Noam Chomsky y las verdades que la gente no parece asimilar

En fin… me parece que habría que despertar de una vez. El cómo es la gran pregunta. El cuándo… ojalá que sea antes. El por qué… porque tenemos derecho a vivir en un mundo feliz.

No me cabe en la cabeza que este hombre haya estado intentando abrirle los ojos a la población norteamericana (y de paso a la mundial) desde hace tantos años y que el mundo siga igual y que la gente no haga nada por cambiar la situación… perdón: que no hagamos nada por cambiar la situación.

Hablando de este tema con Napi hoy a mis 7:30 am, me contestó:

Claro, pero es que las técnicas de manipulacón llegan hasta ese punto: nos anulan como individuos y hacen que pensemos que “nuestras cosas” son de un orden superior. Así que cuando hay alguien que se destaca por intentar hacernos pensar, suele levantar risas que sólo califican al que se ríe o no se lo toma en serio.

Supongo que yo no lograré con este post lo que no ha logrado el propio Chomsky con sus cientos de publicaciones, videos, audios, conferencias a lo largo de sus 50 años como crítico de los EEUU, de su política interna y externa, y del sistema. Lo único que pretendo aquí y ahora es que no quede un solo lector de Atresillado que ignore quién es Noam Chomsky y, de ser posible, tentarlos a leerlo y escucharlo, ya que puede colaborar con más de un granito de arena en que el mundo cambie… porque sí, el mundo puede cambiar. Esa idea de que no puede cambiar, nos la han hecho creer. Pero si ya cambió tantas veces antes… ¡Cómo no va a poder cambiar mil veces más!

En la web hay material de Chomsky para leer 800 años seguidos y yo ando con mucho sueño como para dedicarle 3 horas a elegir el material. Así que simplemente copiaré aquí “lo primero que encuentre” y ya verán ustedes que vale y super vale la pena.

Luego, si les interesa como espero, les recomiendo visitar:

http://noamchomsky.info (los que lean inglés)

Youtube: hacer una búsqueda que diga “Noam Chomsky español” (para los que no entiendan tanto inglés)

Aquí hay varios textos en español: http://kamita.com/misc/nc/textos.html

O simplemente buscar su nombre en Google!

Este video está muy bueno. No lo supe incrustar, pero vayan al link:
http://video.google.com/googleplayer.swf?docid=1055693096375795170&hl=es&fs=true

A continuación un texto cualquiera, tomado completamente al azar:

¿Hacia dónde se dirige el mundo?

El nuevo milenio ha comenzado con dos crímenes monstruosos: los atentados terroristas del 11 de septiembre y la respuesta a los mismos, que a buen seguro se ha cobrado un número mucho mayor de víctimas inocentes. Las atrocidades del 11 de septiembre se han considerado un acontecimiento histórico, y es cierto. Pero deberíamos dejar claro por qué.Esos crímenes representan quizá el más devastador tributo humano instantáneo jamás pagado, a no ser en la guerra. La palabra ‘instantáneo’ no debería pasarse por alto; es triste, pero cierto, que los crímenes no son en absoluto infrecuentes en los anales de una violencia que se acerca mucho a la guerra. Las consecuencias son una de sus innumerables ilustraciones. La razón por la que ‘el mundo nunca será igual’ tras el 11 de septiembre, usando la frase ahora tan en boga, es otra.

La dimensión de la catástrofe que ya ha tenido lugar en Afganistán, y lo que puede venir a continuación, sólo se puede
suponer. Pero sí conocemos las proyecciones en las que se basan las decisiones políticas, y a partir de éstas podemos entender un poco la pregunta de hacia dónde se dirige el mundo. La respuesta es que avanza por sendas muy trilladas. Incluso antes del 11 de septiembre, millones de afganos se mantenían -apenas- gracias a la ayuda alimentaria internacional. El 16 de septiembre, el New York Times informó de que Washington había ‘exigido la eliminación de los convoyes que suministran buena parte de los alimentos y otros bienes a la población civil afgana’. No se detectó ninguna reacción en EE UU o Europa a la exigencia de que una enorme cantidad de desposeídos fuesen sometidos al hambre y a una muerte lenta. En las semanas siguientes, el principal periódico del mundo informó de que ‘la amenaza de ataques militares ha obligado a evacuar a los trabajadores de las organizaciones de ayuda internacional y ha paralizado los programas de ayuda’; los refugiados que llegaban a Pakistán, ‘tras un duro viaje desde Afganistán, describen escenas de desesperación y miedo en su país, mientras la amenaza de ataques militares dirigidos por EE UU convierten la miseria que padecen desde hace tiempo en una potencial catástrofe’. ‘El país pendía de una cuerda de salvación’, dijo un voluntario evacuado, ‘y acabamos de cortarla’.

El programa de alimentación mundial de Naciones Unidas, así como otras asociaciones, lograron hacer algunos envíos de
alimentos a comienzos de octubre, pero, tras el bombardeo, se vieron obligados a suspenderlos para reanudarlos más tarde a un ritmo mucho más lento, mientras los organismos de ayuda condenaban ‘sin paliativos’ los lanzamientos aéreos de ayuda
estadounidenses, ‘herramientas propagandísticas’ apenas disimuladas. El New York Times informó, sin comentarios, de que
se preveía que el número de afganos necesitados de ayuda alimentaria aumentaría en un 50% como resultado del
bombardeo, hasta llegar a 7,5 millones de personas. En otras palabras, la civilización occidental basa sus planes en la suposición de que pueden provocar la muerte de varios millones de civiles inocentes: no talibanes, sino sus víctimas. El mismo día, el líder de la civilización occidental volvió a rechazar con desdén las ofertas de negociación hechas por los talibanes y su petición de que les dieran pruebas creíbles que sustentasen las exigencias de capitulación. Su postura se consideró justa y adecuada, quizá incluso heroica. El relator especial de la ONU para el Derecho a la Alimentación rogó a EE UU que acabara el bombardeo, que estaba ‘poniendo en peligro la vida de millones de civiles’, y renovó el llamamiento de la Alta Comisionada de Derechos Humanos de la ONU, Mary Robinson, que advirtió de que se gestaba una catástrofe como la de Ruanda. Ambos llamamientos fueron rechazados, como los de los principales organismos de ayuda humanitaria. Y prácticamente no recibieron cobertura informativa.

La FAO había advertido a finales de septiembre de que más de siete millones de personas podrían morir de hambre a no ser que se renovase inmediatamente el envío de ayuda y se pusiese fin a la amenaza de acciones militares. Una vez iniciado el bombardeo, la FAO avisó de que se iba a producir una catástrofe humana todavía más grave, de que el bombardeo había interrumpido la siembra que proporciona el 80% de las provisiones de grano al país, de forma que los efectos el año próximo serán todavía más graves. Tampoco se publicó.

Estos llamamientos no hechos públicos coincidieron con el Día Mundial de la Alimentación, del que también se hizo caso omiso, como de la acusación del relator especial de la ONU de que los ricos y poderosos tienen los medios, pero no la voluntad, de superar este ‘genocidio silencioso’.

Los bombardeos aéreos han convertido las ciudades en ‘ciudades fantasma’, informaba la prensa, y han destruido las fuentes de energía eléctrica y de agua, una forma de guerra biológica. Se informó de que el 70% de la población había huido de Kandahar y Herat, la mayoría al campo, donde, en tiempos normales, entre 10 y 12 personas mueren o quedan lisiadas cada día por las minas. Esas condiciones son ahora mucho peores. Se han suspendido las operaciones de desactivación de minas de la ONU y las armas estadounidenses que no han explotado se suman a la tortura, especialmente la mortal metralla de las bombas de fragmentación, mucho más difíciles de eliminar.

Si nos fiamos de los precedentes, sabemos que nunca se conocerá, ni se investigará, el destino de estos desgraciados. Eso es algo que se reserva para las consecuencias de los crímenes imputables a enemigos oficiales. En tales casos, la investigación toma en consideración adecuadamente no sólo a los que han muerto inmediatamente, sino al número infinitamente mayor de los
víctimas de las políticas que se condenan. En caso de investigarse, los criterios para nuestros crímenes son completamente diferentes. Los efectos de los actos criminales no se tienen en cuenta. Suceda lo que suceda en Afganistán, si se investiga, se culpará a cualquier cosa -la sequía, los talibanes- menos a los que consciente y deliberadamente han perpetrado unos crímenes que sabían que iban a causar una matanza masiva de inocentes.

Sólo quienes desconocen la historia contemporánea pueden sorprenderse de ello. Al fin y al cabo, las víctimas no son más que
‘tribus incivilizadas’, como dijo desdeñosamente Winston Churchill de los afganos y los kurdos cuando pretendía, hace 80
años, usar gas venenoso para inspirarles un ‘vivo terror’. Y tampoco en este caso sabremos mucho de las consecuencias. Hace
diez años, Gran Bretaña tuvo la iniciativa de instaurar un ‘gobierno abierto’. Su primer acto fue eliminar del archivo público
todos los informes sobre el uso de gas venenoso contra las tribus incivilizadas. Si hay que ‘exterminar a la población indígena’, que así sea, declaró el ministro de la Guerra francés al anunciar, a mediados del siglo XIX, lo que se estaba haciendo, y no por última vez, en Argelia. Es así de fácil. Lo que sucede ahora en Afganistán es clásico, forma parte de la historia contemporánea. Es normal que suscite poco interés o preocupación, y que incluso no sea noticia.

Los crímenes del 11 de septiembre son, de hecho, un punto de inflexión histórico, y no por su magnitud, sino por su objetivo. Es la primera vez, desde que los británicos quemaron Washington en 1814, que EE UU ha sido atacado, o incluso amenazado, en territorio nacional. No debería ser necesario revisar lo que les ha sucedido a los que se cruzaron en su camino o les desobedecieron en los siglos transcurridos desde entonces. El número de víctimas es enorme. Por primera vez, las armas han apuntado en sentido opuesto. Es un cambio histórico.

Lo mismo se puede decir, de manera más dramática, de Europa, que ha sufrido destrucción asesina, pero por guerras internas.
Mientras tanto, las potencias europeas conquistaban buena parte del mundo de manera no muy cortés. Con raras y limitadas
excepciones, no fueron atacadas por sus víctimas extranjeras. El Congo no atacó ni devastó Bélgica, ni las Indias Orientales,
Holanda, ni Argelia, Francia. La lista es larga, y los crímenes, horrendos. No sorprende, pues, que Europa se horrorizase ante las atrocidades terroristas del 11 de septiembre.

Pero, si bien éstas señalan un cambio drástico en los asuntos mundiales, la respuesta no representa cambio alguno. Los líderes
estadounidenses y de otros países han señalado correctamente que enfrentarse al monstruo terrorista no es una tarea a corto plazo, sino de larga duración. Por tanto, deberíamos considerar atentamente las medidas a tomar para mitigar lo que se ha
denominado, en las altas instancias, ‘el maligno azote del terrorismo’, una plaga extendida por ‘depravados que se oponen a
la civilización’ en ‘una vuelta a la barbarie en plena edad contemporánea’.

Deberíamos comenzar por identificar la plaga y a los elementos depravados que están haciendo que el mundo vuelva a la barbarie. La acusación no es nueva. Las frases que acabo de citar son del presidente Reagan y su secretario de Estado, Shultz. El Gobierno de Reagan llegó al poder hace 20 años y proclamó que la lucha contra el terrorismo internacional sería el elemento central de la política exterior estadounidense. Respondieron a la plaga organizando campañas de terrorismo internacional de una escala y violencia sin precedentes, que provocaron incluso que el Tribunal de Justicia Internacional condenara a Estados Unidos por ‘uso indebido de la fuerza’ y que una resolución del Consejo de Seguridad hiciera un llamamiento a todos los países a observar el derecho internacional, resolución vetada por EE UU, que votó también en solitario con Israel (y en un caso, El Salvador) contra resoluciones similares de la Asamblea General. La orden emitida por el Tribunal Superior de Justicia de que se pusiese fin al terrorismo internacional y se pagasen sustanciales indemnizaciones fue rechazada con desdén en todo el espectro de opinión; los votos de la ONU prácticamente no recibieron cobertura informativa. Washington reaccionó multiplicando las guerras económicas y terroristas. También dio órdenes oficiales a las tropas mercenarias de que atacasen ‘objetivos fáciles’ -objetivos civiles indefensos- y evitasen el combate, algo que podían hacer gracias a que EE UU controlaba el espacio aéreo y proporcionaba un complejo equipo de comunicación al ejército terrorista que atacaba desde los países vecinos.

Esas órdenes se consideraban legítimas siempre que cumpliesen criterios pragmáticos. Un importante analista, Michael Kinsley,
considerado el portavoz de la izquierda en el debate general, sostuvo que no bastaba con rechazar las justificaciones del
Departamento de Estado acerca de los ataques terroristas a ‘objetivos fáciles’: ‘Una política sensata debe soportar la prueba del análisis de costes y beneficios’, escribió, un análisis de ‘la cantidad de sangre y miseria que se va a producir, así como las
probabilidades de que allí emerja la democracia’ (‘democracia’ tal como la entienden las élites occidentales, una interpretación que los países de la región ilustran muy bien).

Se da por sentado que se tiene derecho a realizar el análisis y emprender el proyecto si se aprueban los exámenes. Y se
aprobaron. Cuando Nicaragua cayó por fin ante el asalto de la superpotencia, los expertos de todo el abanico de opinión
respetable aplaudieron el éxito de los métodos adoptados para ‘hundir la economía y llevar a cabo una guerra a través de
intermediarios hasta que los exhaustos nativos depongan al Gobierno que se desea derrocar’, con un coste ‘mínimo’ para
nosotros, dejar a las víctimas ‘con puentes destruidos, centrales eléctricas saboteadas y explotaciones agrícolas arruinadas’,
proporcionando así al candidato estadounidense ‘una posibilidad de ganar’: poniendo fin al ‘empobrecimiento del pueblo
nicaragüense’ (Time). Estamos ‘unidos en el gozo’ por este resultado, proclamó el New York Times, orgulloso de esta ‘victoria
del juego limpio estadounidense’, según un titular del periódico.

El mundo civilizado volvió a sentirse ‘unido en el gozo’ hace unas semanas cuando el candidato de EE UU ganó las elecciones en Nicaragua después de que Washington advirtiera seriamente sobre lo que pasaría si no ganaba. The Washington Post explicó que el ganador ‘había basado su campaña en recordar al electorado las dificultades económicas y militares de la era
sandinista’, es decir, la guerra terrorista y la estrangulación económica fomentadas por EE UU y que devastaron el país.
Entretanto, el presidente nos instruyó sobre la única ‘ley universal’: todas las variedades de terror y asesinato ‘son malignas’
(a no ser, claro, que nosotros seamos los causantes).

Las actitudes que prevalecen en Occidente respecto al terrorismo se revelan con gran claridad en la reacción provocada por el
nombramiento de John Negroponte como embajador ante la ONU para dirigir la ‘guerra contra el terrorismo’. El currículo de
Negroponte incluye su servicio como ‘procónsul’ en Honduras en los años ochenta, donde fue supervisor local de la campaña
terrorista internacional por la que el Tribunal Internacional de Justicia y el Consejo de Seguridad condenaron a su Gobierno. No se detecta ninguna reacción. Hasta Jonathan Swift se quedaría sin habla.

Menciono el caso de Nicaragua sólo porque no es polémico, dadas las sentencias emitidas por los más altos organismos
internacionales. Es decir, no es polémico entre aquellos que están mínimamente comprometidos con los derechos humanos y las leyes internacionales. Podemos calcular el tamaño de dicha categoría determinando con qué frecuencia se mencionan siquiera estas cuestiones elementales. Y a partir de este sencillo ejercicio se pueden sacar sombrías conclusiones sobre lo que se nos avecina si los centros de poder de ideología existentes se salen con la suya.

El caso nicaragüense dista mucho de ser el más extremo. Sólo en la era Reagan, terroristas de Estado patrocinados por EE UU dejaron en Centroamérica cientos de miles de cadáveres torturados y mutilados, millones de lisiados y huérfanos y cuatro
países en ruinas. En los mismos años, las depredaciones surafricanas respaldadas por Occidente causaron un millón y
medio de muertos y daños por valor de 60.000 millones de dólares. Por no hablar del oeste y el sureste asiáticos, de
Suramérica o de tantos otros lugares. Y no fue una década especial.

Es un grave error analítico describir el terrorismo como un ‘arma de los débiles’, como se suele hacer. En la práctica, el terrorismo es la violencia que Ellos cometen contra Nosotros, independientemente de quién sea ese Nosotros. Sería difícil
encontrar una excepción histórica. Y, dado que los poderosos determinan qué es historia y qué no lo es, lo que pasa los filtros es el terrorismo de los débiles contra los fuertes y sus clientes.

Noam Chomsky es profesor de lingüística en el MIT. Este texto es un extracto de la Lakdawala Memoria Lecture, pronunciada en Delhi. © Noam Chomsky.

En fin… me parece que habría que despertar de una vez. El cómo es la gran pregunta. El cuándo… ojalá que sea antes. El por qué… porque tenemos derecho a vivir en un mundo feliz.

8 comentarios

  1. drummergirl said,

    junio 14, 2011 a 1:15 am

    Gracias Napi por el intercambio matutino. Abrazo!

  2. Napi#10 said,

    junio 14, 2011 a 7:15 am

    Hay un buen argumento que sirve para explicar el hecho de que nada cambie a pesar de las advertencias de las pocas “cabezas bienpensantes”, se lo leía a Umberto Eco, si no recuerdo mal, y venía a decir que, en nuestra sociedad de la información, la nueva censura es precisamente la ausencia de censura: se publica tanto y tan de todo tipo, que cualquier asunto pierde su relevancia al quedar sepultado por innumerables informaciones, complementarias o no, que van surgiendo a cada momento. Eso sin contar con la banalidad de los gustos del común de la población, más interesados en “cómo vestir” el cuerpo, que en cómo buscar, asertivamente, el modelo ético de vivir (en sentido clásico, el buen, respetuoso y responsable arte de virvir en sintonía consigo mismo y el entorno).
    Un abrazote y a ir masticando las palabras de M. Chomsky.

  3. Napi#10 said,

    junio 14, 2011 a 3:30 pm

    Sorry, quise decir “y me voy a ir masticando las palabras de M. Chomsky.

  4. drummergirl said,

    junio 14, 2011 a 3:46 pm

    Concuerdo en que hay demasiada información y entonces lo importante se difumina entre lo superfluo y mientras tanto hacen lo que quieren con nosotros. Y que estamos demasiado distraídos y “ocupados” como para poder siquiera cuestionarnos un cambio… el cambio de toda la sociedad siempre se ve como tarea imposible (aunque no lo es) pero el cambio individual, el de cada uno de nosotros, no solo es posible sino también super fácil y necesario.

    Hasta hace poco era cuestión de apagar el televisor. Ahora se trata de apagar muchas más cosas: la computadora, el celular, el televisor, el play station, el wii, y el kinect, la radio, el ipod, el mp3…

    Yo siento que no estoy en sintonía conmigo misma cuando estoy el día entero siendo bombardeada por información. Incluso más: últimamente me cuesta muchísimo concentrarme más de 10 minutos en alguna tarea… y hasta hace 5 años nunca había tenido esa dificultad.

    Yo con mis 41 años todavía recuerdo cómo era antes y puedo -si lo quiero- dar marcha atrás y vivir “menos bombardeada”, pero para los niños de hoy, que están asumiendo eso como natural… va a estar más complicado.

    Pero me corrí un poquito de tema… ahí están los efectos del bombardeo non-stop de datos.

    Encontré en Youtube unas conversaciones entre Chomsky (jovencísimo) y Foucault que están interesantes. Qué dos personajes juntos. Tienen subtítulos en español. Lo encuentran fácilmente pero si no, me avisan, ok?

    Ah, y Napi: ambos finales quedan perfectos en tu comentario.

  5. drummergirl said,

    junio 14, 2011 a 3:50 pm

    Perdón x esas negritas… no sé por qué quedaron y no las pude cambiar.

  6. juan pedro said,

    junio 30, 2011 a 2:00 pm

    Recien he podido leer este post, (estuve con la operación de cataratas en el Hospital José Martí, durante dos meses sin poder leer, aprovecho a decir que la atención en este lugar es excelente y además GRATIS!!!! mientras que los oftalmologos hacen lucro y cobran 1500 dólares como mínimo cada ojo; teniendo en cuenta que una lentilla cuesta 100 dólares, la mano de obra, gastos de clínica, etc, etc… cuánto ganan estos servidores públicos???? perdon pero me parece invcrible esto).
    Soy un habitual lector de las opiniones de Chomsky desde hace décadas, y todas me han generado nuevas formas de ver la historia OFICIAL. por eso hay que ser difusores de las cosas que el informativo no se digna pasar, (generando una opinión pública cada vez más consumista, más dependiente, más pasiva;).
    Estoy seguro que se puede cambiar aunque sé que no es facil, hay que contrarrestar toda esa violencia que nos meten subliminalmente con la propaganda, las noticias, las películas, etc etc. Pero no hay que evitarla, la realidad se cambia si se conoce, (no hay que esconder la cabeza), y ojo no soy ningún experto….leo mucho, busco otras fuentes de información, intercambio con mis amigos, discuto y por sobre todo no me creo dueño de la verdad. Gracias a ustedes por este aporte y arriba!!!!

  7. juan pedro said,

    junio 30, 2011 a 2:40 pm

    Les envio algo de un autor que me encanta John Berger, es britanico, es un extracto de un libro del 2005 aprox.”Con la esperanza entre los dientes”. Como aporte a todos. Abrazo afectuoso para los atresillados.

    Esperanza
    “Desde el siglo XIX se ha entendido la esperanza como una promesa que atañe al futuro. Una visión alternativa de la esperanza es aquélla que implica anhelar con toda nuestra fuerza el infinito, ahora. Esto significa devenir y no sólo ser pasivamente. Este devenir, transformarnos, implica aspirar a algo que aparentemente no es inmediato. Tal vez es algo que trasciende cualquier inmediatez y tiene que ver con lo eterno. Es Spinoza (el filósofo favorito de Marx) quien afirma que si nuestras respuestas a lo que existe, si aquellas respuestas que él llama «adecuadas» (y que no guardan un interés inmediato propio) implican una receptividad a todo cuanto existe, entonces, de hecho, rozamos lo eterno. En otras palabras, lo eterno no es algo que debamos aguardar, es algo que se hace presente en esos fogonazos momentáneos de conexión, de «adecuación», algo que nos sostiene y a lo cual pertenecemos.
    La promesa de un movimiento en pos de la justicia es su victoria futura, mientras que las promesas de los momentos de los que hablo (incluyendo las innumerables decisiones personales, los encuentros, las iluminaciones, los sacrificios, los nuevos deseos, los pesares y, finalmente, las memorias que ese movimiento hace emerger y que, en estricto sentido, serían incidentales a dicho movimiento), tienen un efecto instantáneo. En su intensidad vital o su tragedia, tales momentos incluyen las experiencias de una libertad en la acción. (La libertad sin acciones no existe.) Momentos así son trascendentales, como ningún «resultado» histórico puede serlo, pues rozan lo eterno. Y aunque son frecuentes los momentos que contienen lo eterno de algún modo, casi todos ellos son extremadamente duros, y pueden implicar sacrificio, dolor, un dolor compartido, y fatigas, fatigas, fatigas, porque la vida es muy dura.
    Resistimos, sobre todo, cuando nos negamos a juzgarnos con los criterios de nuestros opresores. Cuando rechazamos los valores de la manipulación. Cuando rechazamos no sólo los términos de nuestros opresores sino la historia como ellos la cuentan. Debemos recordar que la peor ocupación es tener invadidos el espíritu y el pensamiento….”

  8. drummergirl said,

    junio 30, 2011 a 11:58 pm

    Juan Pedro!Fa, en qué viaje anduviste, amigo.
    Qué honor que hayas pasado por acá…
    Muy buenos tus comentarios. Los leeré otra vez mañana. Hoy no tengo nada para decir además de “qué suerte tener amigos que piensan así”.

    Un abrazo gigante,
    Patricia


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