Pedro Aznar III, IV, ∞

Hacía muy poco que mi amigo Pepe me había regalado toda la discografía de Pedro Aznar y como una niña perdida en medio de una juguetería, no sabía por dónde empezar. “Empecemos por el final”, pensé, ya que no conocía su último trabajo.

Hacía ya un rato que “A solas con el mundo” sonaba en mi apartamento a un volumen realmente alto, cuando una vecina me llamó a través de la ventana. Inmediatamente bajé el volumen y me asomé con culpa. Cabe aclarar que esta vecina es grande (tiene 75 años) y es amante del jazz, pero era obvio que se me había ido la mano con el volumen.

– “Qué es esa música tan hermosa que estás escuchando?” me preguntó.

– Aliviada, respondí: “Pedro Aznar, un músico argentino cuya música amo completamente… y este es su último disco”.

– “Pedro Aznar? Escuché en la radio que viene a Uruguay.”

La conversación continuó un poco más y terminó con ella diciéndome: “Por favor, volvé a ponerlo”.

Así fue cómo me enteré que Pedro Aznar cantaría casi un mes más tarde en Punta Ballena, a 120 kms de mi ciudad.

Lo fuimos a ver con unos amigos y el concierto fue lo que yo recordaba de los doce años que pasaron desde la última vez que estuve a pocos metros de él. Profesionalismo total, entrega total, musicalidad total, goce total. Hacer un show unipersonal y mantener la atención del público intacta por casi 2 horas es cosa de artistas geniales.

En lo que a mí respecta, su música me conecta con el amor. Yo siempre digo “me enamora”, pero no quiero decir que yo quede enamorada de él, sino que me transporta a un estado emocional que es amor. Tiene esa combinación de dulzura y fuerza que a mí me llegan mucho, y su canto tiene alguna característica que me desarma por completo. Hay sonidos que este hombre emite, que resuenan con las fibras más íntimas de mi cuerpo y ahí es donde yo quedo completamente entregada a su embrujo. Cuando llegó el momento de que se fuera (después de dos bis), sinceramente, me dio pena. No quería que terminara esa noche. Quería que siguiese cantándome, sentado en el sofá del living de mi apartamento (como entre él y yo había 2 metros, me hice la cabeza de que el concierto era solo para mí). Pero la noche terminó y Pedro se fue, y mis amigas y yo quedamos especialmente felices porque pudimos saludarlo y decirle que amábamos su música.

Con mi historial de frecuencia de conciertos de Pedro Aznar (1989, 1998 y 2011) la verdad que si bien sabía que volvería a verlo… nunca esperé que fuese una semana después.

Estando en Buenos Aires por una noche, casualidad tras casualidad hicieron que yo tomase un diario cultural de un mostrador y leyese: “La ciudad al aire libre. Este fin de semana, al anochecer Pedro Aznar…” y media hora después estaba llegando al Anfiteatro de Costanera Sur, donde cinco minutos más tarde daría comienzo el concierto.

Pero, amigos, lo que viví ahí fue una experiencia que nunca había vivido antes ni con Pedro Aznar ni con ningún otro músico. Comenzó contando que 2 días antes había tenido una pérdida muy importante y para cuando terminó la primera canción quedaba casi claro que había fallecido su madre y no quedaba absolutamente ninguna duda de que el sufrimiento era atroz.

Yo empecé a sentirme mal, en un plano mayor de la vida. Me pareció que todos los que estábamos de espectadores, sobrábamos ahí esa noche. Estar presenciando ese dolor era algo que no correspondía. Éramos totalmente ajenos al vínculo madre-hijo y Pedro estaba haciendo lo que podía para llevar adelante ese concierto. Él le buscó la vuelta del homenaje y es posible que como artista encuentre alivio en expresarse sobre un escenario, pero desde un punto de vista universal, olvidándonos por un momento de la industria de la música, olvidándonos de compromisos, olvidándonos de su personalidad pública… ese era un momento de un dolor esencial y muy personal y se merecía estar rodeado de gente que lo amase y le pudiera ofrecer un abrazo contenedor.

Creo que este principio de concierto vale más que miles de palabras mías o de otros:

Como dice alguien en algún comentario del video, la garganta se me cerró en esa introducción y cada vez iba peor. El silencio del público era total, a excepción del señor que vendía cervezas y panchos, que obviamente estaba completamente ajeno a absolutamente todo.

Luego de la introducción del video (el poema dedicado a su madre… con qué sentimiento dijo “ahora me toca a mí sobrellevar los años sin anclas”) y la baguala de Alfredo Zitarrosa, “Vidala para mi sombra”, tocó los mismos temas que yo había visto una semana atrás. Pero lo que me enamoró 6 días antes, este viernes 4 de febrero me resultó tan doloroso que no pude resistirlo y tuve que irme a la sexta o séptima canción. Estábamos participando como espectadores de una puesta en escena a un duelo profundo y tan real que se transmitía en cada nota y en cada canto, y sentí que eso no estaba bien. Sentí que había que dejarlo en paz… por ahí me equivoqué y él necesitaba de su público… aunque lo dudo.

La coincidencia del título del disco con lo que él estaba viviendo me puso realmente triste y pasaron un par de horas y como 4 copas de vino antes de que yo pudiera dejar de sentir su tristeza por haberse quedado a solas con el mundo. En cada maldita letra de ese disco había alguna frase que podía estar refiriéndose a la muerte, o a su madre. No quiero imaginar el llanto con el que debe haber terminado la noche este ser de luz, que hace apenas una semana yo estaba deseándole que por cuestión de justicia universal fuera muy pero muy feliz, ya que a muchos nos ha regalado horas incontables de felicidad.

Como dijo mi amigo Pepe, el artista realmente puede transmitir sus sentimientos con su música.

Desde este lugar completamente aislado, yo le deseo muy humildemente que pueda transformar ese dolor en una dulce memoria que lo acompañe el resto de su vida y que le sirva de ancla. Puede haber fallecido su madre biológica, física, pero su madre interna seguirá estando con él para siempre y ojalá él ya la haya encontrado y ella esté abrazándolo con fuerza y ternura, como sus canciones.

Paz, amor, coraje. Abrazos amigos para ti (no míos, ni del público, sino de tus amigos).
Fuerza, músico impecable.

3 comentarios

  1. Napi#10 said,

    febrero 6, 2011 a 8:52 am

    Días de pérdida que trastocan la realidad, amiga Drummy, esta semana ha estado plena de días “sin ancla” y sin vuelta atrás para encontrar esa palabra que “lo salve (a uno) del dolor”.
    Entiendo que no pudieras soportarlo, se percibe el intenso sentimiento, me conmueve cuando su voz se quiebra un instante y entona la baguala con el grito universal del que sabe de la soledad del ser humano.
    ¡¡¡¡Si supiera con qué agradecerle su entrega!!!!! Desde acá, en otro mínimo agujerito, dejo constancia de que consiguió llegarme a lo más hondo, ¡¡¡UN ABRAZOTE, PEDRO!!!!

  2. drummergirl said,

    febrero 7, 2011 a 6:40 am

    Amigo, qué tristeza. Cuando tú me escribiste que tu tío había fallecido, hubiese dado cualquier cosa por poder darte un abrazo real. Días de pérdidas que supongo que resuenan mucho más fuerte en mí porque tengo muy cercana la pérdida de mi abuela, que me dolió muchísimo. Y también porque vamos creciendo y de a poquito vamos viendo que nuestros amigos y la gente que nos rodea se va “quedando sin anclas”… un buen recordatorio de que la vida es finita. La verdad es que sigo un poco triste. Y sí, ese poema y esa baguala, y ese grito desgarrador lo dijeron todo.

  3. junio 7, 2011 a 4:15 pm

    Querida amiga:
    Muchisimas gracias por tu blog, es altamente edificante y muy formativo. Por otra parte me gustó muschisimo la experiencia que pasaste con Pedro Aznar, tiene una profundidad muy significativa. Y hay mucha sabiduría en las palabras de Pepe al decir que el artista realmente transmite sus sentimientos con la música. En un instante más podré apreciar Vidala para mi sombra. Y por otra parte te doy gracias porque me gustaría conocer mas de este compositor, solamente lo conozco a traves de Pat Metheny.

    Recibe un fuerte abrazo de agradecimiento: Jorge


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