Reseña del show “Atemporal” de Carmen Pi

Todos los sentidos al mango (más que cinco) y el corazón al galope; el pecho abriéndose y cerrándose al antojo de la música; un enorme agradecimiento que lo envuelve todo. Así viví Atemporal.

A continuación voy a intentar contarles a los que no fueron qué pasó en ese espacio atemporal. Los que sí fueron quizás quieran comentar algo más. Los comentarios siempre son bienvenidos. Ya sabemos que los monólogos que se transforman en diálogos son mucho más interesantes.

La noche arrancó con “Dance”: empezaba la fiesta. El primer tema para mí suele ser un acomodo a la situación. Algo así como la afinación de mí misma como si fuera un instrumento… en este caso resonador. Carmen con esa sonrisa arrolladora y esa mezcla de niña feliz jugando a su juego favorito y mujer tierna y todopoderosa al frente de una banda de gigantes musicales. Los colores: rojo carmín y negro. El escenario: prístino, con una austeridad maravillosa que destacaba a los músicos pero con unos detalles rojos que le daban un toque de femineidad y de fineza: íbamos a deleitarnos con sabores exóticos, otros simples, pero todos sutiles y cuidados.

En el tema siguiente participó como invitado Maxi Suárez en el teclado. Uno de los aspectos, si se quiere logísticos, de la noche que me sorprendió fue que los músicos de la banda y los invitados iban y venían pero el concierto tuvo una unidad indiscutible, tremendamente armoniosa. Lo que tocó Maxi no era extranjero en ningún sentido. Tuvo todo el carácter Carmen Pi y un toque especial de frescura y alegría. Esta segunda canción fue “Flor” (para mí “Flor 6/8”). Me llamó especialmente la atención el arreglo de voces muy hermoso con los coros de Janisse Richard y Camila Ferrari ya abrió la puerta al intimismo.

Como ya sabemos el disco Jardín Carmín incluye una canción de Carmen para varios de sus seres más queridos. Dany López, productor e impulsor del disco en varios sentidos, se subió al escenario con la guitarra para compartir la “Canción madre”. Cada sonido encajó exactamente en un rinconcito diferente de los corazones. La guitarra de Dany súper, súper dulce. La voz de Carmen, llena de sentimiento, de ternura, de bondad y de admirable virtuosismo al servicio exclusivo de la canción. Federico Blois y su alegría percutiva se lucieron toda la noche. Los sonidos que eligió para esta canción fueron perfectos y la cantidad de sonidos también. Eso es algo para valorar muchísimo. Hay excelentes percusionistas que meten la pata tocando demasiadas notas, ergo arruinando canciones hermosas. Cuando un percusionista puede tocar lo que la música demanda y encima lo hace con la delicadeza y buen gusto que lo hizo Federico, se merecería que el público lo aplaudiera de pie solo a él por espacio de unos minutos. Yo desde este rinconcito lo hago: clap clap clap. Te pasaste. Te felicito. Te agradezco en nombre de la música. Y también de los ánimos, porque verte gozar mientras tocabas como hacías era contagioso. Una sonreía contigo.

Dijo Carmen: “Dentro de esta noche de emoción y de felicidad extrema que tengo para mí es un honor contar con estos compañeros y especialmente con un excelente guitarrista, un excelente chef, un excelente papá, un excelente compañero de vida que es Nacho Imbellone”. Entonces surgieron los sonidos de “Buen Día”, la ternura hecha canción y la canción hecha ternura. La voz de Carmen impacta aquí porque transmite una pureza enorme, una belleza clara. La guitarra de Nacho delicada a más no poder, traduciendo sentimientos amorosos en notas que surcaban el aire. La percu preciosa de Federico y la batería certera de Martín Ibarburu, con el bajo impecable de Gerardo Alonso.

Dentro del mundo del escenario hay submundos que presenciamos y gozamos. En este show cada submundo generaba disfrute. Uno especialmente bonito fue el del Martín y Gerardo. Gerardo miraba de reojo a Martín y se sonreía, y Martín miraba de reojo a Gerardo y lo mismo. Había una comodidad y una complicidad hermosas entre ellos dos. Otro submundo que fue de otro planeta fue el de Martín y Federico. Desde las butacas se sentía el respeto mutuo, el disfrute compartido cuando tocaban juntos y el disfrute de cada uno de ellos en los momentos en que no tocaban y escuchaban lo que hacía el otro. Martín no se perdía ni un solo sonido de Federico, y Federico se gozaba con la batería de Martín. Qué combinaciones más hermosas. Hubo hermosas miradas de complicidad entre las dos coristas, entre Dany López y Palito Elissalde, entre Nacho y Palito, entre Carmen y Nacho.

“Buen día” le dio el paso a “Carmín” sin aviso previo, en un fluir sencillo, en una especie de abrazo cálido.

El cariño de Dany por Carmen y de Carmen por él fue tan bonito de atestiguar. “Baguala de la Piedra”, un precioso tema de Dany, sonó inundándonos de folclore y de emoción.

Dany (teclado), Carmen (guitarra y voz) y Martín (cajón y una escobilla) nos regalaron una versión divina de “Si supiera” de Jorge Galemire, con una trompeta cantada por Carmen increíblemente afinada. Qué bueno este gesto de motivación a la memoria colectiva. En ese momento se me encogió un poquito el corazón, porque cada vez que un músico se muere me da una tristeza profunda.

Estando yo en ese estado medio tristón, escucho que Carmen anuncia “A Don Prudencio Navarro”, canción hermosa que le escribió para su padre. Ella solita, con su guitarra, con su voz enorme, nos ató un nudo en la garganta. Demasiado bella la canción, bello su silbido y muy grande la ola de emoción que nos arrasó por completo. Se nota que no consciente de ese efecto, nos invitó a corear el final con ella: “todos conmigo”, dijo. Pero las gargantas se negaban a producir sonido.

Después, desde el teclado Carmen nos regaló “Esta vidalita” de Dana Nicola. Siempre es un gusto especial escucharla acompañándose en el piano. Existe una simbiosis mágica en esa dupla.

“Puntos Cardinales” por suerte no faltó y la versión fue archigenial. El piano de Carmen, la percu “aireada” de Federico Blois y las voces de Carmen y Yisela Sosa hicieron una versión muy especialmente bella del tema que le dio el nombre al primer disco. Es hermoso cuando dos cantantes cantan a coro amalgamándose bonitamente pero cada una manteniendo su personalidad.

Una de las características de Carmen Pi que me fascina es que tiene un virtuosismo logrado a base de mucho estudio musical (unos cuantos años de canto lírico en el Conservatorio Universitario de Música, estudios de piano, guitarra, etc.) y que habiéndose volcado a la música popular, y más recientemente a sus temas propios que navegan por varios estilos musicales, consciente o inconscientemente es una embajadora de estilos musicales frente a públicos que quizás no los conocen tanto. El siguiente invitado fue Gustavo Reyna y su archilaúd (instrumento de origen italiano, de fines de S XVI). La inclusión de un instrumento así podría sonar forzada en otro contexto, pero en el concierto de Carmen era una necesidad natural. Ella reúne varios mundos musicales en una convivencia completamente cómoda y el resultado general es el banquete exótico y sutil del que hablaba yo al comienzo.

Gustavo y Carmen estrenaron “Aire lunar”. La conjunción de los agudos de Carmen con las cuerdas más graves del archilaúd y los intervalos al unísono de voz e instrumento fueron una fiesta para los sentidos. Este tema (breve) tiene un aire nostálgico, pero como la dulzura desborda, la mezcla genera una emoción para la que no hay nombre. Sería algo así como “nostalzura”; la simultaneidad de dos emociones relativamente contrapuestas resonando a la vez en el alma.

Siempre con el archilaúd, lo que pasaría inmediatamente después fue una maravilla musical. La soprano Isabel Barrios, Carmen, Gustavo y Noelle Fostel (teclados) hicieron una versión reducida de una canción de François Couperin (nacido en 1668, fallecido en 1733): “Troisième Leçon de Ténèbres” a dos voces. Gracias, Carmen, por presentarnos a este compositor y por presentarnos esta experiencia alucinante de escuchar algo tan diferente y tan pero tan hermoso. ¡Qué magia hacen con esas gargantas! Desde mi butaca se vivió como un despertar a un mundo musical al que pienso sumergirme sin salvavidas.

Como leyéndome la mente, cuando pensaba lo genial del pluralismo musical de su propuesta exquisita, después de esa canción de 1600, Carmen aparece en el escenario con Fede Blois y Martín Ibarburu para cantar a capela la canción “Blue Cadillac”. Los juegos de la voz entre los graves y los agudos generaban un escalofrío de emoción. Fede y Martín hicieron “percusión corporal”, algo poco visto por estos lares y hecho con tremendo buen gusto y musicalidad. La expresión de goce de Carmen, Fede y Martín es algo que espero recordar por mucho tiempo.

¿Qué les parece que hacía falta a esta altura para poder decir que esta mujer toca y canta lo que se le ocurra? ¡Sí! Un rock and roll. Fa. La Carmen rockera es exactamente el mismo deleite que la Carmen folclórica, jazzera, popera, barroca. ¿Cómo un solo ser se puede mover así de fácil de un estilo a otro en apenas unos segundos? ¿Y cómo le pueden quedar todos tan pero tan a la medida? El nombre del tema: “Completely Wasted”, de Dany López. Una Carmen crack se colgó la guitarra Les Paul y sacó de las entrañas a la más divina rockera. El tema en sí es realmente hermoso. Dany se mandó unas voces fascinantes y me sorprendió la habilidad del técnico de sonido (Diego Rey) para que el volumen fuera tan exacto como para que la voz de Dany complementara la de Carmen al volumen justo, justo. Lo que hicieron todos los músicos fue un goce en este tema, porque además de impartirle toda la polenta que el tema pedía, lograron mantener la claridad de cada sonido y no hubo ni un solo sonido superfluo. ¡Qué buenas las notas en el tom de pie de Martín! Qué bueno el bajo. Qué bueno todo. Era un derroche de perfección saliendo de cada rincón del escenario.

Luego Carmen nos regaló una versión de un tema de Jaime Roos. Palito Elissalde con su guitarra eléctrica (“endiablada”, al decir de Carmen) fue algo genial en cada intervención, y en esta canción especialmente.

Tuvimos la alegría de escuchar “Pasos semifusos”, de autoría de Carmen, que tiene una letra muy bonita, con una autodescripción y poesía muy bellas.

Lamentablemente todo lo que empieza termina, así que llegó “Café et Chocolat”. Nina, quien supo estar en la panza de su mamá en la presentación del CD “Puntos Cardinales”, esta noche subió al escenario, con toda la ternura del mundo, a acompañar a su mamá en el final del toque.

¡Claro que pedimos un bis! Fue “Dance”.

Así despedimos todos una noche que se hizo corta, una noche que nos paseó por varios universos musicales, todos hermosos, todos gozosos, todos interesantes, desafiantes, emocionantes y disfrutables.

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