Fito y Fitipaldis en Montevideo (2015)

¡Hola! Vengo de ver a Fito y Fitipaldis en La Trastienda. ¡Fue tremendo show! Estoy un poco como anestesiada porque duró dos horas completas, bailé buena parte del show, canté, coreé y me fasciné con mil y un detalles de la noche. El silencio de mi casa se siente muy pero muy raro en este momento… y quiero comer algo dulce pero no hay, así que a endulzarme escribiendo este relato de una noche muy disfrutada.

Antes de que empezara la música había que encontrar algún lugar de donde se pudiera ver medianamente el escenario. Yo mido 1,60 m, lo que significa un verdadero problema ir a ver toques de parado, máxime cuando el piso del lugar es llano (voto ya por inclinar ese piso). Como no todos los días se tiene la posibilidad de ver a estos seres tocando en Montevideo, mi juego fue irme colocando detrás de cada uno que pasaba avanzando por al lado mío y logré quedar en una ubicación relativamente buena, de donde veía claramente al bajista, al saxofonista y al baterista, de a ratitos veía a Fito, adivinaba al tecladista, y con un poco más de frecuencia veía al guitarrista. Estaba repleto de gente. En la planta baja alfileres quizás cabían pero personas ni una más. Mucho calor humano y mucha alegría.

Fito Cabrales, líder de la banda, me dejó realmente admirada y una vez más confirmé que no hay nada como ver música en vivo. Los había escuchado muchas veces y visto en varios videos pero hoy me llevaron a un lugar nuevo, que todavía no conocía con su música. Volviendo a Fito: tiene enorme fuerza, tremenda garra que convive con momentos de gran dulzura. Sus temas son realmente bonitos, con acordes y melodías que llegan a uno despertando tanto esa necesidad de exteriorizar pasiones como la reflexión. Las letras son muy pero muy buenas y en los momentos solistas en que él tocó la guitarra, se pudo sentir una enorme sensibilidad producida por sus dedos.

Carlos Raya, en la otra guitarra, se puso al público en el bolsillo. Es que realmente toca con tremenda decisión y convicción y es una de las figuras más notorias junto con Fito sobre el escenario. En los momentos en que hicieron dúo con el saxofonista, Javier Alzola, como decimos por acá: “la rompieron”. Además, se nota que se gozan haciendo lo suyo. Es muy, muy genial de presenciar. Alzola también tocó percusión y se veía completamente alineado con la banda y con el show. Él, así como Raya, el bajista Alejandro Climent y el tecladista Joserra Semperena colaboraron con coros en varias oportunidades. El baterista, Daniel Griffin, fue otra de las figuras que la gente vitoreó especialmente en sus intervenciones más llamativas. Cada vez que tocaban Raya o Griffin, entre el público se oía: “Es una bestia”; “la tiene clarísima”; “no se puede creer”, etc. Aparentemente el tecladista no pudo tocar con un Hammond y tuvo que conformarse con un piano. Desde mi rincón yo no lo notaba especialmente metido emocionalmente en la dinámica de la banda, pero imagino que quizá la falta de su instrumento le habrá incomodado un poco.

Todos cantamos y bailamos toda la noche. En el poquito espacio personal que cada uno tenía, no había manera de quedarse quieto. Fue muy bonito ver cómo gran cantidad de jóvenes levantaban a sus parejas para que, por unos segundos, vieran un poco mejor. Hubo canciones especialmente festejadas y acompañadas por el público. En mi caso, agradecí muy especialmente la oportunidad de oír en directo “Entre la espada y la pared”, uno de mis temas favoritos desde hace meses, que no pasa muchos días sin sonar en mi casa. Pero cada uno ahí tenía su favorita y era hermoso ver las caras de la gente fascinada con la oportunidad de ver a estos “tíos” por estos lares. En el aire estaba esa expectativa de tantos… se sentía esa emoción colectiva de estar viendo a músicos admirados que, como el propio Fito dijo, vienen de lejos. Me dio la impresión de que hoy de noche él quedó un poco sorprendido de la recepción que tuvo en Uruguay. Sobre el final dijo algo así como: “¡Pero cómo sois, che! Nosotros venimos de muy lejos. Ni puta idea de a cuántos les gustará nuestra música… y nos encontramos con esto”. Fue muy bonito sentir todo ese fluir de aceptación, energía y vitalidad en ambas direcciones entre el público y los músicos.

En cuanto a la calidad del show en sí y en cuanto a la performance de los músicos quedé muy bien impresionada. En algún momento del show, en que sentía que todo fluía cómodamente y todos estábamos disfrutando, pensé: “¿Qué hace que estas personas, viniendo de tan lejos, sin conocer el lugar ni el público, puedan hacer un show tan profesional?” Llegué a la conclusión de que los dos ingredientes que estaban decidiendo buena parte de eso eran la gran concentración y la total convicción de lo que estaban ofreciendo. Algunos saben que “mi palo” no es el rock y hoy quedé encantada con varias cosas: Por un lado la alegría razonable del público. (¡Voto por bailar en los conciertos de jazz! Je… es un divague, sí, pero si sos de los que hace rato no vas a un toque de rock, mi consejo es que no la pienses y vayas ya a uno… después me contás). Claro, no faltó el que había tomado de más o el que tiró sobre el final una lata de refresco bañando con agua azucarada a los que estaban por ahí, pero en su enorme mayoría la gente disfrutó en una muy buena, con sonrisas, abrazos, besos. Ups, me fui por las ramas. Decía, en cuanto a la música en sí, la contundencia de cada una de las notas que se tocaron esta noche fue lo que generó la buenísima calidad musical de lo que vimos. Ninguno de los músicos dudaba ni por un instante que su nota sería esa nota eficiente, polenta, que iba a entrar directo en cada uno de nosotros. La combinación de las notas de Raya y Alzola fue lo que me regaló los momentos musicales que más me impactaron. Griffin ¡me hizo bailar! Qué maravilloso que es nuestro vínculo primario con el ritmo.

A quien aún no conozca la banda, le sugiero que les dé una ojeada a las letras de sus temas. A mí me parece que es algo muy importante en el éxito musical del grupo. Están muy bien hechas, tienen un contenido relevante, son poéticas, sensibles y compartibles. En su página web para darles una leída a todas las que quieran: http://www.fitoyfitipaldis.com/fitipaldis/discos

Fito Cabrales la pasó bien, creo yo. Cantó genial (me temo que hoy dejó parte de su garganta en ese escenario), interactuó con el público, bailó, hizo corear a la gente, le dedicó un tema a “Emi” (Emiliano Brancciari) y le agradeció al grupo No te va gustar, con quienes tocó en Buenos Aires tres días atrás, en el estadio de Vélez. La gente les pidió bis y luego les volvió a pedir bis. No querían dejarlos ir.

En resumen, una noche gozada, con una propuesta musical relevante, con un Fito cercano que dijo muchas verdades que fueron bailadas, cantadas y aplaudidas a más no poder.

Posdata: Durante el toque me acordé muchas, muchas veces de mi amiga Belén, quien ha compartido parte de mi disfrute de esta banda.

Entre la espada y la pared:

5 comentarios

  1. abril 28, 2015 a 11:50 pm

    Hermoso post … hermoso tema … gracias.

  2. abril 29, 2015 a 9:55 am

    ¡Qué bueno que te gustó, Mayans! Un placer que sea así. Gracias a ti.

  3. pepejazzy2 said,

    mayo 15, 2015 a 11:45 pm

    Joder,Patti yo la verdad no soy muy de Rock…pero te prometo que si tocan por Malaga los voy a intentar de ver…..Gracias por el Post….la verdad es que son muy buenos.Saludos,PPJZZ.

  4. mayo 16, 2015 a 10:49 am

    Si vas, después cuéntame qué te pareció el show. Saludos, Pepe querido.

  5. diciembre 4, 2015 a 6:32 pm


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