Montevideo Gospel

El efecto de Montevideo Gospel es un reajuste inmediato de la vitalidad y la alegría. Una dosis mensual de Montevideo Gospel debería ser obligatoriamente impuesta por el Ministerio de Salud Pública. Juro que seríamos el país con tasa de salud y felicidad más alta del mundo.

 

Así, de pique nomás, como para que no necesitáramos entrar en calor, sonó Glory, Glory, Aleluya, con la ídola de María Noel Taranto de solista y con esa maravilla de voces detrás. A los tres segundos nos tenían a todos diciendo aleluya por haber resuelto salir en una noche primaveral que resolvió disfrazarse con bufanda, guantes y tapado. María Noel tiene un ángel especial arriba del escenario. En un santiamén, todo cobra vida y dicha con su presencia. Es una especie de huracán alegre que se canta todo, generando un campo de fuerza que atrapa al teatro entero, sea del tamaño que sea. Para mejor, La Colmena es un teatro pequeño, así que la burbuja de fuerza Taranto nos agarró al primer respiro y resolvimos no salirnos en todo el show.

 

“Sueña” se llama el espectáculo de este año. “No hay nada mejor que un sueño para mejorar el mundo”,  dijo Adrián de León. El show tuvo su primera presentación el viernes 2 de octubre, hoy 9 de octubre la segunda y tendrá una tercera el próximo jueves. Si no fuiste todavía ¡tenés que ir! Mi opinión es que aunque ya hayas ido, tendrías que volver a ir, pero después me tildan de directiva, así que prefiero dejarte opción en este caso. Pero si no fuiste ¡ANDÁ! Además no hay show de Montevideo Gospel demasiado seguido y no hay dos shows iguales, así que no hay nada que pensar, solo hay que ir.

Foto: Leo Parragués

Foto: Leo Parragués

Hablando de estaciones, generalmente cuando va ya un tiempo de invierno y empiezo a extrañar el sol, la canción que indefectiblemente salgo a buscar para levantarme el ánimo es “I Can See Clearly Now”, que Johnny Nash compuso en el año 1972. Alegrón y pico fue que la segunda canción que eligieron estos seres de luz para iluminar corazones esta noche fuera esta, con Adrián de León como solista.

 

En la noche de hoy Montevideo Gospel fueron: Adrián de León, Gustavo Fernández, Omar Estrada, Gabriel Groba, Juan José Cerviño, María Noel Taranto, Norma Galfetti, Yessica Agustoni, Natalia Alfonso, Elizabeth Rodríguez, Florencia Pasquet, Gabriela Rodríguez y el Maestro Raúl Medina.

 

Las voces individuales de cada uno de ellos me pone la piel de gallina. Es muy brutal. Todos tienen su particularidad y su ángel especial. Están las voces impresionantemente dulces, están las voces que te agarran de la cintura y te llevan al medio de la pista de baile, y las que con su transparencia insólita te abren sin previo aviso tu propio corazón y terminás llorando en una canción súper alegre.

 

Los arreglos de voces del coro son buenísimos y muy creativos. Son del Maestro Medina, quien además ejecuta el soporte instrumental de todo el espectáculo y sinceramente uno no siente falta de absolutamente nada.

 

No soy una optimista nata. Digamos que trabajo mi bienestar emocional justamente exponiéndome a cosas que siento que me hacen bien. Para quienes somos un poco sensibles a la conexión entre el cielo y la tierra que se da cuando un artista está embarcado en un viaje musical auténtico, lo de Montevideo Gospel es casi una sobredosis. A ver si me siguen en tratar de explicar algo medio inexplicable.

 

Cuando hay un ser conectado con la música, cumple una función de conector que tiene como varias valencias: él mismo al entregarse a la música está uniendo lo terrenal con lo divino y vibrando en esa unión. Si además está en un escenario ofreciéndole el espectáculo a un público, tiene otro canal abierto que va hacia cada una de las butacas, y hacia ninguna en particular, en un acto de generosidad irrestricto. Así, las personas de la audiencia, según en qué canal anden, pueden aprovechar esa frecuencia para hacer su propia conexión entre lo terrenal y lo divino. Esa conexión de quien está observando tiene al menos cuatro valencias: el planeta tierra, el universo, su cuerpo que resuena y la conexión que se genera con el artista sobre el escenario. Puede haber una quinta valencia, o sexta, o múltiples más, si esa persona además hace conexión con los otros seres que tiene a sus costados, adelante o atrás. Ese dominó energético arranca con el artista que resuelve salir al escenario a entregarse a ese ejercicio y regalar esa magia a quien sea que esté necesitándola y dispuesto a recibirla. Yo me imagino sobre el escenario una especie de cilindro de luz ascendente, de más o menos un metro de diámetro, cuyo centro es el artista y que tiene tantas ramificaciones como personas dispuestas a conectarse. Eso de por sí ya es una experiencia religiosa (en el buen sentido de la expresión), pero en el caso de Montevideo Gospel venimos a estar expuestos a trece antenas. Lo que hoy podía sentir claramente era un cilindro de luz de casi quince metros de diámetro con cientos de ramificaciones yendo y viniendo entre cada uno de los que estaba sobre el escenario y los que aprovechábamos la oportunidad de entrar en contacto con algo superior a cambio de habernos decidido a salir de nuestras casas para ver un show en vivo. Para mejor, como el teatro da la oportunidad de cercanía, la vibración en sí se vivía desde adentro, como cuando uno va bailando detrás de una cuerda de tambores y siente aquello sonando adentro del cuerpo exactamente igual que si estuviera directamente batuqueando. Hoy fue así. Ellos cantaron pero nosotros cantamos también y ellos abrían el pecho y su corazón latía más fuerte y el nuestro también.

 

El único gesto de sadismo de este grupete mágico fue el tenernos sentados en butacas. Mi sugerencia desde aquí es que para los próximos shows dejen un espacio para quienes prefiramos movernos un poco más mientras cantan.

 

Podría contarles de algunos momentos en los que me morí especialmente, pero la música es algo tan pero tan personal, que cada uno de los que estuvo habrá muerto y renacido con canciones diferentes. Podría decirles que María-Janis-Joplin-Taranto me fascinó por completo, que me sigue sorprendiendo la versatilidad de La Taranto con las diferentes músicas que encara, pero les quitaría la sorpresa así que no les digo nada. Podría decirles que Elizabeth Rodríguez es una cantante absolutamente excepcional, que junta polenta, dulzura, genialidad y comodidad total cante las notas delirantes que cante, pero shhh, descúbranlo. Podría quizás escapárseme que Gabriela Rodríguez no podría cantar más dulce y que tiene una proyección de voz impresionante y un respeto por la música que se le sale por los poros, pero mejor los dejo que lo experimenten directamente. Por ahí, si me distrajera, les podría llegar a decir que Norma Galfetti tiene un tono de voz que te desbarata por completo y te quedás ahí embobada, no sabiendo bien si estás emocionada porque es dulcísima o si lo que te está apurando el corazón es la energía tan potente que te transmite con esa textura tan particular que tiene. Podría quizás agregar que Natalia Alfonso pareció como si fuera integrante desde hace mucho tiempo a pesar de que es recién llegada, que se mandó unos “firuletes” (atento a la palabra técnica) con la voz que nos dejaron boquiabiertos. Podría contar que cuando Yessica Agustoni canta a mí me conecta con la alegría y con la inocencia. Y si me distrajera un montón, ah, cometería el disparate de contarles que existe un antes y un después en la vida de una persona cuando escucha y ve cantar en vivo a Florencia Pasquet. Que a mí me da la impresión de que cuando ella canta la emoción llamada miedo desaparece de unos cuantos kilómetros a la redonda, que en su lugar entra el amor, que una se mete en su aventura completamente entregada y que el nivel de disfrute es astronómico. Hay que agradecerle a Florencia Pasquet que cante. Enorme regalo para el mundo.

 

Ups… me parece que en el intento de no contar, algo conté. Pero bueno, no les conté de los hombres del grupo, por suerte. Porque donde fuese tan desubicada de además contarles que no hay uno solo de esos hombres que no cante divino, ¿dónde quedaría la sorpresa del show? La mitad masculina del coro deleita. Unos coros buenísimos hicieron toda la noche y cada uno de los solistas, al igual que las mujeres, tienen algo atrapante. Siempre me quedo re-colgada escuchando a Gabriel Groba y siempre me da pena cuando para de cantar. Yo lo noto comodísimo y conectado por completo con lo que hace y me gusta muchísimo la mezcla de dulzura y decisión que tiene. Es bien interesante. Omar Estrada hoy estaba un poco disfónico pero así y todo nos regaló la alegría de ser solista en un par de canciones. Él forma parte de la banda sonora de mi vida, de alguna manera, pues lo escuchaba mucho en mi adolescencia, y es tan divino el viaje por el que me lleva escucharlo cada vez. Va desde acá un agradecimiento especial a Omar que tiene un efecto viaje en el tiempo muy, muy bienvenido por mí. Hablando en términos de antenas, José Cerviño, que dijeron que es nuevo en el grupo, transmite todo el tiempo un disfrute total y cuando fue responsable de algún momento destacado, demostró que tiene una voz que… agarrate. Con ganas de un momento solista me dejó. Con respecto a Adrián de León, para empezar es tremendo presentador. Me parece que es porque no está impostando la actitud ni por un segundo; él está presentando el show con todas las de la ley y el efecto es buenísimo. Él y María Noel son fantásticos maestros de ceremonias. Aplauso especial por eso. En cuanto a Adrián cantando, a mí me puede. Tiene algo que quizás describiría como “frescura”. Escucharlo es sentir una brisa de aire renovado que llega de una. Para mí tiene un ritmo muy impresionante, un timbre de voz bien bonito, unos graves que te sacuden, y canta una de las canciones que más me gusta escuchar: “I Still Haven’t Found What I’m Looking For” de U2. Dejé para el final a Gustavo Fernández porque me fascinó por completo el dúo que hicieron con Elizabeth. Me hechizaron con esas voces y también con esa entrega total que fue la impronta de la noche y que partió de todos y cada uno de ellos, evidentemente.

 

Pero bueno, mejor no comento nada de todo eso, porque una de las cosas más hermosas que tienen estos shows es ir sin saber a qué va uno y encontrarse con un desborde de alegría y buena onda, con cantantes profesionales con mayúscula, y con un repertorio y arreglos excelentes.

 

Posdata: A quienes no hayan ido todavía déjenme recordarles que lo que es más significativo del arte es aquello que no se puede contar.

Foto: Leo Parragués

Foto: Leo Parragués

 

 

1 comentario

  1. octubre 11, 2015 a 3:33 pm

    Esto se llama “garronear” un momentito musical:

    https://soundcloud.com/entrevistaspat/janis-taranto?in=entrevistaspat/sets/momentitos


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