Dos horas en un instante

“Es un show largo, como de dos horas”, había adelantado él. Entonces, cuando anoche avisó que el show se había terminado, fruncí el ceño pensando por qué habría cambiado de opinión; por qué lo había reducido de esa manera. Pero no, no lo había reducido nada. Las dos horas se habían encogido en un instante. Y así fue cómo sucedió para mí una comprensión nueva del título de su último disco.

Hoy escuché a Sergi Torres decir que la mayor revolución que podemos hacer como seres humanos es estar agradecidos por el instante presente. Se puede decir que anoche fui tremendamente revolucionaria. El agradecimiento como sentimiento benditamente invasivo estuvo acompañándome durante todo ese instante.

A continuación voy a intentar transformar en palabras comprensibles lo que sucedió anoche en el Teatro Metro.

Luces apagadas, telón rojo cerrado, surge su voz, anhelada y anhelante. El público retiene la respiración. Ahí mismo nos colocamos todos en el lugar del que no saldríamos más. La canción: “Una palabra” de Carlos Varela. Fíjense qué elección más bella y más significativa comenzar su show cantando, a capela, lo siguiente:

Una palabra no dice nada y al mismo tiempo lo esconde todo. Igual que el viento que esconde el agua; como las flores que esconde el lodo.

Una mirada no dice nada y al mismo tiempo lo dice todo. Como la lluvia sobre tu cara o el viejo mapa de algún tesoro.

Una verdad no dice nada y al mismo tiempo lo esconde todo. Como una hoguera que no se apaga, como una piedra que nace polvo.

Si un día me faltas, no seré nada y al mismo tiempo lo seré todo. Porque en tus ojos están mis alas y está la orilla donde me ahogo.

Desde las butacas se vivió profundamente. Arrancaba un viaje a la vez introspectivo y contemplativo.

Como confirmándolo y venerándolo, nos ofreció “Joya tu corazón”. Bueno, gracias, Pedro. Nosotros pensamos que el tuyo es una joya.

Si recuerdo bien, la siguiente canción fue “Cuerpo y Alma”. Sonó especialmente dulce y contenta, llena de vida. Y ¡santo Dios! El silbido en este tema fue algo tan pero tan bonito, tan atrapante, que yo deseaba que no tuviera fin. ¿Cómo hace para afinar así un silbido y con esa variedad de notas tan impresionante? Qué belleza fue eso…. De alguna manera sigue siendo, porque cierro los ojos y lo oigo.

Y cuando todavía no salía yo de mi asombro con el silbido, arrancó a cantar el tema “Nubes” de Nano Stern. Aquí Pedro hizo un despliegue absolutamente sobrecogedor de unos sonidos graves que me resultaron un goce vibrante en el medio del pecho. Y segundos después, unos agudos hermosos, a los que aunque estoy más acostumbrada, no dejan de sorprenderme y hacerme feliz. Lo que sentí con esta canción fue que la música estaba trabajando su magia en mí de manera extremadamente eficiente y con una forma sencilla. Aclaro que cantarlo no parece nada sencillo; estoy hablando de que las notas no se empujaban unas a otras sino que cada una tenía su momento, su espacio individual. Me regocijé con cada sonido en sí mismo.

Entonces vino el rock and roll. “Ideología”, un tema impactante de Roberto Frejat y Cazuza (del año 1988). [El primero de los temas del primer disco, también llamado Ideología, que sacó Cazuza después de enterarse de que tenía sida]. “Mis héroes murieron de sobredosis, mis enemigos están en el poder”. El Pedro rockero es muy pero muy impresionante. La polenta que tiene sin permitirse perder ni por un segundo la musicalidad y la fineza es algo de otro planeta. Cada vez que le oigo un tema así pienso que sería genial que nos regalara la experiencia de un grupo de rock, aunque fuera por una temporadita. Obviamente, si mi deseo se hiciera realidad, a la vez daría por tierra ese eclecticismo refrescante, abarcativo y multicultural que hace de Pedro Aznar un comunicador de emociones, vivencias y culturas tan diversas. Un crisol que este mundo necesita y más vale que bendiga.

Entonces trajo, tomándola suavemente de la cintura, a la zamba “Las manos de mi madre” de Peteco Carabajal. Le queda lindo el folclore; no hay nada que hacerle.

Luego nos pidió paciencia. Compuso un tema para dos bajos que haría en un show unipersonal y para eso debía grabar primero uno, en frente nuestro, y encima de esa grabación tocar una segunda vez. Aquí es donde la escena idílica a mí se me desajusta por un segundo y no es justamente por Pedro sino por el público. ¿Será posible que los montevideanos no sepamos mantenernos en silencio? ¿Será posible que a un montón de apestados (más apestados de desconexión que de gripe) se les ocurra toser cuando lo que había que hacer era mantenerse en el lugar del respeto y la atención? Gracias a Dios el aparatejo en cuestión no tomó las toses. “El que no escucha es solo víctima de sí”. Fue bonito, bonito oírlo tocando solo bajo y cantando. Y la letra me pegó fuerte. “Cómo duele en el orgullo la verdad cuando buenas intenciones hacen mal”. Y me gustó, claro, la frase “lo urgente mata lo importante”, porque ocupándome de dar vuelta esa priorización es que vengo hace rato, encontrando que la vida tiene otro sabor si se hace primero lo importante y a lo urgente se lo mira apenas de reojo… o no se le permite llegar a ser urgente porque uno se ocupó de eso en la etapa de importante no urgente. En fin, yo me entiendo. Ustedes no sé, pero.

Y ahí nos fuimos al litoral. Nos contó sobre un festival de chamamé y su encuentro con Teresa Parodi, sobre cómo ella le envió un texto y él le compuso una música. Y cómo cuando le envía a un autor su musicalización, luego de apretar el botón de “send”, se encoje con el temor o duda de qué le parecerá. Entonces uno lo mira y piensa que claro, que es humano también, pero que no lo parece. La canción se llama “Río Secreto” y la guitarra de Pedro en ella fue como saborear por primera vez una frutilla: mágico, embelesante.

Aquí ya no parecía que pudiéramos sorprendernos mucho más pero evidentemente no era cierto. Aclaro que en lo personal no me gusta el tango. Suelo descartarlo rápidamente porque hace vibrar fibras que no quiero que vibren. Bueno, a partir de anoche, tengo que cambiar esa opinión y decir: pucha, el tango tiene lo suyo. Cantó “Crisis”, un tango que compusieron juntos con Horacio Ferrer, que fue un despelote, despelote, despelote. Me llevó a un tremendo viaje emocional. Espero que lo grabe y lo podamos escuchar muchas veces más. De la letra recuerdo solo esta frase, que ya dice bastante: “con cáncer en la ética”.

Entonces tocó “Si llega a ser Tucumana” (Música: Gustavo ‘Cuchi’ Leguizamón; Letra: Miguel Ángel Pérez). Yo la había escuchado ya dos o quizás tres veces en vivo, pero anoche me impactó la energía con la que la tocó. Transformó esa guitarra en un instrumento percutivo muy maravilloso, y el resultado general de esa canción fue una amalgama perfecta de fuerza y dulzura. Detrás se proyectaban fotos de Mercedes Sosa jovencita, preciosa.

“Zamba para olvidar” me desgarró. Su canto, su guitarra y mi corazón se hicieron un bollo ahí mismo. El remate del tema fue como un golpe de gracia.

En ese preciso instante de extinción este Ser de Luz trae a Luis Alberto Spinetta y el cuore, que ya parecía que no daba más, escuchó, como pudo, “Si no canto lo que siento me voy a morir por dentro. He de gritarle a los vientos hasta reventar, aunque solo quede tiempo en mi lugar”. Sí, “Barro tal vez”. Y ahí fue donde Pedro me “miró” burlón y me “dijo”: ¿Querías rock and roll? ¿Querías folclore? ¿Pensabas que tenía que hacer músicas diferentes para ambos? ¿Sabés qué? No. Toco las dos cosas en una si se me ocurre… y hoy, aquí y ahora, se me ocurre. Fijate cómo hacés para sobrevivir. 🙂 Ay, Dios, en serio… muy fuerte la combinación. Y muy fuerte la voz de Pedro, la energía, la decisión, el sentimiento, y esa guitarra increíble… y ese final arrasador.

Hagamos una pausa acá. ¿Cómo piensan que la íbamos llevando? Sí, el corazón al recontra galope con la respiración archi cortada. Pero la cosa seguía y seguía con platos fuertes.

¡Blackbird! Yo creo que es una de mis canciones favoritas y oírla surgir de él es algo muy, muy especial. Anoche me llegó especialmente. Con su guitarra combinó otra vez más, de manera magistral, la percusión con la melodía. “Into the light of the dark black night” cantado por él me desarma.

¡Strawberry Fields Forever! Belleza y fuerza, belleza y fuerza, rock and roll a full… ah, por favor, no se puede pedirle mucho más a la vida.

El viaje fascinante siguió con “Because”. Me hizo redescubrir la frase “Love is old, love is new” y caer en la cuenta de que si bien el amor siempre existió en el mundo y en mi vida, porque si no para empezar no estaría aquí, a su vez el amor es nuevo en cada instante, porque yo voy cambiando y una persona diferente necesariamente ama diferente. Primero grabó el teclado y la voz. Luego la guitarra y otra voz. Y por último encima de todo eso tocó el bajo y cantó nuevamente. Fue en ese momento que balbuceé: “Esto es el pa-ra-í-so”.

Después tocó “Quebrado” para un público que no se lo mereció. ¡Vo! ¿No la habían oído nunca? ¡Cómo puede ser que Pedro Aznar nos invite a cantar el coro y todos se queden callados! Ay, Dios… Antes del próximo show, habría que escuchar un poco, me parece. Pero bueno, más allá de ese momento incomodísimo en el que la gente no fue capaz de cantar la palabra “Quebrado” dos veces, el tema obviamente estuvo perfecto.

“Confesiones de invierno” siempre me traslada en tiempo y espacio a mi adolescencia, a las guitarreadas, a dos amigos en particular. Y bajito, bajito, hubo un corito de gente cantándola, pero sospecho que Pedro no pudo oírlo.

Anoche tuve la oportunidad de ser baterista de Pedro Aznar, je. Bueno, para ser honesta la tuvimos todos. Nos pidió que le hiciéramos la base rítmica del tema “Traición” y yo, con mi cabecita delirante, pensé qué bueno que es tocar con él. En fin, delirios.

Luego sonó “Lina de luto” (de su autoría), donde Pedro dejó de ser un solo hombre y se transformó en una banda completa. Tremenda energía y un sonido impecable. Y una sonrisa hermosa. “Maldigo del alto cielo” (de Violeta Parra) nos regaló unos unísonos de voz y guitarra divinos.

Creo que fue en este momento que tocó “A primera vista” y gracias al cielo este coro sí lo supimos cantar. Yo con todas las ganas y la libertad del mundo. Se sintió bonito.

Narrado por escrito, de esta manera, una tiene mejor noción del tiempo transcurrido, pero sinceramente cuando a esta altura Pedro dijo que el concierto se había terminado, parecía que recién había comenzado.

El público aplaudió de pie, a rabiar, y nadie tenía la mínima intención de retirarse. Cuando reapareció sobre el escenario, llovieron los pedidos de canciones, y la que sonó fue “Lisa” de Gustavo Cerati. Qué coros más divinos. Luego sonó “Quedándote o yéndote” de Spinetta… hermosa, hermosa. Qué juegos tan espectaculares que hace con la voz. Es muy fuerte, en serio. El corazón no sabe si sonreír, llorar, gritar, susurrar o qué. Al menos el mío se queda perdido.

El fin del fin fue con el tema de Cazuza “Todo amor que exista en esta vida”, que es un tema que me fascina. Detrás de Pedro se proyectaban en una pantalla besos muy, muy hermosos. Me vine pensando que si fuéramos bichos menos civilizados, habríamos terminado ese concierto como la escena final de la película* que se hizo del libro “El Perfume” de Süskind. O si no tanto, al menos besándonos con la gente a nuestro lado, fueran conocidos o desconocidos. Porque al fin de cuentas se trata de todo amor que exista en esta vida.

“Hasta pronto” fueron las últimas palabras. Sí, señor. “Hasta pronto”.

Me vine con dos discos suyos. Me impactó la textura y la fotografía de Mil noches y un instante. ¡Qué objeto más maravilloso! Me hizo notar que en la era de internet sigue habiendo buenas razones para comprar discos.

Agradezco a Cooltivarte por haber confiado en mí para cubrir este show.

* Si recuerdo bien, el libro tiene una escena más que la película y la película termina con una orgía multitudinaria.

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