Supernova y Federico Nathan Project: viaje y pico

Reseña hecha para COOLTIVARTE.

En la Sala Camacuá del Teatro Aebu se está llevando adelante un Festival de Música Instrumental con propuestas buenísimas. En ese marco, el viernes pasado, 3 de junio, tuve la dicha de escuchar a Supernova y a Federico Nathan Project. Suelo escribir al regresar de los toques. Esta vez no pude hacerlo hasta ahora y han sido cuarenta y ocho horas de ansiedad burbujeante, así que aquí me dispongo no solo a contarles lo que sucedió sino también a liberar un poco de esa energía que acumulé pantagruélicamente y sin empacho.

Para quienes todavía no lo sepan, les cuento que Supernova es una agrupación de musicazos que hace quince años que se juntan a improvisar en público. Por lo tanto la experiencia Supernova siempre es un signo de interrogación, lo cual da un toque extra de expectativa y curiosidad.

El otro día escuche a Stewart Copeland decir, en una entrevista, que le parecía que el jazz era mucho más divertido de tocar que de escuchar. Si bien es fácil tanto entender desde dónde lo dijo este ídolo —a quien le encanta ser provocador— como no estar de acuerdo con él, debo admitir que no todas las jams están buenas para la audiencia, por razones varias. Sin embargo, presenciar una jam cuyos integrantes son todos muy buenos músicos, que se conocen y tocan juntos desde hace mucho tiempo, y que tienen un gusto musical finísimo, es un verdadero placer. Si le agregamos el ingrediente de que esta presentación fue en una sala de teatro con una acústica privilegiada, entonces ya pueden empezar a hacerse una idea del disfrute que generaron.

En la noche de este viernes Supernova estuvo formada, nombrándolos de derecha a izquierda —según su posición en el escenario— por Claudio Martínez (guitarras), Daniel Escanellas (vientos), Miguel Romano (batería), Luis Gutiérrez (percusión) y Popo Romano (bajo). Considero que ser testigo del acto de creación musical entre estos músicos es un privilegio enorme, que haríamos bien en valorar como tal y aprovecharlo al máximo.

Los colores fueron variados: desde la música hindú hasta el candombe, pasando por áreas jazzeras y varios momentos no etiquetables. Daniel con sus múltiples instrumentos de viento tuvo un papel enorme en la variedad de propuestas, porque bastaba que él dejase el saxo y agarrase la flauta traversa o la flauta Bansuri para que transportase a todos a otros mundos. Claudio, a su vez, tenía todo un universo de sonidos adentro de una de sus guitarras… y una entrega al presente que da gusto observar. La combinación Popo y Miguel es maravillosa: apenas precisan mirarse y saben lo que quiere uno y otro. En lo personal tengo gran debilidad tanto por el sonido de Popo en el bajo como por Miguel en la batería. Es interesante cómo en este grupo Popo toma un perfil mucho más bajo a como lo vemos cuando está tocando con los grupos que lidera, pero solo en cuanto a su actitud, porque su estilo empuja a todo Supernova a arriesgarse por caminos especiales: a veces alternativos, de a ratos más funk y con algo que yo llamo “optimismo profundo”, o sea una música positiva pero que no pierde por eso cierta elaboración y profundidad. En cuanto a Miguel, es una hermosura poder escucharlo en vivo. El viernes tocó en una batería que no era la suya y sin embargo él y el instrumento eran una unidad indivisible, mágica. En Miguel conviven de la mejor manera el jazz, el candombe, los matices de volumen, el buen gusto a la hora de elegir silencios, y un arte especial para hacer todo eso que hace un baterista y que incluye tantas y tantas elecciones. En este toque me enamoré especialmente de su relación con los platillos y de algunos bombos que hicieron una diferencia real en la experiencia general. Participando activamente del mundo percutivo, Luis hizo una contribución de mucha importancia al todo y se notó maestría tanto en él como en Miguel al no pisarse y no pecharse, cosa que no es deseable pero que sí es común que suceda entre batería y percu en una improvisación. Los dos fueron construyendo, respetando el todo musical. Ese creo que es el hilo conductor más fuerte de estos seres:  además de que son excelentes en lo que hacen, el gran respeto con que lo viven y lo transmiten.

 

Luego de un entretiempo, el escenario pasó a ser de Federico Nathan Project.

Todavía me emociono recordando el viaje que Federico y sus colegas nos hicieron dar con su música… de hecho creo que sigo viajando, y que seguiré por bastante tiempo más, gracias a que tuve la buena idea de traerme su CD “FNQ”.

Comenzaron su toque con un tema increíblemente dulce y bello, tocado por Federico Nathan con su violín encantado y Joaquín Baranzano con sus teclas. Solo haber escuchado este tema habría sido una buena razón para salir un viernes tan frío. Les aseguro que generó una calidez que bien puede durar hasta octubre. No nos daban las manos para aplaudir.

Todos los temas que tocaron fueron de autoría de Federico. En vibráfono tocó Maximiliano Nathan y en batería Felipe Badaró. (Sí, así mismo como te lo estás preguntando, me lo pregunté yo: ¿no hay bajo? No, no había bajo, y no se acabó el mundo).

Me impresionó mucho la cantidad de emociones que me generaron. Hacía tiempo que no escuchaba una música que me movilizara así en este sentido: me dio un sacudón, me recordó que acá venimos a experimentar cosas y que hay muchísimo por descubrir.

El segundo tema me llevó por áreas circenses… me generó mucha intriga y me corrió de la zona de confort a un lugar de expansión, de avidez de aventuras. ¡Cómo agradezco esta experiencia! La música es transformadora y no hay caso.

El grupo tiene un estilo propio que está formado por muchos estilos: jazz, candombe, tango, funk y hasta algún ritmo caribeño pero está lejos de parecer un “recorte y pegue”… tienen un sonido bien particular y definido que hace de la combinación un resultado disfrutable al máximo, evidentemente porque todos los músicos son especialmente buenos.

Las músicas y las emociones fueron sucediéndose. Hubo una gran comunicación entre estos cuatro músicos e hicieron entre todos algo diferente para la escena montevideana. Presenciar la ejecución de Federico es algo notable, porque vive todo lo que está transmitiendo. En lugar de contarles yo más sobre esto, prefiero invitarlos a hacer click en el enlace de abajo, así pueden escuchar al propio Federico, que me hizo el honor de responderme a unas pocas preguntas inmediatamente después del show.

 

Breve entrevista a Federico Nathan:

 

Hablar de la música queriendo transmitir al lector las emociones que generan los sonidos es muy complicado. Sí, ya sé… yo me meto sola en este baile, pero conozco mis límites. De veras, les recomiendo contactar a Federico Nathan y comprar su disco y estar atentos a cualquier oportunidad en la que toque cerca de ustedes para ir a experimentar esto que es algo digno de ser vivido.

Desde acá, va un agradecimiento a la Sala Camacuá por una noche súper especial y el deseo de que el público aproveche este Festival de Música Instrumental durante junio, que incluirá los próximos viernes a Gabriel Estrada Quinteto y Trío Nolé; Gustavo Ripa y Horacio Di Yorio Cuarteto; Nacho Mateu y los Ents y Gerardo Alonso (entradas por Tickantel o en Tienda Inglesa).

2 comentarios

  1. junio 15, 2016 a 10:43 am

  2. junio 15, 2016 a 10:45 am


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