¿Para qué la música?

En mi vida la música existe para:

  • cuando las palabras no son suficientes
  • cuando las palabras no son necesarias
  • trasladarme en tiempo y espacio a otros lugares, situaciones y sensaciones (conocidas y desconocidas)
  • desintonizarme de sintonías no deseadas
  • sintonizarme a la vez con la tierra y con el cielo

De niña viví en el campo, en una casa que tenía grandes ventanas en cada habitación. De la de mi cuarto se veía un sauce enorme al que yo vivía trepada, detrás la vía del tren y más allá toda la cadena de la Sierra de las Ánimas. De la de la cocina se veía el cerro mayor de la Sierra de las Ánimas y encima de este un cielo impresionantemente colorido en cada atardecer. De las ventanas del living se veía el Cerro Pan de Azúcar… mucho antes de que tuviera una antena gigante civilizándolo. Y de la otra ventana del living la luna llena más enorme que volvería a ver jamás.

Cuando vivía ahí escuchaba música sí… pero mi relación con la música era muy superficial. Sin embargo, cuando por decisión familiar nos mudamos a Montevideo y quedaron atrás las golondrinas que volvían cada año al mismo nido, las heladas invernales que no permitían que encendiera el auto que me llevaba a la escuela, las granizadas alucinantes y mis patos adorados… los cien mil atardeceres todos diferentes uno de otro, el olor diferenciado y particular de cada estación, y los millones de estrellas que me tiraba en el pasto a mirar cada noche de verano, la música se volvió realmente importante.

Y no fue hasta 1988 que me di cuenta que la música estaba cumpliendo muchos roles esenciales y, sobre todo, el ponerme en contacto, llevarme a un estado de conexión conmigo misma y con el universo que en la selva de cemento se volvía mucho más difícil que cuando vivía en un mayor contacto con la naturaleza.

La misma sensación de éxtasis que tengo cuando escucho hoy a E.S.T. la sentía cuando me quedaba rato largo mirando y escuchando correr el agua del arroyo.

La misma sensación de paz que tengo cuando escucho a Eva Cassidy la sentía cuando percibía el movimiento terrestre en el cielo estrellado.

La misma sensación de admiración excitada que me viene con el Acústico MTV de Lenine, la sentía cuando aparecía un arcoiris después de horas de lluvia.

Cuando escucho algunos discos de Pat Metheny, veo atardeceres naranjas, rojos y dorados… o nubes enormes que anuncian viento.

Cuando escucho Saxophone Colossus de Sonny Rollins, por alguna razón me acuerdo del temblor de las vías del tren anunciando que aquella mole estaba todavía lejos pero se acercaba.

Una vez alguien llegó a casa con un par de binoculares muy potentes. La luna estaba llena y naranja. Yo andaba distraída intentando atrapar bichitos de luz cuando mi padre me dijo que me acercara a mirar. ¡Qué susto me pegué! Porque delante de mis ojos, como a medio metro de distancia, no más, había un cráter! Me dio miedo de caerme, porque sentí que estaba flotando y mágicamente había llegado a la luna. Y esa impresión a veces me la trae a la piel Secret Story de Pat Metheny.

Y no es que tenga una imagen de mi niñez para cada música… no. Pero sí cada música me conecta con algo mucho más real que levantarme de mañana, ir a mi trabajo, tomarme en serio cosas que en realidad no me interesan, volver a ocuparme de cuestiones logísticas necesarias para que al día siguiente todo vuelva a empezar, y que cuando todo está ‘en orden’ sea cuando pueda irme a dormir.

Esta vez no voy a compartir música sino otras obras artísticas que me hacen sentir acompañada en esta búsqueda de contacto con mi característica de “bicho humano”, como individuo de una especie que pertenece a este planeta, a este sistema solar, a este Universo misteriosamente infinito que nos empecinamos en limitar… quizás para generar una ilusión de grandeza… de tal fragilidad que alcanza con pararnos frente a un árbol de tronco grueso para que nuestra omnipotencia se haga añicos.

Caminando (the walk) from Eduardo Mayans on Vimeo.

http://mayansdesign.wordpress.com/2011/10/14/the-walk-caminando/

 

The Mountain from TSO Photography on Vimeo.

 

Hay discos más “teletransportadores” que otros, pero “My Song” y “Köln Concert” se llevan el premio mayor en mi caso.

 

14 comentarios

  1. Napi#10 said,

    octubre 26, 2011 a 6:47 am

    Cierto, la música tiene incorporado ese tipo de magia, Drummy (seguramente porque nosotros “serializamos” nuestras vivencias a fuerza de rítmos binarios o ternarios) . Y hay ocasiones en que un sonido tiene la virtud de despertar en mí el más vívido de los recuerdos. En este caso, hasta percibo el olor a café de aquellas largas noches de tertulias familiares, cuando escucho este Formentera Lady

  2. Patricia Schiavone said,

    octubre 26, 2011 a 8:43 pm

    Napi: sospecho que en el futuro, dentro de unos cuantos años, cuando quizás ya no tengamos contacto alguno, escuchar Time After Time nos recordará a nuestro trío dinámico. Flatischler me recordará la emoción gigante de tanto cariño cumpleañero llegado desde ultramar, y así sucesivamente. Lo interesante es vivir el hoy de verdad, como para que los recuerdos valgan la pena.

    ¡Qué video tan raro ese! Empieza con una simpleza total y poco a poco va derivando hacia terrenos inesperados.

  3. Cláudia Pires said,

    octubre 27, 2011 a 8:40 pm

    Si, tu texto logró transportarme, como lo hace la propia música, o muchas o todas las cosas que mencionaste de tu contacto con la naturaleza. Todo al fin es arte. Eso que nos toca y nos lleva desde lo más profundo hacía lo más allá del allá, a la mayor amplitud, que la sentimos bien adentro de nosotros. En fin, eso que llamaste de conectarnos al mismo tiempo con el cielo y la tierra. Eso mismo. El otro día lo sentí sentada en un tronco de un vieeeejo árbol en el parque, al cual solo logré acercarme haciendo una reverencia.
    Para que la música? Nunca pensé en un para que… así como nunca pensé en un para que sentarme en el tronco de un viejo y magnánimo árbol, o mirar los diferentes colores de una hoja que brilla al sol y se balancea al viento. Simplemente lo hice, simplemente pasa, simplemente es.
    Ahora que lo pienso, todo eso sin duda es un alimiento al alma, a todo el ser, el más completo que capaz que ni tengamos idea de cuantas cosas forman esa completud. Pero seguro algo sentimos de todo eso.
    Gracias música! Gracias literatura! Gracias pinturas! Gracias danza! Gracias teatro! Gracias arte!!!!! Gracias Vida!!!!!!!
    Y gracias Paty por hacerme ver y sentir todo eso a partir de lo que escribiste.
    Un beso grande,
    Clau

  4. Patricia Schiavone said,

    octubre 28, 2011 a 8:05 am

    Cláu! Esa curiosidad por el “para qué” fue alimentada por varias de nuestras charlas.
    Qué bueno que mis palabras te llegaran a hacer ver y sentir cosas lindas.
    Te quiero mucho, Cláu. Qué bueno que la vida cruzó nuestros caminos un día. (Acabo de hacer memoria de cómo llegamos a cruzarnos y sin duda el Universo hizo un trabajo fino de organización).
    Hasta prontito!

  5. octubre 28, 2011 a 8:43 am

    Patricia,no te conocia mucho hasta hoy.Yo soy sumamente intuitiva y te senti muy calurosa en tus comentarios.Realmente,me quede de cara con tu “articulo”(me parece poco llamarlo asi,es un pedazo de vida) porque coincide en muchas cosas conmigo,el campo,los arboles,todo ese mundo que quien no lo vivio de niña,lo podra entender pero no sentir tan fuerte.Creo que me encontre con una “tapada” verdadera mujer,persona genial.Ojala nos podamos conocer y conversar mucho. Mil gracias,no sabes que bien me hizo leerte,y mil abrazos.Aca estoy!!!!!

  6. Patricia Schiavone said,

    enero 14, 2012 a 11:16 am

    Querida Liese: Qué atraso el mío en responderte! Excusas miles, razones ninguna. Es tal cual lo que decís de que quien no lo vivió, no lo vivió, y es complicado transmitirle qué se siente. Me pasa con mi propio hijo que creció en la ciudad y no se emociona en la misma medida que yo. Gracias a vos por decirme que este texto. A mí me encanta bloggear y realmente no lo hago por mucho más que porque me resulta terapéutico, pero los comentarios que te hacen saber que lo que escribiste le llegó a alguien están muy buenos. Es parecido al músico que toca porque le gusta, no por los aplausos… pero hace una gran diferencia saber que, de yapa, mientras él disfrutó del otro lado la gente recibe algo que le aporta. Espero que nos crucemos en el mundo analógico un día de estos. Seguimos en contacto. Un abrazo.

  7. febrero 7, 2012 a 9:42 pm

    He aquí otro video precioso. Muy breve. Una danza preciosa de una cantidad enorme de pájaros. Ninguno se choca, ninguno se pecha… qué mágico que es.

    Murmuration from Sophie Windsor Clive on Vimeo.

  8. gustavo molina said,

    abril 1, 2012 a 2:16 pm

    sabes que a mi me pasa algo parecido,hay recuerdos de mi niñez y adolescencia marcados por determinadas cosas como x ejemplo cuando mi padre me regalo mi primer tocadiscos,se llamaba asi antes,y empece con una busqueda de identidad musical que me volco hacia el rock,y en esa epoca resultaba muy dificil conseguir vinilos de Led zeppelin,jethro tull,king crimson etc que fue lo que realmente me impacto en esos años y me marco,para despues seguir explorando otro tipo de musica como el jazz-rock,jazz blues etc,escuchaba news rock y un programa insigña que era meridiano juvenil,que pasaban a mi entender lo mejor que se podia escuchar en Uruguay, y me gusto mucho lo que escribiste.

  9. abril 1, 2012 a 6:20 pm

    Me gustó leer tu comentario también, Gustavo. Me hiciste acordar de lo compli que era encontrar el disco que uno quería (yo también tuve tocadiscos, que pasaban los discos a 33 y también a 78 rpm). Es brutal cómo los amantes de la música asociamos momentos con temas o con bandas musicales. Son un ayuda-memoria grandioso.
    Yo no escuchaba Meridiano Juvenil, pero lo he oído nombrar muchas veces.

  10. Patricia Schiavone said,

    abril 11, 2013 a 10:44 pm

    Qué lindo volver a leer esto hoy. No sé, Liese, si verás este comentario, pero ¡pensar que en ese momento no nos conocíamos! Y terminaste festejando mi último cumpleaños conmigo… qué loco todo.

    Napi: Te extraño un montón, killo… así que anduve hoy buscándote en algunos de tus comentarios. Claro que ahí estás…

    Aldoux: igual. También a ti te extraño. Te escribiré en cuanto la vorágine de actividades en la que estoy metida achique mínimamente.

    Yo sigo recibiendo sugerencias musicales de todas partes (La última: The Black Keys… muy bueno!). Sigo conociendo gente gracias a la música. Sigo recibiendo amor de millones de fuentes diferentes, la mayoría con algo en común: la música. Y por supuesto sigo metiendo ruido acá y allá, y el mundo sigue empecinado en darme ánimos y cada uno de los empujones que necesito, qué genial.

    Como que nuestra mesa de café ha quedado medio vacía últimamente, ¿verdad? Pero confío en que ya nos volveremos a encontrar alrededor de ella, dentro de no tanto, con alguna buena excusa.

  11. Silvana said,

    abril 26, 2013 a 11:07 pm

    Patricia, he quedado sin palabras, como el video, caminar, caminos, más que hacer, siento que prefiero andar caminando y entonces ir haciendo. Aunque, te confieso intimamente, nada de eso es sencillo, al contrario, es el gran desafío de mi vida y aún no sé si lo lograré. Y como me he quedado sin palabras propias, te envío este viejo y tan caro poema que me acompaña hace cientos de años y resurge en los momentos que importan

    ITACA

    Cuando emprendas tu viaje a Itaca
    pide que el camino sea largo,
    lleno de aventuras, lleno de experiencias.
    No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
    ni al colérico Poseidón,
    seres tales jamás hallarás en tu camino,
    si tu pensar es elevado, si selecta
    es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
    Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
    ni al salvaje Poseidón encontrarás,
    si no los llevas dentro de tu alma,
    si no los yergue tu alma ante ti.

    Pide que el camino sea largo.
    Que muchas sean las mañanas de verano
    en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
    a puertos nunca vistos antes.
    Detente en los emporios de Fenicia
    y hazte con hermosas mercancías,
    nácar y coral, ámbar y ébano
    y toda suerte de perfumes sensuales,
    cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
    Ve a muchas ciudades egipcias
    a aprender, a aprender de sus sabios.

    Ten siempre a Itaca en tu mente.
    Llegar allí es tu destino.
    Mas no apresures nunca el viaje.
    Mejor que dure muchos años
    y atracar, viejo ya, en la isla,
    enriquecido de cuanto ganaste en el camino
    sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

    Itaca te brindó tan hermoso viaje.
    Sin ella no habrías emprendido el camino.
    Pero no tiene ya nada que darte.

    Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
    Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
    entenderás ya qué significan las Itacas.

    C. P. Cavafis. Antología poética.
    Alianza Editorial, Madrid 1999.

    Edición y traducción, Pedro Bádenas de la Peña

  12. abril 26, 2013 a 11:48 pm

    🙂 Gracias, Silvana. Qué divino tu comentario y el poema! Yo siempre le pido al Universo que me regale sorpresas agradables y aventuras inimaginadas que me lleven por caminos nuevos, interesantes y que me ayuden a crecer. Y creo que si uno va por la vida con los sentidos alertas (no solo los 5, sino también con la intuición y con el amor alertas), la vida está repleta de aventuras y sorpresas.

    Coincido completamente con el poema en el sentido de que la vida tiene un verdadero sentido si disfrutamos cada paso del camino, viviéndolo de verdad, entregados a las experiencias, siempre queriéndonos a nosotros mismos en primer lugar.

    La sociedad nos impulsa a creer que tenemos que llegar a algún lugar concreto con nuestra vida y si andamos distraídos, solo pensamos en ese supuesto destino y podemos llegar a tratar a nuestros días como simples escalones para llegar a un Itaca. Pero los itacas, para mí, son cada uno de los días, cada uno de los momentos que tenemos la dicha de vivir. No importa si “somos profesores de inglés”, o “carpinteros”, o “doctores”. En realidad no “somos” nada de eso. Somos seres humanos y tenemos la dicha de levantarnos de mañana y tener todo un bello día a nuestra disposición. Que el día sea realmente “un buen día” depende de cómo demos cada pasito, de cómo observemos a la gente que nos cruzamos, de cuánto le permitamos a los demás enseñarnos y de cuán abiertos estemos a dejarnos atravesar por todo lo que queremos vivir.

    Hace relativamente poco que ando aliviada con algo: comprendí que no tengo una cosa que hacer en esta vida, es como que da igual lo que haga… sí importa cómo lo viva. Y ahí vamos… jeje, andando sin un rumbo demasiado específico pero con la dirección general bastante clara… dicen que para ese lado queda Itaca. 🙂

  13. julio 12, 2013 a 9:51 pm

    He aquí otro Ser que se pregunta para qué la música, desde dónde la música, etc. Habla poquito, pero lo que habla es buenísimo.

  14. abril 14, 2015 a 10:17 pm

    Hoy se me dio por transcribir las palabras de Chango Spasiuk.

    Min 2:10

    ¿Para qué es el sonido cuando no se trata de bailar?, decía un maestro a su alumno.
    ¿Para qué es el sonido cuando no se trata de entretener los oídos de un rey?
    ¿Para qué es el sonido?
    ¿Qué hay detrás de eso que llamamos vanguardia o tradición, chamamé, o tango, o jazz, o rock, nuevo o viejo? ¿Qué sostiene a absolutamente todas esas formas? ¿Qué sostiene todo eso? ¿Para qué es el sonido?

    Min 5:10

    Yupanqui dice: “La luz que alumbra el corazón del artista es como una antorcha que usan los pueblos para ver la belleza en el camino”. Por ahí la belleza no sea la música, o ese misterio que llamamos la música. Por ahí la música sea un espacio que va mucho más allá de entretenimiento, evasión. Por ahí la música sea un espacio en el cual reflexionar, pensar, conocer, legitimar integrar, construir y por sobre todas las cosas sentirse, por momentos, un poco a salvo.

    Min 7:42

    Beethoven dice: “La música es una revolución superior a la filosofía y a la ciencia”. Posiblemente la música de Beethoven lo sea. Por ahí todas las demás pueden tener ese anhelo en el corazón, por más que sean menos complejas, por ahí simples, pero creo que lo más importante es pensar que la música, y en especial la música instrumental… a veces estamos como mal acostumbrados a creer que solamente las cosas se dicen a través del lenguaje conceptual, por ejemplo el de las palabras, y detrás de la música -que no tiene palabras- hay una narración, hay una construcción, hay algo que está siendo expresado. Y es importante prestar atención para decodificar y saborear eso que está siendo expresado. Muchas veces creo que en nuestro país la profunda ignorancia y el gran desconocimiento de nuestras músicas ha creado una gran fragmentación y cuando uno empieza a prestar atención, a conocer, se da cuenta de que todo forma parte de un mundo sonoro y ese mundo sonoro es muy complejo, sumamente complejo como el universo. Y Rumi decía es tan maduro lo que te rodea y tan joven tu entendimiento que mejor escucha, escucha, cállate y vete. Entonces creo que a la música hay que saborearla. Hay un oído que no es el físico, no es el tímpano, hay un oído interno, que es casi como saborear la comida… bueno el sonido también se puede saborear desde ese lugar. Y cuando uno lo saborea, empieza a percibir un montón de cosas que son bastante difíciles de transferir en el lenguaje conceptual. Y por supuesto que es mucho mejor tocar que hablar, y para eso vine, y quiero agradecer que me hayan invitado en este espacio para pensar, reflexionar, construir y sentirnos un momento a salvo.


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