano, muy barato, que a nivel profesional no se usa. Tocamos. Yo estaba muy nervioso, no podía creer lo que estaba viviendo, y al otro día tocamos y nos quedamos en la misma habitación de hotel. Entonces nos quedamos tocando toda la noche y él de repente iba y me decía: “Esperá, te voy a mostrar un bajo que tengo”. Iba al auto y sacaba un bajo, y tocábamos. Y yo no lo podía creer. Y al otro día, de mañana, me regaló uno de esos bajos. Me dijo: “Yo tengo un bajo de estos que nunca lo uso ni lo voy a usar. Y me regalan más. Te lo voy a regalar”.

A partir de ese gesto comencé a estudiar mucho más. Tenía un incentivo increíble. También por la onda que me tiró, que le siguiera metiendo con todo. Y me cambió la vida. Porque fue un gesto que me enseñó que las cosas materiales son solo cosas materiales, y que un instrumento es algo para crear música. A él no le servía tener ese instrumento guardado en un sótano, que era donde lo tenía. Ya no lo iba a tocar. Podría haberlo vendido y ganado unos pesos pero me ayudó a mí, que estaba muy lejos de poder comprar ese bajo. Eso me cambió la forma de ver las cosas materiales. Un instrumento es algo a lo que hay que tenerle mucho respeto. Un instrumento que no se usa… es como medio criminal.

En mi vida me ha pasado un fenómeno muy raro: me han regalado muchas veces bajos. Cuando entré en Illya Kuryaki, que tenía 18 años, en la primera gira, una marca me auspició y me regaló dos bajos. Que eran los mismos bajos que usaban los Red Hot Chili Peppers. Después mi hermano me regaló un bajo que no usaba, que me vino al pelo… Me pasaron unas cosas así, muy locas, que me hicieron no tener que gastar mucho en eso. Entonces yo también comparto todas mis cosas, mis pedales, mis bajos. También entre los músicos está bueno ayudarnos, porque algunas cosas son muy difíciles y si estamos unidos, es mucho más fácil. Unimos fuerzas.

Francisco, vos tenés toda la posibilidad de vivir en Estados Unidos, en Brasil, etc. ¿Qué hace que elijas vivir en Uruguay?

Como tengo una familia acá, mis hijas y todo, eso fue lo que terminó haciendo que estuviéramos acá. Pero sobre todo por una parte más humana, que se siente acá, que en Estados Unidos no. Eso que pasa en los lugares que son países primermundistas, que todo está muy aislado de todo. Tenés que usar muchas autopistas. La gente está acostumbrada a tener una rutina de trabajo que no hace nada… entonces es una vida más aislada y más fría, en la que el tiempo pasa más rápido y a la vez no pasa nada. Es como que la vida pierde un poco la gracia. Acá es como más dinámico todo. Todo el tiempo van pasando cosas diferentes, la gente se junta más. Y está toda la familia. En los países grandes, como Estados Unidos, no hay ninguna ciudad en la que un barrio se mantenga. Siempre hay gente que es de otra ciudad que se va a vivir ahí, y se van rotando constantemente. De cierta forma son todos inmigrantes. Yo me mudé de una ciudad a la otra y eran mil kilómetros de distancia. Y mi hermano se mudó y eran siete mil. Entonces cambia todo, el clima, los animales, las personas. Hablan inglés porque es Estados Unidos pero por una ley. Pero es tan grande que sucede eso. Creo que podría vivir en Brasil porque la gente es muy alegre y tengo familia allá. Mi mamá es de Rio de Janeiro. Pero nunca quise vivir allá de grande. Pero acá me gusta vivir. Sé que tiene una cantidad de limitaciones que no están buenas pero por otro lado la verdad que tiene cosas muy lindas, me encanta. Yo no tenía antes esta perspectiva. Como que te tenés que ir, vivir un tiempo afuera, después volver y recién ahí, al tiempo, es como que entendés bien.

Foto de Portada y foto de público durante grabación: Coral Cine

Entrevistadora: Patricia Schiavone

Entrevista hecha para COOLTIVARTE.

Sonidos queridos que hoy elegí recordar: Mariana Ingold y Osvaldo Fattoruso

Mariana Ingold y Osvaldo Fattoruso compusieron músicas divinas que grabaron entre los años 1991 y 1996 pero, según recuerdo, tocaban juntos desde al menos un par de años antes.

Ir a verlos era salir con el corazón al galope, como resultado de una combinación mágica: el candombe que tocaban era un hermoso despliegue de alegría y lo que hacían era de una calidad increíble, virtuosismo bien entendido. Algunas veces tocaban ellos dos solos y otras veces se rodeaban de los mejores músicos que el Uruguay ha sabido y sabe tener.

El objetivo de esta publicación es únicamente traerme de nuevo al corazón algunas de las emociones que sentí por aquellos tiempos al escucharlos. Hice una búsqueda no demasiado exhaustiva en Youtube y fue muy poco el material que encontré. Supe tener discos suyos pero que he ido regalando con el pasar del tiempo y hoy ya no tengo ninguno. Por lo tanto, no puedo hacer una entrada concienzuda ni mucho menos. Es apenas un frágil recuerdo y quizás una expresión de cierta nostalgia por las emociones vividas en aquella efervescencia musical que asaltó Montevideo al finalizar la dictadura y que hasta el día de hoy no se ha detenido, sino por el contrario, avanza cada día con más fuerza.

No me caracterizo por mi nostalgia, pero me encantaría, realmente me encantaría, poder volver a ver alguno de aquellos toques con Mariana, Osvaldo, el Nego Haedo, Rada, Hugo, Quintana, Diego Ebbeler, a veces Urbano, a veces Amuedo. O sea: hoy me tomaría un avión hacia fines de los 80 solo para poder meterme en uno de aquellos toques y dejar que aquella alegría enorme que compartían sobre el escenario se me contagiara un poquito.

Hoy están todos ellos haciendo otras músicas, excepto Osvaldo, que se fue demasiado joven (64 años), el 29 de julio de hace 2 años. Yo no les he seguido la huella a todos, porque es imposible. Son músicos increíblemente prolíficos.

Pero hoy me acordé de esta etapa, de esta dupla, de aquellos candombes y aquellos momentos muy gozados que se vivían en sus toques. Mariana siempre con su sonrisa y Osvaldo siempre se veía como un niño feliz en la batería. Así elijo guardármelos hoy.

De nuevo aclaro que sé que esta entrada es magra, que no tiene mucho contenido. Apenas espero que a alguien le haga recordar un poquito de lo que yo estoy recordando, y que por ahí les traiga de nuevo algunos de aquellos sonidos bonitos.

 

Aparentemente (corríjanme si me equivoco), la lista de discos grabados por estos dos seres juntos es:

  • El disco kid (Ayuí / Tacuabé ae90cd. 1991).
  • La penúltima musicasión (1991)
  • Haace calor (Orfeo CDO 009-2. 1992) 
  • Tá (junto a Leonardo Amuedo. Ayuí / Tacuabé a/e108k. 1992)
  • Candombe en el tiempo (Ayuí / Tacuabé ae135cd. 1994)
  • ¿Será imposible? (Ayuí / Tacuabé a/e142k. 1995)
  • Arrancandonga (Ayuí / Tacuabé ae165cd. 1996)
  • Tá (vol. II) (junto a Leonardo Amuedo. Melopea, Argentina. 2007).

En 1991 editaron DISCO KID. (Yo lo recuerdo como cassette, pero seguramente fue disco también).

Como indica el nombre, un disco para niños. Eso por aquella época era algo grandioso en Montevideo. Que gente de este nivel musical editara un disco para niños era genial (y sigue siéndolo, pero recuerdo especialmente lo buenamente que me sorprendió cuando me enteré).

Aquí les dejo como muestra el tema que más se escuchó en la promoción y que seguramente por eso cuenta con video. Lógicamente en aquel tiempo no era tan común como hoy hacer videos de cada canción.

http://youtu.be/KP4kzUkBOzc

Lista de temas:

01 – Adiviná
02 – El Rock Del Trabalenguas
03 – Ayer Me Enamoré
04 – Papelón 1
05 – Ay, Qué Pena Decirte Adiós
06 – Tu Voz, Mi Voz
07 – Papelón 2
08 – Chiquilines
09 – El Caracol
10 – La Murga De Los Niños
11 – La Tía Juana (¡Lo encontré en Youtube!):

http://youtu.be/O87IU6-T1Uc
12 – Sur
13 – Pisá Nomás
14 – Papelón 3
15 – El Huevo
16 – A Cuatro Vientos
17 – El Comodín
18 – Tocá Vos

 

El 16 de mayo 1991 participaron de una grabación hecha en vivo, en el Teatro Solís, de un Homenaje a Mateo (todas canciones de él) que se llamó LA PENÚLTIMA MUSICACIÓN.

Habría que conseguir este disco. La lista de músicos es alucinante: Horacio Buscaglia, Osvaldo Fattoruso, Fernando Cabrera, Urbano Moraes, Mariana Ingold, Alberto Wolf, Walter Haedo, Lobo Núñez. Invitados especiales: Leo Maslíah en “Uh, qué macana” y Litto Nebbia en “Quién te viera”. Coro de niños en “Principe azul”: Adriana y Lucía Vázquez, Maite y Martín Peyrou, Pablo Ingold, Agustina de los Santos, Julia y Lucía Magnone, Ana Laura y Paola Romano, Valentina Míguez, Fernando Nathan, Zumi Moraes, María Eugenia y Faustino Quadros.

LADO A:
1. El príncipe azul
2. Mensaje Abril
3. La mama vieja
4. Juntos podemos llegar
5. Canción para renacer
6. Nombre de bienes
7. Uh, qué macana.

LADO B:
1. Quién te viera
2. Poema inconcluso a la O
3. Amigo lindo del alma
4. Ni me puedes ver
5. Lo dedo negro
6. Un canto para mamá
7. Yulelé.

En 1992, HAACE CALOR.

He aquí dos de sus canciones:

La Despreciada:

http://youtu.be/Cw_KiPeO1Ws

Llamando:

No debe haber uruguayo que se digne de tal que no se emocione con la letra de esta canción y con las imágenes de este video. A mí me pone la piel de gallina, a pesar de estar lejos de ser la típica uruguaya candombera.

http://youtu.be/gcc004y9k5w

 

Lista de temas:

01-Hace calor.
02-Salúdenlo.
03-La del indio.
04-Adiviná.
05-Un Beso,chau.
06-La Despreciada.
07-La Cruzada.
08-Llamando.
09-Tiempo leve.
10-Jugando con fuego.
11-Palmada.
12-El solo.
13-Sur.
14-Trasnoche.
15-La del domingo.
16-Sin tus pestañas.

 

CANDOMBE EN EL TIEMPO 

¡Eureka! En este link está el disco completo. ¡Les recomiendo que aprovechen la oportunidad y escuchen esta joya!

http://youtu.be/1yJkJoMyTPk

 

¿SERÁ IMPOSIBLE? (1995)

 

ARRANCANDONGA (1996)

01-Arrancandonga.
02-Qué dificil la comunicación.
03-Cura culinaria.
04-Los gallos de la habana.
05-El milagro.
06-La sombra.
07-Al son de los tambores.
08-Resolución.
09-Mi idea.
10-Solamente amor.
11-No hay más remedio.
12-Un pobre final.
13-Una noche, de mañana.
14-Caramba.
15-Cura culinaria.

 

***

Como si no bastara con la combinación de estos dos extraterrestres, para un par de discos se juntaron con otro extraterrestre increíble, Leonardo Amuedo. Con el Tá Trío (Leonardo Amuedo, Osvaldo Fattoruso y Mariana Ingold), editaron estos dos discos:

 

TÁ (1992)

01-Spaff.

02-Feel Candombe.
03-Abejas.
04-Murga Pa’los Amigos.
05-Domino.
06-Transaminasa.
07-Daños Y Perjuicios.
08-Noche De Brujas.
09-Milonga Pa’l Fatto.
10-Colonial.
11-Tu Cara.
12-El Jacks.
13-Contrafarsa.
14-Co-Autoria.
15-Crisalida.
16-Lola.
17-Tu Voz,mi Voz(ins).
18-Tu voz,mi voz(coro de niños).

 

TÁ (volumen II) (2007)

01- Bailón
02- Algo en común
03- Chas gracias
04- La del domingo
05- Tisana
06- Un verano
07- Antonio
08- Volviendo
09- Candombe para Coltrane
10- Pavada
11- Revuelo
12- Año Electoral
13- Que se va

 

 

Dos Orientales en Uruguay: intercambio con Tomohiro Yahiro

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Todavía suena en algunos de nosotros el toque, tremendo, de Hugo Fattoruso en La Trastienda. Por eso recibimos con el alma abierta la noticia de que el dúo “Dos Orientales“, formado por Hugo Fattoruso y Tomohiro Yahiro, hará una serie de presentaciones en nuestro país en este mes de noviembre.

La colaboración entre Hugo Fattoruso y Tomohiro Yahiro ha sido llamativamente extensa en años, teniendo en cuenta la distancia en kilómetros que los separa. Comenzaron a hacer música juntos en el año 2005. Hasta el momento hicieron 13 giras y grabaron 3 discos:

  • Dos Orientales” – (2007, ganador de Premio Graffiti y pre-nominado al Latin Grammy en 2012).
  • Orienta” – (2011, ganador de Premio Graffiti)

(Ambos editados en Japón, Uruguay y Argentina)

  • Tercer Viaje” – (2016) editado en Japón y próximo a editarse en Uruguay.

En Montevideo, el 19 de noviembre Tomohiro Yahiro dará una clínica de percusión en AUDEM (Maldonado 983, Montevideo).

En los días anteriores, los Dos Orientales se presentarán en Paysandú (16 de noviembre), Fray Bentos (17 de noviembre) y Florida (18 de noviembre).

A continuación compartimos un intercambio con Tomohiro Yahiro, que tuvimos por correo electrónico.

 

¿Cómo y cuándo conociste a Hugo Fattoruso?

Antes de conocer a Hugo personalmente ya lo había escuchado, en los 70. Lo conocí personalmente en Japón en 1986, cuando vino a Japón con Djavan.

¿Qué es lo que te atrae de hacer música con Hugo?

Todo es posible con Hugo e incluso me guía a ayudarme a tocar mejor y crear nuevas ideas rítmicas y musicales, siempre con alegría.

¿Con qué otros músicos latinoamericanos has tocado?

En los 80 tuve chance de acompañar a artistas brasileros como Joyce, Toninho Horta, Joan Bosco o Nara Leon cuando venían a Japón.
Desde mediados de los 90 empecé a montar mi propio proyecto musical y empecé a invitar músicos latinoamericanos: Jorge Cumbo, Gladston Galliza y en esos proyectos siempre participaba Hugo.

Actualmente tengo 3 proyectos con músicos latinoamericanos: Dos Orientales (con Hugo), Gaia Cuatro (con músicos argentinos que viven en Europa) y Florencia Ruiz (cantautora argentina).

¿Qué hace que estés tan abierto a relacionarte con músicos de esta región?

Porque muchos de ellos están abiertos a colaborar y crear intercambio musical con Japón.

También sucede que los japoneses son muy curiosos, siempre andan buscando algo nuevo. El candombe o Uruguay mismo es un nuevo interés para muchos japoneses que están interesados en Latinoamérica.

¿Cómo es tu relación con el candombe? ¿Qué tipo de emociones te genera?

Para mí el candombe es justo lo que buscaba, con la raíz de ritmo africano pero sin raíz religiosa.

No hay palabras para expresar la emoción cuando estoy tocando el tambor chico. Tengo que estudiar más español para poder expresar esa pasión. Jajajá.

Si a un uruguayo le preguntan qué tipo de música es típica de este país, contestamos el tango y el candombe. ¿Qué estilos de música son típicos de Japón?

En Japón hay de todo pero mucho es superficial. Hay varias músicas típicas de Japón, tradicionales, pero quedan totalmente conservadas y totalmente afuera de lo que es fashion o modernización.

De tus trabajos musicales hasta el momento, ¿cuáles son tus favoritos? ¿Por qué?

Todos, porque tengo la suerte de poder crear música con músicos muy destacados y todos son excelentes profesionales. Pero permíteme decir que Dos Orientales o, mejor dicho, tocar con Hugo en dúo, es algo muy, muy especial para mí.

¿Qué se prioriza en Japón cuando se estudia percusión? 

Si es percusion occidental, lo primero es a base del sistema americano, rudimentos, stick control, etc. Pero como estamos informados superficialmente, aquí pueden estudiar cualquier ritmo étnico (ojo!! superficialmente).

¿Qué tipo de clínica vas a dar en Montevideo? ¿Qué pueden esperar quienes vayan?

Más que clínica, me gustaría tener un momento de intercambio cultural con ustedes. Yo no puedo enseñarles a los uruguayos el ritmo latino pero puedo mostrar cómo un japonés va aprendiendo los códigos rítmicos de África, Brasil, Cuba, etc.

Muchos músicos que hacen giras opinan que cada público tiene sus características. Si estás de acuerdo con esto, ¿cuáles son las principales diferencias entre el público japonés y el público uruguayo?

Son muy diferentes. En Japón el público es demasiado tranquilo. Muchos musicos sienten “¿estarán aburridos?” pero a último momento aplauden con toda emoción. O sea, si al final recibimos el mismo aplauso que al principio, querría decir que esa musica estuvo más o menos. Jajajá.

En cambio en Uruguay ¡me trataron como a una estrella! Incluso alguien me gritó a la cara: “Vooo, ponjaaaa, ¡te estábamos esperando!!!” ¡Todo muy alegre!

 

Biografía de Tomohiro Yahiro:

Nacido en Tokyo de 1961, pasó su infancia en Islas Canarias (Palmas de Gran Canaria, España), donde comenzó su carrera musical, tocando con bandas de rock locales. Vuelve a Japón en 1979, debutando profesionalmente en 1980. En ese entonces, fue miembro de bandas rockeras como Jagatara, S-Ken y Hot Bomboms.

Simultáneamente, tocó con varios artistas japoneses muy representativos del jazz: Yosuke Yamashita, Kazumi Watanabe, Kazutoki Umezu, Shigeharu Mukai, Fumio Itabashi, Shuichi Ponta Murakami, etc.

Participó en muchas grabaciones y giras, como Masashi Sada, Joe Hisaishi, Lisa Ono, Taeko Ohnuki, Yasuko Agawa, etc. Fue miembro de uno de los grupos más destacados de fusión-brasilera, Spick and Span. Tocó con artistas brasileros como Joyce Moreno, Toninho Horta, Joan Bosco, Leila Pinheiro, Alcione, etc.

En 1998 fue productor del grupo de percusión de África “Sophie Ker Gui” cuando se realizó la Copa Mundial de Fútbol en Japón. A partir de ese momento, fue invitado incontables veces a ceremonias relacionadas a la copa mundial de fútbol.

Desde los años 90 a la actualidad crea y desarrolla giras en Japón (en ocasiones, incluyendo otro país) en conjunto con artistas internacionales, enfatizando en Latinoamérica. Hugo Fattoruso, Osvaldo Fattoruso, Francisco Fattoruso, Toninho Horta, Jorge Cumbo, Pedro Aznar, Horacio Burgos, Daniel Maza, Martín Ibarburu, Gladston Galliza, entre otros, son algunos de los músicos que ya participaron en sus proyectos.

En la actualidad, tiene endorsement de Pearl y Korg.

En el año 2013 se comenzó a rodar un documental sobre el dúo bajo las cámaras de SADHU producciones, el cual fue filmado en Uruguay y Japón. El mismo se pre-estrenó en ambos países, en octubre de 2017, y está próximo a estrenarse en 2018.

En el año 2016 la Embajada de Japón en Uruguay hace entrega de una distinción, junto al deportista Diego Forlán, por la contribución y lazos de amistad que ambos han cultivado, enorgulleciendo a ambos países.

 

Repetimos las fechas y lugares de las presentaciones en Uruguay durante el mes de noviembre:

– 16/11 Teatro Florencio Sánchez – Paysandú

– 17/11 Teatro Young – Fray Bentos

– 18/11 Teatro 25 de agosto – Florida

– 19/11 Clínica de percusión, AUDEM (Maldonado 983) – Montevideo

 

¡A disfrutarlos!

Visita al planeta Sara Sabah, en el Ciclo Cuerdas

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Apenas sentarse, llamaba la atención la cantidad de lugares musicales dispuestos y la cantidad de micrófonos. A vuelo de pájaro, conté 9 lugares y 14 mics. Ese dato a secas no implica algo necesariamente, pero como sabíamos un poco de la trastienda de este concierto, ver eso desató un frotarme de manos ilusionado. Entonces, empecé a percibir que había algo diferente en estos minutos pre-show. Sentí que aquello vibraba a expectativa feliz generalizada, a algarabía. Más tarde, durante el toque, me fascinaría la atención sin distracciones, que no volara una mosca cuando no tenía que volar, que a nadie se le ocurriera hablar o comentar mientras sonaba la música. En resumen, el mejor público que un artista puede llegar a tener para una propuesta como esta.

Esto fue un viaje de principio a fin, con un código de belleza original: hubo dulzura que no empalagaba; fue impredecible y, sin embargo, se sintió cercano. El repertorio incluyó –pero no se limitó a– las canciones sefaradíes contenidas en el disco “Arvolera” (que actualmente puede escucharse en la página web http://www.sarasabah.com ).

Me asombró cómo desde el segundo uno la afinación de Sara Sabah fue perfecta y su centramiento musical, total, y a pesar del esfuerzo que seguramente eso le demandará, lo que transmitió desde el primer instante fue comodidad, sensibilidad, muchísimo sentimiento y alegría, diversión, disfrute del momento que se estaba generando y viviendo. Para mejor, la primera canción, “Tres ermanikas” ¡es una canción con una expansión vocal astronómica!

Ya desde aquí, desde el primer tema, la concentración de todos fue perfecta. El lugar desde el que arrancaron generando la vivencia colectiva fue de respeto, profesionalismo y esa mezcla justa de entregar y entregarse que logran quienes son músicos de corazón y tienen la suficiente maestría para confiar.

Y en cuanto a este corazón sentado en la butaca, alternó estos primeros minutos entre la alegría de un festejo y una tristeza que quizás sea ancestral, quién sabe. La combinación de una y otra, cambiando de instante a instante, durante buena parte del toque, fue una experiencia, y sacudida, nueva para mí.

El segundo tema, “Arvolera”, le infundió a ese recinto una fuerza abrumadora. El despliegue instrumental fue tan enorme que sentí la dificultad de poder prestarle la atención deseada a cada instrumento. Cuando mi atención se quería detener en el clarinete de Andrés Rubinstein, Nicolás Parrillo y Vittorio Bacchetta estaban haciendo una magia percutiva delirante, y Matías Craciun estaba descosiéndola en el violín, y Fede Righi marcando el carácter en forma magistral en el bajo, y las guitarras de Martín Ibarra y Gonzalo Durán entretejiéndose sabiamente… a veces complementándose, otras sonando juntas… y así todo el tiempo con todos los instrumentos. Tanto que fueron varias las veces que cerré los ojos para ver mejor.

Permítanme el atrevimiento de comentar que me cautivó la actitud profesional de Sara como música. Me refiero aquí al lugar desde el que hace su música en relación con los demás músicos: el relacionamiento en el escenario durante las canciones, los volúmenes al cantar, el cuidado con los sonidos que emanaban de todos los rincones…, en definitiva, la actitud de co-creación sinérgica, donde si bien hay un par de líderes (Sara y Fede), la performance es con el mismo espíritu, digamos, de una big band: nadie es más que nadie. Y todo con felicidad.

La contribución de todos los músicos fue increíble. ¡Los climas creados por todos! Matías Craciun con el violín transportó la sala entera a otra dimensión en muchísimas oportunidades. Lo mismo Andrés Rubinstein con el clarinete, y otros detalles. Fueron especiales los momentos en que tocaron juntos violín y clarinete, en esos registros de dulzura y profundidad. Gonzalo Durán y Martín Ibarra también fueron construyendo un universo de ondas, alternando entre ellos la tierra y el aire algunas veces o generando juntos corrientes impactantes. Del mismo modo los dos percusionistas aportaron un arte muy balanceado, no sobrecargando jamás, no tocando ni una sola nota superflua, y generando capas y subcapas rítmicas, afectivas. Debajo de todo y todos, el bajo alegre, profundo, decidido, groovy y cool de Righi. Y, evidentemente, detrás de toda esa magia, los arreglos hechos con amor y calidad, por Sara y Fede.

Íbamos unos 15 minutos de show, que habían sido exultantes, cuando Sara invitó a Juan Pablo Chapital a tocar con ella, a dúo, “Ríos furientes”. Él con su guitarra calada, con sus notas dulces y nostálgicas, realmente tocadas y sentidas, y ella con el sentimiento del mundo volcado en su voz magistral, haciendo unos malabares vocales maravillosos, nos conectaron, ahí mismo, con galaxias distantes.

En ese estado de éxtasis en el que nos tenían para ese entonces, llegó la siguiente invitada, con su voz privilegiada: Carmen Pi. Lo que hicieron estas dos mujeres fue una genialidad. Divinamente ajustadas entre sí, luciéndose a más no poder, desplegando todo el arte y toda la magia que se pueda desear escuchar.

El tema siguiente, que creo que se llamaba “Altísimo” (aunque para mí será “toma y bebe”) era como un rompecabezas musical, un desafío rítmico desde donde lo miraras, y sin embargo, no solo lo hicieron fluir cómodamente sino que además fue uno de los temas en que hicieron cantar al público.

Luego, Sara presentó a los músicos:

Matías Craciun (violín), Gonzalo Durán (guitarra), Martín Ibarra (guitarra), Nicolás Parrillo (percusión), Vittorio Bacchetta (percusión), Andrés Rubinstein (clarinete) y Federico Righi (bajo eléctrico).

A “Morenika” la conocía bien. La había escuchado muchas veces en los días anteriores al show y otra vez confirmé: un toque en vivo es una vivencia mucho más completa que una grabación, aunque sea una excelente, o aunque sea un video visualmente rico. Creo yo, puedo equivocarme, que cuando estamos en la misma sala que los instrumentos sonando, nos llegan al cuerpo las ondas vibratorias mucho más completamente que en un disco. No tengo prueba de esto… pero bueno, en resumen, las guitarras de Morenika me enamoraron completamente y quedé extasiada tratando de acomodar todo lo que sentía… pero no me darían mucho tiempo a acomodar nada porque poquito después entraba el siguiente invitado.

Pinocho Routin y Sara cantaron, con muchísimo amor, “Brisas” (compuesta por Hugo Fattoruso) acompañados divinamente por percusiones varias y las homenajeadas cuerdas, todo con una delicadeza superior.

Al momento siguiente, todos los músicos, incluido Pinocho Routin, cantaron sin micrófonos una canción de bodas, llamada “La Novia”, muy alegre y divertida.

El vaivén emocional continuaría con una canción de cuna, compuesta por Sara y Fede, y tocada por ellos y el enorme Nicolás Ibarburu. Me sigue impactando el poder emotivo que tienen las notas de una guitarra tocada así, como toca Nicolás. ¡No esperen que les explique lo inexplicable! Es algo que solo puede experimentarse, gozarse y quedarse admirado de cómo hace este ser para tener esa personalidad musical arrolladora.

A “Todas las palabras” también lo tenía muy escuchado pero, de nuevo, tomó una dimensión mucho más enorme en vivo. Martín Ibarra en la guitarra, Fede en bajo y Sara en voz lograron un entretejido de las tres sonoridades que no dejó ni un rincón del cuerpo inalterado.

Retornaron todos al escenario para tocar “La mal kazada del pastor”, que fue un festín en todo sentido: rítmico y melódico, para empezar, y el banquete de sonidos: el violín y el clarinete, cada uno por separado y al unísono, la percusión increíble de Parrillo y Bacchetta, más tantos detalles, como ser el triángulo, tocado aquí por Rubinstein… y todo sostenido por el bajo y las guitarras.

Como si a la noche le faltara pluralidad musical, ¡apareció un berimbau entre los chiches de Parrillo! ¡Fantástico! Así arrancó una nueva canción de bodas, a tres guitarras, para la que invitaron nuevamente a Nicolás Ibarburu. Gonzalo Durán sostuvo con una solidez impresionante esta canción en la que Martín Ibarra y Nicolás Ibarburu hicieron una especie de duelo maravilloso. La verdad que este tema le hizo mucho honor al nombre del Ciclo Cuerdas: tres guitarras, violín, bajo y berimbau. Simple: no queríamos que el tema terminara nunca.

El último tema, onda klezmer, fue otro festejo más, de la voz, de la música, de la vida, en el que Sara se lució a pleno.

Una mención aparte merece el equipo a cargo de Pablo Avellino. La paleta era enorme y sutil a la vez y se oyó absolutamente cada detalle con claridad y perfección. Los volúmenes entre instrumentos y cantantes suelen ser un desafío para los sonidistas uruguayos y Sara, para mejor, manejó una cantidad enorme de matices de volumen. Pues, lo cierto es que todo sonó como si fuera una grabación en el mejor estudio del mundo y mil veces masterizada.

Hubo bis, claro, y fue esa bonita canción que hemos venido escuchando en las redes: “La mar está en fortuna”. La generosidad sonora del planeta Sara Sabah se mantuvo hasta el último segundo y también la emocionalidad a tope, la delicadeza, la exquisitez, el cuidado, el amor hecho música.

Nada se repite jamás, por más que suceda dos veces. Lo que queda es agradecimiento real por la experiencia, admiración rotunda por cada uno de esos seres que pueden transmitir en forma de sonidos verdades humanas eternas, para algunas de las cuales ni siquiera tenemos palabras, pero sin duda laten en nosotros y hace muchísimo bien poder observarlas de esta manera.

Esta reseña fue escrita originalmente para COOLTIVARTE.

Foto: cortesía de Bruno Pesce.

 

Entrevista a Sara Sabah

Foto: Ian Elizondo

 

Entre los músicos Sara Sabah es considerada como una de las mejores cantantes uruguayas. La mención de su nombre por sus colegas viene siempre acompañada por un tono de respeto y admiración. Cantó durante muchos años con Rubén Rada, integró y dirigió el cuarteto vocal “La Otra”, ha cantado acompañada por Hugo Fattoruso, ha grabado con Urbano Moraes, Fernando Cabrera y Jorge Schellemberg, entre otros. Se ha dedicado, además, a la preparación vocal de actores. Tiene cuatro discos propios: Álbum (2008), Conexión (2010), Cerca (2015) y Arvolera (2017). En el marco del Ciclo Cuerdas, en la Sala Hugo Balzo del Auditorio Nacional del Sodre, Sara Sabah dará un show que promete ser especial y diferente dentro de la cada vez más multifacética escena musical montevideana. Puede llegar a ser una de las últimas oportunidades para escuchar un proyecto ambicioso, muy bien logrado, que emociona profundamente y que puede considerarse un privilegio tener la oportunidad de vivirlo en vivo. Los músicos que acompañarán a Sara Sabah serán Federico Righi (bajo, sas y oud); Nicolás Parrillo y Vittorio Bacchetta (percusión); Gonzalo Durán y Martín Ibarra (guitarras); Andrés Rubinstein (clarinete) y Matías Craciun (violín). Este ciclo se ha caracterizado por las invitaciones cruzadas. En esta oportunidad participarán Carmen Pi, Pablo “Pinocho” Routin, Juan Pablo Chapital y Nicolás Ibarburu.

La mayoría de los temas que escucharemos en la Hugo Balzo pertenecen al disco Arvolera, que recopila canciones sefaradíes, con arreglos y sonidos exquisitos, y fue grabado en Israel con músicos de aquí y de allá.

A continuación comparto una charla distendida, de domingo.

 

Sara Sabah: El disco Arvolera necesita muchos músicos y vamos a aprovechar este toque, en la Sala Hugo Balzo, para hacerlo en el formato completo. Yo no soy de prever mucho si un proyecto es práctico. Soy apasionada y me lancé a grabar el disco. Pero claro, después no es tan fácil tocarlo, por ejemplo en boliches.

A algunos músicos no los conocía antes. Por ejemplo a Andrés Rubinstein. Y a Matías Craciun lo conocía un poco, pero no teníamos un vínculo muy cercano. Al Colo tampoco. Fue un grupo que se formó desde la búsqueda de los instrumentos, lo cual era arriesgado. El resultado fue que se armó un equipo divino y ahora me da pena que no es un formato fácil de trabajar. Por suerte en este toque del Ciclo Cuerdas, que se hace en esta sala divina, podemos hacerlo.

P.S.: ¿Se te ocurrió invitar al crowdfunding (mecenazgo colectivo) como una manera de obligarte a terminar el proyecto?

No, no lo pensé así de antemano. No soy una persona muy organizada pero soy tesonera. En la plataforma del crowdfunding les prometés a personas que no conocés que a cambio de su aporte les vas a entregar un disco, o si aportan un poco más les vas a dar un disco y una entrada al show… de un disco que todavía no se grabó. Cuando leí todas las condiciones de la plataforma, me di cuenta de que iba a ser un disparate de trabajo. Pero por suerte, por esas cosas que suceden, me encontré con una amiga, que se llama Laura Barzilai, con quienes somos amigas desde muy jóvenes, y le pregunté si quería ayudarme con el crowdfunding. Ella habla inglés perfecto y era una plataforma norteamericana, o sea que toda la logística la tenía que hacer alguien que se manejara mejor que yo con ese tema. Además es muy organizada y fue una bendición. Porque se dedicó a hacer todo lo que yo no podría hacer. Entonces me sentí más aliviada.

¿Ella hizo la página web?

No, pero ella me ayudó a actualizarme en todas esas cosas. En la página está el ojo de Gerardo Goldwasser y la calidad de Martín Tisnés, que armaron una tremenda dupla. El video de las tacitas, por ejemplo, es la estética de Gerardo. A mí me gusta mucho su obra. Le dije que hiciera y eligiera lo que a él le pareciera para la página. Porque todo el tema estético no es tanto lo mío. Lo que a mí me importa es que la música esté ahí, que los arreglos me rompan la cabeza… que yo sea feliz musicalmente.

¿Para ser feliz musicalmente no se necesita que la música llegue a mucha gente?

Más o menos. Mi meta con este disco era poder grabarlo. No sabía qué iba a suceder con estas músicas. Obviamente me pone contenta que la gente lo escuche, pero no era el motor.

¿Cuál era el motor para grabarlo?

Traer ese sonido acá a Uruguay y ver qué sucedía con eso de traer una música muy antigua, anónima, a nuestros días. Y me encantó ver lo que pasó con esas canciones. Yo quería darle ese toque cuando conocí a estos músicos. Que el sonido fuera súper moderno y que los instrumentos no fueran de acá… quería que lo hicieran ellos. En principio me pareció un delirio. Y me llevó cuatro años terminarlo. Los músicos que trabajaron en el disco son músicos que hicieron eso. Que traen música incluso litúrgica a un escenario. Esas melodías no son ajenas a mi oído porque en Israel estás todo el tiempo en contacto con la música árabe. Y cuando escuchaba estas canciones siempre me parecía que el tratamiento no era suficiente. Es que eran canciones cantadas por ejemplo por la señora de la casa, que se juntaba con otras y la cantaban con una pandereta. No hay mucha vuelta.

¿Qué sentís que les aportaste a estas canciones?

No sé si la palabra es aportar. Lo que sé es que me atravesaron. Yo siempre decía “estas músicas las voy a hacer después, cuando tenga cuarenta, cuarenta y pico”. Porque podía apreciar la melodía pero el sentido del texto lo he ido comprendiendo mejor con los años. Con este proyecto atravesé repertorios que están muy vinculados y comprendí cosas, por ejemplo, sobre el movimiento de los trovadores y la similitud que tiene esta música con eso. No fue que yo haya decidido hacer todo eso sino que lo fui cursando. También con la ayuda de amigos, que me fueron recomendando que escuchara determinadas músicas. Yo tengo una cierta inquietud constante y eso me hace hurgar. Pero no soy obsesiva. Por ejemplo, estaba cantando las canciones sefaradíes, sumamente involucrada con lo que significan, pero en el mismo momento componía otras músicas.

Por ahora no me absorben tanto las cosas. Incluso me sucede así en lo afectivo. No me ha pasado muchas veces en la vida de ahogarme en una tristeza muy profunda. Intento fluir de la mejor manera posible, aunque a veces las cosas no sean fáciles. Y con la música me pasa que no tengo una preferencia marcada. Me gusta muchísima música diferente. ¡Ahora se escucha tanta música! Igual, con el programa de Babel en el que me invitaron a elegir música, me detuve a mirar qué sacás afuera y qué elegís conservar. Ahí me di cuenta de que a pesar de que hoy no tenés una sola influencia, hay un punto de base en el que plantás una semilla de lo que sí y de lo que no. Eso es un inicio de algo. A pesar de lo diversificado y variado del universo musical, uno elige. Inclusive cuando uno navega por plataformas en las que se puede buscar cosas como “Cantante armenia pop”, uno selecciona. Y, bueno, retiene en la memoria algo que quizás luego puede ser usado en una clase de arte escénico, por ejemplo.

El teatro habilita mucha libertad, así que ahí puedo proponer cosas diferentes. Aprendo mucho con los actores. Ellos son muy, muy generosos. El actor recibe un texto y por dos o tres meses es una persona distinta. Admiro a los actores. Tienen una vida sacrificada y están muy abiertos al diálogo. En la música hay muchas cosas que ya están listas, como por ejemplo lo que tiene que ver con el tiempo. En lo escénico no.

Cuando hiciste el show de presentación de Arvolera, ¿qué efecto emocional tuvo en ti?

Ahí hubo una conjunción de emociones dadas por haber cerrado el ciclo, tener el disco en la mano, que mi papá haya cantado de invitado en una canción, también. Él es cantor litúrgico en una sinagoga. Mis padres se fueron a vivir a un kibutz por un tema ideológico, para vivir en un sistema igualitario. En el kibutz la vida no es religiosa. El contacto que teníamos con lo religioso estaba más ligado a la historia. Pero cuando yo tenía once años volvimos a Uruguay y un día fui con mi padre a la sinagoga y me sorprendí muchísimo al oírlo porque no sabía que mi papá sabía rezar, que sabía cantar el oficio.

El repertorio de Arvolera es popular, no religioso. Lo popular tiene una herencia cultural. Es como un tratamiento que tiene que ver con la espiritualidad de la música y la tradición pero no con la religión. Hay algo que me emociona muchísimo en este repertorio pero más por el lado de la tradición.

En España tuvimos una experiencia fuerte, cuando abrimos un festival sefaradí en Córdoba con Fede Righi, José San Martín, Tato Moraes y Federico Nathan. Una de las cosas que me enseñó mi maestra de canto, Nelly Pacheco, es que tenés que tener la medida justa entre decir para el otro y decir para ti. Ella dice: “hay que tener pecho frío porque si no, lloramos”. Y al pecho frío lo aprendí de chiquita, porque entendí que no puedo involucrarme a un nivel tal de no poder cantar. Pero lo que me pasó en Córdoba es que llegué ya con un nudo en la garganta, porque había amapolas y eso me trajo el recuerdo de la infancia en Israel, donde estaba lleno de estas flores. También influyó que me di cuenta de que iba a cantar ese repertorio en el lugar donde nació ese repertorio. Para mejor, nosotros abrimos el festival y se espera que quien lo abre diga algunas palabras. Así que tuve que decir unas palabras pero fue decir “Buenas noches, Sefarad” (que quiere decir España en hebreo), y me corrió toda una cosa… ahí no pude hacer pecho frío. El primer tema lo canté más o menos porque la emoción era mucha.

Antes de despedirnos, ¿estás trabajando en algo nuevo?

Sí, en un proyecto que es bien diferente a este. Es solo bajo y voz. Así que de alguna manera este show va a marcar un momento de cambio. Este proyecto nuevo es con Fede Righi. Fede tiene una precisión rítmica increíble… él me ordena mucho y aprendo mucho con él. También confío mucho en él. Puedo adelantar que esta vez no voy a hacer un disco; el resultado va a ser un objeto pero no un disco.

 

Foto de portada: Ian Elizondo

 

 

No te lo querés perder: “Amanecer en Tandil” de Ibarburu y Chapital

Una de las maravillas de vivir en Uruguay es tener la oportunidad de ver en vivo conciertos como este que tendremos en pocos días.

Nicolás Ibarburu y Juan Pablo Chapital presentarán su disco “Amanecer en Tandil” en la Sala Hugo Balzo, siendo la suya la primera presentación del Ciclo de Cuerdas organizado por el Auditorio Nacional del Sodre. Esto sucederá el próximo miércoles 13 de junio a las 20:30h.

Siento una gran responsabilidad sobre mis hombros: por un lado, necesito contarles un poco acerca de este disco, para que por nada del mundo se pierdan esta presentación que sin duda será única, y por otro lado deseo que se sorprendan y deleiten como yo al escucharlo por primera vez. La única manera que se me ocurre de lograr eso es contarles apenas un poco de mi experiencia personal al escucharlo, y permitirles que descubran el resto directamente. Espero sin embargo poder transmitirles mi entusiasmo, como para que ni uno de quienes disfrutan de este tipo de delicatessen musical se lo vaya a pasar por alto por falta de información.

Mis amigos y yo lo diríamos así: si estos dos guitarristas fueran europeos y a este disco lo escuchara el sello ECM, inmediatamente los incluiría en el catálogo de sus artistas. Entre paréntesis aclaro que el 90% de los discos que edita ECM me fascinan. En este caso quien notó el potencial sonoro de esta dupla genial fue Gastón Gauna, dueño de un estudio de grabación en Tandil, Argentina, a quien aquí le agradezco que tengamos esta joya musical. Con orgullo y felicidad incluiremos “Amanecer en Tandil” en nuestras discotecas personales.

El disco tiene la misma cantidad de composiciones de Chapital que de Ibarburu y una versión de una canción de Eduardo Mateo.

No hay bajo, no hay batería. Los sonidos son principalmente de guitarras, seleccionadas con un gusto excelente, y con notoria cuota de dedicación y de amor. Es un disco que te arropa, que te mima el corazón, que te hace respirar más lento y profundo. Es un disco que siento que me hacía falta. Es un disco que sí o sí tenía que existir.

La primera canción del disco, que se llama “Quiero”, es una composición de Chapital con una letra hermosa también cantada por Juan Pablo. Es su primera incursión en cantar uno de sus temas. El efecto de su canto es como una caricia al alma. Es cercano, con una voz muy cálida y muy sincera, que resulta inocente y madura a la vez y me generó comodidad y un sentimiento de naturalidad y transparencia. Esta canción cuenta con la bellísima participación en el acordeón del gran Hugo Fattoruso, que entrelaza sus sonidos a los de Nicolás y Juan Pablo con la calidad que ya conocemos y con una cuota redoblada de dulzura y cariño.

Juan Pablo toca la guitarra de acero y Nicolás la de nylon en todo el disco. Lo que me impacta mucho es cómo conviven las dos personalidades clarísimas de ambos en su instrumento, sin mimetizarse una con la otra, y cómo la combinación de ambas genera además una tercera realidad sonora, y por lo tanto también emocional, que es paradisíaca.

Me parecería extraño pero supongo que alguno de ustedes puede no haber escuchado todavía a alguno de los dos. Así que intentaré contarles lo incontable. Los dos tienen un sonido increíblemente personal en la guitarra. El alma del sonido de Nicolás Ibarburu tiene una garra especial, una tensión que, aunque esté tocando algo dulce o muy melódico, te hace mantenerte atento sí o sí, cala hondo, metiéndose derecho en tu cuerpo energético, sin pedir permiso ninguno y generándote el deseo de que dure para siempre. El sonido de Nicolás te impulsa a arriesgarte a vivir, es poderoso, es impulsor de realidades nuevas. En cuanto a Juan Pablo Chapital, lo que me llega a mí cuando toca él es una combinación 50/50 de amor y poder. La imagen que se me viene en este momento es un cielo de Cabo Polonio con fuertes rayos intermitentes anunciando tormenta y debajo un mar sereno llenísimo de noctilucas. Cada nota suya existe para desarmarte, para que hagas un camino hacia tus confines interiores y, si lográs sobrevivir a la emoción, el goce es grandioso.

Más o menos así es la experiencia de escuchar el segundo tema, el temún “Huella Digital” de Ibarburu. No les cuento más para que puedan experimentarlo de primera mano y sin expectativas concretas. Aunque, pensándolo bien, es imperioso contarles que una guitarra y otra se van entrelazando mágicamente y el efecto de las vibraciones en el cuerpo abarca todos los doce chakras, sin saltarse ni uno solo. Es un pasaje directo a un amanecer de esperanza, de confianza, de existencia.

Podría seguir contándoles sobre los demás temas del disco pero no sería un buen gesto de mi parte. Es de corazón que les recomiendo que vayan a escuchar esta maravilla en vivo. Yo esperaré pacientemente hasta después de esta presentación para quizás comentarles más. Lo que sí, insisto: es un disco que querrás tener, que te hará bien tener, que escucharás muchísimas veces, porque te resultará una compañía fantástica y sanadora.

En el EPK, que puedes ver aquí, Hugo Fattoruso comenta: “Hay mucha alma ahí, mucho sentimiento, mucha verdad, así… de amor”. Suscribo completamente. Es un disco lleno de todo eso, un discazo precioso.

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